Aviones de papel
Capítulo 8:
"La fiesta"

Sentada en un cómodo sofá junto a su amigo Mikado Sanzenin el área de espera del cine, Akane miraba su móvil y le mostraba memes a su acompañante, como una forma de matar el tiempo mientras se acercaba la hora para comprar palomitas y entrar a la sala.

—¿Sabes por qué me encanta venir a este cine? —La voz de Mikado sonaba optimista.

—¿Por qué? ─Preguntó Akane sin apartar los ojos de su móvil.

El chico esbozó una sonrisa amplia y picaresca.

—Porque siempre hay eye-candy. —Dijo refiriéndose a todos los hombres atractivos que solía ver cuando iba allí—. Por ejemplo hoy. El tipo que vimos cuando retiramos la entradas y ahora mira a esa preciosidad que está allá…

Antes de girar el rostro para buscar a la persona de la que Mikado hablaba, Akane le sonrió con complicidad. Su amigo tenía muy buen gusto, así que cuando encontraba atractivo a alguien es porque la persona de verdad lo era.

—Es el que tiene sudadera blanca.

La menor de las Tendo buscó con la mirada al chico señalado por Mika. Su corazón se saltó un latido al ver de quién se trataba. Ataviado con jeans de color claro, una sudadera blanca con capucha, y unas adidas I-5923 grises con franjas negras, Ranma miraba su móvil a unos metros de ellos. Su pelo negro se veía increíble, probablemente porque había tomado una ducha antes de ir al cine. Akane recordó que en esta ocasión, a diferencia de la cena del viernes, el universo le había advertido esa misma mañana sobre un posible encuentro, cuando Ranma le dijo que tenía pensado ir al cine.

Pero no pensé que vendría justo a éste...

—¿No es hermoso?

Lo era. Verdaderamente. Ranma era uno de esos chicos con una cara muy bella. ¿La cereza del helado? Ese cuerpazo fuerte y atlético que...

—Y mira ese pelito negro —añadió Mikado tras un largo suspiro—, ¡se ve tan suave!

—Sí, lo es.

Akane no se dio cuenta de que había dicho aquello en voz alta hasta que Mikado dejó de mirar a Ranma para posar sus ojos en ella. Fue nada más hacer contacto visual con su amigo y sentir que se sonrojaba completamente.

—Necesito que me expliques YA por qué te has puesto roja y cómo es que sabes que ese pelo es suave. —De pronto, el chico abrió los ojos de forma exagerada y alzó las cejas—. Espera, espera, espera —Mikado volvió a mirar a Ranma—, ¿ése es tu compañero de clases? ¿Con el que te besuqueaste en tu casa? —Posó sus ojos nuevamente en Akane—. ¿Ése es Ranma?

Mikado conocía todos los detalles de la relación de enemistad de Akane con un tal Ranma, un compañero de clases que se sentaba junto a ella y que además era íntimo amigo de Daisuke y de Hiroshi (suspiros). Al estar al tanto de las venganzas y malos ratos que su querida amiga había pasado por culpa de su archirrival, no pudo sino sorprenderse de forma escandalosa (literalmente) cuando Akane le confesó que su relación con el chico había dado un giro inesperado el viernes anterior. ¿Lugar de los hechos? Dojo Tendo.

—Sí, es él. —Contestó Akane recomponiéndose.

—No puedo creer que te hayas besuqueado con ese bombón en un dojo...

—En un dojo... y en los estacionamientos de la Academia ayer en la noche.

Mikado puso los ojos como platos. Anonadado, abrió la boca ante lo que acaba de escuchar, dejando salir una especie de gemido de sorpresa.

—¡¿Qué?! —Se llevó las manos al rostro como una reina de belleza que acaba de ser coronada—. ¡Por qué no me habías dicho nada! —Le dio un ligero empujón a Akane—. ¿Qué más pasó? ¡Cuenta, cuenta! ¡Quiero cada detalle!

—Nada, ¡nada! Solo nos besamos y ya, ¡y baja la voz, que se va a dar c…!

Efectivamente, Ranma estaba mirando su móvil cuando escuchó unas voces que llamaron su atención. Alzó la cabeza para ver de dónde venían y grande fue su sorpresa al ver a su chica favorita sentada en uno de los sofás del área lounge.

—Te está mirando, Akane, ¡te está mirando! —Dijo Mikado en voz baja y sin mover los labios, disimulando—. Salúdalo, Akane. ¡Salúdalo!

Ella alzó su mano y saludó a Ranma de forma torpe, más por los nervios que le causaba Mikado que por haberse encontrado a Ranma. El chico interpretó aquel saludo como una invitación a acercarse.

─Viene para acá, ¡viene para acá!

─¡Ya sé que viene para acá, lo estoy viendo! ─Comentó una muy exasperada Akane, temerosa de que su amigo se fuera de la lengua frente a Ranma─. Mika, plis no vayas a decir nada inapropiado.

Mikado batió sus largas pestañas, se acomodó el cuello de tortuga de su suéter negro y se puso de pie para marcharse.

─¿A dónde vas?

─A dar una vuelta, así puedes saludar a tu bomboncito más íntimamente.

Le guiñó uno de sus ojazos y Akane casi agradeció que se marchara. No quería que dijera alguna imprudencia que pudiera comprometerla con Ranma, quien ya casi llegaba a donde estaba ella. Se alisó la ropa y se pasó una mano por el pelo, tratando de aparentar normalidad. Se habían visto hoy durante todo el día, ¿por qué ahora estaba nerviosa?

Cuando Ranma estuvo cerca de ella, la saludó con amabilidad.

—Hola, Akane.

─Hola, Ranma. ¿Qué tal? —Le sonrió desde su lugar en el sofá—. ¿Viniste a ver la película que me dijiste?

Él asintió con la cabeza y se sentó en el sillón que estaba junto a Akane, sin esperar que ella lo invitara a acompañarla.

—Sí, tenía ganas de venir.

EL chico aprovechó la cercanía para observar a Akane con disimulo. Se veía guapísima vestida con un suéter de lana color coral, jeans blancos rotos, una camisa blanca cuyo cuello sobresalía del suéter, y zapatillas HOFF Oslo. Sintió que era un buen momento para halagarla.

─Te ves… bien.

¿Te ves bien? Ranma se sintió como un estúpido. ¿En serio? Idiota, ¿por qué no puedes decirle que está preciosa y ya?

Akane no dio crédito a lo que escuchaba. Ranma… ¿Ranma acababa de halagarla? «Te ves bien» no era precisamente el piropo más directo ni tampoco el más dulce o expresivo, pero viniendo de él, aquello era más de lo ella hubiera esperado. Le gustó que él le dijera eso, así que no pudo evitar corresponderle.

—Gracias. —Contestó ella, consciente de que se había sonrojado un poco—. Tú también te ves bien. Me gusta tu pelo, se ve bien hoy.

Sintiéndose halagado y orgulloso, Ranma le regaló una sonrisa coqueta. Sí, su pelo solía gustarles a las chicas, así que era verdaderamente gratificante saber que Akane no era inmune a ese encanto suyo. Envalentonado por aquel piropo, Ranma se lo devolvió.

—El tuyo también. —Esbozó la sonrisa coqueta de su repertorio, esa que solo había usado con Shampoo—. Es bonito.

Vaya, así que hoy estás regalando halagos, pensó Akane. Hacía algo de tiempo que no coqueteaba con un chico que le gustara (Mikado, con quien flirteaba todo el tiempo, no contaba porque era gay), así que decidió seguirle el juego a Ranma. Después de todo, en el pasado le habían dicho que se le daba bien.

—¿El mío también te gusta o también se ve bien hoy?

Antes de responder, Ranma pareció pensar en lo que ella acababa de decirle. ¿Está coqueteando conmigo? Joder sí, y qué sonrisa…

—Las dos. —Contestó seguro.

Fue entonces, cuando Akane apartó la mirada y trató de ocultar su sonrisa, que Ranma recordó que ella no había aceptado su invitación porque ya tenía planes para ver la película con «un amigo». La atmósfera de coquetería e intimidad desapareció de pronto.

—¿Y tu amigo?

Akane volvió a mirar a Ranma y, al igual que él, recordó que ella había ido allí con Mikado y no con el guapo pelinegro como su cita.

—Fue a… contestar una llamada.

Como si lo hubieran invocado de la nada, un chico alto de pelo castaño con un corte de pelo impecable (y seguramente carísimo) se acercó a ellos. Era delgado y muy alto, con un porte elegante atípico para su edad.

—Oh, Akane, veo que tienes compañía. —Su comentario fue casual y amable.

Akane lo miró con una sonrisa que Ranma interpretó como un saludo amigable.

—Ranma, te presento a Mikado, uno de mis mejores amigos. —Comentó mirando al recién llegado con la esperanza de que no fuera a decir una imprudencia—. Mika, él es Ranma, un compañero de clases.

«Compañero de clases», a eso había quedado reducido. Increíble. ¿Y qué esperabas? ¿Que dijera que eres el amor de su vida? Ranma lo pensó mejor. Sí, definitivamente «compañero de clases» suena mejor que «el idiota que me ha estado haciendo la vida imposible durante las últimas semanas».

—Mikado Sanzenin. —El chico esbozó una sonrisa, dejando ver una dentadura perfecta que bien podía ser producto de la genética o de la ortodoncia—. Mucho gusto.

—Ranma Saotome, igualmente.

Hubo un corto silencio que a los dos pelinegros se les hizo incómodo, pero no a Mikado (estaba muy concentrado en admirar las hermosas y masculinas facciones de Ranma), hasta que el chico de la trenza se puso de pie. Al hacerlo comprobó que el amigo de Akane era más alto que él.

—Bueno, disfruten la película. —Dijo en un tono neutral—. Nos vemos luego.

—Espera, Ranma, ¿te vas tan pronto? —El tal Mikado le habló en un tono demasiado familiar para alguien a quien acababa de conocer—. ¿Viniste también al cine? ¿Qué película vas a ver?

El chico de la trenza le contestó y los ojos claros de Mikado se abrieron con emoción.

—¡Oh, nosotros también, qué casualidad! —Miró a Akane—. ¿No es esa una curiosa casualidad, Akane?

Ella no dijo nada. Se sentiría muy tonta si dijera que lo era cuando ella siempre supo que Ranma tenía intenciones de ver esa película con ellos.

—¿Has venido con alguien? —Preguntó Mikado—. ¿Una chica guapa tal vez? ¿Tu novia?

Akane se tensó ante aquello. Miró a Ranma con atención, a la expectativa de lo que pudiera contestar. Él la había invitado a ella en la mañana, pero tal vez hubiera buscado a otra chica ante su negativa. Fue consciente de sus pensamientos y de la tensión en su cuerpo. ¿Le molestaba la idea de que Ranma fuera al cine con otra chica?

Ranma pensó en mentir, pero pronto recordó que entrarían a ver la misma película, así que su mentira pronto quedaría en evidencia cuando vieran que no estaba con nadie.

—No, no tengo novia. —Contestó—. En realidad vine solo.

Se sintió un poco perdedor al decir eso. Aquella no era la primera vez que Ranma iba solo al cine; le gustaba ir con sus amigos, pero de vez en cuando disfrutaba de ir sin compañía. Sin embargo, no quiso que Akane pensara que no tenía con quien ir, mucho menos que su amiguito creyera que él era un tipo extraño o solitario. Para evaluar la reacción del tal Mikado, decidió decir la verdad.

—Invité a Akane esta mañana, pero me dijo que ya había hecho planes para verla con otra persona.

Los ojos de Mikado fueron de Ranma a Akane y de Akane a Ranma. Como ella no se había esperado aquel episodio de sinceridad por parte de Ranma, no dijo nada, lo cual dio pie a que Mikado aplaudiera con emoción al decir que entonces Ranma podía acompañarlos sin problema. Luego le preguntó qué número de asiento tenía y ¡qué casualidad! el chico había comprado el último boleto disponible, cuyo número colindaba con el de Mikado. Tanto Ranma como Akane disimularon la sorpresa e incomodidad que les generaba aquella coincidencia; Ranma, porque tendría que sentarse junto a la chica que le gustaba y su acompañante (de quien sentía celos porque desconocía la naturaleza de su relación); Akane, porque no sabía cómo actuar ante una situación como esa.

Después de comprar las bebidas y las palomitas, los tres adolescentes entraron a la sala de cine y se acomodaron en sus respectivos puestos, Akane sentándose en el medio de los dos chicos. La película inició pronto y la atención de los jóvenes se enfocó en lo que ocurría en la gran pantalla.

Ocasionalmente, Mikado y Akane se hacían algún comentario en voz muy baja referente a lo que sucedía en la película. La chica, queriendo que Ranma se sintiera incluido, también comentaba en susurros algunas cosas con él, a quien le gustaba tenerla tan cerca. Podía sentir su agradable olor floral y además mirarla de reojo sin que fuera raro, con la excusa de que lo que ocurría en la película era lo que la hacía mirarla.

Ranma debía admitir que toda la situación se le hacía muy peculiar. Si Akane y el tal Mikado eran más que amigos, no lo demostraban de ninguna forma. El chico no le había cogido la mano en ningún momento de la película, ni la había besado, abrazado o acariciado de ninguna forma romántica. Desde que se les acercó cuando estaban en el sofá afuera del cine, el pelinegro había observado que Mikado era atento y dulce con ella, pero de una forma amigable. Aquello le daba tranquilidad, pues significaba que de verdad eran solo amigos y que ese chico elegante y peculiar no tenía por qué ser un rival para él.

