Capítulo tres
Para Sesshomaru aquel beso fue extraño y realmente inesperado. Desde que Rin había cumplido casi 15 años comenzó a considerarla como lo más cercano a una amiga: había empezado a verla de forma más seguida; ya que antes la frecuentaba de forma muy esporádica para no interferir en su proceso de adaptación, habían comenzado a tener conversaciones interesantes y podía sentirse cómodo en su compañía.
Él sabía que para ella su amistad había iniciado hace mucho tiempo atrás, pero la verdad es que jamás pensó en ella como en una amiga cuando viajaban juntos: en ese entonces era más cómodo verla como... una especie de criatura adorable y buena que estaba a su cuidado o una niña demasiado inocente y a la que había aprendido a apreciar. No podía verla como una amiga en ese entonces, porque él no comprendía aquel vínculo y porque ella era demasiado pequeña, aunque comprendía, por la misma razón, que Rin definiera de esa forma el lazo que los unía cuando era niña.
-Rin, no tienes que hacer esto.
-¿Hacer qué?- la joven le miró confundida. El demonio podía percibir el temor en su mirada.
-Demostrar agradecimiento de esta forma...- Sesshomaru no sabía qué decir ni que pensar al respecto, por lo que se expresó con casi lo primero que vino a su mente- yo... sé que quizás piensas que me debes algo o que los regalos que te he hecho perseguían alguna finalidad oculta, pero debes saber que no es así. Solo... no hagas algo así porque te sientas agradecida... no está bien, si no es por los motivos correctos.
En realidad, sus regalos sí tenían cierta intención: tratar de demostrar que Rin era alguien que poseía medios económicos y que no era solo una campesina. Sabía lo mucho que los humanos se preocupaban de las apariencias y pensó, que si le daba kimonos y la cubría de lujos, podría hacerle olvidar a los habitantes de la aldea, un poco, el notorio hecho de que era huérfana. Creyó, que de esta forma, nadie se atrevería a excluirla o inventar historias tontas sobre ella. Los humanos suelen tener prejuicios absurdos y crueles y, se dijo que, no iba a permitir que las oportunidades de Rin se vieran mermadas por factores de los que ella era totalmente inocente.
-¡Yo no lo hice por eso!- exclamó Rin sintiéndose de pronto realmente herida, ya que ella había sentido prácticamente una sensación similar a, lo que se imaginó, sería volar por el cielo- Solo... quería probar qué se siente besar a alguien importante...Si lo piensa, ¡Fue con fines científicos! Además... a fin de cuentas le hice un favor...
-¿Un favor?
Sesshomaru no parecía entender de lo que hablaba Rin y sus ojos dorados revelaban solo confusión.
-Si lo piensa con cuidado, ha recibido su primer beso de alguien más experimentada que usted- le explicó Rin con sus mejillas aún rojas por la emoción del momento- y es mucho mejor que fuera conmigo, ya que durante el último tiempo hemos desarrollado la confianza... para hacer...estas cosas...Cuando quiera besar a alguien de verdad podrá hacerlo con confianza, ya que cuenta con la experiencia...
Sesshomaru no pudo evitar preguntarse si realmente tendría que besar a alguien más. Para él, todo se tornó muy desconocido desde que ella le preguntó si ya había dado algún beso.
-Yo...-la mente de Rin era un completo caos y no pudo evitar pensar que había cometido un gran error al hacer lo que hizo- ¿Realmente beso tan mal? ¡Responda con honestidad! Es decir... antes yo no sentía nada y ahora que sí siento...cosas..., usted es el que no siente nada... sin lugar a dudas, hay algo que estoy haciendo mal...
