Aviones de papel
Capítulo XVII:
"Tomorrowland"
Enero terminó tan pronto como empezó, dando paso a un mes de febrero que prometía ser menos frío y agitado.
Tal vez Ranma no fuera el más paciente de los hombres en todos los aspectos de su vida, pero al menos en lo concerniente a Akane, sí que lo era. Si bien las cosas habían vuelto en mayor medida a la normalidad, y Akane había recuperado su habitual energía y buen estado de ánimo, algo en ella había cambiado. Seguía siendo la chica cariñosa, dulce y amable que había sido siempre, pero últimamente había estado un poco más taciturna y tímida que otras veces. Prefería los planes más tranquilos y que no incluyeran un mar de gente, era más dada a observar y escuchar que a participar de forma activa y enérgica de las conversaciones. Y aquello también se traducía a los pocos momentos de intimidad que tenían.
Como eran dos jovenzuelos que vivían con sus padres, no siempre podían disfrutar de tiempo a solas, y en las últimas oportunidades Akane había estado más cariñosa que apasionada. No es que a Ranma le molestara eso, aunque sí debía admitir que echaba de menos los juegos sexuales con su novia, pero le preocupaba un poco que lo sucedido con Tatewaki hubiera influido a tal punto. Como siempre que lo asaltaba alguna inquietud referente a su novia, Ranma acudió a Ukyo, quien le aconsejó que le diera tiempo a Akane.
—Lo que le pasó a Akane no es fácil de digerir, Ranma. Es normal que no esté tan deseosa como antes, tomando en cuenta que puede sentirse insegura con respecto al sexo después de lo que sucedido.
Tampoco había pasado tanto tiempo, añadió Ukyo, indicándole a Ranma que fuera paciente y que le mostrara todo su apoyo y cariño a su novia.
—Y si ves que las cosas no mejoran, habla con ella. Que sepa que estás pendiente de cómo se siente, que note que te preocupas por ella.
Ranma agradecía enormemente tener el apoyo y los consejos de Ukyo, pues la chica era súper madura y sensata, y aunque lo escuchaba sin juzgarlo, no le temblaba el pulso para tirarle de las orejas y darle un toque de atención cuando el chico hacía las cosas mal. Eso le gustaba de ella: no le decía lo que quería escuchar, sino lo que debía escuchar. Lo cual era bueno, porque a veces Ranma era más terco que una mula.
Por su parte, Akane finalmente había podido gozar de un poco de paz mental y emocional después de tantos días de sufrimiento y desasosiego. Sus hermanas, sus amigos y su novio habían sido un gran núcleo de apoyo y una red de contingencia durante esos días y los siguientes. Poco a poco había recuperado la confianza en sí misma y en su entorno, aunque todavía se mostraba algo cauta en sus interacciones.
A ella todavía le sorprendía lo equivocada que había estado al creer que el chico iba a dejarla o a decepcionarse de ella tras lo sucedido. Ranma le había demostrado ser un novio leal, noble, amoroso y muy dulce, algo que en principio había dudado, tomando en cuenta cómo empezaron las cosas entre ellos. Pero él no solo había cumplido con sus expectativas, sino que las había superado de forma sobresaliente, porque además de ser cariñoso y romántico con ella, era algo que muy pocos chicos eran: paciente.
Lo único que le preocupaba de su novio era la relación que tenía con su padre.
A raíz de la conversación que habían tenido en el dojo el día que compraron el regalo de cumpleaños de Nodoka, Ranma se mostraba más abierto con ella en relación con los temas de los que le costaba hablar; no obstante, Akane todavía lo sentía reacio a hablar de la relación que tenía con Genma. Si bien al menos ahora le manifestaba que había discutido con él, o que su padre le había dicho o hecho algo que le había dolido, jamás entraba en detalles. Akane no insistía porque le había prometido tener paciencia y no presionarlo para que le dijera las cosas, pero siempre le dejaba claro que podía desahogarse con ella y contarle lo que fuera, a lo que Ranma le agradecía sin dar más información.
Aquel sábado a media mañana, volvió a ocurrir una situación similar.
Como siempre ocurría los fines de semana, Akane y Ranma se habían pasado gran parte de la mañana charlando por WhatsApp. En algún momento, el chico le indicó que estaba saliendo con sus padres para hacer algunas compras. Las respuestas se volvieron intermitentes, algo que Akane pensó era lógico tomando en cuenta que su novio se encontraba con sus padres. Pero hubo un momento en que las respuestas de Ranma comenzaron a ser cortas y secas, como si algo le sucediera. Aquello la extrañó, tomando en cuenta que el chico era muy amoroso con ella, tanto en persona como por chat, incluso cuando tenía poco tiempo para responder.
«Estás bien?» Le preguntó ella queriendo saber si algo malo le había ocurrido. «Pasó algo?»
El chico le respondió un rato después.
«Sí, cari, estoy bien. Me peleé con mi padre otra vez...». Emoji rodando los ojos.
Akane se mordió el labio inferior, preocupada por aquello. Sabía que las peleas entre Ranma y Genma no solían terminar bien, y ella lamentaba que el chico no pudiera disfrutar de una relación sana y pacífica con su padre.
«Me quieres contar?»
La respuesta volvió a tardar.
«No te preocupes, preciosa, no es nada del otro mundo. Igual me encontré con Ukyo y hablé con ella, así que me siento mejor :)».
Ukyo. Otra vez Ukyo. Siempre Ukyo.
Otro detalle que había notado Akane en el último mes era el nivel de afinidad que existía entre su novio y la prima de Ryoga. En otro contexto, probablemente no le hubiera molestado que Ranma tuviera una buena amiga en quien confiar, de la misma forma en la que ella tenía a Hiroshi, a Daisuke, a Ryoga o a Mikado. El problema era que todo lo que Ranma no le contaba a ella, sí se lo contaba a Ukyo. Y Akane lo sabía porque él mismo le contaba que tras hablar con Ukyo sobre sus problemas siempre se sentía bien.
Fue en ese momento en el que se dio cuenta de que sentía celos de Ukyo. Y el problema con los celos es que, si son controlados, se reproducen con gran velocidad hasta envenenar la mente de quien los padece.
Akane no pudo evitar pensar que su novio confiaba más en su amiga que en ella, y no entendía por qué. Le frustraba saber que ella había hecho todo para que Ranma se sintiera en confianza con ella, y que aun así el chico prefiriera desahogarse con otra persona. ¿Qué tenía Ukyo que no tuviera ella? ¿Qué era lo que hacía que Ranma se sintiera tan cómodo y le contara todos los problemas de su vida? ¿Por qué no podía abrirse de esa forma con ella? Aquellas interrogantes sin respuestas pronto giraron en la curva y adquirieron otro cariz: si Ranma confía más en Ukyo que en mí, ¿llegará también a quererla y desearla más que a mí?
Aquel pensamiento la atormentó al punto de imaginarse a su novio enamorándose de la joven Kuonji, y dejándola por ella. Ukyo no solo era una chica madura, inteligente y súper interesante, sino que además era muy bella. Y Ranma era un chico muy guapo, por lo que no sería de extrañar que Ukyo llegara a sentirse atraída hacia él. ¿Cuánto tiempo pasaría hasta que los dos se dieran cuenta de que se gustaban y querían como algo más que solo amigos?
Akane, consciente de que su mente le estaba jugando una mala pasada, sacudió su cabeza y se puso de pie para caminar por la habitación y respirar profundo. La parte racional le decía que seguramente había una explicación lógica, que tal vez Ukyo y Ranma tuvieran algo en común que los unía y que hacía que para él fuera más fácil hablar con ella, pero al no tener toda la información, la parte paranoica, celosa e insegura batallaba por ganarle la partida.
En un intento por alejar aquellos pensamientos que la atormentaban, Akane buscó su móvil y marcó el número de Asami. Habló al segundo de que su amiga le contestara.
—Dime por favor que no tienes planes y que te mueres de ganas de que vaya a tu casa y pasemos un día en la piscina.
Akane casi pudo escuchar la sonrisa de su amiga mientras hablaba.
—No tengo planes y me muero de ganas de que pasemos un día en la piscina —comentó de buen humor—, pero en la techada, que afuera nos morimos de frío.
—Obvio —contestó Akane.
—¿Algún motivo en particular por el que quieras venir o simplemente tienes ganas de verme porque soy lo mejor de tu vida? —Inquirió Asami mientras se ponía de pie para cambiarse de ropa.
—Sí, eres lo mejor de mi vida… pero tal vez haya algún otro motivo. Ahora te cuento, nos vemos en un rato.
—Vaaaale, bye!
Asami colgó la llamada y dejó el teléfono sobre la cómoda que estaba cerca de su cama. No había pasado ni un minuto, cuando éste volvió a sonar. Llamada entrante de Yuka Okamura.
