Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.


Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!


Capítulo 2

24 horas antes…

—Sólo piénsalo como una noche de fiesta para celebrar tu nuevo trabajo —sugirió Amber—. Podemos llamarlo una Fiesta Bon Voyage Bella, ¿qué te parece?

—Creo que no puedo costearme una Fiesta Bon Voyage Bella —gruñí—. Ni siquiera debería estarme haciendo una manicure porque está saliendo de mi dinero; el dinero que me tiene que durar hasta que reciba mi primer cheque.

—Todavía no puedo creer que tus padres te estén haciendo esto —dijo Carmen con incredulidad—. Es tan injusto.

—Lo que sea, está pasado y necesito agachar la cabeza y esperar que esta fase rara en la que están pase rápidamente.

—¿Manicura francesa, Srta. Swan? —me preguntó la manicurista y asentí.

—Y que la decoración sea mínima —le dije sombríamente—. Esto es más de lo que puedo pagar.

—Es por esto que tienes que salir con nosotras esta noche —me rogó Amber—. ¡Tienes que despedirte con estilo! Podemos pagarte las bebidas, Bella, sólo ven por favor.

—Exacto —Carmen asintió al hablar—. Sólo porque te hayan quitado el dinero no significa que nosotras no podamos ayudar a financiar tu vida social.

—Aw, ustedes son las mejores. —Les sonreí a mis dos mejores amigas de hace años—. ¡Las quiero!

Nos conocimos en la escuela y a pesar de nuestras diferentes crianzas, fuimos inseparables desde el primer día. Amber era originaria de California y se veía como si perteneciera en Hollywood con su largo cabello rubio, piel bronceada y enormes ojos azules. Despistada pero completamente adorable, nunca actuaba como una chica cuyos padres la consentían más que a mí. Carmen, aunque también dulce y leal, siempre había sido un poco más sensible, pero sólo nos asegurábamos de controlar sus berrinches y su actitud de diva antes de que comenzaran de verdad.

Después de graduarme de la preparatoria, quise continuar con mi educación. A pesar de que las chicas lo veían como algo sin sentido, todas nos inscribimos en la misma universidad y vivimos juntas fuera del campus. En cuanto a intentarlo, nuestro esfuerzo conjunto fue terrible. Amber duró seis meses y Carmen poco menos de un año. Yo fui la única que completo todo el programa y mis chicas se quedaron conmigo todo el tiempo. Hice la licenciatura en Literatura y me gradué con honores, para sorpresa de mis padres.

Iba a ser difícil no poder comprar, comer y vacacionar con ellas como estaba acostumbrada. Las extrañaría muchísimo y pensé, ¿por qué disfrutar todo el tiempo que pudiera con ellas?

—Cuenten conmigo —dije, y ambas soltaron chillidos de emoción.

Y así fue cómo se desarrolló mi tercer error…

El papá de Amber era el dueño de una cadena de clubes nocturnos que estaban en todo Estados Unidos. Atendían específicamente a una clientela adinerada y extravagante, de la cual yo me contaba como parte de ella hasta la media noche de esa particular tarde.

Usé mi vestido favorito como un gesto de despedida; corto, strapless, abrazaba mi figura y era de la tonalidad de azul más preciosa en la historia de los vestidos. Este vestido me hacía sentir como una mujer sexy y llena de confianza, y esta noche eso era justo lo que necesitaba.

Dejé que Amber me alaciara mi cabello típicamente rebelde con lo último que quedaba del único suero que funciona perfectamente, sabiendo que comprar más estaba fuera de cuestión ya que costaba más de lo que pronto iba a poder pagar.

Llegamos directo a la entrada VIP del club y dejamos que las bebidas fluyeran. Champagne, tequita, Cosmo, Sex on The Beach, Martini de manzana… lo que sea, yo me lo iba a tomar. Mis chicas y yo le sacamos provecho a la tarde, nos reímos, cotilleamos y cada vez que sonaba una canción que nos gustaba, yo bailaba como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.

