Aviones de papel
Capítulo XVI:
"Secuelas"

Aquel miércoles, Kasumi esperó pacientemente que Nabiki saliera de clases.

Luego de ver a Yuka y a Akane en la casa a una hora en la que todavía debían estar en clases, Kasumi se temió lo peor. Sus miedos fueron confirmados cuando entró con Yuka a la habitación de su hermana menor y vio el estado en el que se encontraba Akane. Cuando Kasumi le preguntó cómo estaba, la chica prácticamente se arrojó a sus brazos y sollozó como si el mundo fuera a acabarse en cualquier momento, preocupando todavía más a Kasumi, quien no recordaba haber visto a su hermana en ese estado jamás. Lloraba desconsoladamente y no era capaz de articular palabra para explicarse… y Kasumi no tardó en percatarse de que la imposibilidad de su hermana de poner en palabras su situación se debía a que estaba completamente avergonzada por lo que le había pasado.

Finalmente, fue Yuka quien decidió contarle lo que había ocurrido.

Kasumi escuchó la historia con una mezcla de horror y tristeza, poniéndose en los zapatos de su hermana. A esa edad todo era el fin del mundo, y una humillación como esta era muy difícil de asimilar. La mayor de las Tendo intentó pensar qué haría su madre en esa situación, pues es lo que siempre hacía cuando sus hermanas atravesaban un problema o momento difícil. Concluyó que su madre no juzgaría jamás a ninguna de sus hijas, sino que las haría sentirse seguras, amadas y protegidas. Y así lo hizo ella con Akane.

La pelinegra lloró mares abrazada a su hermana mayor, desahogándose y diciéndole todo lo que sentía en ese momento. Tanto Kasumi como Yuka la escucharon atentamente e hicieron su mayor esfuerzo por consolarla y por darle ánimos, aunque ambas sabían que todo era tan reciente que sería muy difícil animar a Akane.

Un rato después, Akane se dirigió al baño para lavarse la cara. Al volver, parecía más tranquila. Kasumi le indicó que le haría un té y la dejó con Yuka.

Mientras bajaba las escaleras, miró su reloj. Todavía faltaba un rato para que Nabiki volviera de clases. Necesitaba hablar con ella sobre la situación que estaba viviendo Akane en la Academia Furinkan. Quería contárselo no solo para que estuviera enterada de lo ocurrido, sino para que fuera un apoyo para Akane en el colegio y para que hiciera todo lo que estuviera en sus manos para ayudarla.

Pero cuando la mediana de los Tendo llegó a la casa, ya estaba enterada de todo. Le preguntó a Kasumi cómo estaba Akane, a lo que su hermana mayor contestó con sinceridad: destrozada. La expresión de Nabiki cambió, y aunque solo duró unos segundos, Kasumi identificó en los ojos de su hermana lo que parecía ser sed de venganza.

—¿Dónde está?

—En su habitación, finalmente Yuka y yo conseguimos que dejara de llorar y se calmó un poco. Luego se quedó dormida. —Explicó—. Yuka se fue a su casa poco después.

—Lo mejor será dejarla descansar —comentó Nabiki—, vamos a tu habitación. No quiero que nadie nos escuche.

Kasumi asintió con la cabeza y ambas se dirigieron a la habitación de la mayor de las Tendo, donde se encerraron con llave.

—¿Quién lo hizo? —Le preguntó Kasumi a Nabiki con el ceño fruncido—. Akane me dijo que fue un chico con el que salió el año pasado, pero no me dijo su nombre.

—Tatewaki Kuno —contestó Nabiki.

—¿Kuno? —Kasumi alzó ambas cejas, reconociendo el apellido. Los Kuno eran una de las familias más prominentes de Japón.

—Así es. —Contestó Nabiki sentándose en el escritorio de Kasumi—. Y aparentemente el tipo es una joyita. Me enteré de que lo expulsaron por mala conducta de su anterior instituto, el Seijo School for Boys. Pero, aunque conozco varios rumores, todavía no tengo los detalles. Estoy esperando la confirmación.

Para Kasumi no era un secreto que su hermana se enteraba de todo lo que ocurría a su alrededor, y que incluso tenía informantes en la Academia Furinkan y fuera de ella. Lo mejor sería esperar a que averiguara todo lo que pudiera.

—Lo que sí te puedo decir es que sus días en Furinkan están contados —añadió—, estoy convencida de que lo van a expulsar. Lo que no tengo tan claro es que Akane quiera denunciarlo.

Kasumi suspiró.

—Yo tampoco, Nabiki. De hecho, creo que es todo lo contrario.

Nabiki frunció el ceño.

—¿Crees que quiera defenderlo?

—No, no —Kasumi negó con la cabeza—, defenderlo no, pero simplemente dejarlo pasar. Está muy angustiada y estresada por lo sucedido, y solo quiere que todo pase. Y honestamente, la entiendo. Ir a la guerra con los Kuno será un proceso largo y doloroso.

Nabiki asintió con la cabeza, teniendo muy claro ese detalle. Había analizado varios escenarios y todavía se encontraba decidiendo cuál era la mejor jugada. Pero para ello, necesitaba más información. Y por el momento, solo quedaba esperar.


De la misma forma en que Nabiki Tendo se había encargado de mover todos sus hilos y contactos para obtener información sobre Tatewaki Kuno, Satsuki Miyakoji hizo lo propio.

Miyakoji siempre había encontrado extrañas y sospechosas las circunstancias de la abrupta salida de Kuno de Seijo School for Boys para su posterior incorporación a la Academia Furinkan a mitad del año escolar anterior. Pero el director de Seijo no hizo ningún comentario al respecto, más allá de decir que el alumno estaba teniendo problemas para relacionarse con sus compañeros y que por ello sus padres decidieron que lo mejor sería que estudiara en un colegio mixto. Los Kuno eran una buena familia, así que no tuvieron problema para mover sus influencias e inscribir a su hijo en Furinkan.

Sin embargo, Miyakoji pensó que debía haber algo extraño detrás de todo, pues no era habitual que un alumno se cambiara de colegio a mitad del año sin una explicación o razón de peso. Pero como el alumno se adaptó con facilidad a Furinkan, sacando buenas notas y manteniéndose fuera de problemas, pasó a un último plano para una mujer como ella, que tenía muchísimas cosas en las que pensar.

Por supuesto, cuando Shampoo Sakuma lo acusó de haber difundido imágenes íntimas de una estudiante de la Academia, a Miyakoji se le encendieron todas las alarmas. Tanto ella como el profesor Taro interrogaron al alumno para que confesara, pero el chico era un hueso duro de roer. Explicó que todo se trataba de un malentendido y demandó que sus padres estuvieran presentes, de lo contrario él no respondería ninguna pregunta.

Miyakoji entonces le dio instrucciones claras a Taro: «averigüe la verdadera razón por la cual ese chico se cambió de colegio el año pasado, y yo me encargaré de notificar a sus padres sobre lo sucedido. De ser necesario, dígales que el alumno está siendo acusado de algo gravísimo y necesitamos entender si existe algún precedente».

Cada uno se dispuso a lo suyo y la directora Miyakoji casi juró que Kuno jamás confesaría. Pero al estar en presencia de sus padres, quienes no demoraron en atender al llamado de la directora al ser informados de que su hijo había recibido una paliza, además de una acusación muy seria, el chico se desplomó completamente. Satsuki Miyakoji tenía suficiente experiencia trabajando con adolescentes como para diferenciar lágrimas de genuino arrepentimiento de las lágrimas de cocodrilo, cuyo único objetivo eran la manipulación. Y esas eran las de Tatewaki Kuno.

Allí, frente a sus padres, Kuno confesó que estaba muy triste porque su relación con Akane Tendo —el nombre de la chica en cuestión, finalmente— se hubiera terminado el año anterior, y que él solo era una víctima de un corazón roto y de un malentendido entre los estudiantes.

Miyakoji procedió a explicarles a sus padres que Kuno estaba siendo acusado de difundir imágenes íntimas de una menor de edad, quien además de todo estudiaba en la Academia Furinkan. Los padres del estudiante pegaron el grito en el cielo y miraron a su hijo sin poder creer que aquello fuera cierto. Entre el jaleo, las preguntas y el llanto, John Taro irrumpió en la oficina, pálido como un muerto. Y Miyakoji solo tuvo que mirarlo para saber que Taro había descubierto el verdadero motivo del cambio de colegio, y a juzgar por la expresión, se trataba de algo grave. Y entonces supo que Kuno era culpable.

Tampoco hizo falta convencer a nadie del hecho, porque los padres de Kuno parecían aceptar el destino de su hijo. Y eso solo sirvió para convencer a Miyakoji de que estaba tomando la decisión correcta.


Akane no asistió a clases el jueves, ni tampoco el viernes.

No respondió los mensajes de nadie. Apagó su móvil y su Apple Watch y los guardó en una de las gavetas de su escritorio. No quería hablar con nadie, ni enterarse de nada de lo que estaba ocurriendo en la Academia ni en el mundo. Lo único que quería era desaparecer y que nadie supiera nunca más de ella, que se la tragara la tierra para siempre.

El solo hecho de pensar en ir a la Academia y atraer las miradas de todos los estudiantes, la llevaba al más absoluto de los pánicos. Akane sabía que no soportaría ser el centro de atención durante mucho tiempo, menos aún por algo como eso. Saber que cada mirada, cada murmullo, cada gesto, cada comentario subrepticio iba dedicado a ella. Y cada vez que alguien tuviera un móvil cerca y estuviera mirándolo, ella pensaría que estaba viendo sus fotos.

¡Maldito Tatewaki! ¿Cómo había sido capaz? ¿Por qué? ¿Qué ganaba él de eso? ¿De qué forma lo beneficiaba? No podía concebir que una persona fuera tan cruel y malvada como para querer destruir la reputación de otra simplemente porque podía. Porque ella no había querido volver con él, porque no quería ser su amiga. ¡Pero cómo iba a serlo después de lo que él le había hecho! ¡Había sido capaz de ahorcarla y de lastimarla físicamente para ejercer su control sobre ella! Y ahora esto.

Se sentía muy mal por haberse involucrado con él, por haber creído alguna vez que era un buen chico, por haber confiado en él. ¿Pero cómo iba ella a saber que detrás de esa imagen de chico dulce y caballeroso se escondía un psicópata en ciernes? Una parte de ella sabía que no debía sentirse culpable porque ella no tenía la culpa de nada, pero otra no podía evitar martirizarse por lo sucedido. Sobre todo porque había un tema que le estrujaba el corazón.

