Aviones de papel
Capítulo 7:
"
In extremis"

Si la mañana del lunes alguno de los estudiantes de aquella clase hubiera tenido que adivinar o deducir que entre Akane Tendo y Ranma Saotome había ocurrido algo fuera de lo normal el día viernes, no habrían podido hacerlo, al menos no a juzgar por su comportamiento.

Cada uno llegó a clases a su hora habitual. Como siempre, él arribó primero que ella y se puso a charlar con los compañeros que ya estaban en el salón de clases. Poco después llegó Akane, quien dio los buenos días a sus compañeros cuando entró al aula, como hacía cada mañana al llegar. Al pasar por el pasillo que separaba su pupitre del de Ranma, hizo contacto visual con él y lo saludó con un gesto, pero no se fijó en si él le correspondía al saludo porque Sayuri se acercó a ella para hablar sobre la investigación de Historia que debían entregar al día siguiente.

Mientras Sayuri le hablaba, Akane observó a sus compañeros y no notó nada raro en ellos; no le prestaban especial atención ni la miraban raro. Una de las cosas en las que pensó durante los días de castigo fue en la bromita que le jugó Ranma frente a toda la clase; según sus amigas, la gente no habló demasiado del tema luego de ver cómo Akane amenazaba a Florent Le Drian, pero no sería raro que los rumores comenzaran a regarse por ahí. También estaba el hecho de que el viernes Nabiki y sus dos mejores amigas los pillaran in fraganti. Si bien Mokona era una chica discreta y Nabiki era su hermana (y Akane esperaba que no se le ocurriera divulgar sus intimidades por ahí), sabía que Aika era una de las personas que manejaba la información en Furinkan. Aika Shiota era como Gretchen Wieners, el personaje de Mean Girls: sabía todo de todo el mundo y estaba llena de secretos. Solo esperaba que, por consideración a Nabiki, esta vez fuera prudente.

Tras verla llegar, a Ranma le pareció que Akane se veía más bonita que de costumbre, pero pronto pensó que aquello era probablemente una ilusión óptica ocasionada por lo que había ocurrido entre ellos la semana pasada. Se había pasado todo el fin de semana pensando en ella y también en los hechos de la cena familiar.

Después de terminar de cenar, los adultos volvieron a la sala para continuar charlando y tomar café o sake o lo que fuera. Las hermanas Tendo y Ranma abrieron las puertas corredizas que daban al jardín y se sentaron en el borde del salón a mirar el estanque mientras tomaban helado de mochi de postre. Kasumi fue quien lideró la conversación y le preguntó a Ranma si él también había faltado a clases esos dos días. El chico confesó que sí, que él también había sido castigado, pero pronto se tensó en su lugar al pensar que había metido la mata, hasta Kasumi le sonrió con complicidad.

—O sea que tú también te saltaste clases…

Él miró a Akane, que le indicó con un gesto que asintiera.

—Sí, algo así, pero… mejor no mencionarlo frente a mi padre, ¿sí?

La mayor de las Tendo le aseguró que su secreto estaba a salvo con ella. Ranma se sintió aliviado y continuó disfrutando del helado y de la vista del jardín, hasta que Nabiki decidió hacer de las suyas.

—Akane y Ranma son bastante cercanos, Kasumi. ¿Lo sabías?

No había tenido la oportunidad de acribillar a Akane con preguntas para sacarle información sobre la comprometedora escenita que había presenciado durante la tarde, así que quería provocar a los dos adolescentes hasta que alguno metiera la pata y se fuera de la lengua. Y algo le decía que sería el chico quien soltaría la sopa. Luego de encontrarlos en el dojo, Aika les comentó a Nabiki y a Mokona que hasta hacía poco Ranma había estado saliendo con Shampoo Sakuma, una de las animadoras (la de pelo morado), pero que la chica le había dejado, como solía hacer siempre con todos sus ligues. Agregó que le alegraba que el chico hubiera seguido adelante porque le parecía una buena persona, aunque tal vez fuera un poco incauto y fácil de manipular.

—¿Ah, sí? —Preguntó Kasumi interesada, sin sospechar de las segundas intenciones de Nabiki, pues no había captado el tono sugestivo que su hermana había usado.

Tanto Ranma como Akane se sonrojaron, y ella decidió hablar, anticipándose a cualquier 'Nabikada' que pudiera decir su hermana.

—Sí, bueno, no sé si bastante, pero somos… amigos. —Miró a Ranma de reojo y él asintió con la cabeza—. Es más o menos reciente.

Ranma quiso ayudar a Akane y aportar su granito de arena. No estaría mal quedar bien con sus hermanas.

—Sí. Akane y yo nos ayudamos con cosas de la Academia. Con exámenes, tareas y eso.

Nabiki asintió con la cabeza y pareció despreocupada, pero Akane conocía bien a su hermana y sabía que muchas veces esa expresión desinteresada podía ser la calma antes de la tormenta. La mediana de las Tendo terminó de comerse su helado de mochi y decidió agregar algo más.

—Sí, se ayudan con las tareas. Como hoy, ¿verdad? —dejó de mirar su recipiente vació y posó sus ojos en los de Ranma—, que la estabas ayudando con algo de… ¿anatomía era?

Ranma acababa de meterse una cucharada de helado a la boca, así que estuvo a punto de escupirlo. Para evitar causar una escena, trató de tragarlo rápidamente, pero aquello solo le ocasionó un ataque de tos y que se le congelara el cerebro.

—¿Estás bien, Ranma? —Preguntó Kasumi con preocupación—. ¿Quieres que vaya a buscarte algo de té o agua?

El chico negó con la cabeza, completamente rojo por la vergüenza y la tos. Se puso de pie y miró a la mayor de las Tendo.

—Ya voy yo —dijo medio ahogado—, gracias, Kasumi.

En el momento en el que se hubo alejado, Akane miró con molestia a su hermana.

—Eres una impertinente.

Nabiki se rio ante el comentario y la expresión irritada de su hermanita. ¿Creía que había sido impertinente? Todavía no había visto nada.

—Si quieres que me calle, vas a tener que pagar, hermanita. —Dijo sin borrar su sonrisa—. Mañana voy a salir con mis amigas y a Mokona le gustan los sitios caros.

Akane ignoró su provocación, no estando dispuesta a ceder a los chantajes de su hermana. Tal vez en el pasado se lo hubiera permitido, pero ya no era una niña. ¡Y no iba a dejar que la dejara en evidencia frente a Kasumi!

—Te voy a pedir que no repitas esos comentarios, porque son de pésimo gusto y…

—¿Me he perdido de algo? —Kasumi las miró curiosa y extrañada, sin entender de qué hablaban sus hermanas menores.

Akane suspiró, pero no tuvo tiempo de decir nada, porque Nabiki habló primero. Tal vez echarle más leña al fuego sirviera para que Akane aflojara unos cuantos yenes.

—Oh, no de nada. Es solo que esta tarde me encontré a Akane y a Ranma besuqueándose muy apasionadamente en el dojo. —Bien, aquello no era del todo cierto. Cuando Nabiki entró al dojo, Ranma y Akane ya no se besaban, pero a juzgar por la posición en la que los habían encontrado, era más que evidente que eso es lo que estaban haciendo.

Por un momento, Kasumi creyó que Nabiki le estaba tomando el pelo y que se trataba de una simple broma; pero cuando vio que Akane palidecía y luego se sonrojaba salvajemente y apartaba la mirada, comprendió que su hermana hablaba en serio. De repente, fue como si las imágenes de la cena cobraran sentido. Había presenciado el intercambio de miradas entre Akane y Ranma, y le habían parecido normales… hasta ese momento.

Por suerte, Akane no tuvo que responder ninguna pregunta. Ranma apareció con P-Chan en brazos.

—Me lo he encontrado por allí y me ha seguido, así que lo cargué para acariciarlo. —Comentó con una sonrisa—. Es súper suave y muy juguetón.

Akane se sintió aliviada por su aparición, porque sabía que Kasumi no haría preguntas con él allí. La conversación entonces pasó a girar en torno a P-Chan, y el perro disfrutó de todas las atenciones recibidas. Poco tiempo después, los padres de Ranma aparecieron para indicarle que ya se iban. Todos se despidieron y aquí no ha pasado nada.

Ranma debía admitir que había pensado mucho en Akane durante el resto del fin de semana. ¿Les habría caído bien a sus hermanas? ¿Akane les habría contado lo ocurrido entre ellos? ¿Y a sus amigas? Después de que ella le dijera que Shampoo había dicho algunas cosas de él, le había quedado muy claro que las chicas también hablaban entre ellas de las cosas que hacían con los chicos. Por el momento, él todavía no les contaba a sus amigos que se había besuqueado con Akane, pero estaba considerando seriamente pedirle consejos a Daisuke, que era el que tenía experiencia.

Por otro lado, el chico de la trenza no había ocupado demasiado la mente de Akane durante el fin de semana. Sí, había recreado la escena de lo ocurrido en el dojo varias veces (en las noches, sobre todo), pero la menor de las Tendo se obligaba a pensar en otra cosa, siguiendo el consejo de Asami: «no te obsesiones, deja que todo fluya de forma natural». Y en eso estaba, tratando de que las cosas fluyeran aquella mañana.

Sayuri cogió la silla del escritorio que estaba frente al de Akane y la giró para sentarse mirando a su amiga y así poder hablar mejor sobre los ensayos que debían entregar al día siguiente. Al notar que Ranma Saotome no había dejado de mirar a Akane, Sayuri quiso ser amable con él e incluirlo en la conversación.

—¿Cómo estás, Ranma? ¿Ya hiciste tu ensayo?

El chico negó con la cabeza. No había hecho nada relacionado con las clases durante el fin de semana, así que esperaba que Hiroshi no se opusiera a compartir el tema de la investigación, porque dudaba que a él le diera tiempo de hacer algo desde cero.

Sayuri sonrió ante la cara de angustia de Ranma.

—¿Qué? ¿Tuviste un fin de semana muy ocupado?

La chica de la coleta estaba al tanto de que su amiga había hecho las paces con Ranma, ya que el sábado Akane les había contado que Ranma fue a llevarle la tarea y a ofrecerle una tregua. La menor de las Tendo omitió que había disfrutado de una deliciosa y ardiente sesión de besos y manoseos con el centrocampista estrella de la Academia Furinkan; prefería mantener ese detalle en secreto hasta tener más claridad sobre si ella y Ranma comenzarían a llevarse bien o no.

Ranma creyó que Sayuri le decía aquello porque Akane le había contado lo que había sucedido entre ellos el viernes. Aquello lo emocionó y lo hizo sentirse orgulloso de sí mismo. ¿Les habría dicho que le había gustado? Esperaba que sí. Esperaba que ya nadie dudara de que él sí que podía complacer a una chica.

—Bueno, no diría que muy ocupado. —Comentó picaresco con una media sonrisa—. Pero sí muy divertido. —Le guiñó un ojo.

