Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 21
Nos iríamos a casa y me sentía deprimida. Después de que Edward llamó a Phil para explicarle que este contrato no se llevaría a cabo, nos indicaron que regresáramos a Seattle la mañana siguiente. Nos reservé tres asientos en un vuelo que salía a las 11:40 am y después le envié un mail con los detalles a la nueva asistente de Phil.
Edward, Emmett y yo fuimos por un trago al bar del hotel cuando regresamos de la reunión con Laurent Marchand, y mientras ellos hablaban de negocios yo dejé que mi mente vagara hacia todas las cosas que tenía planeadas para este viaje y que ahora no sucederían. Edward tampoco tendría su tour por Alcatraz en el futuro próximo.
Mientras estaba ahí sentada se me ocurrió una idea. Edward me había dicho que el tour duraba menos de dos horas – tal vez si nos reservaba dos entradas en el primer tour y nos íbamos directo al aeropuerto después de eso, podríamos ir. Saqué mi celular con discreción y entré directo a la página oficial. Cuando vi que la salida más temprana era a las 8:45 am asumí que la idea se había arruinado, pero luego vi algo más que definitivamente podría funcionar.
—Iré a llamar a Amber —le dije a Edward y salí del bar para que no pudiera escuchar la conversación.
Diez minutos, $74 dólares y después de mucho persuadir, nos había movido al principio de la lista de espera y subsecuentemente nos había reservado dos boletos para el tour nocturno en Alcatraz, teníamos menos de una hora para llegar al muelle 33. Seguía usando mi lindo vestido y zapatos inadecuados, pero no había tiempo de cambiarme, así que esto tendría que ser.
—Necesitas terminarte eso rápido y acompañarme —le dije cuando regresé al bar—. De verdad muy rápido.
—¿Por qué? —preguntó, pero se acabó los últimos tragos de su cerveza.
—Es una sorpresa. —Le guiñé.
—¿Estoy invitado? —preguntó Emmett esperanzado.
—Lo siento, Em, pero este es un escenario donde dos son compañía, tres son multitud —le dije a modo de disculpa.
—Lo siento, Eddie, parece que te quedarás aquí mientras yo voy a divertirme con Bella —bromeó.
—No lo creo —discrepó Edward y saltó rápidamente—. Tienes que decirme a dónde vamos.
—¿Por qué? —fruncí el ceño y sonrió.
—¿Cómo sabré qué ropa elegir si no me dices? —dijo en una muy mala interpretación de mí.
—Por muy bonito que se te vería puesto un vestido de diseñador, créeme que lo que llevas puesto está bien. —Sonreí y luego busqué mis audífonos en mi bolso para continuar con la sorpresa—. Necesitas ponerte esto en las orejas y déjame taparte los ojos con esto.
—Oh, entonces es ese tipo de escenario —Emmett se rio y pidió otra bebida—. Qué tengas una buena noche, amigo, hasta ahora se ve prometedora.
—Así parce, ¿cierto? —Edward movió las cejas y luego se agachó para seguirme la corriente con mi solicitud—. ¿Qué más tienes ahí? ¿Esposas? ¿Látigos?
—Pues de hecho… —me quedé callada, riéndome para mí mientras le ataba mi bufanda sobre los ojos—. ¿Qué música quieres? ¡Ya sé!
Pasé por la lista de canciones en mi celular y luego le di reproducir a una que sabía que él detestaría, seleccionando también la opción de repetir sólo para volverlo loco.
—De ninguna forma, Bella. Algo más. —Gimió—. Cualquier cosa, por favor.
Lo ignoré y le di la vuelta a mi celular para mostrarle a Emmett, que encontró muy cómica mi elección.
—Lo que sea que estés planeando, que pasen buena noche.
Me despedí y escolté a un Edward ahora con los ojos vendados hacia la recepción del hotel y les pedí que nos llamaran un taxi. Varios transeúntes y el valet se rieron cuando se golpeó la cabeza con el marco de la puerta cuando intenté meterlo al carro.
—Ow, Bella. Jesús. —Se frotó la cabeza.
—Ops, lo siento. —Le besé la frente.
—¿A dónde? —preguntó el taxista.
—Al muelle 33 —susurré en la voz más baja posible—. Es una sorpresa y tenemos prisa.
—Entendido —dijo.
