Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 8
Después de encontrarme totalmente desnuda, Edward salió del apartamento tartamudeando y balbuceando. Murmuró algo acerca de verme en el trabajo el lunes en la mañana, pero luego tuvo que regresar para decirme que teníamos una conferencia telefónica con el agente de un cliente a las nueve de la mañana del día siguiente.
Le aseguré que estaría ahí e incluso intenté invitarlo a entrar para comer los sándwiches tostados que nos había preparado, pero él básicamente salió huyendo. Lo encontré todo muy divertido y decidí mostrarle exactamente lo que se estaría perdiendo si insistía en ser mi amigo.
Luego de comer me metí a la cama y planeé lo que iba a ponerme y cómo me comportaría, esperando que funcionara. Me quedé dormida pensando en Edward y preguntándome si él estaría pensando en mí. Sabía que me estaba obsesionado con eso, pero no me importaba lo suficiente para intentar detenerme ahora.
El siguiente día mi alarma me despertó temprano e inmediatamente comencé a alistarme. Sabía que sólo habría unas cuantas personas en todo el edificio, así que busqué en mi armario algo extra sexy para atormentarlo un poco más; supuse que él no podría hacer nada al respecto. Encontré una blusa blanca de botones sin mangas que era casi transparente y una falda ajustada de cintura alta color gris que quedaba muy apretada alrededor de mi trasero. Elegí un lindo sostén que no brindaba el mejor soporte, pero no dejaría mucho a la imaginación… pobre hombre. Completé el look con un par de tacones negros.
Llegué a la oficina con tiempo de sobra. El de seguridad atendía recepción en sábados y con un saludo extra amigable y mi sonrisa más dulce persuadí al guardia en turno de llamarme a mi escritorio cuando llegara el Sr. Cullen y le pedí que no dijera nada de que yo ya estaba ahí.
Colgué mi chaqueta y encendí la cafetera antes de sentarme en mi escritorio. Luego revisé su agenda, viendo con cuál cliente tenía que tratar y saqué los documentos apropiados para tenérselos listos. Un poco antes de las 7:30 a.m. el guardia llamó y me informó que el Sr. Cullen estaba esperando el elevador. Revisé rápidamente mi apariencia, le serví algo de café y lo esperé afuera de las puertas del elevador. Definitivamente no me estaba esperando cuando las puertas se abrieron. Intenté no reírme cuando casi se tropieza, tenía los ojos bien abiertos por la sorpresa.
—¿Bella? —tartamudeó y lo vi mirarme de arriba abajo.
Como dije… el hombre estaba perdido.
—Buenos días, Sr. Cullen —sonreí y le ofrecí su café, antes de darme la vuelta y caminar de regreso a mi escritorio, dejando que mis caderas se mecieran un poco de más.
Miré sobre mi hombro y celebré internamente porque Edward no se había movido ni un centímetro y sus ojos estaban justo donde esperaba que estuvieran… en mi culo.
—¿Pasa algo, Sr. Cullen? —pregunté con inocencia y él negó con la cabeza.
—No, no —murmuró y se acercó a mí.
—Los archivos que necesita están en tu escritorio y tienes algo de tiempo para revisarlos antes de que sea hora de comenzar la llamada. ¿Hay algo más que pueda ofrecerte? —meneó la cabeza, así que tomé asiento detrás de mi escritorio y fingí leer unos correos.
—¿Bella?
Alcé la vista y sonreí.
—¿Sí?
—Lamento lo de anoche —dijo, tenía los ojos en mis tetas—. Debí haber tocado o algo así.
—No te preocupes por eso —dije, poniendo los ojos en blanco—. No es nada que no hayas visto antes. Gracias por el sándwich, estuvo delicioso.
—Entonces, estamos… ¿bien?
—Por supuesto —asentí, reasumiendo la actividad de no leer mis emails—. Amigos, ¿recuerdas?
—Cierto… sí… amigos.