Ranma.

¿Cómo podía volver a mirarlo a los ojos después de algo como eso? Se moría de vergüenza al pensar que prácticamente todo el mundo la había visto desnuda y seguro estaban hablando de eso, en especial entre los chicos, así que no sería sorpresa que Ranma se sintiera incómodo y decidiera dejarla. Ese pensamiento le infringía un fuerte dolor en el pecho y le impedía respirar de forma normal. No quería perder a Ranma, mucho menos ahora que estaban mejor que nunca. Ranma le gustaba y además lo adoraba, era un chico maravilloso y ella era muy afortunada de tenerlo como novio.

¿Ranma dejaría de quererla y de respetarla después de esto? ¿Estaría pensando mal de ella? ¿Sería por eso que se había marchado tras enterarse de lo sucedido? Sabía que solo tenía que encender su móvil para acabar con la incertidumbre y hablar con él, solo así sabría si el chico la seguía queriendo o si por el contrario pasaba de ella, pero el miedo al rechazo era mucho mayor que la intranquilidad de la incertidumbre.

Decidió que necesitaba más tiempo. Tiempo para desconectarse de todo y de todos, para ordenar sus ideas, para coger fuerzas, para estar con sus hermanas, para calmarse. Tiempo para no volverse loca antes de volver a clases el lunes, pues sabía que no podía huir para siempre. Y Nabiki ya le había dicho que debía volver el lunes.

Aquel sería un fin de semana muy corto.


Hasta ese momento, Daisuke nunca había entendido por qué Yuka se mostraba tan reticente y negada a enviarle fotos íntimas.

Podía decir con seguridad que su relación con Yuka había fluido de forma muy natural y hermosa gracias a la gran amistad que tenían desde hacía años. El nivel de confianza entre ellos era enorme y además se conocían muy bien, por lo que en la intimidad siempre se sintieron cómodos el uno con el otro.

Como Yuka y él todavía eran dos adolescentes que vivían con sus padres, tenían que ser ingeniosos para disfrutar de los momentos de besuqueos y caricias, los cuales eran escasos, sobre todo al principio. Por suerte, los dos pertenecían a una generación que prácticamente había nacido con el móvil en la mano, así que la comunicación era muy fácil. Precisamente por eso y por la confianza que se tenían, Daisuke pensó que entre ellos el sexting surgiría con mucha naturalidad y sin demasiados rodeos. Pero fue todo lo opuesto.

Algunas noches, mientras charlaban por WhatsApp antes de dormir, Daisuke comenzaba a enviarle mensajes subidos de tono a su novia, acompañados de alguna que otra foto sugestiva y coqueta. Ella le respondía a los flirteos, pero nunca le enviaba fotos ni tampoco le daba pie a que la conversación se elevara. Daisuke pensó que tal vez se debiera a inexperiencia o timidez a dar el paso, así que un día decidió dejarse de indirectas e insinuaciones, y le dijo directamente lo que quería de ella. Se topó contra un muro de piedra: Yuka le dejó muy claro que no pensaba enviarle ni fotos ni vídeos de ella desnuda o tocándose.

Tras superar la decepción inicial, Daisuke intentó convencer a su novia de que cambiara de opinión, comentándole que esa era una buena forma de divertirse y de hacerlo cuando no estaban juntos. Le dijo que él también le enviaría fotos y vídeos para que ella los viera y se tocara, creyendo que así la convencería. Pero Yuka no dio su brazo a torcer.

Tiempo después, Daisuke volvió a intentarlo. Esta vez le propuso hacerlo por Snapchat, así no quedaría rastro alguno de lo que ninguno enviaba. Pero Yuka volvió a negarse. El chico lo intentó una tercera vez, proponiéndole hacerlo por una videollamada. FaceTime era genial para hablar con la familia que vivía en el extranjero, pero también para masturbarse con tu pareja cuando no estaban juntos. Gracias, Steve Jobs. Tal vez, a Yuka le diera vergüenza posar para una foto, pero con una videollamada no tendría que hacerlo…

Ella accedió, pero no le mostró demasiado, aunque tampoco hizo falta, porque a él le bastó con verla en ropa interior sexy; Yuka le gustaba demasiado y prácticamente cualquier cosa que hiciera servía para excitarlo. Se sintió satisfecho y pensó que su novia poco a poco se iría soltando en ese aspecto, todavía creyendo que Yuka no hacía esas cosas por timidez. Pero él le daría todo el tiempo del mundo hasta que ella se sintiera cómoda.

Y ahora que el hijo de puta de Tatewaki había filtrado y difundido las fotos de Akane, comprendía perfectamente el temor y a negación de su novia.

Ahora comprendía que Yuka no quería mandarle nudes no porque le diera vergüenza que él viera algo que ya había visto en persona, sino porque enviar fotos así siempre era un riesgo para cualquiera, pero sobre todo para las chicas. Desgraciadamente, había tíos malintencionados y cerdos como Tatewaki, y por él pagaban todos, hasta los que jamás harían algo como eso. No importaba qué tan orgulloso estuviera Daisuke de lo hermosa y sensual que fuera Yuka, él jamás le mostraría fotos o vídeos privados de ella a nadie. Le encantaba ser el único que pudiera ver y disfrutar de todos los atributos de su novia, y no pensaba compartirlos con nadie.

Y, si bien le dolía un poco que Yuka considerara la posibilidad de que algún día él pudiera difundir sus intimidades, pronto comprendió que no era personal. Yuka no tenía miedo de él, sino de la acción como tal. Y no podía culparla, tomando en cuenta lo mal que le había sentado a todos lo hecho por Tatewaki. Porque lo sucedido no solo había afectado a Akane, sino también a Ranma, o al menos a su relación con Akane.

Ranma había estado muy ansioso y nervioso durante esos días, casi incapaz de concentrarse en nada. Le costaba prestar atención en las clases y durante los recesos no solía participar de las conversaciones de sus amigos. Incluso en el entrenamiento de fútbol del viernes prácticamente no tocó el balón y estuvo perdido en sus pensamientos.

Estaba preocupado por Akane, por su estado, por su bienestar, por sus sentimientos. Lamentaba lo ocurrido, pero también se torturaba por no haber podido hacer nada por ella, por no haber sido capaz de defenderla del maldito de Tatewaki.

Pero lo que más lo afligía era que Akane no fuera a la Academia y además no respondiera a sus llamadas y mensajes. Eso lo hacía pensar que su novia estaba mucho peor de lo que creía. ¿Se sentiría sola? ¿Estaría pensando en cambiarse a otro colegio? ¿Querría denunciar a Kuno? Ranma lamentaba no haberse quedado con ella cuando se enteró de lo que estaba pasando. A lo mejor no tendría que haberse ido tras Kuno, a lo mejor tendría que haberse quedado con su novia. ¿Pero cómo iba a saber que Akane no iría a clases al día siguiente, ni tampoco el viernes?

Y ella no era la única que había faltado a clases. También Kuno.

Ranma no tenía del todo claro si Tatewaki estaba faltando por la paliza que él le había dado, o porque se estaba escondiendo, o porque Miyakoji había descubierto que él era el responsable de lo que estaba ocurriendo. Porque sí, la dirección del colegio estaba al tanto de lo sucedido. Y eso se había traducido en una asamblea en el auditorio, donde los estudiantes recibieron una charla, larga y tendida, sobre todo lo referente: compartir fotos privadas de uno mismo y las posibles consecuencias que aquello podía acarrear, así como también el hecho de difundir fotos privadas de otras personas sin su consentimiento, todas las implicaciones morales y legales que conllevaba hacerlo (en especial si se trataba de menores de edad), y la gravedad de ser cómplice en silencio y no denunciar.

Una parte de Ranma agradecía profundamente que Akane no estuviera allí, ya que tenía la certeza de que su novia se sentiría todavía más humillada al recibir una de esas charlas, pues daba pie a que pensara que todo el mundo en el colegio sabía que era por ella. Por supuesto, las autoridades de la Academia Furinkan jamás hablaron de nombres; de hecho, ni siquiera hablaron de un caso puntual que estuviera ocurriendo en la institución. La charla llegó sin ningún tipo de contexto, como si fuera simplemente un conversatorio informativo y educativo para los alumnos.

No todo el mundo estaba enterado de lo de las fotos de Akane, aunque prácticamente todo el penúltimo curso lo sabía. Pero Ranma supo que Nabiki, su cuñada, hizo una ardua labor para impedir que las fotos se siguieran difundiendo. Se enteró cuando se acercó a ella el viernes en el receso, para preguntarle por Akane. Estaba desesperado por tener noticias de ella.

—Mi hermana está como estaría cualquier chica en su situación, cuñadito. —Le dijo Nabiki—. Pero… va a estar bien. Necesita estos días lejos de todo el mundo, en especial de este colegio, para recuperarse.

—Déjame ir contigo después de clases —suplicó él—, por favor, Nabiki. Por favor. Quiero estar con ella. Quiero verla, decirle que todo va a estar bien, que sepa que yo la apoyo en todo.

—Ella no quiere ver a nadie, Ranma. —Nabiki se mantuvo firme—. No tiene ganas y yo lo respeto y lo entiendo. Además, tampoco ha pasado tanto tiempo. Apenas ha faltado dos días. Confío que estos días y el fin de semana serán suficientes para ella, y ya el lunes la tendrás de vuelta en clases.

—Nabiki, es que ese día no pude hablar con ella. —Sus ojos azules mostraban su zozobra—. Ese día… todo pasó muy rápido. Cuando me enteré de lo que estaba haciendo Kuno, perdí el control. —Ranma recordó que había abandonado la cafetería para ir en busca de ese desgraciado—. Yo… busqué a Kuno y…

Ranma nunca se enteraría, pero ese día Nabiki lo aceptaría como un excelente partido para su hermana. Ella no era dada a la violencia por sí misma, pero no le temblaría la cartera para pagarle a alguien para que le diera una buena paliza al degenerado de Tatewaki Kuno. Y saber que Ranma había hecho lo propio solo hablaba de que era un hombre de honor que iría hasta el mismísimo infierno con tal de proteger y defender a Akane.

