Aviones de papel
Capítulo 2:
"Pictionary"
El viernes por la mañana, Akane abrió los ojos al sentir una vibración en la muñeca, acompañada de un sonido musical suave. Alarma, hora de levantarse. Se desperezó en la cama y luego se incorporó para dirigirse al baño. Se le daban bien las mañanas, mucho mejor que a su hermana Nabiki, así que solía entrar la primera al baño que compartía con ella. De esa forma, le daba tiempo de dar vueltas en la cama antes de levantarse.
Akane se metió en el baño y tomó una ducha rápida para terminar de despertarse. Tras salir y secarse con la toalla, se cepilló los dientes. Su muñeca volvió a vibrar. WhatsApp, grupo Poppy Sisters, mensaje de Asami:
«Poppies, ¿hoy a mi casa después de clases?»
El nombre del grupo había surgido luego de que Sayuri les comprara a todas, en un viaje familiar, pulseras con un bonito dije de amapola. Unos años después, las chicas decidieron hacerse un grupo de WhatsApp, por lo que Hiroko propuso el nombre y todas pensaron que estaba genial.
Las respuestas de sus amigas no demoraron; todas confirmaban su asistencia a la casa de Asami después de clases. Akane hizo lo propio, incluso antes de pedirle permiso a su padre.
Después de ponerse el uniforme, la menor de los Tendo bajó las escaleras y se dirigió al comedor, donde Happosai, el mayordomo que había estado con la familia incluso desde que Soun era en un niño, estaba terminando de poner la mesa. Soun leía el periódico ya sentado en la cabecera, por lo que Akane se acercó a él para saludarlo con un beso y un abrazo, que su padre correspondió cariñosamente.
Kasumi no tardó en bajar y darles los buenos días a su hermana menor y a su padre. En las mañanas, no siempre solían esperar a Nabiki para empezar a desayunar, pues la del medio de los Tendo podía tardar mucho en sentarse a la mesa, y no siempre desayunaba.
—Papi, Asami nos ha invitado a las chicas a pasar la tarde en su casa después de clases, ¿puedo ir? —Preguntó Akane cogiendo el tenedor para comenzar a comer de la fruta fresca de su plato.
—Claro, cariño. ¿Vuelves para la cena? —Preguntó Soun antes de dar un sorbo a su café. Akane asintió con la cabeza—. ¿Cuándo se estrena la nueva película del padre de Asami?
—Falta un montón, todavía.
—Pero, ¿no la terminaron de grabar hace unos meses? —Preguntó Kasumi.
—Sí, pero sabes que la posproducción y la promoción duran varios meses, así que todavía falta para que la estrenen. —Explicó Akane—. Pero cuando sepa la fecha exacta, les aviso.
Minutos después, Nabiki apareció en silencio y se sentó a desayunar con su familia. Los Tendo charlaron amenamente sobre los eventos de la semana, las cosas que tenían que hacer para ese día, y alguno que otro plan para hacer juntos el sábado o el domingo. Cuando terminaron de desayunar, las hijas de Soun se pusieron de pie y se despidieron de su padre y de Happosai antes de marcharse.
Como casi todas las mañanas, Kasumi llevaría a sus hermanas a la Academia antes de irse a la universidad. Nabiki había intentado convencer a su padre de que le comprara un coche, con la excusa de que ahora estaba en último año y Kasumi no siempre podría llevarlas. Su padre, que era un hombre justo, le indicó que aquello no sería posible; tendría que esperar a graduarse, como lo había hecho Kasumi.
—Tal vez pueda prestarte mi coche para que vayas algún día a clases y así practiques. —Le había dicho Soun a su hija mediana.
En el coche de camino a la Academia Furinkan, Kasumi miró a su hermana menor a través del retrovisor
—¿Cómo sigue Hiroko? Le sacaron las amígdalas hace poco, ¿cierto?
Akane sonrió y asintió con la cabeza.
—Sí, todo salió bien, ya volvió a clases. Nos dijo que al final no fue nada del...
—¿Se las entregaron? —Interrumpió Nabiki y se giró para mirar a Akane—. ¿En un frasco o algo?
—¿Las amígdalas? —Preguntó ella frunciendo el ceño—. No sé… yo creo que no.
Nabiki rodó los ojos y volvió sus ojos al frente, poniéndose sus gafas de sol.
—Sabes que esas cosas se venden bien en Internet, ¿no? Tu amiga pudo haberlas subastado a buen precio.
Kasumi se rió ante la ocurrencia de Nabiki y ante la cara de horror de Akane, que no podía creer que hubiera gente que en serio pagara por esas cosas. La del medio de las Tendo procedió a explicar que en Internet había un lucrativo mercado para cualquier parte del cuerpo que fuera quirúrgicamente removida.
Al llegar a la Academia Furinkan, Nabiki se despidió de Kasumi con un gesto y se bajó del coche. Akane, en cambio, se acercó a su hermana mayor para darle un beso en la mejilla, como hacía siempre, y le deseó que tuviera un buen día.
—Tú también. ¡Salúdame a tus amigas!
—¡Seguro! —Contestó Akane, mientras comenzaba a caminar en dirección a su aula.
Aquel prometía ser un día sin acontecimientos especiales.
Después de no haber escuchado su alarma y de casi haberse atragantado con el desayuno mientras escuchaba los reproches de su padre por haberse levantado tarde, Ranma le dio un rápido beso a su madre y salió pitando a la Academia Furinkan.
Había pasado una noche de morros y prácticamente no había descansado nada, pues se despertaba cada dos por tres pensando tonterías y dando vueltas a su mente. Por si fuera poco, cuando finalmente había logrado conciliar el sueño por más de una hora, su padre entró a la habitación vociferando que era tardísimo y que se levantara ya si no quería tener problemas. Entre el susto de ser despertado casi a los gritos y la ansiedad que le provocó recordar por qué no había descansado, se despertó muy nervioso. Lo primero que hizo fue mirar su móvil. Nada. Se metió en el baño intentando bajar las revoluciones de su mente y de su corazón para después correr a la mesa y desayunar algo rápido.
Después de caminar un par de cuadras hasta la parada, tomó un bus que lo dejó a dos calles de la Academia y continuó el trayecto a pie. Llegó diez minutos tarde a clases, pero el profesor de Historia era amante del fútbol y se llevaba bien con Ranma, así que no se lo reprochó.
Ya en su asiento, se sintió cansado y con sueño, lo cual era una gran mierda, tomando en cuenta que después de clases tenía entrenamiento de fútbol y no estaría en óptimas condiciones. Trató de concentrarse en la clase, alejando los pensamientos que lo tenían preocupado desde el día anterior, e intentó enfocarse en que era viernes, su día se la semana favorito.
El jueves después de clases, Ranma le escribió a Shampoo varios mensajes por WhatsApp, pero ella no le respondió a ninguno, a pesar de que los leyó todos. A él le pareció raro, porque Shampoo solía responder bastante rápido y jamás lo dejaba en leído. Incluso la llamó, pero la chica no le respondió a ninguna de sus llamadas. Tal vez sus padres estuvieran en Japón y tal vez ella estuviera ocupada y distraída con ellos.
Los padres de Shampoo tenían un programa de televisión de destinos de viaje exóticos, por lo que se pasaban gran parte del año en el extranjero, en cualquier país del mundo que ofreciera una aventura inigualable a personas intrépidas con ganas de conocer el mundo. Cuando estaba de vacaciones, si sus padres tenían algún viaje programado, ella iba con ellos, pero durante el año escolar no podía acompañarlos a sus viajes. Por este motivo, Shampoo pasaba poco tiempo con sus padres. Por suerte, su abuela Cologne vivía con ella y era quien acompañaba a Shampoo en los momentos importantes cuando sus padres estaban lejos. Shampoo había tenido la oportunidad de conocer muchos sitios interesantes alrededor del mundo, pero lo cierto es que hubiera preferido viajar menos y pasar más tiempo con sus padres en casa. Algunas veces sentía que para ellos su trabajo era más importante que su hija, y eso generaba algunos sentimientos negativos que ella proyectaba en otras personas.
Pero la teoría de que Shampoo no le hubiera hablado porque estaba distraída quedaría completamente descartada al llegar a la Academia Furinkan el viernes y toparse en persona con una frialdad que no esperó recibir jamás de Shampoo.
Como no estaban en la misma clase, Ranma tuvo que esperar hasta el receso para buscar a Shampoo y hablar con ella. Al hacerlo, el chico confirmó que su ligue sí estaba molesta y aparentemente el asunto era con él. Cuando se le acercó para saludarla como de costumbre, Shampoo pasó de él olímpicamente, ignorándolo incluso frente a su grupito de amigas; al igual que Ranma, las chicas parecieron no entender la indiferencia con la que trataba al pelinegro. Él no insistió demasiado, pues no iba a dejarse todo su orgullo frente a tantas chicas. Volvería a buscarla cuando estuviera sola. Aquello no ocurrió sino hasta el segundo receso.
Ranma se sintió un poco acosador, espiándola y esperando el momento en el que se quedara sola para abordarla, pero había aprendido que Shampoo, cuando se enojaba, era mucho más dócil a solas que en público. Aprovechó un momento en el que ella se excusó con sus amigas para ir al baño de las chicas. Ranma la siguió, y agradeció mentalmente que no hubiera nadie dentro.
—Shampi, ¿qué te pasa conmigo? ¿Estás molesta?
Ella se giró sorprendida de escuchar una voz masculina allí, pero su expresión cambió completamente a una de orgullo y molestia al ver que el intruso no era cualquier chico, sino Ranma. Si a Ranma le quedaba alguna duda de que el asunto era personal, se esfumó en aquel momento.
