Disclaimer: Los historia original de Ranma ½, sus personajes y sus derechos pertenecen a la grandiosa Rumiko Takahashi, quien nunca nos complació con un beso real entre nuestros protagonistas, por lo que todos nos hemos visto obligados a hacer catarsis y canalizar nuestros deseos frustrados a través de estas historias. No pretendo hacerme millonaria ni lucrar de esto, simplemente entretener a los lectores y homenajear a la gran —aunque cruel— Rumiko.


Aviones de papel
Capítulo 1:
"La lista"

Solo son cien metros. Cien metros y el premio es nuestro. Vamos, Akane. Tú puedes.

Vestida con el uniforme reglamentario de Educación Física, Akane Tendo esperaba paciente su turno en la carrera de relevo, una de las pruebas físicas que más disfrutaba. Akane no solo era muy veloz, sino que además era extremadamente competitiva. Daba igual si por ganar apenas les daban unos puntos extra, ella quería hacerlo porque la sensación de victoria la llenaba profundamente.

Normalmente, para este tipo de pruebas el profesor solía armar los equipos al azar, y aquel día la suerte había estado con ella. En su equipo habían quedado Yuka, una de sus mejores amigas; Ryoga, un compañero y amigo que además era súper atlético; y Ranma Saotome, el mejor deportista de su clase. Akane admiraba mucho la enjundia de su compañero, que parecía nunca rendirse y tomarse en serio cualquier deporte o ejercicio que hiciera. Ese era el espíritu que ella deseaba en cualquier compañero de equipo.

El mismo Ranma también pareció satisfecho con el equipo en el que había quedado, en especial con Ryoga y Akane, lo cual hizo que ella se sintiera orgullosa de sí misma.

El circuito era complejo, por lo que los estudiantes debían esforzarse para ganar. Un pequeño error te podía costar la victoria. Ryoga se había ofrecido para ir er el primero. Yuka, que no deseaba ser la última porque sabía que la presión sería enorme, se pidió ir la segunda. Eso los dejó con el dilema de quién sería el último: Ranma o Akane. El pelinegro ni siquiera tuvo que pensarlo:

—Es mejor que cierres tú, Akane. Eres súper rápida y además la parte del circuito anterior a la última requiere de fuerza. Creo que yo podría hacer esa y tú finalizar con los cien metros.

Y en eso estaba, esperando que Ranma, que acababa de coger el pañuelo de relevo que Yuka le había entregado, completara la prueba. Llevaban buena ventaja, pero sabía que esta era una parte crítica porque además de fuerza requería habilidad física. En ese momento, Ranma pasaba por las barras de mono con gran velocidad, mientras sus compañeros le pisaban los talones. Akane se mordió el labio inferior. Tenían, no, necesitaban ganar.

Los chicos de la otra clase ya habían completado el circuito el día anterior. Hoy antes de iniciar la prueba, el profesor les había comunicado que el equipo ganador de la otra clase había roto un récord de velocidad, destacando especialmente en los cien metros finales. ¿Y quién estaba en ese equipo (y además era el que había corrido los cien metros)? Nada más y nada menos que Tatewaki Kuno. De todas las personas a quienes Akane quería ver perder, a quienes quería aplastar con una victoria contundente y rotunda, Tatewaki Kuno era la primera. Así que se había propuesto romper su récord, porque sabía que Tatewaki no solo no soportaba perder, sino que le sentaba aún peor si era una chica la que lo derrotaba. Y si además esa chica era ella... apaga y vámonos.

Tras completar el resto de las pruebas de su parte del circuito, Ranma corrió hacia Akane, que ya había empezado su propio trote, como indicaban las reglas de la competencia de relevo. Ranma se había enrollado el pañuelo en la mano, sabiendo que muchos compañeros perdían tiempo valioso porque el pañuelo se les caía y debían agacharse a recogerlo. Así que cuando estuvo lo suficientemente cerca de Akane y extendió su brazo para que ella cogiera el pañuelo, no recordó que lo tenía enredado en la muñeca. Y cuando ella tiró de él, Ranma tambaleó hacia adelante por la velocidad a la que iba, dando grandes y bruscos pasos mientras intentaba no perder el equilibrio y darse de bruces contra la pista de atletismo. Pero fue en vano.

Akane apenas vio cómo su compañero se caía sobre la pista, pero no era el momento de detenerse. Era el momento de cerrar un impecable desempeño con broche de oro. Momento de aplastar récords ajenos. Corrió como una gacela, sin pensar en nada que no fuera llegar a la meta. Cien metros. Cien metros y chapó. Sus piernas se movían con firmeza y agilidad, mientras sus pies prácticamente no tocaban el suelo. Se sentía casi como una pluma y era muy consciente de la velocidad a la que corría, casi sin sentir fatiga. Era una atleta privilegiada y lo sabía.

El profesor Higuma esperaba al final de la meta, con un cronómetro en la mano. Akane no supo cuánto tiempo le tomó completar los cien metros, pero a juzgar por la emoción del profesor, había roto el récord. Y lo más importante de todo, había ganado. El silbato de Higuma, que anunciaba que ya un equipo había completado el circuito, confirmó la victoria.

Akane se detuvo un par de metros más allá y apoyó sus manos de sus rodillas, mientras trataba de recuperar el aliento. Jadeante, comenzó a caminar de regreso hacia el grupo, mientras el resto de sus compañeros completaba la prueba.

—¡Excelente! ¡El equipo de Tendo, Hibiki, Saotome y Okamura es el ganador! —Exclamó el profesor Higuma—. ¡Buen trabajo, muchachos!

Akane asintió con la cabeza, todavía jadeante. Caminó hacia Yuka, que daba saltitos de alegría y orgullo.

—¡Bien hecho, Akane! —Yuka se acercó a ella y le chocó los cinco—. ¡Has estado estupenda hoy!

La aludida sonrió y correspondió al saludo de su amiga, añadiendo un abrazo cariñoso.

—¿Hay algo que no hagas bien? —Le preguntó un sudoroso Ryoga mientras le sonreía y le chocaba los cinco.

—Hay varias cositas, sí. —Contestó Akane y también correspondió a su saludo.

El último en felicitarla fue Ranma Saotome. Al verlo, Akane recordó que su compañero se había caído en la pista de atletismo al entregarle el pañuelo.

—¡Ranma! ¿Estás bien?

El pelinegro asintió con la cabeza y alzó ambas manos para chocarlas con Akane.

