Aviones de papel
Capítulo IX:
"Verdad o reto"
A pesar de que habían pasado varios días desde lo ocurrido el día antes de la fiesta de Ryoga, las aguas seguían un poco revueltas entre las Poppy Sisters.
Asami y Sayuri seguían sin dirigirse la palabra luego de su discusión. Sayuri no solo cumplió su palabra de no ir a la fiesta en casa de Asami, sino que el resto del fin de semana no hizo intento alguno de hablar con su amiga, algo que tampoco hizo Asami. La tensión incluso se sentía en el grupo de WhatsApp, en el que en los últimos días las únicas que hablaban por ahí eran Akane, Hiroko y Yuka; Asami y Sayuri limitaron sus participaciones en el grupo, y cuando escribían algo, no interactuaban entre ellas.
Las dos amigas hablaron una sola vez desde la discusión y fue, precisamente, por WhatsApp. El sábado después de la fiesta de Ryoga, Asami le escribió a Sayuri porque no podía dejar de pensar en una de las cosas que la chica le había dicho mientras discutían: «ahora te acuestas con él en los camerinos del auditorio».La pregunta era, ¿cómo lo sabía?
Asami: «Necesito preguntarte algo, ¿cómo te enteraste de lo de los camerinos?»
Después de varios segundos en los que Sayuri escribía y borraba sin enviar nada, finalmente respondió.
Sayuri: «Los vi. Fui al auditorio a esa hora para ver unas cosas de la obra».
Asami: «¿Nos viste?» Asami se tensó completamente. Sintió que toda la sangre de su cuerpo se acumulaba en su rostro y en sus orejas, completamente avergonzada.
Sayuri no tardó en responder:
Sayuri: «Sí, cuando estaba en el escenario escuché unos ruidos y fui a ver qué era». Anticipándose a cualquier pregunta incómoda, agregó: «la puerta estaba abierta, Asami, ni siquiera hizo falta que me asomara».
Asami sabía que tanto Ryu como ella habían sido irresponsables al no cerrar la puerta de los camerinos, arriesgándose a que ocurriera algo así. Sintió un sentimiento de incomodidad muy fuerte oprimirle el pecho, ante el hecho de que su amiga la hubiera visto en una situación tan íntima con un chico. Y entonces un pensamiento abrumador se apoderó de ella: ¿y si los había visto alguien más?
Asami: «¿Estabas sola?»
En aquel momento, Sayuri supo que decirle a Asami lo de Florent Le Drian la incomodaría excesivamente. La chica de la coleta intuía que a 'Sami le debía sentar muy mal saber que la misma Sayuri, que era su amiga, había sido testigo de una escena tan íntima y comprometedora; enterarse de que una persona a la que no le tenía confianza alguna también la había visto no podía traer nada bueno. Por eso decidió mentir.
Sayuri: «Sí».
Esa fue toda la conversación. Y ahora era lunes y las dos amigas seguían sin hablar del tema.
Las demás chicas se encontraban preocupadas por lo ocurrido, aunque Hiroko consideraba que lo mejor era dejar que las aguas se calmaran y que fueran ellas mismas quienes iniciaran la conversación. Yuka estaba de acuerdo con esa parte, pero sopesaba la idea de acercarse a alguna de las dos para motivarla a dar el paso. Akane, por su parte, sentía que si no solucionaban el problema pronto, éste podría escalar y tener consecuencias graves. Después de todo, era la primera que una pelea así ocurría dentro del grupo, y Akane consideraba que no estaría mal intervenir. Sin embargo, la menor de las Tendo trató de seguir el consejo de Hiroko de no meterse en el pleito, por lo que para distraerse aprovechó la existencia de cierto pelinegro de lindas cejas que últimamente ocupaba su mente. Su mente y su tiempo.
Tras lo sucedido en la casa de huéspedes durante la fiesta de Ryoga, Ranma y Akane habían aumentado el tiempo que pasaban juntos. Si bien no disfrutaban de mucho tiempo a solas, en los últimos días los dos grupos habían pasado los recesos juntos, por lo que Akane y Ranma aprovechaban para congeniar.
Ranma ya no se limitaba a seguir los consejos de Daisuke, sino que ahora escuchaba e intentaba poner en práctica los de su nueva amiga: Ukyo Kuonji. El sábado después de la fiesta, el pelinegro se despertó con un mensaje de WhatsApp de un número desconocido. Al abrir la conversación comprobó que se trataba de la prima de Ryoga, que le preguntaba qué tal le había ido charlando con Akane.
Ranma no fue capaz de decirle que él y Akane no charlaron porque lo que hicieron fue otra cosa; en cambio, le contestó que había ido bien y que estaba deseando pasar más tiempo con Akane para afianzar su relación. Aprovechó para darle las gracias por su consejo el día anterior y le preguntó cómo estaba. La conversación se prolongó un rato muy largo, en la que ambos chicos se dieron cuenta de que tenían varias cosas en común, pero que además congeniaban muy bien. Era una de esas amistades que surgían de la nada por la química entre los dos involucrados.
Entre las clases, los entrenamientos, los partidos y los inminentes exámenes previos a las vacaciones de invierno, Ranma se sentía un poco abrumado por todo, así que Ukyo era un buen apoyo en ese sentido. El chico prefería no quejarse demasiado ni mostrar mucha vulnerabilidad frente a sus amigos, probablemente por algún pensamiento machista arraigado en su psiquis debido a la crianza de Genma Saotome.
Precisamente, se encontraba prestando atención a las indicaciones de la profesora de Inglés sobre los temas que vendrían en el examen, cuando un estudiante de otra clase tocó la puerta del aula. La profesora Ninomiya lo hizo pasar. Se trataba de un alumno varios cursos más joven.
—Excuse me, Miss Ninomiya. —Dijo el jovencito con timidez—. Necesitan a la señorita Kobayashi en dirección.
Asami levantó la cabeza de su libreta y miró al chico que estaba en la puerta, para luego posar sus ojos en la profesora Hinako. ¿La estaban llamando de la dirección? Pero, ¿por qué? Ella no había hecho nada malo, no recordaba… de pronto, todo color abandonó el rostro de Asami para dar paso a una palidez casi cadavérica.
Los camerinos.
Sintió que su corazón se saltaba varios latidos y que el tiempo se congelaba, y no fue consciente de que varios de sus compañeros la miraban con curiosidad. Al mismo tiempo, la profesora Ninomiya miró el reloj en la pared. Faltaban cinco minutos para el receso.
—Miss Kobayashi, you may go.
Asami reaccionó y asintió con la cabeza a duras penas. Cuando se puso de pie, sintió que las piernas le temblaban, sensación que no disminuyó al caminar casi como un espectro hacia la puerta del aula, donde se giró para mirar a Sayuri. No creía que su amiga hubiera sido capaz de echarla al agua, pero luego de su discusión le fue difícil no sospechar de ella. Sin embargo, nada en el rostro de la chica de la coleta delataba que tuviera algo que ver.
Tras salir del salón, Asami llamó al chiquillo que antes había dado el anuncio y le preguntó si le habían dicho algo más. El jovencito negó con la cabeza y le dijo que solo le habían pedido que la fuera a buscar. Se mostraba nervioso, pero ella ni siquiera se dio cuenta.
Bajó las escaleras y puso rumbo a la dirección, intentando calmarse y ordenar sus pensamientos. En el caso hipotético de que alguien hubiera visto lo sucedido en los camerinos (alguien además de Sayuri), ¿por qué había tardado tanto en decirlo? Y en el caso de que la directora estuviera al tanto de ello, ¿habrían llamado a sus padres? Aquel pensamiento la hizo llevarse las manos al rostro. ¿Con qué cara los miraría?
Estaba tan sumergida en sus pensamientos que no se dio cuenta de que una puerta se abría en el momento exacto en el que pasaba junto a ella. Tampoco fue consciente de que la mitad de un cuerpo se asomaba por dicha puerta. Tan solo abandonó sus cavilaciones cuando sintió que una mano se cerraba sobre su boca y la arrastraba hacia atrás, para meterla en un pequeño habitáculo.
—Hola, bombón.
Asami se relajó ligeramente al identificar la voz y el perfume de su secuestrador La mano que se cerraba alrededor de su boca la soltó, permitiéndole a la chica poder girarse para mirar a Ryu y darle un empujón.
—¿Te volviste loco? —Le preguntó frunciendo el ceño—. ¿Bebiste cloro durante el fin de semana o qué carajo te pasa?
Ryu se rió y se acercó a ella para darle un beso en la frente, pero Asami se echó hacia atrás. Estaban en uno de los armarios de limpieza.
—No seas, así, 'Sami.
—Lo de la dirección no es verdad, ¿no? —Inquirió sospechosa e irritada—. Te lo has inventado y ese niño ha sido tu cómplice.
La sonrisa de Ryu se expandió, haciendo que se formaran arrugas en las comisuras de sus ojos cafés.
—Así es, pero todo tiene una explicación. He hecho esto porque quiero mostrarte algo. —Explicó—. Y lo he hecho así porque es un plan perfecto. Ningún profesor se cuestionará tu ausencia si se supone que estás con Miyakoji.
Asami golpeó el pecho de Ryu con su puño.
—¡Eres un estúpido! —Exclamó al verlo reírse más y volvió a golpearlo—. ¿Tienes idea del susto que he pasado? ¡Pensé que me iban a expulsar por lo de los camerinos!
Ryu volvió a reírse y cogió las muñecas de Asami para evitar que volviera a pegarle. Forcejearon un poco, hasta que él consiguió rodearla con sus brazos. Ella permaneció inmóvil y tensa, sin intención alguna de corresponder a su abrazo.
—Tenía ganas de verte y de decirte que eres una maravilla para la vista. —Trató de besarla pero Asami echó la cabeza para atrás—. No seas así, bombón. Al menos espera a ver lo que quiero mostrarte. Además, tienes que reconocer que fue ingenioso.
—Fue innecesario. Podías esperar al receso, faltan como cinco minutos. —Frunció el ceño y miró a su alrededor—. ¿Y qué me quieres mostrar? Estamos en el armario de limpieza.
—Bueno, lo que voy a mostrarte no está aquí. —Ryu adoptó un semblante más serio—. La idea de llamarte antes del receso es porque nadie nos debe ver mientras vamos al lugar que quiero enseñarte.
Asami lo miró sin decir nada mientras el chico la cogía de la mano para guiarla a ese misterioso lugar. Mientras caminaban, recordó que Ryu no se había aparecido en la obra de teatro ni tampoco en la fiesta de Ryoga, pero que además de eso no le había respondido a ninguna de sus llamadas o mensajes ese día. El chico tampoco apareció ni sábado ni domingo, aunque esos días Asami ni siquiera le escribió, pues estaba demasiado molesta con su plantón como para buscarlo.
—¿Por qué no me contestaste el viernes? —Le preguntó con el ceño fruncido—. Podías simplemente decirme «hola, Asami, no voy a ir. No insistas, bye», y así yo no me quedaba esperando que aparecieras o respondieras y tú no tenías que recibir mis mensajes ni llamadas.
—Estuve ocupado ese día y ya después se me olvidó llamarte. —Contestó él en voz baja, su mirada atenta a cualquier persona que pudiera aparecer por ahí.
Asami rodó los ojos. ¿En estos días ni siquiera pudo pensar en una mejor excusa?
—Ya, y también se te olvidó escribir el sábado y el domingo…
Ryu abrió la boca para, probablemente, decir alguna otra excusa, pero Asami no quería escucharlo.
—La próxima vez no me digas que vienes si no tienes pensado hacerlo. —Le dijo con firmeza—. Solo dime que no vienes y ya, ¿okay?
Él asintió, complacido de que ella no quisiera discutir. Continuaron caminando en silencio, Ryu guiándola a través de los pasillos de la Academia, hasta que llegaron al área más nueva del colegio. Subieron las escaleras hasta el último piso. El pasillo estaba completamente solo y en silencio, con la luz de la mañana entrando a través del enorme ventanal que iba de piso a techo y de izquierda a derecha por todo el pasillo.
Se detuvieron frente a una puerta doble. Ryu metió su mano dentro del bolsillo de su pantalón y sacó un llavero genérico con tres llaves. Luego introdujo una de las llaves en el cerrojo de la puerta y ésta se abrió.
—Adelante.
Asami lo miró con desconfianza y el ceño fruncido, pensando que el chico la había llevado hasta aquel edificio con la intención de besarla y meterle mano, como si no se hubiera perdido durante el fin de semana. A pesar de que seguía mosqueada por su súbita desaparición los días anteriores, entró al aula para averiguar si Ryu de verdad quería mostrarle algo. Ahogó un suspiro al ver de qué se trataba, maravillada ante lo que veía.
—¿Qué piensas? —Preguntó Ryu mientras Asami observaba maravillada todo a su alrededor.
—Conocía los rumores del nuevo salón de Artes Plásticas, pero no tenía idea de que ya lo habían hecho.
Con el objetivo de ofrecer una mejor experiencia académica y cultural a sus alumnos, la Academia Furinkan había decidido ampliar y modernizar varias de sus aulas especializadas, el nuevo salón de Arte estaba dentro del proyecto. Contaba con numerosos caballetes alineados ordenadamente frente a las ventanas. Había, además, cuatro mesas con ruedas de alfarero para hacer figuras de cerámica y arcilla, una estantería completa repleta de pinceles, brochas, rodillos y pinturas de todo tipo: óleo, acuarela, acrílico. Por más que Asami miraba y miraba, sus ojos seguían encontrando cosas nuevas: lienzos de distintos tamaños, materiales para hacer collages, la lista era interminable…
Se giró para mirar a Ryu con una expresión que era casi una sonrisa.
—¿Cómo descubriste esto? —Le preguntó intrigada y curiosa—. ¿Y cómo conseguiste la llave?
Ryu esbozó una sonrisa y se acercó a ella.
—Tengo mis contactos y mis formas. —Amplió su sonrisa—. Pero quería que tú fueras la primera alumna del colegio en verlo, sé que es tu clase favorita…
Asami sonrió y miró a su alrededor, contemplando una vez más todos los elementos del salón.
—Además, el salón no lo abren sino hasta después de las vacaciones de invierno, así que lo puedes usar tú sola durante este tiempo. —Alzó su mano y acarició el pelo de Asami detrás de su oreja—. Pero tiene que ser en los recesos y después de clases, porque es posible que entre clases venga alguien de administración.
