Capitulo doce
Kagome se sentía muy confundida: seguir el rastro de Rin era muy difícil y temía que en medio de la noche, le hubiese ocurrido algo. Con los primeros rayos de la mañana, decidió ir hacia la aldea destruída para buscar algún rastro de la joven o de Jaken, quien era el objeto de todo el drama de las últimas horas.
La joven sacerdotisa llego al destino a mediodía, tenía una flecha preparada en su arco, ya que no descartaba la posibilidad de que hubieran asaltantes o demonios entre las ruinas de la aldea, pero a medida que avanzaba se dio cuenta de que las cosas eran muy distintas a lo que se imaginaba: las mujeres se habían liberado de donde estaban atadas, algunos niños jugaban mientras los hombres que habían sobrevivido al ataque, intentaban rearmar las primeras cabañas de la aldea.
-¿Qué pasó aquí?- se preguntó Kagome en voz alta.
-¡Fue muy extraño, señorita! - murmuró una mujer acercándose a ella- Durante la madrugada, un demonio de cabellera plateada apareció de la nada y con su látigo, comenzó a matar a todos los asaltantes ¡Pensamos que también nos haría algo a nosotras! Pero terminó de asesinar a los asaltantes y solo se fue.
-¿Cabellera plateada dices?
-¡Sì!- respondió otra de las mujeres- También tenía una estola de color blanco y una media luna en la frente ¡Yo lo vi!
-¿Sesshomaru?... ¿Pero qué hace por aquí?- de pronto, Kagome abrió los ojos ante la posibilidad de una hipótesis- ¡¿Por casualidad él no se llevó a una chica?!- ambas mujeres negaron con la cabeza- ¿Están seguras? ¡Ella es como yo de alta, tiene el cabello castaño oscuro, sus ojos igual son oscuros y estaba usando una yukata de color violeta! ¡Siempre se está riendo y tiene los ojos grandes!
-No, señorita... Él solo vino, asesinó a los asaltantes y se fue...
-Gracias...
Kagome se dijo que, si Sesshomaru había acudido a la aldea y no había rescatado a Rin, solo cabía una posibilidad: algo le había sucedido a la muchacha y el demonio actuó guiado por la idea de venganza. La joven suspiró con pesar, se dijo que si Rin había muerto, tendría que recuperar su cuerpo para hacer todas las ceremonias: no era justo que su espíritu se viera privado de algo así, además que podía facilitar un poco su reencarnación. Le dolía pensar en aquella posibilidad, pero ¿Qué más podría haber sucedido? En aquel momento, se sentiría feliz, incluso, por encontrar a Rin mal herida.
Ella avanzó por el bosque, segura de que Sesshomaru debió haber encontrado a Rin primero y, consciente de que debía estar bastante alejado de cualquier aldea humana.
No quería regresar a la aldea sin la joven, pero se dijo que en caso de no encontrarla durante el día, volvería a su casa y le pediría a Inuyasha un poco de ayuda.
Kagome avanzó siguiendo el curso del río, comenzaba a hacer calor y lo mejor era contar con una fuente de agua cerca. Entonces, fue cuando lo vio: Jaken en la parte baja del río intentando cazar unos peces.
-¡Criaturas tontas!- exclamó el diablillo al tiempo que daba manotazos al agua- ¡Vengan aquí pronto! ¡Dejen de nadar, peces bobos!
Kagome utilizó la flecha que tenía lista en su arco, para acercarse sigilosamente y ensartarla en uno de los peces.
-¡¿Qué...?! ¡Oye eso es mío!- el diablillo miró a la sacerdotisa sorprendido- ¡¿Qué haces tú aquí?!
-Tengo la misma pregunta... ¡Jaken, ¿Por qué está aquí pescando?! ¡Rin se preocupó mucho por ti y ella se fue corriendo para buscarte!