No se movió y yo estaba muriendo por sonreír. Luego de unos segundos, alcé la vista hacia él de nuevo.
—¿Estás seguro de que no hay nada que pueda hacer por ti, Edward?
—No, nada, gracias. Estaré en mi oficina si me necesitas para algo. —Se frotó la nuca al alejarse y esta vez sonreí triunfante.
Oh, ahora me notas, ¿eh?
Trabajé mucho para ponerme al corriente con las cosas que no atendí ayer y luego a las nueve y media en punto llame al agente del autor y se lo transferí a Edward.
Marcus Aro era el representante de Eric Yorkie, un autor que tenía a dos compañías peleando por el contrato de publicar su novela debut. Yo había leído los primeros capítulos y era una historia de ciencia ficción acerca de sistemas solares en guerra. Todos estaban emocionados por leerlo y nosotros estábamos ofreciendo un trato por un segundo y tercer libro.
También sabía que los anteriores jefes de Edward – Felix Green – estaban decididos a asegurar el trato y cuando Demetri, que había reemplazado a Edward, logró asegurar una charla formal con Eric Yorkie a las ocho de la mañana el día lunes, Edward inmediatamente sugirió que ellos hablaran el sábado en la mañana, dándole casi cuarenta y ocho horas para convencer al autor y a su agente que Denali, Dwyer y Hale serían la opción más lucrativa.
Durante los primeros minutos vi a un Edward encantador y amigable, riéndose y bromeando con Marcus, pero cerca de diez minutos después de que había empezado la conversación su comportamiento cambió y empezó a verse enojado. Se puso de pie y me hizo una seña para que entrara a su oficina.
—Es un juego muy astuto el que estás jugando, Marcus. —Garabateó en un pedazo de papel y me lo entregó.
Último cajón de mi archivero… los archivos que traje de Chicago. Dame el estado financiero.
Asentí e hice lo que me pidió lo más silenciosamente posible. La llamada se estaba volviendo muy intensa y podía notar por las respuestas de Edward que Marcus estaba intentando manipular a las dos editoriales para intentar ganar más dinero para su cliente.
Le entregué el archivo a Edward y él musitó un gracias mientras hojeaba los papeles que había dentro, buscando algo en particular. Señalé la puerta, indicándole que me iba a ir, pero él negó con la cabeza.
No estaba segura de para qué me necesitaba, así que me puse detrás de él y miré por su ventana, escuchando cómo se desarrollaba la llamada.
—Tengo los números aquí frente a mí, Marcus. Una de dos, ellos te están mintiendo a ti o tú me estás mintiendo a mí, porque sé a ciencia cierta que ellos no pudieron haber hecho esa oferta. No pueden permitirse esa oferta y no han podido hacerlo desde hace tiempo; es por eso que los dejé. No tienen el soporte financiero para competir contra nosotros. Tú y yo sabemos que la oferta que nosotros hemos hecho es más que generosa para un debutante y podemos proveer una campaña de marketing muy superior. —Se frotó la frente mientras escuchaba a Marcus intentar subir las apuestas—. No me dejaré arrastrar a una guerra de subastas con una compaña que sé que no puede cumplir con los números que tú me estás dando. Tienes mi oferta final y te sugiero que persuadas a tu cliente para aceptarla. Te daré hasta el lunes en la mañana y luego quitaré nuestra oferta por completo de la mesa. Nosotros podemos sobrevivir sin este contrato… la pregunta es, ¿puede sobrevivir tu cliente?
De repente la habitación se calentó mucho y mis bragas se mojaron; el Sr. Cullen en su rol de hombre de negocios demandante y autoritario me causaba sensaciones muy, muy sucias.
Ahogué una risa cuando pude escuchar a Marcus intentando calmar rápidamente la situación.
—Me parece bien. Esperaré tu llamada.
Edward colgó la llamada y se recargó en su silla con un suspiro.
—¿Te llamará? —pregunté y alzó la vista con una sonrisita de satisfacción.
—Me llamará.
