Aviones de papel
Capítulo 6:

"La tregua"

La suerte había acompañado a Ranma durante sus dos días de suspensión.

Ranma y Akane se pelearon «como dos camioneros», en palabras de la directora Miyakoji, el martes a la hora de la salida. La directora los llevó a su despacho para reprenderlos. El miércoles en la mañana les indicó cuál sería su castigo: una suspensión de dos días (jueves y viernes). Satsuki Miyakoji había tenido la gentileza de suspenderlos a partir del jueves y no del miércoles para que los dos adolescentes tuvieran tiempo de organizarse y pedir a sus amistades cualquier apoyo para esos dos días en los que no asistirían a clases.

Así que cuando Ranma llegó a su casa el miércoles en la tarde tuvo que respirar profundo para calmar sus nervios ante la mentira que iba a contar a sus padres. Pero nada más saludar a Nodoka, su madre, ésta le informó que esa noche cenarían solo ellos dos, ya que Genma, el padre de Ranma, había salido de la ciudad y no volvería sino hasta el viernes en la tarde.

Ranma suspiró aliviado ante la tranquilidad que le daba saber que su padre no se enteraría de su suspensión. Le inventó una mentira a su madre (no fue capaz de decirle que le habían suspendido por pelearse con una chica) y le aseguró que no volvería a meterse en problemas, pidiéndole además que por favor le guardara el secreto. Nodoka sabía que su marido podía ser muy duro e incluso injusto con Ranma, así que le prometió que no le diría nada, no sin antes llamarle la atención por haber sido suspendido.

Se pasó los dos días que estuvo en casa (jueves y viernes) ayudando a su madre con cosas del hogar y poniéndose al día con algún deber atrasado, preguntándose constantemente cómo estaría Akane. ¿Sus padres la habrían castigado? Ella le había dicho que sabía que no tendría muchos problemas en casa, ¿la habrían dejado irse de rositas? ¿Habría fingido una fiebre o una enfermedad? No lo sabía, pero esperaba que estuviera bien.

Tras lo ocurrido el martes en la tarde, Ranma había reflexionado sobre los hechos de ese día y sobre su conducta. Sí, Akane se había burlado de él, pero él se había pasado de la raya. Y aún así, la chica fue capaz de echarse la culpa con tal de que el no perdiera la beca. Eso hablaba de la clase de persona que era ella.

Fue por eso que cuando llegó la tarde del viernes, a la hora a la que normalmente se acababan las clases, Ranma salió de su casa con un claro objetivo en mente. Haría algo que no había hecho en su vida: dejar su orgullo a un lado para ser the bigger person, como decía Miss Ninomiya. No podía seguir actuando de forma impulsiva y con la cabeza caliente, no después de que Akane hubiera tenido un gesto como ese con él, cuando no le debía nada, sino todo lo contrario. Así que estaba decidido a ir a su casa para ofrecerle una tregua… y tal vez incluso una disculpa.

Pero primero iría donde Hiroshi para que el chico le pusiera al día sobre todos los pendientes. Ranma no les había dado a sus amigos todos los detalles sobre su pelea con Akane y el posterior castigo; tan solo les había dicho que Miyakoji los había suspendido por discutir en la piscina. Hiroshi sabía que Miyakoji no suspendía a nadie por una simple discusión, así que allí tenía que haber pasado algo más grave. Y conociendo a los dos involucrados (y además habiendo sido testigo de la canallada que Ranma le había hecho a Akane frente a todo el mundo), Hiroshi podía imaginar qué había ocurrido.

Lo cierto es que Ranma se sentía optimista con respecto a la tregua. Consideraba que Akane era una persona inteligente y sabía que a ella le convenía tanto como a él firmar la paz, así que dudaba que lo enviara por donde había venido. Tenía la certeza de que ella era una buena persona, así que no veía escenario alguno en el que la chica no aceptara su tregua. Después de todo, ¿qué podía salir mal?


Ese mismo día a la hora del segundo receso, Asami Kobayashi se dirigió al auditorio de la Academia Furinkan.

Ryu la había citado el lunes de esa semana, pero ella había decidido hacerlo esperar. Finalmente, el jueves le dejó un avión de papel en su pupitre indicándole que se encontraran en los camerinos del auditorio al día siguiente durante el segundo receso. Había elegido el segundo y no el primero porque quería hacerlo esperar lo mayormente posible. Finalmente llegó el viernes y Asami descubrió que, aunque se estuviera haciendo la difícil, se moría de ganas por descubrir qué tramaba Ryu al haberle pedido que se vieran en el auditorio, aunque conociéndolo ya se imaginaba qué...

Por alguna curiosa y desconocida razón para los estudiantes, el personal administrativo del colegio nunca cerraba con llave las puertas del auditorio, así que Asami no tuvo problemas para entrar. Había algo en los teatros vacíos que le ponían la piel de gallina. Por suerte, este no era uno antiguo sino moderno, lo cual aliviaba esas sensación de que en cualquier momento se le iba a aparecer un fantasma.

Caminó por el pasillo que dividía las filas de las butacas hasta que llegó a las pequeñas escaleras que accedían al escenario. No se escuchaba ni un solo ruido. Asami se fijó en que la puerta de los camerinos femeninos estaba abierta y la luz estaba encendida, así que se dirigió allí. El camerino era rectangular y tenía espejos iluminados que ocupaban toda la pared. Había una larga mesa que iba de un lado de la pared al otro, acompañando a los espejos. Frente a la mesa había sillas de tela similares a las que usan los directores en las películas. Había varias taquillas, un perchero y un rack para colgar ropa.

Al entrar, lo primero que notó fue que sobre la larga mesa había un girasol, su flor favorita. ¿Cómo es que Ryu lo sabía si ella nunca se lo había dicho? Frunció el ceño. Caminó hasta la mesa y cogió el bonito girasol, el cual estaba junto a un avión de papel color amarillo. Tenía algunas cosas escritas a mano en las alas:

«Cada mañana, los girasoles buscan al sol y lo siguen hasta que se oculta. Lo mismo hago yo con tus ojos».

Debía admitir que aquello le parecía, si no dulce, bastante original. Era completamente impropio de Ryu, lo cual lo hacía todavía más sorprendente y especial aunque trató de no hacerse demasiadas ilusiones. Sin embargo, a pesar de su escepticismo, aquel gesto no le fue indiferente.

—Hola, bombón.

Ella se giró al escuchar la voz de Ryu. El chico le sonreía con coquetería desde el umbral de la puerta.

—Hola.

—¿Cómo estás?

—Bien, algo sorprendida, la verdad.

Ryu se rió y caminó hasta detenerse muy cerca de ella. Su perfume inundó las fosas nasales de Asami.

—Querías verme. —Asami mantuvo su semblante serio—. Daisuke me dio un avión de papel tuyo.

—Sí, y vaya que ese RSVP tuyo se hizo de rogar. —Le cogió la mano y le dio un beso en el dorso. No se la soltó—. Llegué a pensar que no vendrías nunca.

El girasol, el avión de papel, su perfume, el estar sola con él en un sitio íntimo por primera vez en mucho tiempo... todos esos elementos hacían que fuera difícil mantenerse firme, cuando siendo honesta, lo único que quería era empujarlo a una de esas sillas y sentarse sobre él.

—Bonito girasol, por cierto.

Él sonrió y cogió su otra mano. Asami se lo permitió. Un simple roce de manos no tenía por qué avivar más la llama.

—¿Te gustó? Busqué el más bonito de todos para. —Le acarició las manos y ella asintió con la cabeza—. Te eché mucho de menos, ¿te puedo dar un abrazo?

Aquello también era una novedad. Ryu no solía preguntar, solía hacer y tocar sin pedir permiso. Asami volvió a asentir, un abrazo tampoco tenía por qué convertirse en otra cosa. El chico rodeó su cintura con sus brazos y le pidió a ella que lo abrazara también, así que Asami pasó sus brazos alrededor del cuello de Ryu, y sus cuerpos entraron en contacto total.

—Tenía muchas ganas de hacer esto y de tenerte en mis brazos.

Yo también, pensó ella.

—Hueles rico. —Dijo el chico en voz baja.

Tú también.

Como Asami no decía nada, Ryu se separó de ella ligeramente para mirarla, sin romper su abrazo.

—Quería que nos viéramos porque quería estar contigo a solas para invitarte a cenar.

—¿Querías?

Él sonrió.

—Quiero, todavía quiero. Iba a invitarte a cenar al principio de la semana, pero tomando en cuenta que no viniste a nuestra cita, te invito hoy.

—¿A cenar? —Asami alzó una ceja.

—Sí, hoy. —Comentó acariciándole la mejilla con los nudillos.

—¿Y a dónde vamos a cenar?

Ryu esbozó una sonrisa galante, de esas que a ella tanto le gustaban.

—A mi casa. —Le guiñó un ojo—. Voy a cocinar para ti.

Si en la mañana cuando se despertó le hubieran dicho que hoy Ryu le regalaría flores y la invitaría a una cena hecha por él, Asami se hubiera reído. Esto era algo que no se hubiera esperado de él ni en un millón de años. Algo completamente alejado del libreto original.

—¿No estás bromeando? —Lo miró curiosa.

—¿Por qué habría de bromear? —Se rió—. Yo sé cocinar. —Eso no era cierto. Ryu no sabía cocinar, pero sabía leer y se le daba bien seguir recetas al pie de la letra—. ¿Vienes entonces? Prometo que te encantará lo que voy a prepararte.

Por supuesto que iría. No se perdería de ese espectáculo por nada del mundo.

—¿Usarás un delantal? —Asami quiso acariciar las pecas de su rostro, pero se contuvo.

Él volvió a reír.

—Si quieres que lo use, lo usaré.

—Está bien, acepto. Pero tengo una duda. —Comentó Asami con suspicacia. Conocía a Ryu lo suficiente como para saber que no era su estilo citarla a escondidas para invitarla a cenar—. ¿Solo para eso me pediste que viniera hasta aquí?

—Bueno, no. También quería decirte que te echo mucho de menos. —Le dio un corto beso en la boca—. Y que aunque te vea siempre en los pasillos o en los recesos, nunca tengo suficiente de ti. —Dejó una de su mano derecha en la cintura de de la chica, mientras con la derecha le peinaba el flequillo y le pasaba un mechón de pelo detrás de la oreja—. La verdad es que extrañaba muchísimo estar así contigo y poder verte de cerca. —Otro beso—. Eres preciosa, 'Sami, las más bonita de todas. —Su voz era casi un susurro. Su mano derecha acarició la nuca y el comienzo del cuero cabelludo—. No sabes cuánto me gustas...

Las caricias en la nuca eran uno de sus puntos débiles. Asami cerró los ojos y ahogó un suspiro en su boca, la cual entreabrió en un gesto inconsciente. Ryu sonrió. Conocía el cuerpo y los gestos de esa sirena como si se tratara de sí mismo; sabía que estaba empezando a excitarla, solo tenía que seguir un poco más.

Comenzó a repartir besos húmedos y lentos en la mejilla, el mentón y el cuello de Asami.

—Me encanta besarte, abrazarte, tocarte, lamerte. —Le dio un lengüetazo en el cuello y ella enterró sus manos en el pelo de Ryu—. Llevo semanas recreándote en mi mente, ¿sabes? Tocándome pensando en ti, bombón. —Esta vez lamió su mejilla y su oreja, sintiéndose victorioso al escuchar el suave gemido que escapó de la boca de Asami, por lo que la rodeó completamente con sus brazos y le apretó las nalgas con su mano, pegándola a su cuerpo—. ¿Lo sientes? Así me pones…

¿Cuáles eran las tres reglas de Dua Lipa? ¿Cuáles? En ese momento, a Asami no se le vino ninguna a la mente. Lo único en lo que podía pensar era en el calor que sentía en todo el cuerpo. Aprovechando que tenía las manos enredadas en el pelo de Ryu, atrajo su cabeza a la de ella y le plantó un beso francés que les robó el aliento a ambos. Con un movimiento rápido, y sin dejar de besarle, se deshizo de su blazer y le quitó a Ryu el suyo. El chico entonces procedió a desabotonar el cardigan que Asami llevaba puesto.

