Aviones de papel
Capítulo XV:
"Las fotos"
A Akane se le hizo eterno el trayecto en coche de la casa de los Saotome a la suya.
Porque sí, no conforme con haber sido encontrada en una situación muy comprometedora con Ranma, había tenido que compartir el coche con el matrimonio Saotome.
Luego del nefasto y vergonzoso momento en el que Nodoka Saotome abrió la puerta de la habitación de su hijo y se topó con una escena que ella no debía ver bajo ninguna circunstancia, Akane pensó que la distancia de la ventana de la habitación de Ranma a la calle no era abismal. Es decir, ocho pisos tampoco es tanto, ¿no? Veinticuatro metros de altura no es demasiado, ¿verdad? Ella sobreviviría si se le ocurría saltar para llegar a la calle, ¿cierto?
Por supuesto, Ranma no le permitió ni siquiera acercarse a la ventana, así que si Akane quería salir de ahí, debía hacerlo por la única puerta de acceso al apartamento: la puerta de entrada, a la cual debía acceder después de haber atravesado la sala, donde se encontraban los padres de Ranma. Para su suerte, su novio tuvo la gentileza de ir a buscar su ropa en la secadora para que ella no tuviera que salir usando lo que él le había prestado.
Al salir de la habitación, ya vestido, Ranma no hizo contacto visual con sus padres, que estaban sentados en el sofá de la sala murmurando algunas cosas. Se callaron en cuanto lo vieron pasar en dirección de la cocina. El chico buscó en la secadora la ropa de Akane y luego volvió a pasar por la sala, esta vez reparando en sus padres.
No parecían enojados. Tal vez no fuera tan sencillo identificar a través de sus expresiones qué era lo que sentían o pensaban, en especial para alguien ajeno a la familia, pero Ranma pronto creyó entender lo que podía estar pasando por la mente de sus progenitores. Su madre parecía… ¿emocionada? Sabía que a ella siempre le había hecho ilusión la idea de que Ranma tuviera una novia (más de una vez incluso la había escuchado hablar de nietos), pero una cosa era que se emocionara ante la idea de que él tuviera una novia y otra muy diferente era que lo hiciera tras encontrarlo desnudo en una cama con ella.
—Akane y yo salimos hoy y la lluvia nos pilló cuando ya veníamos de regreso —dijo intentando disimular la vergüenza, evitando el contacto visual con su madre—, así que metí su ropa a la secadora.
—Hijo, ¿Akane es tu novia? —Preguntó Nodoka en su habitual tono dulce, ignorando la explicación de su hijo.
El chico de la trenza asintió con la cabeza y su madre esbozó una sonrisa de felicidad. Genma también pareció contento. El matrimonio Saotome compartió una mirada cómplice y Ranma los miró atónito, sin saber qué decir. ¿Por qué diablos estaban tan felices? ¿No se supone que debían estar enojados, decepcionados, avergonzados? ¿Gritándole por estar desnudo en su cama con una chica?
—Eh, voy a llevarle la ropa a Akane —comentó extrañado e incómodo—, y después voy a acompañarla a su casa. Enseguida salimos.
Ranma volvió a la habitación y le entregó a Akane su ropa seca, por si prefería ponérsela para no salir con la ropa que él le había prestado. Mientras la chica se vestía, intentó darle ánimos y le explicó que sus padres no eran personas demasiado conversadoras ni religiosas, que no debía preocuparse por lo sucedido. Le aseguró que no tendría problemas con ellos, y que él se encargaría de que no la incluyeran en ninguna conversación incómoda.
Cuando Akane estuvo vestida con su ropa, Ranma le dio un beso y la tomó de la mano para salir juntos de la habitación.
Los Saotome seguían sentados en el sofá. Akane sintió que toda la sangre de su cuerpo se acumulaba en su rostro al hacer contacto visual con Nodoka. La sensación de vergüenza y humillación no disminuyó al mirar a Genma, quien a juzgar por la expresión que tenía había sido informado sobre lo sucedido por su mujer.
Ranma decidió romper el hielo.
—Mamá, papá, ya conocen a Akane...
—Por supuesto que sí —dijo Genma con una sonrisa, interrumpiendo a su hijo y poniéndose de pie—, una chica tan dulce y educada es difícil de olvidar.
—¿Cómo estás, cariño? —Preguntó Nodoka imitando a su marido—. Me alegra mucho verte.
A Akane le sorprendió un poco la amabilidad de los padres de Ranma. No es que ella pensara que sus suegros fueran groseros o antipáticos, pero se imaginó que estarían muy serios tras lo ocurrido.
—Muy bien, gracias —contestó y correspondió la sonrisa a duras penas—, tienen una casa muy bonita.
Nodoka se llevó una mano al pecho mientras su sonrisa se expandía. Qué niña tan linda.
—Bueno, les decía que ya conocen a Akane —Ranma retomó la batuta de la conversación—, pero… quería presentarla formalmente ante ustedes como mi novia.
Nodoka y Genma compartieron una mirada cómplice que decía mil cosas que solo ellos dos entendían. Luego rodearon la mesa para abrazar con ahínco a su hijo y a su nuera.
—¡Akane, bienvenida a la familia! —Le dijo Genma y la jaló de la mano para atraerla al abrazo grupal—. ¡Estamos muy contentos de que seas la novia de nuestro hijo!
—¡Es una gran noticia! —Exclamó Nodoka—. ¡Una maravilla!
—¡La unión de dos buenas familias! —Añadió Genma—. ¡Ranma y tú serán muy felices juntos!
Ranma deseó que la tierra se los tragara a él y a Akane y que los escupiera en Singapur, o al menos en cualquier otro lugar donde sus padres no lo avergonzaran frente a su novia. ¿Por qué tenían que hablar como si Akane y él hubieran anunciado su compromiso? ¡Cómo si fueran a casarse!
—G-gracias —alcanzó a decir Akane, un poco abrumada por lo que estaba ocurriendo.
Los dos adultos rompieron el abrazo y miraron a la joven pareja.
—Espero que Ranma se esté comportando como un caballero contigo —dijo Genma con seriedad—, si no, quiero que me lo digas para tirarle de las orejas.
Ranma abrió los ojos de forma exagerada y luego se llevó una mano a la cara, sin poder creer que su padre hubiera dicho eso frente a Akane.
—¡C-claro! —Se apresuró a decir Akane—. Ranma es... —lo miró y le pareció adorable que estuviera tan sonrojado—, es muy bueno conmigo.
Nodoka esbozó una sonrisa de orgullo y felicidad, agradecida con la vida por haberle dado un hijo tan noble y bueno como Ranma. Ella sabía que el chico tenía sus defectos, pero en general era un jovencito maravilloso que se esforzaba por hacer las cosas bien.
—Me alegro mucho, cariño.
—¡Bueno, lo mejor será que nos vayamos ya! —Genma miró su reloj—. No queremos que llegues muy tarde a tu casa, tu padre debe estar esperándote para cenar.
¿Tarde? Pero si no eran ni las ocho y media de la noche… un momento. ¿Cómo que NOS VAYAMOS?
—Papá —Ranma parpadeó confundido—, yo acompañaré a Akane a su casa. No hace falta que…
—¡Tonterías! La calle está mojada y hace frío. Además, no tiene ningún sentido que caminen y que tomen el transporte público cuando nosotros podemos llevarlos en coche. —Miró a su mujer—. ¿Verdad, Nodoka?
—Sí, sí, sí, ¡claro! —Asintió con la cabeza—. Si ya tienen todo listo, podemos irnos.
Ranma maldijo internamente. Por una parte, le alegraba saber que sus padres no iban a reprenderlo y que además aprobaban su relación con Akane; pero por otra, lamentaba que el día junto a su novia fuera a terminarse tan pronto, sobre todo porque no podría despedirse de ella en condiciones con sus padres presentes.
En el trayecto en coche, Ranma le escribió a Akane por WhatsApp que lo sentía mucho, y que deseaba haberla llevado él para poder darle un beso de despedida. Akane le respondió que no pasaba nada, pero que todavía se sentía muy avergonzada por lo sucedido con Nodoka.
«Tu madre debe pensar lo peor de mí».
Ranma se rió al leer el mensaje. ¿Es que acaso no se había dado cuenta?
«Akane, mi madre debe estar pensando que eres lo mejor que me ha pasado en la vida desde que me gané la beca en Furinkan», le escribió. «La hace tan feliz saber que tengo novia que no le dará importancia a lo que vio, créeme».
Luego cogió la mano de su novia para entrelazarla con la suya y le dio un beso en el dorso.
Cuando llegaron a la casa de los Tendo, Akane se despidió de los padres de Ranma y les agradeció por haberla llevado hasta su casa. Ranma le dijo que la acompañaría hasta la puerta y le pidió a sus padres que por favor lo esperaran. Por supuesto, no pudo darle un beso como el que le hubiera gustado, tomando en cuenta que tanto Genma como Nodoka los miraban atentamente desde el interior del coche. Solo les falta sacar una maldita cámara, pensó Ranma. Así que tuvo que conformarse con darle un corto beso en los labios y un abrazo de despedida.
El chico volvió al coche y sus padres le repitieron que estaban muy contentos con su relación con Akane.
Cuando llegaron al edificio donde vivían, Genma les indicó a su hijo y a su mujer que se bajaran, ya que él todavía tenía que comprar algunas cosas que hacían falta para la casa. Ranma seguía sorprendido y un poco aturdido ante la naturalidad y la felicidad con la que sus padres estaban actuando, pero no dijo nada. No iba a quejarse porque no lo estuvieran regañando.
Cuando ya estaban en el apartamento, Nodoka abrazó a su hijo y lo miró con orgullo y amor.
—Me alegra mucho que seas novio de Akane, es tan dulce y guapa, Ranma. —Posó su mano sobre la mejilla de su hijo—. Ya eres todo un hombre y me hace muy feliz ver que has sabido elegir a una chica tan especial. —Se acercó a él y le dio un beso en la mejilla—. Estoy muy orgullosa de ti. Y tu padre también.
—Claro —ironizó él—, supongo que está feliz porque Akane es de una familia adinerada…
Nodoka frunció el ceño.
—No digas eso, Ranma. Tu padre te quiere y se enorgullece por tus logros —le acarició la mejilla al chico, que no parecía convencido de ello—, pero por su crianza tiene una forma particular de expresarse. Y yo sé que a veces es muy injusto contigo, pero tu padre te quiere.
