Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.


Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!


Capítulo 14

—Entonces, ¿qué opinas? —preguntó casi con timidez cuando detuvo el carro al final de un largo camino de entrada.

Una casa grande y bien iluminada estaba ubicada en medio del denso bosque. Estaba construida en lo alto de una colina con la vista más increíble del Estrecho de Puget.

—¿Esto? —alcé la vista hacia la casa y susurré—: Increíble.

—¿Quieres ver el interior? —todavía sonaba preocupado, como si necesitara mi aprobación.

—Por supuesto —dije, mirando hacia el agua—. La vista es maravillosa. ¿Es tuya?

—No… al menos, todavía no. Oficialmente no ha salido a la venta —me dijo al manejar hacia la casa—. Mi agente de bienes raíces me hizo una cita para que la viera antes de que la pusieran en el mercado. Los dueños quieren una venta rápida y al parecer, soy un buen prospecto de comprador.

Nos detuvimos afuera de un garaje doble y alcé la vista hacia la casa, había balcones y terrazas que salían de varias habitaciones en el piso superior, sacándole el mayor provecho al increíble panorama. Había más ventanas de las que quería contar, pero quien quiera que la haya contraído tuvo una muy buena idea porque era algo que valía la pena ver. Seguía mirándola cuando Edward me abrió la puerta. Me bajé lentamente, reticente a apartar la vista.

—La compraría tan sólo por las vistas —dije en voz baja.

—Todavía no he visto el interior, vamos. —Tomó mi mano y me jaló tras de sí.

—¿Cómo se supone que lo harás sin el agente? —pregunté—. ¿Estás consciente de que el allanamiento de morada es un crimen?

Edward sacó una llave de su bolsillo y la agitó frente a mí.

—No es necesario allanar.

—¿Tienes una llave? —pregunté sorprendida y asintió—. ¿Cómo es posible?

—Mi agente ha estado intentando encontrarme una casa desde que llegué a la ciudad, Bella, y no soy la persona más fácil para trabajar. Está ansiosa por que encuentre algo y así ganarse su considerable comisión, pero también ha aprendido que no me gusta tener a alguien señalando características y habitaciones cuando veo las propiedades. Me gusta hacer las cosas por mi cuenta; lo sabes. El dueño se mudó a la Costa Este hace poco, así que no nos molestarán. —Abrió la puerta principal y entramos al recibidor.

El piso estaba cubierto con azulejos de terracota que parecían pertenece a una villa rustica en Italia. Las paredes no tenían diseño y eran de color crema, y el techo estaba decorado con madera teñida. Había una ancha escalera de madera con barandillas de hierro forjado que llevaba al primer piso, y Edward me llevó hacia allá.

Los pisos de azulejo parecían ser un elemento de toda la casa, al igual que las paredes color crema y los techos de madera, pero se veía muy hermoso. Al subir el primer tramo de escaleras había una pequeña alcoba y una pequeña sala de estar, la cual tenía vistas hacia la parte trasera de la propiedad y hacia un jardín muy privado. Había una enorme cocina blanca con vista al agua y una puerta que se abría hacia una terraza. Me imaginé sentada ahí afuera almorzando con Edward y luego obligué a esa imagen a desaparecer de mi cabeza.

Su casa… es sólo su casa, Bella.

Seguí a Edward al comedor adyacente que tenía unas vistas igual de impresionantes.

—Esto es increíble, Edward —dije, totalmente fascinada—. Vaya.

—En cuanto me envió los detalles me sentí ansioso por verla —admitió—. Pero no esperaba esto.

Mientras vagábamos por ahí vimos varias escaleras que subían a los pisos superiores, subimos por una escalera muy estrecha en espiral, la cual llevaba hasta la cima de la casa. No había nada aquí aparte de dos sillas, pero en cuanto vi el sol bajando por el horizonte entendí por qué.

—Podría sentarme aquí todo el día, todos los días —dije con nostalgia—. ¿Quién querría vender este lugar? Incluso si me mudara al otro lado del mundo, me quedaría con esta casa y aprovecharía cualquier excusa para poder volver.

—Por suerte para mí, el actual dueño no está de acuerdo con eso. —Los brazos de Edward me rodearon la cintura y apoyó su mentón en mi hombro, admirando el paisaje conmigo—. Me gusta lo que he visto hasta ahora.

—La vas a comprar, ¿cierto?

Se rio entre dientes.