Tras el final de la película, los tres salieron de la sala charlando animadamente sobre sus escenas favoritas y sobre el final del filme.

Akane se sentía complacida ante esta nueva versión de Ranma. Sí, era cierto que aquella noche no habían tenido demasiado tiempo para congeniar y charlar ellos dos solos (se pasaron dos horas en una sala de cine), pero el chico se mostraba simpático y agradable con ella. Todavía se le hacía muy extraño y confuso que la misma persona que ahora la halagaba y la trataba bien, era la que tan solo una semana antes había sido su némesis. Suponía que el haber hecho una tregua y el haberse besado en dos ocasiones diferentes había servido para apaciguar las aguas y poner las cosas en perspectiva para ambos.

—Bueno, yo ya me voy. Que estén bien. Nos vemos el lunes, Akane.

El chico comenzó a caminar en dirección de la salida, pensando en que después de todo, aquella ida al cine no había estado tan mal. Había tenido la oportunidad de compartir un poco más con Akane, y además había comprobado que su amigo era, en efecto, solo un amigo.

—¡Ranma, espera!

El aludido se dio la vuelta y vio que el amigo de Akane le sonreía.

—¿Dónde vives? Te llevo.

Fue así como Ranma descubrió que el tal Mikado no solo era mayor que ellos (ya tenía dieciocho años), sino que además tenía su propio coche. Aquello era lo último que le faltaba para terminar de sentirse celoso. Nuevamente, agradeció que entre él y Akane solo hubiera una buena amistad porque, ¿cómo se suponía que podía competir contra un chico guapo, mayor, independiente, y que además se llevaba muy bien con Akane?

Durante el camino hasta su casa, en el que el pelinegro no dijo ni una sola palabra que no fuera para dar indicaciones sobre cómo llegar a su casa, pues se dedicó a observar a Akane y a Mikado. No fue sino hasta ese momento cuando Ranma comenzó a intuir la orientación sexual de Mikado, tomando en cuenta que el chico no dejaba de alabar al actor principal de la película, y no solamente por sus habilidades artísticas.

Cuando el amigo de Akane detuvo el coche frente al edificio de Ranma, el chico de la trenza supo que debía decir algo. Pero, ¿qué cosas se decían en esos casos para quedar bien?

─Gracias por traerme, Mikado. ─Fue lo primero que se le ocurrió─. Ha sido un gusto conocerte. —Eso último era bastante más cierto de lo que Ranma había pensado, pues significaba que ya no tenía por qué sentir celos del chico.

Mikado, que se había girado para verlo, batió sus largas pestañas y le sonrió de una forma demasiado amigable para ser alguien a quien acababa de conocer, por enésima vez aquella noche. Aquello solo reforzó la suposición de Ranma sobre su orientación sexual.

—Oh, ¡el gusto ha sido todo mío, Ranma, todo mío! —Exclamó con emoción mientras Akane lo miraba tensa—. ¡Los amigos de Akane son mis amigos!

Ranma asintió la cabeza, todavía sin acostumbrarse a la personalidad de aquel chico. Tal vez fuera porque era exageradamente extrovertido o porque hacía mucho contacto visual con él. Había algo en Mikado que le recordaba a Ryoga Hibiki, pero no tenía idea de qué podía ser.

—Y gracias por invitarme a ver la película con ustedes. —Esto lo dijo mirando a Akane—. Fue mejor que verla solo.

—Sí, claro, Ranma. —Contestó ella de forma amable pero comedida, no queriendo ser demasiado expresiva cuando había una tercera persona—. Gracias por acompañarnos.

—Nos vemos el lunes.

Sin decir nada más, Ranma se bajó del coche y cerró la puerta tras de sí.

Akane se sintió optimista tras aquella salida. A Mikado le había agradado Ranma y esa era una buena señal, ya que su amigo era bueno emitiendo juicios sobre la naturaleza bondadosa o malévola de las personas. Ahora solo le quedaba una duda: ¿qué era exactamente lo que Ranma quería de ella?


Los primeros días de la siguiente semana se pasaron volando. En Furinkan había un ambiente de ajetreo, emoción y algo de nerviosismo, ya que la obra de teatro Otoño en Shikoku se llevaría a cabo el viernes. Casualmente, ese mismo día cumplía años Ryoga Hibiki, el protagonista de la obra. Asami, Hiroko y varios compañeros de Ryoga del equipo de fútbol se habían encargado de organizarle una fiesta de cumpleaños que además sirviera para celebrar la obra. ¿Lugar? La casa de Asami.

El miércoles hubo partido y los Furinkan Sharks salieron victoriosos nuevamente. Esta vez dejaron la portería a cero y marcaron dos goles espectaculares: el primero fue una volea de Daisuke Koyasu y el segundo un gol de tiro libre de Ranma Saotome. Todo el alumnado confiaba en que la Academia Furinkan repetiría el título, a juzgar por el desempeño de sus principales jugadores (Daisuke en la delantera, Ranma en el medio del campo, Ryoga en la defensa y Ryu en la portería).

El jueves tras la hora de salida, muchos estudiantes se quedaron después de clases para ultimar los preparativos de la obra de teatro, que se realizaría al día siguiente. Akane y Yuka tenían práctica de voleibol, pero la entrenadora finalizó el entrenamiento antes de lo usual para que las chicas que querían ayudar con la obra pudieran hacerlo. Las dos amigas se dirigieron al aula de música, donde sabían que Hiroko estaba ayudando a los actores a practicar sus líneas; Asami la estaba acompañando. Sayuri había estado en el auditorio verificando que toda la escenografía estuviera ya lista y en su sitio, y repasando por última vez los cambios de escena y de mobiliario. Cuando fue al aula de música para ver cómo iba Hiroko, comprobó que Asami seguía con ella, y que además Akane y Yuka se les habían unido. Los actores ya se habían marchado. Hiroko creía que era importante que descansaran y se desconectaran para relajarse.

Mientras todas ayudaban a Hiroko a recoger y guardar los libretos, Asami recordó algo que no les había comentado a sus amigas.

—El otro día Aika me preguntó por ti y por Ranma. —Dijo mirando a Akane.

Ya todas las Poppies estaban al tanto de lo ocurrido entre su amiga y Ranma. Akane se los había contado en el grupo de WhatsApp luego de besarse con él tras el partido de la semana pasada. Yuka fue la menos sorprendida (tanto ella como Daisuke estaban convencidos de que en algún momento algo ocurriría entre ellos); Sayuri sí que se sorprendió, sobre todo porque los dos involucrados habían estado actuando con demasiada naturalidad, como si nada hubiera pasado entre ellos; Hiroko, como siempre, se mostró cínica. Para ella todos los chicos, salvo Ryoga y Hiroshi, eran unos sinvergüenzas que querían meterse en las bragas de las chicas. Simplemente le advirtió a Akane que tuviera cuidado y que escuchara su intuición.

La menor de las Tendo miró a su amiga con una mezcla de intriga y nerviosismo.

—Me lo preguntó en confidencia, lo cual me sorprendió ─continuó Asami─, normalmente esas cosas se comentan en voz alta para que todo el mundo se entere y participe de la conversación, pero supongo que esta vez no quiso hacerlo de dominio público porque eres la hermana de una de sus mejores amigas.

Yuka asintió con la cabeza.

—Eso tiene sentido. De hecho, creo que si no fuera por Nabiki probablemente ya toda la Academia sabría que entre tú y Ranma pasó algo…

Asami le había advertido a Akane que era altamente probable que comenzara a haber rumores y habladurías sobre su relación con Ranma, especialmente luego de la bromita del pelinegro y de que Aika Shiota los viera en el dojo. Su consejo había sido sencillo y directo: «lo mejor que puedes hacer es ignorarlos. Los chismes siempre quedan en el olvido cuando llega uno mejor, así que tú no te preocupes si alguien habla de ti».

—Yo también lo creo —dijo Akane—, a Nabiki le gusta tener el monopolio de información privada sobre mí y Kasumi para poder extorsionarnos o meterse con nosotros.

Sus amigas se rieron. Conocían bien a Nabiki y sabían que disfrutaba de incomodar a sus hermanas, en especial a Akane.

—¿Mañana se vienen todas conmigo después de la obra? —Asami cambió el tema. Quería saber si sus amigas se irían con ella a su casa tras finalizar Otoño en Shikoku.

—No, yo me quedo hasta que Ryoga esté listo y luego me iré con él. —Contestó Hiroko.

Asami asintió con la cabeza y miró al resto de sus amigas.

—Akane y yo sí nos vamos contigo —comentó Yuka—, así te ayudamos con cualquier cosa que necesites para la fiesta.

—¿Y tú, Sayu? —Inquirió Akane mirando a la chica de la coleta.

—Yo no creo que vaya. —Respondió de forma indiferente.

Las Poppies la miraron con el ceño fruncido y una expresión confundida.

—¿Por qué? —Le preguntó Hiroko. Sayuri no era amante de las fiestas, pero esta era para celebrar el cumpleaños de Ryoga y además era en casa de Asami, lo cual significaba que era territorio 100% conocido.

Sayuri le envió una rápida y fría mirada a Asami antes de contestar.

—Porque no quiero.

Asami entendió de una vez que el mensaje era para ella. Había tenido suficiente de aquel trato cortante de Sayuri. No entendía qué le pasaba y por qué estaba actuando así con ella, pero iba a averiguarlo de una vez por todas.

—¿Se puede saber qué te pasa? —Le preguntó mirándola directamente, en un tono que no solo dejaba ver que no estaba en el mejor humor, sino que además era clara evidencia de que se le habían acabado la paciencia y las palabras dulces—. Tienes como dos semanas tratándome distinto y no entiendo por qué. Quiero que me lo digas.

Las cuatro amigas esperaron la respuesta de Sayuri, que no tardó en llegar. En principio, Yuka, Hiroko y Akane pensaron que el silencio de la chica se debía a que estaba buscando las palabras adecuadas; pero al escuchar su respuesta directa, sin sutilezas ni diplomacia, se dieron cuenta de que se habían equivocado. No fue sutil ni diplomática, tampoco hubo rodeos.

—¿Por qué sales con Ryu si sabes que no te respeta?—Miró a Asami con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

Asami alzó ambas cejas ante la pregunta de su amiga. Le tomó varios segundos procesarla y atar cabos. En las últimas dos semanas Sayuri se había mostrado fría y antipática con ella en varias ocasiones, pero aquella conducta gélida se intensificaba cuando el nombre de Ryu entraba a la conversación. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?

—¿Estás así por eso? —Le preguntó en un tono más conciliador, sintiéndose aliviada de que aquella fuera la razón de la molestia de su amiga. Era una tontería que seguro tenía solución—. Es porque te cae mal Ryu, ¿verdad? ¿Te molesta que salga con él?

—Sí, me cae mal. —Respondió—. Y aunque yo sea la única que te lo diga directamente, no soy la única del grupo que lo piensa.

Miró al resto de las chicas esperando que alguna dijera algo. Asami hizo lo mismo. Yuka y Akane se miraron y fruncieron el ceño, pues a ellas no les caía mal Ryu. A Akane le era indiferente y a Yuka, aunque no le gustaba especialmente para su amiga, le parecía que no era el peor de los tipos; era inmaduro, inapropiado y fastidioso, pero no era una mala persona. Tatewaki Kuno sí que lo era, y sin embargo, Akane había estado con él y Sayuri jamás había dicho nada malo hasta después de que todo acabó.

Hiroko, sabiéndose aludida (para nadie era un secreto que no soportaba a Ryu), soltó un largo suspiro.

—'Sami, sabes que no me cae bien Ryu y que no soy precisamente fan de tu relación con él, pero...

—Pero no te pones en un plan infantil conmigo, ni me haces desplantes, ni te quejas de ello, ¿no? —Asami volvió a mirar a Sayuri—. Sí, yo sé que a Hiroko no le gusta Ryu, y también sé que no es el mejor candidato del mundo, pero no entiendo por qué estás así conmigo por eso. No entiendo por qué te molesta tanto.

—Y yo no entiendo por qué no respondes mi pregunta. —Dijo Sayuri molesta—. ¿Por qué estás con él si sabes que no te respeta?

Yuka estaba más cerca de Asami que el resto, así que no perdió detalle de cómo el rostro de su amiga iba cambiando de coloración a medida que la discusión escalaba. Estaba empezando a molestarse en serio; el tono carmesí de sus mejillas la delataba.

—¿De dónde sacas que no me respeta? ¿Qué tiene que ver…?

—¿Es en serio? —Sayuri la miró con el ceño fruncido y alzó la voz por primera vez en toda la conversación—. Tú misma nos has dicho que a veces actúa como si entre tú y él no hubiera nada. Nos has contado que después de estar contigo en plan amor y pasión, te trata con indiferencia o te hace bromas pesadas frente a sus amigos.

Asami suspiró intentando calmarse. Era cierto, Ryu podía ser muy cariñoso y dulce con ella, para luego hacerse el importante y tratarla como si ella fuera una más de sus colegas y no la chica con la que compartía intimidad.

