Aviones de papel
Capítulo XVIII:
"Cupido"
Ah, la alegría de poder disfrutar de una deliciosa siesta sin interrupciones...
Dormir era uno de esos pequeños placeres que Ranma consideraba una de las piezas angulares de la vida. Aquella tarde de jueves, precisamente, el joven de la trenza se encontraba disfrutando de un profundo y apetecible sueño, en el que no había preocupación alguna. Pero como casi todo lo bueno en la vida, aquel sueño profundo también tuvo su final.
Todo comenzó con unos ruidos lejanos que parecían venir de su subconsciente. Poco a poco comenzaron a hacerse más cercanos, hasta materializarse en la realidad. Fue entonces cuando a Ranma le fue imposible permanecer dormido durante más tiempo. Abrió los ojos a duras penas, siendo consciente por primera vez del ruido que parecía inundar las paredes de su casa. Todavía le tomó algo de tiempo espabilar, pero al hacerlo, finalmente se dio cuenta de que había un escándalo en el apartamento.
Pronto fue consciente de la algarabía que parecía escucharse no solo por todo el apartamento, ¡sino en el edificio! así que no tardó en incorporarse y poner los pies en el suelo. Fue allí cuando sintió algo frío que lo hizo estremecerse. Bajó la vista y sus ojos casi se salen de sus órbitas al ver una enorme cantidad de agua en toda la habitación, tanta, que le llegaba casi a los tobillos.
—¿Qué mierda…?
Salió de la habitación y comprobó que había agua en todo el edificio. Sus padres iban de un lado al otro desconectando electrodomésticos de los tomacorrientes y llevando objetos de lado a lado.
—¿Qué ha pasado? —Preguntó preocupado.
Su madre apenas alcanzó a mirarlo.
—Se han roto dos tuberías en el último piso y se está inundando el edificio —explicó Nodoka con una clara expresión de preocupación.
—¿Qué? —Ranma parpadeó confundido y abrió la boca sin entender lo que su madre acababa de decirle. Pero, ¿cómo era eso posible?—. Pero ¿cuándo? ¿Cómo? ¿Y qué…?
—¡No hay tiempo para explicaciones! —La voz grave de su padre, quien estaba en la cocina, se hizo presente—. ¡Ayuda a tu madre con las cosas!
Ranma obedeció, abrumado por todo lo que estaba sucediendo, especialmente porque tenía poco tiempo despierto.
Una hora después, los residentes del edificio esperaban en la calle frente a su residencia, mientras los especialistas entraban para evaluar los daños. Los Saotome se miraban las caras con preocupación, temiéndose lo peor. Lo más probable es que la administración del edificio pidiera un desalojo general, lo cual implicaba un dolor de cabeza, pues los residentes tendrían que buscar un lugar donde vivir durante el tiempo que duraran las reparaciones.
Los peores temores de los presentes no tardaron en confirmarse, cuando uno de los vecinos, que había estado hablando con la administración del edificio y con los plomeros y otros profesionales, se acercó al tumulto de gente para darles el veredicto.
—Todo apunta a que las reparaciones durarán varios días, y también tomará tiempo sacar el agua y arreglar las posibles filtraciones.
—¿Y mientras tanto qué vamos a hacer? —Preguntó una mujer de mediana edad.
—Me temo que tendremos que desalojar el edificio por nuestra seguridad. —Explicó con congoja—. La inmobiliaria hará lo posible por reembolsar cualquier gasto de hotel, pero tendrá que ser contra factura...
Una sinfonía de quejas y críticas se hizo presente entre la multitud de inquilinos y propietarios. Nodoka pareció triste ante aquella noticia. Ranma, que la observaba, supo que su madre no solo estaba así por el evento desafortunado que les había tocado vivir, sino también porque sus padres tenían meses planeando su viaje de aniversario a la ciudad de Nagoya, y lo más probable es que tuvieran que cancelarlo. No solo porque viajar a Shibuya implicaba un gasto, sino porque la estadía en un hotel más todos los consumos también.
—Hablaré con Soun para decirle que no podremos ir a Nagoya —comentó Genma mientras sacaba su móvil—, no deberíamos hacer ese gasto.
Nodoka asintió con la cabeza y Ranma la abrazó mientras su padre se alejaba del grupo para hablar con su amigo.
El matrimonio Saotome había planeado un viaje por su vigésimo aniversario, y habían decidido incluir a Soun Tendo y a una amiga de Nodoka que también era viuda, y con quien ella creía que el patriarca Tendo podía llegar a tener una relación especial.
—No te preocupes, mamá —le dijo Ranma mientras la besaba en la mejilla—, ya podrán ir el año que viene, por su aniversario veintiuno.
La mujer esbozó una dulce sonrisa ante las intenciones de su hijo de subirle el ánimo. Compartieron un abrazo cariñoso y pronto ella comentó que lo mejor sería empezar a buscar hoteles a precios asequibles, y que preferiblemente quedaran cerca de esa zona para no alterar demasiado los horarios y rutinas de la familia.
Unos minutos después, Genma apareció con una expresión muy distinta a la que tenía antes. Se veía contento y satisfecho, lo opuesto a cómo debería verse un hombre al que han obligado a desalojar su casa por una inundación.
—¡Buenas noticias! —Comentó exultante—. ¡Soun nos ha ofrecido quedarnos en su casa durante estos días! ¡Y sin pagar nada! —Al decir aquello, sus ojos destellaron con un brillo particular que Ranma conocía muy bien, pues era el brillo que siempre aparecía en la mirada de su padre cuando conseguía alguna ganga u oferta.
—Espera, Genma, ¿cómo? —Nodoka pareció avergonzada—. No le habrás pedido…
—No, cariño, ¡claro que no! —Se acercó a su mujer y la estrechó en un abrazo que era cariñoso sin dejar de ser brusco—. Solo le conté que tú y yo no podríamos ir al viaje y le expliqué por qué, y luego él muy amablemente se ofreció a darnos posada. ¿No es esa una maravillosa noticia? —Expandió su sonrisa y atrajo a Ranma al abrazo, para estrecharlo también de forma poco delicada y despeinarlo con un coscorrón—. ¡Nos ahorraremos un buen dinero y además podremos ir a Nagoya!
Ranma consiguió librarse del abrazo de su padre y se acomodó el pelo, incómodo ante las muestras de afecto de su progenitor. Pero al menos su madre había recuperado la sonrisa y la ilusión que le generaba su viaje de aniversario, así que Ranma también esbozó una sonrisa.
—Ahora tenemos que ir a recoger las cosas que llevaremos a casa de los Tendo —explicó Genma—, no lleven demasiado, tampoco quiero que Soun crea que tenemos pensado instalarnos allí para siempre. —Se llevó una mano al mentón—. Aunque, pensándolo bien, no sería mala idea. Es una casa muy grande, y, si Ranma y Akane se casan, algún día también será nuestra…
¿Nuestra? Ranma miró a su padre incrédulo.
—¡Genma! —Exclamó Nodoka sin poder creer el morro que tenía su marido—. Por favor.
—¡Solo bromeaba! —Soltó una carcajada y le dio un beso en la frente a su mujer—. Y tú, muchacho —señaló a Ranma con el dedo índice—, será mejor que te comportes mientras estemos en casa de los Tendo. Quiero que Soun vea que tu madre y yo te hemos educado bien y que eres el mejor partido para su hija, ¿está claro?
Sin ganas de discutir, Ranma solo se limitó a asentir con la cabeza.
Le daba igual que su padre fuera un tacaño y un aprovechado, le importaba poco que hubiera una inundación en su apartamento, que tuviera que irse de casa por unos días, que la humedad y las filtraciones pudieran hacer estragos con el edificio... porque lo único que le importaba era que viviría bajo el mismo techo que su perfecta y maravillosa novia durante varios días.
Ah, la alegría de vivir.
Akane regresó a la casa tras dar un paseo por el vecindario con P-Chan. La ventaja de tener una casa con un patio grande es que podía jugar con su perro sin salir de la propiedad, pero de vez en cuando le gustaba dar un paseo largo con él.
Cuando subió a su habitación, se fijó en que Happosai parecía estar acondicionando la habitación de huéspedes, la cual estaba junto a la de ella. Frunció el ceño.
—¿Tendremos visitas?
Sintió que una mano se posaba sobre su hombro
—Así es, hermanita —Nabiki había aparecido por el pasillo y ahora se apoyaba sobre el hombro derecho de Akane—, al parecer ha habido una inundación en la casa de mi cuñadito, así que él y sus padres se quedarán con nosotros mientras se resuelve el problema.
Akane alzó las cejas y pareció preocupada.
—¿Hubo una inundación en la casa de Tofu? ¿Pero cómo…?
La risa de Nabiki dejó su pregunta a medias.
—No ese cuñado, Akane, sino el otro. Tu novio.
La preocupación de Akane no hizo más que aumentar al enterarse de que todo el edificio donde vivían los Saotome había sufrido una inundación debido a unas tuberías rotas o algo así que ella no entendió muy bien. No obstante, una agradable calidez, acompañada de un delicioso hormigueo, se hicieron presentes en su cuerpo.
Él y sus padres se quedarán con nosotros mientras se resuelve el problema...
La idea de convivir con Ranma la entusiasmaba muchísimo, sobre todo porque podrían irse y regresar juntos de la Academia, y desayunar y cenar juntos, y...
—Happosai está alistando esta habitación para los padres de Ranma —explicó Nabiki de forma casual—, él dormirá contigo en tu habitación…
¿Qué? ¿Ella y Ranma dormirían juntos? ¿Su padre estaba de acuerdo con eso? Su corazón comenzó a galopar dentro de su pecho ante la posibilidad de pasar la noche con su novio. Por supuesto, Nabiki no le permitió regodearse demasiado en sus fantasías. Volvió a reírse, esta vez de forma burlona, y subió la mano que tenía apoyada en el hombro de Akane hasta su mejilla, para darle un pellizco suave.
—¡Por favor, que no se te noten tanto las ganas que tienes de dormir con él! —Dijo entre risas—. Lamento decepcionarte y truncar tus fantasías, hermanita, pero solo bromeaba. Ranma dormirá con sus padres en la habitación de huéspedes.
Akane ni siquiera se esforzó en disimular su decepción, pues le daba un poco de vergüenza que Nabiki se estuviera burlando de ella.
—Oh, ¡no pongas esa cara, Akane! —Con sus dedos índices, levantó las mejillas de Akane para dibujarle una sonrisa—. Siempre pueden usar el dojo… —Alzó ambas cejas de forma sugestiva—. No sería la primera vez, ¿no?
Le guiñó un ojo y Akane sintió que se sonrojaba violentamente. Asesinó a su hermana con la mirada y se alejó del umbral de la puerta de la habitación de huéspedes, sin poder creer que Nabiki hubiera hecho un comentario como ese con Happosai cerca.
—No te soporto —le dijo entre dientes.
Por supuesto, Nabiki no había terminado.
—Lo único que voy a aconsejarte es que, por las dudas, escondas tu ropa interior. No vaya a ser que a Ranma le dé por entrar a tu habitación a husmear y decida robarte tus bragas...
Akane se giró para volver a enviarle una mirada amenazante, pero no tuvo tiempo de decirle nada.
—La señorita Nabiki tiene razón —Happosai salió de la habitación y miró a las dos hermanas muy serio—, los adolescentes pueden ser unos verdaderos pervertidos. Cierre bien su puerta y tenga cuidado, señorita Akane.
Sin agregar nada más, les dio la espalda y se dispuso a bajar las escaleras.
Nabiki soltó una carcajada mientras la menor de las Tendo deseaba que se la tragara la tierra y la escupiera en Guam, o en la Patagonia, ¡o en cualquier lugar a miles de kilómetros de allí! No podía creer que el mayordomo de la familia hubiera escuchado esa conversación tan vergonzosa. ¡Y todo por culpa de la impertinente de Nabiki! De pronto, Akane sintió que ya no era tan buena idea que los Saotome se quedaran con ellos; después de todo, eso significaría que ella y Ranma vivirían sometidos bajo las pesadas bromas de Nabiki.
Akane suspiró. ¿Por qué la vida no la dejaba disfrutar de las cosas buenas?
Los Saotome llegaron al dojo poco antes de la hora de cenar.
Soun los recibió con un fuerte y fraternal abrazo, y estuvo a punto de ponerse a llorar al tener al que él consideraba ya su futuro yerno y a sus consuegros en casa. Akane y Ranma, que se habían visto ese día en clases, pronto descubrieron que las fantasías que habían elucubrado en su cabeza no serían fáciles de cumplir. Entre los padres de Ranma, las hermanas de Akane, Soun y el mayordomo, era muy difícil encontrar un momento a solas. Se abrazaron con emoción en cuanto tuvieron un momento a solas, pero al menos podían disfrutar de la compañía del otro junto a sus familias.
Para la cena, Ranma y Akane se sentaron uno junto al otro, lo que les permitió tomarse de la mano y acariciarse con dulzura por debajo de la mesa. De la misma forma en la que Akane se había empezado a mostrar más tímida y retraída tras lo ocurrido con las fotos y Kuno, poco a poco estaba volviendo a ser la misma chica apasionada que Ranma ya conocía y adoraba. No habían gozado de muchos momentos a solas para poder disfrutar íntimamente como pareja, pero sí habían compartido besos apasionados y caricias subidas de tono en los pocos instantes que habían tenido.