Fue durante uno de esos bailes que lo vi… alto, guapo más allá de lo creíble, y con la presencia más intensa y comandante incluso a treinta pies de distancia. Él me estaba viendo, y quiero decir me estaba viendo. Sus ojos subían y bajaban por cada centímetro de mi cuerpo, su boca se abrió ligeramente y había una mirada en sus ojos que envió estremecimientos por toda mi columna. Cuando sus ojos se encontraron con los míos apenas pude respirar y tuve que esforzarme mucho para seguir bailando.

No me sonrió, no se me acercó, pero tampoco apartó la mirada.

Así que ahí estábamos en medio del club – yo estaba bailando, él estaba mirando, y yo lo veía mirarme. Era como si fuéramos las únicas personas en el lugar y no podía apartar la vista. Estaba tan ensimismada en su presencia que ni siquiera podría decirte cuál canción estaba sonando, el único sonido que escuchaba era mi corazón latiendo en mi pecho.

Resistí la urgencia de mi cuerpo de cruzar la pista de baile sólo para tocarlo… besarlo…

—¡Amo esta jodida canción, B! —Una Amber muy borracha tropezó conmigo cuando intentó bailar y casi caímos al piso—. Oops.

La ayudé a equilibrarse e inmediatamente regresé la mirada en su dirección, pero él ya no estaba.

—Mierda —murmuré por lo bajo al registrar el club. La oscuridad, que sólo se veía interrumpida por las luces de colores, me hizo imposible ver algo y después de varios minutos me rendí—. ¡Mierda, mierda, mierda!

—¿Estás bien? —preguntó Carmen.

—Sí, necesito una bebida y una ducha fría —gruñí—. Voy a sentarme, regreso pronto, ¿de acuerdo?

Dejé a las chicas en la pista de baile y encontré un asiento en el área privada del club.

—Un Cosmo —le dije al mesero—. De hecho, que sean dos.

Mientras esperaba sentada, lo buscaba constantemente. No podía comenzar a explicar el tirón que sentí, la urgencia de…

—Alguien como tú no debería estar sentada aquí sola.

—Siempre lo intentas, Mike —digo entre dientes apretados—, y siempre te digo que no.

Mike Newton era un mujeriego. Todos lo conocían y probablemente se lo habían follado en algún momento, bueno todos excepto por mí. Rubia, castaña, pelirroja, alta, baja, gorda o delgada; nada de eso importaba. Siempre y cuando tuviera tetas y una vagina, a él no le importaba, y ni siquiera creía que una vagina fuera un requisito estricto para este chico.

—No me puedes culpar por intentarlo —dijo sin inmutarse—. Puede que una noche me sorprendas.

—No hay alcohol suficiente en el mundo para que eso suceda, Mike. —Me terminé rápidamente mis dos bebidas y me paré.

—¿Ya nos vamos? —preguntó esperanzado.

—Yo sí —me reí—. Voy al baño.

Seguía pisándome los talones cuando llegué al sanitario de chicas.

—¿Qué estás haciendo?

—Te acompaño al baño. —Me guiñó—. Puede que necesites ayuda.

Rodé los ojos.

—Soy más que capaz de hacerlo sola, Mike. He tenido veinte años de práctica y nunca ha sido un problema.

—Entonces sólo te esperaré aquí afuera —me gritó cuando abrí la puerta.

Me tardé más de lo necesario a propósito. Me peiné el cabello, retoqué mi maquillaje e incluso añadí un chorrito extra de perfume – por si acaso encontraba a mi observador misterioso.

Mi teléfono vibró en mi bolso y lo saqué para ver un mensaje de Amber.

¡Te vi irte con Mike, perrita sucia! Carm y yo conocimos a dos chicos buenísimos y nos invitaron a una fiesta. Diviértete con Mike, cuídate y llámame mañana cuando salgas de trabajar. Dios mío, ¡eso suena tan jodidamente raro! Te quiero, bebé. Xxx

Decidí dar una última ronda por el club para intentar encontrarlo y si no tenía éxito, regresaría a casa. Después de todo, tenía que levantarme muy temprano la mañana siguiente. Me acerqué a la puerta y pude escuchar a Mike hablando afuera con alguien.

—Oh carajo —murmuré.