La chica frunció el ceño sin dejar de sonreír.
—¿Se puede saber cómo sabes todo esto?
Ryu repartió varios besos en la mejilla, mentón y cuello de Asami.
—No puedo decírtelo, tendría que matarte si lo hago. —Asami se rió—. Pero espera, eso no es todo. —Se alejó de ella y caminó hasta el escritorio principal, el que correspondía al profesor—. También te traje el desayuno.
—¿El desayuno?
—Claro, te secuestré en la hora del recreo, 'Sami. Tienes que comer. ¿Pensabas que iba a dejarte pasando hambre? —Frunció el ceño—. ¿Por qué clase de persona me tomas?
Asami volvió a reírse y se acercó a él. Sobre la mesa había dos wanpako sando, uno para cada uno. Sin decir nada más que solo gracias, Asami tomó uno y se dispuso a comer. Ryu hizo lo mismo. Charlaron de temas varios mientras desayunaban, hasta que ella le preguntó por el Baile de Invierno. Hasta ese momento no habían hablado del tema.
—¿Vas al Baile de Invierno? —Asami caminó hasta la ventana y miró a través de ella, haciéndose la desentendida.
—Sí. —Contestó Ryu acercándose a ella para abrazarla por detrás y apoyar su mentón en su hombro.
—¿Y ya sabes qué te vas a poner? ¿Algún outfit alusivo al tema?
—Un neopreno, seguro. —Dijo bromeando y comenzó a darle besitos en el cuello.
Asami se rio. Viendo que Ryu no captaba las indirectas (o las captaba pero decía ignorarlas deliberadamente), y aprovechando que la abrazaba por detrás de esa forma tan romántica, decidió ser directa.
—¿Te gustaría que fuéramos juntos?
Sintió que el cuerpo de Ryu se tensaba. El chico se movió y dejó de abrazarla. Le pasó un brazo por encima de los hombros, en un gesto que era más amistoso que romántico.
—Sabes que no suelo ir a esas cosas acompañado —le pellizcó la mejilla suavemente—, prefiero ir solo.
Sí, Asami lo sabía. Y también sabía por qué. Ryu solía ir solo a «esas cosas» porque le gustaba irse acompañado, o al menos encontrar a alguna chica guapa con la cual pasar un buen rato mientras durara el evento. Asami lo sabía, (ella había sido una de esas chicas guapas con la que él había pasado un buen momento en la fiesta de Ukyo Kuonji) pero guardaba la esperanza de que esta vez fuera diferente. Después de todo, estaban más unidos que nunca, y Ryu le había mostrado una parte de él que ella no había visto antes, y que sabía que no le había mostrado a ninguna otra chica. Eso tenía que significar algo, ¿no?
—Sí, lo sé —le dijo y se giró para quedar enfrente de él—, es solo que... pensé que esta vez podía ser la excepción. —Esbozó una pequeña sonrisa y subió sus manos para acariciarle las mejillas y el pelo de forma cariñosa—. Como tú y yo…
Asami se arrepintió de decir eso casi de inmediato al ver que la expresión en el rostro de Ryu cambiaba por completo. Fue tan evidente que aunque lo intentó disimular, la incomodidad podía verse en sus ojos y en una mueca disfrazada de sonrisa.
—Tú y yo somos amigos, 'Sami. —La miró fijamente—. Lo sabes, ¿verdad?
—Bueno, amigos-amigos... —Asami dejó salir una risa un tanto nerviosa—. Daisuke y Hiroshi son mis amigos, y con ellos no hago lo que hago contigo. Tú eres...
Mucho más que mi amigo.
Ryu intentó suavizar la interrupción con una sonrisa y un gesto cariñoso.
—Sabes a lo que me refiero. Lo sabes, ¿verdad? —Le tocó la punta de la nariz con el dedo índice—. No quisiera que confundieras las cosas. Yo no…
Esta vez fue ella quien decidió interrumpirlo. Asintió la cabeza y le dio un corto beso en los labios, impidiendo que él completara la frase. Sabía lo que iba a decir y por primera vez, no quería escucharlo.
—Sí, sí, solo bromeaba —le sonrió—, mo pasa nada.
Con el mismo dedo con el que le tocó la nariz, Ryu le acarició la mejilla y se alejó de ella despacio.
—Voy a volver con mis amigos, pronto acaba el receso. —Le guiñó un ojo—. Puedes quedarte con la llave. —Le dio la espalda y caminó hasta que salió del aula, sin decir nada más. Asami se quedó inmóvil, sabiendo que faltaban más de diez minutos para que finalizara el recreo.
Un sentimiento ajeno a ella se instaló en su pecho y en la boca de su estómago. Era difícil de explicar y describir, pues nunca lo había sentido, pero no era bueno. No era nada bueno.
Después de salir del aula de Arte, Ryu caminó apresuradamente por el pasillo y bajó las escaleras con prisa, mientras le daba vueltas a su conversación con Asami, específicamente a lo que la chica le había dicho y a lo que eso significaba.
Su relación con Asami se caracterizaba por tener momentos de pasión y diversión, para pasar luego a algunos de «sequía» después de que él le hubiera hecho algún desplante (no escribirle por varios días, hacerle bromas pesadas, etc.) y ella decidiera no dirigirle la palabra. Fue por eso que Ryu, para eliminar esos momentos de distanciamiento físico, decidió de dejar de ser cortante con ella para enfriar las cosas y comenzó a mostrarle un lado más romántico y cercano, algo que no había hecho con nadie jamás.
Aquel cambio había resultado muy positivo, pues su sirena estaba más cariñosa y apasionada que nunca. Él debía admitir que le gustaba mucho verla tan contenta y motivada con el cambio, no solo porque sus juegos sexuales eran ahora mejores y más frecuentes, sino porque había descubierto que le encantaba compartir con ella más allá de la piel. Aquel descubrimiento lo habría asustado de no ser porque todavía se sentía en total control de sus emociones y porque Asami nunca había exigido más… hasta ahora.
En algún punto del camino, Asami había empezado a confundir las cosas o a involucrarse más de la cuenta y se mostraba cada vez más enamorada. Ella nunca se lo había dicho directamente ni tampoco le había pedido que cambiaran el estatus de su relación, pero Ryu lo sabía por sus miradas, por la sonrisa que le daba después de acostarse juntos, por la forma en la que lo acariciaba y abrazaba, y porque ya no le importaba saludarle de forma efusiva frente a la gente (algo que para ella siempre había sido un gran no). Y, si necesitaba algún hecho que confirmara sus sospechas, la chica le había pedido ir juntos al Baile de Invierno.
Mientras entraba a la cafetería en busca de sus amigos, Ryu pensó que Asami le gustaba mucho, como nunca le había gustado ninguna otra chica, pero no quería un compromiso. Se sentía demasiado joven para meterse en una relación, le gustaban mucho las chicas y sabía que a ellas les gustaba él. Hacerse novio de Asami implicaría dejar pasar cualquier oportunidad que se le presentara, así que era algo que no estaba dispuesto a hacer. Sí, era cierto que desde que estaba con Asami no había estado con ninguna otra chica, pero había sido por voluntad propia y no por una imposición u obligación.
Al sentarse en la mesa donde estaban sus amigos, se obligó a dejar de pensar en ella y en toda la situación; lo mejor sería dejarlo pasar y hacer como si la charla en el aula de Arte no hubiera ocurrido.
Solo esperaba que Asami hiciera lo mismo.
El jueves durante el segundo receso Ranma, Daisuke, Hiroshi y Kano charlaban sentados en la cafetería, aunque sin demasiados ánimos.
—Esta semana ha sido horrible, necesito que se acabe ya. —Dijo Kano. Los exámenes estaban por venir, así que los estudiantes estaban atiborrados de tareas y asignaciones.
Daisuke asintió con la cabeza, dándole la razón a su amigo.
—Yo también. Ya quiero que sea viernes, pero después del partido.
Esa semana la Academia Furinkan tenía partido la noche del viernes, por lo que era altamente probable que hubiera buen público.
—¿Los chicos harán algo después del juego? —Preguntó Ranma. Deseaba desconectar un poco.
—Ni idea, por el momento nadie ha dicho nada. —Respondió Daisuke y miró a Hiroshi y a Kano—. Si hacemos algo, ¿se apuntan ustedes dos?
—Sí, está bien. —Contestó Hiroshi—. Me puedo quedar hasta más tarde de lo usual.
—¿Y eso? —Kano esbozó una sonrisa burlona—. ¿Tu mami ya no te tiene que cambiar el pañal?
Hiroshi ignoró la pulla de su amigo.
—Mis papás se van a una boda en Hokkaido el fin de semana.
Procedió a explicar que se trataba de una boda sin niños; aunque él ya era un adolescente, seguía siendo menor de edad y sus padres preferían que no fuera. Además, él estaba convencido de que sus progenitores deseaban un fin de semana para ellos solos, pues desde que los gemelos nacieron hacía siete meses no habían tenido demasiado tiempo para desconectar. Sus padres dejarían a los gemelos en casa de los abuelos de Hiroshi y él se quedaría solo.
—¿Y a ti por qué no te dejan con tus abuelos también?
El chico les dijo que sus padres lo dejaban quedarse solo en la casa debido a sus calificaciones destacadas y excelente comportamiento, pues confiaban mucho en él y sabían que podía cuidarse solo durante un fin de semana.
—Pero no me dejan a los gemelos porque prefieren que los cuiden dos adultos y no un adolescente. —Explicó—. Y honestamente yo también lo prefiero así.
Había varios motivos por los cuales un adolescente hormonal deseaba privacidad y la casa para él solo.
—¿O sea que vas a tener la casa para ti solo? —Daisuke, que prácticamente se había mostrado apático durante toda la conversación, pareció súbitamente animado.
—Sí.
Daisuke lo miró con un travieso brillo en los ojos, un brillo que Hiroshi conocía bien. Sin que su amigo dijera lo que estaba pensando, el chico de pelo castaño supo lo que diría.
—¡Eso es excelente! —Exclamó emocionado—. ¡Podemos quedarnos a dormir!
Hiroshi lo miró con una ceja alzada. No es que a él le molestaran los sleepovers; de hecho, siempre los había disfrutado de niño. Sin embargo, esta vez no entendía la emoción de su amigo por pasar un fin de semana durmiendo con varios chicos cuando ya tenía novia y podía ocupar alguno de esos días saliendo con ella. A no ser que…
—¿Estás pensando lo que creo que estás pensando? —Indagó el castaño con interés.
Daisuke asintió con la cabeza y expandió su sonrisa picaresca.
—Pijamada mixta. —Le guiñó un ojo.
Ranma se rió, haciendo que sus amigos lo miraran.
—Tú lo que quieres es dormir con Yuka para poder meterle mano. —Le dijo en broma y en serio.
Hiroshi estuvo de acuerdo y Kano se rió ante el comentario. Daisuke también, pero su risa no fue burlona sino cómplice.
—Puede ser. —Su semblante cambió a uno un poco más serio—. Pero piénsenlo bien, será divertido. Les decimos a las chicas, nos vamos todos juntos después del partido, cenamos algo en tu casa, jugamos juegos de mesa, me dejas una habitación para poder dormir con Yuka los dos solos...
—¿Ves lo que te digo? —Ranma negó con la cabeza mientras miraba a Daisuke de forma reprobadora, aunque sin perder el humor—. Todo esto es solo para tu beneficio.
Daisuke sonrió ante el comentario de Ranma, pero no dejó de mirar a Hiroshi.
—Como te decía, yo duermo con Yuka, Ranma puede dormir con Akane…
El semblante del pelinegro cambió de repente.
—¡Me parece que la pijamada es una estupenda idea! ¡Me apunto! —Exclamó con emoción, haciendo que sus tres amigos se rieran.
—Vamos, Hiro, será más divertido compartir con nosotros la noche del viernes que pasártela solo viendo porno y haciéndote pajas, eso lo puedes hacer el sábado. —Insistió Daisuke.
Ranma volvió a reírse. Hiroshi no respondió a la provocación de Daisuke, pues estaba considerando su propuesta. No, no la parte de dejar el porno y la masturbación para el sábado, sino la de una pijamada mixta. Podía ser divertida, sí…
—Honestamente, no creo que me dejen —Kano bufó—, mi madre se dio cuenta de que llegué ebrio de la fiesta de Ryoga. Con suerte me dejará hacer algo el viernes en la noche después del partido, pero quedarme a dormir ni soñarlo…
—Ah, entonces sí, hagámosla —esta vez fue Hiroshi quien decidió bromear.
Tanto Daisuke como Ranma se rieron, mientras Kano le mostró el dedo del medio a su amigo.
—No, pero en serio, está bien. —Hiroshi asintió con la cabeza—. Hablemos con las chicas para ver qué dicen. Y tú —miró a Kano—, dile a tu madre que el viernes hay partido y luego iremos a mi casa a cenar algo. No creo que diga que no a eso, sabe que soy un ejemplo a seguir.
—¡No se diga más, entonces! —Daisuke golpeó la mesa con la palma abierta—. ¿Vamos a hablar con ellas ya?
El viernes llegó y con él la emoción y la expectativa del fin de semana que se avecinaba.
El día se pasó más lento que de costumbre, contrastando con la intensidad a la que se desarrolló el partido de fútbol en la noche, con el balón muy disputado y los dos equipos atacando y llegando a la portería contraria. El resultado fue un empate a uno, llevándose Ryu el premio al MVP del partido por su destacada labor.
La pijamada mixta en casa de Hiroshi se llevaría a cabo, aunque no como la planearon originalmente.
De los chicos, Daisuke y Ranma sí se quedarían a dormir, pero Kano no porque su madre seguía molesta por la borrachera del fin de semana anterior, aunque milagrosamente le dio permiso de salir el viernes (siempre y cuando regresara sobrio y no muy tarde). De las chicas, Asami, Yuka y Akane habían conseguido el permiso de sus padres. Sayuri les dijo que a ella no la dejaron, pero la realidad es que ni siquiera había pedido permiso por dos motivos: 1) estaba casi segura de que le dirían que no, 2) todavía sentía muy reciente su discusión con Asami y no deseaba dormir con ella. Hiroko, por su parte, simplemente había preferido no quedarse, aunque no dio las razones.
