Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 4
Era una caminata corta desde las oficinas de D.D.H hasta mi apartamento, pero para cuando crucé la puerta mis pies estaban gritando. Me estaba comenzando una migraña y estaba endemoniadamente enojada.
—¡Está en casa! —chilló Amber y corrió a mi lado—. Y dime, B, ¿cómo se siente ser una chica trabajadora?
Me lleve el dedo a los labios, necesitaba desesperadamente un momento de tranquilidad.
—Primero que nada —gemí al quitarme los zapatos—, chica trabajadora implica prostituta y no soy una prostituta. Segundo, odié cada maldito segundo y nunca más quiero volver a pisar ese lugar.
—Oh no, pobrecita Bella —dijo Carmen con un puchero—. ¿Por qué lo odiaste?
—Mi jefe es el cabrón del siglo, mis compañeros me odian y no tengo ni idea de qué estoy haciendo —murmuré—. Estoy tan irritada con mi papá por meterme en esto.
—Sólo necesitas distraerte. —Amber me frotó la espalda—. Ve a tomar una ducha y podemos salir a cenar.
—No tengo hambre. —Negué con la cabeza—. Necesito un agradable baño caliente y después me iré a dormir. —Las abracé a ambas y caminé cansadamente hacia mi habitación.
—¡Espera! —gritó Carmen e hice una mueca—. ¿Qué hay de Mike?
—¿Qué tiene Mike? —me froté las sienes en un intento de calmar el incesante palpitar.
—Te fuiste a casa con él anoche. ¿Se acostaron?
—¡No! —hice una mueca—. No me fui con Mike.
—Te vi —añadió Amber—. Te vi dirigirte a la puerta con él prácticamente montándote desde atrás.
—Primero que nada, ¡asco! —arrugué la cara—. Y segundo, lo que viste fue a mí yendo al baño y a Mike negándose a dejarme sola. Me salí por la ventana sólo para evitar verlo de nuevo.
Las chicas se rieron y pensé que ese era el final de la conversación… desafortunadamente no fue así.
—Entonces, ¿dónde pasaste la noche? Sé que no viniste a casa. —Amber agitó los dedos y Carmen sonrió.
Me recargué contra la puerta y suspiré.
—Anoche conocí al hombre más sexy e intenso de todos, tuvimos el sexo más maravilloso, increíble y abrumador durante toda la noche y…
—¿Y? —dijeron las chicas al mismo tiempo.
—Y —añadí con un profundo golpe de arrepentimiento en el estómago—, descubrí que no sólo es el hombre con el que voy a trabajar, sino que también es el cretino más grande del mundo a quién desearía nunca haber conocido.
—¡No es cierto!
—Sí es cierto. Me hizo sentir como toda una puta, chicas. —Sacudí la cabeza con tristeza—. En serio odio mi vida justo ahora.
—Aw, Bella, todo mejorará. —Amber me dio un fuerte abrazo—. No puede ponerse peor, ¿cierto?
Bufé, porque mientras tuviera que trabajar de cerca al Sr. Cara de pito, tenía una fuerte sospecha de que iba a ponerse mucho, mucho peor.
TBMOA
El resto de mi primera semana continuó del mismo modo que mi primer día. La Sra. Goff repetía pacientemente cada detalle una y otra vez. Nunca se frustraba, ni se molestaba y me aseguraba constantemente que yo iba a estar bien. Ella era la única razón por la que tenía la fuerza de quedarme en mi escritorio y no subir las escaleras para decirle a Phil que ya no iba a seguir con esto.
Alice y el resto del equipo de edición seguían de antipáticos, pero al menos reconocían que yo estaba ahí, no se podía decir lo mismo de Edward Cullen. Actuaba como si yo no existiera; nunca recibía ni siquiera un saludo amable, ni una sonrisa, ni siquiera una mirada en mi dirección. Dicho sea de paso, había pedido café negro cada día desde que yo llegué.
