Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.


Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!


Capítulo 23

Me desperté cerca de las siete treinta, gemí al ver la hora. No había necesidad de despertarnos temprano, sin embargo, sabía que ya no tenía la posibilidad de volver a dormirme. Me quedé ahí acostada, escuchando la profunda y relajada respiración de Edward con la esperanza de que me arrullara de nuevo. Después de diez minutos me aburrí y me di la vuelta hacia él.

Estaba acostado sobre su espalda con un brazo sobre la cabeza y la sábana a medio caer por su cuerpo, dejándome con una encantadora vista de su suave y musculoso pecho y la tentación de bajar la sábana sólo un poquito más.

¿Seguiría contando como victoria suya si yo iniciaba el sexo matutino?

—Te amo —susurró, abriendo un ojo—. Olvidé decírtelo anoche.

Sonreí tanto que me dolió la cara.

—¿A pesar de que te llevé a patinar en el parque?

Asintió.

—¿A pesar de que te superó un niño y te caíste de culo de forma muy espectacular?

Asintió de nuevo, su sonrisa estaba creciendo.

—¿A pesar de que te llevé a un bar gay?

—Acá entre nos, la parte del bar fue muy divertida. —Se rio—. Así que sí, te amo a pesar de que me llevaste a un bar gay.

Me subí en él y bajé la cabeza para besarle la mandíbula, la mejilla, cada parpado y luego la punta de su nariz.

—Creo que sólo lo estás diciendo para ganar el reto de sexo matutino. —Comenzó a discutir, así que tapé su boca con mi mano y dije—: Ya había decidido dejarte ganar. Lo que acabas de decir me hace sentir feliz por perder.

Moví mi mano y junté mis labios con los suyos. Al instante el beso se llenó de pasión y sus manos se movieron lentamente sobre mi cuerpo, mi espalda, mi cara, mi estómago, mis pechos, para luego posarse en mi culo. Me alcé de rodillas y me hundí, gimiendo cuando me llenó. Giré las caderas dos o tres veces antes de que él me pusiera de espaldas sobre la cama, entrelazando nuestros dedos y alzándome las manos sobre la cabeza.

No fue apurado ni frenético… por muy aterrador que era admitirlo, hicimos el amor. Era la primera vez para ambos y esperaba que no fuera la última. La intensidad de lo que estaba sucediendo me convirtió en un cable de alta tensión, extraordinariamente sensible a cada toque y beso. Sólo necesité unas cuantas embestidas justo en el lugar correcto para enviarme por el precipicio. Obviamente Edward también lo sintió porque me besó y gimió mi nombre cuando se corrió poco después.

—Quiero esto todas las mañanas —murmuró adormilado con ojos pesados.

—No presiones tu suerte —le dije y se rio entre dientes.

—No me refería a eso y lo sabes.

Ambos nos volvimos a quedar dormidos, eran casi las once cuando desperté con Edward trabajando en su laptop a mi lado. Cuando notó que estaba despierta, me besó la cabeza.

—¿Vas a estar ocupado todo el día? —bostecé.

—No, no. Sólo me estoy poniendo al corriente con unos cuantos emails y actualizando a Phil en el tema del contrato con Laurent —dijo—. Phil me quiere ver mañana en la tarde, así que nos reservé dos asientos en el primer vuelo del día. Me temo que será otro día de madrugar.

—¿ nos reservaste un vuelo? ¿Te sientes bien? —estiré la mano para tocarle la frente—. Espero que no te estés enfermando.

Edward me apartó la mano.

—Intenté despertarte, bella durmiente, pero parece que el sexo matutino te deja casi en coma. Probablemente sea una buena idea dejarlo para los fines de semana… no puedo tenerte durmiéndote en tu escritorio, ¿cierto?

—No pasará jamás. Tengo un jefe muy exigente y particular que no me deja ni un minuto libre para ir al baño siquiera, mucho menos para dormir. —Dibujé una pequeña sonrisa que se convirtió en una sonrisa de tamaño completo cuando Edward me sacó juguetonamente la lengua—. Iré a tomar una ducha.

—¿Quieres compañía? —se ofreció y asentí.