—¿Qué haces? —Preguntó Yuka—. Estoy llamando a Akane y no me contesta, quiero verlas. ¿Tienen algo que hacer?
Asami sonrió ante aquella casualidad. Le contó a su amiga sobre el plan que tenía de pasar el día en la piscina y la invitó a sumarse. Yuka le confirmó y quedó en ir a su casa en una hora.
Mientras Asami esperaba que sus amigas llegaran a su casa, caviló sobre los posibles motivos que tenían sus amigas para querer reunirse con tanto apremio. Las conocía a las dos lo suficiente como para saber que solo podía haber dos temas que las tuvieran muy inquietas: su familia o sus chicos.
En el caso De Yuka, la chica tenía una relación extraña con su madre. Y en el caso de Akane, sabía que su amiga a veces se afligía al echar de menos a su difunta madre, y en otras ocasiones se metía en líos y enredos por Nabiki. Y con respecto a sus chicos, Asami estaba al tanto de cuáles eran los problemas o dificultades que Akane y Ranma habían atravesado, pero desconocía cuáles podían ser los problemas que Yuka podía estar viviendo con Daisuke, más allá de que sólo habían discutido una vez por el tema de Azusa Shiratori.
Suspiró y se preguntó si los chicos también pensarían tanto en ellas y les dedicarían tanta Energía como ellas lo hacían con ellos. Su mente la llevó a recordar a Hiroshi.
No habían repetido desde el morreo que se dieron en su casa, ni tampoco habían hablado de ello. Sin embargo, algo había cambiado en su relación y en él, y para ella era cada vez más evidente.
Recordaba haberse pasado todo el trayecto de la casa de Hiroshi a la suya con el corazón latiéndole a mil por hora y pensando en lo que había pasado entre ellos. Asami se conocía a sí misma a profundidad y tenía la certeza de que si la madre de Hiroshi no los hubiera interrumpido, probablemente habían terminado haciendo algo más. No, no acostándose, pero seguramente las cosas hubieran escalado mucho.
Pero además de no poder dejar de pensar en eso, no podía dejar a un lado todo lo que la había hecho sentir… y eso la confundía muchísimo. Hiroshi le había mostrado una parte de él que hasta ese día había sido desconocida para ella… y le había gustado. Le había gustado besarlo y lo que eso la hizo sentir, pero Asami sabía que no era circunstancial; no entendía cómo ni por qué, pero era consciente de que le gustaba haber hecho eso con Hiroshi, y no con otro chico. Y eso la confundía, porque él era su amigo.
Si intentaba desglosar los hechos y ordenarlos por parte para intentar aclarar sus ideas y sentimientos, veía las cosas con un poco más de claridad. ¿Qué sentía por Hiroshi? Pues, mucho cariño y amor de amigos, además de una gran confianza y un profundo respeto. Pero ¿y además de eso? Si se olvidaba de que era su amigo y lo veía como un chico más, ¿qué pensaba? Hiroshi era lindo. Sí, físicamente era un chico lindo; tal vez no fuera el más fuerte y masculino de los hombres, pero era un chico atractivo. ¿Y qué más? Era súper atento y detallista, ¡se acordaba de todo! Y era muy inteligente y culto, podía hablar con él por horas sobre cualquier tema, por lo que jamás se aburría cuando estaba con él. Entonces, ¿podían esas cualidades ser suficiente para que ella quisiera algo más con él? Sí y no.
Sí, definitivamente el físico y la parte interior de Hiroshi pasaban la prueba, y eran cosas que a Asami le gustaría tener en un novio, pero… de alguna forma él era lo opuesto a lo que ella siempre había buscado, a lo que siempre le había gustado. Ella siempre se había sentido atraída y había salido con chicos extrovertidos, pícaros, que no temían portarse mal ni romper las reglas. Chicos que tenían experiencia y que se comían al mundo porque desbordaban seguridad.
Sin embargo, el gusanito de la curiosidad —y de las ganas— se había instalado en ella, haciendo que nuevas interrogantes se formaran en su cabeza. ¿Y si Hiroshi sí quería de ella algo más que una amistad? Aquella era una posibilidad que Asami no había contemplado jamás. Hiroshi siempre la había tratado como una amiga. Era muy atento y dulce con ella, sí, pero también con el resto de las chicas. ¿Podría ser que todo este tiempo él la viera, la quisiera y la deseara como más que una amiga?
Aquella posibilidad comenzó a hacerse más latente con el pasar de los días, cuando Asami comenzó a notar ciertos cambios en el comportamiento de Hiroshi. Detalles que, de no haberse besado con él, nunca hubiera notado. Cada vez que se saludaban, Hiroshi le daba un beso en la mejilla muy cerca de la boca; nunca en la boca, pero siempre lo suficientemente cerca como para que Asami no tuviera más opción que recordar los besuqueos que habían compartido. También había cambiado su forma de abrazarla; antes, Hiroshi la rodeaba con sus brazos y los dejaba en la mitad de su espalda; ahora, el chico posaba su mano en la espalda baja de Asami. También la miraba más que antes, y siempre encontraba un momento para flirtear con ella o decirle algún piropo casual.
Aquello solo servía para aumentar el mar de emociones por el que el cuerpo de Asami navegaba. Por un lado, Hiroshi era su amigo y ella quería conservar esa amistad que tanto valoraba; por otro, mentiría si dijera que aquel día no le hubiera gustado continuar con lo que hacían, como también mentiría si dijera que no tenía ganas de repetir. Porque sí, tenía ganas de volver a besarlo; sin embargo, temía que se tratara solo de un capricho y de unas ganas que nacían desde la curiosidad y la novedad, y no desde algo genuino.
¿Y si después de volver a estar con él se le pasaba todo? ¿Valía la pena arriesgarse a arruinar la amistad?
Sentadas en el borde de la piscina techada de Asami, las tres amigas charlaban de forma amena mientras disfrutaban de algunos tentempiés. Diversos temas se iban intercalando en la charla, hasta que Akane decidió compartir con sus amigas la inquietud que tenía sobre Ranma y Ukyo.
Yuka, al ver que su amiga tenía un sentimiento agridulce con respecto a aquel tema, no pudo evitar recordar su última conversación con Daisuke y el mal sabor de boca que ésta le había dejado. Había sido, casualmente, la noche anterior. El universo había conspirado para que se quedara sola en casa, por lo que había invitado a su novio para ver una película.
Yuka debía reconocer que, tras el episodio ocurrido con Azusa Shiratori, Daisuke se había redimido con ella. El chico no solo se había disculpado de forma sincera y auténtica, sino que se encargó de resarcir su error y hacer todo lo posible para demostrarle cuánto la quería y respetaba. Desde que habían perdido la virginidad juntos, el sexo había pasado a ser una parte importante de su relación, pero Yuka a veces echaba de menos los momentos en los que su novio y ella se quedaban a solas sin que hubiera un intercambio sexual de por medio. Y aunque ella nunca se lo había dicho a Daisuke, él pareció entenderlo, pues tras la pelea por Azusa, su novio dio prioridad a otros aspectos de la relación, haciendo que pudieran intimar y conectar de otras formas que eran importantes para ella.
Tras el final del filme, acurrucados en la cama bajo las sábanas, fue inevitable que sus hormonas despertaran y los impulsaran a besarse y a quitarse la ropa. Una cosa llevó a la otra, y pronto comenzaron a hacerlo. Había pasado algo de tiempo desde la última vez, por lo que los dos tenían muchas ganas y se mostraban muy deseosos, sobre todo él. Todo empezó bien, pero más pronto que tarde Daisuke volvió a replicar esa conducta demasiado dominante e incluso machista de actor porno que Yuka detestaba, pues le hacía cosas que a ella no le gustaban y que aparentemente para él eran lo más normal y placentero del mundo.
En algún momento, el chico rodeó el cuello de su novia con su mano y lo apretó ligeramente, como si quisiera ahorcarla sin lastimarla, de una forma que a él le parecía erótica y sensual. Pero aquel día, Yuka tenía poca tolerancia para ese tipo de cosas. Así que forcejeó un poco con él hasta que la soltó, y luego lo apartó bruscamente de ella y le dijo que quería parar. Daisuke pareció sorprendido y desconcertado, pero obedeció de inmediato. Su desconcierto aumentó al ver que su novia comenzaba a vestirse.
—¿Qué pasa? —Le preguntó mientras la miraba—. ¿Por qué te vistes? ¿Te molestó algo que hice?
—¿Tú qué crees? —Le dijo ella sin mirarlo, continuando con su labor de ponerse la ropa.
Daisuke se quedó de piedra, observando a Yuka vestirse con gran velocidad, mientras su mente trabajaba a toda velocidad para intentar entender qué era eso que le había molestado tanto. Como no dio con nada, se lo preguntó directamente. Yuka tardó algunos segundos en contestar, pero cuando finalmente lo hizo, su tono dejaba muy claro lo que pensaba al respecto:
—Me pusiste la mano en el cuello como si me quisieras ahorcar.
