Aviones de papel
Capítulo XIX:
"Girasoles"
A pesar de que la habitación no tenía ninguna luz encendida, los dos podían reconocer sus facciones en la oscuridad, las siluetas de sus rostros, y las expresiones que ya conocían tan bien de cada uno. Se miraron en silencio durante un rato, limitándose a disfrutar de la compañía del otro, saboreando el momento previo a lo inevitable, a eso que los dos querían que ocurriera pero que ninguno se atrevía a empezar.
Hiroshi rozó el rostro de Asami con sus dedos, y ella deslizó sus manos por el pelo de él. Finalmente, el chico se atrevió a poner en palabras sus deseos
—'Sami —su nombre sonaba distinto en su boca—, podemos solo dormir si es lo que quieres, pero yo me muero de ganas de besarte.
Asami movió sus manos hasta dejar una en la mejilla de Hiroshi, con la otra acarició sus labios. Acercó su boca a la suya y susurró:
—Entonces hazlo.
A pesar de estar a oscuras en la habitación, Asami percibió el cambio en el semblante de Hiroshi. Y cuando el chico la apretó contra su cuerpo y la besó con ganas, ella supo que estaban a punto de cruzar la línea. Si quería detener a Hiroshi y parar el rumbo que estaba tomando su relación, era ahora o nunca. Porque una cosa eran unos besitos y otra muy distinta lo que ella sabía que iba a ocurrir aquella noche si no ponía un alto ahora. Pero ¿de verdad sería tan malo? Es decir, ¿arruinaría su amistad dejarse llevar y recibir un poco de cariño? ¿Entregarse al placer en serio podría perjudicar una amistad tan especial? Las respuestas fueron muchas, pero Asami no tuvo tiempo de ahondar en ninguna, pues pronto Hiroshi se giró sobre la cama hasta que ella quedó acostada sobre él, y llevó sus manos al cierre de su vestido, para comenzar a bajarlo.
Había algo que la sorprendía de él. Hiroshi podía ser un chico tímido e inexperto, pero una vez se aventuraba a alguna labor, como la de bajar el cierre del vestido de Asami o devorar su boca en un beso cargado de deseo, no había nada que lo detuviera ni que lo hiciera dudar. Era un chico cauto, sí, pero también era un hombre apasionado. Y ella tenía suficiente experiencia como para saber que Hiroshi no quería desnudarla por pura curiosidad o un impulso momentáneo, sino porque de verdad la deseaba.
Motivada por aquel descubrimiento, se permitió disfrutar todavía más de aquel encuentro. Buscó los botones de la camisa celeste de su amigo y comenzó a abrirlos uno por uno. Si Hiroshi quería quitarle la ropa, ella no se opondría, pero se encargaría de que él también estuviera desnudo. Cuando desabrochó el último botón, deslizó sus manos por los hombros de él para quitarle la camisa. Hiroshi apartó sus manos de ella para facilitarle el trabajo, y así aprovechar para arrodillarse en la cama y encender la lámpara de Yoda. Ver a Asami sin ropa era un espectáculo que no pensaba perderse.
La habitación se iluminó parcialmente. Todavía arrodillado y ya con el torso descubierto, Hiroshi se acercó a Asami y la besó con suavidad antes de quitarle el vestido. Ella correspondió al beso y acarició su espalda desnuda, sintiendo las manos del chico en sus muslos comenzando a levantar el vestido. Tras quitarlo, lo dejó a un lado y Asami se recostó del cabezal de la cama, para otorgarle a su amigo una vista privilegiada de su cuerpo. Debía admitir que adoraba sentirse deseada, y una de las cosas que más disfrutaba del sexo era el momento posterior a quitarse la ropa, cuando los chicos la miraban como si ella fuera lo más maravilloso de la creación.
Todavía arrodillado en la cama, Hiroshi contempló lo que Asami había estado ocultando debajo de su vestido negro: un conjunto de lencería de un color morado muy oscuro, con detalles de encaje. Había visto a su amiga en bikini muchas veces en el pasado, y aunque en teoría el concepto era similar, verla en ropa interior era otra cosa. No solo porque las prendas que estaba usando eran pequeñas y demasiado sexis, sino porque su amiga tenía un cuerpazo precioso y absolutamente irresistible. Y esa noche era todo para él.
