Aviones de papel
Capítulo XI:
"Winter break"
Con las vacaciones de invierno llegaron los planes de fin de año.
Akane, sus hermanas y su padre pasarían las navidades en Hokkaido, en la casa de unos familiares paternos, pero volverían para pasar Nochevieja y Año Nuevo en casa con Tofu Onu, el novio de Kasumi, y su familia. Soun estaba más que emocionado de juntar a las dos familias en una celebración importante, pues adoraba ver a su hija feliz y enamorada de un buen hombre con quien pudiera casarse y tener muchos hijos. Sí, Soun era un romántico empedernido.
Asami iría con sus padres a pasar las fiestas en Niseko, mientras que Hiroko iría a Nagoya a la reunión familiar anual que tenía lugar en casa de sus abuelos maternos. Daisuke y su familia irían unos días a los Emiratos Árabes, mientras que Sayuri, Yuka y Hiroshi se quedarían en Tokio.
Ranma también se quedaría en la ciudad con sus padres, como era costumbre, ya que a su padre no le gustaba salir de la ciudad durante el invierno. A diferencia de otros años, donde el chico se aburría como un hongo y lamentaba no poder hacer algo divertido en las vacaciones de invierno, aquella vez no le pareció tan mal, pues significaba que podría ver a Akane durante los días en los que ella también estuviera en la ciudad.
Desde el Baile de Invierno, había hablado con ella todos los días. Por las mañanas era la primera persona con la que hablaba, y por las noches era la última persona con quien charlaba antes de acostarse. El chico de la trenza sabía que su relación con ella no podía estar en un mejor lugar, así que decidió que le pediría que fuera su novia. En realidad, iba a pedírselo la noche del baile, pero entre que cada uno se había pasado la mayor parte del tiempo a lo suyo con sus acompañantes, y que luego Akane se había abierto con él sobre su madre, Ranma pensó que lo mejor sería hablarlo otro día. Solo necesitaba elegir cuándo.
De hecho, estaba pensando en eso mientras jugaba FIFA en su consola, cuando su padre se paró con los brazos cruzados en medio de la sala para reclamarle por estar perdiendo el tiempo. Lo malo de estar de vacaciones era que su padre, que trabajaba en un instituto y en un gimnasio, tenía mucho más tiempo libre, pues el grueso de sus alumnos y discípulos estaba de vacaciones. Así que en esa primera semana de vacaciones, Genma no dejaba de atosigarlo e insistirle en que debía seguir entrenando. Le decía que, si bien las clases estaban en pausa, el fútbol no podía esperar. Ranma debía de dejar de holgazanear y ponerse las pilas.
Ranma pronto se dio cuenta de que en aquel momento su padre estaba particularmente intenso porque Nodoka no estaba en casa. El señor Saotome aprovechaba cuando su mujer no estaba cerca para ejercer su dureza sobre Ranma, ya que sabía que a su esposa no le gustaban esas formas, pues consideraba que Genma era demasiado injusto con el chiquillo.
—Yo no sé qué es lo que pretendes, echado todo el día, ¿crees que algún gran jugador llegó a donde está viendo televisión y jugando con esos cacharros? —Señaló la consola—. ¡Vas a atrofiar tu mente y tu cuerpo!
—Papá, estoy de vacaciones, no hay entrenamientos en la Academia.
—¿Y eso qué? ¿Crees que cuando Cristiano Ronaldo está de vacaciones no entrena? ¿Que cuando el Madrid está cerrado él se pone a jugar con esa mierda?
—Cristiano Ronaldo es futbolista profesional, papá, yo no. —Rodó los ojos—. Y además ya no juega en el Madrid…
—¡No eres profesional ni lo serás jamás si sigues con esa actitud! —Cogió el control del televisor y apretó el botón de apagar, ganándose una dura mirada por parte de Ranma—. Te recuerdo que tienes una beca deportiva y que no puedes bajar tu nivel…
—¡Ya lo sé, papá! ¡Ya lo sé! —Ranma estaba frustrado y molesto. Dejó el control de la consola sobre el sofá y miró a su padre con el ceño fruncido—. Estoy saliendo a correr prácticamente todas las mañanas incluso con el frío de cojones que está haciendo, y además hago algunos ejercicios en casa, ¿qué más…?
—¿Y te parece que eso es suficiente? —Soltó una risa burlona—. Trotar un rato en la mañana y hacer ejercicios en casa… vaya, no sabía que querías que te comprara un tutú de ballet.
Ranma apretó la mandíbula y los puños, pero no dijo nada.
—Además, lo único que escucho cuando paso por aquí es que estás hablando por el aparato ese —señaló los auriculares con micrófono que Ranma tenía conectados al mando de la consola—, con tus amiguitos. ¿Cuándo vas a salir con una chica? ¿Crees que a las mujeres les gustan los vagos que no hacen nada con su vida?
Esto era el colmo. Su padre quería que estuviera cien por ciento enfocado en el fútbol y se quejaba de cualquier distracción; si salía con amigos, era un problema porque le decía que no paraba en casa y que quién sabe qué andaría haciendo por ahí; pero si no salía con nadie y se quedaba en casa jugando a la consola, también era un problema. Y ahora le reclamaba que no tuviera novia.
—Ese no es asunto tuyo —le dio igual sonar grosero, su padre no se merecía modales—, ¿qué vas a saber tú lo que les gusta a las mujeres? No es como que salgas con muchas. —Si llevas casado veinte años con la misma, pensó.
—Pues precisamente porque no salgo con ninguna que no sea tu madre, con quien llevo muchos años casado, es que puedo hablar con potestad. —Dijo y se dejó caer en el sillón que estaba junto al sofá—. ¿O por qué crees que tu madre está conmigo? Porque soy un hombre disciplinado, trabajador, exigente conmigo mismo… por eso le gusto.
A mamá le gustas porque eres lo único que conoce, pensó. Sus padres se habían casado muy jóvenes, así que Ranma intuía que su mamá no había salido con ningún otro hombre.
—Pues te felicito por tener tu vida en orden —ironizó Ranma—, ahora por favor, déjame a mí vivir la mía. Los entrenadores nos han dado un plan para seguir durante las vacaciones de invierno y yo lo estoy cumpliendo, y me da igual si te gusta o no.
El rostro de Genma adquirió una coloración rojiza. Apretó su mandíbula de hierro y se puso de pie, dando un paso hacia adelante para acercarse a Ranma de forma intimidante.
—Eres un insolente y un grosero —lo señaló con el índice—, ¿crees que puedes hablarme así en mi propia casa? Después de todo lo que tu madre y yo hemos hecho por ti…
Ranma estuvo a punto de reírse, más por no soltarle otra grosería a su padre que porque verdaderamente le hiciera gracia lo que le decía. Estaba realmente cabreado y la conversación se estaba saliendo de control.
—Lo siento, pero se supone que entré en la Academia porque es el mejor programa deportivo de Tokio, ¿no? Así que por eso le haré caso a lo que me dicen ellos…
—¡Yo soy tu padre! —Genma cogió a Ranma por el cuello de la camisa china que tenía puesta—. ¡Y vas a hacer lo que yo digo!
El chico apartó la mano de su padre de un fuerte manotazo, algo que hacía un par de años no hubiera podido hacer. Pero ahora era un hombre, con mucha más fuerza que antes, y su padre estaba perdiendo facultades.
—¡Tú ya no me das órdenes sobre este tema! —Le espetó en un tono que no admitía reclamos.
El impacto de la mano abierta de Genma sobre la mejilla de Ranma llegó antes de que el adolescente pudiera reaccionar. Le tomó varios segundos procesar que su padre acababa de abofetearlo, pero cuando finalmente lo hizo, se llevó la mano a la mejilla lastimada y miró a su padre con una mezcla de incredulidad y furia. No era la primera vez que su padre le pegaba, pero había pasado mucho tiempo desde la última, así que a Ranma aquella cachetada se le hizo el doble de humillante.
Sin decirle nada, lo apartó con el brazo para pasarle por al lado y dirigirse con paso rápido a su habitación, donde se encerró con llave. Se dejó caer en el suelo y recostó su espalda de la puerta, mientras se llevaba las manos a la cara. Le ardía la mejilla y además sentía su sangre bullir con una mezcla de furia, frustración, impotencia y dolor. Las lágrimas no tardaron en salir.
Si su padre creía que iba a perdonarle esto o a actuar como si nada hubiera ocurrido, estaba muy equivocado. ¡Estaba harto de que lo tratara así! ¡Y si creía que por ser su padre iba a poder seguir haciéndolo, se iba a topar con una versión de Ranma que jamás había conocido!
Se puso de pie y se limpió las lágrimas con el dorso de su mano, deseando borrar aquel bochornoso momento. Cogió su móvil y le escribió a su madre para preguntarle a qué hora volvía, pues no pensaba salir de su habitación hasta que ella no estuviera de regreso. No quería dirigirle ni siquiera una mirada a su padre. Sin embargo, tampoco quería contarle a su madre lo sucedido, creyendo que aquello podría ocasionar un momento mucho más tenso e incómodo entre todos. Aun así, deseaba desesperadamente desahogarse o al menos olvidar el momento.
Le picaban las manos por llamar a Akane para contarle todo, pero le daba vergüenza admitir ante ella que su padre le había pegado, o que creyera que era un debilucho. Su siguiente impulso fue el de llamar a Ukyo, pero pronto recordó que en ese momento su amiga estaba en un avión rumbo a Hawái, así que no le contestaría. Abrió la conversación con Hiroshi y le preguntó qué estaba haciendo y si quería juntarse para hacer algo, cuando le llegó un mensaje al grupo del equipo de fútbol. Una invitación para juntarse en casa de uno de los futbolistas, un plan que Ranma ya se sabía, y que era todo lo que necesitaba en aquel momento.
Así que cuando Hiroshi le respondió, el chico de la trenza decidió invitarlo y convencerlo de ir hasta la casa de Sentaro para entregarse al alcohol y a la diversión desenfrenada, con el único objetivo de olvidarse de sus problemas y, de ser posible, hasta de su nombre.
A Akane siempre le habían gustado las noches de invierno porque le parecían perfectas para descansar. Si ya de por sí su vecindario era apacible, en invierno lo era todavía más durante la noche, pues éstas eran aún más cerradas y silenciosas.
Se encontraba disfrutando de un profundo y delicioso sueño, arropada por la calidez de su hogar, sus mantas y P-Chan, cuando su reloj de muñeca y su móvil comenzaron a vibrar simultáneamente. Le tomó varios segundos notar la vibración, pero su mascota le lamió la cara y pronto Akane abrió los ojos y se dio cuenta de que tenía una llamada entrante. Miró la pantalla del Apple Watch: Hiroshi Tsujitani. Todavía necesitó de un poco más de tiempo para reaccionar y darse cuenta de que si su amigo la estaba llamando a esa hora, era porque algo debía haber pasado. Sin encender la luz, estiró el brazo sobre su cabeza y tanteó la superficie que estaba sobre la cabecera de su cama en busca de su móvil.
—Hiro, ¿qué pasa? —Su voz sonó ronca y somnolienta—. ¿Estás bien?