Daisuke parpadeó varias veces, sin entender el reclamo. Frunció el ceño.
—Pero… no es la primera vez que lo hago.
Y antes de eso, ella jamás se había quejado. Además, ¿por qué eso era algo malo? Era sexy, a él le gustaba.
—¿Y nunca te has puesto a pensar que tal vez no me gusta que hagas eso? —Le preguntó molesta y se cruzó de brazos. Daisuke la miró como si estuviera intentando descifrar un enigma, completamente aturdido ante el hecho de que a su novia no le gustaban ciertas cosas que hacían en la intimidad—. Que a lo mejor debiste haberme preguntado si quiero o me gusta que me ahorques, o que me des nalgadas fuertes, o que me tires del pelo, o que me agarres la cabeza con fuerza cuando te estoy haciendo sexo oral...
Tras meses reprimiendo todo lo que pensaba y sentía al respecto, Yuka simplemente dejó salir todo, de una forma no tan sutil, pero que dejaba muy claro cuál era su posición ante todo. Cuando finalmente se quedó callada, Daisuke la miraba con una mezcla de dolor y miedo, como si estuviera anticipando que su novia fuera a dejarlo en cualquier momento.
—Entonces, ¿no te gusta estar conmigo?
A Yuka se le ablandó un poco el corazón al ver el rostro compungido de su novio.
—No es eso. Sí, me gusta, pero… —Estuvo en silencio algunos segundos, pero pronto se dio cuenta de que era ahora o nunca—. Haces cosas que yo no disfruto. —Le costó mantener el contacto visual, pero se obligó a hacerlo. Era importante tener esta conversación—. Cosas que preferiría que no hicieras, o que al menos me preguntaras. Las cosas que te acabo de decir.
Daisuke apartó la mirada, completamente avergonzado ante su conducta. Por primera vez fue consciente de que él simplemente había asumido que a Yuka tenía que gustarle lo mismo que a él, y había dado por sentado que ella haría todo lo que él le pidiera y que además se dejaría hacer todo lo que él quisiera hacerle. ¿Cómo había sido tan egoísta?
—¿Y tú qué?
La pregunta de Asami vino acompañada con una salpicadura de agua que hizo que Yuka volviera al presente. Miró a Akane y a Asami y comprendió que sus amigas le acababan de hacer una pregunta que ella no había escuchado.
—Sorry, me perdí. ¿Qué dijeron?
Akane se rio y dejó que Asami hablara.
—¿Te peleaste con tu príncipe azul?
Yuka sonrió ante aquel apodo. Le causaba gracia que sus amigas llamaran a sí a Daisuke, como muestra de lo que ellos proyectaban: la pareja perfecta, el príncipe y la princesa.
—No me peleé con él —fue lo primero que dije—, pero... tuvimos una conversación donde por primera vez le dije cosas que nunca le había dicho. —Su rostro comenzó a adquirir una coloración rojiza, producto de la vergüenza que le generaba confesar una parte de sus intimidades que consideraba muy personal por todo lo que implicaba—. Sobre nuestra vida sexual.
Tanto Akane como Asami la miraron con interés y esperaron que hablara. La chica de la coleta procedió a contarles sobre sus inquietudes con respecto a su vida sexual, para darles un poco de contexto y explicarles cuáles eran esas cosas que no disfrutaba del sexo con su novio. Luego les contó sobre la conversación que tuvo con él, sin escatimar en detalles sobre todo eso que Daisuke hacía que a ella no le gustaba. Tanto Akane como Asami la escucharon de forma atenta, hasta que fue su turno de intervenir y cada una dar su opinión al respecto. La conclusión general fue positiva.
—Bueno, pero si dices que él se disculpó mucho, y que prometió no volver a hacerlo, ¿cuál es el problema? —Preguntó Akane—. ¿Se lo tomó mal?
—No, no —contestó Yuka—, al principio lo tomó por sorpresa y luego estaba muy avergonzado y parecía incómodo, pero después se disculpó y se mostró cariñoso otra vez, como si de verdad lo sintiera y estuviera dispuesto a dejar eso atrás.
—¿Y entonces por qué tienes esa cara? —Esta vez fue Asami quien intervino—. ¿Segura que nos estás contando todo?
Yuka soltó un largo suspiro.
—A ustedes sí, pero a él… no. —Ante la curiosa mirada de sus amigas, Yuka continuó—. Ayer no le dije todo lo que le tenía que decir.
—¡Pues dilo ahora! —Exclamó Asami—. ¡Nos tienes en ascuas!
—Es que… bueno… yo…
—¿No te gusta acostarte con Daisuke? —Intentó adivinar Akane.
—No es eso, sí me gusta. Me gusta estar con él, me gusta lo que hacemos. Daisuke… siempre me hace sentir bien; amada, deseada… eso me gusta mucho, pero… cuando lo hacemos… yo no...
Yuka sintió que se sonrojaba violentamente incluso antes de completar la frase. Akane la miraba con el ceño fruncido y la boca entreabierta, como intentando adivinar qué era lo que Yuka quería decirles y por qué le costaba tanto hacerlo.
—Yo nunca he…
Para su suerte, Asami no necesitaba que Yuka terminara la frase. Alzó ambas cejas al intuir qué era eso que ella «nunca» cuando estaba con Daisuke.
—¿Nunca has tenido un orgasmo con Daisuke?
Yuka sintió que en cualquier momento moriría de combustión espontánea, pues su rostro estaba tan rojo que podía sentir el calor emanar de él.
—No. —Contestó y bajó la mirada.
Akane y Asami se miraron tras escuchar la confesión. A la primera, le sorprendió mucho enterarse de eso tomando en cuenta que Daisuke había tenido mil ligues antes que Yuka, lo que la había hecho pensar que el chico era experimentado y sabía hacer las cosas bien; a la segunda, si bien le decepcionó descubrirlo, no le sorprendió. Asami tenía clarísimo que la mayoría de los chicos no sabían satisfacer a las mujeres; sin embargo, le parecía un poco escandaloso que después de tantos meses de estar juntos, Yuka todavía no le dijera a Daisuke que ella no se corría cuando estaban juntos.
—¿Por qué no se lo has dicho?
Akane no pudo evitar empatizar con su amiga, ya que cuando salía con Tatewaki, ella tampoco llegaba al orgasmo en los momentos de intimidad, y no había sido capaz de decírselo en ningún momento.
Yuka se mordió el labio inferior.
—Me da muchísima vergüenza —admitió—, y además... me siento culpable. Siento... que hay algo malo conmigo, con mi cuerpo. No entiendo por qué otras mujeres sí tienen orgasmos y yo no.
Asami la miró horrorizada. ¿Cómo era posible que Yuka, siendo la chica inteligente y pragmática que era, llegara a pensar que el problema lo tenía ella y no él? Sintió que le faltaba el aire de la indignación.
—Yuka, no digas eso. —Akane estiró su mano para entrelazar sus dedos con los de su amiga—. Por supuesto que no hay nada malo contigo, esas cosas pasan.
Asami estaba procesando lo que escuchaba mientras buscaba mentalmente una forma sutil de decir lo que quería transmitir.
—Akane tiene razón, obviamente el problema no lo tienes tú. Él se lo tiene que currar. Para nosotras es fácil complacerlos porque el orgasmo masculino no tiene ciencia alguna —Akane asintió con la cabeza, pensando que su amiga tenía razón—, el concepto de dar placer a un hombre es súper básico, pero con nosotras es distinto y ellos tienen que esforzarse más que nosotras.
Akane volvió a asentir, completamente de acuerdo con lo que decía 'Sami.
—Lo que no entiendo es —Asami tenía el ceño fruncido—, ¿cómo no hace nada al ver que tú no te corres? No lo entiendo.
El rostro de Yuka se encendió nuevamente. Lo bueno es que sabía que era poco probable que se desmayara, tomando en cuenta que su flujo sanguíneo estaba funcionando de forma correcta.
—Bueno, es que yo… yo… yo finjo.
El cerebro de Asami casi hace cortocircuito al escuchar aquello.
—Yuka. —Asami respiró profundo antes de hablar—. Yuka, Yuka, Yuka… mi vida, mi corazón… ¿cómo que estás fingiendo tus orgasmos?
Yuka les explicó a sus amigas que sentía una presión constante por demostrar que ella disfrutaba tanto del sexo como Daisuke. Sentía que era su deber hacerlo sentir bien y demostrarle que era lo suficiente mujer para él, y que él era lo suficiente hombre para ella, pues una parte de ella creía que Daisuke se decepcionaría y se sentiría muy mal si descubría que no era capaz de satisfacerla sexualmente.
