NOTA: Antes de empezar a leer el capítulo, les dejo las referencias de las cuales tomé la inspiración de los atuendos del Baile de Invierno, para que los puedan buscar en Google a medida que van leyendo y sea más fácil imaginarse a los personajes. Solo tienen que buscar el nombre del actor/modelo junto con el evento y ya está.

Akane: su vestido está inspirado en el vestido de terciopelo verde de Ralph & Russo para otoño 2015.
Shinnosuke: basado en el look de Robert Pattinson en la premier de Eclipse.
Ranma: basado en el outfit que usó Nick Jonas en su cumpleaños 21.
Ukyo: inspirado en el Rag & Bone azul que usó Candice Swanepoel en el MET Gala 2012.
Yuka: inspirado en el Diane von Fürstenberg rojo que usó Gigi Hadid para el MET Gala 2015.
Asami: inspirado en el Zuhair Murad turquesa que usó Blake Lively en el Time 100 2011.
Shampoo: inspirado en el Versace celeste que usó Brie Larson en los SAG Awards 2016.


Aviones de papel
Capítulo X:
"Cenicienta"

Akane terminó de arreglarse frente al espejo de su habitación justo en el momento en el que Nabiki tocó la puerta y asomó la mitad de su cuerpo en la habitación.

—¿Estás lista, hermanita?

Llevaba puesto un vestido color terracota de una sola manga, y su maquillaje hacía juego con el color de su vestido. Akane la miró y pensó que Nabiki siempre conseguía el equilibrio perfecto entre sexy y elegante.

—Sí, ya estoy —contestó la menor de las Tendo mientras le daba un último vistazo a su bob, el cual se había peinado como Demi Moore en Propuesta Indecente.

Cuando las dos hermanas bajaron a la primera planta de la casa y su padre las vio vestidas de forma elegante para el Baile de Invierno, rompió a llorar. Llamó a Kasumi y abrazó a sus tres niñas para decirles que las amaba por sobre todas las cosas, que eran su razón de ser, y que su madre estaría muy feliz y orgullosa si las viera. Ante la mención de su madre, Akane se hundió un poco más en el estado nostálgico al que había entrado desde la mañana.

Desde hacía varios años, Akane respondía a un patrón emocional que ella misma ya había identificado. En las fechas y eventos especiales (cumpleaños, navidades, graduaciones, celebraciones, etc.), su padre solía ponerse melancólico y recordar a su esposa, aunque siempre desde el amor y la felicidad. Y como a Akane todavía le dolían un poco los recuerdos de su madre (sentía que la había perdido demasiado pronto), aquellos días se le hacían agridulce y se pasaba gran parte de ellos sumergida en la nostalgia, entre los recuerdos vívidos y el anhelo apremiante. El saber su madre no estaba ni estaría en los momentos más especiales de su vida la entristecía, algunas veces más que otras. Esta vez era una de esas en las que estaba más triste que feliz, por una razón en particular.

Entre los exámenes y las últimas semanas antes de las vacaciones de invierno, se le había olvidado por completo buscar un vestido para ponerse esa noche, pues su mente estaba tan ocupada en cosas importantes que comprar un vestido para el baile era la última de sus prioridades.

Para su suerte, días antes del evento Nabiki salió a su rescate ofreciéndole un precioso vestido de terciopelo verde oscuro, asegurándole que le quedaría espléndido. Akane se lo probó y comprobó que su hermana no mentía: el vestido parecía casi hecho para ella, pues todavía había que ajustar el largo. Cuando le preguntó a Nabiki de dónde lo había sacado, ésta le contestó con toda la naturalidad del mundo que el vestido había sido de su madre, y que ella lo había estado guardándolo para dejárselo a Akane en algún momento especial y oportuno.

Las amistades de la familia y sus propios familiares solían decirle, cada vez que la veían después de mucho tiempo sin hacerlo, que ella era la viva imagen de Saya Tendo. Ataviada en aquel vestido de terciopelo verde, la menor de las Tendo volvió a mirarse en el espejo y sintió que su madre le devolvía la mirada. Era de manga larga, con un escote en V y una abertura a un costado que dejaba ver una de sus piernas.

Y ahora que su padre le decía entre lágrimas todas esas cosas, Akane no pudo evitar pensar en ella. La echaba tanto de menos que dudaba que alguna vez pudiera extrañar algo tanto como eso.

El timbre sonó y Kasumi anunció a Soun que los acompañantes de Nabiki y Akane habían llegado. El hombre, todavía bañado en lágrimas de orgullo y emoción, se despidió de sus niñas y le pidió a su hija mayor que las acompañara hasta la puerta, no sintiéndose capaz de entregarlas a esos dos chicos.

—Papá, deja el drama —le dijo Nabiki rodando los ojos—, ni que nos estuvieras llevando al altar.

La mediana de los Tendo le indicó a su hermana mayor que no era necesario que las acompañara, así que tanto ella como Akane se dirigieron solas a la entrada de la casa. Antes de abrir la puerta, Nabiki miró fijamente a su hermana menor.

—No sé exactamente qué es lo que tú y Shinnosuke tienen o quieren tener —le dijo con firmeza—, pero ya le advertí que si se le ocurre sobrepasarse contigo, no le va a alcanzar la vida para arrepentirse de ello.

—¡Nabiki! —Akane no daba crédito a lo que oía—. ¡Shinnosuke es tu amigo! No va a propasarse conmigo.

—Yo tampoco lo creo, pero por si acaso. —Esbozó una de sus sonrisas autosuficientes y abrió la puerta de la casa.

La cita de Nabiki era Sentaro Daimonji, su compañero de clases y amigo, quien además era delantero en el equipo de fútbol de la Academia Furinkan. El chico llevaba puesto un traje gris oscuro con una camisa negra, sin corbata. También tenía puesto un esnórquel a modo de broma.

—Vaya —le dijo Nabiki cuando lo vio—, veo que te has tomado súper a pecho el tema del baile.

Sentaro le guiñó un ojo y se quitó el esnórquel para saludarla a ella y a Akane. Junto a él estaba Shinnosuke, vistiendo un traje de color borgoña con una camisa blanca y una corbata gris oscuro. Tenía el flequillo peinado hacia un lado y Akane pensó que se veía verdaderamente guapo, así que se lo dijo. Él esbozó una de sus sonrisas casi imperceptibles.

—Tú también te ves muy bien —fue comedido en el halago, consciente de que Nabiki estaba allí pendiente de todo lo que se decían. Ya tendría tiempo de halagarla apropiadamente cuando estuvieran solos.

Como indicaba la tradición anual, el Baile de Invierno se llevaría a cabo en el gimnasio de la Academia, el cual había sido acondicionado y decorado para la ocasión. La entrada simulaba un submarino al que los estudiantes debían entrar para emprender el viaje a las profundidades. El gimnasio entero tenía juegos de luces y gobos que daban la impresión de estar bajo el agua. Había varios lugares para tomarse fotos, así que Nabiki arrastró a Sentaro a uno de ellos. Shinnosuke sonrió para sus adentros. Finalmente a solas.

—¿Quieres tomarte alguna foto? —Le preguntó Akane con interés—. ¿O tal vez buscar un lugar para sentarnos? —Frunció el ceño—. ¿Prefieres estar con tus amigos o con los míos? Creo que no hablamos de eso…

—Con tus amigos está bien —respondió él. Mientras más lejos estuvieran de Nabiki y sus comentarios impertinentes, mejor.

Shinnosuke asintió con la cabeza y caminó junto a Akane en busca de la mesa de sus amigos. El chico pronto notó que su cita atraía muchas miradas, aunque ella parecía completamente ajena al hecho, como también lo era a los sentimientos y pensamientos que generaba en él.

No muy lejos encontraron a Ryoga y a Hiroko, quienes habían ido juntos al baile y estaban ya sentados en una mesa, charlando animadamente sobre algo. Akane y Shinnosuke se acercaron a ellos y Ryoga les sonrió a ambos cuando los vio llegar.

—Akane, estás muy linda. —Dijo amablemente—. Shinnosuke ¿qué tal?

—¡Me encanta tu vestido! —Exclamó Hiroko mirando a su amiga—. Es como vintage y moderno al mismo tiempo, love it. Y te queda súper.

Akane se sonrojó ante los piropos de sus amigos y les dio las gracias. Ella y su acompañante tomaron asiento para unirse a la conversación mientras esperaban que llegaran los demás.

—No te lo dije antes, pero me gusta tu estilo —Akane le regaló una sonrisa a Shinnosuke mientras lo halagaba—, ese color es súper original para un traje.

Él le sonrió, haciendo que dos hoyuelos se formaran en sus mejillas, consiguiendo robarle un suspiro a Akane. Era guapo, muy guapo.

—Gracias —Shinnosuke posó su mano sobre el antebrazo de Akane, sintiendo la suavidad del terciopelo de su vestido y captando la atención de la chica—, creo que no es exagerado decir que eres la chica más guapa de todo el baile.

Si Akane se sonrojó cuando Hiroko y Ryoga la habían piropeado, ahora sintió que no había iluminación tenue que pudiera disimular el tono de sus mejillas. Que un chico mayor y tan sexy e interesante como Shinnosuke Takeshi la considerara la chica más guapa de todas, era algo que la halagaba y la ponía nerviosa a partes iguales.

—Creo que sí exageras —apartó su mirada mientras sonreía.

—¡Sayu!

La exclamación de Hiroko hizo que tanto Shinnosuke como Akane se voltearan. Sayuri caminaba hacia ellos con una sonrisa en el rostro.

—¡Hola! —Sayuri saludó a sus amigos con un beso y a Shinnosuke con un gesto amigable—. Están todos muy lindos, ¡y tu vestido me gusta mucho, Akane!

La chica le dio las gracias, pensando en Nabiki por tercera vez aquella noche. Y en su madre.

—¿Llegaste sola?

Sayuri, que esa noche llevaba el pelo suelto, negó con la cabeza.

—No, vine con mi cita, pero está en el baño.

Ryoga alzó una ceja y la miró curioso y muy interesado.

—¿Tu cita? —Se cruzó de brazos y una sonrisa picaresca se dibujó en su rostro—. ¿Y se puede saber quién es tu cita?

Su amiga tomó asiento en una de las sillas libres de la mesa.

—Alguien muy sexy.

Todos los presentes la miraron con una mezcla de intriga, confusión y curiosidad, pero la chica se mantuvo en silencio. Mientras Ryoga insistía en averiguar más, Asami apareció ante ellos con una sonrisa radiante y un vestido turquesa cuyas telas se ceñían a su figura como si se tratara de las olas del mar. Parecía una sirena en medio de aquel viaje submarino.

—Les presento a Asami Kobayashi —dijo Sayuri y tomó a su amiga de la mano—, mi cita.

Bien, vamos a rebobinar un poco la cinta.

Tras la extraña conversación con Ryu en la nueva aula de Artes Plásticas, Asami contempló la posibilidad de no asistir al Baile de Invierno.

Haciendo un ejercicio de introspección y de autoevaluación, admitió ante sí misma que ella ya no veía a Ryu como solo un amigo con derechos; en algún punto del camino sus sentimientos hacia él fueron evolucionando y se convirtieron en lo que eran hoy. Al principio, sentía por Ryu una atracción física que se fue potenciando por la fuerte y sólida química sexual entre ellos; en vez de disminuir cada vez que estaban juntos, iba en aumento. Pero con el tiempo, la chica se dio cuenta de que disfrutaba de estar con Ryu no solo para acostarse con él. En el último mes y medio él había dejado de portarse con ella como un fuckboy para dar paso a una versión mucho más atenta, romántica, cariñosa y dulce. Todo eso solo sirvió para avivar y fortalecer esos sentimientos que Asami no sabía que sentía por él, pero que ya no podía ni ignorar ni negar.

¿Se estaba enamorando? No lo sabía con certeza porque ella nunca había querido a nadie así, pero era probable. Tal vez no lo amaba con la intensidad de mil soles ni estaba perdidamente enamorada de él, pero definitivamente lo quería y su corazón ya se había subido al tranvía que te llevaba hacia un destino llamado Amor Adolescente. Sintió ganas de vomitar ante tal pensamiento, pero aceptó a regañadientes que ella era un ser humano con emociones y que el amor no tenía por qué ser algo malo. Lo malo era enamorarse de gente que no podía (o no quería) corresponderte.