—Vete. —Le dijo apartando la mirada de la suya—. No puedes estar aquí, es el baño de chicas.
—Sí, lo sé… lo que no sé es qué te pasa. —Le preguntó y dio un paso adelante—. ¿Por qué no me hablas? —Trató de coger su mano, pero Shampoo no lo dejó—. ¿Dije o hice algo que te molestó?
Shampoo se cruzó de brazos y lo miró.
—Te he dicho que te vayas.
Ranma sintió que la frustración se apoderaba de él. ¿Por qué simplemente no le decía qué le pasaba y ya? ¿Por qué siempre tenía que complicar las cosas? Si él había hecho algo que la lastimó o molestó, quería que se lo dijera, para disculparse y no volver a hacerlo. Y si ella quería seguir molesta con él, vale, pero al menos que le dijera por qué, porque a él no se le ocurría qué podía haber sido.
—Está bien. Me iré. —Shampoo pareció relajarse ligeramente, aunque en ningún momento abandonó su semblante altanero—. Pero primero dime por qué estás molesta. Por favor.
Aquello fue como si le hubiera dicho un insulto. Shampoo abrió sus ojos con indignación, como si no pudiera creer que él no supiera qué había hecho. Su mirada destellaba por la furia. Colocó sus manos en sus caderas y dio un paso adelante.
—Deberías saber muy bien por qué estoy molesta.
Ranma intentó hacer memoria, pero por enésima vez, no se le ocurrió nada. Tal vez… tal vez se tratara de un malentendido, porque su consciencia no advertía ni siquiera un atisbo de ello.
—No lo sé. —Contestó sintiéndose impotente—. Dímelo, ¿sí?
Shampoo caminó hasta él.
—Pues ve y pregúntaselo a Akane Tendo. —Le dijo al pasarle por al lado.
Ranma no necesitó de demasiado tiempo para atar cabos y hacer clic. Akane Tendo. Su compañera de clases. La lista. El nombre. Shampoo había leído la lista. Mierda. Pero, ¿cómo era posible que la lista hubiera llegado a las manos de Shampoo, en qué momento? ¿Y cómo había sabido que él había escrito el nombre de...?
—Shampoo, ¡espera!
Ranma salió del baño y alcanzó a la chica de pelo azul.
—Si es por lo de de la lista, yo…
Shampoo alzó ambas cejas y miró a Ranma.
—¡O sea que sí sabes de qué hablo! —Lo miró histérica, aún más de lo que había estado en el baño—. ¡Y sí escribiste el nombre de Tendo…!
Atrapado como una comadreja. Piensa rápido.
—Déjame que te explique, Shampi, por favor… —Ranma se atravesó en su camino y trató de cogerle las manos nuevamente—. No creas que...
—¡No quiero que me expliques nada! ¡Y tampoco quiero que me toques! —Shampoo le dio un empujón para dejarle muy claro que no quería tener nada que ver con él—. ¡Lo único que quiero que me dejes en paz!
Lo apartó con la mano y caminó con paso apresurado para alejarse de él. Ranma se quedó estático en su lugar, sin poder creer lo que acababa de ocurrir, desesperado por dar una explicación. Sintió las manos frías. ¿Se habrían acabado las cosas entre él y Shampoo? ¿Lo odiaría de ahora en adelante? ¿Lo acusaría con algún profesor? Conocía a Shampoo lo suficiente como para saber que sus ataques de niña malcriada no eran una novedad, pero también para saber que cuando alguien la molestaba no solía quedarse de brazos cruzados. Además, era muy impulsiva. Era el tipo de persona que llevaría la lista a la dirección, aún sin importar que eso pudiera meter a todos los chicos en problemas, con tal de hacer que Ranma pagara por haberle hecho eso.
No quería ser castigado ni amonestado por algo como eso, así como tampoco quería ser condenado al ostracismo. Debía encontrar la forma de hablar con Shampoo y de que la chica lo perdonara. Tal vez Daisuke, que tenía algo de experiencia con las chicas, pudiera ayudarlo.
El timbre que anunciaba el final del receso sonó, haciendo que Ranma suspirara derrotado. Tendría que esperar.
Cuando sonó el timbre que indicaba el final del segundo receso, los estudiantes que se encontraban desayunando y charlando en el patio, la cafetería y los jardines de la Academia, comenzaron a ponerse de pie para dirigirse a sus clases.
Akane había estado jugando UNO con Ryoga, Sayuri y Yuka. Al sonar el timbre, el chico se excusó rápidamente porque debía ir al baño con urgencia antes de entrar a clases. En el momento en el que Akane se arrodilló para comenzar a recoger las cartas, una apresurada Shampoo que pasaba por ahí la apartó bruscamente y le pasó por encima a sus cartas.
—¡Hey! —Exclamó la menor de los Tendo, observando atónita cómo su compañera continuaba su camino como si nada—. Pero, ¡por qué no te fijas…!
Pero Shampoo la ignoró olímpicamente y siguió de largo hecha una furia, como si quisiera destruir cualquier cosa que se interpusiera en su camino. Akane se le quedó mirando entre confundida y molesta por sus pésimos modales. Shampoo podía actuar como una malcriada en ocasiones, sí, pero la mayoría del tiempo y en circunstancias normales sabía comportarse.
—¿Y a esta loca qué bicho le picó ahora? —Con el ceño fruncido y con el mosqueo de lo que acababa de suceder, continuó recogiendo las cartas.
Yuka y Sayuri la ayudaron, sin poder creer lo que había sucedido.
—No lo sé, pero ya sabes que ella trabaja con la luna. —Contestó Yuka—. Un día está bien y al otro no.
Akane se consideraba una persona amable y que por lo general gozaba de buen humor, pero si había algo que la irritaba enormemente eran las personas maleducadas. Dio gracias al universo porque Shampoo estuviera en la otra clase, porque verle la cara durante la siguientes dos horas era lo último que deseaba.
Por suerte, esa última clase se pasó volando.
Asami tenía entrenamiento con las animadoras los viernes al final del día, aunque estos solían ser más cortos que los demás, así que las demás chicas pidieron algo para comer allí mismo en la Academia mientras esperaban a su amiga. Tras finalizar la práctica de las animadoras, las chicas se encontraron con Asami y caminaron hasta el estacionamiento de la Academia, donde el chófer de los padres de su amiga las esperaba para llevarlas hasta su casa.
Una vez allí, las Poppy Sisters se instalaron en el salón familiar para tomar el postre, charlar y ver el más reciente episodio de una serie de Netflix que las tenía a todas enganchadas.
—¿Shampoo y Saotome son novios? —Preguntó Sayuri, que estaba sentada en el sofá con las piernas recogidas mirando su móvil. Acababa de ver una publicación de la chica peliazul en Instagram, en la que aparecía muy cariñosa con su compañero de clases.
—Que yo sepa, no. —Respondió Yuka—. Por lo que me han contado Hiroshi y Daisuke, Ranma es el nuevo capricho de Shampoo. —Miró a Asami—. ¿Qué sabes de eso?
El equipo de animadoras era el lugar perfecto para enterarse de todos los cotilleos sobre todo cuanto ocurría en Furinkan. Y en esta ocasión, más aún, ya que Shampoo también era parte del equipo y en más de una ocasión les había hablado a Asami y al resto de sus compañeras sobre sus intereses amorosos.
—No más que tú. —Contestó Asami—. Sé que es su nuevo boytoy y ya.
Le duran poco, ¿no? —Sayuri frunció el ceño—. ¿Crees… crees que se aburran fácilmente de ella? Después de… ya sabes...
Asami negó con la cabeza.
—De hecho, es exactamente lo opuesto —explicó—, es Shampoo quien se aburre de ellos. Y aunque ustedes no lo crean, la tía no se acuesta con ninguno. —Sonrió a sus amigas con complicidad—. Le gusta tener la comida calentita... pero no comérsela.
Akane y Yuka se rieron, Hiroko se mostró sorprendida, y Sayuri se sonrojó ante la expresión de su amiga.
—¿Qué le habrá pasado hoy, que fue tan grosera con Akane? —Inquirió Yuka. Hiroko y Asami ya estaban al tanto de lo ocurrido durante el segundo receso—. Ella tiene su carácter, pero no suele ser así.
—Para mí está más que claro. —Comentó Asami engullendo la última cucharada de tarta de fresa—. Su boytoy ha escrito el nombre de Akane en esa lista de mierda, ella lo ha descubierto, le ha dado un ataque de celos y ahora te odia. Sencillito.
Hiroko bufó y negó con la cabeza, dejando en evidencia lo que pensaba de todo lo relacionado con la lista; Yuka miró sorprendida a su amiga, como si estuviera procesando lo que acababa de escuchar; mientras que Sayuri parpadeó confundida, sin tener del todo claro de qué estaban hablando. Akane simplemente se limitó a mirar a Asami.
—¿La lista? —Preguntó Sayuri con un gesto de desagrado—. ¿La del avión de papel? ¿De las chicas que les gustan a los chicos de nuestro curso?
Asami asintió con la cabeza, sin pasar por alto que Sayuri había usado un eufemismo para referirse al tema de la lista.
—Un momento. —Akane seguía sin entender lo que estaba pasando—. ¿Como que su boytoy escribió mi nombre?
—Boytoy, ligue, amigo especial, lo que sea. —Respondió Asami—. Aparentemente para él no es Shampoo la más sexy, sino tú. Ella tuvo que haber visto la lista de cerca, no sé si fue ayer cuando Ryu y el otro estúpido la tenían o si la vio antes o después, pero la vio. Me imagino que le conocerá la letra al chico, no sé. —Se encogió de hombros—. Pero tuvo que haberle sentado mal porque obviamente todo el mundo la leyó y supongo que no quiere que nadie sepa que su ligue no tiene ojos solo para ella. —Eso último lo dijo con un gesto burlón y una media sonrisa mirando a Akane.