Aquella noche fue igual, apenas pudieron intercambiar algunos besos fugaces antes de irse a dormir, cada uno a una habitación distinta. Tan cerca, pero tan lejos. A los dos les costó quedarse dormidos, pues en lo único en lo que podían pensar era en las ganas que tenían de dormir juntos y abrazados, y despertar al lado del otro. Akane al menos pudo desahogar sus deseos ella misma, mientras que el pobre de Ranma, que compartía la habitación de huéspedes con sus padres, tuvo que aguantarse sus ganas y luchar contra sus más bajos instintos para poder dormirse.
Al día siguiente, los residentes e invitados del dojo Tendo se despertaron muy temprano. Las tres hijas de Soun, porque tenían clases como todas las mañanas; el patriarca, porque debía ir a trabajar; el matrimonio Saotome, porque Nodoka quería ayudar en la cocina y Genma porque tenía cosas que hacer de cara al viaje de aniversario, y Ranma, porque también debía ir a clases, aunque la verdadera razón de porque ese día no le había costado despertarse era porque vería a su amada novia a primera hora de la mañana.
Ranma dejó que sus padres hicieran uso del baño primero, para luego ir él. Cuando salió, ya vestido con el uniforme de la Academia, miró a los lados del pasillo para asegurarse de que no hubiera moros en la costa. Podía escuchar las voces de los adultos en la planta de abajo, así que sabía que tanto sus padres como Soun estaban en el primer piso. Caminó hasta la puerta de la habitación de su novia y tocó la puerta. Su novia no tardó en abrir la puerta, también con el uniforme puesto.
—Buenos días, preciosa —Ranma esbozó una sonrisa y se inclinó hacia ella para darle un dulce beso en los labios—, ¿cómo dormiste?
Akane sonrió de oreja a oreja y rodeó el cuello de Ranma con sus brazos, colgándose de él.
—Muy bien, aunque un poco triste al saber que estabas a solo una pared de distancia y no podía abrazarte. ¿Y tú?
—Yo igual, mi amor. —Se mordió el labio inferior—. Aunque… me costó dormirme. No podía dejar de pensar en ti… ¿te había dicho ya que estás muy guapa por las mañanas…?
Akane no pasó por alto que su novio estaba usando el tono galante y la sonrisita seductora que usaba cuando flirteaba con ella y quería que las cosas subieran de tono. Como tantas otras veces, funcionó.
—Sí —comentó ella asintiendo con la cabeza y le lamió los labios despacio—, me lo habías dicho antes, aunque no lo suficiente…
Ranma rodeó la cintura de Akane con sus brazos y la atrajo a su cuerpo. Luego bajó sus manos y aprovechó para apretar las nalgas de su novia.
—Pues estás hermosa por las mañanas —le dio un beso en la boca—, y por las tardes —beso en el cuello— y por las noches —otro beso en la boca—, y a toda hora…
Akane se rio y le dijo a Ranma que él también estaba precioso a cualquier hora. Se besaron con todas las ganas que llevaban acumulando desde el día anterior, pero también desde hacía varias semanas, disfrutando no solo del calor, las caricias y los besos del otro, sino del maravilloso sentimiento de amar y ser correspondido.
—¿No sería mejor que hicieran eso en una de las habitaciones?
La voz de Nabiki hizo que los dos adolescentes se sobresaltaran y se separaran. La chica había salido de su habitación, pero la pareja estaba tan entregada a la pasión que ni siquiera se dio cuenta. Akane se acomodó el uniforme y Ranma miró a su cuñada de reojo, avergonzado de que lo hubiera pillado dándose el lote con su hermana.
—Buenos días, Nabiki.
—Buenos días, cuñadito —le dijo ella y lo miró de arriba abajo—, veo que estás muy feliz de ver a mi hermana esta mañana…
Tanto Ranma como Akane sintieron que iban a morir de combustión espontánea en aquel momento, sobre todo él. El chico se movió hasta quedar detrás del cuerpo de su novia, en un intento desesperado de ocultar la erección que se marcaba en el pantalón del uniforme. Nabiki se rio al ver los rostros rojos y avergonzados de la dulce pareja de enamorados. Les pasó por al lado y habló sin mirarlos.
—Por favor, no tarden. La familia nos espera abajo para desayunar. Y yo tengo hambre. —Tras decir eso, bajó las escaleras con paso rápido, tarareando una canción de los Bee Gees.
Ranma se llevó las manos al rostro y bufó muerto de vergüenza.
—Tu hermana debe pensar que soy un degenerado sexual —dijo con congoja—, ya es la segunda vez que nos encuentra así y que yo…
—No le hagas caso, Ranma —Akane apartó las manos de su novio de su rostro—, a Nabiki le gusta molestar e incomodar a las personas… lo mejor será que no le des ese gusto, porque si nota que tiene ese poder sobre ti, prepárate.
El chico suspiró y asintió con la cabeza, pensando en que al menos sus padres se habían alegrado de que él y Akane hicieran ciertas cosas. Nabiki Tendo también parecía regocijarse del hecho, pero de forma distinta, como si estuviera esperando el momento ideal para usarlo en su contra.
Ranma asintió con la cabeza y le dio un corto beso a Akane, luego ambos se dirigieron al comedor. Allí les dieron los buenos días a los presentes. Los adultos los saludaron y los miraron con ilusión, haciendo que la pareja se mirara un tanto incómoda. Todavía no se acostumbraban a que sus padres estuvieran tan contentos y felices por su noviazgo. Era raro, como si hubieran estado esperando aquello durante toda una vida.
Comenzaron a desayunar poco después. Akane y Ranma, al igual que durante la cena de la noche anterior, compartían miradas cómplices y efímeras caricias por debajo de la mesa, disfrutando a plenitud de la oportunidad de pasar unos maravillosos días de convivencia.
—Cuando regresen del colegio ya no estaremos en casa —comentó Soun mirando a Akane, a Nabiki y a Ranma.
—Así es —añadió Genma y bebió un sorbo de su café—, saldremos de aquí a mediodía para poder llegar con tiempo a Nagoya.
—Volveremos el domingo en la tarde. —Continuó Nodoka—. Entiendo que ya para ese día las reparaciones estarán listas y podremos volver a casa.
Si Ranma se había sentido un hombre afortunado el día anterior al descubrir que tendría la oportunidad de vivir en la misma casa que su novia por varios días, ahora sentía que era el tipo con la mejor suerte del mundo. No solo viviría bajo el mismo techo que Akane, sino que además lo haría sin padres. Eso significaba… que… ¡podía dormir con ella!
Posó su mano sobre la pierna de Akane por debajo de la mesa, consiguiendo que su novia le enviara una mirada cómplice.
—Muchacho, serás el único hombre en la casa durante estos días —dijo Genma en tono solemne—, es tu deber cuidar de estas tres señoritas.
—Oh, estoy segura de que Ranma cuidará muy bien de nosotras, señor Genma —comentó Nabiki mientras se llevaba la taza de té a los labios—, sobre todo de Akane…
La mediana de los Tendo miró a Ranma fijamente mientras bebía de su té, haciendo que el chico se sonrojara.
Meta: dormir con Akane. Obstáculo: Nabiki Tendo.
Bueno, quizás no era tan afortunado...
Tras el final de las clases aquel día, Akane se quedó a ver la práctica del equipo de fútbol y de las animadoras, pues quería esperar a Ranma para irse con él a casa. Aprovechó para ponerse al día con Mikado a través de WhatsApp, y su querido amigo pegó el grito en el cielo al enterarse de que Akane y su espectacular novio estaban viviendo bajo el mismo techo.
Mikado: «Oh, no lo puedo creer! Podrás dormir con él hoy, qué romántico! Dime la verdad, vas a perder tu virginidad hoy?»
Akane se carcajeaba leyendo los mensajes de su amigo y disfrutando de los stickers que le enviaba, los cuales ilustraban y acompañaban muy bien sus emociones.
Akane: «Ni siquiera sé si vamos a poder dormir juntos sin que Nabiki nos estropee la noche»
Mikado:«Ugh, tu hermana sí que es una cockblocker...» Emoji rodando los ojos. «Pero si quieres yo puedo ir a tu casa y seducirla para que los deje en paz...» Emoji de diablito sonriente.
Akane: «Mika, tú eres gay...»
Mikado: «Sisisisi pero Nabiki no tiene xq enterarse». Emoji guiñando el ojo.
Akane: «Ya lo sabe… tus ideas no están ayudando»
Mikado: «Ay, disculpa por molestarte con MI AMISTAD». Sticker de un muñeco rosado cruzando los brazos. «Déjame ver qué se me ocurre… te escribo en un rato, te amo!»
El entrenamiento terminó poco después. Asami se acercó a ella y le preguntó qué planes tenían ella y Ranma para esa noche, además de entregarse a la pasión y a la lujuria. Akane se rio y rodó los ojos, sin poder creer que tanto ella como Mikado estuvieran convencidos de que entre Ranma y ella ocurriría algo esa noche. Le contó a su amiga que no tenían nada planeado, pero que Mikado estaba pensando en alguna idea interesante que pudiera servir para que Nabiki no los molestara.
—Ay, ¡Nabiki! Me había olvidado por completo de ella. —Asami frunció el ceño y luego miró a Akane con curiosidad—. ¿Será asexual como Hiroko?
Akane soltó una carcajada y se llevó una mano a la boca para reprimir su risa. La verdad no tenía idea de si su hermana y su amiga eran asexuales o no, pero le causaba gracia que Asami lo pensara.
—¡Ya sé! —Se le encendió el bombillo a Asami—. ¿Y si le digo a Aika que arme un plan con sus amigas para que Nabiki vaya? Así la sacamos de la casa.
La menor de las Tendo sonrió ante la idea de su amiga.
—Es una buena idea, pero no, prefiero no hacer nada que a Nabiki pueda resultarle sospechoso.
El móvil de Akane vibró. Era un mensaje de Mikado:
Mikado: «Ok, no sé cómo haremos para sacar a tu hermana de la casa, pero sí para sacarlos a ustedes y que vuelvan cuando ella ya esté dormida: PARTY». Emojis de la mujer del vestido rojo, bebidas alcohólicas y música.
El chico le envió una nota de voz explicándole que había conseguido que uno de sus amigos, que trabajaba en una discoteca de moda de la ciudad, los hiciera pasar, aunque fueran menores de edad. Mikado ya tenía dieciocho, pero como Akane y sus amigos no, no era fácil que pudieran entrar a las discotecas.
Asami se mostró muy entusiasmada, pero se lamentó de que ni Yuka ni Daisuke pudieran ir, pues tenían una cita romántica esa noche. Aparentemente, las cosas entre ellos habían mejorado, aunque Yuka todavía no les daba detalles. Sayuri dijo que no, pues sabía que sus padres jamás la dejarían ir a una discoteca. Ryoga, Hiroshi y Hiroko dijeron que sí, solo que ella indicó que seguramente llegaría después que el resto, porque tenía una cena familiar.
Cuando Ranma salió del vestuario, Asami se ofreció a llevarlos hasta el dojo Tendo para que no tuvieran que caminar. Al llegar a la casa, la animadora se despidió de los dos y les dijo que los veía más tarde.
Mientras entraban a la casa, Akane aprovechó para contarle a Ranma el plan de Mikado de irse de fiesta esa noche. El chico estuvo de acuerdo y pensó que sería divertido. Luego se excusó con Akane para meterse al baño a tomar una ducha.
Akane pronto notó que la casa estaba en silencio. La puerta de la habitación de Kasumi estaba abierta y la luz estaba apagada. En cambio, la luz de la habitación de Nabiki, que tenía la puerta abierta, estaba encendida. Akane se asomó en el umbral y se fijó en que su hermana estaba guardando ropa en una mochila Balenciaga. Su hermana era una mujer de gustos exquisitos.
—¿A dónde vas? —Le preguntó Akane entrando a la habitación, fijándose en que P-Chan estaba acostado en la cama de su hermana, jugando con una pelotita.
—A casa de Mokona —contestó Nabiki—, me quedaré allá hasta el domingo.
Akane pareció sorprendida y confundida en partes iguales.
—¿Por… qué? —Frunció el ceño mientras miraba a su hermana de forma sospechosa.
Nabiki contestó sin mirarla, terminando de guardar su ropa en la mochila.
—Porque entre tus gemidos y los de Kasumi, en esta casa no se podrá dormir a gusto hasta el domingo —cerró la cremallera de la mochila naranja—, y la verdad es que prefiero no tener que presenciar tales espectáculos auditivos. —Esbozó una sonrisa irónica y batió sus pestañas.
Akane pareció todavía más desconcertada que antes. ¿Los gemidos de Kasumi? ¿Qué…?
—No entiendo —dijo extraña y un tanto incómoda ante la imagen mental que se había instalado en su cabeza—, ¿cómo que Kasumi…?
—Ay, Akane, para tener las hormonas tan alborotadas como las tienes, a veces eres tan ingenua y mojigata. —Nabiki rodó los ojos y se echó la mochila al hombro—. Kasumi salió con Tofu, pero no sé si se va a quedar a dormir con él o si lo va a traer a la casa, aprovechando que papá no está. Y luego están tú y el incauto de Ranma, que seguramente también aprovecharán para meterse mano esta noche. Así que yo me piro de aquí y les dejo la casa para ustedes solitos.
Dio unas cuantas palmadas en el rostro de Akane y luego salió de la habitación.
—¡Después no digas que nunca hago nada bueno por ti! —Exclamó desde el pasillo—. ¡Usen protección!