—¿Me echaste mucho de menos? —Le preguntó ella mientras le aflojaba la corbata. Deshacerla completamente era un error de principiante que podía costar muy caro si luego había que vestirse con prisas.

—Demasiado.

Ryu también aflojó la corbata de Asami y con sus manos habilidosas le desabotonó la camisa. Sonrió al ver que su sirena había llevado un sujetador con broche frontal, el cual no demoró en abrir, aunque no le quitó ni la camisa ni el sujetador. La clave estaba en abrir, aflojar y desabrochar la ropa, pero sin quitarla.

—¿Quieres hacerlo aquí sobre la mesa? —Le preguntó al chico entre besos para luego quitarle el cinturón, pues toda regla tenía una excepción. Los cinturones sonaban mucho si no los quitabas, pero siempre podías guardarlos en el bolsillo interno del blazer.

—Sí —contestó Ryu lamiéndole el cuello—, pero hay algo en lo que no puedo dejar de pensar. Algo que te quiero hacer primero.

El chico se abrió el pantalón para que no hubiera demoras cuando llegara el momento y, antes de seguir con lo que tenía en mente, dejó que Asami metiera su mano en sus bóxers para masturbarlo.

—Mmmm —Asami dejó de besarlo y sonrió al hablarle—, veo que no mentías al decir que me echaste mucho de menos…

Ryu también sonrió. Se dejó hacer durante varios segundos hasta que decidió tocarla también.

—Seguro que tú también a mí, ¿no?

Deslizó su mano en el interior de los muslos de su chica y le apartó la ropa interior con los dedos para luego tocarla. Sintió que se excitaba todavía más al sentirla tan mojada.

—Sabes que sí —le dijo ella contra su boca.

No queriendo perder más tiempo, Ryu cogió a Asami de las nalgas y la levantó para dejarla sentada sobre la mesa. Luego introdujo sus manos bajo su falda para buscar el inicio de sus bragas; deseaba probarla entera y no quería nada que le estorbara. Se agachó y la miró desde su lugar, mientras le bajaba la ropa interior lentamente, lo que hizo que ella le sonriera y se mordiera el labio inferior.

—Mmmm rojas —Dijo cuando le quitó las bragas y las dejó sobre la mesa—, desde que desperté en la mañana lo único en lo que he pensado es en comerte...

Ryu puso su cabeza entre las piernas de Asami y comenzó a lamerla y succionarla mientras le apretaba los muslos con sus grandes manos, haciendo que ella echara la cabeza hacia atrás. Sabía que era muy poco probable que alguien pasara por allí, pero de igual forma debía estar callada, en especial porque en ningún momento se les había ocurrido cerrar la puerta del camerino.

Asami se llevó una mano a la boca para ahogar todos los sonidos que querían salir de ella, mientras enterraba la otra en el pelo de Ryu. La tarea de permanecer en silencio no sería nada fácil, tomando en cuenta que el portero del equipo de fútbol de Furinkan se había estudiado cada parte de su anatomía para aprender a satisfacerla de forma exitosa. ¿Cómo lo había conseguido en tan poco tiempo? Ella lo desconocía, pero le encantaba; los chicos no siempre sabían (y a muchos les daba igual) cómo o dónde tocar para llevar a una chica al orgasmo, pero ese no era el caso de Ryu.

Tal vez fuera un fuckboy y tal vez su relación fuera un despropósito. Tal vez no fueran buenos hablando sobre algunas cosas que Asami consideraba importantes. Tal vez él la hubiera decepcionado varias veces de formas distintas. Pero había una cosa en la que Ryu se los llevaba a todos por calle, y eso era todo lo que ella necesitaba.

Al menos por el momento.


Al llegar a la imponente entrada de aquella majestuosa propiedad, Ranma miró su móvil para comprobar que aquel era el lugar que buscaba. En efecto, Google Maps le indicaba que había llegado a la dirección que le había dado Hiroshi (literalmente a una calle de la casa de su amigo).

¿Ésa era la casa de Akane? Joder. Por si le quedaba alguna duda, sobre las grandes puertas de la entrada había un antiguo letrero que ponía Primer Dojo de la Escuela Tendo de Artes Marciales. Y entonces todo hizo clic.

Akane era una Tendo, lo que significaba que venía de una estirpe de artistas marciales que se remontaba a tiempos inmemorables. Y allí, tras esas puertas de madera había nacido un estilo de lucha que todavía hoy era enseñado a lo largo de todos los Dojos Tendo. Se sintió intimidado ante la historia familiar de su compañera de clases, con aquellos célebres antepasados y ese apellido ilustre que generaba miradas de respeto y que abría puertas con una simple mención. En la Academia Furinkan casi todos menos él tenían un apellido ilustre, una fortuna familiar, o unos antepasados reconocidos. Akane no era la excepción; de hecho, era todas las anteriores.

Se fijó en que no había un timbre, pero le pareció que era imposible que alguien oyera si golpeaba la puerta, así que intentó abrirla. Para su suerte, no tenía la llave echada. Y si antes le había sorprendido la majestuosidad de aquella antigua y tradicional vivienda, lo que vio al entrar a la propiedad lo dejó boquiabierto.

La casa de los Tendo era una construcción japonesa antigua de dos pisos, con un jardín imperial que parecía sacado de una pintura o tal vez de una revista de arquitectura oriental. La casa estaba en un estado impecable y le pareció la más bonita que había visto en toda su vida, tal vez incluso más que la de Hiroshi. Y entonces lo vio a un costado del terreno. El famoso Dojo Tendo, con el letrero de bronce que lo identificaba. Ranma se sintió completamente tentado a acercarse allí para entrar y echar un vistazo, pero recordó que no había ido allí a eso.

Se dirigió hacia la puerta de entrada de la casa, dispuesto a tocar el timbre, pero una voz familiar proveniente de uno de los jardines lo distrajo. Caminó hacia uno de los laterales de la casa, donde había un precioso estanque, y se detuvo cuando su objeto de interés apareció en su campo de visión. Y al verla, Ranma recordó por qué había escrito el nombre de Akane en aquella infame lista con la que empezó todo.

Akane vestía una falda de color azul oscuro con un jérsey blanco de manga larga que tenía flores en el estampado. Como cada vez que la veía sin uniforme, le pareció que estaba preciosa. ¿Cómo una chica podía verse tan femenina y dulce y al mismo tiempo ser capaz de voltearle la cara de una cachetada y tener un carácter tan jodido? Era extraño. Y sexy.

Por un momento, pensó que estaba hablando sola, hasta que se dio cuenta de que le hablaba a un pequeño perrito negro que parecía un peluche. Ranma parpadeó un par de veces. ¿Sería su mascota?

—Espera, ¡P-Chan!

El perrito salió corriendo por el jardín y Akane se quedó arrodillada en el césped.

—No sabía que te gustaran los perros.

Akane se giró bruscamente al escucharlo. Lo miró desconcertada, sin entender cómo había llegado allí.

—¿Q-qué…? ¿Qué haces en mi casa? ¿Cómo entraste?

Él le extendió la mano para ayudarla a levantarse. Akane lo miró con extrema desconfianza. Se puso de pie sin coger su mano y continuó esperando su respuesta.

—Toqué la puerta pero nadie escuchó. —Mintió—. Luego intenté ver si podía abrirla y estaba sin seguro.

—Happosai… —Comentó Akane rodando los ojos.

—Espero que no te moleste que haya entrado hasta aquí. —Ranma adoptó un semblante caballeroso y considerado—. Iba a tocar el timbre de la casa, pero escuché tu voz y pensé que sería mejor venir a verte directamente.

Ella lo miró de reojo y observó su ropa. Llevaba puesta una camiseta negra debajo de una camisa de jean desabotonada, encima tenía una chaqueta de chándal de color negro. También vestía jeans y unas clásicas Vans de cuadritos sin cordones, que se veían como si las hubieran lavado recientemente. Le pareció que aquel look le quedaba bien. Por último, se fijó en que tenía una carpeta verde en la mano. Como él había sido educado, Akane suspiró e intentó sonar amable. Buscó una mejor forma de preguntarle a qué había venido.

—Está bien, pero, ¿por qué viniste?

Era viernes, por lo que habían pasado dos días sin verse, dos días en los que ambos habían estado suspendidos. Dos días en los que su hermana Nabiki no le había dado tregua diciéndole que no le creía ni una sola palabra sobre el motivo de suspensión que había dado en casa. Por suerte para ella, su padre sí le creyó.

Ranma esbozó una sonrisa y le mostró la carpeta verde que tenía en la mano.

—Vine a traerte los lineamientos de una investigación que debemos entregar el martes. El profesor la mandó hoy, y pensé que sería bueno que la recibieras de una vez, para que tuvieras el fin de semana y el lunes para prepararte.

Akane lo miró sorprendida. ¿Por qué estaba siendo amable? Últimamente él no se comportaba así con ella. Lo suyo era o indiferencia absoluta o majaderías y burlas. ¿Estaría reculando luego del castigo que les había caído por pelearse en la piscina? ¿Sería su forma de hacer las paces con ella?

—Gracias. No era necesario que te molestaras en venir hasta aquí.

Esta vez, Ranma habló con sinceridad.

—Bueno, una vez tú me ayudaste en Inglés, y tampoco era necesario que lo hicieras. ¿Lo recuerdas?

Akane recordó cómo había intercambiado su examen con él para responder todas las preguntas que él había dejado en blanco, hacía ya varias semanas, cuando aún tenían una relación pacífica. Tuvo la sensación de que aquello había sucedido en otra vida.

—Sí, lo recuerdo.

—Y buen… el martes… el martes intentaste que no me castigaran. —No era fácil para él reconocer que se había equivocado, pero al menos quería agradecerle el gestazo de haber estado dispuesta a ser el chivo expiatorio—. Así que aquí te he traído la tarea. Y también he venido personalmente porque quería… darte las gracias. Por intentar ayudarme el martes, incluso después de lo mal que me porté contigo.

Calló. No quería añadir nada más; después de todo, los dos se habían portado mal y habían hecho cosas reaccionando a lo que el otro les había hecho antes.

Akane le miró sin decir nada, asimilando lo que Ranma le había dicho de aquella forma tan sincera. Decir que estaba sorprendida era quedarse corta. ¿Habría pasado algo en estos dos días para que él cambiara tan drásticamente su actitud hacia ella? ¿Habría reflexionado? Ella lo había hecho, y la verdad es que había llegado a la conclusión de que su rivalidad con él era estúpida y peligrosa.

—¿No tuviste entrenamiento? —Le preguntó curiosa cambiando de tema. Normalmente los viernes a esa hora el chico estaba en la práctica de fútbol.

Ranma negó con la cabeza y le explicó que la suspensión incluía el entrenamiento. A ella le había ocurrido lo mismo el jueves con la práctica de voleibol. De pronto, Akane se acordó de cuando Ranma le dejó ese post-it fingiendo ser Gosunkugi, y ella entregó un ensayo equivocado.

—¿Seguro que no es la tarea equivocada?

Touché, pensó Ranma. Bien, no será tan fácil como pensaba.

—Yo también desconfiaría de mí si fuera tú. —Comentó—. Pero dame el beneficio de la duda. Tómala, léela y luego coteja la información con alguna de tus amigas. Que ellas te confirmen que lo que estoy entregándote es verdadero.

Le extendió la carpeta verde y Akane la cogió.

—Pero la tarea no es la única razón por la que he venido. También… quisiera ofrecerte una tregua. —Ranma se apresuró a hablar—. No voy a mentirte y decirte que lo que pasó el martes no me molestó, porque la verdad es que me puso de muy mala hostia.

Akane lo miró sin decir nada, tratando de identificar en algún gesto o palabra las verdaderas intenciones de su compañero de clases.

—Pero supongo que a ti también. Y en estos dos días estuve pensando mucho y la verdad es que estoy cansado. —Suspiró—. No quiero pasarme todo el año pensando en qué será lo próximo que harás para meterte conmigo. —Explicó—. Y también estoy cansado de hacerte cosas por algo tan estúpido como los celos de Shampoo. —Soltó un largo bufido—. Al final todo se resume a eso, sus celos fueron lo que ocasionaron esta riña entre nosotros.

Ella frunció el ceño.

