Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 12
¿Tienes planes esta noche? E x
Estaba preparándome para irme luego de terminar mi día, había sido uno muy pesado. Estaba cansada, asustada por Royce y encima de todo inquieta, excitada e impaciente.
De hecho, sí tengo. B x
No alcé la vista al enviar el mensaje, pero casi podía imaginar el ceño fruncido en su rostro y, efectivamente, una respuesta cortante llegó unos segundos después.
Asegúrate de enviarme mi horario para mañana antes de irte. E
Me reí para mí; era tan fácil hacerlo reaccionar.
¿No me vas a preguntar cuáles son mis planes? B x
No. E x
Dios mío, ¡eres un gruñón! Pregúntame… ¿por favor? B x
Bien. Bella, ¿podrías por favor decirme qué planes tienes para esta noche? E x
Tengo una cita con un hombre muy lindo, pero gruñón. B x
Oh, ¿en serio? ¿Y qué podría esperar de esta cita ese hombre lindo, pero gruñón? E x
Revisa el bolsillo de tu abrigo… creo que esa debería ser toda la información que necesitas. El horario ya está en tu bandeja de entrada. Llámame cuando termines aquí, ¿de acuerdo? B x
Me apreté la chaqueta alrededor del cuerpo y me reí al caminar hacia el elevador sin ropa interior, la cual estaba ahora guardada en el bolsillo del abrigo de Edward. Todavía ni siquiera había bajado un piso cuando mi celular vibró.
Ya terminé aquí. E x
¿Un poco ansioso? Ve a tu hotel y llegaré ahí en una hora. B x
Una hora es demasiado, Bella. No puedo esperar. E x
Pues vas a tener que esperar, Sr. Cullen. B x
Me apresuré en llegar a casa y por si acaso terminaba pasando la noche allá otra vez, agarré mi maleta y un conjunto de trabajo para la mañana siguiente. Estaba a punto de meterme en la ducha cuando Amber entró a mi habitación.
—¿Bella?
—Aquí —grité desde el baño.
Cerré la puerta de la regadera y se sentó en la raza.
—¿Supongo que lo verás de nuevo esta noche?
—Definitivamente. —Me asomé fuera de la ducha, ella estaba sonriendo.
—Entonces, ¿cómo se portó en el trabajo? —preguntó—. ¿Todavía fue un carbón o actúo de forma cortés contigo?
—Se mantuvo profesional la mayor parte del tiempo —le dije, riéndome para mí cuando pensé en el incidente de las bragas.
—Entonces, ¿qué pasó cuando no estuvimos?
—Me acompañó a casa luego de que me desperté en su hotel y aclaramos las cosas. Tuve que trabajar el sábado para compensar el tiempo que falté el viernes y decidí atormentarlo un poco. Use la blusa blanca translucida y ropa interior sexy. —Escuché a Amber reír—. ¿Puedes pasarme una toalla? Ya terminé.
Me ofreció una.
—Oh, el pobre tipo. De verdad no tenía idea de con quién se estaba involucrando, ¿verdad? Entonces, ¿cuánto tiempo lo hiciste sufrir? O sea, sé que estuvo aquí el domingo, pero lo hiciste esperar, ¿cierto?
—Um… no exactamente —dije avergonzada—. Eso estaba planeando, pero…
—Bella —gimió—. ¿Te lo follaste en el trabajo?
—Un poco —admití—. Fue totalmente su culpa; se volvió muy asertivo y demandante en el teléfono y…
—¿Y tu ropa se quitó sola? —se rio—. ¿O lo hiciste tú?
—No, no, él hizo esa parte. —Sonreí—. En su oficina, mientras estaba sentada en su escritorio.
—Qué bien —dijo con un asentimiento de aprobación.
—Carajo, sí lo fue, Amber —suspiré—. Luego me llevó a cenar a Vasqualia el sábado en la noche.
—Vaya, ¿consiguió reservaciones en Vasqualia? —me siguió hacia la habitación y se sentó en la cama—. Ahora, ¿qué sigue?
—Pues obviamente nadie puede saber lo que está pasando. Así que iré tomando un día a la vez —me encogí de hombros.