Las únicas personas aparte de la Sra. Goff a quienes parecía agradarles eran Emily, Jacob y Seth, y aprovechaba cada oportunidad para ir al departamento de arte a verlos, pero desafortunadamente los ocasionales diez minutos aquí y allá eran lo más que podía conseguir.
Para cuando llegó el fin de semana me sentía exhausta. Físicamente el trabajo no era agotador, pero estaba mental y emocionalmente cansada. Normalmente las chicas y yo habríamos pasado el fin de semana de fiesta, comprando y comiendo en restaurantes, pero no tenía deseo de hacer nada más que relajarme en casa con una botella de vino y una selección de películas para chicas.
Las chicas intentaron su mejor esfuerzo para persuadirme de unirme a ellas, ofreciéndose a financiar mi noche de fiesta, pero me sentía rara dejándolas pagar de nuevo y pasé la noche del sábado sola en mi habitación por primera vez en años.
El domingo estuve inquieta toda la noche. Enfrentar a Edward de nuevo me estaba haciendo sentir mareada en el fondo de mi estómago y pasar todo el día, cada día, en un piso donde sólo una persona tenía tiempo para mí no hacía que la idea de regresar a trabajar el lunes en la mañana fuera ni lo más mínimo atrayente.
Siempre me aseguraba de verme como debía, elegía mi outfit cada mañana con cuidado. Veía mi maquillaje como mi máscara y mi ropa como el disfraz perfecto, escondiendo lo insegura y acomplejada que me sentía cuando estaba en la oficina. Era un sentimiento inusual para mí, nunca había sido insegura y ciertamente no me importaba lo que pensaban otras personas aparte de mi familia y amigos, pero por primera vez en mi vida yo era la que intentaba encajar y lo detestaba.
Consideré mandarlo todo al demonio, irme y no volver jamás, pero la expresión en el rostro de mi papá seguía apareciendo en mi mente con una mirada de resignación en su cara, como si supiera que en realidad nunca lo intenté. Así que me quedaba donde estaba, sabiendo que entre más tiempo lograra apegarme a la situación, tenía más oportunidad de poder salir de esto con la cabeza en alto.
Llegué a las ocho en punto el lunes en la mañana como se suponía que era mi horario, pero encontré que ya todos estaban sentados alrededor de la mesa en la oficina de Edward, teniendo su reunión matutina. Toqué para entrar, pero el Sr. Cara de pito me hizo una señal para que me fuera sin siquiera mirarme.
Maravilloso. El lunes horrible acaba de volverme doblemente horrífico.
Me senté en mi escritorio e intenté al menos trabajar en las pocas actividades que podía hacer sin la ayuda de la Sra. Goff. Cuando los otros salieron de la reunión cuarenta y cinco minutos más tarde, la Sra. Goff vino directo a mí disculpándose profundamente.
—Lo siento mucho, Bella. Estoy tan acostumbrada a llegar temprano que no pensé en advertirte que llegaras cinco minutos antes. Los lunes él siempre está muy ansioso por empezar la reunión y quitársela de la mente. Me siento terrible. Lo siento de verdad.
—No se preocupe —le dije con un encogimiento—. Empiezo a creer que ni siquiera sabe que estoy aquí. Lo que sea que haga estoy segura que estará mal.
Me sonrió con simpatía.
—Te lo está poniendo muy difícil. Debe ser por Phil. ¿Tal vez intenta ponerte a prueba?
No tenía nada que ver con Phil y todo que ver con el hecho de que había tenido su polla en mi boca, entre otros lugares, pero claro que no le dije eso.
Unos minutos después, Edward se acercó al escritorio para dejar unas minutas en mi bandeja de entrada, todavía sin verme. Sin embargo, sí veía a la Sra. Goff.
—Espero que haya tenido un buen fin de semana, Sra. Goff.
Ella parecía un poco sorprendida por su interés.
—Oh… sí, fue encantador. ¿Y usted, Sr. Cullen?