Incluso la oportunidad de encontrarme con un ardiente hombre no valía tanto la pena para tener que lidiar con Mike por segunda vez esta noche. Consideré quedarme en el baño hasta que cerrara el club, pero luego vi una ventana en uno de los cubículos. La abrí tanto como fue posible y me asomé hacia afuera. No estaba tal alto y daba a la entrada lateral del club, que sólo se usaba para fiestas privadas.

Satisfecha al notar que no había nadie cerca, tiré con cuidado mi bolsa y mis zapatos al suelo y trepé a través de la ventana. De niña había pasado muchas horas escalando árboles alrededor de Forks, así que esto era facilísimo. Me fui dejando caer y aterricé suavemente sobre mis pies. Me bajé el vestido con una risita, era bueno que nadie más estuviera aquí o les habrían echado un vistazo a mis bragas de encaje blanco.

Agarré mi bolso y me volví a poner los zapatos, estaba lista para dirigirme a casa cuando escuché a alguien aclararse la garganta.

Me giré y en cuanto vi la fuente de ese carraspeo, hice una nota mental de abrazar a Mike Newton por no captar la indirecta y obligarme a huir por la ventana.

Él estaba aquí… en el callejón… ¡carajo!

—Um… hola —dije con nerviosismo, sintiendo esa misma bola de calor formarse en mi estómago antes de explotar a través de mi cuerpo como un incendio.

Él lo estaba haciendo de nuevo… esa intensa y ardiente mirada, ordenándome en silencio acercarme a él. Al estar mucho más cerca esta vez, me asombró descubrir que me sentía incluso más atraída a él. Este hombre, quién quiera que fuera, era hermoso de una forma sexy y totalmente masculina.

—¿Puedo sugerir que uses la puerta en el futuro? —dijo, su voz sonaba tosca como papel de lija, pero al mismo tiempo tan suave como la seda.

¿Era eso posible?

—Necesitaba escapar de forma rápida y en secreto —le dije, retrocediendo de forma que mi espalda quedó presionada contra la pared del club.

Estaba a solas en un callejón oscuro con un hombre del que no sabía nada, excepto por el hecho de que tan sólo tenerlo ahí parado me provocaba un poderoso estremecimiento de lujuria y el vello de todo mi cuerpo estaba erizado.

—Cualquier persona podría estar merodeando en un callejón como este. —Se acercó unos pasos a mí, sus ojos sólo abandonaron los míos para recorrer de arriba abajo mi cuerpo—. ¿No crees que es un poco arriesgado?

Me encogí de hombros sin responderle. Quería actuar indiferente y tranquila sobre la situación… sobre él, pero mi corazón latía tan ruidosamente que estaba segura de que él tendría que escucharlo.

—¿Te gusta arriesgarte? —Tres pasos más.

—Usualmente no —admití, mi voz no era nada más que un susurro.

Dos pasos más.

—Te vi allá adentro.

—Lo sé. —Sonreí—. Parecía que te gustaba lo que veías.

—Creo que sabes que eso es cierto.

Un paso más… vacilante en esta ocasión… casi ahí.

—Me gustó —admití—, pero creo que tú también sabes que eso es cierto.

Un paso más… casi podía estirar la mano y tocarlo… agarrarlo… olerlo… besarlo.

—Mm —murmuró, su respiración era temblorosa. Claramente estaba tan afectado como yo.

—¿A dónde fuiste? —pregunté—. Me estabas viendo y luego te fuiste.

Golpeteó una vez su bolsillo.

—Tuve que salir para atender una llamada. Iba a regresar para encontrarte, pero ahora aquí estás.

Dio el último paso hacia mí y nuestros cuerpos quedaron casi tocándose. Era alto – mucho más alto que yo en tacones, y su físico era delgado, pero musculoso, podía notarlo a través de su camisa. Respiré profundamente por la nariz y mis parpados se cerraron cuando me golpeó el olor de su loción. Increíble.

—Aquí estoy. —Tragué cuando puso una mano en la pared junto a mi cabeza—. Y aquí estás tú.