—¿Y sobre el hecho de que fue todo un cabrón contigo?
—Hablamos sobre muchas cosas este fin de semana, Amber. No estoy poniendo excusas, le dije que se portó como un cabeza de pito y se disculpó. Sé por qué es cómo es y lo entiendo… tú también lo entenderías si supieras por lo que ha pasado. —Me senté a su lado—. Con todo lo que está pasando en mi familia ahora, sólo quero tener algo divertido y créeme, estar con Edward es muy divertido.
—¿Y qué pasara cuando termine todo este asunto de trabajadora independiente?
—Supongo que ese será un puente que cruzaremos al llegar ahí. —Intenté sonar casual, pero ella vio a través de mí.
—No quiero que salgas herida, Bella. Puedo ver que estás loca por este hombre, ¿y si sus razones para mantenerlo en secreto son diferentes a las tuyas? ¿Qué vas a hacer si él no ve esto como algo más que… sólo sexo?
—No sé. —La verdad esa posibilidad me molestaba inmensamente y no estaba segura de qué más podía decir. Amber me rodeó los hombros con un brazo y nos quedamos ahí sentadas en silencio por unos minutos. Eventualmente alejé toda preocupación sobre los planes que Edward pudiera tener a largo plazo para nosotros y me levanté—. Necesito alistarme. Él hizo algo muy lindo por mí hoy así que quiero agradecerle.
Ella sonrió.
—¿Qué cosa linda hizo?
—Yo encontré un manuscrito que el equipo de edición había rechazado y le dije que era bueno; él lo aprobó y les dijo a todos en la reunión que yo lo había visto.
—Así que tal vez no es tan malo —me guiñó.
Me sequé rápidamente el cabello y lo até en una coleta. Amber seguía sentada en mi cama contándome sobre su fin de semana en Nueva York y que planeaban regresar en unas semanas. En repetidas ocasiones me pidió que fuera y siempre le contestaba que no podía permitírmelo, incluso se ofreció a comprarme unas cuantas cosas, pero yo todavía sentía la misma aversión a la caridad y eso la hizo reír.
—A veces ya casi no te reconozco —me lanzó un beso—. Pero creo que ahora eres más tú que la antigua tú… si es que eso tiene sentido.
—De hecho, tiene mucho sentido, Amber. Apenas han pasado seis semanas y me siento como una persona completamente diferente —sonreí y le pregunté—: ¿Me llevas al Fairmont? Sé que está cerca, pero preferiría no caminar.
—Claro —dijo y silbó cuando saqué mi baby doll de encaje negro de Victoria Secret con la tanga a juego.
—Él de verdad no tiene idea de con quién está tratando, ¿cierto?
Me reí.
—Necesito agradecerle.
—Creo que será él quien te agradezca —sonrió—. ¿Qué más vas a usar para atormentar a muerte al pobre tipo?
Saqué mi abrigo blanco que me llegaba a las rodillas y un par de tacones negros.
—Solo esto —guiñé—. Es por eso que necesito que me lleves a su hotel.
—Iré por mis llaves —se rio.
El baby doll era algo que había comprado en uno de mis frecuentes viajes de compras hace meses, pero no había tenido la oportunidad de usarlo. Se ataba al frente con un listón negro y caía hasta medio muslo. Era súper lindo y, a pesar de que me sentía muy expuesta usando sólo eso y mi abrigo, no podía esperar para ver su reacción.
Al estacionarnos afuera del hotel mi teléfono sonó.
La impuntualidad no es aceptable, Srta. Swan.
Sonreí y guardé el teléfono en mi bolso.
—¿Debería prepararnos algo de cenar mañana en la noche? —le pregunté a Amber antes de salir del carro.
—No —negó con la cabeza—. Carmen y yo lo hablamos el fin de semana, y decidimos que, aunque tus frijoles horneados con curry estuvieron muy ricos, te invitaremos a cenar.
Comencé a quejarme, pero ella alzó una mano para callarme.
—No te llevaremos a ningún lado, Bella, relájate. Te vamos a apoyar con tu situación actual así que te cocinaremos algo —sonrió con orgullo.
