Aviones de papel
Capítulo 5:
"Viaje submarino"
La semana empezó para los estudiantes de penúltimo año con una pequeña asamblea estudiantil para decidir cuál sería el tema del baile de invierno.
Cada año en diciembre, en la Academia Furinkan se llevaba a cabo el tradicional baile de invierno, una fiesta anual organizada por los pregraduandos, a la que además de ellos también asistían los de último año. Como parte de la labor de organización, los pregraduandos debían elegir el tema o concepto creativo del baile, bajo el cual se realizaría el evento: comida, decoración, música, todo tendría que ver con el tema. Era una noche tradicional y memorable que los estudiantes de Furinkan anhelaban... hasta que llegaban al penúltimo año y se daban cuenta de que organizar un evento podía ser tan divertido como complejo. Y las complicaciones aparecían desde el día uno, cuando cincuenta personas aproximadamente debían ponerse de acuerdo para elegir un tema.
La votación era presidida por el comité organizador del baile, que a su vez estaba compuesto por algunos miembros del consejo estudiantil.
Tras la primera clase de la mañana, todos los estudiantes de penúltimo año debían dirigirse al anfiteatro de la Academia, ubicado en la última planta del edificio principal, en el que se encontraban la dirección, la biblioteca y las oficinas administrativas. Allí se realizaría la votación, se definirían cuáles y cuándo serían las actividades para recaudar fondos para el baile, y se resolvería cualquier duda al respecto.
Ranma quiso desviarse para ir al baño de camino al anfiteatro, pero Daisuke se lo impidió.
—Tengo algo que contarles. Algo importante. —Esbozó una sonrisa de orgullo y picardía—. El sábado salí con Yuka…. y nos besamos.
(Flashback al sábado por la noche)
Tras mirarse en el espejo de cuerpo completo que había en el vestier de sus padres, Daisuke esbozó una sonrisa. Debía agradecer a sus progenitores por sus buenos genes que le habían heredado, ya que gracias a ellos él era un chico guapo. Se pasó una mano por el pelo y apagó la luz antes de salir.
Se dirigió al salón familiar, donde su madre veía una película con su hermana menor.
—Ya me voy, mami.
Su madre se giró para mirarlo de reojo, pero pronto la película pasó a un segundo plano. La mujer se bajó las gafas hasta la punta de la nariz y miró a Daisuke de arriba abajo y dejó la copa de vino sobre la pequeña mesa que estaba junto al sofá Natuzzi.
—¿Vas a salir con esas zapatillas? —Lo observó a mientras se cruzaba de brazos.
El chico miró sus pies, en los que llevaba unas Golden Goose Superstar de color blanco con suela beige, cuya parte trasera era azul oscuro. Esas zapatillas las había adquirido recientemente y le gustaban mucho, y él no consideraba que se vieran mal con los pantalones grises que se había puesto, los cuales había combinado con una camisa blanca y un suéter azul oscuro. Tal vez eran un poco informales, sí, pero tampoco iba a la ópera.
—¿Qué tienen? —Le preguntó a su madre.
—Están sucias, Daisuke. —Contestó ella como si se tratara de algo obvio—. Y se ven demasiado informales… no sé, no me parecen adecuadas para tu cita.
—¡Mami! —Exclamó Kora, la hermana menor de Daisuke—. Estás interrumpiendo la peli.
Su madre suspiró y se puso de pie, indicándole a Daisuke que salieran del salón para hablar más cómodamente. El chico se rió y le dio un beso en la mejilla a su madre cuando estuvieron en el comedor.
—Mis zapatillas no están sucias, mami. —Alzó el pie para mostrarle el calzado a su madre—. Son así, como gastadas. Es el estilo de esta marca y de este modelo en específico. Están súper de moda.
Su madre no pareció satisfecha con aquella respuesta.
—No sabré yo nada de moda entonces, porque no entiendo esa tendencia de usar todo roto, gastado, viejo… —Frunció el ceño—. Y encima te lo venden a un precio que… —Suspiró—. No lo entiendo y no sé si lo quiero entender. —Alzó ambas manos, como si se estuviera excusando—. Pero si tú dices que están de moda, está bien.
—Pero, ¿no estoy guapo?
Sabía que eso conseguiría desviar la atención. Le hizo ojitos a su madre y ella esbozó una sonrisa. Se puso de pie y le dio un beso en la mejilla.
—Por supuesto que lo estás, cariño, no he dicho que no. —Le acarició el pelo con cuidado de no despeinarlo—. Estoy segura de que Yuka pensará lo mismo.
Su sonrisa se expandió y volvió a besar a su hijo, esta vez en la otra mejilla, mientras lo miraba con orgullo y algo de nostalgia.
Naoko Koyasu siempre había estado involucrada en la vida de sus hijos, Daisuke y Kora. No se limitaba a supervisarlos de lejos, como hacían muchos padres de Furinkan con sus vástagos, sino que se mostraba interesada por aquellas cosas que para su hijos eran importantes. Y las amistades entraban en esa categoría. Debía admitir que sentía mucha tranquilidad al saber que Daisuke había elegido bien a sus amigos; todos eran jóvenes sanos, de buena familia y que además eran una buena influencia para él. Les tenía mucho aprecio a todos, pero debía admitir que su favorita era Yuka Okamura. Por eso había saltado de alegría (internamente, por supuesto; Naoko era una mujer discreta y elegante) cuando Daisuke le había contado que finalmente había invitado a salir a Yuka y que tendrían su primera cita.
Él tenía muy claro que su madre se moría de ganas de que Yuka fuera su nuera. Estaba casi tan emocionada como él e incluso se ofreció a llevarlos al restaurante y recogerlos después de la cita, pero Daisuke se negó porque quería máxima privacidad, además de que le parecía muy infantil ser llevado por su madre a su primera cita con Yuka. Así que luego de despedirse de ella, pidió un Uber con dirección a la casa de su mejor amiga.
En el trayecto se dio cuenta de que no estaba nervioso, sino emocionado. Finalmente tendría una cita con ella, en la que podría charlar a solas de una forma más íntima y romántica. Normalmente compartían en salidas grupales donde estaba el resto del grupo, aunque también habían salido juntos sin nadie más, pero siempre en plan amistoso.
Yuka lo esperaba afuera de su edificio, vestida con una falda rosada, una blusa blanca y un abrigo beige. Daisuke se bajó para saludarla con un abrazo y un besarla accidentalmente en la comisura de los labios. Luego le abrió la puerta del coche y se subió tras ella.
Se dirigieron a un restaurante escandinavo que daba la impresión de estar construido bajo el agua. Una de las paredes internas, la más grande, era de hecho una pecera gigante llena de salmones y otros peces que podían encontrarse en los lagos de Noruega y Finlandia. El mobiliario escandinavo (que no era de IKEA) de tonos blancos y grises era sobrio y elegante aunque sin ser ostentoso. No era fácil conseguir una reserva, pero Daisuke le había pedido a Ryu que le hiciera el favor. El padre de Ryu, al ser un futbolisto retirado muy famoso, conseguía lugar en cualquier sitio, así que Daisuke le había pedido a su amigo que le hiciera el favor de reservarle una mesa allí.
Los dos adolescentes se sentaron en su mesa y miraron en el menú. Eran las dos personas más jóvenes de todo el restaurante, así que lo comentaron entre risas. Tras pedir la comida, continuaron charlando sobre distintos temas. No fue sino hasta que la comida llegó cuando Daisuke decidió abordar el tema.
—Yuka, además de porque me encanta charlar contigo y porque siempre nos la pasamos genial cuando estamos juntos, te invité a cenar porque quería decirte algo.
El último bocado de salmón noruego de pronto le supo diferente. La chica asintió con la cabeza, sin decir nada, preparándose para lo inevitable.
Daisuke estiró la mano sobre la mesa para coger la mano de Yuka.
—Me encanta tenerte en mi vida y ser tu amigo porque eres una chica maravillosa. —Fue lo primero que dijo—. Eres probablemente la persona más inteligente y culta que conozco, y sin embargo no eres arrogante ni te crees superior a nadie. Tienes una gran humildad y una forma de ser auténtica, y creo que eso hace que la gente te quiera y admire más.
Una pequeña sonrisa cruzó el rostro de Yuka, haciendo que Daisuke la replicara.
—Y eres muy buena jugando al volley —frunció el ceño—, ¿hay alguien en toda la liga estudiantil que saque mejor que tú? ¡No lo creo! —La chica se rió y él le guiñó el ojo—. Pero además de todo eso, eres preciosa. —Acarició su mano—. Tu pelo, tus ojos, tu boca, toda tú… me encantas, Yuka. Muchísimo. Y me encantaría que además de mi mejor amiga, fueras mi novia.
De cero a cien, sin rodeos ni titubeos. Así era Daisuke.
Yuka tenía muy claro que Daisuke le gustaba mucho y que además lo quería de una forma distinta a la que quería al resto de sus amigos, pero una cosa era saberlo y otra muy distinta ponerlo en palabras y actuar sobre ello. Sintió que su corazón galopaba dentro de su pecho y estuvo a punto de tener un ataque de ansiedad (los cuales normalmente aparecían cuando se encontraba en situaciones en las que no tenía el control o en lugares de los que no se podía ir), así que cogió su copa de agua y bebió de ella, mientras intentaba serenarse y hacer los ejercicios de respiración que el psicólogo le había recomendado. Para su suerte, el mesero se acercó a la mesa para preguntarles si todo estaba bien y si deseaban alguna otra cosa o si pedirían el postre. Agradeció mentalmente que Daisuke se dedicara a conversar con el joven que los atendía, para poder calmarse.
Tranquila, respira. No es el fin del mundo, es Daisuke, eres tú. Lo quieres y él te quiere, y en eso no hay nada de malo, se dijo a sí misma. Las cosas no tienen por qué cambiar drásticamente, podemos seguir siendo Yuka y Daisu.
Cuando el mesero se marchó con la promesa de volver pronto con el postre, Yuka supo que debía responderle a Daisuke. Sería muy ingenua si no hubiera intuido la razón por la que él la había invitado allí, pero se imaginó que el chico le diría no sabía para qué la había invitado allí era para decirle «hola, me gustas y te veo más que como una amiga, ¿te gustaría que fuéramos más que amigos?», y ella probablemente le habría dicho que a ella también le gustaba y que sí, le gustaría intentar eso de ser más que amigos. Sin embargo, Daisuke se le había declarado con todo el arsenal y le había dicho directamente que quería que fueran novios.
¿Y tú no quieres eso? Una cosa era la idea de algo y otra muy distinta era ese algo materializado. Sí, le gustaba Daisuke, pero, ¿quería ser su novia? ¿Estaba dispuesta a tener una relación con él, sabiendo que el chico tenía mil pretendientes y que además le gustaba corresponderlas? ¿Estaba lista para eso? ¿Podía confiar en él?
Daisuke fue consciente de que el semblante de su mejor amiga había cambiado, así que le acarició la mano.
—¿Qué piensas?
No, no estaba lista. Pero al menos podía ser honesta con él sobre sus sentimientos.
—Tú también me gustas, mucho. —Sus palabras fueron menos dulces y cálidas que las de Daisuke, pero igual de sinceras—. Y… desde hace un tiempo… también he pensado que me gustaría ser más que tu amiga.
La sonrisa de Daisuke iluminó su rostro completamente. Hizo amague de ponerse de pie para besarla, pero Yuka lo detuvo.
—Espera, Daisu. —Lo miró cauta y él volvió a sentarse—. Sí quiero que seamos más que amigos pero… no quiero... no quiero que nos equivoquemos, no quiero que nos apresuremos demasiado y que las cosas salgan mal.
(Fin del flashback)
—Silencio, por favor.
Ranma, Hiroshi y Daisuke habían llegado al anfiteatro y se habían sentado en una de las últimas filas. Daisuke había continuado allí con su historia, hasta que la voz de Akari, quien lideraba el comité organizador del baile, interrumpió las conversaciones de todos los presentes para dar inicio a la asamblea, haciendo que Hiroshi y Ranma suspiraran. Tendrían que esperar hasta después de la reunión para conocer el desenlace de la historia.
—El primer punto a tocar en la asamblea de hoy es el tema final del baile de invierno. —Akari leyó en voz alta el papel que tenía en la mano—. De todos los temas propuestos, los cuatro finalistas son: odisea espacial, jardín secreto, noche bajo las estrellas y viaje submarino.
—Creo recordar que fue Akane quien propuso el tema de odisea espacial. —Comentó Hiroshi.
Cualquier estudiante, fuera miembro del comité organizador o no, podía proponer temas para el baile de invierno. Akane, que no pertenecía a la junta, sonrió orgullosa al escuchar que el tema que ella había propuesto, odisea espacial, había llegado a los finalistas; la llenaba de orgullo saber que sus ideas eran buenas y que sus compañeros las encontraban interesantes.
—¿Odisea espacial? ¿Viaje submarino? —Un curioso Ranma frunció el ceño ante la confusión que aquello le causaba.
Hiroshi se rió, anticipándose a las preguntas que su amigo seguramente tenía en la mente.
—Son conceptos, no pienses que el baile será bajo el agua. Hace unos años, el tema fue Titanic y el gimnasio fue decorado como si se tratara de la cubierta de un barco. Si el tema fuera jungla salvaje, seguramente habría lianas, follaje, decoración con animales, y la gente probablemente combinaría su atuendo de noche con ropa de explorador.
Ranma asintió con la cabeza, creyendo comprender de qué iba todo. Pero el haber pensado en agua le recordó que necesitaba con urgencia ir al baño, so riesgo de mojarse los pantalones. Incapaz de contenerse durante más tiempo, Ranma se inclinó hacia su amigo para hablarle en voz baja.
—No aguanto más. Necesito ir ya al baño.
Se puso de pie y se dirigió a la salida del anfiteatro, en busca del baño más cercano.
—¿A dónde fue Ranma? —Inquirió Daisuke—. Ya va a empezar la votación.
La voz de Akari impidió a Hiroshi responderle a su amigo.
—Silencio, por favor. Bien, vamos a proceder con los votos. Cada uno escriba en el papel que recibió al entrar al anfiteatro la letra que corresponde a su tema de elección. Opción A, odisea espacial; opción B, jardín secreto; opción C, noche bajo las estrellas; y opción D, viaje submarino.