—Yo diría que más que sus celos, fue tu reacción a ellos. Fuiste tú quien empezó todo. No tenías por qué…

—Sí, sí, lo sé. —Ranma trató de no perder la paciencia. Sabía que Akane no le dejaría irse de rositas tan fácilmente—. Y por eso he venido aquí. Para hablar contigo y además traerte eso. Me tomé el atrevimiento de anotar algunos temas sobre los que podrías basar la investigación. Es... mi manera de pedir la paz.

Y de darte las gracias por ser mejor persona que yo, pensó.

Sabía que Ranma Saotome no se disculparía con ella ni en un millón de años, así que tendría que conformarse con aquel gesto. Debía admitir que ella misma estaba agradecida con él, y no solo porque el martes no la hubiera dejado asumir toda la responsabilidad sola, ni porque hoy le hubiera traído la tarea, sino porque el chico había tenido la madurez y sensatez de querer firmar una tregua luego de todo lo que habían vivido. Estar todo el tiempo con la guardia alta también la agotaba.

—Está bien, acepto. Pero, solo para estar segura, voy a verificar la información con Sayuri, ¿vale?

Él asintió con la cabeza.

—Bien.

Akane extendió su mano y Ranma recordó que la última vez que la había tocado había sido el martes en la oficina de Miyakoji. La estrechó y la mano de Akane se le hizo diminuta entrecerrada con la suya.

—¿Para cuándo me dijiste que era? —Preguntó Akane tras soltarlo. Luego buscó su móvil, el cual había guardado en el elástico de su falda y le tomó una foto al papel, para después enviársela a Sayuri con un breve mensaje:

«Hola, Sayu. ¿Esta es la tarea de Historia?».

—Para el martes. —Contestó él mientras ella comenzaba a hojear el contenido de la carpeta.

Refrescaba, pero Akane no lo invitó a pasar en ningún momento. Ranma se metió las manos en los bolsillos de la chaqueta de chándal y observó el jardín de los Tendo. Sus ojos se iluminaron otra vez ante la visión del dojo.

—Eso es un dojo, ¿cierto?

Hacía mucho tiempo que no pisaba uno. Debía admitir que en los últimos años se había alejado radicalmente de todo lo que tuviera que ver con las artes marciales porque lo asociaba con momentos grises con su padre. Él estaba agradecido con su progenitor por haberlo introducido al mundo del deporte y haberle motivado a ser un buen atleta, pero no con sus métodos.

Akane alzó la vista ante la pregunta de Ranma y lo miró apenas durante unos segundos.

—Ah, sí. Es de mi familia. —Contestó como si fuera la cosa más normal del planeta y volvió a mirar las hojas, esta vez con el ceño fruncido—. ¿Cómo quiere que hagamos una investigación así en tan poco tiempo? —La pregunta fue más para sí misma que para él.

—¿Está activo? —Preguntó Ranma con interés—. Quiero decir, ¿lo usan?

Akane volvió a alzar la cabeza. Miró primero a Ranma y luego al dojo, para después volver sus ojos al papel.

—Sí, bueno, algo así. Ya no se usa para dar clases porque no está abierto al público, pero mi padre y yo lo utilizamos. A veces juntos, a veces por separado, a veces él con algún invitado. —Frunció el ceño—. ¿El trabajo es individual?

Ranma no dio crédito a lo que escuchó.

—Espera, ¿tú lo usas? —Preguntó ignorando la pregunta de Akane—. ¿Para entrenar?

—Sí, así es. Me gustan las artes marciales. —Repitió su pregunta—. ¿Es grupal o individual? No dice nada sobre eso. Y ayudaría un montón si fuera grupal...

—Es individual, pero el profesor dijo que podemos hacer la investigación en grupo; o sea, varias personas pueden investigar el mismo tema, lo importante es que cada quien entregue su propio análisis y ensayo.

Akane asintió con la cabeza. En ese momento, le llegó un mensaje de Sayuri:

«Hello, princess! Síp, esa es la tarea».

La menor de las Tendo miró a Ranma. Así que no había mentido. Se fijó en que los ojos del pelinegro estaban posados sobre el dojo. Observó la atención con la que su compañero de clases miraba aquel sitio, y pensó en que no había demasiadas cosas que mirara así, con esa… ¿nostalgia? ¿Anhelo? Le pareció curioso. ¿Le gustarían también las artes marciales? Bien, si él había tenido la humildad de ir hasta su casa para llevarle el trabajo y además ofrecerle una tregua, ella también podría tener un gesto con él.

—¿Te gustaría verlo?

Los ojos azules de Ranma volvieron a verla, salpicados por un destello de emoción.

—¿El dojo?

Ella asintió con la cabeza mientras pensaba que el tono azul oscuro de los ojos de Ranma era verdaderamente bonito.

—Me encantaría. —Respondió con lo que a Akane le pareció la expresión más sincera que había visto en él, al menos en las últimas semanas.

Cerró la carpeta y le indicó que la siguiera. Le explicó que el dojo conservaba su diseño original y que había sido renovado varias veces para mantenerlo en buen estado. Abrió la puerta del recinto y buscó el interruptor de la pared. Las luces se encendieron, dejando ver un dojo tradicional japonés en perfecto estado. Ranma no dio crédito a lo que veía.

—Es… impresionante.

Akane sonrió y dejó que Ranma recorriera el lugar. Se dirigió a una mesa que había pegada a una de las paredes del dojo y se sentó sobre ella, para terminar de leer todos los requisitos de la investigación y del trabajo. Mientras Ranma curioseaba en el dojo, ella aprovechó para preguntarle a Sayuri si ya sabía de qué tema haría la investigación y si quería que la hicieran juntas. Su amiga le respondió que sí, le dijo cuál era el tema que quería desarrollar, y le indicó que no tenía problema en trabajar con ella.

Ranma estuvo unos buenos tres minutos admirando cada detalle del dojo, incluso imaginándose a sí mismo entrenando allí. Se giró para mirar a Akane y preguntarle un poco más sobre lo que le había dicho antes, que ella y su padre lo utilizaban para entrenar. Notó que al sentarse sobre la mesa, la falda se le había subido ligeramente, dejando ver más de sus bonitas piernas. El chico intentó disimular su deseo al notar la línea que se le marcaba en los cuádriceps. Además, su piel se veía muy suave. ¿Lo sería? Seguramente sí, las chicas se cuidaban mucho. Las piernas de Akane desde luego le parecían muy atractivas. Se ven como las puertas al cielo, pensó.Ranma fue consciente de que incluso luego de todo lo que había ocurrido entre ellos, Akane le seguía pareciendo preciosa y súper sexy.

Se imaginó acercándose a ella y recorriendo sus piernas con sus manos, para luego levantarle la falda y ver de qué color era su ropa interior, y continuar tocándola en otros lugares. Estaban completamente en privado y dudaba que algún familiar de Akane fuera a pasarse por allí. Tampoco creía que el personal de servicio de su casa fuera a interrumpirlos si algo llegara a pasar entre ellos...

Pronto fue consciente del cariz de sus pensamientos y maldijo a sus hormonas por traicionarlo. Él no estaba allí ni para fantasear con Akane ni para enrollarse con ella, sino para firmar una tregua… algo que ya había hecho, así que debía salir de allí cuanto antes, pues su amigo podía hacer una de sus estelares e imprudentes apariciones. No sabía si era algo normal en todos los chicos de su edad, pero él desde luego se excitaba con mucha facilidad.

Akane, sintiéndose observada, dejó su móvil sobre la mesa y miró a Ranma. Parecía un poco hipnotizado y ensimismado en sus pensamientos, probablemente porque estaba algo embelesado con el dojo.

—¿Tú practicas artes marciales? —Le preguntó desde su sitio en la mesa, mientras movía los pies. Al ver que él asentía con la cabeza, Akane se mostró emocionada—. ¿De verdad? ¿Desde hace cuánto? ¿Cuáles practicas?

Bien, quizás no iba a morir por quedarse un rato más charlando con ella. Caminó hasta la mesa y se sentó junto a Akane, mientras le explicaba sin mucho detalle que su padre lo había entrenado desde muy pequeño, que le había enseñado karate y judo, y puede que un poco de jiu jitsu. Ella pareció sorprendida e interesada en partes iguales.

—¡Vaya! No tenía idea. Pensé que solo te gustaba el fútbol.

—Me gustan los dos, puede que uno más que otro. —Se encogió de hombros—. Las artes marciales me gustan, pero puede que las asocie con momentos no tan gratos. —Explicó recordando lo duro que había sido entrenar con su padre—. Con el fútbol, en cambio, me siento más libre, siento que puedo disfrutar algo que yo mismo elegí.

Akane lo miró con las cejas alzadas. No había esperado que Ranma se abriera así con ella, pero eso servía para conocerlo un poco mejor. Eso la hizo recordar algo que la había preocupado un poco durante esos días.

—Oye, Ranma. ¿Tuviste problemas en casa?

El chico la miró con atención antes de hablar.

—¿A qué te refieres?

—Con la suspensión. —Respondió Akane—. Ese día estabas… preocupado porque tus padres podrían enterarse.

Él recordó que Akane le había ayudado a tranquilizarse al haberse alterado frente a la directora Miyakoji. Incluso había parecido preocupada por él.

—No tuve problemas esta vez. Cuando llegué a mi casa ese día, mi madre me contó que mi padre saldría de viaje fuera de la ciudad hasta hoy. —Explicó—. A ella tuve que contarle que estaba suspendido, pero tampoco entré en detalles sobre el motivo de la pelea. —Recordó que le había dicho a Nodoka que la suspensión era porque él y otros chicos del equipo hicieron un desastre en la piscina por estar jugando al fútbol. No quería que su madre supiera que se había peleado con una chica—. Y me dio algo de lata, pero me prometió no contárselo a mi padre. Es muy buena. —Esbozó una pequeña sonrisa—. La verdad es que no sé qué haría sin ella en mi vida, es la mejor madre del mundo.

Akane sintió una punzada de nostalgia en su pecho. Eso último que le había dicho a Ranma era algo que ella había pensado toda su vida de su propia madre... hasta que falleció cuando ella cumplió trece años. De sus tres hermanas, Akane fue la que lo pasó peor con la muerte de su mamá, y a quien más le costó asimilar y superar la pérdida. Todavía había momentos en los que no sabía qué hacer y se sentía perdida sin el amor y el cobijo de su madre. Ranma sí que era afortunado.

El chico notó que el semblante de su compañera había cambiado, aunque no supo por qué. Tal vez… tal vez ella se hubiera metido en problemas en casa.

—¿Y tú? —Le preguntó e intentó bromear con ella para cambiarle la cara—. ¿Te dejaron irte de rositas o te van a enviar a un internado en Suiza para que aprendas a comportarte como una señorita decente?

Akane se rió ante esas dos últimas palabras. Ranma las había dicho imitando el tono de voz de la directora Miyakoji.

—No, desgraciadamente para ti no iré a un internado en el extranjero. —Respondió con humor—. Al igual que tú, yo también modifiqué ligeramente los motivos de la suspensión.

Con ligeramente quería decir completamente. Le había contado a Soun que su suspensión se debía a que había se había saltado un par de clases con algunas chicas del equipo de voleibol, y las habían pillado. Sabía que su padre, aunque no estaría de acuerdo, no la castigaría por algo así. Akane siempre se había portado bien y para Soun el haberse saltado clases era algo que cualquier adolescente hacía en algún momento de su vida. Eso sí, le pidió que no volviera a repetirlo, pues con una vez (y con una sola suspensión) bastaba.

—Con el equipo de fútbol no tendrás problema, ¿no? ¿No van a suspenderte? —Inquirió Akane—. Se vienen varios partidos importantes y creo que el equipo se vería perjudicado sin ti, eres muy bueno.

Tan pronto como había dicho eso, Akane se arrepintió. Ranma tenía el ego demasiado grande y no necesitaba que otra persona le dijera lo buen jugador que era y lo importante que era para el equipo de Furinkan. Pero el chico tenía otra cosa en mente.

—Oye, ¿puedo hacerte una pregunta? —No esperó a que ella respondiera—. Si te gusta el fútbol, ¿cómo es que no lo practicas en la Academia?