Sesshomaru miró a la chica sin poder creer que aquella fuera su preocupación más importante, mientras él intentaba encontrar una respuesta a qué era aquella sensación cálida que había sentido en su corazón cuando la besó. Estaba convencido de que durante los últimos dos años había construido una sólida amistad con Rin y, que podrían ser amigos hasta que ella contrajera matrimonio: sabía de la existencia de los celos dentro de la gran gama de emociones humanas y que, probablemente, un hombre no entendería su relación con la joven, lo que podría causarle a ella algún tipo de disgusto.
Como demonio, jamás había sentido celos: para su especie las emociones humanas son totalmente extrañas e indignas. Hasta ahora, él solo había logrado descubrir el aprecio, la amistad y un profundo afecto: sabía lo que era querer a alguien porque durante los últimos meses, se había dado cuenta que quería mucho a Rin, pero aún no lograba comprender del todo aquel sentimiento. Sin embargo, los celos y aquella emoción tan intensa, que había llevado a su padre a la muerte, eran algo que, estaba seguro, jamás podría llegar a sentir por nadie.
-Yo... no dije que no hubiera sentido nada o que no fue especial...- aclaró Sesshomaru, recordando por un momento el sabor dulce de los labios de la chica y lo agradable que había resultado aquel momento de cercanía- es solo... no quiero que hagas esto por los motivos incorrectos... Rin, tú no me debes nada: eres completamente libre en todo el sentido de la palabra, no quiero que hagas esto porque piensas que... no lo sé, tu vida me pertenece o porque quieras darme las gracias por situaciones del pasado o porque creas que es lo que espero de ti... Tu vida es completamente tuya y puedes hacer con ella lo que quieras: recuerda que nuestro vínculo es en base a la confianza y parte de eso, para mí, es precisamente respetar tu libertad.
-¡Fue solo curiosidad!- Rin no podía creer que estuvieran teniendo aquella conversación- ¡Y por supuesto que mi vida es mía, ya lo sé! y... sé que fui muy impertinente, pero prometo que no volverá a suceder.
Rin pensó que quizás, de aquella forma se había sentido Kohaku cuando la besó hace algunos días: una mezcla de vergüenza y culpa, como si hubiese herido a un conejito por accidente. Si tuviera el poder de retroceder en el tiempo, lo haría para no cometer un error que podría alejar su amistad para siempre.
Sesshomaru, por su parte, no sabía si aquella decisión le disgustaba o no. El beso, aunque breve, fue sorpresivamente agradable. Sentía que, en el fondo, le habría gustado besarla otra vez, ya que aunque fue su primera experiencia con algo así, fue enormemente placentero y sintió cosas que jamás se imaginó que era capaz de sentir. Pero no sería correcto, debido a que no quería que su amistad con Rin se viera mancillada con, lo que hasta el momento, calificaba como deseos puramente carnales e instintivos.
El resto del día transcurrió en una conversación sobre algunos poemas que habían hecho meses antes, que trataban sobre la nieve o la luz de la luna y sobre el hecho de que el señor Jaken aún no volvía.
A medida que la noche se fue instalando en aquel lugar del bosque, Sesshomaru permitió que Rin apoyara su cabeza sobre su hombro para mirar como las primeras estrellas se asomaban en el firmamento. Pensó, que en los últimos dos años, le había permitido a Rin, sin darse cuenta, entablar cierto contacto físico con él, notaba que era una chica cariñosa y que muy lentamente había logrado derribar algunos de sus límites.
Sin embargo, mientras él le mostraba algunas constelaciones que conocía, la joven poco a poco se quedó dormida.
-Amo Sesshomaru...- murmuró Rin con voz somnolienta y con sus ojos cerrados.
-¿Qué ocurre?
-Lo quiero mucho... ¿Usted también me quiere?
Sesshomaru supo que Rin se había dormido profundamente después de realizar su pregunta, porque su respiración se hizo más lenta y su rostro parecía más relajado.
-Sí te quiero, Rin...
Permitió que Rin durmiera a su lado durante unos momentos, hasta que pronto sintió el rastro de Jaken acercándose de forma muy ruidosa.