No queriendo discutir con su madre, Ranma prefirió no decir nada al respecto. Pensó que si su madre le estaba dando el feedback positivo, seguramente su padre se encargaría de decirle lo malo y de regañarlo. Good cop, bad cop.
Un rato después, Genma volvió a la casa y se dirigió a la habitación de Ranma. Tocó la puerta antes de entrar, algo poco habitual en él, y cuando su hijo le indicó que podía pasar, cerró la puerta tras de sí, con la intención de tener una conversación privada con su hijo. De hombre a hombre.
—Sé que lo que ocurrió antes fue incómodo, tanto para ti como para tu madre —fue lo primero que dijo Genma—, pero no voy a reprenderte por tener relaciones sexuales con tu novia. Ya son grandes, sería ilógico pretender que los adolescentes no hacen esas cosas.
Ranma lo miró un tanto sorprendido, ya que había creído que su padre le daría una perorata sobre lo mal que había estado que hiciera esas cosas con la hija menor de Soun Tendo, que seguro estaba corrompiendo a la chica, tomando en cuenta que para Genma su hijo siempre era el malo de la película y nada de lo que hacía estaba bien.
—Tampoco te voy a decir que está mal que lo hayas hecho en casa. —Añadió, consiguiendo que Ranma se sorprendiera una vez más—. Honestamente, prefiero que hagas esas cosas aquí y que haya sido tu madre quien te encontrara y no Soun Tendo o sus otras hijas.
Sí, eso hubiera sido horrible. Se habría muerto de la vergüenza si las hermanas de Akane lo veían desnudo en su cama con ella. Y si hubiera sido su padre… tal vez ni siquiera seguiría vivo para contarlo.
—Tu madre y yo también fuimos jóvenes —continuó explicando—, sabemos que a esa edad hay mucha urgencia y muchas ganas para estar con la otra persona, besarla, conocer su cuerpo...
Sin poder evitarlo y mientras Genma continuaba hablando, la imagen de sus padres haciendo lo que él hacía con Akane surcó su mente. Ranma sintió náuseas y un rechazo automático que vino desde lo más profundo de su ser. Por supuesto, al igual que el resto de los mortales, sus padres eran dos personas con una vida sexual, algo que era completamente sano y normal; sin embargo, para Ranma, como para el resto de los niños y adolescentes del mundo, aquel pensamiento era aberrante.
—¡No quiero saber! —Lo interrumpió—. ¡No quiero saber lo que tú y mamá hacían a mi edad! ¡Ni lo que hacen ahora!
—Bueno, solo te lo cuento para que sepas que te entiendo. —Le dijo todavía muy serio—. Y que sé que es normal que una pareja joven tenga deseos y…
—¡Vale, vale, me queda claro! —Volvió a interrumpir a su padre—. Gracias… por la comprensión. Igual… no es como que Akane y yo hacemos estas cosas todo el tiempo. —Sintió la necesidad de aclarar aquello para que su padre no ahondara en el tema—. Ha sido una casualidad que mamá nos haya visto.
Genma asintió con la cabeza y se quedó callado, para alivio total de su hijo. No obstante, la conversación todavía no terminaba.
—Te he comprado algo. —Se metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó una caja de preservativos, la cual dejó sobre el escritorio de su hijo—. Ahora eres un hombre, y los hombres tienen responsabilidades
Ranma pensó en las palabras de su padre. Ahora eres un hombre. ¿Y antes qué era, una ardilla?
—Ya sabes lo que pasa si no usas eso, ¿no? —señaló el escritorio con la mirada—. No tengo que decírtelo. Y también sabes que si eso llegara a pasar, tendrás que hacerle frente a la situación como un hombre, sobre todo ante Soun Tendo.
Ranma deseó fervientemente que su padre se largara y no le dirigiera la palabra durante una larga temporada. No podía creer que estuviera hablándole de embarazos no deseados cuando él y Akane ni siquiera lo habían hecho.
—Por supuesto, papá —prefirió simplemente asentir con la cabeza igual que había hecho con su madre, para evitar que la conversación se prolongara—, gracias por… comprarlos. Akane y yo… seremos muy responsables.
—Es una chica muy linda —comentó Genma y miró a su hijo muy orgulloso—, muy dulce. Me recuerda a tu madre.
Ranma arrugó el rostro. Lo último que quería era asociar a su novia con su madre. Apartó el pensamiento de su cabeza y agradeció cuando su padre se puso de pie.
—Buenas noches, Ranma.
—Buenas noches, papá.
Antes de cerrar la puerta, Genma le envió una última mirada de orgullo a su hijo.
Cuando salió de la habitación, Ranma todavía estaba procesando lo ocurrido. Sus padres no solo lo estaban dejando irse de rositas tras encontrarlo haciendo cosas indebidas con Akane, sino que además, lejos de reprenderlo o escandalizarse, parecían estar muy orgullosos de él.
De haber sabido que lo que necesitaba para que Genma Saotome mostrara aunque fuera un ápice de orgullo por él era que lo viera teniendo sexo, habría empezado mucho antes...
El domingo en la mañana, Soun entró a la habitación de su hija con lágrimas en los ojos, diciéndole que nada lo llenaba de tanta felicidad como saber que su pequeña estaba conociendo el amor de la mano del hijo de uno de sus amigos más antiguos, haciendo que Akane asumiera que los Saotome habían hablado con su padre. Solo esperaba que no le hubieran dado los detalles de cómo se enteraron de la relación de su hijo con ella.
Soun le aseguró que Ranma era más que bienvenido en la casa y que podía invitarlo cuando quisiera. Luego comentó que sería bueno hacer una comida o una cena con ambas familias e incluso con la familia de Tofu Ono, el novio de Kasumi… y ahí fue cuando la mayor de las Tendo intervino. Apareció en la habitación de Akane, como por arte de magia, y sacó a su padre de allí para decirle que se calmara y no exagerara, que no debía ponerle tanta presión ni expectativas a la relación de Akane y de Ranma.
—Son muy jóvenes todavía...
Akane le agradeció a su hermana por la intervención y por el apoyo constante, y deseó que las cosas no se volvieran incómodas de ahora en adelante para ella y para Ranma por culpa de sus familias.
Por suerte, en lo que a ellos respectaba, estaban mejor que nunca. La conversación en el dojo había servido para limar asperezas y también para unirlos más que antes. Akane estaba pletórica al tener un novio que complementaba su felicidad, mientras que Ranma se sentía muy feliz de saber que Akane lo quería y aceptaba tal cual era.
Caminaban de la mano por los pasillos de la Academia (siempre que podían y no había algún profesor estricto como Rumiko Suzuki que se los impidiera) y disfrutaban de su idilio de la misma forma en la que Yuka y Daisuke lo habían hecho desde que se hicieron novios.
En cuanto a ellos dos, Yuka no le había dirigido la palabra a su novio en todo el fin de semana, y solo se dignó a hablar con él el lunes cuando se vieron en clases. Daisuke comprendió que lo ocurrido el viernes no había sido una tontería y que su novia no iba a dar el brazo a torcer fácilmente si él no ponía de su parte y le demostraba que estaba arrepentido y que jamás volvería a hacer algo como eso. Así que se prometió a sí mismo enmendar su error y arrastrarse ante Yuka de ser necesario.
La semana continuó, y el miércoles durante el primer receso, Ranma decidió sorprender a Akane al comprarle chocolates en la máquinas dispensadora de golosinas. Había descubierto que a Akane le gustaban las sorpresas y los detalles, por más pequeños que fueran.
Mientras marcaba el código en la máquina dispensadora introducía el billete correspondiente para pagar, sonrió como un tonto ante la idea de hacer sonreír a Akane y llenarla de detalles románticos.
—Deberías dejar a Akane en paz, si sabes lo que le conviene a ella. Y a ti.
Al escuchar aquella voz desconocida cerca de él, Ranma se quedó muy quieto en su lugar, mientras el chocolate salía de la máquina dispensadora. No necesitaba mirar a la persona para saber de quién se trataba. Sin alterarse, se dio la vuelta para ver a su interlocutor, dándose cuenta de que aquella era la primera vez que lo tenía frente a frente. Era la primera vez que hablaba con él en toda su vida.
Tatewaki Kuno lo miraba de forma condescendiente, como si el simple hecho de estar mirándolo y compartiera su aire fuera un honor para Ranma y una deshonra para él.
—¿Crees que no sé cuáles son las intenciones de los tipos como tú? —Le preguntó en un tono altanero.
Ranma lo miró sin entender qué carajo era lo que pasaba por la mente de ese payaso.
—¿Los tipos como yo? —Preguntó alzando una ceja. Aquí el único enfermo malintencionado eres tú, pensó.
—Sí, un arrabalero que hizo todo para conseguir una beca que lo sacara de la ratonera donde nació —espetó Kuno de forma despectiva—, los tipos como tú nunca quieren nada bueno, y menos con chicas que no son de su nivel.
A Ranma le costaba creer que todavía hubiera gente con un pensamiento tan retrógrada como aquel, pero lo que le dejaba absolutamente patidifuso es que encima hubiera gente joven que pensara así. Había sospechado que había muchas cosas que estaban mal con Tatewaki Kuno, pero no había imaginado que fueran tantas.
—Estás muy mal de la cabeza —le dijo Ranma—, no me sorprende que Akane huya de ti como de la peste.
Kuno frunció el ceño y puso una cara que a Ranma le pareció teatral.
—¡Akane es una princesa y se merece ser tratada como tal! —Exclamó de forma dramática—. Ella merece que alguien ponga un castillo a sus pies. Algo que un bufón como tú no podría hacer ni aunque trabajara toda su vida para ello.
—Estamos de acuerdo en lo primero que has dicho, Akane merece ser tratada como una princesa. —Asintió con la cabeza—. Algo que tú claramente no supiste hacer, si no, ella no te hubiera dejado.
Kuno no se dejó amedrentar por aquellas palabras.
—Sé que lo único que los tipos como tú buscan de las chicas decentes y de buena familia es aprovecharse de ellas —lo miraba de forma acusadora, como si estuvieran en un interrogatorio policial—, pero te aviso que Akane jamás acostará contigo, así que ni lo intentes.
