Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 20
Me desperté casi doce horas después de haberme acostado junto a Edward, quien seguía dormido. Su brazo me rodeaba, abrazándome con fuerza contra su costado y fue la primera noche que pasamos juntos en la que él no acaparó todo el espacio ni me robó las cobijas, lo cual era definitivamente algo de progreso. También era la primera noche que pasábamos juntos que no involucraba sexo, pero no me sentía tan entusiasmada por ese desarrollo.
Moví con cuidado su brazo y me levanté de la cama, dejé que mis ojos se posaran en él durante un minuto antes de vestirme lo más silenciosamente posible para dirigirme a la puerta.
—Esta sería la segunda vez que me despierto para descubrir que no estás. —Miré hacia atrás, él me sonreía adormilado con sus ojos apenas abiertos—. ¿A dónde vas?
—A vestirme —le dije.
—A mí no me parece que estés desnuda —dijo y me reí.
—Esta es la ropa que usé ayer. —Señalé mi blusa arrugada y añadí—: El resto de mis cosas están en mi habitación.
—Tráelas de nuevo aquí. —Se sentó y se pasó una mano por el cabello—. Todavía quiero que te quedes aquí conmigo.
Suspiré y me acerqué para sentarme en la cama con él.
—Creo que necesitamos recordar que esto es un asunto de trabajo, Edward. Sé que no debí hacerlo, pero supongo que esperaba que fueras diferente conmigo y tú…
—Fui todo un cabrón, lo sé. —Sonrió con tristeza y tocó mi mano—. De verdad lo siento.
—Iba a decir que fuiste el Sr. Cullen, pero cabrón también funciona —dije, luego le guiñé, lo que pareció ponerlo más feliz—. Mira, ¿por qué no somos sólo el Sr. Cullen y la Srta. Swan mientras estemos aquí? —Sugerí, pero hizo una mueca—. En serio, Edward. Cuando termines con Laurent y Jenks, podemos volver a ser Bella y Edward.
—Se suponía que nos la íbamos a pasar bien siendo nosotros mismos mientras estuviéramos aquí —me dijo y tomó mi mano en la suya—. Sé que lo arruiné ayer, pero tenemos el día de hoy para nosotros; no veremos a Laurent hasta mañana temprano.
—¿Qué estás sugiriendo? —pregunté tentativamente y se tomó su tiempo para pensarlo.
Al final alzó un dedo y sonrió.
—Tengo una idea. Hay unas cuantas cosas que necesito hacer, así que deberías ir a alistarte.
—Um… ¿está bien? —fruncí el ceño y eso lo hizo carcajearse—. ¿Para qué cosa me voy a vestir?
—Si te lo dijera entonces no sería una sorpresa, ¿cierto? —Me llevó a la puerta y me dijo que lo buscara fuera del hotel en noventa minutos.
—¿Me darás una pequeña pista? —pregunté haciendo un puchero y él se agachó para besarme la nariz.
—No
—En serio eres un cabrón —gruñí y se rio—. Estaré afuera en noventa minutos, intenta no llegar tarde esta vez.
Seguía riéndose cuando cerró la puerta.
¡Ayuda! Tengo una emergencia de vestuario. Saldré a pasear, pero Edward no me quiere decir a dónde. B x
Sabía que era ridículamente temprano, pero esperaba que las palabras emergencia de vestuario animaran a Amber a responder de inmediato.
Entonces, ¿ya es Edward de nuevo? ¿Qué pasó con Cara de Pito Cullen?
Sonreí para mí. Puede que me refiera a él como Edward, pero sigo planeando hacerlo esforzarse por esto. B x
¿Te acostaste con él? Te acostaste con él, ¿no es así? A x
¡No! Bueno, sí… dormí en la misma cama que él… pero nada de sexo. B x
Sigue con la prohibición de sexo y hazlo pagar de verdad. Bien, de regreso a tu emergencia de vestuario. ¿Qué tienes en mente? A x
No tengo idea de a dónde me va a llevar. ¿Y si me pongo algo elegante y resulta que haremos senderismo? ¿Pero y si me visto para hacer senderismo y me lleva a un lugar elegante? B x
En lugar de un mensaje como respuesta, mi celular comenzó a sonar y lo respondí con una sonrisa.
