Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 10
—¿Edward? —gemí. Sus labios estaban atacando mi cara, cuello y hombros.
—¿Mmm? —murmuró.
—Um… tú… necesitas… el botón. —Intenté apartarlo, pero estaba atrapada contra la pared del elevador—. El botón, Edward. Seguimos en el lobby.
Edward retrocedió un paso y golpeó varios botones sin mirar, ninguno de los cuales eran mi piso. No pude evitar reírme de él, pero al parecer eso no le agradó mucho y me besó de nuevo.
—Noesmipiso —intenté decirle, pero no me escuchó y ya no podía seguir evitándolo.
Cuando el elevador se detuvo unos seis pisos más debajo de donde necesitábamos estar, él se apartó rápidamente y comenzó a jalarme por la puerta.
—Edward, estamos en el piso equivocado. —Me reí y piqué el botón correcto mientras lo empujaba de nuevo hacia adentro—. Intenté decírtelo.
—Es tu culpa, me distraes mucho —susurró, agachándose para besarme de nuevo—. No puedo pensar coherentemente cerca de ti.
Entendía su dolor y rápidamente agarré un puño de su camisa para acercarlo más a mí. Besarlo era algo divino y podía hacerlo durante días, semanas, meses… años, pero también servía como el mejor recordatorio de qué otras cosas podríamos estar haciendo.
Me encontré pegada a la pared del elevador, sus muy hábiles caderas frotándose y empujando en el lugar correcto. Escuché las puertas abrirse, pero ninguno de nosotros se movió y, la verdad, no creía que pudiéramos habernos detenido si no fuera por nuestro… espectador.
—Disculpen.
Edward se giró rápidamente y gemí cuando vi a la altanera anciana de nuestra vecina parada junto a las puertas y golpeteando el pie impacientemente con una mirada de asco en la cara.
—Algunas de nosotros preferimos usar nuestra habitación para ese tipo de comportamiento —dijo desdeñosa.
—Algunas de nosotros —respondí presumida— nunca han tenido la fortuna suficiente para estar en compañía de un hombre como este. Usted intente comportarse cuando él la esté besando, Sra. Bertie. Es virtualmente imposible.
—Lo lamentamos mucho —dijo Edward con sinceridad mientras nos hacía pasar junto a la Sra. Bertie que se veía incluso más roja de la cara—. Qué tenga una agradable tarde, madame.
—Ves, mi edificio no es tan perfecto —me reí—. Imagina tener a esa engreída anciana de vecina… apuesto a que te amaría, Edward. La tendrías visitándote desnuda… insinuándosete…
—Detente, Bella —rogó—. Por favor, por favor detente. Esa mujer desnuda no es algo que necesite imaginar.
—Aunque sí tienes una obsesión con mujeres mayores —bromeé y abrí la puerta de mi apartamento—. ¿Recuerdas a Bree?
—Ni con Bree ni con mujeres mayores —dijo con tranquilidad—. Ni siquiera con mujeres… sólo una mujer… tú.
—Bien hecho. —Asentí en señal de aprecio—. Esa fue una excelente línea.
Se quitó su saco con un movimiento de hombros y se sacó los zapatos, yo sólo me quedé ahí para viéndolo.
—¿Y ahora qué? —pregunté casualmente.
—Ahora, Srta. Swan, voy a comenzar con eso de hacer lo que se me dé la gana contigo. —Me besó y no desperdició nada de tiempo. Sus manos inmediatamente alzaron mi vestido y me lo sacaron por la cabeza, aventándolo detrás de mí.
Una mano sostenía mi cabeza, sus dedos se entrelazaban en mi cabello, y la otra estaba apoyada sobre mi cuelo, dejando que sus dedos se metieran debajo de mis bragas. La forma en que me besaba me dejaba alucinada. Era hambrienta, pero sensual; intensa, pero suave, y no tenía ni idea de cómo se las arreglaba para combinar sensaciones que eran tan opuestas.
Seguíamos en medio de la entrada.
—Mi cuarto —dije sobre su boca.
