Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 5
—Te quedarás sola a partir de mañana —me dijo la Sra. Goff mientras preparaba todo para la reunión matutina de siempre.
—¿Qué? —pregunté con horror—. ¿Se va tan pronto? ¡No se puede ir!
Negó con la cabeza.
—No me voy a ir; de hecho, me persuadieron para quedarme un poco más. La asistente del Sr. Dwyer se ha enfermado y puede que no regrese dentro de un tiempo, así que me pidieron que la cubriera temporalmente. Estaré a una llamada de distancia, Bella.
Suspiré aliviada.
—Creí que se refería a que ya se iba de irse; casi me da un infarto.
La Sra. Goff le quitó importancia con un movimiento de mano.
—Bella, lo estás haciendo bien por tu cuenta. Yo estoy pasando más tiempo leyendo que entrenándote. La verdad es que si esta otra posición no se hubiera presentado creo que estos habrían sido mis últimos días.
Llevaba casi tres semanas bajo em amparo de esta encantadora señora y aunque conocía bien el trabajo, todavía consideraba que el que me dejaran por mi propia cuenta era un prospecto aterrador.
Edward Cullen seguía siendo… pues seguía siendo Edward Cullen. Completamente desconcertante, frustrante y fascinante en cada forma, y seguía dejando en claro que no tenía tiempo para mí. Yo mantenía la cabeza gacha, trabajaba mucho y de forma eficiente, y no le daba razones para ser nada más que profesional.
Por supuesto, él seguía siendo un cabrón cara de pito.
Alice, Jessica y el resto de la oficina no ocultaban que no tenían nada bueno que decir sobre mí. Ponían su mejor esfuerzo en hacerme la vida difícil y hoy no era la excepción. La reunión diaria estaba a punto de terminar cuando la Sra. Goff decidió decirles que iba a cambiar de departamento para trabajar con Phil. Jessica vio esto como la oportunidad perfecta para menospreciarme de forma muy obvia y en público.
—Tiene que quedarse, Sra. Goff —le rogó—. Con todo respecto para el Sr. Dwyer y lo que ha logrado conseguir con D.D.H., contratar a su hija para una posición tan fundamental no ha sido su mejor decisión. ¿No está de acuerdo con eso, Sr. Cullen?
Los otros murmuraron y asintieron mostrándose de acuerdo, y la Sra. Goff se veía mortificada. Yo sacudí la cabeza, mi confianza se fue al infierno así de fácil. Edward estaba parado dándome la espalda y no dijo nada para apoyar mis habilidades, eligiendo en lugar de eso mirar por la ventana.
Gracias por tu ayuda, amigo.
—No creo que sea necesario… —la Sra. Goff comenzó a intervenir, pero fue interrumpida.
—Srta. Swan, Sra. Goff —dijo Edward sin girarse—. ¿Nos darían un minuto?
Salí de la oficina sin decir ni una palabra y casi me fui de largo al pasar mi escritorio con la intención de salir del edificio. La Sra. Goff lo notó y me ordenó que me sentara mientras me preparaba café.
—¿Puedes creer que ella haya tenido la audacia de decir semejante cosa? —la Sra. Goff meneó la cabeza—. ¿Cómo se atreve a decirlo luego de que le salvaste ese enorme culo?
La salvada de culo a la que se refería la Sra. Goff fue una severa metida de pata por parte de Jessica. Supongo que en realidad para cualquier jefe normal esa metida de pata no habría sido tan grande, pero no trabajábamos para ningún jefe normal… trabajábamos para el Sr. Edward Cullen y con ese tipo olvidarte de una pluma era una cagada monumental.
Había un manuscrito en particular que él quería leer y le dijo a Jessica que se lo entregara para el final del día. Jessica siendo Jessica se había distraído con algo más y lo olvidó completamente. La encontré llorando en el baño unos minutos antes de su hora de entrega.