—Bien hecho. ¿Quieres café? —le ofrecí, pero negó con la cabeza.
—No por ahora.
—¿Algo más?
—Sí hay algo que necesito.
En ese momento me di cuenta que me estaba ahogando a unos treinta pies de la superficie. Mis juegos de sonrisas coquetas y ropa sexy habían resultado contraproducentes porque él me dedicó esa mirada… la mirada de la primera noche y supe que estaba en problemas.
—Ven aquí —me dijo.
—Edward, tengo trabajo que hacer —dije con nerviosismo—. No creo que-
—Ven aquí, Bella —repitió de forma tosca. Me estaba viendo y sus ojos… sus jodidos ojos eran hipnotizantes.
Sacudí la cabeza porque esto no había sido parte de mi plan. Se suponía que debía mostrarle de lo que se estaba perdiendo, no dejarlo que lo tomara… mierda, quería que lo tomara.
—¿Por favor?
Por favor.
Una palabra tan sencilla y común, y sin embargo fue todo lo que necesitó. Un por favor cayendo de sus labios y me olvidé de todo lo demás. Avancé un paso hacia él, un pequeño y tentativo paso, y él estiró una mano, cerrando sus dedos alrededor de los míos – jalándome frente a él para quedar apoyada en su escritorio.
Soltó mi mano y agarró mi cintura, sus pulgares hacían pequeños círculos sobre mi blusa. Ambos nos tensamos cuando sonó el teléfono y, con un suspiro frustrado, él golpeó toscamente el botón de altavoz, casi haciendo que el teléfono saliera volando de su escritorio.
—Edward Cullen —respondió todavía mirándome.
—¿Edward?
La voz de mi padrastro hizo eco por la sala, y el agarre que tenía en mí se apretó como si esperara que saliera huyendo.
—Buenos días, Phil —dijo Edward con cautela, como si estuviera preocupado—. ¿Pasa algo?
—Tú dime —se rio—. Me acaba de llamar un Marcus muy disgustado.
Los hombros de Edward se tensaron y se inclinó hacia enfrente, apoyando la cabeza en mi estómago.
—Me lo imagino.
Levanté las manos y las puse suavemente en su nuca, pasando mis dedos con gentileza entre su cabello y casi de inmediato lo vi relajarse.
—Dijo algo de que te negaste a ceder en nuestra oferta y que le dijiste que este contrato era más importante para el autor que para nosotros. ¿Le dijiste eso?
No podía descifrar el tono de Phil, pero claramente Edward creía que estaba a punto de recibir una severa reprimenda ya que negó una vez con la cabeza.
—Lo hice —dijo Edward, seguía masajeando mis costados—. Créeme, sé que esto sería un gran negocio para nosotros, pero sé exactamente qué es lo que trama él y también sé que no hay ninguna maldita posibilidad de que Demetri pueda igualar nuestra oferta. Felix Green simplemente no puede costearlo, Phil.
—No necesitas justificar tus acciones conmigo, Edward. No llamaba para decirte que te retractaras, hijo —le aseguró Phil—. Sólo quería advertirte que él esperaba que yo interviniera. Marcus Aro es un zorro escurridizo, no lo dejes manipularte. Le dije directamente que tiene que lidiar contigo y nadie más.
—Gracias por el apoyo, Phil. —Edward sonaba sorprendido.
—Siempre, Edward. Sabes por qué te traje aquí. Necesito alguien en quien pueda confiar para que se haga cargo cuando sea momento de que yo me retire por completo; lo que será más pronto que tarde, si de mi esposa depende. —Phil se rio—. Una pregunta más y luego seguiré practicando mi swing. ¿Cómo le va a Bella? He escuchado cosas buenas de la Sra. Goff, pero quiero tu opinión.
Edward y yo nos congelamos, y me pregunté qué iba a decir.
—La Srta. Swan todavía tiene unas cuantas semanas mas antes de que termine su periodo de prueba. Tal vez sería mejor si me reservara mis opiniones hasta entonces.
