Aviones de papel
Capítulo 4:
"Edo-Tokyo"

El viernes siempre había sido el día favorito de Akane. No solo porque era la antesala al fin de semana, sino porque se respiraba un ambiente distinto, más relajado, más distendido; como si nada malo pudiera ocurrir un viernes, como si cualquier cosa importante y de vida o muerte pudiera esperar hasta el lunes.

Aquel viernes en particular tenía un delicioso sabor de boca para ella. No había ningún examen ni ninguna clase que le disgustara particularmente, pero además iría a una visita de campo al Museo Edo-Tokyo con el profesor John Taro, uno de sus favoritos. ¿La cereza sobre el helado? No tendría que verle la cara a cierto pelinegro arrogante de bonitos ojos azules. Para cerrar con broche de oro, en la noche iría al cine con Sayuri y con su amigo Mikado Sanzenin, a ver una película de terror que los tres esperaban desde hacía un tiempo. En fin, ¡un viernes para recordar!

La visita al museo se realizaría inmediatamente después del primer receso, para que los estudiantes tuvieran tiempo de desayunar algo. El profesor Taro había aprendido al poco tiempo de comenzar su carrera como educador que un alumno con el estómago lleno es un alumno dispuesto, diligente, receptivo y, sobre todo, un alumno calmado.

Akane se pasó la mañana de un humor maravilloso, sin ser siquiera rozada por las malas vibras de cierto pelinegro engreído de cuerpo atractivo que se sentaba a su derecha. Luego sonó el timbre del recreo y ella salió muy contenta para desayunar con Hiroko, Asami y Ryoga, cuyo cumpleaños se acercaba. Charlaron sobre todas las posibles formas en las que Ryoga podría celebrar su cumpleaños. Asami sugirió una gran fiesta, e incluso propuso su casa en el que caso de que los padres de Ryoga fueran muy tradicionales y no quisieran ver a su hijo y a sus amigos menores de edad bebiendo alcohol.

—No es que mis padres me den permiso de beber alcohol —Dijo Asami al ver la mirada curiosa de Ryoga—, pero me dejan hacer fiestas. Y no tienen porqué enterarse que tendremos alcohol. Yo me aseguraré de que no se salga de control, como la fiesta de Ukyo en el verano.

Ryoga y Akane solo se miraron. La fiesta de Ukyo Kuonji... mejor no hablar del tema.

El chico dijo que iba a pensárselo y el timbre que indicaba el final del receso sonó. Todos los estudiantes de penúltimo año se dirigieron al estacionamiento, en el que el transporte del colegio los esperaba para llevarlos al Museo Edo-Tokyo. Irían los dos salones, así que el profesor Taro le había pedido apoyo a otra profesora para que le ayudara a controlar a los jovencitos en caso de ser necesario.

—¿Es en serio?

La voz de Tatewaki Kuno llamó la atención de Akane, Asami y Ryoga, que acaban de llegar al estacionamiento.

—De todos los profesores que hay en este maldito colegio, ¿tenía que invitarla a ella? —Rodó los ojos y bufó, en una clara muestra de exasperación—. She's a major party pooper. (Es una gran aguafiestas)

La profesora Rumiko Suzuki, que enseñaba Japonés a los tres últimos cursos, había sido la seleccionada por el profesor Taro para acompañarlos en la visita al museo. John sabía que a Rumiko le gustaban los museos, así que quiso tener un gesto con ella invitándola al field trip, con el objetivo de que la mujer se relajara, se ablandara y no fuera demasiado dura con Ranma Saotome en lo que quedaba de año.

Asami, que también consideraba a la profesora Suzuki una gran aguafiestas, miró a Tatewaki Kuno como si fuera un apestado mientras cruzaba sus brazos. No importaba si estaban en la misma página con respecto a la profe Suzuki, ella jamás le daría el gusto de darle la razón en nada, porque todo lo que salía de su boca le parecía patético.

—Vamos a un museo, Kuno, no a Coachella. —Le dijo como si fuera evidente—. Así que deja el show.

A Tatewaki tampoco le caía bien Asami. Le parecía que no sabía quedarse callada y, entre otras cosas, detestaba su papel de chica feminista sexualmente liberada. Abrió la boca para responderle, pero la aparición de la profesora Suzuki se lo impidió.

—Señorita Kobayashi. —Le dijo mirando a Asami—. ¿Le parece a usted que esa falda tiene el largo apropiado?

Tatewaki se tapó la boca para contener su risa. Luego le mostró el dedo del medio a Asami y se alejó de allí, no vaya a ser que la mojigata de Suzuki tuviera algo que decirle a él también. Akane lo miró con desprecio, pero pronto fue consciente del sentimiento que había generado en ella, y lo dejó ir. Había tomado la decisión de no permitir que nada de lo que dijera o hiciera Tatewaki Kuno iba a afectarle. Ya no más.

—Yo creo que sí, profesora Suzuki. —Respondió Asami con seguridad, aun sabiendo que su falda era varios centímetros más corta de lo que exigía el reglamento.

La profesora Suzuki la miró con una ceja alzada. Luego miró a Ryoga Hibiki. El chico no necesitó que le dijera nada; se retiró rápidamente, sabiendo que Suzuki probablemente le daría uno de esos discursos de por qué las señoritas decentes no debían llevar la falda tan corta.

—¿Ah, sí? —Asintió con la cabeza—. Bien. Tendo, por favor, párese junto a su compañera.

Akane miró a Asami, que ya sabía cuál sería su destino, y simplemente se puso de pie a su lado, sin decir nada. La profesora Suzuki esbozó una sonrisa satisfecha al comprobar que había tenido razón, y Asami se cruzó de brazos.

—Mire hacia abajo, Kobayashi, y verá usted que el largo apropiado de la falda es el que lleva su compañera Tendo. —Le dijo mirándola sin pestañear—. Su falda es inapropiadamente corta.

¿Y? A ella le gustaba llevar la falda corta porque tenía unas bonitas piernas y le encantaba mostrarlas. Akane también tenía unas bonitas piernas, pero si su amiga prefería no enseñarlas, esa era su decisión.

—Ay, ¡no sé qué habrá pasado! —Dijo Asami llevándose una mano a la boca en un gesto teatral—. ¿Habré dado un estirón? Sí, debe ser eso...

—¿Otro estirón? —Inquirió una implacable Suzuki—. Crece usted a una velocidad trepidante. —No era la primera vez que Kobayashi se excusaba con aquella historia del estirón para librarse de una boleta por llevar la falda demasiado corta—. Le recuerdo que en este colegio hay normas y que esas normas deben ser acatadas al pie de la letra por todos los estudiantes. Las reglas tienen una razón de ser, además. No es propio de una señorita llevar la falda tan corta; este es un colegio mixto.

Asami alzó una ceja. ¡Así que el problema que tenía con su falda era por los chicos! Akane, viendo que a su amiga le había cambiado la expresión, intervino cogiéndola de la mano para que no dijera nada. Sabía que tanto Hiroko como ella solían calentarse muy rápido con este tipo de temas.

—Profesora Suzuki, estoy segura de que Asami y yo podremos encontrarle una solución al tema de su falda de camino al museo. —Dijo en tono conciliador, sabiendo de sobra que la falda de Asami tenía el largo adecuado; su amiga simplemente se la doblaba para que se viera más corta—. Ahora, vamos subiendo a los buses. El profesor Taro es muy exigente con la puntualidad. —Completó esbozando una sonrisa cordial.

Sin esperar que la profesora le respondiera, Akane emprendió la marcha sin soltar a Asami, y la llevó con ella hacia el bus al que Hiroko y Hiroshi se estaban subiendo en aquel momento. La chica de pelo corto miró a sus dos amigas.

—¿Por qué tienes esa cara? —Adoptó un tono sarcástico—. ¿No te entusiasma aprender sobre el patrimonio cultural de Edo?

Mientras caminaban en el interior del bus buscando un sitio para sentarse, Akane les explicó lo que acababa de ocurrir. Hiroko rodó los ojos.

—No puedo creer que la profesora Suzuki, siendo tan joven, siga perpetuando esa cultura sexista.

—No la culpo. —Comentó Hiroshi en un tono casual mientras tomaba asiento junto a Daisuke. Al ver que sus tres amigas se quedaban calladas, el chico se giró, topándose con tres indignados pares de ojos, que se habían detenido en el pasillo a mirarlo—. ¡No por ser sexista, por eso sí que la culpo! —Exclamó nervioso—. Quiero decir… no la culpo por haberte regañado justo ahora. Vamos… vamos a una visita de campo a un museo, la gente nos va a ver.

—O sea que además de tentar a los pobres e inocentes chicos de Furinkan que no podrán controlar sus impulsos sexuales al ver mis fantásticas piernas, ¿voy a ser la culpable de tentar también a la gente de afuera? —La mandíbula de Asami estaba desencajada, sin poder creerse que su propio amigo estuviera defendiendo a Suzuki. Los asientos que estaban frente a los de Hiroshi y Daisuke estaban vacíos, así que Asami se arrodilló en uno de ellos, sin dejar de mirar a Hiroshi de forma inquisidora.

—¡No, no, no! —Dijo sonrojándose—. ¡Por supuesto que no me refiero a eso, 'Sami!

Hiroshi adoraba charlar con Hiroko y Asami sobre este tipo de temas, pues siempre conseguía aprender muchísimo sobre sus privilegios de hombre y sobre aquellas conductas, pensamientos y acciones que oprimían a la mujer y que estaban completamente normalizadas por la sociedad. Pero a veces le costaba hacerse entender. Para su suerte, Daisuke, que había estado escuchando la conversación desde su asiento, sí que le había entendido.

