Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 3
Bella…
De todos los hombres en Seattle con los que pude pasar la noche, tuve que encontrar al que se convertiría en mi jefe. Intenté mantener la compostura, pero era tan duro… oh Dios… duro… embistiendo… sudoroso… tocando…
No me ayuda.
Respiré para calmarme y sonreí, tres rostros amigables me regresaron la sonrisa, invitándome a acercarme a la mesa, pero el hombre al que había dejado en cama apenas hace tres horas, que ahora sabía era el Sr. Cullen, no mostraba ninguna expresión.
—Hola —dije con nerviosismo, jugueteando con los botones de mi saco. Mantuve la mirada en Phil, Irina y Peter al sentarme.
Su falta de reacción a mi presencia era extraña; los otros tenían que notarlo, ¿cierto? No recibí un hola, o unos buenos días, ni siquiera una sonrisa o un asentimiento cortes de ese atractivo rostro.
¿Qué no me reconocía?
—¿Cómo estás, Isabella? —preguntó Peter Hale con amabilidad mientras que intentaba ver discretamente mi pecho—. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi y tengo que admitir que me sorprendí muchísimo cuando Phil me dijo que te nos ibas a unir.
—Estoy segura que no te sorprendiste tanto como yo —dije con una carcajada.
—Creo que esto será muy gratificante para ti. —Irina asintió y de nuevo el Sr Cullen no dijo ni hizo nada.
—Bueno, como ya sabes, estarás trabajando para el Sr. Cullen. —Phil mantuvo las cosas formales, señalando al Sr. Cullen al hablar—. Edward se unió a nosotros hace ocho semanas y aunque ya ha asumido el puesto de Peter, será anunciado formalmente como su reemplazo el viernes. Desafortunadamente, también perderemos a la asistente que Phil ha tenido desde hace años, la Sra. Goff. Ella ha aceptado amablemente quedarse hasta que te pongas al día y seas capaz de asumir ese rol de forma independiente.
—Bien. —Mis palmas estaban sudando, y las imágenes que se repetían una y otra vez en mi cabeza del Sr. Edward Cullen usando considerablemente menos ropa no ayudaban a mi situación ya de por sí incómoda.
—A pesar de que le aseguré a Phil que no era necesario, él insistió en el periodo normal de prueba para ti, Isabella —dijo Irina casi a modo de disculpa—. Durante ese tiempo, serás evaluada por Edward y otros colegas igualmente cualificados. Al final de la semana doce, sus opiniones se tomarán en consideración antes de que tu contrato sea permanente.
¿Evaluación física? ¿En esta mesa tal vez? ¿Desnuda? Detente ya.
—Si el Sr. Cullen no está satisfecho con tu trabajo, te quedarás sin empleo y estarás por tu cuenta —me dijo Phil severamente—. ¿Estás consciente de eso?
—Completamente —le aseguré.
—Entendemos que trabajar debajo de Edward es una posición con la que no estás familiarizada —dijo Irina inocentemente y tuve que morderme la parte interna de la mejilla para disimular la sonrisa.
La compostura de Edward se rompió al escuchar las palabras de Irina; tosió y se removió incómodo en su silla. Asumí que tenía exactamente la misma imagen que yo en su cabeza – yo muy debajo de él y dios sí que era muy familiar. Me miró por primera vez, el tono más ligero de rosa se estaba formando en sus mejillas y hubo un destello momentáneo de esa hambre en sus ojos.
—Sin embargo, estoy segura que serás un elemento de valor para esta compañía, Isabella —siguió Irina, ajena a la reacción de Edward—. No tiene sentido quedarnos sentados aquí hablando toda la mañana, así que dejaremos que Edward te lleve a la oficina y te presente a las personas en tu piso.
—Gracias, Irina —dijo Edward. Era la primera vez que escuchaba su voz y sonaba muy diferente a anoche. Era más formal y controlada. Miré directamente a Edward, que se puso suavemente de pie—. ¿Nos vamos, Srta. Swan?
—Por supuesto, Sr. Cullen —dije con dulzura y lo seguí hacia la puerta.
No me dijo ninguna otra palabra mientras caminábamos hacia el elevador ni durante el viaje hacia el piso quince. Yo me mantuve echándole miradas, pero sus ojos estaban firmemente pegados hacia adelante, no había ni un trazo de emoción en su rostro y esta vez el viaje en elevador fue menos interesante.