-¡Estoy pescando precisamente para Rin!- respondió Jaken agarrando el pescado que Kagome había atravesado con la flecha- ¡Ella se despertó hace muy poco y el amo bonito me pidió que viniera a pescar mientras ellos se aparean!
La joven analizó un momento las palabras de Jaken y pudo concluir, al menos, que Rin se encontraba viva y aparentemente en un excelente estado de salud...
-¿Qué?- Kagome miró a Jaken sorprendida- Ellos sí que avanzan muy rápido... Jaken, ¿Sabes dónde están? Tengo que llevar a Rin de regreso a la aldea.
Jaken llevó a la joven al interior del bosque, siguiendo el rastro de su amo y de Rin, notando a su vez, que ellos se habían movido del lugar en el que habían esperado a que la chica despertara. Caminaron un poco más hasta llegar a una zona en la que abundaban los árboles de cerezo y Kagome agradeció que no les encontró en una situación comprometedora, aunque sí se encontró con una escena mucho más extraña.
Rin se encontraba delante de Sesshomaru como si quisiera defenderlo de alguien. Al entrecerrar un poco sus ojos para ver mejor, la joven se dio cuenta que la amenaza era Kohaku: el joven sostenía un cuchillo y sorprendentemente, parecía muy dispuesto a lanzárselo a Rin.
-¡Kohaku, si quieres hacerle daño al señor Sesshomaru, tendrás que matarme primero! Después de todo, la única culpable de tu sufrimiento soy yo...
Kagome y Jaken compartieron una mirada sin entender lo que sucedía, no obstante la sacerdotisa alistó una flecha en su arco. No creía que el joven exterminador se atreviera a lanzarlo, pero se dijo que no estaba en condiciones de subestimar a nadie, ya que bien sabía acerca de lo peligrosas que podían ser las emociones.
-¡Sal de al medio, Rin!- gritó Kohaku, aún con la vista fija en el demonio que pensaba matar. El joven se dijo que solo ganaba en caso de terminar con la vida de aquel que había osado quitarle a Rin: se haría famoso por ser el humano que acabó con la vida del gran Sesshomaru y, por un instante, pensó que si el demonio ya no estaba, de esa forma la chica podría corresponderle sin problemas- ¡No quiero hacerte daño!
En lugar de obedecer, Rin dio un paso en su dirección, escapando de la protección que Sesshomaru le otorgaba y consciente que el demonio avanzaba de la misma forma en que lo hacía ella: lento, sin ánimos de atacar y confiando en lo que ella quería hacer. El problema era que Sesshomaru, realmente, no alcanzaba a imaginar lo que su joven prometida tenía en mente...
-Kohaku, no hagas esto- murmuró Rin intentando mirarle a los ojos-, yo sé que te he hecho mucho daño, pero no dejes que el dolor cambie tu corazón. Yo sé que eres bueno y te mereces a una mujer que sepa apreciar la dulzura de ti...
-Solo quiero que ella seas tu...
-Lo siento... pero era verdad que solo podía darte mi primer beso... yo... no quiero que nuestro destino sea este... Por favor, por favor, no hagas esto por mí porque no me lo merezco.
Kagome suspiró, aún tenía preparada su flecha y, aunque apuntaba al pasto a sus pies, sabía que podría apuntar a uno de los que estaba ahí, en caso de que decidiera atacar.
-¿Por qué no le lanza la flecha a Kohaku?- preguntó Jaken sin perder de vista a su amo ni a la joven Rin- ¡Va a matar a Rin!
-La flecha no es para Kohaku- murmuró Kagome en voz baja-, es para Sesshomaru...Si Kohaku se enfrenta a él no sobrevivirá y es el hermano de mi mejor amiga, no puedo permitir que se muera sin darle aunque sea una mínima oportunidad...
-¡Eres una traidora!- exclamó Jaken mirando a Kagome profundamente ofendido- ¡No puedes atacar al amo bonito, humana tonta! ¡Amo bonito, pronto: escape con Rin!