Sayuri era una chica ingenua y algo puritana, pero no era tonta. Alzó ambas cejas, creyendo entender a qué se refería Saotome al decir en aquel que su fin de semana había estado «muy divertido». Debía admitir que le sorprendía un poco que lo admitiera así frente a ella. Akane ni siquiera se inmutó. Estaba demasiado concentrada comparando sus apuntes con los de Sayuri.

—¿Y el fin de semana de ustedes qué tal? —Preguntó él.

Sayuri le dijo que había empezado clases de baile con su madre y que el domingo había comido con sus abuelos. Akane alzó la cabeza y miró a Ranma antes de responder. A diferencia del viernes durante la cena, ahora parecía tranquilo y despreocupado, como si nada entre ellos hubiera ocurrido.

—Bien, aunque no salí. —Se encogió de hombros—. Estuve viendo películas con mis hermanas, ¿y tú?

Sayuri frunció el ceño. ¿No lo había escuchado cuando el chico dijo que su fin de semana estuvo muy divertido? ¿Akane querría los detalles?

—Yo tampoco salí a ningún lado. —Contestó Ranma sin abandonar su semblante casual—. Jugué al Fortnite con Hiroshi, Daisuke y Kano.

Y pensé mucho en ti.

—¿Listo para el juego del jueves? —Inquirió la pelinegra.

El jueves iniciaba la liga de fútbol intercolegial, y la Academia Furinkan sería local en su primer partido. Akane sabía que los días previos al partido eran clave para la preparación física y mental de los jugadores.

—Sí. —Contestó Ranma—. Y si les digo la verdad, creo que este año llegamos mejor que el pasado. Al menos yo seguro que sí.

Aquello tenía sentido, tomando en cuenta que el año anterior Ranma era nuevo en la Academia y en el equipo.

—Pero Ryu también está fenomenal —añadió—, no sé qué es lo que ha cambiado desde el año pasado, pero tiene una forma física estupenda. Será difícil que nos marquen algún gol.

Sayuri rodó los ojos ante la mención de aquel nombre. Su semblante cambió por completo y también su humor.

—Sí, Ryu es buenísimo. —Comentó Akane—. A lo mejor estar con Asami le ha hecho bien. —Dijo con humor, haciendo que Ranma sonriera.

Sayuri rodó los ojos.

—Sí, sobre todo...

No había sido su intención decir aquello en voz alta, así que cuando Ranma y Akane la miraron curiosos y extrañados por su comentario, Sayuri no supo qué decir.

A ella no le caía bien Ryu porque siempre estaba haciendo bromas pesadas y poniéndole motes a todo el mundo, además de que disfrutaba de decir chistes verdes y de hacer comentarios sexuales cerca de ella para incomodarla (aunque debía admitir que desde que estaba con Asami aquello había disminuido). También le caía mal porque se creía la última Coca-Cola del desierto por tener chicas detrás, ¡y además coqueteaba con varias! A ella eso le parecía inaceptable. Sin embargo, en ese momento Ryu no era su persona favorita por un hecho específico. La semana pasada había presenciado una escena inesperada que le había dejado un sabor de boca muy extraño; no sabía exactamente cuál era el sentimiento, pero era uno negativo.

Sin poder evitarlo, su mente viajó al segundo receso del viernes anterior.

(Flashback)

En unas semanas se llevaría a cabo la obra de teatro Otoño en Shikoku, escrita por Hiroko Suyama y otra chica del club de teatro, con la que se recaudarían fondos para el Baile de Invierno. La obra sería protagonizada por Ryoga Hibiki, uno de los estudiantes más talentosos de la Academia Furinkan, ya que además de tener grandes habilidades para las artes escénicas, jugaba como defensa en el equipo de fútbol del colegio.

Sayuri, que también estaba en el club de teatro, era una de las responsables de la escenografía y todo lo que tuviera que ver con atrezo para esta obra en particular. Ése día se dirigió al auditorio para finalmente definir en qué lugares se colocarían los materiales decorativos para que no estorbaran a los actores y fueran fáciles de mover con los cambios de escena. La acompañaba Florent Le Drian, un chico de su clase que también estaba en el club de teatro y que, al igual que ella, prefería mantenerse tras bastidores.

Florent y Sayuri charlaban sobre aquellos materiales de obras anteriores que pudieran ser utilizados para esta puesta en escena. De pronto, Florent alzó su mano y se llevó el dedo índice a los labios, indicándole a Sayuri que hiciera silencio.

—¿Escuchaste eso? —Preguntó en voz baja. Estaban de pie en las escaleras que subían al escenario.

Ella estuvo a punto de preguntarle a Florent a qué se refería, cuando los escuchó. Eran sonidos suaves, como si alguien se estuviera quejando de dolor o algo así. Tal vez incluso jadeos. Con un gesto, Florent le indicó que lo siguiera, pues creía saber de dónde provenían aquellos ruidos. Caminaron con sigilo hasta el área de camerinos, que era de donde provenían los ruidos. A medida que se acercaban les quedó bastante claro que aquellos jadeos y sonidos no eran de dolor sino de placer. Se miraron las caras y Sayuri sintió que su rostro se tornaba rojo ante la idea de que hubiera una pareja haciéndolo en los camerinos del auditorio.

Aquella sería la confirmación de varios rumores que había escuchado sobre estudiantes que hacían esas cosas dentro de la Academia. La mayoría de los chismes involucraba a los chicos mayores del equipo de fútbol y puede que a alguna de las animadoras. Desde el principio de los tiempos y en absolutamente todas las instituciones educativas, los atletas y las animadoras habían pertenecido a la misma casta, por lo que era habitual que se relacionaran entre ellos (en todos los sentidos de la palabra). Naturalmente, Furinkan no era la excepción.

La curiosidad fue mayor que la vergüenza, así que tanto Florent como Sayuri se atrevieron a asomarse al camerino de las mujeres. Sus mentes solo necesitaron segundos para registrar cada detalle.

Había una chica sentada en la larga mesa que estaba frente al espejo; estaba acompañada por un chico que se encontraba acuclillado en el suelo. Ella tenía las piernas abiertas y la cabeza echada hacia atrás, y se tapaba la boca y el rostro con las manos; la cabeza de él estaba entre las piernas de su acompañante y sus grandes manos la sujetaban con fuerza de las caderas. Ninguno de los dos llevaba puesto ni el blazer ni el suéter del uniforme. Ella tenía todavía tenía la corbata puesta aunque floja; los botones superiores de su camisa estaban abiertos, dejando ver su sujetador blanco; sus bragas rojas estaban sobre la mesa. El chico tenía la camisa, no llevaba el cinturón puesto y parecía tener el pantalón abierto.

Sayuri y Florent solo habían estado viéndolos por unos tres o cuatro segundos cuando la chica del camerino bajó sus manos para agarrar a su acompañante por el cuello de la camisa y hacer que se pusiera de pie. El chico fue rápido al incorporarse y bajarse los pantalones y la ropa interior, dejando ver un trasero blanco y firme, tonificado. Fue en ese momento, en el que ella se descubrió el rostro y él se incorporó y su cara se reflejó a través del espejo, que Sayuri pareció salir de su estado de shock.

Cogió a Florent de la mano y se dio la vuelta sin poder creer lo que acababa de ver. Mientras caminaba con paso firme hacia la salida del auditorio, casi arrastrando a Florent, Sayuri se mantuvo en silencio. El francés también estaba procesando lo que acababa de ver, así que atrevió hacer una pregunta.

—¿Esos eran…?

.

(Fin del flashback)

Sayuri se sentía muy incómoda por haber presenciado aquella escena, pero especialmente la desconcertaba saber que su amiga hacía esas cosas con ese chico en ese lugar. Asami no era una santa, pero tampoco era…

¡Ryu era una terrible influencia para ella! ¡Y además no la respetaba ni la quería! ¡Y Asami lo sabía! ¿Por qué no le importaba? ¿Por qué estaba con él? ¿Por qué hacía cosas que solo servirían para avivar los rumores?

Consciente de que sería muy difícil explicar todo eso que sentía, Sayuri se incorporó para dirigirse a su puesto cuando vio que Akane abría la boca para preguntarle a qué se refería. Y cuando Asami entró al salón de clases segundos antes de que llegara el profesor, la chica de la coleta no le devolvió el saludo.

—¿Y a esta qué le pasa hoy? —Le preguntó Asami a Akane cuando se hubo sentado.

La menor de las Tendo se encogió de hombros mientras fruncía el ceño. No tenía idea.


Los siguientes días giraron en torno al inminente inicio de la liga deportiva.

Para nadie era un secreto que el deporte rey de Furinkan era el fútbol, así que cuando llegó la noche del jueves, las graderías de la cancha de fútbol estaban a rebosar. Nadie quería perderse el primer partido, porque era la primera página de una nueva temporada. La cancha no siempre se llenaba, pero en los primeros y últimos partidos solía haber muchísima gente. Además de gran parte del alumnado, asistieron familiares y amigos a apoyar a sus seres queridos.

Iniciar el torneo de local era una gran ventaja, así que cualquier apoyo de la grada era bienvenido. Ganar el primer partido siempre era importante, pues servía para dar un golpe sobre la mesa, demostrar solidez táctica y física a los futuros rivales, e iniciar con buen pie el torneo. Además, psicológicamente ayudaba mucho a los jugadores porque les restaba presión.

Akane y Nabiki llegaron cuando los jugadores estaban calentando, cada una con la intención de sentarse junto a sus amistades. Mientras buscaba con la mirada a Yuka y a Sayuri, Akane se topó con Nodoka y Genma Saotome, quienes estaban sentados en una de las primeras filas. Los saludó cordialmente y continuó con su camino, sin haber pasado por alto que el señor Saotome parecía muy estresado e incluso algo tenso. ¿Sería por el partido? ¿Sería uno de esos padres intensos que intentaban intervenir en las decisiones arbitrales y que hacían escenas en la mitad de los partidos? Esperaba que, por la salud mental de Ranma, ese no fuera el caso.

—¡Akane!

La chica de pelo negro alzó la mirada y buscó a Yuka entre la gente. No tardó en encontrarla, pues su amiga agitaba el brazo en el aire. Estaba en la penúltima fila, junto a Sayuri, que estaba envuelta en una bufanda de lana. Cuando llegó a donde estaban, las saludó a ambas y miró a Sayuri con diversión.

—¿Mucho frío? —Le preguntó jocosa.

Sayuri esbozó una pequeña sonrisa.

—Algo, pero en realidad fue mi mamá quien me la puso. Sabes que es una exagerada.

—¿Hiroko te dijo que no venía? —Inquirió Yuka mientras miraba su móvil.

Akane se sentó en el medio de sus dos amigas.

—Sabes que a ella no le gustan los deportes, y por más que ame a Ryoga, no hay forma de que venga a ver un partido.

De las cinco amigas, las más cercanas a Ryoga eran Hiroko y Akane, pero la primera tenía una relación muy especial con el chico. Algo así como Yuka y Daisuke, pero sin la tensión sexual.