Cuando las puertas se abrieron en nuestro piso, esperó a que yo me saliera primero del elevador. El espacio era grande y abierto, pero muy escasamente decorado. Miré a mí alrededor y vi a una mujer mayor levantándose de su escritorio en la esquina más alejada de la oficina. Se nos acercó con una sonrisa de bienvenida en el rostro.
—¿Quiere café, Sr. Cullen? —preguntó y él asintió.
—Qué sea negro, por favor, Sra. Goff. —Ella logró sacarle una sonrisa, pero fue tensa y obviamente forzada—. Me gustaría presentarle a la Srta. Swan, su reemplazo; ¿a menos que pueda persuadirla para quedarse? Dudo que vaya a ser reemplazada con facilidad.
Cabrón.
Intenté no ofenderme, pero no fue fácil. Sr. Cara de pito no estaba tan ansioso por deshacerse de mí anoche, ¿no?
Cabrón.
—Me temo que no, Sr. Cullen. Ya he estado aquí el tiempo suficiente. Pero no tiene que preocuparse; le enseñaré todo lo que sé. —La Sra. Goff me ofreció su mano—. Es un placer conocerla, Srta. Swan.
—Llámeme Bella, por favor —le dije—. También es un placer conocerla.
—Tengo que hacer unas llamadas —anunció el Sr. Cullen—. ¿Podría mostrarle a la Srta. Swan los departamentos relevantes y presentarla al resto de nuestro equipo, por favor?
—Por supuesto, Sr. Cullen —dijo la Sra. Goff con felicidad.
—Me gustaría verlas a ambas en mi oficina a las once, sólo para revisar unas cuantas cosas. —Se fue sin decir otra palabra en dirección a una oficina que estaba separada del escritorio de la Sra. Goff por una pared de cristal que estaba esmerilada en la parte inferior, pero transparente en la superior.
En cuanto se cerró la puerta de su oficina, la Sra. Goff silbó largamente.
—Pues su buen humor parece haberse esfumado deprisa —se dijo a sí misma mientras servía el café—. Supongo que debimos saber que era demasiado bueno para ser verdad. —La vi llevarle la bebida a la oficina, otra vez recibió una sonrisa tensa antes de que el Sr. Cullen girara su silla para quedar de espaldas a la puerta.
Cuando se unió de nuevo a mí bajó la voz y susurró.
—Si quieres sobrevivir a este trabajo, este consejo es probablemente el más valioso.
—¿Qué? —pregunté.
—Apréndete el código del café.
—¿El qué? —casi me rio.
—El código del café —repitió—. Es un sistema a prueba de fallos, Bella, confía en mí. Aprenderás a distinguir su humor tan sólo por la forma en que se toma su café.
—¿De verdad? —sí me reí en esta ocasión, pero ella asintió con seriedad.
Me llevó hacia la máquina de café.
—El que pide más comúnmente es con crema y una cucharada de azúcar. Si te pide ése, sabrás que está de buen humor, sólo tienes que tratarlo con cuidado.
—Bien —dije dudosa.
—El expreso usualmente significa que se desveló toda la noche o que tuvo un día particularmente cansado. Ese fue su primer café esta mañana, así que asumí que había estado aquí hasta tarde anoche.
Me burlé sabiendo exactamente por qué necesitaba el expreso, pero ella asumió que me estaba riendo de su código de café. Se rio por un segundo, luego dijo:
—Sé que suena ridículo, pero todos nos hemos aprendido el código del café.
—Está comenzando a asustarme —admití.
—Ocasionalmente te pedirá un té. Le preparé uno después de una reunión particularmente estresante con un autor y su agente, y al parecer lo relajó. Aunque nunca bebe té en las mañanas, sólo por las tardes. —La Sra. Goff agarró un tarro y sonrió—. Ahora, este es el boleto de oro.
Leí la etiqueta.
—¿Canela?
—Si te pide uno de canela, te sacaste el premio mayor. Elige ese momento para darle cualquier noticia mala… es menos probable que se altere. —Soltó el tarro con un suspiro—. Luego del expreso, pidió uno de canela esta mañana, así que por eso me sorprendió verlo tan tenso cuando regresó de la sala de junas. Me pregunto qué habrá pasado.
Yo pasé… tres veces anoche, de hecho.
—¿Y el de ahora? —pregunté—. Pidió uno negro.
—Negro, querida, significa que será un día largo y difícil. —Puso los ojos en blanco.