—Sofá —replicó entre besos—. Te quiero inclinada sobre el sofá… luego en tu cuarto.
—Oh Jesús —exhalé—. Quítate la camisa.
Ambos luchamos con los botones y en cuanto estuvo abierta pasé mis manos sobre su pecho y espalda, me encantaba la sensación de su suave y lisa piel en mis dedos. Seguíamos a unos pies de distancia del sofá así que fui retrocediendo, jalándolo conmigo por la cintura de sus pantalones hasta que mis pantorrillas golpearon el sofá.
—¿Aquí? —pregunté y asintió.
—Date la vuelta —ordenó y puso sus manos en mis caderas mientras me giraba, pero luego me volvió a dar la vuelta rápidamente.
—Decídete —sonreí.
Me quitó el sostén y las bragas, mirándome con hambre.
—No quería perderme de ver esto. Ahora date la vuelta.
Hice lo que me pidió y luego gemí cuando una de sus manos se deslizó hacia mi estómago y se metió entre mis piernas. Quería más y lo quería ya.
—Hazlo, Edward —rogué y me incliné sobre el respaldo del sofá—. Ya, por favor. Sólo fóllame.
—Mierda —dijo con voz ahogada.
Escuché el sonido de su cinturón al golpear el piso, entró en mí de golpe y se sintió jodidamente bien. Tenía un fuerte agarre en mis caderas y no fue exactamente gentil, pero en realidad no era suficiente.
—Más fuerte, Edward —gemí y cumplió al instante—. Carajo.
Su agarré en mí se iba intensificando entre más rápidas y duras se volvían sus embestidas y lo sentí… lo sentí en todas partes. Todo mi cuerpo reaccionó a él en la forma más apasionada y excitante.
—Bella, no puedo —jadeó y pude sentir su cuerpo temblando. El que esto fuera igual de intenso para él lo volvió todo incluso más increíble y mi cuerpo se apretó a su alrededor.
Edward se inclinó hacia enfrente y apoyó su mejilla en mi hombro. Su respiración sonaba pesada y su cuerpo estaba cálido y pegajoso.
—¿Cómo lo haces? Siempre me haces esto, Bella, y cada vez es mejor.
Amén, Edward. Jodidamente amén.
xxx
—¿A qué te referías ayer? —me detuve e intenté estudiar su expresión mientras estábamos acostados en la cama—. Cuando pensaste que había tomado algo.
—¿A qué te refieres exactamente? —se veía divertido y lindo con las manos cerca de su cara y mechones de cabello rebelde tapándole los ojos. Estábamos de frente el uno al otro, nuestras caras estaban a centímetros de distancia y aunque encontraba muy difícil resistirme a besarlo, también me gustaba verlo así – con la guardia baja y menos hombre de negocios… más un hombre regular.
Me alcé apoyándome en un codo porque quería verlo mejor.
—Dijiste que me veía igual a… luego te detuviste y dijiste algo diferente.
—Oh, eso. —Suspiró y cerró los ojos.
—¿Tu novia? —pregunté ansiosa, rogándole a Dios que no hubiera una novia.
Sonrió y abrió de nuevo los ojos.
—Te llevé al hotel luego del club y te pedí que pasaras la noche conmigo, ayer admití que eras lo único en que podía pensar durante las últimas seis semanas y aquí estoy ahora… ¿y crees que hay una novia?
—Es que… nunca hablas de nada personal. De acuerdo, hasta ahora nunca hablabas conmigo para nada, pero de todas formas sabes a qué me refiero. —Me acosté de nuevo, acercándome todavía más a él.
—No hay una novia, Bella. Estaba hablando de mi padre. —Se veía triste al decirlo y me sentí mal por sacarlo a tema.
—Oh. —No estaba segura de qué más decir.
Edward se sentó y miró hacia la enorme ventana en mi habitación. Esperaba que se levantara y se fuera, podía sentir la tensión saliendo en olas de él, pero no lo hizo.
—Él era mi persona favorita del planeta —dijo con tristeza—. Éramos una típica familia feliz, o al menos creí que lo éramos.