—No tan bien como tú, Usain Bolt. —Comentó con una sonrisa—. Buen sprint.

El profesor los reunió a todos para dar los resultados de la competencia (aunque a nadie le importaba ningún lugar que no fuera el primero) y para felicitarlos por una clase dinámica, enérgica y divertida. Los despachó para que fueran a los vestidores.

Akane se quedó estirando a un costado de la pista de atletismo, pues sabía que era parte importante de cualquier entrenamiento o ejercicio físico. Ayudaba a evitar lesiones, calambres y entumecimiento muscular. Tras terminar, se detuvo en el camino hacia el vestuario al ver a Ranma Saotome sentado en una de las graderías, limpiándose las rodillas. Se acercó a él y comprobó con horror que tenía raspones con sangre. Se sintió culpable y tonta por no haberlo notado antes.

—¡Ranma! Estás lastimado, ¿quieres que te acompañe a la enfermería?

Él alzó el rostro al notar que ella se había acercado. Su rostro se veía compungido, como el de su madre cuando él llegaba con algún golpe o herida tras un entrenamiento o partido.

—No, no te preocupes. —Respondió con amabilidad. La verdad es que no le dolía demasiado—. Estoy bien, son solo raspones.

Ella no pareció satisfecha con la respuesta.

—¿Estás seguro? —El chico asintió con la cabeza—. Bueno, al menos lávate bien las heridas, para que no se infecten.

Él se puso de pie y los dos comenzaron a caminar rumbo a los vestidores.

—Te caíste por mi culpa. —Comentó Akane aún con la expresión de culpa en el rostro.

—De hecho, no. —Contestó Ranma intentando restarle importancia al asunto—. Me caí por mi culpa. Me enrollé el pañuelo demasiado. Tú solo hiciste tu trabajo… muy bien, por cierto.

Akane sonrió. Sí, había sido un buen sprint. Pero él también había hecho un excelente trabajo, como siempre en la clase, aunque Akane no se lo dijo; su compañero tenía un ego bastante grande y no necesitaba que nadie más se lo inflara. Pero lo cierto es que la Academia Furinkan había hecho bien en abrir ese programa de becas deportivas; después de todo, gracias al programa Ranma estaba allí.

Akane y él no eran amigos, ni tampoco eran especialmente cercanos. Tan solo eran compañeros de clase que hacían buena miga las veces que interactuaban, ya fuera durante Educación Física (la mayoría de sus interacciones estaban ligadas al deporte), o en clases, ya que se sentaban el uno junto al otro. Akane prácticamente no conocía a su compañero (apenas había llegado a Furinkan el año anterior), pero podía intuir que era una buena persona. No solía meterse en problemas y se había vuelto muy cercano a Daisuke, Hiroshi y Kano, tres chicos que eran amigos de Akane y sus amigas.

Ella misma también se consideraba una buena chica. Era muy aplicada en todas sus clases, por lo que siempre estaba en el cuadro de honor y entre los alumnos más destacados de la Academia. Además, era una atleta excelente, resaltando especialmente en atletismo y voleibol. También le gustaban las artes marciales, aunque esas las practicaba en casa, normalmente con su padre, que era un laureado sensei y hombre de negocios.

Soun Tendo era propietario de los Dojos Tendo, escuelas de artes marciales que enseñaban un estilo de lucha centenario, creado por sus antepasados hacía muchísimos años. Se trataba de un negocio sumamente lucrativo, que recibía miles de alumnos de todas las edades cada año. Los dojos estaban ubicados en su mayoría en Tokio, por lo que los jóvenes que deseaban aprender y refinar este estilo de lucha debían mudarse a la ciudad. También había algunos en Yokohama y Kioto, que eran más recientes y parte del plan de expansión de Dojos Tendo. Sin embargo, Soun no planeaba ampliarse más allá de esas ciudades (aunque le llovían ofertas de millonarios inversionistas), no solo porque a él no le hacía falta dinero (de hecho le sobraba), sino porque era una forma de mantener los altos estándares de su escuela.

Akane había crecido en un ambiente lleno de privilegios y comodidades, como la mayoría de sus compañeros de clase, pero con la diferencia de que su padre se había encargado de enseñarles a ella y a sus dos hermanas mayores que el dinero y el apellido no significan nada si no eres una buena persona. La humildad y la solidaridad eran mucho más valiosos e importantes que cualquier fortuna o bien material.

Soun Tendo fue uno de los padres que sugirió que se abriera un programa de becas deportivas en la Academia Furinkan, uno de los institutos más prestigiosos y exclusivos de Tokio, al que solo entraban los hijos de la élite. Muchos padres pegaron el grito en el cielo, pues consideraban que aquello podría dar pie a que cualquier malandrín entrara al colegio a codearse con sus hijos. Por ello, se planteó que uno de los requisitos para conseguir y mantener la beca era tener un expediente disciplinario impecable, además de unas calificaciones decentes.

Por eso Akane consideraba que Ranma era un buen chico. No se había metido en problemas desde que había entrado a la Academia. Y no por falta de oportunidades, porque las bromas, las travesuras y las reputaciones poco decorosas abundaban en Furinkan.

Cuando llegaron a la entrada de los vestidores, dentro del gimnasio, Akane le repitió a Ranma que se lavara bien las heridas y que habían hecho un buen equipo, antes de entrar al vestidor de las chicas. Él asintió con la cabeza y se dirigió al de los chicos.

Tras ducharse y vestirse, Akane y sus amigas salieron del gimnasio y emprendieron marcha hacia el aula de clases.

—Estuviste estupenda hoy, Akane. —Comentó Sayuri—. Cada día me sorprendes más.

—Ella siempre está estupenda. —Añadió Asami—. Y encima haciendo equipo con Saotome y con Ryoga… pfff, así cómo no iban a ganar. Fue casi trampa que los pusieran juntos.

—Oye, oye. —Intervino Yuka—. Yo también tengo mi mérito, eh. Que también estuve en el equipo con ellos.

—Yuka, lo tuyo son los números, vamos. —Esta vez fue el turno de Hiroko—. No es que seas mala deportista, pero sabemos que no fue por que ganaron. —Ante la mirada indignada de su amiga, Hiroko decidió ablandarla—. Pero no hay nadie mejor que tú en matemáticas.