A Ranma le daba la impresión de que nada en él era sincero. Había algo muy oscuro y retorcido detrás de aquella cara de chico guapo de buena familia que protegía el honor y la virtud de las chicas de clase alta. Al tenerlo tan cerca, Ranma fue consciente de que el tipo era verdaderamente grande. No solo era alto, sino que además era de hombros anchos y manos grandes. Sintió que la sangre se le calentaba al imaginarse a un tipo como él abusando de una chica tan delicada como Akane.
—La verdad es que tu opinión me importa una mierda —esta vez, el tono de Ranma fue beligerante.
—No es una opinión, es un hecho. —Declaró Tatewaki—. Puedo asegurarte que ella no lo hará contigo ni en un millón de años. —Señaló a Ranma con su índice—. Así que lo mejor que puedes hacer es bajarte de esa nube, Saotome, y regresar al cuchitril del cual tú y tu familia salieron.
A Ranma le daba igual que ese idiota quisiera burlarse y humillarlo por sus orígenes humildes, era algo que no podía importarle menos. Pero le molestaba que actuara como si fuera el más decente de los hombres cuando Ranma sabía de lo que había sido capaz.
—Solo porque eso sea lo único que tú buscas de las mujeres, no significa que yo también.
—A mí no me engañas, Saotome. Un tipo como tú solo querría aprovecharse de una chica como Akane.
Ranma lo miró con desprecio, dispuesto a terminar con aquella conversación de una buena vez.
—Me importa una mierda lo que pienses. —Dio un paso adelante, haciendo que el índice de Tatewaki entrara en contacto con su pecho—. Lo único que voy a decirte es que te alejes de Akane, y como intentes hacerle daño, no te va a alcanzar la vida para arrepentirte de ello.
Le dio la espalda y se marchó, dispuesto a ignorar cualquier provocación que saliera de la boca de ese enfermo.
Tatewaki siguió a Ranma con la mirada. Se arrepintió de hacerlo al ver que el chico se sentaba en una de las mesas de la cafetería junto a Akane, y le daba un beso en los labios tras entregarle un chocolate.
Había intentado con todo su ser olvidarse de Akane. Se había esforzado para dejar de pensar en ella y de su relación, para aceptar que la chica le había dejado y que ya no quería saber nada más de él. Pero cuando Akane lo bloqueó de todas sus redes sociales, su obsesión por ella solo incrementó. Movió cielo y tierra y utilizó todo lo que estaba en sus manos para poder averiguar todo lo que pudo sobre su vida. Qué estaba haciendo todo el tiempo, con quién salía y con quién se juntaba, qué lugares frecuentaba, etc.
Siempre había pensado que Akane no quería nada con él porque le tenía miedo tras lo sucedido en la fiesta de la prima de Hibiki. Había creído que la chica terminaría por perdonarlo en algún momento si él se esforzaba lo suficiente por demostrarle cuan arrepentido estaba. Había jurado que si Akane no estaba con él, era porque seguía molesta y dolida. Pero jamás se le había pasado por la mente que era porque estaba con alguien más. Descubrir que Akane salía con un chico había despertado en él un resentimiento que comenzó a cegarlo cada vez más, y que terminó por hacerle perder la cordura cuando se enteró de quién era su nuevo novio: Ranma Saotome, un becado.
Tatewaki sabía que la Academia Furinkan ofrecía becas deportivas a alumnos de círculos económicos menos privilegiados, algo que a él le parecía una absoluta aberración. Permitir que personas de estratos sociales más bajos estudiaran en Furinkan no solo desprestigiaba a la institución, sino que además era un peligro para los alumnos que sí pertenecían a la élite. ¿Qué pasaría si alguno de esos arrabaleros decidiera hurtar las pertenencias de valor de sus compañeros? O si se le ocurría llevar a su gentuza a participar de los eventos que ofrecía el colegio… ¡era absurdo! Pero claro, si a él se le ocurría decir algo como eso en voz alta, lo tachaban de clasista.
Tras enterarse de la identidad de la nueva pareja de Akane, Tatewaki se sentó frente a su portátil y realizó una investigación exhaustiva sobre Ranma Saotome. Quién era, quiénes eran sus padres, de dónde venía, a qué se dedicaba su familia, a qué estirpe pertenecía, cuáles eran sus intereses, hobbies, todo. Cada cosa que descubría de él lo dejaba más atónito y acrecentaba el sentimiento de profunda ira que se apoderaba de él con más fuerza.
No podía creer que Akane lo hubiera remplazado por el hijo de una costurera y de un profesor de educación física. Un pelagatos que no tenía donde caerse muerto, que había estudiado toda su vida en el sistema de educación pública (horror), un payaso sin un apellido ilustre, sin una historia familiar digna, sin unos antepasados que hubieran construido un legado social y económico… y aún así, Akane había decidido estar con él.
La confirmación visual del hecho le llegó ese mismo día, al verlos tomados de la mano caminando por los pasillos de la Academia como una feliz pareja de enamorados. Por supuesto, Tatewaki no pudo resistirse al impulso de acercarse a Saotome para advertirle que se alejara de Akane, y para hacerle saber que él no era digno de una chica tan perfecta, maravillosa y pura como ella, asegurándole que jamás se acostaría con él.
Aquel pensamiento, sin embargo, estaba dejando de ser verdadero en su propia mente. Akane había elegido a Saotome, lo que significaba que era probable que estuviera enamorada de él. Y las chicas enamoradas hacían todo lo que sus novios les pedían.
Se envenenó la mente imaginando que Akane ensuciaba su cuerpo y mancillaba el honor de su familia al entregarle su virginidad al pobretón de Saotome. Aquella idea lo atormentó tanto, que tuvo que meterse en uno de los baños durante el resto del primer receso. Y ahí, encerrado en uno de los cubículos, mientras se llevaba las manos al pelo y su mente reproducía una y otra vez la imagen de Akane acostándose con Ranma Saotome, Tatewaki sintió el mismo impulso que lo llevó a ahorcarla durante la fiesta de Ukyo Kuonji.
Una parte de él quería lastimarla y hacerle daño. Rodear su frágil y níveo cuello con sus manos y hasta hacerla entrar en razón, castigarla para que se diera cuenta de sus errores. Pero había otra parte de él que todavía quería cuidarla, protegerla, hacerla suya. A veces una era más fuerte que la otra, pero en medio de aquella dualidad que lo atormentaba, lo único común era que quería que Akane fuera para él y para nadie más.
Pasaba largas horas pensando en ella, en su cuerpo, en su compañía, en su inocencia. En la dulzura que emanaba de sus gestos, en la bondad de sus acciones. Adoraba haber sido el primero en hacerla descubrir los placeres carnales, y deseaba seguir siendo el único hombre en su vida. No importaba cuántas chicas más hubiera por ahí, a él solo le interesaba ella. Akane era todo lo que siempre había soñado y solo pensaba en recuperarla. Pero le enloquecía el pensamiento de que ahora ella tuviera otro novio. Y lo que más lo empujaba a la locura era que su nuevo chico fuera el arrastrado de Ranma Saotome, un becado que venía de un colegio público, cuya familia no tenía fortuna ni negocios, cuyo apellido no decía nada.
Le costó volver a tener pensamientos coherentes que no estuvieran relacionados con Akane y su nuevo novio, pero por fin pudo lograrlo. Salió del cubículo con manos temblorosas y decidió que debía hablar con ella para hacerla entrar en razón. Sí, eso tenía que hacer. Akane era suya y ella no podía estar con nadie más que no fuera él.
Se lavó la cara y comenzó a idear un plan para abordarla sin que Saotome estuviera cerca, pensando en mil maneras para poder quedarse con ella a solas, sin saber que la suerte estaría de su lado.
Cuando salió del baño, se encontró con que Akane también estaba saliendo del baño de las chicas.
—Akane, hola.
La chica se giró para mirarlo y su semblante cambió automáticamente al darse cuenta de quien le hablaba.
—¿Qué quieres? —Le preguntó intentando no sonar tan cortante.
—¿Por qué me tratas con tanta frialdad? —Frunció el ceño—. Se supone que ya me perdonaste. ¿Por qué no puedes ser amable conmigo?
Akane soltó un largo suspiro antes de hablar.
—Tatewaki, la última vez que hablamos te dije te perdoné por lo que pasó, pero eso no significa que quiero que me hables. —No sonaba molesta ni enojada, simplemente firme y decidida—. Creo que te dejé muy claro que no deseaba ser tu amiga. Y no, no es porque te guarde rencor, es porque simplemente no me interesa tener ninguna relación contigo y ya está.
A Tatewaki le había tomado muchos minutos calmarse y contenerse, pero ahora que Akane le decía esto, comenzó a sentir que volvía a perder el control.
—No lo entiendo… tú y yo lo teníamos todo, ¡todo!
—¿Y por qué me lo dices así, como si fuera un reclamo? —Frunció el ceño y se cruzó de brazos—. Te recuerdo que todo eso que dices tú y yo teníamos te encargaste de destruirlo tú mismo.
—Dime la verdad. —Dio un paso adelante para acercarse a ella, ocasionando que Akane diera un paso atrás—. ¿Es por Saotome?
Akane parpadeó varias veces. ¿Qué tenía que ver Ranma con lo que estaban hablando? ¿Acaso Tatewaki ya se había enterado de que Ranma era su novio? Y de ser así, ¿por qué lo tenía que meter en esto? Esa era otra de las razones por las que Akane jamás podría volver con él, Tatewaki siempre buscaba culpar a otros por las consecuencias de sus acciones.
—No, no es por él —Akane fue firme—, es por ti.
—Akane, él no te quiere como yo.
Ese comentario solo demostraba que no estaba escuchándola, que él no había ido ahí para intentar entenderla, sino para que ella lo entendiera a él.
—Él jamás podrá darte todas las cosas que yo estoy dispuesto a darte —insistió—, él no puede…
Akane se rió internamente y dejó de prestarle atención. Tal vez Ranma no pudiera ofrecerle las cosas materiales a las que ella estaba acostumbrada y de las que Tatewaki hablaba, pero lo que su novio le daba era algo que no tenía precio en el mercado, algo que tenía un valor incalculable, algo que Tatewaki nunca le había dado: amor verdadero.
Por supuesto, la menor de las Tendo no estaba por la labor de darle explicaciones.
—Me da igual lo que pienses.
Él frunció el ceño y apretó los puños. No estaba acostumbrado a que lo interrumpieran y no lo dejaran hablar.
—Escúchame, yo...
Pero Akane ya había escuchado demasiado.