—Estoy afuera de tu casa. —Contestó él de forma apresurada—. ¿Puedes salir?
Akane parpadeó confundida y frunció el ceño. Se incorporó sobre la cama y encendió la lámpara.
—¿Afuera de mi casa? —Miró su reloj—. Hiroshi, es la una y media de la madrugada, ¿qué haces afuera de…?
—Ahora te explico —otra vez atropelló las palabras—, pero plis ven.
Akane suspiró y le dijo que estaría ahí en breve. Salió de su habitación seguida por P-Chan y bajó las escaleras en silencio. Al llegar a la entrada de la casa, cogió su abrigo, se calzó y salió de la casa, dejando al perrito adentro. Caminó con paso apresurado hasta que llegó a la puerta que daba a la calle. Cuando la abrió, su expresión cambió por completo y sus ojos se abrieron exageradamente; Hiroshi no estaba solo, estaba con Ranma. Con un seminconsciente Ranma colgado de un hombro.
—¿Qué…? —Ni siquiera fue capaz de articular una pregunta coherente—. ¿Cómo…? ¿Por qué…?
—¿Podemos pasar? Te explico adentro.
Sin decir nada más, Akane cogió el brazo de Ranma que colgaba y se lo pasó por encima de su hombro para ayudar a Hiroshi a guiarlo hasta el interior de la casa. Por suerte, al chico de la trenza todavía le quedaba un poco de consciencia, así que aún podía dar pasos por sí solo siempre y cuando tuviera un buen soporte.
—Akane —balbuceó Ranma y Akane pudo oler el alcohol en su aliento—, hola.
—¿Está... borracho?
—Ajá.
Akane miró a Hiroshi deseando que el chico tuviera una muy buena explicación. Una vez en la casa, la chica los guio hasta el salón.
—Será mejor que no hagamos ruido —indicó en voz baja—, no quiero que Kasumi o mi padre se despierten.
Sabía que era muy poco probable, tomando en cuenta que Soun tenía el sueño muy pesado y que Kasumi dormía con antifaz y tapones para los oídos, así que tampoco solía despertarse con facilidad por cualquier ruido. Por suerte, Nabiki se había quedado a dormir en casa de Mokona. Su hermana solía acostarse tarde y se enteraba de todo cuanto sucedía a su alrededor (era de hecho gran conocedora de los secretos, amoríos, misterios y verdades ocultas de la mayoría de las familias del vecindario), así que Akane agradeció que no estuviera allí esa noche.
Hiroshi anunció que acompañaría a Ranma al baño por si necesitaba vomitar. Akane se sentó en el sofá a esperar, preguntándose qué había ocurrido para que Ranma quedase en ese estado y para que Hiroshi lo trajera hasta su casa. Se dirigió a la cocina en busca de un vaso de agua para Ranma, que seguramente lo necesitaría de haber vomitado. Cuando regresó al salón, los dos chicos ya se encontraban ahí. Ranma estaba sentado en el sofá con la cabeza recostada del apoyabrazos y Hiroshi estaba de pie frente a él, mirándolo.
—¿Está dormido? —Preguntó Akane frunciendo el ceño cuando al ver que el pelinegro no se movía, ni siquiera con P-Chan intentando lamerle la cara.
Hiroshi asintió con la cabeza.
—Me temo que así no lo puedo llevar a su casa, Akane.
Ella alzó el rostro y lo miró, pero en la oscuridad era difícil determinar si le estaba tomando el pelo o no. Se acercó a la lámpara de diseño que estaba junto al sofá. La estancia se iluminó parcialmente y Akane comprobó que el rostro de Hiroshi no mostraba burla ni risa; se veía tan preocupado como ella.
—¿Qué pasó?
—Fuimos a una fiesta que dio Sentaro Daimonji y Ranma se emborrachó.
Akane acentuó su ceño fruncido y miró a Hiroshi con ojos entrecerrados.
—¿Tú? ¿En una fiesta del equipo de fútbol?
Bien, vamos a rebobinar un poco la cinta.
Tras la pelea con su padre, Ranma le escribió a Hiroshi para juntarse, pero pronto recibió un mensaje de Sentaro Daimonji en el grupo del equipo de fútbol, en el que los invitaba a todos a su casa para pasar el rato. Emojis de bebidas alcohólicas, de música y el de la mujer que baila con el vestido rojo. Varios miembros del grupo preguntaron si serían solo ellos o si podían invitar chicas, a lo que Sentaro respondió que ya había invitado a varias de las animadoras, pero que cualquier otra compañía femenina era más que bienvenida.
Ranma leyó el mensaje de Hiroshi, que ponía que no estaba haciendo nada interesante y lo invitaba a su casa a jugar Fortnite o Call of Duty, pero le dijo que tenía una mejor idea:
«Se armó un plan en casa de Daimonji, ¿vamos?»
Hiroshi bufó al leer el mensaje. Él no era fanático de esos planes o reuniones, pues siempre eran todos iguales: se reunían para beber alcohol, hablar de fútbol y de mujeres (dos temas en los que Hiroshi era inexperto y de los que no solía hablar por sus escasos conocimientos), o se reunían para beber alcohol, jugar al fútbol y estar con mujeres (dos temas en los que Hiroshi era inexperto y en los que no solía participar por su nula experiencia).
Ranma, sabiendo que su amigo no era un ligón, igual lanzó el anzuelo:
«Vamos, anda, que van varias de las animadoras».
Si la invitación hubiera llegado antes del Baile de Invierno, Hiroshi ni siquiera se hubiera inmutado ante tal mención. Pero lo sucedido entre él y Aika Shiota cambió las cosas.
Hiroshi: «Sabes si va Aika?»
El chico de la trenza alzó una ceja. ¿A Hiroshi le gustaba la capitana de las animadoras? Aunque Ranma en realidad no tenía idea de si ella estaría en casa de Sentaro, se encogió de hombros y le contestó que sí, lo cual hizo que Hiroshi accediera. Los dos amigos quedaron de encontrarse allí a las ocho.
Al llegar, sus compañeros recibieron a Ranma con emoción, como si fuera una súper estrella; no así a Hiroshi, a quien simplemente saludaron de forma cordial. El pelinegro pronto cogió una cerveza fría y le ofreció otra a su amigo, la cual rechazó.
Tal y como Hiroshi había anticipado, la noche transcurrió de forma predecible: los asistentes bebiendo alcohol, bailando, uno que otro fumando, charlando sobre fútbol y otros temas, coqueteando con las chicas, haciendo bromas y otras cosas arriesgadas y tontas para divertirse. El castaño intentó integrarse lo mejor que pudo para pasarla bien, pero pronto se dio cuenta de que su amigo estaba bebiendo demasiado, algo poco habitual en él. Pasaba de la cerveza al sake, del sake al vodka y del vodka a cualquier otro licor que hubiera por ahí. Aunque Ranma no se lo dijera, era evidente que algo le sucedía, de lo contrario no estaría bebiendo de esa forma.
Hiroshi cogió su móvil y le escribió a Aika (la chica le había dado su número tras su tórrida noche de pasión después del baile) para preguntarle si tenía pensado ir a la casa de Sentaro, ya que no la veía por ningún lado. Fue entonces cuando el joven Tsujitani se dio cuenta de que una de las animadoras le hacía ojitos.
Aprovechando que el idiota de Ryu Kumon estaba por ahí él, Hiroshi se le acercó y le preguntó quién era la chica rubia de baja estatura que estaba usando falda de mezclilla.
—Kira Michibiata —le respondió con sus ojos posados en la chica y luego miró a Hiroshi de reojo—, pero no te recomiendo que pierdas tu tiempo con ella, tengo entendido que tiene un novio universitario.
Hiroshi pensó que tal vez hubiera malinterpretado la mirada de la Kira, pero cuando volvió a posar sus ojos en ella, la chica le volvió a hacer ojitos, esta vez acompañados con una dulce y bonita sonrisa. Novio universitario o no, aquella mirada no era precisamente amistosa.
Pero Hiroshi no tuvo tiempo de averiguar si la chica estaba interesada en él o solo estaba siendo amable, pues Ranma se acercó a él y lo invitó a jugar un juego de cartas en el que debías beber alcohol si perdías. Hiroshi se mostró reticente al principio, pero pronto se dio cuenta de que el juego era divertido y que además no tenía que beber si no perdía. Como la mayoría de los presentes ya estaban un poco alcoholizados, a él le era más fácil ganar que al resto. Al que peor le iba era a Ranma, que si no fuera por lo competitivo que era, Hiroshi casi hubiera creído que el chico estaba perdiendo a propósito para terminar de emborracharse.
A medianoche, Hiroshi ya se había integrado al grupo y hasta bromeaba con varios de los presentes, y Ranma ya había perdido toda inhibición, brújula moral y sentido del ridículo, algo que nadie pasó por alto, tomando en cuenta que el chico había decidido beberse cuanta copa se le pusiera enfrente en la dichosa fiesta. Finalmente, Aika le respondió a sus mensajes, diciéndole a Hiroshi que lamentaba no poder alcanzarlo en la fiesta, pero que tenía muchas ganas de jugar con él. Como ambos vivían con sus padres, para dar rienda suelta a su pasión debían acudir a alguno de los múltiples love hotels que había por la ciudad.
Había sido precisamente en uno de esos hoteles para parejas donde Hiroshi perdió su virginidad la noche del Baile de Invierno.
Después de bailar con ella, la chica le preguntó si quería ir a un «lugar más íntimo». Como cualquier otro hombre heterosexual, soltero, cuerdo y en pleno uso de sus facultades físicas y mentales, Hiroshi le dijo que sí sin saber exactamente a qué se refería, pero pudiendo intuir perfectamente qué cosas podía querer hacer ella en un «lugar más íntimo».
Al igual que Asami, Aika tenía un chófer a su disposición y éste, como el de la joven Kobayashi, no escuchaba, no veía, y no decía nada. Durante el viaje en coche hasta Shibuya, no charlaron demasiado; Hiroshi disfrutó de las vistas que le otorgaba el provocativo vestido de Aika, de seda y color hueso, imaginando que deslizaba sus manos por sus bonitas piernas. Ella le acariciaba el muslo de una forma que, si bien no era amistosa ni inocente, tampoco era demasiado sugestiva. Se bajaron en una de las avenidas más transitadas y caminaron tomados de la mano entre el mar de gente que paseaba por ahí, hasta que Aika entró en un lugar y Hiroshi sintió que temblaba de emoción y nervios al ver qué tipo de sitio era: un love hotel.
Lo hicieron toda la noche.
Ella fue dulce y muy cariñosa con él, lo cual le sirvió al chico para poco a poco ir perdiendo el nerviosismo y sentirse cada vez más cómodo. Además de disfrutar del sexo, también charlaron mientras retozaban en la cama, dándose cuenta de que dos personas tan distintas podían tener mucho de que hablar. Y a medida que avanzaba la noche y que las cosas iban subiendo de intensidad, a Hiroshi le quedó muy claro qué tipo de mujer era Aika en la cama: no solía ceder el control y era bastante dominante, algo que él descubrió que le encantaba. Había algo perverso y excitante en que ella lo usara como su esclavo sexual.