Después del juego de fútbol todos los invitados se dirigieron a la casa de Hiroshi.
Akane y Asami no habían tenido problema en que sus padres les dieran permiso para la pijamada, pues conocían a Hiroshi desde que era un niño y los padres de cada una tenían una buena relación con la familia de su amigo. Yuka decidió decirle a su madre que dormiría donde Akane (su casa quedaba en la calle de atrás de la de Hiroshi, así que había pocos riesgos), para evitar preguntas incómodas del tipo: «¿y Daisuke también va?» o «¿Los chicos dormirán separados de las chicas?». Además, no quería volver a tener La Charla con su madre. Se la había dado cuando era más joven y luego una segunda vez cuando le contó que Daisuke y ella eran novios. Ahora su madre estaba súper paranoica y cada vez que ella salía con Daisuke, la miraba como queriendo decirle «cuidado con lo que haces».
Al llegar a la casa, Hiroshi guio a sus invitados hacia sus respectivas habitaciones para que pudieran dejar allí sus cosas. Asami y Akane compartirían la habitación principal, la de los padres de Hiroshi, mientras que Yuka dormiría con Daisuke en la habitación de huéspedes, en tanto que Ranma pasaría la noche con el propio Hiroshi en su habitación. El otro cuarto disponible era el de los gemelos, y como en ese había cunas y no camas, no era una opción para nadie.
Para cenar ordenaron okonomiyakis de Kyo's, la cadena de restaurantes que pertenecía a la familia Hibiki-Kuonji. Llevaba el nombre de su fundador, Kyō Kuonji, abuelo de Ukyo y Ryoga.
Después de cenar, Hiroshi propuso jugar algún juego de mesa. Daisuke pidió que no fuera Pictionary para evitar roces similares a los de la última vez, a lo que Ranma alegó que eso había quedado en el pasado. Akane decidió picarle diciéndole que seguramente no quería jugar Pictionary porque tenía miedo de volver a perder contra ella. Sus amigos fueron testigos por primera vez de como los pelinegros flirteaban a través de las bromitas y pullas inofensivas que se decían, confirmando que les ponía meterse el uno con el otro.
—¿Y si jugamos Tabú? —Propuso Yuka.
Tabú era un juego de cartas y adivinanzas que se jugaba por equipos. Cada ronda, un jugador debe coger una tarjeta y conseguir que sus compañeros adivine una palabra antes de que se agote el tiempo, sin mencionar las palabras tabúes que aparecen en la tarjeta. Por ejemplo, para hacer que sus compañeros adivinen «fantasma», el participante debe dar pistas y describir sin mencionar las palabras tabúes: «sábana, espíritu, miedo y castillo».
El juego se prolongó por un par de horas, en las que Asami aprovechó para avergonzar a Ranma y a Akane cuando le tocó la palabra «anatomía». En vez de explicar en qué consistía aquella ciencia/asignatura, se limitó a decir: «eso que Ranma y tú estaban estudiando cuando Nabiki los pilló en el dojo». Akane ni siquiera tuvo que pensarlo demasiado, dijo la palabra para luego decirle a Asami que era una estúpida y que no pensaba volver a contarle nada, causando las risas del resto del grupo (excepto de Ranma, que se mostró entre sorprendido y avergonzado de que los presentes conocieran aquel detalle).
Kano decidió que ya había sido demasiado Tabú por hoy y que lo mejor sería jugar a algo más divertido y arriesgado: Verdad o Reto. Tras pedirle a todos los presentes que se sentaran alrededor de la mesa de café, cogió una de las botellas vacías de Coca-Cola para colocarla en el medio. Daisuke, Kano y Asami se sonrieron con complicidad, pues ellos adoraban aquel juego. Akane y Sayuri disimularon su nerviosismo; sabían que 'Sami y Daisu no solían tener piedad a la hora de preguntar o poner desafíos. Yuka y Ranma se mostraron divertidos ante el mundo de posibilidades que se abriría ante ellos. Hiroshi solo deseó tener algo de suerte por una vez en su vida mientras que Hiroko se preparó para cualquier cosa.
—Daisuke, ¿me haces el honor de decir las reglas? —Preguntó Kano.
—Por supuesto. Bien, una vez se elige una de las dos opciones, no se puede cambiar. —Fue lo primero que dijo—. Las preguntas de Verdad deben ser de sí o no y no se puede mentir, ¡nos daremos cuenta si mienten! —Exclamó mirándolos a todos—. Siguiente regla: nadie puede negarse a hacer un reto; si el reto involucra a otra persona, ésta también está obligada a participar.
—Muy democrático el juego, ¿no? —Ironizó Hiroko.
—Sabes que sí, Koko. —Daisuke le sonrió—. Y te lo voy a demostrar dejándote empezar. Kano, acércale la botella.
—Vale. —Dijo la chica de pelo corto y se arrodilló frente a la mesa de café. Giró la botella y esta se detuvo señalando a Daisuke. Hiroko sonrió—. Daisu, ¿verdad o reto?
—Voy a empezar light, así que elijo verdad. —Contestó sintiéndose tranquilo y seguro, convencido de que no había nada que Hiroko pudiera preguntarle que lo hiciera perder la calma o sentirse avergonzado.
Hiroko asintió con la cabeza. Ella no solía hacer preguntas demasiado incómodas o invasivas, pero como Daisuke la había jodido la última vez que jugaron, decidió ir con todo.
—¿El año pasado le tiraste los tejos a Shizuka Okitsu?
Busted.
Daisuke intentó mantener una cara de póker, pero fue muy difícil al sentir el peso de todas esas miradas sobre él. Especialmente la mirada de cierta castaña de pelo largo.
—¿Es en serio? —Hiroshi lo miraba con los ojos muy abiertos—. ¿Ella no es menor que nosotros?
Ranma acercó su rostro a Hiroshi y habló en voz baja.
—¿Quién es?
—Una chica que está en el club de teatro.
Antes de responder, Daisuke asesinó a Hiroko con la mirada sin borrar su sonrisa; sí, él había intentado ligarse a Okitsu el año anterior, pero la chica le había dado calabazas. Posó sus ojos rápidamente en Yuka, que parecía la más interesada de todos en conocer la respuesta.
—Sí.
Hiroko finalmente relajó los hombros, creyendo por un momento que su amigo iba a mentir. Ella se había enterado de aquello porque un día en uno de los ensayos del club de teatro, Okitsu le pidió que le dijera a Daisuke que no estaba interesada en él.
Turno de Daisuke de girar la botella.
—¡Ranma! ¿Verdad o reto?
—Reto.
El brillo maligno apareció en los ojos de Daisuke por primera vez aquella noche, acompañado de una sonrisa traviesa.
—Te reto a que te quites la camiseta y los pantalones y pases las siguientes cuatro rondas en calzoncillos.
Varios de los presentes se rieron, pero Ranma no se fijó en quiénes porque estaba demasiado ocupado queriendo golpear a Daisuke. ¿Cuatro rondas? ¿No se suponía que los retos debían durar una sola ronda y ya.
—No voy a hacerlo —se cruzó de brazos—, no es justo. Cuatro rondas es demasiado.
—No puedes no hacerlo, ¿recuerdas las reglas? Además, —Daisuke lo desafió—, no sabía que eras un cobarde, normalmente ese papel le corresponde a Hiroshi…
—¡Hey!
Ranma frunció el ceño y los labios.
—¿Qué? —Asami decidió picarlo—. ¿Te da vergüencita mostrarnos tus abdominales? ¿O es por otra cosa? —Alzó una ceja—. Akane no es celosa, tranquilo.
—Exacto, no seas cobarde —añadió Daisuke.
Akane los miró a los dos con incredulidad, ganándose un beso por parte Daisuke y un guiño de parte de Asami. Ranma, por su parte, decidió que ya había recibido suficientes burlas. Él no era ningún cobarde y lo iba a demostrar. Se puso de pie, se quitó la camiseta y la lanzó al sofá, consciente de que todas las miradas estaban posadas sobre él. Luego se abrió el cinturón, quitó el botón de sus jeans y bajó el cierre para quitárselos y dejarlos junto a la camiseta.
—Bonitas piernas —le dijo Daisuke y le lanzó un beso como el que le había lanzado a Akane segundos antes.
—Bonitos bóxers —esta vez la burla vino de Asami, que se había llevado una mano a la boca para aguantarse la risa, al ver la ropa interior de Homero Simpson que Ranma se había puesto aquella noche.
Ranma les sacó el dedo del medio a los dos y se sentó, no sin antes posar sus ojos en Akane, que lo miraba fijamente. Él no se dio cuenta de ello en ese momento, pero la menor de las Tendo estaba fascinada con la vista de lo que ella consideraba un cuerpazo súper sexy. Le gustaba tanto que podía obviar aquella pésima elección de ropa interior.
El juego continuó con más verdades y retos divertidos, aunque ninguno demasiado comprometedor hasta que Kano giró la botella y esta se detuvo señalando a Sayuri y la chica eligió reto. Se arrepintió de haberlo dicho en el momento que la palabra abandonó su boca, al ver la sonrisa maquiavélica del chico. A Kano le gustaba poner a la gente a comer y beber cosas extrañas, como huevos crudos con wasabi o agua del inodoro. Sus retos solían ser grotescos y le gustaba grabar a la gente mientras los hacía.
—Recuerden la única regla del juego —dijo Kano anticipándose a una posible negativa de su dulce e inocente amiga—, no pueden cambiar de categoría una vez hayan elegido y tampoco pueden negarse a responder o a hacer el reto.
—¿Cuál es? —La pregunta de Sayuri vino acompañada de un largo y exasperado suspiro—. Solo dilo y ya.
—Dale un beso en la boca a Asami.
Los ojos de la chica de la coleta se abrieron de forma exagerada y un sonrojo se apoderó de sus mejillas. ¿Qué? Asami, por su parte, solo negó con la cabeza mientras pensaba: típico de Kano.
Sayuri frunció el ceño y apretó los dientes. Jamás entendería la fijación que tenían los chicos de ver a las mujeres besarse entre ellas. Pero además, tenía que dárselo a Asami, con quien no se había hablado en días.
Yuka, anticipándose a un momento muy incómodo, decidió intervenir.
—¿Puedo ofrecerme como voluntaria? —Los ojos de todos los presentes se posaron en ella—. Para el beso.
Poco a poco, una sonrisa fue dibujándose en el rostro de Kano, que no se había esperado este maravilloso plot-twist del universo. Daisuke miró a su novia sin poder creer que se estuviera ofreciendo para besarse con otra chica.
—Por supuesto que puedes —añadió Kano—, pero háganlo romántico.
Yuka asintió con la cabeza y gateó hasta que quedó frente a Sayuri. Su amiga parecía nerviosa pero al mismo tiempo agradecida de que se hubiera ofrecido para que ella no tuviera que besar a Asami. Para no prolongar más lo inevitable, Sayuri puso sus manos en las mejillas de Yuka, acercó su rostro al de ella y la besó, ante la atenta mirada de todos los presentes, sobre todo de los chicos.
Kano pensó que aquello era endemoniadamente sexy y miró a Daisuke, cuya expresión delataba que a él también estaba gustándole ver a su novia besarse con otra chica. A Hiroshi y a Ranma les pareció una escena sensual, pero los dos disimulaban tan bien que nadie lo hubiera pensado.
Cuando las chicas se separaron, Sayuri estaba completamente sonrojada y fue incapaz de hacer contacto visual con nadie. Yuka se limitó a beber de su vaso, ignorando los comentarios de Kano y posando sus ojos en Daisuke, que no había dejado de mirarla en ningún momento.
Al beso le siguieron más rondas. En algún punto, fue el turno de Asami.
—Ranma, ¿verdad o reto? —Preguntó con una sonrisa, deseando que el chico eligiera verdad, pues tenía en mente varias preguntas que podían incomodarlo y avergonzarlo.
Después de los bochornosos retos que le habían tocado recientemente, Ranma no pensaba volver a humillarse a sí mismo, así que eligió verdad.
Justo donde te quería, pensó Asami.
Él se sentía tranquilo porque consideraba que una pregunta de «sí o no» no tenía por qué ser peligrosa. Además, Asami no conocía ningún secreto suyo. ¿Qué era lo peor o lo más personal que podía preguntarle? ¿Si era virgen? A él no le daría vergüenza admitirlo porque eso no tenía nada de malo. Además, tenía la certeza de que Hiroshi también lo era, y sabía que Daisuke, aunque había ligado con muchas chicas, no se había acostado con ninguna.
Pero Asami era más retorcida de lo que Ranma creía. Mucho más.
—¿Alguna vez te has masturbado pensando en alguna de las personas de esta habitación?
Daisuke soltó una carcajada y se acercó a su amiga para chocarle los cinco, orgulloso de la pregunta que había hecho. Ranma sintió que su rostro se incendiaba por la vergüenza y quiso que se lo tragara la tierra. Miró a las chicas presentes (entre las que se encontraba la protagonista de sus más recientes fantasías sexuales y sesiones de masturbación), y sintió que no era capaz de responder. No podía.
—Podríamos ser cualquiera de nosotros —comentó Daisuke con sorna al notar que su amigo había enrojecido y que además estaba casi temblando—, Hiroshi es lindo, ¿no?
Asami soltó una carcajada.
—Déjame corregirme —sabía que eso pondría a Ranma todavía más incómodo—: ¿alguna vez te has masturbado pensando en alguna de las chicas de esta habitación?
El pelinegro no sabía dónde meter la cara. Últimamente aquello era lo único que hacía, masturbarse fantaseando con Akane. ¿Cómo podría admitir públicamente frente a ellas que sí lo había hecho? ¿Con qué cara las miraría después? Akane y sus amigas pensarían que era un completo pervertido.
—¿Y bien? —Insistió Asami.
Apartó la mirada y bajó la voz.
—S-sí —sintió que su rostro explotaría en cualquier momento.
Asami esbozó una amplia sonrisa de satisfacción y miró a Akane para guiñarle un ojo. La menor de las Tendo sintió que su corazón latía fuertemente dentro de su pecho ante la idea de que Ranma se hubiera tocado pensando en ella. Era consciente de que había otras tres chicas ahí, pero su ego insistía en que el sonrojo de Ranma era por ella.
Siguieron con los retos y las verdades, guardando un poco las formas. Pronto fue el turno de Daisuke y el chico sonrió al ver quién le había tocado. Sus ojos brillaron de maldad.
