Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.


Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!


Capítulo 6

—Hola, Sra. Goff. —Había sido llamada a la oficina de Phil y la Sra. Goff me sonrió amigablemente cuando me acerqué a su escritorio—. Phil pidió verme, ¿debería entrar?

—Sí, te está esperando. Entonces, ¿cómo se está comportando el Sr. Cullen? —vio mi expresión y se rio—. Oh, ¿así de mal?

—Necesita relajarse de verdad. —Me encogí de hombros y me dirigí hacia la puerta de la oficina de Phil—. En serio estoy considerando echarle algo a su café que sigue siendo negro.

—¿Todavía negro? —la Sra. Goff hizo una mueca—. Pobrecita de ti.

Phil me vio y me hizo una seña para que entrara. Me senté frente a él y esperé, me preguntaba si esto era una platica social o si Edward había tenido algo que ver con esto.

—¿Pasa algo, Phil?

—No, nada de que preocuparse, Bella. —Me sonrió—. Sólo quería saber cómo te está yendo.

Mi jefe me trata como si fuera una molestia, el equipo de edición me odia y una tarada anotó mal mi nombre y jodió mi pago así que no tengo absolutamente nada de dinero, ¿y tú me preguntas cómo me va?

—Bien —mentí—. Sigo intentando comprender todo y el Sr. Cullen es muy peculiar, estoy segura que ha tenido unas cuantas cosas que decir acerca de mí.

Phil negó con la cabeza.

—De hecho, no me ha dicho nada, no dice mucho sobre nadie. Deberías aprender de él, Bella. Edward es un hombre muy inteligente y va muy por delante de todos los demás en este negocio. Te sorprendería lo que él puede enseñarte.

Si te refieres a que puede enseñarme sobre orgasmos múltiples; asombrosos orgasmos múltiples que nunca antes había experimentado, entonces ya lo ha hecho.

—Estoy segura que sí. —Me froté la cara con las manos por si acaso Phil notaba lo roja que me estaba poniendo—. Estoy muy ocupada, Phil, debería regresar. ¿Podemos seguir con esto en otro momento?

—No tengo nada más que decir, Bella. —Phil me guiñó—. Sólo quería asegurarme de que estuvieras manejando bien todo este asunto del trabajo. Tu madre y yo entendemos que va a ser difícil para ti, nos preocupamos por ti, hija. ¿Cómo te trata el resto del personal?

Jessica es una vil bruja que me desprecia en cada oportunidad que tiene y el resto son unos cobardes sin agallas que no tienen tiempo para mí. Oh y Royce King ha dejado muy en claro cuáles son sus intenciones, si sabes a lo que me refiero.

—En serio, Phil, todo y todos están muy bien. —Sonreí y me puse de pie—. Debería irme.

—Claro, Bella. Aquí estoy siempre si necesitas hablar. —Me acompañó a la puerta—. Sé que es difícil para ti lidiar con esto, pero teníamos nuestras razones.

—Lo entiendo —le aseguré—. Y de verdad estoy bien, Phil. Tú, mamá y Charlie no necesitan preocuparse.

Edward apareció en la orilla de mi escritorio justo cuando me estaba sentando.

—Podía escuchar su teléfono sonando desde mi oficina, Srta. Swan —espetó—. ¿Podría sugerirle que lo atienda?

—Es que estaba con Phil… con el Sr. Dwyer —le dije.

—¿Y no pensó en desviar nuestras llamadas a recepción o avisarme?

Pude haber discutido con él. Pude haberle dicho que se fuera al carajo, pero no lo hice. También pude haber llamado a Phil para decirle lo desagradable que era su preciada adquisición, pero no lo hice. En lugar de eso, me lo tragué todo y lidié con ello por mi cuenta.

—Lo siento, Sr. Cullen —murmuré—. ¿Puedo ofrecerle algo?

—Agende una reunión con el agente de Eric Yorkie, haga estos ajustes en su oferta y haga que lo entreguen esta noche. —Empujó una lista hacia mí—. Luego pídale a Seth que me traiga el avance que tenga hasta ahora de la tarea que le di la semana pasada. También necesito café.

—¿Algo más? —apreté los dientes.

—Puede ir abajo y traerme un sándwich de la cafetería que está cruzando la calle, no tendré tiempo de salir a comer. —Lo hacía a propósito, estaba haciendo de mi vida un infiero para que yo me rindiera y se lo pusiera más fácil.

Pues no tendrás suerte, amigo.