—Chicas, chicas. —Akane le pasó un brazo por los hombros a Yuka—. Lo que ustedes no saben es que Yuka usa las matemáticas para el deporte. Calcula el tiempo, la distancia, todo eso. Y nos ayuda a ganar.

Yuka sonrió con falsa modestia e hizo un gesto con la mano, haciendo que sus amigas rieran.

—Hablando de cálculos. —Preguntó Yuka mirando a Akane—. ¿Qué dice tu reloj de ese trote olímpico que hiciste?

La menor de las Tendo se fijó en su Apple Watch. Su padre se lo había regalado en su último cumpleaños, y para lo que más lo usaba era para todo lo que tuviera que ver con rendimiento físico.

—Dice que fue un trote aplastante. Y que habrá algunos a los que no les gustará perder su récord…

Las amigas de Akane se rieron.

—Lo dirás en broma, pero al estúpido de Tatewaki no le sentará nada bien que le ganaras… —Comentó Asami con saña—. A mí ganar me da igual, pero con tal de verle la cara de idiota cada vez que pierde, hasta yo me inscribo en una maratón.

Más risas. De sus cuatro amigas, Asami era la que menos pasaba a Tatewaki Kuno. Nunca le había agradado porque en el pasado había tenido muchos roces con él por distintos motivos, pero después del incidente ocurrido entre él y Akane durante el verano en la fiesta de Ukyo Kuonji, Tatewaki encabezaba la lista negra de Asami. Se había convertido en persona non grata para ella. Y se lo hacía saber cada vez que podía.

Las cinco amigas entraron al salón de clases y cada una se dirigió a su puesto. La profesora Hinako Ninomiya, de Inglés, no tardó en llegar. Y tampoco tardó en entregarles a los alumnos el examen que tenían para ese día. Los suspiros y quejas no se hicieron esperar, pero los alumnos sabían que la profesora Ninomiya era implacable.

El inglés no era un problema para Akane, y dudaba que lo fuera para el resto de sus compañeros, así que no entendía las quejas. Además, no era como si la profesora no lo hubiera anunciado desde la semana pasada. Pronto la clase quedó en silencio y los alumnos se dispusieron a contestar la preguntas de la prueba. Aquel día, la clase de Inglés duraba noventa minutos, pero la profesora jamás utilizaba toda la hora y media para el examen. Normalmente, les daba cuarenta y cinco minutos a sus alumnos (a veces un poco más, dependiendo de la complejidad del examen) y luego retomaba su clase.

Tras treinta y cinco minutos, Akane ya casi terminaba su examen. Un sonido a su derecha la hizo girar la cabeza. El bolígrafo de la persona que se sentaba a su lado se había caído al suelo y estaba en medio del pasillo, pero al parecer su compañero no lo había notado. Akane se inclinó hacia abajo para recogerlo y entregárselo a Ranma Saotome, que era quien se sentaba junto ella. Tras incorporarse, la chica notó que su compañero tenía una expresión de angustia imposible de ignorar, por lo que Akane decidió mirar su hoja. La mayoría de las preguntas de su examen estaban en blanco. Otras sí tenían respuesta y ella comprobó que estaban correctas. Miró su reloj. Faltaban diez minutos. Si en treinta y cinco había respondido tan pocas preguntas, no había manera de que Ranma pudiera responder lo que le faltaba en solo diez.

Entonces Akane tuvo una idea. Ella no solía hacer eso porque no le parecía apropiado y además la ponía muy nerviosa, pero en aquel momento le pareció la única forma de ayudar a su compañero.

Se giró al lado izquierdo y le hizo señas a Asami para que la mirara, tratando de que la profesora no se diera cuenta. Cuando consiguió la atención de su amiga, le indicó (también a través de señas) que fuera a hablar con la profesora. Asami no hizo preguntas. Era una técnica que ella misma había inventado cuando quería copiar en un examen: le hacía alguna seña a Akane o a otra de sus amigas para que fuera el escritorio del profesor a distraerlo y ella pudiera copiarse con más calma.

Asami se puso de pie y caminó hasta donde la profesora Ninomiya y se detuvo frente a su escritorio, bloqueándole la vista.

—Miss Ninomiya, I have a few questions regarding… (Señorita Ninomiya, tengo algunas preguntas con respecto a…)

Ahora o nunca. Akane se inclinó hacia el puesto de Ranma y, con un movimiento rápido, intercambió su examen con el de él. Ranma la miró sorprendido y sin entender lo que estaba pasando. Se inclinó hacia ella para preguntarle qué estaba haciendo, pero Akane se llevó el dedo índice a la boca. De pronto, notó que el examen de Ranma estaba escrito en tinta verde. ¡Verde! ¿Quién escribía en verde? Ella no tenía verde, y si quería escribir las respuestas… un momento, ¡ella había recogido el bolígrafo de Ranma del suelo!

Le lanzó su propio bolígrafo negro a Ranma y le indicó que se quedara quieto y disimulara, mientras comenzaba a responder las preguntas en el examen de su compañero. Asami volvió a su puesto justo en ese momento.

Diez minutos después, la profesora Ninomiya se puso de pie y les indicó que pasaran sus hojas de atrás hacia adelante.

—Alright, guys. Time's up. You know the drill. (Bien, chicos. El tiempo se acabó. Ya saben qué hacer).

Akane aprovechó el movimiento de hojas para devolverle a Ranma su examen. Él le dio a ella su prueba y aquí no ha pasado nada. Cada uno pasó su propio examen hacia adelante, ajenos a si alguien había notado su intercambio. Era probable, pero ambos sabían que nadie diría nada.

—Akane... gracias. —Le dijo Ranma con un gesto de sincero agradecimiento—. No tenías por qué hacer eso…

—De hecho sí tenía. —Contestó ella—. Era lo menos que podía hacer después de que te hubieras dejado la piel, literalmente, en la pista de atletismo para que ganáramos.

Akane debía admitir que aunque no había dedicado demasiado tiempo a contemplar el físico de su compañero de clases, en parte porque hasta hacía unos meses ella había estado saliendo con alguien y no se fijaba en ningún otro chico, y en parte porque ahora era él el que estaba saliendo con alguien. Pero había momentos en los que le era imposible no pensar que Ranma era verdaderamente guapo. Como en ese momento, que le sonreía como un niño que acababa de ser salvado de una reprimenda, con el pelo todavía húmedo por la ducha después de la clase de Educación Física. Sus ojos azules, enmarcados por unas preciosas pestañas negras, eran verdaderamente bonitos.