—Lo sé —Nabiki lo interrumpió al ver que al chico se le empezaba a quebrar la voz—, y quiero darte las gracias por eso. Lástima que en esa paliza que le diste no lo dejaste paralítico o ciego…

Ranma pensó que su cuñada estaba siendo sarcástica, pero nada en su expresión delataba que estuviera bromeando. Pensándolo bien, él también lamentaba no haberle pegado más fuerte.

—Escúchame, Ranma. —Esta vez, Nabiki habló en un tono menos fraternal—. Tienes que ser fuerte, por ti y por Akane. Estas cosas no son fáciles, ¿okay? La gente va a hablar. Yo estoy haciendo todo lo que está en mis manos para impedirlo y para evitar que las fotos se sigan difundiendo, pero no puedo ponerle un bozal a todo el mundo y es probable que en algún momento, sobre todo ahora que todo es tan reciente, escuches comentarios, rumores, burlas, y todo eso. Debes mantener la compostura.

Él asintió con la cabeza, entendiendo que de nada servía que él perdiera el control.

—Tú eres importante para Akane y sé que le hará bien saber que cuenta con tu apoyo, saber que la quieres y que esto no afecta tu relación con ella, pero también debes entender que esto la ha afectado mucho y que es probable que no sea la misma después de esto, por lo menos durante un tiempo.

Ranma sintió que su corazón daba un vuelco dentro de su pecho. ¿Qué significaba eso?

—¿Akane te ha dicho algo?

—No, pero tampoco ha hecho falta. —Contestó Nabiki—. No ha querido hablar con nadie porque está muy avergonzada y se siente en parte responsable por lo que pasó. Puede… puede que pasen varios días y siga sin responder a nadie. Puede incluso que cuando vuelva el lunes esté distante, precisamente porque todavía está aceptando lo sucedido y adaptándose a ello.

El chico soltó un suspiro y asintió con la cabeza, comprendiendo lo que Nabiki le decía. Si Akane necesitaba tiempo, él iba a dárselo. Quería que ella tuviera todo lo necesario para sentirse mejor y para volver a la normalidad, incluso si eso implicaba resignarse a no saber de ella hasta el lunes.

Aquel sería un fin de semana muy largo.


A raíz de lo sucedido con Akane y sus fotos, Hiroshi decidió visitar a su amiga el viernes para ver cómo estaba, tomando en cuenta que no le respondía a nadie los mensajes ni tampoco las llamadas.

Happosai, el mayordomo de los Tendo, le indicó que la señorita Akane no estaba recibiendo visitas por el momento. Hiroshi entonces le preguntó por Nabiki o Kasumi, pues no pensaba irse de allí sin saber aunque fuera una cosa sobre su amiga.

La mediana de los Tendo llegó a la casa justo en ese momento y actualizó a Hiroshi sobre el estado de su hermana menor: «está muy afectada y siente que el mundo se le acabó. Pero no te preocupes, yo tengo un plan para levantarle el ánimo y para contener todo lo que está ocurriendo. Akane estará bien, pero por el momento no quiere ver a nadie. Eso sí, cuando vuelva a clases, va a necesitar de todo el apoyo y el cariño de ustedes».

Hiroshi le agradeció por la información y le pidió que por favor le dijera a Akane que podía contar con él para lo que fuera. Además, le comentó a Nabiki algo que a él le pareció un fenómeno: «hoy he notado que la gente evitaba hablar del tema, como si… como si tuvieran miedo de mencionarlo o de compartir las fotos, sobre todo los chicos».

Nabiki esbozó una sonrisa que decía mucho, pero a la vez nada. Después de tantos años de conocerla, Hiroshi intuyó que ella tenía algo que ver con eso. Y como la conocía tanto, también supo que lo mejor era no hacer preguntas.

Tras despedirse de la hermana de su amiga, el chico se dirigió a su casa sintiéndose un poco más tranquilo de saber que las cosas estarían bien con Akane y que Nabiki estaba haciendo algo para que todo volviera a la normalidad.

Él adoraba a su amiga y no deseaba que nada malo le ocurriera. Por eso, cuando el miércoles se enteró de que los chicos se estaban pasando fotos privadas de ella, se sintió impotente, triste, y muy molesto. Incluso tomó la determinación de ir a poner a Tatewaki Kuno en su lugar, pero pronto se enteró de que ya Ranma lo había hecho.

Tras salir del Dojo Tendo, decidió llamar a Aika para aclarar un par de cosas con ella. Con todo lo que le había pasado a Akane, no había tenido tiempo de hablar con ella al respecto. Y él quería que su ligue tuviera la seguridad de que él jamás haría algo así.

La única persona que sabía que había algo entre él y las animadoras. Para sus amigos varones seguía siendo el chico tímido y virgen que no mojaba nunca y que no había tocado una teta en su vida. Y no es que sintiera la necesidad de contarles lo que hacía, pero algunas veces cuando ellos hablaban de esas cosas, él se sentía tentado a participar para no quedarse por fuera; sin embargo, siempre terminaba eligiendo no hacerlo, pues prefería proteger las intimidades de las chicas. Sabía que ya Aika tenía una reputación en el colegio, y él no quería contribuir a que siguieran hablando mal de ella; Kira, por su parte, no tenía mala fama, así que tampoco sería por él que empezaría a tenerla.

Por eso, así como no contaba lo que hacía con las chicas, muchísimo menos iba a compartir vídeos o fotos de momentos íntimos con ellas. Kira nunca le había compartido imágenes de ese tipo, pero Aika sí, así que Hiroshi se encargó de asegurarle a la chica que él jamás le había mostrado sus fotos a nadie, mucho menos enviado, y que no lo haría nunca. Incluso le dijo que podía borrarlas de su teléfono, si ella así lo prefería. Aika le dijo que ella confiaba en él y que jamás había pensado que podía ser capaz de hacerle algo como eso.

Aquellas palabras cayeron como un cálido abrazo en el corazón de Hiroshi. Motivado por descubrir que Aika lo tenía en buena estima, decidió volver a hacer algo que ya había hecho en el pasado, siempre consiguiendo una negativa: invitarla a salir. Invitarla a una cita romántica de verdad, no a un love hotel para echar un revolcón.

La respuesta, aunque fue una negativa igual las veces anteriores, vino acompañada de una explicación clara, directa y fulminante:

—Hiro, me gustas —fue lo primero que le dijo Aika—, eres un chico muy simpático y me haces reír un montón, y aparte eres súper tierno y dulce. —Él sonrió ante aquellas palabras, equivocando el rumbo de la conversación—. Y bueno, además de eso, ya sabes que también me encantan tus atributos físicos. Pero... no quisiera que confundieras las cosas. —Baldazo de agua fría—. Me gustas y me gusta lo que hacemos, pero no estoy interesada en tener una relación contigo. —Breve pausa para dejar que procesara la información—. Y no quisiera hacerte perder el tiempo saliendo en citas. Me entiendes, ¿verdad?

Sí, lo entendía. Le quedaba muy claro que para Aika él no era boyfriend material, sobre todo porque ella le había dicho una relación contigo. ¿Y qué esperabas? Ella es mayor que tú y además es súper popular, pensó. Sin embargo, se había hecho ilusiones.

—Sí, te entiendo. —Respondió intentando sonar casual—. Está bien.

—Pero igual podemos seguir viéndonos si quieres —comentó ella en un tono coqueto y cariñoso.

Hiroshi sabía que tanto Aika como Kira se irían a la universidad tras terminar el año escolar, y dudaba que al hacerlo siguieran requiriendo de sus servicios, así que lo mejor sería aprovechar mientras pudiera. También sería bueno que asumiera su rol y no quisiera cambiarlo: las chicas lo buscaban para acostarse con él y ya. No estaba quejándose; por supuesto que le gustaba tener sexo con ellas, ¡le encantaba! Pero… algunas veces se preguntaba cómo sería tener algo más, algo como lo que tenían Daisuke y Yuka, o Ranma y Akane. Algunas veces se imaginaba estando con una chica a quien pudiera cogerle la mano, invitar al cine, hacerle algún regalo romántico y especial, decirle palabras bonitas que vinieran desde lo más profundo de su corazón, tener citas con ella… alguien a quien pudiera querer y no solo desear. Alguien que también lo quisiera.

Se preguntaba si tal vez hubiera algo raro en él. O no raro, pero algo que hacía que las chicas no necesariamente quisieran ser sus novias. Tal vez el problema era que él se fijaba en chicas que no estaban disponibles emocionalmente. Suspiró.

Al llegar a su casa, fue recibido por los gritos de los gemelos, que jugaban en algún lugar de la sala. Habían aprendido ya a caminar y ahora correteaban torpemente por la casa, tropezando con cuanta cosa se les atravesara en el camino. Hiroshi saludó a su madre antes de subir a su habitación a cambiarse de ropa. Luego volvió a bajar para comer y prácticamente ignoró toda la conversación familiar mientras pensaba cuándo llegaría el día en el que una chica se enamorara de él.

Sabía que todavía era joven y que tenía toda la vida por delante para tener una relación, que cualquier chico de su edad daría lo que fuera por estar en sus pantalones, teniendo a dos chicas mayores que quisieran acostarse con él sin compromiso, así que lo mejor sería enfocarse en lo que sí tenía y no en lo que le hacía falta.

Tras la comida, Hiroshi ayudó a su madre a subir a los gemelos a su habitación para que durmieran la siesta. Su madre le indicó que tenía que salir a hacer unas cosas y que volvería en un par de horas, tal vez antes. El chico asintió y prometió cuidar de los gemelos. Luego se dirigió a su habitación y se dispuso a hacer sus deberes. Era viernes, pero prefería salir de eso cuanto antes para tener el fin de semana completamente libre.

Como siempre que se sentaba a estudiar o a hacer tareas, perdió la noción del tiempo y se desconectó del mundo hasta que su móvil comenzó a sonar. Miró la pantalla y sonrió al ver el nombre de la persona que lo llamaba.

—'Sami, ¿cómo estás? —Sabía que su amiga tenía práctica los viernes, así que seguramente había salido hace poco.

—¿Bien y tú? ¿Qué haces?

—Estaba terminando una tarea, ¿y tú?

—Vine a ver a Akane, pero Kasumi me dijo que por el momento no quiere recibir visitas. —Hiroshi escuchó un largo suspiro del otro lado de la línea—. Aunque al menos sé que se siente mejor y que va a estar bien...

—Sí, yo fui a verla después de clases y su hermana me dijo lo mismo. —Comentó él—. ¿Cómo te fue en la práctica?