—Lo haré de inmediato, Sr. Cullen —dije con dulzura, él se giró y se fue.

Llamé a Seth y le dije que el Sr. Cullen necesitaba verlo, luego saque los contratos lista para hacerles los ajustes. Cuando Seth llegó Edward salió de su oficina para recibirlo y yo estaba dirigiéndome al elevador para ir por su sándwich.

—¿Mi café?

Oh, mierda, su café.

—Estaba a punto de ir por su sándwich, Sr. Cullen. —Tenía que ir ya o no tendrían el sándwich que él siempre comía. El cabrón debía saberlo, ¿cierto?

—Necesito mi café, Srta. Swan. —No se veía impresionado, pero yo estaba furiosa.

—Sr. Cullen, la cafetería deja de vender su sándwich favorito a las 10 de la mañana y a menos de que haya decidido expandirse y probar algo diferente, lo cual dudo mucho, tengo que ir ya o no comerá nada durante la comida. —Sabía que no debí hacerlo, sabía que él se quejaría de insubordinación o algo más que Phil detestaría, pero las palabras salieron de mi boca antes de poder detenerlas—. Si está tan desesperado por café, podría sugerirle que lleve su lindo culo ahí y se sirva usted mismo una taza, tal vez incluso podría ofrecerle una a Seth, puede ser su buena obra del día.

Seth casi se ahogó y Edward se veía… bueno, no reaccionó en absoluto y me preparé para la reprimenda. Sin embargo, no dijo nada; sólo se acercó a la cafetera y se sirvió una café para él y para Seth.

Pues que me jodan.

Pasaban de las diez de la mañana para cuando llegué al mostrador en la cafetería y tuve que rogarle y suplicarle a la mesera para que me hiciera uno de los Especiales de Desayuno que tanto parecía gustarle a mi jefe.

—Por favor, por favor, por favor —le rogué a la chica—. Si no lo llevo me darán semejante paliza en el culo que no podré sentarme por un mes. Mi jefe ya me odia lo suficiente y necesito este trabajo, me estremezco de pensar en lo que mis padres harían…

—¡De acuerdo, bien! —alzó las manos—. Para de hablar y te haré uno.

Sonreí triunfante.

—Muchísimas gracias.

—Sí, sí. Sólo asegúrate de llegar aquí antes de las diez el día de mañana. O dile a tu jefe que salga a caminar y venga por su propia comida.

¡Como si eso fuera a pasar alguna vez!

Seth ya no estaba para cuando regresé de la cafetería y el humor de Edward era incluso peor que antes. Tomó el sándwich que le ofrecía sin decir nada y luego permaneció en su oficina, diciéndome que no lo molestara por ninguna razón. La indiferencia se multiplicó por diez luego del incidente del café y continuó así por el resto del día.

Bree Tanner volvió a llamar y una vez más Edward aceptó con felicidad su llamada. Bajé la vista al teléfono, preguntándome si había alguna forma de escucharlos. Seguía considerándolo cuando se me ocurrió otra cosa. Abrí Google y escribí su nombre. Encontré algo al instante y casi me caigo de la silla.

Bree Tanner, la seductora voz que escuchaba por el teléfono era en realidad un alias para Angela Weber, una ex prostituta de cincuenta años, dueña de un club, que había convertido sus recuerdos en best sellers y había hecho millones. Estaba actualmente bajo contrato con los antiguos jefes de Edward, pero según su blog estaba buscando un nuevo representante. Tenía que darle crédito, tenía una sensual voz juvenil y suponía que precisamente por eso Edward había insistido en que su llamada pasara por mí.

Mierdecilla escurridizo. Supongo que no soy tan invisible como él quiere que piense.

Esa noche, al salir del trabajo, hice una parada en mi camino a casa para comprar algo que podía usar al día siguiente, porque dos podían jugar su jueguito engañoso.

TBMOA

—¡Le gustas! —Carmen soltó unas risitas cuando le conté.

—No diría que le gusto, creo que sólo lo irrito —dije, detestaba la idea de que el que él sintiera algo por mí me pusiera tan estúpidamente risueña.

—No digas tonterías —Carmen no estuvo de acuerdo—. Es un patán contigo, intentó ponerte celosa usando una prostituta vieja con la que trabajó para aparentar que era su novia y se puso todo posesivo cuando estuviste hablando con ese gusano de Royce King.

¿De verdad podría gustarle? Entonces, ¿por qué era tan cabrón?