—Creo que lo que Hiro quiere decir es que Suzuki está en alerta y con el radar encendido porque así se pone cada vez que vamos a salir del colegio. —Explicó—. Le importa demasiado el qué dirán, y supongo que quiere que todo el que nos vea piense que somos los alumnos perfectos del colegio perfecto.

La Academia Furinkan era conocida por ser el colegio de los hijos de la élite, por lo que cuando los estudiantes salían a algún paseo, visita o viaje de campo vistiendo el uniforme del colegio, era normal llamaran la atención de la gente y que acapararan miradas y comentarios. Allí estaban los futuros líderes de Japón, quienes ocuparían los puestos más importantes del país, como hoy lo hacían sus padres. Aquellos adolescentes risueños, que si no fuera por sus zapatillas de diseñador y sus relojes caros podrían pasar por chicos normales, eran los hijos de renombrados empresarios, grandes deportistas, famosos actores y figuras del entretenimiento, pero también de importantes personajes de la política japonesa y del gobierno actual. Como Daisuke Koyasu.

Su padre era el ministro de Economía, Comercio e Industria; su madre, al igual que la de Sayuri, era una socialité japonesa. A Daisuke, como a la mayoría de los chicos de su edad, no le interesaba la política en lo más mínimo, pero desde que su padre era ministro, prestaba un poco más de atención a esos temas. Era un chico muy extrovertido, sociable y bromista, con una gran facilidad para hacer amigos y agradar a la gente desde la primera vez. Era un deportista habilidoso y el delantero estrella de la Academia Furinkan. Pero además, el chico había heredado el talento de su padre para entender e interpretar los números con facilidad.

Desde hacía varios años Daisuke se había dado cuenta de que su inteligencia, su personalidad carismática, sus habilidades deportivas y su atractivo físico, caracterizado principalmente por tenía un moderno corte de Beatle que le sentaba de maravilla, le habían convertido en el objeto del deseo de muchas chicas dentro y fuera de la Academia. Y a diferencia de Ranma, que también atraía miradas femeninas por su físico y su talento, Daisuke sí que correspondía a las chicas que se le acercaban.

De camino al Museo Edo-Tokyo, Akane le recordó a Asami que se acomodara la falda, a lo que la chica respondió bufando y rodando los ojos, pero le hizo caso a su amiga. Al llegar, Hiroko comenzó a reírse en voz baja mientras se bajaban del bus.

—¿De qué te ríes?

—Me estoy acordando de la bromita que le jugaste a Saotome. —Comentó divertida—. Debe estar en la biblioteca aburrido como un hongo.

Akane también se rió. Sus amigas estaban al tanto de la su riña con Ranma desde el día de los juegos de mesa en casa de Hiroshi. A Yuka y Sayuri les parecía un poco descabellado que los dos hubieran sido capaces de llegar tan lejos, mientras que Hiroko y Asami encontraban todo gracioso e incluso celebraron la pequeña victoria de Akane.

Victoria que pensaba disfrutar durante las dos horas que duraría la visita al museo.


En efecto, Ranma no se lo estaba pasando bien en la biblioteca.

Había estado practicando algunos ejercicios de Inglés con el libro y el diccionario, tratando de esclarecer las dudas que tenía sobre aquel idioma que tanto le había costado al principio. Había funcionado y de hecho tenía menos preguntas que cuando llegó a la biblioteca, pero pronto perdió el interés y recordó que él estaba allí encerrado mientras sus compañeros se divertían (según él) de lo lindo en la visita al Museo Edo-Tokyo. Y todo por culpa de la rencorosa de Akane Tendo...

¿Y tú no fuiste rencoroso al cambiarle la tarea de Biología?

¡No! ¡Él lo había hecho para defender su honor, para estar a mano! Se había defendido de ella y había igualado el marcador; ojo por ojo, diente por diente. Pero ella había tenido que vengarse de aquella forma tan vil para volver a tener el marcador a su favor porque no sabía perder...

¿Y tú sí?

Tampoco. Y por eso había empezado a cavilar una nueva forma de molestarla. Quería hacerle algo original e inesperado, así como lo que ella le había hecho con los condones y el trabajo de Japonés, pero no se le ocurría nada. Lo que sí tenía más que claro es que quería que fuera muy humillante y preferiblemente frente a todos sus compañeros.

Había estado tan inmerso en sus cavilaciones sobre Akane Tendo (quien últimamente ocupaba mucho sus pensamientos) que solo notó que una persona se le había acercado cuando estuvo frente a él. Era una chica de último año a la que reconoció de inmediato. Aika Shiota, la capitana del equipo de animadoras.

—¿Castigado? —La chica esbozó una sonrisa y alzó una ceja—. Y yo que pensaba que eras un buen chico...

Ranma sabía quién era Aika no solo porque era una las compañeras de Shampoo en el equipo de animadoras, ni tampoco porque los chicos mayores que estaban en el equipo de fútbol dijeran que estaba muy buena y que supuestamente le gustaba mucho el sexo, sino por otra cosa. Él no tenía demasiada experiencia con chicas, pero había aprendido a darse cuenta de cuándo una lo miraba por casualidad o curiosidad, y cuando lo miraba con deseo. Y así era como lo miraba Aika Shiota, haciéndolo sentir cohibido e intimidado cada vez que notaba el peso de sus ojos oscuros sobre él.

Un día, durante un entrenamiento del equipo de fútbol que coincidió con la práctica de las animadoras, Ranma se acercó a Daisuke y le preguntó que quién era la chica alta de pelo oscuro que dirigía a las demás. Su amigo le indicó que era la capitana del equipo y le dijo que se llamaba Aika Shiota… y entonces Ranma reconoció el nombre por las habladurías de los vestuarios.

A pesar de que ni siquiera había cumplido dos años en Furinkan, Ranma ya estaba al tanto de los rumores que corrían por la Academia, y conocía las reputaciones de varios estudiantes. Había de todo y para todos; de Daisuke, por ejemplo, decían que tenía muchas chicas detrás y que le gustaban todas; de Ryoga Hibiki, que le gustaban los tíos; de Hikaru Gosunkugi, que era un tipo rarísimo y que practicaba el ocultismo; de Ryu Kumon, que era un fuckboy (aunque Ranma no sabía qué significaba aquello). Pero debía reconocer que eran las tías las que se llevaban la peor parte; los rumores decían de Sayuri Hiramatsu, una de las amigas íntimas de Akane, que era una mojigata; de Shampoo, que era una calientabraguetas; y de chicas como Asami Kobayashi y Aika Shiota… digamos que decían que eran lo opuesto a Sayuri Hiramatsu.

—¿Cómo sabes que estoy castigado? —Preguntó Ranma frunciendo el ceño. Aquella era probablemente la tercera vez que interactuaba con ella.

—Porque eres el único de penúltimo año que está aquí sentado mientras el resto está en el Edo-Tokyo con Mr. Taro. —Contestó la chica con resolución.

Aquel día tenía el pelo atado en una coleta alta, y no llevaba puesto el blazer azul marino del uniforme, solo un cárdigan gris de botones (los estudiantes podían usar suéter tipo pulóver o cardigan, siempre y cuando llevaran este último cerrado) sobre la camisa y la corbata. Llevaba consigo varios folios que parecían contener hojas dentro.

Ranma bufó.

—Por nada, por una tontería. —Respondió escueto.

Aika alzó una de sus perfectas cejas.

—A nadie lo castigan por una tontería.

—¿Tú qué haces por aquí? —El chico prefirió cambiar el tema—. ¿No deberías estar en clases?

Aika sonrió, entendiendo el mensaje. Si Ranma no quería contarle lo que había hecho, seguro era algo muy malo o muy vergonzoso.

—He venido por unos artículos científicos para la clase de la profe Hastings, y me ha llamado la atención verte aquí castigado. —La chica dejó los folios sobre la mesa y se sentó en la silla frente a Ranma—. Ahora sí, ¿por qué te castigaron?

Joder, sí que es cotilla, pensó Ranma.

—No es una historia divertida.

—Oh, vamos, no seas así. Cuéntame, ¡adoro las historias de castigos! —Insistió—. Y así yo te cuento por qué estoy castigada.

Ranma frunció el ceño.

—¿Estás castigada?

Aika asintió con la cabeza y se arregló el pelo.

—Sí, pero no justo ahora. Mi castigo implica quedarme después de clases.

—Pero, ¿por qué?

Aika volvió a alzar una ceja y se cruzó de brazos. Ranma notó que tenía unas manos muy elegantes.

—Yo pregunté primero. —La chica entrecerró los ojos—. ¿En serio no vas a contarme?

—Tú primero, seguro que tu historia es mucho más divertida que la mía. —Dijo Ranma para ganar tiempo. Tal vez la historia de Aika fuera muy larga y al finalizar, la chica se daría cuenta de que había pasado mucho tiempo y debía volver a clases.

—Bien. Me castigaron por saltarme clases. —Explicó—. ¿Conoces a Nabiki y a Mokona? —Ranma negó con la cabeza—. Bueno, son dos de mis amigas. Nos saltamos la clase de Japonés de la señorita Suzuki para irnos a la cocina a comernos lo que sobró de la torta de chocolate que sirven los miércoles.

Ranma pareció muy sorprendido.

—¿A come…? —Abrió los ojos y la boca, como si no pudiera creer lo que estaba escuchando—. ¿Esto fue el miércoles? —Inquirió y Aika asintió con la cabeza—. ¡Ni siquiera sabía que se podía entrar a la cocina.

—Oh, no, no se puede. Pero no hay nadie que pueda resistirse a las habilidades de negociación y persuasión de Nabiki Tendo. —Se rió—. Así que la señora Nakayama, la jefa de la cocina, nos deja entrar de vez en cuando.