Durante los primeros segundos, Akane permaneció inmóvil en medio de la habitación de su hermana. Pronto una sonrisa surcó el rostro de la menor de las Tendo, ante la realización de que estaba sola en su casa con su novio. Queriendo evitar que ciertos errores del pasado se repitieran, Akane sacó su móvil e hizo una rápida llamada a Kasumi para preguntarle, así como quien no quiere la cosa, a qué hora volvía a casa para saber si quería cenar con ella y Ranma y pedir algo rico. Su hermana le dijo que estaba por llamarla para avisarle que esa noche se quedaría con Tofu, pero que volvería al día siguiente a media mañana.
Akane tuvo que ahogar un grito de emoción y felicidad. Llevaba todo un día soñando y fantaseando con quedarse sola con Ranma, aunque fuera un par de horas, y ahora descubría que tendría la cosa sola para ella y su novio toda la noche. Se mordió el labio inferior mientras salía de la habitación de Nabiki y se dirigía a la suya para quitarse el uniforme del colegio y ponerse algo cómodo. Luego sopesó la idea de esperar que Ranma saliera del baño, pero estaba demasiado emocionada, así que decidió sorprenderlo.
Ella sabía que el seguro de la puerta del baño que estaba en el segundo piso estaba dañado, y nadie se había molestado en repararlo porque tanto Kasumi como su padre tenían baño propio en su habitación, y Nabiki y ella tenían un baño interno compartido, nadie solía usarlo y por ende, no requerían cerrar la puerta con seguro. Abrió la puerta solo un poco y se asomó, sintiendo el vaho del agua caliente.
—¿Ranma? —Preguntó—. ¿Puedo pasar?
El chico se sorprendió al darse cuenta de que su novia había abierto la puerta, pero todavía no entraba. Acababa de terminar de ducharse y apenas se estaba secando el cuerpo.
—Eh, ya casi salgo… Akane, ¿tus hermanas…? Cierra la puerta, si Nabiki te ve así, nos va a…
—Vale.
Akane entró al baño y cerró la puerta tras de sí, recostándose de ella y mirando a Ranma fijamente. El chico tenía la toalla en la mano, a la altura de la ingle, por lo que la parte más interesante de su cuerpo no estaba visible.
—¿Qué haces? —Le preguntó nervioso.
—Me dijiste que cerrara la puerta… —se encogió de hombros y lo miró con fingida inocencia, como si jamás hubiera matado una mosca.
—¿Y Nabiki? —Inquirió él, todavía nervioso—. ¿Y Kasumi? Akane, me da vergüenza que sepan que estamos aquí jun…
—Estamos solos. —Respondió ella y con sus dedos tamborileó sobre la puerta—. Kasumi ha salido con su novio y se quedará a dormir con él hasta mañana, vuelve en la mañana. —Explicó con calma—. Y Nabiki salió hace un momento, me dijo que va a quedarse a dormir donde Mokona, su amiga, hasta el domingo. —Volvió a hacer el gesto inocente de antes, el cual Ranma encontró irresistible—. Así que… no hay nadie en la casa, nadie más que tú y yo...
Ranma necesitó de varios segundos para procesar lo que su novia acababa de decirle, y lo que aquello significaba e implicaba. Él y Akane estaban solos, tenían la casa sola para ellos, no solo por unas horas durante la tarde, sino para el resto del día. Estarían solos toda la noche.
Sí, definitivamente era un tipo con suerte.
De dos grandes zancadas, Ranma acortó el espacio entre ellos y rodeó el cuerpo de Akane con sus brazos para besarla apasionadamente, haciendo que la toalla que tenía en la mano cayera al suelo. Ella le respondió con las mismas ganas, disfrutando de ese momento tan anhelado por los dos.
Desde lo ocurrido con Tatewaki, Akane se había sentido un poco insegura con respecto a todo lo sexual, pues era un tema que la hacía sentir muy vulnerable y expuesta en esos momentos. No quería que la historia se repitiera con Ranma, ni tampoco tomar una decisión de la que después pudiera arrepentirse, pero con el pasar de los días y las semanas, se dio cuenta de que no tenía por qué martirizarse ni tampoco reprimirse. Ranma era un caballero con ella, la trataba con amor y con respeto, y solo llegaba hasta donde ella quería; además, nunca la había hecho sentir como un objeto el cual él usaba para satisfacer sus necesidades y ya, sino todo lo contrario. Se esforzaba porque los dos disfrutaran de la misma forma, y a través de sus juegos sexuales le demostraba lo mucho que la quería. Finalmente, decidió que no permitiría que Tatewaki saboteara ningún aspecto de su vida ni de su relación con Ranma.
—¿Vamos a mi habitación?
Él asintió con la cabeza. Se agachó para recoger la toalla del suelo y se envolvió en ella, para después buscar la ropa que había llevado consigo al baño. Salió del baño siguiendo a Akane y luego entró a su habitación, cerrando la puerta tras de sí, para evitar que P-Chan entrara al cuarto a interrumpirlos.
—Espera, espera. —Akane, que se había sentado en la cama, extendió su brazo y abrió su palma, como si quisiera que Ranma se detuviera—. Ranma, no puedo permitir que estés así, en toalla, en mi habitación.
Él esbozó una sonrisa, imaginando qué podía ser lo siguiente.
—¿Tu padre no te deja estar sola con chicos en toalla?
—Nop —negó con la cabeza—, así que vas a tener que quitártela.
Ranma alzó ambas cejas y miró a Akane con una mezcla de diversión e incredulidad.
—¿Qué? —Akane se encogió de hombros—. Mi padre no dijo nada sobre chicos desnudos en mi habitación…
Él amplió su sonrisa y la miró picaresco. Asintió con la cabeza y llevó sus manos al borde de la toalla. Akane pareció más atenta que nunca, lo cual hizo que él se sintiera satisfecho y orgulloso de que su novia quisiera verlo desnudo. Lentamente, comenzó a desenvolver la toalla hasta quitársela por completo, dejándola caer al suelo. Akane se mordió el labio inferior y recorrió con la mirada el cuerpazo de su chico, poniendo especial atención a esa parte que no veía con frecuencia.
—¿Contenta?
—Muy. —Respondió ella y asintió con la cabeza, extendiendo su mano para que Ranma se acercara.
El chico obedeció y se inclinó sobre ella para besarla y hacer que se recostara. Akane se hizo a un lado para que él se acostara junto a ella y poder abrazarlo y besarlo mejor. Pero cuando bajó su mano para tocarlo, Ranma la detuvo.
—¿No crees que tienes mucha ropa?
Akane sonrió, conociéndolo a la perfección e intuyendo por dónde venía su comentario.
—Es que hace algo de frío —dijo como quien no quiere la cosa.
—Lo siento, pero si quieres que continuemos, debemos estar en igualdad de condiciones. —Se separó de ella y acomodó las almohadas para recostarse de la cabecera de la cama y observar el espectáculo que estaba a punto de ocurrir—. Señorita, por favor, ¿sería usted tan amable de desnudarse para mí? Gracias.
A regañadientes, pero sin perder el buen humor, Akane obedeció y se puso de pie. Comenzó a quitarse la ropa sin prisa, queriendo torturar a Ranma, que no despegaba la vista de ella. Se quitó la camiseta que llevaba puesta y luego se quitó los pantalones, dejando ver su ropa interior blanca con detalles rosados. Ranma no podía despegar sus ojos del cuerpo de su novia, deseando poder tocarla y besarla en todas partes. Akane hizo amago de volver a acostarse en la cama, pero Ranma se lo impidió.
—Ah, ah, ah, todavía tienes mucha ropa —señaló sus bragas y su sujetador—, por favor.
Akane se cruzó de brazos, pero no dijo nada. Después de todo, era lo justo. Lo que es igual no es trampa, pensó. Llevó sus manos hasta su espalda para desabrochar el sujetador, y luego lo deslizó despacio por sus hombros y brazos hasta quitárselo. Al terminar, le envió una mirada tímida y divertida a su novio y se quitó las bragas.
—¿Te gusta lo que ves? —Le preguntó al ver la cara de deseo de Ranma. En cualquier momento comenzaría a babear.
—Me encanta —respondió sin mirarla a la cara—, ya puedes volver a la cama.
Ella sonrió complacida y se acostó de lado frente a él. El chico no tardó en abrazarla y besarla con el mismo ímpetu con el que lo había hecho minutos antes en el baño. Los besos fueron escalando cada vez más, al igual que las caricias, hasta llegar al punto al que normalmente solían llegar cuando estaban juntos.
Y entonces ocurrió.
Aprovechando que Ranma se deleitaba besando, lamiendo y mordiendo su cuello, la menor de las Tendo acarició la nuca de su novio y le susurró al oído cuatro palabras que lograron que el mundo entero se detuviera.
—Creo que estoy lista.
Al escucharla, el pelinegro olvidó su labor de atender su cuello, sintiendo como aquellas cuatro palabras se clavaban en su pecho.
Creo que estoy lista.
Creo que estoy lista.
Creo que estoy lista.
No necesitaba que su novia le diera ningún contexto adicional ni tampoco explicaciones mayores, porque él entendía perfectamente a qué se refería y para qué estaba lista. Apartó su rostro del cuello de Akane y la miró fijamente, intentando encontrar algún atisbo de duda en su mirada, pero no lo había. Aunque algo tímida, Akane parecía segura de lo que estaba diciendo. El corazón de Ranma comenzó a galopar dentro de su pecho. De todos los hombres que había en el mundo, Akane quería que su primera vez fuera con él.
Ella, al ver que su novio no decía nada, le acarició el rostro con suavidad y ternura.
—¿Y tú? —Le preguntó mientras lo miraba con amor.
—¿Yo? —Ranma no entendió la pregunta.
—Sí, ¿tú... quieres? —Esta vez le pasó una mano por el pelo—. Entiendo si no estás listo, mi amor. Podemos hacerlo en otro momento, no tiene por qué ser ahora.
A Ranma no dejaba de sorprenderle lo considerada, dulce y empática que era su novia. Por supuesto que estaba listo, nunca había estado tan listo en su vida para nada como lo estaba para ese momento, pero apreciaba muchísimo que Akane tuviera la consideración de pedirle su consentimiento.
—Yo estoy listo desde el primer día que te vi en la Academia.
Ella soltó una carcajada y le dio un leve empujón.
—¡Eres un mentiroso!
—Es la verdad… me gustaste desde que te vi, pero no te lo dije porque era tímido. Y bueno, Shampoo se te adelantó… —se encogió de hombros y decidió bromear para mitigar su nerviosismo—, ¿qué quieres que te diga? Las mujeres me desean…
Akane volvió a reírse y negó con la cabeza mientras lo empujaba otra vez, pero Ranma cogió sus muñecas para impedirle la movilidad por un momento.
—¿Estás segura, mi amor? —Le preguntó tras soltarla—. ¿Quieres hacerlo ahora?
Ella asintió con la cabeza y recordó lo que Kasumi le había dicho una vez: supo que estaba lista porque no había un momento ni una persona mejores que ese.
—Segurísima. Pero, necesitamos protección…
Ranma agradeció a su yo del pasado por haber empacado la caja de preservativos que su padre le había regalado.
—No te preocupes por eso, preciosa —esbozó la sonrisa más seductora y galante de su repertorio—, vine preparado.
Akane lo miró con interés y picardía.
—¿Trajiste protección? —Alzó una ceja—. ¿Dabas por hecho que iba a acostarme contigo?
Ranma sintió que se sonrojaba.
—No, bueno, yo… es que… bueno… s-siempre… hay que…. bueno, es que… era por… por estar p-preparado.
Akane sonrió al ver a su novio tan nervioso y avergonzado. Le dio un beso en la nariz y le acarició el rostro.
—Está bien, me gusta que estés preparado —le dijo en un tono dulce—, pero de todas formas no hace falta que los busques. Yo… también tengo. —Se puso de pie y se dirigió al armario. Abrió uno de los primeros cajones y hurgó entre su ropa hasta que sacó la caja—. Me los dio Asami.
El día que habían ido a la sex-shop, Asami decidió aprovechar para comprar condones y lubricante tanto para Yuka como para Akane. La animadora sabía que la primera ya era sexualmente activa y que probablemente se cuidaba, pero nunca estaba de más el lubricante; hecho, siempre estaba de menos, porque la gente no solía usarlo y era una maravilla de la naturaleza. En el caso de Akane, Asami sabía que su amiga todavía era virgen —y que Ranma también lo era— por lo que quería que, cuando los dos decidieran perder su virginidad, estuvieran preparados de la mejor forma posible. Y como aquella era una tarea que ella jamás le confiaría a un chico, decidió tomar la iniciativa y comprar los condones y el lubricante para que fuera Akane quien los tuviera.
Akane se puso de pie y se dirigió a su armario. Abrió la puerta, luego el cajón de su ropa interior y comenzó a rebuscar hasta que encontró la cajita y un pequeño bote de lubricante. Mientras volvía a la cama, notó que Ranma la devoraba con la mirada.
—Podría verte caminar desnuda por horas…
Ella sonrió y se acostó en la cama, dándole un beso en el proceso y dejando la caja sobre la colcha. Se besaron un rato hasta que Ranma palpó la cama con la mano para coger la cajita. Se incorporó hasta quedar sentado y abrió la caja para sacar uno de los condones.
—¿Sabes cómo usarlo? —Preguntó Akane con timidez.
Ranma se llevó una mano al mentón.
—Mmm creo que sí. Va en la nariz, ¿no?
Akane se rio.