—Es verdad. —No pensaba negar lo que sus amigas ya sabían—. Pero la relación que tenemos es así, informal. Yo tampoco es que estoy súper enamorada de él rogándole para que me ame y me haga su novia. —Miró al resto de sus amigas—. Ustedes lo saben. No somos una pareja seria, y además las cosas entre nosotros han cambiado.

—Sí, han cambiado mucho. Ahora te acuestas con él en el auditorio, ¿no?

El comentario de Sayuri no había sido casual ni inofensivo, ni tampoco había sido la simple mención de un hecho. Su tono fue sido crítico y severo, como si quisiera dejarle muy claro a su amiga lo que pensaba de su conducta. Hiroko y Yuka, que hasta ese momento no conocían ese hecho, se miraron sorprendidas. Akane miró a Sayuri con una mezcla de confusión y sorpresa.

Asami se sonrojó salvajemente al escuchar aquello. No podía creer que Sayuri estuviera juzgándola de esa manera, pero estaba funcionando para avergonzarla. No tenía por qué sentirse así, pero por primera vez, le daba vergüenza que sus amigas supieran ese detalle y que pudieran pensar mal de ella. Sin poder aguantar más la situación, se puso de pie para irse.

—Esta conversación se terminó.

Tras incorporarse, recogió su mochila y se la echó al hombro. Antes de marcharse, miró a Sayuri.

—No tengo que darte explicaciones ni tampoco tengo que justificar mis decisiones ante ti. —Le temblaba la voz al hablar—. Si no puedes aceptar que yo decida estar con Ryu, ese es tu problema, no el mío.

Les dio la espalda y comenzó a caminar para alejarse de allí cuanto antes, pero un nuevo comentario de Sayuri la hizo detenerse en seco.

—Sí él no te respeta, tal vez deberías respetarte tú. —Sayuri también sonaba muy alterada—. Quizás entonces él empiece a hacerlo.

Sin girarse, Asami alzó las cejas y abrió la boca en un gesto de incredulidad y sorpresa, como si no se hubiera esperado que Sayuri le dijera algo como eso, una frase tan repetida por gente machista y retrógrada que todavía vivía en el siglo XIX. Sintió una punzada de dolor en el pecho al verse juzgada de aquella forma por su amiga. No era la primera vez que le hacían slutshaming en su vida, pero sí la primera que lo hacía una amiga.

Sabía que lo mejor sería simplemente retomar su decisión de marcharse. Sabía que estaba dolida y molesta y que normalmente al sentirse así decía cosas que podían lastimar a los demás. Sabía que no tenía caso decir nada más. Aun así, Asami se dio la vuelta y miró a Sayuri con una mezcla de decepción, rabia y dolor.

—¿Crees que eres mejor que yo porque yo me acuesto con chicos y tú no? —Le espetó apresuradamente—. ¿Crees que eso te va a salvar del escarnio público y de que los chicos no te falten el respeto?

Yuka decidió intervenir.

—Chicas, creo que están las dos muy alteradas y...

—Pues déjame informarte, Sayuri —Asami ignoró a Yuka—, que a la sociedad no le importa si "te das a respetar" o no. La gente siempre va a encontrar algo con que criticarte. —Decidió agregar algo más, con el único objetivo de que su amiga se sintiera igual que ella en ese momento—. De hecho, ya lo hacen, que no lo sepas es otra cosa.

Asami sabía que no había estado bien el haberle dicho eso a su amiga. Sayuri podía tomarse muy a pecho algunas cosas, por lo que sus amigas preferían evitar que los chismes llegaran a sus oídos. No eran demasiadas las cosas que se decían de ella (principalmente porque no había nada que contar), pero los chicos igual se cebaban de ella: que era una mojigata y que le tenía miedo a los chicos, que era la Virgen María de Furinkan, que seguramente era una fanática religiosa y por eso le avergonzaban ciertos temas.

Sin decir nada más, se alejó de allí dando grandes y rápidas zancadas, sintiendo que las lágrimas se acumulaban en sus ojos. Se pasó una mano por el rostro para apartar las lágrimas que amenazaban por escaparse. No quería llorar en ese momento y menos en medio de la Academia, pero se sentía muy mal por la discusión. Ella y sus amigas no solían pelear ni discutir por nada, mucho menos a ese nivel. Se sentía dolida y molesta al no entender por qué Sayuri pensaba tan mal de ella, ¿su amiga siempre había pensado así de ella o era algo reciente?

—¿Dónde vas sin saludar?

Asami estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no se dio cuenta de que acababa de pasar junto a Hiroshi. El chico estaba sentado en una de las bancas que se encontraban a lo largo de uno de los pasillos que daban a los jardines. Ella detuvo casi abruptamente y lo saludó con la mano sin mirarlo. Hiroshi, siendo la persona perceptiva y observadora que era, no tardó en darse cuenta de que a su amiga le ocurría algo. Se puso de pie y se acercó a ella.

—Hey, ¿qué te pasa? ¿Qué tienes?

Asami se debatió entre decirle que no le pasaba nada o contarle todo; al final, decidió que lo mejor sería desahogarse. Pero cuando abrió la boca, no fue capaz de hablar, pues el llanto se apoderó de ella. Abrazó a Hiroshi y las lágrimas pronto comenzaron a salir a borbotones de sus ojos. El chico la rodeó con sus brazos y no intentó preguntarle nada más; sabía que no podría hablar mientras estuviera llorando así, por lo que la dejó llorar mientras le acariciaba la espalda y el pelo con cada sollozo que salía de su boca, preguntándose qué le habría pasado para que se pusiera así. ¿Sería por culpa de Ryu?

Cuando sintió que el llanto de su amiga aminoraba, Hiroshi le propuso a Asami que fueran a la cafetería para charlar mejor. Ella asintió con la cabeza y se dejó guiar por su amigo. Cuando llegaron allí, el chico le sugirió que fuera al baño para lavarse la cara, asegurándole que eso la ayudaría a calmarse un poco más. Mientras ella se lavaba en el baño, el chico aprovechó que solo había un par de estudiantes charlando y comiendo en unas mesas para pasarse del lado de la barra y entrar a la cocina a buscar algo para Asami. A esa hora, ya la cocina y la caja estaban cerradas así que no podría comprar nada, pero estaba seguro de que en la cocina habría algo para comer.

No tuvo forzar ninguna puerta. En la Academia Furinkan casi todas las puertas y aulas se dejaban sin seguro. Se dirigió a una de las grandes neveras y sintió que era su día de suerte al ver que había una generosa pieza de pastel de chocolate que había sobrado del miércoles. La cogió y salió de la cocina disimuladamente, agradeciendo que los estudiantes que se reían en voz alta en una de las mesas estuvieran demasiado concentrados en su conversación como para notar que un estudiante de penúltimo año se había colado en la cocina para coger un pedazo de tarta.

Asami se había sentado en una de las mesas que estaban pegadas al ventanal. Estaba recostada de la mesa, con la cabeza apoyada en sus brazos.

—¿Un poco mejor?

Al escuchar la voz de Hiroshi, Asami alzó la cabeza. Se fijó en que su amigo había dejado una botella de agua y un pedazo de tarta sobre la mesa. Frunció el ceño y miró detrás de él.

—¿No está cerrada la caja?

—Sí, pero la puerta hacia la cocina no. Y la refri tampoco. —Le guiñó un ojo—. Te iba a traer un vaso de leche, pero sé que no te gusta, así que como no hay té te traje agua. Y el pastel es porque el chocolate siempre ayuda, ¿no?

Solo con aquel gesto, Asami se sintió mejor. Adoraba a ese niño con todo su corazón, pues siempre sabía qué hacer y decir en todo momento. Extendió su mano sobre la mesa y tomó la de Hiroshi para apretarla.

—Eres un sol, Hiro. Gracias.

Hiroshi sonrió.

—¿Quieres contarme por qué estás así?

Ella asintió con la cabeza, pero primero cogió un pedazo de tarta y se lo llevó a la boca. Hiroshi hizo lo mismo. Era del día anterior, pero seguía estando buenísima.

—Me peleé con Sayuri.

Sin dar demasiadas vueltas, Asami le contó a Hiroshi todo. Desde cómo su amiga había estado actuando muy rara con ella desde hacía más de una semana hasta el encontronazo que habían tenido en el aula de Música. Le dijo que le dolía y molestaba que Sayuri la juzgara de esa manera, pero también se sentía mal porque su amiga había conseguido que se avergonzara de sus acciones.

—¡Y Ryu y yo no hemos hecho nada malo! —Exclamó casi desesperada—. Solo... solo nos divertimos, sin hacer daño a nadie.

Hiroshi pensó que no había equivocado sus sospechas del todo: Asami no estaba así por culpa de Ryu, pero el portero de la Academia sí tenía que ver con su malestar de forma indirecta.

—Yo sé que Ryu no es precisamente una blanca paloma, pero…

—¿Por qué te gusta tanto? —Hiroshi nunca había tenido la oportunidad de preguntarle a su amiga qué era eso que tenía Ryu que lo hacía tan irresistible para ella—. ¿Qué es eso que lo hace tan especial para ti? Pregunto por curiosidad.

Asami se lo pensó. Aunque Ryu siempre le había parecido un chico atractivo y súper sexy, entre ellos nunca pasó nada sino hasta la fiesta de Ukyo Kuonji en el verano. A partir de allí, se habían besado, tocado y acostado en muchas ocasiones distintas, siguiendo un patrón que al principio Asami no había identificado, y que parecía haber cambiado en los últimos días. Le gustaban su físico, su personalidad impasible, su humor retorcido, pero lo que verdaderamente la volvía loca era la fuerte química sexual que había entre ellos.

Miró a Hiroshi antes de contestar. Ella no tenía problema de hablar estos temas abiertamente con sus amigas, pero le daba un poco de vergüenza comentarlo frente a él.

—¿Honestamente?

—Honestamente. —respondió él.

—Por el sexo. —Comentó tras un largo suspiro—. Nunca había estado con un chico que fuera tan bueno en la cama. —En la cama y en cualquier otra superficie horizontal o vertical, realmente.

Aunque Hiroshi había sospechado que esa podía ser una de las razones por las que a su amiga le gustaba tanto Ryu, le tomó por sorpresa que ella fuera tan directa y sincera sobre el tema. Pero tenía sentido.

Cuando Asami terminó de hablar, él le dijo lo que pensaba de todo lo ocurrido. Consideraba que debía esperar a que a ambas se les pasara el enojo para luego hablar las cosas de frente.

—Estoy seguro de que Sayuri se siente tan mal como tú, y que aunque no esté bien que te haya dicho esas cosas, seguramente no vienen de un mal lugar. —Explicó—. Ella te adora y se preocupa por ti.

—Ya, pero vaya forma de preocuparse…

—Lo sé, no estuvo bien. —Hiroshi extendió su mano para coger la de Asami—. Lo que haces no está mal, 'Sami, no necesitas que yo te lo diga, pero te lo recuerdo por si se te olvidó. —Le acarició la mano con sus dedos—. No deberías avergonzarte por ello, ¿okay? Eres una chica increíble y debes sentirte orgullosa por ser como eres.

Asami se puso de pie y rodeó la mesa para sentarse junto a su amigo y poder abrazarlo. Él correspondió al abrazo.

—Siempre has sido una chica independiente a la que no le importa lo que los demás piensen de ella. —Le dijo mientras se abrazaban—. Que siga así.

Asami se separó ligeramente de él para poder mirarlo.

—¿Alguna vez te había dicho que eres el mejor amigo del mundo?

Sí, muchas veces.

—Solo digo la verdad.

La chica volvió a abrazarlo y él apoyó su mentón sobre uno de sus hombros, mientras pensaba en dos cosas. La primera: le alegraba mucho ver a Asami sonreír y le daba mucha tranquilidad saber que ya estaba mejor. Es probable que todavía estuviera un poco dolida y preocupada por la pelea con Sayuri, pero al menos ya no se comería la cabeza al respecto.

¿La segunda?

Ryu Kumon era un tipo con suerte. Demasiada suerte.


En las bancas cercanas al estacionamiento de la Academia, Daisuke y Ranma charlaban tras la práctica de fútbol. Los jueves no tenían entrenamiento, pero Mihara había pasado la práctica del viernes para esa tarde porque sabía que muchos de sus alumnos querían ir a ver la obra de teatro para apoyar a Ryoga Hibiki.

Después de lo ocurrido tras el partido de la semana pasada, Ranma decidió contarles a sus amigos todo lo que había pasado entre él y Akane. Hiroshi se había mostrado realmente sorprendido de que las cosas entre ellos hubieran escalado tan pronto, pero Daisuke había sospechado que detrás de esa ridícula enemistad había una poderosa atracción, así que era solo cuestión de tiempo para que alguno de los dos la manifestara. Pero el pelinegro no había tenido tiempo de pedirle consejos a su amigo, así que ahora que se habían quedado charlando después de la práctica, Ranma quería aprovechar el momento.

—Sé que quieres decirme algo, pero espera. —Dijo Daisuke mientras miraba su móvil—. Kano me acaba de enviar la logística de mañana.