Nabiki Tendo. ¿Sería hermana de Akane? La curiosidad fue más fuerte que él.

—¿De casualidad ella es hermana de Akane Tendo?

—Sí —contestó Aika—, es su hermana mayor. Akane está en tu curso, así que supongo que a ella sí la conoces.

Desgraciadamente, pensó Ranma, pero no lo dijo. No necesitaba hacer saltar las alarmas sobre la tensa relación que tenían Akane y él.

—Sí, está en mi clase. —Respondió disimulando—. Se sienta junto a mí. Pero no me la imagino colándose a la cocina, deben ser muy diferentes ella y su hermana.

Aika se rió.

—Lo son. A Nabiki le gustan las bromas y las gamberradas, mientras que Akane es una buena chica y no se mete con nadie.

¡Ja! Pues para no meterse con nadie a él ya lo había jodido un par de veces, esa marimacho…

—¿Y tu historia? —Aika no iba a marcharse sin que el pelinegro se la contara.

—Espera, espera. —El chico la detuvo, demasiado intrigado con lo que acababa de escuchar—. Tengo otra pregunta, ¿es la primera vez que lo hacen? ¿La primera vez que van a la cocina a comer en horario de clases?

Aika negó con la cabeza, divertida ante la mirada atónita de Ranma.

—No, pero es la primera vez que nos pillan. Y ya sabes cómo es la señorita Suzuki… —Bufó—. Party pooper.

Sí, sí que lo sabía.

—Oh, créeme que lo sé. —Soltó un largo suspiro—. ¿Por quién crees que estoy aquí?

En el momento en el que dijo aquello, se dio cuenta de que había metido la pata. Aika alzó ambas cejas y abrió los ojos ante la sorpresa de lo que acababa de escuchar. Así que había sido Rumiko la que privó a Ranma del field trip con Mr. Taro.

—Vaya, vaya, vaya. —La chica entrelazó sus dedos, apoyó los codos de la mesa y luego colocó su barbilla sobre sus manos entrelazadas—. Esto se pone interesante.

Ranma fue incapaz de sostener aquella mirada tan inquisidora (y sexy) durante mucho tiempo. También fue incapaz de mentirle; por alguna razón, tuvo el presentimiento de que Aika Shiota no se tragaba fácilmente cualquier cuento.

—La profesora Suzuki me castigó porque... encontró condones en la carpeta de un trabajo. —Ranma, al ver que la chica abría los ojos de forma exagerada y alzaba las cejas, se sonrojó y enseguida intentó aclararlo—. ¡Pero fue un accidente! ¡No fue a propósito, yo no los puse allí!

La chica soltó una carcajada y se rió durante lo que a Ranma le pareció una eternidad, mientras él sentía que la vergüenza volvía a apoderarse de todo su ser. Luego se secó las lágrimas de la comisura de los ojos y se acarició el abdomen.

—¿Cómo llegaron ahí?

Ranma bufó. ¿En serio no iba a conformarse con lo que le había dicho? Joder, cotilla era poco. Sin mucho detalle, Ranma le dijo que probablemente habían caído dentro de la carpeta donde estaba el trabajo cuando los echó a su mochila. Aika volvió a reírse y tuvo que recostar su cabeza de la mesa para ahogar sus carcajadas; después de todo, estaban en la biblioteca.

—Saotome, me has hecho reír. —Comentó alzando la cabeza luego de varios segundos y lo miró divertida—. You're officially a cool kid. —Le dijo en inglés.

Él se sintió halagado. Debía admitir que le gustaba que los chicos populares lo consideraran cool. También se sintió orgulloso de sí mismo, pues cada vez entendía más aquel idioma.

—Me encantaría conocer los detalles de lo que pasó —Aika se puso de pie y cogió los folios que había llevado consigo—, pero debo marcharme antes de que me caiga otro castigo por saltarme clases.

Ranma suspiró aliviado.

—Pórtate mal, pero que no te pillen. —Le guiñó un ojo y le dio la espalda para marcharse, mientras le daba vueltas a lo que aquel chico tan guapo acababa de contarle.

Así que… condones. Aika sonrió. Aparentemente, Shampoo sí estaba acostándose con Ranma Saotome, lo que significaba que no había sido del todo sincera con ellas la última vez que habían hablado del tema.

Lo bueno es que esa tarde tenían práctica después de clases, y Aika no pensaba irse hasta que Shampoo le contara todos los detalles.


Durante el recorrido por las distintas exhibiciones del museo, los estudiantes debían prestar atención a todas explicaciones que recibieran, ya que después debían realizar exposiciones grupales sobre los temas vistos durante la visita de campo. Y como ninguno sabía qué grupo/tema le tocaría, tenían que prestar atención a todo.

Yuka tomaba apuntes mientras escuchaba al guía hablar detenidamente sobre el terremoto ocurrido en Kanto. Daisuke había estado observándola desde hacía un rato, perdiéndose los detalles de aquella parte del recorrido, y tratando de identificar cuál había sido el punto exacto en el que había dejado de mirarla como una amiga. Yuka siempre había sido especial para él, así que decir que era una amiga más era mentir; Daisuke tenía la suerte de tener buenas amigas como Akane, Sayuri, Asami y Hiroko, pero siempre había sido más cercano a Yuka que a las demás, por distintas razones. Y en algún punto del camino, esos sólidos y bonitos sentimientos de amistad habían evolucionado hasta convertirse en lo que eran hoy. Y por más que ella se empeñara en ocultarlo o en hacer como que nada había cambiado, Daisuke sabía que era mutuo.

Se acercó a ella y esbozó una pequeña sonrisa antes de hablarle en voz baja, para que solo ella pudiera escucharlo. Aquel día, Yuka llevaba el pelo suelto (como siempre), pero se lo había colocado todo de un lado.

—Estás preciosa hoy. —Dijo él de forma dulce, haciendo que la chica levantara su cabeza de sus apuntes—. Bueno, siempre estás preciosa. Pero hoy lo estás todavía más.

Yuka intentó ocultar su sonrisa, pero le fue imposible hacerlo, así que decidió continuar mirando al frente, como si todavía estuviera prestando atención a lo que decía el guía. Daisuke cada vez era más directo y constante con sus halagos y piropos, y para ella era cada vez resultaba menos fácil hacerse la difícil. Más difícil, pero no imposible. Como solía hacer cuando su amigo se ponía cariñoso y coqueto con ella, Yuka cambió el tema.

—¿Sabías que el séptimo piso del museo alberga 560,000 textos y artículos culturales relacionados con Edo y Tokio?

Daisuke sonrió por dos motivos. El primero, porque aquel cambio de tema sutil y amable era típico de Yuka cuando él la halagaba; el segundo, porque adoraba que su mejor amiga fuera tan culta.

Yuka Okamura era consideraba una de las chicas más inteligentes de la Academia; no solo sabía mucho de historia, sino que además era un prodigio para las matemáticas, la física y la química. También era una chica madura y sensata, y sus compañeros solían elegirla como mediadora para resolver conflicto. Podría decirse que Yuka, al igual que Daisuke, había heredado de sus progenitores la habilidad para los números. Su padre era el CFO de una multinacional japonesa y su madre tenía un cargo importante en una de las Big Four. Era alta y tenía un pelo castaño larguísimo que siempre llevaba suelto, una de las características más suyas, e incluso una de las cosas que más gustaban de ella al sexo opuesto.

—No, no tenía idea. —Fue sincero—. ¿Lo aprendiste ahora o ya lo sabías?

Esta vez Yuka lo miró. Habló en voz baja.

—¿Tú que crees? —Preguntó para luego guiñarle el ojo.

Su sonrisa fue tan deslumbrante, que Daisuke dejó de respirar.

Yuka le gustaba tanto y la quería de forma tal que algunas veces se preguntaba si alguna vez podría volver a tener una conexión tan fuerte con alguien más. Se había planteado muchas veces si sería buena idea declarársele. Por supuesto que él ya sabía que Yuka sabía que a él le gustaba, pero una cosa era un secreto a voces, un hecho del que nadie habla, y otra muy distinta era hacerlo oficial diciéndolo en voz alta.

Al principio, había dudado; en parte porque valoraba su amistad con Yuka por encima de cualquier cosa (y sabía que las relaciones siempre implicaban un riesgo y que los involucrados rara vez continuaban siendo amigos en el caso de terminar), y en parte porque tendría que dejar de coquetear y besarse con otras chicas, algo que verdaderamente disfrutaba (sus hormonas estaban algo fuera de control). Pero finalmente había decidido que no necesitaba a otras chicas si tenía a Yuka, y que si ella también lo veía de la misma forma, su relación no tendría por qué fracasar. Ahora solo tenía que dejar de coquetear con ella, de piropearla y lanzarle indirectas, para decirle directamente cómo se sentía.

—Me encantaría que el universo se pusiera de nuestro lado y nos tocara hacer la exposición juntos. —Dijo Daisuke acercándose ligeramente a Yuka—. Pero conociendo a Mr. Taro, seguramente hará los grupos por orden alfabético y tristemente Koyasu y Okamura no están cerca.

Yuka sonrió pero también bufó.

—Okamura no está cerca de ti, pero sí de gente irresponsable. —Se llevó las manos al rostro—. ¿Por qué tengo que tener esta suerte?