—Por supuesto.

xxx

Después de recoger el reemplazo de su teléfono de la recepción del hotel, pasamos el día vagando por la ciudad. Comimos el desayuno más increíble en un restaurante llamado Mama's, luego insistí en dar un paseo en uno de los tranvías porque me sentía demasiado llena para hacer nada que requiriera mucha actividad física. Vimos los paisajes más maravillosos desde la cima de la Torre Coit y luego bajamos por las escaleras. Apenas noté que bajamos cuatrocientos escalones gracias a las hermosas casas y jardines que veíamos al descender.

Regresamos al Parque Golden Gate, pero esta vez no sometí a Edward a los patines. En lugar de eso, caminamos por ahí tomados de la mano y me llevó al carrusel. Ya que ambos seguíamos muy llenos por el almuerzo, nos saltamos la comida, aunque logré encontrar espacio para comer un poco de helado al irnos del parque.

Nadie nos miró, ninguna persona sabía o le importaba que él fuera mi jefe o que yo fuera la hijastra de su jefe; éramos solamente Edward y Bella, felices y libres de hacer lo que quisiéramos. Esto era exactamente lo que yo quería cuando recién llegamos a San Francisco y hacía que la idea de volver a Seattle la mañana siguiente fuera más desalentadora.

El resto de la tarde fue igual de perfecta como había sido la mañana. Conscientes de que debíamos levantarnos temprano el día siguiente, cenamos en el hotel y luego nos quedamos en el bar, hablando y riendo de todo y de nada en particular.

—¿Edward Cullen?

—James —dijo Edward casi sorprendido—. ¿Qué estás haciendo aquí?

—Me atrevería a suponer que estamos aquí por la misma razón. —El hombre meneó la cabeza—. Teníamos una reunión con un cliente potencial, pero cuando llegué ayer por la tarde noche, descubrí que el autor había decidido no proceder.

—Marchand —dijo Edward simplemente y James asintió.

—El agente fue muy evasivo por decir lo menos. ¿Tú sí pudiste conocerlo?

Edward vaciló y añadió con tranquilidad:

—Creo que ya sabes la respuesta a eso.

James se rio y se sentó junto a Edward en la barra, llamando con la mano al barman.

—Jenks no dijo mucho, sólo que se había retractado en tu reunión. ¿Por qué?

Edward se encogió de hombros.

—La verdad, James, después de hablar en privado con el Sr. Marchand, llegué a la conclusión de que nunca pretendió hacerlo en realidad.

—¿A qué te refieres?

—Después de escuchar su historia creo, y esto es pura especulación, que hizo el intento de sacar a la luz esta historia con la esperanza de obtener algo de la familia en cuestión. Fue una amenaza, en mi opinión, y cuando ellos no cayeron, él se retractó. Además, su historia tenía más agujeros que un cedazo, creo que Emmett estaba visualizando demandas de sobra cuando vio su evidencia. —Edward le dio un trago a su cerveza, luego dejó la botella vacía en la barra.

—Habría esperado que te fueras anoche si ya no quedaba ningún trato por hacer —comentó James y su mirada se posó en mí durante un breve segundo.

—Teníamos otro cliente en la ciudad, así que cuando hicimos los arreglos para venir aquí por el contrato de Marchand, agendamos una reunión con el otro cliente. Regresamos a Seattle mañana temprano. —Edward no se inquietaba fácilmente—. James Green, ella es Isabella Swan, mi asistente.

—Gusto en conocerlo —dije amablemente y James sonrió.

—Igualmente. ¿Ella formó parte del paquete que te ofreció Dwyer? —guiñó y sentí a Edward tensarse.

—La señorita Swan es la hijastra de Phil Dwyer —dijo cortantemente—. Y una asistente muy hábil, invaluable.

—Una disculpa —dijo con sinceridad—. Debí pensarlo mejor antes de asumir que sacrificarías un segundo de tu tiempo de trabajo por tu vida personal.

—Si me disculpan —dije, parándome—. Iré a terminar esas notas y confirmar nuestras reservaciones para mañana. Gracias por la cena, Sr. Cullen, lo veré en recepción mañana temprano. Adiós, Sr. Green.

Le dediqué a Edward la sonrisa más tranquilizadora que pude formar y asintió una vez.

—Buenas noches, Srta. Swan.

Los dejé platicando y decidí pasar por la suite de Edward para asegurarme de que realmente se hubiera llevado todo a mi habitación. Al entrar, suspiré.