Hiroshi hizo amago de acercarse a ella para besarla, pero Asami estiró su pierna y puso su pie en el pecho de Hiroshi para detener su avance.
—Quítate los pantalones primero.
Él le sonrió y asintió con la cabeza, para luego coger su pie con delicadeza y darle un beso. Sin perder más tiempo, se quitó los pantalones y los lanzó a un rincón de la habitación. Asami, que también había querido contemplar a su amigo en ropa interior, no tuvo demasiado tiempo de hacerlo, pues Hiroshi se abalanzó sobre ella y la besó casi con locura, recorriendo todo su cuerpo con sus dos manos. ¿Dónde había quedado el chico tímido que pensaba dos veces antes de hacer las cosas?
—Me encantas —le susurró contra la piel de su cuello, sin dejar de besarla y acariciarla con ganas—, eres perfecta.
—Lo sé —contestó ella y rodeó las caderas de él con sus piernas, para atraerlo más a su cuerpo.
Además de besarse de forma apasionada, comenzaron a frotarse el uno contra el otro. Asami no tardó en dejar salir los primeros gemidos. Al escucharla, Hiroshi sintió que se excitaba todavía más, pues pocas cosas lo encendían tanto como escuchar a una mujer gemir de placer.
—¿Eso te gusta? —Le preguntó y se movió contra ella con mayor intensidad.
—¿Tú qué crees? —Afianzó el agarre de sus piernas y le mordió el labio.
Él se permitió disfrutar del roce un poco más, pero pronto decidió hacer algo que estaba deseando desde hace mucho tiempo. Se separó ligeramente de ella y volvió a arrodillarse sobre la cama. Esta vez comenzó a recorrer las piernas de Asami con sus dos manos, sin dejar de mirarla como quien admira la Capilla Sixtina por primera vez, disfrutando de cada centímetro de piel suave y tibia. Repitió el recorrido un par de veces más, hasta que sus manos se le hicieron insuficientes y su boca se apuntó a la ascendente labor de adorar las piernas de aquella sirena. Hiroshi sonrió ante aquella ironía que bien podía ser un oxímoron.
Asami estaba disfrutando de las caricias y atenciones de su amigo, que parecía fascinado con todo lo que veía, besaba y tocaba, como si ella fuera lo más maravilloso que hubiera visto en toda su vida. Dejó salir varios suspiros al sentir sus labios húmedos comenzar a repartir besos cada vez más arriba. Cuando las manos de Hiroshi se detuvieron a la altura de las caderas femeninas, y el chico le preguntó si le podía quitar las bragas, ella supo lo que sucedería a continuación. Le dijo que sí y él deslizó su ropa interior hacia abajo, hasta deshacerse por completo de la prenda.
Cuando él comenzó a hacerle sexo oral, la animadora cogió una de las almohadas de Hiroshi y se tapó la cara con ella para ahogar sus gemidos. Él lamentó el hecho, pero comprendió que era lo más seguro, tomando en cuenta que sus padres dormían en la habitación contigua. Se dedicó a lamer, succionar, besar y estimular con dedicación a Asami, disfrutando de darle placer mientras se sumergía en aquella ferviente labor. Ella cada vez se movía más, entrelazando sus manos con los mechones del pelo de Hiroshi y moviendo sus caderas contra el rostro del chico.
Asami disfrutó un rato más del placer oral que Hiroshi le estaba proporcionando, hasta que decidió detenerlo, pues había otras cosas que quería hacer
Lo hizo volver a acostarse sobre ella y le dio un profundo y apasionado beso francés. Luego se giró en la cama hasta que Hiroshi quedó boca arriba, recostado del cabezal de la cama, con ella sentada a horcajadas encima de él. Asami llevó sus manos hasta su espalda para abrir el broche de su sujetador, ante la atenta mirada de Hiroshi, que había dejado de respirar. Se quitó la prenda despacio y sin prisa, prolongando el momento y disfrutando de torturar a Hiroshi. Una vez estuvo completamente desnuda, se mantuvo a horcajadas sobre él sin hacer nada más. Hiroshi la devoró con la mirada durante varios segundos, luego se animó a subir sus manos lentamente por el cuerpo de Asami hasta que llegó a sus pechos. Los acarició despacio primero, deleitándose con la suavidad de la piel, contemplando el cambio de tono que había en esa parte del cuerpo de su amiga, para después apretarlos con deseo.