—Edward, por favor. —Sonrió—. Y sí, tuve un gran fin de semana.
Entonces, para mi sorpresa, giró la cabeza hacia mí.
—Srta. Swan, estoy esperando la llamada de una dama de nombre Bree Tanner, por favor asegúrese de comunicármela inmediatamente.
Cabrón.
—Sí, Sr. Cullen —dije, conociendo el juego que estaba jugando. Quién quiera que fuera Bree Tanner, él se estaba asegurando de que yo supiera lo importante que era su llamada.
—Aparte de la llama de Bree, no quiero que me molesten. —Sostuvo mi mirada por un segundo o dos, casi como si estuviera esperando una reacción.
—Lo entiendo —le dije y le dediqué una sonrisa amable—. ¿Hay algo más que necesite?
Negó una vez con la cabeza y regresó a su oficina.
—No puedo comprender sus cambios de humor —dijo la Sra. Goff, sacudiendo la cabeza—. En definitiva, tiene algo en mente, sólo que no tengo idea de qué. Y en realidad no entiendo qué has hecho para merecer su ira.
—Quién sabe. —Odiaba preguntarlo, pero tenía que saber—. Sra. Goff, ¿quién es Bree Tanner?
—Su nombre es conocido, pero no puedo ubicarla —dijo—. Sólo puedo asumir que es algo personal. Definitivamente no tenemos un archivo sobre ella y estoy segura de que su nombre se habría mencionado antes si fuera por un asunto profesional. Aunque, ¿por qué rayos le pediría que lo llamara a través de nosotras? Nunca toma llamadas personales en la línea de su oficina. Me rindo de intentar comprenderlo.
Definitivamente es por mí. Estaba asegurándose de que supiera que había sido olvidada… que me había dejado de lado sin pensarlo dos veces.
Cabrón.
Cara de pito.
La mañana pasó sin ningún problema y no hubo llamada de Bree Tanner, pero podía ver que la Sra. Goff seguía pensando en eso, todavía intentaba descubrir por qué él estaba actuando tan raro. Cuando se fue a comer, decidí que era hora de tener una charla con el Sr. Cullen.
Respiré profundamente y entré en su oficina sin molestarme en tocar.
—Necesitamos hablar —dije directamente.
Alzó la vista de su laptop.
—Dije que no quería que me molestaran —dijo bruscamente.
—Pues te jodes porque necesitamos hablar. —Me acerqué y me senté frente a él—. Estoy aquí para ser cortés, Sr. Cullen.
—Por favor, explíqueme cómo es que irrumpir en mi oficina cuando le pedí específicamente que no me molestaran es ser cortés, Srta. Swan. —Se recargó en su silla y sostuvo mi mirada firmemente, inquietándome un poco… de acuerdo, inquietándome mucho.
—Mira, no tengo ni idea de qué he hecho para hacerte odiarme así. Si es por lo que pasó cuando nos conocimos, entonces ambos estuvimos ahí, Edward. Ambos somos adultos conscientes y no es justo que pongas toda la culpa en mí de esta forma.
—¿Qué intenta decir, Srta. Swan? —preguntó cansado, pasándose una mano por el cabello. El mismo cabello desordenado, suave y salvaje que mis manos habían estirado y con el que habían jugado…
¡Detente!
—No puedo creer que seas el mismo hombre —dije sacudiendo la cabeza.
—¿Cuál es el punto, Srta. Swan? —repitió.
—Mira, la Sra. Goff ha comentado lo raro que actúas conmigo, ha notado que en las pocas ocasiones en que reconoces mi presencia eres grosero e irritante, y ha comenzado a preguntarse por qué demonios me desprecias tanto.
Sacudió la cabeza y murmuró algo por lo bajo. Probablemente fue otro insulto dirigido a mí, así que lo dejé pasar.