-¡Amo bonito, ya vine!...- exclamó Jaken saliendo de entre las altas hierbas y provocando que Rin se despertara y se incorporara rápidamente- ¡Rin, sigues aquí! ¡Ya es tarde! ¡¿Te ibas a quedar a dormir aquí?!
-Esto...yo...
-¡No puedes!- la regañó el diablillo- ¡¿Qué va a pensar la gente si te ve llegar en la mañana?! - Rin ni siquiera alcanzó a responder, ya que Jaken siguió con su monólogo, mientras la tomaba de un brazo para empujarla un poco hacia la dirección de la aldea- ¡Van a pensar que además de loca, eres casquibana! Sea lo que sea que signifique eso...¡Tienes que irte ahora!
-¡Está bien, ya me voy!
-¡Voy contigo para asegurarme de que no vayas a ningún otro lado!- Jaken la tomó de una mano y comenzó a jalarla para obligarla a avanzar- ¡Cuando estabas con nosotros definitivamente, no eras tan salvaje! ¡¿Qué se supone que te enseñan en esa aldea?! ¡Siempre he creído que te empeoraron mucho...!
Cuando Jaken regresó, después de haber dejado a Rin en la casa de la anciana Kaede, seguía murmurando cosas en voz baja.
-Jaken, ¿Ya hiciste el encargo?
-¡Sí, amo bonito!- el diablillo lucía realmente orgulloso- Pero no fue nada de fácil: su madre al principio no quería darme el diamante, supongo que ella sospecha un poco el destino que tendrá esa joya, pero luego de mucho insistir y prometer que usted iría a verla pronto, accedió a entregarlo...
-No debiste prometer que iría- un cambio en sus planes no era algo que estaba en la mente del demonio y una visita a su madre, en realidad, no era algo que aún quisiera hacer- el diamante, es mío: mi padre había dicho que podía reclamarlo en cuanto quisiera y ahora lo quiero.
-¿Realmente piensa entregarle algo así de valioso a Rin?- preguntó Jaken muy sorprendido-¡Es una chica loca y descuidada! ¡Terminará perdiendo el anillo en menos de un día!
-No lo perderá, Rin es responsable y sabe cuidar bien las cosas que en verdad le importan.
El anillo que Sesshomaru pensaba darle a Rin, estaba hecho con un diamante muy raro de color púrpura. No tenía ningún poder o don en especial, pero el valor simbólico en él era lo realmente importante y el demonio estaba completamente seguro de que quería que Rin lo tuviera. Había tomado la decisión cuando la joven cumplió los 17 años, ya que pensó que si ella se casaba, aquel podría ser su último obsequio para ella y quería que fuera muy especial.
-Lo que no entiendo...- continúo Jaken paseándose frente a su amo- ¿Qué es Rin para usted y qué significa el darle algo tan importante? Es raro que quiera dárselo ahora...
Sesshomaru miró un momento hacia la luna al tiempo que pensaba en su respuesta. Si Jaken se lo hubiera preguntado antes del beso que recibió aquel día, le habría dicho sin dudar que la joven Rin era su amiga y que el anillo era solo un símbolo de amistad.
No obstante, después de aquel beso, no lograba encontrar una respuesta que le pareciera satisfactoria. Solo sabía que se sentía muy confundido y que, aún no lograba encontrarle un nombre a la sensación que había decidido anidar en su pecho desde el instante en que los labios de Rin tocaron los suyos.
Durante la cena y, aunque la anciana Kaede le preguntó sobre cómo le había ido, Rin decidió no hablar sobre el beso. Era una situación vergonzosa porque prácticamente la habían rechazado... de una forma cortés... pero que no mitigaba el hecho, puro y duro, de que en realidad era un rechazo... Era injusto que los besos en la realidad fueran más difíciles de lo que lo hacían parecer sus amigas cercanas...
-Anciana Kaede...
-¿Qué ocurre, pequeña?