—Hola.
—Si él te conoce, aunque sea un poco, no te llevará a hacer jodido senderismo, Bella —Amber se rio—. Cuéntame que llevas de ropa.
—Um… —Ya estaba de regreso en la habitación así que fui a ver la ropa que estaba colgada en el armario—. Además de la ropa de trabajo, tengo tres vestidos muy lindos para salir de tarde. Tengo dos jeans y… oh sí, me olvidé de este. —Saqué un vestido y sonreí—. Tengo el vestido Matthew Williamson aquí conmigo, he esperado mucho tiempo para usarlo.
—¿El floreado? Oh, me encanta y funcionaría… a menos que él…
—¿Decida llevarme a hacer senderismo? —terminé.
—Sólo dile que el único senderismo que te interesa involucra un considerable uso de su tarjeta de crédito y un viaje a L.A. para caminar alrededor de las tiendas.
—Ese senderismo sí me gusta. —Me reí—. Creo que traje las plataformas Lanvin, combinarán bien.
—Ves, mi estilo y buen gusto se transmite por teléfono y te lleva inspiración —dijo Amber presumida—. Nada de sexo, ¿recuerdas?
—Nada de sexo —dije, sintiéndome determinada.
—Nada de fajes, oral, ni masturbarse. Puedes besar al hombre, pero mantenlo simple y hazlo rogar. Hazle saber que su comportamiento de patán no es aceptable y viene con un castigo muy severo. —Bostezó.
—Regresa a dormir, te llamaré más tarde, ¿de acuerdo? —le dije y murmuró una respuesta adormilada.
—Te quiero —dijo, y la línea se cortó.
Aventé mi teléfono a la cama y comencé a alistarme. Noventa minutos era demasiado tiempo y después de tardarme más de lo necesario con mi cabello y maquillaje, me quedé pensando sobre anoche y lo que le había dicho a Edward.
Te amo.
¿En qué estaba pensando? Al menos si lo decía dormida no tenía control sobre eso, pero al estar ahí bien despierta no me daba razón válida para negarlo. Sacudí la cabeza y encendí la televisión, cambiando de canales sin encontrar nada que quisiera ver. Vi el pronóstico del clima predecir otro día cálido y soleado, lo cual hizo que mi elección de vestuario pareciera apropiada – ¿me preguntaba si el pronóstico personal de Edward también era cálido y soleado o si incluía la posibilidad de nubes negras y tormentas eléctricas?
A pesar de que estuve lista con tiempo de sobra, todavía me las arreglé para llegar cinco minutos tarde al reunirme con Edward. Al cruzar las puertas lo vi recargado en un antiguo carro deportivo color plateado, se enderezó y me sonrió al verme.
—Llegas tarde —dijo.
—Al menos me estás esperando aquí con una encantadora luz solar, yo tuve que esperarte en el frío ayer —le dije.
—¿Te gusta el carro? —preguntó lleno de emoción—. Es un Aston Martin DB5, el carro definitivo al estilo James Bond.
—¿Aston Martin te paga por mencionarlos en cada oportunidad o debería comenzar a tapar los tubos de escape de todos los carros que vemos en la calle? —bromeé, caminando lentamente hacia él.
—Iba a decir que con este carro todo es posible, pero no cuando estás tú cerca. Te ves hermosa —murmuró y juntó sus labios con los míos.
Edward llevaba puesto un suéter blanco algodón con mangas largas, pantalones beige estilo cargo, los cuales se veían increíblemente sensuales y también increíblemente casuales. Miré mi vestido y zapatos, y sentí que había exagerado al vestirme.
—¿A dónde vamos? —pregunté con nervios, jugueteando con mi bolso—. ¿Debería ir a cambiarme?
—Claro que no —dijo, besándome de nuevo—. Te ves perfecta tal como estás.
—¿Me vas a decir a dónde vamos? —le pregunté y se rio—. Intentar decidir qué ponerme me causo un conflicto muy serio. Todavía no estoy convencida de haber elegido la ropa adecuada.
—Tengo hambre. —Tomó mi mano y se la llevó a la boca, besándola—. Tengo una canasta con el desayuno en la cajuela, así que primero iremos a algún lugar escénico para comer.