—Bien —respondió Asami—, aunque están siendo días raros.

—Lo sé.

—¿Te puedo visitar?

Asami había quedado un poco desanimada al no poder ver o hablar con Akane, así que no deseaba marcharse a casa tan pronto, pues sabía que su mente daría muchas vueltas a la situación de su amiga. Además, tenía ganas de compartir un rato con Hiroshi fuera del contexto escolar.

—Sabes que puedes visitarme cuando tú quieras —respondió él. Era cierto. Él recibiría a Asami a las cuatro de la madrugada un domingo en medio de una tormenta de nieve.

—Vale, ya estoy caminando a tu casa. Nos vemos en un momento, besitos.

Cortó la llamada y abrió WhatsApp. Buscó el contacto de Aika y le envió un escueto mensaje:

«Estoy yendo a casa de Hiroshi y no quiero que me deje plantada por un booty call, así que no le escribas».

Sí, Asami ya estaba enterada de que su querido amigo tenía un ardiente affaire con la capitana de las animadoras. Y con Kira Michibiata.

Poco antes del Baile de Invierno, recordaba haberle hecho publicidad a Hiroshi con Aika, sabiendo que la chica era cotilla y que seguramente diría por ahí todo lo que ella le había contado, haciendo que alguna quisiera tirarle los tejos a su amigo; lo que Asami no se imaginó es que sería la misma Aika quien iría tras los virginales huesos de Hiro. Pero tras la práctica del lunes, Aika le confesó que llevaba ya un tiempo acostándose con él.

—Detrás de esa carita inocente hay un chico muy travieso y ardiente.

Tras recuperarse de su shock inicial, Asami soltó una carcajada y se llevó las manos a la boca, mientras miraba a su compañera con los ojos muy abiertos.

—¡No puedo siquiera imaginarlo! —Estaba completamente atónita—. Te juro que no puedo… para mí Hiro es… no sé, un santo. —Era cierto. Asami no contemplaba ningún escenario en el que su amigo fuera ninguna de las cosas que Aika decía que era—. Es demasiado tierno y cero sexual.

Aika le guiñó el ojo mientras le sonreía con picardía.

—Sí que es sexual —dijo como aclaración—, es súper rookie y le falta mucho camino por recorrer, pero ya sabes que eso es lo que a mí más me pone.

Asami se rio. Sí, lo sabía. Así como a ella le iban los chicos experimentados y entendidos, a Aika le gustaban los yogurines inocentones a quienes pudiera dominar y corromper. Por supuesto que había tenido rollos con chicos de su edad o un poco mayores que tuvieran experiencia, pero para Aika había algo groseramente excitante en convertir a un chico bueno en un completo pervertido.

—Pero lo cortés no quita lo valiente —continuó—, es rookie, sí, pero no le da vergüenza nada y le encanta experimentar. —Sonrió recordando sus apasionadas noches con Hiroshi—. Honestamente, tiene demasiado potencial. Si no me crees, pregúntale a Kira.

Bombazo. Tras dejar de reírse ante la expresión patidifusa de Asami, Aika le contó que Kira también estaba disfrutando de las dotes amatorias de Hiroshi. Asami necesitó de varios minutos para procesar lo que estaba escuchando; cuando lo hizo, se sintió feliz por su amigo. Era un buen chico, se merecía que le pasaran esas cosas.

—Deberías probarlo tú también —comentó Aika como quien recomienda un restaurante.

—¿Yo? —Asami se sintió extraña al imaginarse con Hiroshi en un plan sexual—. Aika, Hiroshi es mi amigo.

—Daisuke también era amigo de tu amiguita Yuka, y ya ves. —Le guiñó un ojo—. Y antes de que me digas que es diferente y que ellos ya se gustaban de antes… creo que deberías probarlo. No te estoy diciendo que te acuestes con él, pero unos besitos no van a arruinar tu amistad.

Asami le dijo que estaba loca y que ella jamás podría involucrarse con Hiroshi porque lo que ellos tenían era una sana y bonita amistad, llena de cariño, confianza y respeto, ¡de amigos! Ni ella veía a Hiroshi como un potencial ligue ni Hiro la veía de esa forma. ¿Para qué tentar al destino? Además, ella había tomado la decisión de no involucrarse con ningún chico de ninguna forma durante un largo tiempo. No iba a cambiar de opinión simplemente porque su amigo la tuviera grande y porque Aika y Kira hablaran maravillas de él.

No le tomó mucho tiempo llegar a la casa de Hiroshi. El chico la recibió con un abrazo cariñoso, como si no se hubieran visto ese mismo día en clases, y la hizo pasar. Asami le preguntó por sus padres y él le explicó que su papá estaba en el trabajo y que su madre había salido a hacer unos recados.

—¿Y los gemelos? —Sus ojos brillaron al preguntar—. Dime que están despiertos, por favor, por favor, por favor.

Hiroshi sonrió al ver la ilusión de su amiga. Asintió con la cabeza y la guio hasta la habitación de sus hermanitos. Estaban jugando con bloques de colores y balbuceando palabras inentendibles, en lo que era una clara interacción entre infantes.

—¡Hola! —Exclamó Asami y se acercó a ellos—. ¿Cómo están, hermosos?

Uno de los niños le sonrió y le ofreció el bloque que tenía en la mano, mientras el otro frunció el ceño y escondió su bloque para no compartirlo.

—¿Qué le pasó en la frente? —Preguntó Asami al fijarse que el niño que le sonreía tenía un chichón en la frente.

—A Kasai le gusta arrojar sus juguetes, y normalmente aterrizan en Issey —comentó intentando aguantarse la risa—, es muy gracioso, pero no vayas a decirle a mi madre que dije eso.

A Asami tampoco le hizo mucha gracia que su amigo se riera de eso. Le dio un beso en el chichón a Issey y luego se acercó a Kasai para besarlo también, corriendo el riesgo de recibir un juguetazo en la cabeza. Pero el niño no pareció tener ganas de golpearla.

Tras jugar unos minutos con los niños, Asami se puso de pie y acompañó a Hiroshi hasta su habitación. El chico se acercó a su escritorio para guardar los libros y cuadernos que tenía ahí. Asami le preguntó qué tarea estaba haciendo y por qué un viernes, a lo que él contestó que prefería salir de sus responsabilidades temprano para poder disfrutar del fin de semana sin culpas. Ella se acostó en la cama de su amigo mientras ignoraba su sabiduría, decidida a continuar dejando para último momento todo lo referente a tareas y exámenes.

Charlaron sobre distintos temas hasta que ella se dio cuenta de que Hiroshi parecía distraído, acaso un poco preocupado.

—¿Qué tienes? —Le preguntó mirándolo con atención—. ¿Estás pensando en Akane?

—No, en Akane no.

Asami se incorporó hasta quedar sentada. Luego le dio una palmada a la cama para indicarle a Hiroshi que se sentara junto a ella. Él accedió, como hacía siempre que ella le pedía algo.

—¿Me quieres contar? —Le preguntó tras pasarle una mano por el pelo.

Él pareció pensarlo. Como no dijo nada, Asami volvió a hablar.

—¿Estás así por Kira o por Aika? —Esbozó una sonrisa picaresca—. ¿O por las dos?

El chico la miró con los ojos muy abiertos y con la mandíbula desencajada, como si no pudiera creer que Asami estuviera enterada de todo. Como respuesta, recibió un largo suspiro y una mirada que parecía decir «¿en serio te sorprende que me haya enterado?». Era más que evidente que su amiga estaba al tanto de todo, así que no tenía caso negarlo.

—Por las dos.

Decidió contarle a Asami todo lo que lo afligía: el saber que ni Kira ni Aika estaban interesadas en tener algo más con él que solo sexo casual, el ver que sus amigos sí parecían tener eso que hacía falta para enamorar a las chicas (tanto Daisuke como Ranma tenían novia), el no saber qué era eso que estaba mal con él para que las chicas no quisieran comprometerse.

—Tal vez no soy bueno, ¿sabes? —Se sonrojó al decirlo—. Tal vez… ellas se acuestan conmigo porque soy la opción disponible, pero no porque lo haga bien. A lo mejor ni siquiera soy bueno besando...

Asami frunció el ceño.

—Eso no es verdad —comentó seria—, no he hablado con Kira, pero por lo que Aika me contó, le encantas. Hasta me dijo que la misma Kira habla maravillas de ti. Así que malo no eres.

—No sé, a lo mejor no lo hago tan bien…

—A ver, a mí me consta que besas muy bien —dijo ella al ver el rumbo que estaba tomando la conversación—, así que… seguro que lo demás también lo haces bien.

Hiroshi la miró con atención. Su mente voló a la noche de la pijamada en su casa, en la que él tuvo que besarse con Asami tras un reto que les puso Daisuke. A él le había encantado besar a Asami porque la chica lo volvía loco, pero también porque besaba como los dioses. ¿A ella también le había gustado ese beso? Su corazón comenzó a latir con más fuerza.

—¿Lo dices por el beso que nos dimos jugando Verdad o Reto?

Asami asintió con la cabeza, con la misma expresión casual que había mantenido durante casi toda la conversación.

—¿No me crees? —Inquirió al verlo dubitativo—. Es en serio, Hiro, besas bien. Y eso que me besaste solo por un reto, me imagino que cuando las besas a ellas que sí te gustan, lo haces mejor. —Comentó, ajena a todo lo que ella despertaba en él. Al ver que el chico parecía escéptico, Asami sonrió—. A ver, hagamos algo. Para comprobar que lo que te estoy diciendo es cierto, te voy a besar otra vez y después te daré mi veredicto, ¿vale?

Hiroshi sintió que las puertas de los cielos se abrían, y que un coro de ángeles cantaba alguna canción religiosa, alusiva al encuentro con el Creador.

Señor, me has mirado a los ojos...

—¿En serio?

—Sí, claro. —Se encogió de hombros, como si aquello no tuviera importancia—. Si lo que quieres es tener la certeza de que lo haces bien, pues yo te lo diré. ¿Okay?

sonriendo, has dicho mi nombre.

—Okay.

Cuando Asami posó sus suaves manos en sus mejillas, Hiroshi agradeció estar sentado, pues fue consciente de que le temblaban las piernas. Y cuando sintió los sensuales labios de su amiga sobre los suyos, estuvo a punto de dejar salir un suspiro de anhelo. Asami lo besó despacio al principio, pero pronto profundizó el beso, haciendo que sus lenguas se entrelazaran en un beso húmedo y apasionado, que lo hizo recordar que estaba colado hasta los huesos por esa chica.