—Pónmelas en la cara —le dijo arrastrando los dientes.
Ella alzó una ceja y lo miró divertida y sorprendida ante lo directo de la petición.
—Primero voy a tener que deshacerme de esto.
Asami llevó sus manos al borde de los calzoncillos de Hiroshi y los bajó con ayuda del chico, que alzó las caderas para facilitarle el trabajo. Ella se rio al ver que el chico no parecía tener ganas de perder el tiempo. Todavía a horcajadas sobre él, se incorporó un poco hasta que sus pezones rozaron el rostro de su amigo. Él la rodeó con sus brazos y la atrajo hacia su boca, para comenzar a estimular sus pezones.
—¿Te gustan? —Le preguntó Asami mientras enterraba sus manos en su pelo y lo miraba desde arriba.
—Me encantan —susurró él contra su piel—, todo de ti me encanta. Eres perfecta —repitió por segunda vez en la noche.
Ella echó la cabeza hacia atrás y se dejó hacer, excitándose cada vez más con cada mordisco, succión, lamida y beso que Hiroshi repartía. El chico llevó sus manos de la espalda de Asami hasta sus nalgas y las apretó con ganas, haciendo que ella soltara un gemido que le fue imposible retener. Se olvidó de que no estaban solos y comenzó a exteriorizar la excitación y el placer que sentía en aquel momento, hasta que Hiroshi le recordó que debían estar callados. Asami entonces abrió los ojos y decidió que era su turno para torturarlo.
Atrapó su boca en un beso profundo, el cual cortó para dejarlo con ganas de más y poder descender despacio por su cuerpo. Cuando estuvo a la altura de las caderas de su amigo, se detuvo y le dedicó una mirada a ese gran atributo que lo había hecho famoso entre las animadoras de Furinkan. Cogió el pene de su amigo con su mano y, antes de pasarle la lengua, hizo contacto visual con él.
Hiroshi sintió que dejaba de respirar y que el mundo se detenía en el momento en el que Asami comenzó a lamer y succionar su erección como si se tratara de un cono de helado, y todo sin dejar de mirarlo. Era la primera vez que una chica lo miraba mientras le practicaba sexo oral, pero además era la primera vez que lo hacía tan bien. Tanto Aika como Kira lo hacían muy bien, pero Asami era otra cosa… era como si de verdad estuviera disfrutándolo, como si no lo hiciera para complacerlo a él y ya, sino como parte de algo que a ella le gustaba hacer.
Tampoco pudo reflexionar demasiado al respecto, porque ella intensificó las caricias que le daba con su boca y con su mano, y se concentró todavía más en llevarlo al límite. Hiroshi bajó su mano y le apartó el pelo de la cara para poder verla mejor. Ella le agradeció mentalmente, pues eso le facilitaba el trabajo. El chico dejó su mano en el espacio entre el mentón y el cuello de Asami, y le acarició la piel mientras ella continuaba con su tarea. Se permitió mover las caderas ligeramente, sabiendo que si era demasiado brusco podría lastimarla o incluso ahogarla un poco, y eso era algo que no quería.
Asami estaba disfrutando de cada suspiro, cada gemido, cada movimiento y cada contracción que Hiroshi hacía producto del placer que estaba recibiendo. Adoraba tener ese poder de volver loco a un chico con algo tan simple como una felación.
—Asami —le dijo él arrastrando las letras—, deberías parar...
Ella sonrió, sabiendo que lo tenía a punto de caramelo.
—¿Eso quieres? —Volvió a mirarlo y le pasó la lengua a la punta de su pene—. ¿Seguro?