—Pero —Akane aún no salía de su confusión—, si Shampoo está saliendo con Saotome —Comentó, intentando asimilar la información—, eso significa que...
—Saotome escribió tu nombre en la lista, tonta. ¿Todavía no lo pillas? —Asami alzó ambas cejas—. Al parecer le pones…
El cerebro de Akane casi hace cortocircuito al intentar procesar lo que acababa de escuchar.
—¿Y ustedes cómo saben eso? —Preguntó Yuka con una clara expresión de desconcierto.
—¿Que Akane le pone? —Inquirió a Asami—. Hombre, saberlo así como quien dice que me consta al 100%, no, pero…
—No, no. —Yuka la interrumpió—. ¿Cómo saben que él escribió su nombre?
—Porque ayer mi estimada Sherlock —Asami miró a Hiroko—, lo descubrió.
Ante la mirada atenta de cuatro pares de ojos que esperaban una explicación, Hiroko suspiró. No tenía ganas de seguir hablando sobre el tema, pero sabía que sus amigas no la dejarían en paz hasta que contara todo lo que sabía.
—Ayer los chicos estuvieron todo el día pasándose un avión de papel de un lado a otro, así que me imaginé que estarían tramando algo. —Explicó—. En clase de Inglés Daisuke estaba hablando con Saotome sobre el tema, pero tampoco alcancé a oír mucho. Así que cuando Saotome fue a lanzar la lista convertida en un avión de papel, yo se la quité de las manos.
Yuka dejó salir una risita divertida y Asami sonrió. Akane y Sayuri miraban a su amiga con interés y curiosidad para que continuara con la historia.
—Desdoblé el avión, vi de qué se trataba y los miré súper mal porque me pareció de pésimo gusto. —Rodó los ojos y miró a Yuka—. A Saotome no lo conozco pero de Daisuke no me lo esperaba, ¿eh? Muy mal.
No era un secreto para nadie que Yuka y Daisuke eran muy amigos. En realidad, el chico era amigo de las cinco, pero era especialmente cercano a Yuka. Desde el año escolar anterior, Asami y Akane tenían ciertas sospechas sobre qué tan amistosos eran los sentimientos que sentían el uno por el otro.
Como Yuka no dijo nada, Hiroko continuó con su explicación.
—El caso es que yo vi que Saotome fue el último en escribir en la lista. Y que además lo hizo con un bolígrafo verde.
—¡Eso sí lo había notado! —Comentó Sayuri intrigada y curiosa—. Saotome siempre usa tinta verde, ¿verdad?
Akane, que se sentaba junto a él, asintió con la cabeza.
—Muy raro eso, por cierto. —Añadió Hiroko y siguió con el resto de la historia—. Pero bueno…. cuando vi la lista, le di un repaso rápido y el último nombre que aparecía era el tuyo. —Miró a Akane acercando su cabeza a ella y abriendo los ojos de forma exagerada, como haciendo énfasis en que se trataba de ella—. Escrito en verde…
No es que Akane no confiara en la palabra de sus amigas, pero le costaba creer aquello. Primero, porque Ranma Saotome salía con Shampoo, y no creía posible que ningún chico que tuviera la oportunidad de estar con una tía como ella pudiera fijarse en alguna otra; y segundo, porque él jamás se había mostrado interesado en ella. Se llevaban bien aunque no eran amigos, pero nada más. De vez en cuando bromeaban en las prácticas y otras veces conversaban en clase, pero eso era todo. Ella no sabía nada de él más que era becado, que era un buen deportista, que no se le daba bien el inglés y que tenía un apetito voraz.
—Tal vez se trate de una broma. —Comentó Sayuri con su usual candidez—. Tal vez toda la lista lo sea. A lo mejor los chi...
—¿Por qué una broma? —Preguntó Asami frunciendo el ceño—. ¿Por qué a Saotome no puede gustarle en serio mi estimada? Akane tiene lo suyo, ¿eh? —La miró—. Si yo fuera un tío, te haría todas las posiciones del kama sutra.
—No, no, ¡no es eso! —Exclamó Sayuri—. ¡Claro que Akane puede gustarle a Saotome! —Miró a su amiga—. No es que crea que no, Akane. Pero a lo mejor...
—Sayuri. —Hiroko la interrumpió—. Los tíos son unos cerdos. Deja de darles el beneficio de la duda.
—Bueno, pero tampoco todos, Hiroko… —Yuka, que se caracterizaba por ser la más ecuánime de las cinco, intervino—. Hay unos que no…
—¿Quién? —Preguntó Asami riéndose—. ¿Daisuke? —Soltó una carcajada—. Querida, si Daisuke te pudiera hacer lo que la primavera les hace a los cerezos, lo habría hecho hace rato. —Le guiñó un ojo—. Lo que pasa es que a ustedes les pone ese jueguito de pretender que son solo amigos. Y a ti te gusta hacerte la difícil.
Akane e Hiroko se rieron. Yuka rodó los ojos e intentó ocultar su sonrisa mientras Asami le sacaba la lengua.
Sayuri frunció el ceño.
—No entiendo. ¿Lo que la primavera les hace…? —Parpadeó confundida—. ¿Qué les hace la primavera a los cerezos?
Asami esbozó una de sus habituales sonrisas pícaras, las que normalmente mostraba cuando estaba a punto de contarles su última travesura con algún chico o de decir alguna cosa subida de tono.
—Los desflora. —Le guiñó un ojo.
Sayuri se sonrojó y se acercó a la mesa de café para coger su taza de té y beber de ella, avergonzada. Las demás solo se rieron. Yuka se acercó a su inocente amiga y le dio un beso en la mejilla.
De las cinco, Sayuri era la más ingenua y la que menos experiencia tenía con los chicos. De hecho, solo había besado a uno en toda su vida, pero había sido en un juego de Verdad o Reto, así que para ella no contaba. Era hija única de un matrimonio joven que parecía sacado de una revista social. Su padre era socio en una de las firmas de abogados más prestigiosas de Tokio, y su madre era una socialité y ama de casa (en este caso, el concepto de «ama de casa» no implicaba limpiar ni cocinar, naturalmente). Los dos eran sumamente elegantes, tenían muchísimo estilo y se adoraban con locura. Y, a pesar de ser más jóvenes que los padres de sus amigas y compañeros, la habían criado de una forma bastante tradicional. Tal vez por ese motivo, y por su naturaleza tímida y cándida, Sayuri era muy cauta con los chicos y se cohibía con facilidad ante ciertos temas.
Asami, en cambio, había sido la primera del grupo en perder su virginidad. No era un secreto para nadie que le gustaban mucho los chicos y que se le daba muy bien entablar relaciones con ellos, ya fueran de amistad o para algún rollo. No es que se acostara con cada chico que le gustaba, pero tampoco se reprimía si sentía que la situación y que el chico en cuestión se prestaba para alguna travesura. Era muy liberal, probablemente porque había crecido en un ambiente artístico súper abierto, moderno y liberal; su padre era un famoso director de cine y su madre era una exitosa guionista de televisión.
Las personalidades de Asami y Sayuri eran las más contrastantes del grupo. Las de Yuka y Akane eran las más parecidas. Hiroko tenía similitudes con sus cuatro amigas; tenía un carácter fuerte como Akane, una naturaleza amigable como Yuka, una mentalidad liberal como Asami, y una actitud reservada como Sayuri. Las cinco eran muy unidas, aunque como en cualquier grupo de amigos, de vez en cuando una sentía más afinidad por otra, pero eso siempre cambiaba y en general no solían guardar secretos entre ellas.
—¿Vamos por más té? —Le preguntó Asami a Akane, que parecía inmersa en sus pensamientos.
La menor de los Tendo asintió con la cabeza y las dos chicas se pusieron de pie para ir hasta la cocina, con Akane llevando la bandeja con las tazas vacías. La casa de Asami era una maravilla de la arquitectura moderna y minimalista, con concreto, madera, vidrio y muebles de diseño por doquier. Aunque ya se había acostumbrado, las primeras veces que Akane visitó su casa, cuando era más pequeña, sentía que estaba en una película.
Ya en la cocina, Asami abrió la enorme nevera para buscar una jarra de agua fría por si a alguna de las chicas les daba sed.
—La verdad es que Saotome no está nada mal. —Comentó llevando la jarra a la isla de la cocina—. Es súper guapo, está bueno, es simpático. ¿No te interesa ni un poquito?
Akane la miró de reojo y se dispuso colocar la tetera sobre la cocina eléctrica. Tardó varios segundos en responder, lo cual ya representaba una respuesta para Asami.
—Saotome está saliendo con Shampoo, Asami.
Bingo. Asami esbozó una sonrisa. Akane era un libro abierto, tanto, que a veces decía más cuando decía poco.
—Ya, pero eso no fue lo que te pregunté. —Contestó sin dejar de sonreír—. Aunque de alguna manera eso que has dicho también responde mi pregunta…
Akane la miró con el ceño fruncido.
—¿Cómo?
—Pues… si no te interesara Saotome ni un poco, me lo habrías dicho de una vez. —Explicó con total naturalidad—. Pero tu silencio al principio y lo que mencionaste después, que sale con Shampoo, me da a entender que puede que sí te guste, o que te llame la atención… simplemente no lo quieres admitir.
Las mejillas de Akane pronto adquirieron una coloración rosácea imposible de ocultar.