Tras aquella maravillosa e inolvidable noche, Aika se ofreció a llevar a Hiroshi a su casa, y así fue como descubrieron que vivían a una cuadra, pues la chica vivía en la misma calle de Akane.
De vuelta en casa de Sentaro Daimonji, Hiroshi estuvo apunto de decirle a Aika que se encontraran, cuando se dio cuenta del etílico y vergonzoso estado de Ranma. Lamentándose internamente, supo que no dejaría a su amigo así como estaba y que debía acompañarlo a su casa. Sabía que aquello complicaría su encuentro con Aika, pero Hiroshi pensó que era lo correcto.
Pero mientras estaban en el Uber rumbo a la casa de Ranma, Aika volvió a escribirle por WhatsApp. Y esta vez sus mensajes llegaron acompañados de fotos.
Mensaje 1: «¿Seguro que no puedes? Estoy sola en casa...» La foto que acompañaba al mensaje era una selfie frente al espejo, en la que Aika posaba completamente desnuda.
Mensaje 2: «Deberías venir a visitarme». Selfie frontal en la que sus pechos eran en el centro de atención.
Mensaje 3: «Te quiero aquí en mi cama para hacerte muchas cosas». Emojis de fuego y de gotas de agua. Foto de ella acostada boca arriba mordiéndose los labios.
Cambio de planes. Hiroshi introdujo la dirección de Akane en la aplicación de Uber y le comentó al conductor que irían a un destino diferente.
—¿No vamos a mi casa? —Preguntó un Ranma que oscilaba entre la consciencia y el coma etílico.
—Nop, te voy a llevar a donde Akane —no iba a desaprovechar la oportunidad de una noche de pasión desenfrenada y sexo salvaje con Aika Shiota, así que llevaría a Ranma a la casa de Akane con la esperanza de que su amiga se apiadara de él y de su hasta hacía poco triste vida sexual.
Y ahora estaba en medio de la sala de Akane, con Ranma dormido por la borrachera mientras el esponjoso y adorable Pomerania de la familia Tendo le mordisqueaba la chaqueta.
—Tienes que prometer que no dirás una palabra de lo de Aika a nadie, Akane. —Hiroshi la miraba con ojos suplicantes—. No quisiera divulgar nada de eso, por respeto a ella y a su intimidad.
Akane había permanecido inmóvil y patidifusa ante la historia que Hiroshi, su tierno y tímido amigo, acababa de contarle.
—Déjame ver si entendí —lo miraba con una mezcla de incredulidad y sorpresa—, has traído aquí a Ranma para que yo lo meta a dormir a mi habitación porque tú tienes un booty call con una chica, que no es cualquier chica —lo miró sin parpadear—, sino Aika Shiota—, hizo énfasis en el nombre de la animadora, como si todavía no pudiera creerlo—, la capitana de las animadoras y una de las mejores amigas de mi hermana.
—Exacto.
Akane finalmente parpadeó. Soltó un largo suspiró y se llevó una mano al rostro para acariciarse el puente de la nariz. Ah, las cosas que hacía por sus amigos.
—Está bien, pero vas a ayudarme a subirlo.
La sonrisa de Hiroshi no pudo ser más grande. Entre los dos levantaron a Ranma y lo llevaron hasta la habitación de Akane en la segunda planta de la casa. La chica le indicó a su amigo que lo acostara mientras ella se aseguraba de que tanto su padre como su hermana mayor siguieran dormidos. Por suerte todo estaba en orden, así que volvió a su habitación para encontrarse con que Hiroshi había acostado y arropado a Ranma.
—Te acompaño abajo.
—No hace falta. Acuéstate ya. —Le dio un beso en la mejilla—. Te escribo cuando esté donde Aika para que sepas que llegué.
Ella asintió con la cabeza y el chico salió de su habitación. Akane se metió a la cama, apagó la luz de la mesita de noche y se arropó con el edredón, P-Chan acurrucándose a los pies de ambos. No se durmió de inmediato, como hacía casi siempre, pues podía sentir su corazón latiendo fuertemente dentro de su pecho. Había un chico allí con ella, y no cualquier chico; era Ranma, quien la hacía suspirar y quien conseguía que le temblaran las piernas.
Se giró para quedar cara a cara con él, lo cual ocasionó que sus piernas se rozaran. Akane frunció el ceño. Alzó el edredón y comprobó que además de su camisa, solo tenía puestos unos bóxers verdes. Hiroshi era de lo peor.
Cogió su móvil de la mesita de noche y le escribió.
«¿Llegaste ya?».
La respuesta no tardó en llegar.
«Tocando el timbre justo en este momento».
«Bien. ¿Por qué le quitaste los pantalones?».
«Estaban manchados de tierra en la basta y un poco en la rodilla. No quería que te ensuciara la cama».
Akane rodó los ojos.
«Vaya, que considerado».
Hiroshi le respondió con el emoji que sacaba la lengua y guiñaba el ojo y Akane dejó su móvil en la mesita de noche. De pronto sintió que un brazo le rodeaba la cintura. Se quedó de piedra, pensando en que tal vez Ranma se hubiera despertado. Ella colocó sus manos en el fuerte antebrazo de su acompañante y habló en un susurro.
—¿Ranma? ¿Estás despierto?
No hubo respuesta. Tan solo una respiración profunda contra su nuca, haciéndole cosquillas. Ranma se había pegado a ella completamente y la abrazaba como lo haría un novio cariñoso. Akane se relajó y se acurrucó contra él, haciendo que el chico la abrazara todavía más, como si en sueños estuviera disfrutando de la cercanía y del contacto de sus cuerpos. Aunque le hubiera gustado que su chico favorito estuviera consciente, debía admitir que incluso así se sentía muy bien.
Cayó en un sueño profundo poco tiempo después, en el que soñó que cierto pelinegro la besaba para despertarla.
Al despertarse esa mañana, Ranma sintió tres cosas poco habituales: la primera, al abrir los ojos, fue una sed horripilante; la segunda fue una sensación áspera en la garganta y un leve dolor de cabeza que amenazaba con volverse potente; la tercera, un cuerpo cálido pegado al mío. ¿Qué diablos…? Espabiló un poco más y se dio cuenta de que no estaba en su habitación.
La luz de la mañana iluminaba parcialmente el cuarto. No podía moverse demasiado ya que una chica le abrazaba el cuerpo, e incluso lo rodeaba con una de sus piernas. Por si fuera poco, también él la abrazaba. Como el pelo le tapaba la cara, le apartó varios mechones para poder ver quién era. Su corazón casi sale de su pecho al reconocer las finas facciones de ese precioso rostro. Un latido. Dos, tres, cuatro. Cinco.
¿Cómo carajo había llegado a la cama de Akane?
Trató de recordar algo, pero fue en vano. Para intentar calmar sus pulsaciones, observó la habitación. Estaba completamente ordenada, había muchos libros y objetos que delataban los gustos de mi compañera de lecho. Las sábanas de la cama eran de un tono amarillo pálido y de una calidad muy superior a todas en las que él había dormido, probablemente algodón egipcio o algo así. Fue entonces cuando vio sus jeans colgados en una silla, en la que también estaba su chaqueta y su bufanda. Sintió que se tensaba completamente. Levantó las sábanas y comprobó que no tenía pantalones, solo sus bóxers verdes. Akane usaba su pijama.
Calma, Ranma. No tiene por qué haber pasado nada.
Hizo un esfuerzo por recordar. ¿Se habrían acostado o algo así? A simple vista no lo parecía, tomando en cuenta que ella estaba usando un pijama y que a él solo le faltaban sus pantalones. Con la mano con la que no abrazaba a Akane, se tocó la entrepierna por encima de la tela de su ropa interior. Bien, se sentía… normal.
Tal vez no hubiera pasado nada. Tal vez solo se habrían quedado dormidos y ya. Pero, ¿qué hacía él allí? ¿Cómo había llegado a la cama de Akane? ¿Ella también había estado en la fiesta? No recordaba nada de eso. Lo último que recordaba había sido subirse a un coche… ¿con Hiroshi? ¿Akane había estado ahí?
Trató de no entrar en pánico. ¿Qué hora era? Coño, mis padres. Mierda. Calma, Ranma, calma. Él no usaba reloj y no tenía idea de dónde estaría su móvil, pero por suerte, Akane no se había quitado su Apple Watch. Ranma tocó la pantallita y miró la hora. Siete y cuarto. Aún era temprano. ¿A qué hora me habría ido de la fiesta?
Además de la sed, su vejiga pronto manifestó la necesidad apremiante de ser vaciada. Ranma movió el cuerpo de Akane hasta que dejaron de tocarse y se incorporó. ¿Dónde estará el puto baño? ¿Habrá gente despierta?
El chico de la trenza pensó que bajo ninguna circunstancia podía permitir que las hermanas de Akane o su padre lo vieran, ¡y menos en calzoncillos! Pensarían lo peor. De pie en medio de la habitación, notó que además de la puerta que daba al pasillo (la cual por suerte estaba cerrada con pestillo) había una más pequeña a un lado del cuarto. La abrió con manos temblorosas y comprobó que se trataba de un baño. Tras encerrarse en el baño, se dio cuenta de que aquella no era la única puerta, pues se trataba de un baño compartido con otra habitación. La otra puerta estaba entreabierta, así que me asomé nervioso para ver a dónde daba. Era un cuatro muy similar a la de Akane, pero decorado de forma totalmente distinta. Por suerte, no había nadie allí y la cama estaba tendida. En un cartel hecho de corcho que colgaba de la pared, Ranma reconoció a Nabiki. Bien, probablemente sería su habitación. Volvió a meterse en el baño y cerró la puerta. Trató de hacer el menor ruido posible, se lavó la cara y luego los dientes con el cepillo de dientes de Akane. No creo que vaya a molestarle, pensó.
Volvió a la habitación de Akane y buscó su móvil en el bolsillo de sus jeans. Estaba descargado. P-Chan, el perrito Pomerania negro de Akane, dormitaba a los pies de la cama.
Akane permanecía dormida en la misma posición en la que la había dejado antes de ir al baño, mirando a la pared. La camiseta de su pijama se había subido, dejando ver dos increíbles hoyuelos al final de su espalda. Ranma se llevó las manos al rostro mientras intentaba hilar los hechos de la noche anterior, sin éxito alguno. ¿Nos habríamos besado en la cama antes de dormirnos? ¿Tal vez algo más? Aquel pensamiento comenzó a excitarlo, haciendo que maldijera mentalmente. ¿Por qué mis malditas hormonas tienen que meterse en todo? Si solo la idea de besar y tocar a Akane lo excitaba, la vista que tenía enfrente no ayudaba en lo absoluto. Akane lo tenía comiendo de la palma de su mano y probablemente ni siquiera lo sabía.
No era el momento de fantasear con ella. Tenía que irse de allí antes de que se metieran en un lío. Se acercó a la cama y se sentó junto a ella. Teniéndola tan cerca, se sintió tentado a acariciar su espalda y a despertarla con besos.
¡No, Ranma, no! Concéntrate. Deja de pensar en esas cosas.
Posó su mano sobre el brazo de Akane y lo movió suavemente.