—¡¿Es que acaso no lo entiendes?! —Su tono fue lo suficientemente alto como para que varias personas dejarán de hacer lo que hacían y los miraran—. ¡No quiero ser tu amiga, no quiero ser tu novia, no quiero nada tuyo! ¡Nada! ¡No me interesa nada de lo que me dices!
Kuno fue consciente de que estaban protagonizando una escena, de que la gente que estaba a su alrededor los miraba con interés. Y él odiaba las escenas.
—Akane, baja la voz. —Le dijo en tono autoritario—. La gente nos está mirando.
—¡Entonces déjame en paz! —Exclamó, usando el mismo tono que antes. No pensaba ceder ante ningún deseo suyo—. No me busques, no me hables, no me mires, ¡no me nada! ¡No quiero nada de ti, Tatewaki! ¡Entiéndelo de una buena vez!
—¡Baja la voz! —Repitió él como una orden, esta vez apretando la mandíbula.
Por primera vez fue consciente de que había perdido todo el control que alguna vez había tenido sobre Akane. Por primera vez en su vida, todo se le había escapado de las manos.
—No puedes decirme qué hacer —Akane habló un poco más bajo—, ya no más. Así que si quiero alzar la voz, voy a hacerlo. —Frunció el ceño—. Tienes suerte de que no le haya dicho a nadie lo que pasó en casa de Ukyo Kuonji, Tatewaki, pero todavía estoy a tiempo de hacerlo si me sigues acosando.
—¿A…? ¿Aco...sando?
En aquel momento, Akane vio en los ojos de Tatewaki la misma mirada retorcida que había visto el día de la fiesta cuando la sujetó con fuerza por el cuello. El chico dio un paso adelante y ella notó que tenía la mandíbula apretada.
—Nunca vas a dejar ir esa noche, ¿verdad?
Akane sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal, pero no se permitió darle el gusto de verla asustada, esta vez no. Aprovechando que había gente alrededor, decidió volver a alzar la voz. Ella sabía que Tatewaki detestaba las escenas y llamar la atención, así que eso serviría para que la dejara en paz.
—¡Si no me dejas en paz, te juro que todo el mundo va a enterarse de lo que me hiciste! —Comentó en un tono lo suficientemente alto como para que la gente que los miraba pudiera escuchar perfectamente esas palabras—. ¡Todo el mundo se va a enterar de que eres un maltratador de mujeres!
Los murmullos no se hicieron esperar. El rostro de Tatewaki adquirió una tonalidad rojiza y Akane se dio cuenta de que el chico apretaba los puños y parecía totalmente fuera de sí, pero sabía que no sería capaz de hacerle nada frente a otras personas.
—Espero que te haya quedado muy claro. —Eso fue lo último que le dijo antes de marcharse de ahí sin mirar atrás.
Tatewaki se quedó tieso viéndola partir. La gente lo miraba como si fuera un bicho raro, como si no encajara allí, como si fuera un criminal. Y todo por esa maldita conversación con ella. Pero él no permitiría que ella arruinara su reputación en Furinkan, antes la hundiría a ella.
Si Akane creía que podía hacerle un desplante como ése y salirse con la suya, estaba muy equivocada. Se arrepentiría de haberle dejado, de no haber aceptado sus disculpas, de haberle rechazado tantas veces y sobre todo, se arrepentiría de no haber querido volver con él. Nadie humillaba a un Kuno y se salía con la suya. Se tomaría la tarea de hundirla para que nadie hablara mal de él, pues toda la atención estaría puesta en Akane. Iba a acabar con ella, y se encargaría de que cada persona en Furinkan perpetuara esa humillación.
Akane Tendo iba a pagar muy caro lo que le había hecho.
Aquel día Ryu se encontraba de un humor de perros.
Usualmente, el portero del equipo de fútbol estaba de buen humor y disfrutaba de compartir y charlar con sus compañeros, sobre todo tras las clases de Educación Física. Pero aquel día era distinto, ya que después del primer receso había tenido clase de Química (y él odiaba la química) y luego Educación Física. Tras la clase, el entrenador Mihara le había dado una reprimenda. Según él, Ryu estaba distraído y no se estaba tomando en serio su rol en el equipo. Le exigió ver un cambio de actitud cuanto antes o de lo contrario se vería relegado al banquillo, pues había otros chicos talentosos que se morían de ganas de ocupar su lugar.
Entró al vestuario con cara de pocos amigos y se dirigió a su taquilla, pensando en que Mihara era un idiota y veía cosas donde no las había. Al menos el timbre del segundo receso estaba por sonar y no tendría que verle la cara ninguno de sus estúpidos profesores por la próxima media hora.
Ajenos al aura de cabreo que lo rodeaba, sus compañeros parecían muy animados charlando.
—Joder, lo disimula muy bien con el uniforme —comentó uno de ellos—, pero está riquísima…
Ryu alzó una ceja. Las maldiciones hacia Mihara quedaron en segundo plano y se giró para mirar a sus compañeros. Notó que la mayoría tenía el móvil en la mano y pronto se dio cuenta de que parecían estar mirando lo mismo.
—¿Qué pasa? —Preguntó curioso—. ¿Qué miran?
—Nudes.
Tres años atrás, Ryu había leído un artículo que encontró en Twitter en el que se explicaba un problema que cada vez se hacía más grande: la violación del consentimiento cuando una persona difundía las imágenes y vídeos privados de otra. El principal problema, indicaba el artículo, era que la persona que las difundía rara vez enfrentaba consecuencias legales; de hecho, ni siquiera enfrentaba consecuencias sociales, ya que la mayoría de la gente culpaba a la víctima al decir «si no hubiera mandado esas fotos, esto no estaría ocurriendo».
A Ryu le gustaban mucho las chicas, y por ende, le gustaba verlas desnudas. Cuando empezó a ligar, se dio cuenta de que unas de las cosas que más lo excitaba era que una chica le enviara fotos y vídeos subidos de tono. Y aunque le encantaba verlas y le enorgullecía saber que era capaz de conseguir que las chicas hicieran lo que él les pedía, sabía que no estaba bien mostrarle a nadie las nudes que le mandaban, y mucho menos difundirlas para que otros las tuvieran.
Por ese motivo, estaba completamente en contra de que otros chicos compartieran ese tipo de material, no importaba qué tan buena estuviera la mujer en cuestión.
—¿De quién? —Preguntó sintiendo que se tensaba. Aquella no era la primera vez que ocurría una cosa así en Furinkan.
—Míralo tú mismo...
Frunció el ceño y negó con la cabeza, no queriendo ser cómplice de esa mierda. Sin embargo, le fue imposible no registrar la imagen con sus ojos cuando su compañero le puso la pantalla del móvil en la cara.
El ceño fruncido de Ryu pasó a convertirse en ojos muy abiertos. Mierda. No pasó demasiado tiempo hasta que sintió el corazón en la garganta. Miró a su alrededor y comprobó una vez más que la mayoría de los chicos parecían estar viendo eso mismo.
—¿De dónde sacaron esto? —Preguntó en un tono lo suficientemente alto para que todo el mundo lo escuchara. Varios chicos lo miraron, pero no respondieron; otros simplemente lo ignoraron—. ¡¿DE DÓNDE?! —Gritó golpeando la taquilla, haciendo que sus compañeros se sobresaltaran.
—N-no lo sé —contestó el chico que le había mostrado el móvil—, solo las mandaron por ahí y ya…
—Pues será mejor que las borren y dejen de compartirlas, si no quieren meterse en buen lío con Miyakoji.
Un murmullo generalizado se apoderó del vestuario, mientras Ryu buscaba con la mirada al responsable de lo ocurrido. Tenía que estar ahí entre ellos.
—¿Qué dices? ¿Nos vas a acusar?
—No hace falta que yo los acuse, lo puede hacer cualquiera que se entere.
Cuanto más tiempo pasara allí, más tiempo tendrían todos de seguir difundiendo las fotos y más personas las recibirían. Recogió sus cosas a toda velocidad y se echó el bolso de deporte al hombro. Antes de salir del vestuario, dirigió una mirada a sus compañeros.
—Les recuerdo que ella es menor de edad, y compartir ese tipo de fotos de una persona menor de edad es un delito, así que déjense de esa mierda.
Salió de allí como alma que lleva el diablo, con el corazón latiendo a mil por hora. Joder. Necesitaba encontrar a Asami urgentemente. Sabía que no podía detener lo que estaba ocurriendo, el daño ya estaba hecho y la bola de nieve iba rodando cuesta abajo, pero al menos intentaría que no se hiciera más grande. Al menos intentaría que cuando se estrellara contra ella, el impacto no fuera tan brutal.
El timbre del receso sonó y pronto los pasillos de la Academia se llenaron de gente. Ryu recorrió varios de ellos y no encontró a ninguna de las dos personas a las que buscaba, pero no se rindió. Continuó caminando hasta que llegó al pasillo donde se encontraba el aula de Asami y la vio revisando su móvil mientras caminaba.
—¡'Sami! —La llamó en voz alta y se acercó a ella—. Tenemos que hablar.
Asami rodó los ojos. Esta era la primera vez desde el viernes pasado que Ryu se le acercaba, pues el chico había respetado su espacio y no había intentado volver a seducirla ni acercarse a ella de ninguna forma, hasta ahora.
—¿De qué? —Le preguntó cruzándose de brazos, dejándole muy claro con su lenguaje corporal que no tenía ganas de hablar con él.
—Tenemos que hablar en serio, Asami —la interrumpió—, no estoy de coña ni tampoco he venido a hablar de lo nuestro.
Ella parpadeó un par de veces antes de hablar. Ryu nunca la llamaba Asami. Nunca. Siempre era 'Sami o bombón, o cualquier otro sobrenombre subido de todo, pero jamás Asami.
—Te escucho —lo miró fijamente, identificando una mezcla de urgencia, miedo y rabia en los ojos de ruidos—, ¿qué pasó?
—Es sobre Akane.
Cuando sonó el timbre que daba inicio al segundo receso, Ranma salió del aula de clases en dirección al baño. Akane salió acompañada de Yuka y Hiroko y las tres se dirigieron a la cafetería, mientras la chica de pelo corto les contaba un chiste de monjas.