Fue tras aquella reflexión que sopesó la idea de no asistir. ¿Para qué? Ella no quería ir con nadie que no fuera él, así que no le hacía sentido ir sabiendo que él también estaría allá pero sin intención alguna de compartir con ella como su compañera. Pero por suerte, aquella cavilación no duró demasiado en su cerebro.

Asami pronto se dio cuenta de que estaba dejando que un hombre determinara sus decisiones y se odió a sí misma por dejarse subyugar por él. ¡Hasta las mujeres más independientes podían ser vulnerables y ceder ante las exigencias y normas del patriarcado! Rápidamente espantó aquellas estúpidas ideas y decidió que iría al Baile de Invierno sola, con el único objetivo de disfrutar de una noche memorable junto a sus amistades.

La semana de exámenes llegó y todos los estudiantes de penúltimo y último año tenían sus ojos puestos en el viernes, día en el que se celebraría el viaje submarino, pero primero debían rendir todos los exámenes previos a las vacaciones de invierno.

Asami no se consideraba la estudiante más aplicada ni la más estudiosa, principalmente porque era una chica inteligente que absorbía la información de forma rápida durante las clases; sin embargo, sabía que la memoria podía fallar si no se le daba el debido repaso a aquellos temas más difíciles de recordar, así que la chica dedicaba un par de tardes para estudiar sola en la biblioteca, pues en su casa era demasiado fácil distraerse con cualquier cosa para no estudiar, y en grupo le era imposible porque no hacía más que hablar y distraer a los demás.

Sentada en una de las mesas más apartadas de la biblioteca, Asami leía y practicaba sobre coeficiente de fricción, umbral de movimiento y fuerza aplicada, cuando una conversación cercana a ella captó su atención. A diferencia de mucha gente, a ella le daba igual que la gente hablara en la biblioteca porque no solía desconcentrarse con facilidad. Pero esta vez fue inevitable que sus oídos se pusieran en alerta.

Sentadas en una mesa frente a ella, dos chicas de un curso menor al suyo habían estado estudiando Biología y charlando sobre temas diversos, hasta que una de ellas le dijo a la otra que iría al Baile de Invierno. Fue allí cuando Asami despegó la cabeza del libro de Física para mirarlas. Las chicas estaban sentadas la una junto a la otra, por lo que las dos le daban la espalda. A Asami le pareció raro que una de ellas hiciera mención de asistir al baile, tomando en cuenta que solo podían ir los de penúltimo y último año, pero tal vez fuera invitada por alguno de los chicos mayores.

En efecto, la chica de pelo crespo le indicó a su amiga que iría como acompañante de un chico de penúltimo año que la había invitado. Un chico con el que había flirteado en más de una ocasión, pero con el que no había pasado nada. Un chico que solía responder a sus Stories de Instagram con comentarios y emojis coquetos, pero que no había intentado nada más con ella. Un chico súper guapo con un pelo crespo y pecas en el rostro. Un chico atlético que jugaba fútbol. Un chico que era el portero de los Furinkan Sharks. Un chico que se llamaba Ryu Kumon.

—Me invitó ayer, ¿puedes creerlo? —Sonaba muy emocionada—. Yo me sorprendí mucho porque pensé que él tenía novia. —Explicó—. Me parecía que estaba saliendo con una de las animadoras.

—Kobayashi, ¿no? —Preguntó su amiga—. Ella es súper linda.

—Sí, eso es lo que yo pensaba, pero Ryu me aseguró que no, que él y ella eran mejores amigos, y luego volvió a preguntarme si quería ir con él. Le dije que sí.

Mejores amigos.

Incapaz de escuchar más de aquella conversación, Asami bajó la mirada hacia su libro de Física, pero se le hizo imposible volver a concentrarse. Había recibido aquella noticia como un puñetazo al estómago o tal vez un gancho al hígado. Cerró el libro y el cuaderno y los echó dentro de su mochila. Hizo lo mismo con los demás útiles escolares que había sacado para estudiar, sin importarle demasiado estar metiéndolos de forma desordenada en el morral. Se puso de pie y salió de allí mientras sentía que su corazón galopaba dentro de su pecho.

Recordó su última conversación con él sobre aquel tema. Ryu le había dicho que no iría al baile con ella porque él prefería ir solo a ese tipo de eventos. Luego le dijo que ellos que eran solo amigos. Y ahora… ahora invitaba a otra chica para que fuera su acompañante. Sintió el mismo sentimiento extraño que se apoderó de su pecho tras la conversación en el aula de Arte, pero esta vez de forma mucho más intensa que antes. Era una mezcla de dolor, decepción, y traición. Y sin poder evitarlo, se odió a sí misma.

Tenía que haberlo sabido. Tenía que haber estado preparada para algo así. De haberlo hecho, no estaría tan sorprendida ni tan afectada, ni se sentiría tan mal. Y sin embargo...

Soldado advertido no muere en guerra.

Se sintió completamente estúpida ante la realización de su situación: ella se estaba enamorando de Ryu Kumon mientras él invitaba a otra al baile, aun sabiendo que a ella le hacía ilusión ir juntos. Maldijo internamente. ¿Por qué había dejado que sus sentimientos hacia él crecieran? Tendría que haberse limitado a acostarse con él y ya. Tendría que haber mantenido su corazón alejado de la ecuación. Y de haber sido inevitable, entonces tendría que haberle dejado para cuidarse.

Por algo Cenicienta nunca se queda.

Pero ya era demasiado tarde y el corazón le dolía y se sentía estúpida y usada, sobre todo eso último. Iba tan inmersa en sus pensamientos que no notó que una persona pasaba frente a ella, así que se chocaron.

—¡Lo siento! —Al ver de quién se trataba, sintió que el universo estaba riéndose de ella.

Sayuri la miró con preocupación al notar que tenía los ojos acuosos y que parecía muy alterada.

—'Sami —posó su mano en el brazo de su amiga—, ¿qué te pasa? ¿Por qué estás así?

Incapaz de inventar alguna excusa para no hablar del tema, Asami sintió que tanto el llanto como las palabras se acumulaban en su garganta.

—Siempre tuviste razón —habló con un hilo de voz—, tendría que haberte hecho caso, pero te ignoré porque soy una estúpida.

Se llevó las manos al rostro al sentir que rompía a llorar, y pensó que su vida últimamente se resumía a sollozos en los pasillos de la Academia. Sayuri pronto la abrazó y le pidió que fueran a otro lado, para evitar las miradas curiosas. Asami asintió con la cabeza y, tal y como había hecho con Hiroshi, se dejó guiar por su amiga, quien la llevó al baño de las chicas.

Cuando estuvieron resguardadas de las miradas y oídos chismosos, Asami le contó a su amiga sobre la conversación que había escuchado en la biblioteca. Sayuri escuchó todo con una mezcla de horror, sorpresa, incomodidad y rabia.

—'Sami, yo nunca quise tener razón. Lo siento mucho.

Esta vez fue el turno de Sayuri de dejar salir todo lo que pensaba y sentía. Se disculpó con su amiga por haberla juzgado sin haber intentado antes entenderla un poco. Lamentó el no haber pensando en sus sentimientos antes de decirle todo lo que pensaba de ella y de su relación con Ryu. Lo cierto es que todavía le costaba entender que a su amiga le gustara Ryu aún cuando él era como era, pero al final esa era su decisión, y si ella se sentía feliz y tranquila con él, era todo lo que importaba.

—Y sé que suena mal que me justifique, pero quiero que sepas que me preocupo por ti. —Sayuri la miraba como un cachorrito que te ruega que lo adoptes—. Tendría que habértelo dicho de otra forma, o simplemente callarme porque no es mi problema lo que tú hagas con tu vida, pero es que… no sé, 'Sami, por una lado nos decías que Ryu y tú tenían algo informal y por otro te veía cada vez más involucrada con él. —Suspiró—. Me molestaba pensar que tú te estabas enamorando de él, aunque no te dieras cuenta, mientras que él probablemente ni siquiera te veía de esa forma.

—Sí, sé que no lo hiciste por mal.

A pesar de que la actitud y las palabras de su amiga la habían lastimado el día que se pelearon, Asami era consciente de que Sayuri la quería y deseaba lo mejor para ella. Sabía que su amiga no había querido juzgarla, pero entre la confusión que le generaba su relación con Ryu y el calor del momento, sus palabras no habían sido precisamente de apoyo.

—No te preocupes por eso, Sayu. Es agua pasada.

—Ya, pero... no estuvo bien que te dijera que te respetaras a ti misma. —Añadió, recordando una conversación sobre el tema que había tenido con Hiroko, en la que su amiga le había dicho que ella entendía su sentir, pero que no debía permitir que su rechazo hacia Ryu arruinara su amistad con Asami—. Que tú te acuestes con Ryu no significa que no te respetes, ni tampoco le da a él derecho de portarse como lo hace. —Cogió la mano de su amiga entre las suyas—. Lamento que hayamos peleado y lamento haber tomado tanto tiempo para disculparme.

Asami la abrazó y le dijo que deseaba que todo quedara en el pasado, y ella misma se disculpó por no haber intentado hacer las paces antes. Mientras Sayuri correspondía a su abrazo y le decía que la había echado mucho de menos, Asami pensó en que ojalá pudiera dejar en el pasado lo que sentía por Ryu, así tan fácilmente. Y entonces tuvo una idea.

—¿Y si vamos juntas al baile? —Sus ojos todavía llorosos brillaron de emoción ante su propia ocurrencia al mirar a Sayuri—. No necesitamos chicos para ir ni para pasarla bien, ¿no crees? Podemos ir juntas.

La chica de la coleta sonrió ante la propuesta de su amiga y asintió con la cabeza.

—Estoy de acuerdo.

Asami sintió que se quitaba un peso de encima tras hablar con ella. Habían sido amigas por tantos años que la idea de perderla por una tonta pelea (¡por un tío, además!) la había torturado en los últimos días.

—Te tengo el plan perfecto —le dijo sonriendo—: nos arreglamos juntas en mi casa, yo te maquillo, luego vamos bailamos, nos reímos, hacemos todo lo que la gente hace en los bailes, y cuando falte media hora para las doce, nos vamos y te quedas a dormir en mi casa.

Sayuri sonrió emocionada. Sí, aquella idea le gustaba. Aprovechando que las cosas entre ellas ya estaban bien, decidió bromear un poco con su amiga, invirtiendo los papeles por una vez.

—¿Dormiríamos las dos en tu habitación? —Asami asintió con la cabeza y Sayuri fingió una expresión de desagrado—. Pero, ¿has tenido sexo con Ryu en tu cama? Porque de ser así, preferiría… —Sayuri no pudo aguantarse la risa al ver que la expresión de Asami cambiaba—. ¡Es broma, es broma! —Dejó salir su risa—. ¡Te estoy tomando el pelo!

—Te odio. —Le dijo con una mezcla de nerviosismo y risas.

Sayuri la abrazó sin dejar de reír, sintiéndose feliz y en paz por haber hecho las paces con su amiga.

Y ahora estaban juntas en el baile.

—Sé que esperaban que Sayuri viniera con un chico —comentó Asami—, pero, ¿por qué habría de hacerlo cuando podía venir con la persona más maravillosa de su vida? —Se llevó la mano al pecho en un gesto teatral—. Yo.

El grupo entero estalló en carcajadas, y Akane miró a Hiroko aliviada de que sus amigas finalmente hubieran hablado y hecho las paces. Justo en ese momento, mientras se reía del chiste de su amiga, lo vio llegar. Y fue como si el mundo entrara en cámara lenta.

Si bien el hecho de ver a Ranma vistiendo aquel traje elegante era por sí mismo algo sorprendente y que le robaba el aliento, no fue eso lo que hizo que su corazón se saltara un latido. Lo que la hizo perder la noción de todo cuanto pasaba a su alrededor fue ver que el pelinegro no estaba solo, sino que iba tomado de la mano de alguien despampanante.