Su otra mano se alzó y se posó en mi cadera, sus dedos me rodearon, jalándome hacia él. Alcé la vista, estaba desesperada por que me besara… le rogaba silenciosamente que me besara.

Morí justo ahí cuando sus labios chocaron con los míos. La intensidad no disminuyó, las sensaciones que creí abrumadoras antes se multiplicaron al instante y el deseo… la necesidad que sentía por él era incontrolable.

Me empujó contra la pared, su cuerpo se frotó contra el mío en el lugar correcto, él sabía a champagne, cerveza y menta, y no era suficiente.

Con un gemido de frustración, se apartó demasiado pronto.

—Nos vamos —dijo con voz ronca.

—¿De verdad? —pregunté, alzando las cejas—. ¿Estás asumiendo que quiero irme con un hombre al que no conozco?

—Es eso o te follo justo aquí. —El bastardo presumido sonrió.

—¿Y quién dijo que quería follarte? —lo reté. Por supuesto que sí quería, él lo sabía.

—Entonces supongo que nos despedimos aquí y yo regreso a mi hotel… solo. —Se encogió de hombros.

Estaba jugando conmigo y por el bien de hacerme la difícil decidí que despedirme de él era lo mejor que podía hacer. No le respondí y frunció ligeramente el ceño, algo que me gustó… no iba a participar en su juego.

—Eso supongo. —Sonreí.

—Adiós entonces —dijo y comenzó a retroceder por el callejón. Mientras lo hacía, tomó mi mano y me jaló junto con él.

—Adiós —dije cuando salimos lentamente hacia la calle, esperando y rezando para que mi resolución no se hiciera pedazos.

—Es todo un desperdicio. —Alzó su mano libre para llamar un taxi que estaba parado en el otro lado de la calle.

—Estoy segura que lo superaré.

Sacudiendo la cabeza, liberó mi mano y abrió la puerta del asiento trasero. No pude apartar mis ojos de los suyos. ¿Estaba jodidamente loca? ¿Un tipo buenísimo me estaba ofreciendo lo que sabía que sería sexo muy caliente después de ese beso y estaba siendo terca?

Cuando se giró para subirse al carro, miró sobre su hombro.

—¿Puedo ofrecerte un aventón a casa?

—Seguro, ¿por qué no? —dije casualmente.

Me hizo una seña para que me metiera, así que eso hice, inclinándome más de lo necesario a propósito. Me senté, intentando actuar indiferente por toda la situación cuando de hecho me sentía tensa, nerviosa, determinada y endemoniadamente excitada.

—Son dos paradas —le dijo al taxista—. El Fairmont y… —me miró esperando mi dirección.

—Seattle Heights —respondí, mirándolo por la comisura del ojo y claro que él me estaba viendo—. ¿El Fairmont?

—Mi casa temporal —me dijo, seguía viéndome—. Me acabo de mudar aquí y todavía necesito encontrar mi propia casa.

Asentí y miré por la ventana. Lo sentí moverse a mi lado, su pierna rozó la mía y eso fue todo lo que se necesitó. Un breve e inocente momento de contacto y perdí todo vestigio de autocontrol que poseía.

Comencé a girarme para quedar de cara, pero él ya estaba inclinándose hacia enfrente al mismo tiempo, besándome como si el mundo estuviera a punto de terminar. Una de sus manos subió por la parte interna de mi pierna, deteniéndose en la orilla de mi vestido, pero sus dedos acariciaban mi muslo tan arriba como podían llegar. Ambos dolorosamente conscientes de que no estábamos solos.

—¿Dos paradas? —murmuró el taxista—. Más bien una.

—Fairmont —dijo de forma tosca entre besos, empujándome contra el asiento—. Sólo el Fairmont.

—Vamos, este es un taxi, no un prostíbulo —nos gritó el taxista, pero ninguno le prestó atención—. Acabo de mandar limpiar el interior.

Cuando nos detuvimos afuera del hotel, le aventó un billete de cincuenta dólares al taxista y me jaló para sacarme del auto. Este era un hotel elegante, él lo sabía y yo lo sabía, así que se guardó sus manos y su boca para sí mientras cruzábamos recepción.