—¡Qué tonto eres, sabes a lo que me refiero!
Él asintió con la cabeza sin dejar de sonreír.
—Sí, lo sé. Y también sé cómo ponérmelo, no te preocupes.
A pesar de que había hablado con seguridad, debía admitir que estaba un poco nervioso. Mientras se ponía el preservativo, se dio cuenta de que las manos le temblaban un poco. Pero no eran nervios por dudas o miedo, sino por emoción. Una vez finalizó, volvió a acostarse en la cama. Akane había destapado el bote del lubricante.
—¿Me lo pones tú? Y yo te lo pongo a ti —dijo él con de forma coqueta—, ¿te parece?
Akane estuvo de acuerdo y cada uno hizo lo propio. Una vez listos, se acomodaron en la cama hasta que Akane estuvo acostada boca arriba con Ranma entre sus piernas.
—Me avisas si algo te duele o si quieres que pare, ¿vale? —Le preguntó acariciando su mejilla.
Ella asintió con la cabeza e intentó relajarse lo mayormente posible. Varios días atrás, cuando todavía no sabía que dormiría con Ranma, había charlado con Yuka y Asami sobre las primaveras veces. La primera había dicho que la suya había sido una de las experiencias más dolorosas de su vida, como si la estuvieran partiendo en dos, y que de hecho el dolor continuó hasta la tercera o cuarta vez, aunque poco a poco fue menguando; la segunda, en cambio, comentó que a ella no le había dolido, y que más allá de una incomodidad inicial, había estado bien. Lo cierto es que ambas chicas coincidían en que mientras más excitadas y relajadas estuvieran, mejor lo pasaban. Asami añadió que el lubricante también haría una gran diferencia.
Ranma volvió a besarla y, mientras le susurraba lo mucho que la amaba y que adoraba hacer todas esas cosas con ella, enfiló su miembro en la entrada del sexo de Akane y poco a poco fue abriéndose paso, prestando mucha atención a los gestos de su novia. Sabía que a la mayoría de las chicas les dolía la primera vez, y lo último que él deseaba era lastimarla. Por su parte, la sensación de placer fue inmediata. La sensación de estar dentro de Akane era mucho más placentera de lo que había imaginado.
Akane intentó no tensar su cuerpo mientras Ranma entraba en ella, pero por momentos le era inevitable, pues si bien no sentía que la estaban partiendo en dos —como Yuka había dicho—, sí sentía algo más que una incomodidad inicial —como había descrito Asami— y la reacción natural de su cuerpo era la de tensarse. Respiró profundo y besó a Ranma en un intento distraerse de aquella extraña e invasiva sensación en la parte baja de su cuerpo.
—¿Estás bien, preciosa? —Preguntó él entre besos con voz ronca.
—Sí —dijo ella—, duele un poquito, pero no demasiado. ¿Y tú?
—Yo estoy bien —buscó el cuello de Akane y le dio varios besos húmedos acompañados de lametones y mordiscos suaves, consiguiendo robarle varios suspiros a su novia—, tenía muchas ganas de que lo hiciéramos, mi amor, me encanta tenerte así…
Los besos, las caricias y las palabras de Ranma sirvieron para ayudarla a relajarse para excitarla más. Ella le correspondió con las mismas ganas y el mismo amor, haciendo que Ranma se sintiera motivado a aumentar un poco más la velocidad de sus movimientos. Al principio, el leve dolor y la sensación de estar siendo invadida por algo extraño a su cuerpo se intensificó, pero poco a poco fue menguando. Si bien nunca desapareció del todo, se hizo cada vez más tolerable, a la vez que otras sensaciones se apoderaban de su cuerpo. Ranma estaba haciendo su mayor esfuerzo por aguantar, pero no era nada fácil, tomando en cuenta que estaba muy excitado y que su falta de experiencia hacía que cada nueva sensación se triplicara, amenazando con llevarlo al orgasmo mucho antes de lo que le gustaría.
Para intentar emparejar un poco el asunto, introdujo su mano entre su cuerpo y el de Akane y la deslizó por su vientre hasta llegar al punto de unión de sus cuerpos. Allí comenzó a estimular su clítoris, en un intento de dar más placer a su novia. Él supo que estaba funcionando al escuchar los suaves gemidos que se escapaban de la boca de Akane. Aumentó un poco la intensidad de su roce, haciendo que ella moviera sus caderas de forma instintiva para obtener un mayor placer. Aquello excitó todavía más a Ranma, cuyos esfuerzos por aguantarse estaban siendo cada vez más difíciles.
—¿Estás bien? —Le preguntó Akane al notar que apretaba la mandíbula y parecía reprimir algunos gestos y sonidos.
Él asintió con la cabeza y la besó.
—Sí, preciosa, es solo que… no sé cuánto más voy a aguantar… —esbozó una sonrisa tímida.
Aquella confesión, en lugar de decepcionar a Akane, la encendió. Saber que Ranma estaba disfrutando de hacerlo con ella y que en cualquier momento llegaría al orgasmo, fue una motivación adicional para que ella misma decidiera mover sus caderas con más intensidad, consiguiendo que Ranma dejara salir un gemido.
—No tienes que aguantarte, mi vida, podemos volver hacerlo —le lamió los labios—, tenemos tiempo.
Aquellas palabras y esos excitantes movimientos de su novia fueron el aliciente que Ranma necesitaba para dejarse llevar. Se permitió disfrutar del vaivén que dictaba Akane, pero pronto se unió a la cadencia con embestidas un poco más profundas y veloces, consiguiendo que sus gemidos y jadeos se mezclaran con los de ella.
—Ya casi…
Akane mantuvo los ojos abiertos, pues quería ver el rostro de su novio cuando llegara al orgasmo, lo cual ocurrió poco después. Tras las últimas embestidas, el chico dejó salir un último gemido, más fuerte que los anteriores, y se dejó caer sobre el cuerpo de Akane mientras recuperaba el aliento. Estaba en las nubes y no podía creer que su primera vez hubiera sido tan especial y placentera, con la chica más maravillosa del planeta.
—¿Te gustó? —Le preguntó ella mientras jugaba con su trenza.
—Demasiado… eres increíble, mi amor —respondió al beso con otro—, ¿y a ti? Espero… no haberte decepcionado.
—Diría que no fue como lo imaginé…
Ranma pareció preocupado.
—¿No?
—Fue mucho mejor.
Una sonrisa de felicidad y plenitud surcó el rostro de Ranma. Abrazó a Akane y le susurró palabras de amor al oído, deseando que aquel momento durara para siempre.
Mikado pasó por ellos a la hora acordada, y los cuatro adolescentes lo saludaron al subirse al coche. Akane se sentó de copiloto ya que ella era quien más confianza tenía con el conductor, mientras que Ranma, Asami y Hiroshi se sentaron atrás, en ese orden.
—Mika, disculpa, ¿crees que podamos pasar a recoger a Ryoga? —Preguntó Akane en cuanto Mikado puso el coche en marcha—. No vive demasiado lejos de aquí.
—Ryoga, Ryoga —el chico pareció estar haciendo memoria—. ¿Cuál es Ryoga?
Akane procedió a describir físicamente a Ryoga y a mencionar algunas referencias con las que Mikado seguramente lo recordaría. En efecto, su amigo pareció acordarse del susodicho.
—Oh —comentó con una expresión que a Akane le pareció difícil de descifrar—, ese Ryoga. Claro, lo recuerdo.
Akane tenía muchos amigos guapos, como el bello de Hiroshi —suspiros—, pero ninguno le llegaba a los talones al adonis de Ryoga. Más suspiros.
—¿Mika? —Akane frunció el ceño—. ¿Entonces sí? ¿Qué le digo?
El chico salió de su ensoñación y asintió con la cabeza repetidas veces.
—Sí, sí, sí, ¡claro que sí! —Miró a Akane de reojo—. Tú solo dime donde vive y vamos por él.
Ranma había observado la escena con mucho interés desde el asiento trasero. Algunos meses atrás, Akane le había confirmado lo que él ya sospechaba: Mikado era gay. Aquella información no le había parecido demasiado interesante entonces, hasta ahora. Porque Ranma sabía que Ryoga también era gay, y eso significaba que tal vez él y Mikado pudieran congeniar, ¿no? No es que él pensara que todos los gays automáticamente se gustaban y ya podían hacer una buena pareja, pero Ranma sabía que Mikado era un tipo decente y legal, y como Ryoga también lo era, no le parecía descabellado que los dos pudieran tener una relación. Si es que era hasta romántico...
—¿Podrían por favor cerrar un poco las piernas? —Preguntó Asami con voz exasperada dirigiéndose a Hiroshi y a Ranma, haciendo que el pelinegro abandonara sus cavilaciones—. Me están dejando casi sin espacio aquí en el medio.
Los dos aludidos se enderezaron de inmediato y se disculparon al unísono, ocasionando las risas de Akane y de Mikado.
—El manspreading está muy mal, chicos. —Bromeó Mikado—. Y además está prohibido en este coche.
—¿El qué? —Ranma frunció el ceño y miró a Mikado como si le estuviera hablando en húngaro.
—Búscalo en Google. —Le respondió Asami sin mirarlo, pues estaba muy ocupada descargando la aplicación de Waze en su móvil. Si recogían a Ryoga, serían seis personas en un coche con capacidad máxima para cinco, así que podían meterse en problemas si algún oficial de tránsito los detenía. Lo mejor sería prevenir evitando aquellas calles en las que hubiera policías.
Hiroshi, que se había girado para mirar a Ranma y explicarle el significado de manspreading, se quedó mudo y perdió toda capacidad para elaborar frases coherentes al notar un maravilloso detalle junto a él. Asami estaba usando un vestido corto negro y botas altas del mismo color, y entre el final del vestido y el inicio de sus botas había una deliciosa extensión de piel expuesta.
Poco después de su despertar hormonal y sexual, Hiroshi descubrió que había algo sumamente erótico y atrayente en las piernas de una mujer. De hecho, ése había sido uno de los primeros atributos físicos que él había notado en su amiga cuando empezó a verla como más que una amiga, pues las de ella estaban exquisitamente formadas por todas esas horas de entrenamiento y bailes con el equipo de admiradoras.
Era de noche, pero las luces de la calle y de los coches se colaban por la ventana del Infinity de Mikado, iluminando parcialmente aquellas piernas que a Hiroshi se le antojaban como la antesala al cielo… o al infierno, tomando en cuenta lo mucho que subía la temperatura de su cuerpo solo al imaginarse estando entre ellas…
—Mika, trata de mantenerte en esta avenida y evita la calle Mizuki cuando hayamos buscado a Ryoga —dijo Asami mirando la pantalla de su móvil—, hay policías ahí.
Mikado le preguntó como sabía y Asami se inclinó hacia adelante y estiró su cuerpo para mostrarle la pantalla de Waze. Tras hacer eso, volvió a la posición anterior y cruzó una de sus piernas, haciendo que el vestido se le subiera. Hiroshi tragó grueso e intentó apartar la mirada del cuerpo de su amiga, pero no pudo. Ahora se apoderaron de él los recuerdos de la intensa sesión de besos que se habían dado en su casa. Recordó haberse sentido afortunado de poder tocar las piernas de 'Sami aquel día, pues ella estaba usando leggins deportivos y la tela era delgada…
Para ese momento, ya tenía una erección que no se notaba solo porque el coche estaba a oscuras. Sabía que lo mejor sería dejar de alimentar sus fantasías, pues en el coche poco podía hacer para disimular, y pronto Ryoga se uniría a ellos. Pero, teniendo a Asami tan cerca, sintiendo su perfume y viendo sus piernas perfectas, era difícil detenerse. ¿Cómo se sentiría acariciarlas así, sin nada que lo separara de esa piel suave y tersa?
¿Solo acariciarlas? No, solo acariciarlas. Quería besarlas… recorrerlas con su boca y seguir subiendo hasta llegar a su…
El suspiro se escapó de su boca sin que él pudiera hacer algo al respecto. Asami giró el rostro y lo miró. No tardó en darse cuenta de que lo que su amigo parecía estar mirando, aunque devorando con la mirada era una elección de palabras más adecuada y exacta. Hiroshi tampoco tardó en notar que Asami lo estaba mirando, y que a juzgar por la expresión que tenía en el rostro, lo había pillado in fraganti. Sintió una mezcla de vergüenza y excitación.
Si bien en los últimos días se había mostrado mucho más directo y 'seductor' con ella, lo cierto es que todavía no se atrevía a dar un paso importante. Hasta ahora solo le había lanzado indirectas e insinuaciones, pues quería asegurarse de que Asami y él estuvieran en la misma página.
—¿Solo yo tengo frío? —Le preguntó en un tono que nadie más escuchó, acercando su rostro al de su amigo. Luego cogió la mano de Hiroshi y la entrelazó con la suya—. Estás caliente… ¿me la prestas? —Sin esperar que el chico respondiera, guio su cálida mano hasta posarla sobre su muslo descubierto.
Hiroshi casi podía jurar que su corazón había comenzado a bombear sangre con mucha más fuerza que antes —en especial a cierta parte de su anatomía— al sentir la suavidad de la pierna de Asami. Se atrevió a acariciarla y asintió con la cabeza.
—Sí, estás algo fría —mentira—, será mejor que te ayude a entrar en calor.
—Ajá —dijo ella y se deslizó un poco hasta pegarse completamente a él—, gracias, eres un sol. —Le lanzó un beso.