—Akane —la llamó en un susurro—, Akane, despierta…
Ella se movió hasta quedar acostada boca arriba, pero no se despertó. Esa vista fue más de lo que la mente pervertida de Ranma podía procesar en ese momento. Akane estaba usando una camiseta blanca y debajo de ella no llevaba sujetador. El chico tragó grueso ante la imagen de sus areolas y pezones marcándose debajo de la tela. Dios mío. Su cuerpo no tuvo piedad.
No, no, no, ¡no! ¡No ahora! De todos los momentos inapropiados para tener una erección, seguramente este encabezaba la lista. Maldita sea. ¿Por qué no lo podía controlar? ¿Habría alguna edad en la que podría? Esperaba que sí, porque de solo sentir el olor de Akane, que inundaba toda la maldita habitación, se ponía a tono. Y encima verle las tetas…
¡Ya, Ranma, ya!
Tomó un pequeño cojín en forma de patito que ella tenía en la cama y se tapó la erección con él.
—Akane —volvió a mecer su brazo—, despierta, por favor.
Los ojos cafés de Akane se abrieron despacio. Al principio, miró a Ranma como si no supiera qué hacía allí, pero pronto pareció recordar más de lo que el chico había podido.
—Ranma —fue lo primero que dijo antes de mirar su reloj—, buenos días.
Se incorporó despacio en la cama hasta quedar sentada y se acomodó la camiseta.
—Buenos días. —Dijo él con algo de vergüenza—. ¿Qué pasó ayer?
Ella lo observó sin decir nada durante varios segundos. Tenía el pelo completamente revuelto y la camiseta pegada al cuerpo. Ranma trató de no mirar hacia abajo.
—¿No recuerdas nada?
—Fui a una reunión en casa de Sentaro Daimonji, con Hiroshi. —Contestó—. Y ya después… todo es borroso. —Frunció el ceño—. ¿Hiroshi me trajo hasta aquí?
Ella asintió con la cabeza. Seguía sin cubrirse con la sábana.
—Sí —Akane recordó que Hiroshi le había pedido que por favor no dijera nada sobre su encuentro con Aika Shota—, me dijo que te emborrachaste y pidió un Uber para llevarte a tu casa, pero en algún momento del trayecto dijiste que ibas a vomitar. Por suerte estaban cerca de mi casa, porque Hiroshi me dijo que el conductor les pidió que se bajaran del coche —mintió—, así que se bajaron y Hiro me llamó para que los recibiera.
—¿Vomité? —Ranma sintió que la vergüenza se apoderaba de él. Lo último que necesitaba era enterarse de que había hecho el ridículo por beber hasta la inconsciencia.
—No. Bueno, no sé. Hiroshi se metió contigo al baño, yo no entré con ustedes así que no sé si ahí vomitaste —se encogió de hombros.
—¿Y después?
Akane suspiró y esbozó una pequeña sonrisa que hizo que Ranma tuviera que mantener la boca cerrada para evitar babearse.
—Después… te quedaste dormido en mi sofá, abajo. Y luego Hiroshi y yo te subimos hasta aquí, porque no había manera de despertarte y que caminaras. ¿Sabías que pesas un montón? —Lo miró con una mezcla de diversión y severidad—. No podíamos llevarte a tu casa pero tampoco podíamos dejarte en el sofá, así que te subimos hasta aquí. Hiroshi te acostó en mi cama y bueno... aquí estamos.
Él bufó y bajó la cabeza, avergonzado por su conducta. Sí, haber bebido le había ayudado a olvidarse de la pelea con su padre, y también había sido una buena idea para divertirse un rato, pero nada más. El día era otro y la tensión por la discusión seguía ahí, con el agravante de que no había ido a dormir a su casa y que encima Akane había presenciado una vergonzosa escena.
—Lo siento mucho, no quise causarles tantos problemas. —Su disculpa fue sincera—. No pensé en emborracharme así. En realidad, no tomé tanto. Creo que el problema fue que mezclé varios licores...
Akane no dijo nada, pero para él fue evidente que había algo que quería decirle. Ranma no supo si ese algo era referente a la borrachera o al hecho de haber pasado la noche juntos, pero pronto una duda lo asaltó.
—Oye, Akane. Anoche, entre nosotros… no pasó nada, ¿o sí?
Ella apartó la mirada y yo pude notar que un leve sonrojo cubría sus mejillas. ¿Qué significaba eso?
—No. Como te dije, estabas… inconsciente. —Volvió a mirarlo—. ¿Por qué lo preguntas?
—Bueno, es que… no tengo pantalones. Y esta mañana estábamos abrazados cuando me desperté.
El color rosado en el rostro de Akane se hizo todavía más intenso, lo que le recordó a Ranma a lo agitada y sonrojada que se veía cada vez que hacía ejercicio o que se besaban apasionadamente. Era una de las cosas que más le gustaban de ella.
—No pasó nada —contestó—, y disculpa por eso.
—¿Por qué? —Preguntó extrañado.
—Por haberte abrazado mientras dormías.
Ranma sonrió.
—Eso no me molesta, al contrario. Me gusta mucho. —Le acarició la mejilla con su mano y le guiñó un ojo. Akane le sonrió—. Gracias por dejarme dormir aquí, me gustó despertarme a tu lado.
—Tú hubieras hecho lo mismo por mí. —Dijo ella—. Y... me gustó quedarme dormida contigo, aunque me gusta más cuando estás consciente.
Ranma se rió y bajó la cabeza. Se le hizo agua la boca al ver que los pezones de Akane todavía se veían a través de la tela de la camiseta de pijama que llevaba puesta. Alzó la mirada y notó que Akane se había percatado de dónde la había estado mirando, pero no parecía molesta ni avergonzada, así que Ranma aprovechó su suerte para posar su mano sobre su pierna.
—Creo que la vez pasada no te lo dije, pero te ves muy sexy cuando te despiertas...
Acercó su rostro al de ella para besarla, y se sintió ganador al ver que Akane comenzaba a cerrar los ojos. También él los cerró en el momento en que sus labios entraron en contacto. Akane le rodeó el cuello con sus brazos para atraerlo hacia ella, lo que ocasionó que P-Chan se interpusiera entre los dos y ladrara. Él también quería que le dieran cariño y atenciones.
Tanto Akane como Ranma se sobresaltaron ante los ladridos del perro. La menor de las Tendo se bajó de la cama y cogió a P-Chan para que dejara de ladrar.
—¡Cállate, ya, P-Chan! —Le dijo mientras lo acariciaba—. ¡Vas a despertar a papá y a Kasumi!
—¿Por qué se llama P-Chan? —Preguntó Ranma con curiosidad.
Akane lo miró.
—Es… una historia larga —bajó a P-Chan y pensó que lo mejor sería soltarlo en el jardín—, luego te la cuento. ¿Bajamos?
Sabiendo que no había nada que pudiera decir para convencerla de continuar con lo que habían estado a punto de hacer segundos atrás, Ranma asintió con la cabeza y se puso de pie para ponerse sus pantalones. Suspiró.
Allá se había ido su oportunidad de seguir besándola.
Ryoga se despertó de un sobresalto, cubierto en sudor incluso a pesar de estar en invierno. Otra vez aquella pesadilla. Se llevó las manos al rostro e intentó calmar sus pulsaciones a través de su respiración. Ha sido solo un sueño.
Desde el penoso y nefasto episodio ocurrido en su fiesta de cumpleaños, Ryoga se había mantenido en un constante estado de ansiedad y nerviosismo, el cual solo era aplacado por momentos al darse cuenta de que ya había pasado demasiado tiempo sin que hubiera repercusiones graves en su contra.
Cuando Ranma abrió la puerta del armario y lo encontró en una situación comprometedora, Ryoga vio su vida pasar y terminar ante sus ojos: su lugar en el equipo de fútbol, su reputación, su imagen, su relación con su familia y sus amigos, su futuro; todas las oportunidades de su vida puestas en riesgo por un descuido.
Pasaron los días y Ranma nunca dijo nada. Ryoga tenía la certeza de ello porque no había recibido ninguna mirada extraña por parte de sus compañeros de clase o del equipo de fútbol, ni tampoco había escuchado murmullos, rumores o comentarios de pasillo. Pero además de no haberlo comentado con nadie, tampoco le hizo preguntas a Ryoga. No buscó indagar sobre el tema, ni pedirle explicaciones, ni nada. Tampoco lo trató distinto. Puede que al principio, durante la primera práctica tras el incidente, hubiera una tensión un tanto incómoda entre ellos, pero Ranma rompió el hielo eventualmente y continuó tratando a Ryoga igual que antes, como si nada entre ellos hubiera ocurrido.
Sin embargo, todavía lo atormentaba la idea de que pudiera llegar a ocurrir algo similar a lo sucedido en la fiesta de Ukyo en el verano, así que Ryoga cogió su móvil y llamó a la única persona, además de su prima, con la que sentía que podía hablar abiertamente del tema.
—¿Ryoga?
—Sayu, hola, ¿te desperté?
Hubo un silencio al otro lado de la línea, y luego sonidos que Ryoga no supo identificar.
—Sí, pero no pasa nada, anoche me acosté temprano. Cuéntame, ¿qué pasa? ¿Estás bien?
—Es por lo de Ranma —comentó como quien ya ha hablado sobre un tema, sabiendo que su amiga no necesitaba de más detalles—, lo que te conté que pasó en casa de Asami.
—¿Te ha dicho algo? —El tono de Sayuri cambió—. ¿Se lo ha dicho a alguien?
—No, bueno, no sé. Creo que no… pero, no sé, Sayuri, siento que es una bomba de tiempo.
Otro silencio. No es que Sayuri no supiera qué decirle a su amigo, porque de hecho lo que quería decirle ya lo habían hablado varias veces en el pasado, pero estaba buscando la mejor forma de repetírselo para que esta vez le hiciera caso.
—Ry, creo que debes hablar con él. —Adelantándose a las protestas de su amigo, continuó—. Sé que no quieres y que te pones muy nervioso, pero Ranma entenderá. Akane dice que es un chico muy noble, también lo dicen Daisuke y Hiroshi. ¡Tú mismo lo dices! Y además se ve que es muy leal. —Había visto de primera mano cómo se comportaba con sus amigos y compañeros de equipo, pero también con Akane—. Y si hasta ahora no ha dicho nada, es porque seguramente entiende la situación. Pero creo que lo único que te dará calma será contarle lo que pasó en la fiesta de Ukyo.
Esta vez fue Ryoga el que se quedó callado. Su amiga tenía razón. No tenía caso seguir martirizándose de aquella forma sin siquiera haber hablado con Ranma. Pero para hacerlo, necesitaría de algo de apoyo.
—Vale —Sayuri se sorprendió ante la rápida afirmación de su amigo—, pero quiero que me acompañes para hablar con él. Tú mejor que nadie sabes lo que pasó.
Sayuri estuvo de acuerdo. Le parecía muy acertado que Ranma supiera lo sucedido aquel día, y no solo por lo sucedido con Ryoga. Akane también había tenido una tarde negra y, ahora que Ranma y ella tenían una relación, a Sayuri le parecía más relevante que nunca que el pelinegro estuviera informado.