Akane no podía dejar de reírse, pues su amiga se sabía muchos de esos chistes y todos eran igual de graciosos e inapropiados, pero tras sentarse en una de las mesas con sus amigas, notó que las miradas de varios chicos que cursaban el mismo año que ella. Al principio, Akane no estuvo segura de si los chicos la miraban a ella, pero pronto notó que su atención no estaba puesta ni en Yuka ni en Hiroko. Lo siguiente que notó es que casi todos los chicos que la miraban tenían un móvil en la mano; los que no tenían móvil, lo compartían con algún otro chico que también la miraba, y cuchicheaban entre ellos.
Era difícil de explicar, pero era como si lo que estuvieran viendo en sus móviles tuviera que ver con ella. Pronto vio que Florent Le Drian, su molesto compañero francés, se unió al grupito con su propio móvil y alzó las cejas al ver la pantalla. Una sonrisa picaresca se dibujó en su rostro antes de buscar a Akane con la mirada. Ella, molesta ante tanta atención no solicitada, se levantó de la mesa y caminó con paso firme hasta que estuvo frente al francés. Frunciendo el ceño, le arrebató el teléfono, pero cuando vio lo que había en la pantalla, le fallaron los tiempos y dejó de respirar. Deslizó su dedo y se dio cuenta de que no era solo una foto, sino varias. Todas. Fotos de que no pensó jamás volver a ver. Fotos que había borrado y que juraba que ya no existían. Fotos que se había tomado para Tatewaki cuando salían juntos. Fotos que le había pedido que borrara una vez las cosas se habían terminado entre ellos. Fotos de su cuerpo. Fotos íntimas.
Incapaz de hacer o decir nada, Akane le devolvió el teléfono a Florent y caminó de regreso a la mesa mientras sentía que el mundo a su alrededor comenzaba a colapsar lentamente. Pronto solo fue consciente de las sensaciones y señales que le enviaba su cuerpo. Las manos frías. El corazón en la garganta. Un zumbido en los oídos. Un nudo en el estómago. La vista desenfocada y el panorama borroso. El mundo entero viniéndose abajo y la agobiante sensación de que aquella angustia asfixiante jamás terminaría. ¿Qué le estaba ocurriendo? No lo sabía, pero tampoco podía pensar con claridad, porque lo único que quería era morirse.
Para cuando volvió a sentarse en la mesa, junto a Yuka, las lágrimas se salían de sus ojos a borbotones y la respiración le fallaba.
—Akane, ¿qué pasa? —Le preguntó Yuka mirándola con los ojos muy abiertos mientras le cogía la mano—. ¿Qué viste?
Akane apenas alcanzó a balbucear unas cuantas palabras con un hilo de voz. Los ojos de Yuka se abrieron de forma exagerada y la chica se llevó a la boca la mano con la que no sujetaba a su amiga, haciendo que Hiroko frunciera el ceño, pues no había escuchado lo que dijo Akane.
—¿Qué? —Inquirió preocupada y asustada—. ¿Qué dijo? ¿Qué pasó?
—¡Akane!
Yuka y Hiroko alzaron la mirada para ver a Asami y Ryu correr hacia ellos. A juzgar por la mirada de los recién llegados, Yuka dedujo que ya se habían enterado de lo sucedido. Akane no era capaz de concentrarse en nada a su alrededor, porque no podía sacarse de la mente todas y cada una de las fotos que le había compartido a Tatewaki cuando estaban juntos. Fotos que ahora eran de dominio público.
—Akane, lo siento mucho —dijo Asami y se inclinó hacia abajo para abrazar a su amiga.
—¿Qué coño está pasando? —Demandó saber Hiroko.
Ryu le contó lo ocurrido en los vestuarios y Asami quiso asesinarlo, ya que cuando Akane escuchó que las fotos estaban siendo compartidas y vistas por muchos chicos de su curso, rompió a llorar todavía más fuerte que antes.
Ajeno a todo cuanto ocurría a su alrededor, Ranma salió del baño de chicos tarareando una canción y caminó rumbo a la cafetería. Nada más entrar, divisó a las amigas de su novia sentadas en una mesa, con Ryu acompañándolas. A medida que se acercaba, notó que todos tenían un semblante fúnebre y que Akane estaba llorando.
—¿Qué pasa? —Preguntó al llegar a la mesa—. ¿Por qué lloras, mi amor? —Miró a Akane preocupado y se agachó junto a Asami para estar a la altura de Akane, pero la chica no era capaz de hablar—. ¿Qué pasa? ¿Por qué está así? —Miró a los demás y se fijó en que todos se miraban entre ellos, compartiendo un secreto a voces—. ¡¿Qué mierda pasa?!
Akane apartó a Asami y a Ranma, sintiéndose demasiado avergonzada y abrumada de que tanta gente supiera por lo que estaba pasando, de que tanta gente fuera a ver fotos de ella desnuda y en ropa interior. No fue capaz de mirar a Ranma a los ojos. Se levantó de la mesa y miró a su alrededor, sintiendo que los ojos de cada persona en aquel lugar estaban posados sobre ella. Necesitaba salir de ahí cuanto antes.
Ryu se acercó a Ranma y el pelinegro se incorporó. El portero del equipo de fútbol sabía que su compañero era un hombre de honor y estaba convencido de que él no podía ser el responsable de lo sucedido. Posó su mano en su hombro y habló en voz baja.
—Alguien filtró nudes de Akane y ahora todo nuestro curso las tiene.
Alguien filtró nudes de Akane.
Alguien filtró nudes de Akane.
Alguien filtró nudes de Akane.
Y ahora todo nuestro curso las tiene.
—¿Quién? —Preguntó con voz de hielo—. ¿Quién lo hizo?
—Tatewaki.
Todos se miraron para mirar a Akane, que se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano en un gesto inútil, pues con cada una que limpiaba, muchas más salían para empapar sus mejillas.
Al ver el rostro pálido y afligido de su novia, y sus preciosos ojos marrones llenos de lágrimas, Ranma sintió un fuego crecer dentro de él. Fue consciente de que todos comentaban algo entre ellos, pero de pronto dejó de percibir sonidos. Lo único que llegaba a sus oídos eran zumbidos lejanos que nada tenían que ver con él. Apretó los puños y la mandíbula mientras se daba la vuelta para buscar al hijo de puta de Tatewaki Kuno. Si ese maldito se había salido con la suya una vez, era porque él no era parte de la vida de Akane en aquel momento, pero ahora era diferente. Ahora Akane tenía quien la defendiera y diera la cara por ella. Y ese cabrón iba a pagar por haberle hecho esto.
—¡Eh! —Ryu frunció el ceño cuando lo vio alejarse de ahí—. ¿Dónde vas?
—Maldito Tatewaki —dijo Asami arrastrando las palabras—, te juro que lo odio con todo mi ser. —Miró a Akane—. Pero no te preocupes, esta vez no se va a salir con la suya, Akane —cogió las manos de su amiga entre las suyas—, te lo juro.
—¡Ranma! —Ryu volvió a llamarlo, pero el joven de la trenza salió de la cafetería.
Yuka y Hiroko tenían muy claro que el novio de su amiga se había ido con aquel semblante lleno de odio a buscar Tatewaki, y ambas se temieron lo peor. Lo último que hacía falta en ese momento era que Ranma se peleara con el idiota de Kuno y terminara expulsado de la Academia Furinkan.
—Asami —Hiroko cogió a su amiga del brazo y la apartó del grupo—, necesito que tú y Ryu vayan tras Ranma. Es capaz de ir a darle una paliza a Tatewaki y sabes que por eso podrían echarlo del colegio.
—¿Tú crees? —Asami se giró y se dio cuenta de que Ranma se había esfumado.
—Sí, y te recomiendo que se vayan ya, porque si Ranma encuentra a Tatewaki antes de que ustedes lo encuentren a él, no quiero ni imaginar qué pasará.
Asami asintió con la cabeza y les pidió a sus amigas que por favor cuidaran a Akane. Luego cogió a Ryu por la muñeca y se lo llevó por el pasillo mientras le explicaba lo que su amiga acababa de decirle.
Ranma solo tuvo que preguntarle a una persona por el paradero de Tatewaki Kuno para saber dónde estaba. Prácticamente trotó hasta que llegó al edificio en el que se encontraba la biblioteca, y solo se detuvo cuando divisó a Kuno a unos metros de él.
—¡TATEWAKI!
El aludido se giró al ver a Ranma Saotome acercarse a él hecho una furia.
Una de las cosas que había planeado y deseado cuando difundió las fotos de Akane fue que Saotome la dejara al descubrir que su novia se había tomado fotos íntimas para otro hombre, pues es lo que él mismo hubiera hecho.
Lo que Kuno no sabía era que Ranma no era como él.
—¡ERES UN MALDITO BASTARDO Y VOY A ACABAR CONTIGO!
—¿Por qué? —Preguntó adoptando un semblante defensivo—. En tal caso los reclamos deberías hacérselos a tu noviecita, que al parecer no era tan santa como creías.
Como respuesta recibió un puñetazo en la mandíbula, que lo hizo perder el equilibrio y caer de espaldas.
—¡Te advertí que la dejaras en paz y no lo hiciste!
Tatewaki no pudo responder a aquello, pues Ranma se abalanzó sobre él para cogerlo por el cuello de la camisa y asentarle otro puñetazo en la cara.
—¿Crees que puedes humillar a las mujeres y salirte con la tuya? ¡Hijo de puta! —Le dio un tercer golpe y luego se separó de él—. Levántate.
Tatewaki necesitó de varios segundos para reaccionar e incorporarse, pues los golpes de Ranma pegaban como cañonazos. Justo cuando consiguió ponerse de pie, Ryu y Asami aparecieron por el pasillo. La animadora pareció horrorizada al ver el rostro de Tatewaki lleno de sangre.
—Eres un maldito asqueroso sin ningún tipo de honor —le espetó Ranma.
Le había permitido levantarse por pura costumbre, pues todo lo que había aprendido durante años de entrenamiento de artes marciales le impedía continuar atacando a un rival indefenso. Pero ahora que veía que el maldito de Kuno todavía podía mantenerse de pie, volvió a arremeter contra él.
—Ryu —Asami lo miró con ojos suplicantes—, por favor, sepáralos antes de que venga alguien.
—No —dijo Ryu sin inmutarse—, no voy a meterme.
Asami lo miró horrorizada. Frunció el ceño y abrió la boca en una mueca de sorpresa e indignación.
—¿Cómo que no?