—Akanita, ¿verdad o reto?
Akane conocía a Daisuke lo suficiente como para saber que siempre los retos que le gustaban eran maquiavélicos y pervertidos, y tomando en cuenta que allí estaba Ranma, ella no pensaba correr ningún riesgo. Los dos eran amigos y ella sabía que los chicos solían aliarse en esos juegos para verse beneficiados. Lo último que necesitaba era que Daisuke la retara a hacerle un striptease a Ranma o algo así frente a todo el mundo.
—Verdad.
Daisuke se rio. Bien, si Akane creía que iba a librarse de una situación incómoda al elegir esa opción, estaba muy equivocada.
—¿De qué tamaño la tiene Kuno?
—Ugh, Daisuke, ¿en serio? —Hiroko lo miró con desagrado. Si ya de por sí no le interesaba imaginarse el pene de ningún tío, lo último que quería en la vida era la imagen mental del de ese idiota.
Si Akane hubiera podido teletransportarse a Alaska en ese momento, lo habría hecho. Y de haber podido ahogar a Daisuke en la piscina de Hiroshi, también. Era impresionante la habilidad que tenía para escarbar en los trapos sucios de la gente y sacarlos a la luz en este tipo de juegos.
—Esa no es una pregunta de sí o no.
Daisuke se rió.
—Okay, me corrijo. ¿La tiene grande?
Sintiendo que toda la sangre de su cuerpo se acumulaba en su rostro y en sus orejas, le envió una avergonzada y asesina mirada a su amigo. Me las vas a pagar, cabrón.
Ranma parpadeó confundido y abrió la boca por la sorpresa y la confusión. Por enésima vez aquella noche, se inclinó hacia Hiroshi para que lo sacara de dudas.
—¿Kuno y Akane…? —Murmuró.
—Ajá —contestó Hiroshi con discreción—, pero es un tema tabú porque las cosas entre ellos acabaron fatal.
Ranma pareció muy sorprendido. Le costaba imaginarse a Akane con un tipo como Tatewaki Kuno. No se había relacionado mucho con él, pero por lo poco que lo conocía podía decir que era un completo fanfarrón. Y por lo que conocía a Akane, podía decir que ella tenía poca tolerancia para ese tipo de chico.
Daisuke le recordó a Akane que debía responder. Aunque avergonzada de tener que confesar una de sus intimidades frente a más gente de la que le gustaría, la chica mantuvo la frente en alto.
—No —dijo escuetamente.
Daisuke le guiñó un ojo y asintió con la cabeza.
El juego avanzó con algunas preguntas picantes y uno que otro reto subido de tono, pero ninguno fue como el último. Daisuke a Asami Se miraron con la complicidad que siempre había caracterizado su amistad. Ambos sabían que sus retos siempre eran los más arriesgados, y también sabían que ellos dos jamás se echaban para atrás.
—Te reto a que te des un buen morreo con Hiroshi.
Hiroshi se quedó perplejo ante lo que acababa de escuchar, sin dar crédito a que por primera en toda su vida tendría suerte en este jodido juego. Ranma y las chicas se miraron entre divertidos y sorprendidos. Asami se rió ante la ocurrencia de su amigo. ¿Besar a Hiroshi? ¿Eso era todo? Daisuke estaba perdiendo facultades.
—Ustedes quieren prostituir mis labios hoy —miró a Daisuke y a Kano—, primero que bese a Sayuri y ahora a Hiroshi.
—Ya, pero a Sayuri no la besaste porque Yuka se te adelantó.
—Okay. —Contestó con naturalidad encogiéndose de hombros, como si aquel desafío no representara un reto mayor para ella—. ¿Cuánto tiempo tiene que durar el beso?
—No dije beso —aclaró Daisuke—, dije morreo. Quiero pasión, lengua, saliva, entrega total. Que se abracen como si se desearan.
Asami soltó una carcajada y asintió con la cabeza, ajena los nervios de Hiroshi, que no se sentía en lo más mínimo preparado para lo que se le venía, y no por falta de ganas. Deseaba con cada fibra de su virginal e inexperto su ser besar a Asami, pero le aterraba la idea de hacerlo frente al resto de sus amigos. Sabía que iba a excitarse y no quería que se le notara, pero también le preocupaba el hacerlo mal. ¿Y si Asami le contaba a las chicas que él no era bueno besando?
La chica dejó su bebida sobre la mesa y se puso de pie para caminar hasta Hiroshi, que estaba en un sillón individual. Se sentó en sus piernas ante la atenta mirada de todos los presentes (incluido el propio Hiroshi) y le pasó una mano por el pelo ondulado.
—¿Te parece que esto está bien para un morreo, Daisuke? —Preguntó mirando a su amigo.
Daisuke asintió con la cabeza y sonrió divertido, notando que Hiroshi estaba tenso como las cuerdas de un violonchelo.
—Hiro —Asami bajó la voz y le habló con dulzura a Hiroshi—, abrázame. Vamos a ponerle emoción, como dice Daisu. —Le tocó la punta de la nariz con el índice—. Métete en el papel.
Aquella era la primera vez que Hiroshi tenía a una chica sentada en sus piernas. Intentó relajarse para que no se le notara el nerviosismo mientras rodeaba la cintura a Asami. Cálmate, es tu amiga, pensó. Mira lo tranquila que está ella.
Mientras sus amigos deliberaban sobre cuánto tiempo debía durar el beso, Asami se acomodó sobre el regazo de Hiroshi, rodeó al chico con sus brazos y sonrió divertida, como si todo eso le hiciera mucha gracia. Hiroshi no pasó por alto que el lenguaje corporal de Asami seguía siendo amistoso, a pesar de estar sentada en sus piernas y a punto de besarlo. Maldita friendzone.
—¿Usas acondicionador? —Le preguntó ella con interés al volver a pasar sus dedos por los mechones de pelo castaño claro. Adoraba que Hiroshi la dejara hacerlo cada vez que quería—. Me encanta tu pelo.
—Sí —respondió él—, después del champú. —El chico subió una de sus manos y acarició las puntas del pelo de Asami. Le gustaba su corte bob medio—. Tú también, ¿no?
La voz de Daisuke los hizo mirarlo.
—Quince segundos es lo que durará el beso. Pero recuerden, no es un besito amistoso ni inocente. Quiero un besazo, como si estuvieran con alguien que les gusta. —Miró a Hiroshi—. Tú, no te cortes, que te conozco. Y abrázala bien, coño.
—¿Necesitan tiempo para entrar en el papel? —Consultó Hiroko con su móvil en a mano, lista para iniciar el temporizador.
Asami se humedeció los labios, colocó sus manos a cada lado del rostro de Hiroshi y lo miró con seriedad. El chico supo que ella ya estaba en el papel.
—Yo estoy lista.
—Igual. —Mintió Hiroshi, sintiendo que el corazón iba a salírsele por la boca.
—Okay. El tiempo comienza… ¡ahora!
Asami ni siquiera esperó que Hiroshi cerrara los ojos. Le lamió de la barbilla a la punta de la nariz como un abrebocas de lo que venía, y luego posó sus labios sobre los suyos para comenzar a besarlo despacio, aunque de forma sensual, como si tuviera todo el tiempo del mundo. El chico tardó en corresponderle, pero pronto su boca acompañó a la de Asami e incluso se atrevió a rozar la lengua de la chica con la suya. Ella aprovechó aquello para afianzar su agarre y profundizar el beso, enrollando su lengua con la de su amigo. Hiroshi acarició su cintura con ambas manos, mientras se perdía en aquel beso embriagador con el que había soñado muchas veces.
Pero Daisuke quería más. Quería que Asami le diera a Hiroshi una dosis alta para hacerlo perder la cabeza. Cogió la almohadilla de Tabú y la apretó varias veces, sabiendo que 'Sami entendería el mensaje.
En efecto, la chica se rió contra la boca de Hiroshi y estiró su brazo izquierdo para mostrarle el dedo del medio a Daisuke. Esta vez rodeó el cuello de Hiroshi con sus brazos y le dio un mordisco en el labio. Cuando volvió a besarlo, se olvidó de que el chico que la sujetaba por la cintura era su amigo y que aquel beso no era más que un reto divertido. Si Daisuke quería que le metiera caña, ella lo haría. Comenzó a besarlo como habría besado a un chico al que quería excitar hasta volverlo loco. Solo esperaba no incomodar demasiado a su amigo.
Hiroko miró el temporizador y abrió la boca para decir que quedaban pocos segundos, pero Daisuke le quitó el móvil y pausó el tiempo. Luego se llevó el dedo índice a los labios. Ranma se tapó la boca con ambas manos para ahogar su risa, mientras que Yuka negó con la cabeza, entre divertida y alarmada por lo que su novio estaba haciendo. Sayuri, Hiroko y Akane solo se miraron, sin saber muy bien si aquello se les hacía divertido o perverso.
Asami besaba tan bien que a Hiroshi pronto se le olvidó que sus amigos estaban a escasos metros de ellos observando todo lo que hacían. Fue como si estuvieran solos, besándose porque se deseaban y no porque alguien los había retado. Intensificó su abrazo, haciendo que sus manos reposaran en la espalda baja de la chica, casi entrelazadas, mientras ella le devoraba la boca con una pasión que había imaginado en incontables ocasiones. Sí, había fantaseado muchas veces con cómo sería besar a una chica como ella, lanzada y experimentada, a la que le gustara el sexo y no tuviera miedo de demostrarlo. Aunque, siendo sincero consigo mismo, la realidad es que no había pensado en besar a una chica como ella, había pensado en cómo sería besarla a ella. A Asami.
Daisuke acercó su rostro al oído de Ranma y le habló en voz baja para que nadie más escuchara.
—Tiene que estar en el cielo, tío...
Ranma se rió y asintió con la cabeza, flipando un poco con la escena. Asami no se estaba guardando nada; era una chica que iba a por todas.
—Oye, ¿ya, no? —Preguntó Yuka.
—¡Se les ha acabado el tiempo, tortolitos! —Exclamó Daisuke apretando la almohadilla de Tabú—. ¡Basta ya!
Asami separó su boca de la de Hiroshi y lo miró alzando ambas cejas mientras le sonreía sin mostrar los dientes, en un gesto amistoso lleno de complicidad. El chico imitó el gesto e intentó sonreír, aunque lo que le salió fue más una mueca que otra cosa. Podía sentir la calidez del cuerpo de Asami sobre el suyo, el sabor de sus deliciosos labios en su boca, y una palpitante erección entre las piernas.
—Eso fue muy ardiente, gracias a los dos. —Bromeó Daisuke.
Asami se separó de Hiroshi y el chico se dirigió a la cocina sin decir nada. Ella lo siguió para buscar algo de tomar, pues su vaso estaba vacío.
—Creo que estos han sido demasiados retos por hoy —comentó Hiroko—, y demasiadas verdades. —Miró a Sayuri y habló en voz más baja—. Creo que me iré ya, se está haciendo tarde. ¿Te quedas?
Sayuri negó con la cabeza y le indicó a su amiga que ella también pensaba marcharse. Antes de irse, las dos se despidieron del resto del grupo, no sin recibir reproches e insistencias para que se quedaran un rato más. Kano se marchó poco después.
Cuando solo quedaron los seis que pasarían la noche allí, Asami se acercó a sus amigas.
—¿Vamos a cambiarnos?
Las chicas asintieron con la cabeza y las tres se excusaron para irse, dejando a los chicos solos. Aprovechando que el sofá más grande había quedado libre, Hiroshi se lanzó boca abajo y soltó un largo y resignado bufido.
—Esta será una noche muy larga.
—¿Por qué? —Le preguntó Ranma.
—No puedo dejar de pensar en mi beso con Asami —los miró desde su posición en el sofá—, no puedo explicarles lo increíble que fue, en lo rico que huele, en lo bien que besa —largo suspiro—, me…
Calló. Ranma y Daisuke lo miraron esperando a que continuara.
—¿Te qué? —Preguntó el castaño.
Hiroshi cerró los ojos antes de contestar.
—Me la puso muy dura.
Sus dos amigos soltaron una sonora carcajada, no solo porque aquel arrebato de sinceridad por parte de Hiroshi les había hecho gracia, sino porque no era habitual que su amigo se expresara de aquella manera. Hiroshi era sutil y elegía cuidadosamente sus palabras cuando hablaba de esas cosas.
—La verdad es que no te culpo en lo absoluto. —Daisuke se acercó a él y se sentó en el pequeño espacio que quedaba en el sofá—. Ese beso estuvo… ufff. Caliente, caliente, como Ranma cuando pierde algún partido.
El pelinegro se rió ante la ocurrencia de su amigo.
—¿Y qué se supone que debo hacer? —Preguntó un muy afligido Hiroshi—. No puedo dejar de pensar en eso. En su boca, en lo que sentí al tenerla sentada en mis piernas. En su forma de besar…
Daisuke le dio una palmada en el hombro.
—Lo que hacemos todos: hazte una paja. Se te va a pasar. Y si no, pues te haces varias.
Cuando preguntó qué se suponía que debía hacer, Hiroshi no se refería a qué hacer para calmar sus hormonas descontroladas, sino a qué debía hacer para olvidarse de ese beso infernal y volver a mentalizarse de que Asami Kobayashi era su amiga y nada más. Lo de la paja lo tenía bien asumido, el problema es que tenía invitados y no le parecía apropiado dejarlos solos para ir a masturbarse.
—Y no te sientas culpable por hacerlo —le dijo Ranma intentando darle ánimos—, Daisuke y Yuka eran amigos, y estoy seguro de que él se manoseaba pensando en ella.
—¡No están ayudando! —Exclamó Hiroshi.
Bueno, tampoco sería la primera vez que te pajeas pensando en ella. Sacudió aquel pensamiento de su mente. Asami era su amiga, no era correcto tener pensamientos de esa índole con ella ni tampoco desearla tanto después de ese estúpido beso. ¿A quién quieres engañar? Tú ya la deseabas desde antes. Sí, demasiado. Pero él sabía que no tenía ningún tipo de oportunidad con ella, así que jamás se había hecho ilusiones. El problema es que ahora que había probado el fruto prohibido, estaba volviéndose loco. Suspiró. Ahuyentando todo pensamiento relacionado con el tema, se puso de pie y caminó hacia la puerta.
—Voy a subir a cambiarme.