—¿Y después? —lo presioné mientras me abría la puerta del carro.
—Y después iremos de turismo, y por ahora esa es toda la información que recibirás. —Sonrió y cerró la puerta.
Un lugar escénico resultó ser el Área para Picnics de Playa Este que tenía vistas increíbles de Alcatraz y el Golden Gate Bridge – fue en definitiva el almuerzo más lindo que haya tenido jamás. Edward puso la comida, que consistió en croissants, fruta y jugo de naranja recién hecho sobre una mesa de picnic que daba hacia la bahía.
—¿Croissant? —me ofreció y asentí—. ¿Jugo?
—Vaya, gracias —dije amablemente.
El no haber cenado la noche anterior significaba que ambos teníamos un apetito voraz y lo único que sobró fueron unas cuantas migajas y el corazón de una manzana. Después de terminar, pregunté:
—¿Exactamente qué es lo que estamos viendo?
—Eso. —Señaló la Isla de Alcatraz y dijo—: Siempre he querido ir.
—Entonces, ¿en nuestro día de paseo me llevarás a la cárcel? —No había esperado esto y definitivamente no iba vestida para ello—. No pretendo sonar como toda una chica quejumbrosa, pero ¿ya viste mis zapatos? No están exactamente diseñados para andar caminando por La Roca.
—Te compraré zapatos nuevos —dijo y luego me tapo la boca con una mano cuando intenté hablar—. Shh, Bella. Será divertido.
Aparté su mano y le saqué la lengua.
—Será algo… sólo que divertido no es la palabra que habría elegido personalmente.
—Confía en mí. —Recogió nuestras cosas y me ofreció su mano—. Vamos, Srta. Swan. Pasemos un rato juntos en la prisión.
Lo dejé jalarme hacia el carro, arrastrando los pies a propósito, lo cual lo hizo reír. Al poner la canasta en la cajuela su celular comenzó a sonar. Me asomé para ver la llamada en la pantalla y supe que nuestro día juntos en Alcatraz no sucedería hoy.
—Buenos días, Jenks —dijo Edward gélidamente y presionó el botón de altavoz—. No esperaba saber de ti hoy. Creí que el Sr. Marchand quería reunirse mañana temprano.
—Cambio de planes. Mi cliente está listo para hablar justo ahora y quiere contarte su historia —dijo Jenks con presunción—. Intenté llamarte al hotel.
—Estoy disfrutando del almuerzo afuera —le dijo—. ¿A qué hora se quiere reunir el Sr. Marchand?
—Quiere que vengas a su casa y hablar aquí sin oídos indiscretos. —Jenks se rio—. Extendió la invitación para tu asistente, ¿puede venir?
—No entiendo por qué la necesita ahí. —Edward sonaba a la defensiva y esperé a que se convirtiera en Cullen de nuevo.
—Creo que se sorprendió mucho por la forma en que la corriste ayer —dijo Jenks, sonaba poco interesado—. Tiene un lado sensible que yo no entiendo.
—La Srta. Swan estará con nosotros —dijo, mirándome con disculpa.
—Entonces ansiamos verte.
Jenks colgó y Edward suspiró.
—Ahí quedó el plan de Alcatraz.
—Podemos ir a prisión en otra ocasión. —Sonreí y me alcé de puntillas para besarle la mejilla—. Justo ahora, Sr. Cullen, tienes que lidiar con un cliente muy importante.
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Sugerí regresar a mi habitación para cambiarme, pero Edward se negó, insistiendo en que fuera a la reunión así como iba vestida. En cuanto regresamos al hotel, Edward le pidió a Emmett que viniera a su suite para hablar sobre cuál sería el plan de acción para la comida con Laurent.
Edward quería esperar y escuchar lo que Laurent tenía para decir antes de hacerle cualquier tipo de oferta. Luego, cuando Edward decidiera si seguía interesado en asegurar el trato, ofrecería uno de dos contratos. El primero era la oferta más segura, una que esperaban que Jenks rechazara por completo; el segundo sería el contrato de verdad y el que Emmett pensaba que sería imposible que rechazaran.