Pero Hiroshi no estaba para jueguitos. Sabía que podía correrse y luego seguir, pero no quería terminar así, no todavía. Se incorporó en la cama y cogió a Asami de la cintura para que ella también quedara sentada. La besó con ganas y la abrazó contra su cuerpo, disfrutando de sus formas femeninas. Luego se puso de pie y se dirigió hasta su armario. Allí rebuscó entre el cajón de su ropa interior y sacó una caja de preservativos. Volvió a la cama y, justo cuando estaba a punto de sacar el profiláctico del envoltorio, Asami lo detuvo.
—Quítate las medias.
—¿Qué?
—Las medias, quítatelas. No pensarás hacerlo así, ¿no?
Hiroshi ni siquiera había reparado en ese detalle. Se deshizo de sus medias oscuras ante la divertida mirada de Asami, que no podía creer que el chico se hubiera quitado todo menos las medias. Después sacó el condón del empaque y se lo puso con destreza, para después acostarse encima de Asami y acomodarse entre sus piernas.
—Me dices si te duele, o si quieres que vaya más despacio.
—¿Y si quiero que vayas más rápido?
Hiroshi la miró como si no pudiera resistirse a ella y le pasó la lengua por el cuello.
—También —susurró contra su oreja—, quiero que me digas todo.
Ella sonrió y coló su mano entre su cuerpo y el de su amigo para acomodar su pene y conseguir que el chico entrara en ella. A pesar de que no lo hizo de forma rápida, la penetración fue profunda y Asami tuvo que soltar una bocanada de aire al sentirlo tan adentro tan pronto. Se abrazó a él y ocultó su rostro en el hueco de su cuello, pues no quería que el chico se detuviera al pensar que ella estaba sufriendo; simplemente necesitaba adaptarse a aquel tamaño hasta ahora desconocido para ella. Agradeció que el chico empezara despacio y no fuera con todo de una vez, ya que eso le sirvió para que su cuerpo se acondicionara y entrara en el juego más rápidamente.
Comenzó a mover sus caderas contra las de él, intentando que los movimientos de ambos se acompasaran hasta encontrar una cadencia lo suficientemente placentera para ambos. A Hiroshi le gustó y le excitó que ella no se limitara a que él hiciera todo el trabajo, así que comenzó a moverse un poco más rápido, sabiendo que corría el riesgo de acabar antes de tiempo por todos los estímulos que ya había recibido. Asami tuvo que enterrar su rostro en el cuello de su amigo para ahogar los gemidos que se moría de ganas de dejar salir.
—Te odio —le dijo en un susurro y luego se rio.
—¿Por qué? —A él le causó gracia que ella le dijera eso en aquel momento.
—Por traerme a tu casa —le mordió el cuello—, con tus papás y tus hermanos… por tener que estar callada.
Hiroshi se rio y buscó su boca para besarla.
—¿Hubieras preferido que fuéramos a otro lado?
—No —contestó ella y le mordió el labio inferior—, no sé. No lo había pensado.
Él volvió a reírse e intentó besarla, pero Asami se giró sobre la cama para quedar sentada sobre él. En esa postura sentía a Hiroshi muy adentro, pero podía controlar la velocidad y la intensidad de los movimientos. Al igual que lo había hecho él minutos antes, ella empezó a moverse con lentitud, pero poco a poco fue aumentando la velocidad y disfrutando cada vez más de estar arriba.
Hiroshi le entregó la batuta a Asami y dejó que su sirena favorita fuera quien llevara el timón del barco, aunque varias veces tuvo que pedirle que se detuviera o que bajara la velocidad, pues cada vez lo estaba llevando más cerca del orgasmo.
—Tengo una idea.
Se separó de ella y la cogió de la mano para levantarse de la cama. Asami lo miró y lo siguió sin entender que pretendía, hasta que llegaron al escritorio. El chico apartó las cosas que le estorbaban y luego cogió a Asami de las caderas para levantarla y sentarla sobre la mesa.
—El día que nos besamos aquí, no sabes lo preciosa e irresistible que te veías sentada en el escritorio, fingiendo que entre tú y yo no pasó nada para que mi madre no se diera cuenta…
Asami sonrió al recordarlo. Él la hizo rodearlo con sus piernas y con un movimiento rápido y habilidoso, volvió a entrar en ella, robándole un sonoro suspiro. Hiroshi le tapó la boca y le susurró al oído que se moría por escucharla gemir, pero que debían controlarse para que nadie los escuchara.