Mantuve la mirada en Edward para asegurarme que no viera nada ni se quitara los audífonos. Después de unos minutos de quejarse sobre la elección musical, su pie comenzó a golpetear al ritmo de la canción y después de unos cuantos minutos más y varias repeticiones, empezó a tararear con la melodía y musitar las palabras.
Who let the dogs out?
Who, who, who, who, who?
Who let the dogs out?
Who, who, who, who, who?
—Pobre tipo —comentó el taxista—. ¿No pudo ponerle otra canción para escucharla?
—Esta es una especie de regalo y castigo por un incidente aparte que ocurrió ayer —le dije.
—Definitivamente es un castigo —aceptó y, para mi diversión, cantó también con la canción.
Cuando llegamos al muelle 33 tuvimos que apresurarnos para recoger nuestros boletos y eso incluyó varios tropiezos por parte de Edward, lo cual lo irritó todavía más.
—¿Esta sorpresa también me incluye terminando en emergencias con un tobillo roto? —gruñó en voz alta—. Necesitas quitarme la bufanda o caminar más lento, Bella.
—Si caminamos más lento, llegaremos tarde y el único lugar a donde tendremos que ir será emergencias —dije a sabiendas de que no podía escucharme mientras lo jalaba hacia el bote para luego detenerlo. Le quité los audífonos—. Bien, aquí estamos.
Al quitarle la bufanda él miró a su alrededor y comenzó a sonreír de inmediato.
—¿Me llevarás a la prisión?
—Sí, y si no te comportas te dejaré ahí. Puedes intentar recrear tu propia versión de La Fuga de Alcatraz. —Me reí y nos unimos a los otros visitantes que estaban ya en el bote justo a tiempo para la salida de las 3:50 pm.
—Gracias —murmuró y me abrazó.
—Pues supuse que te lo debía ya que arruiné tu importante contrato para el libro.
—No me debes nada, Bella. —Me besó la cabeza.
Lo que esperé que fuera un relajado viaje en bote a través de la bahía resultó ser en realidad una experiencia turbulenta que me revolvió el estómago. Me aferré a Edward y él encontró divertida mi angustia. Le dimos la vuelta a la isla antes de atracar en Alcatraz mientras escuchábamos datos sobre San Francisco, Isla Ángel, Alcatraz y la conservación del sitio.
Cuando nos bajamos del bote, tuvimos que subir un cuarto de milla de lo que parecían ser un millón de escalones para llegar a la cárcel. Había un tranvía para los que tuvieran problemas, pero no creía que una mala elección de zapatos clasificaría como una condición justificable.
—Considérenlo una experiencia saludable —bromeó el guía—. Es el equivalente a trece pisos de escaleras.
—¿Quieres intercambiar zapatos? —me quejé—. Puede que no sobreviva a este viaje.
—Espera un segundo —me dijo, deteniéndonos hasta que ambos quedamos hasta atrás del grupo—. Sube.
—¿Perdón?
Se dio la vuelta para darme la espalda y palmeó su hombro.
—Arriba, te cargaré.
—¿Por todos esos escalones? —me reí—. Puede que ninguno sobreviva a este viaje.
—Elije si en mi espalda o en mis brazos.
—En tu espalda —decidí y me subí—. Sería humillante que subieras conmigo como una damisela en apuros.
Al principio subió las escaleras con tranquilidad, pero entre más alto subíamos, más lento se movía. Para cuando llegamos a la cima, él prácticamente me tiró.
—Puedes bajar caminando —jadeó—.O puedes cargarme tú a mí.
Me reí y me tomó la mano, jalándome detrás de él para poder alcanzar al resto del grupo. A pesar de mi reticencia inicial sobre el tour, disfruté cada minuto del mismo. No nos conducían alrededor como vacas y en lugar de un tour guiado, las celdas tenían un set de audio para poder ver todo a nuestro ritmo.
Para mí, lo más fascinante fue ver a Edward; era como un niño en Navidad, exploraba con mucha emoción cada resquicio que encontraba. Yo tenía frío, mis pies me estaban matando y todavía me sentía mareada por el viaje en bote, pero no tenía prisa por detenerme.
Me reí mientras él elegía recuerdos de la tienda de regalos, incluso compró un pedazo de piedra.
—Sabes que fácilmente podría meterme a la bolsa una piedra de allá afuera, ¿cierto?