—Todavía nos falta mucho por ver, Bella.

—No me importa —le dije—. Viviría muy feliz en esta habitación.

—Vamos —dijo y me giró para quedar de frente a él—. Veamos el resto.

—Si no la compras tú, lo haré yo. —Le di un beso y sonrió.

—Oh, ¿en serio? —se rio—. ¿Puedo preguntar cómo planeas hacerlo con tu nuevo salario?

—Créeme, si trajera a mi mamá aquí, se enamoraría también de la casa y Phil todavía no ha aprendido cómo decirle que no. —Le palmeé la mejilla—. No te tardes mucho, Eddie, o tendrás una fuerte competencia por este lugar.

Volvimos a bajar por la escalera de espiral y encontramos que la siguiente puerta era la enorme habitación principal. Los techos eran gloriosamente altos con ventanales de arriba abajo, y dependiendo de hacia qué dirección giraras, parecía que estabas en un lugar diferente. Hacia la derecha estaba el Estrecho, el sol ahora ya casi era invisible, pero sus últimos rayos se reflejaban en la superficie del agua. Hacia enfrente estaba el verde de los árboles y arbustos que rodeaban la casa, y sentía que estábamos en una cabaña en medio del bosque completamente aislados del resto del mundo. Luego, a la izquierda había un par de puertas que se abrían a un pequeño espacio con un jacuzzi muy tentador y una espectacular vista de la cordillera.

—Es como estar en tres lugares a la vez —murmuré sin estar segura de cuál prefería, luego vi lo mucho que sonreía Edward y no me importaron más las vistas.

El baño principal consistía de una ducha para dos personas y una tina hundida que una vez más tenía vistas hacia el Estrecho. También había un vestidor enorme con espacio suficiente para toda la ropa de Carmen, Amber y la mía.

Quiero vivir aquí.

Mientras Edward examinaba las instalaciones y los detalles, yo me senté en la cama deseando no tener que irme nunca. No sé cuánto tempo estuve ahí sentada, pero Edward sentándose a mi lado me trajo a la realidad.

—Todavía tenemos más por ver —me dijo suavemente.

—Esperaré aquí —dije y se rio—. En serio. Me encanta esta casa. ¿Me trajiste para presumirme?

—En absoluto. —Apoyó su mano en mi muslo—. Vi una o dos fotos que me envió mi agente, pero eran del exterior. No tenía idea de lo increíbles que eran las vistas y ciertamente no sabía cómo era por dentro. Aunque ahora entiendo por qué me recomendó verla antes de que se pusiera a la venta.

—La verdad no te imagino en un lugar como este —le dije y sonrió.

—¿Oh?

—Sí, te veo como un chico de ciudad… el hotel encaja contigo. Sin desastres, sin limpiar y sin raíces. —Lo vi negar con la cabeza.

—El hotel es conveniente para el trabajo, pero no es un hogar. Amaba donde vivía de niño antes de que todo terminara mal, era mi lugar favorito en el mundo y creo soy tan quisquilloso ahora porque quiero eso de nuevo. —Se paró y caminó hacia la ventana—. Me gusta la intimidad y la serenidad.

El silencio fue interrumpido por mi estomago rugiendo ruidosamente. Edward se rio entre dientes y se giró.

—Espero que eso fuera tu estómago y no un oso allá en el bosque.

—Qué divertido, cabrón —murmuré—. Fue mi estómago, estoy hambrienta.

—Vayamos a cenar algo. Podemos regresar y ver el resto en otra ocasión; de todas formas, necesito entregar las llaves. —Me ofreció su mano y caminamos de regreso a través de la casa.

—¿La vas a comprar?

—Hay unas cuantas cosas más que considerar, pero creo que sí —asintió—. No puedo quedarme en el hotel para siempre. Esto está un poco más alejado de la ciudad de lo que quería, pero me da una excusa para manejar mi carro más seguido de lo que lo hago.

—Tú y ese carro. —Rodé los ojos—. ¿Debería esperar verte en uno de esos bizarros programas donde la gente se enamora de objetos inanimados y se follan sus carros por el tubo de escape?

—¿Dónde la gente hace qué con el tubo de escape? —preguntó asqueado y me reí.

—¿Asumo que no ves mucha televisión?

—No, y después de ese último comentario no estoy seguro de querer verla. —Hizo una mueca—. ¿De qué tipo de objetos inanimados estamos hablando?