Ajeno al intercambio de miradas, palabras y caricias que estaba ocurriendo junto a él, Ranma terminó de leer el significado de manspreading y abrió WhatsApp. Buscó su conversación con Akane y le escribió un escueto mensaje.
Ranma: «Mikado está soltero?»
Akane leyó el mensaje de Ranma desde su Apple Watch. Frunció el ceño y se giró para mirarlo desde el asiento del copiloto. El chico se llevó el dedo índice a los labios y luego señaló la pantalla de su móvil, como indicándole que le contestara.
La respuesta de su novia fue escueta.
Akane: «Sí, por?»
Ranma: «Para que le ayudemos a ligar esta noche». Emoji con mirada sugestiva.
Akane se rio en voz alta y Mikado la miró de reojo.
—¿Qué?
—Nada, Ryoga, que me mandó un meme…
Akane: «Estás loco!»
Ranma: «Sí, por ti, TE AMO». Emojis de corazón.
Poco después, llegaron al portal de la casa. Mikado agradeció que el chico ya estuviera afuera, no porque estuviera apurado, sino porque así podía contemplarlo mientras se aparcaba. Ryoga Hibiki, ese amigo de Akane tan fuerte y masculino que era imposible no mirar cuando lo tenías cerca… suspiros. El primo de Ukyo no tardó en abrir una de las puertas de atrás, la del lado de Ranma. Mikado ahogó un suspiro al ver lo guapo que se veía el chico con su abrigo Canada Goose amarillo.
—¿Qué tal están? —Los saludó a todos con una sonrisa al abrir la puerta trasera, pero pronto se dio cuenta de que había tres personas—. Lo siento, no sabía que ya estaban a tope…
Ranma, que aquel día se sentía generoso y quería hacer de cupido con todo el mundo, tuvo una idea.
—¡No pasa nada, si aquí cabes! —Se giró a la derecha y miró a Asami y a Hiroshi—. Hiro, ¿te molesta cargar a Asami? Así yo me muevo al medio y Ryoga se puede subir.
Desde el día de la pijamada mixta en casa de Hiroshi, Ranma sabía que su amigo estaba completamente babeado por Asami, pero recientemente el chico le había contado que además de gustarle mucho físicamente, estaba enamorado de ella. Y como su amigo era tímido, Ranma le daría un empujoncito para que se animara a confesarle lo que sentía.
Hiroshi asintió con la cabeza y miró a Asami esperando que dijera algo. Por toda respuesta, la chica se quitó el cinturón de seguridad y se deslizó hasta quedar sentada en las piernas de Hiro. Ranma sonrió satisfecho e hizo lo propio, quitándose también el cinturón de seguridad y deslizándose hasta el medio, para dejar que Ryoga se subiera.
—'Sami —Akane se asomó desde el asiento del copiloto y miró a su amiga—, ¿crees que puedas compartir el cinturón de seguridad con Hiro? Por precaución.
—¡Claro! —Exclamó ella con emoción.
Aprovechó para girarse y acercar sus pechos al cuerpo de Hiroshi mientras presionaba el botón que liberaba el cinturón de seguridad, luego se tomó su tiempo para moverse sobre el regazo de Hiroshi y acomodarse para que los dos estuvieran en una posición favorable y pudieran compartir el cinturón de seguridad. Terminó sentada de forma diagonal, pues sentada de esa forma podía sentir esa parte del cuerpo de su amigo que tanto le llamaba la atención… y si ella podía sentirlo, entonces él también estaría sintiendo el roce de su cuerpo allí.
—¿Estás cómodo así? —Preguntó en un tono amigable y completamente inocente—. ¿Quieres mover las manos…?
Hiroshi entendió la indirecta. Era tímido, sí, pero no era tonto, y si Asami quería hacer travesuras con él en el coche, pues que así fuera. Asintió con la cabeza y deslizó sus manos por la cintura de Asami hasta rodearla completamente, abrazándola y pegándola a su cuerpo, dejando una mano a altura de su ombligo y la otra sobre su muslo.
La canción que estaba sonando cambió y tanto Asami como Mikado dejaron salir un gemido de emoción.
—¡Me encanta esa canción! —Dijeron al unísono y luego soltaron una carcajada—. ¡Amo a Dua Lipa! —Volvieron a decir al mismo tiempo. Mikado la miró de reojo y le gritó: you're my music soulmate, a lo que Asami le guiñó un ojo.
Physical de Dua Lipa era la canción perfecta para ese momento, tomando en cuenta que eso era lo que tanto Hiroshi como Asami querían: let's get physical. Todos, a excepción de Ranma y Hiroshi, conocían la letra de la canción. Mikado, Ryoga, Akane y Asami comenzaron a cantar la canción y pronto el joven Hibiki miró a Asami con emoción.
—¿Por qué no bailan esta canción en una de las rutinas de las animadoras? ¡Les quedaría súper!
—Sí, ¿verdad? —Asami le guiñó el ojo—. Algo… así.
Comenzó a bailar y moverse al ritmo de la canción, moviendo sus caderas y la parte superior de su cuerpo mientras cantaba, dedicándole una que otra mirada de reojo a Hiroshi. Por supuesto, con cada movimiento Hiroshi se excitaba más y más, pero no se atrevía a ponerse a bailar él también, pues eso significaría rozar y sobre estimular su ya excitado y sensible miembro, y lo que menos necesitaba en ese momento era que las cosas se salieran de control. Sin embargo, eso no le impidió disfrutar de los sensuales movimientos de su amiga, además del delicioso y atrayente olor que emanaba de su pelo cada vez que se movía.
—All night, I'll riot with you! —Cantaron en coro.
—¡Ryogaaaaa, Ranmaaaa, bailen ustedes también! —Exclamó Mikado.
Ranma solo se rio y alzó las manos en el aire, mientras que Ryoga negó con la cabeza, un poco avergonzado de bailar como un tonto frente al guapísimo amigo de Akane.
La canción terminó poco antes de que llegaran a la discoteca. Mikado le entregó las llaves de su coche al tipo del valet parquin y todos se dirigieron a la puerta, donde pudieron pasar sin problema cuando Mikado dijo su nombre. Tras entrar, dejaron sus abrigos en el mostrador de la entrada y se adentraron en el local. Se ubicaron en una mesa alta cerca de la barra, donde podían beber y charlar a gusto en una posición privilegiada, pues tenían tanto el bar como la pista de baile a pocos metros de ellos.
Estuvieron decidiendo si querían beber algo primero y bailar después, y la mayoría decidió que sí. Ryoga, Ranma y Akane decidieron que ellos no beberían alcohol, mientras que Asami, Hiroshi y Mikado decidieron que sí. No fue tan fácil conseguir las bebidas, tomando en cuenta que todos estaban por debajo de la edad legal para consumir alcohol, diecinueve años, pero con ayuda del amigo de Mikado pudieron pedir dos —uno para Mikado y otro para Asami y Hiroshi— cócteles de Hendricks con rodajas de pepino.
Después de un rato donde habían charlado, bebido y bailado en grupo allí en la mesa, Akane, Asami y Hiroshi se dirigieron a la pista de baile. Ryoga se excusó para ir al baño y Mikado y Ranma se quedaron en la mesa. El pelinegro notó que el amigo de su novia parecía pensativo.
—¿No la estás pasando bien? —Le preguntó con interés.
—Oh, Ranma, ¡claro que la estoy pasando bien! Siempre que estoy con Akane y sus amigos la paso bien. Es solo que… bueno, hoy siento que estoy haciendo el mal tercio. —Sonrió—. Estoy con dos parejas, tú y Akane, y Hiroshi y Asami, que, aunque son amigos, todo apunta a que entre ellos hay algo especial. —Sonrió—. Así que supongo que en algún momento me quedaré solo...
—No necesariamente —comentó Ranma—, está Ryoga.
Mikado rio de forma elegante.
—Oh, sí, ahí está Ryoga. Lo sé, es difícil no notarlo —soltó un largo suspiro—, pero en cualquier momento ligará con una chica guapa.
—En realidad, a Ryoga no le gustan las chicas guapas…
Mikado parpadeó confundido. ¿Cómo?
—¿Le gustan… las chicas feas?
Ranma negó con la cabeza. Y entonces Mikado creyó entender lo que el novio de su amiga le estaba intentando decir. Acercó su rostro al de Ranma y apretó su antebrazo con emoción.
—¿Ryoga es gay?
Ranma asintió con la cabeza y agradeció que Mikado se hubiera acercado a él, pues lo que quería decirle era algo muy privado.
—Sí, pero… no es algo que se sepa abiertamente, ¿sabes? Te lo digo a ti porque tú también eres gay y sé que su secreto estará a salvo contigo. Y… también te lo digo porque te ha estado mirando. —Le guiñó un ojo.
Bien, aquello no era cierto, o al menos Ranma no sabía que lo era, pues no había notado las miradas disimuladas y discretas que Ryoga le enviaba a Mikado cuando éste no lo miraba. Pero ¿qué perdía al decirle eso al amigo de Akane? ¡Nada! Al contrario, ganaba la oportunidad de hacer de cupido con dos chicos que de otra forma no se acercarían el uno al otro por vergüenza, pudor y desconocimiento.
—¿Lo dices en serio? —Preguntó Mikado y luego pareció emocionado al ver que Ryoga volvía del baño y se dirigía a la mesa.
—Sí, sí, claro. Míralo, ahí viene. Los voy a dejar solos. Aprovecha, ¡no me decepciones!
Le dio un par de palmadas y luego un empujón para hacer que el chico se mirara. Mikado asintió con la cabeza y se giró un par de veces para mirar a Ranma mientras éste se dirigía a la pista de baile, esperando que el novio de su amiga lo animara. Así fue.
Ranma se sintió satisfecho y se adentró en la pista de baile en busca de su novia y sus amigos. Su trabajo de cupido estaba funcionando esa noche. No solo por Mikado y Ryoga, sino porque Asami y Hiroshi no habían dejado de coquetear desde que llegaron a la discoteca, probablemente como resultado de esas miradas y caricias mal disimuladas que se habían dado en el coche. Tal vez él no tuviera demasiada experiencia con chicas, pero sí la suficiente como para saber que a Asami también le gustaba su amigo, lo había notado en el coche por las chispas que empezaron a saltar entre ellos, pero ahora también por las miradas que Asami le enviaba a Hiro.
—¿Me echaste de menos? —Le preguntó a Akane abrazándola por detrás.
Ella se giró y lo miró de forma cariñosa y dulce. A él todavía le parecía increíble que esa chica tan maravillosa y espectacular lo hubiera elegido a él.
—Siempre que no estoy contigo te echo de menos, mi amor.
Ranma sonrió y le dio un beso.
La canción cambió y pronto Ranma y Akane comenzaron a bailar con Hiroshi y Asami. Empezaron bailando en grupo, disfrutando de la canción, de la compañía de los demás, y de los distintos chistes y comentarios que iban haciendo sobre la música, los pasos de baile y otros temas que iban surgiendo. Pero a medida que pasaban las canciones, Ranma y Akane fueron acercándose más hasta quedar bailando muy juntos.
—No sabía que bailaras tan bien…
Ranma esbozó una sonrisa orgullosa y coqueta.
—Es uno de mis múltiples talentos secretos, mi amor.
Akane alzó una ceja y se mostró curiosa e interesada.
—Ah, ¿sí? —Él asintió con la cabeza y le dio varios besos en el rostro—. ¿Y puedo saber cuáles son los otros?
—Bueno… si quieres... puedo mostrártelos… —acercó su rostro al de su novia para volver a besarla, pero pronto una presencia y una voz muy cerca de ellos los hizo separarse.
—¡Guarden algo para esta noche!
Asami le dio una nalgada a Akane y luego se alejó un poco para ver la reacción de su amiga, que se estaba riendo mientras negaba con la cabeza.
—¿Qué les has dicho? —Le preguntó Hiroshi a Asami acercándose a ella. El volumen alto de la música era la excusa perfecta para hablarle al oído.
—¡Que se guarden algo para la noche! —Alzó las cejas de forma sugestiva—. Como dormirán juntitos sin padres y sin Nabiki…
Y hablando de eso…
—¿Te quieres quedar a dormir hoy en mi casa? —No tenía ninguna excusa para invitarla, pero tampoco quería perder la oportunidad de volver a dormir con ella, esta vez deseando que entre ellos ocurriera algo.
—¿Y eso? —Asami alzó una ceja y lo miró de forma sugestiva—. ¿Estás planeando meterme mano durante la noche?
—N-no, no, ¡claro que no!
Asami se rio ante el nerviosismo de su amigo, consciente de que por más directo y seguro que se mostrara con ella últimamente, su esencia de chico tímido seguía ahí.
—¡Vaya! De haber sabido que la idea de tocarme te desagradaba tanto no te hubiera dicho nada —decidió provocarlo un poco—, ni tampoco me hubiera sentado en tus piernas en el coche… supongo que eso debió haberte incomodado mucho —hizo un puchero con los labios.
—Sabes que no me desagrada tocarte… —le dijo mientras la miraba con deseo.
Asami no pudo evitar mirarle los labios a Hiroshi. Subió su mano hasta su rostro y le acarició la mejilla, disfrutando del efecto que su tacto tenía en él.
—Ah, ¿no?
Hiroshi negó con la cabeza y la pegó todavía más a su cuerpo.
—Todo lo contrario.