Akane miró al frente mientras pensaba su respuesta. Ranma la observó de perfil. Notó que tenía una nariz muy bonita y que además sus pestañas eran largas y espesas. Pero su boca… su boca era lo que verdaderamente se robaba la atención. Tenía unos labios carnosos y atractivos.

—Bueno, es que sí me gusta, pero no soy tan buena. No para jugarlo. —Dijo Akane, ajena a los pensamientos de Ranma—. Creo que no soy muy habilidosa con los pies más que para correr rápido y algunos otros movimientos. —Explicó y lo miró unos segundos antes de volver su vista al frente—. Por eso prefiero el voleibol y el tenis de mesa, me es más fácil controlar cosas con las manos.

A Ranma le extrañó el repentino episodio de sinceridad de su compañera de clases, aunque agradeció mentalmente que le contara esas cosas, pues era una forma de entenderla mejor, incluso aunque él creyera que no tuviera razón.

—Entiendo, aunque creo que estás equivocada. —Respondió con resolución.

Akane frunció el ceño y giró su rostro para mirarlo.

—¿Qué?

—Sí. De hecho, creo que eso que has dicho es solo una excusa para no exigirte más. —Añadió—. Tú eres una persona atlética, Akane, lo que significa que los deportes en general se te darán bien naturalmente. Y no sé de dónde sacas que para jugar al fútbol tienes que dominar el balón con precisión de cirujano. Hay grandes jugadores que no regateaban con tanta habilidad. No todas las posiciones requieren de una gambeta maradoniana.

Akane negó con la cabeza y miró al techo. Claro, como él sí tenía talento...

—Para ti es fácil decirlo porque tú sí que eres bueno. —Comentó, no gustándole que él le restara importancia a su testimonio o que alegara que estaba buscando excusas—. Además, ¿qué posición debería jugar donde regatear no esa una norma? ¿Defensa central, contención? —Se rió—. Vamos, Ranma, no tengo ni el tamaño ni el físico para eso.

Él rodó los ojos.

—¿Y Mascherano sí lo tenía? ¿Cannavaro? Akane, hay demasiados jugadores…

—Mascherano tiene una personalidad…

—¡Tú también! —Exclamó él y se bajó de la mesa para poder mirar a Akane de frente—. Tienes un carácter súper fuerte. No te dejas de nadie. No necesitas medir un metro dos metros ni pesar ochenta kilos para intimidar a ninguna persona.

Si Ranma se hubiera quedado callado en ese momento, Akane casi le hubiera agradecido mentalmente las palabras de apoyo; ccasi se sentía halagada por él. En cambio, el pelinegro decidió agregar algo más. Algo que tuvo el efecto contrario en la menor de las Tendo.

—A las chicas como tú se les dan bien los deportes por una razón.

Akane, que se había puesto a la defensiva desde el momento en que Ranma le había dicho que estaba equivocada, sintió que aquello, lejos de ser un comentario positivo, era una provocación. Un comentario sexista de los que ya no le aguantaba a ningún chico.

—Las chicas… ¿como yo? —Preguntó. Él asintió con la cabeza—. ¿Y cómo son las chicas como yo, Ranma?

Él pareció pensarlo, sin ser consciente de que no estaba yendo por buen camino.

—Pues, así, como tú... poco delicadas, algo bruscas, menos fem…

Su frase quedó a medias, pues se había dado cuenta de lo que estaba diciendo no solo era una imprudencia, sino que además había ofendido a su compañera. El rostro de Akane adquirió una coloración rojiza, propia de la rabia contenida. Ranma la observó fruncir el ceño, apretar los labios y colocar ambas manos en el borde de la mesa para inclinarse hacia adelante y acercar su rostro al de él.

—Eres un grosero.

Él frunció el ceño. Bien, sabía que lo que había dicho estaba fuera de lugar pero tampoco era para que ella se molestara tanto.

—Oye, no te pongas así. No quise ofenderte.

—No, claro que no. Tú nunca quieres ofenderme. —Dijo ella con ironía, yendo de cero a cien en pocos segundos—. Igual que no quisiste hacerlo cuando te burlaste de mí en casa de Hiroshi jugando Pictionary ni cuando me diste un pelotazo, ¿verdad?

—Akane —la interrumpió—, se supone que estamos de tregua. Y una tregua implica no sacar cosas en cara y dejar atrás lo...

—¿Seguro? —Acentuó su ceño fruncido—. Porque estoy a punto de creer que has venido aquí para ponerme de mal humor. Y para variar, lo estás consiguiendo...

Ranma se pasó una mano por la cara. ¿Cómo habían pasado de hablar pacíficamente a discutir?

—No he venido aquí para eso, ¿vale? Sino para firmar la paz. —Contestó exasperado. Tampoco le iba a rogar—. Pero si tú no puedes actuar como una persona madura y aceptar mi tregua, pues entonces…

Akane soltó una risa burlona y negó con la cabeza mientras miraba al techo.

—¿Ves como no te cansas de decir cosas para molestarme? Sí, sí, ya lo sé. Vas a decirme que no lo haces con mala intención. Tu problema, Ranma, es que vas por la vida haciendo y diciendo cosas que molestan a otros y excusándote con que no lo has hecho con mala intención. —Lo miró con severidad—. ¿No crees que hay un patrón? Yo lo veo claramente, desde el momento en que escribiste mi nombre en esa lista como una "broma". —Dijo haciendo el signo de comillas con sus dedos—. Allí tampoco tenías una mala intención, ¿no? —Se bajó de la mesa—. Será mejor que te vayas por donde has venido y no...

Y aquello fue la gota que derramó el vaso. Las palabras se acumularon en la garganta de Ranma al punto de no poder detenerlas. No iba a dejar que ella rompiera su tregua, ¡no ahora que finalmente la había conseguido!

—¿Sabes qué? En eso sí que tienes razón. —Le dijo visiblemente irritado—. Cuando escribí tu nombre en esa lista de mierda no tenía mala intención.

Akane abrió ambos ojos con sorpresa, como si no pudiera creer que Ranma fuera tan descarado. Y a él no le gustó nada esa expresión, así que no la dejó hablar.

—¡Escribí tu nombre en serio! —Exclamó enojado—. Lo que pasó después fue para que Shampoo me perdonara, tuve que inventar una historia sobre… da igual, pero originalmente escribí tu nombre porque…

Porque me pones, pensó. No. Porque me gustas. Silencio.

Ella no daba crédito a lo que estaba escuchando. No podía creer que Ranma Saotome estuviera confensándole que había escrito su nombre en serio. No podía ser real porque no tenía sentido. Él, que no había hecho otra cosa que meterse con ella, humillarla y dejarle muy claro que no la tocaría ni con un palo, ahora le decía eso. ¡Ja! Ella no iba a tragarse ese acto, por más preciosos que fueran esos ojazos azules, por más que le gustaran sus fuertes brazos, o por más bonitas que fueran sus estúpidas cejas negras.

—Ranma, si este es otro de tus numeritos, te juro que…

—No es un numer… —Bufó, sin saber qué significaba aquello—. ¿Qué coño es un numerito?

Akane lo miró sin decir nada, notando que los ojos de Ranma, aunque expresaban mosqueo y desesperación, parecían sinceros. Como si de verdad le molestara que ella no le creyera. Como si estuviera diciendo la verdad. Como si… tragó grueso. ¿Podía ser…?

—¿Yo te…? —Las palabras se le atragantaron. No era capaz de hacerle esa pregunta—. No…

Pero él ya había tenido suficiente. Se le había escapado la situación de las manos y hasta parecía que estaban peor que cuando habían empezado a hablar. Ya había dejado su orgullo una vez de lado, ¿qué más daba una segunda? Su objetivo al ir allí había sido el de firmar una tregua, así que se marcharía habiéndolo hecho, así tuviera que pasarse toda la tarde explicándole a esa chica tan necia y testaruda que no le estaba tomando el pelo.

—¿Necesitas que te lo diga más claramente para que de verdad me creas? —Le preguntó caminando hacia ella, notando que Akane daba dos pasos hacia atrás, hasta toparse con la mesa—. ¿En serio eso es lo que va a tomar que aceptes mi tregua y dejemos a un lado estas peleas estúpidas? ¿Quieres que lo diga expresamente para que dejes de pensar que solo quiero joderte la paciencia? Vale, pues te lo digo.

Akane notó que Ranma se le había acercado demasiado y que no podía seguir huyendo, estando casi atrapada entre el pelinegro y la mesa. El chico parecía no haberse dado cuenta de lo cerca que estaban, pues su semblante no había cambiado ni un poco. El corazón de Akane latía tan fuerte que por un momento pensó que iba a salírsele por la garganta.

—Lo que ponía el papel, lo que escribí —le dijo él sin abandonar su semblante enojado—, era en serio. No lo escribí para bromear. Lo escribí porque era lo que sentía en ese momento.

Recientemente, Akane había leído un libro llamado Gone Girl, en el que la protagonista y su interés amoroso compartían un beso luego de que un saco de azúcar glas cayera al suelo y se rompiera, ocasionando una nube de polvo blanco y dulzón que lo inundó todo a su alrededor. En aquel momento, Akane sintió que la confesión de Ranma había caído en el dojo de esa misma forma, y que sus palabras se quedaban en el aire, haciendo que fuera imposible pensar en cualquier otra cosa. ¿Lo peor de todo? Como el azúcar, las palabras le dejaban un dulce sabor en la boca.

—Vete. —Le dijo con un hilo de voz—. Vete ya de mi casa y haré como si nada de esto hubiera sucedido. Mantendremos la tregua.

Él frunció el ceño. Bien, al menos había accedido a la tregua, pero, ¿por qué sentía que solo se lo decía para que él se fuera? Esa no era la idea, y él no pensaba marcharse con un sabor agridulce en la boca. Necesitaba tener la certeza de que Akane no estaba enojada con él, ¡de que le creía!

—¿No me crees?

—No. —Respondió ella, esta vez dudando de su propia negativa, porque a juzgar por la expresión de su compañero, el chico no estaba mintiendo—. Yo no te gusto. Nunca te he gustado. —Aquello lo dijo más para convencerse a sí misma—. A ti te van las chicas como Shampoo: muy femeninas, con muchas curvas y completamente babeadas por ti.

¿Y ahora ella iba a decirle lo que a él le gustaba y lo que no le gustaba? Aquello solo acrecentó su ira. ¡Esta niñata era imposible!

—¡Qué vas a saber tú qué me gusta y qué no! —Espetó de forma despectiva, dándose cuenta por primera vez de lo cerca que estaba la boca de Akane de la suya. Miró sus labios. ¿En qué momento...?

—¡ me lo has dejado muy claro! —Contraatacó ella, sintiendo la respiración de Ranma rozarle la cara y haciendo que el chico volviera a mirarla. Necesitaba que se alejara de ella… ¡y que lo hiciera cuanto antes!

—¡Pues también me van las chicas que no se babean por mí, para que lo sepas! —Espetó—. ¡Las que corren los cien metros más rápido que todos y tienen un carácter que no se lo aguanta nadie! ¡Las que no se quedan calladas y van soltando guantazos cuando se molestan!

Ranma se dio cuenta de que básicamente acababa de confesarle que le gustaba. Al principio, sintió pánico recorrer su espina dorsal, pero al ver que ella no parecía molesta ni asqueada de que él le hubiera dicho eso, un mundo de posibilidades se abrió frente a él. Akane parecía nerviosa, tal vez por las palabras o por la cercanía (Ranma era consciente de que estaba invadiendo su espacio personal). ¿Sería posible que ella también se sintiera atraída hacia él? Aquella era una posibilidad que no había barajado sino hasta ese momento. Sintió una mezcla de emoción, adrenalina y excitación ante la idea de que sus deseos fueran correspondidos. Recordó todas las veces que se había tocado estando solo en su casa, fantaseando con distintas cosas, y la imagen de Akane había cruzado su mente. ¿Y si ella…?

Akane, por su parte, no hizo ni dijo nada más. Permaneció allí inmóvil, intentando asimilar todo lo que había escuchado. Por si fuera poco, un pensamiento había comenzado a taladrarle la mente. Le gustas…. le gustas en serio. En un gesto inconsciente, se lamió los labios.