Kagome no temía por Sesshomaru, después de todo, él era un demonio muy poderoso y sabía que era muy probable que ni siquiera pudiera herirle con la flecha. Pero Kohaku y Rin podrían verse muy perjudicados en el caso de un enfrentamiento y, por muy equivocado que estuviese, no podía permitir que el hermano menor de su mejor amiga encontrara la muerte de aquella forma. Sango no iba a aceptar explicaciones ni mucho menos, iba a perdonarla si sabía que ella había presenciado todo, sin hacer nada por Kohaku.
-Eres mala, Rin- los ojos de Kohaku se llenaron de lágrimas un momento-... ¡Se supone que tu primer beso soy yo! Pensé que podría ser el inicio de nuestra historia juntos... Pero...¡¿Por qué me haces esto?!
-Siempre será así- Rin se acercó aun más al joven mientras el demonio a su espalda se mantenía alerta. Sesshomaru no confiaba en Kohaku, menos si parecía estar tan alterado-, yo... no me arrepiento de que fuera así: cuando dije que no me molestaba que compartiéramos nuestro primer beso, es la verdad ¡Nunca me arrepentiré de mi primer beso! ... sé que probablemente con mis actos te he ofendido, pero no tienes que matar al señor Sesshomaru cuando yo soy la principal responsable de todo, él es completamente inocente... Si quieres... puedes matarme a mí y limpiar de esa forma tu honor, ¡pero debes dejar ir al señor Sesshomaru y no enfrentarte a él! Mi alma no se quedará en paz si no cumples con eso... ¿Qué dices?... ¿Aceptas tomar mi vida a cambio de la suya?... Si lo piensas, es lo más justo para todos...- Rin tomó la mano de Kohaku para colocar el filo del cuchillo justo sobre su pecho a la altura donde debía estar su corazón, le miró con una sonrisa a través de sus ojos llenos de lágrimas- Vamos, date prisa... solo tienes que enterrarlo...
Sesshomaru contempló la escena. Rin no podía estar a punto de sacrificar su vida por él, no era justo, es más: ¡no iba a permitirlo! Rápidamente tomó a la joven de su muñeca para obligarla a retroceder y protegerla con el brazo en el que portaba su estola. Poco le importaba la pequeña herida que se había hecho en su otro brazo con el cuchillo o que el exterminador podría atacarle ahora que estaban en una mayor proximidad. No quería hacerlo, pero si Kohaku le hacía daño a Rin, iba a asegurarse de proteger la vida de la joven, aunque tuviera que acabar con la del muchacho. Miró a Kohaku con sus ojos enrojecidos, gruñendo a medida que le enseñaba sus colmillos de forma amenazante e intentando advertirle que se mantuviera alejado, que no se moviera, mientras él con la mano que no sostenía a Rin, sujetaba la empuñadura del cuchillo y obligaba al joven a que lo soltara.
El demonio también era consciente de la sacerdotisa y de la flecha que le apuntaba la espalda, pero no le preocupaba mucho aquello: era rápido y podría esquivar la flecha si Kagome se decidía a lanzarla. Ademas, escuchaba a Jaken intentando quitarle el arco a la joven e impedirle fijar un blanco.
-¡¿Tanto lo quieres?!- Kohaku miró a la joven que permanecía abrazada al costado del demonio, antes de comenzar a sentir sus ojos llenos de lágrimas- Rin... yo... sabes que no puedo matarte ¡No puedes pedirme algo así!
-¡Kohaku!- Kagome decidió acercarse un poco seguida muy de cerca por Jaken- Por favor, deja en paz a Rin: ella quiere a Sesshomaru y, aunque consigas matarlo, eso no va a cambiar los sentimientos en ella... Lo único que puedes hacer, es renunciar a lo que sientes. No niego que sea difícil, pero no es justo para Rin sentir culpa por estar enamorada, tampoco es justo que quieras una especie de venganza... ¡Intenta entrar en razón y no hagas que esto termine en una tragedia!