Daisuke no pudo evitar reírse ante aquella reacción. En el pasado, Yuka había tenido problemas con algunos compañeros cuyos apellidos estaban antes o después del suyo en la lista porque pretendían que ella, al ser la alumna más aplicada de la clase, hiciera todo el trabajo. El chico miró a los lados en busca de la profesora Suzuki y, al no encontrarla, rodeó a Yuka con sus brazos. La Academia Furinkan prefería que no hubiera contacto físico prolongado entre dos estudiantes del sexo opuesto, aunque un abrazo tampoco era una falta grave; sin embargo, era de conocimiento público que para Suzuki todo lo que no fuera una breve palmada en el hombro era casi penetración.

—Lo sé —le dijo al oído—, y por eso me gustaría invitarte a cenar mañana.

Los abrazos de Daisuke no eran una novedad, Yuka los había recibido desde que tenía uso de razón, pero debía admitir que desde hacía un tiempo se sentían diferentes. Duraban más, eran más cálidos, más íntimos, y Yuka los anhelaba mucho más que antes.

La chica bajó sus manos dejando su rostro al descubierto, pero pronto divisó la figura de la señorita Suzuki.

—Daisu… —Susurró en voz baja, haciendo que el chico la soltara al notar lo mismo que ella. Por suerte, Rumiko no los había visto.

—¿Qué dices, entonces?

Yuka lo miró.

—¿Quieres invitarme a cenar porque sabes que no nos tocará hacer la exposición juntos? —Preguntó divertida—. ¿Vas a darme algún consejo sobre cómo lidiar con irresponsables que creen que todo lo merecen?

Daisuke se rió y quiso volver a abrazarla, pero se contuvo.

—Puede ser, puede ser. —Llevó una de sus manos a las puntas del pelo largo de Yuka y lo acarició con sus dedos—. ¿Sí?

—¿Dónde vamos?

—Es una sorpresa. Tú solo ponte guapa. Yo pasaré a buscarte a las siete y media.

Ella frunció el ceño.

—¿Tengo que ponerme guapa? Pensé que ya lo era. —Se llevó una mano al mentón—. ¿Cómo fue que dijiste antes? Que siempre estaba preciosa...

Touché.

—Sabes que sí…

Yuka asintió con la cabeza y sonrió.

—Vale, está bien. Nos vemos mañana a las siete y media entonces.

—Súper. —Contestó él correspondiendo a su sonrisa.

Hiroko Suyama observaba a sus dos amigos desde la distancia, mientras Akane, que estaba de pie junto a ella, tomaba apuntes.

—¿Podrían esos dos ser más evidentes? —La voz de Hiroko hizo que Akane alzara el rostro de su libreta de apuntes y se girara a la izquierda para mirarla—. Yo creo que no.

Estaban de pie unos metros más atrás de Daisuke y Yuka, y a Hiroko no se le había pasado por alto que el chico se le había acercado a su amiga con coquetería, y que ésta le había correspondido. Akane, que había estado prestando atención a las explicaciones del guía, tuvo que buscar entre la gente para saber de qué hablaba Hiroko. Sonrió antes de contestar.

—Yo tampoco. —Dijo y miró a Hiroko—. Y si para nosotros es obvio, no me creo que ellos dos no se enteren de que se gustan. —Añadió—. No sé por qué actúan como si no lo supieran… no son buenos fingiendo.

—Yo no creo que finjan. —Manifestó Hiroko sin apartar sus ojos de Yuka y de Daisuke.

Akane frunció el ceño y parpadeó confundida.

—¿Crees que de verdad no lo sepan?

—Estoy segura de que lo saben. —Hiroko apartó sus ojos de los tórtolos y miró a Akane—. Yuka no es tonta y Daisuke tampoco. Hace rato que dejaron de tratarse y mirarse como simples mejores amigos.

—¿Y entonces?

—Eso es lo que no sé. —Se encogió de hombros—. Es evidente que los dos saben que se gustan. Lo que no sé es cuál de los dos es el que no quiere dar el paso. —Entrecerró los ojos y volvió a mirar a sus amigos—. Podría ser Daisuke, que no quiere arruinar su amistad con Yuka. Él podrá ser discreto con esas cosas, pero vamos, Akane, para nadie es un secreto que liga un montón. —Volvió a mirar a la pelinegra—. A lo mejor no quiere perder esa libertad de seguir ligando y por eso no se anima a formalizar con Yuka.

Akane le halló mucho sentido a las palabras de su amiga, considerando una opción que ni siquiera había contemplado antes.

—Yuka jamás aceptaría ser solo su ligue ocasional, no es su estilo. —Comentó Akane sabiendo muy bien cómo era su amiga para esos temas—. Y menos si se trata de Daisu.

La menor de los Tendo sabía que Yuka no se involucraría de esa forma con Daisuke, sabiendo que podría llegar a convertirse en una más.

—Sí, yo pienso igual, por eso mi primera teoría es que Daisuke no quiere dar el paso.

—¿Tu primera teoría? ¿Tienes otra?

—Sí. Mi otra teoría es está construida sobre el hecho de que Yuka también tiene razones para no dar el paso. —Hiroko volvió a mirar a Akane, no sin antes asegurarse de que el profesor Taro y la profesora Suzuki no la estuvieran viendo—. Verás, Daisuke es su mejor amigo, tienen una confianza y una complicidad muy especiales. Ella lo quiere un montón y sabe que puede contar con él para cualquier cosa. Si lo piensas bien, todas esas características son ideales para que una persona quiera ser novia de otra, ¿no? —Akane asintió con la cabeza—. Si se tratara de un chico como Hiroshi, tranquilo, sin ligues, seguramente Yuka no se lo pensaría dos veces. Pero tratándose de Daisuke…

—¿Crees que Yuka desconfíe de él? —Aquel era otro escenario que no había considerado.

—Es una posibilidad. —Miró a sus amigos, que habían dejado de hablar entre ellos, pero que también se habían acercado el uno al otro mucho más que antes—. Creo que Yuka está colada por Daisuke, pero también creo que valora más su amistad con él que la posibilidad de tener una relación, sabiendo que al tío le gusta que las chicas le vayan detrás. Tendrá miedo de convertirse en una más. —Suspiró—. Pero vamos, que estas son solo conjeturas mías. Tampoco es que Yuka me haya hablado del tema.

—A mí tampoco. —Akane frunció el ceño—. Creo que a ninguna, de hecho.

Su amiga no solía guardarles secretos (en especial no a Akane), pero lo cierto es que era muy discreta y comedida con todo el tema de Daisuke.

—En cualquier caso —comentó Hiroko para zanjar el tema—, y si alguno de los dos o ambos deciden dar el paso, solo espero que estén muy seguros de lo que hacen.

Akane también lo esperaba, por el bien de la amistad que los unía.


Tras finalizar el recorrido, los estudiantes se dirigieron a los buses para regresar a la Academia Furinkan. Más de uno intentó convencer al profesor Taro de que por favor comieran allí mismo en alguno de los cafés o restaurantes del museo, pero John fue implacable: debían regresar a la hora estipulada y punto.

Akane, que ya sabía cómo iba el asunto, ni siquiera se sumó a las protestas. Se subió a uno de los buses y buscó un asiento que no estuviera ni muy al principio ni muy al final. Se sentó en el puesto de la ventana y observó a sus compañeros, mientras se preguntaba internamente cuál sería el tema sobre el que le tocaría exponer. Kano Nekoi apareció en su campo de visión con un vaso de café del restaurante del museo, al cual les habían prohibido expresamente. El chico de pelo cobrizo se había ido al otro lado del bus a bebérselo y pronto notó que alguien lo miraba desde el interior del vehículo. Se llevó el dedo índice a los labios y le guiñó un ojo a Akane, haciendo que ella se riera y que luego se cerrara la boca con un cierre imaginario.

—Estás muy guapa cuando te ríes, ¿te lo había dicho ya?

Su sonrisa desapareció en aquel momento. Akane se giró y se encontró a Tatewaki Kuno sentado junto a ella, su cuerpo casi pegado al suyo. Lo miró de arriba abajo y luego miró al frente.

—¿Te puedes ir, por favor?

—¿Por qué? —Preguntó Tatewaki enderezandose, al notar la incomodidad de Akane.

La chica miró las notificaciones en su reloj mientras ignoraba al recién llegado. Él no tardó en soltar un largo suspiro.

—¿Vas a ignorarme?

Ella buscó su móvil en el bolsillo de su blazer y lo desbloqueó para ponerse a revisarlo, cualquier cosa con tal de no hablarle a ese payaso. Con el rabillo del ojo, Akane pudo ver que Tatewaki también buscaba su móvil y lo desbloqueaba con su huella. La chica volvió sus ojos a su propia pantalla y abrió WhatsApp para escribirle a sus amigas que se apuraran. De pronto, el nombre de Tatewaki apareció en su pantalla. Llamada entrante.

—Ah, o sea que tu móvil funciona y tu número sigue siendo el mismo. —Dijo el chico al ver que el celular de Akane había sonado al marcarle—. Digo, como nunca más me respondiste los mensajes de WhatsApp, me dejaste de seguir en Instagram, me borraste de Snapchat…

Akane despegó los ojos de su móvil y miró al frente.

—¿De verdad es muy difícil que entiendas que no quiero hablar contigo ni en persona, ni por teléfono, ni a través de ninguna red social?

—¿De verdad no vas a volver a hablarme jamás? —Preguntó él en tono mosca.

Akane se giró para mirarlo y frunció el ceño.

—No tengo nada de qué hablar contigo, Tatewaki. Y tampoco quiero hacerlo. Por favor entiéndelo y acéptalo.

La última vez que le había dirigido la palabra había sido en el verano, dos días después de la fiesta de Ukyo Kuonji. Y la conversación básicamente había ido así: «eres un patán y un imbécil y no quiero que vuelvas a hablarme jamás en tu vida».