—Genial —murmuré.
—Ven, vamos a llevarte para que conozcas a todos.
La seguí más allá de los elevadores y hacia otra puerta de vidrio, dentro era una enorme oficina de espacio abierto con unos ocho o nueve escritorios acomodados por ahí. Tocó la puerta y las chicas sentadas en los escritorios más cercanos giraron rápidamente las cabezas.
—Relájense, soy yo —la Sra. Goff se rio—. Pero estén preparados porque acaba de pedir un café negro.
—Genial —murmuró una chica de cabello negro—. Odio los días de café negro.
—Dijo que había pedido uno de canela esta mañana —refunfuño el hombre que estaba sentado más lejos.
—Ya sabes cómo es, Colin. Deben prepararse para lo peor siempre. —La Sra. Goff se encogió de hombros—. Le estoy dando a Bella el tour por este piso y presentándola a todos con los que estará trabajando.
Los asentimientos cortantes y breves sonrisas me dijeron que ya estaban conscientes de quién era exactamente y no les interesaba para nada.
—Estos chicos son los ojos del Sr. Cullen. A cualquier potencial autor se le pide que envíe los primeros tres capítulos y una breve sinopsis. Colin, Embry y Claire los leen y si les gusta la premisa, les pedirán la historia completa para los editores asistentes. Cada editor asistente tiene su género preferido y los manuscritos son distribuidos en base a esas preferencias ya que tienen el conocimiento para ese mercado en particular. —Señaló dos bandejas en cada uno de los escritorios—. Necesitaras recoger estos todos los días. Una pila es para los rechazados y la otra son los aprobados.
—Bien. —Tomé notas e intenté grabarme en la mente cada instrucción.
—A diferencia de otros, al Sr. Cullen le gusta leer todo lo que aprobamos antes de recibir la aprobación final para publicar. También le gusta revisar algunos de los rechazados… sólo para asegurarse de que no dejamos pasar algo bueno. Usualmente los lee al final del día y entonces los deja en tu escritorio para la mañana siguiente. —La Sra. Goff me llevó hacia una pequeña chica de cabello oscuro—. Esta es Alice. Es tu chica de fantasía y lo supernatural.
—¿En serio? —sonreí y se encogió de hombros.
—Sí, ¿qué puedo decir? Tengo una debilidad por vampiros y psíquicos. —No me sonrió ni dijo nada cordial, sólo volvió la cabeza para seguir trabajando.
—Jessica lee las secciones chick-lit y de romance. —La Sra. Goff señaló a la chica sentada frente a Alice—. También cualquier cosa que sea erótica va para ella.
Asentí y le pregunté a Jessica.
—¿La erótica vende?
—Como pan caliente —me lo dijo como si ya debiera saberlo—. Mamá Porno es uno de los mercados que está creciendo rápidamente.
—Vaya —musite—. No es algo que haya leído.
—Eso sí te lo creo —dijo con una risa condescendiente—, no me das la impresión de que seas lectora.
—Jess —le advirtió la Sra. Goff—. No hay necesidad de decir eso.
—No pasa nada —le dije y miré deliberadamente a Jess—. Amo leer, siempre me ha encantado leer. Es sólo que nunca he sentido la necesidad de leer erótica… supongo que mi novio me mantiene lo suficiente satisfecha.
No tenía novio y no había tenido por mucho tiempo, pero ella no necesitaba saberlo. Pude haberle dicho que anoche yo tuve mi propia experiencia erótica alucinante con el hombre que estaba a sólo unos cientos de pies de distancia, pero rápidamente decidí no hacerlo; sabía que ser la chica que se folló al jefe no me haría ganarme el cariño de esta gente.
Jessica me lanzó una mirada petulante y pensé por un segundo que me sacaría la lengua… probablemente temía demasiado mi conexión con Phil para hacer algo peor, pero la Sra. Goff intervino.
—Pórtate bien, Jessica. No te estás haciendo ningún favor con esa actitud. ¿Por qué crees que el Sr. Cullen siempre anda tras de ti? Todos somos parte del mismo equipo.
—Como sea —Jessica bufó y regresó a trabajar.
Mientras la Sra. Goff presentaba al resto del equipo, intenté recordar a todos, pero no era fácil. Me aseguré de ser amable y sonar interesada, pero ninguno de ellos hizo el esfuerzo de corresponder las cordialidades.