De pronto, comenzaron a sonar las notas de una canción que Asami adoraba y cuya letra conocía de memoria. Convencida de que las casualidades no existían, tomó aquello como una señal del universo para continuar con su intención de aquel día, que era volver loco a Hiroshi hasta que el chico ya no pudiera resistirse más. Porque, hasta ese momento, él había dictado los ritmos y sonidos de la orquesta, con sus piropos casuales, sus flirteos inesperados, y sus caricias disimuladas. Pero aquel día, Asami quería dictar a qué ritmo bailarían. Literalmente.
Best behaviour era, además, una dulce analogía de esas cosas que Hiroshi la hacía sentir. Así que mientras Louisa Johnson cantaba sobre portarse bien, sobre ser una buena chica y dejar viejos hábitos atrás, para evitar caer en ciertas tentaciones, Asami comenzó a moverse, aprovechando que su cuerpo y el de Hiroshi estaban prácticamente pegados. Él prácticamente se quedó inmóvil mirándola y disfrutando de ese maravilloso talento que su amiga tenía para expresarse a través de los movimientos de su cuerpo.
Cuando Asami bailaba, Hiroshi no podía despegar los ojos de ella. Le parecía una vista hipnótica y excitante, que no le permitía prestar atención a nada más. Deseaba con todas sus fuerzas que la vida lo hubiera premiado con ritmo y coordinación, para poder corresponderle con gracia y encanto, pero la realidad era otra. Él no era un buen bailarín, y en la mayoría de los casos debía conformarse con que la chica fuera quien lo guiara. Pero esta vez no estaba quejándose, oh, no.
El cuerpo esbelto de Asami se restregaba contra él de forma rítmica y sensual, permitiéndole al chico sentir sus formas femeninas sin siquiera tocarla. Había estado bailando de frente a él, rozando y pegando sus pechos al torso y al pecho de Hiroshi, disfrutando de provocarlo y excitarlo de esa forma, hasta que decidió darle la espalda, para entonces rozarlo de otra forma. Hiroshi no fue capaz de resistirse al delicioso vaivén de su amiga, así que se animó a moverse un poco más, intentando seguir la cadencia que ella dictaba, notando que sus cuerpos se acompasaban perfectamente.
Asami extendió su mano hacia atrás para acariciar el cuello y el pelo de Hiroshi, y él se inclinó hacia adelante para acercar su rostro al cuello de ella. Aprovechando que ella acariciaba su cuello, su pelo y parte de su rostro, él posó sus manos en sus caderas y poco a poco fue deslizándolas según el ritmo de la canción y de los movimientos de Asami. Ella aprovechó para ralentizar los movimientos de sus caderas, haciendo Hiroshi tuviera que ahogar varios gemidos en su boca. Era imposible que Asami no sintiera su prominente erección, así que si estaba moviéndose contra él de esa forma tan endemoniada y sexy, era porque le gustaba sentirla. Y ese pensamiento solo sirvió para volverlo todavía más loco.
Era difícil determinar qué lo excitaba más de ella: sentir sus curvas femeninas bajo su tacto, sentir el roce de sus nalgas y caderas contra su erección, estar tan cerca de su cuello y de su rostro, ver el movimiento de su pelo, o esa forma tan hipnotizante que tenía de bailar, como si hubiera nacido para ello. Era difícil elegir porque le gustaba todo de ella.
Y mientras bailaban, Hiroshi pensó que él era uno de esos marineros que seguían el canto de la sirena hasta encontrarla y enamorarse perdidamente de ella, para que la sirena luego lo arrastrara consigo hasta lo más profundo del mar. Asami lo estaba sumergiendo en las profundidades de encantos, en un océano del que no se salía con vida, pero en el que valía la pena ahogarse.
La noche avanzó como solían avanzar las noches de fiesta, con magia, diversión y naturalidad.
Ranma y Akane bebían agua en la mesa alta cerca de la barra, mientras charlaban con Ryoga y Mikado. El pelinegro se sentía muy satisfecho y orgulloso de su labor de cupido, pues Asami y Hiroshi estaban haciendo saltar las chispas en la pista de baile, mientras que Ryoga y Mikado parecían cada vez más cómodos y en confianza el uno del otro, hablándose de cerca, compartiendo risas y sonrisas, y lo que para él eran varios coqueteos disimulados. Ahora solo faltaba una pareja más en su lista para dar por terminado su trabajo el día de hoy.
Ryoga, que había estado tomando del cóctel que había pedido, abrió los ojos de forma exagerada y dejó la copa sobre la mesa. Ranma buscó con la mirada eso que había hecho que su amigo se emocionado tanto
—¡Primita, viniste! —Exclamó al ver a su prima acercarse a la mesa y abrió los brazos para recibirla en un cálido abrazo de oso.
—¡U-chan! —Ranma también pareció contento de verla—. ¿Qué tal?
¿U-chan? Akane frunció el ceño al escuchar el apodo cariñoso que su novio le había dicho a Ukyo. ¿U-chan? Acentuó su ceño fruncido al ver que también la estrechaba en un abrazo muy cariñoso, pero fue consciente de que lo que más le molestaba no era el contacto físico, sino el mote. ¿Ahora Ranma llamaba U-chan a Ukyo?
Akane sabía que no tenía sentido molestarse porque Ranma tuviera un apodo cariñoso para su amiga, pero tomando en cuenta que eso no era lo único especial que compartía con ella, no pudo evitar sentir celos. Tuvo que hacer de tripas corazón y esbozar una sonrisa amable cuando Ukyo se le acercó para saludarla con efusividad, de forma amigable. Cuando se separaron, Akane la observó disimuladamente, comprobando que Ukyo parecía una princesa, como siempre. ¿Cómo hacía para verse siempre tan guapa, tan femenina, tan elegante?
Ranma, completamente ajeno a la vorágine de emociones y sentimientos que había tomado el control de su novia, esbozó una sonrisa de complacencia al ver que Ukyo estaba ahí. Ryoga y Mikado, check. Asami y Hiroshi, check. ¿Ukyo y Hiroko? Pendiente.
—¿Hiroko va a venir? —Preguntó el pelinegro a Ryoga, haciendo que su amigo sacara su móvil y revisara sus mensajes.
—Dice que sí —comentó asintiendo con la cabeza mientras leía el último mensaje que Koko le había enviado—, que ya está llegando, de hecho.
Bingo. Ranma esbozó una amplia sonrisa y chocó su puño con el de Ryoga. Luego se separó de su amigo y buscó a Ukyo con la mirada. La chica se había acercado a la barra para pedir algo de tomar. Ranma caminó hasta ella y decidió sorprenderla, aprovechando que estaba dándole la espalda. Presionó su cintura con sus dedos, haciendo que la chica diera un respingo y se girara para mirar a la persona que acababa de tocarla. Se relajó al ver que se trataba de Ranma. El chico rodeó a su amiga con su brazo y le habló de cerca.
—A que no sabes quién viene para acá justo en este momento…
—¿Quién? —Preguntó curiosa, hasta que el bombillo sobre su cabeza se encendió. Sus ojos se abrieron de forma exagerada—. ¿Hiroko?
—Sip —le guiñó un ojo—, cortesía de tu servidor.
Ukyo esbozó una amplia sonrisa y se colgó del cuello de Ranma para darle un abrazo.
—¡Eres el mejor amigo heterosexual que una mujer puede tener! —Le dio un sonoro beso en la mejilla—. ¡Gracias, gracias, gracias!
Ranma se rio ante el comentario y pronto se separaron.
—Entonces, ¿cómo estoy? —Le preguntó Ukyo y se echó una rápida mirada—. Me veo bien, ¿no?
—Sí, sí, estás estupenda. Cuando Hiroko te vea, no podrá despegar sus ojos de ti.
—Ojalá… a veces no sé si le gusto o no. —Se mordió el labio inferior—. Ni siquiera sé si le van las chicas, Ranma.
—¿No se lo has preguntado?
—No… el día del baile al que me invitaste charlamos y bueno, hubo química, pero… ella tampoco me dejó claro si le gusto o no. —Pareció pensativa—. Y el resto de los días que hemos hablado pues, la conversación ha fluido con muchísima naturalidad, y a veces flirteamos un poco, pero nada demasiado directo ni evidente.
—¡Pero no te desanimes! Creo que este es un buen lugar para averiguar si le gustas o no —le guiñó un ojo y Ukyo le sonrió.
Akane observó toda la escena mientras sentía que le salía humo por las orejas, confirmando los celos recalcitrantes que sentía por Ukyo, volviendo a traer a su mente esos pensamientos que le decían que, así como Ranma confiaba más en su amiga para algunas cosas, probablemente también terminaría gustándole más que ella.
Asami, que acababa de volver de la pista de baile acompañada de Hiroshi, se acercó a ella y se apoyó en su hombro.
—Uff, estoy sedienta. Tanto bailar me dejó… —Asami decidió no agregar el adjetivo, pues tanto bailar la había dejado muchas cosas, y prefería ahorrarse los detalles en ese momento. Se dio cuenta de que Akane no estaba prestándole atención, y que de hecho parecía molesta por algo—. ¿Qué te pasa?
—¿Nos vamos ya? —Preguntó Akane mirándola, apartando sus ojos de Ranma y Ukyo—. Estoy cansada.
Asami observó a su amiga, intuyendo que la razón por la que quería irse no tenía nada que ver con la fatiga.
—La verdad yo también estoy agotada… pero ¿no la estás pasando bien?
—Sí… pero ya me quiero ir. —Dijo de forma cortante.
Asami comprendió que Akane no tenía planeado contarle el verdadero motivo que tenía para querer irse, así que simplemente asintió con la cabeza.
—Vale, déjame decirles a Hiro y a Ranma, así tomamos el Uber juntos. Me quedaré a dormir con Hiroshi para que no tengamos que hacer tantos viajes.
—No le digas a Ranma, no creo que quiera irse —dijo con ironía—, parece muy contento y divertido con su amiguita…
Asami frunció el ceño. Buscó a Ranma con la mirada y lo encontró a pocos metros de ellas charlando animadamente con Ukyo, la prima de Ryoga. Entonces comprendió la razón del repentino mal humor de su amiga. Comprendió la razón, pero no el porqué.
—¿Estás celosa de Ukyo? —Akane no contestó—. Akane… ¿es en serio? ¡Ranma está loco por ti, no tiene ojos para nadie más! ¡Ukyo es solo su amiga!
—Bueno, si es solo su amiga, no tendrá problema en que nos vayamos ya. —Dijo de forma tajante—. Los espero afuera.
Menudo carácter, pensó Asami mientras su amiga le daba la espalda y caminaba en dirección de la salida del local. Para su suerte, Hiroshi se había acercado a Ukyo y a Ranma, así que la chica no tuvo que perder mucho tiempo buscándolos. Les dijo que Akane y ella estaban cansadas y querían marcharse ya. Hiroshi pareció complacido de escuchar eso, ya que se moría de ganas de llegar a su casa y quedarse a solas con Asami, pero Ranma pareció extrañado.
—¿Tan pronto? —Sacó su móvil de su bolsillo y miró la hora—. ¿Y Akane?
—Akane ya salió. —Asami dio un paso adelante y se puso de puntillas para hablarle a Ranma al oído—. Está un poco rabiosa, así que lo mejor será que no la hagamos esperar.
—¿Por qué está de mal humor? —Preguntó Ranma extrañado—. ¿Qué pasó?
La animadora señaló a Ukyo con la mirada. Luego se acercó a la chica para despedirse, y después hizo lo mismo con Mikado y Ryoga, haciendo que tanto Hiroshi como Ranma la imitaran. Se dirigió a la salida seguida de los dos chicos.
Akane los esperaba en la acera frente al local con el móvil en la mano. Ya había pedido el Uber. El vehículo no tardó en llegar y Akane le indicó que harían dos paradas, para que Hiroshi y Asami no tuvieran que caminar con el frío desde el dojo hasta la casa de Hiro. Decidió sentarse adelante para evitar el contacto físico con Ranma, quien no entendía en lo más mínimo la extraña y fría actitud de su novia. Asami le había dicho que Akane estaba molesta con Ukyo o algo así, pero ¿por qué?
Cuando llegaron al dojo Tendo, Akane se despidió de sus amigos y se bajó del coche con prisa. Abrió la puerta de la calle con velocidad y no esperó que Ranma entrara para cerrarla, simplemente continuó caminando hasta llegar a la entrada de la casa. El chico la alcanzó allí y le hizo un comentario sobre si no creía prudente cerrar la puerta que daba a la calle.
—Es un barrio seguro —dijo ella sin mirarlo mientras abría la puerta de la casa y luego la cerraba con llave.
—Akane, ¿qué te pasa? —Ranma la observó mientras la chica se quitaba su abrigo y lo colgaba del perchero—. ¿Estás enojada conmigo? ¿Por qué?
—Estoy cansada, Ranma, por eso quería irme.
El chico no le creía, pero lo mejor sería darle un poco de espacio y dejar que se le pasara la molestia. Akane se dirigió a su habitación y cerró la puerta tras de sí, para cambiarse de ropa y quitarse el maquillaje en el baño. Ranma fue al cuarto de huéspedes y se puso el pijama, todavía extrañado por la actitud de su novia. Luego fue al baño para lavarse los dientes. Al salir, tocó la puerta de la habitación de Akane, esperando que ya se le hubiera pasado el mal humor y que lo dejara entrar para dormir con ella.
Ella le abrió varios minutos después, ya con el pijama puesto.
—¿Necesitas algo? —Preguntó con frialdad.