El partido empezó al poco tiempo, con los Furinkan Sharks dominando la posesión, aunque con el equipo rival defendiéndose bastante bien. Mientras veían el juego, las tres amigas charlaban sobre distintos temas, como la obra de teatro que se realizaría la siguiente semana, el mismo día del cumpleaños de Ryoga. Los padres de Asami le habían dado permiso para hacer allí la fiesta, así que todo iba encaminado para lo que prometía ser una noche de celebración y diversión.

Casi al final del primer tiempo, Sentaro Daimonji, uno de los jugadores de Furinkan, abrió el marcador tras un pase filtrado de Ranma. 1-0. Los presentes celebraron el gol, pues siempre era bueno irse al descanso con ventaja.

Cuando el árbitro dio el pitazo que daba por terminada la primera parte del encuentro, Akane notó que el padre de Ranma se ponía de pie para acompañar al equipo mientras salía de la cancha.

—Yuka, ¿los padres pueden ir con el equipo a escuchar la charla técnica del medio tiempo? —Preguntó con el ceño fruncido.

—No, no pueden. Está prohibido, de hecho. —Contestó ella—. Es para evitar que entren esos padres locos que quieren controlar el juego y que presionan demasiado a sus hijos.

La menor de las Tendo asintió con la cabeza. Algo dentro de ella le decía que el padre de Ranma era uno de esos tipos. Pero, ¿por qué? El chico era un jugador espléndido cuyo talento le había servido para ganarse una beca en uno de los mejores institutos de Tokio. ¿No era suficiente para él? No lo entendía.

Mientras Sayuri y Yuka charlaban sobre temas varios, Akane le dio vueltas al asunto en su mente, hasta que Genma Saotome volvió a aparecer en su campo de visión. Al sentarse junto a su esposa, Akane notó que parecía molesto o frustrado.

—¿Qué piensas de eso, Akane?

La chica parpadeó un par de veces y volvió su atención a la conversación con sus amigas tras escuchar la pregunta de Sayuri.

—¿Sobre qué?

—Le estaba comentando a Yuka que sería muy lindo verla a ella y a Daisuke ir juntos al baile de invierno, pero como una pareja de novios.

—Yo pienso igual. —Akane fue rápida para secundar la moción, sonriendo mientras hablaba—. Creo serán la pareja favorita de todos.

—Bueno —Yuka esbozó una sonrisa que dejaba ver una mezcla de timidez e ilusión—, ya lo veremos.

Yuka había decidido contarles a Sayuri y a Hiroko lo sucedido entre ella y Daisuke, explicándoles también que tenía una conversación pendiente con él para definir el estatus de su relación. Ella lo había estado pensando y lo cierto es que tenía muchísimas ganas de estar con él, aunque se mantenía firme en su intención de llevar las cosas con calma. De hecho, habían quedado en hablar del tema después del partido.

Poco tiempo después, empezó el segundo tiempo. El equipo contrario arrancó buscando y creando ocasiones de gol. Su intensidad dio resultados sobre el minuto sesenta, cuando tras un saque de esquina, marcaron un gol de cabeza. Aquello representó un bajón de ánimos para una parte de la grada, pero hubo otra que no se desmotivó y continuó alentando al equipo para que los jugadores se sintieran apoyados.

A partir de allí, el partido continuó con mucha intensidad y de forma muy pareja, con ambos equipos llegando al área contraria y creando peligro. Y entonces, en el minuto ochenta y siete, uno de los delanteros del equipo rival consiguió escabullirse en un contrataque. Era un jugador veloz y habilidoso, así que no tuvo problema en llegar a la medialuna del área. Pero Ryoga Hibiki también era un defensa muy veloz.

Cuando el chico ya estaba pasando la medialuna y se preparaba para patear en el uno contra uno contra el portero, el joven Hibiki se barrió para quitarle la pelota… haciendo que el chico se cayera. Y penal.

Aquella jugada se prestaba además para una amonestación, así que la mitad del equipo contrario se le vino encima al árbitro cuando solo le sacó tarjeta amarilla a Ryoga, exigiendo que le sacara tarjeta roja, pero el árbitro se mantuvo firme.

—Ha tenido suerte —dijo Akane—, si el árbitro hubiera sido más severo, era roja segura.

—Pero no hubo mala intención —comentó Yuka—, fue al balón.

—No fue solo al balón…

Los jugadores de Furinkan también protestaron, pero Ryu Kumon se encargó de calmarlos. Les pidió que ya no perdieran tiempo, pues eso beneficiaba al otro equipo.

—¿Qué está haciendo? —Preguntó Yuka—. Parece que no le importa que hayan pitado penal...

En efecto, el chico de pelo desordenado se mantuvo tranquilo. Cogió el balón del césped y lo colocó en el punto penal, como preparándole el terreno al delantero que patearía. Hizo varios gestos con las manos para que tanto los jugadores como el público se calmaran, como si quisiera demostrar que todo estaba bajo control. Moriyasu, el delantero del equipo contrario pareció molesto con los ademanes de Ryu, así que comenzó a decirle algunas cosas que desde las graderías no podían oírse, pero el portero de Furinkan mantuvo su semblante suficiente y seguro. El equipo de la Academia se acomodó detrás del punto penal al mismo tiempo que lo hacían los rivales. Y entonces, el silencio.

El reloj marcaba el minuto ochenta y siete, por lo que un gol en este momento sería nefasto y casi imposible de remontar. Todos los presentes se mantuvieron en silencio, a la expectativa de la jugada que podía cambiar e incluso definir el partido. Ryu Kumon se mantuvo bajo los palos con aquel semblante impasible, sin intentar moverse para distraer a Moriyasu. No lo necesitaba. El chico, que tenía las manos en la cintura, esperó el pitazo del árbitro, sintiendo la presión y el peso del equipo sobre sus hombros. Estaba nervioso y Ryu podía verlo, sentirlo, olerlo. Aquello le facilitaba las cosas.

Pitazo. Moriyasu exhaló, bajó las manos de su cintura y miró el balón mientras daba dos grandes pasos antes de patear. Los espectadores se deslizaron a la orilla de sus asientos mientras la pelota abandonaba el césped en dirección del ángulo izquierdo.

Cuando Ryu era un niño y comenzó a mostrar interés por el fútbol, su padre hizo lo que ningún otro padre (mucho menos un exfutbolista que jugara una posición de campo) en circunstancias similares haría por su hijo: le motivó a ser portero. El chico era muy alto, tenía extremidades largas, manos grandes, y además era muy ágil. Pero no fue eso lo que lo hizo destacarse en el equipo de la Academia Furinkan, incluso por encima de alumnos de mayor edad y experiencia; lo que le hizo acreedor de un puesto en el equipo titular fue su habilidad para leer el lenguaje corporal de su rival y anticiparse a sus movimientos, exactamente lo que hizo en aquel crítico momento.

En el instante en el que el pie derecho de Moriyasu hizo contacto con el balón, Ryu supo que el chico había elegido uno de los ángulos; y cuando la pelota comenzó a levantarse, solo tuvo que despegar sus propios pies del césped y estirarse con agilidad hacia su lado derecho (el izquierdo de Moriyasu). La esférica impactó contra su mano derecha y luego pasó por encima del arco. Saque de esquina.

La grada entera estalló en gritos, aplausos, brincos, vítores y celebraciones ante lo que significaba haber atajado un penal en los últimos minutos de un partido empatado. Los jugadores se acercaron a Ryu para abrazarlo y felicitarlo. Él los apartó a todos y buscó a las animadoras con la mirada.

—¡'Sami!

La chica, que había observado la hazaña igual que todos, lo miró con curiosidad y nerviosismo; Ryu era impredecible. Él, desde su lugar cerca de la portería, alzó los brazos por encima de su cabeza y juntó sus manos para formar un corazón, luego la señaló a ella, le lanzó un beso y le guiñó un ojo.

Asami se quedó perpleja y completamente encantada ante aquello. Ryu jamás había hecho algo como eso, ni para ella ni para nadie. Se mordió el labio inferior para reprimir la sonrisa que se asomaba en su rostro

El gesto no había pasado por alto para los fanáticos más observadores.

—Eso sí que es una novedad. —Comentó Yuka con sorpresa—. Que Ryu le haga dedicatorias a Asami.

—¿Verdad que sí? —Akane estaba casi tan sorprendida como su amiga—. Normalmente los chicos del equipo solo les hacen dedicatorias a sus novias.

—Lo único que falta es que ella le dedique una coreografía. —Dijo Sayuri de forma ácida.

Tanto Yuka como Akane se giraron para mirarla, pero no dijeron nada sobre su comentario.

—¿Será que lo de ellos va en serio? —Consultó la pelinegra.

Sayuri soltó una risa cínica que Yuka no alcanzó a oír, porque el equipo rival ejecutó el saque de esquina y hubo mucha acción en el área.

Akane miró a Sayuri con extrañeza. Aquellos comentarios sarcásticos y ese humor no eran propios de su amiga. Sayuri era una chica dulce y muy tranquila, que no perdía la calma con facilidad pues pero no solía molestarse ni ofuscarse por tonterías, mucho menos hablar mal de alguien o quejarse de alguna de sus amigas. Algo le pasaba, y a juzgar por las vibras que tenía, era algo gordo.

—Sayu, ¿todo bien? —Inquirió colocando su mano sobre el muslo de su amiga—. Te noto rara, como molesta.

La chica se mantuvo mirando al frente y negó con la cabeza.

—No sé si la palabra es molesta, decepcionada, frustrada, confundida… tal vez todas las anteriores.

Akane frunció el ceño y miró a su amiga preocupada.

—Pero, ¿por qué?

Sayuri no pudo responder. Yuka les indicó que miraran a la cancha, pues los Furinkan Sharks estaban armando una nueva jugada de ataque; no parecían con ánimos de conformarse con el empate. Tras el saque de esquina, el balón se mantuvo en juego varios segundos dentro del área local, hasta que uno de los defensas lo despejó de una fuerte patada; pronto los Furinkan Sharks se hicieron con él balón y comenzaron a abrir espacios. Uno de los jugadores del equipo notó que Ranma Saotome no tenía marca del otro lado de la cancha, así que hizo un cambio de juego y dio un pase aéreo largo que Ranma no tuvo problemas en recibir y controlar, para luego realizar un sprint que fue imposible de detener.

Mientras se acercaba al área rival, Ranma evaluó sus opciones. Sabía que no tenía tiempo, tan solo segundos, así que debía decidir pronto. Podía patear al arco directamente, con el riesgo de que el portero detuviera el balón o que el defensa que se había adelantado hasta el área pequeña se barriera para impedir que avanzara; o podía buscar alguna alternativa, ¿pero cuál?

Como todo jugador habilidoso con el balón, el joven Saotome no miraba la pelota mientras corría, sino que se enfocaba en lo que sucedía a su alrededor. Giró la cabeza y vio que Daisuke estaba a punto de llegar al área, sin marca alguna. A pesar de que tenía un buen ángulo y que además contaba con la técnica para marcar ese gol, prefirió dar el pase. Tras un amague, centró el balón para dejárselo a Daisuke, quien cogió impulso para elevarse y dar un cabezazo que mandó la pelota al fondo de la red.