Todos los estudiantes procedieron a escribir la letra de su preferencia en el trozo de papel blanco. Hiroko Suyama pasó puesto por puesto recogiendo los votos de sus compañeros en un par de cestas pequeñas. Al finalizar, volvió con el resto del comité y se procedió al conteo de votos.
Ranma volvió del baño justo en el momento en el que terminaban de contar los votos.
—¿Qué ha pasado? —Preguntó curioso.
—Que te has perdido la votación, eso ha pasado. —Dijo Daisuke—. Bien podías haberte esperado a votar para irte al baño.
En realidad, a Ranma le daba completamente igual votar o participar de ese tipo de cosas. ¿No se suponía que eran las chicas las encargadas de esas cosas? Se encogió de hombros.
El conteo de votos, aunque rápido y transparente, demostró que no había unanimidad.
—Ocho votos para noche bajo las estrellas, nueve votos para jardín secreto, dieciséis votos para odisea espacial y… ¡vaya! —Exclamó Akari—. Tal parece que hay un empate. Dieciséis votos para viaje submarino.
Los estudiantes que no querían estar allí y a los que les daba igual todo el tema del baile de invierno bufaron y se quejaron en voz alta.
—Bien, se procederá al desempate, pero esta vez la votación será únicamente entre los dos temas que tuvieron la mayoría de votos y…
—¡Ranma, tú no has votado! —Daisuke se giró para mirar a su amigo—. ¡Puedes desempatar!
El chico negó con la cabeza. Su voto sería el definitivo y él no quería ser la persona que eligiera el tema final. Pero Daisuke quería largarse ya de allí (tenía poca tolerancia para ese tipo de reuniones), así que levantó la mano.
—Señora presidenta —dijo en tono bromista—, tenemos un estudiante que no pudo ejercer su derecho al voto.
—¿Cómo que…? —El larguísimo suspiro de Akari resonó en el lugar.
—¿Quién? —Preguntó Sayuri, que también era miembro del comité organizador.
Después de que Daisuke le diera un codazo, Ranma levantó la mano.
—¿Por qué no votaste, Saotome? —Akari lo miró con una expresión que dejaba claro que él no era su persona favorita en aquel momento.
—Estaba en el baño.
Sayuri se acercó a Akari para decirle en voz baja que, en efecto, el conteo daba cuarenta y ocho votos; eran cincuenta estudiantes en total, pero Ryu Kumon no había asistido a la asamblea porque estaba en la enfermería o algo así. Akari asintió con la cabeza y dirigió su atención al despistado pelinegro con el que su mejor amiga había salido hasta hacía solo unos días.
—Pues tomando en cuenta que hay dos temas que tuvieron pocos votos y dos temas que empataron, tienes la oportunidad de votar por alguno de esos dos que están empatados. —Explicó—. ¿Por cuál votas?
Sintiendo el peso de cuarenta y ocho miradas sobre él, Ranma sintió un nerviosismo al que no estaba acostumbrado. No le molestaba ser el centro de atención cuando estaba con sus amigos o cuando practicaba algún deporte, pero esto era diferente.
—¿No se supone que el voto es secreto?
Akari rodó los ojos, se cruzó de brazos y bufó como una niña malcriada. Pensó en decirle a Saotome que lo que acababa de decir no tenía sentido en aquel caso, pero recordó que debía ser "más política", como le habían aconsejado la directora Miyakoji y Miss Ninomiya.
Pero Akane decidió intervenir. Después de todo, ella no estaba en la junta directiva, así que no tenía por qué ser política. Y menos con el cabeza hueca de Ranma.
—Sí, Saotome, el voto es secreto. —Dijo en voz alta, para que la atención de todos los presentes se estuviera en ella.
Ranma la buscó con la mirada y la encontró diagonal hacia atrás. La miró con una ceja alzada.
—Pero tomando en cuenta que hay un empate y que tú eres el único que falta por elegir, creo que cuando anuncien el ganador todos vamos a saber por qué tema votaste… —Akane negó con la cabeza y miró al techo de forma sarcástica—. Cómo están de inteligencia algunos, por dios...
Aquel último comentario ocasionó las risas de varios estudiantes, quienes se rieron de la torpeza de Ranma y de la rápida respuesta de Akane. El pelinegro sintió que su rostro enrojecía, en parte por la vergüenza de que se estuvieran riendo de él, en parte porque no había pensado antes de decir lo del voto secreto, y en parte por la rabia que le generaba que Akane Tendo se hubiera burlado de él. Y frente a tanta gente.
Tendo 3, Saotome 1.
—¿Y bien? —Insistió Akari. Ser política no implicaba ser paciente—. ¿Por cuál tema votas, Saotome? No tenemos todo el día.
Ranma demoró algunos segundos en contestar. La idea de la odisea espacial le parecía buena. Entonces recordó que Hiroshi había dicho que esa idea la propuso Akane, así que decidió desquitarse.
—Disculpa, Akari, ¿podrías repetirme las opciones? Creo recordar que eran viaje espacial y odisea submarina.
—Odisea espacial y viaje submarino. —Corrigió Akari.
Ranma asintió con la cabeza con expresión despistada.
—Las dos son buenas ideas, ¿quiénes las propusieron?
Akari intentó que no se le notara el mosqueo. Ella no tenía paciencia para lidiar con la gente así, ¿en qué momento había decidido presidir el comité? Respiró profundo y miró a Sayuri, que tenía la sangre mucho más ligera y era más dócil para estas cosas.
—Creo que eso no es relevante en este momento y no debería influir en…
—Pero todos votaron sabiendo quién propuso cada tema, ¿no?
A inicios del año escolar, se había hecho una reunión (a la que Ranma no había ido) para que la gente propusiera temas temas y luego los estudiantes habían votado en una encuesta electrónica (en la que Ranma no había participado), así que era una de las pocas personas que no estaba al tanto de los detalles.
—Sí. —Contestó Sayuri. Viendo las caras de varios de los presentes, decidió acelerar el asunto. Si Ranma necesitaba esa información para decidir pronto, que así fuera—. Viaje submarino fue propuesto por Florent Le Drian y odisea espacial por Akane Tendo.
Ranma asintió con la cabeza y esbozó una pequeña sonrisa.
—Voto por viaje submarino.
Tras responder, se giró para mirar a Akane y se llevó el dedo del medio al rostro, fingiendo que peinaba una de sus cejas mientras se lo mostraba a la menor de las Tendo, que lo miraba con la mandíbula desencajada, cayendo en cuenta de que haber exhibido a Ranma le había costado ser la autora intelectual del tema del baile. El chico, al ver la mirada atónita de su compañera, miró al frente y sonrió satisfecho.
Tendo 3, Saotome 2.
Asami, que estaba sentada al lado derecho de Akane, se inclinó hacia ella y le habló en un susurro.
—Odio ser yo quien te diga esto, pero si te hubieras quedado callada, tal vez él hubiera elegido tu opción.
Akane simplemente se cruzó de brazos, intentando disimular lo mal que le había sentado que por culpa del estúpido de Ranma, el tema del baile de invierno no fuera odisea espacial.
El resto de la asamblea se desarrolló con normalidad y sin ninguna interrupción, por lo que cuando terminaron de tocar todos los temas de la reunión, todavía les quedaban unos minutos de la hora que les habían asignado para ello, así que la mayoría de los estudiantes aprovechó para ir al baño, dar una vuelta por ahí o quedarse conversando en el anfiteatro hasta que sonara el timbre para la siguiente clase, que era la última de la mañana antes del receso.
—¿Ya sabes con quién vas a ir al baile? —Le preguntó Asami a Akane.
—Creo que le diré a mi amigo Mikado que me acompañe. ¿Y tú?
Asami se encogió de hombros. Sabía que Ryu jamás la invitaría (él solía ir solo a ese tipo de eventos), y ella tampoco estaba por la labor de pedirle que la acompañara, así que probablemente terminaría yendo sola o con algún amigo.
—Yuka seguro va con Daisuke. —Dijo Akane—. Y sé que Hiroko va con Ryoga. ¿Con quién va Sayuri?
—No sé, ¿con Hiroshi? Vamos a preguntarle.
Asami se puso de pie y notó que a Akane le cambiaba la cara. La pelinegra no tenía intención alguna de ir hasta donde estaba Hiroshi, ya que el chico se encontraba charlando con Daisuke y con Ranma.
—Vamos a ir y no pongas esa cara. Ranma y tú están a mano. Él te dio un pelotazo, tú lo empujaste a la piscina; él te cambió la tarea de Biología, tú le pusiste condones a su trabajo de Japonés; te burlaste de él frente a todo el mundo y él eligió otro tema. ¿Lo ves? You're even.
Akane rodó los ojos y se puso de pie para acompañar a Asami hasta donde estaban los tres chicos. Daisuke había retomado su historia y ya estaba en la mejor parte del cuento (su beso con Yuka), cuando vio que Asami y Akane se les acercaban. Calló.
—Hola, niños. —Asami los saludó—. ¿Ya saben con quién van al baile de invierno?
—¿Por qué? —Preguntó Daisuke sonriendo—. ¿Vienes a invitarnos?
—A ti no, que seguro ya tienes con quién ir. —Le guiñó un ojo—. Pero tienes prohibido meterle mano a mi amiga mientras bailan.
Daisuke soltó una carcajada. Hiroshi y Akane también se rieron.
—¿Yuka te ha dicho algo? —Inquirió Daisuke, deseando saber si la chica les había contado algo a sus amigas sobre lo ocurrido entre ellos el sábado.
Asami negó con la cabeza con naturalidad.
—Nada en particular, pero supongo que vas a invitarla, ¿no?
Él pareció un poco decepcionado. Lo primero que había querido hacer luego de su increíble cita con Yuka era contarle a sus amigos lo bien que le había ido. Él sabía que las chicas solían contarse todo, en especial las cosas buenas, así que no entendía por qué Yuka no había compartido con sus amigas lo ocurrido entre ellos. Sin embargo, no dijo nada.
—Sí. —Contestó—. Pero si no has venido a invitarme al baile, ¿significa que has venido a invitar a Hiroshi y Akane a Ranma?
Asami y Daisuke intercambiaron una mirada cómplice. Cada uno había observado por su cuenta el comportamiento de los dos pelinegros, y les había llamado la atención que se dedicaran tanto tiempo el uno al otro, cuando según ellos no se soportaban. Ranma y Akane, por su parte, se sonrojaron ante el comentario de Daisuke.
—Bueno, no sé si Akane quiera invitar a Ranma, tomando en cuenta que él no votó por el tema que ella propuso. —Se encogió de hombros.
Hiroshi, previendo una posible discusión, decidió intervenir.
—Pero, ¿no se supone que son los chicos los que deben invitar a las chicas?
—No necesariamente —dijo Akane—, creo que cualquier persona puede invitar a otra si tiene ganas de ir.
—¿Por qué? —Asami decidió bromear un poco con Hiroshi. Era muy fácil ponerlo nervioso—. ¿Te parece mal que una chica invite a un chico? ¿Crees que es desesperado de su parte? —Frunció el ceño—. ¿Que ella no puede decidir sobre sí misma y tiene que esperar a que un tío se le acerque?
Hiroshi abrió la boca, pero las palabras se le atragantaron. Su rostro fue de la palidez al sonrojo y del sonrojo a la palidez nuevamente.
—¡N-no, no, no! ¡No quise decir eso! ¡Yo…!
Asami dejó salir una carcajada y se acercó a Hiroshi, que seguía sentado.
—¡Estoy bromenado!
Lo estrechó en un cálido y afectuoso abrazo, el cual Hiroshi correspondió intentando no apretarla demasiado; no porque no le gustara abrazarla, sino porque con aquel abrazo su cara había quedado en un lugar muy comprometedor del cuerpo de Asami.
Akane se rió ante la efusividad de Asami y la risa cómplice de Daisuke, y negó con la cabeza mientras sonreía.
—Eres imposible, 'Sami. —Le dijo mirándola—. Un día vas a matar al pobre Hiroshi de un infarto.
O de combustión espontánea, pensó el chico.
El timbre sonó y Asami se separó de Hiroshi. Le pasó una mano por el pelo como solía hacer para despeinarlo y sentir los mechones ondulados y suaves de su cabellera, y se incorporó.
—Voy al baño rápido antes de ir a clases. —Dijo Asami y miró a Akane—. ¿Me acompañas?
Akane asintió y las dos chicas se marcharon.
—Asami es… implacable. —Dijo Ranma, que se había mantenido callado para no meter la pata como seguramente hubiera hecho de haber participado de la conversación—. Lo del carácter es grupal, por lo que veo. Dios las crea y ellas se juntan.
Daisuke se rió.
—No te creas. Asami no suele enojarse con facilidad, pero este es un tema sensible para ella, aunque esta vez ha estado de broma. Akane sí se lleva el premio...
El pelinegro asintió con la cabeza. Oh, eso le constaba. Había vivido en carne propia ese carácter que al principio le había gustado y atraído. Y no es que esa personalidad ya no le pareciera atractiva o sexy, sino que desgraciadamente ahora era él quien vivía bajo el yugo de esa obstinación.
¿No será que en el fondo te encanta hacerla rabiar?
—¿Vamos también? —Inquirió Ranma a sus dos amigos, intentando desviar el rumbo de sus pensamientos.
Daisuke asintió con la cabeza y se puso de pie para caminar junto a Ranma, quien pronto se dio cuenta de que Hiroshi no los acompañaba.
—¿Y tú qué? —Le preguntó al girarse para mirarlo—. ¿No vienes?
—Después.
Tanto Daisuke como Ranma se miraron, sin comprender. No quedaba mucho tiempo, y la profesora Ninomiya, de Inglés, se enojaba si los estudiantes llegaban tarde a su clase.
—¿Por qué? —Daisuke lo miró con una ceja alzada.
Hiroshi pareció dudoso antes de responder, pero lo hizo tras un largo suspiro.
—Asami me puso las tetas en la cara cuando me abrazó.
Daisuke soltó una carcajada al escuchar aquello y al comprender por qué su amigo no se había levantado. Ranma también se rió, aunque pareció sorprendido de lo que Hiroshi acababa de decir.