En la amplia cocina de los Tendo, Ranma y Akane bebían agua mientras el chico le contaba sobre la reunión en casa de Sentaro Daimonji.
El chico le había pedido a Akane un cargador para conectar su móvil y avisarle a su madre que estaba bien. Cuando el teléfono se encendió, Ranma comprobó que alrededor de la una de la mañana le había escrito a Nodoka un breve mensaje:
«Mamá, me quedaré en casa de Hiroshi hoy, vuelvo en la mañana».
Ranma no recordaba haber escrito eso, así que era probable que lo hubiera hecho Hiroshi. Sonrió. Su amigo pensaba en todo. Por suerte, su madre le había contestado diciéndole que lamentaba la discusión que había tenido con Genma (quien al parecer le había contado lo sucedido) y que por favor volviera a casa temprano.
En algún punto de su conversación con Akane en la cocina, la menor de las Tendo decidió hablarle sobre su borrachera.
—Ranma, sé que no es mi problema y no debería meterme en tus asuntos —Akane intentó no sonar reprobadora—, pero no deberías beber así, es peligroso.
Ranma la miró sin decir nada, avergonzado de su comportamiento la noche anterior. Él jamás bebía y de hecho, aquella había sido la primera vez que se emborrachaba en toda su vida. Pero por una vez, había necesitado saber qué se sentía tomar hasta desinhibirse y simplemente dejarse llevar. Olvidarse del mundo, como lo hacían todos los demás, y divertirse sin tapujos. Por supuesto, no contaba con quedarse inconsciente. Pero qué iba a saber él de eso, si ni siquiera sabía beber.
—Lo sé. —Fue todo lo que dijo. ¿Qué más podía decir? No podía decir que no le gustaba beber después que lo hubiera hecho hasta quedar casi en un coma etílico, lo haría parecer más idiota de lo que probablemente ya parecía.
Se quedaron en silencio durante un rato, cada uno sumergido en sus propias cavilaciones. Akane sospechaba que detrás de aquella borrachera había algo más, pero no sabía qué. ¿Presión social? ¿Algún reto de sus compañeros del equipo? ¿Algún hecho previo a la fiesta que hubiera empujado a Ranma a hacerlo? ¿Una pelea con su padre tal vez?
—¿Te pasó algo ayer?
—¿Ayer? —Preguntó parpadeando.
—Sí, antes de la fiesta —Akane lo miró con comprensivos—, para que bebieras así...
El chico apartó la mirada. No quería mentirle, pero tampoco estaba listo para hablar de lo ocurrido. A pesar de que Akane ya tenía una idea sobre la tensa relación que él tenía con su padre, le daba vergüenza admitir que algunas veces llegaban a esos extremos.
—Eh, no —Ranma dejó su vaso sobre la encimera de la cocina y se acercó a Akane—, solo una discusión con mi padre, pero fue una tontería. —Esbozó una sonrisa falsa que intentaba ser coqueta y acarició la mejilla de Akane con sus dedos—. Gracias de nuevo por cuidar de mí.
Se inclinó hacia adelante y le dio un corto beso en los labios.
—¿Seguro? —Akane lo miró con preocupación y curiosidad, intuyendo que algo fuerte tenía que haberle sucedido para que bebiera así. Esta vez fue ella quien posó su mano sobre la mejilla de su chico—. Ranma, sabes que puedes contarme lo que sea.
Era difícil resistirse a la dulzura y bondad de Akane, pero el chico de la trenza no estaba preparado para poner en palabras todos los sentimientos negativos que su relación con su padre despertaba en él. Así que simplemente asintió con la cabeza y rodeó a Akane con sus brazos.
—Echo de menos verte todos los días —repartió varios besitos en su rostro. Esperaba que sus carantoñas sirvieran para que Akane dejara atrás el tema—. Haces que los días sean mejores.
Akane no pasó por alto que el chico estaba intentando distraerla, pero pensó que lo mejor sería no presionarlo para que hablara. Ya se lo preguntaría en otro momento. Aprovechó para abrazarlo también y besarlo de la misma forma en la que él lo hacía, disfrutando de la suavidad de su pelo.
Ranma pronto se sintió complacido y motivado por la respuesta física de Akane. La apretó todavía más contra su cuerpo y buscó su boca para besarla de forma apasionada. Sí, hablar del tema sería lo más adecuado para desahogarse y dejar salir todas esas emociones acumuladas, pero una buena sesión de besos y toqueteos también podía servir para ello. Al fin y al cabo, lo que necesitaba era drenar energía, daba igual la forma, ¿no?
No.
—Me encanta besarte —le dijo a Akane entre besos, intentando apartar cualquier pensamiento de su mente—, podría hacerlo siempre. Y estás guapísima cuando te despiertas.
Ella sonrió pero no pudo responderle, pues Ranma volvió a besarla con pasión, esta vez colando sus manos por debajo de su fina camiseta blanca. Se tomó su tiempo en acariciar la piel de su cintura, su ombligo, su abdomen, hasta que finalmente deslizó sus manos hasta los pechos de Akane y los apretó suavemente, sintiendo que su cuerpo ardía ante el contacto. ¿Había algo mejor en el mundo que hacer eso? Lo dudaba. Pegó a Akane contra la encimera y comenzó a devorar su cuello mientras la tocaba casi con desesperación. A ella le sorprendió el ímpetu de Ranma, que había ido de cero a cien en segundos, pero al mismo tiempo la excitó. Ella también lo había echado de menos.
—Tócame tú también —le dijo en un susurro contra la piel de su cuello.
Akane deslizó su mano entre su cuerpo y el de Ranma y fue descendiendo poco a poco hasta que llegó a la entrepierna del chico. Sin siquiera meter su mano en sus pantalones, podía sentir que Ranma estaba completamente duro. Quiso desabrochar sus jeans, pero Ranma comenzó pronto inclinó hacia abajo para comenzar a besar su ombligo y su vientre. Fue entonces cuando cayó en cuenta de dónde estaban: la cocina de la casa de Akane. Aquel no era el lugar más adecuado para estar haciendo esas cosas. Se incorporó y miró a Akane.
—¿Vamos a tu habitación?
La menor de las Tendo miró el reloj que estaba en la pared. Era temprano, Kasumi y su padre no se despertarían sino hasta dentro de una hora, así que todavía tenían tiempo. Asintió con la cabeza. Ranma la cogió de la mano y no la soltó hasta que estuvieron de vuelta en su cuarto con la puerta cerrada.
Allí volvió a besarla y fue guiándola de espaldas hasta que los dos estuvieron acostados en la cama. Ranma continuó con sus besos apasionados, esta vez acompañados con caricias por debajo de la ropa.
Akane puso sus manos sobre el pecho de Ranma para detenerlo. Si quería que su relación con él avanzara, lo mejor sería poner una pausa a los besuqueos y mareos, y tener una conversación seria sobre su situación. Existía la posibilidad de que el chico le dijera que lo único que quería era besarse ocasionalmente y ya, pero Akane estaba dispuesta a obtener esa respuesta con tal de aclarar las cosas entre ellos. Ya no quería grises. Quería blanco o negro. Si Ranma quería no quería algo serio con ella, entonces lo que tenían llegaría a su fin, pero al menos al fin tendría claridad.
—Ranma, espera.
A él le tomó unos segundos comprender que Akane quería parar. Cuando se separó de ella, la chica se incorporó, quedando sentada sobre la cama. Él hizo lo mismo y la miró atentamente. Entonces ella pronunció unas palabras que la dejaron helado:
—No quiero seguir haciendo esto… así.
Ranma sintió una punzada en el pecho ante lo que aquello significaba. Se acomodó sobre la cama y la miró fijamente, intentando descifrar qué era eso que había en sus ojos cafés.
—¿No quieres continuar? —Preguntó tratando de sonar menos inseguro de lo que se sentía—. ¿Te refieres a ahora mismo o en general.
—En general —contestó mirándolo.
El chico de la trenza sintió que estaba viviendo un déjà vu. Recordó el día en el que Shampoo lo dejó después de una práctica. Miró a Akane. ¿Se habría aburrido de él? ¿Le gustaría otro chico? ¿Sería por Shinnosuke?
—¿Ya no te gusto?
Akane sonrió y acarició su rostro con sus manos.
—¡Claro que me gustas! —Le dio un corto beso en la punta de la nariz—. Me encantas.
Él la miró confundido.
—¿Y entonces por qué dices que no quieres continuar?
—Es que… me gustaría que habláramos sobre nosotros. Yo… tú me gustas mucho, Ranma. Me gustas en serio. —Estaba nerviosa, pero al mismo tiempo, se sentía segura de lo que estaba diciendo—. No solo para besarnos ocasionalmente. Y antes de continuar así, como siempre, quisiera que aclaráramos algunas cosas sobre nosotros.
Ranma finalmente entendió lo que Akane quería decirle. Le pareció la oportunidad perfecta para sincerarse con ella y decirle que quería que fueran más que amigos. Bien, a él le habría gustado planear algo romántico, pero la vida a veces te ofrecía oportunidades en los momentos menos pensados.
—Akane, tú también me gustas muchísimo. —Le dio un beso en la boca y volvió a mirarla—. Eres una chica increíble. Me encanta tu personalidad y tu carácter, aunque a veces peleemos por eso, pero reconozco que yo también tengo el mío. —Compartieron una sonrisa cómplice al recordar cómo había iniciado todo entre ellos—. Otra de las cosas que adoro de ti es que podemos hablar de cualquier cosa durante horas y nunca nos aburrimos. Y además, por si todo lo anterior fuera poco, me fascinas físicamente. Me pones, como diría Miss Ninomiya, very hot.
Volvió a estrechar a Akane entre sus brazos e intentó morder y lamer su cuello, pero ella se encogió por las cosquillas y se rió por la referencia a su profesora de inglés.
—Eres un payaso —le dijo entre risas.
—Yes, I am —respondió él haciendo alarde de su nivel de inglés—, I am your clown. (Sí, lo soy. Soy tu payaso)
Akane volvió a reírse. Le gustaba como sonaba eso.
—Y bueno, también… —Ranma calló y pareció un poco tímido por primera vez en toda la conversación.
—¿También? —Inquirió ella curiosa, disfrutando de las bonitas palabras que Ranma le decía.
—Y también te quiero mucho.
Poco a poco, una sonrisa de felicidad fue surcando el rostro de la menor de las Tendo. Acarició las mejillas de Ranma con sus manos.
—Yo también te quiero mucho.
—Entonces… ¿te gustaría ser mi novia?
Akane asintió con la cabeza y expandió su sonrisa todavía más. El corazón de Ranma comenzó a latir con más fuerza.
—Sí —contestó Akane sin dejar de sonreír—, sí que me gustaría. Mucho.
Ahora fue el turno de él de esbozar la más grande de las sonrisas. Estrechó a Akane —su novia— en un fuerte y cariñoso abrazo que demostraba todo lo que sentía por ella. Y luego compartieron su primer beso de novios, cargado de cariño y deseo.