—No sé si de verdad no puedes ni soportar verme, o si piensas que le diré a todos lo que pasó entre nosotros —dije, inclinándome hacia enfrente y apoyando las manos en el escritorio—. Pero no… nunca lo haría, Edward. No soy esa chica. Además, soy despreciada por todos aquí sólo por ser la hijastra de Phil, si la gente descubriera que me acosté con mi jefe eso sólo le echaría más gasolina al fuego.
—Entiendo —dijo, su tono fue menos cortante y su expresión un poco más suave.
—Entonces, ¿podemos ser civiles al menos? —pregunté con esperanzas.
—Srta. Swan —dijo, la suavidad se fue inmediatamente—. Seré más consciente de cómo actuó a su alrededor, pero debe saber que la falta de respeto que tengo por usted no tiene nada que ver con la noche en que nos conocimos.
—Tengo que escuchar esto —murmuré—. Por favor, Sr. Cullen, dígame ¿qué hice para que me desprecié de esta forma?
—Ni una maldita cosa —dijo—. Precisamente ese es el punto.
—¿Qué?
—Usted y lo que representan otras chicas como usted me enfurece. Se le ha entregado todo en bandeja de plata y sigue sin ser suficiente. ¿Sabe cuántas personas en el mundo real matarían por una oportunidad como esta? ¿Cuánta gente necesita un trabajo sólo para llegar a fin de mes? —se puso de pie y miró por la ventana—. He escuchado todo sobre usted y por qué está aquí, Srta. Swan, y es una ridiculez. No seré parte de esta misión de búsqueda espiritual para una niñita rica y consentida que pretende aprender valores de vida sólo para recuperar sus privilegios. —No gritó, pero sus palabras me hicieron encogerme en mi silla.
—Entonces, ¿básicamente me odias porque vengo de una familia adinerada? —le pregunté, el enojo hervía en mi pecho—. ¿Me odias porque puedo disfrutar de cosas lindas?
—No la odio, Srta. Swan, no me importa lo suficiente para odiarla. —Se giró para encararme de nuevo—. Pero estoy asqueado conmigo. Tengo buenos instintos, instintos malditamente buenos, y he llegado a dónde estoy por confiar en esos instintos, pero aún así falle en ver su verdadera personalidad esa noche y lo detesto.
—No es justo —digo en voz baja—. No me conoces en absoluto. No te tomaste el tiempo de conocerme lo suficiente para juzgarme; para asumir quién soy.
—Creo que sé lo suficiente —dijo y se sentó de nuevo—. Puede cerrar la puerta cuando salga.
Me paré y me fui sin decir otra palabra, esperando que no viera mis ojos llenarse de lágrimas. Me senté en mi escritorio y me obligué a no llorar, él no tenía idea de quién era yo en verdad, así que su opinión no debería importar. Él no era mejor que los demás. Sólo era otra persona que no podía ver más allá de mí crianza.
Pero, por alguna razón, a pesar de todos los esfuerzos conscientes por olvidar lo que dijo, descubrí que su opinión importaba más que el resto.
TBMOA
Cuando la Sra. Goff regresó de su comida yo ya me había recuperado y no le mencioné la confrontación en la oficina de Edward. Platiqué con ella mientras trabajaba y contaba las horas y minutos hasta que fuera hora de irme a casa.
Cuando el reloj marcó casi las seis de la tarde, el teléfono sonó y lo contesté con felicidad, sabiendo que pronto estaría fuera de aquí.
—Oficina del Sr. Cullen.
—Pásame a Edward —la voz entrecortada de una mujer sonó en el teléfono.
—¿Puedo preguntar quién llama? —dije, mi voz sonó un poco tensa porque ya sabía quién era.
Suspiró y sólo dijo:
—Bree.
Le transferí la llamada a Edward y usé la voz más casual y dulce que pude.
—Sr. Cullen, tengo a Bree en el teléfono para usted.
Comenzó a decir gracias, pero presioné el botón de transferir para cortarlo.
Cabrón.