—¿Seguro que no me quieres escuchar? —Le preguntó mientras comenzaba a moverse contra él, haciendo que Hiroshi hiciera lo mismo.
—Ya te dije que sí, pero… ah… —no fue capaz de completar la frase, pues su propio gemido se lo impidió.
Asami se mordió el labio inferior mientras sonreía.
—Yo también puedo —acercó su boca a la oreja de él y la mordisqueó—, a mí también me gusta mucho escucharte…
Volvió a mover sus caderas contra las de él, haciendo que el chico gimiera una vez más. En venganza, Hiroshi bajó sus manos hasta las caderas de Asami para acercarla todavía más a él y penetrarla con mayor profundidad. Acto seguido, le dio una sonora nalgada que hizo que la chica gimiera fuerte y luego se tapara la boca con las dos manos.
—¿No se suponía que debíamos estar en silencio? ¡Estás loco! —Exclamó Asami y le lamió los labios en un intento de reprimir su risa.
—No, de hecho, no. —Contestó él y rozó su lengua con la de ella—. Pero… contigo es distinto. —Acarició el rostro de Asami con el dorso de su mano—. Es como si… no sé... como si por primera pudiera ser yo mismo.
Era la verdad. Por primera vez no estaba siguiendo instrucciones, ni ejecutando un rol, ni haciendo lo que se esperaba de él; por primera vez, Hiroshi estaba disfrutando del sexo con alguien que le permitía manifestar lo que quisiera, hacer y decir lo que saliera de él, ser él mismo.
Se despertaron abrazados al día siguiente, con piernas y brazos entrelazados formando un solo cuerpo.
Para evitar levantar cualquier sospecha, habían acomodado su ropa de la noche anterior para dejarla en una silla y luego se habían puesto un pijama cada uno, en el caso de que alguno de los padres de él abriera la puerta en la mañana. Si estaban los dos vestidos y sin nada que pareciera extraño, era probable que pensaran que la chica simplemente se había quedado a dormir ahí luego de la fiesta.
Hiroshi se hubiera quedado dando vueltas en la cama y contemplando la belleza de Asami durante un largo rato, pero la chica pronto recordó que no había avisado a sus padres que no llegaría a dormir. Chequeó su móvil y comprobó que sus progenitores parecían no haber notado su ausencia, pues no le habían escrito ni tampoco llamado. Hiroshi pensó que eso era algo bueno y le preguntó si quería quedarse a desayunar, pero Asami pensó que podría resultar contraproducente. Ella era buenísima disimulando, así que no había riesgo alguno de que los padres de Hiroshi sospecharan que entre su hijo y ella había ocurrido algo la noche anterior, pero Hiroshi era pésimo fingiendo y disimulando, así que seguramente los delataría… y Asami no podría mirar a los ojos a los padres de su amigo si estos se enteraban de que ella y Hiro se habían acostado. Además, estaba el pequeño detalle de que si sus padres se daban cuenta de que ella no había llegado a dormir, se metería en un buen lío.
A pesar de la negativa a la invitación a desayunar, Asami le dijo a Hiroshi que después podían ir a tomar un helado o al cine. El chico pareció contento con aquello y le dijo que sí. Ella se cambió de ropa y se despidieron en la entrada de la casa de Hiroshi.
Adelantándose a los hechos, Asami le escribió un mensaje a Akane desde el asiento trasero del Uber. Era mejor prevenir y estar preparada.
Asami: «Si mi madre pregunta, me quedé a dormir contigo anoche».
Poco después, llegó a su casa. Intentó hacer el menor ruido posible, pues si sus padres todavía no notaban su ausencia, podía pretender que sí había dormido en la casa. El olor a café le llegó desde la cocina, así que se apresuró a subir las escaleras y meterse en su habitación.
Se metió en el baño y se quitó la ropa para darse una ducha rápida. Luego se puso un pijama y se metió en la cama para intentar recuperar unas cuantas horas de sueño. Justo cuando estaba empezando a quedarse dormida, su teléfono vibró. Asami pensó en ignorarlo, pero la vibración continuó, indicando la llegada de varios mensajes. Cogió el móvil dispuesta a ponerlo en silencio, pero al hacerlo, la pantalla se encendió y mostró quién era la persona que le escribía por WhatsApp.