—No tienes que contarme, Edward. No pretendía entrometerme. —Me senté y besé su hombro.
—Podría ayudar para explicar por qué soy como soy. —Giró la cabeza para verme y me besó la frente—. Él es un cirujano… era… un cirujano. Uno jodidamente bueno, uno de los más respetados en su campo. Él y mi mamá se conocieron cuando él estaba en la escuela de medicina y ella era mesera en una cafetería que él frecuentaba. La embarazó como idiota… de mí.
—¿Qué edad tenía tu mamá? —pregunté.
—Dieciocho. —Dobló las rodillas para llevárselas al pecho y se rodeó las piernas con los brazos—. Los padres de él querían que ella abortara y lo desheredaron cuando se negó. Dejaron de cubrir su colegiatura y gastos de vivienda. Papá tuvo que conseguir un segundo trabajo cuando no tenía clases para ayudar a cubrir los gastos y mamá trabajaba desde casa sellando sobres y mierdas como esas. Obviamente no lo recuerdo, pero batallaron por mucho tiempo.
—¿Y nadie los ayudó? ¿Incluso después de que naciste? —dije incrédula y negó con la cabeza—. Puedo entender que se hayan sentido decepcionados al principio… pero ¿cómo pudieron querer no tener nada que ver con su nieto?
—La familia de papá era rica y la de mamá no; ella creció en hogares de acogida y él era todo lo que tenía. Supongo que ellos querían que se mezclara con chicas de sus mismos círculos sociales.
—¿Chicas como yo? —supuse y sonrió con disculpas—. Es por eso que me odiabas.
—Nunca te odié. —Meneó la cabeza y me besó con suavidad—. Nunca podría odiarte, Bella. Sólo me sentía resentido. La familia de papá pensaba que tener dinero significaba ser mejor y no podían entender por qué quería a una chica como mamá. Asumieron que, si le quitaban todo, él nos dejaría; se equivocaron.
»Él amaba a su familia más que al dinero. No necesitaba nada más que las dos personaba que amaba. —Sonreí, pero él no compartía mi sentimiento.
»Pero había algo que necesitaba más. —Apretó los puños y comencé a frotar suavemente su espalda para intentar calmarlo—. Durante algunos años todo estuvo bien. Vivíamos en una linda casa, íbamos de vacaciones a lugares agradables y yo siempre tenía ropa buena y juguetes nuevos. Luego cuando tenía doce años perdimos todo. Justo así. —Tronó los dedos y me sobresaltó.
—¿Cómo? —Acaricié su nuca y cerró los ojos, murmurando que se sentía bien.
—Alguien murió en su camilla. Un niño de la misma edad que yo. Hubo una enorme investigación y salió a la luz qué papá era adicto a fármacos recetados. Codeína, morfina, oxidocina; cualquiera que pudiera conseguir.
—¿Desde cuándo?
—Desde años atrás, dijo que desde la escuela de medicina. Al parecer necesitaba algo que lo mantuviera despierto para estudiar luego de que empezó a trabajar para mantenernos. Durante doce años fue un adicto funcional, nadie tenía idea. —Estaba viendo por la ventana mientras hablaba, como si lo reviviera—. Lo mantuvo bien escondido, usaba medicamentos sobrantes que encontraba y falsificaba diagnósticos. Nadie tenía razón para sospechar; ¿por qué lo harían? Era el Dr. Carlisle Cullen. La familia del paciente nos demandó y debido a su adicción, el seguro de negligencia no aplicó. Perdimos nuestra casa, nuestro carro… todo. Le quitaron la licencia de medicina y todo se salió de control.
—Lo lamento, Edward. —Me recargué en él, besando su brazo.