—Pues voy a dejarme caer más a menudo —Bromeó él y se rió—, no, mentira. Voy a tener que estudiar más. —Suspiró—. Es que… hay temas que me cuestan más que otros…

Esa había sido la razón por la que Akane lo había ayudado. Sospechaba que en el anterior instituto de Ranma el nivel de inglés no era tan avanzado como en Furinkan, por lo que era una materia en la que solía tener dificultades. Y en la que podía llegar a ser el objeto de bromas de algunos compañeros crueles. Pero ella había visto su progreso, y además sabía que debía tener buenas notas para mantener la beca, así que no le había costado nada echarle una mano.

—Me imagino. —Contestó ella, tratando de que no se le notara esa breve atracción—. Pero si te hace sentir mejor, no estás tan perdido. Las preguntas que respondiste estaban bien.

Ranma parpadeó. ¿De verdad? Vaya, entonces sí estaba aprendiendo.

El chico volvió a agradecerle a Akane por haberse arriesgado de aquella manera para ayudarlo. Uno de los miedos de Ranma al entrar a la Academia Furinkan el año anterior había sido el de ser rechazado o ignorado por sus nuevos compañeros debido a su condición de estudiante becado; sin embargo, le había sorprendido descubrir que muchos de los estudiantes eran verdaderamente amables con él; Akane Tendo era una de esas personas.

La chica había llamado la atención de Ranma al poco tiempo de iniciar su primer año en Furinkan. Había sido la primera persona en sonreírle, y Ranma recordó que aquella preciosa y cálida sonrisa le quitó el aliento. En ese momento, la chica llevaba el pelo por debajo de los hombros, pero tras el inicio del nuevo año escolar, Akane había aparecido en clases con el pelo más corto, por la mitad del cuello. A Ranma siempre le habían gustado más las chicas con el pelo largo, pero debía admitir que Akane se veía fenomenal de cualquier forma.

Él había tenido la oportunidad de compartir con ella porque era cercana de Daisuke y de Hiroshi, dos chicos con los que Ranma había hecho amistad, pero la chica nunca había mostrado interés por él más allá de una cordialidad amistosa. Pero lo cierto es que la chica le caía bien y le gustaba su ímpetu para los deportes, que era donde más habían congeniado, en ocasiones incluso llegando a rivalizar un poco en la clase de Educación Física, pero siempre sanamente.

La profe Ninomiya les pidió silencio para continuar con lo que tenía planeado para ese día. Los dos adolescentes volvieron su atención a la profesora y sacaron sus cuadernos de apuntes, como si nada hubiera ocurrido.


Cuando el avión de papel cayó sobre su libreta de apuntes al final de la clase de inglés, Ranma ni siquiera sospechó que aquel simple gesto sería el primero de una serie de eventos desafortunados que harían tambalear el status quo y que cambiarían algunas cosas de su vida; después de todo, ya estaba acostumbrado a los aviones que sus compañeros de clase solían lanzar de vez en cuando. Los usaban para muchas cosas: dar a conocer alguna invitación a una fiesta, hacerse bromas entre ellos, dar respuestas de tareas y exámenes, entre otras cosas.

Alzó la cabeza y se fijó en que la profesora seguía dándole la espalda a la clase, mientras escribía en la pizarra y hablaba del present perfect tense o cualquier otro tiempo verbal que todavía confundía a Ranma.

Disimuladamente, el pelinegro bajó el avión hasta su regazo, desdobló el papel y se encontró con que esta vez el contenido de la hoja era muy diferente al usual. Se trataba de una pregunta escrita con una caligrafía que no reconoció. Además de la pregunta, había una lista de nombres femeninos escritos con distintas caligrafías. Algunos de los nombres se repetían varias veces. Reconoció la hoja casi de inmediato. Se trataba de una lista que varios chicos habían estado circulando por la clase durante el día; una especie de votación en la que solo los varones tenían voz y voto. En algún momento, alguien la había doblado hasta formar un avión de papel.

Frunció el ceño y miró su alrededor, para ver si podía identificar a la persona que le había lanzado el avioncito. Daisuke, uno de sus mejores amigos, lo miraba expectante a su derecha. Por un momento, Ranma pensó que su amigo había sido quien le había lanzado el avión, pero recordó que había llegado de la dirección opuesta.

—¿Ya tienes tu respuesta? —Le preguntó Daisuke en voz baja—. Yo lo tengo muy claro, así que si tienes que pensarlo, déjame la lista para escribir…

En el momento en que Ranma le pasó la hoja a su amigo, la profesora se dio la vuelta al tiempo que sonreía tras decir uno de sus chistes en inglés, que sus compañeros solían encontrar graciosos, pero que Ranma tenía problemas para entender.

—Mr. Ranma, Mr. Daisuke. —Los miró con atención. Los había pillado charlando e intercambiando un papel que claramente nada tenía que ver con la clase—. Is there anything you two want to share with the rest of the class? (¿Hay algo que quieran compartir con el resto de la clase).

Por suerte para Ranma, Daisuke salió al rescate de ambos.

—Oh, well, Ranma was just asking me to check his grammar practice for him. That's all, Miss Ninomiya. (Bueno, Ranma solo me estaba pidiendo que revisara su práctica de gramática. Es todo, señorita Ninomiya).

La profesora pareció satisfecha con la respuesta, así que asintió con la cabeza. Antes de continuar con la clase, miró a Ranma con una sonrisa casi imperceptible.

—I'm glad to see you're committed to this class, Ranma. Good job. (Me alegra ver que estás comprometido con esta clase, Ranma. Buen trabajo).

El pelinegro asintió con la cabeza y le dio las gracias a la profesora. Luego miró a su amigo y le agradeció por salvarles el pellejo. Sabía que la profesora Ninomiya, aunque era una buena tía, podía haberles pedido que le entregaran el papel para leerlo en voz alta. Lo había hecho en ocasiones anteriores con otros compañeros, ocasionando las risas del resto de la clase y la vergüenza del que se veía expuesto. En esta ocasión, aquello hubiera tenido consecuencias nefastas, pues el contenido de la hoja no era nada inocente, así que era altamente probable que él y Daisuke (y probablemente el resto de los varones de la clase) se hubieran metido en un buen lío.

Cuando la profesora se sentó en su escritorio y les indicó a los alumnos que podían conversar durante los seis minutos que le restaban a la clase, Ranma se inclinó hacia el pupitre de Daisuke para ver qué nombre había escrito en la lista. Frunció el ceño y trató de esconder una sonrisa. Acababa de descubrir algo que no sabía de su amigo.