—¿Crees que lo haya hecho a propósito? —Inquirió el pelinegro entre divertido y curioso.
Según los rumores que Ranma había escuchado por ahí, Asami no era de las que calentaba la comida para no comérsela, así que si lo había hecho adrede, sería porque le gustaba Hiroshi… una posibilidad que Ranma jamás había barajado.
Daisuke tuvo que reprimir una carcajada. No, Asami no lo había hecho a propósito, Daisuke estaba seguro de ello, no solo porque acababa de presenciar el abrazo (y se había dado cuenta de que no había sido intencional), sino porque sabía que Asami no veía a Hiroshi de esa forma. Si el lugar más alejado de las partes íntimas de una mujer era la friendzone, entonces allí era donde Asami tenía a Hiroshi. Por suerte, su amigo lo tenía muy claro y fue él quien contestó a Ranma.
—No, no lo hizo a propósito. —Contestó—. Ni siquiera se dio cuenta.
Hiroshi, que se consideraba un chico maduro para su edad, se sentía constantemente traicionado por sus hormonas y por su cuerpo. Una cosa era la madurez mental y la inteligencia emocional, pero a nivel físico, seguía siendo un adolescente inexperto y heterosexual al que le excitaba el contacto físico prolongado con chicas esbeltas y atractivas.
—¿Y qué tal se sintió? —Preguntó Ranma con la curiosidad propia de la edad y de las hormonas.
Hiroshi miró a su amigo como si la respuesta a aquella pregunta fuera la más evidente del planeta.
—¿Alguna vez una chica te ha puesto las tetas en la cara? —Consultó Hiroshi, convencido de que la respuesta sería afirmativa.
La excitante imagen de Shampoo surcó la mente de Ranma.
—Sí.
—Entonces debes saber perfectamente cómo se siente.
Ranma y Daisuke se rieron. Hiroshi suspiró y se puso de pie y los tres amigos emprendieron la marcha hacia su clase, mientras continuaban con la conversación.
—Igual la pregunta me parece que no era general. —Comentó Daisuke—. Creo que Ranma no quería saber cómo se sentía que una chica te pusiera las tetas en la cara, sino cómo se sienten las de Asami.
El pelinegro compartió una sonrisa y una mirada cómplice con su amigo, que era muy intuitivo y no se le escapaba ni un solo detalle de nada.
—¿Y por qué no nos cuentas tú cómo se sienten las de Shampoo, mejor? —Inquirió Hiroshi con una ceja alzada, más porque no tenía mucho que contar que porque realmente le interesara imaginarse a Shampoo en ese plan—. Que las tiene más grandes…
Daisuke se tensó. Ranma les había comentado el día anterior, en el grupo de WhatsApp en el que también estaba Kano Nekoi, que Shampoo le había dejado el viernes. Alegó que no quería hablar del tema, pero les dijo que estaba bien, algo que Daisuke dudaba. Tal vez no tuviera el corazón roto, pero seguro que le escocía que la chica le hubiera dejado. Sin embargo, la expresión de Ranma no se endureció, así que Daisuke probó bromear para ver cómo reaccionaba.
—Es verdad. Si Shampoo no sabe nadar, tampoco lo necesita.
Tanto Hiroshi como Ranma se rieron. Bien, esa era una buena señal.
El pelinegro pareció pensarlo. En realidad, él no había visto a Shampoo desnuda, pero había tocado y besado sus pechos por encima de la ropa, e inclusive luego de desabrocharle varios botones de la camisa blanca del uniforme del colegio. Eran grandes, suaves y muy excitantes. Pero ahora estaban lejos de su alcance, así que lo mejor era no pensar demasiado en ellas.
—Se sienten como marcar un gol en una final. —Respondió.
—Pues tienes mucha suerte. —Contestó Hiroshi.
—Oye, Asami también tiene lo suyo. —Dijo Ranma, indicando que la chica tampoco se quedaba atrás en tamaño. No quería hablar de Shampoo.
Sí que lo tiene, pensó Hiroshi. Pero el abrazo que le había dado tampoco duró tanto.
—Supongo que nunca lo sabremos realmente —añadió—, salvo que nos lo cuente algún afortunado que haya tenido la oportunidad…
Y hablando del rey de Roma…
Justo en ese momento, Ryu Kumon apareció en el campo visual de los tres amigos, luciendo tan tranquilo y despreocupado como solía verse siempre. Les sonrió de forma amistosa a los tres, aunque fue más efusivo con Daisuke y Ranma porque eran sus compañeros de equipo.
—A juzgar por esas caritas que traen ustedes dos, están hablando de un tema muy interesante. —Esbozó su clásica sonrisa pícara—. Y ya saben que no hay muchos temas que me parezcan interesantes.
—¿Aparte del fútbol? —Preguntó Ranma con sorna.
—Solo uno aparte del fútbol, Saotome. —Le guiñó un ojo—. El mismo tema que les interesa a ti y a Daisuke. Necesito pedirte un favor, Daisu.
Mientras caminaban en dirección a sus salones, Ryu les explicó que venía gimnasio de que le pusieran unas cintas kinesiológicas de la espalda baja, por unas molestias que estaba teniendo, y que por eso no había asistido a la asamblea. Y ahora debía ir a clases.
—¿Podrías darle esto a Asami cuando la veas?
Introdujo su mano en el bolsillo interior de la chaqueta del uniforme y sacó una hoja de color rosa. Con destreza y rapidez, la dobló varias veces hasta convertirla en un avión de papel.
—Pensaba dárselo durante la votación, pero han tardado en ponerme las cintas y ha sido imposible. Así que mejor entrégaselo tú —dijo mirando a Daisuke—, es importante que la reciba antes del receso.
Ranma se adelantó y cogió el avión de papel para intentar leer lo que ponía en el interior, pero Ryu le quitó el avión y se lo entregó a Daisuke.
—El avioncito no es para ti, salvo que me quieras acompañar al auditorio en la hora del receso en lugar de Asami. —Extendió su mano para acariciar la oreja de Ranma, pero el pelinegro se fue más rápido que él y se movió a un lado, haciendo que Ryu se riera.
—No, gracias. —Contestó Ranma.
—¿Vas a darte el lote con Asami en el auditorio a la hora del receso? —Inquirió Daisuke entre divertido y sorprendido—. Eso no se me había ocurrido a mí jamás.
A pesar de que Daisuke solía ligar con chicas, jamás lo hacía dentro de la Academia Furinkan, pues le parecía demasiado arriesgado e incluso irrespetuoso, pero sabía que el colegio estaba lleno de lugares que los alumnos más grandes utilizaban para hacer arrumacos, besuquearse y seguramente alguna otra cosa más.
—Solo si ella accede. —Contestó Ryu—. Tu amiga me tiene en dique seco desde hace varias semanas. —Con las yemas de los dedos se acarició la palma de la mano izquierda—. Ya debo tener callos en las manos de tantas pajas.
Daisuke y Ranma se rieron. Ryu era un tío muy poco sutil, pero por alguna razón, a las mujeres les gustaba que fuera tan burdo en ocasiones. Hiroshi, por su parte, se sintió un poco fuera de lugar, ajeno a la complicidad que unía a los tres chicos por ser parte del mismo equipo y por haber ligado con chicas.
—Oye y hablando de pajas —Ryu miró a Ranma—, ¿cómo llevas el haberlo dejado con Shampoo?
Los rumores y los cotilleos corrían rápido en Furinkan. Ranma agradeció que Ryu dijera «el haberlo dejado» y no «que Shampoo te haya dejado». El pelinegro había sido el último en enterarse (por el mismo Ryu, con quien había hablado sobre el tema por WhatsApp el sábado) de que Shampoo siempre dejaba a los tíos, algo que aparentemente era de dominio público (y él era el único que no lo sabía).
—Bien, supongo. —Respondió escuetamente.
—¿Y ahora qué? —Preguntó—. ¿Quién será la nueva afortunada? —Comentó bromeando—. Hay varias que desean conocer eso que ya probó Shampoo.
Con un movimiento rápido, extendió su brazo e intentó golpear los testículos de Ranma con el dorso de su mano, algo que los chicos solían hacerse a menudo en el vestuario. Pero como siempre, Ranma fue rápido de reflejos y lo evitó.
—No lo sé, no… no he pensado en eso.
Subieron las escaleras que los llevaban a sus salones. Cuando estuvieron en el pasillo, Ryu volvió a hablar.
—Si me aceptas una sugerencia, apunta alto, hacia las grandes ligas.
Daisuke alzó ambas cejas al escuchar eso. Las grandes ligas eran las chicas mayores, las de último año. No era común que un chico de un curso menor se enrollara con una chica mayor (en cambio, sí ocurría que los chicos mayores se liaban con chicas más jóvenes). Ni siquiera un tío experimentado como Ryu había tenido esa suerte.
Ranma ni siquiera había contemplado aquella posibilidad. No había ligado en su vida con una chica mayor y dudaba ser capaz de hacerlo.
Ryu, viendo las expresiones en los rostros de sus tres acompañantes, se rió.
—¿Qué? ¿Es que no lo saben? —Esperó que los chicos preguntaran o respondieran, pero al ver que no decían nada, continuó—. Un pajarito me dijo que Aika te tiene ganas… —Abrió los ojos de forma exagerada y alzó ambas cejas.
—¿Aika Shiota? —Preguntó Daisuke atónito—. ¿La capitana de las animadoras?
Ryu asintió con la cabeza y le dio varias palmadas a Ranma en el hombro.
—Sí, y para que lo sepas, ella jamás ha mostrado interés por un alguien menor. —Colocó su mano en la mejilla de Ranma y le dio otra palmada—. Esa tía te va a hacer lo que no te ha hecho nadie en tu vida. Aprovéchalo.
Se despidió de sus tres compañeros y entró a su clase, dejando a Ranma, Hiroshi y Daisuke con un montón de dudas, aunque sin tiempo para conversar, pues la profesora Ninomiya apareció por el pasillo. Los tres chicos entraron apresuradamente al salón de clases y Daisuke buscó a Asami con la mirada.
—¡'Sami!
Desde su pupitre, la chica se giró para mirar a su amigo, que acababa de entrar al aula. El chico le lanzó un avión de papel rosado, y ella lo atajó en el aire. Desdobló el papel y leyó el mensaje.
«Te espero en el auditorio a la hora del recreo, bombón. Área de camerinos».
No estaba firmado, pero tampoco hacía falta. Solo había una persona que la llamaba bombón… lo novedoso era que la citara en el auditorio del colegio. Debía admitir que aquello despertaba su curiosidad. Lo que no admitiría jamás que sus deseos de encontrarse con Ryu no respondían únicamente a la curiosidad.
Pero no iba a ir, al menos no hoy. Aunque Ryu ya se había disculpado con ella, Asami estaba intentando no caer en la tentación de volver a enrollarse con él, o al menos de no hacerlo cuando él quisiera. Debía admitir que tenía muchísimas ganas de volver a besarlo y de acostarse con él, pero no quería que Ryu creyera que las cosas eran cuando él quería, así que no iría al auditorio en el receso. Sin embargo, no era su estilo dejar plantadas a las personas, así que debía avisar a Ryu que no iría a su cita. Sí, quería verlo y saber qué tramaba al citarla en los camerinos, pero sería ella quien determinara cuándo.
La clase de Inglés pasó volando y pronto sonó el timbre del receso. Asami les dijo a sus amigas que las alcanzaría en un momento en la cafetería y salió del aula. Pero Ryu ya no se encontraba en su salón y tampoco lo vio entre las personas que caminaban por el pasillo. Bufó. Y entonces apareció ante sus ojos una persona que podía fungir como su emisario.
—¡Seto!
Un chico de pelo negro corto que caminaba por el pasillo entre los estudiantes, probablemente en dirección a la cafetería, alzó la mirada y se acercó a ella con una expresión tímida. Era un curso menor que ella.
—¿Qué tal estás?
—B-bien, ¿y tú?
—Bien. —Contestó Asami escuetamente—. Oye, ¿te puedo pedir un favor?
El chico asintió con la cabeza con una sonrisa tímida pero emocionada. Estar en el equipo de animadoras (y el haber heredado la belleza de su abuela paterna) le traía muchas ventajas. Los chicos más jóvenes se babeaban por ella, por lo que era muy fácil conseguir que le hicieran favores. Sabía que no era correcto manipular a la gente, pero ella no lo hacía nunca; esta era una excepción. Además, era una situación quid pro quo: el chico le haría un favor y ella… bueno, ella simplemente se limitaría a existir para que él la contemplara a lo lejos como se mira un coche lujoso que no se puede tener. Quid pro quo, ¿no?
No.
—Sí, claro, Asami. —Contestó Seto con ilusión—. Lo que quieras.
Ternura.
—¿Conoces a Ryu Kumon?
—¿El portero del equipo de fútbol? —Asintió con la cabeza—. Nunca he hablado con él pero sí, sé quién es.
—Vale. Verás, yo había quedado con Ryu para… —Piensa rápido—, para ver espacios en el auditorio del colegio para el baile de invierno. —Dio un paso adelante y bajó la voz—. Esto no está confirmado, ¿eh? Es solo una idea en ciernes. —Colocó su mano sobre el brazo del chico—. Así que te estoy confiando información confidencial, ¿vale?
El contacto físico pareció reforzar la falsa intimidad que Asami quería crear, porque el chico asintió con la cabeza rápidamente, halagado y emocionado de que Asami Kobayashi estuviera compartiendo un secreto con él.
—Bueno, el caso es que no voy a poder ir porque Akari quiere que la ayude con unas cosas durante el receso —otra mentira—, y como ella es la presidenta del comité organizador, así que la visita con Ryu pasará a segundo plano. El problema es que no tengo cómo avisarle que no voy a ir porque me dijeron que está en el gimnasio y ya tengo que ir a ver a Akari. ¿Crees que puedas ayudarme con eso?
—¿Quieres que vaya a avisarle que no vas a ir?
—Sí, así es. Dile que no voy a ir y que yo le diré cuándo vamos.
El chico asintió con la cabeza. Asami esbozó una de sus sonrisas encantadoras y se acercó a él para darle un beso en la mejilla.
—¡Gracias!
Y tan rápido como se le había acercado, se alejó de allí mientras pensaba que tal vez la táctica de Yuka (hacerse la difícil) funcionaría para que Ryu dejara de ser tan estúpido.