—Nos mudamos a un complejo de apartamentos y mamá tuvo que tomar tres trabajos para pagar los honorarios legales y la renta. Papá estaba deprimido, bebía todo el día todos los días y luego tuvimos un vecino nuevo; un traficante de mierda en libertad condicional. Eso fue el final. Papá pasó de ser un adicto funcional a uno no funcional. Mamá trabajaba turnos nocturnos de catorce horas, así que yo me levantaba en la mañana antes de que ella llegara a casa y arrastraba su culo borracho a la cama para que ella no viera lo mal que estaba. Luego cuando yo llegaba a casa de la escuela y ella estaba de nuevo en el trabajo, lo encontraba hasta el tope en drogas. Había agujas usadas y mierdas por todo el jodido piso. Lo limpiaba todo y de nuevo arrastraba su culo a la cama.
—¿Hacías eso para que tu mamá no se enterara? —Sentí las lágrimas escocer en mis ojos. Yo había estado experimentando con mi cabello y comprando sin ninguna preocupación en el mundo a los doce años, ¿y Edward vivía así?
—Ella sabía. Lo descubrí más adelante, pero en ese momento yo sólo quería hacerla feliz; siempre estaba tan triste. —Sonaba sorprendentemente tranquilo al contarme. Yo casi estaba llorando tan sólo por escucharlo—. Ella tenía que esconder el dinero, de otra forma él lo tomaría, le robó su joyería y la vendió por drogas; incluso su propio anillo de matrimonio. Aprendí a distinguir cuando había tenido un mal viaje; a eso me refería cuando pensé que tú…
—Lo entiendo —susurré—. ¿Mejoró algo?
—No —se rio sombríamente.
—¿Cuánto tiempo estuvieron así?
—Casi cuatro años. Tenía quince y vivía en un apartamento sin televisión, radio ni nada más porque mi padre vendió todo lo que pudo. Lo único que tenía eran libros, vivía en la biblioteca. No podía soportar estar en casa con él, tenía mucho resentimiento. Una mañana lo encontré mal y tuve que llamar al 911.
—¿Acaso él…?
—Casi. —Negó con la cabeza—. Cuando finalmente se despertó, mamá le dijo que no regresaría a casa hasta que estuviera limpio. Creo que se dio cuenta de lo que estaba a punto de perder y lo admitieron en un centro de rehabilitación pagado por el estado. Lo visitábamos y durante unas semanas vi a mi antiguo papá. Duró limpio unas nueve semanas y mamá estaba preparándose para tenerlo en casa cuando recibimos la llamada. Se había escapado a mitad de la noche con otro paciente y consiguieron drogas. Lo que sea que pensaron que estaban comprando resultó ser algo más y lo encontraron muerto en un callejón con la aguja todavía en su brazo.
—Lo siento muchísimo, Edward. —Estaba llorando, pero no quería que él lo supiera así que me sequé rápidamente los ojos—. No debí haber mencionado esto… lo siento.
—Oye —susurró y me besó la frente, dejando que sus labios permanecieran ahí por unos momentos—, se siente bien sacarlo; no he hablado de esto con nadie. —Pasó su brazo sobre mi hombro y luego nos acostó a ambos en la cama.
—¿Nunca?
—Nunca. —Enterró la cara en mi cabello—. Nos recuperamos después de eso, pero mamá nunca lo superó. A pesar de todo lo que sucedió, ella lo amaba y lo extrañaba. Yo estaba en la universidad cuando ella murió. Es por eso que fui tan jodidamente desagradable sobre tu crianza y lamento mucho la forma en que actué. Miré a mi madre matarse trabajando para mantener a nuestra familia unida y aun así no teníamos nada.
—No tienes que disculparte. —Besé su mandíbula.
—Me partí el culo en la escuela para asegurarme de cambiar mi destino. Me mantuve alejado de las chicas y ni siquiera tuve tiempo para los amigos.
—Eso no puede ser cierto. —Me enderecé y negué con la cabeza.
—¿Qué?
—¿Esperas que crea que te volviste así de bueno con sólo unas cuantas aventuras de una noche? —bufé.
—Bella, la caída de mi papá fue embarazar a mi madre. Sin eso, él no habría necesitado un segundo trabajo o las drogas… no me iba a meter en esa situación por ninguna chica. No me acosté con nadie hasta que estuve a punto de graduarme de la universidad y pasé la mayor parte del tiempo preocupándome de que el condón se fuera a romper. —Se veía sincero.