Y hasta ese momento en el bus, Tatewaki no le había vuelto a hablar; le había escrito por WhatsApp, Instagram y Snapchat, pero Akane lo había bloqueado de las tres redes sociales, así que sus mensajes eventualmente habían parado. Y luego, al iniciar el año escolar, no se le había acercado… hasta ahora.

Akane, al ver que el chico no se iba, se puso de pie para marcharse. Al pasar frente a él, Tatewaki también se puso de pie, haciendo que ella quedara atrapada entre él y el asiento de enfrente.

—Es por lo que pasó en la fiesta de Ukyo, ¿no? —Tuvo que bajar la cabeza para mirar a Akane—. ¿No crees que ya ha pasado algo de tiempo?

Ella lo apartó bruscamente y lo miró desde el pasillo del bus, consciente de que ya había varios estudiantes sentados y otros seguían subiendo.

—¡Exacto! Ha pasado algo de tiempo para que dejes de buscarme y de intentar…

—Solo quiero hacer las paces.

—¡Pero yo no! —Exclamó, un poco desesperada de que no la dejara en paz.

—Akane, ¿va todo bien? —La voz de Daisuke sonó a su espalda, haciendo que ella se girara y que Kuno lo mirara—. ¿Te está molestando? —Le preguntó en voz más baja en tono fraternal.

Ella asintió con la cabeza. Daisuke la apartó suavemente y se puso en medio de los dos. Miró a Tatewaki fijamente, su semblante serio y severo.

—Vete. —Su voz fue fría pero serena.

Kuno lo miró con una sonrisa petulante.

—¿Y por qué habría de hacerlo? —Preguntó cruzándose de brazos.

Daisuke dio un paso adelante y no bajó la voz, para que todos sus compañeros lo escucharan.

—Porque Akane no quiere que estés cerca de ella, y no se va a ir, te vas a ir tú.

El aludido esperó varios segundos antes de marcharse. Cuando le pasó por al lado a Daisuke, el chico no perdió la oportunidad de dejarle algo muy claro.

—Kuno, no quiero tener problemas contigo. —Le dijo Daisuke con firmeza—. Así que deja en paz a Akane.

Tatewaki alzó ambas manos y mostró sus palmas abiertas, como si no hubiera hecho nada malo. Sin siquiera mirar a Akane, se alejó de la escena y se bajó del bus. Daisuke miró a su amiga, que parecía más tranquila.

—¿Estás bien?

Ella asintió con la cabeza y cogió la mano de Daisuke para apretarla. Tatewaki Kuno no era el tipo de chico al que le importara demasiado si una mujer decía sí o no, pero no solía enfrentarse a otros tíos, así que la aparición de Daisuke había sido justa y necesaria.

—Gracias.

El chico le dio un beso en la frente y le dijo que por si acaso, se iba a sentar junto a ella, haciendo que Akane sonriera. Se sentía bien tener buenos amigos que la cuidaran y apoyaran en momentos así.

El año pasado había cometido un gravísimo error al acercarse demasiado a Tatewaki Kuno, y se arrepentía con todo su ser de haberlo hecho, especialmente después de la fiesta de cumpleaños de Ukyo Kuonji hacía tan solo unos meses. Aquella noche había sido un punto de inflexión no solo en su relación con Tatewaki, sino en su vida. Pero no tenía caso rememorar ese momento. Era agua pasada y por suerte él era simplemente un mal recuerdo y un error del pasado.

Y su padre siempre decía que el pasado solo podía hacerte daño si le abrías la puerta.


Ese mismo día en horas de la tarde, tras el final de la práctica de las animadoras, Shampoo Sakuma se dirigió a la pista de atletismo para dar un par de vueltas antes de marcharse a casa. El equipo de fútbol acababa de terminar su entrenamiento en el campo y se dirigía a los vestuarios, así que la pista quedaba sola para ella.

Trotar siempre se le había hecho relajante, en especial cuando la vista era tan bonita. Las instalaciones deportivas de la Academia Furinkan no tenían nada que envidiarle a las de cualquier universidad.

Cuando terminó, caminó hasta las graderías que estaban frente a la cancha y se sentó para recuperar el aliento y beber de la botella de agua que había dejado allí. Las temperaturas descendían cada vez más, por lo que las prácticas de las animadoras pronto se realizarían dentro del gimnasio, así que valía la pena aprovechar para ejercitarse afuera durante las tardes en las que que todavía no refrescaban tanto.

Mientras descansaba y bebía agua con la mirada perdida en los colores del atardecer, Shampoo no fue consciente de que una persona se le había acercado hasta que sintió su presencia a un metro de ella. Era Mousse Seki, un estudiante de último año. Estaba vestido con el uniforme deportivo de invierno de la Academia Funrinkan, que consistía en pantalón y chaqueta de chándal gris con detalles en azul oscuro encima de una camiseta manga larga de ejercicio, también azul oscuro. No llevaba puestas sus habituales gafas de Issey Miyake.

—Me sorprende que tengas energía después del entrenamiento. —Comentó el chico de pelo negro con una pequeña sonrisa—. Aika les mete mucha caña.

No era extraño que Mousse conociera cómo funcionaban los entrenamientos de las animadoras, tomando en cuenta que el año pasado las prácticas habían coincidido con las del equipo de baloncesto, del que él era parte. Lo que sí era extraño era que el chico se hubiera acercado a hablarle ese día a esa hora. Que ella supiera, el equipo de baloncesto no entrenaba los viernes a esa hora, así que le parecía raro que estuviera allí solo para hablar con ella. Había pasado muchísimo tiempo desde la última vez que habían charlado.

—Todavía me quedaba algo de gasolina —Confesó Shampoo estirando las piernas y mirando sus zapatillas, tratando de parecer desinteresada—, hay que aprovecharla cuando se tiene, ¿no?

Él asintió con la cabeza y se sentó junto a ella. Ambos contemplaron el campo de fútbol, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. Fue Shampoo quien rompió el silencio.

—¿Tienes partido?

El chico asintió con la cabeza y le dijo que pronto saldrían.

—La verdad he venido aquí porque me gustaría saber... si tienes planes para este fin de semana. —Posó sus ojos azules en ella.

Shampoo intentó disimular su sorpresa. Aquello era tan inesperado como que cayera un meteorito en ese mismo momento en la cancha de fútbol. Sintió que su corazón comenzaba a latir con más velocidad y que su pulso se aceleraba. ¿Estaba invitándola a salir? ¿Qué habría ocurrido en el Universo y qué planetas se habían alineado para que eso sucediera?

—Sí. —Contestó Shampoo y le miró sin mostrar emoción alguna—. ¿Por?

Mousse no pareció decepcionado, como si ya se hubiera esperado aquella respuesta. Era viernes por la tarde, así que no era extraño que la chica ya hubiera hecho planes.

—¿Y durante la semana?

—No suelo tener planes durante la semana. —Explicó manteniendo su semblante indiferente, haciendo que el chico pareciera emocionado por un momento—. Pero porque mis padres prefieren que no salga.

Esta vez, Mousse sí que pareció desilusionado. Volvió a asentir con la cabeza y miró al frente. Los aspersores del campo de fútbol se encendieron en aquel momento, como cada viernes a esa hora.

—Tal vez, ¿el próximo fin de semana?

Una pensamiento invadió la mente de Mousse. Tal vez ya sea demasiado tarde.

Shampoo cogió su botella de metal y bebió el agua que le quedaba. No estaba alucinando, ni tampoco era su imaginación ni estaba malinterpretando las cosas; Mousse Seki estaba invitándola a salir. Su pulso se aceleró todavía más y su mente comenzó a cavilar a una velocidad a la que le fue difícil llevarle el paso. Para recuperar el control, Shampoo lo miró fijamente. Quería, no, necesitaba escucharlo de su boca.

—¿Me estás invitando a salir? —Inquirió frunciendo el ceño.

Mousse volvió a posar sus ojos azules en el bonito rostro de Shampoo, dejando ver algo de nerviosismo y vergüenza en su rostro y mirada.

—Shampoo, yo… no quiero causar un momento incómodo entre tú y yo, pero…. —Trató de disimular su timidez. Hacía mucho tiempo que no invitaba a salir a una chica, y Shampo era tan guapa y estaba tan seria que la situación se le estaba haciendo más difícil—. Pero, sí —Respondió con seguridad—, te estoy invitando a salir.

Ella se quedó perpleja. Se puso de pie y dio un paso adelante, mientras intentaba procesar lo que acababa de escuchar. Había esperado este momento mucho tiempo, se lo había imaginado incontables veces, había creado mil escenarios distintos en su cabeza sobre cómo sería, cuáles serían las palabras que usaría Mousse para declararse a ella e invitarla a salir. Y ahora que el momento había llegado, ella estaba muda.

Mousse confundió el silencio y la sorpresa de Shampoo con incomodidad, así que se sintió todavía más avergonzado. Sí, he llegado tarde.

—No tienes que decirme nada, Shampoo. —Comentó poniéndose de pie, intentando restarle importancia al asunto para que ella se relajara—. No pasa nada, ¿sí? Imaginé que ya sería muy tarde porque ha pasado algo de tiempo, pero quería intentarlo.

Ella se giró para mirarlo, siempre tan caballeroso, tan dulce, tan educado. El chico esbozó una tímida sonrisa.

—Disfruta de tu fin de semana.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar con las manos en los bolsillos, sintiéndose bastante desilusionado por el resultado de aquella charla. Mentiría si dijera que no había guardado la esperanza de que Shampoo le dijera que sí.

La chica peliazul, viéndolo alejarse de ella, fue incapaz de dejarle ir.

—Mousse, espera.