Ranma no era ningún experto en temas de chicas o de lenguaje corporal, pero había escuchado y leído que las mujeres normalmente se lamían los labios cuando deseaban ser besadas. Guiado por un instinto más fuerte que él, decidió lanzar un órdago. El último movimiento antes de ganar la partida de mus.

—¿Y sabes qué creo, Akane? Que a esa chica a la que acabo de describir también le van los chicos como yo. —Había notado que le temblaban las manos, así que las colocó sobre la mesa, una a cada lado del cuerpo de la chica, haciendo que ella bajara la cabeza para ver que había quedado completamente acorralada—. O mejor dicho: también le voy yo.

Akane alzó el rostro y trató de mantener el contacto visual y de no perder la compostura. Podía sentir el olor a manzana que emanaba del pelo de Ranma. Podía ver muy de cerca sus ojos azules destellando una mezcla de emociones que ella no sabía si quería identificar. Podía ver las pequeñas y casi invisibles pecas que tenía en la nariz, las mejillas y la frente. Podía notar que sus respiraciones se habían mezclado y que ambos hablaban en susurros. Podía sentir que su cuerpo ya había comenzado a traicionarla.

Pero todavía le quedaba una mínima dosis de autocontrol y orgullo, así que no sucumbiría a sus bajos deseos tan fácilmente. Miró a Ranma alzando la barbilla.

—¿Y qué te hace pensar eso? —Le preguntó desafiante.

Ranma levantó una de sus manos y le pasó un mechón de pelo detrás de la oreja.

—Que no me has apartado en ningún momento desde que me acerqué a ti…

Akane perdió la batalla contra sí misma y le miró los labios a Ranma, preguntándose cómo se sentirían sobre los suyos. Por suerte o por desgracia, esa duda quedó resuelta segundos después, porque ver a Akane mirándole la boca fue demasiado para Ranma.

Acortó la distancia que separaba su rostro del de ella y la besó, colocando ambas manos en sus mejillas, sintiendo que era otra persona la que controlaba sus movimientos. Ella tardó unos segundos en corresponderle, pero en cuanto lo hizo, sus labios reconocieron los de él como si se hubieran besado miles de veces en vidas pasadas. El chico terminó de eliminar la poca distancia que todavía quedaba entre ellos, pegando su cuerpo completamente al de Akane, disfrutando de la sensación de tenerla tan cerca. Como ella no hizo nada para apartarlo y de hecho estaba correspondiéndole con ganas, Ranma se atrevió a rodear su cuerpo con un brazo mientras con su otra mano continuaba acariciando su mejilla. Sin pedir permiso, profundizó el beso, muriéndose de ganas de devorar esa boca con la que había fantaseado varias veces.

Pero aquella burbuja de pasión no tardó en explotar. Akane le dio un fuerte empujón que lo hizo abrir los ojos y tensarse en su sitio. Ranma la miró nervioso, esperándose el tortazo. Akane sentía que el corazón iba a salírsele del pecho mientras procesaba lo que acababa de pasar.

Nos hemos besado. Me ha besado. Nos hemos besado y me ha gustado.

Las mejillas de Ranma se habían puesto coloradas, ya fuera por la efusividad del beso o porque ella lo había empujado. El caso es que ver ese color en su rostro y sentirlo tan cerca de ella la hizo sentirse mareada y confundida. Su cuerpo casi se había derretido al sentirlo tan cerca, y debía admitir que sus labios se habían sentido como la gloria y que jamás un beso le había gustado tanto como ése.

Ugh. Ya no iba a negárselo. ¿Por qué ese estúpido tenía que gustarle tanto?

—Baka.

Ranma ni siquiera pudo responder, los labios de Akane se lo impidieron. Al igual que había hecho él un minuto atrás, la chica colocó sus manos en sus mejillas y lo besó con una pasión y una entrega que no pensó recibir jamás de ella, y esta vez fue él quien demoró algunos segundos en devolverle el beso. Pronto la abrazó por la cintura y se sintió en el paraíso al sentir la forma de sus curvas bajo sus brazos. No había abrazado de esa forma a demasiadas chicas, pero le fascinaba sentir la estrechez de sus cinturas, la redondez de sus curvas y la fragilidad de sus cuerpos en contraste con la fuerza y firmeza del suyo.

Su compañera de clases era muy buena besando y de cerca olía todavía mejor que de lejos. Akane tenía un perfume que siempre le había gustado, pero olerla en el instituto cuando se sentaba junto a él no se comparaba con tenerla tan cerca. Embriagado por aquel aroma femenino, separó sus labios de los de Akane para colocarlos en su cuello. Ella, que antes había puesto sus manos en el rostro de Ranma, rodeó su cuello con sus brazos para abrazarse todavía más a él. El chico sintió que estaba en un sueño cuando se dio cuenta de que sus cuerpos estaban todo lo pegados que podían estar. Besó el cuello de Akane y se atrevió a pasarle la lengua, haciendo que su compañera dejara escapar un suave gemido de su boca, que lo hizo perder la razón. Pronto los lengüetazos se convirtieron en mordiscos y las caricias en apretones.

Dios mío, pensó Ranma, esto es una jodida pasada.

Escuchar los suspiros y pequeños gemidos que Akane soltaba mientras él le besaba, lamía y mordía el cuello era lo más excitante que había presenciado y escuchado en toda su vida. Volvió a buscar su boca y la besó todavía más profundamente, con la única intención de dejarla sin aire. Cumplió su objetivo, pues pronto Akane separó su boca de él, y sin abrir los ojos, habló:

—Ranma, espera…

Pero él no podía esperar. Y tampoco quería. En ese momento no fue consciente de que había perdido por completo el control de sus acciones. Actuaba dominado por un instinto que hasta ese momento no sabía que tenía. Sentía que la sangre bullía por sus venas a una velocidad y una temperatura que jamás había sentido. Su cuerpo entero había entrado en un estado de embriaguez y deseo absoluto, nublándolo de cualquier juicio racional e impidiéndole hacer cualquier cosa que no fuera devorar a Akane. Por primera vez en su vida, era él el que tenía el control en una situación como esa, y no su compañera. Y por el momento, no pensaba cederlo.

La sentó sobre la mesa para continuar besándola y Akane continuó rodeándolo con sus perfectas piernas, lo que contribuyó para enloquecer más a Ranma. Creía que ya estaba lo más excitado que podía estar, pero con cada nueva cosa que hacía, descubría que todavía podía calentarse más. Ella enterró sus manos en su pelo y lo acarició con tanta fuerza que Ranma casi creyó que estaba tirando de él. El chico apretó sus nalgas y trató de no pensar demasiado en que su entrepierna estaba pegada a la de Akane. Estaba completamente duro y con aquel movimiento era imposible que Akane no lo notara, pero no le importó. Por el contrario, quiso que ella fuera consciente de cuánto lo había excitado, convencido de que si a él le excitaba pensar en que ella podía estar mojada, a ella seguramente le excitaría sentir su erección. Quiso colar su mano por debajo de su falda y por dentro de su ropa interior para comprobar lo que tanto deseaba, pero no se atrevió. Apenas y se aventuró a subir su mano derecha a uno de sus pechos… hasta que unas voces hicieron que ambos dejaran de besarse.

La menor de las Tendo reconoció inmediatamente las voces. Pertenecían a su hermana Nabiki y a sus amigas de la Academia. No era inusual que fueran al dojo, muchas veces lo usaban para estudiar alejadas del ajetreo de la casa. No tuvieron tiempo de hacer nada, pues justo en ese momento, la puerta del dojo se abrió.

—No estoy diciendo que la Todai no sea buena, pero obvio la Waseda es mucho mejor. Además es privada, y creo que eso podría…

La voz de Mokona, la mejor amiga de Nabiki, se cortó al entrar al dojo y ver a Akane con un chico pelinegro al que le parecía haber visto en la Academia. Estaban en una posición completamente comprometedora: ella sentada en la mesa con el chico de pie entre sus piernas abrazándola por la cintura, completamente despeinado.

Akane pronto se separó de él y se bajó de la mesa para acomodarse la falda y el suéter. Miró a Ranma y entró en pánico al ver que que sus jeans no ocultaban en lo más mínimo su erección.

—¿Interrumpimos algo? —Preguntó Nabiki mirando a su hermanita con una expresión que solo ellas dos entendían.

—Eh… no, no, para nada. —Dijo Akane tratando de aparentar naturalidad y buscó la carpeta que habían dejado olvidada sobre la mesa—. Ranma y yo solo… solo… solo estábamos hablando de una investigación. —Luego posó sus ojos en las amigas de su hermana—. Mokona, Aika, hola.

Pero ni Nabiki ni sus dos amigas se creyeron por un segundo aquella malísima interpretación de esos dos adolescentes nerviosos.

Ranma saludó a las tres chicas con su mano, sin ser consciente de que tenía el pelo completamente revuelto. Además de reconocer a Nabiki, la hermana de Akane, reconoció a Aika Shiota, que parecía completamente divertida ante la escena que acababa de presenciar.

—¿Una investigación? ¿De anatomía? —Preguntó Aika en tono burlón, haciendo que Mokona se llevara una mano a la boca para aguantarse la risa y que Nabiki reprimiera una sonrisa—. Iban bien encaminados, entonces.

Akane se sonrojó salvajemente, convencida de que jamás en su vida se había sentido tan avergonzada de nada. Había perdido el habla, incapaz de responder a la burla de Aika, dejando en evidencia su vergüenza y nerviosismo. Pero Ranma, no gustándole el tono burlón que había usado Aika con Akane, salió a su rescate.

—De Historia. Akane no fue a clases ni ayer ni hoy así que vine a traerle la tarea. —Expresó de forma tranquila y segura—. Vinimos aquí porque me gustan las artes marciales y ella tuvo la amabilidad de ofrecerse a mostrarme el dojo.

La menor de las Tendo le agradeció con la mirada por su intervención, sintiendo el corazón en la garganta.

—Y después nos quedamos aquí charlando sobre el trabajo.

Charlando, ya. —Esta vez fue Nabiki quien habló.

—Pero ya nos íbamos. —Añadió Akane, queriendo acabar con aquel momento cuanto antes.

La mediana de las Tendo decidió reservarse todos los comentarios y preguntas que tenía en mente. Ya tendría tiempo de bombardear a su hermanita hasta sacarle información antes de la cena.

—Vale —dijo con naturalidad—, nosotros venimos a estudiar Química.

Akane asintió con la cabeza y miró a Ranma, esperando que él captara el mensaje (vámonos ya) sin necesidad de que ella se lo dijera. Por suerte, el pelinegro la acompañó hasta la salida del dojo, despidiéndose de Nabiki y sus amigas en el camino. Cuando le pasó por al lado a Aika, la chica susurró:

—Tú sí que no pierdes tiempo, ¿eh?

Le guiñó un ojo, haciendo que Ranma se sonrojara y la mirara con ojos suplicantes. No era el momento de bromitas.

Una vez estuvieron fuera del dojo, la menor de los Tendo dejó salir un largo suspiro, cerró los ojos y se llevó las manos al rostro mientras negaba con la cabeza. Ranma la observó sin decir nada, sin poder creerse que hacía tan solo unos minutos había probado esos labios preciosos y la había tenido entre sus brazos.

—Lo siento. —Dijo ella cuando abrió los ojos y lo miró, mientras empezaba a caminar por el jardín—. No sabía que mi hermana vendría a estudiar hoy con sus amigas.

Ranma no supo si se estaba disculpando porque los habían interrumpido o porque los habían avergonzado, pero tampoco le preguntó. Todavía podía sentir la adrenalina y la excitación recorrerle las venas.

Akane, en cambio, sentía que su cara iba a explotar en cualquier momento. No solo se había besuqueado con Ranma (what!) en el dojo de la familia, sino que encima Nabiki y sus amigas los habían pillado in fraganti. Mientras caminaba hacia la entrada de la casa, recordó que además le había dado un empujón a Ranma y le había llamado baka. Dios mío, ¿en qué estaba pensando?

Al llegar al portal, sintió el peso de la mirada azul de Ranma sobre su rostro, pero no fue capaz de corresponderla.

—Gracias por traerme los deberes. —Le dijo sincera, evitando el contacto visual.

—Sí, claro. No hay problema.