Yo seguía dudosa sobre la historia en sí – un libro donde se contaba todo sobre un hombre poderoso engañando a su esposa no era literatura para mí, era sólo material de un periódico amarillista y me sorprendía que Edward quisiera tanto este trato. Mantuve la boca cerrada porque no era mi trabajo involucrarme con esto, pero todo el concepto no me parecía correcto.
Laurent envió un carro para recogernos y llegamos a una casa de aspecto muy impresionante a las afueras de la ciudad. Laurent estaba esperándonos afuera, sonriendo.
—¿Cómo es que un asistente del Gobernador Charles se puede costear un lugar como este? —le susurré a Edward—. Un asistente desempleado, debería añadir.
—Probablemente Jenks está pagando todo —me dijo Edward, pero se acercó a Emmett y añadió—: Cuando terminemos aquí necesitamos averiguar a quién le pertenece esto.
El carro se detuvo y Laurent vino directo a la puerta para ayudarme a bajar del carro.
—Srta. Swan, me complace mucho que haya venido. ¿Me permite mostrarle el lugar?
—Laurent, creo que necesitamos ir directo a los negocios —dijo Jenks cortantemente.
—Tenemos tiempo suficiente para eso —Laurent lo dejó de lado y regresó su atención a mí—. Se ve hermosa en ese vestido.
—Gracias. —Miré a Edward, que intentaba mantenerse tranquilo, pero conocía esa mirada y podía notar que bajo la superficie se sentía muy enojado—. Tal vez pueda mostrarme todo más tarde, Sr. Marchand.
Laurent miró a Edward y sonrió.
—Más tarde entonces, pero insisto en que compartamos también un trago. Sería una pena que tuviera que volver a casa sin haber tenido la oportunidad de conocerla mejor.
Edward se aclaró la garganta y dijo:
—¿Hay algún lugar donde podamos hablar?
—Síganme —dijo Jenks y nos llevó a un comedor con una mesa enorme en el centro y una barra en la esquina. Me miró y ladeó la cabeza hacia la barra—. Srta. Swan, ¿tal vez pueda servirnos algo de beber?
No quería hacer una escena frente a un cliente tan importante para Edward, así que en lugar de decirle que levantara su culo gordo y se sirviera su propia bebida, asentí.
—Por supuesto.
—Siéntate, Bella —dijo Edward de forma suave y me sacó una silla—. Jenks, la Srta. Swan no es una camarera, ni trabaja para ti. Estoy seguro que puedes servirte tu propia bebida, sé que yo puedo servirme la mía.
Jenks se veía enojado, pero dejó el tema y todos nos sentamos en la mesa. Lauren comenzó a hablar casi de inmediato.
—Vayamos al punto, ¿de acuerdo? —sugirió y Edward aceptó—. Como ya saben, trabajé de asistente para el Gobernador Michael Charles durante muchos años.
—¿Cómo llegó a esa posición? —preguntó Emmett.
—¿Eso importa? —preguntó Laurent y Emmett asintió—. Muy bien. Era amigo de la familia y no tenía trabajo. Primero me contrataron como el chófer del Sr. Charles y a lo largo de los años me convertí en un confidente y amigo muy cercano.
—Es por eso que no hubo preocupación por una cláusula de confidencialidad. —Jenks sonrió engreído—. Michael Charles no lo consideró necesario.
—Eso parece algo muy extraño para esa familia dado su historial —dijo Edward dudoso—. ¿Seguramente insistieron?
—No creo que sus padres hayan estado conscientes de que él actuaba tan relajado con su personal. Además, al Gobernador Charles le gusta hacer las cosas a su manera y su manera de hacerlas involucra la confianza. Confiaba en mí —dijo Lauren y sacudí la cabeza con desagrado. Lo notó y preguntó—: ¿Eso le desagrada?
Todos me miraron y pensé en decir que no, pero decidí seguir con la verdad.
—Sí, me desagrada. Se suponía que era su amigo; sin embargo, está a punto de vendernos esta historia a nosotros o a cualquiera que le dé la mejor oferta. No creo que un verdadero amigo pudiera hacer eso jamás.