—¿Yuka Okamura? —Inquirió en voz baja con curiosidad e interés—. ¿Te gusta Yuka Okamura? Vaya… yo pensé que solo era tu mejor amiga, y que las chicas que te gustan eran esas con las que coqueteas y te besuqueas en fiestas.

Daisuke esbozó una sonrisa mientras doblaba la hoja en los pliegues marcados, volviendo a formar un avioncito de papel. Miró a Ranma sin borrar su picaresca sonrisa.

—Sí, somos amigos. Pero... me gusta. Es súper inteligente y además es muy sexy. —Respondió sincero—. Y tras ver la lista veo que no soy el único que lo piensa, así que voy a tener que invitarla a salir antes de que se me adelante alguno de estos…

Daisuke lanzó el avión de papel hasta que cayó en el escritorio de otro compañero, quien tras desdoblarlo lo leyó y procedió a escribir algo en la hoja. Ranma observó la escena desde su pupitre, hasta que el chico alzó la mirada para buscar a alguien que todavía no hubiera escrito nada. Como notó que Ranma estaba mirándolo, lanzó el avión de papel en su dirección. El pelinegro no pasó por alto que todos en la clase estaban al tanto del intercambio de aviones, pero a juzgar por las expresiones en los rostros de sus compañeros, era evidente que solo los chicos conocían el contenido de la hoja. Las chicas, por su parte, parecían cuchichear entre ellas, preguntándose qué estarían tramando sus compañeros.

—Me imagino que vas a poner el nombre de Shampoo, ¿no? —Le preguntó picaresco—. Tampoco serías el primero que lo hace, pero al menos eres tú quien sale con ella. —Le guiñó un ojo.

Ranma volvió sus ojos a la lista y notó que varios de sus compañeros habían escrito el nombre de Shampoo debajo de la pregunta que había sido escrita con tinta roja: ¿Quién es la chica que más te pone?

Desde hacía un par de meses, Ranma salía con Shampoo Sakuma, una de las chicas más guapas de la Academia Furinkan. Durante su primer año en la academia (el año pasado), ella y Ranma habían congeniado y se habían llevado bien, pero no habían salido ni nada parecido, ni siquiera diría que se habían hecho amigos. Hacía un par de meses, a inicios de este año escolar, Shampoo y él coquetearon varias veces, pero Ranma no hizo nada hasta que ella no mostró un claro interés romántico en él. Y con mostrar un claro interés romántico en él se refería a que la chica le había plantado un beso de época contra la máquina dispensadora de bebidas y chucherías, luego de un entrenamiento de fútbol.

Antes de escribir un nombre en el papel, Ranma se lo pensó bien. Evaluó mentalmente a todas sus compañeras de clase. Sí, Shampoo estaba buenísima y de todas las chicas de su clase era ella quien tenía el cuerpo más voluptuoso, y a la verdad es que a él le encantaba mirarla y besarla, entre otras cosas. Pero había otra chica que siempre le había llamado la atención, no solo porque le parecía que era preciosa de cara, sino porque su actitud y personalidad la hacían muy atractiva e interesante. Era una de las chicas más atléticas de Furinkan, destacaba en casi todos los deportes y además sabía mucho de ellos. Se llevaba bien con casi todos y era muy buena estudiante. A Ranma siempre le había llamado la atención que a pesar de ser una chica bondadosa y amable, tenía un carácter muy fuerte y decidido, pues no se dejaba de nadie y no le temblaba la mano para poner a las personas en su lugar (sobre todo a los chicos). Le parecía una chica guapa, interesante y su carácter se le hacía muy sexy. Y aunque Shampoo definitivamente parecía salida de un sueño húmedo, a Ranma no terminaba de engancharle su personalidad. No era una mala persona, pero podía llegar a ser muy posesiva, superficial e incluso cruel con algunos de sus compañeros. Era una niña rica y caprichosa que se molestaba cuando las cosas no se daban como ella quería.

Cogió su bolígrafo verde y escribió un nombre en el papel. Cuando levantó el brazo para lanzar el avión, una mano salida de la nada cogió el papel. Ranma se giró para ver como Hiroko Suyama, quien se sentaba detrás de él, cogía el avión y comenzaba a desdoblarlo. Tanto él como Daisuke entraron en pánico al ver que la chica de pelo muy corto leía el contenido. Si había una persona que odiaría esa lista, era precisamente Hiroko, quien no perdía oportunidad para señalar las conductas machistas de sus compañeros. En efecto, cuando leyó de qué se trataba, Hiroko alzó el rostro y miró a Daisuke y a Ranma como si fueran dos apestados. Negó con la cabeza, dobló el avión de papel y lo lanzó al cesto de la basura, demostrando tener una excelente puntería, para sorpresa de sus compañeros.

Daisuke intentó excusarse con ella, mientras Ranma suspiraba aliviado al ver que no los acusaba con la profesora, pues ese tipo de cosas seguramente no serían bien vistas en un sitio de tanta alcurnia.

La Academia Furinkan era uno de los institutos más prestigiosos de Tokio. Destacaba por la altísima calidad del pénsum académico, por su robusto currículum de actividades extracurriculares y por su excelente programa deportivo. Pero lo que verdaderamente fortalecía y mantenía la reputación de la Academia era el origen de su alumnado: la mayoría pertenecía a las mejores familias del país. Algunos eran hijos de grandes empresarios, herederos de importantes fortunas y grandes compañías, mientras que otros venían de estirpes con gran influencia y cuyo impacto en la sociedad japonesa había sido significativo y se había mantenido durante varias generaciones. Un pequeñísimo grupo del cuerpo estudiantil gozaba del privilegio de estudiar allí no porque su familia pudiera permitirse la colegiatura o porque tuvieran un apellido rimbombante, sino porque gracias a sus magníficas calificaciones o a sus impresionantes dotes atléticas habían recibido una beca para estudiar en la Academia. Ranma Saotome era uno de esos estudiantes.