Él se fijó en que ella todavía tenía los labios ligeramente hinchados por los deliciosos besos que habían compartido. Esa boquita se había convertido en el sitio más atrayente de todo el planeta...

—¿Mantenemos la tregua? —Le preguntó ella, pero no obtuvo respuesta, así que se aventuró a mirarlo. Sintió que se le hacía agua la boca al descubrirlo mirándole los labios.

—S-sí, claro. —Ranma se sonrojó al saberse descubierto.

Akane le extendió su mano y él la cogió para estrecharla.

—Nos vemos el lunes en clases. —Dijo ella.

Ranma volvió a asentir y se acercó torpemente a su rostro para darle un beso en la mejilla, impulsado por los restos de adrenalina que todavía quedaban dentro de él.

—A-adiós.

Antes de cometer cualquier otra locura, salió a la calle sin decir nada más, sin volverse a mirar a Akane.

Ella cerró la puerta y caminó con paso firme hasta la casa. Trotó escaleras arriba hacia su habitación, cogió un bolso en el que metió la carpeta que le había dado Ranma, sus llaves, su monedero y otras cosas. Mientras bajaba las escaleras, desbloqueó su móvil, entró a WhatsApp y abrió la conversación con Asami. Necesitaba desesperadamente confesar lo que había ocurrido y que su amiga, que tenía mucha experiencia con los chicos, le diera algo de claridad.

«Estoy yendo ya a tu casa. Ha pasado algo. #FemaleSOS».

Su padre estaba en el salón viendo un programa en la televisión.

—¡Voy a casa de Asami! —Dijo Akane acercándose a él y dándole un rápido beso en la mejilla—. Un ratito nada más, me dará los deberes que tengo pendientes, volveré para cenar. ¡Adiós!

Su padre ni siquiera tuvo tiempo de responderle. Akane salió pitando de la casa. Su reloj vibró. Mensaje de Asami, una pregunta que solía hacerles a sus amigas cuando quería dimensionar la magnitud de lo que querían contarle:

«¿Lluvia, granizo o tormenta?»

Akane fue escueta en su respuesta. Escueta, pero contundente:

«Huracán. Categoría cinco».


Ranma no recordaba nada del trayecto de casa de Akane hasta la suya, porque se había pasado todo el camino respirando profundo y tratando de no pensar en lo que había ocurrido entre ellos para no volver a excitarse, pero era muy difícil. Cada vez que veía a una chica con falda, o con un corte de pelo similar al de Akane, o algo que medianamente le recordara a un beso, su mente volaba al dojo de los Tendo.

Al llegar a su casa, incluso el acto de introducir la llave en el cerrojo le pareció una cruel analogía. Abrió la puerta con destreza y la cerró con velocidad. Mientras se descalzaba, escuchó la voz de su madre saludarlo desde la cocina, así que pasó a darle un beso rápido y luego se dirigió a su habitación con paso apresurado. Tras entrar, cerró la puerta con pestillo y se llevó las manos al pelo.

Joder, joder, joder. Se había besuqueado con Akane en el dojo de su familia... y le había encantado. Incluso podía decir casi con certeza que a ella también le había gustado. Akane le había devuelto el beso con la misma pasión con la que él la había besado, entregándose completamente al momento… y eso era lo que más lo enloquecía, saber que ella había correspondido a sus besos y sus caricias con las mismas ganas que él. Pensar que la chica probablemente se había excitado como él.

—Joder...

¿Quién hubiera dicho que su compañera de clases fuera tan buena besando? No podía sacarse de la mente la sensación de sus suaves labios contra su boca ni de su lengua jugueteando con la suya. Y tampoco podía dejar de pensar en lo increíble que hacía sido abrazarla, sentir su cuerpo femenino contra el de él, apretarla, acariciarla, rozarla. Y lo bien que olía...

Se llevó las manos a la nariz y comprobó que tenía el aroma de Akane impregnado en ellas. Incluso su propia ropa olía a ella. Esa marimacho podía ser brusca y ruda con él, pero ninguna chica lo había hecho sentir como ella. Ninguna chica lo había excitado tanto como ella aquella tarde, ni siquiera Shampoo.

—Akane…

Estaba completamente desesperado y se sentía groseramente traicionado por su propio cuerpo. Le había tomado un montón de cuadras, concentración y tiempo calmarse y serenarse, pero había sido pensar en Akane por unos segundos para que su cuerpo volviera a reaccionar.

Se llevó la mano a la entrepierna y sintió su miembro completamente duro, otra vez. Lo apretó bruscamente por encima de la tela, como si aquello fuera a disminuir el flujo sanguíneo hacia aquella parte. El efecto fue el opuesto.

Si quería que una erección como esa desapareciera, solo había una cosa que podía hacer, la misma que hacía siempre que se ponía a tono después de ver algo en el ordenador o en su móvil. Hacer aquello significaba aceptar que Akane de verdad le gustaba, que la deseaba muchísimo y que se moría de ganas por volver a repetir. Pero visto lo visto, en aquel momento el orgullo era un lujo que él no podía darse.

Asegurándose de haber puesto el pestillo a la puerta, se quitó la chaqueta de chándal y la camisa de jean que llevaba puestas, desabrochó los pantalones y se los bajó un poco, para luego acostarse en su cama. Después hizo lo mismo con su ropa interior y comenzó a tocarse. Su imaginación hizo el resto.

En su mente, recreó la escena del dojo, saboreando cada segundo que había pasado allí dentro con Akane. Pronto sus pensamientos evolucionaron y se imaginó que Akane estaba allí en su habitación con él y que era ella quien lo tocaba. Fantaseó con cómo sería quitarle la ropa y verla completamente desnuda, mientras se preguntaba cómo serían sus pezones y qué cosas le haría si la tuviera allí junto a él.

Cuando terminó, dejó salir un gemido que al mismo tiempo podía ser un gruñido, y su cuerpo finalmente se relajó sobre la cama. Masturbarse pensando en ella hacía que sus orgasmos fueran más intensos.

Como le ocurría siempre que llegaba al clímax, su mente necesitó de varios segundos para volver a funcionar con normalidad. Sintió que sus músculos se relajaban poco a poco y que tanto su respiración como su ritmo cardíaco disminuían. Fue entonces cuando volvió a abrir los ojos y se encontró con la luz del atardecer entrando por la ventana de su habitación.

Al incorporarse, se dio cuenta de que no solo había manchado de semen su camiseta, sino que además había salpicado la sábana. Maldijo mientras se quitaba la camiseta y usaba la prenda para limpiarse la mano y sus partes íntimas. Se subió los calzoncillos y los pantalones a duras penas y miró la cama, sintiendo la confusión y la emoción que le generaba saber que todo eso había sido causado por el deseo que sentía por Akane.

En el pasado había fantaseado con su compañera, cuando todavía no se llevaban mal, así que desearla no era algo nuevo para él. En realidad, lo que de verdad lo hacía sentir confundido y avergonzado, era saber que nunca antes había perdido la cabeza por nadie como lo había hecho por ella esa tarde en el dojo de su familia, y luego nuevamente estando solo. Akane Tendo le gustaba, le gustaba de verdad.

Y ya no había vuelta atrás.


En la habitación de Asami, Akane caminaba de un lado a otro, intentando organizar sus pensamientos e ideas para contarle a su amiga, que la observaba sentada en su cama, lo que había ocurrido hacía menos de una hora en el dojo de su familia.

—Akane, plis, dime algo aunque sea. Me estás poniendo nerviosa. —Le dijo Asami mirándola—. Una sola cosa.

Akane se detuvo en medio de la habitación y asintió con la cabeza, luego se dirigió a la cama y se sentó junto a su amiga, pero cuando abrió la boca para hablar, las palabras no saliero. Apartó la mirada y sintió que se sonrojaba al recordar lo que había ocurrido.

Asami, que era una chica inteligente y que además conocía muy bien a su amiga, intentó interpretar sus gestos y adivinar lo que estaba sucediendo. #FemaleSOS quería decir que había ocurrido algo importante. Akane parecía nerviosa e incluso ¿avergonzada?

Un pensamiento invadió la mente de Asami, quien abrió los ojos de forma exagerada y dejó de respirar.

—Por favor no me digas que tiene que ver con Tatewaki…

Akane miró a su amiga con una mezcla de horror y asco.

—¡No, no, no! ¡No! ¿Estás loca? —Negó con la cabeza para apartar el pensamiento—. ¡No es eso! ¿Cómo se te ocurre, 'Sami?

—¡Qué se yo! Me escribes diciendo que tu SOS es un huracán de categoría cinco y luego no hablas… ¡obviamente uno se imagina lo peor!

Akane soltó un largo suspiro. Podía abordar el tema de dos formas distintas: podía comenzar por decirle que Ranma había ido a su casa a dejarle una tarea y luego contarle que discutieron y terminaron besándose; o podía simplemente soltarle la bomba y luego contarle los detalles en orden cronológico de los hechos. Ella solía preferir el primer método, pero lo que había ocurrido ameritaba el segundo.

—Justo antes de escribirte... me lié con Ranma Saotome en el dojo.

Al principio, Asami no dijo ni hizo nada. Permaneció inmóvil e impasible en su cama, mirando a su amiga como si no hubiera escuchado lo que acababa de decirle. Pero poco a poco la expresión de su rostro fue cambiando; primero, parpadeó varias veces, como si aún estuviera procesando la bomba que Akane le había soltado; luego abrió la boca exageradamente mientras sus cejas subían y bajaban de forma exagerada.

—¿Con Ran…? Espera, espera, ¿el dojo? —Le mostró las palmas de sus manos a Akane, como si quisiera que se detuviera—. ¿Cuál do…? —Se llevó las manos a la boca—. ¡¿El dojo de tu casa?!

—¡Síiiii!

Esta vez fue Asami quien se puso de pie, con las manos todavía en la boca. Caminó por la habitación mientras intentaba atar cabos y elucubrar pensamientos lógicos sobre qué pudo haber pasado en el universo para que Akane y Ranma pasaran de ser, en tan solo una tarde, archienemigos a enemigos íntimos.

De pronto y sin quererlo, las imágenes de Aika, de Kira y de otras compañeras del equipo de animadoras surcaron su mente, haciendo que Asami se riera. Volvió a la cama y se sentó frente a su amiga. Posó su mano en el muslo de Akane y le sonrió.

—Quiero que sepas que en este momento eres la envidia de la mitad del cuerpo estudiantil de Furinkan.

Akane no supo si aquello la hacía sentir mejor o peor, pero definitivamente no era algo en lo que quería pensar en ese momento.

—Necesito que definas liar. —Demandó Asami—. Quiero todos los detalles. Todos.

Akane asintió con la cabeza y procedió a contarle parte por parte todo lo sucedido. Su amiga ya conocía los pormenores de la pelea en la piscina y el posterior castigo, así que le contó desde que Ranma llegó a su casa con la tarea de Historia hasta que se despidieron en el portal de su casa, él dándole un beso en la mejilla.

Asami había sospechado que a Akane le gustaba Ranma (y después de lo de la lista no era ningún secreto que al pelinegro le gustaba su amiga), pero jamás se imaginó que materializarían sus deseos tan pronto.

—¿No dices nada? —Inquirió Akane con nerviosismo. Estaba en la desesperada necesidad de un consejo, una palabra de aliento o cualquier cosa que Asami tuviera que decir para hacer que su mente frenara.

Asami, que había permanecido en silencio durante toda la historia, dejó salir una risita. Estaba muy sorprendida pero al mismo tiempo divertida. Asintió con la cabeza.

—Voy a hacerte varias preguntas que son primordiales para continuar. —Expresó con seriedad y Akane asintió con la cabeza, nerviosa—. Primera pregunta, ¿besa bien?

Akane se mordió el labio inferior al recordar los besos de Rama.

—Demasiado, 'Sami.

O sea que Shampoo tenía razón, pensó ella

—¿Te gustó? —Segunda pregunta—. Que te besara, besarlo, liarte con él. ¿Te gustó lo que pasó?