—¿Quieres que te dé privacidad? —Preguntó Ranma con sorna. Sus cosas estaban en la habitación de su habitación—. Ya sabes, para que te encargues de cierto asunto…
Daisuke sonrió mientras negaba con la cabeza y Hiroshi lo miró con una mezcla de resignación y orgullo, como si ya hubiera aceptado su destino, pero no quisiera reconocerlo. Lo mejor sería salir de eso cuanto antes.
—Sí —respondió sincero—, pero usaré el baño para eso. —Miró seriamente a sus amigos—. ¡Ni se les ocurra interrumpirme!
Abandonó el salón familiar, dejando a Daisuke y a Ranma con una sonrisa de empatía en sus rostros.
—Actúa como si solo a él le pasaran esas cosas, pero todos somos él. —Dijo Daisuke. Ranma había dado en el clavo al decir que él fantaseaba con Yuka cuando eran amigos. Y desde que la había besado por primera vez se masturbaba más de la cuenta.
—Síp —secundó Ranma, viéndose muy claramente en ese espejo—, todos somos Hiroshi.
En la habitación principal, las chicas se cambiaban de ropa mientras charlaban. En realidad, Asami les había pedido subir juntas porque necesitaba contarles algo que la había sorprendido mucho.
—No me van a creer lo que estoy a punto de contarles.
Akane y Yuka se miraron y luego la miraron, sus mentes trabajando a mil por hora intentando adivinar qué diría Asami.
—Es sobre Hiroshi —hizo una pausa dramática para darle emoción al momento y también para elegir adecuadamente sus palabras—, la tiene enorme.
Las dos amigas permanecieron en silencio, cada una procesando a su manera lo que acababa de escuchar, pero ambas con los ojos como platos. Yuka miró a Akane y parpadeó varias veces. Akane no pudo evitar imaginárselo, así que cerró los ojos y sacudió la cabeza, como si quisiera espantar aquel pensamiento. La chica de pelo castaño frunció el ceño llena de dudas.
—Espera, espera, espera. —Alzó ambas manos, como si quisiera detener a Asami—. ¿Cómo lo sabes? —Los ojos de Yuka comenzaron a abrirse poco a poco. Bajó la voz—. ¿En la cocina cuando se fueron juntos...?
—¡No, no, no! —Exclamó Asami mientras movía los brazos para hacer énfasis en su negativa—. ¿¡Cómo crees!? ¿Estás loca? ¡Claro que no! Solo… solo la sentí cuando nos besamos. Podía sentir lo grande que era solo estando sentada en sus piernas —explicó entre nerviosa y divertida—, y luego la vi en la cocina.
Akane abrió los ojos exageradamente, todavía más que antes. Yuka hizo lo mismo pero con su boca.
—¡La vi marcada en su pantalón, por dios! —Aclaró Asami al ver la expresión en el rostro de sus amigas—. Obviamente no me la mostró.
—Pero —Akane bajó la voz, como si alguien además de sus amigas pudiera escucharla—, ¿qué tan grande es?
Asami juntó las yemas de sus dedos índices frente a su pecho y miró a sus amigas. Luego procedió a separarlas la una de la otra hasta que estuvieron a numerosos centímetros el uno del otro. Las dos chicas abrieron sus ojos sorprendidas.
—Guao —dijo Yuka—, guao.
Asami asintió con la cabeza mientras sonreía sin mostrar los dientes. Estaba tan sorprendida como sus amigas, pero ya había tenido algo de tiempo de procesarlo. Era algo que jamás había imaginado.
—Quién lo hubiera dicho —comentó Akane—, con esa carita de niño...
—Pues su amiguito no tiene nada de niño. —Mencionó Asami con sorna—. Honestamente, me alegro por la afortunada que vaya a probar ese don de la naturaleza.
Akane y Yuka se rieron a carcajadas, sentadas en la enorme cama de los padres de Hiroshi. Charlaron un rato más, en el que Yuka se fue poniendo cada vez más cómoda, hasta que Asami la miró fijamente.
—Yuka, deja de posponer lo inevitable.
La aludida frunció el ceño. Akane sonrió, sabía a qué se refería Asami.
—¿De qué hablas? —Le preguntó sin entender.
—Sabemos que sigues aquí porque te encanta torturar a Daisuke y tenerlo esperando, pero en algún momento vas a tener que ir a dormir con él.
Yuka esbozó una tímida sonrisa, sin mostrar los dientes.
A pesar de que tenían poco tiempo de ser novios, la intimidad entre ella y Daisuke estaba escalando a una velocidad trepidante. A ella le parecía normal, tomando en cuenta que se conocían y eran amigos de toda la vida, así que confianza y cariño sobraba, pero algunas veces se preguntaba si estarían yendo demasiado rápido.
Y luego estaba lo otro. Hasta ahora, en ninguno de sus juegos sexuales con Daisuke había sentido ese maravilloso e indescriptible placer del que había leído y visto en mil libros, películas, series y revistas. No es que no le gustara lo que hacían, pero… definitivamente él se lo pasaba mejor que ella. Una parte de ella estaba empezando a pensar que tal vez nunca llegaría a experimentar algo como eso, pero otra insistía en que tenía que seguir inentándolo.
—Si quieres que me vaya, solo tienes que decírmelo, 'Sami —le dijo en broma—, buenas noches, descansen. Las amo.
Sus amigas le dijeron «nosotras también» y le desearon suerte en su noche romántica con Daisuke. Yuka salió de la habitación y caminó hasta que llegó a la puerta del cuarto de huéspedes, preguntándose si Daisuke ya estaría ahí.
Respiró profundo antes de entrar mientras pensaba que siempre valía la pena intentarlo de nuevo.
Ranma y Hiroshi se movían incómodos sobre la cama, intentando encontrar la postura perfecta para dormir, hasta que finalmente los dos se acostaron boca arriba al mismo tiempo.
Mientras observaban el techo, los dos amigos pensaban en su suerte. A unos metros de ellos estaban Yuka y Daisuke, disfrutando de la intimidad y comodidad que les otorgaba la habitación de huéspedes. En la habitación principal estaban Akane y Asami durmiendo juntas en una amplia cama. Y luego estaban ellos dos, durmiendo en una cama que era demasiado pequeña para que dos personas que no eran una pareja durmieran juntas de forma cómoda.
Ranma negó con la cabeza y bufó cruzándose de brazos.
—¿Qué? —Preguntó Hiroshi.
—Si no hubieras sido tan caballeroso y buen anfitrión, probablemente estaríamos durmiendo de forma más cómoda tú y yo. —Comentó con el ceño fruncido.
—¿Qué dices?
Ranma se giró para mirar a su amigo.
—Les diste la habitación de tus padres a Akane y a Asami porque supongo que tiene una cama grande, ¿no? —El chico asintió—. Pues ellas son más pequeñas que nosotros. Y me das calor.
Ranma tenía razón. Cuando Hiroshi les ofreció esa habitación a sus amigas, lo hizo pensando en su comodidad, pues quería que ellas, que además de ser sus invitadas eran chicas, tuvieran todas las comodidades necesarias para pasar una buena noche. El problema es que ahora él y Ranma no tenían demasiado espacio para moverse. Y el pelinegro también le daba calor.
—Debo admitir que tienes razón —contestó resignado—, ellas estarían más cómodas aquí de lo que lo estamos nosotros, ¿no?
—Sí. Seguramente dormirían muy juntitas, pero mejor ellas que nosotros, ¿no?
De repente y como si sus mentes estuvieran sincronizadas, la imaginación de los dos amigos proyectó la misma imagen: Akane y Asami acostadas y abrazadas en la cama de Hiroshi, cómodos y sexis pijamas, probablemente sin nada debajo de los mismos.
—Te odio. —Dijo Hiroshi intentando sacarse esa imagen de la cabeza. Malditas hormonas.
—¿Por qué? —Como Hiroshi no decía nada, Ranma volvió a hablar—. ¿Estás pensando lo mismo que yo?
—Depende. ¿Te estás imaginando a Asami y a Akane abrazadas en mi cama?
Ranma esbozó una sonrisa traviesa que pronto se convirtió en una risa.
—Algo un poco más pervertido, pero va por esa línea.
Hiroshi se rió y se llevó las manos al rostro. No necesitaba más imágenes mentales de ese tipo. Últimamente cualquier cosa lo excitaba y no se sentía cómodo pensado en nada que pudiera ocasionarle una erección teniendo a Ranma a un centímetro de distancia. Pero el pelinegro no parecía afectado en lo absoluto.
—¿Crees que Asami esté pensando en el beso que se dieron?
—Basta ya —Hiroshi fue tajante—, no quiero seguir hablando. Duérmete.
Ranma se rió ante la reacción de su amigo.
—¿Por qué?
—Porque tú y yo ya somos mucho para esta cama, no creo que quieras que alguien más se una a la fiesta.
El pelinegro soltó una carcajada entendiendo el comentario de su amigo. Sí, a él también le había excitado la imagen de las dos chicas juntas, pero se había controlado para no elevar los pensamientos.
—¿Vas a meterme mano si eso pasa?
Hiroshi se giró para mirar a Ranma con una mezcla de horror y disgusto.
—¡Ya quisieras!
Ranma volvió a reír y Hiroshi se giró para darle la espalda, pensando que si se dormía pronto, su mente dejaría de dar vueltas.
En la habitación principal las luces ya estaban apagadas, con la excepción de una pequeña lámpara en una de las mesitas de noche.
—Lo siento.
Akane frunció el ceño al escuchar la disculpa de su amiga. Se giró para mirarla y vio que no tenía ninguna expresión particular en el rostro.
—¿Por qué?
—Porque en este momento podrías estar abrazadita a Ranma y en cambio estás aquí conmigo.
Akane sonrió, rodó los ojos y negó con la cabeza. Asami soltó una carcajada al ver con el rabillo del ojo la expresión de su amiga, y se acomodó en la cama, acostándose de lado y apoyando su cabeza en su mano.
—No me vas a decir que no tienes ganas de que el trenzudo te abrace por la cintura y te dé besitos en el cuello antes de dormirse.
Esta vez fue Akane quien se rió en voz alta.
—¿Qué? —Le preguntó Asami.
—¡Me da risa que le llames trenzudo!
Ella también se rio.
—Oye, si quieres le puedo decir a Hiroshi que duerma conmigo aquí, y así tú y Ranma pueden pasar una romántica noche juntos, al mejor estilo de Daisuke y Yuka. —Batió sus pestañas con coquetería mientras hacía un corazón con sus manos.
Akane soltó una fuerte carcajada que resonó en la habitación. Le daba mucha risa cuando Asami usaba aquel tono cursi y gracioso y ponía esas caras.
—Deja de reírte, Akane, ¡es en serio!
Dejando a un lado las bromas, la idea de dormir con Ranma no sonaba nada mal, aunque debía reconocer que tenía sus reservas con respecto a ese tema. Desde Tatewaki, Akane se había vuelto un poco cauta con esas cosas e intentaba tener el control de las cosas.
—No lo sé…
—¡Es una buena idea! —Insistió Asami—. Y estoy segura de que Ranma también querrá, ¿quién no querría dormir contigo para poder meterte mano?
—Tú has dormido conmigo muchas veces y no me has metido mano nunca.
—Oh, pero si fuera un chico ya te habría hecho todas las posiciones del Kama Sutra, lo sabes, ¿no? —Le guiñó un ojo y Akane se rió. Sí, Asami solía decir esa frase cuando quería motivar a sus amigas—. Además, Hiroshi es súper fácil de convencer y estoy segura de que va a decir que sí.
En realidad, Hiroshi no era fácil de convencer, solo que Asami creía que sí porque a ella solía decirle que sí en casi todo, pero lo cierto es que el chico siempre cedía fácilmente ante ella porque le gustaba.
—Dime la verdad —Akane alzó las cejas de forma sugestiva—, tú lo que quieres es dormir con Hiroshi para aprovechar don de la naturaleza.
Asami abrió los ojos y la boca de forma y soltó una carcajada escandalosa. Le dio un almohadazo a Akane.
—¡Eres una degenerada! —La miró horrorizada— . ¡Y claro que no! Mi cuerpo no está preparado para eso, créeme.
—¿Tú crees?
—Nunca me he acostado con un tío que la tenga tan grande, así que no sé cómo se sentirá, pero no tengo ganas de averiguarlo. ¡Por cierto! —Esbozó su sonrisa picaresca—. ¿Ranma…?
No completó su pregunta porque sabía que Akane la entendería sin necesidad de que agregara nada más. La menor de las Tendo se sonrojó un poco mientras sonreía ante la curiosidad de su amiga.
—No lo sé, Asami —fue sincera—, todavía no he tenido la oportunidad.
—Bueno, ya tendrás tiempo de averiguarlo. —Volvió a guiñarle un ojo—. ¿Te gustaría dormir con él o no?
—Supongo que sí.
Esa respuesta era todo lo que necesitaba. Asami apartó el edredón para incorporarse y ponerse de pie.
—¿A dónde vas? —Le preguntó Akane desde la cama, creyendo saber hacia dónde se dirigía su amiga.
Asami no contestó. Salió del cuarto principal, encendió la luz del pasillo y caminó hasta que llegó a la habitación de Hiroshi. Tocó la puerta y enseguida se escucharon murmullos y luego pasos dentro de la habitación, vio que un hilo de luz aparecía debajo de la puerta, y pronto Hiroshi la abrió.
—'Sami —Hiroshi pareció sorprendido de verla—, ¿qué haces aquí? ¿Necesitas algo?
—Más o menos. —Dijo ella con una leve sonrisa—. ¿Te parece si cambiamos de cuarto y dormimos juntos tú y yo?
Desde que la tardía llegada de su despertar hormonal y sexual, Hiroshi había fantaseado muchas veces con Asami. En una de esas fantasías, la chica le confesaba que lo deseaba y que se moría de ganas de ser suya y le pedía que le hiciera el amor apasionadamente hasta el amanecer. En sus sueños, el lenguaje corporal de Asami y su tono acompañaban a sus palabras de una forma sensual y atrayente que no tenía nada que ver con el semblante amistoso con el que le hablaba en ese momento.
—¿Juntos, por qué? —Intentó no parecer nervioso—. ¿Akane ronca mucho?
Asami se rió.