Tal vez, si lo hubiera sabido antes o si hubiera estado mentalmente preparada, no estaría tan sorprendida. Pero, ¿cómo iba a saber que al decirle que no, Ranma llevaría al baile a la chica más elegante, femenina y sofisticada que Akane hubiera conocido jamás? Intentó disimular su sorpresa y el fuerte y confuso sentimiento que se instalaba en su pecho, pero le fue muy difícil, porque por primera vez en su vida, se sintió completamente remplazable.

Porque Ukyo Kuonji era exactamente lo opuesto a ella.


Ranma se acomodó el pañuelo en el bolsillo de su chaqueta, intentando no sentirse demasiado fuera de lugar con aquel atuendo tan poco habitual en alguien como él. Acostumbrado a los jeans, las camisetas, las sudaderas y la ropa deportiva, los trajes elegantes definitivamente no eran cosa suya, aunque debía reconocer que ese que llevaba puesto le sentaba bastante bien.

—Ranma, cariño, date prisa. —Su madre se acercó a él y le acomodó la camisa—. No debes hacer esperar a esa chica, no es correcto.

—Lo sé, mamá.

—¿Cómo me dijiste que se llama? —Preguntó Nodoka con una sonrisa.

—Se llama Ukyo, mamá, y no te emociones. Es solo una amiga.

El sábado después de que Akane le dijera que iba al Baile de Invierno con el papanatas de Shinnosuke Takeshi, Ranma decidió que él también debía ir acompañado. Se conocía demasiado bien como para saber que si se le ocurría ir solo, se pasaría toda la noche persiguiendo a Akane con la mirada (tal vez incluso persiguiéndola físicamente) hasta poder encontrar el momento de estar con ella sin que el mequetrefe se interpusiera. Aquello sería patético y además un poco perturbador, así que lo mejor sería llevar una acompañante que pudiera distraerlo y con quien pasar un momento agradable.

En un gesto impropio de él (el chico solía usar WhatsApp para todo), llamó a Ukyo Kuonji por teléfono y le dijo que fueran a por un café o algo. Él no tomaba café, pero sabía que la gente mayor se citaba para beberlo, y además sabía que a Ukyo le encantaba porque ella misma se lo había dicho en una de sus conversaciones. Cuando se encontraron, cada uno pidió su respectiva bebida y se sentaron en una mesa a charlar. Luego de un rato, Ranma le confesó que la había citado allí porque quería invitarla al Baile de Invierno de la Academia Furinkan. La respuesta que recibió fue inesperada.

—No suelo ir con chicos a ese tipo de bailes o fiestas.

Ranma había notado un patrón o tendencia entre varios de sus compañeros y de los estudiantes de la Academia: en vez de ir con una pareja, muchos preferían asistir solos o con amigos en plan grupal. En aquel momento, Ranma pensó la respuesta de Ukyo se debía a eso. Una hora después, descubriría que el motivo era otro.

Ranma se sintió un poco desilusionado, pero pronto decidió cambiar su enfoque.

—¿Te gustaría no ir conmigo al baile de invierno?

Ukyo lo miró con interés.

—Irías invitada por mí pero no necesariamente como mi cita. ¿Qué dices?

Al principio, la chica sonrió hasta que las comisuras de sus ojos se arrugaron y Ranma pudo ver todos sus dientes, pero pronto su sonrisa se convirtió en una carcajada. Asintió con la cabeza. Ranma le caía bien.

—Acepto, pero con una condición.

Como Ranma no estaba en posición de hacerse el difícil ni de rechazar condiciones, accedió sin saber de qué se trataba. Fue entonces cuando Ukyo, como quien cuenta que se acaba de comprar un nuevo par de zapatos, le hizo una confesión que lo dejó sin habla durante al menos diez minutos. Y entonces lo entendió todo.

Y esperándolo abajo y Nodoka lo estaba poniendo nervioso al hacerle todas esas preguntas mientras él intentaba escabullirse.

—Entonces, tu amiga Ukyo y tú son solo amigos...

—Sí, ella es la prima de Ryoga, mi compañero de equipo. —Le dio un beso en la mejilla a su madre a modo de despedida—. Ya me voy. Volveré… a medianoche, supongo. ¡Te quiero!

No alcanzó a oír la respuesta de su madre, pues salió pitando del apartamento. En el ascensor aprovechó para echarse una última mirada. Ukyo lo había ayudado a elegir el atuendo para esa noche: un traje azul con rayas, una camisa negra, y un pañuelo negro con detalles en blanco en el bolsillo de la chaqueta. Ukyo le había indicado que podía no llevar corbata porque, aunque era un evento de noche, el Baile de Invierno no era necesariamente una ocasión de gala.

Ukyo y él prácticamente no intercambiaron palabra durante todo el trayecto de la casa de Ranma a la Academia Furinkan, pues los padres de la chica no dejaban de hablar de la última vez que habían ido a un baile escolar. Ranma se enteró que los padres de Ukyo estaban juntos desde finales de la adolescencia y escuchó con atención sus anécdotas cursis y graciosas, mientras su amiga se hundía en su asiento, pensando en que sus padres siempre conseguían la forma de avergonzarla frente a sus amistades.

Al llegar, los padres de Ukyo insistieron en bajarse para tomarles una foto juntos, a lo que ella se negó rotundamente.

—Nos vamos a tomar mil fotos igual, yo se las mando. Bye!

Cogió a Ranma de la mano y prácticamente lo arrastró hacia la entrada.

—Tus papás son simpáticos.

—Lo son —dijo Ukyo—, pero no saben cuándo callarse.

El chico se rió y pensó en su propio padre, que podía llegar a ser bastante imprudente. Cuando Ukyo se quitó su abrigo para entregarlo en la entrada, Ranma reparó en su atuendo; era una un vestido en dos tonos de azul: la parte frontal y la parte trasera era un un azul vibrante, mientras que los laterales, que dibujaban su bonita figura, eran de un tono más oscuro. El vestido era cerrado al frente, pero tenía detalles de lo que parecía ser encaje o algo así en la parte de atrás.

Como Ukyo lo había agarrado para huir de sus padres y llevarlo rápidamente a territorio seguro, ella y Ranma entraron al gimnasio sin soltarse de la mano, un gesto impropio de dos personas que se suponían no estaban en una cita.

—Vaya —Ranma miraba fascinado todo a su alrededor, maravillado con las proyecciones en las paredes y techo—, parece que estuviéramos bajo el agua en serio.

—Me pregunto qué cosas se mojarán esta noche…

El chico miró a su amiga sorprendido ante lo que había dicho y soltó una carcajada ante su ocurrencia. Ukyo se rió de su propio chiste y también de la risa de Ranma, así que posó su mano en el hombro de su amigo y se inclinó hacia él sin dejar de reír, apoyando su cabeza en el espacio entre su mano y el cuello de Ranma. Para cualquiera que los viera de lejos, parecían una pareja de novios que se reía y disfrutaba de la cercanía del otro.

—Por favor, sigue haciendo esos chistes el resto de la noche —comentó Ranma con una sonrisa—, necesito seguir riéndome.

Ukyo alzó la cabeza y le guiñó un ojo con complicidad. Como su rostro y el de Ranma estaban muy cerca, la chica notó que él tenía una cicatriz grande en la parte de abajo de la barbilla. Iba a preguntarle cómo se la había hecho, cuando Ranma llamó a alguien a quien acababa de ver.

—¡Daisuke!

Ukyo se giró y divisó a Daisuke Koyasu a unos metros de ellos. El chico vestía un pantalón negro, una camisa blanca, una chaqueta azul oscuro con solapas negras brillantes, y una corbata negra. Se acercó a ellos y los saludó a los dos con amabilidad, preguntándose si debía halagar o no a Ukyo por su atuendo. Finalmente, decidió no hacerlo. Sabía que él tenía fama de tirarle los tejos a las chicas más guapas (fama bien ganada), y tomando en cuenta que él tenía novia y que Ukyo era la acompañante de Ranma, no quería que se malinterpretara su comentario.

—¿Y Yuka? —Preguntó Ranma—. Pensé que venían juntos.

—Sí y no —respondió Daisuke—, venimos como pareja, pero me dijo que la traían sus papás, no me preguntes por qué —se encogió de hombros.

—Pero, ¿todo bien entre ustedes? —Inquirió el pelinegro—. ¿Están peleados o algo?

—No, no. Estamos bien —el castaño esbozó una sonrisa de auténtica felicidad—, mejor que nunca, de hecho.

Después de lo que había sucedido entre ellos y de todas las cosas que se habían dicho cuando pasaron la noche juntos en casa de Hiroshi, Daisuke se sentía muy satisfecho y contento con su relación con Yuka. De haber sabido que ser su novio sería así, no se hubiera tardado tanto en confesarle que le gustaba y que la veía como más que una amiga. Estaba bastante emocionado sobre el rumbo que podía tomar la noche.

—Pues parece que no vas a tener que esperarla demasiado.

Como si se tratara de una película, las cabezas de todas las personas que estaban cerca de la entrada se giraron para mirar a una chica que acababa de entrar al gimnasio. Bocas se abrieron, ojos dejaron de parpadear, balbuceos se escucharon, y corazones adolescentes empezaron a latir de forma rápida. Yuka Okamura tenía puesto un vestido rojo con un pronunciado escote frontal y una abertura lateral que dejaba ver hasta la mitad de su muslo. El vestido, que era de una tela lisa en la parte de abajo, tenía unos preciosos detalles en el sostén y las tiras que daban la impresión de ser pétalos de rosa. Su largo pelo estaba suelto y caía sobre uno de sus hombros como una suave cascada de seda.

Ukyo, Ranma y Daisuke la observaron caminar hacia ellos. Intentaba no parecer nerviosa, pues era consciente de todas las miradas que estaban sobre ella. El castaño no podía creer que esa espectacular mujer que caminaba hacia él con una sonrisa tímida era su novia. De todos los chicos que había en la Academia Furinkan, en Tokio, en el mundo, Yuka lo había elegido a él.

—No sé qué hice en la vida para merecer a Yuka —dijo sin apartar los ojos de su esbelta figura—, pero no creo que sea justo.

—Haces bien en creer eso —Ukyo lo miró de reojo—, no la mereces. —Ukyo no tenía nada en contra de Daisuke, simplemente no creía que hubiera hombre en el mundo que mereciera a una chica como Yuka.

Ranma volvió a reírse de la ocurrencia de su amiga y compartió una mirada de complicidad con ella.

—Creo que ya sabemos cuál es una de esas cosas que va a mojarse hoy —le dijo haciendo alusión al chiste que ella había dicho antes—, Daisuke está casi babeando, y no quiero imaginar cómo está otra parte de su cuerpo…

Ukyo se llevó las dos manos al rostro mientras soltaba una carcajada y un grito que era una mezcla de desagrado y de diversión.

—¿Te parece si les damos algo de privacidad a la pareja perfecta? No quiero que me salpiquen sus babas, u otros fluidos.

Ranma asintió con la cabeza sin dejar de reírse y tanto él como Ukyo se adentraron entre la multitud, permitiéndoles a Daisuke y a Yuka un momento a solas para saludarse mejor.

—Hola, princesa —el chico cogió las dos manos de su novia y las llevó hasta sus labios para besarlas—, estás hermosísima. Me encanta cómo te queda ese vestido.

Yuka se sintió completamente halagada y complacida. Se había pasado horas decidiendo si ponerse ese vestido o uno mucho más discreto y menos llamativo, sabiendo que su madre le haría comentarios del tipo: «¿vas a salir así? ¿No crees que ese vestido es muy revelador?» Lo cual, por supuesto, fue exactamente lo que había ocurrió. Pero al final pensó que si su madre le decía esas cosas, Daisuke le diría otras muy bonitas.

—¿Te gusta? —Miró hacia abajo para echarse un vistazo, sintiéndose guapa pero al mismo tiempo expuesta—. Tú también estás guapísimo.

—Me encanta. Estás espectacular —repitió él—, eres mi sueño hecho realidad.

Yuka sonrió. Acercó su rostro al de su novio y lo besó dulcemente en los labios. Incapaz de resistirse al contacto, a su perfume y a ese infernal vestido rojo, Daisuke rodeó la cintura y la espalda de Yuka con una de sus manos y la besó apasionadamente, logrando que ella se olvidara de dónde estaban. Puso sus dos manos en las mejillas de su chico y sonrió mientras él profundizaba el beso todavía más. Daisuke la hacía sentir en las nubes; con cada beso, cada abrazo, Yuka sentía que sus pies se despegaban del suelo y que se perdía con él en algún punto del firmamento.