-¡Pero yo la quiero!
-Si la quieres, entonces debes dejar que sea feliz con quien ha elegido su corazón- añadió Kagome-, no es fácil, pero es una muestra noble del más puro afecto.
Kohaku se sentía muy confundido, por una parte se sentía tan herido que tomar la vida de Rin no parecía ser una mala idea: de esa forma la joven no sería suya ni de Sesshomaru, convirtiéndose ella en un amor imposible para ambos. Por otra parte, los recuerdos de Rin siendo su mejor amiga, eran demasiados y castigaban su mente. Sin lugar a dudas, la quería y, en el fondo, esperaba que ella fuera feliz... aunque al parecer, aquella felicidad no se encontraba a su lado.
Sumido en la tristeza, Kohaku se arrodilló en el pasto para comenzar a llorar cubriendo su cara con las manos. El llanto desesperado del joven llenó aquella sección del bosque. Había sentido tanto dolor durante los últimos días, que esta vez era incapaz de contenerse; solo sabía que quería llorar y dejar de sentir aquella presión incómoda que estaba sintiendo en el pecho.
En cuanto Rin se vio liberada del abrazo protector de Sesshomaru, se acercó a Kohaku para arrodillarse a su lado y acariciar un momento su cabello. Le dolía ser la principal responsable de aquellas lágrimas, pero estaba siendo lo más madura que sus diecisiete años le permitían y no tenía una experiencia holgada en las emociones y la forma en que ellas podían afectar la vida de las otras personas. Sin embargo, también sabía que, como había dicho Kagome antes, no podía priorizar los sentimientos de otras personas e ignorar los deseos de su propio corazón.
-Tranquilo, Kohaku- le consoló Rin mientras acariciaba su cabello-, todo va a estar bien... tú vas a estar bien... ahora puedes llorar todo lo que quieras...
-¡Lo siento, Rin!- sollozó el joven en medio del llanto y abrazándose a ella con fuerza- ¡Lo siento mucho! ¡Lo siento por hacerte daño! ¡Lo siento por todos los disgustos, Rin! ¡Lo siento de verdad! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! Yo... solo espero que tú algún día puedas perdonarme por todo el daño que te he hecho...
-Está bien, Kohaku... Todo está bien... Yo seguiré siendo tú amiga si tu lo deseas...Está bien... estaremos bien...
Sesshomaru observaba aquel momento, consciente de que no podía, ni debía intervenir. Era un instante en la vida de Rin que no le pertenecía: era solo de ella y del muchacho que lloraba en sus brazos y, comenzaba a sentir cierta incomodidad por estar viendo algo que debía ser enteramente privado.
-Amo bonito, ¡¿usted va a dejar que Rin haga eso?!
-Sí.
-¡Pero ella es su prometida!- exclamó Jaken abriendo su boca sorprendido- ¡No debe permitir que otros machos se le acerquen! ¿¡No dijo que era suya!? ¡Usted debe ir y golpear a Kohaku por atrevido!
-Jaken, solo... cállate...
-¡Creo que es una escena muy tierna!- Kagome se había puesto de pie a un lado del demonio mientras éste la miraba de reojo con cierta desconfianza- Sesshomaru, no debes sentir celos ¡Rin te quiere mucho!... aunque pensándolo bien, es bueno que te sientas celoso, porque significa que tienes miedo de perderla... puede ser algo bueno, siempre que no empieces a hostigarla y a prohibirle hablar con sus amigos, de esa forma están dentro de un parámetro saludable...
-¡Humana tonta!- exclamó Jaken brincando en defensa de su amo- ¡El amo Sesshomaru no siente esas cosas! Él no tiene porqué sentir inseguridad frente a un humano mediocre, además la misma Rin me dijo a mí que estaba enamorada del amo Sesshomaru y que quería aparearse con él. Lo que ella está haciendo ahora, lo hace porque... porque... ¡porque es una niña loca que se hace amiga de quienes tratan de matarla! No es la primera vez que Kohaku intenta asesinarla, pero ahí está: abrazándolo y consolándolo como si fuese un cachorrito perdido ¡Siempre he pensado que Rin está mal!