—Um… una vez hubo una mujer que se enamoró de una pared… la besaba y dormía con un pedazo de la misma. De verdad se excitaba con eso, fue muy raro. —Comencé a contarle sobre otro caso, pero me interrumpió rápidamente.

—De hecho, olvida que te lo pregunté. Esa imagen no es algo que necesite tener en la mente. —Rodeamos su carro por la parte trasera y vi sus ojos bajar hacia el tubo de escape, luego se estremeció—. Dios, hay gente muy degenerada en este planeta. ¿Por qué lo harían?

—Supongo que algunos hombres no tienen una chica de verdad donde meterla —sugerí y se rio—. Más te vale que me quede contigo, Sr. Cullen, o podrías encontrarte atraído por la parte trasera de tu carro. Supongo que, si encendieras el motor, le daría todo un nuevo significado al término mamada.

—A veces eres tan rara —dijo, todavía riéndose.

—Estamos para complacer —dije y luego lo besé—. Ahora, podemos ir a comer, ¡o el murmullo de mi estómago se convertirá probablemente en todo un rugido de oso!

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Después de entregarle la llave a la agente de bienes raíces, sugerí que regresáramos a su hotel en lugar de salir a cenar. Me gustaba estar a solas con él, actuaba menos cohibido y la pizza que cenamos la otra noche estuvo muy buena.

—No tienes que leer manuscritos esta noche, ¿cierto? —pregunté y me quité los zapatos.

—Pasé la mayor parte de anoche leyendo manuscritos para no tener que leer nada esta noche —me dijo y extendió la mano para que le entregara mi abrigo.

—¿Nada de llamadas urgentes de Phil o Emmett? —pregunté y negó con la cabeza.

—No pasará nada hasta que volemos a San Francisco. Esta noche, Bella, soy todo tuyo.

¿Qué te parece por mucho, mucho más tiempo que solo esta noche?

—Me gusta cómo suena eso —dije y mi mirada se posó en su enorme y apetecible jacuzzi—. ¿Qué te parece un chapuzón en el jacuzzi mientras esperamos la comida?

Hizo una mueca.

—¿Estás bromeando?

—¿Por qué no? —me reí para mí y abrí la llave del agua.

—¿No te molesta que estaríamos sentados en nuestra propia suciedad? —bufó y alcé una ceja acusadora.

—¿Suciedad? ¿Crees que yo estoy sucia? —entré al baño y comencé a juntar el agua a pesar de sus protestas—. Estás entrando en aguas peligrosas, Edward.

—No creo que tú estés sucia —gimió—. Me refería a toda la piel y… olvídalo. ¿Qué te parece si mejor nos damos una ducha?

—No, creo que necesito intervenir, Sr. Cullen —dije lo más seductora posible.

—¿Intervenir?

—Aja. Definitivamente se requiere una intervención. —Asentí y le aflojé la corbata, quitándosela lentamente del cuello—. Le hiciste el feo a la pizza la última vez que estuve aquí, y mira lo bien que terminó eso.

—Cierto —murmuró y me miró con intensidad cuando comencé a desabrochar su camisa—. La pizza estuvo bien… cuando tú estabas aquí.

—¿Entonces sería seguro asumir que un chapuzón también podría ser muy placentero? —empujé la camisa abierta de sus hombros para tirarla al piso.

—La pizza no estuvo tan placentera anoche cuando estaba solo. —Sonrió y se inclinó para besarme una vez más—. Entonces, creo que sería beneficioso aplicar el mismo criterio para el baño.

—Me parece bien. —Sonreí y cerré el agua.

Me quité los jeans y los lancé al otro lado del baño, manteniendo mis ojos en él que me miraba con deseo. Me quité la blusa y la lancé con el mismo dramatismo, haciendo reír a Edward.

—Tengo unas cuantas reglas, Sr. Cullen —dije, parándome frente a él usando sólo mi ropa interior.

—¿Reglas? —preguntó mientras se quitaba los zapatos—. No estoy seguro de que me guste la idea de tener reglas en mi baño.

—Me temo que es mi intervención, mis reglas. Para apreciar completamente el baño, necesitas concentrarte sólo en el baño y no en tu compañera de baño. —Le guiñé y señalé sus pantalones, y luego al piso—. Y necesitas quitártelos. La ropa no está permitida en ningún momento dentro del baño.