Get a room.

El comentario trajo a Yuka de vuelta a la Tierra. La chica se separó abruptamente de su novio, recordando que estaban en un lugar público y que además había un montón de personas a su alrededor. Daisuke, a quien no le importaba en lo más mínimo dar un espectáculo y que todo el mundo lo viera besuqueándose con su novia, lamentó la interrupción.

—Ryu, ¿qué tal?

El recién llegado estaba acompañado de una chica de un curso menor, llamada Shizuka Okitsu, a quien Daisuke le había tirado los tejos el año anterior (¿recuerdan la pregunta que le hizo Hiroko en Verdad o Reto? Ajá).

—Bien, ¿conocen a Shizuka?

Ella los saludó de forma casual y Daisuke se alegró de que no hiciera ningún comentario alusivo a su intento de ligársela el año anterior. Yuka, por su parte, intentó no parecer sorprendida al ver a Ryu con una chica que no solo no era Asami, sino que además era alguien a quien su novio había intentado levantarse el año anterior.

—Se sentarán con nosotros, ¿no? —Preguntó Ryu—. Nos sentaremos en la misma mesa varios del equipo. Hibiki no porque estará con sus amigas, tus amigas, para variar… —Rodó los ojos y negó con la cabeza—. Es un aguafiestas.

Daisuke miró a Yuka, como preguntándole qué quería ella, a lo que la chica le indicó que sí, podían sentarse con el equipo de fútbol. En realidad prefería estar con sus amigos y definitivamente quería hablar con Asami, pero sabía que si se sentaba en esa mesa compartiría menos con su novio y estaría más pendiente de Asami que de cualquier otra cosa, y a Daisuke le hacía mucha ilusión disfrutar de esa noche juntos.

Se dirigieron a la mesa donde estaban varios chicos del equipo con sus respectivas acompañantes. Ranma y Ukyo ya se habían instalado allí. El chico de la trenza buscaba a Akane desesperadamente, pero no la encontró por ningún lado. Iba a rendirse cuando algo a lo lejos llamó su atención. Shampoo usaba un vestido celeste que, combinado con su largo pelo morado, la hacía ver como una verdadera sirena, porque además se había puesto algo en la piel que hacía que brillara. Como siempre, se veía increíble.

—¿Qué miras? —Le preguntó Ukyo mientras al ver que el chico no estaba participando de la conversación con sus compañeros del equipo por estar buscando algo con la mirada.

—Ah, nada —respondió y posó sus ojos en su amiga—, solo a Shampoo.

—Tu ex, ¿no?

En el poco tiempo que tenían de conocerse, Ranma y ella se habían contado prácticamente todas las cosas importantes sobre su vida, entre las que estaba la relación que el pelinegro había mantenido con Shampoo Sakuma.

—Algo así. —Respondió Ranma de forma escueta, no estando seguro si Shampoo calificaba como su ex—. ¿Ves esa chica que está allá con el pelo morado y el vestido celeste? —Ukyo asintió con la cabeza y pareció muy sorprendida—. Es ella.

La chica observó a Shampoo durante varios segundos, pensando en que o Ranma tenía estándares muy altos o lo que tenía era demasiada suerte con las chicas.

—Tienes muy buen gusto, Ran-chan. —Le guiñó un ojo. No fue sino hasta ese momento, cuando Ukyo volvió a dedicarle una mirada a Shampoo, que se dio cuenta de que alguien la acompañaba. Aunque había cambiado desde la última vez que lo vio en su fiesta de cumpleaños durante el verano, lo reconoció inmediatamente.

—¿Conoces a Shampoo? —Ranma notó que su amiga seguía mirando en aquella dirección.

—A ella no, a su acompañante sí. —Contestó sin entrar en detalles. Ella y Ranma se habían contado muchas cosas de su vida, algunas incluso bastante importantes, pero Ukyo no le había contado todo. Fue entonces cuando Ukyo vio aparecer a otra persona.

Ranma quiso preguntarle de dónde conocía a Mousse Seki, pero pronto el rostro de su amiga cambió a una expresión totalmente distinta que Ranma no había visto antes. Era una mezcla de desagrado, rabia y molestia. El chico de la trenza se dio cuenta de que su amiga acababa de reconocer a otra persona.

—Ugh, se me había olvidado que ese imbécil estudiaba aquí —rodó sus ojos.

Ranma frunció el ceño y miró hacia la gente. Tatewaki Kuno apareció en su campo de visión acompañado de una chica de pelo negro que Ranma no había visto jamás.

—No mires para allá que no quiero que Kodachi me salude.

El nombre no le sonó de nada a Ranma, pero intuyó que se trataba de la chica que acompañaba a Kuno.

—¿La conoces?

—Sí. Kodachi va a mi colegio. Al imbécil del hermano desgraciadamente también lo conozco, por las razones equivocadas. —Rodó los ojos—. Que una chica como Akane haya salido con un tipo como él es algo que jamás entenderé.

Ranma frunció el ceño ante la idea de que Kuno hubiera llevado a su hermana al baile como su acompañante. Luego recordó que se había enterado que Akane y Tatewaki salieron en el juego de Verdad o Reto.

—¿Qué hay con eso? —Frunció el ceño—. ¿Y por qué nadie habla de eso? Me enteré hace poco por un juego que…

—No es una buena historia —Ukyo miró a Ranma como si quisiera advertirle algo—, en especial para Akane y Ryoga.

Ranma pareció confundido e intrigado a partes iguales. Decidió que necesitaba averiguar qué había sucedido ese día, pero aparentemente no lo conseguiría a través de esta fuente.

—¿Quieres bailar? —Le preguntó a Ukyo, para cambiar el tema.

—¿Ya?

—Sí, ¿por qué no? ¿Prefieres después? —Ukyo asintió con la cabeza—. ¿Por qué? —La chica se encogió de hombros y miró hacia otro lado—. U-chan, ¿por qué?

Ella rodó los ojos y bufó.

—En la pista están tu chica con su cita y no sé si estás listo para verlos juntos.

Ranma se giró bruscamente y sin ningún tipo de disimulo. Llevaba desde que llegó al baile buscándola por todas partes, pero como siempre, Akane parecía escurrírsele por los rincones. No le tomó demasiado tiempo ubicarla entre la gente que bailaba en la pista, solo tuvo que posar sus ojos en la chica más espectacular de todas. Perdió el aliento al mismo tiempo que una sonrisa enamorada se dibujaba en su rostro. Akane lo hacía suspirar.

Su chica favorita llevaba un vestido verde de una tela peculiar que la hacía ver elegante y muy sexy al mismo tiempo. Parecía una chica de otra época. Estaba tan embelesado mirándola que no se dio cuenta de que Ukyo se reía ante su cara de estúpido, la cual solo cambió al notar que Akane se reía de lo que el papanatas de Shinnosuke Takeshi le decía al oído.

Frunció el ceño y apartó la mirada. No quería ver lo bien que ella se la pasaba con ese tipo. ¿Seguro? Puede que se estén besando en este instante. Escuchando la voz que le hablaba en su cabeza, volvió a mirarlos. No, no se besaban, pero bailaban de forma animada como si estuvieran pasándoselo bomba. ¿Por qué Akane le había dicho que sí? ¿Le gustaba? Y si le gustaba, ¿le gustaba más que él? ¡No! Eso no podía ser, no después de todas las cosas que habían vivido y compartido. Seguramente solo se trataba de una simple atracción porque el chico era mayor y tenía cicatrices y fumaba marihuana, y a las chicas les gustaban los chicos malos y rebeldes. Sí, sí, sí, debía ser eso. Intentó calmarse y respirar profundo. Si Akane bailaba con Shinnosuke era porque habían ido juntos y nada más. Ella no tenía por qué querer nada más con él. Sí, eso era.

Se recordó a sí mismo su intención de ir al Baile de Invierno para demostrarle a Akane que el fumón no era nadie al lado de él, así que debía mantenerse firme y no dejarse llevar por los celos ni por sus inseguridades. Solo debía encontrar el momento adecuado, preferiblemente uno en el que no estuviera bailando con él, para poder abordarla.

Le dio una última mirada a su chica favorita, pero esta vez no porque quisiera averiguar si estaba besuqueándose con Scarface, sino para poder disfrutar de su belleza y su figura. Esta vez soltó un suspiro enamorado. Es tan linda…

Una risita divertida a su lado lo sacó de sus cavilaciones. Ranma miró a su izquierda y vio que Ukyo se reía y negaba con la cabeza.

—¿De qué te ríes? —Le preguntó, intuyendo que seguramente alguno de sus compañeros del equipo había hecho un chiste o algo así.

—Si no fuera porque no he venido aquí como tu cita sino como tu amiga, estaría realmente celosa. —Le dijo con su habitual buen humor.

—¿Por qué?

—Porque desde que te dije que Akane estaba allá no has dejado de mirarla, ¡y estás casi babeando! —Volvió a reírse—. ¿Hablamos de cosas mojadas?

Ranma se sonrojó pero al mismo tiempo no pudo evitar reírse por el chiste recurrente de la noche.

—¿Todos los futbolistas son así? —Esta vez Ukyo pareció un poco más seria.

—¿A qué te refieres? ¿Así cómo?

—Pues… así, que traen a alguien pero no es realmente la persona con quien quieren estar. Mi primo Ryoga, tú, ese chico que está allí de chaqueta negra… creo que lo he visto en algún lado.

Ranma no demoró en encontrar al chico del que Ukyo hablaba: Ryu Kumon estaba sentado en el otro extremo de la misma mesa que ellos. Junto a él había una chica de pelo rubio oscuro que Ranma no conocía de nada, pero que seguramente era su cita. Frunció el ceño. ¿Por qué estaba con ella? ¿A él no le gustaba Asami?

—No ha dejado de devorar con la mirada a Asami Kobayashi. Solo míralo…

Notó que Ryu tenía la mirada perdida en la pista de baile. Ranma pronto se dio cuenta de que era a Asami a quien estaba mirando; no podía culparlo, pues la chica no solo era bonita, sino que además bailaba muy bien y tenía un vestido que se pegaba a su figura, destacando sus numerosos atributos físicos. Ranma volvió a mirar a Ryu sin entender por qué no había llevado a Asami como su pareja cuando claramente la chica le encantaba.

Claro, como tú sí llevaste a Akane…

Largo suspiro. Algunas veces odiaba a la voz de su consciencia.


Akane debía admitir que la estaba pasando bien.

Si eliminaba los súbitos momentos de nostalgia producidos por los recuerdos de su madre, y los episodios de celos e inseguridad que le entraban al ver a Ranma riéndose o bailando con Ukyo Kuonji, podía decir que la noche estaba resultando divertida y agradable.

Shinnosuke era un caballero y además un gran conversador, algo que ella agradecía enormemente, porque así mantenía sus ojos y sus oídos enfocados en él y en las charlas, y no en cierto pelinegro de estúpidas cejas negras y preciosos ojos azules que se reía y le hablaba muy de cerca a cierta castaña de pelo largo y voluptuoso cuerpo. Por suerte, el joven Takeshi siempre tenía temas interesantes de los que hablar y además era de los que no acaparaba la conversación. También era muy buen bailarín, algo que sorprendió muchísimo a Akane. Se pasaron una buena parte del evento bailando con Asami, Sayuri y los demás.

En algún punto de la noche en el que Akane fue a servirse algo para beber, Ranma se acercó a ella. Finalmente había encontrado un momento en el que no estuviera acompañada del fumón.

—Hola —se acercó a la barra donde servían las bebidas y le sonrió—, disculpa que haya tardado tanto en saludarte, pero déjame decirte que te ves increíble, Akane.

Ella lo miró y sintió que su corazón latía fuertemente al comprobar que de cerca se veía todavía más guapo con aquel traje elegante. Sin embargo, estaba celosa y no quería halagarlo, no cuando seguramente Ukyo Kuonji ya le había dicho mil veces lo bien que se veía.

—Gracias —le dijo de forma indiferente sin mirarlo, mientras daba un sorbo a su bebida.