Él se detuvo y se giró para mirar el rostro que había estado rondando su cabeza durante las últimas semanas. Debía admitir que le había sorprendido ver a Shampoo con el pelo teñido de azul (¿o era morado?) tras regresar de las vacaciones de verano; pero, mientras más la veía, más le gustaba aquel look.

—¿Y tu novia? —Le preguntó Shampoo desde su lugar en las graderías—. ¿Qué hay con ella?

Bien, vamos a rebobinar un poco la cinta.

El año anterior, luego de un período en el que no había salido con ningún chico, Shampoo puso sus ojos en Mousse Seki. En realidad, se había fijado en él por primera vez hacía un par de años, pero no había sido sino hasta ése cuando la práctica de las animadoras coincidió con el entrenamiento del equipo de baloncesto. Entonces empezó a fijarse más en él e incluso ambos tuvieron la oportunidad de charlar y congeniar. Mousse era muy simpático y agradable con ella, y además se comportaba siempre como un caballero con todas las chicas. A medida que más le conocía, Shampoo se dio cuenta de que tenían muchas cosas en común, y que además había entre ellos había una deliciosa química que cada vez echaba más chispas. Era la primera vez que sentía una conexión y una atracción tan fuerte por un chico.

Sin embargo, Mousse jamás se le declaró. Nunca la invitó a salir, ni le dijo un piropo, ni tampoco coqueteó con ella. Fueron solo dos las ocasiones en las que, luego de que ella flirteara con él, Mousse le respondió con un coqueteo similar, pero mucho más comedido. Así que Shampoo pensó que si él no daba el primer paso, lo daría ella. Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña. ¿O era al revés?

Un día, tras una práctica, Shampoo se quedó charlando con él. Y después de un rato, se armó de valor y lo invitó a salir. Como ella jamás en su corta vida había sido rechazada por un chico, malinterpretó el prolongado silencio y el nerviosismo de Mousse y creyó que se trataba de timidez. Así que se atrevió a cogerle de la mano y decirle que él le gustaba mucho. Y que sentía que entre ellos había algo especial.

Mousse apartó su mano de la de ella con una delicadeza y una dulzura tal que Shampoo pensó que estaba prolongando lo inevitable, sin imaginarse siquiera que el chico estaba apunto de rebotarla.

—Eres una chica muy interesante, Shampoo. —Fue lo primero que le dijo—. Puedo pasar horas charlando contigo. Y además eres preciosa. —Aquella era la primera vez que halagaba su físico, así que la chica se sintió victoriosa—. Pero yo tengo novia, y estoy enamorado de ella.

Shampoo nunca había participado en un certamen de belleza, mucho menos en uno televisado internacionalmente, pero en aquel momento juró sentirse como aquella chica a la que habían coronado por error en el Miss Universo, para luego quitarle la corona y ponérsela a otra. A la verdadera ganadora.

Acostumbrada a que los chicos le fueran detrás, se le declararan, la invitaran a salir y correspondieran a sus deseos, Shampoo no supo cómo reaccionar. Dolía no ser correspondida y haber malinterpretado las señales, pero sobre todo, dolía ser rechazada.

—¿Tienes... novia? —Preguntó en un hilo de voz.

Mousse asintió con la cabeza y le explicó, con la amabilidad y la paciencia que lo caracterizaba, que estaba con ella desde hacía un año, pero que la chica iba al St. Hebereke School for Girls, otro colegio internacional exclusivo de Tokio, pero solo de chicas.

Shampoo quiso salir corriendo de aquel momento tan humillante y no volver a ver a Mousse jamás. Pero en la vida uno no siempre hacía lo que quería, así que simplemente permaneció allí, escuchando la voz grave y aterciopelada de Mousse mientras le hablaba de una maravillosa chica que no era ella. Para evitar que el momento tornara más incómodo para ella (el chico lo estaba manejando todo con muchísima madurez y comprensión), Shampoo se disculpó con él por haber malinterpretado lo que había entre ellos y en cambio le ofreció continuar siendo amigos (algo que por supuesto no tenía intención de hacer). Mousse pareció tranquilo y contento de que la chica se lo hubiera tomado tan bien, y le agradeció por ofrecerle su amistad. Shampoo entonces procedió a ignorarlo la mayor parte del tiempo y a solamente interactuar con él cuando el chico tomaba la iniciativa. Eso había sido el año anterior.

Y ahora que Mousse la invitaba a salir, ella salía con Ranma (quien ¡qué casualidad! también tenía el pelo negro y los ojos azules).

—Ya no somos novios. —Comentó Mousse—. Terminamos hace tres meses.

Mousse ya no tiene novia. Y me acaba de invitar a salir.

Shampoo sintió que su pulso volvía a acelerarse ante el abanico de posibilidades que acababa de abrirse ante ella. Ningún chico le había gustado tanto como Mousse y con ninguno se había sentido tan conectada, incluso cuando ni siquiera habían salido juntos. Y ahora que el chico la invitaba a salir, Shampoo finalmente podía comprobar que no había estado equivocada al pensar que esa conexión era mutua.

Pero, ¿y Ranma? Ranma le gustaba, era un buen chico, la trataba bien. Sí, pero no es Mousse. Y Shampoo estaba convencida de que podría llegar a enamorarse de Mousse, algo que nunca había sentido por ningún otro chico. Suspiró.

—¿Necesitas que te responda ahora? —Inquirió Shampoo—. ¿Puedo pensarlo?

El chico pareció completamente encantado con aquella respuesta. No era un sí, pero tampoco era un no.

—Tómate todo el tiempo que sea necesario. —Dijo esbozando una tímida sonrisa—. ¿Tienes mi número?

Shampoo negó con la cabeza.

—Puedo pedírselo a Aika o a Kira.

Mousse asintió con la cabeza y se despidió de Shampoo para luego marcharse, dejando a la chica peliazul con un torbellino de pensamientos arremolinándose en su cabeza. Mientras caminaba en dirección al vestuario de las chicas, se hizo varias preguntas. ¿Todavía le gustaba Mousse? ¡Por supuesto que todavía le gustaba! El chico seguía siendo guapo, dulce, simpático, y además ella todavía podía sentir esa química tan fuerte que había entre ellos. ¿Estaba enamorada de Ranma? No, no lo estaba; le gustaba mucho, pero debía admitir que realmente no tenían demasiadas cosas en común y que su relación estaba más basada en lo físico que en otra cosa. ¿Veía un futuro con él? Probablemente no. ¿Y con Mousse, deseaba un futuro con él? Sí, pero una cosa era un deseo y otra muy distinta era la realidad. Realmente no sabía si después de salir con Mousse las cosas fluirían, pero definitivamente si quería averiguarlo y comprobarlo, tendría que intentarlo.

Cuando Shampoo entró al vestuario, ya la mayoría de las animadoras se había marchado a sus casas. Eran pocas las que aún estaban allí porque se habían duchado y habían demorado más en alistarse. Aika Shiota era una de ellas.

—La próxima vez que te hagamos uno de nuestros interrogatorios policiales, mejor dinos que no nos quieres contar, Shampi. —Le dijo cuando Shampoo se sentó en una de las bancas del vestuario para descalzarse.

Siempre les digo que no les quiero contar —contestó ella sincera—, pero ustedes insisten tanto que siempre termino diciendo alguna cosa.

Aika sonrió.

—Sí, es verdad. Pero siempre es mejor que no nos cuentes nada a que nos mientas. —Le guiñó un ojo—. La verdad siempre se sabe.

Shampoo frunció el ceño y miró a Aika, dejando su camiseta de manga larga a medio quitar.

—¿Mentirles? No les he mentido con nada.

Aika esbozó una de sus sonrisas pícaras.

—No pasa nada, no estás obligada a contar nada ni a dar explicaciones sobre lo que haces con Ranma. —Se sentó junto a Shampoo para ponerse sus calcetines y las zapatillas que había llevado para después el entrenamiento—. Tu secreto está a salvo conmigo.

Shampoo, que se había quitado el uniforme de entrenamiento, acentuó su ceño fruncido y miró a Aika sin comprender.

—¿Qué secreto?

Por un momento, la chica de último año pareció confundida. ¿Se trataría de un malentendido?

—Hoy tuvieron la visita al Museo Edo-Tokyo con el profe Taro, ¿cierto?

Shampoo asintió con la cabeza.

—Y Ranma no fue porque estaba castigado, ¿verdad?

—Sí.

—Bueno, me lo encontré hoy en la biblioteca y le pregunté qué hacía ahí y él me contó que estaba castigado.

Como cada viernes que sus padres estaban en la ciudad, Shampoo solo quería llegar pronto a su casa para estar con ellos. Se puso la ropa que había llevado para después del entrenamiento y miró a Aika.

—¿Y eso qué tiene que ver con que yo les haya ocultado cosas o con que tenga un secreto?

—Que tu amorcito me contó por qué estaba castigado, lo de los condones y eso. —Aika soltó una carcajada, recordando lo avergonzado que había estado Ranma al confesarle la historia—. He de decir que me reí un montón, la verdad.

Cuando Shampoo tenía seis años, su abuela Cologne le había regalado un precioso conejito de mascota. Shampoo lo había cuidado y atesorado como ningún niño de esa edad cuida a una mascota, alimentándolo, bañándolo, jugando con él e incluso limpiando sus excrementos y desastres. Era la niña más feliz del mundo por tener a Fluffy —como se llamaba el conejo— en su vida. Un año después de que la abuela Cologne le regalara a Fluffy, un día Shampoo llegó del colegio y sus padres le dieron la noticia de que el conejito había escapado de la casa y que no lo encontraban por ningún lado. Después de varios días de llanto, carteles de «¿Ha visto a este conejito?» y largas pero infructíferas búsquedas por el vecindario, la niña finalmente aceptó que Fluffy se había marchado y que no regresaría jamás. Pocos meses después, una inocente Shampoo escuchó a sus padres mientras recordaban y charlaban sobre el día en que Kazuo —el padre de Shampoo— había atropellado y matado accidentalmente a Fluffy. Aquel día Shampoo se sintió engañada, burlada, como si nada de lo que estaba escuchando tuviera sentido.