Cada uno llegaría por su cuenta a ver la obra de teatro al auditorio de la Academia, luego se irían juntos a una licorería donde el hermano mayor de Kano les haría el favor de comprar algunas cervezas y otros licores para la fiesta, y posteriormente se dirigirían a casa de Asami, donde se celebraría el cumpleaños de Ryoga. El agasajado no podía encargarse de ninguno de esos detalles porque era el protagonista de la obra y su atención debía estar enfocada en hacer la mejor interpretación posible. Asami tampoco se encargaría de las bebidas alcohólicas porque no tenía cómo comprar el licor y además era la anfitriona, así que debía salir pitando para llegar a su casa a terminar de preparar todo y recibir a los invitados. Por estos motivos (y porque su hermano era un alcahuete mayor de edad), Kano se había ofrecido como voluntario para comprar las bebidas, arrastrando consigo a Daisuke y a Ranma. Hiroshi pasaba de cualquier actividad que pudiera darle un disgusto a sus padres, quienes habían tenido gemelos hacía siete meses y estaban irritable por la falta de sueño.

El chico de la trenza no se sentía demasiado cómodo ante la idea de comprar alcohol, pues no era legal que ellos lo hicieran siendo menores de edad; sin embargo, Kano le aseguró que su hermano se encargaría de esa parte, y que ellos solo debían esperar en el coche.

Daisuke escribió algunas cosas en su móvil y luego lo bloqueó y lo guardó en su bolso. Pero justo cuando iba a preguntarle a Ranma qué era eso de lo que quería hablarle, sus pupilas se dilataron y su expresión cambió al divisar a lo lejos algo que nunca se cansaba de ver.

—Ranma, Ranma —zarandeó el brazo de su amigo para que éste le hiciera caso— mira, mira.

Él alzó la mirada ante la insistencia de Daisuke, que parecía hipnotizado ante algo que acababa de ver en algún punto estacionamiento. Se mostró confundido al no encontrar el punto de interés.

—Ufff —Daisuke seguía con la mirada perdida en un punto específico—, y encima hoy lleva falda...

Y entonces Ranma la vio. Fue como si el mundo se pusiera en cámara lenta. Una mujer alta de pelo castaño claro que se había bajado de una Mercedes-Benz GLC SUV blanca caminaba hacia el sitio en el que ellos estaban sentados. Como salida de un anuncio televisivo (o de un sueño húmedo), vestía lo que parecía ser un atuendo deportivo pero elegante para jugar tenis o algún deporte de raqueta. Su precioso pelo suelto ondeaba suavemente contra el viento, lo que recordó a Ranma a los anuncios de champú.

—¿Quién es? —Se atrevió a preguntar, todavía perdido en la belleza de aquella diosa del Olimpo.

—Erika Hiramatsu —respondió Daisuke sin mirarlo; no pensaba perderse ni un segundo de esa espectacular vista—, la madre de Sayuri.

Ranma parpadeó tantas veces seguidas que sus ojos casi se cerraron. ¿Perdón? ¿Había escuchado bien? ¿Había dicho la madre de Sayuri?

Jo...der.

De pronto, como si pudiera escuchar los pensamientos de los dos jóvenes que la miraban con la lujuria y el deseo adolescente propio de las hormonas y la edad, la madre de Sayuri dirigió sus ojos al par de chicos calenturientos que fantaseaba con ella.

Y si de lejos le había parecido una mujer hermosa, de cerca terminó por quitarle el aliento. Sus ojos, rodeados por las pestañas más largas del mundo, eran del color de las almendras; sus labios parecían hechos a mano por la misma persona que había hecho los de Brigitte Bardot (puede, solo puede que hubieran pasado por las manos de algún cirujano experto en botox). Pero además de tener una cara preciosa, tenía una figura esbelta y bien proporcionada, de esas que es imposible no imaginar con menos (o nada) de ropa. No llevaba escote sino que tenía puesta una chaqueta rompevientos de hacer ejercicio, pero no le hacía falta para robar alientos y despertar pasiones. Era una de esas bellezas elegantes y sensuales a partes iguales. Y era la madre de Sayuri.

Ranma sintió una mezcla de emoción y nerviosismo al ver que la mujer caminaba hacia ellos.

—Viene para acá. —Dijo en voz baja.

—Ya lo sé. —Contestó Daisuke.

Cuando estuvo cerca de ellos, la madre de Sayuri los saludó con una bonita sonrisa.

—Daisuke, ¿qué tal? ¡Tenía mucho tiempo sin verte! Me ha dicho Sayu que el equipo está jugando muy bien.

Daisuke le devolvió el saludo y asintió con la cabeza, para luego preguntarle qué tal estaba todo. Tras contestar, Erika Hiramatsu posó sus ojos en Ranma.

—A ti no te había visto antes. —Comentó con la dulzura propia de una mujer que habla con los amigos de su hija.

—¿Dónde están mis modales? —Daisuke se rió—. Él es Ranma Saotome, es el centrocampista estrella de la Academia Furinkan. ¡Y uno de los anotadores del partido de ayer!

Erika sonrió ampliamente y Ranma sintió que le temblaban las piernas.

—¿También eres amigo de mi Sayu?

¿Lo era? Probablemente no, apenas y habían intercambiado palabra en algunas conversaciones casuales. Tal vez lo fuera por asociación, pero, ¿qué debía contestar?

—Sí, también lo es. —Daisuke contestó por él.

Hablando del rey de Roma…

A unos metros de ellos, Sayuri se acercaba caminando con pesadumbre, sin prestarle atención a nada a su alrededor. Tras la discusión en los jardines de la Academia, la chica de la coleta también se alejó del grupo, dejando a Yuka, Hiroko y Akane completamente a cuadros ante el enfrentamiento que acababan de presenciar.

A pesar de que seguía un poco molesta, pronto un sentimiento de culpabilidad la asaltó, ¿había sido demasiado injusta con Asami? ¿La había juzgado sin conocer toda la historia? Sí y sí. ¡Pero no había sido su intención hacerla sentir mal! En realidad, lo que ella había querido era que su amiga…

—¡Sayuri!

La aludida alzó la mirada y vio que Daisuke la saludaba con la mano a pocos metros de ella, acompañado de Ranma. Su madre también estaba ahí. Ella no tenía ganas de socializar con nadie en ese momento, así que en cuanto los alcanzó le dijo a Erika que por favor se fueran y siguió caminando de largo en dirección al coche de su madre.

Extrañada ante la falta de modales y el semblante apagado de su hija, Erika se despidió de los chicos y se marchó, los ojos de los dos adolescentes siguiéndola con la mirada, sin percatarse siquiera del humor de Sayuri.

—Esta noche voy a soñar con ella. —Dijo Ranma en voz alta. Soñar era un eufemismo, por supuesto.

—Somos dos.

Luego de varios segundos en los que los dos amigos siguieron pensado en la belleza de la madre de Sayuri, Daisuke recordó la conversación que tenía pendiente con Ranma.

—Ahora sí, después de esa increíble pausa comercial, ¿qué querías decirme?

—Es… sobre Akane. —Dijo—. Necesito un consejo.

Daisuke le puso una mano en el hombro y sonrió con suficiencia.

—Has venido al lugar correcto.


La noche del estreno llegó más rápido de lo que Ryoga hubiera querido, ya que se había pasado las últimas dos semanas muy nervioso por la obra porque éste era su primer papel protagónico. Pero además de la anticipación por la obra, Ryoga estaba ansioso por otra cosa.

Asami tuvo la amabilidad de organizarle una fiesta de cumpleaños en su casa, y además le dijo que podía invitar a todas las personas que quisiera. Él no invitó a mucha gente que no fuera de la Academia; en realidad, además de a su prima Ukyo, solo invitó a otra persona. Aquella era la primera vez que Ryoga le hacía una invitación en plan romántico, así que estaba emocionado y nervioso por la oportunidad de pasar su cumpleaños con su cita.

Pero las cosas no salieron exactamente como él había planeado. Primero, porque su interés amoroso llegó varias horas tarde. Segundo, porque al llegar mostró una timidez ajena a su persona. Tercero, porque cuando finalmente se logró soltar, sucedió algo nefasto. Y Ryoga solo deseó que aquello no terminara como la fiesta de Ukyo.

Akane, por su parte, se había pasado gran parte de la fiesta de un lado al otro. En los momentos en los que no compartía con sus amigos, estaba yendo de aquí para allá ayudando a Asami y a Kano (que era el encargado oficial de las bebidas) con cualquier detalle que fuera necesario. A ella le gustaban esas cosas, probablemente porque había heredado de su madre y de su hermana Kasumi esa vena altruista y hospitalaria, aunque ella ni de lejos era capaz de preparar las delicias que su madre y su hermana solían hacer.

La fiesta estaba resultando ser todo un éxito. Kano había llegado con la cerveza y otras cosas acompañado de Ranma y de Daisuke, y este último se había aparecido con un ramo de flores para Yuka, quien lo recibió casi con corazones en los ojos. Luego se fueron a bailar y Akane prácticamente no volvió a compartir con ellos.

Sayuri no fue, tal y como dijo el día anterior. Akane sabía que a Asami, aunque intentara disimularlo, le dolía mucho el frío trato que su amiga le estaba dando. Sumado a eso, Ryu tampoco había hecho acto de presencia, por lo que la anfitriona no dejaba de chequear su móvil, hasta que Akane le indicó a Hiroko que por favor la distrajera y se la llevara a bailar o algo para que dejara de preocuparse. Ya se encargaría ella misma de cualquier cosa que hiciera falta.

Se puso a buscar a Ryoga para preguntarle si su cita ya había llegado y si la estaba pasando bien, pero no lo encontró por ningún lado, así que se dirigió a la cocina para asegurarse de que todavía hubiera suficiente tentempiés. Se dispuso a abrir algunos frascos que tenían distintas salsas, hasta que uno de ellos se le resistió. Akane cambió de mano, pero nada. Cogió uno de los trapos de la cocina y tampoco. Intentó abrir el frasco de mil formas, pero era imposible. De pronto, una mano grande y blanca apareció en su campo de visión para quitarle el frasco con suavidad y luego abrirlo.

—¿Te ayudo con los demás?

Akane supo de quién se trataba incluso antes de girarse, pues la voz de Shinnosuke Takeshi era inconfundible. Ronca y exageradamente sexy.

Cuando se volteó para mirarlo, Akane se sorprendió al no verlo con la misma ropa que había usado en la obra de teatro, pero pronto se sintió tonta al darse cuenta de que no tenía sentido que siguiera usando esa ropa, tomando en cuenta que era un disfraz. Ahora llevaba puestos unos jeans, una camiseta morada y un cárdigan negro. Como siempre que lo tenía cerca, Akane dedicó varios segundos para observarlo.

Shinnosuke tenía unos ojos bonitos y casi felinos, de un color que parecía oscilar entre el azul y el amatista. Sus pestañas eran espesas y sus cejas oscuras enmarcaban aquella mirada profunda y taciturna que le robaba el aliento a más de una. Su pelo era de un color marrón muy oscuro, casi negro, y solía llevar los mechones frontales largos, lo que servía para aumentar su imagen de chico misterioso. Tenía un par de cicatrices en el rostro que lo hacían ver fuerte, sexy y muy interesante. Había muchos rumores detrás de esas cicatrices, pero pocas personas conocían la historia real.

A Akane siempre le había parecido atractivo, misterioso y muy sexy. Cursaba el último año y era miembro del club de teatro, así que era habitual verle en las obras de la Academia. Como estaba en la misma clase que Nabiki, el chico había ido a la casa de los Tendo en más de una ocasión para hacer algún trabajo con Nabiki y otros estudiantes, por lo que Akane y él habían congeniado afuera de la Academia Furinkan, aunque no demasiado. Shinnosuke era un chico tranquilo y callado, que se dedicaba a observar a los demás y prefería no ser el centro de atención salvo que estuviera sobre las tablas; sin embargo, Akane sabía por su hermana Nabiki que a pesar de aquella actitud impasible, Shinnosuke tenía una personalidad y un carácter muy fuertes, pues no le temblaba la mano para decir verdades y poner a la gente en su sitio.

—Gracias. —Le dijo ella—. Felicidades por la obra, les quedó genial.

Fue en ese momento, cuando él le sonrió, que Akane notó que tenía restos de maquillaje en el rostro. Mientras Shinnosuke aflojaba las tapas de los demás frascos, notó que Akane le miraba la mejilla con el ceño fruncido. La gente no solía hacer preguntas sobre sus cicatrices, simplemente se limitaba a mirarla y luego hacer conjeturas e inventar rumores. Esbozó una sonrisa casi imperceptible, pero que Akane no pasó por alto.

—Me atacó un oso. —Comentó sin que ella se lo preguntara—. De ahí las cicatrices.

Akane no dio crédito a lo que escuchaba. Lo miró con los ojos muy abiertos durante varios segundos y luego soltó una risita divertida. Pero al ver que él mantenía la misma expresión en el rostro, la chica borró su sonrisa.

—¿Es en serio?

—Sí, es en serio. —Contestó tranquilo—. Fue en cuando tenía trece años, en Ryugenzawa.