Ranma se fijó en que ella tenía los ojos delineados de una forma que él encontraba muy atractiva.

—De verdad, estás muy bonita —su voz fue dulce y sincera. Akane no pudo resistirse a mirarlo y notó que el chico parecía embelesado con ella—. ¿Cómo la estás pasando?

—Bastante bien, la verdad. —Aunque a él parecía no molestarle que ella estuviera con Shinnosuke, a juzgar por su semblante tranquilo. Atrás habían quedado los celos de cuando se enteró que iría con él—. ¿Y tú? —Preguntó más por cortesía que por interés.

—Yo también…

Iba a decirle que seguramente la estaría pasando mejor si hubiera ido con ella, pero Akane se lo impidió.

—Sí, lo noté. —Había notado que él y Ukyo se reían mucho juntos—. No sabía que tú y Ukyo Kuonji fueran tan cercanos —intentó sonar casual—, en realidad ni siquiera sabía que la conocías.

—Ah, sí. La conocí el día del cumpleaños de Ryoga, en casa de Asami —explicó—, me cayó bien y nos hicimos amigos.

A Akane no le molestaba que Ranma tuviera amigas, pero debía admitir que no saber si Ukyo era solo una amiga o también un interés amoroso para él la hacía sentir incómoda y celosa.

—¿Qué tal Scarface?

—¿Quién? —Frunció el ceño ante la pregunta de Ranma.

—Ya sabes… tu cita. El fumón.

Que Ranma usara apelativos para referirse a Shinnosuke era algo que le causaba gracia y al mismo tiempo le parecía inapropiado. Decidió ignorar los sobrenombres.

—Muy bien, gracias por preguntar —contestó sin dar detalles.

—¿No te ha ofrecido porros?

Akane rodó los ojos.

—¿Otra vez con eso? No me ha ofrecido porros porque ya sabe que no fumo.

—¿Entonces se ha portado bien contigo? —Frunció el ceño—. ¿Ha intentado besarte o meterte mano? ¿Te ha mirado en lugares inapropiados?

—¡Ranma! —Akane no podía creer que el chico estuviera haciéndole esas preguntas—. No tengo por qué contestar a nada de eso. —Se cruzó de brazos—. Yo podría preguntarte lo mismo sobre ti y Ukyo, y sin embargo no estoy haciéndolo. ¿Sabías que ella también fuma?

—Síp, lo sé.

Ah, es que lo sabía. Y sin embargo de ella no te molesta e incluso la trajiste al baile.

—Pues no veo que a ella la llames fumona o pervertida. —Otro pensamiento asaltó la mente de Akane: tal vez le gusta que Ukyo sea una pervertida. Malditos celos.

Ranma parpadeó varias veces, sin entender a qué venía la actitud fría y mosqueada de Akane. Solo entonces creyó entender a qué se debía el tono de Akane. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.

—Espera, espera, ¿estás celosa de Ukyo?

.

—No.

Ranma sonrió. Los celos de Akane eran muy distintos a los de Shampoo. La chica de pelo morado era muy directa y explosiva, y le reclamaba directamente y sin miramientos; Akane, por su parte, se mostraba fría pero no antipática. Dio un paso adelante y quedó muy cerca de ella, tanto, que sus rodillas casi se tocaban y Akane pudo sentir el aroma de su champú de manzana.

—No tienes motivo para estarlo —le acarició la mejilla con los dedos—, Ukyo es solo una amiga y no me gusta, y yo tampoco le gusto a ella, créeme. —Posó su mano sobre la mano que Akane tenía apoyada en la mesa—. En cambio tú sí me gustas —acarició el dorso de la mano femenina con sus dedos—, tú me encantas, Akane. No puedo dejar de pensar en ti.

A pesar de la iluminación tenue, Akane se perdió en el azul de los ojos de Ranma. Yo tampoco puedo dejar de pensar en ti.

—¿Todo bien?

La atmósfera de intimidad que había entre ellos se esfumó por completo. Tanto Ranma como Akane se giraron para encontrarse con los ojos rasgados de Shinnosuke Takeshi. El chico se había ido en busca de Akane porque le pareció raro que estuviera tardando tanto.

—Sí —respondió Akane con una sonrisa—, Ranma me estaba contando lo bien que se lo ha pasado con su cita, ¿verdad?

Él tuvo que reprimir una sonrisa. Así que te pone nerviosa que el mequetrefe te vea conmigo, pensó. Siguiendo al pie de la letra su intención de no dejarle el camino libre a ese payaso, Ranma asintió con la cabeza.

—Bueno, no diría que Ukyo es mi cita —explicó con calma y buen humor y volvió a acariciar su mano sobre la mesa, sintiendo que ella se tensaba ante el contacto—, es mi amiga y solo ha venido a acompañarme. —Miró a Akane de una forma que solo ella entendió y después posó sus ojos en Shinnosuke—. Algo así como ustedes dos, ¿no? Un par amigos que vinieron juntos al baile. Lo bueno es que ni Akane ni yo somos celosos.

Sí, claro.

Akane no podía creer el morro de Ranma. Se estaba asegurando de mandar a Shinnosuke a la friendzone por ella, y mientras lo hacía, continuaba acariciándola descaradamente, ante la mirada de un Shinnosuke que no mostraba ningún tipo de emoción.

—En fin, no quiero quitarles más tiempo —Ranma posó sus dos manos en los hombros de Shinnosuke y le dio un par de palmadas amistosas—, cuídala, ¿sí? —Antes de que él le respondiera, se giró para darle un beso en la mejilla a Akane—. Nos vemos, preciosa.

Tras guiñarle un ojo, el chico de la trenza les dio la espalda a ambos y caminó muy seguro de sí mismo hasta perderse entre la gente. Akane se quedó a cuadros y sin saber qué decir ni qué hacer, sabiendo que aquel momento seguramente había sido muy incómodo para Shinnosuke. Pero como era de esperarse, él no dijo ni hizo nada raro. Simplemente le ofreció a Akane su brazo para que ella lo cogiera y así guiarla de forma galante de vuelta a la mesa o a cualquier otro lugar al que ella quisiera ir.

Akane dudaba que él no se hubiera dado cuenta de la atracción y química que había entre ella y Ranma, pero estaba dejándolo pasar. Se sintió completamente aliviada al ver que el chico continuaba tratándola igual que antes y no hacía preguntas invasivas sobre su relación con Ranma.

Un rato después, cuando todavía le quedaban un par de horas a la celebración, Shinnosuke le dijo a Akane que iba a marcharse. Era un buen bailarín, sí, pero no le gustaba trasnochar y había tenido una semana jodida, así que estaba agotado. Le preguntó a su cita si ella quería irse también (para acompañarla hasta a su casa) o si prefería quedarse con sus amigos. Akane eligió la segunda opción.

—Sé que hace bastante frío —le dijo él—, pero, ¿me acompañas afuera un momento?

Akane asintió con la cabeza. Le apetecía tomar un poco de aire. Los dos fueron a recoger sus abrigos y luego salieron.

—Me lo he pasado súper —le dijo Akane con amabilidad—, bailas muy bien.

Shinnosuke mostró una de sus habituales sonrisas tenues. Tenía las manos en los bolsillos de su sobretodo negro.

—Yo también lo pasé muy bien contigo —hizo énfasis en la palabra contigo—, eres muy especial.

Akane dejó salir una risita nerviosa y se sonrojó. Era noche cerrada y la temperatura estaba baja, por lo que toda la gente estaba adentro del gimnasio. Estaban solos.

—Gracias.

Él dio un paso adelante para acercarse a ella y la miró tan intensamente que Akane se olvidó de respirar.

—Akane, seré honesto contigo porque creo que es lo que te mereces. —Su voz sonaba segura y serena—. Cuando te invité a venir conmigo al baile no solo lo hice porque disfruto de tu compañía, sino también porque me gustas mucho, y porque quiero salir contigo como más que amigos.

Así, sin previo aviso, sin rodeos, sin calentamiento, sin anestesia. Así era Shinnosuke Takeshi.

—Sé que puede parecerte extraño que te diga esto, tomando en cuenta que soy amigo de tu hermana, pero no quería dejar pasar la ocasión para ser sincero y decirte lo que siento. No hubiera sido justo contigo ni tampoco conmigo seguir haciéndote invitaciones sin decirte qué es lo que quiero.

Akane simplemente lo miraba fijamente sin decir nada. Sabía que el chico esperaba una respuesta, pero ella necesitaba… necesitaba procesar y asimilar aquello. Sus grandes ojos, que Shinnosuke adoraba mirar por lo expresivos que eran, parecían querer gritar mil cosas y ninguna al mismo tiempo. Era como si tuviera mucho que decir pero no supiera cómo empezar.

—¿Tu silencio es porque estás pensando qué decir o porque quieres salir corriendo despavorida? —Una sonrisa divertida apareció en el rostro del chico.

Ella también sonrió y agradeció que él le restara tensión al momento.

—No quiero salir huyendo, es solo que —la menor de las Tendo intentó encontrar las palabras adecuadas—, no esperaba esto.

Shinnosuke dejó salir una risa nasal mientras bajaba la cabeza. Akane pensó que era afortunada. Uno de los chicos más interesantes (y sexis, para qué mentir) de la Academia Furinkan se le acababa de declarar.

—¿En serio no lo esperabas? —Los ojos casi amatistas de Shinnosuke la miraron con ternura—. ¿No sospechabas ni un poco que podías gustarme?

Más o menos. Desde hacía un par de años, Akane sentía una atracción hacia él, y en más de una ocasión le había parecido que era correspondida. Las veces que interactuaban, podía sentir que había una fuerte química entre los dos. Sin embargo, jamás pensó que pudiera gustarle tanto como para que él decidiera declarársele y decirle que quería salir con ella. Pensaba que él simplemente la encontraba guapa, atractiva, y que además le gustaba compartir con ella porque también le gustaba su personalidad. ¿Y eso no es gustar? Bueno, sí...

—Puede que sí —le sonrió.

—Qué bueno —dijo él—, porque yo también sospecho que te gusto.

Antes de que ella pudiera decir algo, Shinnosuke puso una de sus grandes manos entre la mejilla y la oreja de Akane, y con la otra la acercó a su cuerpo al posarla sobre su espalda baja y atraerla a él. Cuando sus cuerpos estuvieron lo más juntos que podían estar, acercó sus labios a los de ella y la besó.

Akane no tardó en dejarse llevar y corresponderle. Lo abrazó por la cintura y se entregó a aquel beso suave y pausado. Los labios de Shinnosuke, que se sentían como el terciopelo de su vestido, la besaban sin prisa alguna, como si tuviera todo el tiempo del mundo para disfrutar de ella, como si quisiera memorizarse la forma de su boca.

Mientras lo besaba, Akane recordó que en más de una ocasión se había imaginado cómo sería vivir un momento así con él. Mentiría si dijera que no había fantaseado con besar y abrazar a Shinnosuke en más de una ocasión. La realidad era distinta a su imaginación: por una parte, se sentía bien; le gustaba su perfume y su forma de besar, y también la forma en la que la sujetaba de la cintura; pero por otra… la expectativa había cambiado. Akane pasó de desear que él la besara a sorprenderse de que lo hiciera, pues en su mente él ya no era el objeto de su deseo. O al menos no el mayor de sus deseos.

Shinnosuke separó su boca de la de ella y luego apartó su mano suavemente de su espalda baja. Aunque Akane también rompió su abrazo, permanecieron muy cerca el uno del otro.

—No tienes que decirme nada ahora —con el dorso de su mano acarició la mejilla de Akane—, puedes pensarlo y responderme en otro momento.

Ella asintió con la cabeza.

—La verdad no tengo idea de qué sucede entre tú y Saotome, y no pretendo ni quiero que me lo expliques, pero a diferencia de él, yo no estoy interesado en juegos, Akane. —Otra vez aquella mirada intensa y profunda en la que podía verse el infinito—. Así que no tengo prisa.

Era casi un milagro que Shinnosuke no hubiera hecho mención a Ranma hasta ese momento, tomando en cuenta la escenita que había montado frente a él. Volvió a asentir sin ser capaz de articular palabra, haciendo que su acompañante le sonriera como si supiera lo que estaba pensando.