Le pregunté que qué pasaba y entre desagradables sorbidas de nariz me dijo que había olvidado hacer sus anotaciones sobre el manuscrito y que si no se lo entregaba ese día a Edward estaba jodida, pero si se lo daba sin sus notas también estaba jodida.
No tenía ni idea de por qué lo hice dado el hecho de que ella no había sido nada más que una perra conmigo, pero tomé la culpa por ella. Le dije que se fuera a casa y que lo terminara para la mañana siguiente, ella salió corriendo del baño sin decir gracias.
Cuando el Sr. Cullen preguntó dónde estaba el manuscrito cuando yo me estaba preparando para irme, lo dejé creer que yo lo había traspapelado luego de que Jessica me lo entregó. Esperaba una paliza verbal, un torrente de insultos para reiterar su argumento de que yo no tenía nada que estar haciendo ahí, pero para sorpresa mía nada de eso pasó. Sólo azotó la puerta, haciendo temblar la partición, pero eso lo podía manejar.
Jessica dejó el manuscrito en mi escritorio muy temprano la mañana siguiente, una vez más sin decir gracias y le dije a Sr. Cullen que simplemente lo había archivado mal. Luego de eso ella siguió siendo tan grosera como antes y de verdad lamenté haber cargado con su culpa.
La Sra. Goff y yo intentamos escuchar directamente lo que estaba siendo dicho en la oficina. Podía notar en definitiva que había voces alzadas… o una voz alzada… la de Edward, pero no podíamos entender lo que estaba diciendo. Luego de cinco minutos aproximadamente todos aparte de Jessica salieron con expresiones particularmente avergonzadas.
—Srta. Swan —Edward ladró desde donde estaba parado en la puerta.
—¿Sí, Sr. Cullen? —pregunté nerviosa.
—Entre y tome asiento, la Srta. Stanley tiene algo que desea decirle.
Jessica estaba muy sonrojada y juzgando por su expresión inquieta, dudaba que lo que estuvieran obligándola a decir fuera en realidad lo que quería decir.
—¿Srta. Stanley? —Edward la miró con impaciencia cuando ella no dijo nada.
—Lo siento —murmuró.
—No pude escuchar lo que dijiste, ¿podrías repetirlo? —pregunté con inocencia y vi a Edward sonreír, aunque lo disimuló rápidamente.
—Dije lo siento —dijo, esta vez en voz más alta—. Estuvo mal decir lo que dije, especialmente frente a todos. No volverá a pasar.
—Bien —le dije—. Olvidémoslo.
Me paré para irme, pero Edward negó.
—Srta. Stanley, ya puede irse, sólo dígale a la Sra. Goff que no me pase ninguna llamada durante unos minutos.
—Sí, Sr. Cullen —dijo Jessica como una niña regañada y se apresuró en salir de su oficina, prestando atención especial en no azotar la puerta.
Esperé a que él dijera algo, pero durante lo que parecieron ser horas no dijo ni una palabra. Cada vez que lo veía, él seguía parado en la misma posición con las manos metidas en los bolsillos y una pierna cruzada sobre la otra mientras se recargaba contra la ventana, con la mirada fija en mí.
—¿Quería hablar conmigo sobre algo? —pregunté eventualmente, incapaz de seguir soportando el silencio.
Lo miré erguirse y cruzar lentamente la oficina para sentarse junto a mí en la mesa – su mirada seguía en mí, estudiaba cuidadosamente mi rostro.
—¿Por qué lo hizo? —preguntó, su voz sonó más suave de lo que la había escuchado antes.
—¿Qué cosa? —No tenía idea de a qué se refería—. No lo entiendo.
Se rio una vez y se inclinó hacia enfrente, apoyando los brazos en la mesa.
—No me es desconocido lo que pasa en este departamento, Srta. Swan. Es mi trabajo conocer todo lo que está pasando y sé que usted no archivó mal accidental o temporalmente ese manuscrito, sé que cubrió a Jessica y quiero saber por qué.