—Siempre digo que hay que buscar al número uno —Jenks se rio—. Michael Charles es quién está haciendo cosas engañosas y deshonestas, Srta. Swan. Simplemente mi cliente se niega a seguir cubriéndolo.
Edward me miró y sacudió discretamente la cabeza.
—Por favor siga, Sr. Marchand.
—Por fuera, Michael Charles vive la vida perfecta. Es guapo, educado, tiene una esposa hermosa y una prometedora carrera en política. Por dentro, es muy diferente. Creo que la presión de pertenecer a una familia tan prominente lo empujó a una vida que en realidad nunca quiso. —Laurent pausó y suspiró—. Cuando todavía era su chófer, hablaba conmigo como si estuviéramos en un confesionario. Fue durante una de esas conversaciones que reveló que su matrimonio era puro show.
—¿De qué forma? —preguntó Edward con cautela.
—Perdonen mi franqueza aquí, pero Michael prefería las bolas antes que los pechos. —Laurent sonrió y Emmett soltó un silbido largo—. Dada su notoriedad, tenía que ser extremadamente discreto, pero a lo largo de los años existieron varios hombres que yo supe que compartían una relación cercana con él. Solía llevarlo y traerlo de un apartamento rentado que usaba únicamente para esos encuentros.
—¿Alguien en su familia lo sabía? —preguntó Edward, tomando notas en su libreta.
—Me contó que se había acercado a su madre y a su padre años antes para contarles cómo se sentía, pero se negaron a creerle. Eran muy buenos para manipular gente y convencieron a Michael que era sólo una fase y actuaron como si nada hubiera pasado jamás. Él intentó dejar de lado sus sentimientos y cedió ante su presión y amenazas, eventualmente se casó con Mallory cuando tenía veintisiete años. Quería hacer que las cosas funcionaran con ella, pero nunca termina funcionando de esa manera, ¿no creen? —Laurent sonrió con tristeza y me incliné hacia enfrente, escuchando ansiosamente.
Tal vez después de todo si era una buena idea para ser libro.
—Con todo respeto —comenzó Edward—, puede que esta sea una historia con buen potencial, pero llevarlo y traerlo a sus encuentros con sus amantes secretos no es suficiente. Necesitamos muchísimo más para justificar el publicar esto.
—Oh, hay más —Jenks sonrió—. Pero necesitamos empezar a hablar de números.
—Todavía no —dijo Laurent, ignorando las protestas de Jenks—. Sé cómo funciona, Sr. Cullen. Escuchará lo que tengo que decir, me hará una oferta mediocre para que cuando saque la oferta verdadera de la bolsa la acepte sin vacilar. Corríjame si me equivoco.
Edward no dijo nada, pero pude ver una sonrisa sardónica en su rostro.
—Seré honesto y le daré toda la historia, así que usted a cambio puede ofrecer su mejor oferta. Nada de juegos. Espero que podamos llegar a un acuerdo y poder trabajar juntos. No tengo interés en cortejar cientos de editoriales, pero lo haré si no me siento satisfecho con su oferta. —Laurent esperó a que Edward lo aceptará.
—Nos parece bien. —Edward asintió una vez y luego le dijo a Jenks con diversión—: Creo que no te necesita para nada.
—Estás cometiendo un error al poner todas tus cartas sobre la mesa. Necesitas guardarte algo —gruñó Jenks a modo de respuesta y luego se limpió la sudorosa frente con un pañuelo.
—No tengo tiempo para juegos, Sr. Jenks —le dijo Laurent con severidad—. Si no le gusta la forma en que estoy manejando esto, siéntase libre de irse. Estoy seguro que hay muchos otros agentes más que dispuestos a trabajar conmigo.
Jenks no contestó y Laurent tomó eso como una señal de que no se iría a ningún lado.
—¿Dónde estaba? Oh sí, Sr. Cullen, quería los detalles jugosos.
Me sentía doblemente intrigada, incluso Emmett había empezado a inclinarse hacia enfrente en la mesa escuchando atentamente. Edward era el único que mantenía la compostura y su actitud indiferente; estaba recargado en su silla con la expresión más impasible que había visto en mi vida.