Le contó que su familia tenía allí una casa de campo/montaña y que solían ir todos los veranos. A él y a sus primos les gustaba jugar y explorar en el bosque aledaño a la casa. Para nadie era un secreto que había animales salvajes en la zona, pero estos no solían acercarse a las casas ni a los poblados. Una tarde, Shinnosuke y sus primos decidieron que ya no eran unos niños y que podían ir bosque adentro, dejando algunas marcas en los árboles para no perderse en el camino. Tras un par de horas de caminata y juegos, decidieron sentarse en unas piedras musgosas para descansar y tomar algunos bocadillos. Un oso negro apareció rugiendo, haciendo que los niños corrieran despavoridos. Shinnosuke tropezó con una rama y cayó, convirtiéndose en presa fácil para el oso, que se lanzó sobre él. El adolescente consiguió hacerse con un palo que había cerca e intentó luchar contra el animal, sintiendo cada vez más cercano el momento de su muerte. Entonces se escucharon dos disparos. El oso huyo del área instintivamente, pero Shinnosuke apenas y podía ver algo. Tenía la cara y el pecho completamente llenos de sangre.

—Mi abuelo nos siguió para vigilarnos de lejos. —Comentó para completar la historia—. Por suerte llevaba consigo un rifle.

Akane escuchó la historia atónita. ¡Nunca había conocido a una persona que hubiera vivido una experiencia tan cercana a la muerte! ¡Y menos con un animal salvaje!

—Vaya, ¿y tienes más cicatrices?

—Sí. En los brazos y en el pecho.

—Recuérdame jamás ir a Ryugenzawa…

El chico se rió y Akane pensó que su risa era verdaderamente sexy. ¿Hay algo de él que no lo sea?

—Te prometo que solo te toparás con un oso si te adentras mucho en el bosque. Pero si alguna vez vas para allá, avísame.

Al sonreír de medio lado, un hoyuelo se formó en su mejilla. La menor de las Tendo trató de no parecer una tonta al mirar ese detalle, así que decidió que la conversación debía volver al tema de las cicatrices.

—¿Eran muy profundas las heridas?

—Algunas sí y otras no tanto. —Explicó él—. En realidad las cicatrices de la cara no están tan mal y al tacto no se sienten demasiado.

Shinnosuke cogió la mano de Akane y la levantó hasta posarla con delicadeza sobre su rostro, para que ella pudiera tocarlas. La chica se quedó de piedra ante aquel gesto tan cercano y familiar, pero al ver que él actuaba con total naturalidad, se relajó y poco a poco palpó las marcas del rostro de Shinnosuke. La cicatriz del lado derecho era una sola línea desordenada que iba de la mitad de su mejilla a la parte de abajo de su mentón. En la ceja tenía un pequeño corte similar al que tenía en la parte superior del labio. Y en la mejilla izquierda tenía lo que parecían ser varios rasguños.

—¿Vamos afuera?

La pregunta de Shinnosuke la tomó desprevenida, pero Akane asintió con la cabeza y ambos salieron al jardín. Shinnosuke se metió la mano en el bolsillo de sus jeans y sacó lo que parecía ser un cigarro hecho a mano. Cuando se lo puso en los labios, Akane se dio cuenta de que era un porro.

—Sí que es grande este lugar, ¿no?

Lo era. El jardín de Asami contaba con una amplia terraza en la que había sofás y sillones de exteriores, con un área de barbacoa que no solía usarse en aquella época del año (Akane estaba segura de que tampoco se usaba en otras épocas). Luego estaba la piscina, que era mitad al aire libre y mitad techada (podías ir de una parte a la otra si te sumergías y nadabas bajo el agua). Cerca de la piscina estaba el jacuzzi en el que probablemente cabían cómodamente unas seis personas. Al lado del jacuzzi había una pequeña casa de huéspedes que contaba con baño, un hall y una habitación. Normalmente, ese era el baño que usaban Akane y sus amigas cuando usaban la piscina y el jacuzzi con Asami. Shinnosuke y ella se detuvieron, precisamente, en la pequeña terraza techada que tenía la casa de huéspedes. No había demasiada gente por allí.

—¿Quieres? —Le preguntó él refiriéndose al porro, mientras buscaba un encendedor en su otro bolsillo.

Ella negó con la cabeza. Shinnosuke la miró con interés.

—¿No fumas?

—La verdad no me gusta.

—Espero que no te moleste que te haya ofrecido, entonces. —Dijo él sin alterar de expresión—. Como Hiroko y Kano sí, pensé que tal vez tú también.

Akane sabía que tanto Hiroko como Kano consumían marihuana de vez en cuando. A Kano le gustaban los bongs (las pipas de agua) mientras que Hiroko era más de porros; pero los dos preferían comerla en brownies y otros postrecitos antes que fumarla.

—Akane, la razón por la que me acerqué en la cocina no fue para ayudarte con los frascos. —Shinnosuke había adoptado un semblante más serio—. O bueno, sí, pero no solo para eso. En realidad, quería preguntarte algo.

—Sí, dime.

—¿Te gustaría ir conmigo al Baile de Invierno?


Ranma había estado observando a Akane desde hacía un rato, con una mezcla de confusión, incomodidad, molestia y celos.

Se había pasado gran parte de la fiesta buscándola de un lado a otro, intentando encontrarla a solas para poder hablar con ella. Quería poner en práctica los consejos que Daisuke le había dado el día anterior: «sé más directo y asertivo, halágala para que sepa que le gustas sin que tengas que decírselo directamente (para que no se le suba a la cabeza), y bésala como si estuvieras en una película». Pero Akane era escurridiza y además muy sociable, así que se le perdía a cada rato, y cuando volvía a encontrarla, estaba ocupada con algo o alguien.

En algún punto de la noche, Ranma decidió que no podía pasarse toda la fiesta correteando a Akane, así que se dispuso a compartir con sus compañeros de equipo y con otras chicas que estaban allí. Decidió coger una cerveza para integrarse un poco más y relajarse, algo que supuestamente ocasionaba el alcohol. Él jamás tomaba porque no le gustaba el sabor de ningún licor y porque iba en contra de sus principios como atleta. Pero aquella le pareció una buena ocasión. Se sentó en uno de los sofás de la terraza (¡menuda casita tenía Asami, joder!) y se dispuso a beber.

Sin embargo, fue nada más sentir el sabor amargo de la cerveza en su boca para que Ranma arrugara la cara y estuviera a punto de escupirla. ¡Qué asco! ¿Cómo podía gustarles beber eso? No se sintió capaz de tomarse la botella completa, pero ya la había abierto, así que al menos debía intentarlo. El segundo sorbo no mejoró. El tercero no empeoró, pero se mantuvo igual.

—Es horrible, ¿verdad? A veces no sé si en serio les gusta o si simplemente fingen que les gusta para encajar...

Una chica de larguísimo pelo castaño se sentó junto a él. Tenía una lata de Coca-Cola en la mano y su móvil en la otra, aunque no lo estaba usando. Vestía una falda o vestido morado y encima llevaba un suéter de lana blanca. A pesar de que era de noche, el lugar estaba tan bien iluminado que Ranma pudo ver que sus ojos eran de un color verde azulado, o tal vez azul verdoso; era difícil decirlo. De cualquier forma, Ranma pensó era una chica verdaderamente hermosa.

—Sí —la miró intentando descifrar si la había visto antes o no—, es verdaderamente espantosa.

La chica sonrió, dejando ver unos dientes perfectos y una sonrisa dulce y bonita. No, definitivamente no la había visto antes. La recordaría.

—¿Eres amigo de Ryoga?

—Sí, estamos en la misma clase y jugamos juntos en el equipo de fútbol de la Academia. ¿Y tú? —¿Sería la cita de Ryoga? Ranma recordó que en los días previos a la fiesta, varios compañeros del equipo le preguntaron si llevaría a alguna chica especial a su cumpleaños, a lo que Ryoga contestaba con un sonrojo, una risa nerviosa y un «puede ser»—. ¿De qué lo conoces?

—Soy su prima.

Entonces no era su cita.

—¿Eres nuevo? No te había visto antes.

—Sí, bueno, no…

Ranma le explicó que había entrado a la Academia el año anterior y le preguntó a qué colegio iba ella.

—St. Hebereke School for Girls —respondió ella en un perfecto inglés sin acento—, me llamo Ukyo, por cierto. Ukyo Kuonji.

Mirándola con más atención, Ranma pensó que Ukyo era la poster child perfecta para un colegio de señoritas: guapa, elegante y educada.

—Ranma Saotome, mucho gusto.

Ella acercó su lata de Coca-Cola para chocarla con la botella de cerveza de Ranma.

—Cuéntame, Ranma Saotome, ¿qué hace un chico como tú sentado aquí bebiendo algo que claramente no le gusta?

Ranma frunció el ceño y sonrió.

—¿Un chico como yo?

—Sí. Un chico guapo. —Dio un sorbo a su lata—. Creería que un chico como tú estaría bailando o charlando con una chica guapa…

A Ranma le hizo gracia que Ukyo le dijera eso, así que decidió responderle con algo de coquetería y broma.

—Estoy haciendo la segunda, ¿o no?

Ukyo lo miró unos segundos sin comprender a qué se refería, hasta que entendió que se refería que ella era una chica. Dejó salir una risa divertida que estaba lejos de ser una respuesta coqueta.

—¿Y tú? —Ranma contratacó—. ¿Qué hace una chica como tú charlando con un desconocido cuando podría estar haciendo cualquier otra cosa con cualquier otra persona?

—Fácil —respondió ella—, me acabo de comer un brownie y estoy esperando que me haga efecto.

¿Un brownie? ¿Efecto? ¿Qué…? Entonces la imagen de Kano comiendo galletas con marihuana surcó su mente. Oh.

—Oh. —Intentó no parecer demasiado sorprendido o escandalizado. No funcionó.

Ukyo volvió a reírse ante la reacción de Ranma. Era realmente adorable.

—Déjame corregirme, antes dije chica guapa —comentó—, pero me refería a una chica especial. ¿Me entiendes?

Sí, la entendía. Si fuera por él, estaría bailando, charlando o besando a esa chica especial con la que había intentado hablar durante toda la fiesta. Bufó y rodó los ojos. Ukyo no pasó por alto la reacción del pelinegro.

—Oh —una sonrisa curiosa e interesada comenzó a expandirse en su rostro—, o sea que hay una chica especial. Y no estás con ella porque…

Ranma suspiró. ¿Qué podía decirle? «¿No estoy con ella porque en realidad no somos nada, solo nos gustamos (o al menos a mí me gusta ella) y nos besamos ocasionalmente, aunque yo quisiera hacerle muchas otras cosas porque está buenísima, pero también me gustaría salir con ella, el problema es que discutimos todo el tiempo así que no es tan fácil?» Demasiado largo, ¿no? Sí.

—Es… es un cuento largo.

Ukyo dejó su lata de Coca-Cola en la mesita que tenían en frente. Luego apoyó el codo en el apoyabrazos del sofá y puso su barbilla sobre su mano derecha. Miró a Ranma.

—Tengo tiempo —alzó su muñeca izquierda y miró su Tag Heuer—, media hora más o menos.

Ranma se debatió entre contarle o no su situación con Akane a una completa desconocida. Finalmente, decidió que aquella era la excusa perfecta para dejar la cerveza en la mesa y luego decir que no podía terminársela porque a no estaba fría. Además, nunca sobraba un punto de vista femenino, pues hasta ahora solo había recibido consejos masculinos. Ukyo se veía como alguien con quien podría entablar una amistad.

Cuando finalizó la historia, Ukyo lo miraba con mucha atención.

—¿Quieres mi opinión?

—Por favor.

—Creo que estás poniendo excusas. —Ukyo fue directa—. Si de verdad quisieras hablar con ella la abordarías aunque estuviera acompañada. Solo tienes que decirle que deseas charlar con ella y ya. ¿Por qué esperar a que esté sola? —Alzó una ceja—. ¿No será que tienes miedo de que te rechace?

Ranma adoptó una pose chulesca.

—No va a rechazarme. —Dijo seguro—. Yo le gusto.

Ukyo esbozó una sonrisa traviesa.

—¿Por qué no lo compruebas ya? —Con la mirada, señaló un punto de la terraza—. Mira, ahí va…

Ranma frunció el ceño y buscó el punto que Ukyo miraba. No tardó en ubicar a Akane entre la gente. Se tensó en su lugar y miró a su acompañante.

—Espera, ¿cómo sabes qué….?

—En algún punto de tu interminable historia se te escapó su nombre. Y ella es, que yo sepa, la única Akane que mi primo conoce. —Contestó Ukyo como si fuera lo más obvio del mundo—. Tienes muy buen gusto, Saotome. —Le guiñó un ojo.

Ranma parpadeó varias veces, intentando procesar lo que estaba ocurriendo.

—Te recomiendo que te apures —acercó su rostro a él—, se está yendo.

Ranma se puso de pie con rapidez y le envió una última mirada a Ukyo antes de salir pitando en busca de Akane, que acababa de entrar a la casa con paso apresurado. Pero cuando estaba a punto de alcanzarla, Asami lo interceptó.

—¡Ranma! Hola.

La chica llevaba el pelo recogido, algo poco habitual en ella, y estaba maquillada. Sus ojos tenían un delineador o sombra (o como sea que se llamaba eso) de color azul que la hacía ver muy bonita.

—Hola, Asami. —Ranma y ella no habían hablado demasiado, así que en realidad no sabía qué podía querer decirle—. Cuéntame.

—¿Has visto a Ryu?