—Esto es una cuestión de honor, 'Sami, y Tatewaki se lo merece. —Al ver que Asami parecía igual de confundida y asustada que antes, decidió agregar algo más—. Si alguien te hubiera hecho eso, yo haría lo mismo que Ranma.
—¿Y qué se supone que haga? —Frunció el ceño—. ¿Quieres que me meta yo a ver si me dan un golpe?
Ryu la tomó por las muñecas con la fuerza suficiente como para que ella no pudiera moverse, pero sin hacerle daño.
—Tú tampoco vas a hacer nada —le dijo sin apartar la vista de Ranma y Tatewaki—, vas a dejar que Ranma le dé su merecido al cabrón que publicó las nudes de tu amiga, y ya.
Asami también quería que Ranma le diera una buena paliza a Tatewaki, pero le preocupaba enormemente que alguien los viera. Pelearse a los golpes era una falta gravísima en la Academia Furinkan, y si la directora o algún profesor descubría a un estudiante becado en algo así, lo expulsaría de inmediato.
Tatewaki solo alcanzó a asentarle un solo golpe a Ranma, descubriendo que el pelinegro no solo era fuerte, sino que además era ágil y habilidoso. Y tras recibir ese golpe, Ranma no tuvo piedad. Volvió a golpear a Tatewaki hasta hacerlo caer, y cuando estuvo en el suelo, rodeó su cuello con las manos de la misma forma en la que él lo había hecho con Akane.
Asami comenzó a desesperarse, no solo porque tenía miedo de que alguien llegara, sino porque además la pelea podía salírsele de las manos a Ranma en cualquier momento.
—¡Ryu, ya! —Exigió en voz alta, haciendo que el portero del equipo de fútbol maldijera y le soltara las muñecas.
—¡Basta ya, coño! —Exclamó Ryu y se acercó a Ranma—. ¡Basta ya! —Lo cogió por el hombro haciendo que se detuviera.
El joven Saotome tenía los puños cubiertos de sangre, pero además su camisa estaba manchada y tenía un golpe en la mejilla que en cualquier momento comenzaría a hincharse.
—Ryu, tenemos que irnos de aquí ya —Asami miraba a su alrededor muerta de miedo—, si alguien ve a Ranma así, van a llevarlo a donde Miyakoji y será su fin.
—¡Ranma! —Una voz femenina hizo que tanto Ryu como Asami se giraran, sintiendo que el pánico se apoderaba de ellos—. ¡Ranma!
Shampoo observaba la escena con total incredulidad y horror, una mano cubriendo su boca.
—¿Fue Kuno, verdad? —Shampoo se acercó a Ranma y notó que el chico parecía no estar ahí mentalmente. Luego miró a Ryu y a Asami—. ¿Fue Kuno el que envió las fotos de Akane?
Ryu asintió con la cabeza. En ese momento, Shampoo adoptó otro semblante.
—Pues lo mejor será que saquen a Ranma de aquí inmediatamente —les dijo en un tono que no daba pie a réplica—, porque acabo de ver a Miyakoji y me parece que viene para acá.
Al escuchar eso, Ryu cogió a su amigo del brazo y prácticamente lo arrastró con él. Asami apenas tuvo tiempo de agradecerle a Shampoo con la mirada por haberles avisado y se echó a correr detrás de los dos chicos.
Shampoo miró a Tatewaki, que parecía estar recuperándose de los golpes. Se veía hecho polvo, pero al menos estaba consciente. La chica de pelo morado lo miró con desprecio, completamente ofendida por lo que ese estúpido le había hecho a Akane Tendo. Le parecía un acto bajísimo que un hombre le hiciera eso a una mujer.
—Si se te ocurre abrir la boca y decir quién te hizo esto, me voy a encargar de que tanto tus padres como Miyakoji se enteren de lo que hiciste.
Kuno la miró con el ceño fruncido y una mano en el rostro, mientras se tocaba la herida sangrante que tenía en la ceja. La joven Sakuma le dio la espalda para dejarlo ahí, pero justo en ese momento la directora de la Academia Furinkan apareció por el pasillo, acompañada del profesor John Taro, deteniéndose en seco al ver la escena.
Mierda, Ranma, pensó Shampoo. ¿En qué lío me he metido por ti?
Todo había ocurrido demasiado rápido.
Desde el momento en que se dio cuenta de que sus compañeros tenían sus nudes, Akane no fue capaz de pensar en nada que no fuera que su vida se había terminado. Su reputación, su imagen, el respeto que todos tenían por ella, su dignidad… todo se había ido por la borda en cuestión de segundos por culpa de Tatewaki. De solo pensar en que probablemente todos los estudiantes de la Academia tenían en su poder (o habían visto) fotos de ella desnuda y en ropa interior, sentía unas terribles ganas de vomitar. Y entonces vino lo peor.
¿Qué pasaría cuando los profesores eventualmente se enteraran de lo ocurrido? ¿Y cuando se enterara su padre? Akane nunca había tenido un ataque de pánico hasta ese día, pero de pronto sintió que el mundo entero se le venía abajo y que no había nada que ella pudiera hacer para evitarlo.
Aquella asfixiante sensación que la agobiaba al punto de no dejarla respirar y de hacerla sentir que se iba a morir en cualquier momento no le permitió ser consciente de nada a su alrededor. Apenas y se dio cuenta de que Ranma se iba corriendo de la cafetería, probablemente avergonzado de tener a una novia como ella, que había mandado esas fotos a otro chico.
¿Por qué Tatewaki le había hecho eso? ¿Por qué la había humillado y herido de esa forma? ¿Es que acaso no había tenido suficiente con lo que le hizo en la casa de Ukyo? ¿Había necesitado más? No lo entendía… por más que pensara, no entendía qué podía ganar él con algo como eso. La atormentaba pensar que todo ese tiempo él había conservado esas fotos tan privadas que ella le había enviado cuando todavía estaban juntos, cuando todavía confiaba ciegamente en él. El chico le había jurado que jamás se las enseñaría a nadie y que las cuidaría con su vida. Y ella había creído en él.
Luego, cuando todo se fue a la mierda, Akane únicamente le dirigió la palabra a Tatewaki para decirle que no quería volver a verlo en toda su vida, ni tampoco saber de él, y le exigió que borrara las fotos privadas que ella le había enviado alguna vez. Y él nunca lo hizo y ahora ella debía pagar el precio de haber creído en él alguna vez.
Hiroko y Yuka la llevaron al baño e intentaron hablar con ella, pero fue inútil. Así que en algún momento, una de ellas decidió que lo mejor sería que se fuera a casa. No supo cuál, ni tampoco supo cómo salieron de la Academia cuando todavía quedaban dos horas de clase tras el receso, pero fue Yuka quien la acompañó en el Uber a casa.
Durante el trayecto, Akane se recostó del regazo de su amiga, quien se dedicó a acariciarle el pelo para calmarla. La menor de las Tendo cerró los ojos e intentó pensar en que todo era un mal sueño, una pesadilla horrible de la que en cualquier momento se despertaría.
Un rato después, Yuka le indicó que ya habían llegado.
Akane se bajó del coche y por primera vez desde la cafetería fue consciente de lo que ocurría a su alrededor. Yuka la cogió de la mano y caminaron hasta el interior de la propiedad de los Tendo.
—¿Tienes tus llaves?
Akane las buscó en su mochila y se las entregó a su amiga, sintiéndose incapaz de introducirlas en el cerrojo, pues las manos le temblaban. Yuka abrió la puerta de la casa y rogó porque el padre de Akane no estuviera por ahí. Sabía que era probable que siguiera en la oficina central de los Dojo Tendo, pero los dueños de las empresas iban y venían sin que el horario fuera una limitación, así que era una posibilidad que estuviera en la casa.
No fue con Soun con quien se toparon mientras subían las escaleras, sino con Kasumi. Akane no fue capaz de mirar a su hermana a los ojos; simplemente aceleró el paso y prácticamente trotó hasta que llegó a su habitación y cerró la puerta tras de sí.
—¿Qué ha pasado? —Preguntó Kasumi, con una mezcla de sorpresa por ver a Akane y a Yuka en la casa en horario de clases, y de preocupación por ver el estado en el que estaba su hermana menor.
Yuka no supo qué decir. Dudaba que Akane quisiera que Kasumi se enterara de lo sucedido, pero al mismo tiempo, sabía que la hermana mayor de su amiga era un sol y Akane necesitaba todo el apoyo que ella pudiera darle.
—¿Yuka?
La chica de pelo largo se llevó las manos al rostro mientras intentaba tomar la decisión correcta, la que menos afectara a su amiga. Tal vez podía decirle algo sin decirle todo.
—Akane… tuvo un problema en el colegio. —Bien, aquello era cierto sin ser específico.
—¿Un problema? —Kasumi frunció el ceño—. ¿Qué clase de problema?
—Con un chico.
—¿Con su novio? ¿Ranma?
Yuka negó con la cabeza.
—Con otro chico… un chico con el que salió el verano pasado. —Suspiró—. Kasumi… quiero contarte, pero… no sé si deba. —Sus ojos castaños mostraban desesperación—. Es algo delicado y… no quisiera decirte sin que Akane me dé su consentimiento.
La mayor de las Tendo pensó que cualquier cosa que hubiera ocurrido debía ser muy grave para que Yuka estuviera tan nerviosa. Asintió con la cabeza, entendiendo que no debía imponer una presión tan grande a la amiga de su hermana.
—¿Vas a volver a clases?
—No creo —contestó Yuka—, pensaba quedarme con Akane, salvo que quiera estar sola. ¿Subimos? A lo mejor… te cuenta.
Kasumi asintió con la cabeza y tanto ella como Yuka terminaron de subir las escaleras para dirigirse a la habitación de Akane.
Sentada en la oficina de la directora, Shampoo no despegaba sus ojos del suelo.
Al encontrar a Kuno con el rostro y la camisa llena de sangre, Miyakoji prácticamente pegó el grito en el cielo. Demandó saber qué había sucedido, pero tanto Shampoo como Tatewaki permanecieron en silencio. Como ninguno de los dos estudiantes dijo nada, la directora le indicó al profesor Taro que acompañara a Kuno a la enfermería y se llevó a Shampoo a su oficina para interrogarla.
Pero era inútil, por más que intentara sacarle información, la chica de pelo morado no decía nada.
—Señorita Sakuma —le dijo mirándola fijamente—, creo que usted todavía no ha entendido la gravedad de la situación. La encontré muy cerca de un estudiante golpeado y ensangrentado, el cual está siendo atendido por el personal médico de esta institución. ¿Le parece que puede darse el lujo de permanecer callada ante mis preguntas?