—Bueno, es que sí es guapo. —Miró a Asami—. Es súper guapo. Pero no por eso quiero tener algo con él o algo así. —Pareció pensar lo siguiente—. Creo… creo que nunca lo he visto de esa forma. ¿Me entiendes?
Su amiga asintió con la cabeza. Sí, lo entendía. Y también le creía.
Cuando Ranma Saotome entró a la Academia Furinkan el año anterior, Asami pensó que era un chico muy atractivo. Pero con el tiempo descubrió dos cosas que le restaron puntos para ella: 1) era uno de esos atletas cuya vida entera parecía girar en torno al deporte, incluidas sus conversaciones (a Asami no le gustaban demasiado ni el ejercicio ni los deportes en general), y 2) era un chico inexperto. Eso último no lo sabía con certeza (no tenía confirmación de ello), pero tenía suficiente experiencia como para saber o al menos intuir cuándo un chico era experimentado o pardillo en temas de ligues (ya fuera por falta de oportunidades o por timidez). A juzgar por el físico que tenía Saotome, Asami apostaba por la timidez. Y a ella le gustaban los chicos lanzados, como Ryu Kumon.
Suspiró. Bueno, no. No como Ryu Kumon. Porque le gustaban los chicos lanzados, sí, pero también los que después de estar con ella no se comportaban como unos completos idiotas.
Y Ryu en eso tenía un posgrado.
Tras finalizar las clases y después de la práctica de fútbol, Ranma fue al vestidor a recoger sus cosas. Normalmente se duchaba allí mismo, pero aquel día solo tenía ganas de llegar a casa. Estaba exhausto por la mala noche que había pasado, por las clases y por el entrenamiento; además, Shampoo no le hablaba y no había podido concentrarse ni dejar de pensar en ella ni en el motivo de su enojo. Se sentía culpable por haber escrito el nombre de otra chica en la lista, porque eso había lastimado los sentimientos de Shampoo (Ranma desconocía el hecho de que no eran los sentimientos los que le dolían a su ligue, sino su ego) de Shampoo. Además, aquella simple acción lo hacía quedar como un playboy (algo que él no era) ante la chica que le gustaba.
Suspiró. Lo único que quería llegar a su casa y no pensar en nada relacionado con la lista.
Salió del vestidor y comenzó a caminar hacia la salida de la Academia, acompañado de su amigo Daisuke y de Ryoga Hibiki, un compañero del equipo de fútbol, mientras charlaban sobre los próximos partidos. Casi llegando a la salida, Ranma captó un destello de color azul con el rabillo del ojo. Shampoo también iba de salida. Ella estaba en el equipo el animadoras, y normalmente tenían práctica el mismo día que el equipo de fútbol, por lo que no era extraño verla por allí a esas horas. Estaba sola, así que aquella era la oportunidad perfecta para volver a intentarlo.
—Chicos, nos vemos luego.
Ranma se despidió de sus acompañantes y miró a Daisuke como pidiéndole que le deseara suerte con Shampoo.
—¿Vas mañana a casa de Hiroshi, no? —Preguntó Daisuke.
—Creo que sí. Igual hablamos por el grupo de WhatsApp.
Daisuke asintió con la cabeza—. Haz lo que te dije. —Miró por encima del hombro de Ranma, en dirección de Shampoo—. Go get her!
Ranma le agradeció y trotó hacia la salida para llamar a Shampoo.
—¡Shampoo, Shampoo, espera!
La alcanzó cuando ya había salido del colegio. Al verla girarse y hacer contacto visual con él, Ranma temió que fuera a ignorarlo... pero su reacción fue todavía peor.
—¿Qué quieres? —Le preguntó de forma despectiva sin dejar de caminar—. ¿Vienes a restregarme en la cara que te gusta Tendo? ¡No me interesa! —Espetó alzando la voz—. ¡Puedes quedarte con ella! Solo no vuelvas a dirigirme la palabra nunca más y ya está.
—No, Shampi, claro que no. Escúchame...
Shampoo se detuvo abruptamente y le dio un empujón a Ranma.
—¡No puedo creer que te guste y que encima tengas el descaro de ponerlo en un papel para que todo el mundo lo sepa! —Le espetó con furia en medio de la acera—. ¡Creí que eras diferente!
Ranma miró a su alrededor. No había nadie en la calle en ese momento. Agradeció su suerte, porque no tenía ganas de protagonizar una escena. Tampoco se le pasó por la mente pedirle a Shampoo que se calmara o bajara la voz, pues sabía que eso solía tener el efecto contrario en las personas
—No me gusta ella, Shampoo, déjame que te explique…
Ranma intentó cogerle la mano, pero ella se la apartó bruscamente y le dio otro empujón.
—¡No quiero que me expliques nada! ¡Eres un estúpido y un idiota! —Le dio una dura mirada y se giró dramáticamente para continuar su camino.
El pelinegro sintió que la frustración, la culpa y el pánico poco a poco se apoderaba de él. Shampoo era una de las chicas más populares de su curso, por lo que ganársela de enemiga era algo que no deseaba ni en un millón de años. Había visto cómo trataba a las personas que no le caían bien, y él no deseaba entrar en esa lista bajo ninguna circunstancia.
Ya la chica le había dado calabazas en el baño cuando había intentado charlar con ella. Como él no tenía experiencia en esos temas, ya que la única chica con la que había salido era la misma Shampoo, decidió acudir a la única persona de confianza que podía ayudarlo gracias a su experiencia con temas de faldas. Daisuke Koyasu tenía un encanto natural y una personalidad llamativa que hacía que las chicas se sintieran atraídas hacia él. Además, era el delantero estrella del equipo de fútbol de la Academia Furinkan, lo cual lo convertía en el objeto del deseo de grandes y pequeñas. Si alguien sabía cómo lidiar con una chica celosa y enojada, era él.
Durante el calentamiento previo a la práctica del equipo de fútbol, Ranma le contó lo ocurrido con Shampoo, y le explicó que con cada disculpa y cada gesto para suavizarla, la chica peliazul parecía ponerse más furiosa. Su amigo le había dicho que en esos casos lo único que podía hacer era asumir toda la culpa por lo que había hecho y pedirle perdón, sin poner ninguna excusa. E incluso aquello no garantizaba el perdón, así que era altamente probable que tuviera que incurrir en alguna mentirilla para conseguir que la chica se ablandara.
Y en eso estaba, admitiendo la culpa y pensando qué historia inventarse.
—Vale, tienes razón. —Le dijo y se metió las manos en el pantalón de deporte. Shampoo se detuvo y se giró para mirarlo—. Soy un estúpido y un idiota, y no puedo refutar eso.
Los ojos de la chica lo estudiaron durante varios segundos, como si quisieran comprobar si hablaba en serio o le estaba tomando el pelo. Ranma aprovechó que se hubiera detenido para seguir hablando.
—Y quiero que sepas que lo siento muchísimo, aunque sé que mi disculpa no significa nada porque no arregla la estupidez que hice, ni tampoco va a cambiar lo que nuestros compañeros puedan estar pensando, si es que alguien sabe que yo escribió el nombre de Tendo. —Suspiró—. De nuevo… lo siento, Shampi. Ya no te molesto más.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección opuesta a la que Shampoo se dirigía. Esperaba que aquello fuera suficiente para que su ligue quisiera escucharlo. Tras varios segundos y numerosos pasos que se le hicieron eternos, la deseada reacción por fin llegó.
—Ranma, espera.
Sabiendo que ella no podía verlo, Ranma soltó un suspiro aliviado y agradeció mentalmente a Daisuke. Se giró y regresó a donde estaba ella, observándola con cada paso. Aquella tarde, Shampoo llevaba el pelo azul atado en una trenza, como solía llevarlo siempre que tenía entrenamiento. A Ranma le había llamado la atención que la Academia Furinkan permitiera a sus estudiantes llevar el pelo como ellos quisieran, pero pronto se dio cuenta de que aquello era algo bueno, pues no le apetecía cortarse el suyo.
—¿De verdad lo sientes? —Le preguntó ella con una mirada inquisidora.
Él aprovechó aquello para comenzar a pensar en una buena mentira que le permitiera irse de rositas y hacer que Shampoo lo perdonara, como Daisuke le había recomendado.
—Claro que lo siento. Por una tonta broma te he lastimado y te has enojado conmigo. Fue una tontería, pero no pensé en las consecuencias. —Alzó su mano para coger la de Shampoo y acariciar sus dedos. Ella no correspondió a la caricia, pero tampoco apartó la mano—. Sabes que jamás te lastimaría intencionalmente.
—¿Una broma? —Frunció el ceño—. No entiendo.
Ranma, que era un chico astuto y que tenía experiencia inventándose historias para salvarse de los injustos y constantes castigosde su padre, asintió con la cabeza.
—¿Te parece si te acompaño hasta tu casa y te cuento de camino? No quisiera que se hiciera más tarde.
Ella pareció pensarlo, no del todo convencida todavía con las disculpas de Ranma. Luego de varios segundos, asintió con la cabeza, pero le soltó la mano a Ranma. Los dos adolescentes comenzaron a caminar.
—Me decías...
Vamos, Ranma, pensó. Tienes diez segundos para inventarte algo que sea convincente y que te salve el pellejo.
—Sí. Verás… en clase, Ichiro le mostró la lista a Daisuke y le dijo que le parecía que todos estaban equivocados, pues ninguno de los nombres que estaban allí era el de la chica más guapa de Furinkan. —Comenzó a inventar, intentando disimular el nerviosismo que le causaba estar mintiendo—. Y cuando le preguntamos quién era la más guapa para él —Ranma pensó en quién de sus profesoras era la menos atractiva—, él nos dijo que la profesora Hastings, de Biología.
Shampoo parpadeó varias veces mientras fruncía el ceño.