Muy parecido a cómo se sentía en este momento.

—¿Los condones?

Necesitaba una explicación convincente. Ranma le había dicho que lo habían castigado porque Suzuki encontró un avión de papel con un pene dibujado, pero en ningún momento le habló de condones.

—Sí, sí, los que encontró Suzuki en la carpeta donde tenía un trabajo.

La chica procedió a explicarle lo que Ranma le había contado en la biblioteca. El rostro de Shampoo se tornó completamente rojo, mientras sentía el corazón en la garganta. Recogió su ropa y su uniforme de la banca y comenzó a meterla rápidamente en su bolso de deporte, intentando asimilar lo que Akari acababa de contarle y lo que aquello podía significar. Ranma y yo no tenemos sexo, así que si tiene condones es porque… le costó terminar la frase mentalmente. Es porque los está usando con otra.

Aika notó el cambio en el semblante de su compañera de equipo, y adjudicó su nerviosismo y su rostro rojizo a la vergüenza de reconocer que ya era sexualmente activa; había chicas a las que les daba muchísimo pudor reconocer que ya tenían sexo (y les avergonzaba todavía más admitir que lo disfrutaban), y tal vez Shampoo fuera una de ellas.

—Shampi, ¿estás bien?

Shampoo no respondió. Se echó el bolso de deporte a un hombro y la mochila al otro y comenzó a caminar con paso firme hacia la salida. Se detuvo cuando llegó a la puerta del vestidor y antes de hablar, comprobó que no hubiera nadie más que ella y Aika allí.

—Solo para que quede claro, les dije la verdad. —Apretó la mandíbula—. Jamás me he acostado con Ranma Saotome.

Sin esperar que Aika le respondiera, salió del vestuario y se dirigió hacia el de los chicos. Era probable que Ranma todavía estuviera allí tras la práctica del equipo de fútbol. Todavía quedaban algunos chicos cuando entró, quienes la miraron atónitos y sin entender qué coño hacía una chica allí dentro. Para la mala suerte de Ranma, seguía allí. Estaba terminando de vestirse y conversaba con Ryu Kumon.

—Sal.

La voz de Shampoo fue fría como un témpano de hielo y contundente como un gancho al hígado. Ranma se giró para mirarla y pareció sorprendido de verla allí, y más con aquella expresión furiosa en el rostro. Sintió que estaba viviendo déjà vu y recordó que hacía muy poco Akane había entrado al vestuario a buscarlo, también molesta con él. La diferencia es que esta vez Shampoo no esperó su respuesta para salir del vestuario. Otra diferencia era que con Akane, Ranma tenía muy claro el motivo del enojo con la chica, pero con Shampoo no tenía ni idea.

Ranma salió del vestidor y buscó a Shampoo con la mirada. La encontró al final del pasillo. Fue directo al hablar.

—¿Qué pasa, por qué estás molesta?

Ella tampoco se anduvo con rodeos ni indirectas.

—¿Por qué me dijiste que Suzuki te castigó por un avión de papel?

Él parpadeó varias veces. ¿A qué venía esto?

—Porque fue así.

Shampoo soltó su mochila y su bolso de deporte en el suelo. Se llevó las manos a las caderas y frunció el ceño.

—¿Y los condones? —Alzó una ceja—. Porque no recuerdo que me hayas contado esa parte.

Busted. ¿Cómo hacía Shampoo para enterarse de absolutamente todo cuanto pasaba a su alrededor? ¡No lo entendía, era como su madre! De pronto, la imagen de Aika Shiota cruzó la mente de Ranma, y el chico se sintió como la persona más estúpida de todo el planeta. Por supuesto que Shampoo se había enterado, tomando en cuenta que Aika no solo era la capitana de las animadoras, sino que además era aparentemente la persona más cotilla de todo Furinkan.

—Iba a contártelo, pero…

—Pero no lo hiciste —Shampoo lo interrumpió sin dejar de mirarlo de forma inquisidora—, me lo contó Aika, muerta de la risa, como si le pareciera la historia más graciosa del mundo, mientras yo me preguntaba mentalmente: ¿por qué Ranma tiene condones si él y yo no tenemos sexo?

Sabía que no tenía caso mentir, así que simplemente dijo la verdad.

—Los condones no son míos y yo no los puse ahí. Los puso Akane Tendo.

El rostro de Shampoo reflejó tantas cosas en tan poco tiempo, que fue difícil determinar qué sentimiento o emoción era la que estaba intentando expresar. Finalmente, su mandíbula se desencajó, una de sus cejas se alzó y su mirada le gritó a Ranma: será mejor que tengas una buena explicación.

Ranma, como no la tenía y como presentía que Shampoo eventualmente terminaría por descubrir la verdad, le contó todo. Desde cómo le había dejado un post-it a Akane en venganza por lo ocurrido en casa de Hiroshi, a cómo la chica se había desquitado con la broma del trabajo de Japonés, y las consecuencias que ambas bromas le habían traído a cada uno.

Shampoo lo escuchó sin interrumpirlo, mientras procesaba cada cosa que le decía. En algún punto del monólogo de Ranma, la chica peliazul tuvo una idea. Si quería salir con Mousse y averiguar si él era el chico que ella había idealizado por tanto tiempo, primero debía dejar a Ranma… y aquel parecía ser el momento perfecto para terminar las cosas con él. Su riña con Akane (que ya rayaba en lo obsesivo) sería la excusa perfecta. Definitivamente, y aunque Ranma se lo negara, para él Akane no era una chica más. Así que se apalancaría de ahí para poder dejarle y que las cosas fueran más fáciles.

—Hubiera preferido que me dijeras desde el inicio que Akane sí te gusta.

Ranma parpadeó confundido. ¿Esa era la conclusión a la que Shampoo había llegado? ¡Las mujeres iban a volverlo loco!

—Akane no me gusta, Shampoo. —Frunció el ceño—. De hecho, no la soporto. Por eso es que le hice lo que le hice y ella a mí.

—¿Y cuál es la excusa esta vez? —Shampoo se cruzó de brazos—. La vez pasada fue que Daisuke e Ichiro te retaron a escribir un nombre en la lista, y tú escribiste el nombre de ella como una "broma" —hizo el signo de las comillas con sus dedos—, ¿ahora vas a decirme que Daisuke te retó a ti y a ella a hacerse esas cosas?

—No entiendo. Pensé que te había quedado claro ese día cuando te dije que no me gustaba ella. —Intentó explicarse—. Pensé que me habías creído.

—Sí, de hecho sí te creí. —Admitió Shampoo—. Pero estoy empezando a pensar que lo que empezó como una broma ahora es una realidad. —Lo miró con seriedad—. Ranma, el día que jugamos Pictionary en casa de Hiroshi no dejaste de molestarla, de meterte con ella, de burlarte y decirle cosas. No te lo dije, pero la verdad me pareció muy raro.

La inexperiencia le había jugado una mala pasada a Ranma. Aquel día, el chico había creído que si se mostraba cruel, burlón y pesado con Akane, Shampoo terminaría de convencerse de que él no quería nada que tuviera que ver con ella. En realidad, la mejor forma de lograr eso habría sido simplemente ignorando a Akane o tratándola con naturalidad, como hubiera hecho con cualquier otra chica sin importancia. Lección aprendida.

—¡Pero eso no significa que…!

—Lo sé. Pero después le hiciste eso de Biología… y luego ella te hizo esto, ¿te parece normal? —Lo miró con una mezcla de confusión y hastío—. ¿Te parece normal que se dediquen tanto tiempo? Aunque sea para hacerse cosas malas. Si Akane fuera verdaderamente irrelevante para ti, y si tú lo fueras para ella, simplemente se ignorarían y ya. Pasarías de ella y ella de ti.

Aquella lógica era difícil de debatir, en especial cuando necesitabas elaborar buenos argumentos y no tenías idea de cómo hacerlo porque estabas demasiado nervioso y preocupado de que fueran a dejarte en cualquier momento.

—No es normal que se la pasen peleando todo el tiempo. Yo creo que sí te gusta Akane, pero no lo quieres reconocer. O a lo mejor no te has dado cuenta. —Cerró los ojos y bufó—. La verdad no lo sé y tampoco...

—Shampoo… no. —Insistió Ranma—. No me gusta Akane.

Pero Shampoo no quería entrar en detalles. Lo único que quería era terminar con todo cuanto antes. Estaba cansada y quería marcharse a casa para estar con sus padres. Además, necesitaba pensar en cuándo y cómo le diría a Mousse que sí quería salir con él.

—La verdad es que me da igual, Ranma.

Aquella frase era más cierta de lo que Shampoo había esperado. Si bien no le daba igual si el chico la hubiera engañado con otra (eso hubiera herido su ego y además le habría parecido una canallada), lo cierto es que después de la declaración de Mousse no le importaba demasiado si a Ranma le gustaba otra chica.

A Ranma eso último le sentó muy mal. La indiferencia no era buena, no podía ser buena, mucho menos en una chica tan expresiva y apasionada como Shampoo. Cuando algo le daba igual, era porque de verdad no le interesaba en lo más mínimo. Ranma tragó grueso.

—¿Qué… qué es lo que te da igual?

Shampoo soltó un largo suspiro. Honestamente, no entendía por qué el chico estaba alargando lo inevitable. ¡Ni siquiera habían salido por tanto tiempo!