—Es una pena que nos quedáramos encerrados abajo y desperdiciáramos todo esto. —Se me ocurrió una idea y le envié un mensaje rápido a Edward.

Pierde a tu amigo y sube a la suite. B x

Tomé una botella de champaña del mini bar y luego llamé para pedir que enviaran fresas frescas a la habitación. La respuesta de Edward llegó cuando colgué.

Lo haré lo más rápido posible… cree que puede persuadirme de regresar a Chicago. Ya le dije que no pasará, pero de todas formas está intentando tentarme. E x

Oh, ¿y qué está usando para tentarte? ¿Tal vez una linda asistente? B x

Si él no te hubiera conocido ya y se hubiera dado cuenta que encontrar alguien mejor que tú es una tarea imposible, creo que tal vez pudo haber intentado ese enfoque. E x

Tan bueno como siempre, Sr. Cullen. No me hagas esperar demasiado. B x

Ajusté la luz en la habitación para volverla lo más romántica posible y luego puse algo de música. La champaña estaba esperando en el hielo junto a la cama y decidí que si la abría ahora me ahorraría tiempo cuando él llegara a la habitación.

Cinco minutos después se escuchó un golpe en la puerta. Sonreí para mí y me apresuré para abrirla, llevando una copa de champagne para Edward conmigo. Tocó de nuevo antes de que yo pudiera llegar, esta vez más fuerte.

—Ya voy —gruñí.

Tal vez fue porque no tenía razones para creer que en la puerta pudiera estar alguien más aparte de Edward, o tal vez la champaña se me había subido a la cabeza. De cualquier forma, no me asomé por la mirilla antes de abrir la puerta, lo cual al pensarlo bien es exactamente lo que debí haber hecho.

—Entonces, él no logró atraerte… ¿Royce? ¿Qué demonios? —inmediatamente intenté cerrar la puerta de golpe, pero su pie se metió entre la puerta y el marco, y luego abrió la puerta con un empujón, pegándome en la cara y haciéndome caer al piso.

—¿Dónde está Cullen? —preguntó, mirando alrededor de la habitación—. ¿Dónde está?

Me puse una mano en la frente e hice una mueca.

—No está aquí, y a menos de que quieras que llame a seguridad, creo que tú tampoco deberías estar aquí.

Se rio y meneó la cabeza.

—No iré a ninguna parte hasta que lo vea.

—Bien —dije, poniéndome de pie—. Te lo advertí.

Hice ademán de agarrar el teléfono, pero Royce llegó primero y literalmente lo arrancó de la toma y lo aventó contra la pared.

—Sólo siéntate y escucha —espetó—. Esto no tiene nada que ver contigo y todo que ver con Cullen. Estoy seguro que a Phil le encantará cuando le cuente que estabas compartiendo una suite con tu jefe. Sabía que te lo estabas follando.

—No sabes de qué estás hablando —siseé, pero sólo se rio sombríamente.

—Esta es la suite de Cullen, ¿no? —preguntó y no respondí—. Por supuesto que sí. Tú tienes tu propia habitación, así que ¿por qué demonios estás aquí si no te lo estás follando? Champaña… música… luces tenues; no deja mucho a la imaginación.

—Él está abajo tomándose unos tragos, así que pensé en usar la enorme tina. —Intenté mantener la voz tranquila, pero comenzaba a llenarme de pánico al pensar en estar a solas con él—. En serio tienes que irte, sabes que le contaré a Phil sobre esto.

Me moví para acercarme a la puerta, pero Royce me bloqueó el camino y meneó la cabeza.

—¿Es así como él consiguió el trabajo? ¿Pensó que follarse a la hija del jefe lo llevaría por la vía rápida hacia la cima? Fue un plan jodidamente bueno; seducirte, conseguir el trabajo, ¿para luego traerte como su asistente con el pretexto de que aprendieras sobre valores?

—Estás paranoico y eres un maldito hipócrita —dije—. Yo no tuve nada que ver con que Edward consiguiera él trabajo y ciertamente él no estuvo involucrado con mi entrevista; le debo las gracias a mi padre por eso. Sólo estás enojado porque no pudiste sentarte en su oficina; obviamente comprometerte con la hija de Peter no hizo nada para esconder lo inadecuado que eres en lo que haces. ¿Por qué otra cosa crees que Phil envió a Edward aquí para hacer el trato?