Ranma parpadeó confundido y la miró atónito. ¿Dónde había quedado la Akane amorosa y apasionada de la tarde? Su novia estaba irreconocible, lo trataba como… como cuando todavía eran enemigos. Ranma frunció el ceño.
—No necesito nada, solo quería… dormir contigo, mi amor. Y si te pasa algo, creo que me lo puedes decir, ¿no? —Extendió su mano para acariciar el rostro de Akane, pero ella se apartó para que no la tocara.
Akane, por su parte, no podía creer el morro de Ranma. Él, que le ocultaba cosas para ir corriendo a los brazos de Ukyo a contárselas, le pedía que le dijera las cosas. ¡Era el colmo!
—Pues yo no quiero dormir contigo, Ranma —dijo de forma tajante—, buenas noches.
Sin dar pie a réplica, cerró la puerta de la habitación y se apresuró a ponerle el seguro.
Ranma gruñó y tocó la puerta, sin entender qué carajo le pasaba a Akane y por qué le cerraba la puerta en la cara. ¡Él no iba a permitir que lo dejara con la palabra en la boca!
—Akane, ábreme la puerta, por favor. ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? —Recostó la cabeza de la puerta—. Por favor, dímelo… entiendo que estás molesta, ¿pero por qué? ¿Qué te hice?
Silencio.
—Akane… ¿es por lo de esta tarde? Yo… no se lo conté a Hiroshi, si es lo que crees. —Se sonrojó—. Si no quieres, no se lo contaré a nadie, será un secreto, lo prometo. Pero por favor, mi amor, ábreme, ¿sí?
—Ya te dije que me voy a dormir, ¡buenas noches! —La voz del otro lado de la puerta fue cortante y fría.
Ranma maldijo internamente y apretó la mandíbula. No iba a quedarse toda la noche tocando la puerta, pero tampoco pensaba dejar las cosas así con su novia. Sin volver a tocar, se dirigió a la habitación de huéspedes y cerró la puerta tras de sí, dispuesto a urdir un plan para averiguar por qué Akane estaba tan molesta con él.
Podría decirse que Hiroshi y Asami ya habían intercambiado suficiente saliva aquella noche, tomando en cuenta que habían compartido las bebidas en la discoteca. Pero para el chico, aquello no contaba.
Tras llegar a su casa, subieron a su habitación sin hacer ruido. Allí le indicó que iba a avisar a sus padres que ya había llegado. Ellos no solían esperarlo despierto, pero sí le pedían que cuando llegara a casa, les avisara, aunque estuvieran dormidos. De esa forma, se quedaban tranquilos y podían descansar mejor.
Cuando volvió a su habitación, Asami estaba acostada boca arriba en la cama mirando las constelaciones que Hiroshi tenía en el techo. La luz seguía apagada. Él se acostó de lado junto a ella y la abrazó.
—¿Son constelaciones de verdad o es algo de Star Wars? —Le preguntó seria.
Él se rio. Algo de Star Wars. Asami no había visto ninguna de las películas y no le interesaba la saga en lo más mínimo, al punto de que llamaba a los Stormtroopers los «Darth Vaders blancos».
—Son de verdad.
—¡Vaya! —Se giró y quedó acostada de lado, de frente a él—. Pudiste pensar en algo que no fuera Star Wars. Es casi un milagro, tomando en cuenta que estás obsesionado.
—No estoy obsesionado.
—Hiroshi —Asami lo miró con obviedad—, tienes una lámpara de Yoda, tus pantuflas son de Chewbacca, tienes una réplica de una nave espacial en tu escritorio y todos los años para Halloween te disfrazas de un personaje distinto de la saga —llevó su dedo índice a la nariz de su amigo y la presionó suavemente—, así que sí, yo creo que sí estás un poco obsesionado con Star Wars.
Él se rio. Bien, no podía negarlo, era un gran fan.
—Bueno, supongo que todos estamos un poco obsesionados con algo, ¿no?
Asami se giró en la cama hasta quedaron abrazados de cucharita.
—Yo no.
—Tú también.
—¿Con qué estoy obsesionada yo? —Preguntó frunciendo el ceño.
Mientras pensaba bien su respuesta, Hiroshi la acarició sus brazos con cariño.
—Con los pinceles, te sabes todos los tamaños, los nombres, para qué sirve cada uno, con qué pintura van mejor… es un poco absurdo.
Ella sonrió.
—No es absurdo, ¡tienen su función y su ciencia!
—¡Son pinceles! Todos sirven para pintar. —Ella refunfuñó de forma infantil y Hiroshi se rio y le dio un beso en la nuca—. También estás obsesionada con las acuarelas, aunque entiendo por qué, eres muy buena. —Asami sonrió, pero él no pudo verla—. Y con los tutoriales de maquillaje de YouTube, ¡has visto miles!
—Y por eso siempre que salimos parezco una princesa —dijo con vanidad.
Él sonrió y volvió a besar su nuca.
—Lo pareces, es verdad. Aunque… más que una princesa, diría que eres una reina. Una Khaleesi.
Asami se giró y volvió a quedar de frente a él.
—Todavía no he visto Game of Thrones, lo siento —hizo un puchero—, pero tomaré eso como un cumplido.
—Deberías —le dijo sin dejar de sonreír—, lo es.
A pesar de que la habitación no tenía ninguna luz encendida, los dos podían reconocer sus facciones en la oscuridad, las siluetas de sus rostros, y las expresiones que ya conocían tan bien de cada uno. Se miraron en silencio durante un rato, limitándose a disfrutar de la compañía del otro, saboreando el momento previo a lo inevitable, a eso que los dos querían que ocurriera, pero que ninguno se atrevía a empezar.
Hiroshi rozó el rostro de Asami con sus dedos, y ella deslizó sus manos por el pelo de él. Finalmente, el chico se atrevió a poner en palabras sus deseos
—'Sami —su nombre sonaba distinto en su boca—, podemos solo dormir si es lo que quieres, pero yo me muero de ganas de besarte.
Asami movió sus manos hasta dejar una en la mejilla de Hiroshi, con la otra acarició sus labios. Acercó su boca a la suya y susurró:
—Entonces hazlo.
La idea surgió antes de que la parte racional de Ranma le dijera que aquello era una locura, pero, al darse cuenta de que la ventana de la habitación de huéspedes estaba conectada con la del cuarto de su novia por el tejado, supo que solo así podía hablar con ella.
Siendo el chico ágil y atlético que era, abrió la ventana de la habitación y se subió al tejado, evitando caerse y hacerse daño. Calculó la distancia que había desde donde estaba hasta la ventana de Akane, y también las distancia desde el techo hasta el jardín. Bien, no era una caída mortal, pero seguramente se rompería algún hueso si no lograba aterrizar bien.
Las cortinas de la habitación de Akane estaban cerradas, por lo que no podía ver hacia adentro, pero la luz de la habitación todavía estaba encendida. Ranma sopesó qué hacer: podía intentar abrir la ventana y colarse en la habitación, corriendo el riesgo de que Akane estuviera en paños menores y lo mandara a volar por invadir su privacidad; o podía tocar la ventana, corriendo el riesgo de que Akane no le abriera y lo mandara a volar por molestarla desde la ventana. Respiró profundo y pensó que lo mejor sería la segunda opción.
Tocó la ventana y la silueta de Akane no tardó en aparecer al acercarse. Al correr la cortina, la chica casi se cae hacia atrás del susto. Se llevó una mano al pecho y miró a Ranma con el ceño fruncido. Él pudo leer en sus labios la frase ¡qué susto me has dado! Así que aprovechó para hablar lo suficientemente alto como para que Akane lo escuchara desde el interior de la habitación:
—Por favor, ábreme.
Ella pareció fastidiada, pero hizo caso. Abrió la ventana y luego movió las cosas que tenía de ese lado del escritorio, que estaba pegado a la ventana, para que Ranma pudiera entrar. Una vez dentro, el chico cerró la ventana e hizo lo mismo con la cortina. Miró a su novia.
—¿Vas a decirme qué te pasa?
—Estoy cansada y tengo sueño.
Ranma sabía que eso era solo una excusa. No era tonto, y a estas alturas era más que evidente que a Akane sí le ocurría algo y era personal. Pero, tal vez, si intentaba un acercamiento más sutil y romántico…
—¿Y no quieres dormir conmigo? —Preguntó haciéndole ojitos y acercándose a ella—. No tenemos que hacer nada más si no quieres —aunque yo me muero de ganas de hacerte de todo—, solo dormir.
—No, no quiero. —Contestó ella y se cruzó de brazos.
Ranma pareció decepcionado y dolido, pero no dijo nada más. Tal vez, si lograba besarla, la haría cambiar de opinión...
—¿Al menos te puedo pedir un besito de buenas noches?
Y entonces Akane arrojó una frase que dejó muy claro que el elefante en la habitación tenía nombre y apellido.
—Pídeselo a Ukyo.
Ranma abrió los ojos de forma exagerada al escuchar el retintín con el que su novia había dicho el nombre de U-chan. Y al ver que ella parecía enojada, recordó lo que Asami le había dicho
—¿Estás molesta conmigopor... Ukyo?
Akane no quería admitirlo, porque pensaba que sería una muestra de debilidad. No quería reconocer que Ukyo tenía ese poder sobre ella y sobre su relación, pero tampoco podía aguantar aquello por mucho tiempo.
—¿Te gusta? —Demandó saber, ceño fruncido y brazos cruzados.
—¿Qué? ¿Ukyo? —Ranma la miró como si hubiera dicho una locura—. ¡Por supuesto que no me gusta! —Frunció el ceño—. ¿Por qué piensas eso? ¿Estás celosa de ella?
—¡Sí, Ranma, sí! —Exclamó furiosa—. ¡Estoy celosa de Ukyo! ¡Estoy celosa porque creo que ella te gusta y que tú le gustas a ella! ¡Estoy celosa porque a veces pienso que confías más en ella que en mí, que te gusta charlar más con ella que conmigo! —Sin poder evitarlo, dio un paso adelante y le dio un empujón a Ranma—. ¡Y estoy molesta contigo, por hacerme sentir así! —Lo miró con una mezcla de dolor, rabia e impotencia—. Estoy molesta porque incluso después de que nos acostáramos estabas muy feliz de verla, ¡y muy cariñoso! ¡Y en la cara de todos!
Le dio otro empujón, y así tan rápido como había empezado a cantárselas una por una, se quedó callada. Estaba muy alterada, pues tenía el rostro rojo, la respiración agitada y el pulso acelerado. Ranma la miró como si fuera una extraterrestre o como si le estuviera hablando en un idioma desconocido para él. ¿De dónde venían estos celos y estos reclamos? Akane nunca se había comportado así con él, jamás le había recriminado su amistad con Ukyo. No lo entendía...
—Akane… Ukyo es mi amiga.
—Tu amiga a la que le cuentas más cosas que a mí...
—¡Eso no es verdad! —Contestó Ranma sin poder creer que Akane pensara eso.
Su respuesta solo sirvió para encenderla otra vez.
—¡A ella le cuentas todo lo de tu padre y a mí no! —Exclamó, dejando ver otra lo molesta y celosa que estaba—. Así que no digas que no es verdad. —Se llevó las manos a las caderas—. ¡Y no entiendo por qué! ¡La única explicación que se me ocurre es que te gusta!
—¡Ukyo no me gusta!
—¡Pues tal vez tú sí le gustas a ella! —Insistió Akane—. ¡Y tal vez no te has dado cuenta de que te gusta!
—¡Yo no le gusto a Ukyo! ¡Nunca podría gustarle!
—¡Eso es lo que tú crees!
—¡Ukyo es lesbiana! —Exclamó Ranma sin poder evitarlo—. ¡Le gustan las chicas, no yo! ¡Y a mí tampoco me gusta ella, me gustas tú!
—¿Q-qué?
—¡Pues, eso! ¿Vale? —Ranma había perdido la paciencia y la calma. Ya no le quedaban ganas de ser cariñoso y dulce con Akane para que ella se calmara. Estaba cabreado—. A mí no me gusta ella, me gustas tú. Y yo no le gusto a Ukyo, a ella... le gusta Hiroko.
Akane sintió que alguien sonaba un gong muy cerca de ella, dejándola aturdida y haciendo que no pudiera prestar atención a nada ni a nadie a su alrededor, pues solo podía escuchar el retumbar del gong en sus oídos. En aquel momento, el ruido que hacía eco dentro de ella eran dos frases:
Ukyo es lesbiana. A ella le gusta Hiroko.
Miró a su novio y se fijó en que sus ojos azules eran sinceros. Ranma no le estaba mintiendo ni estaba inventando una excusa para que ella dejara de hacerle una escena, le estaba diciendo la verdad.
—Pero… Ukyo… es que… ella no parece…
Akane sabía que las apariencias no tenían nada que ver con la orientación sexual de una persona, y que pensar lo contrario era un prejuicio injusto; sin embargo, le fue imposible dejarse llevar por aquel pensamiento colectivo.
—¿Es porque es muy femenina? —Preguntó él y ella asintió con la cabeza—. Ya, eso mismo pensé yo. Pero ya ves a Ryoga, que es muy masculino y…
—¿Qué?
La mandíbula de Akane casi toca el suelo.
—¿Ryoga es gay?
El rostro de Ranma se transformó en una mueca de terror. Mierda. ¿Acababa de meter la pata?
—Espera, ¿tú no lo sabías?