Aunque estaba disfrutando del beso, Hiroshi sabía que Asami solo lo besaba porque quería demostrarle que él sí lo hacía bien, lo que significaba que en cualquier momento rompería el beso y esa atmósfera de intimidad que habían creado se esfumaría para siempre. Quería besarla con más ganas, abrazarla, acariciarla, pegarla contra su cuerpo, pero sabía que no era correcto dejarse llevar así ni besarla con tanta pasión, ni demostrarle cuánto la deseaba… sin embargo, su subconsciente no tuvo piedad.

¿Vas a dejar pasar esta oportunidad? No volverá a besarte en su vida, así que deberías aprovecharlo. Hazte notar.

Llevado por el mismo impulso que lo había hecho besar a Kira Michibiata contra la estantería de la biblioteca, Hiroshi posó una de sus manos en la nuca de Asami y rodeó su cintura con la otra, para besarla con más ganas que antes. La chica dejó escapar un suspiro de sorpresa y abrió los ojos al sentir la impetuosidad de su amigo, pero no tuvo tiempo de hacer nada. Ella también era una adolescente hormonal y era difícil que su cuerpo no la traicionara cuando un chico la besaba con tantas ganas y de una forma tan excitante.Más pronto que tarde se le olvidó quién era la persona con la que se besaba. De pronto Hiroshi ya no era su amigo de toda la vida, a quien conocía desde los ocho años y con quien había dormido en la misma cama sin que nada pasara, sino un chico que besaba riquísimo y que despertaba en su cuerpo cosas que un amigo jamás debía despertar.

Él, al darse cuenta de que Asami no lo detenía sino que se dejaba llevar, se movió hasta que ambos quedaron acostados en la cama, él encima de ella. Por la posición, era imposible que Asami no sintiera la erección de Hiroshi. Abrió los ojos otra vez y fue consciente de lo que estaba haciendo y con quién. Consiguió separar sus labios de los de su amigo.

—Hiroshi —habló jadeante entre susurros—, no deberíamos hacer esto...

Sin embargo, sus palabras no eran cónsonas con sus acciones, porque cuando Hiroshi volvió a besarla, ella le correspondió con las mismas ganas.

—¿Tú quieres parar? —Le preguntó él aventurándose a devorar su cuello, sin imaginarse que aquel era uno de los puntos débiles de su amiga—. Porque yo no, 'Sami… me encanta esto.

Un gemido se escapó de la boca de Asami al sentir la cálida lengua de Hiroshi lamer la piel de su cuello. Escuchar aquello lo excitó todavía más, así que pasó sus manos por debajo del cuerpo de su amiga para apretarla contra él y pegar sus caderas a las de ella, haciendo que sus sexos entraran en un contacto fulminante imposible de disimular. Asami volvió a gemir al volver a sentir la erección de Hiroshi —tan maravillosa y bien proporcionada— rozarse contra ella, esta vez de una forma mucho más primitiva y sexual que antes.

Los gemidos de Asami estaban volviéndolo loco. Aprovechando que la rodeaba con sus brazos, Hiroshi se giró en la cama, consiguiendo que Asami quedara encima de él. Agradeció que la chica estuviera usando leggings deportivos —bendita práctica de las animadoras— pues eso le permitía poder acariciar sus piernas y sus nalgas con mucha más facilidad. Además, la tela era delgada, y como él estaba usando pantalones de algodón, al frotarse contra ella el estímulo era alucinante.

Ella enterró sus manos en el pelo de su amigo y decidió que era su turno de juguetear y torturarlo con besos y mordiscos en el cuello, haciendo que esta vez fuera él quien dejara escapar gemidos de su boca. Se besaban con demasiadas ganas, como si los dos hubieran estado esperando aquel momento durante mucho tiempo. Hiroshi no podía creer que finalmente una de sus fantasías se estuviera cumpliendo.

Como la puerta de la habitación de Hiroshi estaba abierta, todo lo que ocurría en la casa se escuchaba. Así que cuando Asami escuchó pasos en las escaleras y luego en el pasillo, prácticamente brincó de la cama para ponerse de pie y separarse de su amigo.

Se acomodó la ropa y el pelo, para luego sentarse en el escritorio de Hiroshi y fingir que hojeaba el cuaderno, mientras sentía que el corazón iba a salírsele por la garganta. Hiroshi se incorporó hasta quedar medio sentado y medio acostado en la cama, y se cubrió la entrepierna con una de sus almohadas, con el objetivo de disimular su visible y prominente erección. Tener un pene grande tenía muchas ventajas, sí, pero también tenía una importante desventaja: era difícil esconderlo cuando se despertaba.

Los pasos que antes habían escuchado pertenecían a Sakura Tsujitani, la madre de Hiroshi quien no tardó en aparecer.

—¡Asami! —Exclamó al cruzar el umbral de la habitación y verla sentada en el escritorio—. Hola, cariño, ¿cómo estás? —Se acercó a la chica para saludarla con afecto—. No te veía hace un montón de tiempo. No sé por qué Hiroshi no las invita más a menudo, ¡saben que esta es su casa! —Sonrió con cariño fraternal—. ¿Cómo están tus papás? Ya pronto se estrena su nueva película, ¿no?

Asami respondió con familiaridad a las preguntas y miró a Hiroshi de reojo, notando que el chico tenía las mejillas coloradas. Intentó disimular su nerviosismo y le rogó al cielo que la madre de Hiroshi no notara nada raro ni en ella ni en su hijo.

—¿Y en qué están? ¿Haciendo tareas? —Preguntó mirando a Asami y luego miró a su hijo—. Bueno, ella, porque a ti te veo muy cómodo acostado en esa cama —le envió una mirada desaprobadora y se cruzó de brazos. —Asami se llevó una mano a la boca para disimular su risa—. ¿Te quedas para cenar? —Le preguntó a Asami.

—No, mis padres me esperan. —Recordó que no les había avisado que no iría directo a casa tras el entrenamiento—. De hecho, debería irme ya.

La madre de Hiroshi asintió y se despidió de ella, insistiendo en que debía visitarlos más a menudo. Les mandó saludos a sus padres y luego Hiroshi acompañó a Asami hasta la puerta. Allí, estando solos, la tensión sexual entre ellos se hizo presente por primera vez desde que eran amigos. Se miraron durante varios segundos en los que ninguno de los dos dijo nada, pues estaban demasiado sumergidos en los recuerdos de lo que habían hecho en la cama de Hiroshi.

—Gracias por dejarme venir —Asami fue quien rompió el silencio. Por primera vez desde que la conocía, Hiroshi notó que parecía tímida.

—Sabes que eres bienvenida siempre que quieras, no tienes ni que preguntar. —Y a mí puedes hacerme lo que quieras, pensó.

Ella asintió con la cabeza y dio un paso adelante para darle un beso en la mejilla y despedirse de él. Hiroshi la recibió con brazos abiertos y aprovechó el último contacto con su amiga para estrecharla con cariño y deseo. Envalentonado por la excitación y por su inesperada suerte aquella tarde, se despidió de ella con un beso muy cerca de la boca, queriendo dejar una impresión en ella, deseando salir de la friendzone.

—Buenas noches, descansa, 'Sami.

—Tú también —contestó ella para luego darle la espalda y marcharse.

Hiroshi soltó un largo suspiro y cerró los ojos, lamentándose la interrupción de su madre. No solo porque les había cortado el rollo y los había dejado con el calentón, sino porque no había tenido la oportunidad de hablar con ella sobre lo sucedido. Su amistad acababa de transformarse en algo más. Él no sabía en qué, pero estaba seguro de haber despertado en Asami las mismas cosas que despertaba en Kira y en Aika cuando las besaba y tocaba. Aquel pensamiento fue como un interruptor que lo hizo ir de cero a cien en segundos.

El coche de su padre entró a la propiedad y Hiroshi se apresuró a entrar a la casa. No quería que su padre lo viera con una erección. Subió las escaleras corriendo y no se detuvo hasta que estuvo en su habitación. Allí cerró la puerta y luego se dirigió al baño para encerrarse. Quería la mayor privacidad posible para lo que iba a hacer. Se bajó los pantalones y los calzoncillos, se sentó en el váter y comenzó a masturbarse mientras dejaba correr su imaginación.

Asami lo ponía como una olla de presión, y haberle dado un morreo de época en su cama solo había servido para que toda la pasión que sentía por ella se acrecentara. Rememoró cada segundo a su lado, desde el momento en el que la chica se le acercó para decirle que iba a besarlo, hasta cuando abandonó la cama para sentarse en el escritorio como una chica buena. Estaba duro, húmedo y caliente. Mientras se tocaba, el olor de la piel de Asami y el sabor de su boca volvieron a él. Pronto sus pensamientos evolucionaron y se convirtieron en todo lo que le hubiera gustado seguir haciendo con ella. Se tocaba rápido, por la excitación y porque sabía que no tenía mucho tiempo, mientras deseaba e imaginaba que era Asami quien lo masturbaba. Sabía que era poco probable que alguien lo escuchara estando encerrado en el baño, pero aun así se obligó a ahogar todos los suspiros y gemidos que querían escapar de su boca.

Como siempre que se tocaba pensando en ella, no tardó mucho tiempo en terminar.

Un rato después, bajó a cenar completamente relajado y satisfecho, intentando disimular la sonrisa de tonto enamorado que aparecía en su rostro a cada momento al pensar en su amiga. Asami le gustaba, la deseaba, la adoraba… lo tenía comiendo de la palma de su mano y ni siquiera lo sabía.

Su padre, que estaba sentando a los gemelos en las sillas altas frente a la mesa del comedor, lo miró con una ceja alzada cuando al verlo aparecer con aquella carita. Él también había sido adolescente, y algo le decía que esa expresión no tenía nada que ver con la emoción de una habitual cena en familia.

Tras cenar, Hiroshi subió a su habitación y se sentó frente a la consola para jugar una partida de Fortnite con Kano. Pero antes de iniciar el juego, buscó en WhatsApp su conversación con Asami. Había algo que quería preguntarle.

Hiroshi: «Entonces, ¿cuál es tu veredicto?»

Cuando envió el mensaje, se dio cuenta de que las manos le temblaban. La opinión de Asami le importaba demasiado, y se moría de ganas de saber si a la chica le había gustado su forma de besar. Podría jurar que sí, por la forma en la que ella le había respondido, con las mismas ganas, pero quería una confirmación verbal de su parte.