La llamada duró diecinueve minutos. Diecinueve minutos de escucharlo reírse y bromear con esa zorra en el teléfono. No podía saber exactamente qué estaba diciendo, pero el tono de su voz decía más que suficiente.
Cabrón.
Justo cuando estaba poniéndome el abrigo, el teléfono sonó de nuevo. Con un bufido de frustración, golpeé el botón de alta voz y seguí preparándome para irme.
—¿Sí, Sr. Cullen?
—Srta. Swan, necesito las cifras de venta del último cuarto —la voz del Sr. Cullen hizo eco en el lugar.
—¿Ahora? Pasan de las seis y estaba a punto de irme.
—¿Y?
—En un momento, Sr. Cullen.
Suspirando, me senté de nuevo en el escritorio y encendí mi computadora, sabiendo que había esperado a propósito hasta este momento para pedírmelo sólo para ser cretino. Habían pasado seis horas desde nuestra conversación en su oficina y en esas seis horas de constantes llamadas, órdenes y exigencias me di cuenta que prefería ser tratada como si fuera invisible. Actuaba de forma profesional a su alrededor, me negaba a permitir que sus palabras en la oficina me afectaran… al menos por fuera.
Imprimí las cifras y me apresuré a la impresora para tomarlas. Estaba a punto de llevárselas cuando mi teléfono sonó. Me incline sobre el escritorio para contestar.
—¿Sí, Sr. Cullen?
Silencio.
—¿Hola? —lo escuché aclararse la garganta—. ¿Sr. Cullen?
—¿Podría traerme un café?
No sabía por qué se molestaba en decirlo como si fuera una pregunta. No podía decirle que no, ¿cierto?
—¿Negro? —supuse. Su elección de café no había cambiado mucho desde que llegué.
—Sí, por favor. —La línea se cortó.
Me desvié hacia la cafetera, intentando servirle rápidamente la bebida cuando mi teléfono sonó… de nuevo.
—Dios mío —murmuré por lo bajo, inclinándome de nuevo sobre mi escritorio en un intento de ahorrar valiosos segundos—. ¿Sí, Sr. Cullen?
Otro silencio, pero no tan largo esta vez.
—Necesito esas cifras, Srta. Swan.
—Estaba sirviéndole el… —me detuve de intentar explicarle y sólo añadí con un suspiro de exasperación—. Ahora voy, Sr. Cullen. —Vi a la Sra. Goff riéndose para sí y puse los ojos en blanco.
Toqué en su puerta y esperé a que me respondiera.
—La estoy esperando, Srta. Swan —respondió—. No puedo hacer nada sin la información que le pedí, así que no tiene sentido tocar, ¿cierto?
—Lo que pidió, Señor. —Lo fulminé con la mirada y puse las cifras en su escritorio.
—¿Y mi café? —preguntó cuando me giré para irme.
—Estaba intentando servirle el café cuando me ordenó que le trajera esto —siseé.
—¿Y no es capaz de hacer dos cosas a la vez?
—Increíble —dije por lo bajo.
La Sra. Goff se estaba riendo abiertamente, agarré el maldito café y me apresuré en llevarlo.
—Gracias, Srta. Swan —dijo, dándole un trago a su bebida con los ojos fijos en la pantalla de su laptop—. Sería todo.
Me fui sin decir otra palabra, pero justo cuando llegué a la puerta volteé sobre mi hombro y lo atrapé viéndome con el pequeño indicio de una sonrisa en ese hermoso rostro suyo.
Cabrón.
Edward…
Mierda, me encanta verla de espaldas… e inclinada… y cuando está enojada… carajo.
Ese Edward es todo un cretino y le afecta más la presencia de Bella de lo que está dispuesto a reconocer. Creo que va tener que hacer muchos méritos si es que quiere recuperar lo que tenía con Bella.
Mil gracias como siempre por leer. Si les gustó el capítulo no olviden dejarme sus comentarios 😉