—Me da igual si Akane te gusta, si no te gusta, si quieres salir con ella, si no quieres… me da igual. —Suspiró—. Ya no quiero seguir hablando del tema. Si tú dices que los condones no son tuyos, que fue una broma de Akane y que ella no te gusta, está bien, yo te creo.

Si le creía, ¿por qué sentía que las cosas estaban a punto de terminarse? La miró temiendose lo peor. Shampoo agradeció que no dijera nada más. Bien, aquí vamos.

—Ranma, hay algo que quiero decirte. Eres un chico muy guapo, y también eres muy bueno y muy dulce. Y durante este tiempo que hemos salido, me lo he pasado muy bien contigo, de verdad. —Aquello era cierto. Y Ranma se merecía sinceridad y palabras amables—. Pero… creo que lo mejor es que dejemos las cosas hasta aquí. No quiero que sigamos saliendo.

Auch. El primer desencuentro amoroso (del tipo que fuera) nunca era fácil de digerir para nadie, y menos para un chico que no estaba acostumbrado a ser rechazado en ningún aspecto de su vida. No le gustaba que Shampoo le estuviera dejando. A pesar de que habían salido por poco tiempo, se había encariñado con ella y disfrutaba mucho de las cosas que hacían cuando estaban juntos. Y hasta ese momento había creído que era recíproco.

—Pero —sus ojos azules mostraron confusión y dolor—, ¿por qué?

—No siento que esto esté avanzando en la dirección correcta. ¿Me entiendes?

No, no lo entendía. O quizás sí. Pero eso no hacía que doliera menos.

—¿Ya no te gusto?

Aquella era una pregunta que Shampoo detestaba responder. Cuando la respuesta era afirmativa, se le hacía complicado explicar que sí, que todavía le gustaba físicamente pero que eso no era todo, y que además había conocido a alguien que le gustaba más. Cuando la respuesta era negativa, le parecía incómodo tener que responder que no, ya no le gustaba. En el caso de Ranma, era la primera opción.

—Ranma… no eres tú, soy yo. —Dijo Shampoo—. No hay nada malo contigo, simplemente yo quiero otra cosa.

El chico pareció confundido.

—¿Otra cosa?

Pero Shampoo no estaba por la labor de dar explicaciones.

—No espero que lo entiendas. —Respondió—. Pero espero que lo aceptes. No tenemos que ser amigos si no quieres. —La mayoría de los chicos a los que había dejado no querían ser sus amigos luego de que ella les hubiera roto el corazón, y no podía culparlos. Ella misma había evitado a Mousse Seki a toda costa luego de que el chico la rebotara—. Pero a mí me gustaría que pudiéramos llevarnos bien.

Ranma comprendió que no había nada que pudiera decir o hacer para hacer que Shampoo cambiara de opinión. Aceptó su derrota con dignidad y asintió con la cabeza, pensando en todas esas frases que había leído y escuchado tantas veces. «Hay muchos peces en el mar, es solo una chica, el tiempo todo lo arregla».

—Está bien, será como tú quieras. —Dijo en tono triste—. Pero, ¿estás segura de que no es por mí?

Shampoo se acercó a él y le dio un beso en la mejilla.

—No es por ti, de verdad.

—Vale. Que estés bien.

Sin esperar que Shampoo dijera nada más, Ranma le dio la espalda para volver al interior del vestidor, sintiendo el cuerpo pesado con cada paso, preguntándose qué había hecho mal para que Shampoo ya no quisiera estar con él. ¿Se habría aburrido? Era cierto que ellos no tenían demasiadas cosas en común y que no hablaban de temas profundos, pero nunca les había hecho falta. Les gustaban las mismas series de comedia, la misma música, se llevaban bien, y además tenían una química muy fuerte. Muchas de las veces que estaban juntos y solos no paraban de besarse y tocarse, como si no pudieran tener suficiente el uno del otro, y Shampoo nunca había demostrado que no le gustaba las cosas que hacían o que ya no tuviera ganas de hacerlas.

Tras entrar al vestidor, Ranma se dirigió al banco frente a la taquilla donde había dejado sus cosas.

—¿Qué mosca le picó a Shamps? —Inquirió Ryu curioso.

Ranma, acostumbrado a que su compañero de equipo le tuviera un mote cariñoso o bromista a todo el mundo, se encogió de hombros. Dolía ser rechazado y no estaba listo para admitir en voz alta que Shampoo le había dado calabazas. Además, ¿qué iba a decirle? «Shampoo me ha dejado pero no sé por qué. Ha dicho que no soy yo, que es ella, que quiere otras cosas». ¿Otras cosas? ¿Qué coño significaba eso? Ni siquiera él mismo lo sabía, así que no tenía idea de cómo iba a explicárselo a un tercero.

Ryu no era una persona particularmente observadora, pero el haber compartido vestuario y equipo con Ranma durante un año le había hecho conocer al chico lo suficiente como para saber que jamás respondía con encogimientos de hombros. Y también conocía a Shampoo lo suficiente como para intuir lo que podía haber pasado, a juzgar por el abatimiento de su compañero.

Ranma terminó de recoger sus cosas y las guardó en su bolsa de deporte. Se peinó el pelo húmedo con la mano y se echó la bolsa al hombro.

—Oye —la voz de Ryu, que estaba terminando de vestirse, hizo a Ranma girar la cabeza—, ¿estás bien?

El pelinegro lo miró desde la puerta del vestidor, sabiendo que Ryu había notado su cambio de humor, preguntándose si el portero sabría a qué se debía.

—Sí, nos vemos el lunes.

Pero el castaño no le creyó. Tras terminar de alistarse y de recoger sus cosas, salió del vestidor y se sintió complacido cuando vio a Shampoo caminando hacia la salida del gimnasio.

—¡Shamps! —La llamó en voz alta para que la chica se girara y dejara de caminar. Cuando la alcanzó, esbozó una sonrisa—. Así que ya se venció la suscripción gratuita de Ranma.

Shampoo lo miró frunciendo el ceño, sin entender de qué estaba hablando.

—¿De qué hablas? ¿Te dieron un pelotazo en la cabeza?

Ryu se rió.

—El free trial que les das a todos los chicos, hasta que decides batearlos fuera del estadio. —Se llevó una mano al mentón—. ¿Ya tienes una nueva víctima? ¿Quién es?

La chica de azul finalmente comprendió que Ryu estaba tomándole el pelo por lo ocurrido con Ranma. Le sorprendió que su ex ligue se lo hubiera contado al castaño.

—Es un chico fuerte, lo superará. Todos lo hacen. —Se encogió de hombros—. Ahora lo que me pregunto yo es cuándo superarán tú y Aika su hambre de cotilleos.

Ryu volvió a reírse y dejó que la chica siguiera caminando sin él. Sin saberlo, Shampoo le había dicho lo que él había sospechado al ver a Ranma. Sacó su móvil y abrió WhatsApp. Buscó a Ranma entre sus contactos y abrió una conversación con él. Escribió un mensaje:

«Solo te puede romper el corazón si tú se lo permites. Ánimo, tiburón, hay muchas sirenas en este mar».

El mote tiburón no era una novedad. A todos los equipos deportivos de la Academia se les conocía como los Furinkan Sharks, ya que la mascota del colegio era Tsuyoshi el Tiburón.

Y aunque había muchas sirenas en la Academia, había una que a Ryu le gustaba particularmente. Una que había dejado de nadar con él desde hacía varias semanas y que se estaba haciendo la difícil... y él no podía culparla. Sabía que a veces la trataba con demasiada frialdad o le hacía bromas muy pesadas, pero eso era parte de su encanto y de su estrategia. Si era demasiado atento y dulce todo el tiempo, las chicas terminaban enamorándose y pidiendo exclusividad y todas esas chorradas cursis.

Suspiró. Tendría que intentar un acercamiento más cariñoso y romántico. Sabía que podía simplemente dejarla ir con la corriente y buscar a otra, pero no le apetecía probar suerte ni intentarlo con alguna chica que se echara para atrás cuando le tocara saltar a lo profundo. A él no le iban las chicas cautas y mojigatas que dudaban por miedo a lo que podían encontrar allí; le gustaban las chicas traviesas que se lanzaban al agua sabiendo que algo podía morderlas. Y su sirena Asami no le tenía miedo a los tiburones.


Mousse entró en escena y a Shampoo le duró muy poco el embelesamiento con su boytoy de turno... así que aquellas personas cuyo pronóstico auguraba chubascos para Ranma, dieron justo en el clavo (de hecho, hubo una persona que adivinó la aparición de Mousse). Nuestro pelinegro favorito ha vivido su primer desencuentro amoroso, que nunca son fáciles de digerir. A todos nos llega, Ranma, a unos más pronto que a otros. Y a toda la gente que quería verlo sufrir (¡muchísima gente!), pues allí lo tienen.

Sobre Akane. Empiezan a esclarerse las dudas con respecto al tema Tatewaki Kuno. O no. ¿Alguien tiene alguna teoría, pronóstico, adivinanza, suposición, etc.? Y hablando de dudas, no sé si lo habrán pillado, pero ha habido (y seguirá habiendo) varias referencias a una fiesta organizada por Ukyo Kuonji en el verano (un personaje que todavía no ha aparecido, por cierto). ¿Qué cosas habrán pasado esa noche que todo el mundo tiene algo que ver con esa fiesta? Estén atentos.

¿Y qué piensan de Daisuke y Yuka? De las teorías que dio Hiroko, ¿cuál creen que sea la acertada de por qué no están juntos? Me parece que este capítulo deja entrever, aunque puede que todavía alguno tenga dudas.

¡Nos leemos!