Se acostaron en la cama, Ranma boca arriba y ella sobre su pecho, y charlaron sobre todas las cosas que habían vivido juntos hasta ahora. Si varios meses atrás alguien les hubiera dicho que se harían novios, Ranma se habría reído y Akane habría pensado que la persona estaba loca. Entre conversaciones, compartieron algunos besos y caricias, y se dedicaron a disfrutar de la compañía del otro durante un buen rato.
—Quisiera quedarme más tiempo, Akane, pero debería irme a casa —le dijo él acariciando su pelo, disfrutando de estar acurrucado con ella en su cama—, no quisiera que mi madre se preocupara, ni que tu padre nos pillara.
La menor de las Tendo estuvo de acuerdo, y aunque no tenía nada de ganas de soltar a su novio (se sentía muy bien pensarlo y decirlo), lo hizo. Los dos adolescentes se pusieron de pie y salieron de la habitación en silencio. Akane acompañó al chico hasta la puerta de la casa y ahí se despidieron con un apasionado beso y con la promesa de quedar para verse durante la semana, para así disfrutar de su primera cita oficial como novios.
Tras cerrar la puerta, Akane se giró para volver a su habitación, pero se detuvo abruptamente al toparse con Kasumi a varios metros de ella. A juzgar por la expresión que tenía, la mayor de las Tendo había presenciado toda o parte de la despedida de los nuevos tórtolos.
—Kasumi.
Akane se llevó una mano al pecho por el susto y sintió que se le coloreaban las mejillas.
—Buenos días, Akane. —Su expresión denotaba sorpresa y una sonrisa reprimida. Era como si no hubiera esperado encontrarse a su hermana menor escabullendo a un chico en la mañana, pero al mismo tiempo, como si le pareciera curioso o divertido.
—Puedo explicarlo. —Dijo Akane nerviosa.
Esta vez, la sonrisa de Kasumi se manifestó por completo.
—No hace falta. —Se dirigió a la cocina dando gracias mentalmente por haber sido ella quien bajara primero y no su padre. Soun era impredecible con algunas cosas, pero para otras era demasiado transparente.
Todavía avergonzada por lo que acababa de pasar, Akane siguió a su hermana hasta la cocina, pensando en que seguramente Kasumi estaba imaginando lo peor.
—Es que… no es lo que parece. —Era cierto. Solo habían dormido juntos y ya, no había sucedido nada más entre ellos, aparte de unos besos en la cocina.
—¿Ranma pasó la noche aquí? —Indagó Kasumi.
—Sí…
—Entonces creo que sí es lo que parece —miró a su hermana menor con una sonrisa cómplice—, pero no te preocupes, no voy a decirle nada a papá. Aunque debo admitir que me sorprende un poco, no sabía que tú y él...
—Somos novios —respondió Akane de forma apresurada—, pero es algo muy, muy reciente. Pensaba contártelo —añadió—, bueno, a ti y a Nabiki. A papá aún no, ya sabes cómo se emociona y conociéndolo, es capaz de ponerlo en un periódico y empezar a planear una boda…
Kasumi se rió y asintió con la cabeza. Su hermana hacía bien en esperar un poco y querer ser discreta con su relación.
—Te entiendo, sobre todo porque los padres de Ranma son amigos de papá.
Akane bufó y miró al cielo.
—Lo sé.
Se quedaron en silencio un momento, hasta que Kasumi decidió hablar. Si bien no iba a darle un discurso de moral a su hermana, ni tampoco pensaba acusarla con su padre, consideraba que sí era importante tener una conversación al respecto.
—Akane, hay algo de lo que quiero hablar. —Su tono fue cálido y cariñoso—. No quiero que pienses que me estoy metiendo en tu vida privada, pero eres mi hermana y creo que es importante que hablemos sobre esto.
Akane era lo suficientemente inteligente como para intuir qué podía ser eso de lo que su hermana quería hablarle.
—Claro, dime.
—Tal vez tendría que haber tenido esta conversación contigo mucho antes. Mamá la tuvo conmigo, y sé que ella querría tenerla también contigo y Nabiki.
Akane bajó la cabeza. Todavía le dolía pensar en que una mujer tan buena y amorosa como su madre ya no estaba en el mundo, que cada vez que quisiera buscar cobijo en su abrazo tendría que conformarse con rememorarlo, y que jamás volvería a escucharla reír. Pero poco a poco había aprendido a aceptar la ausencia corpórea de su madre, y a disfrutar de su legado junto a sus hermanas. Y parte de ese legado estaba en Kasumi; su dulzura, su empatía, su grandísimo corazón, los había heredado de su madre.
—No sé si Ranma y tú son sexualmente activos, pero quiero que sepas que puedes preguntarme cualquier cosa sobre ese tema. —No parecía nerviosa o incómoda, sino todo lo contrario: tanto su tono como su lenguaje corporal transmitían tranquilidad y seguridad—. El sexo puede ser sencillo o complejo de entender, dependiendo de cuán informada estés. Así que si tú y Ranma están teniendo relaciones sexuales, y tienes alguna duda o inquietud, puedes hablar conmigo sobre ello.
Define relaciones sexuales, pensó Akane. En las clases de Biología había aprendido que las relaciones sexuales no se limitaban al coito, pero era probable que Kasumi estuviera hablando principalmente de ello. No queriendo entrar en detalles sobre las cosas que ya había hecho y que contaban como relaciones sexuales, se limitó a aclarar un punto importante.
—Bueno, en realidad Ranma y yo todavía no lo hemos hecho. —Contestó—. Pero gracias —le sonrió a su hermana—, es bueno saber que puedo contar contigo.
Kasumi asintió con la cabeza y posó su mano en la mesa sobre la de su hermana.
—¿Y… tú? —Se atrevió a preguntar Akane—. ¿Ya lo has hecho?
—Sí —respondió Kasumi con naturalidad.
Su hermana tenía veinte años y desde hacía un año era novia de Tofu Ono, un chico de veintidós que estudiaba medicina, así que Akane no se sorprendió por ello. De repente, una duda asaltó su mente.
—¿Sabes si Nabiki…? —Arrugó el ceño. Su hermana mediana era una caja de sorpresas.
Kasumi se rió ante la expresión de Akane.
—La verdad no lo sé, Akane, Nabiki y yo hablamos mucho, pero no de este tema. Nunca me ha contado nada sobre eso. —Se encogió de hombros—. Por cierto, me has dicho que Ranma y tú aún no lo han hecho, pero sé que durante el verano saliste con un chico, aunque no recuerdo su nombre.
Mejor, pensó Akane. Aquellos recuerdos se le hacían lejanos, casi de otra vida. Ella jamás hablaba de él, mucho menos de lo que había vivido por su culpa el día de la fiesta de Ukyo, así que le había funcionado para olvidarse de ello.
—Con él tampoco lo hice —se apresuró a contestar, no hablar sobre el tema—. No sentía que era el momento. Y no es que quiera esperar hasta el matrimonio, pero sí a sentir que estoy lista y que es el momento adecuado. ¿Tiene sentido?
—Por supuesto que lo tiene. —Kasumi asintió con la cabeza—. Y solo tú sabrás y decidirás cuándo será eso.
Akane observó a su hermana mayor durante varios segundos sin decir nada, como si quisiera decir o preguntar algo. Finalmente, se atrevió a preguntarle.
—Kasumi, ¿cómo supiste que estabas lista?
Ella no tuvo que pensar demasiado antes de responder.
—Sentí que ya era el momento cuando tuve la certeza de que quería hacerlo, porque para mí no había una mejor persona ni un mejor momento que ese.
Una de las cosas que Akane más amaba de su hermana mayor era su templanza y su serenidad. Kasumi no se escandalizaba con cualquier cosa y sabía manejar prácticamente todas las situaciones que se le presentaban. Por eso la conversación no estaba resultando incómoda y desagradable, y por eso las dos se sentían cómodas hablando del tema.
Akane recordó que el día del Baile de Invierno Ranma le dijo que su madre seguramente estaría muy orgullosa de ella. Mirando a Kasumi, la menor de las Tendo pensó que su madre también debía estar orgullosa de su hija mayor.
Un par de días después, las Poppy Sisters se reunieron en casa de Akane para compartir una tarde juntas antes de que Hiroko viajara a Nagoya a pasar las fiestas y Asami se fuera a un viaje de esquí con sus padres. La única que no asistió fue Sayuri, pues había quedado con Ryoga para ayudarlo con algunas cosas.
Las cuatro amigas hicieron introspección y una lista de los mejores y peores momentos del año, para reírse juntas de todas las cosas que habían vivido.
—Creo que uno de los highlights del año es que Yuka y Daisuke finalmente dejaron de jugar a los mejores amigos. —Comentó Akane.
Yuka sonrió. Sí, su relación con Daisuke también era uno de los momentos más importantes de su año, tal vez incluso el que más.
Daisuke era el novio perfecto. Era todo lo que una chica podía desear: era caballeroso, romántico, cariñoso, dulce, pero también era coqueto, pícaro y bromista; aquella mezcla entre lo dulce y lo travieso, era una de las cosas que más le gustaban de su novio. Además de eso, era un chico muy inteligente y súper guapo. ¿Podía ella pedir algo más de él? Bueno, sí. Tal vez podría pedir más… o menos, dependiendo de cómo se viera.
Hora de rebobinar la cinta.
La noche que pasaron juntos en casa de Hiroshi fue un punto de inflexión en su relación, tanto para bien como para… ¿mal? No, no era para mal. Pero… a Yuka le costaba definirlo.
Tras la charla con sus amigas en la habitación de los padres de Hiroshi, Yuka se dirigió al cuarto de huéspedes, en el que encontró a Daisuke sentado en la cama revisando su móvil. Al verla entrar a la habitación, el chico le sonrió con enamoramiento y emoción. Llevaba puesta una camiseta blanca y unos bóxers negros ajustados. Yuka pensó que se veía irresistible.
Aquella no solo era la primera vez que pasaban la noche juntos, sino que además también era la primera oportunidad que tenían de estar solos con todo el tiempo del mundo por delante y sin riesgo de que alguien los pillara. En el pasado, sus sesiones de besuqueos y toqueteos habían sido en casa de Daisuke, las veces que Yuka iba para ver películas y pasar la tarde juntos. Tanto la madre como la hermana de Daisuke estaban en la casa, y aunque ella cedía cuando él le insistía para que hicieran cosas, asegurándole que nadie los interrumpiría, Yuka se sentía nerviosa e incómoda ante tal posibilidad. Otras veces habían sido en su propia casa, donde tenían un poco más de libertad; Yuka tenía un hermano mayor que estaba en la universidad y por ende vivía en el campus, y sus padres trabajaban, así que en las tardes en las que no tenía práctica de voleibol podía pasar varias horas sola en casa sin supervisión adulta. Ella había invitado a Daisuke más de una vez pero a pesar de estar solos, el pensamiento de que sus padres podrían llegar en cualquier momento (aunque ninguno solía salir de la oficina temprano) la aterraba; su madre era bastante más conservadora y estricta en ese aspecto que la de Daisuke, y la verdad es que ella prefería no tener que darle explicaciones de por qué estaba sola con su novio en casa. Así que la oportunidad de pasar una noche juntos sin padres en casa de Hiroshi era un regalo del universo.