Asami la observaba con una mezcla de asombro, horror, indignación, preocupación e impotencia. Akane, por su parte, sí que entendía a su amiga. Ella misma había fingido cuando salía con Tatewaki, precisamente por eso de sentir la presión por complacer a su pareja.
—Yuka —Asami miró fijamente a su amiga—, la sociedad ya les dice a los hombres que son lo máximo y que este mundo está hecho por y para ellos. Así que, si un tío no es capaz de hacer que de tu vagina salgan fuegos artificiales y unicornios de colores, ¡lo menos que puedes hacer es decírselo! —Exclamó alzando las manos y mirando al techo—. Su frágil ego masculino tendrá que soportarlo. Y no me mires así, que lo que estoy diciendo no es descabellado. No le estás pidiendo que te compre una casa, ni que te mantenga, ni que abandone a toda su familia por ti… lo único que quieres de él es que cuando te toque o te haga lo que sea que te hace, te haga sentir que estás en fucking Tomorrowland.
La intervención de Akane no tardó en llegar.
—'Sami tiene razón, Yuka. Si no le dices a Daisuke que no te gusta lo que hacen o que te gusta, pero no te lleva a donde te tiene que llevar, él no va a saber que tiene que cambiarlo o hacer otras cosas, ¿me entiendes? No es que sea tu culpa, solo que tienes que hablar con él.
—Es que... no sé cómo decírselo.
Asami rodó los ojos y se acarició el puente de la nariz. Comprendía que no para todo el mundo era tan fácil hablar de estos temas, pero no entendía cómo era posible que Daisuke y Yuka, que eran amigos desde los doce años o algo así, no pudieran hacerlo. ¡Ellos tenían toda la confianza del mundo, se adoraban y se conocían de siempre! ¿Qué quedaba entonces para el resto de los mortales?
—Te pongo un ejemplo de cómo se lo podrías decir. —Asami imitó la voz de su amiga—: "Hola, Daisuke. Desde la primera vez que estuvimos juntos hasta el sol de hoy he fingido todos mis orgasmos contigo porque no podrías encontrar el clítoris ni aunque tuvieras un mapa detallado de mi cuerpo". —Esbozó una sonrisa condescendiente y burlona—. Creo que decirle eso está bien para empezar.
Tanto Akane como Yuka se rieron ante el comentario, aunque la segunda menos que la primera. Si bien encontraba gracioso lo que Asami le decía, también le avergonzaba muchísimo que sus amigas supieran que su novio no sabía complacerla. Se imaginó cómo reaccionaría Daisuke si llegaba a enterarse de que ella les había contado todo esto a sus amigas… ¡probablemente se moriría!
Aunque a Akane le dio risa lo que Asami acababa de decir, evitó soltar una carcajada para no incomodar a Yuka. La menor de las Tendo pensaba que la conversación no estaba siendo fácil para Yuka, así que tal vez necesitara un acercamiento distinto al de Asami. A veces, varias perspectivas facilitaban las cosas.
—Bueno, tal vez no quieras ser tan directa —fue lo primero que dijo—, puedes decirle eso mismo que nos has dicho a nosotras. —Hizo una pausa para ordenar sus ideas—. Sé honesta, dile que sí te gusta estar con él y hacer lo que hacen, pero que todavía te falta... eso. Creo que ha quedado claro que Daisu no sabe qué hacer o cómo hacerlo, pero tú lo puedes enseñar. Guíalo para que él aprenda cómo te gusta.
Asami miró a Akane con ojos de amor. Su amiga era una chica muy empática y tenía mucho más tacto del que ella podía llegar a tener en toda su vida.
—Exacto. ¿Ves? Aquí la sexóloga Tendo lo tiene muy claro.
Tanto Yuka como Akane se rieron. La chica de la coleta pareció estar reflexionando sobre lo que su amiga acababa de decirle, como si no lograra comprenderlo del todo.
—¿Ustedes hicieron eso? —Les preguntó Yuka mirándolas con una clara expresión de confusión—. Con Ryu y Ranma.
—Con Ryu la verdad no hizo falta —confesó Asami—, ya venía con todo lo necesario. ¿Por qué crees que no podía dejarlo? —Rodó los ojos, intentando que los recuerdos de sus travesuras sexuales con Ryu no invadieran su mente.
Yuka volvió a reírse y luego miró a Akane, en espera de su respuesta.
—Yo… sí, con Ranma.
—¿Cómo hiciste para abordar la conversación? —Inquirió Yuka.
—Bueno, no tuve que abordarla yo, fue él quien me lo pidió. —Akane sintió que se sonrojaba al recordar aquella noche en la que jugaron Verdad o Reto y se quedaron a dormir en casa de Hiroshi. Aquella noche era un recuerdo muy especial para ella, pues había sido la única noche en la que Ranma y ella durmieron juntos.
Asami la miró con la boca abierta, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar, aunque pronto recordó a Shampoo diciendo que Ranma, aunque no tenía experiencia, aprendía rápido. Así que el trenzudo también se había puesto las pilas con Akane...
—He's a keeper —comentó sonriendo y le guiñó un ojo a su amiga—, no lo dejes ir.
Akane sonrió, pensando en que se había sacado la lotería con un chico tan guapo, dulce, atento y apasionado como Ranma, que además no era nada egoísta en la intimidad, sino todo lo contrario. Era el mejor novio del mundo.
—¿Ranma te pidió que le enseñaras? —Preguntó Yuka.
Akane asintió con la cabeza. Asami acotó que, si bien Ryu era un chico muy habilidoso, ella también le había dado algunos truquitos para que sus ya diestras dotes amatorias fueran todavía más eficaces con ella. Y por enésima vez en la conversación, Yuka pareció confundida.
—¿Y cómo sabían lo que les gustaba? —Tenía muchas preguntas en la cabeza, pero no sabía por dónde empezar—. Quiero decir… ¿cuando ellos las tocaron lo empezaron a descubrir?
Asami y Akane parecieron pensar en sus respuestas, para luego mirarse con desconcierto.
—Bueno, no —Asami fue la primera en contestar—, o sea, en parte sí porque con Ryu hice cosas que no había hecho antes y que me gustaron, pero como no las había hecho antes, no sabía que iban a gustarme —explicó—, pero… lo demás ya lo sabía, solo le tuve que decir a Ryu para que supiera cómo hacerme llegar más rápido.
—Sí, yo igual.
Aquella respuesta suscitó una nueva duda en Yuka. Por un momento, titubeó antes de preguntar, pero pronto recordó que con sus amigas podía hablar de cualquier cosa sin ser juzgada.
—¿Ustedes se… tocan?
Tanto Akane como Asami asintieron con la cabeza. La chica de la coleta se sintió todavía más extraterrestre que antes. De las tres, ella era la única que jamás había tenido un orgasmo. Ni sola ni acompañada.
—¿Por qué crees que sabemos lo que nos gusta? —Preguntó Asami mientras le guiñaba un ojo. De pronto, y al ver la casi indescifrable expresión en el rostro de su amiga, Asami parpadeó y su mandíbula se desencajó al considerar una posibilidad que hasta ese momento ni siquiera había pensado—. Yuka —su tono sonaba incrédulo—, ¿nunca te has masturbado?
Después del silencio más largo del mundo, la aludida finalmente respondió.
—No.
—¿De verdad? —Inquirió Akane entre curiosa y sorprendida.
—Sí, de verdad. ¿Debería?
Asami no dijo nada, pues no sabía qué podía decir ante eso. Se puso de pie y cogió una de las toallas que estaban en la tumbona más cercana y se la envolvió en el cuerpo.
—De verdad estoy considerando ir al bar de mi papá y abrir una de sus botellas de ginebra. —Dijo con una mezcla de ironía y verdad—. ¡Por supuesto que deberías, Yuka! ¡Todas deberíamos, es súper importante!
Yuka entonces procedió a decirles a sus amigas que ella ni siquiera sabía por dónde empezar, y que se sentía un poco cohibida al hacer esas cosas estando sola. Mientras Akane le daba su opinión y algunas recomendaciones, Asami comenzó a urdir un plan para sacar a su amiga de la anorgasmia voluntaria. Conocía a Yuka como la palma de su mano, y sabía que no sería fácil convencerla de experimentar y autoexplorarse, pues a veces había que tener paciencia para ello. Así que lo mejor sería darle un empujoncito.
Y ella creía saber exactamente cuál podía ser ese empujoncito que su amiga tanto necesitaba.
Varios días después, en los pasillos de la Academia Furinkan, Hiroshi acompañaba a Asami en la salida del colegio mientras la chica guardaba sus cosas en su casillero.