—¿Cómo es eso posible? —subí y bajé la mano por su cuerpo—. ¿Te has visto?
Se rio.
—Todo lo que me importaba era mi carrera, Bella. No ha cambiado mucho desde entonces.
—Pero estabas tan confiado esa primera noche y um… fuiste muy bueno. —Agradecía la oscuridad porque podía sentir mis mejillas sonrojándose.
—Supongo que la confianza es el resultado de ser exitoso en otras áreas y lo de ser bueno debería darle el crédito a todo el porno que vi. Presté mucha atención.
—¿Dijiste que no te interesaban las chicas? —comencé a decir y se rio más.
—Pero seguía siendo un chico, Bella. —Puso los brazos sobre su cabeza—. Miraba muchísimo porno.
—¿Pero nunca has tenido novia?
—En realidad, no. No necesito ese tipo de complicación en mi vida, todavía tengo cosas que quiero hacer. —Sus palabras me sorprendieron un poco.
Complicación… ¿eso es lo que soy?
—¿Cómo qué? —presioné, intentando no pensarlo demasiado—. Habría pensado que ya habías conseguido prácticamente todo.
—Todavía no. Sacrificaría cualquier cosa por tener la oportunidad de sentarme en el lugar de Phil. No me malentiendas, amo lo que hago ahora, pero ser ultimadamente responsable de toda una compañía, eso es lo que quiero y no me detendré hasta conseguirlo. —La determinación en su voz me inquietó.
—¿De eso se trata esto? —señalé entre él y yo—. ¿Soy tu boleto hacia Phil?
—Para nada. —Agarró mi mano y la besó—. Supongo que por mucho que intenté no ser así, tengo algo de mi padre en mí.
—¿A qué te refieres?
—Las drogas fueron la caída de mi padre y tú, Isabella Swan, podrías ser la mía. Si Phil se entera-
—No se enterará —le aseguré—. Te prometo que no.
—A pesar de todo, no podría alejarme ahora, aunque lo intentara.
xxx
Me desperté sin cobijas, sin espacio y con algo picándome incómodamente en la espalda. Me di la vuelta, esperando ver la gloria matutina de Edward diciendo hola, pero desafortunadamente era sólo su codo.
—¿Estás jugando? —me senté y lo moví—. ¿Edward?
Abrió un ojo y me sonrió con sueño.
—Buenos días.
—No es de mañana —bufé e intenté jalar las cobijas hacia mí—. Ni siquiera son las siete, así que por ser domingo eso clasifica como mitad de la noche y mira todo ese espacio de tu lado. Podrías poner dos yo en ese espacio y sin embargo me encuentro balanceándome en la orilla sin cobijas y con tu jodido codo encajado en mi espalda.
—Perdón. —Se rio y se acercó a la mitad de la cama—. No estoy acostumbrado a compartir.
—No me digas. —Bostecé y me acosté—. Ladrón de sábanas y acaparador.
—Mm, ahora que estoy despierto… y tú estás despierta. —Pegó su cuerpo al mío y besó la parte trasera de mi cuello—. ¿Qué deberíamos hacer?
—No estoy despierta —gruñí—. Definitivamente no estoy despierta.
—Apuesto a que podría despertarte —murmuró.
—No te lo recomendaría —le advertí—. Estoy cansada y muy irritada.
—No podemos permitir eso.
Sentí otra cosa picándome la espalda y esta vez supe que no era su jodido codo.
—Vamos, Edward. —Quería dormir, pero él tenía otras ideas. Otras ideas muy tentadoras.
—Si no quieres que haga esto —susurró, pasando su mano hacia enfrente para tocarme el pecho—. Debiste ponerte algo de ropa antes de irnos a dormir.
—Me puse ropa —le recordé—. Tú me las quitaste, ¿recuerdas?
Se rio entre dientes y me senté de nuevo, jalando la sábana conmigo.