Se dirigió a la cafetería y no tardó en encontrar a sus cuatro amigas, pues se habían sentado a desayunar en una de las mesas que estaba estaba junto al enorme ventanal de piso a techo que daba al patio central. Al sentarse con ellas, recordó un cotilleo del que se había enterado el sábado.
—Les tengo un chisme recién salido del horno.
Las cuatro amigas la miraron con atención, esperando que hablara.
—El viernes por la tarde Shampoo bateó a su último boytoy. —Alzó ambas cejas y sonrió con picardía.
—¿En serio? —Sayuri pareció realmente asombrada—. ¡Vaya, esta vez duró poco!
—Siempre dura poco. —Comentó Hiroko, para nada sorprendida—. La verdad no noté a Saotome muy afectado hoy durante la asamblea. ¿Ustedes?
—Sí —dijo Asami—, cuando Akane se burló de él frente a todo el mundo.
Las cinco amigas se rieron, aunque Yuka negó con la cabeza y comentó que aquello había sido un poco cruel e innecesario.
—Probablemente no está triste por lo de Shampoo porque la relación duró poco, ¿no? Creo que esta vez ella tardó menos de lo usual en cansarse. —Yuka se llevó una mano al mentón—. ¿Cuánto tiempo estuvieron juntos? ¿Menos de tres meses?
—Sí, eso creo. —Respondió Asami.
—Pero —Sayuri frunció el ceño—, ¿cómo lo sabes?
Sayuri no solía meterse en la vida de los demás, por lo que no se enteraba de la mayoría de los cotilleos y rumores que corrían por Furinkan salvo que alguien se los contara directamente. Ese alguien normalmente era Asami, quien estaba al tanto de casi todo porque el equipo de animadoras era una especie de esponja de chismes. Aunque tampoco era difícil enterarse de las cosas en Furinkan, tomando en cuenta que muchos se iban de la lengua.
—Me lo dijo Ryu.
Asami procedió a explicarles que Ryu le escribió el sábado para preguntarle si alguna de las animadoras estaba interesada en Ranma Saotome, a lo que ella respondió: «sí, Shampoo, y por eso salen». Y entonces Ryu le dijo que Shampoo ya no estaba interesada en él y que de hecho lo había dejado el día anterior después del entrenamiento, por lo que él había pensado en que tal vez Ranma necesitara sacarse un clavo con otro clavo.
—Claro, y él cree que puede disponer de cualquiera de las animadoras porque para eso están, ¿no? —El comentario de Hiroko estaba cargado de ironía—. Y te escribió a ti para que seas su proxeneta, me imagino. Ugh. —Rodó los ojos—. ¿Por qué coño tienen que ser así?
A Hiroko no le caía bien Ryu. Le parecía que era el típico fuckboy privilegiado que creía que se lo merecía todo y que podía actuar a sus anchas sin importar los sentimientos de los demás. Su desagrado hacia él estaba potenciado porque no soportaba que su amiga se involucrara con él sabiendo cómo era.
—¿Y tú qué le dijiste? —Preguntó Akane con interés.
Asami sonrió.
—Que Ranma ya era grandecito para conseguir sus propios ligues por sí mismo, así que no te preocupes. —Le dio un par de palmadas en el hombro.
Akane frunció el ceño, creyendo entender la indirecta.
—¿Y por qué habría de preocuparme?
—Oh, no, por nada.
Asami la miró con fingida inocencia. Por más que Akane lo negara o se empeñara en ocultarlo, era más que evidente que Ranma Saotome le interesaba. Conocía a su amiga lo suficiente para darse cuenta de ello y de cómo lo miraba últimamente.
La menor de las Tendo decidió cambiar el tema, pues no quería seguir hablando de la persona que últimamente ocupaba su mente más de lo que a ella le gustaría.
—¿Al final la primera actividad para recaudar fondos será la obra de teatro, no?
—¡Mierda! —Hiroko se puso de pie con prisa—. ¡Me olvidé de eso! Ryoga me pidió que lo ayudara con sus líneas, fuck!
Además de estar en el equipo de fútbol, Ryoga pertenecía al club de teatro y solía actuar en papeles principales. Hiroko, que también estaba en el club de teatro, era quien solía encargarse de la adaptación de los guiones y en ocasiones de ayudar a los actores a mejorar su interpretación.
Asami miró su reloj.
—Si te vas ya, todavía tienes tiempo.
Hiroko asintió con la cabeza y Sayuri se ofreció a acompañarla. Le gustaba mucho ver a Ryoga actuar.
Asami y Akane continuaron con la conversación sobre la obra de teatro, hasta que la pelinegra notó que Yuka estaba muy callada.
—¿Qué pasa, Yuka? —Le preguntó en tono cariñoso—. ¿Estás pensando en el baile de invierno?
Yuka, que tenía la mirada perdida en algún punto del patio central, negó con la cabeza y soltó un largo suspiro antes de mirar a sus dos amigas.
—Tengo algo que contarles. —Dijo muy seria— Es… sobre Daisuke.
(Flashback al sábado por la noche)
Durante el resto de la cena, Daisuke no volvió a tocar el tema de la declaración; simplemente se dedicó a disfrutar del postre con Yuka, conversando sobre la comida, la velada y otras cosas. Tras terminar y pagar, decidieron dar un paseo por el boulevard donde estaba el restaurante antes de irse a casa. Charlaron sobre todas las cosas que habían vivido juntos durante años, y sobre los momentos que habían servido para fortalecer su amistad. Pero pronto Daisuke notó que Yuka tenía frío, así que pidió un Uber.
En el camino hacia la casa de Yuka, sentados en la parte de atrás del coche, Daisuke volvió a coger la mano de Yuka, haciendo que ella se girara para mirarlo. Mantuvieron el contacto visual durante varios segundos, sin decir nada, simplemente disfrutando del contacto físico y de mirarse.
—Gracias. —Dijo él al bajarse.
—¿No es mejor que te espere? —Consultó Yuka al ver que Daisuke se despedía del conductor—. Para que no tengas que pedir otro y esperar.
—Puedo esperar, no se preocupe.
Daisuke asintió con la cabeza y cerró la puerta del coche. Colocó su mano en la espalda baja de Yuka mientras caminaban hacia la entrada del edificio. Al verlos acercarse, el elegante hombre que fungía como portero les abrió la puerta desde adentro. Yuka lo saludó y Daisuke la imitó, y ambos caminaron por el lujoso lobby hasta que llegaron a al área de ascensores, donde tenían más privacidad.
Fue entonces cuando el chico volvió a tocar el tema.
—Yo tampoco quiero que nos apresuremos y nos equivoquemos, Yuka. —Cogió las manos femeninas entre las suyas y las acercó a su boca para besarlas—. Te quiero mucho y estoy dispuesto a hacer todo para que lo nuestro funcione.
Ella asintió con la cabeza, pero no dijo nada. Daisuke la estrechó entre sus brazos, haciendo que Yuka enterrara su cabeza en su pecho, sintiendo su agradable perfume cítrico.
—Solo dime algo, ¿no quieres ser mi novia?
—No es eso. Es que…
¿Que tienes problemas con el compromiso? ¿Tienes miedo porque no sabes qué va a pasar y te aterra no tener el control? ¿No confías en él?
Maldita ansiedad. Probablemente, lo que sentía Yuka era una mezcla de todas las anteriores.
Alzó la cabeza para mirarlo.
—Me gustaría que nos tomáramos las cosas con calma, ¿me entiendes?
No exactamente. Daisuke creía intuir que lo que Yuka tenía era miedo a que las cosas entre ellos no funcionaron y su amistad se arruinara, pero no entendía por qué solo se enfocaba en esa parte y no en la posibilidad de que su relación fuera maravillosa. Supongo que así son las chicas, ¿no? Piensan todo demasiado.
—Está bien. —Le dio un beso en la frente—. Podemos ir despacio. Podemos volver a hablar del tema en una… en dos semanas. ¿Te parece? Así te doy tiempo de procesar esto y de pensar en todas esas razones por las cuales te mueres de ganas de que Daisuke Koyasu sea tu novio.
Yuka soltó una carcajada, haciendo que él también se riera. ¡Lo adoraba! Asintió con la cabeza y lo apretó contra ella.
—Disfruté mucho de la cena, por la comida y por ti. —Comentó Yuka y volvió a separarse de él—. Gracias. —Le acarició el pelo.
—Gracias a ti por acompañarme.
Tuvo ganas de cogerla del rostro y besarla contra la pared, pero suponía que aquello iba en contra de lo que acababa de decirle de ir despacio, así que se conformó con acercar su rostro al suyo y darle un corto beso en los labios.
Aquella era la primera vez que se daban un beso. Aunque el contacto no había sido profundo y tampoco había durado demasiado, Yuka sintió que los labios de Daisuke estaban hechos para los suyos.
—Buenas noches, princesa. Descansa.
—Tú también.
Se separó de él, entró al ascensor, tocó el botón de su piso y miró a Daisuke, que le lanzaba un beso y le guiñaba el ojo mientras esperaba que las puertas se cerraran.
A veces en la vida hay que lanzarse por la ventana y esperar que te salgan las alas en el camino hacia abajo.
Yuka salió del ascensor justo antes de que las puertas se cerraran completamente. Daisuke ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. Yuka colocó sus manos en las mejillas de su mejor amigo le plantó un beso en la boca. Un beso de verdad. Su primer beso.
El año anterior, la Academia Furinkan había ganado el torneo intercolegial de fútbol de colegios privados. Daisuke había marcado uno de los goles de la final y además había recibido el premio al goleador del torneo. Ese día, el chico pensó que nada podía sentirse igual, que no había victoria, conquista, momento alguno que pudiera compararse con la sensación de triunfo y realización personal que sintió aquella noche lluviosa. Hasta ahora. Porque los labios de Yuka se sentían como levantar el trofeo de la Champions League.
Rodeó su cintura con uno de sus brazos y llevó su otra mano a la nuca de Yuka.
—Quiero pasarme todo el fin de semana besándote. —Le dijo contra sus labios—. Es mejor de lo que soñé.
Yuka sonrió y afianzó su abrazo.
—¿Soñaste con besarme?
—Muchas veces. —Daisuke acarició rostro y le dio varios besos en la boca y en las mejillas.
—¿Y si me acompañas en el ascensor? —Preguntó ella en tono coqueto—. Así podemos continuar.
Daisuke asintió con la cabeza, emocionado por que Yuka quisiera seguir besándolo y contento por poder pasar más tiempo con ella, aunque fueran pocos minutos.
Continuaron besándose en el ascensor, sin importar que éste tuviera cámaras de seguridad. Cuando llegaron al piso de Yuka, salieron el elevador sin separarse, entre besos y trastabilleos.
—Bueno, gracias otra vez por la velada. —Dijo Yuka separándose de él—. Descansa.
—Un poquitito más, ¿sí? —El rostro de Daisuke fue suplicante—. Solo un beso más.
Yuka no había terminado de decir que sí cuando el chico ya la había abrazado para besarla de forma apasionada contra la pared.
—¡Daisuke! —Exclamó entre divertida y sorprendida.
Él le mordió el cuello y ella se dejó llevar por la adrenalina y el calor del momento, sin poder creer que se estuviera besuqueando con él en vestíbulo de su piso. Daisuke pronto comenzó a recorrer su cuerpo con una de sus manos, la que no la sujetaba, y Yuka salió del trance en el que estaba.
—Espera, espera, ¡espera! —Consiguió que dejara de besarla y la mirara—. Dijimos que iríamos despacio.
Él se mordió el labio inferior y asintió con la cabeza.
—Lo siento, me dejé llevar. Tenía muchas ganas de besarte.
Ella sonrió y le dio un beso en la nariz. Daisuke tocó el botón del elevador.
—Yo también, pero mejor nos vamos a dormir.
—Vaaale, vale. Descansa. —La besó brevemente y se separó de ella en el momento en el que la puerta del elevador se abrió—. Buenas noches, princesa.
—¿Me avisas cuando llegues?
Él asintió con la cabeza y le lanzó un beso. La puerta del ascensor se cerró y Daisuke se pasó las manos por el pelo. Se miró en el espejo y se metió la mano en el pantalón para acomodarse el paquete y que su excitación no fuera tan evidente.
Esperaba que Yuka tuviera dulces sueños. Él, por su parte, tenía muy claro que lo primero que haría al llegar a su casa no sería dormir.
(Fin del flashback)
Tan pronto como inició su monólogo, Yuka lo finalizó.
—Y no hemos vuelto a hablar del tema.
—Prometan que no van a contarle nada a Hiroko y a Sayuri.
Akane y Asami se miraron confundidas, sin entender por qué Yuka quería que aquella historia se mantuviera en secreto.
—Sí, claro, Yuka, ¿pero por qué?
La chica de pelo largo suspiró.
—Siento que mientras menos gente lo sepa, todavía no es oficial y no está pasando. Y no sé por qué no he terminado de aceptar que sí está pasando. —Se llevó ambas manos al rostro—. No sé qué quiero hacer. Veo que Daisuke está súper feliz y emocionado por que seamos novios pero yo no… ¡Y no me malinterpreten! —Se destapó el rostro y miró a sus amigas—. No es que no me guste o no lo quiera, es solo que siento que podemos equivocarnos. No sé, me da pánico que las cosas salgan mal. Y además...
Calló. Asami y Akane volvieron a mirarse, pero esta vez no hizo falta que le preguntaran nada, ella misma terminó la frase.
—No sé si me gusta que tenga tantas chicas detrás.
Tanto Akane como Asami finalmente comprendieron por qué Yuka había pospuesto lo inevitable durante tanto tiempo. No es que le gustara hacerse la difícil, es que no sabía qué otra cosa hacer porque tenía miedo de dejarse llevar y que Daisuke la tomara como una más del montón.
—Yuka, yo creo que si Daisu esperó hasta ahora para decirte que le gustas y que quiere ser tu novio es porque está dispuesto a dejar atrás todos esos ligues. —Explicó Akane intentando darle claridad y tranquilidad a su amiga—. Porque vamos, yo creo que las tres sabemos que le gustas desde hace mucho, y que no te lo haya dicho hasta ahora, y además de esa forma tan bonita, es porque seguramente lo pensó y planificó mucho.