Gol de palomita. Victoria in extremis.

El público enloqueció y volvió a estallar en una gran celebración. Daisuke gritó mientras agitaba los brazos en el aire y se giraba para señalar a Ranma. Él había marcado el gol, sí, pero todo el mérito era del pelinegro: el sprint, la visión y la frialdad para decidir, los regates al amagar, el centro preciso. Ranma hacía muchas cosas bien dentro de la cancha, pero lo que verdaderamente lo separaba del resto era esa visión estratégica y esa inteligencia para decidir bajo presión.

El chico de la trenza corrió hacia su amigo y los dos se fundieron en un abrazo, al que pronto se unieron los demás jugadores, incluido Ryu, que había dado un sprint para poder celebrar con sus compañeros.

—¡Qué puta cabeza tienes, coño! —Exclamó mientras le agarraba la cara y le besaba el cráneo—. ¡Qué puta cabeza!

El pitazo final no se hizo esperar, así que los jugadores agradecieron a la grada antes de comenzar a dirigirse a los vestuarios, pletóricos y llenos de adrenalina tras aquel gol in extremis que significó la victoria para Furinkan.

Ranma recibió las felicitaciones de todos sus compañeros, pero también del entrenador y los ayudantes. Había sido el jugador más destacado del partido. El entrenador Mihara dio unas palabras y se mostró contento con el resultado y desempeño del equipo, y agregó que aunque todavía había oportunidades de mejora, en general lo habían hecho todos muy bien.

Mientras se cambiaban, los jugadores charlaban entre ellos.

—No me gusta que haya partidos entre semana a esta hora. —Comentó Ryu—. Lo último que me apetece ahora es irme a casa, ¡quiero celebrar!

Todos estuvieron de acuerdo. Cuando los partidos se jugaban los viernes en la noche era mucho mejor, pues normalmente celebraban en casa de alguien del equipo o saliendo a algún lugar.

—Bueno, pero no tiene que ser un fiestón —comentó Sentaro Daimonji—, siempre puedes celebrar en privado. —Le guiñó un ojo—. Seguro que tu chica se apunta...

Ryu esbozó una sonrisa picaresca. Sabía que hacerle una dedicatoria a Asami durante el partido traería cola, pero prefirió hacerse el sueco.

—¿Mi chica? —Preguntó terminando de calzarse.

—Kobayashi. —Dijo Sentaro—. Fue a ella a quien le hiciste la dedicatoria, ¿no?

Ryu se rió ante aquello. Fue consciente de que varios de sus compañeros lo miraban esperando una respuesta. Sí, no era habitual que alguien del equipo dedicara goles a chicas que no fueran sus novias oficiales, y en el caso de Ryu era todavía más atípico porque era portero, y los porteros no tenían nada para dedicar porque no marcaban goles. Así que los chicos del equipo pensaron que si Ryu había decidido hacerlo con Asami, es porque definitivamente era alguien muy especial para él.

—Sí, fue a ella. Pero eso no significa que sea mi chica.

—¿Ah, no?

Daisuke aprovechó que estaba sentado junto a Ryu para decirle algo en voz baja.

—Cuidado con lo que vayas a decir de Asami.

Su tono fue una clara advertencia. Daisuke cuidaba mucho a sus amigas y no le gustaba que nadie hablara mal de ellas o hiciera comentarios inapropiados.

Sin borrar su sonrisa, Ryu colocó su mano sobre el hombro de Daisuke.

—¿Alguna vez me has escuchado hablar mal de ella? ¿Alguna vez he contado cosas privadas de ella? Nunca, ¿verdad? —Le guiñó un ojo—. No voy a empezar ahora, así que tranquilo. —Se incorporó, cogió sus cosas y miró a sus compañeros—. Pórtense bien y duerman temprano.

—Exactamente lo que vas a hacer tú ahora, ¿no? —Le picó Sentaro.

—Deja los celos, anda. —Dijo mientras caminaba hacia la puerta, con su habitual buen humor—. Ya sabes que Asami es más mi tipo que tú. —Le lanzó un beso y salió del vestidor.

Como había salido de espaldas a la puerta, para poder ver a Daimonji, Ryu se chocó con alguien. Se dio la vuelta y se encontró con un hombre muy alto y de contextura gruesa. Tenía cara de pocos amigos, como si alguien le hubiera hecho algo y estuviera a punto de desquitarse. Lo reconoció de inmediato.

—Disculpe.

Ryu se lo quitó de en medio y continuó caminando, sin pasar por alto que el entrenador Mihara volvía a impedirle al padre de Ranma la entrada al vestidor. Si eso era lo que Saotome tenía que aguantar en su casa con cada partido, lo compadecía enormemente. Ni siquiera Shinji, su padre, era así de intenso, y eso que era un futbolista retirado.

De camino a la salida del gimnasio, los ojos de Ryu divisaron a su sirena favorita también saliendo del recinto. Con una sonrisa pícara dibujada en el rostro, trotó hasta que la alcanzó. La rodeó con su brazo para luego inclinarla hacia abajo y darle un beso, como la clásica fotografía del beso del marinero y la mujer. Asami, que estaba acostumbrada a las ocurrencias de Ryu, sonrió contra su boca mientras correspondía al beso.

—Espera, ¡espera! ¡Nos va a ver alguien!

Ryu se incorporó y liberó a Asami de su agarre, pero dejó su mano en su cintura.

—Felicidades por el triunfo y por haber atajado ese penal. —Dijo ella de forma coqueta.

Él le guiñó un ojo.

—¿Te gustó mi dedicatoria?

Asami comenzó a caminar otra vez, retrasando su respuesta para torturar un poco a Ryu. Decir que le había gustado era quedarse corta. Le había fascinado el detalle, había puesto su corazón a latir a mil por hora. Últimamente Ryu se estaba portando con ella de forma más especial, tal vez incluso romántica, y tenía que admitir que eso era algo que le encantaba.

El chico no pasó por alto la reacción de Asami. La conocía demasiado bien y sabía que esa sonrisita y ese brillo en la mirada significaban que su dedicatoria le había encantado. Desde que se encontraron el viernes pasado en los camerinos del auditorio, su sirena estaba mucho más dócil y cariñosa que de costumbre, así que él había querido tener un gesto con ella durante el partido. Y había funcionado.

—Fue inesperado. —Comentó ella y lo miró sin dejar de sonreír—. Pero sí, me gustó.

Ryu pasó su brazo por encima del hombro de Asami y le dio un beso en la mejilla.

—¿No te apetece una celebración? —Le preguntó sin soltarla, mientras continuaban caminando en dirección al estacionamiento.

—Sí, pero mañana hay clases y nadie hará nada hoy.

—¿Y si vienes a mi casa?

Asami lo miró como si acabara de decir una tontería.

—No puedo Ryu, es día de semana y tengo un horario que debo cumplir.

—Sí, sí, lo sé, ¡pero hoy hubo un partido!

—Si los partidos son entre semana, sabes que mis papás igual me piden que vuelva a mi hora. —Frunció el ceño—. Además, ¿no crees que será raro si me voy contigo y tus padres a tu casa a esta hora?

Ryu le acarició la mejilla.

—Mi padre fue a Kashima a un evento de su antiguo club y mi madre lo acompañó. —Explicó tranquilamente—. El viejo se quería quedar hasta después del juego, pero yo le pedí que no viniera.

Asami frunció el ceño. Salvo para las semifinales o finales, Shinji Kumon no solía ir a ver los partidos de los Furinkan Sharks.

—Espera, ¿él no viene a los partidos porque no te gusta que venga?

—Así es. Aunque venga bajo perfil siempre hay gente que lo reconoce y eso, y yo prefiero que no me robe protagonismo. —Acercó su rostro a la oreja izquierda de Asami—. Me gusta ser el Kumon favorito de la gente.

Ella se rió ante la ocurrencia de Ryu.

—Ya eres el mío. —Cuando vio que Ryu sonreía y la intentaba besar, Asami le puso el dedo índice sobre los labios—. ¡Pero igual tengo que llegar a mi casa!

—¿Y si me voy contigo? —Ryu se detuvo frente a ella y la abrazó—. ¿Te trajo el chófer, no? —Ella asintió con la cabeza—. Bueno, nos vamos juntos y yo puedo escabullirme. Si tus papás aún están despiertos los saludas y dices que te vas a dormir, nos encerramos en tu habitación y yo te hago muchas cosas sucias en silencio. ¿Qué dices?

Asami no tuvo que pensarlo demasiado. Tenía muchas ganas de acostarse con Ryu otra vez, en especial porque el viernes pasado el chico le había preparado una cena romántica con todas las de ley. Tras su ardiente y tórrido encuentro a la hora del receso en los camerinos del auditorio, Ryu le repitió que esa noche iba a cocinar para ella. Asami fue sin demasiadas expectativas, pero debía reconocer que su chico malo se había destacado en todo. Y luego no intentó seducirla ni meterle mano (lo cual era una novedad), así que aquello hizo que la noche fuera todavía más especial.

Le gustaba la idea de que él la acompañara a casa. Ryu no vivía lejos de ella, así que podría tomarse un Uber a su casa en la madrugada. Y tampoco creía que sus padres fueran a darse cuenta si estaban callados. Su madre solía irse a la cama temprano; su padre variaba mucho, había temporadas donde se acostaba pronto y otras donde se quedaba despierto hasta muy entrada la noche. Lo más probable era que hoy estuviera despierto al llegar, pero seguro se acostaría un rato después.

—Está bien, acepto.

Ryu alzó las cejas emocionado de que ella hubiera accedido sin que él tuviera que insistir. Tal parecía que ser menos bromista y más romántico sí que daba sus frutos.

Cuando pasaron frente a la cancha de fútbol, Asami le indicó a Ryu que quería despedirse de sus amigas. El chico se sentó en la parte baja de las graderías a mirar su móvil mientras la esperaba.

Akane, Yuka y Sayuri no pasaron por alto que su amiga había llegado muy acaramelada con Ryu y que ahora él parecía estar esperándola mientras ella les hablaba.

—¿Qué les pareció el juego? —Preguntó con entusiasmo—. ¿Y la rutina? Aika se ha lucido esta vez, ¿no?

Yuka y Akane estuvieron de acuerdo con ella. Una de las razones por las que Aika era la capitana del equipo de animadoras era por su creatividad a la hora de crear rutinas y coreografías.

—Cuando se gradúe, ¿quién heredará el puesto? —Preguntó Akane.

Asami se rió.

—Bueno, no es la realeza tampoco. —Contestó Asami volviéndose para mirar a Ryu, no queriendo hacerlo esperar demasiado—. No es un título que se hereda. Se escoge por votación.

—¿Y te gustaría que te eligieran? —Esta vez fue Yuka quien hizo la pregunta.