Luego de mi experiencia más que desagradable con el equipo de edición, subimos las escaleras al piso dieciséis.
—Cuando sea que subas aquí, sólo necesitas tratar con Seth, Emily o Jacob.
—¿Por qué?
—Seth, Emily y Jacob trabajan únicamente para las cuentas del Sr. Cullen. Los otros departamentos como no-ficción, para niños, de educación, etc., todos ellos tienen sus propios equipos asignados. —Sonrió y asintió—. Me encanta venir aquí, son un buen grupo y no tan pesados como el grupo de abajo. Claro que eso podría tener algo que ver con su proximidad al Sr. Cullen.
—Sí parece ser muy intenso —comenté y ella se rio.
—No tolera a los tontos y tiene… disculpa mi francés… un gran detector de mierdas. Yo tuve una maravillosa relación de trabajo con el Sr. Hale, pero él no estaba tan involucrado con su equipo de edición y cuando llegó el Sr. Cullen, fue un gran cambio para todos tener a alguien encima de ellos. Él no los deja salirse ni con la mitad de cosas que les permitía el Sr. Hale y cuando escuchamos que él se iba a retirar, creo que todos esperábamos que el Sr. King lo reemplazara. Ciertamente ha sido una transición difícil para ellos.
—¿Les agrada el Sr. King? —pregunté.
—Creo que habrían preferido su estilo de ser jefe al del Sr. Cullen. —Sonrió—. Pero no hay forma de negar que el Sr. Cullen consigue resultados, tiene un gran sentido para saber qué vende y es por eso que pasaron por alto al Sr. King en favor de él, a pesar de la conexión familiar.
Royce King estaba comprometido Rosalie, la hija de Peter, y lo había visto en un par de ocasiones. Siempre me había parecido amigable, tal vez un poco de más amigable con mujeres que no eran su prometida, pero Rosalie no parecía notarlo o importarle… o ambas. Rosalie no notaba ni le importaba nada más que sus siguientes vacaciones o viaje de compras; ¿tal vez ella pueda ser la siguiente intervención de mi padre?
Mientras atravesábamos el departamento que se veía muy ocupado y ruidoso, la Sra. Goff señaló en cuáles áreas trabajaba las diferentes personas. Me llevó a una sección dividida de ese piso y saludó:
—¡Hola chicos!
Just como me dijo, Seth, Emily y Jacob no eran nada como todos los de abajo. Si sabían quién era yo, no parecía importarles y me recibieron con emoción.
—¿Le contó sobre el código del café? —preguntó Emily y la Sra. Goff asintió—. Bella, por favor, por favor, por favor, asegúrate de enviarme un email cuando él llegue, si sabemos qué está bebiendo podemos estar preparados.
—Me aseguraré de hacerlo. —Sonreí y le dije—. Pidió uno negro cuando lo dejamos en su oficina.
—¿Negro? Aw, dios. Tengo que presentarle algo más tarde —gruñó Jacob—. Ese tipo es como una mujer con SPM todo el maldito tiempo.
Los otros se rieron, pero se mostraron empáticamente de acuerdo. Luego de unos minutos de platicar sobre lo que estaban trabajando, los dejamos seguir. Justo cuando caminábamos hacia las escaleras nos topamos con el Sr. King. Royce estaba a mitad de sus treintas e indiscutiblemente era un tipo atractivo, el problema era que él lo sabía. Estaba demasiado confiado de su encanto para mi gusto.
—Buenos días, Sra. Goff. —Sonrió y giró su atención hacia mí—. Srta. Dwyer.
—Es Swan —lo corregí.
—Lo siento, olvido que Phil es tu padrastro. ¿Qué te parece si sólo te digo Isabella? —se rio.
—Claro —acepté.
—Entonces, ¿cómo te está tratando Cullen? Tiene reputación de ser un tupo duro. —Tenía cierto filo en su voz y detecté cierta frustración por no estar actualmente sentado en la oficina del quinceavo piso—. Si te causa algún problema, asegúrate de decírmelo y lo pondré en su lugar.
—Estoy segura que él no será problema —le dije, sin estar segura de que las cosas estarían bien ni por un minuto.
—Lo siento, pero necesitamos regresar, Sr. King —le dijo amablemente la Sra. Goff—. Tenemos una reunión dentro de poco y necesito mostrarle unas cuantas cosas a la Srta. Swan antes de eso.