-Estaba pensando... ¿Cómo se habrán enamorado los papás del amo Sesshomaru? ¿Habrán tenido un primer beso memorable como en los cuentos? - murmuró Rin, quien realmente desconocía los orígenes de aquella historia- ...Es que...él me habla muy poco sobre sus padres como pareja... siempre habla de ellos por separado con cierto cariño, pero nunca me ha dicho mucho sobre su historia de amor...
-Rin, como bien sabes, para los humanos el amor puede nacer antes o después del matrimonio como una emoción muy poderosa- explicó la anciana Kaede-, pero para los demonios como Sesshomaru funciona diferente: ellos no se enamoran de sus parejas... lo que quiero decir es... ellos no se unen entre sí en base al amor o el cariño: para ellos lo realmente importante es la descendencia.
-¿La descendencia? Pero... el amo Sesshomaru una vez me dijo que su especie no expresa el amor de forma física para demostrarlo...no me dijo que no lo sentían...
-Como decirlo... es porque en realidad, con sus parejas ellos no lo practican, pero con sus hijos logran sentir el cariño, aunque no lo demuestren... Para que lo entiendas de forma más clara: los padres de Sesshomaru solamente se unieron para que él naciera, pero nunca hubo amor entre ellos... en cierto modo, él es hijo del deber e Inuyasha es hijo del amor...
-Pero... Si no se enamoran jamás, ¿Cómo nació Inuyasha?- Rin pensó que en el fondo la historia sí era muy triste y compleja.
-Porque que entre sí no tengan la costumbre de desarrollar el amor de pareja como lo conocemos nosotros, no significa que no puedan aprender algún tipo de emoción similar, sobre todo si sienten curiosidad hacia los humanos... - la anciana intuía el porqué de aquellas preguntas, pero prefería ser honesta, a fomentar alguna ilusión en la joven- Yo creo que Sesshomaru heredó, precisamente, una cierta curiosidad hacia los humanos de parte de su padre, esa curiosidad es lo que les permitió a ustedes convertirse en amigos, pero tienes que saber que, es muy probable que él no se enamore nunca: su carácter, su orgullo, el sueño que tiene de formar su imperio y la innegable influencia de su madre, puede que le impidan acceder a unas emociones más intensas...
Rin no pudo evitar sentir un poco de tristeza, ella no pensó nunca que Sesshomaru fuera incapaz de enamorarse o de sentir emociones poderosas. Se dijo, que en lugar de darle jabón, le habría gustado darle la opción de sentir lo que ella sentía, de acceder a todo el catálogo de emociones que él provocaba en ella y ver si de aquella forma él podía darse cuenta de lo importante que era en su vida.
Una vez en su cuarto, Rin guardó en una caja, el trozo de papel con el poema que Sesshomaru y ella habían creado aquella tarde y se dijo que quizás ya había llegado el momento de crecer: estaba bien para ella tener un amor tan intenso como inalcanzable, pero también era cierto que había comenzado a desear tener una historia de amor real y sabía que si seguía aferrada a su atracción por Sesshomaru, quizás nunca llegaría a concretar aquel aspecto en su vida.
A pesar de que estaba dispuesta a intentar dejar ir aquel sentimiento, no podía evitar recordar que, por un instante, Sesshomaru correspondió a su beso: por un tiempo breve, logró que él sintiera lo mismo que ella... después de todo, era cierto lo que le había dicho y que quería besarle para saber cómo se sentía compartir aquello con alguien especial.
La tarde siguiente, Rin acudió a la casa en la que vivían Sango, Miroku, Kohaku y los niños. Después de mucho pensarlo, se dijo que no podía darle un jabón a Kagome e ignorar a Sango: no estaba bien y tarde o temprano, tendría que hacerle frente a la situación de que probablemente ella supiera lo que había ocurrido en la noche del festival.
-Los jabones están maravillosos- murmuró Sango con una sonrisa al tiempo que le servía un poco de té- ¿Vas a ir esta noche al festival?