—Buenas noches —tras darle un beso en la mejilla, Shinnosuke se giró para comenzar a caminar en dirección al estacionamiento.

Akane se quedó allí sin hacer nada durante un par de segundos, hasta que decidió que lo mejor sería volver adentro si no quería morir congelada.

Se dirigió al vestidor de las chicas, dentro del cual estaba el baño, pues necesitaba un poco de intimidad y silencio para pensar en lo que acaba de pasar. Se miró en el espejo y se tocó los labios con los dedos mientras se sumergía en sus pensamientos. Shinnosuke acababa de declarársele y, aunque le había dicho que se tomara su tiempo, ella igual debía darle una respuesta.

¿Qué era lo que quería? Mentiría si dijera que no tenía alguna idea.

¿Shinnosuke le gustaba, se sentía atraída hacia él? Sí y sí. El chico le gustaba físicamente y su personalidad siempre le había parecido interesante. ¿Le había gustado besarlo? Sí. ¿Quería aventurarse a conocerlo más para tener una relación con él? Probablemente no. Tal vez, si el beso y la declaración hubieran llegado un par de meses atrás, la respuesta habría sido afirmativa, pero en los últimos dos meses habían ocurrido muchas cosas y la brújula del corazón de Akane apuntaba hacia una persona específica. Una persona que no era Shinnosuke.

Ranma le gustaba, le gustaba de verdad. El chico no solo le encantaba físicamente, sino que además la hacía sentir muchas cosas bonitas que no había sentido antes. Se divertía con él, podían hablar de cualquier tema, se sentía cómoda y segura… no tenía queja alguna, pero debía admitir que algunas veces no sabía qué era lo que Ranma quería de ella. ¿Le gustaba para ser amigos con derechos y ya o tenía intenciones de algo más? Era consciente de que ella tampoco había sido clara ni directa con él sobre sus sentimientos y planes a futuro, principalmente porque no estaba del todo segura de qué era lo que quería y porque se había entregado a al presente. Que sea lo que tenga que ser y que las cosas fluyan. Pero ahora que la vida la ponía en una disyuntiva, Akane debía elegir. La nostalgia volvió a asaltarla. Si tan solo su madre estuviera viva, ella sabría qué hacer.

Se dio un último vistazo en el espejo antes de salir y la frase de Shinnosuke retumbó en su cabeza: «no estoy interesado en juegos».

¿Y tú, Ranma?


Cansado de hacer el mal tercio durante algunas partes de la noche y sin demasiadas ganas de socializar con alguien en aquel momento, Hiroshi decidió sentarse un rato y simplemente dedicarse a observar a los demás.

No le molestaba haber ido solo al Baile de Invierno, pero de vez en cuando notaba que Daisuke y Yuka, por ejemplo, se lanzaban miradas apasionadas y enamoradas y el chico intuía que seguramente querían decirse cosas pero no lo hacían porque él estaba ahí, ya fuera charlando, bailando o bebiendo algo con ellos (por supuesto que sin alcohol, es un baile escolar). Entonces decidía compartir un rato con Ranma y la prima de Ukyo, pero en algún momento también se enviaban algunas miradas que Hiroshi no entendía (estas le parecían distintas a las de Daisu y Yuka) pero que claramente solo ellos entendían, así que el chico entonces decidía compartir con el resto de sus amigos: Kano, Hiroko, Ryoga, Akane, Sayu, 'Sami...

Largo suspiro. 'Sami.

Ella y Sayuri habían ido juntas, algo que a él le llamó la atención porque no entendía por qué Asami no fue con Ryu. Se le ocurrió preguntárselo a Hiroko, a lo que la chica contestó: «supongo que ninguno de los dos quiso venir juntos» y se encogió de hombros. Así que Hiroshi decidió preguntarle a Sayuri, para ver si ella tenía más información: «Asami lo invitó y Ryu le dijo que no».

Hiroshi no dijo una sola palabra durante los siguientes diez minutos, que fue el tiempo que le tomó procesar aquello. ¿Todo bien con Ryu? No, por supuesto que no. Todo mal con Ryu. ¿Estaba loco? ¿Era estúpido? Seguramente sí. Había que ser exageradamente idiota para no aceptar la invitación de una chica como Asami, en especial cuando a ella le gustabas. ¿Qué otra cosa era lo que ese idiota quería de ella? A Hiroshi le daba la impresión de que Ryu era el típico chico que solo salía con mujeres con las que sabía que podía acostarse; entonces, si él y Asami ya lo hacían, ¿por qué no la había invitado?

Dio un sorbo a su Coca-Cola. Lo que hubiera dado él por ir con ella…

Se giró para mirarla mientras bailaba en la pista y soltó un largo suspiro. Se veía como una sirena con aquel vestido turquesa cuya tela parecían las olas del mar. No había chica más hermosa y sexy en todo el baile; pero además de su atractivo físico, Asami era súper graciosa, creativa, inteligente, divertida, buena amiga… ¡lo tenía todo! Y sin embargo, Ryu Kumon había pasado de ella.

—¿Cansado de bailar?

Hiroshi se giró para mirar a la persona que se acababa de sentar junto a él en la mesa. Se sorprendió al ver de quién se trataba, pero intentó disimularlo.

—Más o menos —contestó.

Aika Shiota esbozó una deslumbrante sonrisa. El chico se sintió un poco nervioso al no entender qué hacía ella allí hablando con él. Era la primera vez que le dirigía la palabra.

—Hiroshi, ¿no?

Él abrió los ojos ante la sorpresa que le causaba saber que ella conocía su nombre.

—Sí, soy yo. Tú eres Aika.

Ella amplió su sonrisa.

—Veo que también sabes quién soy.

—Todo el mundo sabe quién eres —esta vez fue el turno de él de sonreír—, ¿a qué debo el honor de que la capitana de las animadoras se haya sentado junto a mí? —Para mitigar su nerviosismo, decidió hacer un chiste—. Sé que doy vibes de vendedor de drogas, pero lamento decepcionarte, es solo mi apariencia. No tengo éxtasis ni marihuana.

Ella soltó una carcajada burbujeante y posó su mano en el hombro de Hiroshi sin dejar de reírse. No se había esperado aquello, pero le gustaba que el chico tuviera un buen sentido del humor. Eso solo mejora las cosas, pensó.

Rebobinemos un poco la cinta.

En la última práctica de las animadoras, mientras charlaba con Asami sobre el Baile de Invierno, Aika le comentó que iría con sus amigas y le preguntó a su compañera si iría con Ryu Kumon. Asami le indicó que no, que lo más probable es que ella también fuera sola (en ese momento todavía no había ocurrido lo de la biblioteca), pues no le interesaba ir con ningún otro chico y sus amigos casi todos iban con alguien.

—Ah sí, claro, Daisuke es novio de Yuka, ¿no?

Asami asintió con la cabeza.

—¿Y tu otro amiguito? El lindo, el que tiene el pelo como Nick Jonas...

—Hiroshi.

Asami le comentó a Aika que el chico seguramente iría solo o con Sayuri, pero no estaba segura. Aika dijo que Hiroshi le parecía súper tierno, a lo que Asami se rió. No supo exactamente por qué, pero le confesó a su compañera que ella y Hiroshi se habían besado jugando Verdad o Reto y que el chico estaba muy bien dotado. La cara de Aika fue un maravilloso poema, y pronto comenzó a hacer preguntas. Asami notó que la curiosidad de Aika era más por interés que por ansia de chisme, así que decidió responder a todas sus preguntas metiéndole un poquito de picante al asunto para hacerle buena publicidad a Hiroshi. Total, Aika tenía tanta influencia en las chicas populares de la Academia que a lo mejor si lo comentaba por ahí, alguna se mostraría interesada en Hiroshi.

Lo que Asami jamás llegó a pensar era que quien manifestaría interés por Hiroshi sería la misma Aika.

A la capitana de las animadoras Hiroshi siempre le había parecido un niño muy lindo, pero nada más. El chico tenía ojos grandes, rasgos suaves y un bonito pelo crespo de color claro. Pero al escuchar las maravillosas referencias que Asami le dio sobre el chico («besa muy bien, huele rico, la tiene enorme»), Aika no pudo resistirse a la tentación de conocerlo un poco más.

—No, no me acerqué a ti para comprar molly. ¿Alguna vez te habían dicho que eres gracioso?

Hiroshi jamás había flirteado con ninguna chica, pero no era tonto. Sabía que la sonrisa y el tono que estaba usando Aika con él no eran amigables. ¿Sería posible…?

—Sí, me lo han dicho. Sobre todo después de que les pago para que lo hagan —arrugó el ceño y la nariz—, eso cuenta, ¿no?

Aika volvió a reírse y esta vez se inclinó hacia adelante para quedar más cerca de él. Hiroshi no sabía qué clase de eclipse lunar estaba ocurriendo o qué planetas se habían alineado para que la chica más popular de toda la Academia Furinkan estuviera ahí, riéndose de sus chistes como si fuera el mejor de los comediantes, pero pensaba aprovechar el momento.

—Eres gracioso, de verdad —repitió ella con una deslumbrante sonrisa.

Como ella lo estaba halagando y además se había acercado más a él, Hiroshi sintió que era ahora o nunca. Si no funcionaba, al menos lo habría intentado.

—Y tú eres linda.

Aika lo miró con una mezcla de interés y coquetería. Subió la mano que había dejado en el hombro de Hiroshi hasta su rostro y lo acarició hasta que sus dedos se enterraron en los mechones de su pelo.

—¿Te gustaría bailar conmigo? Un ratito.

—Sí, pero no soy el mejor de los bailarines.

—No importa.

Lo cogió de la mano y se puso de pie, llevándolo consigo a la pista de baile. Aika estaba usando tacones, así que se veía más alta que él, pero a ninguno le importaba. A ella tampoco le importaba que Hiroshi estuviera un poco tenso (era una mezcla de dos pies izquierdos, nerviosismo y excitación) mientras ella se movía contra él al bailar, porque solo había necesitado de diez minutos para comprobar tres cosas: 1) el chico era gracioso, 2) de cerca era todavía más lindo, 3) Asami no había mentido, solo al bailar con él podía sentir que estaba bien dotado.

Y esas tres cosas eran todo lo que ella necesitaba esa noche.


Después de bailar casi sin parar por aproximadamente una hora, Asami se acercó a la mesa donde estaban las bebidas.

Se estaba divirtiendo muchísimo bailando con Sayuri, Hiroko y Ryoga, que eran los que más tiempo habían estado en la pista de baile. Sayuri no era muy dada a pasarse toda la noche bailando, pero en esta ocasión no se había sentado ni una sola vez. Asami era consciente de que su amiga estaba haciéndolo por ella, algo que agradecía enormemente.

—Hola, bombón.

Sintió que los vellos de su nuca se ponían en punta al escuchar esa voz y ese piropo. No había intercambiado palabra alguna con Ryu en toda la noche, principalmente porque no habían tenido la oportunidad de coincidir de forma casual, pero también porque ella estaba decidida a no prestarle atención en toda la noche. Lo miró de reojo antes de dar un sorbo a su agua.

—Si vienes por agua, te aviso que no está fría —fue lo único que le dijo.

Escuchó la risita divertida de Ryu.

—No vine por agua, vine a decirte que me encanta cómo te ves hoy. Estás preciosa.

Asami le pidió al hombre que estaba detrás de la barra que volviera a rellenarle el vaso, ignorando a Ryu en el proceso. Ella había ido allí para hidratarse hasta que se sintiera satisfecha, y no se iría solo porque Ryu se le hubiera acercado. ¿Por qué no se iba él? ¿No tenía una chica que conquistar y seducir antes de que fueran las doce?

—'Sami, ¿estás molesta conmigo? —El chico intentó posar su mano sobre su antebrazo, pero ella se movió para que no la tocara—. ¿Es porque vine con Shizuka Okitsu?

Y encima te atreves a preguntármelo. Se giró para quedar dándole la espalda a la barra y de frente a la pista de baile. Volvió a ignorarlo y bebió más agua.

—Para que sepas, Shizuka se irá pronto a casa —no hablaba con su habitual tono divertido y burlón, sino más bien de forma tranquila y cauta—, así que... si quieres me puedo ir contigo.