—Necesito una ducha y café. No puedo funcionar sin café… ni tú ni tus mágicos poderes de seducción pueden hacerme cambiar de opinión.
—¿Tengo poderes mágicos de seducción? —Se veía feliz ante esa revelación.
—Como si no lo supieras —murmuré y me puse la bata—. Como yo paso todo el día todos los días llevándote café, creo que es tu turno de traerme un poco.
—Con gusto. —Me besó la mejilla y se puso de pie—. ¿Dónde está mi ropa?
—Lanzaste tus bóxeres hacia allá —Señalé la ventana—. Y el resto está justo donde la dejaste… tenías prisa anoche.
Le eché un último vistazo a su poderoso culo antes de que se lo tapara y luego me fui directo a la ducha. Me bañé rápidamente, me preocupaba un poco que Edward pudiera desvanecerse cuando tuviera tiempo de detenerse a pensar sobre las últimas veinticuatro horas. Estaba a punto de vestirme cuando escuché otras voces en el apartamento.
—Mierda —siseé para mí y en lugar de eso agarré mi bata—. Se suponía que no regresarían a casa hasta la noche.
Mientras me apuraba a la cocina escuché a las chicas interrogando al pobre tipo y abrí la puerta para encontrar a Edward acorralado en la esquina de la cocina llevando puestos sólo sus bóxeres. El pobre hombre se veía aterrado.
—Chicas —les dije y tiré de Edward—. Déjenlo en paz.
—Sólo intentábamos establecer quién era exactamente. Hay un hombre desconocido casi desnudo en nuestro apartamento, tenemos derecho a preocuparnos. —Amber se rio—. ¿Él es la razón por la que no querías ir a Nueva York?
—No. Mi cuenta bancaria no puede soportar ir de compras con ustedes… esto es un acontecimiento reciente. —Le sonreí a Edward y se rio.
—Bah. Sólo me alegra que ya hayas superado a ese jefe tan cabrón —dijo Amber casualmente.
—Um, Amber —comencé a decir, pero ella siguió hablando de más.
—¿Te contó sobre ese cabrón? —no le dio ni un segundo a Edward para responder—. Todo un saco de mierda.
—Amber —siseé—. Este es Edward.
—¿Edward? —miró nerviosa a Carmen, que intentaba no reírse, y luego de nuevo a Edward—. Tú eres…
—Saco de mierda, Jefe cabrón. Gusto en conocerte. —Sonrió.
—Mierda, qué vergonzoso. —Amber hizo una mueca y luego lo pensó mejor—. Aunque sí fuiste un cabrón con ella.
—Amber —le lancé una mirada—. Suficiente.
—No, ella tiene razón al decir que lo fui y estoy intentando arreglar eso ahora. —Edward se veía imperturbable—. ¿Tal vez podamos ir por un café, Bella?
—Seguro. —Sonreí—. Necesito vestirme, luego nos iremos.
—Tú también deberías vestirte, Edward —bromeó Carmen—. ¿Puedo asumir que esa ropa que está regada por el apartamento es tuya?
—Iré a recogerla. —Se veía un poco sonrojado y las chicas se rieron.
—Cuando dijiste que estaba bueno —dijo Carmen soñadora—. No me di cuenta de que te referías a bueno-bueno.
—Hablaste con él, ¿cierto? —preguntó Amber con firmeza—. ¿Sobre tratarte de mierda?
—Sí, hablamos. —Asentí y comencé a alejarme.
—Entonces ¿qué pasó?
—Me acompañó a casa el viernes en la noche desde su hotel y-
—¿Te acostaste con él el viernes? —preguntó Carmen incrédula—. ¿Qué pasó con eso de tantear el terreno?
—No pasó nada el viernes, me estaba cuidando y… ¿qué? —Las chicas me estaban viendo con miradas de exasperación en sus rostros.
—Creo que nos saltamos unos cuantos pasos, Bella. ¿Cuidándote?