Ryu Kumon.
El corazón de Asami se aceleró ante la posibilidad de que el chico estuviera escribiéndole para pedirle una respuesta sobre su declaración. Abrió la conversación y se encontró con algo que, además de sorprenderla, le removió todo por dentro.
Ryu: «Vi esto y me acordé de ti». Imagen. «Me encantaría que fuéramos y lo viéramos juntos. Qué dices?» Emoji de beso, emoji de girasol.
Asami sintió que su corazón daba un vuelco al ver el póster de aquella exhibición de Van Gogh a la que Ryu la estaba invitando, la cual se llevaría a cabo el próximo fin de semana en el Museo Nacional de Arte Occidental de Tokio.
Ella le había hablado a Ryu sobre su pasión por el arte y sobre Vincent Van Gogh, su pintor favorito. Recordaba perfectamente haberle mencionado su deseo de ir a Ámsterdam para visitar el museo de aquel hombre que, a través de su arte, consiguió las tortuosas emociones que lo atormentaron hasta el día de su muerte. Recordaba que el chico le había dicho, en broma y en serio, que, si algún día se animaba a ir a Ámsterdam, lo invitara a ir con él porque ahora también le interesaba ver esas pinturas que a ella tanto le gustaba.
Y ahora el chico la estaba invitando a ver la exhibición temporal en Tokio, demostrándole una vez más que cuando quería ser dulce, atento y romántico, no había nadie que le ganara. Suspiró.
¿Cómo podía decirle que no?
Aquel lunes, Ranma llegó a clases pletórico, algo poco habitual en él. No porque el chico fuera un amargado ni mucho menos, sino porque ningún adolescente llegaba al colegio un lunes motivado y con demasiada felicidad. Pero el joven Saotome había pasado un maravilloso fin de semana junto a su novia, y no había nada que pudiera perturbar su paz espiritual y la sensación de plenitud y amor que sentía.
Tras su discusión con Akane por Ukyo, y la posterior conversación sobre el motivo por el que él prefería no contarle a su novia ciertas cosas, la joven pareja se reconcilió de una forma que para ambos era nueva, pues la habían descubierto juntos aquella tarde. En algún punto de la madrugada, Akane le pidió a Ranma que dejaran «algo para mañana», ya que no solo estaba cansada, sino que ciertas partes de su anatomía se encontraban adoloridas por tanto uso.
El sábado se despertaron a media mañana y, antes de desayunar, Akane le propuso tomar una ducha juntos. Ranma se sentía como el chico más afortunado sobre la Tierra, pues no cualquiera podía disfrutar de un fin de semana romántico junto a su novia, que además era una chica preciosa y muy apasionada. Justo cuando terminaron de vestirse tras la ducha, Kasumi llegó a la casa. Y, aunque ya no estaban solos para hacer ciertas cosas, igual disfrutaron de la compañía del otro y también de la de Kasumi, a quien Ranma cada vez le caía mejor.
La mayor de las Tendo se ofreció para preparar un desayuno tardío para los tres —ella tampoco había desayunado— y les propuso a su hermana y a su cuñado ver una película mientras comían. Luego se retiró para tomar una ducha y hacer unas cosas que tenía pendientes, por lo que Ranma y Akane salieron a dar un paseo con P-Chan, aprovechando que no estaba haciendo tanto frío. En la tarde, Kasumi los invitó a comer con Tofu Ono, su novio, y los cuatro salieron a un restaurante que estaba muy de moda entre los estudiantes universitarios de Tokio.
Al caer la noche, se dedicaron a charlar y jugar juegos de mesa, hasta que Kasumi se despidió de su hermana indicándole que esa noche ella y Tofu dormirían en la casa. Ninguna lo mencionó, pero quedó tácito que Akane y Ranma también dormirían juntos aquella noche.
Soun, Nodoka y Genma llegaron a la casa el domingo después de mediodía, y la joven pareja lamentó que aquel idílico fin de semana hubiera llegado a su fin.