La chica de pelo largo asintió con la cabeza, pensando que lo que le decía Akane tenía sentido. Es verdad, pudo haberme propuesto ser amigos con derecho, pensó. Pero me pidió ser novios.
—Además —Añadió Asami—, Daisuke podrá tener muchas chicas detrás, pero la que verdaderamente le gusta eres tú. A la única a la que le ha pedido para ser novios es a ti. —Le guiñó un ojo—. Y yo no creo que él sea capaz de lastimarte ni de engañarte con nadie. No es ese tipo de chico.
Eso espero, 'Sami. Eso espero.
Al día siguiente, durante la clase de Ética, el profesor discutía sobre crímenes, castigos, y las falsas ideas de utilidad a la hora de asignar una pena a un delito. A los estudiantes les caía bien el profesor Sasuke Sarugakure porque era un hombre excéntrico, moderno e interesante.
—No se puede reparar un mal destruyendo un bien, ni tampoco se puede arreglar un inconveniente imaginario sacrificando mil ventajas reales. —Explicó sentado en la mesa de su escritorio—. La medicina no puede ser peor que la enfermedad.
—¿En qué sentido? —Preguntó un estudiante.
—El castigo o la pena debe ser siempre acorde con la falta, y su objetivo debe ser el de castigar al que la comete y disuadir al resto de las personas de no hacer lo mismo. La palabra es esa, disuadir. —Expresó—. No se puede castigar a los justos por culpa de los pecadores. Un claro ejemplo de esto sería prohibir el uso de vehículos particulares porque existen personas que los usan para delinquir o que han asesinado a otras usando su vehículo. Esto causaría más inconvenientes y traería más problemas que beneficios.
—¿La prohibición de portar armas podría entrar en esa categoría? —Preguntó Ranma Saotome, un estudiante becado que no siempre participaba en clase, aunque cuando lo hacía sus opiniones solían «agitar el avispero», como a Sasuke le gustaba decir.
El profesor lo miró con interés. Le gustaba cuando sus alumnos aportaban ideas interesantes para la clase, pues servían para alimentar los debates y esclarecer cualquier dudas.
—¿A qué te refieres? —Inquirió el profesor, deseando más contexto para poder entender y explicar al alumno.
—Bueno, en los países en donde es legal poseer y portar armas, las personas que están en contra alegan que debería ser ilegal porque hay gente que usa sus armas para asesinar masivamente. —Explicó el estudiante—. Pero hay otros que no las usan para eso, entonces, ¿prohibir el uso de armas porque hay gente que las usa para matar no sería también castigar a aquellos que no las usan para eso?
El profesor Sasuke esbozó una sonrisa. Entendía el punto de Saotome, indistintamente de si estaba de acuerdo o no con su planteamiento. Aquel era un tema controversial en muchos países. Por suerte, en Japón no lo era.
—El argumento que ha dado Saotome es interesante. —Expresó el profesor mientras miraba al resto de la clase—. Aunque claro, habría que evaluar si en ese caso el remedio es en efecto peor que la enfermedad.
—Yo creo que es lo opuesto.
Esta vez quien intervino fue Akane Tendo, una estudiante a la que le gustaba participar en clase. El profesor Sasuke le había dado clases a sus hermanas hermanas mayores, Kasumi y Nabiki. La primera había sido una estudiante aplicada, cordial, tranquila y que no solía entrar en debates acalorados de ningún tipo; la segunda… era otra cosa. Nabiki sabía cómo alborotar el avispero, aunque luego decidiera dedicarse a observar cómo sus compañeros discutían mientras ella se limitaba a mirar. Sus opiniones solían ser polémicas, pero el profesor Sasuke intuía que la sed de controversia de Nabiki Tendo no se debía a que la chica tenía muchas ideas que defender, sino a que le encantaba crear polémica y ver cómo la gente perdía la calma.
—Adelante, Tendo, denos su opinión.
—Considero que la prohibición de poseer y portar armas es adecuada y debería existir en todos los países. —Expresó Akane con firmeza y tranquilidad—. La cantidad de muertos por armas de fuego en los países en donde es legal tener armas es demasiado alta y demasiado frecuente, así que en ese caso sí creo que es mejor que nadie pueda tener armas.
—Pero eso no es justo. —Ranma se giró para mirar a Akane—. Solo porque mi vecino sea un psicópata no es justo que yo no pueda tener un arma.
Akane no lo miró. Mantuvo sus ojos al frente y soltó un largo suspiro.
—De hecho sí, sí me parece más que justo. Y creo que es demasiado egoísta ese planteamiento. El derecho a la vida es mucho más importante que tu derecho a tener una pistola.
A Ranma todavía no se le olvidaba que Akane se había burlado de él el día anterior durante la votación del baile de invierno. No iba a dejar que lo hiciera otra vez el día de hoy. A él le daba igual todo el tema de las armas; de hecho, le parecía bien que estuvieran prohibidas; sin embargo, con tal de tocarle las narices a ella, defendería su punto hasta la muerte.
—Claro que la vida de una persona es más importante. Es solo que… ¿no se puede tener ambos? Que una persona tenga un arma y también que los demás se sientan seguros y tranquilos.
Esta vez Akane se giró para mirar a Ranma.
—Las estadísticas demuestran que no se puede tener ambas. Además, ¿para qué querría una persona un arma si no es para matar a otra?
Ranma identificó aquella como una oportunidad para picarla.
—Vaya… parece que tenemos una asesina en potencia en el salón. —Miró a sus compañeros—. ¡No la hagan enojar! Aunque claro, tampoco es tan difícil…
Daisuke soltó una risita y se tapó la boca de inmediato. Otros compañeros también se rieron, no porque Ranma hubiera llamado asesina en potencia a Akane (puede que alguno se hubiera reído por eso), sino porque el pelinegro no mentía al decir que no era nada difícil hacer que Akane se enojara.
La chica apretó la mandíbula.
—¿Asesina en potencia?
—Sí, claro. Para ti, un arma es únicamente para matar a alguien. —Ranma abrió los ojos exageradamente y alzó las manos, como si lo que iba a decir fuera obvio—. Cada ladrón juzga por su condición.
Esta vez fue Akane quien se rió, aunque lo suyo fue más una risita irónica. Ranma sonrió al ver que la chica estaba empezando a perder la paciencia.
—Sí sabes que las armas se crearon para eso, ¿no? —Contraatacó Akane—. No es como que fui yo la que dijo un día que iban a usarse para matar. Y te recuerdo que eres tú quien está a favor de que la gente pueda portarlas.
—Ya, pero no para matar a nadie. Es más por defensa propia.
Akane volvió a reírse y esta vez se llevó una mano a la frente.
—¿Defensa propia? ¿En serio? —Miró al resto de sus compañeros sin borrar su sonrisa irónica—. ¿Soy la única que cree que ese argumento es absurdo?
—En lo absoluto. —Contestó Hiroko—. Tampoco creo que portar armas por defensa propia sea buena idea. ¿De qué te vas a defender que es tan terrible que necesitas una pistola o una escopeta?
Ranma suspiró.
—De otra arma. De alguien que venga a mí con…
—¿Y te parece que la violencia armada se combate con más violencia armada? —Akane lo miró seria, esperando una respuesta.
El profesor Sasuke contempló la escena con diversión desde su lugar sobre el escritorio. Los debates entre los estudiantes eran sanos, pero había que cuidar que los chicos no se exaltaran demasiado al punto de llegar a alzarse la voz o insultarse. Por el momento eso aún no ocurría.
—Bueno… no diría que es violencia, diría que es defensa per…
—Si una persona llega a ti apuntándote con un arma, ¿no le vas a disparar con la tuya? ¿O simplemente se la vas a enseñar y a decirle "tengo un arma para mi defensa, aléjate"?
Ranma no supo qué decir. Bien, quizás la chica tenía un punto. Quizás sí era violencia. Quizás él había elegido el lado equivocado del debate.
—¿Y qué se supone que la gente debería hacer entonces? —Ranma intentó otro ángulo—. ¿Dejar que les peguen un tiro?
—Por supuesto que no. Precisamente por eso existe la prohibición y regulación del porte de armas. —Explicó Akane como si fuera lo más básico del mundo—. Nadie las usa y por lo tanto, no necesitas defenderte de una pistola con otra pistola.
—¿Y qué pasa con los que ya tienen armas? ¿Deben devolverlas?
—En ese caso —el profesor Sasuke intervino—, el gobierno debe evaluar cuál será el proceso. Pero es probable que aquellos quienes tienen licencia vigente y armas registradas no tengan que devolverlas. Pero quienes no han pasado por un debido proceso, deberán someterse a pruebas. ¿Qué piensas al respecto, Saotome?
—Sigo creyendo que personas inocentes podrían verse perjudicadas.
—¿Cuántos delitos por violencia armada hay en Japón al año? —Preguntó Akane de forma implacable—. Un país en el que hay un proceso largo y minucioso para que una persona pueda siquiera tener una licencia para portar un arma. ¿Y cuántos ha en países como Estados Unidos, donde cualquiera que tenga dinero y dieciocho años puede acceder a las armas?
—Pero no creo que eso sea malo. —Respondió él, empeñado en llevarle la contraria a Akane—. No son las armas las que matan a la gente, son las personas. Usando armas sí, pero son personas que están mal de la cabeza.
Aquel era uno de los peores argumentos a favor de la libre posesión de armas. Akane quería dar el tema por zanjado, en especial porque no le hallaba sentido la lógica de Ranma.
—Ranma, ¿crees que cualquiera debería tener acceso a un vehículo? A conducirlo.
¿Qué tenía eso que ver con el tema?
—Bueno, creo que sí. ¿Por qué no?
Akane asintió con la cabeza.
—O sea que si yo salgo de aquí ahora mismo y cojo un coche, está bien, ¿no?
—Bueno, no. Creo que deberías tener una licencia.
—¿Para qué?
Él la miró como si la chica fuera tonta.
—¿Cómo que para qué? Pues para que puedas conducir.
—Pero… ¿no puedo ya? ¿No se supone que tengo el derecho? Que todo el mundo puede acceder a un coche.
—Claro, pero primero tienes que demostrar que eres apta para hacerlo. Que sabes hacerlo. Que conoces el funcionamiento básico del coche, que sabes conducirlo, estacionarlo, que no tienes problemas auditivos ni de visión. —Explicó él—. No se le puede dar el "derecho" de conducir a cualquiera sin antes comprobar todo eso, de lo contrario podrías causar un accidente o matar a al…
Calló. Se había dado cuenta de que Akane lo había acorralado y lo había llevado exactamente al punto donde quería llevarlo. La chica esbozó una sonrisa. Jaque.
—O sea que me estás diciendo que para conducir un coche, un invento creado con el objetivo de movilizar rápidamente a las personas, sí es necesario atravesar un proceso riguroso por motivos de seguridad, pero para portar y usar armas, objetos creados con el objetivo de asesinar a otras personas, ¿no? —Lo miró sabiendo que el chico no sería capaz de refutar aquello—. Porque es tu derecho, ¿verdad? Tu derecho de simplemente portar un arma y usarla en defensa personal, en caso de que un psicópata que no sea apto para portar armas pero que de igual forma tenga una Glock o un rifle de asalto porque, ¡adivina! Cuando fue a comprarla nadie le exigió demostrar que tiene las facultades físicas y mentales adecuadas para ello. —Miró al techo y asintió con la cabeza, como si estuviera procesando la lógica de tu compañero—. Cuando, por supuesto, todo eso podría haberse evitado si existiera la regulación, ya no hablemos siquiera de prohibición, tomando en cuenta que tú no concibes la idea de un mundo en el que ¡Dios nos libre! la gente no pueda tener una pistolita en el bolsillo.
Jaque mate.
Ranma sintió un calor en todo el cuerpo, debido a la rabia que le ocasionaba no tener nada mejor que decir para callarle la boca a esa niñata insufrible. El profesor Sasuke tampoco dijo nada y sus compañeros parecieron estar esperando una respuesta de su parte, que por supuesto no llegó.
—¿Sí ves las falencias de tus argumentos, o necesitas oler un poco de pólvora para que tus neuronas se reactiven?
Varios estudiantes se rieron ante el comentario. El profesor Sasuke se bajó del escritorio.
—Señorita Tendo, no olvide las reglas de nuestros debates.
Ella asintió con la cabeza.
—Tiene usted razón, profesor. No debo burlarme de mi compañero, no vaya a ser que me pegue un tiro a la salida del colegio…
Las carcajadas se apoderaron de la mayoría de los alumnos, y Akane miró a Ranma con una sonrisa burlona sin mostrar los dientes, haciendo que el chico apretara la mandíbula y la mirara como si quiera asesinara no con un arma, sino con sus ojos.
Por segunda vez en dos días, Akane Tendo acababa se burlarse de él frente a un montón de gente. Por segunda vez en dos días, la chica se había adelantado en el marcador, dejándolo como un tontolaba ante sus compañeros. Y por segunda vez en dos días, el chico sintió sed de venganza.
Tendo 4, Saotome 2.
Después de Ética vino Matemáticas y luego el segundo receso. Ranma se dirigió a la cafetería para comprar algo de comer, todavía un poco mosqueado por lo que había ocurrido hacía un rato, pero dispuesto a distraerse con algún bocadillo. Pensaba quedarse después de clases para ir a la piscina a nadar un poco. Era un ejercicio que le gustaba y lo relajaba, además de que era bueno para todo el cuerpo. Debía admitir que le encantaba tener una piscina disponible para usarla cuando quisiera, aunque no siempre hiciera uso de ella.
Mientras aguardaba en la fila frente a todas las opciones de comida disponibles, Ranma comenzó a escuchar la conversación que estaban teniendo los dos chicos de último año que estaban frente a él.
—¿Y al final sí saliste con ella el viernes pasado? —Dijo uno.
—Sí, y no solo salimos —contestó el otro con sonrisa picaresca y bajó un poco la voz, pero no lo suficiente como para que Ranma no llegara a escuchar—, me hizo un blowjob en el coche.
A pesar de que Ranma no dominaba la mayoría de las expresiones coloquiales del inglés, había visto suficiente porno en su vida como para saber que blowjob significaba mamada. Oh, la vida le daba la espalda a algunos para sonreírle a otros. A él lo habían dejado el viernes y a este tío le habían hecho una mamada. Suspiró.