Bien hecho. A menos de que no pueda pensar en nada bueno que decir… mierda.
—Siempre el diplomático —le dijo Phil, sonaba divertido—. Dudaba que la idea de Charlie fuera a funcionar… puedes llevar un caballo al agua, pero no puedes obligarlo a beberla, ¿sabes? Sólo dame una palabra para resumir cómo ha estado hasta ahora. Sólo para tranquilizar mi mente.
Edward vaciló, Phil y yo esperamos. Movió su cabeza hacia atrás y me miró.
—Tendría que decir… sorprendente.
—¿Y puedo asumir que es algo bueno? —preguntó Phil.
—Lo es. —Edward asintió y volvió a poner su cabeza en mi estómago.
—Muy bien. —Phil sonaba feliz con eso—. Te dejaré seguir. Llámame cuando sepas algo de Marcus.
En cuanto Phil colgó, me reí con nerviosismo.
—¿No fue esa una incómoda conversación?
Se rio entre dientes, pero no alzó la vista.
—Entonces, ¿qué querías decir de verdad?
—Cualquier otra cosa de las que quería decir te habría metido en un infierno de problemas y habría hecho que me despidieran —dijo roncamente—. Hueles jodidamente bien.
Las manos de Edward comenzaron a vagar. Por mi espalda, bajaron a mi culo y subieron por la parte frontal de mis muslos antes de detenerse de nuevo en mi cintura. Sentí que movió ligeramente la cabeza y luego la punta de su nariz se metió entre dos botones de mi blusa, empujando contra mi piel desnuda. Su cálido aliento mandó un escalofrío que me puso la piel chinita en todo el cuerpo.
Luego dejó un beso sobre la tela blanca y mi corazón comenzó a acelerarse. Sus dedos se metieron bajo la cintura de mi falda, sacando mi blusa mientras llevaba sus manos al frente. Levantó la cabeza, sus ojos estaban fijos en lo que tenía frente a él, abrió los botones de abajo y luego besó la piel sobre mi vientre. El escritorio se estaba encajando en la parte trasera de mis muslos y lo agarré con ambas manos cuando necesité estabilizarme.
Él siguió dejando suaves y sensuales besos sobre cada pedazo de mi piel. Subía y bajaba sus labios por mis costillas, desabrochó el resto de los botones y abrió mi blusa cuando terminó. Me miró con hambre, viéndome directamente a los pechos. Sabía que este sostén no haría un buen trabajo escondiendo la forma en que mi cuerpo reaccionaba a él y esa había sido una de las razones por las que lo elegí.
Aunque nunca imaginé que él lograría verlo desde tan cerca.
—Eres una maldita provocadora —susurró, frotando con sus pulgares sobre mis pezones escasamente cubiertos—. Y una terca, tan jodidamente terca. Sabías exactamente lo que me causaría esto el día de hoy.
Lo miré incapaz de hablar. No pude evitar arquearme bajo su toque, queriendo desesperadamente que la tela dejara de interponerse. Entendió de inmediato y sus dedos se pegaron al broche frontal.
De repente estuve consciente de que cualquier persona podría vernos así.
—Edward —exhalé—. ¿Y si alguien nos ve?
—Somos los únicos que están aquí, Bella, y no hay cámaras en este lugar —murmuró—. Quiero verte… necesito verte.
—Jesús —jadeé cuando abrió el broche e inmediatamente comenzó a jugar con mis pezones entre su dedo índice y pulgar.
Mientras él tiraba y jugaba gentilmente con ellos, volvió a besar mis costillas y costados, bajando lentamente, pero la cintura de mi falda estaba en su camino. Gemí vergonzosamente alto cuando sus dedos soltaron mis pezones y se rio entre dientes. Agarró una de mis manos con la suya y la puso sobre mi pecho, moviendo mis dedos hasta que entendí el mensaje. Miró cuando imité sus movimientos de hace un momento y luego respiro de forma profunda pero temblorosamente por la nariz.