La respuesta llegó quince minutos después.

Asami: «Excelente servicio». Cinco emojis de estrella. «Lo haces muy bien, así que créeme que no tienes nada de qué preocuparte». Emoji sacando la lengua.

La sonrisa de Hiroshi se expandió por todo su rostro.

Bien, la chica no le había dicho que su amor por él ardía con la intensidad de mil soles, ni tampoco que deseaba repetir. En realidad, no le había dicho nada que indicara que para ella las cosas habían cambiado entre ellos, pero que le dijera que lo hacía muy bien era más que suficiente para él.

Al menos, por el momento.


Le había tomado algo de tiempo, pero Nabiki finalmente tenía en sus manos toda la información necesaria para desenmascarar a Tatewaki Kuno y exigir que fuera expulsado de la Academia Furinkan para siempre. Pero además, quería que no fuera admitido en ningún colegio que perteneciera al mismo círculo social, ya que eso implicaría la posibilidad de que su hermana pudiera topárselo en alguna actividad extracurricular o en una reunión social.

El lunes en la mañana, Kasumi llevó a sus hermanas menores al colegio, como hacía habitualmente. Al llegar, Nabiki se bajó rápido, comentando que tenía algo importante que hacer, y le dio un consejo a su hermana menor:

—No vayas a entrar todavía, espera a que falten uno o dos minutos para que suene el timbre. Así no tendrás que hablar con nadie si no quieres.

Luego se dirigió a la oficina de Miyakoji para exigir información sobre el caso Tendo-Kuno —exigir era una palabra fuerte según Nabiki, pero así era como Miyakoji llamaba al acto de demandar algo sin venir a cuenta. Al llegar se llevó una sorpresa: el alumno Kuno ya había sido expulsado de la Academia.

Al parecer, tanto Satsuki como el profesor John Taro hicieron su propia investigación, dándose cuenta de que lo correcto era no solo desvincular al estudiante de la institución, sino además levantar la bandeja roja. Primero, ante sus padres, quienes debían tomar cartas en el asunto antes de que fuera demasiado tarde y perdieran el control total sobre su hijo; segundo, ante los demás colegios privados, para prevenir que otra conducta antisocial fuera a repetirse. El chico necesitaba tratamiento psicológico —probablemente incluso psiquiátrico— urgente y no debía ser admitido en ningún colegio hasta que un experto dictaminara que era seguro para él y para el resto de los estudiantes.

—No es con usted con quien debería estar teniendo esta conversación —indicó Miyakoji, sabiendo que sus palabras no tendrían ningún efecto en la alumna Tendo— sino con su padre.

—He de decir que tiene usted razón. Pero es importante que sepa que mi padre es un hombre muy emocional y sensible, no aguantaría la noticia.

Miyakoji había intentado comunicarse con Soun Tendo para notificarle sobre la situación. Era importante que el padre de la alumna afectada estuviera al tanto de lo sucedido, especialmente porque Akane era menor de edad. Pero cada llamada a Soun había sido extrañamente interceptada por Nabiki Tendo. Miyakoji no tenía pruebas, pero estaba segura de que aquello no era una casualidad.

Así que cuando Nabiki Tendo se apersonó en su oficina aquella mañana, la directora Satsuki supo que la chica estaba encargándose de todo para proteger a su hermana. Recibió noticias de Akane —estaba al tanto de que la alumna no había asistido a clases ni jueves ni viernes— y supo que ese día la chica sí había acudido a la Academia.

—Los Kuno quieren reunirse con tu hermana —le dijo a Nabiki, haciendo que la estudiante alzara una ceja y la mirara con cinismo.

—¿Está usted clara de que eso no va a ocurrir?

—Son los señores Kuno quienes quieren reunirse con Akane —explicó—, Tatewaki no estaría presente.

—¿Y qué quieren? —Nabiki se cruzó de brazos—. Evitar que mi hermana los denuncie, supongo.

—Es probable —comentó Miyakoji, quien ya tenía experiencia con ese tipo de reuniones y negociaciones—, pero tal vez quieran ofrecerles una compensación económica.

—O sea, quieren comprar nuestro silencio.

Aquella era una posibilidad que Nabiki había contemplado, y por ende, conversado con Akane. En algún momento, Nabiki le dijo a su hermana que no podía huir durante toda la vida, y que de hecho ella no tenía nada de que avergonzarse, pues no había hecho nada malo. El único que debía sentir vergüenza de sus acciones era Tatewaki. Ella debía volver a clases con la frente en alto y sin importarle lo que nadie pensara o dijera sobre ella. Por supuesto, Nabiki le indicó a su hermana que estaba haciendo todo lo posible para que las cosas volvieran a ser como antes y para impedir que la bola de nieve se hiciera más grande. Le aseguró que podía volver el lunes a la Academia, que todo estaría más o menos en orden.

—Pero es importante que me digas qué quieres hacer con él, Akane. Podemos denunciarlo.

La menor de las Tendo negó con la cabeza. Ella no quería denunciar a Tatewaki porque sabía que aquello solo traería más problemas. Ese tipo de denuncias y demandas tomaban mucho tiempo en proceder, y normalmente involucraban a los medios de comunicación. Akane solo quería que todo se terminara. Quería dejar todo atrás y no volver a verlo en su vida. Le daba igual si él salía impune, siempre y cuando no tuviera que volver a topárselo jamás. El solo hecho de pensar en tener que ir a un juicio y declarar una y otra vez en su contra le daba náuseas. Sabía que los Kuno eran gente poderosa y no se rendirían con facilidad; utilizarían todos sus recursos para escarbar en la vida privada de Akane y sacar sus trapos sucios para hundirla y robarle toda credibilidad, aún si eso implicaba arrastrar a sus seres queridos al hoyo. No, Akane no podía permitir eso.

Nabiki pronto comprendió la posición de su hermana, y, aunque no estuvo de acuerdo, decidió respetarla.

—No necesariamente, pero es posible. —Comentó Miyakoji refiriéndose al hecho de que los Kuno quisieran comprar el silencio de Akane—. Pero sí creo que es importante que la reunión se lleve a cabo. Lo mejor es que escuchen lo que tienen para decir y que lo hagan en un territorio neutral y con tu padre presente. No quisiera que los padres de Kuno abordaran a Akane estando sola e intentaran manipularla de alguna forma.

Nabiki asintió con la cabeza. No quería involucrar a Soun en esto, y tampoco quería reunirse con esa gente, pero entendía que era un encuentro necesario, y que lo mejor es que fuera coordinado en un ambiente controlado, como decía Miyakoji.

—¿Y si lo hacemos ya? —Preguntó Nabiki—. ¿Podría llamar a los Kuno y decirles que vengan? Intentaré contactarme con mi padre, pero si no puede venir, al menos usted estará aquí y saldremos de esto de una vez por todas.

A Miyakoji no le parecía adecuado hacer las cosas sin que el padre de Akane estuviera al tanto de todo y diera su aprobación, pero al mismo tiempo quería que todo se terminara cuanto antes. Asintió con la cabeza y le dijo a Nabiki que llamaría a los Kuno para coordinar la conversación esa misma mañana de ser posible.


Aquella mañana, Akane encendió su móvil y su Apple Watch por primera vez desde el miércoles. Se sintió abrumada ante la cantidad de mensajes y llamadas perdidas que tenía, pero al mismo tiempo, pudo comprobar la lealtad y el apoyo incondicional de toda la gente que la quería y se preocupaba por ella.

Asami, Yuka, Sayuri, Hiroshi, Daisuke, Hiroko, Ryoga, Kano… incluso personas que no eran cercanas a ella, como Ryu, Shampoo, Akari, y Ukyo Kuonji, la prima de Ryoga, le habían escrito para saber cómo estaban y comentarle que podían contar con ellos para lo que necesitara.

Ranma también la había llamado por teléfono varias veces y le había escrito muchos mensajes por WhatsApp. Akane sintió un nudo en el estómago al ver el nombre de su novio en la pantalla del móvil, y fue incapaz de abrir la conversación con él. Tenía muchísimo miedo de hablar con él, de leer lo que el chico le había dicho, de descubrir que Ranma estaba avergonzado de ella y ya no la quería. Sabía que estaba siendo un tanto drástica, pero aquello era una posibilidad.

Otra cosa que la afligía era pensar en las explicaciones que el chico seguramente estaba esperando. Bien, quizás no iba a dejarla, pero probablemente quería que ella le explicara por qué había hecho esas cosas, y a quién más le había compartido fotos, y todas esas preguntas incómodas que ella no quería responder. No sabía cómo haría para evadirlas, pero lo mejor sería no pensar en eso hasta que llegara el momento.

Luego, al llegar a la Academia, siguió el consejo de su hermana y se quedó en el coche esperando que faltaran solo un par de minutos para que sonara el timbre. Se despidió de Kasumi con un abrazo y un beso y se bajó del coche dispuesta a caminar con la frente en alto, como le había dicho Nabiki.

Todavía se sentía muy avergonzada y humillada por lo ocurrido, pero sabía que la única forma de aplacar ese sentimiento era seguir con su vida y no dar pie a más rumores o habladurías. Ella era Akane Tendo, una chica con mucho carácter que no permitía que nadie la pisoteara, ¡mucho menos un chico! Así que finalmente se armó de valor y emprendió la marcha hasta su salón de clases.

—¡Akane!

Hiroko la alcanzó con un trote rápido y Akane la abrazó cuando la tuvo cerca.

—Nabiki me dijo que hoy venías a clase, me alegro mucho de verte. —Le dio un beso en la mejilla—. Estábamos todos muy preocupados por ti, pero al mismo tiempo sabíamos que volverías, seguro que con un carácter más jodido que antes… —bromeó, consiguiendo que Akane se riera.

—Lo tienes muy claro, Koko. Pero, ¿qué haces aquí a esta hora? —Miró su reloj—. Tú siempre llegas súper temprano. —Frunció el ceño al notar algo que no había visto antes—. ¿Y qué te pasó en la mano?

Hiroko tenía la mano izquierda y parte del antebrazo cubierto con vendaje neuromuscular de color celeste y rosado, y parecía no poder moverla. La chica sonrió a su amiga y le ofreció su mano derecha, la que no tenía nada.