La conversación continuó en voz baja hasta que el chico suertudo volvió a alzar la voz.
—Fue una pasada. Y se olvidó el sujetador en mi coche.
Es curioso cómo funciona la mente. Puedes estar distraído o pensando en algún tema particular y solo basta con la mención de una palabra para que el cerebro te lleve a un pensamiento completamente distinto, que a su vez te llevará a desencadenar en segundos una serie de ideas. Eso era exactamente lo que le había ocurrido a Ranma en aquel momento, ante la mención de la palabra sujetador. El bombillo de la maldad se encendió sobre su cabeza y el diablillo sobre su hombro le suplicó que ejecutara aquella idea macabra que se había instalado en su mente.
El chico abandonó la fila y salió de la cafetería como alma que lleva el diablo. Atravesó el patio central y caminó con paso apresurado hasta que llegó al edificio en el que se encontraba su salón de clases. Subió las escaleras rápidamente y se fijó en que no hubiera nadie en el amplio pasillo antes de dirigirse al aula. Antes de entrar, echó un vistazo a través del vidrio de la puerta para comprobar que tampoco hubiera nadie dentro. Sin moros en la costa.
Caminó hasta el pupitre de Akane y se agachó para coger la bolsa de deporte que la chica había llevado aquel día para su práctica de voleibol. Abrió el cierre y buscó lo que creía que iba a encontrar, un sujetador deportivo; lo que Ranma no sabía, era que cuando Akane tenía entrenamiento o clase de Educación Física, se llevaba el sports-bra puesto desde casa, y metía en su mochila uno normal para después, que fue el que Ranma encontró. Era de color lila y la tela era muy suave.
Él la había visto en bañador en un par de ocasiones, en las clases de Educación Física en las que habían estado en la piscina, pero el traje de baño del uniforme era entero y no bikini; sin embargo, igual delataba las formas femeninas, como también lo hacía el uniforme de Educación Física, así que Ranma sabía que Akane tenía una buena figura. Por eso no le costó para nada imaginarsela semidesnuda usando aquel bonito sujetador con unas bragas a juego, hasta que sintió un calor y un cosquilleo agradable y familiar entre las piernas.
¡No, Ranma, no!
Se incorporó de golpe y fue hasta su puesto para meter el sujetador en el fondo de su mochila. Su cuerpo siempre lo traicionaba, y aquel no era el momento para fantasías. ¡Y menos si eran protagonizadas por Akane Tendo! Le parecía inaudito que con todo y lo mal que se llevaban la chica le siguiera pareciendo atractiva y deseable.
Salió del salón con paso veloz para volver al patio, donde estaban sus amigos, deseando que la hora de salida llegara pronto, y esta vez no porque tuviera ganas de irse a casa.
Tras el segundo receso, llegó la última clase del día, la cual se pasó volando. Cuando el timbre de la salida sonó, los estudiantes comenzaron a recoger sus cosas para salir de la clase. Ranma, que ya tenía todo guardado desde antes de que la clase finalizara, cogió su mochila y su bolsa de deporte y se puso de pie. Fue consciente de que con aquella jugada maestra que estaba a punto de realizar quedaría zanjada definitivamente su rivalidad con Akane, pues no había manera de que a la chica le quedaran ganas de desquitarse. Aquel era el órdago con el que pensaba ganar la partida, haciendo que el marcador quedara infinitamente a su favor.
Cuando estuvo en el umbral de la puerta, llamó a Akane con un tono lo suficientemente alto como para que se escuchara entre el bullicio de sus compañeros.
—¡Akane!
La chica, que se había agachado para guardar algunos libros, se giró para mirarlo, sin ser consciente de que otros estudiantes también habían prestado atención a Ranma. Él bajó el cierre de su mochila y sacó algo.
—El otro día te olvidaste de esto.
Le lanzó a Akane el objeto que había sacado de su mochila, haciendo que tanto la chica de pelo negro como varios alumnos se quedaran atónitos al ver de qué se trataba.
Akane sintió que una sorpresa grosera y una vergüenza apabullante se apoderaban de cada fibra de su ser al ver que Ranma Saotome había sacado de su mochila un sujetador —su sujetador— y se lo había lanzado frente a todo el mundo, con aquella frase que dejaba abiertas las puertas a cualquier interpretación. Las palabras ridículo, humillación e impulso homicida acababan de ganar un nuevo significado para Akane, porque por primera vez en su vida, acababan de cobrar sentido.
Tendo, 4; Saotome, un millón.
Por si fuera poco, Ranma le guiñó un ojo y le lanzó un beso antes de salir del aula tranquilo y campante, dejando un incendio detrás.
Con la poca compostura que todavía le quedaba, y teniendo presente que sus compañeros habían empezado a murmurar entre sí, Akane abrió la mochila en la que solía llevar la ropa de deporte y la de después del entrenamiento. En efecto, el sujetador de color lila que había guardado aquella mañana no estaba ahí… confirmando que el que tenía en la mano (el que Ranma le había lanzado) era el mismo. Eso significaba que ese grandísimo hijo de puta había revisado sus cosas.
Una risita cerca de ella la hizo levantar la cabeza. Era Florent Le Drian, un compañero francés cuyo padre era embajador de Francia en Japón.
—Vaya, vaya. —Dijo con tono bromista—. La próxima vez deberías asegurarte de no dejar…
Akane se incorporó con un movimiento rápido y ágil, y cogió a Florent de las solapas de su blazer, haciendo que el chico abriera sus ojos verdes de forma exagerada.
—Si se te ocurre volver a hacer un chiste sobre esto, o si me entero de que lo comentaste fuera de este salón —le dijo entre dientes—, vas a rogarle a tu padre que te mande de vuelta a París.
Lo soltó bruscamente y el chico pareció asustado y sorprendido en partes iguales. Akane sabía que estaba protagonizando una escena, así que se apresuró a coger sus cosas para salir de allí cuanto antes.
—¿Fue al gimnasio? —Les preguntó a Daisuke y a Hiroshi.
Tardaron en responder, pero finalmente fue Hiroshi quien habló.
—A la piscina.
Akane se marchó de allí con paso apresurado, intentando no llevarse a nada ni nadie por delante de camino a la piscina.
—¡Akane! ¿A dónde vas?
Escuchó que Yuka la llamaba, pero la ignoró completamente.
A cometer un crimen, pensó.
Si Ranma creía que ella iba a quedarse de brazos cruzados después de semejante humillación, estaba muy equivocado. No estaba segura de qué haría primero, si insultarlo o darle un buen guantazo, pero estaba convencida de que ese pedazo de idiota se llevaría ambos. Esperaba encontrarlo solo, porque no quería que nadie los interrumpiera.
¿Cómo había sido capaz? Aquello era demasiado bajo y ruin incluso para él. Ella en ningún momento había jugado así con su reputación, ni tampoco había hecho ni dicho nada que pudiera malinterpretarse de esa forma. ¿Quién se creía que era? ¿Y por qué? ¿Era por lo de los condones? ¿Por la votación, por el debate de Ética? ¿Por todo?
No lo entendía. No lo entendía y quería entenderlo, pero... no tenía sentido. Él le había dicho que ella no le parecía guapa, que ningún chico podría decírselo alguna vez, entonces, ¿por qué había hecho eso? Aquella situación se prestaba para que sus compañeros interpretaran que entre ellos había ocurrido algo. Si ella le parecía tan poco deseable, ¿por qué había hecho eso? ¿Es que acaso sus ansias de humillarla eran más fuertes que cualquier otra cosa?
Luego de atravesar los amplios jardines y bajar las escaleras al aire libre que llevaban al área deportiva de la Academia, Akane divisó el edificio donde estaba la piscina, junto al gimnasio. Por suerte, el recinto contaba con sus propios vestidores, para que los estudiantes no tuvieran que caminar en bañador desde el gimnasio, así que era altamente probable que Akane encontraría a Ranma solo allí.
Entró al edificio, en el que había una piscina semiolímpica y unas pequeñas graderías de tres niveles. Siguió de largo hasta el final, donde se encontraban las puertas de los vestidores, que eran mucho más pequeños que los del gimnasio y no contaban con duchas.
Al entrar, divisó la figura de Ranma de espaldas a ella.
—¡Eres un grandísimo imbécil!
El chico, que apenas había alcanzado a quitarse el blazer y la corbata del uniforme, dio un respingo y se dio la vuelta.
—¡Una cosa es una bromita, una gamberrada o lo que sea, y otra muy distinta es lo que hiciste! —Exclamó furiosa—. ¡Me humillaste públicamente, frente a todos nuestros compañeros!
Una parte de Ranma se sintió satisfecho, como cada vez que conseguía robarle la calma a Akane y hacerla rabiar. Pero hubo otra que entró en tensión. Por algún motivo, su instinto le decía que esto no era un simple cabreo.
—Sí, lo sé. —Contestó con calma, sintiendo la parte orgullosa y gambera más fuerte que la parte tensa—. Esa era la idea.
¡Idiota!
—¿Por qué lo hiciste? —Preguntó Akane, intentando no lanzarse sobre su cuello todavía. Primero quería respuestas—. Si me odias tanto y te parezco tan poco atractiva, ¿por qué hiciste algo que le dio a entender a todos que…? Que tú y yo…
Se quedó callada. No quería ni siquiera decirlo en voz alta.
—Que tú y yo, ¿qué? —Ranma alzó una ceja y adoptó su semblante chulo, ese que Akane tanto detestaba—. ¿Que nos enrollamos? ¿Que te quité la ropa? —Se encogió de hombros—. Porque puedo.
Hasta ese momento, Akane no estaba familiarizada a nivel personal con el concepto de intervención divina. En cualquier otra circunstancia, le hubiera gritado cuatro insultos y probablemente le hubiera lanzado su mochila y su bolso en la cabeza. Pero aquella tarde tuvo lugar lo que podría considerarse un milagro, porque en vez de emplear la violencia (ya fuera física o verbal), Akane decidió darle una cucharada de su misma medicina. Si él había armado una escena para humillarla públicamente, ella también inventaría algo para burlarse de él. Las únicas diferencias eran que ella no tendría público y que había algo de verdad en lo que iba decirle.
Si Ranma creía que podía humillarla y salirse con la suya, estaba muy equivocado. Estaba harta de que los chicos creyeran que podían faltar el respeto a las mujeres y salirse con la suya solo porque eran chicos.
—Vas de gallito por ahí pero no tienes idea de que todas sabemos que es solo una fachada. —Le dijo intentando sonar mucho más tranquila y serena de lo que se sentía.
Él frunció el ceño y la miró fijamente, sin entender a qué se refería. Viendo que había borrado esa estúpida expresión de su rostro para dar pie a la confusión, Akane aprovechó para esbozar una sonrisa burlona. Caminó hacia él y le dio un par de palmadas en el hombro.
—Sabes… creo… creo que finalmente lo entiendo. —Se sentó sobre el banco en el que Ranma había dejado sus cosas, haciendo que el chico la mirara como si fuera un alien—. Todas esas bromas pesadas, esa actitud del rey del mundo, esta humillación. Finalmente lo entiendo. —Volvió a mirarlo—. He de reconocer que esta jugada te salió estupenda y sí, me jodiste. Pero… pero supongo que tiene sentido.
—¿De qué coño hablas?
—Puedo entender por qué juegas ese papel de chulito. Supongo que yo también estaría igual que tú, si tuviera tan pocas habilidades y destrezas. ¿Cómo era el dicho? —Frunció el ceño, como si estuviera intentando recordar—. «Dime de qué alardeas y sabré de qué careces».
Ranma no entendía lo que su compañera acababa de decirle, pero no le gustaba nada aquel tonito burlón ni esa expresión condescendiente que había usado con él.
—¿De qué coño hablas? —Repitió la pregunta de forma altanera mientras se cruzaba de brazos.
—Ustedes los hombres no son los únicos que se cuentan las cosas. —Arrugó los ojos ligeramente—. Las chicas también hablamos entre nosotras.
Akane pudo ver en el rostro de Ranma una duda que poco a poco fue transformándose en una mezcla de enojo y nerviosismo, como si comenzara a pillar por dónde iban los tiros. Aquello la hizo sonreír, esta vez de forma genuina. Pero Ranma era un hueso duro de roer y no se iba a dejar amedrentar tan fácilmente. Volvió a adoptar su semblante altanero y aprovechándose de su altura y de que Akane se hubiera sentado, la miró como si fuera insignificante.
—Pues, me importa muy poco lo que hablen. Por mí, pueden contarse lo que quieran. —Le dio la espalda de inmediato, dispuesto a marcharse de ahí y dejar a esa molesta marimacho hablando sola. Se le habían quitado las ganas de nadar.
Pero la provocación de Akane no tardó en llegar.
—¿Incluso si eso que se cuenta tiene que ver contigo? —Le preguntó con una ceja alzada y una mano en el mentón—. Porque no sé si lo sabes, pero tu ex se va de la lengua a veces...
Disfrutando de la incomodidad que Ranma comenzaba a mostrar, Akane aprovechó para mirarle la entrepierna. Él no tardó en reaccionar: bajó la cabeza y pronto se dio cuenta de qué era lo que Akane estaba mirando… y captó su mensaje. Su sonrojo fue imposible de ocultar, lo cual ocasionó las risas de su compañera de clases. Ranma intentó recuperar un poco de dignidad, recomponiéndose casi de inmediato, sabiendo que no podía ocultar su sonrojo.
—Pues... entonces me imagino que Shampoo habrá contado lo bien que lo pasamos juntos, ¿no? —Dijo fingiendo toda la seguridad que no sentía en ese momento.
Akane lo observó durante varios segundos sin decir nada, disfrutando del placer que le causaba torturarlo, viendo como las dudas se acumulaban en el simétrico rostro de Ranma. No lo soportaba, pero sería una mentirosa si dijera que no le parecía atractivo.
Akane había recordado la vez Asami que Asami le contó que en una práctica de las animadoras, Shampoo les había confesado que Ranma era un chico un tanto inexperto. Asami también le contó que Shampoo dijo que aprendía rápido y era muy bueno besando, así que técnicamente la chica peliazul no había hablado mal de él ni de su desempeño. Pero Akane no iba a decirle eso.