—Oh, ¿por qué hice eso? —bajé la vista, mis uñas rascaron la tela de mi falda y vi que nuestras piernas casi se tocaban—. Tal vez creí que hacer algo amable por alguien podría hacer que la gente viera que hay más en mí que sólo la niña consentida de Phil Dwyer. Tus expectativas de mí ya están de por sí bajas, así que asumí que si metía la pata una vez más no te sorprendería. También creí que, si después de hacerlo encontraba a una persona en esta oficina que de verdad me tolerara, tal vez, sólo tal vez, las diez horas que paso aquí cada día podrían ser más llevaderas. Claro que no es que haya hecho alguna diferencia porque ella no se molestó en agradecerme y sigo siendo despreciada por prácticamente todos. —No me atreví a alzar la vista porque podía sentirlo viéndome.
—No lo haga de nuevo —dijo—. Si la gente se está equivocando quiero saberlo.
—Bien. —Mi voz sonaba ronca y me sentí ridícula por dejarlo ver que este lugar me estaba afectando.
—Y si alguien en esta oficina… o en cualquier oficina en realidad, es algo menos que respetuoso hacia usted, quiero saberlo de inmediato.
Alcé la cabeza, viéndolo directo a los ojos.
—¿Estás bromeando?
—¿Qué?
—¡Eres un hipócrita! —siseé, él seguía viéndose confundido.
—No la entiendo.
—¿Me estás diciendo que está perfectamente bien que tú me juzgues y me faltes al respeto, pero para los demás no lo está? —me quedé sin aliento—. Puedo luchar mis propias batallas, Sr. Cullen. No necesito un caballero en brillante armadura que venga a rescatarme, especialmente no uno que preferiría que yo no existiera.
—Bella, no pretendía ofenderte. Sólo estaba…
—Guárdatelo para alguien a quién le importe una mierda. —Me paré, resistiendo la urgencia de golpearlo—. ¿A menos de que haya algo más que hablar?
Negó una vez con la cabeza.
—No.
—Entonces tengo trabajo que hacer.
TBMOA
—¡Hola, Bella! —Emily sonrió enormemente al acercarse a mi escritorio.
Había estado esperando su llegada, tenía una reunión con Edward, una que él me había hecho mover de una fecha a otras más veces de las que podía contar.
—¿Cómo te va sin la Sra. Goff?
—Bien. —Me encogí de hombros—. Siempre estoy ocupada así que el día se pasa rápido, pero está demasiado callado. Creo que pronto empezaré a hablar conmigo misma.
En cuanto a trabajo, estaba manejando la posición a la perfección. Me aseguraba de que todo estuviera hecho a tiempo y justo como a él le gustaba. Todavía seguía siendo tratada como una paria por todos en este piso; incluyendo a Edward. Lo más cerca que habíamos llegado a formar una conversación habían sido unas cuantas órdenes que me gritó a través del teléfono.
—Es una pena —dijo Emily con una sonrisa simpática—. Si quieres, podemos salir a comer juntas. Yo salgo a mediodía, ¿funciona para ti?
—Sí, sí funciona. Gracias, Emily. —Le sonreí y gemí inmediatamente cuando Edward abrió de golpe la puerta de su oficina con un ceño en el rostro.
—Nuestra reunión comenzó hace tres minutos, Srta. Young —espetó y esperó impaciente a que Emily lo siguiera—. ¿O es más importante su conversación con la Srta. Swan?
—Lo siento, Sr. Cullen, sólo estaba haciendo planes para comer con Bella. —Emily no se sentía tan intimidada por él como los demás. Siempre y cuando supiera qué café estaba bebiendo, sabía exactamente cómo manejarlo; detestaba eso—. Vamos, empecemos con esto.
Me reí para mí cuando él la miró raro y luego cerró la puerta. El teléfono sonó casi de inmediato.
—Hola, oficina del Sr. Cullen.
—Es Bree, pásamelo directamente.