Estaba furioso.

—Cierra la boca.

Debí haber mantenido la boca cerrada, pero de todas formas dije:

—No eres nada más que un parasito oportunista y chantajista. Te toleran sólo por lo que hiciste para salvar a Rose de terminar arrestada por conducir ebria o peor. La mayoría de los hombres habrían hecho eso sólo para proteger a la mujer que aman, no para usarlo como un medio para conseguir lo que quieren de su familia.

—¿Oportunista? Tú me dices oportunista cuando yo me gané el derecho para competir por este trato; Jenks acudió a mí primero con la pista y luego Dwyer se lo da a su chico dorado que se las arregla para joder todo el asunto.

—Edward no jodió nada; yo estuve ahí. El autor decidió no publicar, tan simple como eso. Has llegado muy lejos para hacer que te despidan, Royce. Porque cuando Phil se entere de lo que estás haciendo eso exactamente lo que va a pasar. —El corazón me latía tan fuertemente en el pecho que me pregunté si Royce podría oírlo—. Tienes que irte ya.

—Creo que me quedaré. —Se acercó un paso a mí, su intención era obvia—. Sé que te estás follando a Cullen, Phil todavía no lo sabe. ¿Qué te parece si me ayudas a convencerme de no decirle? Estoy seguro que hay algo que podemos hacer para arreglar esto. ¿No estás de acuerdo?

—Vete al carajo —escupí.

—Me encanta que sean enérgicas. —Se rio y avanzó otro paso hacia mí—. Rose solía ser enérgica. Ahora sólo bebe hasta el olvido todas las noches; es patético.

Mi celular, que estaba en la cama, comenzó a sonar, pero Royce negó con la cabeza.

—Ni siquiera lo pienses. —Con el celular fuera de mi alcance y el teléfono del hotel hecho trizas en el piso, gritar para pedir ayuda era lo único que tenía, pero ya que estábamos en una suite que ocupaba casi todo el piso, dudaba que hubiera alguien cerca para escucharme.

En otras palabras, estaba metida en un arroyo de mierda y el único remo que tenía se encontraba actualmente en el bar con su antiguo jefe. Tenía que salir de esta habitación – estar a solas con Royce no era una posición donde quisiera estar. Me acerqué a él e intenté apartarlo de un empujón.

—Me voy a ir justo ahora, o te juro que haré que te arresten. No puedes salir de esta a base de chantajes —le dije con tanta fuerza como pude e intenté pasar a su lado.

Logré agarrar la manija de la puerta y girarla antes de que Royce me aventara contra la pared.

—Dije que te vas a quedar —gritó y me dio una cachetada—. Vamos, no te hagas la difícil.

—Aléjate de mí. —Lo empujé, pero se echó otra vez sobre mí.

Sólo logró avanzar un par de pasos más antes de que la puerta se abriera por completo y el puño de alguien conectara con el costado de su cabeza, luego recibió otro puñetazo directo en la boca que le partió al instante el labio. Tardé unos segundos en reconocer a Edward, que ahora estaba jalando a Royce del cuello para ponerlo de pie.

—Vuelve a ponerle un dedo encima y te juro por Dios que te mataré, King. No tienes idea de lo difícil que es controlarme en este momento —dijo Edward furioso.

—Quítame las jodidas manos de encima —Royce se retorció e intentó soltarse.

—Edward, yo… —no tenía idea de qué decir o hacer; seguía alterada.

—Bella, llama a la policía —me dijo con un tono intimidantemente frío—. Y luego llama a Phil; llámalos ya.

—Eh, espera —argumentó Royce y Edward ladeó la cabeza—. No quieres hacer eso.

—¿No? Acabas de irrumpir en mi suite y atacaste a mi asistente. —No relajó el agarre que tenía en Royce y si la mirada en su rostro indicaba algo, era que no tenía intención de hacerlo.

—No sabía que ella estaba aquí —intentó argumentar.

—Entraste a la fuerza a la habitación cuando abrí la puerta —grité, sorprendida por la histeria en mi voz.

—Fue un malentendido —dijo y sonrió fríamente—. Tu asistente estaba en tu suite, Cullen. ¿Cómo crees que se verá eso?

—No te saldrás de esta con chantajes —gruñó Edward.