Sus manos se movieron a la parte trasera de mi falda y mi respiración se atoró cuando me la bajó.
—Esto tiene que irse. —Miró de nuevo mis dedos jugando con mi pezón—. Quiero verte toda.
Miré detrás de él hacia la enorme ventana sin persianas o cortinas y esperaba que nadie en los edificios de un lado tuviera un telescopio apuntando en esta dirección.
En cuanto bajó la falda lo suficiente su boca se posó en mi estómago y mis caderas. La falda cayó por mis piernas y sus cálidas manos subieron rozando por la parte trasera de mis muslos y frotaron la parte baja de mi culo.
Empujó la silla hacia atrás y palmeó el escritorio.
—Siéntate. —Me ayudó a sentarme y me acercó tanto como pudo a la orilla. Luego, sin quitarme los zapatos, levantó mis piernas y las apoyó una en cada brazo de su silla.
Bien… estoy muy expuesta.
Ahora estaba completamente aterrada con la idea de que alguien nos viera, pero igual que la primera noche no había posibilidad de detenerlo ahora. Un beso en la parte interna de mi muslo, otro beso un poco más alto… y un poco más alto… acercándose lentamente al lugar dónde más lo quería.
Al parecer era el turno de Edward Cullen de provocarme y no tenía nada de prisa por hacerlo. La anticipación me estaba volviendo loca y aún así ansiaba que durara lo más posible.
Dejó de besar mi muslo y se recargó en su silla, sólo mirándome. Su mirada se movía entre mi cara, mis pechos y entre mis piernas.
—Edward —gemí y una sonrisa perversa se formó en su rostro, haciéndome murmurar un—: Cabrón.
La sonrisita creció hasta ser una enorme sonrisa y se rio.
—Escuchar mi nombre en tus labios… así… nunca me cansaré de eso. —Alzó la vista a mi cara y sostuvo mi mirada por un momento.
Fue justo en ese momento que eligió pasar su dedo índice sobre la parte superior de mis bragas. Mis muy mojadas bragas.
—Yo hice eso —me dijo y asentí—. Me encanta haberte provocado eso.
Metió su dedo bajo la tela y gemí muy ruidosamente cuando rozó mi palpitante piel.
—Jódeme, Bella —exhaló y movió la tela a un lado tanto como le fue posible.
Con su otra mano presionó su pulgar sobre mi clítoris, frotando círculos y luego moviéndolo suavemente de abajo arriba. Podía ver lo que estaba haciendo y estaba dividida entre verlo haciéndolo y ver su cara al hacerlo.
—Edward, por favor —jadeé—. No puedo…
Podía sentir una espiral de calor empezar a crecer cada vez más en mi estómago, juro que olvidé hasta mi propio nombre cuando se lamió los labios y se inclinó hacia enfrente.
—Oh Dios. —Contuve el aliento cuando sus dedos subieron y bajaron una vez más antes de empujar mis rodillas para abrirme lo más posible.
En definitiva, esto no me lo iba a perder y lo vi ansiosamente. Tan sólo ver su lengua rozar mi piel hinchada fue el momento más erótico de mi vida y podía sentir mi mente ahogarse en el torrente de sensaciones que él estaba provocando. Estaba siendo lento a propósito, provocándome, torturándome, y matándome. Estaba en el precipicio de un todopoderoso y devastador orgasmo cuando sonó el teléfono.
Ambos lo miramos con incredulidad y con un gruñido de frustración, Edward golpeó de nuevo el botón del altavoz.
—¿Sí? —respondió, la tensión en su voz estaba cuidadosamente disimulada.
—Soy Marcus. Creo que sabes por qué te llamo.
—¿Tenemos un trato?
Si esperaba que Edward se concentrara únicamente en la llamada, estaba jodidamente equivocada. Cuando Marcus comenzó a hablar de los detalles más específicos que quería discutir, Edward regresó su atención… y su lengua a donde había estado antes.