Le saqué la lengua al teléfono.
—Lo siento mucho, Sra. Tanner, pero el Sr. Cullen está en una reunión en este momento. ¿Puedo pedirle que le regrese la llamada en cuanto él esté disponible?
—No, no te molestes, tengo su número de celular. No sé por qué insiste en que lo llame a través de su asistente —murmuró y sonreí para mí.
¡Lo sabía!
—Bien, pues le haré saber que lo llamó —mantuve mi voz dulce y amable, pero la línea se cortó.
Puede que tal vez haya olvidado pasarle el mensaje de que Bree lo llamó… qué puedo decir, se me fue de la mente.
Ya iba unos minutos tarde para la comida y cuando llegué a la cafetería Emily estaba sentada sola con la mesa frente a ella cubierta de folletos de viaje.
—¿Planeas un viaje? —pregunté al intentar hacer espacio para mi comida.
—Varios, de hecho. —Me guiñó—. Me iré de mochilera por Europa.
—¿De verdad? Vaya, Emily, qué increíble —dije, genuinamente interesada—. ¿A dónde y con quién?
—Sola y todavía no he decidido a dónde. —Señaló el montón de folletos y suspiró—. ¿Cómo puedo decidir? Hay muchas cosas que quiero ver. ¿A dónde irías tú?
Le respondí con una sonrisa.
—Pues para empezar tendría que ir a Stratford, Inglaterra y ver dónde vivía Shakespeare, ver qué lo inspiró a crear esas historias clásicas que siguen pareciendo relevantes después de tantos años. Después de eso, no sé… supongo que elegiría lugares que tengan algo que me interesa.
—¿Como cuáles? —presionó.
—Como… Italia; me encantaría ver el Vaticano y el Coliseo, las ruinas de Pompeya. Hay mucha historia ahí, muchas cosas por ver y hacer.
—Nunca te consideré una chica que admira lugares históricos y lee a Shakespeare. —Me miró con una sonrisa y puse los ojos en blanco.
—El que haya crecido con dinero y disfrutando cosas lindas no me convierte en una Barbie cabeza hueca. —Aunque parezca extraño, la perspectiva que tenía la gente de mí no solía importarme. Nunca me importó si pensaban que era una mocosa mimada sin la habilidad de leer y escribir… pero ahora definitivamente ese no era el caso. Ahora, por primera vez quería quitarme el estigma de ser la hija de Phil Dwyer, quería dejar mi propia marca—. El que me guste beber champagne y comprar ropa linda no significa que soy la persona que todos piensan que soy.
—Ya lo veo —dijo con amabilidad—. Creo que eres genial, Bella. No me importa si usas Jimmy Choo o un par de las rebajas en Walmart, ¡pero sí me han encantado algunos de los zapatos que has usado!
—Son mi debilidad —admití—. Creo que podría costear tu viaje alrededor del mundo yo sola si vendiera tan sólo la mitad. Puedes venir y usarlos cuando gustes, puede que sea toda una amante de los zapatos, ¡pero sí comparto!
Se soltó riendo y nuestra conversación regresó a su viaje. Mientras Emily y yo platicábamos de todos los lugares que podría visitar, encontré un lado diferente de mi personalidad revelándose. Adoraba a Amber y Carmen, y haría cualquier cosa por ellas, pero si comenzaba a hablar de Shakespeare, Austen, Bronte o cualquier cosa que no estuviera relacionada a las compras o el sexo, me dirían que cerrara la boca. Lo más cerca que había llegado a hablar de literatura con ellas era mencionar los cuentos de Hans Christian Andersen e incluso entonces no tendrían idea de quién era él o de dónde venía. Ese sería otro lugar que me encantaría ver… tenía que ser muy especial para inspirar todas esas historias mágicas…
—¿Bella? —Emily agitó una mano frente a mí cara y sonrió—. ¿A dónde te fuiste?