—¿Como capitana? Sí, ¿por qué no? —Asami se giró para mirar a Akane—. Akane, ¿todavía necesitas que te lleve a casa?

La pelinegra alzó una ceja y creyó entender el porqué de la pregunta. Sonrió.

—Te vas con Ryu, ¿no? —Alzó las cejas de forma sugestiva, haciendo que Asami se riera.

—¿A su casa? —Preguntó Yuka sorprendida.

—No, no —Asami miró a sus amigas con complicidad—, él viene a la mía, para… celebrar. —Les guiñó un ojo.

Sayuri, que se había mantenido callada durante toda la conversación, se cruzó de brazos.

—¿Y por qué no te vas con él de una vez? Digo, ya que es tan evidente que no quieres estar aquí con nosotras...

Asami se quedó perpleja ante el comentario de su amiga, que iba cargado de ironía y, ¿enojo, resentimiento?

—Sayu, ¿qué…?

—Vas a dejar tirada a Akane para irte con ése y además estás más pendiente de él que de nosotras… es obvio, ¿no? —Miró a Yuka—. ¿Akane se puede ir contigo y Daisuke?

La aludida asintió con la cabeza. Las tres amigas miraron a Sayuri sin entender de dónde venía aquella actitud. Al ver que nadie decía nada, la chica de la coleta se puso de pie para irse. Sabía que si quedaba terminaría por decirle a Asami todo lo que pensaba de su relación con Ryu y de su comportamiento impúdico.

—Ya deben haber llegado mis papás. —Comentó y luego miró a Yuka y a Akane—. Nos vemos mañana.

Sin decir nada más, les dio la espalda y se marchó, dejándolas a las tres confundidas y preocupadas.

—¿Qué le pasa a Sayuri? —Yuka no daba crédito a lo que había ocurrido.

—No lo sé, pero está así desde… desde que empezó la semana. —Contestó Akane, recordando el episodio del lunes.

Asami asintió con la cabeza repetidas veces y miró a Akane desconcertada.

—¿Verdad que sí? Y a lo mejor estoy loca o soy muy paranoica, pero estoy segura de que es conmigo. —Un halo de tristeza y confusión apareció en su rostro—. No lo entiendo.

Akane y Yuka se miraron. Sí, ellas también creían que era con Asami, pero ninguna dijo nada, principalmente porque tampoco entendían a qué se debía. Lo mejor sería hablar con ella.

—Bueno, yo me voy también. —Dijo Asami, todavía con aquel semblante tristón en el rostro—. Nos vemos mañana, Poppies.

Se despidió de sus amigas con un beso y se marchó para buscar a Ryu, sin dejar de pensar en qué podía ser eso que tenía a Sayuri tan rara. Desde que eran amigas, la chica jamás se había comportado así con ella, pero toda la semana había estado fría y cortante.

Solo esperaba que no se tratara de nada grave.


Antes de salir del vestuario, Ranma se despidió de Daisuke y le deseó buena suerte en su conversación con Yuka.

Ranma estaba nervioso, como si fuera él y no su amigo quien estuviera a punto de tener una conversación que podría cambiar por completo su relación con su mejor amiga. Pero los nervios de Ranma nada tenían que ver con chicas, sino con algo muy diferente. A pesar de haber recibido las felicitaciones de sus compañeros y entrenadores, de haber sido nombrado el jugador del partido, y de tener claro que había jugado un partido espléndido, no se sentía del todo bien. Sabía que su padre había intentado entrar al vestuario dos veces, primero en el entretiempo y luego tras finalizar el partido, y eso jamás auguraba nada bueno. Era lo opuesto, de hecho.

Mientras caminaba con paso lento, vio a Ryu abrazar de forma muy cariñosa a Asami. Ryu y Asami, Daisuke y Yuka; el amor estaba en el aire. ¿Ranma y Akane? A pesar de que habían mantenido la tregua y se estaban llevando bien, había pasado casi una semana desde su beso en el dojo y en esos días no habían hablado sobre el tema, por lo que Ranma cada vez tenía menos esperanzas de que entre Akane y él ocurriera algo otra vez. Suspiró.

Primero, Shampoo le dejaba diciéndole que no era él sino ella; ahora Akane no mostraba interés alguno en él ni en repetir lo ocurrido entre ellos. ¿También sería ella y no él? Ranma estaba empezando a pensar que el del problema sí que era él. Dos chicas pasaban de él en muy poco tiempo. Aquel pensamiento no ayudó para tranquilizar sus ya alterados nervios, sino todo lo contrario. Recordó las palabras que Akane le había dicho en la piscina, sobre sus habilidades con las chicas. ¿Sería por eso? Sintió un hueco en el estómago. No lo entendía. Es decir, él sabía que era inexperto, pero Shampoo le había enseñado varias cosas y cuando se las hacía, ella le decía que lo estaba haciendo bien y que aprendía rápido. ¿Le habría mentido? ¿O tal vez aquel día Akane había exagerado para ponerlo de mala hostia?

Si quería que su relación con Akane (si es que a eso se le podía llamar a así) avanzara de forma positiva, debía saber con certeza si ese tema era un problema. Tendría que hablar con Shampoo al respecto; solo esperaba que la chica no se lo tomara mal.

Ranma pensó que estaba de suerte cuando vio a la chica de pelo morado abandonando el área de la cancha de fútbol y de las graderías. Estaba charlando con un chico de pelo largo de último que se llamaba Mousse Seki; Ranma sabía quién era porque estaba en el equipo de baloncesto y jugaba muy bien. Apuró el paso para acercarse a Shampoo, pero una mano pesada se posó sobre su hombro, haciendo que se detuviera.

—¿Por qué has tardado tanto en salir?

La voz de su padre sonó demandante y molesta. Ranma no tenía ánimos de discutir con él, pero tampoco quería quedarse callado y escuchar las duras palabras de su padre, como había hecho tantas otras veces.

—Estábamos charlando sobre el partido. —Contestó—. ¿Dónde está mamá? —La buscó con la mirada pero no la vio por ningún lado.

—Uno de tus profesores, un tal Taro, quiso hablar con ella sobre tu desempeño. Al parecer algo estás haciendo bien, finalmente…

Algo. Para su padre, nada de lo que él hacía estaba bien, así que no era extraño que le sorprendiera (y por ende buscara restarle importancia) que a Ranma le estuviera yendo bien en Furinkan y que un profesor tuviera algo bueno que decir sobre él.

—¿Por qué has hecho eso al final del partido? —Demandó saber Genma, todavía con aquella expresión ofuscada.

Ranma frunció el ceño.

—¿El qué?

—Sabes a lo que me refiero. Le has pasado el balón al número nueve, ¿por qué no has pateado al arco directamente?

Ranma miró a su alrededor. No quería protagonizar una escena frente a la gente que todavía estaba por allí, así que le dijo a su padre que mejor hablaran de camino al coche. Emprendieron la marcha.

—Le he pasado el balón porque era más fácil para él marcar el gol.

—Ah, y ahora tú haces lo más fácil. —Soltó una risa ácida—. Bien podrías haber pateado tú y llevarte el crédito por ese gol, Ranma.

—Papá, es un juego de equipo. No puedo pensar solo en mí y en el crédito, ¿y si hubiera fallado? ¿Y si el portero o el defensa hubieran detenido la pelota? Hubiera sido peor.

—Tonterías. Tú hubieras marcado ese gol sin problema.

Ranma estaba empezando a molestarse. Siempre era lo mismo. Su padre quería que él fuera el más destacado siempre, el protagonista, el mejor, el favorito, el más hombre entre los hombres, y no perdía oportunidad en recordarle que no era ninguna de esas cosas porque no se enfocaba lo suficiente en serlo.

—Puede ser, pero al final lo marcó Daisuke y también está bien. Fue un buen gol y nos dio la victoria.

Quería zanjar el tema. Si su padre no podía felicitarlo por el gran partido que había tenido, al menos deseaba que no lo criticara tanto. Aunque no entendía por qué simplemente no podía alegrarse por él, tristemente había empezado a acostumbrarse a ello.

—Pudo haber sido un mejor gol. —Insistió Genma—. Pudiste haber...

—¡Fui el jugador más destacado del partido, papá! —Estalló Ranma perdiendo la paciencia, deteniéndose en mitad del estacionamiento—. ¡Di dos asistencias! ¡Noventa por ciento de pases completados! ¡Catorce recuperaciones solo en el segundo tiempo!

Genma lo miró sin cambiar su expresión, como si todo aquello fuera insignificante.

—No es suficiente.

Ranma sintió una punzada de dolor en el pecho. No es suficiente. Nunca lo era. Nunca lo había sido y probablemente jamás lo sería. No importaba cuánto se esforzara, cuánto intentara complacer a su padre, siempre había una queja, una crítica, un comentario. Si marcaba un gol, le decía que podía haber marcado dos; si marcaba dos, le criticaba el no haber buscado el triplete; si daba pases de gol, se quejaba de que solo pensara en dar gloria a los demás; si no los daba, le decía que sus compañeros pronto prescindirían de él.

Siempre era igual, había sido así desde que era un niño. Las cosas mejoraron significativamente desde que entró a la Academia Furinkan, pero su padre todavía tenía comentarios que hacer cuando iba a verlo, por eso Ranma prefería que no fuera jamás. Sabía que a su madre sí le hacía mucha ilusión verle jugar, y que normalmente cuando iba era acompañada de Genma, así que solo por eso no decía nada.

—Tal vez para ti no lo sea, pero para mis compañeros lo es. —Comentó muy alterado—. Y también para los entrenadores. Y para mí. —Miró a su padre intentando calmarse—. Dile a mamá que la veré en casa.

Genma frunció el ceño.

—¿De qué hablas?

—Si crees que tengo ganas de estar en un coche contigo escuchando cómo enumeras todas las cosas que hice mal y todo lo que tengo que mejorar, estás equivocado, papá.

Su padre lo miró de forma reprobadora.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Tomar un taxi? Si crees que voy a darte un yen para ello, quien está equivocado eres tú. —Espetó—. No soy como los padres de tus amiguitos, que tienen dinero para regalar y chóferes para que sus hijos consentidos y malcriados dispongan de ellos.

¿En serio? ¿Ahora iba a decirle esas cosas? Había sido él quien con tanta insistencia había querido que Ranma estudiara en ese colegio, ¡y ahora le salía con ese comentario!

—Pues lo mejor me quedo a dormir aquí y así aprovecho para practicar más ya que no soy lo suficientemente bueno. —Dijo sarcástico—. ¿No es eso lo que quieres?

Genma se acercó a su hijo de forma amenazante. Ranma dio un paso hacia atrás de forma instintiva. Su padre tenía la mano suelta (y pesada) y lo último que necesitaba era que le soltara una hostia allí.

—No te permito que me hables así. —Le dijo entre dientes, señalándole con el índice.