—¿En serio? —pregunté—. Aw, son las mejores. ¿Qué cenaremos?
—No tengo idea… estoy a cargo del postre —se rio y añadió—: Carmen ha pasado la mayor parte de la mañana viendo los canales de cocina y tomando notas. Hay dos opciones: será maravilloso o pasaremos la noche en el hospital por intoxicación con comida.
La abracé.
—Las quiero muchísimo a las dos.
Mi celular vibró de nuevo cuando entré al hotel.
Esto estará incluido en su revisión, Srta. Swan. Impuntualidad e incapacidad de completar las tareas asignadas. E x
Me reí para mí y lo ignoré de nuevo. El viaje en elevador fue gracioso, sentía que todos podían notar que estaba casi desnuda bajo mi abrigo y me sonrojé furiosamente. Mantuve la cabeza gacha y me apresuré hacia la habitación de Edward en cuanto la puerta se abrió.
Toqué y esperé, podía escucharlo hablando dentro de la habitación. Su voz sonó más alta y la puerta de abrió de golpe para revelar a Edward con el teléfono al oído. Esperaba que estuviera de mal humor y tenso porque había llegado tarde, pero me dedicó una maravillosa sonrisa torcida y se inclinó para besar suavemente mi frente.
Sonreí y entré en su cuarto. Él seguía usando la ropa de trabajo, pero se había quitado la corbata y el primer botón de su camisa estaba abierto.
—También lo escuché —asintió mostrándose de acuerdo con lo que fuera que estuviera siendo dicho en el otro lado de la conversación—. No es mi departamento, Emmett, pero se lo mencionaré a Phil. Es una oportunidad que no podemos perdernos.
Agarré su mano libre y lo jalé hacia la cama.
—Espero que no tardes —susurré y negó con la cabeza.
—¿Puedes venir a Seattle este fin de semana? —le preguntó a quien quiera que fuera con el que estaba hablando—. Vamos a organizar una fiesta de jubilación para Peter Hale. Deberías venir para conocer a todos. Sé que Phil está complacido de que hayas aceptado unirte a nosotros.
Me quedaba claro que esta conversación no iba a terminar pronto, así que abrí lentamente mi abrigo y lo dejé caer al piso. Edward abrió los ojos como platos y trago pesadamente.
—Eso es… um… sí… es bueno —murmuró y se quedó callado, viéndome con deseo—. No Emmett, sigo aquí.
Me acerqué unos pasos a él y besé su mejilla. ¿Tal vez ahora le tocaba a él guardar silencio? Me dejé caer de rodillas y abrí sus pantalones, incapaz de detener la sonrisa de suficiencia que se formó en mi cara cuando Edward siguió tartamudeando y titubeando en su conversación.
Lo vi estirar la tela de sus bóxeres y alcé la vista hacia él con diversión.
—Veo que estás listo para mí.
—Todo el día lo he estado —siseó—. No, perdón, Em… es que estaba… ¿qué decías?
—Pobrecito —susurré y bajé la tela.
Envolví su polla con mi mano, acariciándolo de arriba abajo y lo veía mientras lo hacía. De verdad estaba batallando para concentrarse en la llamada y me reí entre dientes.
—Consigue todos los detalles que puedas sobre eso y Phil podrá decidir quién quiere que lideree el terreno de juego. Me encantaría tener la oportunidad de hacerlo, pero como te dije no es… carajo… —casi tiró el teléfono cuando lo envolví con mis labios y su mano libre se aferro a mi cabeza—. Maldición, Bella.
Chupé y giré mi lengua sobre él, sintiendo sus dedos enterrarse en mi cuero cabelludo mientras intentaba mantener el equilibrio.
—Mierda —exhaló—. No, tú no… perdón, Em. Jesús… Emmett, te llamaré más tarde.
Aventó el teléfono a la cama con un gruñido.
—Esa era una llamada importante —dijo temblorosamente.
—Lo siento, Sr. Cullen. —Me aparté y lo vi con inocencia—. ¿Debería detenerme?
—Carajo, no te detengas —sacudió la cabeza—. Por favor, no te detengas.