—Me alegra que vinieras —me dijo al oído, envolviendo con su brazo mi cintura cuando entramos al elevador detrás de una pareja mayor.

Inclinándome hacia él, susurré:

—Aún no me vengo, pero tengo altas expectativas de ti esta noche.

Vi su manzana de Adán moverse al tragar pesadamente y me asombró el efecto que teníamos el uno en el otro. Noté por primera vez que sus ojos eran de un rico color verde oscuro, una tonalidad que no había visto antes, no es que debiera sorprenderme, algo me decía que este hombre era único en muchas formas diferentes.

Me aparté un pasó de él, sabiendo que si me tocaba no sería capaz de controlarme. El aire estaba lleno de tensión y un silencio que era ensordecedor. Pareció que al elevador le costó una eternidad detenerse y la pareja se bajó.

—Cinco pisos más —me dijo y asentí—. ¿Tal vez sería buena idea presentarme?

Las puertas se cerraron y finalmente estuvimos a solas. Lo empujé contra la pared, besándolo.

—No hay tiempo para eso —dije contra sus labios.

Cualquier buen comportamiento que habíamos mantenido en recepción se desvaneció y cuando las puertas se abrieron en su piso, él me llevó de espaldas por el pasillo y hacia su habitación, sin romper el beso ni una sola vez. Buscó la llave en su bolsillo y yo me puse a trabajar en abrir su cinturón, botón y zipper, presionando mi palma sobre su erección.

—Mierda —gimió—. No puedo abrir la jodida puerta.

—Más te vale que lo hagas porque no nos vamos a detener. —Hablaba en serio, ni una horda de caballos locos podrían detenerme ahora.

Metí la mano en sus pantalones abiertos y maldijo de nuevo, luchando desesperadamente con la llave en una mano y agarrándome el culo con la otra.

—Carajo, carajo, carajo —gruñó.

Seguíamos en el lado equivocado de la puerta, estábamos empujándola con tanta fuerza que la probabilidad de romperla era grande. Perdí todas mis inhibiciones, el riesgo de que alguien nos atrapara así lo volvió todo más excitante; me deslicé por su cuerpo hasta ponerme de rodillas y bajé lo suficiente sus pantalones para dejar libre su polla.

—Te dije que no me iba a detener —dije, arrastrando mi uña por la parte inferior de su miembro—. Y lo decía en serio.

La lucha con la llave se detuvo y bajó la vista hacia mí, casi retándome a hacerlo. Así que lo hice.

Deposité un suave beso en la punta y luego abrí la boca, metiéndolo tanto como pude.

—Dios —jadeó y su cabeza golpeó la puerta—. No puedo… mierda… necesitamos entrar… mierda… carajo, no te detengas.

No me detuve, dejé que mis dientes subieran y bajaran rozándolo mientras me movía y parecía gustarle. Una de sus manos me agarro la cabeza, enredando sus dedos en mi cabello para moverme hacia adelante y atrás, y la otra finalmente logró meter la tarjeta en la puerta, pero no la abrió.

Podía sentir sus piernas temblando y su respiración volviéndose cada vez más errática. Estaba más que contenta con seguir haciendo esto, amaba lo incapaz que se volvía en mis manos… o en mi boca, pero finalmente abrió la puerta y me jaló para ponerme de pie.

—Adentro, te necesito adentro ya —dijo, cerrando la puerta de una patada detrás de nosotros y luego me encontré de nuevo con la espalda presionada contra la puerta… debe gustarle mucho todo esto de inmovilizarme.

Sus manos subieron mi vestido y agarró mi culo de nuevo mientras dejaba caer la cabeza para besarme el cuello y los hombros. Besó, chupó y mordió cada pedazo de piel expuesta. Cuando llegó al escote de mi vestido, llevó sus manos al zipper para abrirlo y bajar la tela, revelando así mi sostén de encaje blanco, luego dejó caer el vestido justo hasta el piso.

Las luces se encendieron automáticamente en la habitación y apartó la cabeza, viéndome cómo sólo él lo había hecho antes.