A pesar de que todavía no podía sacarse de la mente los besos que se habían dado, el chico había dejado pasar los días sin tocarle el tema a Asami, queriendo darle tiempo y espacio para que fuera ella quien diera el siguiente paso. Sin embargo, esto jamás sucedió. El castaño entonces se dio cuenta de que debía hacer algo para no perder el momentum. Ya había logrado captar su atención y despertar ciertas cosas en ella, así que debía mantenerse en su top of mind y seguir haciendo cosas que la mantuvieran atraída a él. El problema es que tenía miedo de hacer algo demasiado directo que causara el rechazo de Asami y que pudiera arruinar su amistad.
Fue por eso por lo que decidió elegir los acercamientos sutiles. Un beso por aquí, una mano por allá, un flirteo espontáneo, un guiño de ojos, una mirada distinta, un perfume nuevo que a ella pudiera gustarle… en fin, cosas sencillas y disimuladas que pudieran causar un impacto en ella.
Casualmente, mientras su amiga guardaba y sacaba libros de su casillero, él la miraba como un tonto enamorado mientras absorbía sus bellas facciones y se preguntaba cuándo sería el día en que volvería a besarla. Tal vez esperar no fuera una buena idea, tal vez tuviera que tomar acción y hacer algo más.
—¿Por qué me miras así? —Asami lo miró de reojo.
—¿Así cómo? —Preguntó con cara de pillo, como si no hubiera matado una mosca en su vida, haciendo que Asami lo encontrara adorable.
—Así… como me estás mirando. —Sintió que la piel se le ponía de gallina al intuir los pensamientos que podían estar pasando por la mente de su amigo. Asami no era tonta, sabía cuándo le gustaba a un chico, y Hiroshi cada vez se lo dejaba más claro.
—Solo… me gusta mirarte —respondió de forma casual.
—¿Por qué?
La pregunta salió de su boca antes de que ella pudiera detenerla. Pronto se dio cuenta de que se moría de ganas por conocer el motivo… y que deseaba que fuera por lo que ella creía que era.
Hiroshi identificó aquella como su oportunidad de oro para lanzar una frase definitiva.
—Porque siempre eres la mejor vista...
Asami nunca había sido una chica de sonrojarse ante piropos y frases para ligar, pero en aquel momento, se sintió como la adolescente que era y no pudo evitar que la sangre se acumulara en sus mejillas y que su corazón se acelerara dentro de su pecho.
Bingo. Orgulloso de ver que su frase había dado en el clavo, Hiroshi le sonrió con una soltura y una picardía que ella jamás había visto en él —¡y que no tenía idea que tenía!— y después hizo algo que la dejó todavía más atónita que antes: acortó la distancia entre ellos y le dio un beso en la comisura de los labios. Rodeó su cintura con un brazo y luego le acarició el rostro.
—Nos vemos luego —le dijo en un susurro que rozó su boca.
Y así, tan tranquilo y campante como antes, se dio la vuelta y emprendió la marcha por el pasillo, dejándola a ella completamente encantada y confundida y embelesada y desconcertada, sin tener idea de que unos ojos cafés habían estado observando todo a tan solo unos metros de ahí.
Aquel día Ryu se había levantado con la resolución de hablar con Asami.
No tenía idea de qué carajo le iba a decir ni tampoco de cómo iba a hacer, pero lo que sí sabía es que la chica lo traía completamente loco, y que por ella valía la pena sacrificar otras cosas. ¿Le daba miedo comprometerse y entrar en una relación? Sí. ¿Era consciente de que, al hacerlo, ya no podría estar con otras chicas? Sí. ¿Estaba dispuesto a intentarlo por Asami? También.
En el trayecto de su casa al colegio, pensó cuál sería la mejor forma de abordarla e intentó ordenar las palabras que le diría. Quería que ella supiera que, si bien no le estaba prometiendo amor eterno, al menos sí quería que su relación ya no se limitara únicamente a acostarse y ya. Ella quería más y finalmente él estaba dispuesto a dárselo. Le había tomado mucho tiempo porque era inmaduro y egoísta, pero esperaba que Asami pudiera entenderlo.
Durante el tiempo que habían estado separados y sin hablar, Ryu reflexionó mucho sobre su relación con Asami. A pesar de que se habían hablado claro desde el inicio y habían dejado sobre la mesa que lo suyo era casual, sin compromiso, y que cada uno podía hacer lo que quisiera con otras personas, él no había ligado con ninguna otra durante ese tiempo. Sí, había flirteado con muchas, pero no concretado con ninguna. ¿Por qué? Lo cierto es que le encantaba Asami y le era más que suficiente. No necesitaba buscar a otras chicas, porque la química que tenía con ella era demasiado explosiva y fuerte, y además estaba seguro de que sería difícil que otras chicas cumplieran los altos estándares que él tenía gracias a Asami.
Al llegar a clases pensó que lo mejor sería tener un gesto romántico, así que usando su móvil ordenó girasoles para que se los trajeran a la Academia a la hora del receso, convencido de que a ella le gustarían. No obstante, luego pensó que lo mejor sería esperar hasta la salida, ya que así tendrían más tiempo para hablar y luego para irse juntos, así que se pasó todo el día fantaseando con el final de las clases y con el momento en el que Asami se lanzaba a sus brazos. Pero en la vida las cosas no siempre se daban como uno quería.
Ryu sabía que los días que 'Sami no tenía práctica con las animadoras, solía irse rápido porque su chófer la esperaba en los estacionamientos, así que debía apurarse y buscarla. No pudo hacerlo con la velocidad que quería, porque varios de sus compañeros del equipo lo interceptaron para hablar del torneo, el cual ya estaba en la parte más importante. Ryu los sacudió como pudo y salió corriendo hasta la entrada del colegio para recoger las flores antes de hablar con Asami. Pero cuando finalmente la encontró… su sirena parecía estar adentrándose en otras aguas.
Ella y Hiroshi Tsujitani siempre habían sido muy buenos amigos. Para Ryu, Hiroshi era uno de esos chicos inofensivos que las mujeres siempre tenían en la friendzone y que jamás sacaban de ella. Pero al juzgar por la cercanía, la complicidad y la intimidad con la que los vio hablar y despedirse, se dio cuenta de que allí había algo más. Hiroshi había mirado a Asami como un hombre ve a una mujer a la que desea y quiere. Y ella lo había mirado a él… de una forma que llenó a Ryu de unos celos que jamás pensó sentir.
Antes de acercarse a ella, tuvo que tomar una bocanada de aire para que no se le notara lo celoso y molesto que lo había hecho sentir ver a su sirena en un plan tan cariñoso y especial con otro tío. Tras hacerlo, caminó hacia ella y se detuvo cuando estuvo junto a su casillero.
—Pensé que Hiroshi era tu amigo.
A pesar de que la puerta de su casillero estaba abierta y que le tapaba la cara a la persona que se había detenido junto a ella, Asami supo perfectamente de quién se trataba. Le tomó varios segundos entender el trasfondo de lo que Ryu, que había salido de quién sabía dónde, acababa de decirle.
—Hiroshi es mi amigo —Respondió sin bajar la guardia y guardó el último libro.
—Pues te veías muy cariñosa con él antes —dijo él en el mismo tono de antes—, y yo no sabía que hacías esas cosas con tus amigos.
Asami soltó una risita irónica y negó con la cabeza mientras cerraba la puerta. Lo observó y se desconcertó al notar que parecía… ¿celoso? ¿Todo bien con el universo el día de hoy?
—Esas cosas que insinúas hacía contigo, y tú y yo somos mejores amigos, según le dijiste a Shizuka Okitsu al invitarla al Baile de Invierno, —le guiñó un ojo—, ¿o ya no te acuerdas?
Touché. Ryu se sintió como un completo imbécil ante el recordatorio del que era, probablemente, el peor error de su vida.
—¿Me vas a sacar eso en cara toda la vida? —Preguntó a la defensiva.
—No —Asami fue sincera—, de hecho, no pensaba volver a mencionarlo jamás, pero ya que tú has hecho esos comentarios que no vienen a cuenta, me lo has puesto en bandeja y yo he aprovechado. —Se encogió de hombros y comenzó a caminar en dirección a los estacionamientos.
Ryu no se quedó atrás. Aceleró el paso para alcanzarla y caminar junto a ella. Sabía que no tenía demasiado tiempo.
—¿Te gusta? —Le preguntó preparándose para lo peor.
Asami sentía que el corazón iba a salírsele del pecho. Primero, Hiroshi hacía otra de esas cosas que solo servía para confundirla y atraerla más; segundo, Ryu aparecía haciendo preguntas y persiguiéndola para que ella se justificara ante él. Lo ignoró durante un momento, hasta que finalmente decidió responder con una evasiva.
—Ya te dije que Hiroshi es solo mi amigo. —Respondió aparentando toda la calma que no sentía.
—Eso no responde mi pregunta.