Una cosa llevó a la otra y pronto los dos estuvieron desnudos bajo las sábanas, besándose apasionadamente. Lo que Yuka más disfrutaba de la intimidad con su novio era precisamente esa parte, la de los besos (que no se limitaban únicamente a la boca), ya que siempre sentía mariposas en el estómago y pajaritos en la cabeza porque Daisuke lo hacía muy bien. Le encantaba que él la besara en la boca, en el cuello, en el vientre, pero también que estimulara sus pechos con su boca (era una de las cosas que más la excitaba). Otra cosa que le gustaba y la excitaba era masturbar a su novio; saber que ella era capaz de excitarlo tanto y de satisfacerlo sexualmente era muy gratificante.
Hasta ahí, todo estaba bien, todo era perfecto. El problema era que cuando él la tocaba ella no sentía nada. Bueno, no es que no sintiera nada; claramente sentía algo, pero… nunca conseguía tener un orgasmo. Ella jamás había tenido uno (nunca se había masturbado) pero sospechaba que cuando ocurriera, sabría reconocerlo, y, aunque no le disgustaba que Daisuke la tocara y estimulara, definitivamente no sentía que estuviera ni cerca de alcanzar el clímax. Y como Daisuke parecía tan satisfecho con su vida sexual y tan entusiasmado por poder tocarla y complacerla, Yuka no era capaz de decirle que estaba muy perdido en ese aspecto y de hecho sentía que era prácticamente su responsabilidad y obligación tener un orgasmo. Así que hacía lo que muchas otras chicas en su misma situación habían hecho: fingía. Y lo cierto es que se le daba bastante bien. Pretendía estar disfrutando al máximo y fingía sus orgasmos de una forma tan realista y bien actuada, que ni al más experto de los hombres se le ocurriría siquiera pensar que aquellos gemidos y movimientos corporales no eran provocados por un auténtico orgasmo. Naturalmente, fue suficiente para convencer a Daisuke de que era el alfa de la manada.
Siguiendo con la noche en casa de Hiroshi, esta vez su novio le pidió hacer algo más, algo que hasta ahora no habían hecho: sexo oral. Yuka se había preparado para ese momento y había leído una cantidad considerable de artículos sobre felaciones, con la intención de aprender a hacerlo bien. Ella era la alumna más destacada no solo de su curso, sino también de todos los estudiantes de penúltimo año (tenía el promedio más alto de toda su promoción, y el segundo promedio más alto de toda la Academia Furinkan solo por detrás de una chica de último año que la superaba por unas pocas décimas), y además era una excepcional jugadora de voleibol (no había nadie que sacara mejor que ella), así que estaba acostumbrada a destacarse en todo lo que hacía. El sexo, por supuesto, no iba a ser la excepción.
Así que tras superar la timidez, nervios y vergüenza inicial, Yuka permitió a su novio descender hasta alcanzar su sexo. Las primeras sensaciones fueron muy positivas y excitantes, pero al igual que con la masturbación, las técnicas de cunnilingus de Daisuke no fueron suficientes para hacerla alcanzar el orgasmo. Así que después de varios minutos (cinco probablemente, los cuales a ella le parecieron una eternidad agobiante, pero para el sexo oral no son nada), comenzó a sentir la presión que siempre sentía cuando su novio la estimulaba y ella no se corría. Aquello, por supuesto, la llevó a fingir una vez más. Al terminar, Daisuke tenía la expresión de alguien que acaba de poner un pie en la Luna. Como siempre, le preguntó a su novia con una mezcla de orgullo y emoción si le había gustado, y como siempre, Yuka le respondió con una sonrisa coqueta que sí.
Aunque él no lo mencionó, era más que tácito que ahora era el turno de ella. Así que Yuka se sobrepuso a su nerviosismo y se aventuró a la labor de brindar placer oral a su novio. Descubrió que era bastante más fácil de lo que ella había creído, y no solo por todos los artículos que había leído, sino porque el concepto general era sencillo y muy básico. Pero pronto descubrió otra cosa que no era nada alentadora, sino todo lo contrario.
Como cualquier adolescente centennial con acceso a Internet y sin la dedicada y apropiada supervisión de sus padres, Daisuke había consumido muchísimo porno, y, como la mayoría de los chicos que carecían de una vasta experiencia práctica y que no recibían una educación sexual adecuada, el joven Koyasu aprendió todo lo que sabía sobre el sexo gracias al porno. Lo cual era como aprender a conducir viendo Rápido y Furioso: una idea nefasta. Por supuesto, esto no era beneficioso para su pareja, tomando en cuenta que la mayoría del porno no solo no enseñaba a los hombres a complacer a las mujeres, sino que además mostraba una visión bastante machista y limitada del sexo, al hacerlo ver como un performance en el que las mujeres (actrices a quienes se les pagaba para actuar de aquella forma) disfrutaban de absolutamente todo lo que el hombre les hacía. Así que Daisuke llegó a una sencilla y desacertada conclusión: «si a las mujeres del porno les gusta y les excita, a Yuka también». Por supuesto, ni siquiera contempló preguntarle nada antes, ya que en el porno jamás se pregunta nada, los hombres simplemente hacen y a ella les gusta.
Así que en ningún momento pensó en que tal vez a su novia no le gustaría que él empujara su cabeza hacía abajo mientras ella le hacía un blowjob, o que tal vez no quería que él la sujetara con fuerza de la nuca, ni tampoco que él moviera sus caderas o que la tomara del pelo con un poco de fuerza. Era lo que había visto siempre y nadie nunca se quejaba. Yuka, por su parte, no fue capaz de decirle que no le gustaban esas cosas, así que simplemente se limitó a dejar que él lo hiciera y a fingir que no le molestaba, aunque un par de veces le pidió que no fuera tan brusco. Como era natural tomando en cuenta su edad y su inexperiencia, Yuka no sospechó que aquella era una conducta aprendida, por lo que simplemente pensó que así era como a su novio le gustaba y se resignó a aceptarlo. Tal vez a ella le acabaría gustando en algún momento...
Luego vino el Baile de Invierno, que fue muy especial para los dos.
Ese mismo día en horas de la tarde, Daisuke le pidió a su novia que le inventara alguna excusa a sus padres para no ir a dormir esa noche. No le dio demasiados detalles, pero le dijo que le tenía una sorpresa y que ésta implicaba pasar la noche juntos en un «lugar especial».
Se trataba de un Airbnb que el chico había rentado por una noche, para disfrutar de una velada romántica e íntima con su novia. Una semana antes, había consultado con los chicos mayores del equipo de fútbol cuál podría ser la mejor opción para pasar una noche (o al menos varias horas) con su novia, tomando en cuenta que ambos vivían con sus padres. La mayoría sugirió un love hotel, pero Sentaro Daimonji le dijo a Daisuke que lo mejor sería otra opción.
—Hay chicas que se ofenden o escandalizan si las llevas a un sitio así —le explicó con paciencia y sabiduría como lo haría un hermano mayor—, sobre todo si son vírgenes. Te recomiendo un Airbnb. Como es un apartamento que suelen rentar a turistas, te darán las llaves por la tarde, así que tendrás todo el tiempo del mundo para prepararle algo especial. Y además, si resulta que ella no se quiere acostar contigo, no será tan incómodo como si la llevaras a un love hotel, donde estarán los dos en una habitación. Aquí pueden charlar antes en la sala o algo así, sin que necesariamente sea explícito que quieres acostarte con ella.
Daisuke, siendo el chico romántico que era, decoró la habitación del Airbnb con pétalos de rosas y velas. El viaje en Uber desde la Academia hasta el Airbnb no fue demasiado largo, pero Daisuke y Yuka aprovecharon para charlar sobre los hechos de la noche, de forma distendida y relajada. No fue sino hasta que se encontraron solos en el apartamento, cuando los nervios y la tensión sexual comenzaron a aflorar.
El chico aprovechó para poner algo de música: una playlist que había preparado especialmente para esa noche con canciones sexis y románticas que sabía que a Yuka le gustaban. Luego le ofreció una copa de vino rosado a su novia. Sabía que ella no solía beber en grandes cantidades, pero le gustaba el vino, sobre todo el rosado. Se sentaron en el sofá, uno muy cerca de otro, y Daisuke acarició la pierna de su novia mientras continuaban charlando. Cuando ambos se hubieron terminado el vino, y cuando Touch It de Ariana Grande comenzó a sonar, ambos supieron lo que sucedería a continuación.
Hasta ese momento, Yuka había creído que Daisuke se había acostado con muchas chicas, pero esa noche su novio le confesó que era virgen. Aunque sí había ligado con unas cuantas, nunca se había acostado con ninguna.
—Me gustaría mucho que mi primera vez fuera contigo, princesa —le dijo con mucha dulzura y amor, mientras acariciaba su rostro con una de sus manos.
—A mí también —le confesó ella entre susurros.
Perdieron su virginidad juntos aquel día. Eliminando la parte de agudo e intenso dolor, Yuka describiría su primera vez como un momento muy especial y bonito. Daisuke se portó muy bien con ella y ambos pudieron disfrutar de un encuentro apasionado y romántico. No sería sino hasta las siguientes veces cuando Yuka comprobaría que esas manías de Daisuke durante el sexo oral que a ella no le gustaban, se trasladaría también al sexo en general.
La mención del nombre de Ryu Kumon hizo que Yuka saliera de sus cavilaciones y volviera a prestar atención a sus amigas. Hiroko les indicó a todas que había encontrado un test de Buzzfeed ideal para Asami: «¿cómo saber si el chico que te gusta es un fuckboy?» Definición general de fuckboy, palabras más, palabras menos: «persona que no valora tus sentimientos y que solo te ve y te utiliza como un objeto sexual».
Un poco resignada, Asami estuvo de acuerdo con hacer el test. A esas alturas, estaba convencida de que aquel cuestionario solo confirmaría lo que ya todas tenían claro, así que aunque personalmente no le parecía necesario hacerlo, pero al mismo tiempo sabía que sus amigas querían que ella tuviera evidencia cuantitativa que le impidiera volver a caer en los encantos de Ryu. Un wake-up call.
Lo cierto era que ese ese wake-up call le había llegado el día de la biblioteca. A partir de ese día, algo se rompió en su relación con Ryu, haciendo imposible volver a juntar las piezas. No hablaba con él desde el Baile de Invierno, y no porque el chico no la hubiera buscado. La había escrito por WhatsApp y por Instagram, pero Asami había borrado las conversaciones y mensajes sin siquiera abrirlos.
—La primera pregunta es sobre nudes —dijo Hiroko—, ¿alguna vez te ha escrito de la nada o a horas no adecuadas para pedirte fotos desnuda? ¿O te las ha pedido en un contexto en el que no venía al caso?
—Sí —muchas veces.
Hiroko marcó un punto y continuó con el cuestionario.
—¿Te ha ignorado después de acostarse contigo, tipo ghosting?
—Sorprendentemente, no.
—¿Te ha tratado con indiferencia o frialdad después de acostarse contigo?
—Eso sí —más veces de las que me gustaría admitir.
—¿Alguna vez has sentido que solo te utiliza por tu cuerpo y por el sexo?