Sesshomaru miraba aquel momento en silencio, al tiempo que intentaba dilucidar si sentía o no celos. Tampoco era muy consciente de qué se sentía tener celos, pero supuso que era parecido a lo que sintió cuando su padre le entregó colmillo de acero a su medio hermano: una sensación de profunda rabia al ver como alguien le robaba algo que por derecho le correspondía.
Había decidido que Rin era suya y que sería suya para siempre, pero aunque comprendía el porqué ella actuaba de forma cálida con el muchacho, no podía evitar sentir como si se la estuvieran quitando frente a sus ojos. El demonio ni siquiera se había dado cuenta que su mano se había convertido en un puño apretado, pero no podía sentirse enojado con Rin: confiaba en ella, en cada gesto, beso, caricia y palabras que habían compartido durante el último tiempo. A pesar de aquel sentimiento extraño e incómodo, sabía que el corazón de Rin le pertenecía y que ella jamás haría algo para traicionarle o hacerle daño.
-La verdad es que me alegra mucho que Rin forme parte de la familia- comentó Kagome mirando a Sesshomaru con una sonrisa-, pero cuñado, debo preguntar: ¿Cuándo planeas ponerle fecha a la boda?...¡Hay que hacer un poco más formal su relación!
Los días que siguieron a aquel momento transcurrieron de una forma mucho más tranquila. Kohaku se dedicó a ayudar en la reconstrucción de la aldea vecina: era una labor ardua que le ayudaba a no pensar demasiado en la tristeza que sentía y que le ayudaba a pensar qué hacer durante el futuro.
-Hermana, creo que me iré de viaje- murmuró el joven cuando había llegado a la casa y mientras le servían la cena-, quiero entrenar mucho en los bosques y creo que no quiero estar aquí para cuando Rin se case... ¿ El señor Sesshomaru ya pidió su mano?
-Pidió su mano ayer: fue una ceremonia muy bonita y extraña, ya que le pidió permiso para casarse a Jaken y a la Anciana Kaede- respondió Sango dirigiéndole a su hermano una mirada compasiva-... siendo honesta, yo no me lo esperaba, ellos son muy diferentes, pero si es lo que hace feliz a Rin...
-Está bien- indicó el muchacho dejando los palillos a un lado un momento-, después de todo, Rin se merece ser feliz y de alguna forma, creo que él es quien la hace más feliz.
-Tu también mereces ser feliz- Sango acarició la mano de su hermano con una sonrisa-, sé lo mucho que duele el amor no correspondido, pero ya verás que encontrarás la felicidad en otra persona.
-Pero no será Rin...
-No, no será Rin- señaló la joven antes de suspirar un momento- y tampoco cometerás los mismos errores que cometiste con Rin...El primer amor suele ser algo inmaduro, pero está bien siempre que aprendas de esa experiencia.
-Hermana... tu estás casada con tu primer amor- le recordó el joven antes de reír un momento-, no creo que seas la mejor consejera sobre superar el dolor de un primer amor no correspondido...
-Bueno, es verdad...- Sango frunció ligeramente el ceño-, pero hay mucha gente que encuentra el amor y la felicidad después de un primer amor, por ejemplo... Inuyasha quiso mucho a la sacerdotisa Kikyo, pero ahora está muy enamorado y es muy feliz con Kagome y eso mismo va a pasar contigo...
-¿Sugieres que tengo que esperar a la reencarnación de Rin? ¡Es demasiado tiempo!
-¡No estaba sugiriendo eso!- exclamó Sango cruzando los brazos sobre el pecho- Yo solo estaba diciendo, que aunque las cosas no resultaron con Rin, es posible que puedan resultar bien con otra persona...