—Creo que concentrarme en cualquier cosa menos en mi compañera de baño es poco probable —murmuró y se bajó los pantalones—. Concentrarme en cualquier cosa que no seas tú ya es difícil incluso cuando estás vestida, Bella. No tengo ninguna oportunidad cuando estás desnuda y a corta distancia.

—Desnuda y mojada —bromeé—. Pero es importante que sigas la etiqueta de baño.

Edward ya no parecía querer seguir jugando; dio una zancada hacia mí y me agarró la cintura. Me besó sin decir palabra, atacando mi boca de forma hambrienta y casi me hace olvidar todo sobre mi intervención y la etiqueta de baño.

Casi.

—Eh, eh, eh —exhalé, reuniendo toda mi fuerza para alejarlo—. Estoy decepcionada, Sr. Cullen.

—Sigue con esto y créeme que no se decepcionará, Srta. Swan. —Intentó besarme de nuevo, pero puse dos dedos sobre su boca y negué con la cabeza.

—Quítate el bóxer —le dije, manteniendo la mirada al norte de su cintura para evitar cualquier posible distracción porque, carajo, distraía mucho—. Ahora, métete al baño.

Se metió a la tina con un bufido de frustración y se sentó lentamente, sumergiéndose bajo el agua.

—¿Se supone que debo sentir algo?

—¿Relajado? ¿Cómodo? —dije y negó con la cabeza.

—Nop. Frustrado, solo y definitivamente nada relajado. —Señaló su polla y me reí—. Me temo que esto no está haciendo mucho para hacer que me gusten los baños.

—Oh, todavía no termino. —Guiñé y salí corriendo del baño a la barra. Agarré dos copas, un destapa corchos y una botella de vino tinto antes de apurarme de regreso a Edward.

—Se necesitará más de una copa de vino para hacerme cambiar de parecer, Bella —se rio entre dientes.

—Qué opinas de —le entregué una copa y abrí la botella—, toda una botella de vino y…

—¿Y? —alzó una ceja y sonreí.

—¿Algo de compañía? —le di un trago al vino, luego me quité mi sostén y mis bragas para meterme al baño con él.

—Definitivamente están mejorando las cosas. —Sonrió, jalándome entre sus piernas y apoyando la cabeza en mi hombro—. Pero creo que se está desarrollando un patrón. Igual que con la pizza fría de hotel, esto será algo que sólo podré disfrutar contigo.

Comenzó a besar mi cuello y me aparté.

—Nada de marcarme esta noche —dije y se rio—. Es en serio, Edward, ya estoy en suficientes problemas. Sin duda, Phil le contará a mi mamá sobre el novio misterioso y ella no dejará el tema por la paz.

—¿Qué le dirás? —preguntó sonando divertido y besando de nuevo mi cuello, esta vez con más suavidad.

—Le diré que el mordedor misterioso de cuello fue un chico increíblemente sexy e intenso que conocí en un club. —Rellené nuestras copas y le di un trago.

—¿Sexy e intenso? Tuviste suerte, ¿eh?

—Sí… intensamente irritante, obstinado, mandón, malhumorado e imposible de complacer —bromeé y Edward comenzó a hacerme cosquillas en las costillas.

Me retorcí en su regazo, haciendo una rara combinación de risa y gritos mientras intentaba soltarme de su agarre.

—¿Obstinado? —preguntó, riéndose de mi reacción—. ¿Irritante?

—Sí —dije tercamente.

—¿Mandón? ¿Imposible de complacer? —se estaba riendo más de lo que lo había escuchado antes—. ¿Es eso lo que dijiste?

—Sí —seguí chillando y retorciéndome—. E imposible de complacer… no lo olvides.

Mis piernas estaban moviéndose de un lado a otro y logramos tirar la botella de vino en la tina, volviendo el agua de color rojo.

—Ops —dijo Edward y dejó de hacerme cosquillas.

—Qué desperdicio —dije y me moví hacia el otro lado de la tina—. Ese era un vino en perfecto estado y ahora ya no está gracias a ti.

Sonrió.

—Lo siento.

—No es necesario —sonreí—. Lo haría todos los días con tal de escucharte reír así. Sorprenderías a muchas personas si alguna vez vieran este lado tuyo.

Negó con la cabeza.

—Creo que nunca nadie ha visto este lado de mí, Bella. Ni siquiera yo sabía que existía este lado de mí hasta hace poco.

Oh Dios, te amo.

Por supuesto que no se lo dije, sólo me deleité con el sentimiento durante unos segundos y luego cambié el tema.