Hijo único de un maestro de entrenador de artes marciales y educación física y de una ama de casa, Ranma destacó en los deportes desde muy pequeño. Su padre, que estaba obsesionado con que su hijo llegara a ser todo lo que él no había sido, se empeñó en entrenarlo hasta el agotamiento en cuanto deporte se le cruzó por el frente. Y aunque el pequeño niño destacó en todas las disciplinas que practicó (un prodigio deportivo en ciernes) fue en dos en los que verdaderamente mostró una superioridad apabullante sobre sus compañeros: el karate y el fútbol. Genma Saotome, el padre del chiquillo, pronto vio en su hijo todo lo que él no pudo ser, así que se trazó como meta de vida que su el chico fuera o un atleta de élite o al menos lo suficientemente destacado como para que el deporte le abriera las puertas hacia un mundo diferente: el mundo del éxito y del dinero.

Por supuesto que aquel empeño obsesivo y enfermizo no se debía al deseo paternal de ver al hijo cumplir sus sueños y alcanzar el éxito a través de sus méritos y de aquello por lo que sintiera amor; en realidad, Genma deseaba que Ranma consiguiera todo eso porque él mismo no pudo llegar a hacerlo (los motivos de sus fracasos variaban, según quien fuera su interlocutor o si había o no bebido). Y también, claro que sí, para verse beneficiado social y económicamente por los frutos del éxito de su único hijo.

Fue por ello que cuando un colega del sindicato de profesores de educación física le comentó que en el instituto en el que trabajaba se habían abierto las pruebas para las becas deportivas, Genma vio la oportunidad de oro que tanto había estado esperando. La Academia Furinkan era el lugar perfecto para Ranma. No solo sería moldeado, exigido y dirigido por los mejores entrenadores deportivos del gremio académico pre-universitario, sino que además se codearía con la crema y nata de la ciudad. Tal vez incluso se echara una novia rica con la cual pudiera casarse en algún momento. Y si no, las puertas a buenas universidades se abrirían para él. Un dolor de cabeza menos.

Ranma fue el primer seleccionado de todos los que hicieron la prueba. Al principio, el cambio de ambiente lo arrolló como lo hace un tranvía a un peatón despistado. No estaba acostumbrado a los métodos internacionales, ni tampoco al alto nivel de inglés, y muchísimo menos al estilo de vida casi inalcanzable y de película que tenía la mayoría de sus compañeros. Pero estaba agradecido por la oportunidad y se sentía fascinado por las instalaciones deportivas del colegio. Pronto congenió con sus compañeros de equipo y se encontró disfrutando enormemente del alto nivel de los otros institutos que competían en la liga intercolegial de colegios privados. Además, las chicas en Furinkan eran preciosas, aunque en su primer año no salió con ninguna, pues no tenía experiencia con chicas y se sentía un poco cohibido y fuera de sitio entre todas esas princesitas (eventualmente Ranma aprendería que las princesitas también podían ser diablitas). Pero el motivo que más influyó en su adaptación era que por fin ya no tendría que vivir bajo el yugo opresor y exigente de su padre. Genma había dejado el desarrollo atlético y deportivo de su hijo en manos de los entrenadores de la Academia, algo que para Ranma fue un completo alivio.

Las condiciones para conservar la beca eran claras: mantener un alto nivel deportivo, lo que incluía asistir a todas las prácticas y entrenamientos y a los partidos; aprobar todas las asignaturas y obtener sobresalientes al menos en dos (educación física no contaba para los becados por deporte); y mantener una conducta impecable.

Como Ranma sabía que su padre era un hombre que cumplía sus promesas, y éste le había dicho que si perdía la beca (por la razón que fuera), le daría una paliza y se encargaría de que se pasara el resto de su vida arrepintiéndose de ello, se esforzaba por seguir las reglas, estudiar (aunque definitivamente no era el más destacado de los alumnos) y evitar los líos. Y, tras un año en la Academia, podía decir que había cumplido con éxito las exigencias propias y ajenas. Y encima, había ligado con una preciosura.

Alright guys, class' almost over, so I'd like to remind you... (Muy bien, chicos, la clase casi se acaba, así que me gustaría recordarles...)

La voz de la profesora Ninomiya hizo que Ranma volviera su atención a la clase y se olvidara de la hoja, pues sabía que alguno de los chicos la cogería del cesto en cuanto sonara el timbre del segundo receso.


Los estudiantes volvieron a sus aulas tras finalizar el segundo receso, sin demasiadas ganas de atender a la última clase del día, que encima duraba casi dos horas. A medida que entraban al salón de clases, la mayoría se dirigió a su respectivo asiento, pues sabían que el profesor siempre llegaba a tiempo. Pero hubo varios estudiantes que no fueron a sus pupitres, ya que se sintieron atraídos al conglomerado que se estaba formando alrededor de la pizarra.

—¿Quién coño habrá hecho esto? Es de muy mal gusto. —Comentó una chica.

—Ya me imagino quiénes están detrás de esto… —Dijo otra.

—¿Aparece mi nombre? —Preguntó una tercera.

La voz burlona de Tatewaki Kuno llamó la atención de todos los presentes, incluso de los estudiantes que no rodeaban la pizarra.

—Vaya, ¡cómo está la competencia aquí! —Se rió mientras despegaba la hoja de papel que alguien había pegado en la pizarra—. ¡Okamura, joder, tienes un club de fans!

Yuka frunció el ceño y miró a Kuno con desprecio. Él ni siquiera debía estar ahí, tomando en cuenta que estaba en la otra sección. Desde séptimo grado hasta el último año, cada grado o generación estaba dividida en dos salones de clase o secciones, para que la atención fuera más personalizada y no hubiera tantos estudiantes en un solo salón.

—¿De qué hablas? Tatewaki, ¿por qué mejor no te vas a tu clase y dejas de molestar?

Él alzó ambas cejas y apartó a las personas que estaban a su alrededor.

—Espera, ¿es que no has visto la lista? —Alzó la hoja de papel y comenzó a moverla en el aire—. ¡Pero si aparece tu nombre varias veces!

Hiroko abrió los ojos exageradamente.

—No me lo puedo creer, serán cabrones…

—¿Cuál lista? —Preguntó una incauta Sayuri mientras miraba a Yuka y frunciendo el ceño.

—¿Y yo qué voy a saber, Sayuri? Estoy tan perdida como tú.

Ryu Kumon, un estudiante que también estaba en la otra sección y al que le encantaban las bromas, le quitó la hoja de papel a Tatewaki y se subió al escritorio del profesor.

—¡Y tal parece que las mojigatas también levantan pasiones! —Exclamó burlón y posó sus ojos en Sayuri—. Parece que se la pones dura a más de uno, Hiramatsu.