Pero Ranma no estaba por la labor de dar su brazo a torcer. Su padre era imposible y no tenía ganas de compartir un viaje en coche con él hasta la casa, en el que probablemente continuaría con sus críticas y su perorata incesante sobre cómo Ranma no se cansaba de desperdiciar su talento y todas las oportunidades que la vida le daba.

—Iré a la casa, pero no con ustedes. —Le dijo con firmeza.

Aunque no lo expresó, Genma Saotome se sintió sorprendido de que su hijo se mantuviera firme aquella vez, cuando normalmente el chiquillo solía ceder, pero en ese momento no parecía dispuesto a hacerlo. Dándose cuenta de que su hijo estaba creciendo y de que probablemente esa noche no había palabra alguna que le entrara en aquella cabezota, asintió con la cabeza.

—Haz lo que te dé la gana, chiquillo malcriado.

Se dio la vuelta y caminó dando grandes zancadas en dirección al lugar donde había aparcado el coche, dejando a Ranma todavía muy alterado.

El chico se sentó en la acera y se llevó las manos al rostro, con los ánimos por los suelos. ¿Por qué Genma no podía alegrarse por él, como hacían los padres de sus amigos? Y si no tenía nada bueno que decir, ¿por qué simplemente no se quedaba callado y ya? ¿Por qué tenía que arruinarle la noche? Se lo había pasado tan bien jugando y luego celebrando con sus compañeros… ¿por qué le era tan difícil complacer a las personas?

La mente era traicionera. Aquel pensamiento lo llevó a recordar el tema en el que había estado pensando antes de discutir con su padre. No era lo suficientemente bueno para su padre, no había sido lo suficientemente bueno para Shampoo, definitivamente no lo era para el inglés… ¿había algo en lo que verdaderamente destacara? Se hundió todavía más en aquellos sentimientos negativos y sintió unas terribles ganas de llorar.

Mientras pensaba en que probablemente él no era tan bueno como creía en todas las cosas en las que se creía bueno, le escocieron los ojos y un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas. No le gustaba llorar en público porque lo hacía sentir vulnerable, además de que...

—Ranma, ¿estás bien?

El chico alzó la cabeza y se topó con la mirada preocupada de Akane. Estaba de pie a un metro de él y se había inclinado hacia abajo para mirarlo, pero él no la había escuchado acercarse. Ranma se puso de pie rápidamente y le dio la espalda, limpiándose las lágrimas en el proceso.

—Sí, sí, todo bien.

Akane supo que mentía incluso cuando él no la miraba. Era más que evidente que estaba mal y le había quedado más claro todavía al verlo limpiarse la cara. ¿Estaba llorando?

—Es que te ves alterado, nervioso. —Akane habló con preocupación y dio un paso adelante para acercarse a él.

Él negó con la cabeza apartando la mirada, sintiendo los ojos aún más vidriosos que antes. ¿Por qué coño cuando la gente preguntaba si estabas bien te ponías peor?

—Y como te vi discutir con tu padre…

Ranma se tensó en su lugar. Lo último que necesitaba en ese momento era que Akane fuera testigo de las humillaciones que había recibido de parte de su padre. Se giró para mirarla, entre incómodo y alarmado.

—¿Estabas espiando nuestra conversación?

Akane se sorprendió ante aquella pregunta, principalmente por el tono acusador. Fue entonces cuando vio los ojos azules de Ranma. Sí, estaba o había estado llorando.

—No, no, para nada —contestó apresuradamente—, es solo que yo venía para acá a esperar a Yuka y Daisuke, y ustedes estaban hablando en voz alta. Los dos parecían muy alterados, fue inevitable que me diera cuenta que algo pasaba. —Dijo con sinceridad—. Pero no escuché su conversación.

No parecía que Akane estuviera mintiendo; sin embargo, se sentía expuesto y vulnerable y no deseaba dar explicaciones. Su relación con su padre era un tema sensible para él.

—Ranma —Akane dio un paso adelante y ladeó la cabeza para mirar mejor al pelinegro—, ¿seguro que estás bien? ¿Quieres hablar…?

—¡Te he dicho que estoy bien! —Exclamó él irritado.

Akane se quedó de piedra ante aquella reacción. Bien, no había esperado que Ranma se abriera ante ella como una flor de cerezo en primavera, ni tampoco que llorara mares y se desahogara, pero definitivamente no había anticipado aquella reacción tan cortante y grosera. Aquel era el momento perfecto para la frase «disculpa por molestarte con mi amistad», pero tomando en cuenta que ellos no eran amigos, no aplicaba. Así que Akane simplemente asintió con la cabeza y se dio la vuelta para dejar a Ranma solo. No estaba por la labor de insistirle ni tampoco de quedarse allí para que el chico le saliera con alguna otra grosería o mala respuesta. Si él no sabía o no podía apreciar cuando alguien se preocupaba por su bienestar, era su problema.

En el momento en que vio que los ojos de Akane expresaban su sorpresa y descontento, Ranma se sintió culpable por haberle dicho eso. Ella simplemente se había preocupado por él, no tenía la culpa de que su padre tuviera el tacto de un oso salvaje.

Y al parecer tú también…

El corazón de Ranma dio un vuelco ante ese pensamiento. ¿Él también era como su padre? ¿Un insensible y un desconsiderado? Se sintió asaltado ante aquella posibilidad. Sí, tal vez lo era; después de todo, muchas veces le habían dicho que decía las cosas de forma muy poco delicada.

—¡Akane, espera!

Ella no se detuvo. Continuó caminando por el estacionamiento incluso cuando sintió los pasos de Ranma pisarle los talones.

─No me tienes que dar ninguna explicación. —Le dijo mosqueada—. Quería saber cómo estabas y ya lo he averiguado.

Cuando intentó acelerar el paso, Ranma se le adelantó y se detuvo frente a ella para obligarla a que dejara de caminar. ¿Debía disculparse o agradecerle por interesarse por él? ¿O ambas?

—Akane, lo siento. —Le dijo sincero y con el corazón a mil por hora—. Discutí con mi padre y siempre me pongo de muy mal humor cuando eso pasa. Tú no tienes la culpa de nada y no debí hablarte así. Discúlpame, por favor. —Apartó la mirada y su rostro se contrajo en una expresión de dolor. Estaba aguantándose las ganas de llorar.

Se miraron durante varios segundos, en los que ella creyó entender lo que él estaba sintiendo, y en los que él no fue capaz de juntar las palabras adecuadas para explicarle por qué se sentía así cuando debía estar contento y feliz por haber ganado el partido y por haber sido elegido el jugador más valioso.

—Está bien —contestó Akane mirándolo de forma comprensiva—, no pasa nada.

Ante aquella mirada, Ranma fue incapaz de quedarse en silencio. Necesitaba desahogarse con alguien. No había nadie a su alrededor.

—¿Nos sentamos?

Ella asintió con la cabeza entendiendo que la pregunta era porque Ranma deseaba hablar con alguien. Caminaron hasta una de las bancas que estaban cerca del estacionamiento, junto a una farola. Una vez sentados, Ranma se animó a hablar.

—Mi padre piensa que soy una decepción. —Su voz sonaba triste mientras hablaba sin mirarla, con los hombros decaídos en señal de derrota—. Que he desaprovechado las oportunidades en el partido, que debí haber marcado el gol yo, que soy un desperdicio… en fin, muchas cosas más por esa línea. —Las lágrimas se acumularon en sus ojos, pero él se negó a pestañear para dejarlas salir—. Suele decirme que soy un jugador mediocre y ya estoy acostumbrado a sus chácharas, pero hoy no lo esperaba. —Miró al frente y bajó la cabeza.

Akane lo miró con una mezcla de desconcierto e indignación. ¿Qué clase de padre tenía Ranma? ¿Era tonto o ciego? ¡Ranma había sido el mejor en la cancha! ¡Había jugado un excelente partido! Le había dado demasiados dolores de cabeza al equipo rival, había creado ocasiones para Furinkan… había hecho todo lo que un buen centrocampista puede y debe hacer en un partido. Entonces Akane recordó que el señor Saotome había intentado ir a la charla técnica del medio tiempo… claro, claro, ahora todo tenía sentido. El padre de Ranma era uno de esos padres desquiciados y súper exigentes que presionaban y explotaban a sus hijos hasta el agotamiento físico y emocional.

—Ranma, fuiste el mejor jugador del partido, ¿lo sabes no? —Se deslizó sobre la banca para acercarse a él y posó su mano sobre su hombro—. Participaste en las dos jugadas de gol, fuiste tú quien dio las dos asistencias; recuperaste un montón de balones, sobre todo en el segundo tiempo; diste pases súper precisos y creaste jugadas de peligro… no hubo una sola cosa que hicieras mal, sino todo lo contrario.

¡Exacto, exacto! ¡Exactamente! ¿Por qué su padre no podía entenderlo si Akane lo veía tan claramente? Se giró para mirarla y notó que estaba cerca de él y que en sus ojos había una calidez y una empatía que no había visto antes.

—Gracias, ahora díselo a mi padre —soltó una risita triste y se limpió las lágrimas que inevitablemente habían salido de sus ojos. Akane se había dado cuenta de que no estaba bien, así que no se esforzaría en ocultar su llanto.

—Hey, mírame. —La voz de Akane era dulce—. No voy a decirte que no te sientas mal, porque nunca me ha pasado algo así y no sé cómo me sentiría yo, pero… —Se tomó varios segundos en elegir las palabras adecuadas—. No porque tu padre piense esas cosas de ti significa que son verdad, ¿lo sabes no?

Ranma la miró sin decir nada. Sí, lo sabía, pero eso no hacía que doliera menos. Akane posó su mano en la mejilla de Ranma.

—Eres un chico súper talentoso, Ranma, y no debes olvidarlo. Y si tu padre no puede o no quiere verlo, pues ese es su problema. —Esbozó una pequeña sonrisa y le secó las lágrimas con los pulgares—. No pensaba decirte esto porque creo que tu club de fans ya es demasiado grande y no necesitas a nadie más, pero de todos los jugadores de Furinkan, mi favorito eres tú.

Era cierto. Como amante y seguidora de los deportes, Akane admiraba a Ranma porque era el jugador más completo de todo el equipo. Tenía mucho talento para su edad.

Aquellas palabras significaron para Ranma mucho más de lo que ella podía pensar. Nunca nadie le había dicho algo así, ni siquiera Shampoo. Que fuera Akane quien se lo dijera después de todo por lo que habían pasado, le daba mucho más valor.

—Gracias.

Se miraron en silencio, disfrutando de la compañía y de las facciones del otro, mientras cada uno pensaba en cosas distintas. Akane todavía tenía sus manos en las mejillas de Ranma.

—Eres un gran atleta, Ranma. No solo por tus habilidades, sino por tu disciplina y por tu actitud. Y además eres una buena persona. —Si semanas antes alguien le hubiera dicho a Akane que ella diría esas palabras de Ranma, la chica se habría reído. Pero a pesar de todas las sucias jugarretas que habían sucedido entre ellos, Ranma había demostrado ser una persona decente—. Puedes ser muy pesado y tienes la lengua muy larga y te falta tacto muchas veces, sí, pero…

—Vaya, pensé que estabas intentando animarme —dijo él de forma irónica, haciendo que Akane se riera y apartara sus manos de su rostro.