Sonreí con suficiencia y lo volví a tomar dentro de mi boca. Arrastré mis uñas por sobre sus muslos y pude sentir como todo su cuerpo se tensaba. Sus caderas comenzaron a embestir y su agarré en mi cabeza se apretó, moviéndose suavemente de un lado a otro.
—Dios, Bella, eso se siente malditamente bien —gimió y cerró los ojos—. Tan jodidamente bien.
Hice un sonido con la boca para mostrarme de acuerdo y él maldijo de nuevo, su cuerpo comenzaba a temblar y sus movimientos gentiles vacilaron. Mi mandíbula comenzaba a doler, pero no había forma en que pudiera detenerme, se sentía tan bien tenerlo completamente a mi merced.
Me moví un poco más rápido, lo chupé con un poco más de fuerza y casi de inmediato sus gemidos se hicieron más altos.
—Carajo —jadeó—. Me voy a correr… Bella…
Sentí sus manos comenzar a moverse hacia mi cara, pero las aparte con mis manos ya que no tenía intención de detenerme. Su respiración se había vuelto entrecortada y puso de nuevo sus manos en mi cabeza, apoyándose. Gimió en voz alta al correrse, unos cálidos chorros golpearon mi garganta e intenté ignorar el sabor amargo al tragar.
Cuando me aseguré de que ya había terminado, le quité por completo los pantalones.
—En realidad, no los vas a necesitar esta noche, Edward —guiñe y me sonrió. Sus ojos se veían pesados y estaba respirando con fuerza—. Lamento haber interrumpido tu llamada.
—Créeme que valió la pena —me ayudó a levantarme y me besó—. Necesito regresarle la llamada, pero puede esperar por ahora.
—Llámalo ya —me senté en la cama y le pasé el teléfono—. Tenemos toda la noche.
—Sí, vi tu maleta —sonrió—. ¿Cuánto planeas quedarte?
—Luego de esta mañana no me quise arriesgar, así que tengo mi ropa para mañana en la mañana… por si acaso —guiñé y se rio.
—Nada de por si acaso. Te vas a quedar de nuevo —me besó la mejilla—. Todavía tengo un reto que ganar.
—No va a pasar —bromeé.
—Ya veremos. —Se sentó junto a mí y me entregó un menú—. ¿Podrías ordenar la cena?
—Seguro. ¿Qué quieres?
—Todo sabe bien aquí. Tú elige. —Se recostó y subió y bajo sus dedos por mi brazo—. ¿Viniste al hotel usando sólo eso debajo de tu abrigo? No estoy seguro de que me guste esa idea.
—No te preocupes, Amber me trajo —sonreí—. Quería agradecerte por lo que hiciste antes.
—Yo debería agradecerte a ti —murmuró, besándome el hombro y el cuello.
Sus labios se movieron a mi cara, rozándome la mejilla y cruzando mi mandíbula hacia mis labios.
—Tal vez debería llamarle más tarde —dijo con voz ronca, tirando del listón.
—No, llámalo ya. Preferiría no tener interrupciones esta noche —le aparté su mano de un manazo antes de que abriera por completo la parte de enfrente—. Pediré la cena y tú haz la llamada, Sr. Cullen. Puedes desenvolver esto más tarde.
—Pretendo desenvolverlo muchas, muchas veces, Bella. Te ves increíble. —Se frotó la frente y luego regresó la atención a su llamada—. ¿Emmett? Perdón por eso.
Podía escuchar a un hombre riéndose y quedó claro que lo que sea que haya dicho, avergonzó a Edward, porque sus mejillas se tiñeron de rosa y me miró. Me reí para mí y leí el menú de servicio a la habitación. Edward tenía razón, todo sonaba delicioso, pero elegí una simple pizza margarita en lugar de cualquier otro de los platillos. Vi a Edward arrugar la nariz cuando la ordené y me reí.
—¿Qué?
—Es un poco insípido, ¿no crees? —murmuró, alejando el teléfono de su oído. Se veía jodidamente lindo acostado en la cama usando sólo la camisa y los calcetines.
—Pero ¿y si nos distraemos un poco más tarde? —susurré y me senté a horcajadas en él—. Podemos comernos la pizza fría… incluso podemos comerla sin dejar la cama.