La menor de los Tendo no había tenido demasiado tiempo para detenerse a analizar aquello, pero tampoco lo había necesitado. Ella misma había vuelto a besar a Ranma luego de darle un empujón, y le había dejado hacer otras cosas, así que la respuesta era más que clara. ¿Que si le había gustado? ¡Le había fascinado! No solo la forma de besar de su compañero, también sus labios, su olor, sus manos, y la deliciosa electricidad que había habido entre ellos.

—Demasiado. —Contestó sincera.

Asami sonrió ante la franqueza de su amiga. Akane podía ser necia y orgullosa en ocasiones, pero no era una persona mentirosa y no solía negar lo evidente, al menos no ante sus amigas.

—Hoy ha sido un día de momentos inolvidables. —Comentó riéndose—. Pero definitivamente tú ganas.

Akane frunció el ceño.

—¿A qué te refieres?

Su amiga negó con la cabeza.

—Algo sin importancia. —No quería desviar el tema, pues aquella conversación se trataba de Akane y de Ranma—. Siguiente pregunta, ¿de…?

—Asami… te conozco, cuéntame. —La miró con insistencia—. ¿Pasó algo hoy en la Academia?

—Sí, pero no vamos a hablar del tema porque no me quiero desviar de esto.

Akane insistió, sintiendo que la curiosidad era más fuerte que su necesidad de ser aconsejada.

—Ok, pero al menos dime qué pasó.

Tras unos segundos de silencio, Asami respondió.

—Tuve sexo con Ryu en los camerinos del auditorio.

El rostro de Akane fue una amalgama de expresiones. Pasó de la incredulidad a la sorpresa, de la sorpresa al asombro, del asombro a la duda, y de la duda a lo que pareció ser una mezcla entre emoción y nervios. Frunció el ceño, parpadeó, cerró los ojos, los abrió.

—Oh, vamos. —Asami trató de restarle importancia—. No es la primera vez que Ryu y yo lo hacemos, tú lo sabes.

—Ya pero sí es la primera vez que lo hacen en el colegio, ¿o no?

. Se habían besado y manoseado con anterioridad en la Academia, pero jamás habían llegado tan lejos. Y no por falta de ganas, sino por prudencia.

—Sí, y si quieres después te cuento los detalles, pero ahora vamos a seguir con lo tuyo. —Volvió a poner su mano sobre la pierna de Akane—. ¿Cómo te sientes con lo que pasó? Con la oferta de tregua, los besos, etcétera...

Akane se dejó caer sobre las sábanas color lila y miró el techo.

—Ese es el problema, no sé cómo me siento. Obviamente estoy en paz con la idea de que hayamos hecho una tregua, esa parte está bien. Y sobre lo otro… me gustó besarme con Ranma, y la verdad tenía tiempo que no sentía todas esas cosas, pero…

—¿Te gustaría repetir? —Asami también se acostó en la cama, pero de lado.

—Físicamente, sí, me gustaría.

Akane había aprendido a interpretar, leer y escuchar su cuerpo. Si bien todavía le faltaba mucho camino por recorrer, tenía muy claro que Ranma la había excitado y que ese fuego que había sentido por todo su cuerpo al estar en sus brazos no se encontraba todos los días. Pero, ¿y qué pasaba con él? ¿A él le había gustado? Al final ese beso había sido un impulso de ambos y había surgido tras una discusión. Ni siquiera podían hablar por más de diez minutos sin comenzar a pelear, ¿en qué escenario posible podrían volver a besarse?

—Pero no sé, 'Sami. No sé si a él le gustó lo suficiente, si quiere repetir, si vamos a llevarnos bien. —Explicó—. Yo tengo muy claro que voy a respetar la tregua y me parece que Ranma también, pero eso no significa que nos llevemos bien, ¿me entiendes?

Completamente. Asami asintió con la cabeza y se incorporó hasta quedar sentada sobre la cama. Le indicó a Akane que hiciera lo mismo y le dijo que le haría una trenza en el pelo.

—Creo que no debes agobiarte por lo que pasó ni tampoco pensar demasiado en ello. —Fue lo primero que le dijo—. Déjalo fluir. Fueron solo unos besos y unas cuantas caricias que disfrutaste mucho, y seguramente él también. A veces lo mejor es dejar que las cosas tomen su curso natural y que pase lo que tenga que pasar.

—¿Tú crees?

—Sí, claro. Salvo que quieras escribirle para hablar del tema, no veo una mejor alternativa.

—¡No, no quiero hablar del tema con él!

Asami se rió. No podía ver el rostro de su amiga, pues la chica le estaba dando la espalda mientras ella la peinaba, pero podía intuir que se había sonrojado.

—Pues eso, deja que todo fluya. —Repitió—. Además, no es como si tuvieras que volver a verlo pronto. Es viernes, no lo verás hasta el lunes. ¡Por cierto! —Exclamó al recordar algo—. Le robé a mi mamá un rímel increíble. Cuando termine de hacerte la trenza, te lo pongo.

Akane asintió con la cabeza, complacida con los consejos y las atenciones recibidas. Su amiga tenía razón. No debía comerse la cabeza con ello, y aunque dudaba mucho que pudiera apartar lo ocurrido de sus pensamientos durante el fin de semana, definitivamente no dejaría que se le fuera la vida en ello.

Y cuando llegara el lunes, pues ya vería.


Esa noche, Ranma y sus padres se dirigieron a una cena familiar que tenían en la casa de un viejo amigo de Genma.

Ranma había permanecido todo el trayecto de su casa a la de los amigos de sus padres inmerso en su móvil, charlando con Daisuke, Hiroshi y Kano en Battle Royale, el grupo de WhatsApp que tenían los cuatro. Ni siquiera se dio cuenta de que Genma había aparcado el coche porque ya habían llegado, hasta que su madre le habló.

—Ranma, cariño, hemos llegado ya.

Alzó el rostro y miró a Nodoka. Asintió con la cabeza y se bajó del coche. Lo primero que notó es que estaban en un buen vecindario, una de esas zonas residenciales tranquilas y elegantes en las que había enormes casas y muchos árboles; lo segundo, era que él ya había estado allí; lo tercero que notó es que había ido ahí esa misma tarde.

Sintió que el mundo entero se le venía abajo al darse cuenta de dónde estaban. Tragó grueso cuando vio a sus padres caminar hacia la entrada del Dojo Tendo, y se quedó estático en su lugar sin poder creer su mala suerte. ¿Cómo era aquello posible? ¿Es que acaso el universo no se cansaba de reírse de él?

—Ranma, ¿vas a quedarte allí toda la noche o vas a venir a la cena? —La voz de su padre lo sacó de sus pensamientos. Se dio cuenta de que se había quedado junto al coche, así que se apresuró hacia la puerta del Dojo—. A ver si espabilas un poco, pequeñajo. —Le dijo Genma y lo despeinó por completo—. Que has estado perdido en las nebulosas desde que salimos de casa.

Ranma alejó la cabeza de la enorme mano de su padre y se arregló los mechones de pelo mientras se preparaba psicológicamente para lo que venía. La puerta al interior seguía abierta, así que los Saotome se adentraron en la propiedad de los Tendo.

—Papá, ¿cómo dijiste que se llama tu amigo? —Preguntó Ranma intentando que no se le notara el nerviosismo.

—Soun Tendo.

—Y… ¿solo vamos a cenar con él?

Genma frunció el ceño y miró a su hijo como si fuera un extraterrestre.

—A ver si me empiezas a prestar un poco más de atención cuando te hablo. —Negó con la cabeza mientras se quejaba del daño que le hacían los videojuegos y la tecnología a los adolescentes—. Vamos a cenar con él y su familia.

Nodoka asintió con la cabeza.

—El señor Tendo tiene tres hijas, Ranma. De hecho, dos de ellas van a la Academia Furinkan y tengo entendido que una de ellas va a tu clase. La menor, si no me equivoco.

El rostro de Ranma se desencajó por el nerviosismo. Agradeció que las luces del jardín fueran tenues, así su madre no notaría su sonrojo. Sin embargo, Nodoka sí que notó que el semblante de su hijo cambiaba ante la mención de las hijas del señor Tendo.

Cuando llegaron a la puerta, Genma tocó el timbre. Ranma respiró profundo e intentó fingir normalidad. No tenía idea de cómo haría para verle la cara a Akane después de lo que había ocurrido entre ellos aquella tarde, mucho menos luego de haberse masturbado pensando en ella y en todas las cochinadas que quería hacerle. Agradeció al cielo que además de los padres de ambos también estuvieran las hermanas de Akane, pues entre más gente hubiera en la mesa, mejor.

Pero no tuvo tiempo de indagar más, pues la puerta de entrada se abrió, y un altísimo hombre de bigote y pelo negro los saludó de forma efusiva y los hizo pasar.

Se dirigieron al amplio y bonito salón familiar y se sentaron en el sofá y en los sillones, mientras Soun les preguntaba si querían tomar algo y se dirigía a la cocina para buscar a Happosai, quien aparentemente era un mayordomo o algo así.

—¿La señora Tendo no se unirá a la cena? —Inquirió Ranma con la esperanza de que una persona más pudiera disminuir las interacciones entre él y Akane.

—Soun es viudo. —Contestó en voz baja Genma y miró a su esposa y a su hijo—. Y será mejor que no toquemos ese tema, especialmente frente a su hija menor.

Los ojos azules de Ranma se abrieron ante la sorpresa de descubrir un detalle como ése. Se sintió culpable al haber pensado en más de una ocasión que Akane era otra niña rica y malcriada que había tenido una vida fácil solo por tener dinero y un apellido importante. Bien, probablemente la chica no había tenido la peor de las vidas, pero él no podía imaginar cómo sería perder a su madre a una edad tan temprana. Si no fuera por Nodoka, su vida probablemente sería miserable. La amaba más que a ninguna otra persona en el mundo y estaba muy agradecido por la madre que le había tocado. Cada vez que necesitaba un consejo, un consuelo, un abrazo, era a su madre a quien acudía. Cada vez que se sentía perdido, abrumado o ansioso, su madre siempre conseguía calmarlo y mostrarle la luz. Él sabía que no podía acudir a su padre para ninguna de esas cosas, y pensó que si el padre de Akane era igual al suyo, probablemente sí había mucha tristeza en su vida. Pero lo bueno es que Akane tenía hermanas, y que además éstas eran mayores que ella, así que podían apoyarla y cuidarla en los momentos difíciles.

Soun volvió pronto al salón, y el tal Happosai no tardó en aparecer con bebidas para todos (vino para los adultos y una Coca-Cola para Ranma). Poco después, los acompañaron Kasumi y Nabiki Tendo, la mayor y la mediana, respectivamente. Después de las formalidades y los saludos, Ranma pensó que Kasumi era verdaderamente bonita y que tenía una mirada y una sonrisa muy dulces. En cuanto a Nabiki, la chica también era guapa, pero Ranma no pudo sostenerle la mirada después de que lo hubiera pillado besuqueándose con Akane en el dojo de la familia. Se preguntó si Aika y Nabiki y la otra chica habrían hablado de lo sucedido luego de que él y Akane se marcharan del dojo.

Nabiki, por su parte, pareció verdaderamente encantada y divertida con aquella inesperada coincidencia, y no dejó de enviarle miradas inquisidoras y burlonas a Ranma, del tipo «sé lo que hiciste el verano pasado», pero más en plan «sé lo que hiciste con mi hermana hace unas horas».

Los adultos charlaron entre ellos y Kasumi tuvo la gentileza de buscarle conversación a Ranma para hacerlo sentir cómodo y conocerlo un poco más. Él respondió a sus preguntas y se atrevió a preguntarle algunas cosas a ella e incluso a Nabiki, aunque en ningún momento preguntó por el paradero de Akane. Poco después, la dulce voz de Nodoka volvió a atraer la atención de los jóvenes.

—Entonces, ¿tus hijas van a la Academia Funrinkan, cierto?

Soun asintió con la cabeza.

—Sí, dos de ellas. Kasumi ya va a la universidad, pero Nabiki y Akane están aún en el instituto. —Miró a Ranma de forma amable—. De hecho, Akane también va al penúltimo año, como tú. ¿Están en la misma clase?

—S-sí, así es señor Tendo. —Respondió escuetamente, intentando no sonrojarse ante la mención de Akane. ¿Dónde estaría?