Sayuri se sonrojó completamente, no solo porque todos sus compañeros habían volteado a mirarla, sino por las palabras que había usado Ryu para referirse a ella.

Asami miró a Hiroko—. ¿Es la lista de la que me hablaste? —Le preguntó a su amiga—. ¿La de las tías…?

Hiroko asintió con la cabeza. Asami se puso de pie y caminó con paso firme hasta el escritorio del profesor.

—Dame la hoja. —Exigió a Ryu extendiendo su mano.

El chico la miró sin borrar su sonrisa altanera, desde su posición de falsa autoridad de pie sobre la mesa. Al dirigirse a ella, utilizó un tono coqueto.

—¿Y por qué habría de hacer eso, bombón?

—Porque si no me la das, voy a ir ya mismo a la oficina del director y te voy a acusar de misógino. —Su voz no dejaba espacio para la negociación—. Le voy a decir que tú y el otro estúpido están cosificando a todas las chicas con una lista de mierda que promueve el sexismo.

Hiroko sonrió desde su asiento, orgullosa de su amiga.

Ryu la miró sin decir nada durante varios segundos. Dio un paso adelante, se agachó ligeramente y le extendió la hoja a Asami. Cuando la chica intentó cogerla, él alejó su mano hacia atrás y esbozó una sonrisa antes de hablarle en voz baja, para que solo ella pudiera escucharlo.

—Para algunas cosas eres muy rápida y muy buena, bonita, pero para otras no tanto…

La indirecta le sentó a Asami como un gancho al hígado. Su rostro se enrojeció mientras la rabia se apoderaba de ella. Estuvo a punto de cogerlo por el tobillo para que se cayera, pero una voz la interrumpió.

—¿Qué pasa? —Ryoga Hibiki acababa de entrar al salón de clases junto a Akane—. ¿Qué haces tú ahí arriba?

—Hemos encontrado un avión de papel con un contenido muy interesante. —Respondió Kuno—. ¿Me haces los honores, Ryu?

El chico asintió con la cabeza y leyó en voz alta:

¿Cuál es la chica que más te pone? —Los miró a todos desde la mesa—. Y a que no saben qué más hay escrito en la hoja...

Las chicas que todavía no se habían enterado de la existencia de la lista se miraron entre ellas, y entonces todo tuvo sentido. El secretismo y la complicidad que había habido todo el día entre los varones, el intercambio del dichoso avioncito de papel, las cosas que habían estado escribiendo en la hoja. Todo.

Yuka y Sayuri se miraron, y luego miraron a Hiroko y a Akane. Asami volvió a extender su mano.

—Te he dicho que me des la puta hoja. ¡Venga!

—Y yo te he preguntado por qué habría de hacerlo —Respondió Ryu sin perder la calma, como si nada de lo que Asami le dijera pudiera robarle la paz—, y el motivo que me has dado no me ha convencido, corazón.

Esta vez, la respuesta no vino de Asami.

—Porque como no se la des, te vas a llevar una hostia que no te va a dejar dormir en una semana.

Ryu posó sus ojos en Akane Tendo, que lo miraba con los brazos cruzados y con una expresión que no admitía negociación alguna. El chico mantuvo el contacto visual durante varios segundos, tratando de identificar algún titubeo o duda, pero al no encontrarlo, buscó a Asami con la mirada. Ella asintió con la cabeza. Ryu se bajó de la mesa y caminó hasta Akane. Cuando estuvo frente a ella, le entregó la hoja de papel.

—Ni siquiera me dejaste contar cuántas veces aparece tu nombre, Tendo. —Le dijo con falsa inocencia.

Sin decir nada más, le dio la espalda y comenzó a caminar en dirección de la salida, no sin antes guiñarle el ojo y lanzarle un beso a Asami. Tatewaki también salió. Justo en ese momento, Ranma, Daisuke, Hiroshi y otros estudiantes que habían demorado en volver del receso, entraron al salón de clases, recibiendo comentarios y bromas de parte de Ryu y Tatewaki sobre su buen gusto.

Akane se acercó a Asami, que parecía a punto de explotar de rabia, y le entregó la hoja. Asami le dedicó una dura mirada a todos los chicos.

—¡Son todos unos idiotas! Si creen que son mejores que esos dos estúpidos, pero escribieron un nombre en esta lista —dijo moviendo la hoja de papel arrugada—, les informo que no son mejores que ellos. Son iguales. A ver si maduran de una puta vez…

—¿Qué ha pasado? —Preguntó Ranma en voz baja, sin entender el reclamo de Asami Kobayashi, una chica que solía tomárselo todo con calma y que siempre estaba de buen humor.

Daisuke, que había captado todo desde el momento en el que había entrado al aula y que además conocía bien a Asami, le respondió.

—Parece ser que han cogido la lista y la han leído…fuck.

—¿La li…? —Ranma abrió los ojos de forma exagerada—. ¿La del avión de papel?

Daisuke asintió con la cabeza. Los nervios asaltaron a Ranma, ¿quién la habría visto? ¿Habría llegado a manos de Shampoo? Esperaba que no, porque nadie debía enterarse de que él no había escrito el nombre de su ligue en la lista. Muchísimo menos ella.

—Les dije que era una idea de mierda y no me hicieron caso. —Comentó Hiroshi, uno de los pocos chicos que había pasado de escribir en la lista—. ¿Qué necesidad tenían de escri…?

Pero no hubo tiempo de nada más. John Taro, el profesor de Historia, entró al aula y les indicó a los estudiantes que tomaran asiento para iniciar con la clase. Asami se acercó al cesto de la basura y echó allí la hoja de papel, deseando tener enfrente al estúpido de Ryu Kumon para ponerlo en su lugar.

Nota mental, pensó Asami, no volver a liarme con idiotas.


El timbre que anunciaba el final de las clases sonó, los estudiantes recogieron sus cosas y comenzaron a marcharse. Como todos los jueves, así que había un ambiente distendido y de emoción generalizada, algo habitual en la víspera del viernes.

Muchos de los estudiantes tenían chóferes que los recogían en la Academia y los llevaban hasta sus casas; a otros los recogían sus padres; y luego estaban los que se marchaban caminando, pues sus casas no quedaban demasiado lejos de Furinkan. Shampoo Sakuma era una de esas estudiantes. Normalmente, era de las primeras en salir del aula, junto a su grupo de amigas. Aquel día, sin embargo, se fue la última. Y no precisamente porque se hubiera quedado copiando algo de la pizarra.