Sin embargo, con la llegada del lunes, Ranma seguía en las nubes, los recuerdos y emociones de los días anteriores todavía muy presentes en su ser. ¡Tenía ganas de abrazar a todo el mundo! De repartir amor y buenos deseos, pues consideraba que, así como la vida lo premiaba a él con tanta felicidad, él debía repartir un poco entre sus seres queridos. Y no era el único que se sentía así, ya que cuando Ryoga vio a Ranma en clases el lunes, quiso lanzarse hacia él y darle un abrazo.
Ryoga siempre había sido un chico cariñoso, pero no solía expresar su afecto de forma física con sus amigos varones y compañeros de equipo, ya que evitaba a toda costa hacer o decir cualquier cosa que pudiera levantar sospechas sobre su orientación sexual. Pero aquella mañana no le importaba demasiado lo que la gente pensara de él, pues estaba contento y muy agradecido con Ranma por haber sido una especie de wingman para él el viernes. Además, su amigo ya sabía que era gay, así que ¿qué más daba si lo abrazaba o no?
Cuando se vieron en clases el lunes, solo hizo falta que intercambiaran una mirada para que cada uno se diera cuenta de que el otro estaba feliz. Tampoco hizo falta que hicieran demasiadas conjeturas para adivinar las razones.
—¿Qué tal les terminó de ir el viernes? —Le preguntó Ranma con una sonrisa.
—Muy bien —contestó Ryoga—, después de que se fueron, llegó Hiroko. Bailamos un rato los cuatro y eso, bebimos un poco más, pero Mikado no porque estaba conduciendo, lo pasamos bien. —Esbozó una sonrisa y miró a Ranma con complicidad—. Gracias.
Ranma correspondió a la sonrisa de su amigo. No se atrevía a preguntar demasiado, pues no quería ser cotilla ni tampoco que Ryoga se sintiera incómodo con preguntas invasivas, pero quería asegurarse de que las cosas entre él y Mikado hubieran ido bien.
—¿Qué tal con Mikado? Se llevaron bien, ¿no?
Antes del viernes, Ryoga había visto al amigo de Akane tan solo un par de veces, pero lo recordaba perfectamente porque le parecía un chico guapísimo y muy elegante. Tenía unos preciosos ojos celestes enmarcados por las pestañas más largas del mundo. Y aunque el chico nunca se lo había dicho abiertamente, para Ryoga era más que obvio que era gay y que no estaba en el armario. A pesar de saber eso, Ryoga nunca intentó nada con él, pues prefería no involucrarse con conocidos por miedo a que su secreto saliera a la luz… pero la noche del viernes fue diferente. Por primera vez, él y Mikado tuvieron la oportunidad de charlar y compartir ellos dos solos, y el joven Hibiki se sintió cómodo y en confianza desde el primer momento.
Cuando Ranma, Akane, Asami y Hiroshi se marcharon, Ryoga se sintió un poco más libre. De los cuatro, el único que sabía de su secreto era Ranma, así que el chico se había mantenido cauto y comedido en cuanto al contacto físico con Mikado. Pero una vez sus amigos se fueron, se animó a invitarlo a bailar. Era muy poco probable que hubiera algún conocido en aquella discoteca; además, tanto Hiroko como Ukyo sabían que él era gay, así que no le importó liberarse un poco y permitirse flirtear abiertamente con el amigo de Akane.
Luego, cuando decidieron marcharse, Mikado se ofreció a llevarlos a todos a sus casas, dejando a Ryoga de último para poder pasar más tiempo con él y poder despedirse con algo de intimidad. Al llegar a la casa de Ryoga, intercambiaron números de teléfono y quedaron en volver a verse, ambos expresando lo bien que la habían pasado juntos y lo mucho que les había gustado la noche. Ryoga se animó a besar a Mikado antes de bajarse del coche, y el amigo de Akane le correspondió de inmediato, demostrando una vez más la fuerte química que había entre ellos.
—Nos vimos ayer para tomar un café —comentó Ryoga sin dejar de sonreír—, y volveremos a salir este fin de semana. —Posó su mano en el hombro de su amigo—. Gracias —dijo sincero—, por… guardarme el secreto y también por esto.