—¡Oh, cuánto me alegro! —Exclamó emocionado—. Es bueno saber que mi Akane estudia con alguien de confianza. —Posó sus ojos en el matrimonio Saotome—. Saben cómo son los chicos a esa edad, siempre metiéndose en problemas y queriendo experimentar con su libertad. Es bueno saber que Akane puede contar con un buen chico como Ranma.

Nodoka esbozó una sonrisa cordial y Genma asintió con la cabeza.

—Así es, Ranma es muy bien chico. —Respondió Genma y miró de reojo a su retoño—. Estoy seguro de que cuidará de tu hija y no dejará que nadie se aproveche de ella, ¿verdad, hijo?

Ranma no pudo evitar sonrojarse por completo ante la cálida mirada del padre de Akane y ante el compromiso que su padre estaba imponiéndole.

—Por supuesto.

Su respuesta llegó con una resolución y una seguridad que no solo no sentía en ese momento, sino que además lo sorprendió. ¿Por supuesto? ¿Qué clase de hipócrita eres? No había hecho otra cosa que meterse con ella en las últimas semanas, y para colmo aquel mismo día se habían besuqueado en el sagrado Dojo de la familia. Y solo se besaron por la interrupción de Nabiki, porque si hubiera sido por Ranma, le hubiera hecho muchas otras cosas a la menor de los Tendo.

—Bueno, papá, yo creo que Akane sabe cuidarse sola perfectamente. —Comentó Nabiki mientras cogía una de las giosas de edamame que Happosai había servido para picotear.

—Oh, claro, cariño. Pero siempre es bueno tener a alguien de confianza cerca. Alguien a quien pueda acudir si tiene algún problema.

Nabiki, que no se tragaba el cuento de que Ranma fuera una blanca e inocente paloma, sobre todo luego de haberlo encontrado magreando a su hermana en el dojo (¡tan tranquilita y bien portada que se veía Akane!), lo miró con una ceja alzada.

—Claro, papá. Alguien que no vaya a aprovecharse de Akane y que no tenga malas intenciones con ella…

—Así es.

El sonrojo de Ranma fue tal que tuvo coger su vaso de la mesa para beberse el contenido completo de líquido helado. Se sentía como un rufián y un aprovechado no solo por haberse dado el lote con Akane en el Dojo, sino por haberse tocado pensando en ella un rato después. Tan solo horas antes de esta estúpida cena.

Sintió la cálida mano de su madre sobre su espalda.

—Cariño, ¿estás bien? —Le preguntó en voz baja.

—Sí, sí. Estoy bien. —Sonrió pero no fue capaz de mantener la mirada por más tiempo.

—La cena está lista. —Indicó el peculiar anciano que fungía como mayordomo de la casa—. Pueden pasar a la mesa.

Todos se pusieron de pie y se dirigieron al comedor, mientras Ranma pensaba en que al menos debía agradecer que la protagonista de sus fantasías sexuales no estuviera presente en aquella cena. Al menos no todo era tan malo y no tendría que esforzarse tanto por disimular.

Fue entonces, mientras volvía a relajarse sobre su cómodo asiento y disfrutaba de la vista del delicioso manjar que estaban a punto de saborear, cuando se dio cuenta de que el universo tenía un jodido sentido del humor… porque Akane acababa de aparecer en el comedor vistiendo aquella maldita falda azul índigo que lo había vuelto loco toda la tarde.

—Lamento el retraso.

—¡Akane, cariño! —Exclamó Soun con emoción—. Déjame presentarte mi amigo Genma y a su familia.

Ella, que le había sonreído a su padre nada más hacer aparición en la sala, borró su sonrisa cuando se percató de que Ranma estaba allí. Su expresión cambió por completo a una de incredulidad y de vergüenza, algo que ni Nabiki ni Nodoka pasaron por alto. Sonrojándose también, Ranma se puso de pie al igual que sus padres para saludar a la recién llegada.

—¿Cómo estás, Akane? Seguro no me recuerdas porque cuando te conocí eras solo un bebé. —Dijo Genma divertido.

—Un bebé muy pequeño pero muy bonito. —Añadió Nodoka con dulzura—. Estás hecha toda una señorita. ¿Ya conoces a Ranma, verdad? Nos dijo que están en la misma clase.

Akane recordaba que su padre le había dicho que esa noche cenarían con un matrimonio amigo de él y con su hijo, a quienes no veía hacía muchos años. Les contó a ella y a sus hermanas que la última vez que los había visto había sido en una visita exprés cuando Akane tenía un par de meses de haber nacido, por lo que era evidente que no recordaran nada.

—Sí, así es. —Contestó Akane con cordialidad, correspondiendo a la cálida sonrisa de la madre de Ranma—. Ranma y yo somos compañeros de clase. Nos sentamos uno al lado del otro, de hecho.

El aludido dio un paso adelante y notó que Akane, repuesta de su sorpresa inicial, estaba actuando con naturalidad o al menos intentando disimular su sorpresa (y vergüenza), lo cual se le daba bastante mejor que a él. Se acercó a ella para darle un beso en la mejilla, sintiendo que la piel de Akane le quemaba los labios al tocarla. Notó que se había maquillado un poco e intentó disimular su sorpresa, pues nunca la había visto así. Se veía completamente preciosa con aquel atuendo y lo que sea que se hubiera puesto en los ojos.

La menor de los Tendo tomó su lugar en la mesa, el cual por supuesto no podía ser otro que uno junto a Ranma. Aquel que dijera que la vida era una tragedia probablemente tenía un terrible sentido del humor. La vida era una comedia, o si no pregúntenle a Ranma.

La cena continuó y a pesar de que la comida estaba exquisita, a Ranma estaba costándole concentrarse únicamente en el sabor y la textura de los alimentos, ya que su mente solo podía pensar en que esa misma tarde había besado a esa chica tan guapa que estaba sentada junto a él comiendo en silencio. ¿Y si le decía que se encontraran en el dojo después de cenar? Los adultos normalmente se quedaban bebiendo café o algún licor luego de esas comidas así...

¡No, Ranma, no! Contrólate Y deja de mirarla así, la estás incomodando.

Aquel inesperado encuentro estaba resultando mucho más violento de lo que ambos hubieran querido. Ranma sabía que era demasiado obvio con sus miradas, pero no podía apartar sus ojos de Akane. Ella, por su parte, era consciente de que el pelinegro cada tanto alzaba la vista de su plato y la observaba con mucho interés. ¿Estaría arrepentido por lo que había ocurrido entre ellos? ¿Avergonzado? ¿O tal vez estaría pensando en repetir? Ese último pensamiento hizo que un calor muy agradable se apoderara de ella.

—Disculpa, ¿dónde está el baño?

La voz de Ranma, que se dirigía a Kasumi, la hizo mirarlo. Su hermana mayor le dio algunas indicaciones pero, al ver el rostro dubitativo de Ranma, miró a Akane.

—Akane, ¿por qué no le muestras a Ranma dónde está el baño?

Genial, lo único que me faltaba era quedarme solo con ella...

Si aquello le molestó, la chica no lo demostró. Asintió con la cabeza y se puso de pie, esperando que Ranma la siguiera. Caminaron por un pasillo hasta que llegaron a una puerta cerrada. Akane le indicó que ese era el baño. El chico le dio las gracias y entró, encendiendo la luz y cerrando la puerta tras de sí.

Ranma se miró en el espejo antes de echarse agua en la cara.

—Tranquílizate y actúa natural. Y no vayas a decir una imprudencia. —Dijo y abrió el grifo para enjuagarse la cara—. ¿Por qué tiene que gustarme tanto?

Respiró profundo y pensó que lo mejor sería actuar como si nada hubiera ocurrido. Como si Akane y él fueran buenos compañeros de clase. Amigos incluso. Se secó la cara con una toalla, apagó la luz y salió del baño. Ella seguía allí, esperándolo recostada de la pared con la mirada perdida en sus pies.

—Tu casa es muy bonita.

—¿Tú crees? —Lo miró.

—Sí. Jamás había estado en un lugar así. Han combinado la arquitectura tradicional japonesa con algunas cosas modernas. Y luego está el jardín y el dojo, que son genial… —Calló al notar que Akane se removía incómoda ante la mención del dojo—. Toda tu casa es… increíble. —La miró—. Eres muy afortunada de haber crecido y de vivir en un sitio así.

—Gracias. —Contestó ella y comenzó a caminar para volver al comedor—. Tú eres afortunado de tener una madre tan dulce como la señora Nodoka.

La mirada de Akane se había tornado triste. Aquello solo sirvió para que su sentimiento de culpa se hiciera todavía mayor.

—Oye, Akane.

Ella se dio la vuelta y lo observó. Llevaba puesta una camisa manga larga de color vinotinto, chinos negros y unas zapatillas del mismo color que su camisa. Eran las mismas zapatillas adidas que había usado el día que ella lo empujó a la piscina.

—Sobre lo de esta tarde…

Por primera vez desde que lo conocía, Akane percibió algo de timidez en la mirada azul de Ranma. ¿Querría hablarle de los besos o de su confesión? Ella no estaba preparada para hablar de ninguna de los dos, e intuía que a él tampoco se le estaba haciendo fácil iniciar la conversación.

—No tenemos que hablar de eso. —Akane fue cortante. Estaban solos en el pasillo y eso la estaba poniendo nerviosa—. No es necesario.

—Lo sé, pero me gustaría que…

—No debí haberte dado un empujón ni tampoco haberte dicho baka. —Lo interrumpió—. No fue apropiado y no lo merecías, lo siento.

Ranma la miró sin decir nada, sorprendido de que la chica se disculpara por algo que él ni siquiera recordaba. Él quería hablar de lo sucedido y decirle que lo había disfrutado mucho, y que esperaba que pudieran mantener la tregua, pero Akane parecía muy incómoda y avergonzada. Suspiró.

—Está bien, no te preocupes. ¿Vamos?

Ella pareció aliviada y asintió con la cabeza.

Mientras volvían al comedor, Ranma creyó entender lo que podía estar pasando. Akane se había dejado llevar por el momento y por eso le había correspondido, pero luego de haber reflexionado, la chica probablemente se había dado cuenta de que lo sucedido entre ellos en el dojo había sido un error. Sintió una punzada de incomodidad en el pecho mientras tomaba asiento en la mesa, pensando en que sus deseos no eran correspondidos.

Tal vez lo mejor fuera simplemente dejarlo ir.


Creo que este capítulo fue de cero a cien en segundos, ¿no? Pero vamos por partes.

Empezaré con lo ocurrido en el auditorio de la Academia: los camerinos de mi colegio siempre estaban cerrados (salvo que hubiera obra) porque la gente se portaba muy mal. La pareja de Ryu y Asami es mi guilty pleasure por varios motivos, y sé que hay lectoras a las que también les gusta. Lo único que les digo es que se preparen para cualquier cosa. La otra canción de Dua Lipa que se ajusta muy bien a esta relación es Good in Bed.

Pasemos a lo sucedido en el dojo Tendo: estoy convencida de que pocos imaginaron el primer beso de Ranma y Akane tan ¿intenso? ¿Directo al grano? Pero las sutilezas no son precisamente mi estilo (ni tampoco son el estilo de Akane y Ranma, seamos honestos), así que creo que para esta historia en particular ha quedado bien. ¿Qué les ha parecido? ¿Hubieran preferido algo más dulce e inocentón? ¿O por el contrario, que Nabiki no los interrumpiera?

Y hablando de Nabiki... por supuesto que su segunda aparición en esta historia tenía que ser estelar, ¡y además iba muy bien acompañada! Les advierto que eso traerá cola. Yo creo que a Ranma le hubiera gustado ser un avestruz para poder enterrar la cabeza en la tierra, no solo en el dojo sino luego en la cena con los Tendo. Sobre la cena: parece ser que el más nervioso o afectado por lo ocurrido en el dojo fue Ranma, aunque eso puede deberse a que Akane ya se desahogó con una amiga y Ranma aún no le ha contado a nadie lo que pasó. We'll see.

¿Qué estará pasando por la mente de cada uno? ¿Querrán repetir? ¿Intentarán un acercamiento sutil? ¿Lo dejarán pasar y harán como si nada hubiera ocurrido? Para estas y otras respuestas (y para más dudas), el próximo capítulo.