Si Asami necesitaba confirmación alguna de lo que ella representaba o significaba en la vida de Ryu, acababa de obtenerla. Intentando no desencajar el rostro para no demostrarle cuánto le dolía su comentario, se limitó a mirarlo fijamente. A Shizuka Okitsu le haces una invitación formal y la traes del brazo como tu pareja. Como una chica a la que apreciaba y de la que se despediría con un casto beso en la mejilla cuando dieran las doce y ella tuviera que volver a casa, como hacían las chicas buenas. Y a mí me invitas a irme contigo después de eso para que te caliente la cama y todos felices, ¿no?

No.

—Eres un cínico —se había jurado a sí misma que no le reclamaría ni le diría nada al respecto, pero si él metía el dedo en la llaga, ella no se quedaría callada—, y un grosero.

Ryu la miró con una mueca que a ella se le hizo indescifrable, principalmente porque nunca la había visto en él.

—Sé que te hacía ilusión que viniera contigo, pe...

—No te confundas —esta vez Asami no intentó disimular su disgusto—, las ilusiones me las reservo para la gente que sí vale la pena.

La expresión en el rostro de Ryu cambió por completo. No se había esperado ni aquellas palabras ni aquel tono gélido. Solo entonces comprendió que esta no era una de las habituales muestras de orgullo e indiferencia que Asami manifestaba luego de uno de los desplantes que él le hacía. Era diferente, porque esta vez no parecía que fuera a dejarse convencer. Por primera vez fue consciente de que esta vez la había lastimado de verdad.

Asami no llevaba reloj, pero sabía que era hora de irse. Sin decir nada, le dio la espalda a Ryu y caminó con paso firme hacia la mesa de sus amigos, para buscar a Sayuri y decirle que se marcharan ya. Después de todo, habían acordado irse antes de la medianoche, que era cuando acababa el evento.

Fue en ese preciso instante, en el que ella se alejaba de él y Ryu la miraba partir, que los planetas parecieron alinearse, o al menos eso pensó Ranma.

Ryoga se levantaba de la mesa y se excusaba con Hiroko para ir al baño, dejando a su amiga sola. Ranma observó todo desde su mesa y le hizo unas señas a Ukyo, que la chica de pelo largo entendió perfectamente. El joven Saotome abandonó la mesa y buscó a Akane con la mirada, ¿dónde estaba? Era el momento perfecto para hablar con ella, pero además necesitaba interceptarla para que no volviera a su mesa.

Ranma divisó a Asami caminar de forma apresurada y la llamó para preguntarle si sabía dónde estaba Akane, pero la animadora no le hizo ni puñetero caso y siguió de largo hasta la pista de baile, donde estaban Sayuri, Daisuke y Yuka. Bufó.

Se dirigió a la entrada de los baños justo en el momento en el que tanto Ryoga como Akane salían cada uno del baño de chicos y chicas, respectivamente.

—¡Ranma! —Ryoga parecía bastante animado—. ¿Qué tal lo pasas con mi prima?

—Bien, bien —contestó él y notó que el semblante de Akane se veía apagado.

—Deberíamos ir a bailar todos —comentó Ryoga—, ya pronto ponen la música lenta, que es más para parejas.

Bingo.

—Tienes razón, ¿por qué no te adelantas, Ryoga? Hay algo que quiero preguntarle a Akane.

El castaño asintió con la cabeza y los dejó solos.

—¿Me acompañas? —Miró a Akane con una sonrisa. Ella no contestó pero siguió a Ranma hasta que llegaron a su mesa.

Una vez sentados, Ranma sospechó que a Akane le ocurría algo, hecho que confirmó luego de varios minutos en los que ella se mostró taciturna y cabizbaja.

—¿Qué tienes? —Fue directo en su pregunta. Era evidente que le pasaba algo y él quería saber qué era. ¿Shinnosuke le habría hecho algo?

—Nada —respondió sin mirarlo.

Ranma bufó. ¿Por qué las mujeres siempre respondían eso cuando era evidente que sí les pasaba algo?

—¿Scarface te hizo algo?

Por unos segundos, el aura alicaída de Akane se encendió para dar paso a un semblante exasperado e irritado. Apretó la mandíbula y lo miró con fastidio.

—No, Ranma, no me hizo nada. ¿Podrías dejar de hacerme esa pregunta? —Rodó los ojos y se cruzó de brazos—. Deberías estar feliz porque ya se fue.

Él se sintió desconcertado. ¿Cómo que se fue? ¿Qué clase de persona iba con una chica a un baile y luego se marchaba sin llevarla o acompañarla a su casa? Ese tipo le caía cada vez peor. Notando que Akane no se había tomado bien su pregunta, pensó que tal vez su humor se debiera a la ausencia del chico.

—¿Estás... decepcionada porque Shinnosuke se fue? —Había querido usar un apelativo para referirse a él, pero no quería discutir con Akane. Además, viéndola así, pensó que lo mejor sería tener tacto.

Ella lo miró extrañada y negó con la cabeza.

—No, no es nada de eso.

Suspiros. ¿Estas eran las respuestas que iba a darle? ¿Pensaba estar así toda la noche? Bien, tal vez si él cambiaba su acercamiento… arrimó la silla hacia ella para estar más cerca y posó su mano sobre la de Akane. La miró con atención.

—¿Me quieres contar?

Akane miró a Ranma y se dio cuenta de que por primera vez en mucho tiempo, quería hablarle a alguien sobre su madre. Su cambio de parecer no tenía nada que ver con que hubiera madurado de la noche a la mañana, sino con la confianza que le inspiraba la mirada cálida de Ranma, incluso aunque antes la hubiera sacado de quicio. Por eso le gustaba, porque aunque le robara la paciencia, a él sentía que podía contarle cualquier cosa.

Asintió con la cabeza.

—Es que… hoy he pensado mucho en mi mamá.

Ranma alzó ambas cejas y la miró, recordando que su padre le había contado que Soun Tendo era viudo. Él no conocía los detalles detrás de la muerte de la madre de Akane, pero entendía perfectamente que ese tenía que ser un tema sensible para ella.

—¿La echas mucho de menos? —Ranma se arrepintió enseguida de haber hecho esa pregunta. Idiota, es obvio que la extraña, era su madre—. Quiero decir, ¿hoy especialmente?

—Sí. —Le dijo ella cabizbaja—. Este vestido era de ella.

Le contó que solía ponerse muy nostálgica en las fechas especiales; en parte por la ausencia de su madre y las ganas que tenía que ella estuviera ahí, y en parte porque su padre aunque no lo hiciera a propósito, no ayudaba siendo tan emocional como era. Como tantas otras veces, Akane se preguntaba si madre estaría orgullosa de ella, si estaría feliz de ver en la mujer que se estaba convirtiendo.

Además de ese estado anímico que había tenido todo el día, no ayudaban la confusión que sentía por lo sucedido con Shinnosuke ni tampoco los celos que le generaba ver a Ranma con una chica como Ukyo. Por supuesto, esos detalles no fueron mencionados.

A Ranma le costó encontrar las palabras adecuadas para animar a Akane, ya que nunca había vivido una pérdida como esa, pero pronto se atrevió a decirle algo sincero que creía podía hacerla sentir mejor.

—¿Sabes qué creo? Creo que tu madre estaría muy orgullosa de ti, Akane. —Acarició su mano encima de la mesa—. Eres una chica increíble. Una estudiante aplicada, buena deportista, súper buena amiga, no sueles meterte en problemas salvo que te pelees con algún tonto que se saque de quicio —se señaló a sí mismo con sus dos dedos índices, robándole una risa a Akane—, y tienes unos sentimientos hermosos. Siempre que puedes ayudar a alguien, lo haces, aunque la persona no se lo merezca. —Volvió a señalarse a sí mismo y Akane se rió otra vez—. Sabes perdonar y seguir adelante porque tienes un corazón de oro.

Ella lo miró conmovida por aquellas bonitas palabras.

—Eres la hija que cualquier padre y madre desearía tener, así que estoy segura de que desde donde te esté viendo, tu madre está satisfecha y orgullosa de la persona que eres.

—¿De verdad piensas eso?

—Sí, claro. —Cogió las manos de Akane entre las suyas y las apoyó en su regazo mientras las acariciaba—. Hasta alguien como mi padre estaría orgulloso de ti… ¡y ya sabes cómo es!

Akane quiso reírse, pero aquel comentario le recordó el tipo de relación que tenía Ranma con su padre, y aquello le dio un poco de tristeza. Aun así, no pudo evitar sonreír ante el esfuerzo que estaba haciendo Ranma por animarla. Estaba funcionando.

—Gracias.

Se acercó a él para darle un abrazo y el chico rodeó su cintura.

—No me des las gracias, es la verdad —le acarició la espalda.

Ranma pensó que tal vez lo mejor sería dejar para después lo que tenía pensarlo decirle a Akane. No estaba seguro de si sería apropiado hacerlo ahora que la chica acababa de abrirse así ante él y hablarle de su difunta madre.

—¿Te gustaría bailar?

La canción que sonaba era una lenta. Akane asintió con la cabeza y se puso de pie cuando Ranma le ofreció su mano para guiarla hasta la pista de baile.


Ukyo había observado toda la escena con una sonrisa, desde que se Ranma y Akane se sentaron en la mesa hasta que se pusieron de pie para ir a bailar aquella canción tan romántica. Ah, qué lindo es el amor.

Y qué fácil si eres heterosexual.

No quedaba demasiada gente, pues casi todos los de último año se habían ido a un after-party en el que podían beber todo el alcohol y hacer todas las cosas que estando en el gimnasio de la Academia no podían. Pero también había estudiantes de penúltimo año que se habían marchado, ya fuera para ir al after-party, a algún otro lado o a sus casas. Ryoga, por ejemplo era uno de ellos, así que su cita se había quedado sola y estaba sentada en una de las mesas cercanas a la pista de baile, tomando algunas fotos.

A Hiroko Suyama siempre le había gustado la fotografía y la edición de vídeo, pues tenía buen ojo para capturar momentos especiales a través de un lente. Era bastante artística y creativa, con gustos alternativos y poco habituales para una chica de su edad.

La primera vez que Ukyo la vio, le llamó la atención porque su estilo (su ropa, su pelo súper corto, su maquillaje) le recordó mucho a la cantante Halsey.

—¿No te parece que estos bailes son todos igual de predecibles? —La joven Kuonji tomó asiento en una silla junto a Hiroko, y le dedicó una mirada a las parejas que bailaban lentamente en la pista.

Hiroko la miró sin decir nada durante los primeros segundos, pero pronto asintió con la cabeza y sonrió.

—Lo sé, y además siempre acaban igual.

—Así es —Ukyo se giró para mirarla y notó que la chica tenía su teléfono en la mano con la cámara activada, pero justo en ese momento no lo estaba usando—, ¿te gusta mucho tomar fotos?

Hiroko asintió con la cabeza y pareció emocionada ante la pregunta.

—Síp, ¿quieres ver algunas de las que tomé esta noche? Sales en un par, creo.

Sin esperar que Ukyo dijera que sí, abrió el carrete de fotos y comenzó a mostrárselas. Ukyo las miraba fascinada, pues la chica de verdad tenía talento. La mayoría eran fotos espontáneas y no posadas en las que los retratados charlaban, bailaban, se reían, o simplemente miraban a algún punto no identificado. Aprovechando que estaban cerca la una de la otra, Ukyo alzó la mirada y observó las bonitas facciones de Hiroko. Por primera vez notó que tenía muchas pecas y que estas se le notaban aunque estuviera maquillada.

—¿Y a ti? —La pregunta salió de su boca antes de que pudiera frenarla—. ¿Quién te toma fotos a ti?

—¿A mí? —Hiroko parpadeó confundida, pero dejó salir una risa—. Nadie, supongo. —Se encogió de hombros—. Pero creo que me da bastante igual. Prefiero estar detrás de la cámara que frente a ella.

Qué desperdicio, pensó Ukyo.

—Es una pena, porque creo que eres verdaderamente fotogénica. Y te lo voy a demostrar. —Extendió su mano y cogió el móvil de Hiroko—. Strike a pose, la que prefieras.