Él frunció el ceño.

—No, que yo sepa no está aquí. —Contestó—. De hecho, me parece que no fue a la obra de teatro.

Ella asintió con la cabeza. A Ryu no le gustaba el teatro y no solía ir a las obras de la Academia; no obstante, Asami pensó que tal vez iría a esta porque era el cumpleaños de Ryoga, que además de ser su compañero de equipo era el protagonista de la misma. Pero el portero del equipo de fútbol nunca llegó. Y habían pasado varias horas desde el inicio de la fiesta y tampoco lo había visto allí. Ella le había escrito para preguntarle si vendría, pero no había obtenido respuesta.

—Vale. ¿Y te dijo si viene?

Ranma pareció pensarlo. El miércoles tras el partido habían charlado sobre la fiesta y la mayoría de los jugadores había dicho que vendría, Ryu incluido.

—El miércoles comentó que vendría, sí.

Asami suspiró. Miró a Ranma como si quisiera preguntarle alguna cosa más, pero no lo hizo. Le dio las gracias y salió de la casa, perdiéndose entre la gente, haciendo que Ranma recordara su intención de buscar a Akane. Pero antes, decidió que tenía que ir al baño; no podía hablar con ella con naturalidad con la vejiga llena. Para su suerte, Kano apareció en su campo de visión, visiblemente borracho (u otra cosa)

—Kano, ¿sabes dónde está el baño?

El chico de pelo cobrizo le dio un beso en la frente a Ranma y asintió con la cabeza.

—¡Estoy feliz de que seas mi amigo! —Comentó con una sonrisa y le pellizcó la mejilla—. El baño está… allá. —Señaló con el dedo—. Al fondo a la derecha.

¿Todos los baños estaban siempre al fondo a la derecha? Ranma le dio las gracias y siguió la dirección de su amigo. La puerta era más pequeña que una puerta normal, pero el joven Saotome se lo atribuyó más a un tema de diseño que de cualquier otra cosa. Giró la perilla y abrió la puerta… para pronto comprobar que aquel no era el baño, sino un pequeño armario. Un armario en el que había dos personas. Dos personas que definitivamente no se esperaban aquella interrupción. En una fracción de segundo, los ojos de Ranma se abrieron de forma exagerada ante lo que acababa de ver. Apenas alcanzó a balbucear una torpe y apresurada disculpa.

—L-lo… lo s-siento…

Se dio la vuelta y cerró la puerta de golpe, sintiendo que su corazón latía a mil por hora mientras su cerebro intentaba procesar lo que había interrumpido. Con el rostro ardiendo por la vergüenza, caminó rápidamente para alejarse de allí y deseó regresar el tiempo atrás para evitar abrir aquella puerta. ¿Cómo…? ¿Qué…? ¿Por qué…? Joder. No le gustaban los secretos y aquel definitivamente era un secreto.

Guiado por la inercia y el nerviosismo, llegó hasta la amplia cocina de la casa y se detuvo en la entrada al ver una escena que lo dejó petrificado, pero por razones distintas. No, no era en lo absoluto similar a lo que había presenciado en el armario (por suerte, porque dos veces en una noche sería demasiado para alguien que jamás había visto algo así), pero era algo que no esperaba. Y además era algo que no le gustaba.

Akane acariciaba el rostro de un tipejo alto de pelo oscuro que la miraba de una forma extraña y con demasiada familiaridad para su gusto. ¿Quién carajo era? Le parecía haberlo visto en la Academia, pero no estaba seguro. Parecía mayor que ellos. ¿Sería estudiante de último año? ¿Amigo de Ryoga, de Asami? ¿De Akane? ¿Sería solamente un amigo como Mikado o sería un amigo como él mismo?

Ya sabes, un amigo que la besa ocasionalmente. Aquel pensamiento lo hizo quemarse por dentro. No quería compartir a Akane con nadie porque eso significaría que él no era el único. Y a él no le gustaba ser una simple opción.

Pronto la pareja abandonó la cocina y se dirigió hacia el jardín. Ranma los siguió, intentando recordar dónde había visto a ese mequetrefe. Atravesaron la terraza y gran parte del jardín hasta que llegaron a una pequeña casa, donde se detuvieron. A Ranma le costaba entender por qué a los ricos les gustaban los espacios tan grandes. Que él supiera, Asami no tenía hermanos. ¿Por qué su familia necesitaba una casa tan grande? Peor aún ¡dos casas!

Mientras observaba a Akane y a su acompañante, Ranma siguió cavilando. ¿Quién era ese payaso que estaba con ella? ¿Y por qué coño la trataba con aquella familiaridad? Entonces ocurrió algo que Ranma ya no pudo soportar. El tipo le ofreció un porro (sí, un puto porro de marihuana) a Akane. Aquello era suficiente.

Apretando los puños y frunciendo el ceño, el chico de la trenza acercó a ellos con paso firme y decidido, dispuesto a poner en su lugar a ese desubicado que intentaba convertir a Akane en una viciosa.

—Tú. —Dijo cuando estuvo frente a ellos—. Ni se te ocurra encender eso aquí si no quieres que llame a la policía.

Akane se sobresaltó ante la presencia de Ranma. ¿De dónde había salido? ¿Por qué siempre se aparecía así en silencio? ¿Y por qué le hablaba así a Shinnosuke? ¿Estaría borracho? Desde luego no lo parecía. Lo miró irritada.

—¿Qué te pasa? —Le preguntó molesta y avergonzada—. ¿Te volviste loco o estás borracho?

Ranma le dio una mirada reprobadora a Akane, como si no entendiera su reproche.

—¿Sabes qué es eso? No es un cigarro normal, Akane.

Ella rodó los ojos y el tipejo se rió, haciendo que Ranma apretara la mandíbula. Fue entonces cuando lo reconoció. Era uno de los actores de la obra de teatro de la Academia, así que definitivamente era alumno de Furinkan. A juzgar por su tamaño, debía ser graduando.

—Mira a tu alrededor. —Le dijo el tipo con tranquilidad y sin borrar su leve sonrisa—. ¿Crees que soy el único que trajo esto? —Expandió su sonrisa mientras alzaba el porro—. Si llamas a la policía esta fiesta quedará vacía, y uno de tus amigos irá detenido.

Ranma frunció el ceño. ¿Cómo sabía ese vicioso quiénes eran sus amigos? ¿Y qué coño estaba insinuando? ¡Sus amigos no consumían esa mierda! ¡Ellos…! De pronto, recordó a Kano. Okay, quizás uno de sus amigos sí lo hacía...

Al joven Saotome costaba mucho aceptar esas cosas. Él era un atleta y lo había sido toda su vida, por lo que quería mantenerse completamente alejado de las drogas. No le interesaba si la marihuana era algo normal, natural, orgánico y todas esas cosas que decían los hippies y los jovencitos que la fumaban o la consumían en postres; él no pensaba probarla. En su antiguo instituto prácticamente nadie la fumaba, tal vez uno que otro desadaptado, pero Ranma pronto aprendió que en la Academia Furinkan era distinto. No es que todos fuesen unos viciosos, pero era completamente normal que la gente se fumara un porro en una fiesta y que nadie hiciera un escándalo al respecto.

¿Algo así como el que estás haciendo tú ahora?

—Eso no hace que esté bien. —Se mantuvo firme y miró a Shinnosuke con el ceño fruncido y una expresión desafiante—. Sigue siendo una droga ilegal.

Shinnosuke se rió. Sabía quién era aquel chico porque era uno de los jugadores de fútbol de la Academia Furinkan, y todos en el equipo gozaban de cierta fama dentro del colegio. También sabía que había entrado el año anterior porque no lo había visto antes. No tenía idea de dónde venía, pero le daba la sensación de ser algo… pueblerino.

—Vale. —Comentó Shinnosuke mirándolo con diversión—. Me iré con mi droga ilegal a otro lugar. —Le dedicó una mirada cómplice a Akane—. Nos vemos. —Sin decir nada más, se marchó tranquilamente con las manos en los bolsillos del pantalón.

Akane apretaba la mandíbula y los puños. ¡Ranma era un maleducado y un completo desubicado!

—¿Quién te ha dado derecho de hablarle así a Shinnosuke? —Le recriminó cuando estuvieron solos—. ¿Drogas ilegales, en serio? ¿Cuántos años tienes? ¿Noventa?

Ranma no daba crédito a lo que oía, ¡Akane estaba defendiendo a ese payaso!

—¡La marihuana es una droga, Akane! —Exclamó él—. ¡Me da igual si es una planta o si todo el mundo la usa! —Frunció el ceño y la miró con severidad—. ¿Ibas a fumar? ¿Sabes que puedes meterte en problemas? ¡Podrían echarte del equipo de voleibol!

—¡Y a ti que más te da! —Akane no entendía de dónde venían estos reproches—. Fuiste un maleducado con Shinnosuke, para que lo sepas. No sé si en tu antiguo instituto solías hablarle así a la gente, pero...

—Ese tipo es un pervertido. —Espetó interrumpiéndola.

—¿Qué dices? —Lo miró como si fuera un extraterrestre—. ¡Shinnosuke no es nada de eso!

—¡Claro que sí! —Insistió él y dio un paso adelante—. Akane, ¿no te das cuenta? Estaba intentando seducirte para que fumaras con él. ¡Y seguro después iba a intentar meterte mano!

Ella se acarició el puente de la nariz. No entendía de dónde venían los reclamos de Ranma, pero no iba a seguir escuchándolos. Lo miró sin decirle nada durante varios segundos, intentando comprender por qué si ya le había mostrado su lado amable, simpático y agradable, tenía que volver a ese humor de perros que ella no soportaba.

—Shinnosuke solo me lo ofreció una vez. —Le dijo en un tono más calmado—. Cuando le dije que no porque no me gusta, no insistió. No quería obligarme ni tampoco aprovecharse de mí. —Agregó—. Aprecio tu preocupación, Ranma, pero sé cuidarme sola.

Él la miró con desconfianza. Akane era una buena chica, no entendía por qué se juntaba con ese tío ¡que además tenía la cara llena de cicatrices! Quién sabe qué clase de persona era. No le había gustado ni un poco la forma en la que se acercó a ella en la cocina. Tal vez no quería obligarla a fumar, pero ese chico quería más que solo hablar con ella. Él lo sabía, lo sabía porque miraba a Akane de la misma forma en la que él mismo la miraba.

—Está bien. —Dijo intentando no sonar tan beligerante. No quería pelear con ella, aunque a veces era inevitable porque Akane siempre conseguía sacarlo de sus casillas—. Solo quería asegurarme de que no quisiera obligarte a nada, como te trajo hasta aquí...

Miró a su alrededor. El grueso de los invitados se congregaba en la terraza y en las áreas aledañas, así como en el interior de la casa. Donde ellos estaba había pocas personas, la mayoría parejas buscando un poco más de intimidad, pero también había gente fumando. Rama suspiró. Bien, quizás había exagerado. Quizás sí había hecho una escena.

—Shinnosuke no me trajo hasta aquí, Ranma. —Dijo Akane—. Yo vine con él, porque quise.

Él frunció el ceño.

—¿Y viniste aquí sabiendo que él iba a fumar? ¿Incluso aunque a ti no te guste?

—A lo mejor solo quería estar con él y ya.

Aquello era parcialmente cierto. Shinnosuke siempre le había gustado, no solo por su físico sino también porque le parecía un chico muy interesante. Aunque aquella vez no había planeado ni buscado estar con él, tampoco le había molestado acompañarlo. Ranma no tenía por qué saber esos detalles, pero la había sacado de sus casillas y aquello le pareció una buena forma de callarle la boca. Aunque claro, tratándose de él, Akane debió saber que eso no lo callaría… sino todo lo contrario.

Ante aquel comentario, el pelinegro sintió que toda la sangre de su cuerpo se calentaba. ¿A Akane le gustaba ese tipo? Tragó grueso. Pero, ¿y él? Se habían besado dos veces y para él era más que evidente que a ella le había gustado. ¡Daisuke se lo confirmó! Y Daisuke tenía experiencia. ¿Entonces? ¿Le gustaría el otro estúpido también? No… eso… eso no. ¡No quería que a ella le gustara nadie más que él!

—No te creo. —Le dijo y alzó la barbilla—. Él no te gusta.

—¿Tú qué sabes?

¿Está celoso? Por alguna retorcida razón, Akane sintió un cosquilleo agradable en el estómago. Le gustaba que Ranma estuviera celoso de Shinnosuke, porque eso significaba que...

Ranma recordó las palabras de Daisuke. Sé más asertivo.

—¿Yo qué sé? Pues que yo te gusto. —Tanto la voz como la expresión de Ranma denotaban seguridad—. Y no creo que él te guste también. —Intentó que no se le notara la incomodidad que le generaba pensar que a ella podía gustarle otra persona—. Y si es así, me da igual. Porque tengo la certeza de que yo te gusto.

Akane lo miró sin decir nada. Okay, esas no eran las palabras de alguien celoso. Intentó mantenerse serena y en control de la situación. Después del magreo en el dojo y de esos besos en el estacionamiento, ¿piensas que va a creerte si te atreves a decirle que no te gusta?