—No… o sea, había escuchado algunos rumores y… en algún momento lo llegué a sospechar, pero no tenía confirmación…
Síp, acababa de meter la pata. Recordó que Ryoga le había pedido no decir nada, pues su orientación sexual era un secreto que solo conocían tres personas aparte de él: Ukyo, Sayuri y Hiroko. Mierda, mierda, mierda.
—Akane, Akane —se acercó a ella y cogió sus dos manos—, tienes que jurarme que no vas a decirle nada a nadie. Ni a Asami, ni a Yuka, ni a nadie, ¿vale? Es un secreto… yo lo sé porque… bueno, no importa por qué lo sé, el caso es que Ryoga me pidió que por favor no dijera nada.
Ella asintió con la cabeza y se sentó en la cama mientras procesaba la información recientemente adquirida. Ryoga era gay, lo cual explicaba ciertas cosas, y le daba todavía más sentido a la golpiza que Tatewaki le había dado el año pasado en la fiesta de Ukyo. Y ella… ella era lesbiana. No le gustaba su novio, ¡nunca podía gustarle! ¡Le gustaban las chicas! ¡Hiroko, había dicho Ranma!
Akane no sabía si a Koko también le gustaba Ukyo, tomando en cuenta que su amiga jamás había manifestado ningún tipo de interés por ningún género en particular. Asami creía que era asexual, mientras que Akane sospechaba que su amiga era, probablemente, pansexual o tal vez bi. No lo sabía, porque Hiroko no mostraba interés romántico o sexual por chicos, pero tampoco por chicas, pero sabía que lo más importante para su amiga era la persona como tal, y no su género.
De repente, se sintió ridícula por haber desconfiado de Ranma, por haberle hecho una escena de celos y por haber creído que su novio podía llegar a traicionarla alguna vez. Lo único que le hacía falta era una máscara de payaso.
—Ranma, yo… no lo sabía. —Lo miró avergonzada—. No sabía que a ella… que Ukyo… bueno, no sabía. Y pensé que a lo mejor ella te gustaba porque… bueno, le cuentas cosas que a mí no. —Akane, al ver que Ranma abría la boca para responder, se apresuró a continuar—. Y ya sé que no me tienes que contar todo, que hay cosas que prefieres hablar con tus amigos, así como hay cosas que yo prefiero hablar con los míos, pero…
—Pero ¿qué?
Esta vez, la respuesta no llegó como una ráfaga de reclamos y señalamientos. Si bien Akane todavía estaba visiblemente alterada, su tono fue mucho menos beligerante, y al responder, sus ojos mostraron algo distinto.
—Algunas veces llegué a sentir que ella tiene algo que yo no, y que por eso tú confías más en ella que en mí…
El chico la miró con sorpresa, como si estuviera procesando lo que ella acababa de decirle. No solo no respondió de inmediato, sino que se mantuvo en silencio, limitándose a mirar a su novia con ojos de culpabilidad. Durante todo este tiempo, Akane había estado sufriendo internamente al creer que él prefería a Ukyo como su confidente, cuando lo cierto es que el chico se desahogaba con su amiga porque no quería que Akane se enterara de la pésima y lamentable relación que tenía con su padre, pues tenía miedo de que la chica lo rechazara o ya no lo mirara como antes.
—Akane… no es eso.
Hizo una pausa, sintiéndose incapaz de continuar. No quería admitir en voz alta que, en los peores momentos, su padre lo insultaba, lo humillaba y hasta le pegaba. No quería parecer menos hombre ante ella, ni que Akane se alejara de él por miedo a la familia que tenía, o a que él pudiera hacerle eso a ella. Sin embargo, sabía que era el momento de hablarle con la verdad. Ukyo le había dicho que alguna vez iba a tener que abrirse, y ya no tenía caso seguir posponiéndolo.
—Tienes razón en eso que dices que hay cosas que le cuento a Ukyo y a ti no, mi amor, pero… no es por lo que crees. —Sus mejillas se sonrojaron y Akane se dio cuenta de ello—. Esas cosas que no te cuento a ti, es porque me da vergüenza...
—¿Vergüenza?
—Sí… son cosas de mi padre. Akane… él y yo no tenemos una buena relación. —Bajó la mirada y Akane notó que también bajaba los hombros. Comprendió que aquel era un tema que lo abatía—. A veces pienso que mi padre no me quiere, que solo me utiliza para su beneficio. Veo que mis amigos y compañeros tienen buenas relaciones con sus padres, que los tratan bien, los quieren... y me da vergüenza admitir que con el mío es todo lo contrario.
Ranma se sentó junto a Akane en la cama y ella se deslizó hasta que sus piernas se tocaban. Posó su mano en la espalda de su novio y lo acarició despacio.
—Mi padre… a veces es… violento. —No se sentía capaz de decirlo de forma explícita, pero esperaba que Akane entendiera el mensaje—. Y otras veces, aunque no emplee la violencia física, puede decirme cosas muy humillantes, cosas que me lastiman… y… yo sé que ya debería estar acostumbrado y que tal vez ya no debería importarme, pero… —Cuando miró a Akane, sus ojos azules reflejaron el dolor acumulado de la fracturada relación que tenía con su padre—. Pero me duele, Akane. Me duele saber que jamás seré lo suficientemente bueno, ni listo, ni talentoso, ni capaz para mi padre. No importa cuánto me esfuerce ni cuántas veces lo intente, para él jamás será suficiente, y por eso nunca me va a querer…
Akane sintió que su corazón se estrujaba dentro de su pecho, y que un nudo se formaba en su estómago. Todo este tiempo, Ranma había estado guardando esos sentimientos y ese dolor dentro de él… ella sabía que la relación entre su novio y Genma Saotome era tensa y problemática la mayor parte del tiempo, pero jamás imaginó la gravedad del asunto.
—Discúlpame por no habértelo contado antes, pero me cuesta mucho hablar de esto. —Suspiró—. A Ukyo… se lo he contado porque ella también me ha contado cosas muy personales de su vida, y bueno, supongo que fue más fácil decírselo porque no la conocía tanto, y también porque… porque ha demostrado ser una buena amiga, que no me juzga ni me rechaza por eso.
Akane quiso decirle que ella tampoco lo juzgaría ni rechazaría jamás por algo así, pero supo que no era el momento de decir eso. Esta conversación no se trataba de ella.
Ranma, como si estuviera leyendo su mente, añadió.
—Tú también me has demostrado siempre que además de una magnífica novia eras una excelente amiga, mi amor —acercó su rostro al de ella y le dio un beso en la frente—, es solo que… me importa mucho lo que pienses de mí y… bueno, mi familia no es perfecta. No quería que te decepcionaras y quisieras dejarme por cómo es mi padre…
—Ranma, claro que no —se giró hasta quedar sentada de frente a él y lo abrazó—, ¿cómo crees que voy a dejarte por algo así? Si fueras una mala persona por eso, vale, sí, seguro te dejaría, pero eres un chico maravilloso. —Acarició su rostro y le di un beso en la mejilla—. Siempre te has portado súper bien conmigo y…
—Bueno, no siempre.
Akane esbozó una sonrisa.
—Vale, déjame corregirme: desde que Miyakoji nos suspendió, te has portado muy bien conmigo…
Ranma también sonrió y Akane se sintió aliviada de ver que su novio, a pesar de estarle contando algo que le afectaba tanto, no había perdido el sentido del humor.
—Eso también es debatible —le dijo él con humor—, porque… tu padre y la profesora Suzuki podrían decir que hace unas horas, en esta misma cama, profané tu honor…
A pesar de soltar una carcajada por el comentario de su novio, Akane no pudo evitar sonrojarse ante la forma que tenía Ranma de hablar sobre su primera vez.
—Eres un tonto —le dijo sentándose en sus piernas.
—Tu tonto —rodeó su cuerpo con sus brazos y la abrazó.
—Pero, hablando en serio —Akane le pasó un par de mechones de pelo detrás de la oreja—, no tienes que contarme las peleas y problemas que tengas con tu padre si no quieres, Ranma, pero quiero que sepas que puedes hacerlo. Y que no voy a juzgarte, ni a rechazarte, ni a amarte menos por eso. —Le dio varios besos en el rostro—. Porque sabes que te amo mucho, ¿no?
Ranma afianzó su abrazo y se dejó caer hacia atrás en la cama, haciendo que Akane quedara acostada sobre él.
—Sí, lo sé, pero yo te amo más. —La besó en la boca y luego le sonrió—. Eres la mejor novia del mundo, Akane, la mejor. Gracias por escucharme y por entenderme.
Ella también le sonrió.
—Gracias por confiar en mí y contarme. Y… sé que no es lo mismo, y que probablemente no ayude en nada y no signifique nada esto que te voy a decir, pero… para mí eres más que suficiente, mi amor.
A Ranma le tomó un par de segundos comprender a qué se refería su novia. Llevaba todo el día pensando que era un hombre afortunado por poder quedarse solo con ella, por dormir juntos, por haber perdido su virginidad con una chica a la que amaba tanto, y sí, definitivamente tenía mucha suerte por todo eso, pero no era lo único, ni tampoco lo más importante. Lo que lo hacía ser una persona verdaderamente afortunada era saber que su chica lo amaba de forma incondicional. Y aunque Akane creyera que no, sí ayudaba.
Porque para él, significaba el mundo.
Empezaré diciendo que este capítulo va dedicado a mi querida Megami Akane, que además de ser mi amiga, es mi mánager (esto no fue negociado con ella, yo tomé la decisión de forma autocrática). Gracias por tu paciencia inagotable, por aguantar mis desvaríos y mi lengua floja, y por ser lo máximo. You rock! Y sí, sé que te he dejado con la duda sobre qué hicieron ciertas personas cuando se quedaron solos, pero… la paciencia es la virtud de los sabios.
Tenía muchísimas ganas de compartir este capítulo con ustedes, ya que es muy especial por varios motivos, los cuales ya habrán leído. Sé que muchos estaban esperando que llegara este momento y que nuestra pareja favorita diera el 'gran paso'. Con respecto a la otra parejita que también tuvo su dosis de protagonismo y pasión, les cuento que en el siguiente capítulo hay una continuación de eso que pasó entre ellos...
Como ya les comenté, cada vez falta menos para el final de esta historia que tanto he disfrutado escribir, y les agradezco muchísimo por todo el apoyo que le han dado. Quedan, de hecho, solo dos capítulos (serán 20 en total). Pero, aunque la historia llegue a su fin, todavía tenemos Mis SF para rato... pero de eso hablaremos en otro momento. ;-)
Respuesta a reviews de usuarios no registrados:
Hikari: sé que al inicio la cantidad de personajes que tienen presencia relevante dentro de la trama pudo resultar un poco pesado o extraño, sobre todo porque no no los "conocían" todavía, pero parte del reto de esta historia y de mi compromiso como autora de entretener, era encontrar la forma de hacer que esas historias paralelas o secundarias fueran tan ricas y profundas como la historia central. Me alegra que te hayas tragado tus palabras jajaja porque eso significa que cumplí mi cometido. De Ryusami todavía quedan algunas cosas por ver, aunque ya en este nuevo capítulo van quedando claras algunas cosas. ¡Espero que ahora ames a Ranma más que antes! Y también espero que hayas investigado sobre ese juguete que te lleva a Tomorrowland jaja. ;-)
Grace: diría que una parte estaba superada, y es que Asami ya no esperaba nada de él. Pero creo que, a pesar de ya haber tomado la decisión de pasar página, el chico le removió muchas cosas por dentro porque todo estaba aún muy reciente. Jajaja amé lo de Tenkiu next. También me gusta tu visión, el hecho de que no necesariamente la ves con Hiroshi, significa que entiendes que la chica puede quedar con alguno, o no, porque así es la vida.
Guest: ¿qué te pareció la carita de Akane cuando se enteró lo de Ukyo? Jajajaja.
Jessie: jajaja tengo a los lectores divididos entre Team Ryusami y Team Hirosami. Me gusta tu forma de pensar, porque al final el hecho de elegir a uno no significa que no se pueda divertir un poquito con el otro, ¿no? Jajaja. Sí, Gosunkugi ha aparecido puntualmente para generarnos risas y estrés jajaja.
Javi: sí, sé que fue un capítulo distinto porque Ranma solo tuvo una aparición de mención y de pensamientos, más no corpórea, pero era necesario para el desarrollo de la trama, como ya les comenté. Jajaja no sé si la palabra sea "trío" con Hiro y Ryu, pero triángulo definitivamente ya lo hay. Yuka va a experimentar, eso no lo dudes. con respecto a si todo se pudría o si Akane iba a hablar con calma con Ranma sobre los celos... tus dudas ya habrán quedado saldadas para cuando leas esto. ;-)
Guest: I don't think Ranma's implying he's not happy with Akane, I think Akane is the one who's implying that. I'm not saying that Ranma is a saint, because he's clearly making a mistake by not being completely honest with his girlfriend and telling her the reasons he has for not talking to her, but I guess he doesn't know any better. I don't blame Akane either, I completely understand her insecurities.
Felicius: Asami es uno de mis personajes favoritos de Aviones de Papel. Me encanta que eres una de las pocas lectoras que no ha tomado un "bando", o al menos no en este review; planteas la situación de manera objetiva, y me gusta que además notas detalles como que estar con Hiro es poner mucho en juego, pero que él lo está poniendo todo en juego por ella. De Yaisuke todavía queda más por ver, y creo que la situación Ranma-Ukyo-Akane ha quedado más que aclarada en este capítulo ;-). Jajaja así es, hay escenas que no necesariamente aportan un gran valor a la trama, pero sí al entretenimiento, que también es importante.