—Lamento haberlas entretenido —dijo y se movió a un lado para dejarnos pasar. Al pasar a su lado, se inclinó cerca de mí y rozó mi cintura—. Fue lindo verte, Isabella.
Intenté no vomitar y seguí rápidamente a la Sra. Goff, sintiendo sus ojos en mí al alejarme. Regresamos a nuestro escritorio a las diez treinta y la Sra. Goff se sentó a mi lado mientras me explicaba un día básico como asistente del Sr. Cullen. Miré la lista de trabajos y tareas que sólo parecían seguir llegando y no tuve ni idea de cómo ella lograba hacerlo todo en una semana, mucho menos un día.
Reunión matutina a las ocho en punto con el equipo editorial.
Organizar reuniones con autores, agentes, imprentas y proveedores… confirmar reuniones con autores, agentes, imprentas y proveedores.
Recoger manuscritos completados y entregarle los aprobados directamente al Sr. Cullen.
Preparar cartas de rechazo para los que se consideraron inadecuados.
Esperar a que los manuscritos regresen de la oficina del Sr. Cullen y luego preparar más cartas de rechazo o aceptación.
Preparar contratos.
Imprimir contratos.
Editar contratos.
Perseguir agentes.
Perseguir autores.
Responder llamadas.
Atender reuniones con autores, agentes, imprentas y proveedores para tomar minutas detalladas.
Hacer café.
Traer la comida.
Hacer más café.
Mi cabeza estaba girando y quería marchar fuera del edificio y regresar a casa. Incluso con la ayuda de la Sra. Goff, no había forma en que pudiera hacer esto. Estaba destinada a fracasar, ¿tal vez ese era el punto?
—Sé que parece difícil ahora —dijo la Sra. Goff, obviamente había reconocido mi inminente colapso—. Y tengo que admitir que me sorprende que te hayan elegido para esta posición en particular.
—¿Por qué soy una niña rica, consentida y egoísta que nunca ha tenido que trabajar un día de su vida? —espete—. Sé que la gente me odia por mi relación con Phil, pero…
—No me refería a eso para nada. —Me detuvo con un movimiento de cabeza—. Trabajo es trabajo, Bella, todos tenemos que comenzar en algún lugar. No, a lo que me refería cuando dije que me sorprendía es que… bueno, el Sr. Cullen es muy particular y difícil de manejar. Espero que se comporte contigo, tiende a ser muy tirano si cree que puede salirse con la suya.
Oh, lo sé muy bien.
—¿Cómo lo mantiene a raya? —pregunté, interesada—. Parece portarse bien con usted.
—No le doy otra opción, Bella, y él lo sabe.
Asentí, no estaba segura de tener la misma fuerza de carácter que la Sra. Goff.
—Me obligaron a tomar este trabajo —admití—. Mi papá piensa que necesito vivir en el mundo real.
—¿En serio? —se rio—. Ahora entiendo por qué te ves un poco abrumada.
—Creo que asumen que estoy destinada a fallar —digo en voz baja—. Tal vez por eso estoy aquí.
—O pueden ver al Sr. Cullen como alguien que podría ser una buena influencia —me comentó con esperanza, ignorando mi mirada de duda—. Todavía no cumple ni treinta años y ya ha logrado mucho. Tal vez esperan que su determinación y motivación te inspire.
—Quién sabe —murmuro.
Estuvimos en su oficina a las once en punto, como solicitó. El escritorio del Sr. Cullen estaba acomodado para sacarle el mayor provecho a la vista que tenía del centro de Seattle. Había una mesa circular con seis sillas en una esquina de la oficina y un librero en la otra. El librero estaba vacío, pero vi cajas y más cajas de libros sin desempacar en el piso. Se quedó detrás de su escritorio y nos indicó que nos sentáramos frente a él en lugar de usar la mesa.
—¿Le mostró el lugar a la Srta. Swan? —le preguntó a la Sra. Goff y su voz sonaba más suave que antes.
—Sí, le di un resumen de sus obligaciones y otros… consejos. —Sonrió atrevida, pero el Sr. Cullen no lo notó.
Me quedé ahí sentada, casi invisible mientras él y la Sra. Goff repasaban unas cuantas cosas y me encontré mirándolo. Había sombras oscuras bajo sus ojos y algo me dijo que no eran sólo el resultado de anoche. Seguía indiscutiblemente atraída por él, incluso más cuando pensaba en lo buena que había sido la noche anterior, pero no tenía ni idea de si él sentía lo mismo. Su comportamiento de hoy me dijo que difícilmente había pensado en mí y eso me molestaba más de lo que debería.