—Niégalo si quieres. —Dijo él como si le estuviera leyendo la mente—. Dime que estoy loco, que soy un iluso, que imagino cosas. Di todo lo que quieras para negarlo, pero no te voy a creer. ¿Sabes por qué? —Dio un paso adelante hasta quedar casi pegado a ella. Como Akane no se movió, Ranma levantó su mentón con su mano en un gesto suave—. Porque aunque con tus palabras me digas que no te gusto, cuando te beso me demuestras lo contrario.

Touché. Akane fue incapaz de rebatir aquello. Ella conocía su cuerpo, tenía muy claro lo que sentía cuando besaba a Ranma. Y al parecer, él también estaba clarísimo.

Como ella no decía nada, Ranma decidió continuar con el consejo de Daisuke. Si su amigo le decía que fuera directo y asertivo, él lo sería.

—Y tú también me gustas, Akane. —Acercó su rostro al oído de Akane y susurró—: Me gustas mucho.

Sin pedir permiso, Ranma la rodeó con un brazo y la besó en la boca. Y a diferencia de la primera vez que se besaron, esta vez Akane le correspondió de inmediato. No, no iba a negar lo evidente, ¿para qué? Le encantaba besar a Ranma porque despertaba en ella sensaciones que no había sentido antes, o tal vez sí, pero de una forma diferente y mucho más diluida. Posó sus manos en las mejillas del chico y él la abrazó completamente, pegándola más a su cuerpo.

Se besaron así durante más o menos un minuto, hasta que Akane abrió los ojos y se fijó en que había varias personas cerca. Por el momento nadie los miraba, pero conociendo su suerte, no sería raro que alguien los interrumpiera.

—¿Entramos? —Separó su boca de la de Ranma y con su mano señaló la entrada de la casa de huéspedes—. No estoy cómoda con gente alrededor.

—¿Se puede? —Sin soltarla, Ranma alzó las cejas interesado. No había contemplado aquella posibilidad.

Akane le dijo que sí y lo tomó de la mano para guiarlo. La puerta de vidrio no tenía seguro. Continuaron besándose a oscuras en el interior de la casa de huéspedes, a oscuras. Ranma aprovechó la privacidad para comenzar a lamer y morder el cuello de Akane, robándole varios suspiros y gemidos suaves que se perdían en el silencio de la estancia. Mientras se rendía a las carantoñas de Ranma, ella jugueteó con su trenza; siempre había querido tocarla, pues le llamaba la atención que Ranma tuviera una. No era demasiado larga, pero sí lo suficiente como para que pudiera jugar con ella y sentir las suaves hebras del pelo negro de Ranma.

—¿Desde hace cuánto tienes una trenza? —Le preguntó sin separarse de él.

—Mmm no lo sé, desde los doce o trece años tal vez. —Subió una de sus manos hasta las puntas del pelo de Akane, que le llegaban a la mitad del cuello—. ¿Siempre has tenido el pelo corto?

—No.

Ranma se fijó en un sofá de cuero que había a unos metros de ellos en medio de la habitación. Todavía rodeando a Akane con su brazo y sin dejar de besarla, la guio hasta que las piernas de la chica toparon con la parte de atrás del sofá. Ella se giró y se fijó en que había chocado contra un mueble, pero aquello no tenía por qué ser algo malo. Por el contrario, aprovechó la oportunidad para sentarse en la parte de arriba, donde normalmente se apoya la cabeza. Acercó a Ranma abrazándolo por la cintura y el chico se posicionó de pie entre las piernas de Akane para besarla. La escena era extrañamente familiar: ella sentada y él de pie frente a ella, entre sus piernas, besándose y abrazándose. Justo como en el dojo. Con la certeza de que esta vez nadie los interrumpiría, Ranma pegó sus caderas completamente a las de Akane y cogió sus muslos para que la chica lo rodeara con sus piernas.

—Me gusta mucho besarte —le dijo en un susurro y buscó su cuello para besarlo y lamerlo.

—Y a mí —admitió ella en un suspiro.

Motivado por aquellas palabras, Ranma comenzó a moverse despacio contra ella, haciendo que sus sexos se unieran en un roce delicioso y suave. Aunque Akane no se esperó aquello, se sintió complacida al sentirlo, así que correspondió al movimiento. Aquello excitó a Ranma todavía más.

—¿E-eso… te gusta? —Le preguntó en voz muy baja—. ¿Quieres que siga?

Akane no dijo nada. No era capaz de decir nada en ese momento. Sí, le gustaba y no quería parar. Enredó sus manos en el pelo de Ranma y el chico introdujo las suyas debajo de su falda. Ella llevaba medias oscuras así que no había piel expuesta, pero igual podía disfrutar de tocar sus piernas y sus nalgas por encima de la tela.

Se besaron así un rato, disfrutando del roce, de los besos y de las caricias por encima de la ropa. Completamente dominada por la adrenalina y la excitación, Akane se aventuró a más. Sin dejar de besar a Ranma, metió sus manos en el pequeño espacio que había entre sus cuerpos, hasta que dio con el botón de sus jeans. Lo desabrochó y luego le bajó el cierre.

Ranma sintió que temblaba de emoción al sentir que las manos de Akane le desabotonaban el pantalón y le bajaban el cierre. La próxima vez que ella intentara hacerse la importante y mentir sobre si le gustaba o no, le recordaría esto. En el momento en el que la mano de Akane rodeó su erección por encima de la tela de sus calzoncillos, Ranma pensó que lo masturbaría, pero ella tenía otros planes. La chica simplemente reacomodó el pene de Ranma y luego subió sus manos hasta su nuca.

—¿Me levantas como antes? —Le preguntó en un susurro contra su boca.

Él asintió con la cabeza y volvió a cogerla de las caderas para alzarla, haciendo que Akane le rodeara con sus piernas. Fue entonces cuando Ranma comprendió por qué Akane le había desabotonado el pantalón y bajado el cierre. Antes, la gruesa y áspera tela de los jeans había disminuido las sensaciones del roce, pero ahora que solo los separaban las telas de la ropa interior de ambos y de las medias de Akane, el contacto era mucho más intenso y placentero, especialmente para ella.

Volvieron a besarse con ganas y Ranma estrujó el cuerpo de Akane con sus grandes manos mientras se movía contra ella, disfrutando del roce de sus sexos. Aquello no solo lo excitaba por las sensaciones físicas que le provocaba, sino que además le parecía increíblemente sexy estar haciendo eso con ella en aquel lugar, a oscuras y en silencio, con el riesgo de que alguien entrara en cualquier momento.

Akane pronto comenzó a mover sus caderas para aumentar la intensidad del roce, queriendo que la fricción entre ellos fuera cada vez mayor. Estaba completamente mojada y podía sentir la dureza de Ranma entre sus piernas. Su boca la besaba con tanto deseo que le era difícil seguirle el ritmo sin quedarse sin aliento. Aquella no era la primera vez que hacía eso, pero sí era la primera que conseguía excitarse tanto y tan rápido. ¿Cómo hacía Ranma para ponerla así? El pelinegro tenía un campo magnético que la hacía sentirse poderosamente atraída hacia ella, y cuando sus cuerpos entraban en contacto era como si estuvieran hechos el uno para el otro.

Cuando los suspiros y gemidos comenzaron a escaparse de los labios Akane para ir a parar a la boca de Ranma, él sintió que se quemaba por dentro. Era difícil determinar qué de Akane lo volvía más loco: su perfume, su boca y su forma de besar, la suavidad de su pelo, sus movimientos, su cuerpo… no podía decidir qué le gustaba más porque le encantaba todo de ella. Queriendo tocar y descubrir más de Akane, continuó sujetándola y abrazándola con un brazo mientras que el otro lo movió para acariciar su cintura y subir hasta sus pechos. Cuando finalmente cerró su mano sobre uno de ellos, sintió que tocaba el cielo. Había querido hacer eso desde hacía tanto tiempo que era difícil decirlo. Quería tocar y apretar los dos al mismo, pero no quería dejar de rodear a Akane con su brazo, así que se dedicó a tocarle ambos pechos con las dos manos, yendo de uno al otro casi con desesperación, imaginándose cómo sería besarlos y tocarlos sin nada de ropa.

Akane dejó salir un gemido más fuerte que los anteriores, y Ranma sintió que se tensaba en sus brazos mientras las piernas femeninas le rodeaban las caderas completamente.

—¿Así te gusta? —Le preguntó contra su boca.

—S-sí, no vayas a parar…

No tengo pensado hacerlo.

Por el contrario, Ranma aumentó la fuerza de las embestidas y Akane volvió a gemir en voz alta, haciendo que él prácticamente perdiera la cabeza. Estaba tan excitado que lo único que deseaba era desnudarse y arrancarle la ropa a Akane para hacer eso que estaban haciendo pero completamente desvestidos. Pero algo le decía que Akane no lo dejaría, así que contuvo sus más bajos instintos para continuar de esa manera.

Ella no se quedaba atrás. Su cuerpo entero ardía en contacto con los labios, las manos y el propio cuerpo de Ranma. No era consciente de cuánto tiempo habían estado haciendo eso, pero estaba a punto de alcanzar el orgasmo, así que enterró su rostro en el cuello de Ranma y se abrazó a su cuerpo, preparándose para llegar a la parte más alta de la montaña rusa. Ranma había dejado de apretarle los pechos para sujetarla fuertemente de las caderas con ambas manos y se movía famélico contra ella. Su respiración había cambiado y, al igual que ella, suspiraba y gemía suavemente.

—Akane... —Ranma hablaba con voz ronca y arrastraba las palabras, pues estaba tratando de contenerse porque estaba a punto de correrse y no quería terminar antes que ella—, me tienes al borde...

Para su suerte, no tuvo que esperar demasiado. Poco después, Akane gimió fuertemente para después apretar su rostro contra el cuello de Ranma mientras se aferraba a su espalda intentando maximizar aquella sensación. Él, al escucharla y sentir los espasmos de su cuerpo, se dio cuenta de lo que estaba pasando y no pudo aguantarse más.

Su cuerpo se tensó completamente mientras eyaculaba entre las piernas de Akane. Aquella era la primera vez que se corría de esa forma. Él y Shampoo habían hecho eso en el pasado pero siempre se detenían antes de que él terminara.

Durante los primeros segundos después del clímax ninguno hizo nada, pues estaban demasiado sacudidos por sus propios orgasmos. Continuaron abrazados el uno al otro mientras sus respiraciones fueron adquiriendo un ritmo normal. Akane fue la primera en reaccionar. Separó su rostro del cuerpo de Ranma y sintió que las mejillas se le encendían al pensar en lo que acababa de ocurrir. No había sido consciente de que él también se había corrido sino hasta ese momento, cuando lo notó relajado y sintió una inusual humedad en la ingle.

—¿Te gustó? —Le preguntó él todavía un poco agitado, alejándose un poco de ella para verla mejor—. Eso estuvo… guao… fue increíble.

—¿Tú te…?

Con la oscuridad era difícil identificar las expresiones del rostro de Akane, pero su voz la delataba. Parecía… ¿nerviosa, avergonzada?

—S-í… —contestó él y le acarició la mejilla—, tú también, ¿verdad?

Sin responder, Akane se metió la mano debajo de la falda y pronto palpó una sustancia húmeda y viscosa sobre la tela de sus medias, a la altura de la ingle. No era demasiada y por suerte solo había salpicado esa parte. Sin embargo, aquel descubrimiento la tomó por sorpresa y la hizo sonrojarse. ¿Cómo habían quedado en eso? ¿Cómo pasaban de una cosa a otra tan rápido? De discutir por Shinnosuke a correrse juntos en la casa de huéspedes de Asami.

Otra vez yendo de cero a cien en segundos, otra vez sin planearlo ni esperarlo. La única diferencia era que esta vez nadie los había interrumpido y que por primera vez podían hablar del tema. Pero Akane no estaba segura de si se sentía lista para hablar con él sobre lo que acababa de pasar, mucho menos cuando todavía tenía sus fluidos en sus medias.

Se bajó del sofá y se acomodó la ropa con prisas, bajo la atenta mirada de Ranma, que seguía con los pantalones desabrochados y la ropa interior manchada de semen.

—Voy al baño. —Akane se excusó con él y entró al baño de la casa de huéspedes, donde estuvo varios minutos ocupándose del resultado de su apasionado encuentro con Ranma.

Mientras la esperaba, Ranma pensó que él mismo debía ir al baño. No podía volver a subirse el pantalón estando así. No había nada peor que la ropa interior húmeda. Para su suerte, Akane no tardó en salir. El chico entró al baño y trató de limpiarse lo más rápido posible, temiendo que al salir ella se hubiera marchado ya. Pero cuando terminó, Akane todavía estaba allí, sentada en el sofá esperando por él.

Se miraron sin decir nada durante varios segundos hasta que Ranma rompió el silencio.

—No te lo había dicho antes porque estabas súper ocupada yendo de aquí para allá, pero estás muy linda hoy.

Aunque estaban a oscuras, Ranma pudo ver que la chica esbozaba una sonrisa.

—¿No será que lo dices porque estamos con la luz apagada y no puedes verme bien?

Ranma se rió y se sentó junto a ella en el sofá. Tomó sus mejillas entre sus manos y alzó su rostro para mirarla mejor.

—Mmm ahora que lo mencionas, puede ser. —Frunció el ceño—. Tal vez con la luz encendida sigas siendo una marimacho...