-¡Ya lo sé! Solo estaba jugando un poco... La verdad es que no dejo de sentirme muy culpable- indicó el joven bajando la mirada-: yo... por un momento, realmente desee matar a Rin, una parte de mi realmente quiso hacerlo y me da mucho miedo ser capaz de hacer algo así... ¡Nunca imagine que podría hacerle daño a Rin hasta que ella misma se puso mi cuchillo en el pecho!
-Kohaku, no te lastimes más- los ojos de la joven brillaban a raíz de lo mucho que, se imaginaba, debía estar sufriendo su hermano- . Lo importante es que te detuviste a tiempo y que ahora no hay una tragedia que lamentar... yo... creo que un viaje te va a servir para aclarar un poco tus pensamientos, además de que es una buena oportunidad para conocer gente nueva.
-Sí, tienes razón...Me siento un poco más tranquilo al saber que Rin no me guarda rencor.
-¡Ella es muy dulce! No le guarda rencor a nadie y nadie es malo a sus ojos... a veces la envidio y me pregunto como será ver el mundo a través de sus ojos... debe ser todo muy bonito...
-Aunque creo que el señor Sesshomaru tardará mucho más en perdonarme... ni hablar del señor Jaken: creo que su rencor va a durar esta vida y la siguiente...
-Supongo que Rin va a aplacar un poco ese rencor... ¡Ahora que lo recuerdo! Si planeas viajar, creo que debes despedirte de Rin: ¡ella también va a iniciar un viaje dentro de los próximos días!... Creo que dijo que se iba a ver el mar con su prometido o algo por el estilo, hasta donde sé van a irse mañana por la mañana, por lo que si quieres despedirte, vas a tener que hacerlo en el transcurso del día...
Kohaku avanzó por las calles de la aldea, recordando que había hecho muchas veces el mismo camino a casa de la Anciana Kaede, aunque esta vez, era diferente por todas las cosas que habían pasado desde el festival de la luz hasta la fecha.
No pudo evitar sonreír en cuanto vio a Rin arrodillada en su jardín, regando sus flores con profunda dedicación. Esta vez su yukata era rosa claro con decoraciones con forma de flores, su cabello caía suelto por su espalda y su sonrisa era todavía más brillante que antes. Supuso que el hacer un poco más oficial su relación con Sesshomaru había aumentado su felicidad, en caso de que eso fuera posible...
-¡Kohaku, ya regresaste!- exclamó la joven sonriendo- ¿Cómo están las cosas en la aldea vecina?
-Bastante bien, ya hemos ayudado a rearmar la mayoría de las casas y solo quedan las tiendas en el pueblo.
-¡Me alegro mucho! Hana y su bebé se han estado quedando con nosotras, pero supongo que querrá regresar a su aldea, después de todo, no hay nada como el hogar...
Kohaku asintió antes de agacharse un poco para quedar a la altura de la joven.
-He oido que te vas de viaje...
-¡Sì!- Rin parecía muy emocionada- El señor Sesshomaru ha conseguido que la anciana Kaede me dé permiso para ir con él a ver el mar durante unos días... ¡Me emociona mucho!
-¿Cuando te vas?
-Mañana.
-Yo he venido a despedirme...- Kohaku notó como ella parpadeaba confundida-, también voy a iniciar un viaje para entrenar un poco en el bosque y creo que cuando regreses, yo no voy a estar aquí.
-¿De verdad?... ¡Espero que te vaya muy bien! ¿Por cuánto tiempo vas a viajar?
-No lo sé... puede que sea un par de meses o años e incluso un poco más... lo necesario para... olvidarme de lo que siento por ti...- la joven asintió, comprendiendo bien el motivo de aquel viaje- como obsequio de despedida, te traje flores, me dí cuenta que no tienes estas en tu jardín y a Sango le gustan bastante...
Rin recibió las pequeñas flores en tonalidades azul al tiempo que miraba a Kohaku con una pequeña sonrisa.