—¿La profe Hastings? —Pareció incluso horrorizada—. Pero si tiene como sesenta años…
Ranma asintió con la cabeza.
—Sí, lo sé. Nosotros… obviamente nos partimos de la risa porque sabíamos que era una broma. —Explicó y miró a Shampoo de reojo para comprobar que captaba el chiste—. Y luego... Daisuke lo retó a que pusiera el nombre de la profe en la lista, pero Ichiro no se atrevió. Ya sabes, por si acaso la lista caía en manos de algún profesor...
Shampoo asintió con la cabeza.
—Eso hubiera sido un problema.
—Sí, lo sé. Por eso espero que a lista haya desaparecido. —Bufó. Deseaba que así fuera y que a ella no se le ocurriera acusarlo en venganza.
Shampoo lo miró sin dejar de caminar.
—Eso no explica por qué escribiste…
—Ah, sí, sí. Bueno, como Ichiro no quiso escribir el nombre de la profesora Hastings, Daisuke me retó a mí para que pusiera algún nombre de broma y…
—Y tú escribiste el de Akane Tendo. —Completó Shampoo con una expresión que no dejaba adivinar si la historia le parecía falsa o verdadera.
—¡Exactamente! —Exclamó Ranma. Bien, al menos ella parecía estar siguiendo lo que decía—. Por supuesto que ella no me gusta, pero pensé que sería gracioso escribir su nombre…
Shampoo lo observó durante un tiempo indefinido, en el que Ranma supo que estaba evaluando si creerle o no. Él siempre se había caracterizado por ser una persona sincera y transparente, por lo que estaba convencido de que Shampoo terminaría por creerle. Además, jamás había mostrado públicamente ningún interés por Akane Tendo, ni por ninguna otra chica que no fuera Shampoo, lo cual reforzaba su falsa coartada.
—¿Estás seguro de que es un chiste y que ella no te gusta ni un poquito? —Preguntó ella mirándolo con suspicacia—. No fuiste el único que puso su nombre, estaba más veces. —Comentó Shampoo cruzándose de brazos.
Ranma recordó haber leído el nombre de su compañera en la lista. Bien, aparentemente él no era el único que la encontraba atractiva. Pero si quería que Shampoo terminara por creerse su farsa, debía ser aún más enfático. No bastaba con decirle que había sido una broma, debía dejarle muy claro que para él, Akane Tendo era lo opuesto a una mujer atractiva, y que no la tocaría ni con un palo. Aprovechó que Shampoo hubiera suavizado su semblante para tomar su mano y darle un besito en el dorso.
—Claro que estoy seguro. —Dejó salir una risa burlona—. ¿Cómo va a gustarme Tendo? No me gustan las chicas como ella. Me gustan las chicas como tú, femeninas. —El gesto de Shampoo cambió, y una sonrisa arrogante apareció en su rostro. Ranma volvió a besarle la mano—. Tú sí que eres la chica más sexy de Furinkan y me gustas un montón, pero eso ya lo sabías, ¿no?
Se sintió un rufián por estar mintiendo parcialmente (la parte en la que Shampoo le parecía súper sexy y le gustaba mucho no era una mentira), pero si quería salvar su pellejo y su relación con Shampoo, debía hacerlo. Ella, por su parte, pareció contenta con las carantoñas de Ranma. Se detuvo en mitad de la acera y rodeó su cuello con sus brazos y él hizo lo propio al abrazarla por la cintura, sus cuerpos entrando en contacto. Shampoo era considerablemente más baja que él, así que tuvo que pararse de puntillas para poder acortar la distancia que separaba sus rostros. Ranma bajó la cabeza.
—Me alegra saber que piensas eso de mí —susurró ella contra los labios de Ranma—, porque no quiero ni pienso compartirte con nadie, Ranma. Te quiero solo para mí. —Al menos por ahora, pensó Shampoo.
Antes de que él pudiera contestar, ella se apresuró a darle un apasionado beso francés que le nubló la mente. Cuando estaba con ella, Ranma se olvidaba de todo a su alrededor. Antes de conocer a Shampoo, solo se había besado con una chica: una excompañera de su antiguo instituto. Y aunque lo había disfrutado mucho, no se comparaba con la fogosidad de sus momentos con la chica peliazul, así que todas las sensaciones estaban potenciadas.
Tan rápido como lo había besado, Shampoo se separó de él para cogerle la mano y continuar el camino hasta su casa, entre bromas y chistes sobre la lista, con Ranma tratando de que sus ganas de cambiar de tema no fueran tan evidentes para no despertar sospechas en Shampoo.
Cuando llegaron al portal de la casa de la chica, Ranma le dio un abrazo y un par de besos para despedirse de ella. Pero como ocurría normalmente cada vez que se abrazaban y se daban dulces besitos de saludo o despedida, el abrazo se prolongó demasiado y los besitos pasaron a ser morreos. Se besaron con ganas y Ranma trató de darle un mejor uso a sus manos. Había tanto de Shampoo que quería tocar, que nunca sabía por dónde empezar. Normalmente empezaba abrazándola por la cintura para pegar su cuerpo al de ella, luego le recorría la espalda con sus manos, y después las bajaba para tocarle las nalgas. Quiso hacer eso último en aquel momento, pero le pareció irrespetuoso tomando en cuenta que estaban en la entrada de su casa.
Los dos respiraban agitadamente cuando Shampoo rompió el beso. Ranma sentía el pulso acelerado, la temperatura corporal altísima y una excitación imposible de disimular con aquel pantalón de deporte. Echó la trenza de Shampoo hacia atrás y acarició su mejilla.
—¿Quieres entrar? —Preguntó ella colgada de su cuello—. Podemos comer y tomar algo para reponer fuerzas. —Sugirió, haciendo referencia a los entrenamientos en los que ambos habían participado hacía tan solo un rato.
—Vale. —Contestó Ranma asintiendo con la cabeza—. ¿Hay de las galletas que prepara tu abuela?
Shampoo le envió una mirada sensual y le lamió el labio inferior antes de acercar su boca al lóbulo de la oreja, para pasarle la lengua. El chico se estremeció ante aquel contacto.
—Sí, hay galletas. —Le dijo en un susurro, las palabras chocando contra su piel—. Pero la abuela no está. Los jueves a esta hora suele ir con sus amigas a jugar shōgi y go y no sé qué más.
Él alzó ambas cejas y sintió un cosquilleo delicioso y familiar entre las piernas.
—¿Eso significa que…?
—Estamos solos. —Shampoo le mordió el labio inferior y lo miró de forma seductora—. Y te tengo todo para mí.
El sábado por la tarde, Akane se dispuso a bañar a P-chan, el perrito pomeranian de la familia. Al terminar, y tras secar su hermoso y mullido pelaje con el secador, le ató un pañuelo amarillo alrededor de su collar. Después tomó una larga ducha de agua tibia para relajar sus músculos. Al salir, se fijó en que Yuka había enviado un mensaje de WhatsApp al grupo de las Poppy Sisters:
«Daisu nos acaba de invitar a casa de Hiroshi. Están reunidos para jugar juegos de mesa, ¿vamos?».
Asami confirmó que iría, pero Hiroko no tenía ganas y Sayuri tenía un compromiso familiar. Hiroshi vivía en la calle de detrás de la de Akane, así que ella no tuvo que pensárselo demasiado:
«Yo sí voy. Me visto y salgo para allá».
Asami respondió de inmediato.
«Dame quince minutos y paso por ti, mamá nos lleva».
Akane le respondió y luego se vistió con unos leggings negros, una camiseta gris y una chaqueta de jean. Antes de salir, se calzó sus zapatillas blancas de Alexander McQueen.
Asami fue puntual. Akane saludó a la madre de su amiga, que siempre parecía muy contenta de verla, aunque no tuvo mucho tiempo para hablar con ella, pues la casa de Hiroshi quedaba como a uno o dos minutos en coche. Antes de bajarse, la madre de Asami les dijo lo mismo que les decía siempre que las dejaba en algún lugar:
—Diviértanse. Y no hagan nada que yo no hubiera hecho a esa edad.
Hiroshi las recibió descalzo y con una amplia sonrisa. Su pelo ondulado se veía particularmente bien aquel día.
—¿Y tus hermanitos? ¿Están aquí? —Le preguntó Akane muy entusiasmada ante la idea de conocer a los bebés. La madre de Hiroshi había dado a luz a gemelos hacía unos meses.
—Sí, pero deben estar dormidos. Y si se me ocurre ir a despertarlos, mi madre me asesinará.
Akane y Asami se rieron ante el comentario de su amigo, mientras caminaban los tres juntos hacia el salón familiar, en donde se encontraba el resto de los invitados. A Akane le gustaba el salón familiar de Hiroshi porque las ventanas daban al jardín y a la piscina, y era siempre una maravillosa vista. Además, el padre de Hiroshi coleccionaba discos de vinilo, y Akane siempre descubría uno que no había visto antes.
Las chicas ampliaron su sonrisa al ver que Yuka ya estaba ahí, sentada junto a Daisuke (para variar), pero Akane borró la suya al ver que otra de las personas sentadas en el amplio sofá gris era Shampoo, que parecía estar demasiado ocupada riendo ante uno de los chistes de Daisuke como para notar nada más a su alrededor. Ranma Saotome estaba sentado junto a ella.