Akane abrió la boca ante y se puso de pie mientras apartaba las manos de Ranma de su rostro. Aunque el comentario no le había encantado precisamente, se lo había tomado con humor, entendiendo que Ranma estaba bromeando. Pero él, al no poder apreciar al cien por cien sus expresiones, tuvo miedo de que la chica se lo hubiera tomado en serio. No sería la primera vez que metía la pata con ella gracias a su gran boca.

—¡Es broma, es broma! —Volvió a acercarse a ella y la tomó de las manos—. Lo sabes, ¿verdad?

—Más te vale que sea una broma —le dijo como una advertencia—, o si no te espera un chapuzón en la piscina de Asami.

Él se rió ante la referencia de la primera vez que Akane y él se habían peleado.

—Deberíamos volver a la fiesta.

—Akane, espera. —Ranma necesitaba una confirmación verbal de que la chica no se había enojado y de que lo ocurrido entre ellos no le había molestado—. ¿Estamos bien?

—Sí, fue sincera —fue sincera—, ¡pero nada de marimacho!

—Está bien, prometo no llamarte así, ni siquiera de broma. —De pronto, la timidez se apoderó de él en aquel momento—. Y sobre lo que pasó antes… ¿te gustó?

Akane agradeció que no hubiera suficiente luz para que Ranma pudiera ver su sonrojo. Al parecer sí iban a hablar del tema… bien, que él lo hubiera mencionado era algo bueno, ¿no?

—Sí, me gustó mucho. ¿Y a ti?

—Demasiado, ¿no se notó?

Akane se rió y asintió con la cabeza. Ranma la abrazó y le dio un beso en los labios. Era un beso dulce y cariñoso.

—Me gustas, aunque seas mala conmigo. Y aunque te juntes con ese fumón...

Akane recordó el motivo de la discusión que había iniciado todo lo anterior y miró a Ranma entre desconcertada y divertida. Se le hacía gracioso que hubiera llamado fumón a Shinnosuke, pero no entendía por qué decía que era mala con él.

—¡Yo no soy mala contigo! —Exclamó sin soltar su abrazo—. Es al revés.

—Sí eres un poco mala...

—Y solo para que quede claro, no iba a fumarme un porro con Shinnosuke. —No le debía explicaciones, pero en aquel momento sintió la necesidad de aclarárselo—. Jamás lo he hecho y no tengo planeado hacerlo.

Ranma sonrió con satisfacción.

—Bien. ¿Volvemos?

Ella asintió con la cabeza y los dos salieron de la casa de huéspedes.


Tras el final de la fiesta, Akane, Hiroko y Yuka se quedaron a dormir en casa de Asami.

Mientras charlaban sobre los hechos ocurridos durante la noche, las cuatro amigas lamentaron mentalmente que Sayuri no estuviera con ellas. Ninguna lo comentó en voz alta porque sabían que la discusión entre ella y Asami todavía estaba muy fresca, y la misma Asami prefirió no decir nada sobre el tema.

—¿Saben qué noté? —Comentó Akane mientras se acomodaba debajo del edredón. Ella compartía la cama grande con Asami—. Ryoga estaba muy raro.

—¿Tú dices? —Yuka no había notado ningún detalle extraño porque había estado muy ocupada disfrutando de su primera fiesta con Daisuke como su novio.

—Sí, hubo un momento de la fiesta en donde no sé qué pasó, pero a partir de ahí estaba muy raro. Callado, nervioso, ensimismado. —Explicó Akane—. Le pregunté varias veces qué le ocurría y me dijo que nada, que solo estaba cansado, pero no le creí.

—¿Qué crees que haya sido?

Hiroko procedió a explicar varias teorías que tenía al respecto, pero ninguna la convencía especialmente. Ryoga era dado a guardarse sus problemas y no solía compartirlos salvo que lo presionaran o que ya no pudiera más con sus sentimientos.

Asami bufó al ver a Yuka acercarse por enésima vez al florero que estaba en una pequeña mesa de la habitación. Daisuke se había aparecido en la fiesta con un ramo de flores para su novia y Asami había tenido que buscar un florero para ponerlas en agua. Yuka debía admitir que en esa primera semana de novios, el chico se había portado estupendamente con ella.

—¿Quieres dejar eso de una vez? Tus flores están bien, están en agua, están preciosas, ¡no se marchitarán!

Yuka sonrió y asintió con la cabeza. La conversación entonces derivó a la relación de Yuka y Daisuke. No había mucho que contar porque solo habían sido novios por ocho días, pero la chica de pelo largo manifestó que estaba muy contenta con su relación. Y aunque de vez en cuando la abordaban los mismos temores que le habían impedido estar con él en el pasado, podía controlarlos y enfocarse en el presente.

Hiroko decidió que ya había tenido suficiente de Daisuke y decidió cambiar el tema.

—¿Vamos a hablar del elefante en la habitación o vamos a ignorarlo? —Su comentario tomó a Akane y a Yuka por sorpresa, no así a Asami, que conocía bien a su amiga y sabía por dónde iban los tiros.

—¿El elefante en la habitación…? —Akane frunció el ceño—. ¿Cuál sería?

—La notable ausencia de Ryu, por supuesto. —Contestó Hiroko.

Asami mentiría si dijera que no le había hecho ilusión estar en compañía de Ryu en su primera fiesta como anfitriona, pero el chico no solo no apareció, sino que además ni siquiera dio señales de vida en ningún momento. Ella sabía que sus amigas harían preguntas (desde por qué Ryu no fue ido hasta cómo se sentía ella al respecto), pero prefería evitar esa conversación a toda costa. Y tenía el tema perfecto para hacerlo.

—Vamos a ignorarlo —dijo y se sentó sobre la cama—, porque vamos a hablar de otra notable ausencia.

—¿Cuál? —Hiroko levantó una ceja, sin pasar por alto que su amiga estaba intentando cambiar el tema.

—La súbita desaparición de cierta señorita —miró a Akane de reojo y luego a sus amigas—, que se perdió al mismo tiempo que cierto pelinegro trenzudo…

Yuka parpadeó varias veces y alzó las cejas en un claro gesto de interés y sorpresa. Hiroko miró a Akane sin expresión alguna durante varios segundos en los que repasaba velozmente los hechos de la noche, hasta que recordó algo ocurrido ya casi al final de la fiesta. Ella había ido a la terraza para comerse un brownie con Kano. Ukyo Kuonji, que también estaba allí, pareció muy emocionada de verlos. Ryoga apareció ante ellos y les preguntó por Ranma, a lo que tanto Kano como Hiroko se encogieron de hombros, no así Ukyo, quien respondió que el pelinegro había ido en busca de Akane. ¿Tendría eso algo que ver con la supuesta desaparición de ambos?

Ante las atentas miradas de sus tres amigas, Akane no pudo hacer otra cosa que sonrojarse y soltar un largo suspiro. Miró a Asami como queriendo ahorcarla por ponerla en evidencia, pero no dijo nada.

—¿Se perdieron juntos o no? —Indagó Yuka.

Akane se limitó a asentir la cabeza. Yuka abrió la boca y sonrió con una mezcla de emociones. Hiroko apoyó sus manos en la cama y puso su mentón sobre sus manos, esperando la historia completa. Asami sonrió y le dio un beso en la frente a Akane.

—¿Sabes qué es lo que más amo de ti? Que ni siquiera intentas mentir. —Le pellizcó la mejilla y Akane arrugó la nariz—. Ahora cuenta. Queremos todos los detalles.

—Nos besamos en la casa de huéspedes.

La menor de las Tendo contó desde que Shinnosuke se le acercó en la cocina hasta que salió de la casa de huéspedes. Intentó no ser demasiado gráfica, pero era difícil ahorrarse los detalles más íntimos cuando Yuka y Asami hacían tantas preguntas y querían saber absolutamente todo. Finalmente, una Akane completamente sonrojada terminó contando absolutamente todo lo sucedido en la casa de huéspedes, incluyendo los detalles más húmedos. No es que le diera vergüenza haber hecho esas cosas con Ranma, pero le daba muchísimo pudor admitirlas en voz alta.

—¡No me lo puedo creer! —Asami soltó una carcajada que resonó en toda la habitación, haciendo que Yuka también se riera—. ¡Esto es mejor que cualquier otra cosa que nos hayas contado sobre cualquier otro tema!

—Ranma y tú han hecho más cosas que Daisuke y yo, y ni siquiera son novios —comentó Yuka entre risas—, eres mi spirit animal.

Asami soltó otra carcajada y esta vez Hiroko se sumó a las risas. Inevitablemente, Akane también se rió.

—Bueno, pero eso es porque la tensión sexual acumulada entre Ranma y Akane estaba pidiendo salir a gritos —explicó Asami—, la que tienen Daisuke y también quiere salir, pero no a gritos, diría que con voz normal.

Hiroko, Yuka y Akane continuaron riendo por la ocurrencia de Asami.

—Me encanta esta historia. —Esta vez fue Hiroko quien intervino—. Me recuerdo a Mónica Lewinsky y a Bill Clinton.

—¿Mónica Lewinsky? —Akane frunció el ceño—. Clinton es el expresidente de Estados Unidos, ¿no?

—Sí, sí.

—No entiendo la comparación. —Dijo Yuka.

Hiroko bufó y rodó los ojos. Procedió entonces a contarles a sus amigas los hechos ocurridos entre 1995 y 1997, entre una joven pasante de la Casa Blanca y el entonces presidente de los Estados Unidos. Relación extramarital, felaciones, vestido manchado de semen…

—Bueno, pero tampoco le hice...

—Ya lo sé —Hiroko la interrumpió—, lo digo por lo de la mancha. —Miró a Asami—. 'Sami, por favor préstale tu lavadora. No necesitamos que esas medias caigan en las manos de Nabiki Tendo…

—¡NO PUEDO CON ESTO! —La exclamación de Asami fue casi un grito. Su risa fue aún más escandalosa que las anteriores y llegó acompañada de lágrimas.

Yuka tuvo que abrazarse a la almohada para ahogar sus propias carcajadas.

—¡Las odio! —Expresó Akane entre avergonzada y divertida, dejándose caer boca abajo sobre la cama. Asami se acostó sobre ella y volvió a pellizcarle las mejillas.

Las chicas siguieron charlando y bromeando un rato más, y Akane aprovechó para contarles a sus amigas que Ranma cada vez le gustaba más; no solo físicamente y su forma de besar (entre otras cosas), sino él mismo. Cada vez compartían más y estaban descubriendo que tenían muchas cosas en común. Todavía se sacaban de sus casillas de vez en cuando, pero al menos ahora no se odiaban a muerte ni se trataban mal. Lo único era que no habían hablado ni una sola vez sobre qué se supone que era eso que tenían. ¿Era una amistad? ¿Una amistad con derechos? ¿Eran un chico y una chica que se gustaban y se besaban ocasionalmente? ¿Querían algo más el uno del otro?

Akane por lo pronto deseaba conocerlo un poco más y compartir otros momentos con él, siguiendo el consejo de Asami de dejar que las cosas fluyeran naturalmente siempre y cuando ambos se sintieran cómodos.

Cuando apagaron las luces y se dijeron las buenas noches, el último pensamiento que ocupó la mente de Akane antes de dormirse incluía una casa de huéspedes, un pelinegro guapísimo y un movimiento de caderas enloquecedor.

¿Estaría también Ranma pensando en ella?


Empiezo esta nota de autora agradeciendo enormemente a Shojoranko por haber hecho una lindísima viñeta de una escena del capítulo anterior. ¡Gracias, Shojo! La pueden ver en su Instagram, Shojoranko. Sabrán qué escena es en cuanto la vean.

Ahora vamos por partes. Primero, el cine. Valió la pena la salida, ¿no? ¡Ahora Ranma sabe que Mikado no es una amenaza! Segundo, la discusión entre Asami y Sayuri. Indistintamente de si la postura y el actuar de Sayuri son los correctos (para mí no), a esa edad es normal dejarse llevar por los prejuicios ajenos y autoimpuestos, y creo que eso es lo que le ha ocurrido a Sayuri; por suerte para Asami, el bueno de Hiroshi ha sabido consolarla. Se nota que la quiere mucho, ¿no?

Y ahora pasemos a la fiesta: ¡Apareció Ukyo! Finalmente la chica de la espátula tuvo su primer momento en Aviones de papel, y es la prima de Ryoga. ¿Qué les pareció? ¿Alguien tiene algún comentario u observación que hacer sobre su conversación con Ranma? Lo espero. Lo que puedo decirles es que es un personaje mucho más interesante de lo que parece.

Hubo otra mención a la fiesta de Ukyo, esta vez por parte de Ryoga; les dije que en esa fiesta pasaron más cosas de las que ustedes creen. Y sobre lo que vio Ranma cuando buscaba el baño, ¿alguien tiene alguna teoría o sospecha?

Sobre Ranma y Akane, parece ser que las cosas han escalado entre ellos (¡y vaya manera!). Curioso, ¿no? No son nada, pero de vez en cuando se dan sus besitos cuando nadie los ve. Queda bastante claro que la relación ha ido mejorando (a paso de vencedor) y que se gustan mucho, al menos físicamente, pero todavía no es evidente si se gustan para algo más que solo besos, magreos y roces furtivos.

¡Muchas gracias por los reviews!