—Y yo pensando que te veías deliciosa en ese vestido —gruñó y me besó de nuevo.

Tiré de los botones de su camiseta, estaba bastante segura que arranqué unos cuantos en el proceso y arañé hacia abajo sobre su suave y firme pecho, lo sentí removerme un poco cuando mi toque se aligeró en su estómago.

—Ni siquiera sé tu jodido nombre —dijo contra mi boca—. Dime tu nombre.

—Bella —gemí—. Mi nombre es Bella.

Lo escuché responder algo, pero como su lengua estaba en mi boca al mismo tiempo, no se le entendió. Iba a pedirle que lo dijera de nuevo, pero eligió ese mismo momento para meter sus dedos en mis bragas.

—Oh Dios mío —grité, agarrándome de sus hombros. Podía sentir lo exaltado que estaba, sus hombros estaban tensos y los músculos de sus brazos, que estaban apoyados contra la puerta, estaban flexionados.

Dos largos dedos se deslizaron dentro y su pulgar presionó mi clítoris haciéndome gritar.

—Me estás matando —jadeé.

—Bella, ni siquiera he empezado contigo.

Eché la cabeza atrás, me golpeé con la puerta, pero no importó. Todo lo que podía sentir era él, sus dedos… su boca… su nariz bajando por mi piel… su caliente aliento dejando un camino ardiente mientras me besaba y luego bajaba mi sostén, capturando mi pezón entre sus labios. No podía comprender lo que me estaba haciendo y la reacción de mi cuerpo nos sorprendió a ambos.

Grité una combinación de sonidos que no eran reconocibles en ningún lenguaje de este planeta y lo dejé prolongar cada segundo del orgasmo más explosivo que había tenido mi cuerpo.

Subió besando hasta mi cara, presionando suavemente sus labios contra los míos y dejándome recuperar el aliento. Luego de unos minutos, puse ambas manos en su pecho y lo empujé hacia la cama, ayudándole a quitarse el resto de su ropa mientras se movía.

Se acostó viendo cada uno de mis movimientos y lentamente estiré los brazos hacia atrás para desabrocharme el sostén y quitármelo, lanzándolo al piso. Mantuve mi mirada en la suya, sonriendo cuando sus ojos viajaron entre mi cara y mis manos que vagaban lentamente por mi cuerpo, bajándome las bragas por las piernas lo más sexi posible.

No me moví por una fracción de segundo, pero claramente fue demasiado tiempo porque en un parpadeo ya estaba acostada sobre mi espalda en la cama, con los brazos extendidos sobre mi cabeza. Como dije, a este hombre le encantaba inmovilizarme.

—Lo supe cuando te vi —dijo en mi oído, metiéndose lentamente en mí… estirándome… llenándome—. Supe que tenía que tenerte, carajo… sabía que se sentiría así de bien.

Envolví mis piernas en su espalda cuando empezó a mecer sus caderas, empujando los talones en su culo para urgirlo a ir más profundo porque era codiciosa y necesitaba más. Soltó mis manos y agarré sus hombros, arañándolo con mis uñas.

Se sentía tan bien, tan jodidamente bien que nunca quería parar. Sentí mi cuerpo responderle de nuevo y rogué por más mientras arqueaba la espalda hacia él. Dios, este hombre tenía un talento.

Dejó caer la cabeza en mi hombro, lo presionó con fuerza y me mordió el cuello. Esa sensación añadida fue suficiente para hacerme caer por el precipicio y él también debió sentirlo, tuvo que haberlo sentido porque un rugido casi animal emanó de él y con una última y fuerte embestida se detuvo, todo su cuerpo temblaba.

Y eso, amigos míos, fue el error número cuatro. El jodido mejor error de todos.


Confirmada la sospecha de varias: Edward y Bella ya se conocían íntimamente antes de que Bella se presentara en la entrevista. El asunto ahora es, ¿cómo lo van a manejar? ¿Cómo reaccionara Edward al verla?

Como siempre, mil gracias por sus comentarios, me encanta leer lo que piensan. Si les gustó el capítulo, no olviden dejarme su review 😉

¡Nos leemos el siguiente jueves!