—¿Estás seguro de eso? —preguntó, su tonó sonaba menos tranquilo de lo que había sonado cuando estábamos solos—. Creo que Phil se sentirá muy contrariado cuando sepa que has mantenido a su hijastra en tu cama durante todo el tiempo que han estado en San Francisco.

—Le dije que estaba aquí para usar la tina mientras tú te tomabas unas copas abajo porque es el doble del tamaño de la que hay en mi habitación —dije, escuchando la inestabilidad de mi voz. También mis manos temblaban visiblemente.

—Creo que esa es una razón perfectamente plausible. —Edward arrastró a Royce a una silla y lo sentó—. Cualquiera que fuera la razón tras la presencia de la Srta. Swan, ella fue invitada. Tú no. Creo que la única cosa que le preocupará a Phil es que atacaste a su hija.

—Hijastra —le recordó Royce. Noté una herida sobre su ojo desde donde caía la sangre sobre su cara y su labio se hinchaba rápidamente por el segundo golpe que le había dado Edward.

—¿De verdad crees que eso hace diferencia para Phil? —siseó Edward—. Llama a la policía, Bella.

—¡Espera! —gritó Royce, el tipo raro y sinvergüenza con el que había tenido numerosos encuentros se había ido y fue remplazado por una versión patética y desesperada de sí mismo—. Podemos arreglar esto entre nosotros, ¿cierto? Hipotéticamente, vamos a pretender que no involucramos a la policía. Dime qué puedo hacer para olvidar todo esto.

—¿Hipotéticamente? —preguntó Edward y Royce asintió. Lo pensó por un segundo y dijo—: Le enviarás un email a Phil justo ahora anunciando tu renuncia a la compañía; efectiva inmediatamente.

Royce no dijo nada, pero podía notar que lo estaba considerando de verdad.

—Dejas de usar el accidente como chantaje contra Hale o D.D.H. —dijo Edward y Royce negó con la cabeza—. Diría que tu relación con su hija es tu asunto, pero supongo que ya no te servirá de nada si no tienes a quien chantajear; hipotéticamente.

—Creo que estás siendo demasiado ambicioso con esas exigencias, Cullen —dijo Royce, intentaba sonar sereno, pero estaba vacilando. Podía verlo así que sabía que también Edward lo notaba.

—¿Preferirías que te arrestaran por violencia, allanamiento, y tal vez detener a una persona contra su voluntad? —Royce seguía sin decir nada, Edward se acercó más con mirada letal—. No quieres hacerme tu enemigo más de lo que ya lo soy. Créeme, King.

Finalmente, Royce asintió.

—Creo que podemos llevar esto a una conclusión en la que estemos mutuamente de acuerdo. Así que iré a enviarle un correo a Phil justo ahora y podemos olvidar todo sobre este incidente, ¿sí?

—No lo creo. —Edward sonrió maliciosamente y meneó la cabeza—. Bella, llama a la seguridad del hotel y diles que una persona entró a nuestra habitación sin ser invitado.

—¿Qué? Dijiste que esos términos significaban que no llamarías a la policía.

—Lo siento, creí que hablabas hipotéticamente —dio Edward de forma inocente—. Lo mencionaste varias veces durante nuestra conversación. ¿Lo escuchaste, Bella?

—Definitivamente —dije en voz baja—. Creo que lo dijo al menos tres veces.

—Pues ahí lo tienes. —Edward le sonrió a Royce—. No llegamos a ninguna conclusión en la que estuviéramos mutuamente de acuerdo, King.

—Les diré a todos que me amenazaste —espetó—. Iré directo a Peter y le diré que haré público lo del accidente y…

—Antes de que te hundas en un hoyo del cual no podrás salir —dijo Edward de forma gélida—, deberías saber que Emmett McCarty tiene muchas conexiones y no pasa nada por alto. Estoy seguro que notaste en la fiesta que él y tu prometida formaron una buena amistad y él ha asumido por su cuenta la tarea de develar cada pequeño detalle sobre la noche del accidente.

El color se fue de la cara de Royce, se veía como si estuviera a punto de vomitar. Me concentré en Edward y no vi indicación de que estuviera mintiéndole otra vez a Royce.