—Bien, comenzaremos de inmediato, Sr. Cullen. —La Sra. Goff reconoció su señal para irse y me indicó que la siguiera.
—De hecho, Sra. Goff, necesito decirle algo rápido a la Srta. Swan. —Seguía sin verme, pero mi estómago se revolvió y casi olvidó respirar.
—Por supuesto, Sr. Cullen. ¿Le gustaría algo de café?
—Sí, con crema y una de azúcar, por favor —le dijo y cuando ella se giró para irse, me dedicó un asentimiento esperanzado.
¿Tal vez su humor había mejorado?
Cuando la puerta se cerró, decidí intentar actuar más relajada. ¿Tal vez le había contagiado mi comportamiento tenso? ¿Tal vez pensaba que le diría todo a Phil y haría que lo despidieran?
—Entonces… —le dediqué una sonrisa amigable—. Edward, ¿eh?
—Sr. Cullen —me corrigió con frialdad y mi corazón se hundió.
—Perdón, Sr. Cullen —dije, preguntándome si él sabía en realidad quién era yo.
—Creo que tenemos que hablar sobre lo de anoche…
—Oh, ¿entonces sí me recuerdas? —replique, toda la amabilidad se había ido—. Comenzaba a pensar que lo habías olvidado.
Juntó las manos sobre el escritorio y suspiró.
—Creo que ambos recordamos lo de anoche mucho más de lo que deberíamos. —Ahora me estaba mirando igual que anoche, pero algo me dijo que el resultado no iba a ser tan divertido—. Y creo que ambos estamos de acuerdo en que lo de anoche fue…
¿Increíble, inolvidable, algo que tenemos que hacer de nuevo y pronto?
—¿Fue? —presioné cuando no elaboró más.
—Un lapso momentáneo de juicio y falta de auto control por ambas partes. Algo que no pasará de nuevo. —Su tono era cortante y en realidad sí me lastimó un poco—. Necesitamos olvidar que sucedió y mantener una relación meramente profesional.
—¿En serio? —dije con una carcajada de enojo—. ¿Eso es de verdad lo que quieres?
—Sí, por supuesto —respondió una vez más con tono indiferente.
—¿Crees que lo que pasó anoche fue falta de juicio? —dije entre dientes, intentando no alzar la voz—. ¿Simplemente falta de control… tres veces, Sr. Cullen?
Asintió.
—Sólo falta de control.
Sacudí la cabeza con incredulidad.
—Eres increíble.
—Baja la voz —siseó.
—Eres un cabrón —le dije—. Yo estaba tan sorprendida como tú cuando entré en esa sala de juntas, Sr. Cullen, pero creí que, como dos adultos, podíamos manejar esto de forma madura. Creí que lo fuera a pasar entre nosotros…
—Esto nunca se iba a convertir en nada más —dijo, interrumpiéndome rápidamente.
—Esa no fue la impresión que me diste anoche —dije con enojo—. Recuerdo claramente que tú me pediste a mí que me quedara a pasar la noche.
—¿Y por qué crees que quería que te quedaras? —dijo con brusquedad—. Si alguien me hubiera despertado esta mañana en lugar de salir a hurtadillas de la habitación, pude haber dejado perfectamente claro que no iba a suceder nada más de nuevo.
Entonces, ¿fui sólo una follada casual, una chica extraña en un bar a la que se había llevado a su hotel? Este día sólo mejoraba cada vez más.
—Oh, ya veo —dije, intentando disimular lo mucho que me calaba su rechazo—. Vaya, eres algo más.
—No estoy interesado en ningún tipo de relación contigo aparte de la de mi asistente. —Se veía indiferente, frío y totalmente arrogante—. ¿Estamos claros?
—Como el cristal —espeté y me puse de pie—. ¿Ya terminamos?
—Sí —dijo en voz baja y camino rápidamente hacia la puerta. Cuando agarré la manija, habló de nuevo—. Lo siento, Bella, es así como tiene que ser. —Sonaba sincero, pero ciertamente no iba a aceptar su disculpa.
—Es Srta. Swan —espeté e intenté hacer todo lo posible por no azotar la puerta con todas mis fuerzas.
Cabrón. Cara de pito. Cabrón.