—Oh sí, sobre el jueves en la noche, ¿ustedes estuvieron bien luego de esa bebida que nos envió el tipo? —pregunté en voz baja y ambas asintieron—. No creo que estuviera borracha… ¿cómo podría hacerme eso un trago? Edward parece pensar que alguien alteró mi bebida.
—Mierda, Bella. Ni siquiera lo pensé… sólo pensé que se te había subido a la cabeza. —Amber se llevó una mano a la boca—. Lo siento mucho… nos reímos de ti por ser mala copa.
—Está bien. —Me recargué en la encimera—. Sólo que no entiendo por qué un tipo desconocido me drogaría cuando estaba con ustedes dos.
—¿Tipo desconocido? —Carmen frunció el ceño—. Pensé que Royce te compró el trago.
—¿Royce? —pregunté.
—¿Royce King? —me di la vuelta y vi a Edward parado en el marco de la puerta, se veía furioso—. ¿Estuviste con Royce jodido King el jueves en la noche?
—No —dije, pero luego el recuerdo llegó a mi mente—. Mierda, él estaba ahí.
—Estabas hablando con él en la barra… él nos compró esas bebidas —nos dijo Amber—. Intentó persuadirte de tomarte una bebida de verdad.
Carmen miró a Edward.
—Ella se estaba portando bien porque tenía que trabajar al día siguiente.
—Ahora lo recuerdo. —Asentí—. Me había olvidado de él.
—¿King te envió las bebidas? —preguntó Edward tenso.
—No lo vimos. —Amber negó con la cabeza—. Pero ¿por qué le haría eso a Bella? Quiero decir, estuvimos con ella toda la noche.
—Probablemente es sólo una coincidencia. ¿Cierto? —miré a Edward y asintió, pero la expresión en su cara me dijo que no lo creía—. ¿Todavía quieres ir por ese café?
—Por supuesto. —Sonrió, pero no llegó a sus ojos.
Esperó a que me vistiera y luego nos llevó a su hotel. Al parecer, su idea de ir por café era pedir que nos subieran el desayuno a su suite. Estuvo callado y taciturno, y eso me puso incómoda, como si yo hubiera hecho algo malo.
—Puedo irme si prefieres estar a solas —comencé a decir, pero él negó vehementemente y se sentó junto a mí en la cama—. ¿Estás enojado conmigo por lo de Royce?
Su expresión se suavizó y me jaló a su regazo.
—Estoy enojado, pero no contigo.
—¿Con Royce? —pregunté y asintió—. Puede que no fuera él.
—Ten cuidado —dijo con voz ronca—. Si dice algo, hace algo, intenta algo o te hace sentir inquieta en cualquier forma, dime o ve directo con Phil, Bella.
—¿Por qué haría él algo así?
—¿Por favor?
—Bien. Te lo diré o iré con Phil. —Me giré en su regazo para poder sentarme a horcajadas—. No me gusta cuando estás tenso.
—Sólo estaba pensando en unas cuantas cosas.
—Nada de pensar. —Sacudí la cabeza—. Lo prohíbo.
—Creo que incluso tú batallarías para lograr eso. —Se rio entre dientes y pude notar que lo estaba distrayendo.
—Entonces, ¿qué te parece si sólo re direcciono tus pensamientos? —sugerí.
—Quédate —dijo simplemente.
—¿Eh?
—Esta noche. Quédate aquí. Eso re direccionaría definitivamente mis pensamientos. —Me besó una vez—. Puedes ir a casa y cambiarte antes del trabajo.
—Bien —acepté—. Pero ¿vamos a pasar todo el día en tu cuarto de hotel?
—Sí —gruñó—. Y en pro de re direccionar mis pensamientos necesitas quitarte tu ropa justo ahora.
Así que lo hice…
Edward…
Ella me hizo contarle todo. ¿Cómo lo hace? Carajo.
Poco a poco vamos conociendo más del pasado de Edward. Y Bella se siente inquieta al notar lo determinado que está Edward por triunfar en su carrera profesional.
Gracias como siempre por leer, si les gustó el capítulo no olviden dejarme sus comentarios ;)