—Pensándolo bien, la pizza nunca antes había sonado tan apetitosa —sonrió y luego frunció el ceño—. ¿Crees que conseguirán que acepten la exclusividad tan pronto?
Desabroché los botones de su camisa y la abrí. Tenía un pecho y un estómago muy encantador – definido, suave y duro, pero sin tener músculos en exceso. Me incliné hacia enfrente y dejé un beso en la base de su cuello, luego me senté de nuevo sólo para verlo.
—Me aseguraré de contarle a Phil a primera hora mañana y ver cómo quiere proceder. Mi sugerencia sería acordar una reunión en persona a principios de la siguiente semana. Sabemos que él estará fuera del país hasta el domingo, así que al menos tendremos espacio para actuar. —Una de las manos de Edward tomó la mía y entrelazó nuestros dedos—. ¿Te funciona bien eso, Emmett?
Me pregunté distraídamente quién sería Emmett, ciertamente nunca había escuchado de él en D. D. H. Tenía la impresión de que la relación que tenía Edward con él no era solamente profesional. Había cierta familiaridad en su voz al hablar, e incluso sonreía su linda sonrisa de Edward y no la fría sonrisa del Sr. Cara de pito que había visto durante tantas semanas hasta este fin de semana.
—Estoy de acuerdo en que esa es la mejor forma de reaccionar a esto. Estoy seguro de que irritaré a algunas personas intentando dirigir este acuerdo, pero el hombre a cuyo departamento le pertenece no tiene ni la más mínima oportunidad de conseguir el contrato. Te llamaré con más detalles mañana, Em. —Edward se rio de algo que dijo Emmett y luego le contestó—. Si te comportas, tal vez te la presente el sábado.
En cuanto colgó le pregunté:
—¿Quién es Emmett?
—Trabajamos juntos en Chicago. Emmett McCarty era mi mano derecha cuando se trataba de hacer contratos y negociar derechos comerciales. Estudió leyes, pero le interesaba más este tipo de trabajo. —Bajó la vista a nuestros dedos entrelazados y sonrió—. Cuando acepté el trabajo aquí me aseguré de que Phil supiera que él era de valor para cualquier compañía. Ha sido una transición lenta, pero comenzará con nosotros la siguiente semana; claro que tú no te enteraste de esto por mí. Creo que planean anunciar su llegada oficialmente el viernes.
—¿Es tu amigo? —pregunté y asintió.
—Sí, nos conocemos desde la universidad. —Tomó mi otra mano y se las llevó ambas a la boca—. Es totalmente diferente a mí.
—¿De qué forma?
—Para empezar, es un completo idiota —se rio entre dientes—. Es extrovertido y sabe cómo diferenciar entre el trabajo y la vida real. A mí me resulta difícil eso. Algunos incluso dicen que no sé cómo relajarme y divertirme.
Sacudí la cabeza y me incliné para besarlo.
—Si tan sólo pudieran verte ahora —dije sobre su boca.
—Preferiría que no. —Me besó con deseo—. No cuando te ves así… este vestido jodidamente lindo es sólo para mis ojos.
Me soltó el cabello y esté cayó hacia enfrente sobre nuestros rostros. Me senté y me lo quité de la cara, su mirada bajó hacia el listón negro sosteniendo cerrada la parte de enfrente del baby doll. Moví las manos hacia enfrente y lo abrí lentamente, y en cuanto estuvo abierto Edward lo empujó para quitármelo de los hombros.
—¿Cómo carajos pude mantenerme lejos de ti por tanto tiempo? —susurró y me recostó sobre mi espalda—. No puedo tener suficiente de ti, Bella.
Mientras me besaba, me bajó las bragas y luego movió un dedo entre mis piernas. Lo escuché maldecir por lo bajo y luego agachó la cabeza para capturar mi pezón entre sus labios. Arqueé la espalda sobre la cama y gemí vergonzosamente alto cuando metió dos largos dedos dentro de mí.
—Edward —exhalé y agarré un mechón de su cabello, tirándolo con fuerza.