Hiroko se rió ante la ocurrencia de la prima de Ryoga, sin tener idea de cómo posar. Ukyo entonces aprovechó para tomarle una foto. Giró el móvil y se la enseñó. La chica pensó que se veía bien, aunque tal vez no tanto como decía Ukyo.

—Bueno, es una foto bonita, pero creo que es porque tú también tienes buen ojo para las fotos —comentó modestamente.

—Yo creo que es por ti.

Ukyo sabía que cualquier cosa que dijera a continuación y siguiendo esa línea podría generar una situación muy incómoda entre ella y la amiga de su primo. Pero el pensamiento de que podía existir la más mínima posibilidad de que el resultado fuera lo opuesto a un desastre, la animó a continuar. Después de todo, había accedido a ir al dichoso baile precisamente para eso.

—Creo que da igual quien te tome la foto, igual te verías increíble.

Desde la primera vez que vio a Hiroko, Ukyo sintió una fuerte atracción por ella. Sin embargo, no había tenido la oportunidad de charlar con ella sin que hubiera nadie más, hasta ese momento. La última vez que la vio fue en la fiesta que dio en su casa durante el verano, pero entre lo ocurrido con Mousse y lo que pasó con Akane, Ryoga y Tatewaki Kuno, no tuvo la oportunidad de charlar con ella. Por eso cuando Ranma la invitó al Baile de Invierno como su no-acompañante, Hiroko accedió con una única condición: que el chico le consiguiera un momento a solas con Hiroko Suyama.

Hiroko se quedó estática en su lugar, pues había captado la intención y el tono en el piropo. Ukyo Kuonji, una de las chicas más guapas y populares del círculo social en el que ambas se movían, acababa de coquetear con ella.

Justo en ese momento, la canción lenta que sonaba se acabó.

En la pista de baile, Akane y Ranma se sonrieron con cariño, todavía abrazados el uno al otro.

—Espero que a tu cita no le moleste que hayas bailado conmigo —le dijo ella con retintín.

Él se rió ante el comentario de Akane y buscó a Ukyo con la mirada. Al verla charlando con Hiroko, amplió su sonrisa.

—Te aseguro que no le molestará en lo más mínimo. Ya te dije que somos solo amigos y que yo no le gusto ni ella a mí.

—Qué bueno —Akane apretó su agarre y se abrazó aún más a Ranma, al tiempo que apoyaba su mejilla contra su pecho—, porque no tenía pensado soltarte.

Ranma sonrió feliz y a la vez orgulloso. Le encantaba que Akane no se resistiera a sus encantos de la misma forma en la que él era incapaz de resistirse a los de ella. Y le encantaba que le dijera esas cosas. Toma eso, Shinnosuke.

Ranma 1, Scarface 0.

—¿Tu hermana se fue ya? —Le preguntó acariciando su espalda. Akane asintió con la cabeza—. ¿Quieres que te acompañe hasta tu casa?

Antes de decirle que sí, separó su rostro del pecho de Ranma y alzó la cabeza para mirarlo.

—¿Y Ukyo? Viniste con ella, deberías… deberías acompañarla también. —Obviamente prefería que Ranma se fuera con ella, pero no quería que el chico fuera descortés con su amiga.

—Sus padres vendrán a recogerla, así que no hay problema por eso. ¿Vamos?

Akane asintió con la cabeza y los dos adolescentes se dirigieron a la entrada del gimnasio para recuperar sus abrigos antes de marcharse.

Daisuke estaba terminando de ayudar a Yuka a ponerse su sobretodo gris. Le parecía casi un pecado que su novia tuviera que cubrir aquel espectacular vestido que la hacía ver como una diosa del Olimpo, pero tampoco quería que se muriera de frío. Y, con un poco de suerte, en tan solo un rato podría verla sin nada encima.

—¿Se van ya? —Le preguntó el castaño a Ranma cuando lo vio acercarse con Akane a pedir sus abrigos. La menor de las Tendo se acercó a Yuka, así que Daisuke aprovechó para preguntarle algo a Ranma—. ¿Y Ukyo?

—Ukyo se va con sus papás, que la vendrán a buscar en un rato. Sabes que vinimos como amigos, ¿no? —Daisuke asintió con la cabeza—. Bueno, yo acompañaré a Akane a casa porque el idiota de su cita ya se fue. —Rodó los ojos—. Pero mejor para mí. ¿Ustedes dos?

—Nosotros nos vamos ya, pero no vamos a casa —le guiñó un ojo.

Ranma se sorprendió, pero no hizo preguntas porque las chicas estaban a unos pasos de ellos y no creía apropiado comentar al respecto. Tal vez Daisuke le contaría luego. Las dos parejas se despidieron y cada una se marchó por su lado.

Mientras esperaban su Uber Black, Daisuke le dio un beso en la mejilla a Yuka.

—Al final tú y yo somos los únicos que nos hemos quedado con la misma pareja con la que vinimos. —Sonrió—. Bueno, y Sayu y 'Sami, pero ellas no cuentan porque son amigas.

Yuka frunció el ceño.

—¿A qué te refieres?

—Akane y Ranma vinieron con Shinnosuke y Ukyo, pero al final terminaron yéndose juntos. —Explicó—. Ryoga y Hiroko llegaron juntos pero él ya se fue. Luego están Ryu y Okitsu, que también vinieron juntos pero se fueron separadas. Y después estamos tú y yo...

Yuka sonrió y se abrazó más a Daisuke. De pronto, se acordó de alguien a quien no había visto desde hacía un largo rato.

—Oye, ¿y Hiroshi?

—Él vino solo —comentó Daisuke mientras chequeaba la ubicación del coche en su móvil.

—Sí, sí, ya sé que vino solo pero, ¿cuándo se fue? —Hizo un ejercicio de memoria en el que repasó los hechos de la noche—. Hubo un momento donde ya no lo vi más.

—No, ni yo, pero seguro se fue a su casa sin despedirse, sabes que él siempre se va temprano.

Yuka asintió con la cabeza pensando en que tenía sentido que el chico se hubiera ido temprano, pero no lo tenía que se hubiera marchado sin despedirse. Hiroshi era muy educado y no le gustaba que la gente perdiera tiempo buscándolo, así que siempre avisaba cuando ya se iba. Salvo situación extraordinaria.

—Le voy a escribir —Yuka buscó su móvil en su bolso para mandarle un mensaje a su amigo—, quiero asegurarme de que esté bien.

—Si no te responde de una vez es porque seguro ya de durmió, princesa. No te preocupes. —Acarició su cintura y Yuka asintió con la cabeza y guardó su celular tras escribirle por WhatsApp.

Sí, lo más probable que Hiro ya estuviera en casa durmiendo.


Hiroshi siempre había sido amante de los amaneceres. Tenían un olor distinto al resto del día. Sus colores eran más bonitos y la luz de la mañana era la mejor del día. Además, los amaneceres se antojaban como la promesa de un nuevo día, lleno de posibilidades.

Él, su padre, su abuelo y sus tíos habían disfrutados de muchos amaneceres en sus viajes de pesca. Pero aquel amanecer tenía un sabor particular y distinto para él. Primero, porque no lo vería tras poner una alarma y despertar cuando todavía estaba todo oscuro. Segundo, porque no lo disfrutaría con sus familiares. Tercero, porque no había dormido en toda la noche y esta vez el alba sería la continuación del día anterior.

Con el pelo totalmente revuelto, la corbata mal colocada, el cuello de la camisa manchado de labial, y una expresión de embriaguez que nada tenía que ver con el consumo indiscriminado de bebidas alcohólicas, Hiroshi Tsujitani cruzó el portal de su casa aquel maravilloso amanecer de diciembre, en el que el frío tokiota no tuvo ningún efecto en él. Como si estuviera flotando, pasó por el camino de piedra que lo llevaba a la entrada principal de su casa. Introdujo la llave en la puerta y entró haciendo el menor ruido posible, no porque fuera consciente de las horas no adecuadas a las que estaba llegando a su casa, sino porque su actuar silencioso respondía a su absoluto estado zen. Era uno con el universo.

Pero incluso aquellos monjes que han alcanzado la iluminación ven interrumpidos sus momentos paz y conexión con el todo. Cuando puso su pie en el primer peldaño de las escaleras, la dulce voz de su madre lo hizo frenarse en seco. Y esta vez no sonaba nada dulce.

—Hiroshi Tsujitani —lo llamó desde la sala—, ven aquí inmediatamente.

Busted.

El chico se dirigió a la sala y no se sorprendió al ver a sus dos padres esperándolo allí. Su padre estaba de pie con los brazos cruzados y su madre estaba sentada en el sofá con la mano en el mentón y el codo en la rodilla.

—Buenos días.

Fue entonces cuando empezó el monólogo de su padre, interrumpido en breves momentos por importantes acotaciones de su madre, en el que le reclamó las horas a las que llegaba, sin entender cómo era posible que hubiera desobedecido el horario que tenía, sin siquiera haber tenido la consideración de notificar, ya fuera vía llamada o mensaje, sobre su paradero. Una llamada, Hiroshi, una llamada para saber dónde estás, eso es todo lo que te pido, le dijo su padre con el rostro rojo y las manos temblorosas. Estuvimos a punto de llamar a la policía, Hiroshi, preocupados por ti, no es habitual que hagas esto, agregó su madre, alterada por la noche en vela que él y su marido habían vivido.

La perorata se prolongó varios minutos, en los que sus padres le dejaron claros tres puntos: 1) has abusado de nuestra confianza y nos has faltado el respeto al pasar la noche fuera de casa sin permiso y sin siquiera tener la decencia de llamar, 2) estamos decepcionados de ti, 3) estás castigado hasta nuevo aviso.

Hiroshi, que había permanecido en silencio durante toda la regañina, aceptó su destino con la dignidad de un caballero inglés. En ningún momento intentó defenderse ni justificarse, no porque no creyera que tuviera oportunidad de redimirse ante sus padres, sino porque realmente no les estaba prestando demasiada atención. Tras terminar la charla, sus padres le indicaron que se retirara a su habitación. Él asintió con la cabeza y se marchó, no sin antes disculparse por su conducta.

Subió las escaleras y al llegar al piso de arriba se metió en su habitación y cerró la puerta tras de sí. Se quitó la corbata y el saco y se acostó boca arriba sobre la cama. Físicamente estaba extenuado, así que lo lógico era que se quedara dormido rápidamente, pero mentalmente estaba extasiado. No podía dejar de pensar en el cuerpo desnudo y esbelto de Aika Shiota moviéndose sobre el suyo, en sus labios, en el olor de su pelo, en el sabor de su piel, en lo que habían hecho toda la noche.

Hiroshi no supo si sus padres iban a perdonarlo alguna vez. No supo si le levantarían el castigo o si por el contrario dejarían de confiar en él. Tampoco supo si aquella noche volvería a repetirse, tomando en cuenta sus circunstancias actuales (castigado). Lo único que sabía era que había ido al baile de invierno siendo un niño y había regresado a su casa siendo un hombre.

Y eso hacía que todo hubiera valido la pena.


Las frases que aparecen en itálica cuando Asami recuerda la conversación que escuchó en la biblioteca pertenecen a la canción Mejores Amigos de Yera y Morat, la cual me parece perfecta para la situación de Ryusami.

En este capítulo hubo de todo y para todos. Creo las circunstancias que rodean a Ukyo van aclarándose poco a poco. ¿Alguien lo veía venir? Hubo solo una persona que mencionó algo por esa línea en un review anterior. Por cierto, el flashback a su fiesta veraniega será muy pronto y se llevará un capítulo completo (el capítulo XII), pues como les dije, hay muchas cosas que sucedieron ese día y que son importantes para el desarrollo de la trama.

Y sobre Hiroshi: pasó de ser el más inexperto y tranquilito de sus amigos para convertirse a vivir una noche que difícilmente podrá olvidar. En el capítulo también hubo más detalles sobre Yaisuke, esta vez desde la perspectiva de él.

Ranma y Akane siguen siendo Ranma y Akane. Celosos pero al mismo tiempo conscientes de lo que sienten el uno por el otro. Ah, young love.

¡Muchas gracias a todas las personas que están leyendo y dejando reviews! Respondo por mensaje privado a todas las personas que tienen cuenta en FF. A las que no, se me ocurre que podría responder los reviews en las notas al final de cada capítulo, como hacen varios autores.