Me retorcí sobre el escritorio, pero él me agarró y me sostuvo en mi lugar con firmeza con un casi ininteligible Shh.
¿Shh? ¿Shh? ¿Me estás jodiendo?
—¿Puedes adaptarte a esos términos?
—Puedo con algunos. Los otros tendremos que discutirlos. Le pediré a mi asistente que elaboré el contrato nuevo y luego hablaremos.
Edward aplano su lengua sobre mí y supe que no había forma en que pudiera quedarme callada, así que estiré la mano hacia su teléfono y golpeé el botón de silenciar.
—Entonces esperaré el contrato —dijo Marcus de forma malhumorada y le quité el silenciador a la llamada rápidamente.
—Fue bueno hacer negocios contigo, Marcus.
Silenciar.
—¿Te estoy interrumpiendo?
Quitar silenciador.
—De hecho sí, estoy en medio de algo en lo que necesito concentrarme para hacerlo correctamente.
Oh, estaba disfrutando profundamente de este jueguito y yo estaba más que lista para que terminara la maldita llamada.
—Entonces no te entretendré más.
Edward se despidió de Marcus de forma vergonzosamente ahogada y la línea se cortó. Se fueron los toques gentiles y pacientes, y salté cuando me arrancó las bragas de las piernas. Chupó, mordió y metió dos dedos en mí al mismo tiempo que subía su mano libre para jugar de nuevo con mi pezón.
Las tres sensaciones me enviaron chocando hacia mi clímax y grité una y otra y otra vez. Lo jalé bruscamente para ponerlo de pie, ayudándolo a quitarse sus pantalones y bóxeres, necesitando desesperadamente sentirlo dentro de mí.
El escritorio me estaba matando el culo y sentía que iba a caerme, pero todo eso salió de mi mente en el momento en que él entró en mí de una estocada. No había otro sonido en la oficina más que mis gritos, sus gruñidos y nuestra piel chocando.
—Carajo, Bella. —El agarré que tenía Edward en mí se apretó y se corrió con una última embestida.
Sí, las cosas se salieron de control, pero no cambiaría nada.
Me pregunté cómo actuaría él luego de esto y admitía que me preocupaba que él sólo me dijera que me visitera y regresara a ser el Edward frío que siempre había sido en la oficina. Así que cuando dejó un beso suave y tierno en mis labios mientras me ayudaba a pararme no pude evitar sonreír.
—¿Qué se supone que debo hacer con estas? —gruñí, agarrando mis bragas rotas y enseñándoselas.
Me las arrebató con una sonrisa.
—Yo guardaré estas, Bella.
—De ninguna manera —dije e intenté recuperarlas, pero me apartó.
—¿No tienes trabajo que hacer? —se rio y no fue cautelosa o reservada, fue una risa apropiada y me detuvo de golpe—. ¿Por qué me miras así?
—Suenas lindo cuando te ríes —le dije, sonriéndole—. Deberías hacerlo más seguido.
—Entendido. —Me guiñó—. Ahora se útil y tráele a tu jefe algo de café antes de que despida tu culo sin bragas.
Le entrecerré los ojos, lo cual al parecer mejoró todavía más su humor.
—De inmediato, Sr. Cullen. —Me giré y me fui.
—¿Bella? —me llamó justo cuando llegué a la puerta.
—¿Sí? —le pregunté dulcemente.
—Tomaré uno de canela.
Me reí para mí, el código de café había resultado ser un sistema a prueba de error y era malditamente satisfactorio saber que las dos veces que había pedido de canela habían sido después de haber pasado tiempo conmigo.
—Uno de canela en camino, Sr. Cullen.
—¿Bella? —repitió.
—¿Sí? —lo miré exasperada.
—Apúrate y termina lo que tengas que hacer, y deja todo lo demás para el lunes. —Tomó asiento en su escritorio—. Quiero salir de aquí en una o dos horas.
—¿Por qué la prisa?
—Te llevaré a cenar —me dijo.