—¡No me dejaste terminar! —Dijo con una sonrisa—. Puede que sí seas todas esas cosas, pero también eres un chico noble y tienes un corazón. No diría que es un gran corazón, pero definitivamente tienes uno…

Ranma la miró con las cejas alzadas.

—Ja, ja, qué graciosa. —Comentó sin perder el humor—. Supongo que es lo que me merezco luego de nuestra riña.

—Lo es. —dijo ella. De forma coqueta, agregó—: Puede que también merezcas algo más, pero solo porque yo soy una buena persona y estoy intentando animarte…

—¿Qué es? —Preguntó Ranma completamente incauto.

Tras esbozar una sonrisa que le robó el aliento a Ranma, Akane volvió a poner sus manos sobre las mejillas de Ranma y lo besó con suavidad. Al principio, la acción lo tomó por sorpresa, pero pronto el chico correspondió al beso. A diferencia de la vez del dojo, esta vez no había prisas ni tampoco desesperación. Akane lo besaba despacio, como si quisiera tomarse todo el tiempo para saborear sus labios y disfrutar de su boca. Y aunque a Ranma le había gustado devorar su boca en el dojo, se dio cuenta de que besarla así también le encantaba.

Aprovechando la cercanía, Ranma rodeó a Akane por la cintura con un brazo y el otro lo subió hasta que cogió suavemente la nuca de la chica para profundizar el beso. Akane también lo abrazó, rodeando su cuello con sus propios brazos. Era un beso diametralmente opuesto al del dojo. Era pausado, suave, un poco tímido y mucho más dulce. No había prisa alguna ni tampoco era el preámbulo de alguna cosa más elevada; aquel casto besa era por sí mismo el momento cúlmine.

Ranma disfrutó de la suavidad del pelo de Akane entre sus manos, y ella se dedicó a acariciar el mentón, las mejillas y las orejas de él mientras sus labios seguían en contacto y sus lenguas saboreaban la boca del otro.

—Creo que no te había dicho esto nunca, pero me gusta mucho cómo hueles. —El comentario de Ranma fue dulce y tímido al mismo tiempo.

Akane sonrió halagada y le dio las gracias con un beso. Se separaron ligeramente para dejar de besarse, pero mantuvieron sus rostros tan juntos que sus narices se rozaban.

—Entonces, ¿te sientes mejor? ¿Ha funcionado mi método para animarte?

Ranma esbozó una sonrisa divertida y asintió con la cabeza. Le dio un corto beso en los labios.

—Mucho mejor, sí.

—Me alegro de haber ayudado, aunque sea un poquito.

No sabes cuánto los ha hecho, pensó él.

—¡Akane, Ranma!

Los pelinegros se giraron para buscar con la mirada a Daisuke, que acababa de llamarlos desde no muy lejos. Estaba acompañado de Yuka y parecían muy cariñosos el uno con el otro. Sin ser conscientes de si los habían visto besarse, tanto Ranma como Akane se pusieron de pie y se acercaron a sus amigos.

—¿No nos van a felicitar? —Daisuke tenía una sonrisita bailándole en los labios.

—¿Felicitar? —Preguntó Ranma, habiendo olvidado por completo que su amigo y Yuka quedaron para conversar después del partido sobre el estatus de su relación.

Sin dejar de sonreír, Daisuke le pasó un brazo por encima de los hombros a Yuka y luego acercó su rostro al de ella para darle un beso en la boca. La chica le correspondió y le guiñó el ojo, en un gesto de romántica complicidad.

Ranma y Akane se miraron y luego volvieron a ver a sus amigos, sonriéndoles con emoción. La menor de las Tendo se acercó a su amiga y le dio un abrazo, mientras que Ranma y Daisuke se chocaron los cinco. Los felicitaron animadamente y se mostraron muy contentos de que finalmente fueran novios.

—¿Eso significa que sí irán al Baile de Invierno juntos como una pareja? —Preguntó Akane divertida e ilusionada.

Daisuke se llevó una mano al mentón.

—Déjame consultarlo, primero. Yuka, ¿te gustaría ir conmigo al Baile de Invierno? Como una pareja.

Akane y Ranma se rieron mientras miraban a los nuevos tórtolos.

—Sí, me encantaría.

—Pero recuerda lo que te dijo Asami el día de la votación —esta vez fue el turno de Ranma de bromear—, no puedes meterle mano a Yuka mientras bailan.

Daisuke frunció el ceño y sonrió al mismo tiempo, hasta que recordó las palabras de Asami.

—¿'Sami dijo eso? —Inquirió Yuka.

—Síp, yo estaba ahí.

Conversaron un rato más, hasta que Daisuke les indicó que todos podían irse con él.

Como Akane y Yuka vivían relativamente cerca de su casa, la madre de Daisuke decidió dejar primero a Ranma. En el trayecto, Daisuke y Ranma conversaron animadamente sobre el partido, respondiendo a las preguntas de la madre de Daisuke sobre sus próximos encuentros. Akane y Yuka estaban demasiado inmersas en sus pensamientos como para participar de la charla; la primera pensaba en su beso con Ranma y lo feliz que se veía ahora, en contraste con cómo lo había encontrado tras la discusión con su padre; la segunda pensaba en que acababa de iniciar una relación con su mejor amigo, y aunque tenía algo demasiado, estaba muy ilusionada por todas las cosas que viviría con él.

Cuando llegaron al edificio de Ranma, todos los felicitaron otra vez por el gran partido. El chico les agradeció y se despidió de ellos con efusividad. Tras bajarse del coche, ni siquiera pensó en la discusión con su padre, ni tampoco lo hizo mientras subía en el ascensor. Cuando su madre lo recibió con un abrazo y un beso mientras lo felicitaba por el partido, para luego preguntarle si estaba bien por lo ocurrido, Ranma le dijo que sí y no le dio importancia. No pensó en ello mientras cenaba algo rápido, ni tampoco cuando ya estuvo acostado en su cama. En su mente no había lugar para pensamientos negativos, porque en lo único que podía pensar era en una chica de sonrisa dulce y labios suaves.

Akane.


Asami y Ryu subían las escaleras completamente a oscuras y a hurtadillas. Estaban en completo silencio, hasta que el chico le dio una nalgada a su acompañante.

—Shhh —Asami trató ahogar su risa—. ¡Ryu, nos van a oír!

El chico se tapó la boca con ambas manos, haciendo que Asami se riera. Se besaron apasionadamente y Ryu aprovechó que ella estuviera un par de peldaños más arriba que él para apretarle las nalgas.

Habían actuado natural durante el trayecto en coche de la Academia a casa de Asami, porque aunque ella le aseguró a Ryu que el chófer era un hombre discreto y que no diría nada, prefería no dar un espectáculo en su presencia. Luego se bajaron y entraron a la casa en completo silencio, haciendo una breve parada en la cocina para buscar algo de tomar. Y ya en las escaleras, Ryu decidió empezar con los manoseos y besuqueos.

—¿Asami?

Era la voz de su padre. Asami sintió que el tiempo se detenía en aquel momento. Separó sus labios de los de Ryu y lo miró con una mezcla de pánico y sorpresa, deteniéndose en mitad de las escaleras para intentar descifrar de qué parte de la planta baja venía la voz de su padre; definitivamente no de la cocina… tampoco de la sala… de su estudio, probablemente. Nerviosa y tensa, sintiendo que estaba a punto de ser descubierta, apenas alcanzó a decirle algo breve a Ryu.

—Ve subiendo y espérame en mi habitación. Le voy a dar las buenas noches y le diré que me voy a la cama.

El chico asintió con la cabeza y le dio una nalgada que hizo que ella se girara para mirarlo con una mezcla de reprobación y complicidad. Sin decir nada más, Ryu continuó subiendo las escaleras hasta que llegó al segundo piso. La habitación de Asami estaba del lado izquierdo del pasillo. Tras entrar, cerró la puerta tras de sí y usó la linterna de su móvil para ver mejor y no tropezar mientras caminaba hacia la mesita de noche donde Asami tenía una lámpara. La estancia se iluminó y Ryu dejó su bolso y sus zapatillas del lado de la cama que no se veía desde la puerta.

Se acostó en la mullida cama (era más cómoda que la suya) para esperar a su sirena, pero pronto una idea maquiavélica surcó su mente.

Si fuera una chica, ¿dónde guardaría mi ropa interior?

Desde su lugar, dio un rápido vistazo a la habitación y divisó una cómoda blanca que tenía varios cajones y sobre la cual había un espejo. Tras incorporarse y dirigirse al mueble, abrió la primera gaveta y sonrió complacido. Eureka.

El cajón de ropa interior de Asami estaba completamente ordenado. Los sujetadores estaban del lado izquierdo; los que usaba con el uniforme eran blancos o beige para que no se vieran a través de la camisa blanca; luego estaban los deportivos, que usaba para las prácticas con el equipo de animadoras; finalmente, estaban los demás, de distintos colores y estampados. Esos eran los que más le gustaban a Ryu. Del lado derecho del cajón estaban las bragas. Recorrió las prendas con los ojos y hurgó las que le parecieron más interesantes; algunas ya las había visto pero la mayoría no; hubo una en particular que llamó su atención por tres motivos: negra, encaje, tanga.

Gracias a la genética y al baile, Asami tenía unas nalgas espléndidas y apetecibles, por lo que una prenda como esa solo resaltaría ese excitante atributo de su cuerpo. La cogió y luego cerró el cajón. Volvió a la cama y se quitó la ropa, poniéndola sobre el duffle bag que había dejado a un lado de la cama. Se acostó sobre la cama y cogió uno de los cojines redondos de Asami para taparse la entrepierna mientras esperaba. Su sirena no tardó en aparecer.

—¿Qué se siente que tu fantasía se haya hecho realidad? —Le preguntó Ryu desde la cama, mientras ella lo miraba con sorpresa e interés tras cerrar la puerta con seguro.

—¿Mi fantasía?

—Sí, claro. Tu fantasía de tenerme desnudo en tu cama en una noche de semana.

Asami se rió y negó con la cabeza. Ryu era un caso. Mientras se quitaba la ropa despacio y sin dejar de mirarlo, decidió coquetear con él para empezar a encender la llama.

—Se siente… bien, muy bien. Pero creo que se va a sentir mejor en unos minutos. —Le guiñó un ojo.

Terminó de desnudarse ante la atenta mirada de Ryu, que no perdía detalle de ese cuerpo que le encantaba y lo excitaba como ningún otro. Luego gateó sobre la cama hasta que su rostro estuvo a escasos centímetros del de él. Cogió el cojín que tenía sobre el regazo y lo hizo a un lado.

—Quiero que te pongas esto. —Le dijo él en un susurro y le mostró la pequeña prenda negra que tenía en su mano.