Caminé de regreso al escritorio y justo cuando me acercaba, el teléfono sonó. La Sra. Goff lo puso en altavoz.
—¿Sí, Sr. Cullen?
—Que el café sea negro —ladró y la línea se cortó.
—Oh, querida, regresamos al principio. —Suspiró—. De verdad no sé qué le pasa hoy. Prometo que no siempre es así.
Encontré que era difícil creerlo. De hecho, empezaba a creer que el hombre que conocí anoche; el hombre seguro, sexy y atento que pasó la mayor parte de nuestro tiempo juntos asegurándose de que yo estuviera tan satisfecha como él, no era nada más que un invento de mi imaginación.
Pensé de nuevo en esta mañana y en cómo lo había dejado durmiendo. En mi defensa, pensé que estaba siendo amable dada la temprana hora. Me desperté justo antes de las cinco con una cruda, un dolor de cabeza del infierno y unas cuantas horas para prepararme para mi primer día en el trabajo. Había pensado en despertarlo, pero viendo que era muy temprano y él se veía tan pacifico, decidí dejarlo así. Había programado mi número en su celular y lo besé en la mejilla al irme.
Podía admitir que había estado esperando una llamada. Luego de una noche como esa, sería una tonta por no querer más. Ahora que había visto al verdadero Sr. Cabrón no estaba tan segura de contestar si me llamaba.
Sí, probablemente sí contestaría…
—Creo que se esfuerza mucho —dijo la Sra. Goff en su defensa—. Rara vez habla de su vida personal, dudo mucho que tenga una, pero los vistazos que he presenciado de su verdadero yo me hacen pensar que ha tenido que trabajar más duro que la mayoría para tener estas oportunidades.
No respondí nada e intenté sacarlo de mi mente, concentrando mejor toda mi atención en lo que la Sra. Goff hacía, pero el Sr. Cabrón era muy demandante, constantemente pedía archivos, reportes, actualizaciones y café (todavía negro).
Para las cinco y media ya estaba harta, mi cabeza palpitaba y quería irme a casa a dormir. Vi al equipo de edición caminar hacia los elevadores, riéndose y bromeando entre ellos al avanzar.
—¿Srta. Brandon? —el sonido de la voz de Edward justo detrás de mí me hizo sobresaltarme—. Todavía no recibo sus comentarios sobre el manuscrito de Keller.
Alice, una de las chicas groseras de esta mañana, caminó hacia él.
—Todavía no llego a él —respondió tímidamente—. He estado trabajando en otros… el de Keller es… um es muy difícil de leer.
—¿Está escrito en un lenguaje diferente? —preguntó él, confundido.
—No. —Alice negó con la cabeza—. Definitivamente está en inglés.
—¿Y el inglés no es su primer idioma?
—Um… no… quiero decir, sí… por supuesto, Sr. Cullen. —Alice se veía como si estuviera a punto de orinarse encima.
—Entonces, a menos de que se haya vuelto analfabeta en las últimas veinticuatro horas desde que le pedí que lo leyera, lo espero revisado y en mi escritorio para mañana en la mañana.
—Sí, Sr. Cullen —murmuró Alice e intenté no sonreír. El Sr. Cullen era bastante bueno para humillar en público.
—Sra. Goff, voy a comenzar ahora con mis manuscritos, así que ya puede retirarse por hoy. —Habló sin mirar en mi dirección, luego regresó a su oficina.
—Le gusta leer solo sin interrupciones —me dijo la Sra. Goff—. Sólo llévale una jarra llena de café y déjalo así.
Asentí y con un suspiro de alivio, dije:
—Gracias a Dios que ya terminó.
—Mejorarás con el tiempo, lo prometo. Sólo te está poniendo a prueba. Haz lo que te pida y hazlo bien, asegúrate de no darle municiones contra ti y estarás bien.
Quería decirle que ya le había dado municiones suficientes para armar un pequeño país, pero lo pensé mejor y en lugar de eso le deseé una buena noche.
EPOV
Estoy muy hundido en mierda. Carajo.
Uh-oh, parece que Edward no está tan contento con tener a Bella trabajando para él. Y pobre Bella, además de la situación en la que se encuentra, se tiene que enfrentar a un equipo de trabajo que no la quiere por ser hija del jefe. Esperemos que aprenda a sobrellevar la situación.
Mil gracias como siempre por leer. Si les gustó el capítulo, no olviden dejarme sus comentarios 😊