—Dinamarca —dije, sonriendo y revisando mi reloj—. Tengo que regresar. Como están las cosas no soy la persona favorita del Sr. Cullen así que sólo puedo imaginar cuál sería su reacción si llego tarde.
—Debe tener una fuerte opinión de ti —dijo Emily en voz baja, caminando conmigo hacia los elevadores—. Todos están hablando de cómo regañó a Jessica por faltarte el respeto en esa reunión. Al parecer se dejó ir por completo contra ella frente a todo el departamento.
—¿Qué le dijo? —pregunté.
—Jake y Seth son buenos amigos de Colin y él dijo que el Sr. Cullen le dijo que debería estar avergonzada de sí misma por suponer cosas de una persona cuando ni siquiera se había molestado en tomarse el tiempo de conocerla en primer lugar.
—Es un maldito hipócrita —gruñí—. Me hace enojar. Juro por Dios que a veces podría herirlo.
Emily se rio.
—¿Esto que detecto es cierta tensión del tipo sexual?
—¡Absolutamente no! —mentí—. El Sr. Cullen ha dejado perfectamente en claro lo que siente por mí y ciertamente no se tomó nada de tiempo para conocerme.
—¿Pero de todas formas te desnudarías con él en el escritorio de su oficina? —preguntó con un guiño descarado.
Eso sería algo…
—Créeme, Emily, eso nunca pasará. —De nuevo.
—¿No has pensado que podría ser un patán contigo porque le gustas? —preguntó.
—Pues si ese es el caso entonces supongo que también le gustan Jess, Alice, Seth, Jake y Colin, sólo por mencionar algunas personas con las que también es un patán. A mí me toca recibir el impacto de su forma de ser tan cabrón porque me siento justo afuera de su oficina.
Ella pensó en lo que dije y luego se rio.
—Sí, tal vez andaba un poco perdida.
Pero desearía que tuvieras razón.
Acordamos reunirnos de nuevo el día siguiente, se sentía genial tener alguien con quien platicar aparte de la Sra. Goff.
Mientras trabajaba durante esa tarde mi mente seguía regresando a la comida con Emily. A pesar de que sabía que no había ninguna posibilidad de que lo hiciera, seguía preguntándome qué se sentiría. Nada de hoteles lujosos, nada de destinos turísticos típicos y sin tener idea de en cuál país podrías terminar después.
Me lamenté por no haber hecho algo así cuando tuve la oportunidad.
—Hablando de oportunidades perdidas —me dije con tristeza; me pregunté si, realísticamente, tendría de nuevo la oportunidad de hacerlo alguna vez.
Cuando ya se acercaba el final del día, seguía fantaseando mientras hacía mis tareas y Edward trabajaba desde su oficina. No tenía reuniones programadas para Edward, así que cuando se abrieron las puertas del elevador no tenía ni idea de quién podría ser.
—Buenas tardes, Isabella —dijo Royce King en su encantadora voz al acercarse a mi escritorio.
—Hola, Sr. King —dije amablemente—. Disculpe, ¿tiene una reunión con el Sr. Cullen?
—No, vine sin anunciarme, y por favor dime Royce —dijo sonriéndome—. Pensé en venir y ver cómo iban las cosas aquí en el quinceavo piso.
—Oh. —Miré hacia la oficina de Edward, pero él no había notado la llegada de Royce—. Todo está bien. Ocupado, pero bien.
Me paré para sacar el archivo de un autor que Edward había pedido y Royce me siguió hasta el archivero. Podía sentirlo viéndome, sus ojos subían y bajaban por mi cuerpo mientras yo buscaba, intentando encontrar el correcto.
—Sé que es difícil encajar para ti. Pasé exactamente lo mismo cuando Rosalie me consiguió el trabajo aquí, pero no le des importancia, Isabella. Todo se resume en celos; quieren lo que tienes y entre más pronto te des cuenta de que nunca te podrás mezclar con esa clase de personas, más pronto dejará de molestarte. —Puso una mano en la parte baja de mi espalda; sus dedos se extendieron hasta quedar justo sobre mi trasero y me tensé.