Se escuchó un ruidoso golpe en la puerta seguido de alguien anunciando que la comida había llegado. Me reí cuando maldijo y se bajó de la cama. Se puso los bóxeres y abrió la puerta lo suficiente para asomar la cabeza.
—Sólo déjalo afuera. ¿Necesitas que firme algo?
Salté de la cama y caminé hasta pararme detrás de él, envolviendo su cintura con mis brazos. En cuanto el mesero se fue, Edward metió el carrito en la habitación y luego cerró de golpe la puerta. Me cargó y prácticamente me aventó de nuevo hacia la cama.
—Ves, te dije que la pizza era una buena opción —dije y se rio—. El Halibut no sabe tan rico frío.
Edward me besó, alzó una de mis piernas y la pasó sobre su cintura.
—Justo ahora la comida es lo último que tengo en mente, Bella. —Entró en mí con una embestida de sus caderas.
—Dios mío —gemí y Edward alzó todavía más mi pierna—. Dios, Edward.
Cada embestida me volvía loca porque era como ninguna otra cosa que hubiera experimentado antes, él estaba golpeando lugares que ni siquiera sabía que existían. La boca de Edward me besó toda la cara y bajó a mi cuello. Sus dientes mordisquearon mi piel y con una última profunda embestida de esas caderas jodidamente mágicas sentí todo mi cuerpo apretarse alrededor de él.
Estaba respirando con dificultad y mi corazón martilleaba en mi pecho. Todavía estaba aferrándome con fuerza a los hombros de Edward, mis uñas se enterraban en su piel y no estaba dispuesta a soltarlo. A pesar de que acababa de tener otro indescriptible orgasmo en las manos… o polla del mismísimo Sr. Cara de pito, todavía aceptaba codiciosamente todo lo que él pudiera darme. Los mordisqueos en mi cuello se intensificaron y sus piernas se tensaron, así que supe que estaba cerca, y cuando mordió con más fuerza mi cuello sentí otra ola alzándose en el fondo de mi estómago.
Metió una mano entre nuestros sudorosos cuerpos y frotó mi clítoris. Me arqueé bajo su toque y grité su nombre. Una vez más fui golpeada por un intenso orgasmo y con un ruidoso "Carajo" él se corrió, todo su cuerpo temblaba.
Con un suspiro cansado, soltó mi pierna para que bajara de nuevo y nos dio la vuelta sin juzgar bien dónde estábamos sobre la cama, así que caímos al piso con un golpe sordo.
—Carajo… ow —murmuró, pero pude escuchar la sonrisa en su voz—. Supongo que eso no fue tan genial.
—No mucho —me reí y lo besé—. ¿Estás bien?
—Puede que haya dañado mi orgullo más que cualquier otra cosa —sonrió—. No te lastimé, ¿cierto?
—Para nada —dije y al acostarme junto a él en el piso se me ocurrió algo—. ¿Edward?
—¿Mm? —preguntó, ligeramente sin aliento.
—Todavía llevas puestos los calcetines —me solté riendo—. Eso es tan sexy.
—Bueno, no a todos nos queda la lencería que podría tentar a un sacerdote católico a romper su voto de castidad —gruñó y se sentó para poder quitarse los calcetines negros—. Es tu culpa.
—¿Cómo es eso mi culpa? —pregunté con incredulidad.
—Me dejaste tus jodidas bragas en mi bolsillo durante el trabajo y luego apareces aquí como una hermosa y sexy diosa, ¿y esperas que recuerde que todavía llevo puestos los calcetines? —se acomodó sobre mí, unos cuantos cabellos perdidos me hicieron cosquillas en el rostro—. Bella, es un maldito reto recordar mi propio nombre cuando estás a menos de dos pies de distancia.
—Entonces, ¿ya no quieres que vuelva a usar el baby doll? —pregunté inocentemente.
—Lo usarás de nuevo al menos dos veces más esta noche, Srta. Swan. —Besó la punta de m nariz y me ayudó a levantarme—. Pero justo ahora quiero comer pizza fría en la cama contigo.