—Como dije, a lo largo de los años hubo más de un hombre en su vida y después de que terminó una de esas relaciones, Michael se encontró angustiado. Nos quedamos sentados en el carro afuera de su casa por casi tres horas hablando y, por primera vez en mi vida, descubrí que me sentía atraído a otro hombre. Hasta el día de hoy no sé si fue el tabú de involucrarme con alguien prohibido, la vulnerabilidad que vi en un hombre que se percibía tan fuerte y poderoso, o si fue simple atracción, pero después de ese momento todo mi mundo cambió. —Laurent me susurró—: Hasta ese punto siempre habían sido sólo mujeres para mí.
—Um… oh… bien —dije, no estaba segura de cómo se suponía que debía reaccionar a esa declaración.
—Sr. Marchand, por favor. —Edward le hizo una seña para que continuara.
Laurent asintió y siguió.
—Michael también lo sintió y durante las semanas que siguieron nuestra relación se desarrolló en algo más. Pasábamos todo el tiempo que podíamos juntos y él incluso me promovió como su asistente para poder otorgarnos más tiempo juntos. Nadie sospechaba nada, ¿por qué lo harían? A la fecha incluso su esposa no sabe nada.
Un silencio cayó sobre la mesa y durante unos minutos nadie habló. Emmett estaba claramente sorprendido por el cambio en la conversación, pero Edward estaba anotando una pregunta tras otra.
—¿Por cuánto tiempo duró todo esto? —preguntó Edward.
—Casi un año —nos dijo Laurent y luego bajó la vista a la mesa—. Todo llegó a su punto crítico cuando yo quise más. No quería ser yo quien disfrutara de citas secretas o momentos robados en hoteles. Le dije que no era suficiente; necesitaba ser la persona con quien compartiera su vida.
—¿Él lo terminó?
—No le dejé opción. Le dije que si no me elegía, me iría. No podía seguir viviendo así; me había enamorado de él y se lo dije. —Laurent se veía visiblemente molesto y eso dio en un punto sensible… era casi como si estuviera describiendo la relación que tenía con Edward, aunque en una escala mucho más pequeña.
—¿Y las pruebas? —siguió Edward y Laurent se tomó un momento para componerse.
—Tengo emails de su cuenta privada, mensajes de voz, e incluso algunas fotos nuestras que tomé con mi celular… fotos subidas de tono. —Laurent alzó su celular y nos mostró una de las fotos que involucraban a un Gobernador muy desnudo.
—Sí que son subidas de tono —dijo Emmett.
—Creo que eso ya es más que suficiente para mostrar y compartir —intervino Jenks y frotó sus manos—. Ahora hablamos de números y no me vengas con una tonta oferta secundaria, Cullen. Ambos sabemos que esta es una historia que quieres tener.
Edward asintió y golpeteó el escritorio con los dedos.
—Una historia controversial.
—Lo controversial vende. —Jenks se encogió de hombros y sacudí la cabeza con disgusto.
—Estábamos pensando… —comenzó a decir Edward, pero Laurent lo detuvo y me miró.
—Me gustaría escuchar lo que la Srta. Swan tiene que decir. —Sonrió—. Tenía una razón válida para insistir en que viniera. Quería escuchar la opinión de alguien que no tiene interés en esta historia, ni motivación financiera para verla publicada.
—Laurent, a quién le importa… —espetó Jenks, pero Laurent lo calló rápidamente.
—Por favor, Srta. Swan —repitió.
—Creo que nunca lo amó de verdad —dije honestamente y Laurent se vio sorprendido.
—¿Oh? ¿Qué le dio esa idea? Lo amé muchísimo, todavía lo amo.
—¿Cómo puede decir que lo ama cuando le está vendiendo su historia al mejor postor? Una historia que le arruinará la vida… sin importar que tan inventada sea su vida. Ciertamente causarle dolor a él le causará dolor a usted. —Vi a Edward mirarme, tenía una expresión de piedra—. Sabía con quien se estaba involucrando, Sr. Marchand. Sabía que él estaba viviendo una vida doble sin intenciones de hacer publica en algún momento su sexualidad, sin embargo, ahora lo está castigando por eso. A veces uno tiene que prepararse para retroceder y apoyar a la gente, y dejarlos tener su momento para brillar. Si de verdad sintiera amor por él, entendería que no puede simplemente destruirlo cuando no recibe el final feliz de siempre. Anteponer a otros y aceptar a la gente cómo son, eso es amor; no venderle su alma a quien quiera que le ofrezca un dólar.