—No me lo creo. —Negué con la cabeza y me giré, rompiendo el contacto—. No creo que estén celosos en absoluto, sólo desconfían de que pueda usar mi relación con Phil para hacer que sucedan cosas.
—No hay nada de malo en usar tus conexiones para llegar a ciertos lugares —dijo casualmente—. Ve tras el número uno, Isabella. Yo lo hago y al demonio con todos los demás.
—Entonces supongo que tú y yo somos muy diferentes. —Sonreí e intenté pasar junto a él, pero se giró hacia mí, bloqueándome el camino—. Disculpa, necesito volver a trabajar.
—Eres algo más, ¿no? Cullen es un hombre afortunado al tener una asistente como tú. —Apartó un mechón rebelde de cabello de mi rostro, sus dedos rozaron mi cuello; quedándose ahí por demasiado tiempo, y me aparté de él lo más que pude—. Lo que daría por tenerte trabajando para mí. Nos divertiríamos mucho juntos.
—Entonces probablemente es algo bueno que no sea tu asistente. Déjame pasar, por favor.
—Sólo si me dejas salir contigo esta noche. —Estiró el brazo para detenerme.
Negué con la cabeza.
—No, gracias.
—¿Por qué? Somos la pareja perfecta.
—Creo que su prometida podría no estar de acuerdo —dije tensamente—. De verdad no estoy interesada, Sr. King. Permítame, por favor.
No se movió y no sabía qué más hacer sin causar una escena. Estaba a punto de pedírselo de nuevo cuando se abrió la puerta de Edward.
—¿Hay algún problema aquí, Srta. Swan? —preguntó con enojo, no su enojo normal de ser, esto era algo más. La forma en que nos veía a Royce y a mí… ¿estaba celoso?
—Ninguno, Sr. Cullen —dije, aprovechando la oportunidad para rodear a Royce y caminar rápidamente de regreso a mi escritorio.
—Royce, ¿necesitabas verme para algo o sólo viniste aquí para acosar a la Srta. Swan?
—Sólo estábamos hablando, Cullen, relájate. —Royce agitó la mano para quitarle importancia al asunto.
—Guárdate tu vida social para otro lado. La Srta. Swan tiene trabajo que hacer.
—Sí que tienes un palo metido en el culo, Cullen. Ella no es de tu propiedad —lo retó Royce y se giró hacia mí—. Adiós, Isabella, fue un gusto platicar contigo.
—Adiós, Sr. King. —Asentí, pretendiendo estar concentrada en mi computadora. Probablemente no era sabio alentar a Royce, pero Edward parecía irritado al pensar que yo estaba platicando con él. Tan sólo ese hecho era suficiente para ponerme feliz al darle la impresión de que era más cercana al Sr. King de lo que me importaría serlo, porque siendo honestos él me asustaba un poco.
Edward esperó a que se fuera y luego se volteó hacia mí.
—Tenga cuidado, Srta. Swan. Rara vez Royce hace algo a menos de que haya algo que pueda ganar.
—Con quién yo decida pasar mi tiempo no es de su incumbencia, Sr. Cullen, usted se aseguró de eso en mi primer día —dije con frialdad—. Y como dije antes, puedo luchar mis propias batallas.
Se quedó en la puerta por unos segundos, luego se giró y se fue sin decir otra palabra.
Pasé las siguientes horas preguntándome por qué demonios le importaba si pasaba tiempo con Royce King. No podían ser celos; él había dejado bastante claro que no tenía ningún interés en mí. Suspiré aliviada cuando el reloj se acercó a las seis, necesitaba ir a casa y despejarme la mente.
TBMOA
—¿Por qué no sólo nos dejas llevarte a cenar?