—Por ejemplo, ¿sabías que la compañía de seguridad que instaló y monitoreaba la alarma del terreno de los dueños cambio de vídeo análogo a imágenes grabadas digitalmente un día después del accidente? Todo lo que se necesitó fue una llamada de Emmett mientras estaba aquí en la ciudad para establecer que ellos enviaron todas las cintas pregrabadas a un almacén y siguen ahí; todavía nadie se ha encargado de destruir los archivos. Es por eso que Emmett se fue antes que nosotros; tardó todo el día, pero tiene la copia de la cinta que claramente te muestra a ti saliendo de la casa detrás del volante, y no a la hija de Peter como dices; de hecho, la Srta. Hale parece estar dormida en el asiento del copiloto. Ya le llevó la cinta a Peter Hale y a la policía.

Royce se veía sorprendido, visiblemente sorprendido.

—Estás mintiendo. Dijiste que había una cinta de la fiesta, revisé con el club y no guardan los vídeos de vigilancia. Es un circuito de doce horas.

—Sí, me descubriste con eso —dijo Edward, riéndose una vez—. Esas fueron mierdas. Te aseguro que esto no lo es. Llama a Peter justo ahora si no me crees… o a tu prometida, pero dudo que ella acepte tus llamadas. Así que ya ves, King, que te arresten aquí no es nada comparado con lo que te espera.

Royce se derrumbó sobre la silla y Edward me repitió que llamara a la seguridad del hotel, lo cual hice. El resto de la tarde no resultó ni de cerca como había planeado. Le di declaraciones a los oficiales, llamé a Phil y a mi madre para asegurarles que estaba bien, y luego vimos a Royce King siendo escoltado del hotel en esposas.

Me sentía emocional y físicamente agotada. No quería pasar la noche en la suite de Edward, así que regresamos a mi habitación. Lo único bueno de la última parte de la tarde fue la forma tan tierna y amorosa en que Edward insistió en cuidarme. Sostuvo un paquete de hielos en mi mejilla, que estaba hinchada y roja como resultado de la cachetada que me dio Royce. También lavó la cortada en mi cabeza que fue ocasionada cuando Royce empujó la puerta contra mi cara.

Sólo cuando se sintió satisfecho de que yo estaba bien dejó brevemente mi lado para empacar nuestras cosas antes de acostarme conmigo en la cama para intentar dormir unas cuantas horas antes de regresar a Seattle.

—Gracias —susurré—. Por llegar cuando lo hiciste.

—Si hubiera estado ahí en primer lugar nunca te habría lastimado —dijo, llevándose mi mano a la boca para besarla—. Lamento que te haya herido.

—Pues tal vez fue algo bueno. —Intenté sonar convincente—. Debido a lo que pasó esta noche, Royce King ya no tiene trabajo.

—De todas formas, se habría quedado sin trabajo mañana gracias a Emmett —dijo Edward en voz baja—. Me llamó cuando venía de regreso a la suite.

Me acurruqué lo más que pude en su pecho.

—Pero si no hubiera entrado, no habrías tenido una razón justificable para romperle la cara. Tienes que admitirlo, ¿se sintió bien?

—Nada podría sentirse bien jamás al pensar en lo que habría pasado si llegaba diez minutos después. —Suspiró y me senté, obligándolo a mirarme.

—Detente justo ahora. No te culpo, Edward. Royce es el cabrón, tú no. —Le besé la mejilla—. Prohíbo que sigas de malhumor o pensando en lo que pasó o no pasó. Tenemos que ir a casa mañana así que hasta entonces hay que sacarle el máximo provecho a nuestro tiempo juntos, ¿de acuerdo?

Asintió una vez, así que me volví a acostar a su lado. En realidad, estaba agradecida por el humor sombrío que tenía Edward. Me daba una distracción y ciertamente no quería pensar demasiado en lo que había pasado esta noche, asumía que soñaría lo suficiente al respecto cuando me durmiera.

Edward…

¿Por qué demonios la dejé subir sola? ¿Y si hubiera regresado a la suite diez minutos más tarde? No podré dormir esta noche pensando en lo que pudo haber pasado. Carajo…


Finalmente se deshicieron de Royce, a costa de Bella, pero al menos ya no tendrán que lidiar con ese hombre. Ahora a regresar a Seattle, ¿cómo les irá ahora que se declararon su amor?

Mil gracias como siempre por sus comentarios, alertas y favoritos; no olviden decirme qué les pareció este capítulo ;)