—Son tácticas de jardín de niños. —Amber se arrastró más cerca de mí en el sofá para poder quedar todas debajo del edredón mientras veíamos televisión—. El niño grosero tira a la niña y le jala las coletas porque en secreto quiere tomarle la mano.

—¡Sí! —dijo Carmen con emoción—. ¡Eso es, Bella!

—O quizá el niño grosero tira a la niña y le jala las coletas porque ella lo irrita y él quiere hacerla llorar. O el niño grosero termia siendo Charles Manson o Jack el Destripador cuando crece y la niña debería considerarse afortunada por haber sobrevivido. —Me rio—. Basta, chicas, él sólo me está mostrando que no le importo una mierda y que sólo fue cosa de una noche.

—¿Estás segura de eso? —presionó Carmen—. El discurso que te dio puede ser por qué quiere rechazarte, pero no significa que lo sienta de verdad. Luego está el hecho de que eres la hija de su jefe, probablemente no tiene idea de cómo actuar cerca de ti sin decir o hacer algo para joderlo.

—Sólo tantea un poco el terreno —sugirió Amber.

—¿A qué te refieres? —suspiré.

—Coquetea con chicos en la oficina cuando sepas que te estará viendo. Los hombres odian esa mierda, saca su lado posesivo de hombres de las cavernas —dijo Amber y Carmen asintió enérgicamente.

—¿Hombre de las cavernas? —alcé las cejas de forma inquisitiva—. No me lo imagino perdiendo la calma en el trabajo.

—No sabrás hasta que lo intentes, ¿no? —Carmen me codeó juguetona—. Además, coquetear es muy divertido; incluso si no pasa nada. Es agradable que coqueteen contigo.

—Es que tú eres una coqueta patológica, Carmen —le dije y me sonrió a consciencia.

—Menciona al chico lindo de la cafetería y cómo te da cosas gratis porque quiere llevarte a tomar un café —continuó Amber, una vez más recibiendo asentimientos entusiastas de Carmen.

—No funcionará. Es una chica la de la cafetería —le dije.

—Él no tiene que saberlo. —Amber se rio—. Tú misma dijiste que antes siempre enviaba a la Sra. Goff. No hay nada de malo en una mentirita blanca.

—¡Sí, hazlo, Bella! —Carmen convino rotundamente—. Si reacciona, sabrás que le interesas y si no lo hace…

—¿Y si no lo hace? —pregunté con tristeza.

—Um… —Carmen miró a Amber buscando ayuda.

—Si no reacciona, entonces que se joda —bufó Amber—. Y sal a cenar con Royce King. Lo recuerdo de la parrillada a la que fuimos el año pasado, es lindo.

—Y está comprometido. —Negué con la cabeza—. Sin mencionar que es raro.

—Entonces te encontraremos un reemplazo apropiado. Nunca sabes, Bella, podría ser el fruto prohibido lo que te tiene tan ansiosa respecto a él. —Amber me apretó la mano—. Tú misma dijiste que es un cabrón.

Un cabrón que me hace sentir algo que no puedo explicar.

—Mejor veamos esta película y no hablemos del Sr. Cullen, ya es suficiente malo tener que lidiar con su enfurruñado culo todos los días en el trabajo; pensar en él en casa es extenuante.

Por mucho que intentara persuadirlas a ellas y a mí de lo contrario, me pregunté si lo que pensaban podría ser cierto. Incluso si era la posibilidad más pequeña y diminuta, tenía que ser mejor que el que él me despreciara, ¿cierto?

Decidí hacer la prueba, tantear el terreno como sugirió Amber y ver exactamente a qué juego estaba jugando él, y en beneficio de ahorrarme tiempo empezaría la mañana siguiente.

TBMOA

—¿No lo hiciste? —chillé riéndome—. Eso es tan gracioso.

—¿Verdad? —convino Seth con una sonrisita—. ¡Salió de mis dedos, Bella!

Miré hacia la oficina de Edward lo más discretamente posible y como era de esperarse nos estaba viendo, no se veía feliz al respecto.

¡Bingo!

—¿Qué sucedió después? —pregunté con entusiasmo, normalmente me sentiría menos entusiasta por la historia de Seth sobre eructar cuando estaba cenando con su novia, pero Edward nos estaba viendo así que aumente un poco el coqueteo.