—Ah, me dio síndrome de túnel carpiano. —Se encogió de hombros—. Nabiki me dijo que hoy venías a clase, pero que querías entrar cuando ya sonara la campana para evitar conversaciones incómodas, así que me quedé esperándote para que no tengas que entrar sola al salón. —Apretó la mano de su amiga—. Estas cosas son más fáciles cuando estás con alguien, en especial si ese alguien tiene una mano vendada con cintas de colores. Así distraemos a la gente. —Le guiñó un ojo.

Akane sintió ganas de llorar por el gesto de su amiga y volvió a abrazarla. Luego caminó tomada de la mano con Hiroko por los pasillos hasta que llegaron a la puerta del aula de clases. El timbre sonó justo en ese momento. Entraron juntas y Akane evitó el contacto visual con la mayoría de sus compañeros, enfocándose únicamente en sus amigos. Yuka, Asami, Sayuri, Ryoga, Daisuke y Hiroshi la miraban con expresiones de felicidad al verla volver a clases. Akane correspondió a cada uno con una leve sonrisa y se dirigió a su puesto, sabiendo que había un par de ojos azules que la miraba con interés. El dueño de esos ojos azules era una de las razones por las que Akane no había querido llegar temprano a clases, pues no estaba lista para tener conversaciones drásticas.

La profesora Esther Hastings de Biología no tardó en aparecer y saludar a los estudiantes, haciendo que Akane suspirara aliviada, pues sabía que durante las clases Ranma no intentaría hablar con ella. O al menos… no de algún tema importante.

En efecto, aunque el chico pareció estar muy pendiente de ella al saludarla y preguntarle cómo estaba, no intentó distraerla durante la clase con preguntas o conversaciones demasiado profundas, respetando las normas de no hablar en exceso cuando un profesor estuviera dando una explicación, y también el espacio de su novia.

Akane tuvo suerte aquel día, pues no hubo tiempo para distracciones durante las primeras clases de la mañana. Pero pronto su hermana Nabiki apareció en el aula para buscarla, y ella supo que había llegado el momento de hablar con los Kuno. Nabiki le había mandado un mensaje de texto diciéndole que se prepara psicológicamente para confrontarlos, pero Akane jamás se imaginó que el encuentro llegaría tan pronto.

Tras ponerse de pie y salir del salón, la menor de las Tendo pensó en los padres de Tatewaki. Ella los había conocido siendo novia de Tatewaki, y aunque nunca fueron demasiado cálidos ni efusivos con ella (a diferencia de los Saotome), siempre demostraron que la apreciaban y respetaban, y que aprobaban su relación con su hijo al considerarla una buena chica. Se preguntó si habrían cambiado de opinión.

Mientras caminaba junto a Nabiki en dirección a la oficina de Miyakoji o a donde fuera que estuvieran yendo para hablar con los Kuno, su hermana mayor le explicó que lo mejor sería dejar que ellos hablaran y dijeran todo lo que querían decir, aunque ella ya intuía por dónde irían.

En efecto, más que un diálogo o una conversación, la reunión con los Kuno fue un monólogo donde los padres de Tatewaki se disculparon de mil y un formas distintas por todo lo que su hijo le había hecho a Akane. Le aseguraron que el chico jamás volvería a acercarse a ella ni a hacerle nada, así que podía estar tranquila. Finalmente, le preguntaron si pensaba tomar acciones legales en su contra. Nabiki se le adelantó a su hermana y comentó que Akane todavía estaba pensando eso y que por ende no había tomado una decisión definitiva. El matrimonio Kuno asintió y el padre de Tatewaki comentó que esperaba que tomara la decisión que creyera correcta para ella. A continuación, ofreció una indemnización económica por daños y perjuicios, por todo lo ocurrido.

Akane frunció el ceño, pero tampoco tuvo tiempo de decirles que no quería ni un solo centavo de su parte. Nabiki les dijo que estaba bien y que conversaran los detalles con su abogado. Después dio la conversación por finalizada, no sin antes recordarles a los dos adultos que si Kuno volvía a acercarse a Akane de la forma que fuera, no dudaría en dejar caer todo el peso de la ley sobre él.

Las dos hermanas salieron de la sala de reunión y caminaron por el pasillo, Nabiki observando a Akane de reojo para ver cómo se encontraba.

—¿Indemnización económica? —Frunció el ceño—. ¿Qué fue eso? No me interesa el dinero de los Kuno, no quiero nada que… ¿y tu abogado? ¿Cuál abogado?

—Tú no, pero yo sí. —Comentó Nabiki con seguridad—. Los Kuno están forrados, así que para ellos ese monto no representa una gran pérdida. Además, no podíamos dejar pasar esa oportunidad. Y se trata del abogado de la familia. —Akane abrió los ojos exageradamente, pero Nabiki no la dejó hablar—. Él sabe que no puede decirle nada a papá, pues de lo contrario estaría violando el privilegio de confidencialidad cliente-abogado.

A Akane le sorprendió que su hermana intentara lucrar de aquel hecho, pero no tuvo tiempo de recriminarle nada, pues Nabiki se adelantó a sus pensamientos y dejó algo muy claro:

—El dinero estará pronto en tu cuenta bancaria y podrás disponer de él cuando desees.

—¿En mi cuenta? —Parpadeó confundida—. ¿Por qué en mi cuenta?

—Porque el daño te lo hicieron a ti. ¿O es que creías que yo iba a cobrar ese chequecito? Ganas no me faltaron, pues se trata de una suma cuantiosa —dijo mientras se acariciaba el mentón, en un gesto habitual en ella—, pero no era lo correcto.

—Yo no quiero ese dinero.

—Lo sé, por eso me tomé la libertad de no preguntarte nada y simplemente dejar que el abogado hable con los Kuno. —Explicó—. Ese hijo de puta se va a salir con la suya, lo menos que podíamos hacer era sacarles algo de pasta, Akane. —La miró con firmeza—. Por supuesto, yo les dejé muy claro que eso no era para pagar tu silencio, simplemente era por daños y perjuicios, terapia psicológica, etc. —Miró a Akane de forma más fraternal que antes—. Y si no la quieres usar, pues dónala, pero créeme que lo menos que podían hacer era pagar.

—Está bien… es solo que, no quiero que piensen que yo quería dinero.

—Akane, ya sé que no quieres denunciarlo, y está bien. Lo entiendo y lo respeto porque es tu decisión, pero no podíamos dejarlos irse de rositas así como si nada. Sí, ya sé que lo expulsaron y que le hicieron un reporte disciplinario que no le permitirá estudiar en ningún colegio decente de Japón, pero no era suficiente. —Nabiki había estado dándole vueltas al asunto durante muchas horas, pensando en que de alguna manera tenía que quedar una evidencia de que Kuno había perjudicado a su hermana—. Cuando esa clase de gente está dispuesta a pagar, significa que es porque saben que lo que hicieron es grave. Nadie inocente accede a pagar una indemnización por algo que no hizo. Así que eso también sienta un precedente para el futuro. Tenemos la evidencia de que pagaron, en el caso de que sea necesario usarla.

Akane miró a su hermana con sorpresa y admiración. Nabiki pensaba en todo. Era brillante. Seguro se convertiría en la mujer más joven en fungir como CEO de alguna empresa.

—Y no te preocupes por los chicos de la Academia, yo hice correr el rumor de que papá abrió una demanda colectiva para meter presos a todos los que tengan las fotos y las difundan. Incluso dije que la policía tiene un sistema para rastrear fotos, algo por satélite. ¿Qué? La gente todo se lo cree, Akane.

Akane frunció el ceño y parpadeó confundida.

—¿Cómo…? ¿Cómo hiciste correr el rumor?

—Mis vasallos lo hicieron —respondió Nabiki con naturalidad.

—¿Tus vasallos?

—¿No prestas atención a las clases de Mr. Taro? Todos los señores feudales tenían vasallos que…

—Conozco el concepto histórico —respondió Akane—, lo que no entiendo es en qué sentido lo usas en tu caso.

Nabiki soltó un largo suspiro.

—Es una forma de decir. Pero básicamente Bueno es gente de la Academia que... trabaja para mí. Gente que me mantiene informada de las cosas importantes, gente con quien hago negocios sencillos. La información tiene un alto costo y yo sé recompensar muy bien a las personas. A veces con dinero, a veces con más información, a veces con cosas que no son tan fáciles de conseguir...

Si cualquier otra persona le hubiera dicho eso, Akane habría pensado que estaba completamente loca. Pero conocía a Nabiki como la palma de su mano y sabía que su hermana perfectamente podía tener una red de informantes similar a la de Varys de Game of Thrones. Nabiki era una de esas personas que convenía siempre tener de tu lado.

La mediana de las Tendo, al ver la expresión en el rostro de Akane, no pudo evitar soltar una sonora carcajada.

Continuaron caminando juntas hasta que llegaron al edificio donde se encontraba el salón de clases de Akane. Allí Nabiki le repitió las mismas palabras que le había dicho en la casa: «frente en alto, que te dé igual lo que digan o piensen de ti. Pero si alguno se excede, no dudes en pegarle un guantazo».

—Nabiki —Akane se dio cuenta de que hasta ese momento no había tenido la oportunidad de darle las gracias a su hermana por todo lo que había hecho por ella—, muchas gracias. Por todo.

En una acción inusual, la mediana de las Tendo se acercó a su hermana y le dio un corto pero cariñoso abrazo.

—Cualquier cosa por ti, hermanita. —Le guiñó un ojo y le dio la espalda para marcharse de ahí.

Akane sintió un escozor familiar en los ojos, pero reprimió las ganas de llorar. A pesar de que estaba un poco más tranquila que la semana anterior, todavía tenía los sentimientos a flor de pie, y cualquier cosa la hacía llorar. Ver a su hermana ocuparse de ella y hacerle una muestra de cariño afloraba todas esas emociones.

Volvió a su salón y atendió el resto de la clase a duras penas.

Sabía que varios de sus compañeros posaban sus ojos en ella de vez en cuando, pero Akane decidió que aquello no iba intimidarla. Por suerte nadie le había dicho nada, porque no estaba tan segura de poder aguantar burlas o murmullos.

El timbre del receso sonó y todos los estudiantes se pusieron de pie para salir. Asami prácticamente se arrojó sobre Akane y la llenó de besos.

—¡Te extrañaba demasiado! —La apretujó—. ¡Me encanta que hayas vuelto, no podía vivir sin ti!