—Por muy divertido que fuera eso, sigo decepcionada por tu evidente indiferencia hacia la etiqueta de baño… no debería haber vino regado en la tina. —Meneé la cabeza y agregué—: De hecho, estaba disfrutando mucho de ese vino.

—Creo que yo voy a disfrutarlo más ahora —dijo con voz ronca.

—¿El vino o el baño? —pregunté.

—Ambos. —Comencé a recordarle las reglas, pero me tapó la boca con su mano—. Al carajo con la etiqueta de baño.

Esta vez sólo asentí y decidí que seguirle la corriente sería mucho más divertido que molestarlo. Me jaló a su regazo y envolví su cintura con mis piernas.

—No puedes hacer esto en la ducha —le recordé cuando se inclinó para besarme y se rio.

Cuando me besó, algo se sintió diferente. Seguía siendo tan intenso y apasionado como antes, pero había algo que no podía identificar… algo más entre nosotros. Lo sentí y me pregunté si Edward también podría sentirlo. Carajo, esperaba que él también lo sintiera.

Mientras nos besábamos sus manos vagaron sobre mi cuerpo, deslizándose a través de mi piel mojada, jabonosa y llena de vino.

—Los baños son jodidamente buenos —gimió sobre mi boca.

Los labios de Edward dejaron los míos y bajaron por mi cuello, prestando especial atención en ser gentil y no dejar otra ofensiva marca. Luego movió su lengua de mi clavícula a mi hombro, dejando un camino ardiente sobre mi piel.

Colocó una mano en mi pecho y lentamente me animó a inclinarme hacia atrás, arqueándome la espalda. En cuanto lo hice, bajó más la cabeza, cubriendo tanto como podía de mi cuerpo con su lengua.

—Oh Dios, eso se siente tan jodidamente bien —exhalé cuando movió su lengua sobre mi pezón—. Edward, ven aquí.

Tiré de su cabello, jalándolo de nuevo hacia arriba para poder besarlo. Me moví en su regazo, jadeando cuando la punta de su polla se rozó conmigo.

—Bella —siseó cuando me moví justo lo suficiente para meterlo en mí—. Dios.

Edward apoyo las piernas en los costados de la tina para no resbalarse, luego dejó caer la cabeza hacia atrás cuando empecé a mover mis caderas en círculos. No era fácil y ciertamente no era la posición más cómoda, pero verlo… sentirlo compensaba más que suficiente por la incomodidad.

Sus dedos se enterraron en mis caderas y cerró los ojos con fuerza.

—Carajo —gimió, luego metió la mano entre nosotros para frotar mi clítoris.

Sentí mi estómago tensarse casi de inmediato y el resto de mi cuerpo se puso rígido a causa de la anticipación. Me agarré del costado de la tina con brazos temblorosos y Edward abrió los ojos para verme.

Esta vez fueron mis movimientos los que titubearon, no pude moverme cuando mi orgasmo rasgó a través de mí. Edward embistió alzando las caderas dos o tres veces más y luego se corrió. Al hacerlo, todo su cuerpo se relajo y ya no se estaba deteniendo, así que nos resbalamos en la tina, desbordando más agua alrededor y sobre las orillas.

Me di la vuelta y me recosté en su pecho, suspirando contenta.

—Ves, los baños no son tan malos. Incluso cuando no sigues la etiqueta de baño.

—Lo disfruté muchísimo. Sin embargo, me gustaría señalar algo, Bella —murmuró y volteé el cuello para verlo—. Estamos actualmente recostados en agua que se enfría rápidamente mezclada con vino y semen.

Hice una mueca y asentí.

—Tienes un buen argumento. ¿Nos duchamos?

—Depende, ¿habrá más reglas y etiquetas que seguir?

—Nada de reglas. —Lo besé—. Lo prometo.

Edward…

Lo hizo de nuevo… siento que soy una persona diferente cada maldito minuto que paso con ella. ¿Es normal desear tanto a alguien? En la casa, todo lo que podía ver era a Bella. Cada imagen en mi mente no era sólo yo… éramos nosotros… ¡Carajo!


Feliz miércoles, espero que todos estén pasando una buena semana. Muchas supusieron bien, lo que Edward quería mostrarle a Bella es su futura casa, parece que ambos se enamoraron del lugar, ya veremos cómo les va con ellos.

Mil gracias como siempre por leer, no olviden dejarme sus comentarios ;)