—Esperaba que ella se levantara y se fuera, pero me regresó el eructo. Sin lugar a dudas, Bella, nunca nadie había hecho eso. Era mi sistema de confianza cuando las cosas comenzaban a ponerse demasiado serias. Las llevo a una cita, actúo como todo un cerdo y usualmente me dejan más rápido de lo que tardo en comerme mi entrada. Así que cuando eso pasó y ella eructó, lo supe. Ella era la indicada.

—Eso es dulce en la forma más rara y perturbadora del mundo —le dije—. Nunca saldremos a comer juntos… jamás, Seth.

—Aw qué pena, Bella —bromeó—. Escucharte hacer eso sería como un juego previo.

Fue en ese mismo momento que Edward abrió la puerta, escuchando sólo la última oración con mi nombre y las palabras juego previo… ¡perfecto!

—¿Querías verme para algo, Seth? —preguntó fríamente—. La Srta. Swan se distrae con facilidad, así que por favor no le des cuerda.

—Sólo venía a dejar esto —Seth señaló los tableros de diseño recargados contra mi escritorio, totalmente inmune a Edward—. Debería relajarse, Sr. C.

Ahogué una carcajada cuando se fue tranquilamente hacia los elevadores, dejando a un Sr. Cullen muy poco feliz fulminándolo con la mirada. Cuando Seth desapareció giró hacia mí esa mirada letal.

—¿Puedo ayudarlo con algo, Sr. Cullen?

—Necesitaré mi comida —ladró—. Pero parece que tendrá que encontrar otra cafetería que venda un sándwich similar porque ya casi es medio día.

—No será necesario, Sr. Cullen —dije con suficiencia—. Compré uno cuando venía de camino al trabajo esta mañana. Me debe diez dólares y lo encontrará en el refrigerador junto a la cafetera cuando esté listo para comerlo. También hay una lata de Pepsi si la quiere. El cajero me la dio gratis si prometía regresar y verlo mañana. Creo que está intentando reunir el valor para invitarme a una cita. Qué dulce, ¿eh?

Metió la mano en su bolsillo trasero y sacó su cartera, entregándome un billete de diez dólares sin decir nada y me reí para mí cuando azotó la puerta de su oficina. Yo había pagado por la bebida, pero la mirada en su rostro valía mucho más que eso.

—Y así es cómo se hace —me dije a mí misma, metiendo el dinero en mi bolso—. No eres tan inmune como quieres que crea.

Seguí con mi plan de hacerlo estallar en cuanto se sentó en su escritorio. Buscando dentro de mi bolso saqué mi compra del día anterior y toqué con mucha emoción la puerta de Edward.

—¿Sí? —dijo impaciente.

Entré de golpe y le puse el libro en la cara.

—¡Sabía que reconocía el nombre!

—No la entiendo, Srta. Swan —mintió. Sabía que estaba mintiendo, casi se estaba sonrojando y no me veía—. ¿Por qué me muestra ese libro?

—Ha estado recibiendo llamadas de Bree Tanner y sabía que reconocía el nombre, sólo que no podía descubrir la razón. Llegué a casa ayer y vi que mi compañera estaba leyendo esto, y todo encajó. Amber estaba tan emocionada y me rogó que le consiguiera un autógrafo la próxima vez que la vea. Lo hizo a propósito, ¿no?

Por un momento, Edward pareció entrar en pánico.

—¿Hacer qué a propósito?

—Le pidió que me llamara para poder hablar con Bree Tanner, ¿no?

—No tengo tiempo para esto, Srta. Swan. —Miró la pantalla de su computadora, pero no estaba tan calmado como me quería hacer creer—. Simplemente intento negociar un contrato con Bree para cuando expire el que tiene actualmente. Pedí que sus llamadas pasaran por usted para que todo fuera de forma legal.

—Lo entiendo. —Me reí.

—¿Entender qué? —Pánico de nuevo; podía oírlo en su voz.

—Usted y ella… están um… involucrados. Es por eso que le pidió que llamara aquí; para que la gente no sospechara. No lo tenía como un hombre al que le gustan las mujeres mayores, pero yo no soy quién para juzgar. —Le sonreí, amando lo mucho que lo estaba alterando—. No se preocupe, no diré ni una palabra… siempre y cuando me consiga ese autógrafo.

—¡No estoy involucrado con Bree Tanner! —dijo con enojo—. Ella sólo es una cliente y sólo le pedí que llamara a su línea para que usted pensara… quiero decir para… um… es que…

—¿Para que todo fuera de forma legal? —terminé por él con suficiencia y luego cambié mi tono para que supiera que no me engañaba—. Claro que sí, Sr. Cullen. No soy estúpida y puede que quiera recordar eso.