-¡Es la idea!- Rin se sentía emocionada porque esta vez ya no asistiría a algo como la ayudante de la anciana Kaede- Solo espero poder vender todos los jabones para poder hacer más.
-¡Estoy segura de que así será!- Sango le tomó la mano a la chica con una sonrisa llena de cariño-... Me agrada mucho que quieras hacer cosas de forma independiente... ¿Quién sabe? Quizás un día podrías tener una tienda de cosméticos artesanales en la aldea.
-Es una idea maravillosa...
La verdad es que Rin durante todos aquellos años había aprendido a hacer muchas cosas y se entretenía mucho en esa actividad, por lo que, sí lograba imaginarse convirtiendo algo que tanto le gustaba, en una labor para dedicarse en la cotidianidad.
-Debes considerarlo, Rin- insistió Sango vigilando de reojo los juegos de las gemelas con su hermano-: eres inteligente y creo que podrías lograr mucho si te lo propones en serio.
-¡Sí!...
En aquel momento, Miroku y Kohaku entraron a la casa, haciendo que este último no pudiera evitar ruborizarse un poco al ver a su hermana junto a Rin.
-¡Hola Rin!- exclamó Miroku con una sonrisa- ¿Cómo va todo?
-Muy bien, señor Miroku, muchas gracias...
-Esto...Sango... ¿Por qué no vamos con los niños a pasear?- preguntó el monje tomando de la mano a las niñas- ¡Vi unos conejos en una pradera y creo que tenemos que ir!
No pasó desapercibido para Rin la forma en que el monje Miroku miró a su esposa, ni mucho menos, la velocidad con la que tomaron a los niños y salieron de aquel lugar. La chica, no pudo evitar ruborizarse un poco al notar las intenciones que se escondían tras esa actitud.
-Lo siento por esto...- murmuró avergonzado Kohaku, mientras se acercaba para sentarse a un lado de Rin- supongo que creen que me están ayudando, pero es realmente incómodo...
-¡No te preocupes!- Rin le sonrió con total sinceridad- Creo que en el fondo es muy tierno y lo hacen porque te quieren mucho...Pero...Me surge una duda: ¿Les dijiste sobre lo que ocurrió la noche del festival? ¡No me voy a enfadar! Solo... quiero saberlo...
-No, no se lo he dicho a nadie, pero bueno... Sango ya sabe que me gustas y, aunque le pedí que no le dijera nada a su esposo, creo que Miroku lo intuye... más o menos...Tú... ¿Le haz dicho a la anciana Kaede?
-No... la verdad es que no le he dicho a nadie de la aldea...
-Rin, de verdad lo siento...- Kohaku miró a los ojos a la chica- hemos sido amigos por mucho tiempo y creo que por mi culpa se arruinaron las cosas...
-¡Oye! Te recuerdo que mis labios también estuvieron ahí...- Rin sonrió al ver que Kohaku se reía un momento- Seguimos siendo amigos y... no me molesta que mi primer beso haya sido contigo...
Rin pensó que definitivamente ya no podía seguir besando gente: sin quererlo, se había convertido en el primer beso de dos amigos importantes para ella y esperaba, de todo corazón, que esa lista no siguiera aumentando. Además, aunque el último beso fue mucho más agradable que el primero, temía que alguien supiera lo que había hecho con su amo y quizás la juzgaran o le prohibieran verle. Se prometió a sí misma, que no habrían más besos... al menos no, hasta que no encontrara un motivo lo suficientemente poderoso para darlos.
-A mí me alegra mucho que fuera contigo... y realmente me gustaría repetirlo...
El muchacho interpretó el silencio de la joven y las últimas palabras que ella había dicho, como una autorización tácita a intentarlo otra vez, por lo que se acercó a Rin con toda la intención de besarla.