Ryu sabía que Asami solía usar evasivas cuando no quería responder a una pregunta cuya respuesta era afirmativa. Sintió que su corazón daba un vuelco ante la posibilidad de que ella hubiera pasado la página y ahora estuviera interesado en otro chico. Ella, por su parte, sintió una mezcla de rabia y molestia en el pecho. ¿Por qué coño Ryu, que le había dejado muy claro que no quería comprometerse, ahora aparecía ofendido y celoso de que a ella pudiera gustarle Hiroshi?
—¿Y a ti qué más te da si me gusta o no? —Le dijo de forma desafiante deteniéndose junto a la puerta del Mercedes-Benz negro—. ¿Cuál es el problema? ¿Solo me puedes gustar tú?
Ryu quiso gritarle que sí, pero no lo hizo. ¿Con qué derecho iba a hacerlo? En cambio, decidió decirle lo que tenía atravesado en el pecho.
—Mi problema es que yo sé que yo te gusto. —Le dijo con firmeza mientras fruncía el ceño—. Mi problema es que sé que no me has olvidado. Lo sé por lo que veo en tus ojos, lo sé por la forma en la que tu cuerpo reacciona cuando estoy cerca de ti —dio un paso adelante y su rostro quedó a escasos centímetros del de ella—, lo sé porque te conozco como la palma de mi mano, 'Sami. Y si quieres que siga cantándote la lista, mi problema es que tú también me gustas y no quiero estar lejos de ti, porque solo un imbécil querría estar lejos de la chica más increíble del puto planeta. Sí, estoy admitiendo que soy un idiota por no habértelo dicho antes, pero te lo digo ahora. —Cogió el rostro de la chica entre sus manos y le plantó un beso en la boca—. Me vuelves loco, Asami Kobayashi. No puedo dormir ni hacer nada sin que te me atravieses en la cabeza. Me vuelves loco, me encantas y te quiero, coño.
Sin importarle que el chófer de Asami estuviera esperando dentro del coche, volvió a besarla, esta vez de una forma que no dejaba tela de duda sobre lo que sentía por ella. La deseaba con locura y su cuerpo ardía por ella con una intensidad que antes de conocerla había sido prácticamente desconocida para él, pero también la quería porque la chica siempre conseguía sacar lo mejor de él, incluso aunque le aterrorizaba la idea de comprometerse.
Aunque al principio Asami se resistió al beso, pronto se dejó llevar y rodeó el cuello de Ryu con sus brazos, olvidando por completo el lugar en el que estaban. Lo había echado de menos y aquella confesión, aunque la había aturdido, había despertado en ella ciertas cosas que se había esforzado en sepultar.
De pronto, recordó cómo había iniciado la conversación. Ryu intentando averiguar si entre Hiroshi y ella había algo. La emoción que sentía en el pecho se convirtió en un nudo en el estómago al contemplar la posibilidad de que el chico solo estuviera diciéndole eso porque la había visto con otro. Se separó de él y lo apartó con la mano, haciendo que el chico diera dos pasos hacia atrás.
—¿Crees que puedes aparecerte cuando te dé la gana y simplemente besarme porque quieres? —Le preguntó molesta, sintiendo en la garganta los latidos de su corazón—. Solo me dices esto porque me viste con otra persona.
—Eso no es verdad —contestó él con la respiración todavía agitada por aquel beso apasionado.
—¿En serio esperas que te crea después de todo lo que ha pasado?
Ryu se quiso arrancar los cabellos ante la terquedad de Asami. Sabía que la chica estaba en todo su derecho de no creerle y de mostrarse así, fría y recelosa, pues él era el único culpable de todo eso. ¡Pero aun así lo sacaba de quicio que no le creyera, y que pudiera enamorarse de otro, y que ese otro fuera su amigo Hiroshi!
—¡Sí, me jode verte con otro! ¿Vale? —Exclamó—. ¡Me jode un montón y quisiera poder evitarlo! ¡Pero esto que te estoy diciendo no tiene nada que ver con eso!
Asami dio un paso adelante y lo miró de frente.
—Pues no te creo.
Ryu sintió frustración por todo su torrente sanguíneo. Gruñó algunas cosas inentendibles y luego se descolgó la mochila del hombro para buscar las flores. Las había guardado allí tras recibirlas porque le daba vergüenza que alguien lo viera por ahí llevando flores. Quería estar con Asami, pero le costaba aceptar públicamente todas esas cosas cursis de las relaciones. Tampoco iba a deconstruirse de la noche a la mañana...
Le entregó los girasoles a Asami, haciendo que la chica se mostrara completamente atónita ante aquella inesperada sorpresa. Los girasoles eran su flor favorita… y ella nunca había tenido idea de cómo Ryu lo había averiguado.
—Te las compré porque desde hace varios días quería hablar contigo, pero no lo hice antes porque soy un idiota, pero ahora lo estoy haciendo. —A pesar de que estaba teniendo un gesto romántico con ella y que le había confesado lo que sentía, tenía el ceño fruncido y estaba molesto—. No te puedo obligar a que me creas, 'Sami, pero por favor considéralo.
—¿Todo en orden, señorita Asami?
La voz de Huang, el chófer, hizo que ambos adolescentes miraran al hombre de mediana edad que se había bajado del coche. Ryu maldijo internamente la aparición del tipo y estuvo a punto de decirle que volviera al interior del coche y no se metiera en los asuntos ajenos, pero Asami se me adelantó.
—Sí, Huang, todo bien. Enseguida… nos vamos.
El hombre asintió con la cabeza y, antes de volver al interior del coche, le envió una última mirada al jovencito que había besado de forma casi desesperada a la señorita Asami.
—Gracias por las flores. —Le dijo Asami a Ryu—. Que te vaya bien.
Le pasó por un lado y se subió al asiento trasero del coche sin decir nada, consciente de que Ryu se había quedado esperando una respuesta. Pero ¿qué podía decirle, si ni siquiera era capaz de poner en orden sus sentimientos? Lo sentía por él, pero ella no iba a darle una respuesta bajo presión simplemente porque a él ahora le hubiera dado la gana de quererla.
Ahora era su turno de sufrir.
Cuando Asami llamó a Akane para decirle que estaba yendo a su casa a buscarla, la menor de las Tendo miró su reloj. Eran las seis de la tarde. Ella se encontraba en mitad de los deberes, pero no fue capaz de negarse ante la petición de su amiga de acompañarla al centro comercial a hacer algo muy importante, según le había dicho.
Durante el trayecto en coche, 'Sami mantuvo en secreto qué era eso que tenía que hacer o comprar en el centro comercial, y simplemente se limitó a decirle a Akane que era algo que marcaría un antes y un después en la vida de Yuka.
Al llegar, Akane intentó adivinar un par de veces hacia dónde se dirigían, siempre sin éxito. Pero tras subir las escaleras eléctricas y ver que su amiga caminaba en dirección de la sex-shop del segundo piso, Akane se sonrojó completamente y negó con la cabeza.
—No estarás pensando entrar ahí.
Asami esbozó una de sus sonrisas traviesas y alzó ambas cejas. Akane la miró con una mezcla de incredulidad y vergüenza. Se plantó firme en el suelo y se cruzó de brazos y mientras volvía a negar con la cabeza. Su amiga puso su mano en uno de los brazos cruzados de Akane.
—Akane, escucha. —Habló en un tono solemne y la miró con seriedad—. Es nuestra responsabilidad ayudar a Yuka. Podemos dejar que ella decida explorar su cuerpo y encontrar qué es lo que le gusta, pero conociéndola, no sé qué tan pronto lo haga. —Esta vez, su rostro volvió a adquirir la expresión picaresca de antes—. Podemos hacer eso o... podemos darle un empujoncito… regalándole algo que seguro la llevará al máximo placer.
Akane estaba de acuerdo con su amiga en eso: era muy importante que Yuka emprendiera el camino hacia el autodescubrimiento del placer sexual. Sin embargo, le daba muchísima vergüenza entrar a una sex-shop.
—El letrero pone que solo pueden entrar mayores de edad. —Dijo como argumento para disuadir a Asami.
—Nada que el dinero no pueda cambiar —dijo guiñándole un ojo a su amiga y tomándola de la mano.
Además de porque quería comprarle un regalo a Yuka, Asami quería ir a la sex-shop porque pensó que aquella era una buena forma de distraerse y entretenerse para no pensar en la declaración de Ryu —que ponía su corazón a latir fuertemente— ni en los coqueteos que Hiroshi le mandaba por WhatsApp —que la hacían sonreír y morderse el labio—, pues quería algo de paz mental.
Entraron a la tienda y el encargado las miró de arriba abajo, sospechando que esas dos chiquillas no debían tener ni siquiera dieciocho años. Suspiró. No estaba siendo un buen día, así que aceptaría a cualquier cliente con tal de que tuviera dinero para pagar, y así como esas dos jovencitas no parecían ser mayores de edad, sí aparentaban venir de un entorno privilegiado.