Me giré y salí de la oficina.

—Srta. Swan, olvidó su libro.

—No es de mi estilo, Sr. Cullen —dije sin voltear—. Puede que le guste. Se trata de hombres poderosos intentando mantener una imagen cuando en realidad son otra cosa. Iré a comer, regresaré en una hora.

¡Srta. Swan – 1, Mr. Cara de Pito – 0!

Cuando regresé de la comida el libro estaba de regreso en mi escritorio junto con una lista tan larga como mi brazo de cosas sin importancia que él necesitaba que se hicieran, las cuales tardaría en terminar hasta pasada mi hora de salida, y el Sr. Cullen ni siquiera lanzó una mirada en mi dirección durante el resto del día.

De qué sirvió ponerlo celoso.

Maldición.

Agaché la cabeza y trabajé lo más rápido que pude, y ya estaba a punto de terminar apenas diez minutos después de las seis. Sólo tenía que llevarle los manuscritos a Edward antes de irme; cuando estiré la mano para tomar los manuscritos con los que ya había terminado el equipo de edición, el que estaba hasta arriba de la pila de rechazados captó mi atención. Sin pensarlo hojeé el primer capítulo y pronto me encontré incapaz de dejar de leer.

—¿Srta. Swan? —la voz de Edward me hizo saltar—. Son casi las ocho.

—Mierda. —Agarré los manuscritos y caminé a su oficina—. Lo siento, me quede enfrascada leyendo uno. Perdí la noción del tiempo.

—No se le paga para leer manuscritos, Srta. Swan. —Negó con la cabeza—. Y ese manuscrito en particular es uno de los rechazados, si no me equivoco. Le sugiero que lo ponga de nuevo con los rechazados y le deje las decisiones sobre lo que vamos a publicar a aquellos que de verdad saben lo que están haciendo.

—Me gustó, y las primeras líneas me hicieron reír. —Me encogí de hombros—. Acabo de pasar la mayor parte de las últimas dos horas sin poder dejar de leerlo. Claro, hay ciertas cosas que podrían hacerse para mejorarlo, pero es diferente, gracioso y bien pensado.

—Como dije, ese no es su trabajo y…

—Y no tengo idea de lo que estoy diciendo, ¿cierto? —rodé los ojos—. Sé que piensa que mis gustos de lectura consisten de Cosmo o Vogue, pero no tiene ni idea. No soy la tonta niña consentida que usted piensa y si se molestara en conocerme, ya se habría dado cuenta de eso.

Dejé de golpe el manuscrito sobre su escritorio y salí de la oficina fantaseando maneras de humillar públicamente a Edward Cullen.

Cabrón.

Gruñí frustrada al bajarme del elevador – mi bolsa seguía arriba. Subí de nuevo hasta la oficina a regañadientes e intenté asegurarme de no molestar al Sr. Cara de Pito. Me acerqué sigilosamente a mi escritorio y agarré mi bolsa del piso. Justo cuando estaba a punto de irme lo escuché reírse entre dientes, así que me giré y miré hacia su oficina. Edward estaba sentado con los pies en el escritorio, un café en una mano y un manuscrito en otra. Nunca lo había visto tan relajado y, me atrevería a decir que tan… feliz.

Lo miré durante unos minutos, asombrada de la diferencia en él. Intentar entender a este hombre me estaba provocando una lesión y sin embargo no podía contenerme.

Seguía pensando en el cuando llegué al trabajo la mañana siguiente, y al acercarme a mi escritorio tuve que mirar dos veces. Encima de la pila de manuscritos que Edward había leído anoche estaba el que yo leí… el sello rojo de "Rechazado" había sido tachado y reemplazado con un Aprobado.

Pues quién lo diría… me escuchó.

Edward…

Ella tenía razón. Ese manuscrito… era bueno… huh sorprendente. Ella siempre se las arregla para sorprenderme y dio en el clavo respecto a Bree. Sabía que estaba jugando y jugando mal, por cierto. Mierda, es que no puedo dejar de pensar en ella. Carajo.


Ay este hombre, creo que es el Edward más indeciso que he leído en mi vida. Y ya se le cayó su teatrito, nuestra chica Bella le descubrió sus jueguitos y no se deja intimidar.

Mil gracias por leer, no olviden dejarme sus comentarios ;)