Carmen y Amber estaban actualmente intentando disuadirme de cocinar en casa y en lugar de eso esperaban que pudiéramos salir a algún lugar. Negué con la cabeza mientras leía la receta en mi teléfono.
—¿Podemos al menos salir a cenar? —Amber se asomó en el sartén que estaba burbujeando en nuestra estufa—. Esto se ve raro.
—¡Oye! —le lancé una mirada fea—. ¿Qué sucedió con lo que dijeron de apoyarme?
—B, te apoyamos por completo… sólo no queremos comer… ¿qué demonios es eso? —Carmen hizo una mueca.
Tenía que admitir que mi intento presupuestado de hacer cena no se veía muy bien y en vista de mi situación financiera algunos de los ingredientes de mejor calidad tuvieron que ser reemplazados con opciones alternativas más baratas, y otros tantos habían sido dejado de lado por completo. Mi mesada ya había sido estirada al máximo, pero gracias a una pendejada con mi cheque tenía que hacerla que me durara seis semanas en lugar de las cuatro que había creído originalmente.
Mis suposiciones sobre la rubia cabeza hueca de recepción habían resultado ciertas después de todo; ella no había corregido mi nombre en el archivo de personal y había logrado equivocarse con dos dígitos de mi número de cuenta.
Pude haber ido directo a Phil en el segundo en que me di cuenta que había habido un error y usar mi relación con él para corregir el error en ese mismo momento, pero no lo hice. Seguí el protocolo normal y utilicé los canales correctos. Por supuesto, eso llevaba su tiempo así que diez días después seguía sin dinero, pero mi orgullo se negaba a permitirme que le pidiera ayuda a alguien.
—¿De verdad tenemos que comer… lo que sea que es eso? —Carmen no se veía impresionada.
Ignoré sus protestas y les ordené que fueran a sentarse mientras yo añadía los últimos toques.
—¡Ta da! —bailé en el comedor y le quité la tapa al platillo antes de echar una porción en cada uno de nuestros platos.
—¿Y qué es esto? —preguntó Amber con cautela—. Huele a curry.
—Son frijoles horneados y pollo con curry. —Sonreí orgullosa.
Mis chicas fingieron entusiasmo y comieron con muchos comentarios para animarme. No iba a ganar ningún premio culinario, pero saber que lo hice desde cero se sentía malditamente bien. Cuando terminamos les pregunté lo que pensaban de verdad.
—Estuvo sorprendentemente bien, B —me dijo Amber, alzándome los pulgares—. Mejor de lo que pensé.
—Sí, de verdad me gustó —se mostró de acuerdo Carmen mientras se servía un poco más—. Pero parece que me faltó el pollo en esa primera porción.
—Oye, a mí también… supongo que tú te serviste todo el pollo —me dijo Amber con una risita—. Y a nosotros sólo nos tocaron los frijoles.
—Um… en realidad… —admití con timidez—. No tenía dinero suficiente para comprar el pollo así que sólo le puse una lata extra de frijoles.
—B, ¡juro por Dios que si por eso me causas gases te voy a matar! —gritó Carmen con un bocado de comida en la boca, y Amber y yo nos soltamos riendo.
—No importa —dije triunfante—. Porque yo lo hice.
—Estás diferente —Amber apretó mi mano—. Apenas ha pasado un mes y puedo ver lo mucho que estás cambiando, Bella.
Debí haberle dedicado una mirada de preocupación porque se retractó rápidamente.
—Lo digo de una manera asombrosa, Bella, una manera jodidamente asombrosa.
Edward…
Él la estaba tocando. ¿Le gustó a ella? ¿Bella y Royce? Ni en jodida broma. ¿Bella y yo? Ni hablar tampoco. Carajo.
Parece que las acciones de Edward contradicen lo que realmente está sintiendo. Hay que tener en la mira a ese Royce, no es de confiar.
Mil gracias como siempre por leer y comentar. Si llegaron hasta aquí, no olviden dejarme su review y contarme qué les pareció el capítulo.