—Todavía ni siquiera es la hora de comida, Edward. —Revisé mi reloj sólo para asegurarme de que no había estado en su oficina más tiempo del que pensé—. Tenemos suficiente tiempo.
—Entonces supongo que comeremos y cenaremos, y estarás conmigo todo el día. —Sonrió presumidamente—. ¿Será un problema?
—Te lo haré saber en unas horas —le dije, lanzándole un guiño descarado—. Tienes la tendencia de irritarme a morir, así que entre más pronto dejemos la oficina, más oportunidades tienes de sobrevivir.
—Entonces necesitamos irnos muy pronto; tengo planes para ti, Bella, y créeme que me necesitas muy vivo para cumplirlos. —El bastardo presumido me despidió con un movimiento de mano y una risita.
Intenté trabajar, de verdad que sí lo intenté, pero el caliente sexo en su escritorio me distraía mucho y una hora más tarde seguía viendo el mismo documento en blanco. Estaba recordando por tercera vez cuando el zumbido de mi celular en el escritorio me hizo saltar.
No te ves muy ocupada. E
Era un número desconocido, pero sabía exactamente de quién era. Miré hacia su oficina y efectivamente me estaba viendo con la misma sonrisa presumida en el rostro.
¿Entonces sí encontraste mi número? B
Estaba sonriendo como idiota.
Sí, he eliminado más mensajes para ti en las últimas seis semanas de lo que debería admitir. Estaba intentando comportarme. E
Te estabas comportando como un cabrón. B
Lo sé, lo sé. Tenía mis razones. E
¿Y cuáles eran? B
No tengo idea, pero parecían buenas en su momento. E
Deje de distraerme, Sr. Cullen. Tengo trabajo que hacer. B
Intenté comenzar a trabajar, pero mi celular vibró de nuevo.
Mentirosa, estás pensando en mí.
Y lo sé porque yo estoy pensando en ti.
Usualmente me encuentro pensando en ti.
Esa es una mentira, siempre estoy pensando en ti.
Pensando en ti sobre mi escritorio… igual que antes. Necesitamos hacerlo de nuevo. Pronto.
Ya tuve suficiente de fingir que estoy trabajando… salgamos de aquí.
Me reí para mí de los mensajes que seguían llegando.
—¿Viste algo gracioso? —preguntó parado en la puerta de su oficina.
Negué con la cabeza.
—Nop.
Se acercó a mí y se sentó en mi escritorio, inclinándose para besarme.
—Vámonos, Bella —murmuró sobre mis labios.
—¿A dónde? —pregunté, besándolo también.
—Tu apartamento es muy agradable —dijo, su lengua rozó sobre mi labio inferior.
Me aparté y sacudí la cabeza con fingido desagrado.
—¡Lo sabía! Tiene una sola cosa en la cabeza, Sr. Cullen. Todo se trata de mi apartamento, ¿eh?
—Sí, eso es. —Se rio entre dientes, me agarró la nuca y me besó de nuevo—. Es tu apartamento el que ha intoxicado mi mente durante las últimas seis semanas, sólo tu apartamento, Bella.
—¿Edward?
—¿Mm? —sus dedos se enredaron en mi cabello y sus besos subieron de intensidad.
—A menos de que quieras bautizar mi escritorio, necesitamos irnos ya.
Edward…
Hasta aquí llegó esto de mantenerme lejos. Dios, eso fue… carajo, vale la pena que me despidan por eso. Mierda, ¿qué demonios? ¿Vale la pena que me despidan por ella? Porque me despedirían… ¿o quizá Phil sólo me mataría? Ella vale la pena… en serio, ¿qué demonios? Estoy jodido… literalmente… y fue tan jodidamente bueno. Carajo.
Se le cayó su fachadita al Sr. Cullen, está perdido por Bella y todos lo saben jaja al menos parece que ya no intentará mantenerla lejos.
Mil gracias como siempre por leer. No olviden dejarme sus comentarios ;)