—Sí, claro, pero yo también a él. —Su relación era muchas veces transaccional, sobre todo al principio.
—¿Alguna vez ha coqueteado con alguna de tus amigas? Creo que no, ¿no? —Hiroko miró al resto del grupo—. A mí ni se me acerca.
Todas las chicas negaron con la cabeza. Ryu respetaba esos límites y barreras.
—¿Alguna vez te ha dicho palabras bonitas o ha hecho cosas especiales solo para conseguir que te acostaras con él?
—Ajá. —Le fue inevitable olvidar los últimos meses a su lado.
—¿Alguna vez te ha insistido para que tengan sexo sin condón?
El rostro de Asami se tornó rojo. ¡¿Quién había hecho ese test?! Era impresionante la exactitud de las preguntas, como si la persona conociera todas las artimañas de Ryu. Probablemente porque son las artimañas de un fuckboy y el test es precisamente para identificar a uno, pensó.
—¿Sí o no? —Insistió Hiroko.
—Sí… —apartó la mirada.
—Tú le has dicho que no, me imagino. —Comentó Hiroko sin mirarla, sus ojos fijos en la lista en la que marcaba otro punto. Prácticamente no había dejado de sumar.
Silencio. Asami se sintió como un mapache al que sorprenden hurgando en la basura o en la comida ajena. No pudo evitar que sus mejillas se tornaran todavía más calientes y rosáceas. Fue incapaz de reconocer en voz alta que en más de una ocasión, ella había accedido a hacerlo sin protección.
Akane, Yuka y Hiroko la miraron esperando una respuesta, pero temiéndose lo peor. La última, al ver la expresión en el rostro de su amiga, abrió los ojos de forma exagerada.
—¡'Sami! ¡¿Es en serio?!
—¡Dijeron que no iban a juzgarme! —Exclamó Asami nerviosa—. ¡Y nunca lo hemos hecho sin condón hasta el final!
—Odio ser yo quien te lo diga —Akane la miró con una mueca en el rostro—, 'Sami, pero no hay que hacerlo hasta el final para contraer alguna enfer…
—Lo sé, lo sé, ¡lo sé! Pero se supone que Ryu no se acostaba con nadie más. —Contestó ella. Al ver que Akane abría la boca para probablemente poner aquello en tela de duda, Asami volvió a hablar—. ¡Dije se supone! No estoy metiendo las manos al fuego por él. Y sí, sé que soy una irresponsable, no hace falta que me lo recuerden.
Akane suspiró y no dijo nada. En cambio, le pidió a Hiroko la lista para ver la puntuación. ¿De verdad hacía falta terminar el test? A estas alturas, el resultado era clarísimo.
—Ryu Kumon es un súper fuckboy. —Comentó la menor de las Tendo.
—Y no vas a volver a acostarte con él, por más bueno que sea en la cama. —Sentenció Hiroko.
—Y si te dan ganas, pues tendrás que resolverlo tú misma. —Agregó Yuka—. Nadie se ha muerto por aguantarse, pero sí por no aguantarse.
Asami asintió con la cabeza. En realidad, aunque el test hubiera dicho lo contrario, había perdido las ganas de estar con él. Ryu la había decepcionado varias veces en el pasado, pero ninguna le había dolido tanto como esa última. Había dejado en evidencia que le importaba muy poco lo que ella sintiera, y que solo la veía como un pasatiempo y un juguete sexual con el cual divertirse cuando le daban ganas.
Así que haría lo que hacían todas las personas cuando les rompían el corazón: comería helado, vería películas, pasaría más tiempo con sus amigas, lloraría y seguiría adelante.
Ese mismo día en la tarde, Ranma recibió un mensaje de Ryoga en el que el chico le preguntaba si quería ir a Kyo's a probar dos nuevos sabores de okonomiyakis que estaban por salir al mercado. Para nadie era un secreto que Ranma adoraba los okonomiyakis, y sus favoritos eran precisamente los de la franquicia que pertenecía a la familia Kuonji-Hibiki, así que la invitación no se le hizo rara ni sospechosa al chico de la trenza. Muy animado, le dijo que sí y le dio las gracias por invitarlo.
Al llegar a la sucursal en la que Ryoga lo había citado, Ranma se sorprendió al ver que Sayuri Hiramatsu también estaba allí con ellos, pero luego pensó que tal vez a la chica también le gustaran mucho los okonomiyakis y por eso Ryoga la había invitado. El joven Saotome estuvo tan ocupado degustando y devorando los alimentos que ni siquiera se dio cuenta de que su compañero de equipo parecía nervioso y tenso, sino hasta que terminó de comer.
—¿Pasa algo? —Preguntó mirando primero a Ryoga, pero pronto sus ojos azules se posaron en Sayuri, que parecía querer decir algo.
—No —Ryoga no sabía ni por dónde empezar—, no es que pase algo, pero…
—Sí, Ranma —Sayuri fue directa y firme—, sí pasa algo.
El joven Hibiki soltó un largo suspiro y asintió con la cabeza. Miró a Ranma, que parecía de pronto nervioso e intranquilo, y finalmente habló.
—Ranma, el día de la fiesta en casa de Asami… tú viste algo. —Su rostro adquirió una coloración rojiza—. Me viste con alguien.
Ranma miró a Sayuri y luego a Ryoga.
—Está bien, ella está al tanto de lo que pasó.
El chico de la trenza se tensó en su lugar y miró a otro lado. ¿Iban a hablar del tema? ¿Por qué? ¿No había quedado tácito entre ellos que aquello era agua pasada? Lo que Ryoga hiciera con su vida privada y a puerta cerrada no era problema de Ranma, él no iba a juzgarlo por ello. No le parecía que aquello estuviese mal, pero debía admitir que era un tema del que no estaba acostumbrado a hablar y sobre el que no sabía cómo actuar.
—Sobre eso, yo... lo siento. —Pensó que lo correcto sería disculparse con su amigo por haberlo interrumpido, incluso aunque no hubiera sido a propósito. Después de todo, había ocasionado un momento muy incómodo para ambos—. No había tocado el tema porque no sabía si preferías que no lo hiciera, pero debí haberme disculpado antes, Ryoga. Fue un accidente, lo lamento.
—Está bien, no pasa nada, no tienes que disculparte. —Le pareció curioso que Ranma, más que incómodo o asqueado, estuviera avergonzado—. ¿No te… molesta?
El pelinegro lo miró extrañado y confundido.
—¿Molestarme? No, no, ¿por qué habría de molestarme? No voy a negar que fue raro y bastante incómodo, pero… supongo que también lo hubiera sido si hubiera sido una pareja… —No uses la palabra «normal»—… una pareja heterosexual.
Ranma todavía no estaba del todo seguro sobre cómo hablar de ciertos temas. Lo ponía nervioso saber que él era una persona imprudente y en ocasiones insensible al expresarse, y lo último que quería era usar las palabras inadecuadas y ofender a Ryoga. No tenía nada en contra de la homosexualidad, pero definitivamente tenía un largo camino adelante para informarse y aprender más.
—¿Le has dicho algo a alguien? —Sayuri intervino.
—No, a nadie. —Miró a Ryoga—. De verdad, ni una palabra. No me parecía adecuado, no sabía si era un secreto.
El alma de Ryoga pareció volver a su cuerpo. Por primera vez en mucho tiempo, el chico se permitió una bocanada de aire tras relajar sus hombros.
—Es importante que no lo cuentes, Ranma. —Sayuri mantenía su tono y semblante tranquilos pero firmes, como si quisiera que Ranma entendiera que estaban hablando de un tema muy serio.
—No se preocupen, no diré nada.
—Es que… —Ryoga tardó un momento en encontrar las palabras adecuadas—, yo aún no… bueno, no es algo que haga o hable abiertamente, ¿sabes?
Sí. Como cualquier otra persona con ojos y oídos, Ranma estaba familiarizado con el concepto del «clóset»; salir de él, estar en él, etc. Ahora que lo pensaba, era realmente curioso lo literal que aquel concepto resultaba para Ryoga: fue precisamente en un clóset/armario donde lo encontró besuqueándose con un chico.
—Tienes mi palabra de que no diré nada a nadie, Ryoga. —Ranma fue sincero. Era una persona de honor que respetaba los compromisos que había—. Ni siquiera a tu prima Ukyo.
—Ukyo lo sabe.
Podría decirse que Ukyo y Ryoga vivían vidas paralelas en ese aspecto, si no fuera porque la chica tenía su sexualidad completamente asumida y estaba en mejores términos que Ryoga con la idea de manifestarlo públicamente. Si bien Ukyo no iba contándole a todo el mundo que le gustaban las mujeres, ya no lo manejaba como un secreto. Si alguien preguntaba, ella lo decía. Y si le gustaba una chica, ya no lo ocultaría. El caso de Ryoga era otro.
—Y sé que tú sabes que ella también…
Ni siquiera era capaz de decirlo en voz alta. Sabía lo que era, sabía que no podía cambiarlo, sabía que no era algo malo, pero no podía decirlo. Mucho menos después de la fiesta de Ukyo.
Permanecieron en silencio un momento, hasta que Ryoga miró a Sayuri, como pidiéndole que continuara con el resto de la conversación. En realidad, el pedirle a Ranma que no dijera nada sobre lo que vio en la fiesta de Asami era solo la primera parte.
—Ranma, hay un motivo importante por el que Ryoga prefiere manejar todo con discreción. Es algo que ocurrió en el verano, en una fiesta que dio Ukyo. En cuanto lo sepas, entenderás todo.
El pelinegro miró expectante a Sayuri. Finalmente sabría qué carajo había pasado ese día.
—Tienes que prometerme que no dirás nada de lo que vamos a contarte —otra vez su tono tranquilo pero firme—, esto no solo involucra a Ryoga, sino a más personas, y la mayoría prefiere no tocar el tema.
—Lo prometo.
—Bien —Sayuri asintió con la cabeza y miró a Ryoga, esperando que el chico le diera alguna señal para empezar—, todo comenzó cuando Akane y Tatewaki subieron al piso de arriba para meterse en una de las habitaciones...
Love hotel es el término utilizado en Japón para referirse los hoteles/moteles de ocasión/parejas.
Ajústense los cinturones, porque el próximo capítulo será un viaje al pasado. A las no fans de Kuno, lamento informarles que en los próximos capítulos el infame tendrá más presencia.
¡Finalmente! Akane y Ranma son la segunda pareja oficial de nuestra historia… at last. Ahora que son novios, ¿creen que finalmente comience a abrirse un poco más con Akane sobre la relación que tiene con su padre?
Sobre Ryusami: todo apunta a que Asami está pasando la página y tiene muy decidido no volver a confiar en Ryu, pero, ¿el chico le dirá algo tras las vacaciones de invierno? Sobre Hiroshi: él todavía no lo sabe, pero cosas muy interesantes están por ocurrir en su vida. Sobre Yaisuke: el caso de Yuka no es aislado ni átipico, sino todo lo contrario; muchas mujeres jóvenes están una posición similar a la de ella, así que ya veremos si finalmente decidirá hablar con su novio sobre su propio placer y sobre lo brusco y dominante que puede llegar a ser con ella.
¡Muchas gracias a todos por leer!