Asami pareció sorprendida de ver allí a Shampoo. A Hiroshi no le extrañó ver esa expresión en el rostro de su amiga, pues él no solía juntarse con la chica peliazul; de hecho, aquella era la primera vez que la chica iba a su casa. Shampoo no le caía especialmente bien, ya que le parecía una persona demasiado enamorada de sí misma como para que le importara cualquier otra cosa que no fuera ella, pero había aprendido a tolerarla desde que Ranma salía con ella. Algunas veces, no entendía cómo a su amigo, siendo tan sencillo, podía estar con alguien como Shampoo, tomando en cuenta que la chica pasaba la mayor parte del tiempo hablando de sí misma, pero luego pensaba en que no podía juzgarlo. Después de todo, Ranma apenas tenía poco más de un año de conocerla. Además, Shampoo era guapísima y súper sexy, y todos los chicos se babeaban por ella. Para Hiroshi, que probablemente era considerado un extraterrestre entre los chicos, aquello no era suficiente; le daba igual que la chica fuera un bombón si su personalidad no le gustaba.
—¿Desde cuándo eres amigo de Shampoo? —Le preguntó Akane a Hiroshi, todavía mosqueada con la chica peliazul por haberle pasado por encima a sus cartas durante el receso el día anterior.
—No lo soy. —Respondió él—. Pero sale con Ranma y él la invitó. Así que intento ser político y llevar la fiesta en paz.
—¿Cómo lo logras? —Asami lo miró interesada. Ella había tenido varios roces con Shampoo durante su tiempo en el equipo de animadoras.
—La ignoro la mayor parte del tiempo. —Contestó con una leve sonrisa—. Pero no te preocupes, Shampoo será la primera irse; suele volver a casa pronto cuando sus padres están de viaje, para estar con su abuela, así que no creo que tengas que lidiar con ella durante mucho tiempo. —Miró a sus amigas de forma conciliadora—. ¿Creen poder ser políticas ustedes también?
Akane asintió con la cabeza.
—¿'Sami? —Preguntó Hiroshi mirando a la chica del flequillo.
La chica también asintió. Admiraba mucho la personalidad ecuánime y paciente de Hiroshi, pero también su madurez. No conocía a demasiados chicos como él, que tuvieran un manejo de sus emociones y un control de sus impulsos tan desarrollados para su edad.
Las recién llegadas saludaron a las personas que ya estaban ahí: Yuka, Daisuke, Ranma, Kano (un chico que estaba en la misma clase que Shampoo y que amigo de Daisuke e Hiroshi), Shampoo y Akari (una de las mejores amigas de Shampoo). Akane pensó que, como siempre, la chica peliazul lucía fantástica. Aquel día llevaba un suéter blanco de cuello vuelto, unos increíbles jeans rotos y unas zapatillas B23 de Dior.
—¿Qué juegan? —Preguntó Akane al grupo.
—Pues, por ahora nada. —Contestó Hiroshi—. Estamos debatiendo entre jugar al Monopolio, al Pictionary o tal vez Risk.
—Monopolio no, por favor. —Daisuke expresó su descontento—. Después van a quedar arruinados y suplicando clemencia a mí y a Yuka.
Tanto Daisuke como Yuka eran buenos con los números y los juegos de estrategia, así que para ellos Monopolio no representaba un problema mayor. Pero para el resto…
—¡Qué exagerado! —Exclamó Kano.
—Podemos jugar al Pictionary. —Intervino Akane—. No hay nada de números y se puede jugar en equipo. Somos nueve, así que podemos hacer tres equipos de tres.
—¡Pero hagamos los equipos al azar! —Intervino Asami—. Para que no haya trampas.
Algunos protestaron al principio, pues ya se conocían y sabían más o menos quiénes eran los mejores para ese juego, pero al final estuvieron de acuerdo con que fuera al azar. Daisuke sacó su móvil y utilizó la página web que normalmente usaba para sortear y armar los equipos de fútbol para los partidos que jugaba con sus amigos. Equipo 1: Akari, Asami, Kano; equipo 2: Daisuke, Yuka, Shampoo; equipo 3: Hiroshi, Ranma, Akane.
—¡No es justo! —Akari frunció el ceño—. Yuka y Daisuke no deberían quedar juntos porque son súper amigos y obviamente se conocen bien y van a ganar.
—Pues tomando en cuenta que aquí todos nos conocemos bien y casi todos somos amigos, Akari —Dijo Yuka—, está complicado que eso no suceda.
—A mí me encanta mi equipo, no tengo queja alguna. —Kano miró a Akari como queriendo matarla. Asami era súper artística y sabía que sería la mejor dibujando, lo que significaba que él y Akari no tendrían problemas para adivinar sus dibujos.
Shampoo no había dicho nada, sintiendo que le convenía que Yuka y Daisuke estuvieran en su equipo. Ranma, por su parte, tuvo una idea. En otras circunstancias, le hubiera parecido fantástico estar en el mismo equipo que Akane Tendo, pues la chica era inteligente y competitiva, dos cualidades indispensables para ganar en este tipo de juegos. Pero en aquel momento, debía evitar a toda costa relacionarse con ella… especialmente si Shampoo estaba presente. Necesitaba reforzar la mentira que le había dicho el día anterior para que le perdonara.
—¿Podemos cambiar de equipo?
La voz grave de Ranma interrumpió la cháchara. Todos lo miraron, pero Akane y Shampoo con más atención que el resto.
—¿Por? —Yuka bufó.
—No me siento cómodo con el mío.
Yuka, Asami y Kano rodaron los ojos; Hiroshi y Akane fruncieron el ceño; Shampoo pareció intrigada.
—¿Cómo que no te sientes cómodo? —Hiroshi habló en un tono más bajo y miró a su amigo sin entender—. Si tú y yo somos buenos en esto, vamos a ga…
—No es por ti, Hiro. —Ranma mantuvo su semblante serio—. ¿Podemos cambiar?
El comentario de Ranma cayó como un saco de harina roto. Hiroshi lo miró sin poder creer que hubiera dicho eso; el equipo era de tres, así que si no era por él, era por Akane. Y encima lo había dicho lo suficientemente alto como para que todos escucharan. Frunció el ceño; aquella descortesía no era propia de su amigo. El silencio de los presentes solo confirmaba que todos consideraban que el comentario había sido de muy mal gusto.
—Ranma —Hiroshi insistió—, no creo que sea…
Esta vez fue la voz de Akane la que se hizo presente.
—Chicas, ¿cambiamos? —Preguntó mirando a Yuka y Asami, intentando que no se le notara el mosqueo—. Para que no haya que hacer todos los equipos desde cero, nos rotamos nosotras, ¿vale?
El primer impulso de Akane había sido decirle a Yuka que cambiaran de equipo con ella, pero eso implicaría tener que estar con Shampoo, algo que deseaba tanto en aquel momento como agarrarse los dedos con una puerta. Shampoo la había ignorado cuando Akane la saludó tras llegar al salón familiar de Hiroshi, al igual que lo había hecho Ranma. La menor de los Tendo estaba convencida de que Hiroko y Asami no se habían equivocado el día anterior al pensar que Shampoo estaba celosa de ella por todo el tema de la lista. Y a juzgar por la actitud de Ranma, era evidente que había recibido un toque y ahora estaba tomando distancia con ella.
—Akane, no creo que sea necesario. —Intervino Daisuke, tratando de ser político, como decía Hiroshi.
—No pasa nada, Daisu. Prefiero cambiar para que después no me culpen por perder. —Comentó con ironía—. Sabes que hay gente que no es capaz de reconocer su torpeza para estos juegos, y siempre busca una excusa cuando pierde. —Aquello último lo dijo con toda la intención de picar a Ranma, quien claramente se dio por aludido.
Yuka, viendo que la situación se estaba poniendo tensa, se apresuró a hablar.
—Vale, vale, rotamos. Yo voy entonces con Hiroshi y con Ranma; Asami va con Shampoo y Daisuke; y Akane va con Akari y Kano. ¿Bien?
Poco a poco, las tensiones disminuyeron y el grupo de adolescentes se concentró en jugar lo mejor posible y en pasarlo bien. Los turnos fueron avanzando y la competencia intensificó, a la vez que se hizo más divertida. En un momento, Akane estaba dibujando algo que ninguno de sus dos compañeros de equipo lograba adivinar.
—No entiendo. —Dijo una muy confusa Akari—. ¿Miopía, ceguera, enfermedad de la vista? ¿Gente que no ve?
Akane miró a Akari y asintió con la cabeza, mientras movía el dorso de su mano como indicándole más o menos. Sí, tenía que ver con ceguera…
—¿Pareja, novios? —La interpretación de Kano era muy distinta a la de Akari, pero tampoco estaba alejada del significado del dibujo—. ¿Cena, cita?
Akane miró a sus dos compañeros, y los señaló para que mezclaran lo que cada uno interpretaba. La risita burlona de Ranma se escuchó de fondo, mientras los chicos continuaban adivinando.
—Hasta un niño de diez años hubiera hecho un dibujo mejor… con razón no pueden adivinar.
El pelinegro había estado picándola indirectamente con comentarios burlones hacia sus dibujos o hacia sus interpretaciones equivocadas de los dibujos de sus compañeros, siempre haciéndole el comentario a Hiroshi o Daisuke, pero asegurándose de que todos lo escucharan. Para los presentes ya era más que evidente que se trataba de un asunto personal, lo que les resultaba un tanto incómodo, en especial porque la mayoría no entendía de dónde venían esas ganas de Ranma por picar a Akane, tomando en cuenta que la chica no se metía con nadie.
—Ok, ok, ¡cita de ciegos! —Exclamó Kano.
Akane abrió los ojos exageradamente, asintió con la cabeza y movió la mano indicando que más o menos por ahí iba la cosa.
—Eh… eh… ¡ya sé, ya sé, ya sé! —Esta vez fue Akari quien habló en voz alta, poniéndose de pie por la emoción—. ¡Cita a ciegas!