—¡Qué va! Es la mejor compañera de cama del mundo. —Eso era verdad, Akane no se movía mucho, no roncaba y no hablaba dormida—. No es eso, es… para que ella duerma con Ranma. Ella no me lo pidió, pero estoy segura de que le encantaría, y no dudo que a tu amigo también.
Allá iban sus sueños de que Asami quisiera pasar la noche con él.
—¿Me das un momento para consultarlo con él?
—Sí, claro.
—Solo será un segundo. —Dijo antes de cerrar la puerta de la habitación y girarse para mirar a Ranma—. Escuchaste lo que dijo 'Sami, ¿no?
Ranma estaba sentado en la cama y su rostro reflejaba una mezcla de sorpresa y emoción. Se puso de pie y miró a Hiroshi con ojos suplicantes.
—Por favor, por favor, por favor.
El castaño lo miró sin decir palabra. Ranma insistió.
—Vete con Asami y déjame dormir aquí con Akane, por favor, Hiro, por favor...
—¿Por qué habría de dejarte mi cama para que hagas cosas con Akane? —Frunció el ceño—. ¡Yo duermo aquí!
Ranma bufó.
—Porque es peor que me dejes la cama de tus padres, eso no sería para nada apropiado, piénsalo. —Argumentó—. Además, no creo que pase nada, solo dormiríamos. Tal vez nos besemos y eso, pero no creo que hagamos nada más.
Hiroshi lo miró con una ceja alzada y una clara expresión que indicaba que no le creía una sola palabra.
—¿A quién quieres engañar?
—Oye, que yo quiera hacerle cochinadas no significa que ella también lo quiera, ¿okay? Y sabes que jamás haría nada que ella no quisiera. —Volvió a adoptar su semblante suplicante y manipulador—. Yo haría lo mismo por ti, Hiro. Si tú quisieras dormir con Asami y solo tuvieras mi habitación disponible, te la dejaría sin pensarlo dos veces.
—Asami es mi amiga —le dijo avergonzado—, y baja la voz.
—Pero te gusta, ¿no?
Sí.
—No.
—No te creo —Ranma entrecerró los ojos—, mírame y dime que no te gusta.
Hiroshi miró a Ranma. Fue capaz de decirle que Asami no le gustaba, sin romper el contacto visual, pero supo que Ranma no le creía. No era bueno mintiendo.
—Eres un mal mentiroso, Hiro. —Ranma sonrió—. Asami no solo te gusta, te encanta. Estás babeado por ella.
—Publícalo en un maldito periódico. —Hiroshi apretó los dientes ante lo imprudente que era Ranma. Asami estaba a metros de ellos, detrás de la puerta.
—¿Entonces sí me dejas?
Lo pensó durante varios segundos más, hasta que finalmente soltó un largo suspiro y asintió con la cabeza.
—Está bien, puedes dormir con Akane aquí. —Al ver que Ranma sonreía de oreja a oreja, Hiroshi bajó la voz—. Pero ni una palabra a ella de lo de Asami, ¿okay? Sabes que las chicas se cuentan todo, y no quiero crear una situación incómoda entre nosotros.
Ranma asintió con la cabeza exageradamente y abrazó a su amigo.
—¡Gracias, gracias! ¡Te debo una!
—Me debes un millón. —Le dijo alejándose de él y dirigiéndose a la puerta para abrirla. Asami lo miraba expectante—. Supongo que hoy dormimos juntos tú y yo. —Esbozó una pequeña sonrisa al salir de la habitación.
Asami le correspondió y le pasó un brazo por el hombro. Se dirigieron a la habitación principal y al entrar vieron que Akane estaba sentada en el borde de la cama.
—Tu trenzudo espera por ti. —Asami le guiñó un ojo.
Akane se sonrojó y miró a Hiroshi. El chico le regaló una sonrisa amigable.
—Si Ranma se porta mal, por favor pega un grito. —Le pidió—. No es que desconfíe de él, pero por si acaso. Iremos a rescatarte.
Akane asintió con la cabeza y le agradeció a su amigo por su preocupación. Se despidió de los dos y salió del cuarto.
Tanto Hiroshi como Asami se acostaron cada uno de un lado de la cama, y la chica apagó la lamparita de la mesa de noche. Antes de dormirse, terminó de revisar las notificaciones de su móvil.
Hiroshi se había acostado dándole la espalda para evitar caer en cualquier tentación. En realidad, tenía demasiado autocontrol y ni en un millón de años se le ocurriría intentar meterle mano a Asami, pero sabía que si se acostaba mirándola su mente comenzaría a crear escenarios eróticos en los que se enrollaba con ella, y no deseaba excitarse en ese momento.
Justo antes de bloquear su móvil, Asami soltó una risita en voz baja y luego dejó el aparato en la mesita de noche que tenía de su lado.
—¿De qué te ríes? —Le preguntó él girándose para quedar boca arriba.
—Ah, nada —contestó ella mientras se acomodaba de lado sobre su almohada, mirando a Hiroshi—, Ryu que me manda unos memes…
Todas las fantasías y esperanzas que pudieron haber empezado a nacer dentro de la cabeza de Hiroshi murieron en ese momento. La mención de aquel nombre había sido suficiente para ponerle los pies sobre la Tierra y recordarle que en la cadena trófica, él era la planta y Ryu Kumon era el halcón. El portero del equipo de fútbol era exactamente su opuesto, y ese era el tipo de chico con el que Asami se enrollaba.
Lo tuyo con ella fue un reto nada más, no lo olvides.
—¿Te gusta mucho? —Se atrevió a preguntarle.
Asami, que ya había cerrado los ojos, se sorprendió ante la pregunta de su amigo. Los abrió antes de contestar y pensó en su respuesta. Sí, le gustaba mucho. Probablemente mucho más de lo que debería.
—Un poquito nada más. —Contestó con humor—. Buenas noches, Hiro.
Él suspiró, conociendo a su amiga lo suficiente como para saber que prefería responder con un humor para no admitir que estaba colada por Ryu.
—Buenas noches, 'Sami.
Antes de dormirse, un pensamiento se mantuvo dando vueltas en su cabeza: Ryu era un tipo con suerte. Demasiada suerte.
Cuando Akane entró a la habitación de Hiroshi y cerró la puerta tras de sí, Ranma se puso de pie en un acto nervioso y la observó de arriba abajo. Vestía un pijama de pantalón y camiseta de color amarillo pálido que ante los ojos de Ranma la hacía ver sexy y linda a partes iguales. Él por su parte, tenía una camiseta de manga larga de color gris oscuro y unos pantalones de pijama azul marino.
—Me dijo Hiroshi que querías dormir conmigo —esbozó una sonrisa coqueta. Estiró su mano para coger la de ella.
Akane no pasó por alto el tono vanidoso de Ranma, así que decidió bromear con él, entrelazando sus dedos con los suyos.
—No, en realidad todo fue un plan de Asami para tener sexo salvaje con Hiroshi —le guiñó un ojo—, quedó prendada después de ese beso que se dieron.
Los ojos de Ranma se abrieron de forma exagerada y su sonrisa arrogante desapareció de inmediato, dando paso a una mueca de incredulidad.
—¿De verdad?
Akane estalló en una sonora carcajada al ver que el chico se lo había creído.
—¡Por supuesto que no! —Se llevó una mano al abdomen mientras se reía—. Por dios, tenías que haber visto tu cara.
—Con que muy graciosa, ¿no?
Con un movimiento rápido, Ranma cogió el brazo de Akane y se dejó caer sobre la cama atrayéndola hacia él, quedando acostado debajo de ella. La chica lo miró sorprendida, sin haberse esperado aquello.
—Solo di que te babeas por mí, Akane, y que no concebías la idea de pasar una noche bajo mi mismo techo sin dormir conmigo. —Rodeó su cintura con sus brazos y Akane colocó sus manos en la cama, a cada lado de la cabeza de Ranma.
—¿Alguna vez te han dicho que eres un engreído y un egocéntrico? —Su tono estaba cargado de humor.
—Sí —asintió con la cabeza y subió una de sus manos para dejarla en la nuca de Akane—, pero normalmente suelen decirme que soy guapo, sexy, atractivo, atlético, buen deportista, divertido...
Akane se rió y abrió la boca para contratacar, pero Ranma fue más rápido que ella y la besó impidiendo que hablara. Se besaron en esa posición, con ella acostada encima de él, y él aprovechó para acariciar la espalda baja y la cintura de Akane por debajo de la tela de su pijama. Su piel se sentía suave y cálida bajo sus manos.
—¿Cómo te dieron permiso? —Le preguntó él entre besos—. ¿Dijiste la verdad o mentiste?
—Le dije a mi papá que Yuka, Asami y las demás queríamos acompañar a Hiroshi hoy en la noche porque se quedaba solo por un viaje de sus papás. —Explicó sonriendo—. Nuestras familias se conocen, y además y vivimos súper cerca, así que me dijo que sí. ¿Y tú?
Ranma recordó que cuando quiso pedir permiso, su madre no estaba en casa, así que el chico decidió preguntarle a su padre si le dejaba quedarse a dormir en casa de Hiroshi. Genma se mostró extrañado y un poco receloso ante la idea, pensando que no era una buena idea porque debía descansar después del partido. Ranma entonces pensó en convencerlo de otra forma: le dijo que iba una chica que le gustaba. El semblante de Genma cambió por completo: con el pecho henchido de orgullo asintió con la cabeza y le dijo a Ranma que podía ir. Eso sí, le recordó que fuera responsable y que toda acción tenía consecuencia.
—Yo también dije la verdad.
Siguieron besándose y Ranma se aventuró a subir sus manos para acariciar el resto de la espalda de Akane. Al palpar su piel desnuda, notó que no llevaba sujetador. Aquel descubrimiento sirvió para excitarlo todavía más, así que decidió cambiar de posición. Rodeó a Akane con ambos brazos y se giró en la cama hasta que ella quedó debajo de su cuerpo.
Abandonó su boca para empezar a repartir besos y mordiscos suaves por todo su cuello, haciendo que Akane se estremeciera y suspirara bajo su cuerpo. Alentado por aquellos sonidos y respuestas físicas, continuó descendiendo despacio hasta que llegó a su vientre. Deslizó hacia arriba la camiseta de Akane hasta que su ombligo quedó descubierto, y siguió besando su piel pero esta vez de forma ascendente, dando mordisquitos que acompañaba con su lengua, convencido de que aquello serviría para excitar a Akane.
Akane disfrutaba de los besos y las caricias que le daba Ranma y le acariciaba el pelo... cuando sintió que las manos de Ranma le subían la camiseta todavía más, hasta casi llegar a sus pechos. Akane abrió los ojos y subió sus manos para coger las de Ranma.
—Ranma…
—¿Qué? —La miró con cara de pillo sin dejar de besarle el ombligo—. ¿No te gustan mis besitos?
Ella le sonrió, sabiendo que él tenía muy claro por qué lo había detenido.
—Oh, ya sé. Quieres besarme y tocarme tú también, está bien. —Se incorporó, quedando arrodillado sobre la cama—. No te culpo, de hecho te entiendo. Soy sexy, lo sé.
Akane cogió una de las almohadas de la cama e intentó golpearlo con ella, pero los reflejos de Ranma eran excelentes así que el chico interceptó el almohadazo. Sin dejar de sonreírle, se quitó la camiseta del pijama y la dejó a un lado de la cama. Akane aprovechó para disfrutar de esa vista.
—Reconozco que eres agradable a la vista —le sonrió de forma coqueta sin despegar sus ojos del torso y de los brazos de Ranma—, y confieso que amé a Daisuke cuando te retó a quitarte la ropa.
—¿Ah, sí? —Él alzó una ceja—. ¿Querías verme en calzoncillos? Eres una pervertida…
Volvió a inclinarse sobre ella para besarla en la boca, sin importarle que Akane estuviera riendo ante su comentario.
—¿Quieres hablar de pervertidos? —Puso sus manos en el pecho descubierto de Ranma para alejarlo un poco de ella y poder mirarlo mientras se burlaba de él—. «Ranma, ¿alguna vez te has masturbado pensando en una de las chicas que está aquí?» —Repitió la pregunta que Asami le había hecho al chico mientras jugaban Verdad o Reto, y lo miró como quien acaba de ganar una batalla.
Ranma sintió que se sonrojaba salvajemente al recordar ese momento. Sin embargo, a pesar de la vergüenza que le causaba admitir que se masturbaba pensando en ella, Akane no parecía asqueada, perturbada o avergonzada por ello. Al contrario, se veía… ¿emocionada, divertida?
—¿Qué pasa, Ranma? —Lo miró con una sonrisa socarrona—. ¿Has perdido el habla de pronto? ¿Y por qué te has puesto tan rojo?
Si ella quería tomarle el pelo por algo como eso, entonces él también lo haría.
—¿Qué te puedo decir? Tus amigas son muy bonitas —se encogió de hombros y trató de aparentar naturalidad, todavía sintiendo las mejillas calientes—, es normal que tenga fantasías con ellas, ¿no?
Akane borró su expresión bromista y se le quedó mirando a Ranma, intentando adivinar si el chico estaba bromeando o si hablaba en serio. Se miraron en silencio varios segundos, en los que Akane empezó a pensar lo peor al ver que él no le decía que era un chiste, y en los que Ranma disfrutaba de ver el cambio en el rostro de su chica favorita.
Así que no te gustaría que pensara en otras chicas mientras me toco, ¿eh?
—No deberías fantasear con Yuka —le dijo muy seria—, es la novia de tu mejor amigo.
Ranma no se pudo aguantar más y soltó una carcajada. Pasó sus brazos por debajo del cuerpo de Akane para abrazarla a su cuerpo.
—¡Te estoy molestando! —Comenzó a repartir varios besos en su rostro—. Quería desquitarme contigo por decir que soy un pervertido y por burlarte de mí. —Rozó su nariz con la de ella y le hizo ojitos—. Y porque… sí, lo admito, soy un pervertido que se masturba pensando en ti, solo en ti, y en todo lo que quiero hacerte…
Poco a poco, una sonrisa de satisfacción fue surcando el rostro de Akane. Tal vez fuera una pervertida, pero le encantaba la idea de que Ranma la deseara tanto.
—¿Lo reconoces, entonces? —Le preguntó y jugueteó con su trenza—. De todas las chicas que estaban ahí cuando 'Sami te preguntó eso, ¿te referías a mí cuando dijiste que sí?