Sentía que mi discurso era más un desahogo de mi propia relación jodida con el hombre sentado a unos pies de distancia. Emmett se veía divertido, Jenks furioso y la expresión de Edward no había cambiado.
—Ya veo —musitó Laurent, mirándome con atención.
—Ahora que tienen toda la historia, ¿tal vez tú y la Srta. Swan puedan dar el tour de la casa, Laurent? —le indicó Jenks a su cliente, que se veía conflictuado—. Nosotros podemos lidiar con los detalles.
—¿Le parece bien? —me preguntó Laurent y asentí.
Edward no volteó hacia mí y me pregunté si mi verborrea emocional lo había ofendido de alguna manera. Seguí a Laurent fuera de la habitación y esperé a que me mostrara los alrededores, en lugar de eso nos llevó al jardín y nos sentamos en una pequeña mesa.
—Esta casa fue un soborno de los padres de Michael —dijo.
—¿Ellos sabían de usted? —pregunté sorprendida.
Laurent sonrió.
—Dejé algo de lado allá adentro; algo que no pretendía compartir con nadie. Cuando le di el ultimátum a Michael, él me eligió. Iba a renunciar a la política, dejar a su esposa, incluso hablamos sobre poner un bar o un café propio en el Caribe.
—¿Qué sucedió? —pregunté y se recargó en su silla.
—Cometió el error de contarle sus intenciones a sus padres. El poder que ellos tienen es abrumador y una vez más lo intimidaron hasta convencerlo de no renunciar y terminar la relación conmigo. Recibí un email… este email. —Sacó su celular y me lo mostró.
Ya no puedo hacer esto. Lo siento. He trabajado muy duro por mucho tiempo para tirarlo todo a la basura ahora. Perdóname, por favor.
—Sus padres llegaron con las llaves de este lugar. —Miró alrededor del patio y luego se llevó la cara a las manos—. Querían que firmara un acuerdo de confidencialidad y cuando me negué, dijeron que me quitarían las llaves. Les dije que no quería la casa ni nada de ellos, pero Michael intervino una última vez. Insistió en que aceptara la casa para poder saber que yo estaba a salvo y rompió el contrato. Esa fue la última vez que supe sobre la familia Charles.
Era triste, innegablemente triste, pero me seguía molestando que él planeara venderlo de esta forma.
—Entiendo que está molesto, pero si hace esto, cualquier oportunidad que tenía de recuperarlo, por muy pequeña que fuera, se irá.
—Creo que esa oportunidad ya se fue hace mucho.
—Así será si nos vende esa historia. —Toqué su brazo con gentileza—. No lo culpo por estar enojado con él, pero sabía en qué se estaba metiendo, no puede castigarlo por eso.
—No creo que su jefe se sienta contento si me convence de no vender mi historia. —Se rio una vez y me encogí de hombros.
—Lo superará.
Nos quedamos sentados bajo el sol por un rato y escuché mientras me contaba todo sobre las cosas románticas que habían compartido y los lugares que habían visitado – a mí me parecía que él mismo se estaba convenciendo de no vender la historia. Seguíamos platicando cuando Edward nos encontró.
—Creo que necesitamos hablar —dijo y Laurent asintió.
Me paré para irme, pero Edward negó.
—Esto no tardará mucho.
—¿Dónde está Jenks? —preguntó Laurent.
—Emmett le está llenando la cabeza con números falsos. —Edward sonrió y se inclinó sobre la mesa—. No vas a seguir adelante con esto, ¿cierto?
—Alguien me hizo ver que el daño sería irreparable si lo hacía. —Laurent me guiñó e hice una mueca.
Para mi sorpresa, Edward se rio.
—Ella es muy buena en hacerte ver lo que necesitas hacer para arreglar las cosas.
—¿Ahora qué? —preguntó Laurent.
—Ahora les decimos a mis jefes que tus pruebas no tenían fundamentos y que era un riesgo muy grande imprimir sin evidencias. Le dices a Jenks que sus servicios ya no son necesarios y nos dejas estar ahí cuando lo hagas. —Edward se veía extrañamente feliz ante el drástico giro de eventos.