—¡Tiempo! —Exclamó Ranma—. ¡No vale!
—Pero, ¿cómo que no vale? —Dijo Kano molesto—. Claro que vale, si lo ha dicho antes de que dijeras tiempo.
—No, no. Cuando he dicho tiempo ya no quedaba arena en el reloj. No cuenta.
Kano frunció el ceño—. Es que si ella lo dijo antes de que tú dijeras…
—Son las reglas.
—Una cosa no tiene nada que ver con la otra. —Kano sonó mosqueado—. No me consta que la arena ya...
—Déjalo, Kano. —Comentó Akane visiblemente irritada al igual que el chico de pelo corto—. No vamos a rogarle. No necesitamos rogar por puntos, vamos a ganar igual. —Se permitió incluso ser despectiva—. Además, él ni siquiera sabe dibujar, su equipo sigue a flote todavía por Hiroshi y Yuka, porque si no...
Ranma la miró desafiante, pero no dijo nada. Simplemente lo anotó mentalmente para desquitarse más adelante.
El juego continuó sin altercados hasta que nuevamente fue el turno del equipo de Akane. Esta vez le tocaba dibujar a Kano. El chico de pelo corto sonrió ampliamente al ver la categoría y la palabra que le había tocado. Pan comido. Dibujó varios trazos sencillos en el papel blanco y tanto Akari como Akane reconocieron inmediatamente lo que había dibujado… el problema, era que ninguna de las dos recordaba cómo se llama.
—Ay, ay, ya sé… es… es el pájaro este, el que trae a los bebés. —Dijo Akari nerviosa—. ¿Cómo se llama, Akane?
Pero Akane no lo recordaba. ¿Cigala?
—No me acuerdo, tía. —Insistió Akari— ¿Golondrina no era?
Daisuke y Asami soltaron una carcajada, disfrutando de la mala memoria de sus amigas.
—No, no, no es golondrina. —Respondió Akane—. ¿Era con C, no?
Kano asintió con la cabeza insistentemente. ¡Sí, era con C! Su mirada gritaba: ADIVINEN, COÑO. Ya había terminado su dibujo y no había nada más que pudiera hacer. Todo estaba en las manos de sus compañeras. Y el tiempo seguía corriendo.
—No es perdiz ni tampoco tortolita… —Akari continuaba intentando recordar—. ¿Seguros que no es golondrina?
—Es con C, Akari, con C. —Akane hizo un profundo ejercicio de memoria, mientras sentía la presión taladrarle los hombros.
La palabra llegó a ella como un relámpago, pero Shampoo tenía los ojos fijos en el reloj de arena, y no pensaba darles ni un segundo más. El juego estaba demasiado cerrado como para otorgar ese tipo de concesiones.
—¡Tiempo! / ¡Cigüeña! —Dijeron las dos chicas al unísono.
—¡Sí, coño, sí! —Exclamó Kano tirando el lápiz sobre el tablero—. ¡Es una puta cigüeña!
—No vale, lo siento, lo han dicho muy tarde. —Dijo Shampoo. Los chicos confiaron en su palabra. Shampoo podía ser muchas cosas, pero no era una tramposa.
—¡Joder! —Exclamó Akane furiosa consigo misma—. ¿Cómo no lo he recordado antes?
Ranma apoyó su cabeza de la mesa de café en la que jugaban, haciendo que su flequillo se fuera todo hacia adelante, sus hombros temblando por la risa. Alzó la cabeza y miró a Hiroshi.
—Menos mal que se ha cambiado de equipo, Hiro, porque menudo ridículo estaríamos haciendo. —Siguió riendo, ante la iracunda mirada de la menor de las Tendo.
Yuka se acercó su rostro al oído de Hiroshi y habló en voz baja.
—Oye, ¿a tu amiguito nunca le han dado una hostia por payaso en uno de estos juegos? —Mantuvo una expresión serena mientras continuaba mirando a los otros equipos, para que Ranma no sospechara que estaba hablando mal de él.
Hiroshi la miró de reojo.
—No, creo que no. ¿Por qué? —Pareció reflexionar—. Sí se la merece, ¿no? Está muy intenso con Akane.
—¿Intenso? Intenso es un detalle, Hiroshi. Se le está pasando la mano… y sabes que Akane es de mecha corta; de hecho, me sorprende que se esté controlando.
Por suerte para la salud física de Ranma (a Akane se le estaba aflojando la mano y ganas de darle un tortazo no le faltaban), el juego no duró mucho más, e incluso a pesar de las últimas complicaciones,el pronóstico de la menor de los Tendo no fue equivocado: su equipo resultó victorioso. Se dio el lujo de celebrar y presumir de su victoria, sabiendo que eso iba a mosquear a Ranma, que no había dejado de meterse con ella en todo el juego. ¿Lo estaría haciendo para lucirse ante Shampoo? Estaba casi segura que sí, porque antes de ese día él jamás se había comportado así con ella. Ya el que le hubiera pedido el cambio de equipo le sorprendió muchísimo y le sentó fatal, no estando acostumbrada a que la trataran como una apestada.
Ranma, a quien perder no le sentaba nada bien, pidió la revancha, pero el resto de los chicos no quisieron seguir jugando, al menos no por el momento. Tenían hambre, así que hablaron de pedir algo rico para comer. Cada uno sacó su móvil para buscar opciones y tener un consenso sobre qué pedir.
El móvil de Akane sonó y la chica sonrió al ver el nombre en la pantalla, una llamada que estaba esperando. Se puso de pie y se dirigió a la puerta corrediza que daba hacia el jardín. Tras salir, contestó la llamada.
—¡Hola, Mika! ¿Cómo estás? ¿Has terminado ya la terapia de tu tobillo?
La voz masculina al otro lado de la línea le respondió con la calidez y el cariño propios de las personas que se tienen mucha confianza.
—Bien, bien. Estoy ya en casa, hoy fue el último día de mi terapia. En teoría puedo volver a bailar la semana que viene, pero tengo que empezar suave. —Contestó—. ¿Tú cómo estás, preciosa?
Mikado Sanzenin era un buen amigo de Akane desde hacía un par de años. Se habían conocido en una fiesta por amigos en común y habían congeniado casi inmediatamente. A pesar de que iban a institutos distintos, se mantenían muy unidos.
—Bien, también. —Respondió Akane y se fijó en que junto a la piscina había un balón de fútbol desgastado—. En este momento estoy en casa de Hiroshi, que hemos venido a jugar juegos de mesa.
El suspiro al otro lado de la línea no se hizo esperar.
—Tu amigo Hiroshi es… hermoso. ¿Segura que no es gay?
Akane se rio mientras comenzaba a darle suaves toques al balón. Aquella no era la primera vez que Mikado dejaba ver que le gustaba Hiroshi. Hiroshi Tsujitani era un chico muy lindo que todavía conservaba su cara de niño, a diferencia de la mayoría de sus compañeros que ya comenzaban a verse más hombres. Tenía un precioso pelo castaño claro con muchas ondas y volumen, por lo que Asami bromeaba con él y le decía que parecía uno de los Jonas Brothers.
—Y además es súper buena persona —Dijo Akane—, muy buen chico. Lástima que se haya juntado con alguno que no es tan bueno… —Akane procedió a contarle a su amigo lo ocurrido aquella tarde, describiendo la actitud de Ranma Saotome hacia ella.
Dentro de la casa, los adolescentes debatían sobre qué pedir. Todavía no llegaban a un consenso, pero al menos habían reducido a dos las opciones: pizza y hamburguesas. Cuatro de ellos querían comer la primera opción y otros tres de ellos preferían la segunda.
—¿Y tú, Shampoo? —Preguntó Hiroshi—. ¿Cuál prefieres?
La chica de pelo azul se puso de pie y dejó su móvil sobre el sofá.
—Creo que hamburguesa, pero la mía la quiero sin queso y sin pepinillos. Voy al baño. —Miró a todos—. Pidan rápido que me muero de hambre.
Salió de la estancia y Daisuke frunció el ceño.
—Okay, eso nos deja con un empate. Cuatro y cuatro.
—Falta Akane. —Indicó Yuka—. Voy a preguntarle qué quiere.
La chica de pelo largo se puso de pie y caminó hacia la puerta corrediza.
—No, espera, Yuka. —Hiroshi habló desde su lugar en el sofá—. Que vaya Ranma.
El aludido alzó la cabeza y frunció el ceño, mientras miraba a su amigo sin comprender.
—¿Yo? ¿Y por qué yo?
—Porque fuiste muy grosero y pesado con ella antes, así que vas a ir ahora y te vas a disculpar. —Respondió Hiroshi en un tono que no daba espacio a réplica—. Y de paso le preguntas qué quiere comer.
En principio, Ranma había decidido pedir cambio de equipo para que quedara claro frente a Shampoo que a él no le interesaba tener nada que ver con Akane, pero luego la chica de pelo azul no manifestó en ningún momento si aquel gesto de Ranma le gustó o no. Durante el juego, Ranma encontró varias oportunidades para molestar a Akane y así fortalecer su coartada, pero pronto descubrió que de hecho le gustaba meterse con ella y comenzó a hacerlo ya no por Shampoo sino por él mismo. Akane iba de cero a cien en segundos, era fácil hacerla rabiar y Ranma había descubierto que ver esas reacciones en ella se le hacía divertido (además de muy sexy, aunque eso jamás fuera a admitirlo ante sí mismo y mucho menos ante cualquier otra persona); se sentía bien saber que tenía la habilidad de robarle la calma. Sin embargo, ninguno de los presentes encontró graciosos o divertidos los chistes y comentarios que hacía para molestar a Akane (puede que Akari y Daisuke en alguna ocasión), así que ahora debía ir hasta el jardín a preguntarle qué quería comer. Ranma tenía muy claro que no pensaba disculparse con ella.