Ranma se dio cuenta de que ella se estaba regocijando con su confesión, pero no le importó; prefería mil veces eso a un rechazo.
—Síp —asintió con la cabeza y le dio pequeños mordisquitos en el mentón—, pero no puedes culparme, besas muy bien —esta vez mordió su labio inferior—, y hueles muy rico y eres muy sexy —introdujo una de sus manos debajo de la camiseta de Akane y la deslizó hasta que estuvo a milímetros de uno de sus pechos—, haces que sea muy fácil imaginar cómo sería meterte mano.
Akane se rió al mismo tiempo que intentaba encogerse para que la mano de Ranma no se cerrara sobre uno de sus pechos, pero no lo logró.
—No seas así, Akane, déjame tocarlas —la miró suplicante y comenzó a besarle el cuello, en un intento casi desesperado de convencerla—, mi cerebro va a implosionar de tanto imaginarme cómo son y cómo se sienten.
Sin dejar de sonreír, asintió con la cabeza y cogió la otra mano de Ranma para meterla debajo de su pijama. Debía reconocer que le daba un poco de vergüenza que él la viera desnuda, pero realmente no le molestaba que la tocara por debajo de la ropa. En realidad, era un contacto que estaba deseando desde hacía un tiempo, y que además se había imaginado varias veces.
—Yo también —le confesó en un susurro mientras el chico la acariciaba con ambas manos.
Ranma se sentía bullir. Finalmente tenía la oportunidad de tocar una parte del cuerpo de Akane que había imaginado en incontables ocasiones. Sentir la suavidad de su piel y la forma de sus pezones bajo sus manos y entre sus dedos era todavía mejor que imaginarlo.
—¿Tú también qué?
—Yo también soy una pervertida. —Sintió que se sonrojaba ante su propia confesión; al mismo tiempo, se sintió en confianza de decirlo. Una de las cosas que más le gustaban de Ranma era lo cómoda que se sentía estando con él. Podía ser ella misma todo el tiempo sin miedo a que él la juzgara. Sin miedo a que...
El chico posó sus ojos azules en los de Akane, creyendo haber entendido lo que ella le decía. Su corazón comenzó a latir más rápido haciendo que su pulso se acelerara. ¿Ella…? ¿Ella también se…?
—¿Te has tocado pensando en mí?
Ella solo se limitó a asentir con la cabeza, lo cual fue más de lo que la mente de Ranma podía procesar. Loco de pasión, volvió a besarla en la boca y pasó uno de sus brazos por debajo de su espalda para sujetarla contra él, sin dejar de tocar sus pechos con su otra mano en ningún momento.
—Dios, Akane —aprovechando que estaba acostado sobre ella y entre sus piernas, movió sus caderas contra las de ella en un gesto que demostraba su grado de excitación—, no sabes cómo me pone imaginarte haciendo eso. —Besó y lamió su cuello—. Me tienes a mil.
Continuaron besándose en esa misma posición hasta que Akane se movió para ambos quedaran acostados uno junto al otro. Deslizó su mano por el abdomen de Ranma, disfrutando del tacto de sus abdominales, y se detuvo cuando su mano se cerró sobre su erección. Cuando Ranma se dio cuenta de que esta vez la chica sí planeaba masturbarlo, no perdió tiempo. Se separó un poco de ella, alzó las caderas y se deshizo de sus pantalones de pijama a una velocidad de campeonato, dejando ver sus bóxers de Homero Simpson.
Al ver la mirada atenta y divertida de Akane, le sonrió con coquetería.
—Es para ponerte las cosas más fáciles.
Ella también sonrió.
—Qué amable, gracias.
Volvieron a besarse y Akane aprovechó que había menos tela para volver a tocar a Ranma. Sus besos, sus caricias, su cuerpo y su olor la excitaban mucho, pero tener la oportunidad de tocarlo así era mucho más fuerte que todo lo anterior, en especial porque el chico parecía estar en el cielo. Se atrevió a meter su mano en los bóxers de Ranma, no sin algo de timidez, para tocarlo directamente y sin nada en medio. Sin dejar de besarla, él se movió para quedar acostado boca arriba con Akane de lado, sus piernas entrelazadas. Aquella posición le facilitaba a ella masturbarlo con más comodidad y libertad y a él le permitía seguir acariciando sus pechos, su vientre, su abdomen, e incluso sus nalgas con la mano con la que le rodeaba la cintura.
Entre besos, caricias, gemidos y suspiros, a Ranma se le escapó una risita divertida que llamó la atención de Akane, haciendo que dejara de tocarlo momentáneamente.
—¿Qué? —Le sonreía intrigada.
—Es que… —volvió a reírse—, estamos en la cama de Hiroshi y... no sé, me da risa eso.
Akane entendió entonces la risa de Ranma y lo acompañó, también encontrando divertida la situación. Era un poco extraño estar haciendo esas cosas en la cama de otra persona, pero era lo que había y no iba a quejarse.
Como ella había vuelto a tocarlo, ahora con un poco más de intensidad y firmeza, Ranma llevó sus manos al borde de su ropa interior y la bajó ligeramente para liberar su pene y facilitarle la labor a su compañera. Akane no pudo evitar mirar hacia abajo, con una mezcla de nerviosismo y curiosidad. Aunque se sentía un poco expuesto, a Ranma no le molestaba que Akane lo mirarte; de hecho, le gustaba, pues pensaba que así como a él podía excitarle verla a ella, seguro a ella también le sucedería.
—Yo también quisiera verte —tiró de su camiseta un poco para que ella entendiera la indirecta.
Akane se sonrojó ante el pensamiento de quedarse semidesnuda ante Ranma, pero pensó que sería lo justo, tomando en cuenta que ella ya había visto prácticamente todo de él. A pesar de que se sentía cómoda con él, de que estaba disfrutando lo que hacían y que cada vez se sentía menos cohibida, seguía sintiendo mucho pudor con respecto a su propia desnudez, así que buscó la forma de diluir un poco tanto su vergüenza como el hecho de que él viera más de su cuerpo.
—Vale, pero, ¿podrías apagar la luz? Y encendemos la lámpara de Yoda.
En su mesita de noche, Hiroshi tenía una impresionante lámpara de bronce de Yoda, en cuya parte superior tenía la insignia Jedi y una de las frases más míticas del personaje: «Do or do not, there is no try».
A Ranma la petición le pareció extraña, pero accedió. Buscó el interruptor de la lamparita y la encendió, y luego se incorporó para salir de la cama y apagar la luz. La iluminación era ahora tenue, dándole a la habitación una atmósfera más íntima. El chico, creyendo que Akane le había pedido que hiciera eso por romanticismo y no por pudor, sonrió. Volvió a la cama y se arrodilló frente a Akane.
—¿Te quito el pantalón? Así estamos iguales y te puedo tocar yo también.
Ella asintió con la cabeza y levantó sus caderas para comenzar a bajarse la parte de debajo de su pijama, con la ayuda de Ranma. Desde su posición, observó las piernas desnudas de Akane y también sus bragas; eran de color lila y tenían algo de encaje a los lados. Ranma recordó el sujetador que le había robado una vez en clases, y le pareció que aquellas bragas hacían juego con aquel sostén. Por supuesto, ni siquiera lo mencionó; ellos jamás habían hablado de ese incidente y Ranma temía que Akane le reclamara (con razón) o se enojara con él al recordarlo. En cambio, decidió lanzarle un piropo.
—Me gustan —le dijo sin dejar de mirar su ropa interior—, son bonitas y se ven muy sexys en ti.
—¿Tú crees? —La pregunta de Akane denotaba emoción. La última vez que había estado así con un chico, y que éste había manifestado su deseo y lo mucho que ella le gustaba, había sido con Tatewaki. A pesar de sentirse halagada y deseada por él, con Tatewaki siempre se había sentido muy nerviosa y demasiado vulnerable y expuesta, pues Kuno, a diferencia de Ranma, no conocía de sutilezas ni de medias tintas; iba a por todas y siempre quería más. O mejor dicho, siempre exigía más.
—Síp —Ranma volvió a acostarse junto a ella y le acarició el rostro antes de picarla un poco—, incluso en una chica como tú se ven bien…
Akane separó sus labios del rostro de él y le dio una mirada de advertencia.
—Como sigas por ahí te voy a dar una hostia que no te vas a poder peinar en varios días.
Ranma se rió y la apretujó contra su cuerpo antes de volver a besarla. Le confesó entre arrumacos que le encantaba bromear así con ella porque le parecía muy sexy lo rápido que se encendía. La chica le dijo que era muy raro e interrumpió su risa con un apasionado beso francés que no daba pie ni a réplicas ni a más bromas.
Akane volvió a masturbar a Ranma aprovechando que el chico se había bajado la ropa interior, excitándose cada vez más al sentir lo duro y húmedo que estaba su pene. Ranma se dejó hacer sin oponer resistencia, pero pronto deseó tocarla él también. Dejando un camino de caricias, fue bajando su mano por el abdomen y el vientre de Akane, hasta detenerse en el inicio de sus braguitas. Sopesó durante varios segundos si tocarla primero por encima de la tela o ir directo a la piel, pero finalmente decidió ir a por todas.
Metió su mano dentro de la ropa interior de Akane y la deslizó hasta que sus dedos entraron en contacto con su sexo. Al tocar su piel mojada y caliente, Ranma sintió que ardía por dentro y por fuera. Desde que empezó a hacer esas cosas con Shampoo, no dejaba de sorprenderlo lo mucho que lo calentaba tocar a su compañera y descubrir que estaba mojada. Le emocionaba y enorgullecía enormemente saber que, a pesar de su poca experiencia, era capaz de excitar a una chica.
Siguieron besándose mientras se masturbaban mutuamente durante un rato, hasta que Ranma le pidió a Akane que se detuviera. Estaba a punto de correrse por la excitación pero también porque ella lo tocaba muy bien, pero no sentía que Akane estuviera cerca de su propio orgasmo. La chica se mostraba complacida con las caricias, pero no al punto de estar a punto de alcanzar el clímax. Antes de continuar tocándola, decidió hacer otra cosa que tenía en mente primero.
Volvió a posicionarse sobre el cuerpo de Akane, aprovechando para rozarse un poco contra ella. Tenía la ropa interior bajada y Akane estaba en bragas, así que el contacto fue increíblemente placentero. Con sus manos volvió a deslizar la camiseta de Akane hacia arriba. Sintió que ella se tensaba bajo su cuerpo pero como no lo detuvo, él continuó hasta que el borde de la prenda quedó a la altura de la clavícula de Akane, finalmente dejando ver aquello que tantas veces se había imaginado.
Apoyó sus rodillas en la cama entre las piernas de ella, posó ambas manos a cada lado de su cuerpo y se dedicó a observar y memorizar la forma de esos preciosos pechos.
Invadida por el impulso de taparse para que Ranma dejara de mirarla, Akane sintió que se sonrojaba salvajemente. Era el segundo chico que veía esa parte de su cuerpo (aunque a Tatewaki se la había mostrado pocas veces por motivos que ahora prefería no recordar), así que se sentía expuesta y vulnerable. Sabía que no tenía nada de qué avergonzarse, que tenía un bonito cuerpo y que además no era su obligación complacer ni gustar a Ranma, pero le era inevitable dudar de si el chico la encontraría atractiva. ¿Le gustaba lo que veía? ¿Su cuerpo le parecía tan bonito como a ella? Otro pensamiento la asaltó: ¿le gustaría tanto como Shampoo?
No tenía por qué competir con otras mujeres por la atención, el afecto o el deseo de un chico, pero algunas veces su mente era víctima del status quo patriarcal instaurado en la sociedad, como decía Hiroko, en el que las mujeres competían entre sí y se esforzaban constantemente por ser atractivas para los hombres.
Como era habitual en un chico que no se veía afectado por ese tipo de problemas, ninguno de esos pensamientos asaltó la mente de Ranma en aquel momento. En realidad, él solo pensaba en tres cosas: 1) el cuerpo de Akane era precioso y le encantaba, 2) no sabía si primero quería tocar o besar y lamer, 3) estaba lo más excitado que podía recordar haber estado en toda su vida.
—Vaya —fue lo primero que dijo, todavía sin mirarla a los ojos—, mis sesiones de masturbación serán mil veces mejor ahora.
—¡Ranma!
El chico se aventuró a besar y mordisquear su cuello.
—Es la verdad. Antes tenía que imaginarme todo, pero ahora… solo tengo que recordar esto. —Comenzó a repartir besos tímidos que pronto se volvieron ansiosos sobre los pechos de Akane, al tiempo que volvía a frotarse contra ella.
Akane gimió cuando sintió la lengua y los labios de Ranma cerrarse sobre uno de sus pezones. Se dejó hacer y disfrutó de todos los mimos que recibía del chico, sintiéndose cada vez más cómoda y excitada. Estuvieron así un rato, con él estimulándole los pezones, hasta que Ranma se acostó junto a Akane y volvió a acostarse junto a ella para volver a tocarla.
El problema era que la técnica que Shampoo le enseñó y que había funcionado de mil maravillas con ella, parecía no estar dando resultado con Akane. Por ese motivo decidió hacer lo mismo que hizo con Shampoo en su momento, cuando él la tocaba y ella no mostraba indicios de estarlo disfrutando al máximo: le pidió que le enseñara. Shampoo se había mostrado sorprendida y complacida a partes iguales, y con toda la paciencia del mundo lo guio hasta que Ranma finalmente fue capaz de masturbarla hasta hacer que se corriera. La gratificación que sintió aquel día fue mayor que la de mil orgasmos propios juntos.
—Akane —con la mano con la que no la tocaba, Ranma le acarició el rostro a su chica favorita—, cuando te tocas pensando en mí, ¿cómo lo haces?
La pregunta desconcertó a Akane al principio, pero luego se rió ante el apelativo y la referencia.
—¿C-cómo me toco? —Preguntó intentando comprender qué era lo que Ranma quería saber—. ¿Con qué mano y eso? ¿Quieres saber?
Él asintió con la cabeza y le dio varios besos.
—Sí, para tocarte yo también así. ¿Me muestras?
Sin esperar una respuesta, el chico hizo amague de incorporarse para quedar sentado sobre la cama, pero Akane lo cogió de la muñeca y lo volvió a acostar de un tirón.