Las dos amigas se adentraron en la tienda, sus ojos absorbiendo todo cuanto veían. Disfraces, juguetes de todo tipo y para todos los gustos, lubricantes, látigos y fustas… aquel lugar ofrecía un mundo completamente desconocido para ellas, pero que no por ello era menos interesante.
Asami entró a un pasillo que ponía «Juguetes para mujeres».
—Veamos... —comenzó a leer las categorías, maravillada de que todo estuviera tan ordenado, lo cual facilitaba la experiencia del cliente—, vibradores, masturbadores externos, masajeadores de clítoris… ¿qué…? —Frunció el ceño—. ¿Qué coño es esto? —Sus ojos se abrieron al ver una caja con lo que parecía ser un Bop It sexual de color morado. Lo cogió del estante y se lo enseñó a Akane con media sonrisa.
La menor de las Tendo parecía tan sorprendida como su amiga, mientras intentaba descifrar para qué una persona necesitaría de un juguete tan… sofisticado.
—¿Dónde se supone que va esto? —Preguntó Akane señalando una de las puntas del aparato.
—¡No tengo idea!
Compartieron una risa juguetona y divertida antes de que Asami devolviera el juguete y continuara con su búsqueda. Su rostro pronto se iluminó y una enorme sonrisa de satisfacción surcó su rostro al dar con algo que prometía solucionarle la vida a Yuka.
—Eureka.
Cogió la caja rosada del estante y se la mostró a Akane, que frunció el ceño mientras leía la descripción de aquel juguete. Alzó las cejas y miró a Asami con una clara muestra de interés. La animadora usó su móvil para buscar en Google algunos reviews del aparato, y se sintió más que complacida al leer a todas esas mujeres que decían que sus vidas tenían dos capítulos: antes y después del juguetito. Sin perder más tiempo, 'Sami cogió la caja de las manos de Akane y se dispuso a caminar hacia la caja. De repente, se detuvo en medio del pasillo y se devolvió a la estantería de donde había cogido el juguete. Le entregó la caja a Akane.
—¿Qué haces? —Preguntó la menor de las Tendo al ver que su amiga cogía dos cajas más.
—Voy a comprar uno para cada una.
Akane miró a su amiga con incredulidad, sin evitar imaginarse a sí misma usando aquel juguete.
—¿Estás loca?
—Para nada, nunca había pensado con tanta claridad en toda mi vida.
Caminó a la caja para pagar mientras ignoraba las quejas y preguntas de Akane.
—Agradece que solo estoy llevando para nosotras tres y no para Hiroko y Sayuri. —Le dijo al ver que su amiga volvía a cuestionarla—. Una parte de mí cree que Koko es asexual, ¡lo cual no tiene nada de malo! Pero no voy a regalarle un juguete sexual a alguien asexual. —Explicó, como si fuera lo más evidente del mundo—. Y a Sayu tampoco, porque estoy segura de que va a pegar el grito en el cielo. Así que no seas mojigata y vamos.
Llegaron a la caja y Asami dejó las tres cajas en el mostrador, mientras ofrecía una amable sonrisa al vendedor, que no debía tener más de treinta y cinco años. El hombre, a quien la sonrisa de la chica no le hizo ni cosquillas, actuó según el protocolo.
—¿Me permite su identificación?
Akane pareció nerviosa. Lo único que faltara es que llamaran a sus padres o que las sacaran de ahí con seguridad. Pero Asami, que no se dejaba amedrentar con facilidad, simplemente expandió su sonrisa.
—¿Es eso realmente necesario? —Le dijo mientras le extendía su black card, que era una extensión de la de su padre, y batía sus pestañas de forma encantadora.
El hombre miró la tarjeta y luego recordó el precio de los productos que la chica estaba llevando. Suspiró. Dinero era dinero. Recibió la tarjeta, cobró y luego guardó las cajas en tres bolsas diferentes, como la chica le había pedido. Akane suspiró aliviada al ver que las bolsas no tenían ningún tipo de logo o branding.
Estaban a punto de salir, cuando Asami vio algo más que le llamó la atención. Justo en ese momento, Akane reconoció a una persona dentro de la tienda. Sintió que le fallaron los tiempos y que estaba a punto de desmayarse de la vergüenza. Se giró y cogió a Asami fuertemente del brazo. Le costó hablar.
—Asami, vámonos ya —dijo en un susurro arrastrando las palabras.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasa?
—Porque acabo de ver a alguien conocido, ¡vámonos ya!
Asami alzó la mirada y buscó a la persona de la que Akane hablaba, pero no la encontró por ningún lado.
—¿Quién es?
—Después te digo, pero ¡vámonos!
Pero la animadora quiso averiguarlo de inmediato. ¿Sería algún profesor? ¿La directora Miyakoji, o tal vez la profesora Suzuki? ¡Ja! ¡Ella no pensaba perderse de ese espectáculo! Dio un par de pasos hacia adelante y Akane casi se muere al ver que su amiga planeaba averiguar quién era el conocido que andaba por ahí.
—¡Asami! ¿Estás loca? ¡Nos va a ver!
—Pero ¡quién es! ¡Dime!
—¡Es Gosunkugi!
A Asami le tomó varios segundos procesar lo que acababa de escuchar.
—¿¡Hikaru Gosunkugi!?
—¡Baja la voz que te va a escuchar!
Asami se llevó ambas manos a la boca para reprimir las carcajadas que la invadieron. No podía creer que su compañero estuviera ahí ese día y a esa hora. Pero lo que más le daba risa era que fuera precisamente él, Gosunkugi, y no cualquiera de sus otros compañeros.
—¿Crees que esté comprando porno de cadáveres?
—¡Qué asco! —Akane arrugó el rostro, completamente asqueada y disgustada ante el pensamiento de que hubiera gente que practicara la necrofilia—. Honestamente, no sé qué vino a hacer aquí y tampoco lo quiero averiguar.
—Pero yo sí.
Akane abrió los ojos de forma exagerada al ver que su amiga se aventuraba por uno de los pasillos de la tienda en busca de su compañero de clases.
—¡Asami, Asami! ¡Vuelve aquí!
Pero la animadora la ignoró completamente. No tardó demasiado tiempo en encontrar a Gosunkugi en uno de los últimos pasillos, que incluía literatura y material multimedia de alto contenido erótico.
—¡Gosunkugi, qué sorpresa verte por acá! —Exclamó con emoción, haciendo que el chico pegara un brinco y soltara el librito que tenía en la mano.
Por primera vez en su vida, Asami vio que el pálido rostro de Gosunkugi adquiría algo de color. Tuvo que aguantarse la risa al ver la sorpresa y la vergüenza en el rostro de su compañero de clases.
—A-a-a-sami —dijo a duras penas—, h-h-h-ola. ¿Q-qué haces a-quí?
—Ah, solo vinimos a mirar y comprar unas cosas —dijo de forma casual y se encogió de hombros—, ¿y tú qué tal? ¿Buscando algo para leer? —Le guiñó un ojo y el chico escondió detrás de su cuerpo el libro que tenía en la mano.
—Ehhh, sí, quiero decir, ¡no! Bueno… yo… espera, ¿dijiste vinimos?
—Ah, sí, es que vine con Akane. ¿Te acuerdas de Akane? Está en nuestra clase.
El rostro de Gosunkugi fue un poema. Su rostro se puso todavía más colorado de antes y Asami pensó que iba a desmayarse, pues parecía estar intentando decir algo, pero no era capaz de articular palabra.
—¿A-a-a-kane? ¿Akane T-t-tendo?
Asami pensó que debía inscribirse en el club de teatro. El control que tenía para no explotar de la risa era digno de admirar.
—Sí, Akane. Debe estar por ahí, ¡Akane, Akane, ven!
Su amiga no tardó en aparecer. Cuando Asami la vio, identificó en sus ojos lo que parecía ser impulso homicida. Sí, Akane iba a matarla en cuanto salieran de allí. Pero al menos ella haría que valiera la pena. Miró a Gosunkugi e intuyó que en cualquier momento iba a empezar a sangrarle la nariz.
—A-kane, h-o… h-hola. —Como siempre que miraba a Akane, Gosunkugi parecía estar viendo a un ángel.
—Hola, Gosunkugi.
Luego de lo que a Akane le pareció una cruel eternidad, Asami y ella salieron de la tienda después de que la animadora le hiciera a Gosunkugi varias recomendaciones no solicitadas sobre qué podía comprar. Muerta de risa, Asami cogió a Akane de la mano y prácticamente la arrastró por todo el centro comercial hasta que llegaron al estacionamiento, donde esperaba el chófer de Asami.
—Antes de ir a dejarte, vamos a pasar por la casa de Yuka para dejarle esto.