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La pizza fría estaba deliciosa, incluso Edward lo admitió, y luego tomamos una no tan inocente ducha juntos. Edward jabonoso y mojado era algo más que añadir a la lista de aspectos increíblemente sexys en él. Después de eso, comenzamos a ver una película con mi baby doll puesto otra vez y los dedos de Edward permanecieron muy cerca del listón. Estaba ansiando que lo desenvolviera por segunda vez, pero debí quedarme dormida antes de que Edward tuviera oportunidad de hacerlo. Cuando me desperté la televisión estaba apagada y Edward estaba sentado en la cama, leyendo algunos manuscritos.
—¿Qué hora es? —pregunté frotándome los ojos.
—Cerca de las dos y media. —Me miró sobre su hombro y sonrió—. Ambos nos quedamos dormidos y cuando desperté la película ya había acabado.
—¿Así que decidiste ponerte a trabajar? —hice una mueca y se rio.
—Salí de la oficina más temprano sin leer estos. —Señaló un montón de archivos que tenía junto a él en la cama—. Supuse que sería mejor leerlos ahora antes de volver a dormir.
Me senté y besé su espalda.
—¿Cuánto más estarás haciendo esto?
—Estoy en el último —dijo—. De hecho, es muy bueno.
—¿De qué trata? —apoyé el mentón en su hombro.
—Es un thriller político —me besó la frente—. Conspiraciones, asesinatos y coartadas. Mi tipo de historia.
—¿Cuál es tu libro favorito de todos? ¿El que vuelves a leer una y otra vez? —pregunté, fascinada con sus largas pestañas. Entre más las veía, más me preguntaba cómo es que nunca antes las había notado. Era tan hermoso que dolía de verdad.
—La Isla del Tesoro —dijo y se rio de mi expresión de sorpresa—. Mi madre solía leérmelo y me recuerda a tiempos más felices. Todavía tengo la misma copia vieja y desgastada que leía; fue una de las pocas cosas que mi padre no vendió.
—Es lindo que todavía la tengas —murmuré—. Me encantaría tener algo así… una copia de un clásico que ha sido querido. Solía rogarle a mi madre que me llevara a tiendas de caridad para poder buscar libros de segunda mano porque todos los nuestros eran nuevos y estaban en perfectas condiciones. No tenían el mismo atractivo para mí. Páginas dobladas y portadas desgastadas, ¿no crees que eso te cuenta su propia historia?
—Nunca dejas de sorprenderme —susurró con una extraña mirada en la cara—. ¿Cómo es que te juzgué tan jodidamente mal, Bella?
—Me ha pasado casi toda la vida, Edward —me encogí de hombros—. Supongo que sólo me rendí de intentar corregir a la gente, era más fácil dejarlos seguir con la primera impresión que tenían. Nunca marcó una diferencia para mí… al menos hasta ahora.
Asintió una vez, todavía mirándome como si estuviera buscando la respuesta de algo que en realidad no había preguntado.
—¿Te puedo preguntar algo? —le pregunté nerviosa.
—Por supuesto.
—¿Qué hubieras hecho si yo no hubiera aparecido como tu nueva asistente? Después de esa primera noche, ¿lo hubieras dejado así o me hubieras llamado? —No estaba segura de por qué se lo preguntaba o si es que quería una respuesta honesta.
—Esa noche fue… —sonrió—. Créeme, te hubiera llamado. No había forma en que te hubieras escapado.
Buena respuesta.
—Es bueno saberlo —dejé que mi nariz se arrastrara ligeramente sobre sus hombros y lo escuché cerrar el archivo—. ¿Ya terminaste?
Se giró y tiró del listón para abrirlo con una sonrisa.
—Todavía no.
Edward…
Sólo Bella podría hacer que el prospecto de comida fría e insípida fuera atrayente. Todo lo que ella hace es jodidamente atrayente. ¿Tal vez debería mantenerla encerrada en mi habitación de hotel usando esa jodida lencería cada vez que no estemos en la oficina? ¿Qué me está haciendo ella? ¿O qué me ha hecho ya? Oh, carajo…
Actu de domingo para terminar bien la semana. Entre estos dos hay más que sólo lujuria, esperemos que su relación no les explote en la cara.
Mil gracias como siempre por leer, no olviden dejarme sus comentarios y decirme qué les pareció el capítulo ;)