—¡Pero acostado! —Exclamó nerviosa y avergonzada—. ¡Te enseño acostado!
Ante el pensamiento de que él se sentara frente a ella a ver cómo se masturbaba, Akane sintió un súbito y violento golpe de pudor y vergüenza que prácticamente bloqueó cualquier otro sentimiento o sensación en su cuerpo. No estaba preparada para que Ranma viera esa parte de su cuerpo de una forma tan… tan… directa. Suficiente con que hubiera accedido a mostrarle sus pechos, aunque el chico no hubiera vuelto a mencionar el asunto.
Él pareció sorprendido ante la reacción, pero asintió con la cabeza. Lentamente, y sintiendo su corazón galopar salvajemente, Akane se bajó las bragas hasta la mitad de los muslos, ante la atenta y embriagada mirada de Ranma, que devoraba cada centímetro de piel que iba quedando expuesto.
—¿Me prestas tu mano?
Ranma volvió a asentir y extendió su mano derecha para que ella la tomara. Akane llevó la mano de Ranma hasta su sexo y puso la suya encima.
—Me voy a tocar usando tu mano —le dijo despacio, intentando encontrar una mejor forma de explicarse, pues era la primera vez que hacía eso.
—¿Quieres que siga el movimiento? —Preguntó él.
—Sí, puedes dejar que yo lo haga sola al principio y luego puedes seguir tú y yo te sigo guiando con mi mano sobre la tuya.
Él asintió con la cabeza y se dejó guiar por ella. Al principio se limitó a simplemente dejar que fuera Akane quien controlara su mano grande y masculina, prestando especial atención a la forma en la que ella movía sus dedos sobre los suyos. Le costaba un poco concentrarse, tomando en cuenta que le excitaba muchísimo aquel juego en el que ella se masturbaba usando su mano, pero además de tocarla y sentirla tan mojada, lo ponía, escucharla gemir y verla semidesnuda junto a él.
No le tomó demasiado tiempo entender el patrón y las formas de Akane para tocarse, así que le pidió continuar solo. Ella asintió con la cabeza y mantuvo su mano sobre la de Ranma, pero dejó que fuera el chico el que llevara la batuta. Su mano se sentía bien porque sus dedos eran mucho más grandes que los de ella y le era más fácil y placentero estimularse así.
Ranma la besaba mientras la tocaba, pero a Akane cada vez le era más difícil responder a los besos por culpa de los gemidos que abandonaban su boca. Estaba intentando controlarse porque sabía que no estaban solos, pero la casa de Hiroshi era grande y las habitaciones también, así que dudaba que alguien fuera a escucharlos. Igualmente, intentó no elevar demasiado su tono.
Cuando sintió que comenzaba a acercarse al punto de no retorno, le pidió a Ranma que aumentara la velocidad, al tiempo que ella volvía a ejercer presión sobre los dedos del chico.
—¿Estás cerca? —Ranma la miró con una mezcla de atención y deseo.
Akane apenas alcanzó a asentir con la cabeza. Se mordió el labio inferior y agradeció que Ranma acercara sus labios a los suyos, pues así podía ahogar sus gemidos en su boca. El chico, enfocado en la labor de dar placer, solo despegó su boca de la de ella cuando sintió que el cuerpo de Akane comenzaba a contraerse. Verla correrse era un espectáculo que él no pensaba perderse.
De hecho, agradeció que ella hubiera vuelto a manipular su mano, pues de no haberlo hecho probablemente él hubiera perdido el ritmo por estar mirándola y memorizando cada uno de sus sonidos y gestos. Akane iba a hacer que se volviera todavía más pervertido de lo que ya creía que era.
Tras volver al mundo después de aquel viaje a la galaxia, una jadeante y todavía trémula Akane giró su rostro para darle a Ranma un dulce beso en la punta de la nariz, que iba cargado de muchas cosas de las que él no tenía idea. El chico sonrió. Le encantaba que ella fuera cariñosa.
Ranma retiró su mano y Akane se subió las bragas.
—¿Ha estado bien? —Le preguntó y acarició su vientre—. ¿Te ha gustado?
Akane asintió con la cabeza y lo abrazó.
—Me ha encantado, ha sido increíble —Y muy especial, pensó Akane. Ranma no lo sabía, pero aquella era la primera vez que ella tenía un orgasmo con un chico.
Como si estuviera en un estadio y acabara de anotar un gol, Ranma escuchó vítores y alabanzas a su alrededor, sintiéndose el más grande de los ganadores. El novato del año.
—Y ahora… —Akane acarició los labios de Ranma con sus dedos y lo miró de forma coqueta y seductora—, es mi turno.
Con la misma mano con la que antes había rozado los labios masculinos, trazó un camino zigzagueante hasta que sintió la dureza de Ranma. Cerró su mano sobre su pene y comenzó a masturbarlo de forma más intensa que antes, sin intención alguna de detenerse hasta que él se hubiera corrido.
Ranma sabía que no demoraría en terminar ni la mitad del tiempo que había tardado Akane. Ya estaba muy excitado desde antes, pero el haberla tocado y visto correrse había sido la guinda en el helado. Estaba completamente a tono y listo para desahogarse.
A diferencia de él, Akane no necesitó de ningún tutorial ni indicación para satisfacer al chico, pues los tecnicismos de la masturbación masculina eran bastante más sencillos y básicos. Sin embargo, le preguntó en un par de ocasiones si prefería que aumentara la velocidad o la presión, pues quería asegurarse de que Ranma obtuviera el máximo placer. Había descubierto que una de las cosas que más le gustaban de la intimidad sexual era satisfacer a su compañero, hecho que además la hacía sentir empoderada y en control.
Ranma se estremecía ante el contacto de la mano de Akane, ante sus besos en el cuello y en el rostro, ante su aliento contra su piel, ante la visión de su cuerpo. En sus fantasías había hecho mucho más con ella, pero esto era mil veces mejor porque era real.
—Ya casi…
Akane agradeció mentalmente aquello, pues su brazo estaba empezando a agotarse. Pero ese era el precio a pagar por estar fuera de práctica. Con la energía que todavía le quedaba, aumentó un poco la velocidad para acelerar el placer de Ranma. El chico se corrió segundos después, manchando su vientre, parte de su abdomen, y la mano de Akane.
Se sentía en el puto cielo, pasando la noche con la chica que más le gustaba en todo el mundo, sumergidos en travesuras y caricias, completamente cómodos y satisfechos el uno con el otro. ¿Podría la vida mejorar aún más? Lo dudaba.
—¿Quieres que te traiga algo para limpiarte? —La voz de Akane fue dulce y atenta.
Ranma le dio un corto beso en los labios.
—Gracias, ya voy yo.
Se puso de pie y se dirigió al baño de Hiroshi. Salió un par de minutos después ya con todo acomodado en su sitio y le entregó a Akane un par de toallitas húmedas para que ella pudiera limpiarse la mano mientras él volvía a ponerse el pijama. Akane hizo lo propio con sus pantalones y se metió debajo del edredón. Ranma la imitó, contento de que la chica lo recibiera con los brazos abiertos.
Estuvieron en silencio y acariciándose con cariño durante un rato, hasta que Ranma comenzó a reírse de repente y sin ningún tipo de explicación.
—¿De qué te ríes? —Akane lo miró con diversión y el ceño fruncido.
—De nada —dijo entre risas—, no me hagas caso.
—Dime —insistió ella y zarandeó su brazo—, quiero saber.
Ranma apaciguó su risa y asintió con la cabeza. Miró a Akane.
—¿Recuerdas la vez que estábamos en el dojo de tu casa? Que discutíamos sobre por qué no jugabas al fútbol. —Ella asintió con la cabeza, aunque para ella el recuerdo de lo ocurrido en el dojo aquella tarde no tenía nada que ver con una discusión de fútbol—. ¿Recuerdas lo que me dijiste?
—Más o menos.
—Dijiste que te era más fácil controlar cosas con las manos —la miró con una sonrisa coqueta—, ahora entiendo a qué te referías...
Akane rompió a reír y empujó el hombro de Ranma, recordando la conversación del dojo. Ella no se había referido a ese tipo de control ni de habilidades, pero encontraba la comparación bastante graciosa. Y además, le halagaba que él considerara que ella era buena.
Mientras se reían, miró a Ranma y pensó en que su relación con él no podía estar en un mejor lugar. Si eran amigos con derecho, ligues o lo que fueran en ese momento, era lo de menos.
Porque lo que sea que fueran, se sentía bien.
A la mañana siguiente, todos se despertaron relativamente temprano.
Ranma se sintió el tipo más afortunado y ganador del planeta al despertarse y tener a Akane entre sus brazos. Habían dormido así, abrazados y entrelazados, y la verdad es que no le había costado ni un poco conciliar el sueño.
Yuka había prometido volver temprano para desayunar con sus padres, así que fue la primera en irse, con la promesa de contarles a sus amigas cómo le había ido en su primera noche con Daisuke. Asami y Akane anunciaron que se marchaban poco después, por lo que Ranma se ofreció a acompañar a la pelinegra hasta su casa, para pasar un poco más de tiempo con ella.
En el camino charlaron animadamente sobre los hechos del día anterior. Cuando llegaron al portal de la casa de Akane, Ranma no quiso que el tiempo con ella se terminara.
—¿Qué tal lo has pasado? —Le preguntó ella amablemente—. Ha sido divertido, ¿no?
Él asintió con la cabeza y sonrió ampliamente.
—Demasiado, lo he pasado genial, ¿y tú?
—Yo también.
Sintiéndose completamente envalentonado y motivado por el divertido fin de semana que habían vivido, y especialmente tras la noche compartida, el chico de la trenza decidió hacer algo a lo que le había estado dando vueltas en su cabeza desde hacía varios días.
—Akane, ¿te gustaría ir conmigo al baile de invierno?
Akane no pudo creer su suerte, era como si a Murphy le gustara reírse de ella.
—Me gustaría —respondió sincera—, pero... ya he quedado para ir con otra persona.
¿Qué?
Shinnosuke invitó a Akane al baile el día de la fiesta, pero con la abrupta aparición de Ranma para reclamarle por ofrecerle drogas ilegales a Akane, la chica no tuvo tiempo de responderle. Shinnosuke volvió a repetirle la invitación el lunes en la Academia y le dijo que podía tomarse todo el tiempo que quisiera en pensarlo, pues él no tenía prisa porque realmente no había nadie más con quien le interesara ir. Akane cometió un error de rookie y se quedó esperando que Ranma la invitara. ¿Por qué error de rookie? Porque si hubiera tenido un poco más de experiencia, no habría esperado a que él se lo pidiera, sino que ella misma habría tomado la iniciativa de invitarlo, pero aquel no fue el caso. Akane, viendo que Ranma no se animaba a invitarla y sintiendo que no sería cortés dejar a Shinnosuke colgado, le dijo que sí quería ir con él.
Y Ranma decidía que era oportuno invitarla ahora.
Él intentó no parecer desencajado, pero estaba seguro de que su rostro lo delataba. Asintió con la cabeza.
—¿Vas con tu amigo Mikado?
—No.
¿No? Y entonces, ¿con quién?
—¿Puedo saber con quién? —No sabía si era demasiado intrusivo preguntar aquello, pero la curiosidad era más fuerte que él.
Akane suspiró.
—Shinnosuke Takeshi.
El cerebro de Ranma casi hace cortocircuito al escuchar aquel nombre. ¿Shinnosuke Takeshi? ¿El de último año? ¿El que estaba en el club de teatro? ¿Akane iba al baile con ese estúpido? No lo podía creer. ¿Por qué? ¿Y cuándo se le había adelantado?
—¿El fumón? —Preguntó tratando de disimular sus celos.
—Ranma… —Akane le dio una mirada reprobadora—, no lo llames así.
¡Y encima lo defiende! En cualquier momento comenzaría a ponerse verde por los celos.
—No sabía que te había invitado.
Por una fracción de segundo, al ver la expresión en el rostro de Ranma, Akane incluso consideró decirle a Shinnosuke que ya no iría con él, pero pensándolo mejor, se dio cuenta de que aquello sería de muy mal gusto y además impropio de ella.
—Me gustaría ir contigo, Ranma, pero ya le he dicho a él que sí. No sabía que tú ibas a invitarme.
Mientras miraba los grandes ojos de Akane, Ranma pensó en no ir al baile para no tener que verla con ese ridículo. Sin embargo, el pensamiento abandonó su mente poco después. No ir al baile significaría dejarle el camino libre y las cosas demasiado fáciles al fumón, así que sí iría. Iría y le demostraría al tal Shinnosuke que Akane solo tenía ojos para él, pero también haría que Akane se diera cuenta de una vez por todas que él era mil veces mejor que Shinnosuke para ella.
Porque lo era.
Uno de los juegos más míticos y repetidos de mi adolescencia fue Verdad o Reto, así que no podía dejar de incluirlo en Aviones de papel.
En el capítulo Darwinismo (III), Ranma le pregunta a Hiroshi si hay alguna chica que le guste, a lo que él le responde que puede que sí. Queda claro quién es la chica, ¿no? Y me parece que también queda muy claro que el pobre no tiene chance alguno con ella.
Sobre lo ocurrido en la habitación de Hiroshi: una de las cosas que más disfruto de esta historia es poder reflejar esa etapa de la adolescencia en la que descubres poco a poco qué cosas te gustan. Creo que es lindo que tanto Ranma como Akane puedan explorar eso juntos, sobre todo porque se sienten muy cómodos el uno con el otro. Sé que hay gente a la que le hace ruido o le parece raro, pero el consentimiento verbal es algo súper importante y la generación Z lo tiene mucho más claro y presente de lo que los millennials alguna vez lo tuvimos.
Como pueden ver, Akane tiene un poquito más de experiencia que Ranma, y me parece que ya queda clarísimo que entre ella y Tatewaki Kuno hubo algún tipo de relación. La pregunta es: ¿por qué terminaron tan mal?
Originalmente había una escena de Yaisuke en la habitación de huéspedes, pero el capítulo ya era demasiado largo y al final decidí no incluirla, pero habrá más luces sobre su relación en breve. Y sobre Ryusami, ¿qué piensan de esa charla en el aula de Arte?
¡POR CIERTO! Si todavía no han escuchado el último álbum de Taylor Swift, folklore, los exhorto a que lo hagan. Es espectacular y todas las canciones son perfectas.
¡Nos leemos!