Asami se arrodilló sobre la cama y lo miró con una ceja alzada. En su experiencia, no importaba que tan sexy fuera una prenda íntima, los chicos siempre terminaban quitándosela con prisa.

—¿Para qué? —Preguntó curiosa mientras le apartaba varios mechones de pelo ondulado de la frente—. ¿Para que me lo quites a los dos minutos?

—No —contestó Ryu y subió uno de sus dedos para acercarlo a la boca de Asami—, porque quiero hacértelo con esto puesto. Es una de mis fantasías.

Asami esbozó una sonrisa traviesa y divertida, imaginándose en qué posición querría verla Ryu con aquella tanga puesta. No era lo que tenía en mente, pero suponía que podían hacerlo varias veces. Definitivamente, no se dormirían sino hasta la madrugada, y ella se pasaría el día de mañana con mucho sueño.

Pero cualquier insomnio valía la pena si era con Ryu.


Todavía medio dormida, Asami extendió su brazo para buscar el edredón, pero no lo halló por ningún lado. Como no podía volver a dormirse porque tenía frío, abrió los ojos y continuó tanteando la cama en busca del edredón. Se dio cuenta de que ya era de día porque las persianas estaban subidas. Fue entonces que recordó que ella no se había metido sola a su cama...

—Buenos días, bombón.

Dio un respingo al escuchar la voz de Ryu. Se incorporó y lo vio sentado en la poltrona que tenía cerca de su cama. Se habían quedado dormidos, en su cama, y era viernes, y… ¡debían ir a clases!

—Sabes —él estaba desnudo y tenía el edredón a sus pies (¡por eso tenía frío!)—, me gusta mucho la vista panorámica del Santiago Bernabéu y también la del Monte Fuji, pero tú desnuda y acostada en la cama es la mejor vista que he presenciado jamás.

—Nos quedamos dormidos. —Asami ignoró los piropos de Ryu y recogió las rodillas hasta su pecho—. ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo vas a salir? ¿Y tu uniforme? Vamos a llegar tarde, tienes que irte a tu casa, ¡no sé qué vamos a…!

Como era usual en él, Ryu pareció tranquilo y despreocupado. Esbozó una sonrisa y se incorporó para volver a la cama, llevando el edredón consigo.

—Tranquila, que aún es temprano. —Se sentó en la cama frente a ella y los arropó a los dos con el edredón color lila—. Te diré lo que vamos a hacer: nos duchamos juntos, tú te vistes con tu uniforme y yo me pongo la ropa de ayer, luego haremos una parada en mi casa para que me cambie de ropa y después vamos a la Academia.

Asami lo miró como si aquella le pareciera una pésima idea.

—No nos vamos a du…

—Dije duchar, solo duchar. —Ryu rodeó a Asami con uno de sus brazos—. Por más ganas que tenga de que hagamos otras cosas en la ducha, no nos podemos tardar o tus padres sospecharán. Pero vas a tener que decirles que no puedes desayunar con ellos hoy. Inventa alguna excusa. Yo me escabulliré y te esperaré en el coche mientras hablas con ellos.

En principio, Asami se mostró dubitativa y reticente, pero Ryu la convenció de que todo saldría bien si eran discretos y se daban prisa.

—¿Qué clase tienes primero? —Le preguntó él.

La primera clase de los viernes era Historia con el profesor John Taro. Él era amable y comprensivo, así que Asami sabía que no tendría demasiados problemas con él por llegar tarde, en especial porque ella siempre llegaba a tiempo.

En efecto, tras despedirse de Ryu con un beso en el pasillo, Asami cruzó la puerta del salón de clases y se disculpó con el profesor por llegar tarde. Él le indicó que tomara asiento, que no pasaba nada. De camino a su puesto, Asami buscó a sus amigas con la vista. Yuka y Akane la miraban con picardía, como intuyendo el motivo de su tardanza; Hiroko le sonrió de forma amigable (no tenía idea de que su amiga había estado hasta la madrugada haciendo travesuras con Ryu Kumon); y Sayuri apartó la mirada. Asami frunció el ceño, desesperada por saber por qué Sayuri estaba así con ella.

Después de Historia vino Biología, pero la profesora Hastings llegó con unos minutos de retraso, así que los estudiantes aprovecharon para charlar entre ellos.

Akane se había quedado un poco preocupada por Ranma luego de que la madre de Daisuke lo dejara en su casa. No le había gustado el estado en el que lo encontró tras verlo discutir con su padre. Y aunque él hubiera insistido en que ya estaba acostumbrado a la actitud de su padre y que se sentía mejor después de charlar con ella, Akane intuyó que aquello podía no ser del todo cierto, así que aprovechó que Mrs. Hastings estuviera retrasada para preguntarle cómo estaba.

—¿Qué tal ayer? —Le preguntó desde su asiento tras girarse para mirarlo—. ¿Todo bien en tu casa?

Ranma le sonrió de forma cálida. No había tenido tiempo de hablar con ella al llegar a clases porque el profesor Taro había llegado muy temprano, así que le alegraba que ella tomara la iniciativa e iniciara la conversación.

—Sí, cuando llegué mi padre ya se había acostado. —Respondió—. Hablé un poco con mi madre y también sirvió para animarme más.

Akane asintió con la cabeza y le sonrió también, contenta de saber que estaba más tranquilo. A pesar de que el chico supiera cómo hacerse odiar, y de que no le costara nada mostrar su peor cara, Akane estaba comenzando a ver que detrás de esa actitud chulesca y bromista había un chico con un corazón de oro.

—Oye, Akane. ¿Tienes planes para hoy?

Ya se habían besado dos veces y era más que evidente que los dos lo habían disfrutado mucho, así que Ranma pensó que tal vez sería buena idea que pudieran compartir un poco más. Después de todo, Akane le gustaba y estaba casi seguro de que a ella también le gustaba él. Sin embargo, no quería que la chica pensara que él estaba perdidamente enamorado de ella después de haberla besado solo dos veces, así que su invitación sería sutil.

—Estaba pensando en ir al cine. —Comentó Ranma intentando parecer desinteresado y casual—. Está esta película de terror que me gustaría ver, es con la actriz que sale en la saga de superhéroes.

—Sí, claro, sé cuál es.

—¿Te gustaría ir a verla?

¿Ranma estaba invitándola a salir? ¿Estaba pidiéndole una cita o algo así? Desde luego su semblante no parecía estar haciéndolo, tampoco su tono ni las palabras que había utilizado. Akane había recibido algunas invitaciones en su vida y ninguna sonaba tan desinteresada como esta, pero supuso que así era él. Una parte de ella sintió emoción ante la idea de salir con Ranma, pero luego recordó que ya había hecho planes para ese día.

─Es que ya he hecho planes hoy, ─esa misma noche, Akane iría con su amigo Mikado Sanzenin a ver esa misma película. Mika era su compañero de cine oficial—, pero gracias por invitarme.

Ranma se sintió desilusionado, pero trató de que no se le notara.

─Ah. No sabía. ¿Tal vez mañana?

—Es que el plan que tengo hoy es para ver la peli.

¿En serio? ¿Qué tan mala suerte podía tener? Por una vez que la invitaba a algo...

—Entiendo. —Comentó él esperando no sonar derrotado—. ¿Vas con tus amigas?

─Con un amigo.

Un amigo.

No había dicho Hiroshi ni Daisuke, tampoco Ryoga, que era otro de sus amigos, sino un amigo. ¿Qué amigo? ¿Sería de la Academia? ¿Estudiaría en otro colegio? Cuando decía amigo, ¿se referiría a un amigo-amigo o a un amigo con derechos? Un amigo especial, un ligue. ¿Qué era él? Desde luego, ellos no eran amigos, pero tampoco eran nada; definitivamente eran algo. ¿Amigos con derecho? ¿Compañeros de clase? ¿Personas que se besaban a hurtadillas y en momentos inesperados? Un sentimiento de profunda incomodidad se apoderó de él. ¿Akane tendría más amigos así, como él? Y de ser así, ¿por qué a él le importaba tanto que Akane pudiera tener un amigo íntimo y especial que no fuera él? La chica estaba en su total derecho de hacerlo, porque ellos no eran novios y no tenían exclusividad. No obstante, no pudo evitar sentir una punzada de celos en el pecho ante la idea de que a Akane pudiera gustarle un chico que no fuera él.

─Está bien. ─Fue todo lo que dijo antes de ponerse de pie y salir del aula con dirección al baño, aprovechando que la profesora de Biología aún no llegaba.

Akane se quedó un poco cortada ante la reacción de Ranma, y pensó que necesitaba conocerlo más para saber si era así normalmente o solo a veces. Ni siquiera le había dado tiempo de decirle que podían salir igual para hacer otra cosa o ver otra película al día siguiente. Ella tenía planes para ese mismo día, sí, pero aceptaría cualquier otra invitación que él le hiciera para el sábado.

Cuando Ranma volvió del baño, Mrs. Hastings ya había llegado al salón, así que no pudieron continuar con la conversación. Después vinieron las demás clases y los recesos, y Akane se quedó esperando todo el día que Ranma hiciera otra invitación para el día siguiente.

Una invitación que nunca llegó.


¡Hola!

Nabiki es mi pastora, nada me faltará. Les dije que esa interrupción en el dojo iba a traer cola... ¿faltará más?

Creo que todas estábamos deseando ver una cara de Ranma distinta a la que habíamos visto hasta ahora, y me parece que aquí la ha mostrado. No sé si esté de más decirlo, pero el personaje de Genma jamás me ha gustado, así que en detrimento de Ranma, estoy proyectando en esta historia mi disgusto hacia él convirtiéndole en un padre castrante y obsesivo.

Sobre Ryusami (couple name de Ryu y Asami, como Brangelina): escabullirse a mitad de la noche es algo verdaderamente divertido y emocionante. El chico sigue sumando puntos con Asami y cada vez se porta mejor con ella, aunque siendo ella la chica inteligente que es, no estaría de más que siga teniendo a mano las tres reglas de Dua Lipa.

Sobre Yaisuke (couple name de Yuka y Daisuke): oficialmente son novios. Mucha gente quería que ocurriera, lo cual es bueno, porque ahora los veremos un poco más pero también porque es la única pareja oficial de la historia (noviazgo serio y establecido). Lo que me lleva a...

Akane y Ranma: tomando en cuenta que su primer beso fue explosivo e intergaláctico, su segundo beso tenía que ser un poco más dulce y tierno. Esta es la primera vez que nuestros protagonistas tienen una conversación seria sin que terminen tirándose del pelo, así que había que sellarla con un besito rico y lindo. Y sobre la escena final, lo único que le digo a Ranma es que espabile que si no la lleva él, la va a llevar otro. Al cine, y al baile de invierno...

¡Muchas gracias a todos los los reviews! Los aprecio mucho. A las personas que tienen cuenta de FF les estoy respondiendo por PM. Y a los que no, disfruto mucho de sus reviews también, ya veremos cómo puedo responderlos.