Akane no respondió. Todavía estaba procesando el hecho de haber ido a sex-shop por primera vez en su vida, y además haberse encontrado a Hikaru Gosunkugi.
—¿Qué? ¿Sigues pensando en Gosunkugi? —Preguntó Asami tras mirarla de reojo—. No me digas que te lo estás imaginando en plan sexual…
Akane no pudo evitar imaginar a Gosunkugi haciendo cosas que ella jamás quería ver de él. Cerró los ojos con fuerza y movió la cabeza a los lados, como si quisiera ahuyentar aquellos pensamientos. Asami decidió bromear más.
—Sí sabes que le gustas, ¿no? Seguro se masturba pensando en ti…
La menor de las Tendo abrió los ojos de forma exagerada, mientras imágenes explícitas de su pálido y flacucho compañero de clases invadían su imaginación.
—¡Te odio, eres de lo peor!
La animadora soltó una carcajada, disfrutando enormemente de poner imágenes mentales no deseadas en la imaginación de su amiga.
Cuando Yuka se ponía a estudiar o a hacer deberes, no prestaba atención a nada a su alrededor. Tenía una enorme capacidad de concentración y una gran habilidad de enfoque que la hacía ser una de las estudiantes más sobresalientes de la Academia.
Aquella tarde, la chica solo notó que su Kurogane, su hermano mayor, estaba en la casa porque el chico entró a su habitación a saludarla. Su hermano residía en el campus de la universidad, por lo que Yuka no solía verlo entre semana. Kurogane le indicó que había ido a la casa a buscar unas chaquetas de esquí pues pensaba irse a Niseko con sus amigos el fin de semana.
Cuando Yuka terminó de estudiar, cerca de las siete y media, salió de su habitación y se dio cuenta de que sus padres todavía no llegaban. Se dirigió a la habitación de Kurogane, que ya había empacado sus chaquetas y estaba sentado en su cama viendo su móvil. Charlaron un rato hasta que el chico le dijo que se iba.
—Por cierto, ¿ya viste tu regalo?
Yuka frunció el ceño.
—¿Cuál regalo?
—El que te llevé cuando te fui a saludar a tu habitación. —Negó con la cabeza y se rio al ver que su hermanita no había cambiado nada. Seguía siendo un ratón de biblioteca—. Bueno, te lo dejaron abajo y me lo dio el concierge cuando llegué. Lo dejé en tu cama.
El chico se despidió de ella con un abrazo y un beso y se marchó. Yuka se dirigió a su habitación cavilando sobre quién podría haberle traído un regalo. ¿Sería alguna sorpresa de Daisuke? Su novio era muy detallista, pero no solía comprarle ni darle nada sin avisarle antes.
Entró a su cuarto y vio que sobre la cama había una caja envuelta en una bolsa cerrada con cinta. Se acercó y notó que el paquete tenía pegada una pequeña tarjeta blanca que estaba doblada en dos y cerrada en el medio con una calcomanía. En la parte visible se leía su nombre. Yuka la despegó del regalo y la abrió, removiendo la pegatina y reconociendo la caligrafía de Asami al leer lo que había escrito:
«Si Daisuke no hace que tu vagina se convierta en Tomorrowland, esto si lo hará. ¡Disfrútalo!»
A Yuka la invadió una mezcla de sorpresa, vergüenza y sobre todo curiosidad, intuyendo lo que podía haber dentro de la caja, a juzgar por el mensaje y por quién se lo había enviado. Con el regalo todavía en la mano, se dirigió a la puerta para cerrarla y poner el seguro. Luego se sentó en su cama y abrió la bolsa para sacar su contenido, dejando ver una caja rosada con un diseño bonito, que mostraba un extraño y moderno aparato que Yuka no había visto jamás.
—Satisfyer —leyó en voz alta.
Siendo una chica curiosa y dada a la investigación, Yuka se acercó a su escritorio y abrió su MacBook. Se sentó en la silla y escribió la palabra Satisfyer en el navegador, recibiendo en segundos cientos de miles de resultados. Cuarenta minutos después, Yuka había leído numerosos artículos, comentarios y reviews acerca del producto, y además había visto un par de vídeos donde varias mujeres daban sus mejores recomendaciones y tips de uso. Impulsada por la información recientemente adquirida y por la privacidad que le daba el estar sola en casa, Yuka se acostó en su cama y se aventuró a usar el dichoso aparatito.
Un rato después comprendió perfectamente por qué Asami le había escrito en la tarjeta que ese juguete convertiría su vagina en Tomorrowland.
En este capítulo han pasado varias cosas que mucha gente estaba esperando, como conocer el estatus de la relación de Yaisuke, ver sufrir a Ryu, ver a Hiroshi ser más directo con Asami, ver a Asami considerando darle una oportunidad a su amigo, ver a las Poppies tener una conversación de chicas... ¡en fin! Ha habido de todo.
Sí, sé que no hemos tenido mucho Rankane en este capítulo, pero todo esto era/es muy importante para el desarrollo de la trama y de los personajes complementarios. Les prometo que el próximo capítulo está lleno de nuestros protagonistas favoritos.
Pasando a los hechos concretos... Asami tiene de dónde escoger, pero no parece tener del todo claro lo que quiere. ¿Ustedes qué harían? Y sobre Yuka... Daisuke tiene que ponerse las pilas porque sino será remplazado por un juguete con baterías recargables. Y sobre Akane... así que está celosa de Ukyo. La pobre no tiene ni IDEA de que a U-chan le van las chicas. Qué lío y qué confusión, ¿no?
Quiero agradecerles a todos por leer la historia, por agregarla a alertas y a favoritos, y sobre todo por dejarme comentarios. Como saben, respondo a TODOS los reviews; los que tienen cuenta en FF, revisen sus mensajes privado que por ahí les respondo; y los que no, abajo están sus respuestas. ¡Gracias a todo! Me encanta conocer sus opiniones y comentarios, hacen que esta aventura sea mucho más divertida y gratificante.
Respuestas a reviews de usuarios no registrados:
Felicius: jajaja esa canción ha marcado a toda una generación. Sí, sí, a Hiro le dieron la mano y se cogió no el brazo, ¡sino todo el cuerpo! Jajaja. Lo de la espinita me parece que ha quedado bastante claro tras este capítulo, pero dejo que saques tus propias conclusiones.
Javi: al final, estos son los momentos que demuestran quién es un hombre hecho y derecho de verdad, y no otras tonterías que mucha gente piensa. Nabiki SIEMPRE en mi equipo, en este capítulo fue Zidane en la final de la Champions del 2002, o Ramos en la final del 2014. Tus palabras fueron muy bonitas y además llegaron en un momento de bajón emocional, así que sirvieron para animarme, ¡gracias otra vez! Y claro que eres leído y tomado en cuenta, desde tu primer review, solo que antes no contestaba a los reviews de la gente que no tiene cuenta jaja. Jajaja todos aman a Hiroshi, hombres y mujeres, pero es que es una persona muy especial y buena. Para cuando leas esto ya tendrás más detalles tanto de Ryusami como de Hirosami jajaja.
Jessie: jajaja el club de fans Hiroshi es enorme. De triángulos amorosos prefiero no hablar, pero no hemos visto todo todavía. Lamento que el capítulo anterior te haya traído recuerdos amargos. Te agradezco por tus palabras al decirme que supe reflejar las emociones de Akane.
Grace: es así, el dinero es poder y la gente poderosa tiene mil formas de salirse con la suya. Es normal que una chica joven como Akane haya preferido ahorrarse esos dolores de cabeza. Y sí, tanto Taro como Miyakoji hicieron lo que tenían que hacer. Estoy de acuerdo contigo, Kuno todavía es muy joven y los mayores responsables de que sea como es son sus padres, pero a veces la gente prefiere la negación para no aceptar verdades que son dolorosas o sórdidas. No dudes que tras terminar Aviones de papel vendrá otra historia, la cual ya está en ciernes... ;-)
Hikari: Nabiki es BRILLANTE jajaja, tanto para lo malo como para lo bueno, lo bueno es que, como dices, la chica sí tiene un buen corazón y eso hace que no sea una emperatriz del mal jaja. Ranma está demostrando ser un chico de 10 que adora a Akane y que valora muchísimo la relación que tiene con él. Jajaja me has hecho reír con lo de lazo de cochino. ¡AMO que te gusten las otras historias y parejas! Tenía algo de miedo de que la gente se aburriera, pero es gratificante saber que les está gustando que la historia no solo se limite a neustros pelinegros favoritos.
Skyg: ¡muchas gracias por leer la historia y dejar un comentario! Aprecio mucho tus palabras, de verdad que sí. Me alegra que estés disfrutando de la historia.
Guest: ¡aquí la tienes! Gracias por leer :).