-¡Muchas gracias! Pero creo que no es la mejor elección de flores- murmuró Rin sonriendo y dejando las flores junto al balde en el que tenía agua, ya que iba a plantarlas después-, en el lenguaje de las flores, las nomeolvides son las que tienen el significado más triste.
-¡¿De verdad?! ¡Yo no lo sabía! ¡¿Qué significan realmente?!
-Precisamente eso: "no me olvides" y... también, la desesperación de un amor no correspondido...
Ambos jóvenes guardaron silencio, ya que comprendían que, en cierto modo, las flores se ajustaban a la relación que se había formado entre ellos.
-Rin, yo... lo siento- Kohaku parecía muy avergonzado debido a que una ligera capa de rubor cubría sus mejillas- ¡No sabía el significado de las flores y no quería hacerte sentir incómoda!
-¡No me siento incomoda!- exclamó la joven riendo- Está bien que no lo supieras, de hecho es normal no saberlo, así que no debes preocuparte por ello... yo... a mí me preocupa otra cosa...
-¿Qué es?
-Yo... me gustaría saber si podremos seguir siendo amigos... ¡Entenderé si me dices que no! Pero... me gustaría saberlo... yo te quiero mucho y... sí me gustaría ser tu amiga o que me vieras como a una hermanita molesta y problemática... Tu... ¿Qué opinas?
-Rin... no es fácil- Kohaku suspiró un poco al tiempo que intentaba ordenar sus ideas-, no puedo mentirte y decir que seré tu amigo o tu hermano mayor... No sé si un día seré capaz de olvidar esto que siento por ti, pero mientras el sentimiento persista, creo que es mejor mantener una relación de distancia... Desde nuestro primer beso he estado haciendo las cosas mal contigo y... creo que lo más maduro de mi parte es dejar que seas feliz con quien tu corazón ha escogido... No puedo ser tu amigo mientras esté enamorado de ti y una parte de mi esté deseando que tu matrimonio sea un total fracaso, esa sería una amistad totalmente falsa y creo que tu te mereces algo más que eso.
Rin suspiró y asintió antes de acariciar un momento los pétalos azules de las pequeñas flores que descansaban a su lado.
-Yo... yo lo entiendo y acepto tu decisión...¿Puedo darte un ultimo obsequio?
-Mientras no sea un beso, está todo bien- sonrío para demostrarle a Rin que estaba bromeando a lo que ella le regaló un momento de su risa como toda respuesta-, digamos que tu prometido es bastante aterrador y lo he hecho enfadar mucho el último tiempo... espero ganarme un día su respeto nuevamente...
-El señor Sesshomaru es muy bueno- señaló Rin con una sonrisa-, puede que tarde un tiempo, pero sé que te perdonará y volverá a tenerte en gran estima...En cualquier modo, mi regalo no implicaba contacto físico...
-¿Qué era?
-¡Una flor!- Rin desprendió una flor de color amarillo- Es una rosa. En el lenguaje de las flores las rosas amarillas simbolizan la amistad y la felicidad de compartir momentos juntos... Yo, te agradezco mucho por el tiempo que fuimos amigos y por cada momento que pasamos juntos... ¡también espero que tengas un buen viaje! Y espero que nos veamos pronto...
Kohaku asintió recibiendo aquel regalo y dando un par de pasos fuera del jardín de Rin, con la disposición de volver pronto a su casa. No obstante, se giró y le dedicó una última mirada a la joven.
-¡Rin!- ella alzó la cabeza para volver a mirarle- Yo... acepto que en esta vida seas la esposa del señor Sesshomaru y te vayas con él, pero en nuestra próxima vida, nosotros tenemos que estar juntos...te prometo que en nuestra próxima vida, nosotros vamos a estar juntos...
Rin solo sonrió un instante, observando como el joven paso a paso caminaba lejos de su vida y a medida que una suave brisa de verano, refrescaba sus mejillas y traía el suave aleteo de una mariposa que volaba, contenta, entre sus bellas flores...