—Es una pena, porque habría sido un gran libro —suspiré—. Claro, si hubiera un final que no involucrara al personaje principal siendo todo un traidor.
La frente de Edward se arrugó y una mirada más calculadora se formó en su rostro.
—Eso es algo que podríamos hablar.
—No entiendo —dijo Laurent, confundido—. ¿De qué podríamos hablar?
—Tal vez en lugar de Laurent y Michael… podríamos tener a John y Fred. En lugar del Gobernador de Texas, decimos Senador de Carolina del Norte o Florida.
—¿Ficción en lugar de realidad? —dije y Edward asintió—. El Chófer del Senador, el gran romance prohibido.
—¿Publicarías eso? —preguntó Laurent con escepticismo.
—Claro que tendríamos que hacer cambios para asegurar que no se pudiera hacer ninguna conexión con la familia Charles y podríamos publicar bajo un nombre diferente para mantener a Michael completamente fuera de todo. Tomate tu tiempo y piénsalo; cuando decidas que quieres hablar, llámame. —Edward deslizó su tarjeta sobre la mesa—. Puedo contactarte con un buen agente si no quieres mantener a Jenks.
Laurent se vía sorprendido; casi emocional.
—No estoy seguro de qué decir. Gracias.
—Sólo recuerda: un final diferente, por favor —me reí—. Tal vez puedan comprar un bar en algún lugar del Caribe y vivir felices para siempre.
—Tal vez eso harán. —Asintió.
—Nos iremos entonces —dijo Edward y luego se paró para darle un apretón de manos a Laurent.
—¿Cuánto tiempo estarán en la ciudad? —nos preguntó.
—Ahora que nuestro negocio ha concluido, necesitamos regresar a Seattle. —Edward me miró y sonrió tristemente—. Había esperado pasar unos cuantos días más aquí.
—Pues cuando quiera que estén de regreso en la ciudad, son bienvenidos a quedarse aquí. Tengo suficiente espacio. —Laurent se acercó a mí y me abrazó—. Lamento no haber podido pasar más tiempo con usted, Srta. Swan.
—Bella, por favor —le dije.
—Michael es el único hombre con el que he estado involucrado —me dijo deliberadamente—. Todavía puedo apreciar a una mujer hermosa. ¿Tal vez podamos ir a cenar esta tarde y disfrutar de un poco de tiempo juntos?
—Um… yo…
—Ella ya tiene planes para esta noche —dijo Edward deliberadamente.
—Ya veo —contestó con una sonrisa conocedora—. Sólo me gustaría señalar que, si ella fuera mía, no la habría corrido del restaurante por petición de un hombre gordo y sudoroso.
—No, sólo habría intentando venderle la historia a una editorial —replicó Edward y Laurent se rio.
—Tuche.
Regresamos al comedor y Laurent le anunció a Jenks que había cambiado de parecer y ya no estaba interesado en vender la historia. Durante un momento pensé que Jenks rompería en llanto, pero sólo se puso de un rojo muy poco saludable y le dio un puñetazo a la mesa.
—¿Por qué cambiaste de parecer? —dijo furioso.
—Quería un final feliz —dijo simplemente Laurent.
—No es eso lo que todos queremos —añadió Edward con una sonrisa dulce sólo para mí.
Edward…
Me pregunto si dejé mis bolas en Seattle. Donde quiera que estén, no puedo creer que acabo de dejar que esto sucediera. ¿No hice nada para evitar que Laurent cambiara de parecer porque en el fondo estoy de acuerdo con Bella o porque quería hacerla feliz? Estoy tan jodido. Sin bolas y jodido. Sin bolas, jodido y a punto de ir a casa mucho antes de lo planeado. Carajo.
¡Felices fiestas! No planeaba actualizar hasta entrando el año, pero ya que tengo unos capítulos adelantados de esta historia no me pude aguantar. Parece que Edward ya mejoró un poco su comportamiento, esperemos que no vuelva a recaer.
Gracias por sus comentarios, alertas y favoritos. Esperaré ansiosa por leer qué les pareció el capítulo ;)