—¿Piensa que yo lo hice? —Preguntó Shampoo—. ¿Me está acusando de haberlo golpeado? —Frunció el ceño y ladeó la cabeza, como si estuviera intentando comprender lo que le decía la directora—. ¿Cree usted que una chica como yo, de mi tamaño, podría darle una paliza a alguien con la estatura y contextura de Tatewaki Kuno?
Miyakoji se sintió complacida al ver que la estudiante finalmente emitía palabra.
—Precisamente porque dudo que una señorita como usted haya sido capaz de propinarle una golpiza de tal magnitud al alumno Kuno, es porque la tengo aquí. —Se inclinó hacia adelante en el escritorio y golpeó varias veces la madera con su dedo índice—. Quiero que me diga qué pasó y quién fue.
—Pues pregúnteselo a él.
Shampoo se cruzó de brazos y alzó la mandíbula, mirando a Miyakoji de forma altiva y altanera, dejándole muy claro que ella no pensaba decir una sola palabra. La directora abrió los ojos y la boca ante el atrevimiento de la chiquilla. Intentó recuperar la compostura y volvió a hablarle con firmeza.
—Sakuma, le informo que mi paciencia tiene un límite, y este se reduce exponencialmente ante las insolencias de los alumnos. —Al no obtener respuesta, decidió presionarla—. Es la última vez que se lo pregunto antes de abrirle un expediente disciplinario: ¿qué pasó?
Shampoo estaba dispuesta a que la suspendieran de ser necesario, pero no pensaba echar a Ranma al agua. Sin embargo, la directora no tuvo tiempo de hacer nada, pues pronto John Taro entró a la oficina acompañado de Tatewaki, quien había sido atendido en la enfermería. Ya no llevaba puesto el saco ni la corbata del uniforme, así que las manchas de sangre de su camisa eran aún más visibles. Tenía el rostro completamente golpeado, y no podía abrir uno de sus ojos debido a la hinchazón.
—Kuno, ¿cómo se encuentra? —Le preguntó Miyakoji sin abandonar su semblante firme. Algo le decía que aquel estudiante no era una blanca paloma que había sido víctima de un ataque injustificado. Miyakoji tenía años trabajando con niños y adolescentes, y su olfato no solía fallar.
—Bien —fue todo lo que dijo—, estoy bien. Me siento bien. No ha sido… nada grave. Solo un malentendido.
—¿Bien? —Shampoo lo miró con cinismo—. Vaya, así que estás más jodido de lo que pensaba si tu conciencia te dice que estás bien.
Miyakoji miró a Shampoo sin poder creer la insolencia constante de esa niña. ¿Es que acaso sus padres no le habían enseñado discreción y prudencia?
John Taro, adelantándose al regaño de su jefa, decidió intervenir.
—Shampoo, ¿a qué te refieres con eso? —Su tono fue conciliador y familiar, sabiendo que los chicos solían ser más abiertos cuando los trataban de forma menos severa—. ¿Puedes contarnos qué ha sucedido? ¿O tal vez tú, Tatewaki?
Shampoo esperó que el desadaptado de Tatewaki se fuera de lengua y acusara a Ranma de darle una paliza, pero el chico permaneció en silencio. Así me gusta, pensó, calladito. Por supuesto, ella no pensaba delatar a Ranma, pero eso no significaba que no fuera a decir nada.
—¿Por qué no les cuentas por qué te golpearon? —Preguntó Shampoo mirándolo—. Si fuiste tan valiente para hacer lo que hiciste, sin pensar en las consecuencias y sin que te importara el daño que ibas a causar, ¿por qué no les cuentas?
Tatewaki la miró sin poder creer lo que estaba haciendo. Es que, ¿acaso esa ridícula de pelo morado pensaba contarle a los profesores lo que él había hecho?
—¡Cuéntales, Tatewaki! —Sus ojos castaños lo miraban sin piedad—. Si se supone que no hiciste nada malo, que no ha sido nada grave, ¿por qué no les dices?
Tatewaki permaneció en silencio, sintiendo que la sangre estaba empezando a calentársele, mientras los dos adultos observaban la escena atónitos. Taro miró a Miyakoji como diciéndole que no dijera nada; lo mejor sería dejarlos fluir hasta que confesaran.
—Yo te voy a decir por qué no lo haces —Shampoo se giró completamente en la silla para poder mirar a Tatewaki directamente—: porque eres un cobarde, porque no tienes honor, porque no sabrías respetar a una mujer ni aunque tu vida dependiera de ello.
Sin esperar a que le indicaran que podía irse, Shampoo se puso de pie y caminó hasta la salida. Cuando llegó a la puerta, se giró para mirar a la directora Miyakoji y al profesor Taro:
—Tatewaki le envió a todos nuestros compañeros fotos íntimas de una chica de nuestro curso, porque al parecer le divierte faltar el respeto a las mujeres y humillarlas. —Hizo una pausa para permitirles a los adultos procesar lo que acababan de escuchar—. Sí, la chica tiene nuestra edad, lo que significa que es una menor. Y creo que no hace falta que les diga lo que pasa con la gente que difunde ese tipo de imágenes de menores de edad sin su consentimiento.
La directora Miyakoji, que se había puesto del color de una ambulancia, trató de que no le temblara la voz cuando habló:
—¿Qué… qué tipo de fotos? —Preguntó mirando al acusado, pero no obtuvo respuesta—. ¿Qué tipo de fotos, Kuno? —Repitió.
—Fotos íntimas, privadas —repitió Shampoo—, de ella. Usted sabe...
Ni Miyakoji ni John Taro daban crédito a lo que estaban escuchando.
—¿Quién es? —Demandó saber Miyakoji—. Has dicho que es de su curso, eso significa que es una alumna de la Academia Furinkan. ¿Quién es la estudiante?
—No voy a ser yo quien se los diga. —Contestó Shampoo con resolución y miró a Satsuki—. No voy a exponerla más, no vaya a ser que decidan expulsarla a ella. Pero les recuerdo que los padres de la mayoría de los estudiantes de este colegio son personas poderosas y con mucha influencia, así que yo pensaría muy bien el siguiente paso. Buenas tardes.
Cuando salió de la dirección, las manos le temblaban. Podía sentir su corazón latiendo desaforado en su pecho, el pulso vibrando en la garganta, la adrenalina inundando cada vena de su ser.
Akane Tendo no le caía particularmente bien, pero hubiera hecho lo mismo por su peor enemiga, porque una cosa era una rivalidad y otra muy distinta era ser testigo de lo que había sucedido y quedarse de brazos cruzados.
Ella sabía muy bien cómo podían ser los chicos, y también sabía bien que muchos actuaban así porque sabían que tenían impunidad para hacer prácticamente lo que les venía en gana, pues pocas veces enfrentaban consecuencias.
Casi nadie lo recordaba ya, pero hacía un tiempo, una chica de Furinkan vivió una situación similar, y nadie había hecho nada por ella. Shampoo había visto cómo la chica se había aguantado los comentarios, las burlas, los rumores, los insultos, las miradas. Había visto cómo quebraban su reputación, su círculo de amigos, su espíritu, hasta que un día no volvió más a la Academia. Shampoo había jurado que jamás permitiría que ninguna otra chica viviera algo como eso, y que haría todo lo que estuviera en sus manos para impedirlo.
Ranma le había dado una merecida paliza a Tatewaki, y luego ella se había encargado de hundirlo frente a la directora y a John Taro, pero quedaba en Miyakoji tomar la decisión final. Ranma y ella solo eran dos chicos que habían tratado de tomarse la justicia en sus manos, pero sabía que no sería suficiente para sentar un verdadero precedente en el colegio.
Solo esperaba que, así como ellos lo habían hecho, los adultos también hicieran lo correcto.
Asami Kobayashi siempre había sido buena pensando y decidiendo bajo presión.
Luego de huir de la escena del crimen, la animadora pensó que era más que probable que algún profesor se diera a la tarea de buscar al responsable de darle una paliza a Tatewaki Kuno. Ranma no solo restaba manchado de sangre y tenía un golpe en la cara, sino que además tenía los nudillos lastimados, por lo que lógicamente sería el principal sospechoso, así que no era una opción que el chico volviera a clases. Y eso no era lo único.
Ranma estaba completamente fuera de sí, respiraba de forma agitada y decía que tenía que ver y hablar con Akane, estar con ella, pero luego decía que tenía que evitar que más personas recibieran las fotos de su novia. Estaba completamente desesperado y era inútil hacerlo entrar en razón, así que Asami le indicó a Ryu que se lo llevara a uno de los baños para lavarle la sangre de las manos mientras ella recogía sus cosas.
La eficiencia de su actuar también destacaba en situaciones difíciles.
Asami se dirigió a su salón de clases y recogió tanto la mochila de Ranma como la suya, y luego hizo lo mismo con la de Ryu en el otro curso. Luego fue hasta el baño donde estaban los dos chicos y les dijo que tenían que irse de la Academia cuanto antes. Para su suerte, Ryu ya había pensado en un método de escape: pidió un UBER que ya estaba esperándolos en el estacionamiento. No podrían salir caminando sin que alguno de los guardias los detuvieran, pues ningún alumno podía salir solo en horario de clases, pero si salían en un coche era probable que nadie lo notara siquiera.
Se dirigieron a la casa de Ryu, donde Ranma finalmente se desplomó cuando Asami se dio cuenta de que no le había preguntado cómo estaba. Al hacerlo, el chico se quebró. Asami lo abrazó y consoló mientras sollozaba y se lamentaba por todo lo que le estaba pasando a Akane, maldiciendo el no haber podido protegerla del maldito de Kuno. La chica lo guió hasta el sofá y allí sentados lo dejó llorar mientras le acariciaba la espalda y pensaba que esa situación de mierda no estaba siendo fácil para nadie.
Ryu observó a Asami mientras consolaba a Ranma y le decía que él no tenía la culpa de nada de lo que estaba pasando, que ni él ni nadie habrían podido evitar que Kuno le hiciera eso a Akane, y que había hecho bien en tomarse la justicia en sus propias manos para darle una lección al enfermo de Tatewaki.