—Usan el dinero para preservar la isla —me dijo—. Encajarías bien aquí con los antiguos presos. Nunca creí que pudieras ser una criminal.
Edward estaba disfrutando profundamente de la experiencia y fuimos de los últimos en llegar de regreso al bote. Eran ya casi las 6:30 pm y el sol comenzaba a meterse, dejando una vista espectacular del horizonte de San Francisco. La puesta de sol también se llevó toda calidez que había existido en el aire.
—La vista es muy bonita —me estremecí, frotándome los brazos para intentar calentarme—. Dios, ¿por qué no agarré un abrigo antes de venir? Hace mucho frío.
—Ten, toma esto. —Edward se quitó su chaqueta y me la ofreció.
—Gracias. —Sonreí, me encantaba lo fácil que era sólo estar juntos sin escabullirnos ni cuidar mi actitud frente a él. Era una pena que tuviéramos que volver mañana a Seattle.
Tomamos asiento en un costado del bote para poder ver la bahía al regresar y me preparé para el viaje de regreso a tierra firme. Edward se rio y me rodeó el hombro con su brazo, pegándome con fuerza a su costado.
—No tardaremos tanto esta vez.
—Gracias a Dios —murmuré.
El agua estaba incluso más agitada y gemí mientras el bote subía y bajaba. Después de una sacudida particularmente grande, contuve el aliento, convenciéndome de que estábamos a punto de hundirnos, pero de hecho ocurrió otra cosa igualmente horrible. Una enorme ola golpeó el costado del bote y mojó por completo a todos los que estaban sentados de nuestro lado.
—¡Carajo! —grité cuando me golpeó el agua helada.
Mientras la gente del lado derecho del bote hacíamos un lastimero intento por secarnos, los de la izquierda lo encontraron todo muy gracioso.
—Cabezas de pito —murmuró Edward y cuando lo vi, también me solté riendo—. En serio no es gracioso, Bella.
Tenía el cabello mojado y pegado a la cabeza, su camisa blanca se pegaba a él y podía ver sus pezones sobresaliendo.
—Aw, el pobrecito tiene frío.
—Tendría menos frío si no hubiera donado mi chaqueta a la Campaña Calentemos a Bella Swan —dijo, intentando sonar enojado, pero sonrió al hablar—. Dios, el agua estaba fría, pero supongo que pudo haber sido peor.
—Estoy empapada, congelada, probablemente arruiné mi vestido y tengo ampollas en los pies del tamaño de Texas, ¿y tú crees que pudo haber sido peor? —lo miré incrédula—. Por favor, Sr. Cullen, explíqueme, ¿cómo pudo haber sido peor?
—Hay varios argumentos válidos, Bella —me dijo de forma casual.
—Elabora más, por favor.
—Pudo haber pasado de camino a la isla en lugar de camino a tierra —me dijo y acepté a medias—. Pudo haber sido la marea, lo cual habría hundido el bote.
—Ahora estás exagerando —dije y se rio—. ¿Es todo lo que tienes?
—No —susurró y me besó la sien—. Pude haber estado aquí solo. Elijo estar congelado y mojado por completo si estoy contigo.
Lo miré, derritiéndome por completo y lo notó. Con una sonrisita presumida, dijo:
—No tengo más que decir.
—Te amo —solté y de inmediato contuve el aliento mientras esperaba su reacción.
Se veía un poco sorprendido, pero en lugar de ponerse de piedra o correr por su vida, una pequeña sonrisa torcida apareció en su cara. Estiró las manos y tomó mi cara en ellas.
—Bella, yo…
—Disculpen, aquí tienen unas toallas para ayudarlos a secarse. —Uno de los empleados nos entregó una toalla a cada uno y sonrió—. Puedo traerles una bebida caliente antes de atracar. ¿Café o chocolate?
—Café —respondió Edward, rompiendo nuestro momento—. Dos cafés, por favor.
—Por supuesto, señor.
Cuando se fue, nos quedamos sentados en un silencio incómodo. Sea lo que fuera lo que él iba a decir, el momento había pasado y era demasiado tarde para que me retractara de lo que yo había dicho. Me froté la cara, el cabello y los brazos con la toalla, no podía obligarme a verlo.
—Mierda —espetó, mirando su teléfono—. Mi celular está muerto.