La chica, en cambio, miró a su amigo nerviosa, ya que no quería un nuevo beso y mucho menos, después de que le estaban pidiendo disculpas por el primero. Antes de que Kohaku lograra concretar el beso, Rin bajó un poco la cabeza y cubrió su boca con su mano para impedir cualquier tipo de contacto.
Ante esto, Kohaku retrocedió de inmediato en su intento y no pudo evitar sentirse muy culpable al ver los ojos de la joven, mirarle con algo de temor. Jamás pensó que alguna vez, Rin volvería a dedicarle una mirada asustada y pudo sentir lo mucho que le dolía haber provocado todo aquello.
Rin, se sentía intranquila, ya había bajado su mano de sus labios, pero le preocupaba un poco el haber entregado a Kohaku las señales incorrectas, sin embargo, descartó aquello y se dijo que no había sido su culpa, ya que desde el primer momento ella había dicho que solo podía darle su primer beso.
-Yo... fui clara...- murmuró Rin poniéndose de pie- Cuando dije que solo podía darte mi primer beso, lo dije en serio y... si dije que no me molestaba que así fuera, no significa que puedes besarme cuando quieras...
-Perdóname, Rin- Kohaku se atrevió a tomar las manos de la chica para mirarla a los ojos-, no quise ofenderte y mucho menos hacerte sentir asustada... yo... no sé lo que me pasó... Según Miroku si una chica dice que un primer beso fue agradable, entonces es un permiso para avanzar al siguiente paso.
-Tú eres un hombre muy bueno, pero no debes seguir los consejos del monje Miroku- añadió Rin, consciente de que quizás su amigo estaba siendo muy mal aconsejado-... además, estoy segura de que en estos casos, ante la duda, es mejor preguntar.
-Quiero recuperar tu confianza...¿Qué puedo hacer por ti?
-Nada... Kohaku, yo no estoy enojada- Rin sonrió un poco para tratar de hacerle sentir mejor-, ya te dije lo que me molestaba y ya me pediste disculpas, por lo que siendo honesta, ya estamos bien.
Kohaku no parecía muy convencido al respecto, debido a que sentía que se había portado mal con la chica.
-Para que veas que no estoy molesta contigo: en unos días, puede que vaya con el señor Jaken a buscar flores y a hacer más jabón y algunas cosas aromáticas- comentó Rin sonando otra vez cálida y amable-, si quieres puedes venir con nosotros y mientras yo hago mis cosas, quizás tú puedas entrenar con Kirara.
-¡Es una gran idea!- Kohaku correspondió a las sonrisas de la chica- Rin, yo... yo te prometo que nunca más te voy a tocar sin tu permiso... yo... realmente quiero ganarme tu consentimiento.
Rin no pudo evitar que sus mejillas se incendiaran. Nunca nadie le había dicho algo así y no podía creer que ella pudiera gustarle a alguien como Kohaku. Era un chico guapo, amable y que siempre había demostrado ser muy bueno con ella... se dijo que no estaría mal si su corazón comenzaba a sentir algo por aquel joven exterminador...
Hola!!!
Primero ciertas aclaraciones:
-Estoy tratando de construir relaciones lo más sanas posibles para los personajes y no caer en romantizar cosas tóxicas
-
-esta historia es sobre mucho autodescubrimiento n.n
-Adoro a Rin : es mi personaje favorito y siento que es un gran personaje y no es muy valorado porque no es fuerte físicamente, pero la fuerza física no lo es todo y ella tiene mucha fortaleza interior. Démosle amor por su gran fuerza a sobreponerse a las cosas difíciles de la vida!!!!
-He leído todos sus mensajes y trataré de responder dentro de estos días, solo he estado algo ocupada y bueno, muchas gracias por el apoyo :D y mil gracias por leer n.n (a quienes no tienen cuenta suelo responder en el último capitulo aunque creo que comenzaré a hacerlo en el siguiente)
-¡Muchas gracias por leer!