Yuka, Sayuri, Hiroshi y Daisuke también se acercaron a ella para saludarla y darle sus muestras de cariño. Akane los correspondió a todos, recibiendo el amor y el apoyo de sus amigos con brazos abiertos, sintiéndose verdaderamente afortunada de tenerlos en su vida.

Ranma, que se sentaba junto a ella, observaba la escena con paciencia, esperando su turno para abrazar a Akane y decirle que la había echado de menos. No había tenido la oportunidad hacerlo antes cuando ella llegó, y ahora se moría de ganas de abrazarla, besarla y tener un momento a solas con ella para poder charlar y saber cómo estaba. A simple vista era evidente que había pasado días difíciles, pues parecía cansada y un poco ojerosa; sin embargo, al verla sonreírles a sus amigos y corresponder a sus mimos, Ranma comprobó que su novia seguía teniendo ese brillo especial que la hacía tan especial. Él mismo no pudo evitar sonreír al ver que Tatewaki no había podido robarle su esencia.

Finalmente, Akane se puso de pie y los chicos le dieron su espacio. Ranma dio un paso adelante y cogió la mano de su novia antes de abrazarla.

—Akane, nosotros vamos yendo —le dijo Asami y le dio un beso en la mejilla— ¿nos alcanzan en la cafetería?

Ella asintió con la cabeza, sintiendo como su corazón latía con fuerza dentro de su pecho. Sus amigos salieron del aula, dejándola sola con Ranma, quien notó que Akane de pronto parecía nerviosa.

—¿No tienes hambre? —Preguntó ella al ver que Ranma no decía nada—. Deberíamos… deberíamos ir con los demás. —Sentía el corazón en la garganta, y no era capaz de mantener el contacto visual durante demasiado tiempo, por miedo a ver en los ojos de Ranma decepción o cualquier otro sentimiento negativo.

Él no entendió su actitud, ni tampoco por qué con los demás había sido cariñosa y con él estaba siendo distante, pero creyó que podía tratarse de vergüenza por lo que había sucedido.

—Sí, claro, vamos con ellos. —Acarició su mano—. Pero… antes me gustaría darte un abrazo. ¿Puedo?

Akane asintió con la cabeza. Ranma la rodeó con sus brazos y le acarició la espalda y el pelo.

—Te eché muchísimo de menos, Akane —su voz fue sincera y dejaba entrever un cúmulo de emociones y sentimientos—, me alegra un montón que hayas vuelto.

Aquellas palabras sirvieron para quitarle un peso de encima.

—Yo también te eché de menos —le dijo con un hilo de voz.

—¿Cómo estás? —Ranma posó sus manos en las mejillas de su novia y la observó—. ¿Cómo te sientes?

—Bien —contestó sin sonar convincente—, mejor.

—Estaba muy preocupado por ti —confesó él y volvió a abrazarla—, como no fuiste a clases varios días ni tampoco respondías a mis mensajes, no sabía si estabas muy mal.

Akane fue consciente por primera vez de que Ranma también había estado sufriendo durante esos días. Se sintió culpable al ver la zozobra en los ojos azules de su novio.

—Tenía miedo. —Confesó—. Miedo de que ya no quisieras estar conmigo, de que te diera vergüenza o asco. —Apartó la mirada de él—. De que ya no quisieras estar conmigo por lo que pasó…

—Akane, ¿cómo puedes pensar eso? —Ranma frunció el ceño, sorprendido de que esos pensamientos hubieran estado rondando la mente de su chica—. ¿Crees que te dejaría por eso?

—No lo sé… por eso o por todo lo que habla la gente. —Sintió que las mejillas se le coloreaban ante la idea de que Ranma escuchara todo lo que la gente decía de ella.

Él se sintió desarmado al ver que ella parecía abatida y avergonzada.

—No me importa lo que diga nadie, Akane.

—Eso lo dices ahora, pero espera a que todo el mundo empiece a decir que eres el novio de la chica que todos vieron…

No pudo completar la frase al quebrársele la voz. Tampoco fue capaz de mantener el contacto visual con Ranma ni de retener las lágrimas en sus ojos. Ranma la abrazó fuertemente contra él, y Akane se permitió llorar contra su pecho. A él le rompía el corazón ver el sufrimiento y la vergüenza de Akane. El problema no eran las fotos, porque al final la gente terminaría olvidándolo, sino que la humillación de Kuno había calado de tal forma, que Akane se sentía avergonzada de sí misma.

—Escúchame, preciosa. —Ranma cogió el rostro de su chica entre sus manos—. Mírame y escúchame, mi amor. —Le secó las lágrimas con sus pulgares y le dio un dulce beso en la frente—. Lo que pasó no cambia las cosas entre nosotros, ¿okay? No cambia lo que siento por ti ni tampoco la forma en la que te veo, Akane. —Volvió a besarla, esta vez en los labios—. Tú eres la chica de mis sueños y eres la mejor novia del mundo. Eres todo lo que un hombre puede pedir y desear en una mujer, mi amor, y no te cambiaría por nada ni nadie. —Le sonrió—. Y tampoco cambiaría nada de ti. No me importan esas fotos, ni tampoco si las vieron una o mil personas, solo me importas tú y lo que siento por ti. Y lo que siento por ti es que te amo y quiero estar contigo toda mi vida.

Akane lo rodeó con sus brazos y sintió que las lágrimas seguían saliendo de sus ojos, pero esta vez no eran lágrimas de vergüenza ni de tristeza, sino de alivio. Ranma era un chico maravilloso y se lo demostraba cada día que estaba con ella. No era perfecto, pero no necesitaba serlo, porque sus virtudes y su gran corazón opacaban cualquier defecto que el chico pudiera tener. Ella se sentía segura y amada con él, como si nada malo pudiera ocurrirle, como si todo estuviera en orden si estaba junto a él. Porque sabía que aunque el mundo se estuviera cayendo, podía contar con Ranma para apoyarla y amarla de forma incondicional.

—Te amo —repitió Ranma en un susurro—, eres una chica maravillosa y estoy muy orgulloso de que seas mi novia. Y me encanta que hayas vuelto a clases porque ya extrañaba copiarme de ti en los exámenes.

Akane se rio y le dio varios besos a Ranma.

—Y yo a ti, Ranma.

Él aprovechó para volver a secar sus lágrimas. Por primera vez en muchos días, Akane se sintió con esperanzas de que las cosas volverían a ser como antes.

—¿Vamos juntos? —Ranma extendió su mano para que Akane la cogiera.

Ella asintió con la cabeza y entrelazó sus dedos con los de su novio, lista para salir al receso y encarar al mundo. Si estaba con Ranma y con sus amigos, nada podría contra ella.


¡Hablemos de Hiroshi! Quisiera empezar con él ya que sé que tiene un séquito de fans entre los lectores (mayormente entre el público femenino) y hacía varios capítulos que no le tocaba su dosis de protagonismo. Y vaya si aquí la ha tenido. El chico tiene un corazón enorme y le gustaría encontrar a una chica especial a quien querer.y que también lo quieran, ya que las dos animadoras lo quieren solo para divertirse y no lo ven como un potencial novio. Pero al menos ya se dio unos besitos ricos con Asami, ¿no? Espero sus comentarios sobre este tema.

Sobre Yaisuke: mucha gente está a la espera de conocer más sobre esta relación, algo que van a leer con más frecuencia a partir de este capítulo.

Y sobre nuestra pareja favorita: ¿podrían ser más hermosos y adorables? ¡No lo creo!

Hay muchas otras cosas que comentar: lo ocurrido con Kuno, Nabiki, etc… pero prefiero que sean ustedes quienes me dejen sus opiniones a través de los reviews. ¡Por cierto! No sé si lo habrán notado ya, pero Aviones de papel ha entrado en su recta final. Todavía quedan varios capítulos, pero no demasiados.


Respuestas a reviews de personas sin cuentas en FF:

Grace: ¡me encanta que hayas enumerado todo lo que querías decir! Sí, pobre Ranma, obvio siempre sospechará para mal de su padre después de cómo lo ha tratado. Pero al menos esta vez ha demostrado que lo estima jaja. Kuno es una terrible persona, sin ningún tipo de redención, pero prefiero ahorrarme los detalles de qué pasará (aunque para cuando leas esto ya lo tendrás bastante claro).

Felicius: bueno, ya irás averiguando cada vez más sobre las familias locas a medida que leas. Concuerdo contigo, creo que no hay ningún animal que pueda ser comparado con Tatewaki, porque los animales actúan por puro instinto, en cambio él lo ha hecho con premeditación y crueldad. Y has dado en el clavo, es tan cobarde que esta vez lo hizo a través de una pantalla. Shampis se portó como una verdadera hermana sorora al apoyar a Akane, a pesar de no tener una amistad con ella. JAJAJA me has hecho reír con lo de malvada, y me encantó eso de "ver a Ryu con ojitos de Asami". Yo creo que Ryu siempre fue así; el problema que tiene es que es egoísta, inmaduro y huye del compromiso, pero al final tiene otras cualidades que fueron las que hicieron que Asami se enamorara de él.

Kris de A: ¡gracias por tus palabras! Tatewaki merece arder en el mármol del infierno. Sobre si Akane y Ranma sabrán sobreponerse a lo ocurrido, ya lo sabrás para cuando leas esto.

Javi: tus palabras han significado mucho, no solo por lo bonitas y especiales que son, sino por el momento en el que llegaron. Leer algo así era justo lo que necesitaba en ese momento, así que gracias *corazones*. Tatewaki es el epítome de la masculinidad tóxica, es una muy mala persona porque recoge tantas cualidades negativas que es difícil creer que pueda llegar a redimirse alguna vez. Del destino de Tachi ya te habrás enterado para cuando leas esto. Shampoo se portó MUY a la altura, girl power! Lo de Akane fue fuerte y no tan fácil de escribir por eso que dices de las emociones… al final no es fácil nunca que se difundan tus nudes, pero pienso que a esa edad es todavía peor porque todo es el fin del mundo, en especial algo como eso, sobre todo para una mujer; es sentirse totalmente vulnerable y expuesta ante el resto del mundo. Y no te preocupes por que el review se te haga largo, ¡me encanta!

Hikari: Shampoo se portó a la altura, y creo que habla de que realmente es una buena chica. Todos queremos hacer de Kuno nuestro saco de box jajaja.

Ceal: ¡muchísimas gracias por leer y animarte a comentar! Me alegra saber que estás disfrutando de la historia.