Cuando no hubo nadie más en el aula, Shampoo se puso de pie con la mochila en el hombro y salió. Pero en vez de dirigirse hacia la salida, se detuvo en la puerta del otro salón de clases y miró a través de la ventana. No había nadie. Entró y se dirigió al cesto de la basura. Por suerte para ella, sus compañeros de la otra clase no habían botado demasiadas cosas ese día. No le costó encontrar lo que buscaba. El papel estaba arrugado y tirado encima del resto de los desechos. Lo sacó del cesto y la desdobló despacio. La hoja tamaño carta mostraba una pregunta y una lista de nombres femeninos. Shampoo sonrió complacida (aunque no sorprendida) al leer su nombre múltiples veces.

Era consciente del efecto que generaba en el sexo opuesto; le gustaba que la desearan, incluso cuando ella no estaba interesada en la persona. Su genética y apariencia privilegiada le permitía salir con cualquier chico que ella quisiera. Había momentos en los que no le apetecía estar con nadie, pero había otros en los que le gustaba lucir ante todo el mundo a su conquista de turno. ¿La de ese momento? Ranma Saotome, el sexy becado que había llegado a la Academia el año anterior. En principio, Shampoo no había estado interesada en él (aunque mentiría si dijera que no le había parecido hermoso), ya que había empezado a apuntar más alto (hacia los chicos de último año), así que liarse con un chico de su curso no estaba entre sus prioridades. Pero sus prioridades cambiaron luego de que el objeto de su interés pasara de ella porque tenía novia (algo que Shampoo no sabía, ya que la chica iba a otro colegio), y luego de que varias de compañeras comenzaban a mostrar interés en el pelinegro (algo que él pareció no notar). Entonces decidió que sería la chica que conquistaría a Ranma. Fue pan comido.

De hecho, la verdadera razón por la que había recogido el avión no era para verificar lo que ya sabía (sus compañeros babeaban por ella), sino para comprobar que Ranma hubiera escrito su nombre.

Luego del segundo receso, Shampoo había entrado a la otra clase para ver por qué había tanto alboroto y qué era lo que hacían Tatewaki y Ryu, dos compañeros de su clase, allí. No tuvo tiempo de echarle un ojo personalmente a la lista, así que esperó pacientemente a que las clases terminaran para escabullirse y cogerla. Ella conocía la letra de Ranma porque habían intercambiado alguno que otro mensaje cursi y coqueto a través de papelitos y avioncitos, pero además sabía que era el único que escribía en tinta verde, así que no fue nada difícil encontrar la respuesta de su ligue.

Por una fracción de segundo, Shampoo creyó haber leído mal o haber confundido la letra de Ranma, incluso llegó a creer que tal vez el pelinegro no hubiera participado de la lista; pero rápidamente se dio cuenta de que no era un error. Su letra estaba ahí, en tinta verde. Ranma sí había escrito un nombre en la lista.

Un nombre que no era el suyo.

De pronto, fue como si todo a su alrededor se tornara borroso. Shampoo sintió un nudo en la garganta que pronto dio paso a un sentimiento que no había sentido jamás, porque aquella era la primera vez que le ocurría algo como eso. ¿Cómo era posible que Ranma prefiriera a otra antes que ella? Que hubiera sido capaz siquiera de fijarse en otra le hacía hervir la sangre, pero que encima hubiera escrito su nombre en aquel maldito papel era más de lo que ella podía tolerar.

Un nombre que otros también habían escrito.

No lo entendía. No quería entenderlo y tampoco quería aceptarlo. Ella era la chica más guapa de toda la Academia, era casi ridículo que su nombre no fuera el único que apareciera en aquella estúpida lista. Debería estar repetido quince veces, en quince caligrafías distintas. Pero bueno, sabía que eso sería casi imposible. Ese no era el problema; no se sentía amenazada por las otras chicas porque sabían que no eran su competencia. Con lo que no podía lidiar era con que Ranma hubiera preferido a otra antes que a ella. ¿Es que acaso no era suficiente para él? ¡Y encima ella! ¡De todas las chicas de la Academia, la elegía a ella! ¡Era absurdo! No tenía sentido alguno. ¿Qué coño tenía esa chica que no tuviera ella? ¡Nada, absolutamente nada! Y aún así, Ranma había escrito su nombre en el papel.

Un nombre que no debería estar allí.

Arrugó la hoja con la mano y trató de respirar profundo, pero no funcionó. Ranma iba a oírla. Se las iba a cantar todas, una por una. No iba a dejar las cosas así. Si Ranma creía que iba a salirse con la suya, estaba muy equivocado. Lo haría pagar. Por haberla traicionado y humillado. Por haber preferido a otra. Por haber escrito un nombre que no era el suyo.

Un nombre que jamás pensó leer.

Akane Tendo.


Si has llegado hasta aquí, ¡muchísimas gracias por leer!

He vuelto con una nueva historia de Ranma 1/2. Breves palabras sobre su contenido: es un universo alternativo (evidentemente) y habrá elementos OOC, como también habrá uno que otro personaje inventado por mí, pero la mayoría serán personajes del anime o del manga. Como ya he dicho antes, nunca he estado en Japón, así que por favor no se esperen una historia demasiado apegada a las costumbres japonesas, aunque como siempre, haré todo lo posible por contar con hechos/situaciones/costumbres/etc auténticas japonesas. Importante mencionar que la Academia Furinkan es un colegio internacional, así que su programa/formato es más internacional que japonés. Si estudiaron en un colegio/instituto internacional, entenderán a lo que me refiero.

Hay varios personajes que no tienen apellido en el manga o en el anime (Yuka, Daisuke, Hiroshi, Shampoo, Sayuri, etc...), así que lo que he hecho es que les he dado el apellido del actor de doblaje que hace sus voces en japonés.

Los protagonistas de la historia son Ranma y Akane, quienes tendrán la mayor parte del "tiempo en escena", pero Aviones de Papel contarán con la presencia reiterada de varios personajes como Asami, Yuka, Daisuke, Hiroshi, entre otros, quienes también tendrán su dosis de protagonismo y a quienes podrán leer como complemento para la historia principal de Ranma y Akane.

Muchísimas gracias por leer. Si les ha gustado, si tienen dudas, teorías, etc, no duden en dejar un review. Me encantan conversar con ustedes y conocer sus impresiones sobre la historia.