Negó con la cabeza e hizo un gesto con la boca.
—Pues, no exactamente.
Ranma sintió que el calor en su rostro se hacía insoportable. ¿Qué se suponía que significaba aquello? ¿Shampoo había ido por allí contando las cosas que habían sucedido entre ellos? Tampoco es que hubieran sido demasiadas, pero él las consideraba privadas y no pensaba que ella fuera a ventilarlas por ahí, y mucho menos a hablar mal de él. ¿Sería por eso que lo había dejado? Un mar de dudas lo asaltó, pero pronto se dio cuenta de que no podía permitir que Akane le viera dubitativo.
La parte sensata de él, la que empezaba a madurar, le dijo que era el momento de marcharse. Anda ya, déjalo así, que diga lo que quiera esta niñata. Pero su orgullo no se lo permitió.
—¿Qué quieres decir con eso?
Así que tu ego y tu orgullo son más importantes que tu amor propio, baka.
—Shampoo contó cosas que pasaron entre ustedes, y el resumen general es que no fue nada del otro mundo. —Adoptó un semblante serio—. Así que por eso entiendo que hayas querido que nuestros compañeros pensaran que entre tú y yo pasó algo, para intentar disimular tus carencias. —Se puso de pie, dispuesta a salir pronto de allí—. Podrás ser muy bueno jugando al fútbol, pero sobre cómo dejar a una chica satisfecha no tienes ni idea, campeón. Ahora entiendo por qué Shampoo te ha dejado. —Volvió a mirarlo de forma condescendiente—. Pero no pasa nada, aún eres joven. Algo aprenderás en unos años...
Akane le guiñó un ojo y se marchó, no queriendo tentar al destino. Era muy difícil dejarle callado, así que se iría ahora que lo había avergonzado profundamente. Mientras caminaba de prisa, sintió que la humillación que había vivido minutos antes no le pesaba tanto.
Ranma se quedó estático en su lugar, sintiendo que la ira y la vergüenza se apoderaban de él a partes iguales, completamente humillado ante lo que acababa de ocurrir, pero también dolido. No podía creer que Shampoo hubiera estado por allí contando sus intimidades a cualquiera, porque él sabía que ella y Akane no eran amigas, así que si Akane lo sabía, era porque Shampoo se lo había estado contando a quién sabe cuánta gente. O a lo mejor solo a una persona y con lo chismosos que eran todos en Furinkan, la historia se había regado por ahí.
Joder, sabía que no tenía experiencia, pero no entendía por qué había dicho esas cosas. Era algo que Ranma jamás diría de ninguna mujer. Podía contarle a sus mejores amigos algunas cosas, pero solo porque confiaba en ellos ciegamente y porque sabía que no divulgarían nada. Pero jamás haría comentarios negativos sobre el desempeño de ninguna chica. Le parecía de pésimo gusto. Pero lo que más le jodía, lo que verdaderamente le ponía la sangre a hervir ni siquiera era que Shampoo estuviera hablando mal de él por ahí. Lo que lo ponía de los nervios era que Akane Tendo estuviera burlándose tan campante de sus pésimas habilidades amatorias.
No iba a dejar las cosas así. No permitiría que una marimacho como ella dijera ninguna de esas cosas de él. ¿Y si se le ocurría poner esa información en un avión de papel? Ranma sintió que palidecía ante el pensamiento de una humillación pública.
No, no, no, ¡no!
No podía permitir que eso sucediera. Necesitaba zanjar este asunto cuanto antes.
Ranma salió del vestidor dando grandes zancadas y alcanzó a Akane cuando ésta pasaba junto a la piscina para salir. La cogió del antebrazo bruscamente para hacer que se detuviera.
—Eso que has dicho, lo has dicho para picarme, ¿verdad?
Akane lo miró sorprendida, sin poder creer que no se hubiera rendido. Pero, ¿es que quería más? ¿No había tenido suficiente?
Intentó zafarse de su agarre, pero el chico era fuerte.
—¡Eres un salvaje, suéltame!
Ranma la miró duramente y la soltó. Dio un paso atrás, consciente de que no estaba bien haberla cogido del brazo, sintiendo que su corazón latía fuertemente dentro de su pecho.
—No lo he dicho solo para picarte. —Contestó ella—. Puedes llamar a tu ex y preguntárselo tú mismo si no me crees. Aunque con lo bruto que eres no me sorprendería que te haya bloqueado para que no puedas llamarla.
—¡No soy un bruto ni un salvaje! —Exclamó molesto—. ¡Tú consigues sacar lo peor de mí!
—¿No será que consigo sacar al verdadero tú? Piénsalo, Ranma. —Decidió meter el dedo en la llaga—. A lo mejor el chico que eras con Shampoo era una fachada para cubrir tus inseguridades y poder estar con ella.
Ranma apretó los dientes.
—Eres una engreída. Te crees perfecta ¿no?
—No, perfecta no. —Fue sincera—. Pero te aseguro que no me comporto como tú.
Se miraron sin decir nada, los dos con las respiraciones agitadas y la adrenalina pulsándoles en las venas. Akane parecía haber retomado el control de sus emociones y de su rivalidad, haciendo que él ardiera por dentro, así decidió ser todavía más ruin con ella.
—No sé por qué antes has entrado gritándome como una histérica. —Sabía que las mujeres odiaban que las llamaran así—. ¿Por qué te molesta que la gente crea que has tenido algo conmigo? —Arrugó la nariz—. Eso de hecho te ayuda...
Enough is enough.
Akane le cruzó la cara de una bofetada que resonó en todo el recinto, dejando salir toda la indignación que sentía en aquel momento, queriendo volver a golpearlo, una y otra vez, hasta que aquella estúpida expresión desapareciera de aquella cara.
A Ranma reaccionar le tomó más tiempo del que le hubiera gustado. Su cerebro tardó en procesar que Akane le había pegado. Y menuda cachetada. Se llevó la cara a la mejilla lastimada y la sintió caliente. La miró atónito. Al parecer, perro que ladra sí muerde.
—¿¡Por qué COÑO me has pegado!?
—¡Porque eres un grosero, un estúpido y un IDIOTA! ¡Y no tienes IDEA de cómo tratar con respeto a una chica!
Él no iba a golpearla, pero al menos podía hacer que se callara haciendo algo que tenía muchísimas ganas de hacer desde hacía ya un tiempo. Le arrebató las dos mochilas que tenía consigo y la cogió del brazo para arrojarla a la piscina, pero Akane tuvo suficiente tiempo para reaccionar y cogerlo fuertemente de la camisa, haciendo que él también se cayera al agua con ella.
Se soltaron cuando estuvieron bajo el agua, sintiendo en la piel la temperatura templada y en la boca el sabor a cloro. El chico fue el primero en salir a la superficie, sin poder creer que esa chiquilla insensata no se rindiera jamás.
—¡Eres una imbécil! —Le gritó cuando ella salió del agua—. ¡Una MARIMACHO salvaje y estúpida!
—¡Y tú eres un machista de mierda y un PATÁN!
En un acto inmaduro e infantil, Ranma le echó una gran cantidad de agua en la cara a Akane. Ella cerró los ojos al sentir el impacto en sus globos oculares.
—¡IDIOTA, me ha caído en los ojos! —Los abrió y se acercó a él nadando, con el objetivo de hundirle en la piscina—. ¡Ojalá te ahogues!
Ranma sintió las manos de Akane sobre su cabeza mientras se veía sumergido en la piscina, aunque no por demasiado tiempo. La chica no pensaba ahogarle de verdad. Le soltó y él abrió los ojos bajo el agua para ver cómo nadaba hacia el borde para salir de la piscina.
Al emerger, Ranma volvió a insultarla mientras se quitaba el agua de la cara.
—¡Estúpida, no te soporto!
Pero Akane no le devolvió el insulto.
Porque Satsuki Miyakoji, la directora de la Academia Furinkan, estaba de pie afuera de la piscina, y los miraba a los dos con los brazos cruzados.
—Señor Saotome, señorita Tendo, ¿me acompañan a mi oficina?
Mierda.
Los dos adolescentes fueron lo suficientemente prudentes como para no decir nada y simplemente acompañar a la directora hasta su despacho, sabiendo que les iba a caer una buena por haberse peleado. La pregunta era, ¿cuánto había visto y oído Miyakoji?
Sentados uno junto al otro en la dirección, Ranma y Akane escuchaban atentamente la regañina que les estaban dando. La directora había tenido la gentileza de pedirle al ayudante del profesor de Educación Física que le facilitara toallas para dos estudiantes que se habían «caído accidentalmente» a la piscina.
Satsuki había estado dando una vuelta por las instalaciones, como solía hacer algunas veces para comprobar que todo estuviera en orden, cuando escuchó gritos al pasar por delante de la puerta de la piscina.
—Por más que pienso y pienso, no lo entiendo. —Fue lo primero que dijo—. Sencillamente estoy empezando a creer que no lo entiendo porque no hay nada que entender.
Akane decidió intervenir.
—Yo puedo explicárselo. Verá, nosotros...
—Creo que usted tampoco ha entendido, señorita Tendo. —Apoyó sus codos en la mesa y entrelazó los dedos de sus manos—. Los detalles de su… episodio con el señor Saotome no son de mi interés. Como tampoco lo son los motivos detrás de la vergonzosa escena que presencié en la piscina. —Los miró a los dos con severidad—. Lo que sí es de mi interés es que dos alumnos de esta institución se estaban peleando como perro y gato al punto de llegar a las manos. ¡De llegar a una pelea física, por Dios!
Ranma se sintió muy granuja en aquel momento. La directora tenía razón. Su pelea con Akane había escalado al punto en el que los dos se habían agredido físicamente, porque él tenía muy claro que si bien ella le había abofeteado, él le había empujado, y un empujón era una agresión física. Se sintió avergonzado por haberse dejado llevar de aquella manera por sus impulsos y su rabia, sobre todo porque Akane era una mujer.
—Directora Miyakoji, yo quisiera decirle que…
—¿Que ya está usted grandecito, al igual que su compañera, para estar protagonizando una riña en la que poco faltó para que se tiraran del pelo, como dos críos de tres años peleando por un juguete?
Ranma se quedó callado, no sabiendo cómo responder a aquello.
—¿No era eso lo que quería decirme, señor Saotome? —Al ver que el chico no respondía, la directora asintió con la cabeza y esbozó una sonrisa irónica—. Sí, eso pensé. —Calló durante varios segundos, en los que se dedicó a observarlos a los dos. Identificó en sus rostros una mezcla de arrepentimiento, vergüenza y reflexión—. Quiero dejar muy claro que estoy altamente decepcionada de su conducta. El comportamiento de ambos el día de hoy ha dejado mucho que desear… al punto en el que no sé si estoy hablando con dos jóvenes de penúltimo año o con dos críos de primaria.
Akane se removió incómoda sobre su asiento, no estando acostumbrada a que la riñeran por ningún motivo. Ella era una estudiante ejemplar, destacada en lo académico y en lo deportivo, a quien los profesores apreciaban por su dedicación, su amabilidad y sus excelentes modales, pero también porque sus dos hermanas siempre se habían destacado de forma positiva, dejando el nombre de su familia en alto.
—Señorita Tendo, voy a empezar con usted. —La miró fijamente—. No sé qué diría un hombre tan honorable como su padre si llegara a enterarse del papel lamentable que ha hecho el día de hoy —Apoyó su barbilla de sus dedos entrelazados—. No sé qué diría, pero puedo hacerme una idea.
Akane se sonrojó y bajó la mirada, sus ojos perdiéndose en el patrón de cuadros de la falda plisada de su uniforme. Si su padre se enterara, probablemente estaría tan o más decepcionado que ella.
—Creo que está demás que tenga que recordarle que no es propio de una señorita decente irse a los golpes con nadie, mucho menos con un varón. Como tampoco es propio de una dama soltar esa cantidad de improperios y de palabras que parece que hubiera aprendido en una pelea callejera. —La directora la miró de forma reprobadora, dejándole claro lo que pensaba de su conducta—. Lo que he visto y escuchado no parecía una actitud propia de una señorita de buena familia como usted, sino de un… de un camionero.
Ranma tuvo que bajar la cabeza y acercarse el puño a la boca para reprimir su risa. Le había hecho mucha gracia que la directora usara la palabra camionero para describir la conducta de Akane. Pero como muchas otras veces en la vida, la diversión le duró poco a Ranma.
La directora Miyakoji frunció el ceño ligeramente y, sin dejar de entrelazar sus dedos, bajó sus manos hasta que quedaron apoyadas en el escritorio. Miró a Ranma con atención.
—No sé qué es lo que le parece gracioso de todo esto, señor Saotome.
La mirada de la directora fue tan fría, que Ranma borró su sonrisa y se enderezó en su asiento.
—Le recuerdo que es usted un estudiante becado, y que esta es la segunda vez en menos de dos semanas que lo tengo aquí sentado. —Se llevó la mano al mentón—. ¿Le ha cogido apego a esto? ¿O es que esa silla donde está es demasiado cómoda y le gusta mucho sentarse allí? —Se inclinó ligeramente hacia adelante—. La última vez el profesor Taro intercedió por usted, así como también lo hizo el entrenador Mihara. Pero no crea que se me ha olvidado lo que pasó, y déjeme decirle que tenerle aquí una segunda vez en tan poco tiempo me hace saltar las alarmas.
Ranma sintió las manos frías y el corazón latirle con gran velocidad. Estaba nervioso, muy nervioso. No podía darse el lujo de ser expulsado y perder la beca. No quería enfrentar a su padre, mucho menos volver a vivir lo de los últimos años, bajo su tutela y vigilancia extrema.
—Lo sé, y quiero que sepa que no va a volver a repetirse, yo no…
—¡Eso espero, señor Saotome! ¡Eso espero! ¡Que no vuelva a repetirse! Así como le he dicho a su compañera, se lo digo a usted: me parece inaudito que tenga que recordarle que es usted un caballero y que haberse puesto a pelear así con una dama deja mucho que desear y dice mucho de usted y de sus modales. —Alzó ambas manos—. Y no crea que no escuché las cosas que le dijo a la señorita Tendo. ¿Le parece que esa es la forma de dirigirse a una compañera? No había escuchado yo tantos insultos juntos en toda mi vida.