—Aw rayos, lo siento —dije, no sabía qué más decir. Lo miré frotarlo fuertemente con la toalla antes de comprender que era una causa perdida.
—Maldita sea, ¿y si alguien intenta llamarme? —estrelló el teléfono sobre el asiento y sacudió la cabeza.
Revisé el mío, afortunadamente el agua no había entrado a mi bolso.
—Ten —le dije, ofreciéndole mi celular—. Usa esto para llamar a quien necesites y diles que te pueden localizar en este número.
En lugar de aceptar el teléfono, me miró como si fuera idiota y espetó:
—¿Y dime exactamente qué les digo, Bella? Lo siento, pero mi teléfono se desbarató por una ola durante un viaje nocturno a Alcatraz. No te preocupes, Phil, de alguna forma el teléfono de tu hijastra evitó la misma ola y está en perfectas condiciones, así que puedes localizarme aquí hasta nuevo aviso. ¿Quieres que le diga que te estás quedando en mi habitación mientras nos desnudamos el alma? Es tan típico de ti, Bella, olvidarte de todo excepto de esa jodida burbujita en la que vives.
Oh, ¿entonces su alter ego Edward el Cabeza de Pito había reaparecido? Todo buen humor que me quedaba se desvaneció al instante y lo fulminé con la mirada.
—Vete al carajo, Edward —siseé, apretando los dientes—. ¿Qué te parece esta explicación? Hola Phil, desbaraté mi teléfono y la Srta. Swan amablemente me permitió usar el suyo para llamarte, para que no intentes localizarme en vano. Llama a mi habitación de hotel o déjame un mensaje con la Srta. Swan, y ella me lo hará llegar cuando salgamos del hotel. No necesitas darle una evaluación de mil palabras sobre la situación, imbécil.
Me sentía enojada, molesta, lívida, aplastada y cualquier otra emoción en la que podía pensar; antes de que él tuviera la oportunidad de decir algo más, añadí:
—No era necesario reaccionar así. Sólo intentaba ayudar.
—Carajo —suspiró y su expresión se suavizó—. Mierda, Bella, no pretendía… carajo, sólo sigo jodiendo todo, ¿no?
—Sí —dije simplemente—. Sigues jodiendo todo.
—Lo siento —comenzó a decir, pero negué con la cabeza.
—Ni siquiera… —me callé y miré hacia afuera del bote, deseando que el vuelo fuera a las 11:40 pm de esta noche en lugar de mañana temprano.
Logramos conseguir rápidamente un taxi de regreso al hotel y, a pesar de sus numerosos intentos por disculparse, me negué a escucharlo. No dije ni una palabra en el carro y al detenernos afuera del hotel abrí la puerta de golpe, casi tirando al pobre valet.
—Espera, Bella —gritó Edward, pero entré rápidamente, ignorándolo—. Por favor.
Mientras esperaba el elevador escuché a Emmett gritar mi nombre y al darme la vuelta se soltó riendo.
—¿Qué demonios pasó? —preguntó, corriendo hasta llegar a mi lado con Edward muy cerca detrás de él—. Edward me envió un mensaje diciendo que lo habías llevado a Alcatraz, pero creí que era un viaje en bote, no sabía que tendrían que ir nadando.
—Ahora no, Emmett —dijo Edward en voz baja.
—Oye Edward, ¿por qué no usas el teléfono de Emmett para llamar a Phil? —dije con sarcasmo—. Pensándolo bien, usar su teléfono debe significar automáticamente que te estás acostando con él, ¿cierto?
—Vaya —dijo Emmett, mirando entre Edward y yo—. ¿En qué me metí?
—En nada —dije en voz baja.
—Bella, por favor —dijo Edward y comenzó a entrar en el elevador, pero lo empujé hacia afuera.
—No, Edward. Necesito estar sola por ahora.
Asintió y retrocedió, manteniendo su mirada triste en mí mientras las puertas se cerraban. Suspiré y golpeé la pared del elevador con mi cabeza. Cuando llegué a mi piso, avancé lentamente hacia mi habitación, yendo directo a tomar una ducha caliente en cuanto cerré la puerta tras de mí.