Salió de la casa y disfrutó de la vista del enorme jardín que tenía Hiroshi, en el que además de una piscina de un tamaño considerable, había suficiente césped como para divertirse jugando con un balón. Una pena que a su amigo no le gustaran los deportes teniendo un jardín como ese, pero por suerte no le molestaba que Ranma y Daisuke (que también vivía en un edificio, aunque uno muy distinto al de Ranma, por supuesto) jugaran un rato las veces que iban de visita a su casa a jugar a la PlayStation; Hiroshi y Kano se quedaban jugando adentro y Daisuke salía con Ranma a jugar afuera.
Ranma caminó hasta donde estaba Akane hablando por el móvil, cerca del borde de la piscina. Parecía muy divertida y entretenida con su llamada. ¿Sería un chico? ¿Un ligue, un novio?
Aprovechando la distracción de su compañera, Ranma le quitó el balón de los pies, haciendo que Akane diera un respingo. No lo había escuchado salir de la casa ni mucho menos acercarse a ella. El chico era sigiloso.
—¿Prefieres hamburguesa o pizza? —Preguntó Ranma serio.
Akane lo miró sin ninguna expresión. Ese día el pelinegro vestía una camisa leñador de manga larga, jeans oscuros y unas adidas Campus de color vino. Decir que no se veía guapo sería mentir.
—Eres la única que falta por votar —comentó Ranma al ver que Akane no respondía—, así que he venido a preguntarte qué quieres.
—Me da igual, lo que elija la mayoría. —Contestó la chica encogiéndose de hombros.
—Hay un empate. —Añadió Ranma—. ¿Tú que quieres?
Akane suspiró y le dio la espalda a Ranma
—Mika, tengo que dejarte, pero te escribo cuando llegue a casa, ¿vale? —Sonrió—. Yo también te quiero mucho, un besito.
Colgó. Se guardó el móvil en el bolsillo interno de su chaqueta de jean y se giró para volver a mirar a Ranma.
—Me da igual, en serio.
Hizo amague de agacharse para recoger el balón con la mano, pero Ranma fue más hábil que ella y lo apartó con sus pies.
—Pues vas a tener que elegir —Dijo mientras controlaba el balón con ambos pies—, porque hasta que tú no decidas, no vamos a pedir.
A ella le pareció que era la oportunidad perfecta para picarle.
—¿Tú qué quieres?
Él la miró curioso. ¿Iba a elegir lo mismo que él? Le pasó el balón y Akane lo recibió sin problema.
—Hamburguesa.
—Vale. —La chica esbozó una pequeña sonrisa y miró hacia la casa. Ranma había dejado la puerta corrediza abierta, por lo que Akane pudo ver a Yuka de pie en el umbral—. ¡Yuka!
La chica de pelo largo se giró para mirar a su amiga.
—¡Yo quiero pizza!
Yuka asintió con la cabeza, le mostró un pulgar hacia arriba en señal de aprobación y se dio la vuelta para hablar con el resto. Akane volvió sus ojos a Ranma y le devolvió el balón con algo de fuerza, mientras le sacaba la lengua. Él tuvo que controlar el balón en el aire para bajarlo con el pie y posó sus ojos en el rostro de la chica. Se veía muy divertida.
—Si has votado por pizza para joderme, te informo que también me gusta. —Comentó volviendo a pasarle el balón.
—Ya, pero te apetecía comerte una hamburguesa hoy, ¿no?
Dio un pase con el exterior y Ranma la miró con interés. Un pequeño y maquiavélico plan se formó en su mente. Trató de que no se le notara en el rostro.
—Lánzame una volea. —Le dijo dándole un pase raso.
Ella recibió el balón y frunció el ceño.
—No… no sé hacer eso. ¿Tendría que levantar el balón primero, no? —Trató de hacerlo varias veces, pero el balón siempre conseguía escaparse de sus pies, por lo que debía dar varios pasos para recuperarlo. No era una persona demasiado habilidosa con los pies.
—A ver, déjame el balón y te muestro. Pero no me des un pase raso, haz lo que has hecho antes, que me has pasado el balón levantándolo. Espera, déjame alejarme un poco…
Akane esperó paciente que Ranma se alejara de ella, hasta que sus pies, que habían estado todo ese tiempo sobre el suelo de travertino que rodeaba la piscina, tocaron el césped del jardín. Akane, que era una chica bondadosa y bien intencionada, no sospechó nada de aquella solicitud de Ranma.
—Venga, pásame el balón. Voy a mostrarte una volea perfecta. Debes recibir el balón y patearlo a primer toque, cuando cuando todavía esté en el aire.
La menor de las Tendo colocó la pelota frente a ella y la pateó sin demasiada fuerza hacia Ranma, aunque con el suficiente impulso como para que el balón se levantara y el chico pudiera recibirlo en el aire. Con un movimiento grácil pero contundente, Ranma levantó su pierna izquierda para patear el balón con el exterior del pie, ejecutando una volea que Akane encontró preciosa... pero que no pudo disfrutar por mucho tiempo, porque el balón se dirigió hacia ella a gran velocidad y apenas tuvo tiempo de reaccionar. Para que no impactara contra su hombro, Akane metió la mano, pero el momentum del balón fue tal que la chica dio dos pasos hacia atrás, trastabilló y cayó al suelo de espalda.
Ranma se llevó una mano a la boca para contener su risa ante lo que acababa de ver. La idea había sido asustarla un poco, tal vez incluso darle un pelotazo, pero esto estaba mucho mejor. Bien, quizás había pateado la pelota con más fuerza de la que debía, pero tenía que admitir que la mirada de odio que Akane le estaba dando desde el suelo lo hacía reír.
—Lo tuyo hoy es de no creer. —Le espetó—. Tienes el imbécil subido.
—Tampoco pensaba que fueras a caerte. —Caminó hasta ella y se inclinó hacia adelante para ayudarla a levantarse, sin dejar de sonreír—. Normalmente sueles ser menos torpe para los deportes...
Akane, que había estado a segundos de coger su mano, lo fulminó con la mirada. Se puso de pie sin su ayuda y trató de respirar profundo para no abalanzarse sobre su cuello y estrangularlo. Se había contenido lo suficiente durante la tarde, más por no traer mal rollo al grupo que por otra cosa, pero esto había sido el colmo. Caminó hasta que llegó al sitio a donde había ido a parar la pelota, se agachó para recogerla y luego se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección a Ranma, que parecía sumamente divertido por lo que había hecho.
—Oye, que ha sido un accidente. No estarás pensando en darme un pelotazo, ¿no?
Pero un pelotazo sería demasiado sutil, y Akane Tendo jamás se había caracterizado por las sutilezas.
—Por supuesto que no, ¿por quién me tomas? —Le preguntó cuando se detuvo frente a él. Le extendió la pelota—. Por cierto, ¿llevas tu móvil contigo?
Ranma la miró con el ceño fruncido mientras cogía el balón.
—No, ¿por qué?
Akane sonrió. Ranma ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. Primero, sintió las delgadas manos de Akane posarse con firmeza sobre su pecho; segundo, una fuerza desconocida que lo empujaba hacia atrás; tercero, el agua helada de la piscina en contacto con su cuerpo. La sonrisa de Akane se amplió, sin importarle que la puerta corrediza de vidrio se hubiera abierto completamente, indicando que probablemente sus amigos acababan de salir al jardín. Mejor así. Las humillaciones eran peores cuando había público.
Ranma emergió del agua sin poder creer lo que acababa de pasar. Se pasó las manos por el rostro para limpiarse el exceso de agua y acomodarse el flequillo. Furioso y sin salir de la piscina, buscó a Akane con la mirada. ¡Esa estúpida lo había empujado a la piscina!
—Pero, ¡¿tú eres…?!
—¿Es de buena calidad esa camisa? —Le preguntó Akane con la mano en el mentón—. No vaya a ser que se destiña con el cloro de la piscina...
—¿Qué ha pasado? —Preguntó Hiroshi acercándose a ellos, al ver a Ranma dentro de la piscina y a Akane mirándola desde fuera.
Akane le dedicó una breve mirada y comprobó que Shampoo, Asami, Kano y Akari lo acompañaban.
—Nada. —Contestó ella con falsa inocencia y se encogió de hombros—. Ranma todavía estaba calentito por la derrota y decidió enfriarse un poco con un chapuzón. ¿Verdad?
El pelinegro apretó los dientes y echó el brazo hacia atrás para empujar una gran cantidad de agua hacia la chica. Ella fue rápida y se echó para atrás, no sin antes soltar una risita divertida.
—Te jodes. —Le dijo en voz baja antes de volver hacia sus amigos—. Al final seremos menos para cenar —dijo en voz alta—, Ranma tendrá que ir a su casa a cambiarse de ropa, ¿no? No creo que le quede tu ropa, Hiro.
Esbozó una sonrisa y entró a la casa, más que satisfecha con su venganza. Eso le enseñaría a ese estúpido a no volver meterse con ella.
Tendo 1, Saotome 0.
Estén atentos al marcador (Tendo 1, Saotome 0), que de ahora en adelanta irá cambiando de forma trepidante.
Poco a poco vamos a ir conociendo más de los personajes complementarios de la historia. En este capítulo hemos tenido detalles de Asami (una de mis favoritas), Sayuri, Hiroshi y Shampoo.
Muchas gracias a todas las personas que leyeron el primer capítulo de Aviones de papel, a los que agregaron la historia a sus alertas y especialmente a los que se tomaron el tiempo de dejar un review. Aprecio mucho sus comentarios.