—Tú hasta ahora has hecho todo lo que puedes hacer, que es cuidar a Akane y tratarla como se merece —secó las lágrimas de Ranma con sus pulgares—, ella siempre nos cuenta que eres muy dulce, aunque un poco cabezota y no tan sutil para decir las cosas, pero eso ya todos lo sabíamos.
Ryu se rió y Ranma apenas fue capaz de esbozar una pequeña sonrisa. Dentro de todo lo que estaba pasando, era gratificante saber que Akane hablaba bien de él con sus amigas.
—Akane está feliz contigo, Ranma, y eso que acaba de pasar… es una puta mierda, pero no debe abatirte. Tienes que ser fuerte para apoyarla —suspiró—, todos tenemos que serlo, porque no va a ser fácil.
Ranma asintió con la cabeza y volvió a abrazar a Asami, para agradecerle por sus palabras. Ryu pensó que la chica tenía un corazón de oro. Luego Ranma se puso de pie y también abrazó a su amigo, pues si él no hubiera intervenido antes, Ranma probablemente hubiera matado a Tatewaki.
Ryu acompañó a Ranma a la habitación y le dijo que podía darse una ducha y cambiarse de ropa para no usar el uniforme ensangrentado. Luego lo dejó solo y volvió a la sala con Asami.
—Shampoo me escribió —le dijo en cuanto lo vio aparecer—, me dijo que Miyakoji los encontró a ella y a Kuno, pero que él no dijo nada. Los llevó a la dirección y al final ella le dijo lo que Kuno hizo, pero no le dio el nombre de Akane.
El chico alzó ambas cejas al escuchar aquello. Shampoo probablemente lo había amenazado para hacer que guardara silencio. Se sentó junto a Asami en el sofá y se echaron hacia atrás para recostarse cómodamente, ella cerrando los ojos en el proceso. Parecía que habían pasado miles de horas desde que Kuno publicó las fotos, pero lo cierto es que ni siquiera habían transcurrido más de dos.
De pronto, Asami abrió los ojos de golpe y frunció el ceño. Miró a Ryu.
—Ryu, si se te ocurre hacer algo así con mis fotos o vídeos, te juro que…
Él la miró con una mezcla de sorpresa e indignación, sin poder creer que Asami tuviera siquiera la sospecha de que él podía ser capaz de hacerle algo así.
—¿Por qué clase de tipo me tomas? —Frunció el ceño—. Yo sé que no soy un santo, pero tampoco soy un hijo de puta. Jamás te haría algo así, 'Sami, jamás. Ni a ti ni a nadie.
Pronto se dio cuenta de que no era irracional que Asami pensara eso de él. No por lo que hubiera ocurrido entre ellos, sino porque el mundo estaba jodido y las chicas prácticamente no podían confiar en nadie porque los tíos eran unos cerdos. Suspiró.
—'Sami, si te hace sentir más tranquila, yo ya no tengo fotos ni vídeos tuyos de ese tipo. —Ablandó su expresión y suavizó su tono—. Lo borré todo.
Asami no se había esperado esa confesión, así que lo miró atónita.
—Créeme que no lo hice porque quería, sino porque sé que perdí el derecho de verte desnuda cuando lo nuestro se terminó. —Si Ryu hubiera podido imprimir y enmarcar cada una de las fotos que Asami le había enviado, lo habría hecho—. Borré todo cuando me dijiste que ya no querías nada conmigo. —Aquello era cierto. El viernes anterior tras el partido de fútbol, Asami le cantó todas sus verdades, y el sábado en la mañana luego de que Ranma y Daisuke se fueran de su casa, él borró todas las fotos y los vídeos íntimos que ella le había compartido—. No quería hacerlo, pero no me parece bien pajearme viendo tus fotos y vídeos cuando tú ya no quieres saber nada de mí.
Aunque eso no significa que haya dejado de desearte ni de quererte, pensó.
Asami no dijo nada. Ryu podía tener mil defectos, pero el chico jamás la había obligado a hacer nada que ella no quisiera. Incluso esas veces en las que habían tenido sexo sin protección, él jamás la había obligado. La había convencido con carantoñas y palabras para que lo hicieran así, asegurándole que se saldría de ella antes de terminar para evitar riesgos. Ryu siempre había entendido a la perfección el concepto de consentimiento.
—Sé que no me porté bien contigo, 'Sami, lo sé. Sé que no te traté como te mereces y que no te di tu lugar, pero creo que llegaste a conocerme lo suficiente como para saber que jamás le haría eso a ninguna chica… mucho menos a ti. —Se metió la mano dentro del pantalón y sacó su móvil para desbloquearlo—. ¿Quieres revisarlo para estar segura?
Asami negó con la cabeza y se relajó, permitiéndose disfrutar de al menos cinco minutos de paz y tranquilidad antes de volver a enfrentarse con la situación aberrante que estaban viviendo. Ella no había revisado jamás el móvil de ningún chico y no estaba por la labor de empezar ahora.
—Te creo.
Él pareció complacido al saber que la chica confiaba en él.
—Tú puedes quedarte con mis fotos y vídeos —comentó la miró como el niño arrepentido que ofrece redimirse ante sus padres—, no me molesta que los tengas. Ni tampoco que te masturbes viéndolos…
Asami tuvo que reprimir una sonrisa ante el comentario. ¿Cómo hacía Ryu para aligerar las tensiones siempre? No iba a decírselo, pero le agradecía por al menos sacarle una sonrisa en medio de toda esa pesadilla.
—Lamento decepcionarte —dijo ella intentando que no se le notara la sonrisa—, pero ya he borrado todo también.
Ryu, que la conocía de los pies a la cabeza, se dio cuenta de que la chica quería reírse pero estaba intentando no hacerlo. Esbozó una sonrisa y soltó un largo suspiro, para luego mirar al frente y darle a Asami una palmadita suave en la rodilla.
—Bueno, siempre nos quedarán los recuerdos.
Lo sé, pensó ella.
—'Sami, quería decirte algo antes de que te fueras. —Ryu volvió a mirarla—. Si después de todo esto, Akane o tú o alguna de tus amigas necesita algo, lo que sea, me avisas, ¿sí?
Asami observó a Ryu y se dio cuenta de que, a pesar de estar sentados muy cerca el uno del otro, se había creado un abismo entre los dos desde el día en el que ella se enteró que él llevaría a otra al Baile de Invierno.
Al tener tan cerca sus ojos castaños, sus bonitas pecas, y los mechones desordenados de su pelo, le fue difícil no recordar todo lo que sentía por él. Sabía que solo tenía que acortar el espacio que los separaba para besarlo y sentirse correspondida. Sabía que solo tenía que pronunciar una frase para que todo entre ellos volviera a hacer como antes. Y por un segundo, estuvo apunto de hacerlo. Pero sabía que no debía estar con alguien que no podía o quería comprometerse con ella.
Asintió con la cabeza y miró al frente, preguntándose cuándo llegaría el día en el que al mirar a Ryu, su corazón no se acelerara.
El destino y el universo conspiran a mi favor para que las actualizaciones no solo sigan siendo fluidas, sino que además vengan antes de los 15 días previstos.
Pero hablemos del capítulo, vamos primero con la parte light: Genma y Nodoka están muy orgullosos de ver que su retoño ha crecido y está convirtiéndose en un hombre entre hombres, ¡y nada más y nada menos que con una niña de muy buena familia! Ya veremos cómo avanza la relación de nuestros tórtolos ahora que las familias (sí, he dicho las) saben de su relación.
Y sobre el resto del capítulo, no pueden decir que no les dije que Kuno iba a reaparecer…
Confieso que originalmente el capítulo acababa cuando Kuno jura vengarse de Akane, y sí, pensaba dejarlos 15 días con un súper cliffhanger, pero al final decidí no ser tan cruel con ustedes y comprimir los hechos para que cupieran en este capítulo. Denle las gracias a Megami Akane, que me ablandó el corazón y también hizo que mis ideas fluyeran de forma diferente.
Ahora vamos con la parte fuerte. Lo que le ocurrió a Akane le sucede a muchas chicas y mujeres alrededor del mundo. Es algo que creo que a todos nos ha tocado ver en algún momento de nuestras vidas, y quizás incluso vivir. Sobre qué ocurrirá a partir del hecho, solo puedo decirles que sintonicen esta historia por este mismo canal. Además de saber qué pasará, tendremos más detalles sobre cómo se sienten Akane y Ranma por lo ocurrido.
Respuestas a reviews de usuarios no registrados:
Alexandra: la cena viene y no es lo único que viene con las familias. Yuka está haciendo exactamente eso que has dicho. No estás del todo equivocada en cuanto a lo que piensas de Ryusami.
Hikari: ¡Así es!
Jessie: jajaja el grupito de amigos no tiene un nombre definitivo, pero me gustó ese que propusiste. Y sí, para que veas las dos caras de la misma moneda; él súper feliz con Yuka porque la chica se ha tomado la tarea y el tiempo de aprender para complacerlo, y ella muy insatisfecha. ¡Qué bueno que te gustó la escena de ellos juntos! Y sí, es casi como si lo hubieran hecho-hecho jaja.
Javi: este capítulo ha llegado antes de los 15 días habituales que me tomo en actualizar, así que no puedes quejarte jaja. Sí, Ranma poquito a poquito se irá abriendo más con ella, a paso de vencedores como se dice por ahí. Me alegra saber que te gustan las partes de intimidad física, ya que intento que sean lo más realistas posibles. Jajaja oh, Nodoka. Bueno, ya habrás leído lo que pasó después jaja. Y de Hiroshi no te preocupes, que todavía más.
Grace: sí, total, ya sabes que los hombres tienen una facilidad para hacerse las víctimas que es hasta envidiable jajaja. Bueno, para cuando leas esto, ya sabrás si Genma y Nodoka se sintieron orgullosos de que su hijo sea un hombre entre hombres, pero te comento que todavía hay más por ver...
Felicius: me he reído un montón con tu review, jajaja. Yo también creo que era necesario que los chicos reflexionaran ellos mismos por su lado. Yo creo que el principal problema de Daisuke es que a veces da a Yuka por sentada, ¿sabes? Como que asume que ella siempre va a estar ahí, que todo cae por su peso, y que la vida es un plátano, que uno lo pela y se lo come y ya, todo muy fácil y sencillo, y pues NO. A mí también me encanta que Akane pervierta a Ranma jajaja y claro, el muchachito muy diligente se deja hacer de todo jaja. Para cuando leas mi respuesta, ya sabrás qué piensan los Saotome de lo sucedido.