Deslizó su silla hacia atrás y se puso de pie. Caminó hasta quedar frente al enorme ventanal de su oficina, que daba hacia los estacionamientos y jardines frontales de la Academia Furinkan. Ranma se atrevió a girar el rostro ligeramente para mirar a Akane. Ella le devolvió la mirada y comprobó que su compañero tenía un gesto compungido. Cuando la directora volvió a hablar, lo hizo sin mirarlos.
—Este tipo de situaciones amerita que sus padres sean notificados sobre su conducta.
Ranma se puso de pie de forma brusca, haciendo que la toalla que tenía alrededor de los hombros cayera sobre el sillón.
—¡No! —Expresó casi en un grito, sin darse cuenta de que su negativa había sonado casi como una exigencia, haciendo que tanto Akane como la directora Miyakoji le miraran sorprendidas—. Por favor, le pido que…
—Siéntese.
—¡Akane y yo no volveremos a hacerlo! —Continuó, sin intención alguna de obedecer—. ¡Fue una estúpida pelea…!
—Saotome, siéntese. —La voz de Satsuki no admitía reproches.
—Tiene razón en todo, actuamos como camioneros, fuimos groseros, ¡pero por favor no…!
—Si tengo que volver a repetirle que tome asiento…
—Ranma…
El chico sintió que algo cálido se cerraba sobre su mano. Se giró para encontrarse con los grandes ojos de Akane, que le miraban desde su asiento. Le había cogido la mano para llamar su atención y jalarlo suavemente hacia abajo, con la intención de que volviera a sentarse. Él la miró sin decir nada cuando leyó en sus labios que Akane le pedía que por favor se sentara. Asintió con la cabeza y volvió a sentarse, completamente agobiado por el pánico y la ansiedad que le generaba el pensar en ser expulsado, sin ser consciente que no había soltado la mano de su compañera.
Akane lo había notado de inmediato. Ante la mención de la palabra padres, el rostro de Ranma se había transformado en una mueca de horror y el chico había perdido toda calma y autocontrol. Ella encontró la reacción exagerada, sobre todo porque la directora Miyakoji solía ceder y negociar en algunos casos, y Akane pensó que si a esas alturas todavía no había llamado a sus padres, era porque probablemente aún estaba considerándolo. Pero si su compañero de clases había reaccionado así, causando que Satsuki se molestara todavía más, debía tener una buena razón. ¿Tendría una mala relación con sus padres? ¿Serían demasiado severos? Al ver a Ranma reaccionar así, Akane se dio cuenta de que su pelea podría tener consecuencias graves. Después de todo, Ranma era becado.
Solo entonces fue consciente de aquello en lo que se había convertido en las últimas semanas. En lo que ambos se habían convertido, porque ella no recordaba que Ranma fuera así antes de lo ocurrido en casa de Hiroshi. Habían llegado demasiado lejos, al punto de poner en riesgo sus notas y su expediente disciplinario, de insultarse y agredirse físicamente, de estar a punto de ser expulsados o suspendidos. Y Ranma a punto de perder una oportunidad única en la vida. Su corazón comenzó a latir fuertemente dentro de su pecho y sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal. Sintió el impulso de cogerle la mano para hacer que se sentara antes de que la directora Miyakoji terminara de perder la paciencia. Por suerte, el chico obedeció.
Ella sabía que si la expulsaban, su padre no tendría problema en matricularla en otro colegio prestigioso de la ciudad, como el St. Hebereke School for Girls, ¿pero Ranma? Ranma era becado, lo que significaba que su familia no podría pagar la colegiatura de ningún colegio de esa categoría, y Akane tenía muy claro que estudiar en una institución así habría demasiadas puertas. ¿Sería capaz de permitir que Ranma perdiera la oportunidad de su vida? No, nunca. Primero asumiría toda la culpa.
—Directora Miyakoji —habló intentando serenarse—, entiendo perfectamente que ni mi compañero ni yo estamos en posición de pedir nada, pero, ¿me permite decir algo?
Akane sabía que Satsuki valoraba los modales, así que intentó un acercamiento sutil y cordial.
—Adelante.
—No voy a justificarme ni a inventar excusas para defenderme ni para mitigar lo que vio y escuchó en la piscina, ya lo que pasó, pasó. —Explicó de forma pausada—. Pero creo que es importante que sepa que fui yo quien inició la pelea. Y también fui yo quien provocó a Ranma. Sé que para pelear hacen falta dos, pero creo que es normal que una persona reaccione de mala manera si se le provoca. —Miró a Ranma de reojo y luego volvió sus ojos a la directora—. Incluso si se trata de un chico tranquilo y educado. Nadie es de piedra.
Akane comenzó a aceptar su sentencia incluso antes de que se le informara cuál sería. No podía creer que estuviera defendiendo a Ranma después de lo que le había hecho, pero una cosa era joderle la paciencia y otra joderle la beca. Ella no era una mala persona y por ningún motivo querría perjudicar a alguien de esa forma, ni siquiera a Ranma.
El pelinegro había escuchado las palabras de Akane en estado de mutis, completamente atónito y sin dar crédito a lo que oía. Se giró para mirarla y comprobó que la chica parecía segura de lo que había dicho. No pensaba retractarse.
No puede ser, pensó. Se está echando la culpa para salvarme el pellejo, para que no pierda la beca.
Bajó la cabeza a su regazo y en ese momento se dio cuenta de que no le había soltado la mano a Akane; seguía sujetándola y la tenía sobre su propia pierna. Aprovechando el contacto, le dio un ligero apretón, para que la chica lo mirara.
Akane lo ignoró, decidida a continuar, haciendo que Ranma repitiera el gesto. La chica le soltó la mano y la recogió.
—Creo que lo justo es que sea yo quien reciba el castigo. —Insistió—. Cualquiera que éste sea.
Una persona más prudente se hubiera quedado callada, sabiendo que tenía todas las de perder si hablaba; una más egoísta hubiera dejado que la chica asumiera toda la responsabilidad, para proteger su pellejo y su beca; y una más cruel incluso hubiera disfrutado de ver cómo a su rival le caía todo el peso del castigo... pero Ranma no era ni prudente, ni egoísta, ni cruel.
—Ha dicho usted algo muy cierto, directora Miyakoji. —Esta vez Ranma habló en el mismo tono sereno que Akane había usado, evitando alterarse y ponerse de pie—. Mi reacción no fue propia de un caballero. De hecho, fue propia de un camionero. Yo… yo también actué mal e hice cosas muy reprochables… Akane, Akane es una chica y yo la traté muy mal. Merezco el castigo tanto o más que mi compañera.
Akane lo miró de reojo intentando disimular su sorpresa. ¿Qué haces, baka? ¿No ves que estoy tratando de ayudarte? ¡No te hundas tu mismo, tonto!
—Soy yo quien debería recibir el castigo. —Insistió Ranma.
La directora Miyakoji estaba cansada. Cansada por el largo día que había tenido, por haber presenciado una pelea y por tener que dar chácharas como ésta. Se dio por satisfecha al ver que los chicos, en vez de excusarse y echarle la culpa al otro, asumían cada uno la responsabilidad de sus impúdicas acciones.
—Señorita Tendo. —Su voz fue suave pero firme—. Voy a pedirle que se disculpe con su compañero por haber provocado una pelea con él.
Akane asintió con la cabeza, aceptando su destino. Bien, aparentemente Satsuki ya había tomado una decisión, y sería ella quien pagaría las consecuencias. Ranma frunció el ceño, ¿qué…?
—Lo siento, Ranma. —Le dijo ella tras girarse para mirarlo—. Por haberte dicho todas esas cosas, por haberme peleado contigo, por haber sacado lo peor de ti, y por haberte golpeado.
Satisfecha con la sinceridad de aquella disculpa, la directora miró a Ranma.
—Saotome, discúlpese con su compañera.
Él asintió con la cabeza y miró a Akane.
—Discúlpame por haberte insultado, por haber continuado con la pelea y por haberte empujado a la piscina, no estuvo bien.
Complacida, Miyakoji agradeció al cielo que los chicos no se lo hubieran puesto difícil.
—Bien, pueden retirarse los dos. —Miró a Ranma—. Y no, no voy a notificar a sus padres.
Los dos adolescentes intercambiaron una mirada confundida y luego miraron a la directora, no dando crédito a lo que oían. ¿Eso era todo? ¿Una disculpa y ya está?
Satsuki los miró a ambos sin entender por qué seguían allí.
—Retírense antes de que cambie de opinión y levante el teléfono. —Dijo con severidad, haciendo que ambos chicos se pusieran de pie—. De su castigo hablaremos mañana a primera hora, por ahora, que tengan buenas tardes.
Tanto Ranma como Akane sintieron que el mundo se les venía abajo. Hablaron al unísono:
—¡¿Castigo?!
—Por supuesto, ¿o es que creían que iba a dejarlos irse de rositas? —La directora se cruzó de brazos—. En este colegio hay normas y ustedes las han transgredido, así que será mejor que empiecen a pensar en una buena excusa para decir en casa…
Señaló la puerta, y los chicos se despidieron con una reverencia cordial antes de salir. Caminaron por el amplio pasillo en silencio, hasta que Ranma habló.
—¿Qué habrá querido decir con una buena excusa para decir en casa? —Parecía preocupado—. ¿No era que no iba a avisar a nuestros padres?
—Nos va a suspender. —Dijo Akane resignada—. No les va a decir nada, pero nos va a suspender.
—¿Cómo es eso?
—Nos mandará a casa varios días. En esos días, si hay algún examen o tarea que entregar, los profesores pueden decidir si darnos la oportunidad de hacerlos después o simplemente calificarnos mal. —Suspiró—. Ranma, ¿por qué no dejaste que yo asumiera toda la culpa?
—Porque tú no fuiste la única. No hubiera sido justo. No soy así.
Ahora tenía que venir a comportarse como un hombre de honor, ahora. Increíble.
—Ya, pero yo no creo que vaya a tener muchos problemas en casa. Le puedo decir a mi padre que me suspendieron por… no sé, saltarme una clase, y seguramente no le parecerá bien pero tampoco será el fin del mundo para él. —Su padre era un hombre comprensivo. Sabría entender que su hija menor hubiera tenido un desliz por primera vez. Miró a Ranma con algo de preocupación—. Pero tú… ¿qué vas a hacer? ¿Fingir una fiebre de dos días?
—Satsuki dijo que mañana nos diría cuál sería el castigo, ¿cierto? —Akane asintió con la cabeza—. Entonces todavía tengo hoy y mañana para pensar una excusa. Algo se me ocurrirá.
Siguieron caminando en silencio el uno junto al otro, cada uno sumergido en sus propias cavilaciones, en dirección a los recintos deportivos. Ranma tenía que buscar sus cosas en los vestidores de la piscina para marcharse a casa y Akane todavía tenía que regresar al gimnasio a cambiarse de ropa para el entrenamiento con el equipo de voleibol... al que llegaría tarde. Lo único que le faltaba.
Cuando estuvieron cerca de la entrada del gimnasio, Ranma se detuvo.
—Akane.
La chica se detuvo y miró a Ranma, a la expectativa de lo que el chico fuera a decirle, y no pudo evitar encontrarlo atractivo con el flequillo echado hacia atrás. Desde el inicio de sus peleas con él, había empezado a mirar a Ranma un poco más, notando que el chico era verdaderamente guapo, y no solo ocasionalmente guapo como ella había pensado al principio. Era como si lo encontrara más atractivo cada vez que lo miraba; lo cual era completamente retorcido, teniendo en cuenta la forma en la que se trataban. En aquel momento particular, Akane sintió una fuerte confusión en el pecho. Aquel chico que había estado a punto de perder su beca para que ella no recibiera todo el castigo, era el mismo que la había humillado públicamente. Ranma era la cara y la cruz de la moneda.
Akane no lo supo, pero por la mente de Ranma pasaban pensamientos similares. Debía admitir que Akane le había gustado desde antes de ser su enemiga, pero en ese momento, le pareció que incluso con el pelo despeinado y todavía húmedo por el agua de la piscina la chica seguía siendo muy bonita. Y esa chica tan bonita que se había burlado de él en varias ocasiones había estado dispuesta a sacrificarse por él.
Ninguno de los dos intuyó ni por casualidad lo que el otro pensaba.
—¿Sí?
—Antes en la oficina de la directora…
Ranma se quedó callado, pensando en cómo decirle lo que tenía en mente. No era capaz de darle las gracias verbalmente.
—Pudo haber sido peor… para mí.
Akane supo que esa era su forma de darle las gracias por haber intervenido. Asintió con la cabeza y luego cada uno siguió con su camino, avanzando en direcciones distintas mientras intentaban que sus mentes ocuparan otros pensamientos.
Sobre Yuka y Daisuke: finalmente queda claro quién se mostraba más reticente a dar el paso entre los dos. Lo que no queda del todo claro es si la chica terminará aceptando salir con su mejor amigo.
Sobre la venganza de Ranma: personalmente, no soy partidaria de la violencia física (ni siquiera me gusta alzar la voz), pero creo que yo sí le hubiera dado un buen guantazo a Ranma, a diferencia de Akane que eligió el enfrentamiento verbal... a priori, porque a posteriori vino la hostia.
El otro día conversaba con Cassio sobre lo peligrosas que son las enemistades y las venganzas constantes; lo que empieza con una bromita tras otra puede convertirse en algo que finalmente perjudicará gravemente a alguno de los involucrados. Por eso a veces hay que sacar una bandera blanca o incluso sacrificarse por el enemigo con tal de evitar un mal mayor. Y creo que eso es algo que muy poca gente haría; hay que tener mucha madurez y humildad. ¿Ves como esa marimacho no era tan odiosa después de todo, Ranma?
¿Habrá muerto entonces la rivalidad? Dicen que cuando algo muere es para dar paso a algo nuevo. De ser así, ¿qué nacerá ahora? A las haters de Ranma (que son casi todas las lectoras de la historia) les comento que el chico no es tan malo como creen. Creeeeo que ya en la parte final de este capítulo ha mostrado su nobleza.
Muchas gracias a todas los que están dejando comentarios. ¡Me encanta leerlos! Son ustedes muy graciosas e intuitivas.