Me quedé ahí parada por mucho tiempo, dejando que el agua cayera por mi cara y cuerpo incluso después de haber olvidado el frío. Me negaba a admitirlo, pero sospechaba fuertemente que una o dos lágrimas pudieron haber caído por mis mejillas entre el agua, y detestaba saber que él me había hecho llorar.
Se suponía que en San Francisco seríamos sólo Edward y yo, juntos sin preocuparnos de quién podría estar viendo o escuchando. Se suponía que tendríamos tres o cuatro días – tal vez incluso una semana en la ciudad disfrutando y teniendo maravilloso sexo cuando quisiéramos. En lugar de eso, serían dos días de mierda llenos de comportamiento de patán y cabeza de pito de proporciones épicas sin nada de sexo, y para rematar – él ni siquiera había conseguido el trato que había venido a asegurar.
Cuando finalmente salí de la ducha, me sequé y me acurruqué en la cama para ver televisión. Pasó una larga hora y me encontré queriendo llamar a Edward.
—No —dije, aliviada al saber que su celular estaba muerto.
Otros treinta y ocho minutos después decidí pedir comida a la habitación, no quería que fueran dos noches seguidas las que me saltaba la cena. Sin embargo, cuando entró la llamada a recepción, me encontré pidiendo que me conectaran mejor con la Suite Oriental. El teléfono sonó y sonó sin respuesta, así que colgué con fuerza.
Me obligué a que todos los pensamientos de Edward y la basura que había sido este viaje salieran de mi cabeza y cerré los ojos, esperando dormir lo máximo posible antes de tener que irme. Apenas había empezado a dormitar cuando se escuchó un fuerte golpe en mi puerta. Me senté de golpe y casi llamo a la seguridad del hotel cuando sucedió de nuevo, aunque esta vez iba acompañado de un grito.
—Bella, por favor. —Tres golpes más y otro grito arrastrado de mi nombre, y me di cuenta que Edward Cullen estaba borracho—. Por favor, abre la puerta, habla conmigo, Bella —me rogó a través de la puerta.
Cuando siguió golpeando la puerta escuché unas cuantas personas en las habitaciones vecinas gritarle para que dejara de hacerlo. Por muy enojada que estuviera, no quería que el que Edward fuera arrestado o echado del hotel pesara en mi consciencia, así que me acerqué a la puerta con reticencia y la abrí un poco, asomando la cabeza para verlo.
—Es tarde y estás ebrio, Edward —suspiré—. Deberás regresar a tu habitación y dormir hasta que se te pase.
—Lo siento —dijo, su voz sonaba ronca—. Carajo, lo siento mucho.
—¿Tenemos que hacer esto ahora? Vayamos a casa y… —comencé a decir, pero negó vehementemente.
—Por favor, no puedo dejar las cosas así. Lo siento, Bella. Fui… actúe como… el jodido idiota más grande del planeta. —Dejó caer la cabeza y suspiró—. La verdad es me aterra que cuando volvamos a casa olvidaré que tenemos que ser cuidadosos entre nosotros. Siento que voy a cometer un error y la gente se dará cuenta de lo que pasa. No puedo lidiar con que todos sepan sobre nosotros, Bella, todavía no. Como dije ayer, cada vez que digo o hago algo respecto a ti, cada vez que estoy contigo frente a los demás, siento como si ellos pudieran ver a través de mí, como si supieran que estoy…
—Involucrado conmigo —terminé amargamente por él, pensando en esta misma conversación de ayer.
—Enamorado de ti —susurró.
Está enamorado… oh carajo.
Edward…
Listo, lo dije… ella lo sabe. No debió haber ocurrido así. Debí decírselo en el bote justo después de que ella lo dijo, pero como es normal tuve que joderlo. Tal vez ya es demasiado tarde; tal vez ya ha visto suficiente de mi etiqueta como novio y se dio cuenta que puede tener algo mucho mejor. Dios, no quiero perderla… carajo.
La Fuga de Alcatraz: Película sobre la fascinante historia de los tres únicos hombres que lograron escapar de la famosa prisión de máxima seguridad de Alcatraz en 1962.
Uh-oh, se lo confesó. No fue de la mejor manera, y Edward todavía tiene mucho que aprender, pero al menos ya se lo dijo. ¿Creen que eso será suficiente para que Bella lo perdone?
Mil gracias por sus comentarios, alertas y favoritos. No olviden dejarme su review y decirme qué les pareció ;)