A pesar de que Ranma sonrió y se mostró feliz por su amigo, también sintió un nudo en el estómago al escuchar la frase «guardarme el secreto», ya que le dolía saber que para Ryoga no era una opción gritarle al mundo que le gustaba Mikado, como sí lo era para él manifestar lo mucho que amaba a Akane. Pensó en Ukyo y en que para su amiga tampoco era fácil declararse a Hiroko, pues tenía miedo de estar malinterpretando las señales y que la chica se sintiera demasiado incómoda, al punto de no querer volver a hablarle.
Tenía presente que, para sus amigos, el amor era una calle cuesta arriba, pero al menos esperaba que los dos supieran que podían contar con él. Siempre.
A la hora del segundo receso, Asami les pidió a Yuka y a Akane que la ayudaran a ordenar unas cosas en la nueva aula de Arte, ya que se había ofrecido como voluntaria para hacerlo para ganar puntos con la profesora —no es como si verdaderamente lo necesitara, pues era la mejor de esa clase—, pero quería charlar con sus amigas mientras lo hacía.
—Explícame otra vez qué estamos haciendo aquí. —Comentó Yuka al tener enfrente un montón de revistas viejas, pegamento, pintura y otros materiales para hacer manualidades.
—Estamos armando kits para las clases de esta semana, es para hacer collages. —Contestó Asami y procedió a explicarles lo que necesitaba de cada una.
—¿No les parece interesante que esta y Educación Física son unas de las pocas clases donde la tecnología prácticamente no ha tenido impacto? —Dijo Akane mientras comenzaba a seleccionar y repartir distintas revistas.
—¿Será por eso que hay gente que las odia? —Se preguntó Yuka.
—Probablemente —dijo Akane—, la gente preferiría un pincel con baterías que hiciera todo por ellos.
Y hablando de baterías. Asami alzó la cabeza y miró a Yuka, que estaba muy entretenida abriendo los empaques de las nuevas tijeras antes de poner una en cada kit.
—Yuka —sin reparo alguno, la animadora fue directo al grano—, ¿sí sabes que tanto Akane como yo estamos deseosas de saber cómo te ha ido con el Satisfyer? Porque no creo que no lo hayas usado...
Yuka dejó de hacer lo que estaba haciendo y miró a Asami algo sorprendida, pues no se había esperado que su amiga le tocara el tema. Se sonrojó ligeramente y no pudo evitar sonreír. Le daba un poco de vergüenza hablar del tema, pero con sus amigas se sentía muy cómoda para tocar casi cualquier tema.
—Creo… que no es exagerado decir que es el mejor regalo que alguien me ha hecho en toda mi vida.
Tanto Asami como Akane se rieron, cada una manifestando también habían hecho uso de aquel maravilloso juguete sexual.
—No puedo creer que haya pasado diecisiete años de mi vida sin tener un orgasmo —añadió Yuka, con la expresión de quien acaba de descubrir la fórmula de la alquimia—, no sé ni cómo ponerlo en palabras. —Acercó su rostro al centro de la mesa, para estar más cerca de sus amigas, y bajó la voz—. Tengo que ponerme la almohada en la cara y morderla para no gritar.
Las tres chicas se rieron y Akane comentó que ella no lo había usado tanto, pues tenía miedo de que Nabiki se diera cuenta y se lo echara en cara durante el resto de su vida.
—¿Y con Daisuke cómo vas? —Le preguntó la pelinegra a su amiga—. ¿Mejor?
—Bueno, bien. —Contestó Yuka—. Realmente no hemos tenido tantos momentos a solas, pero ya no hace las cosas que le dije que no me gustaban, y de hecho ahora me pregunta antes de hacer cualquier cosa nueva o que piense que podría no gustarme. Eso me gusta. No sé cómo explicarlo, pero es como si el solo hecho de que él me preguntara antes, me motivara a hacerlo, ¿saben?
—Claro, sientes que te toma en cuenta y por eso disfrutas más —acotó Asami.
De pronto, Akane pareció recordar un detalle importante.
—¿Y ya le dijiste que nunca…?
Yuka negó con la cabeza.
—Todavía no, pero… estaba pensando en proponerle usar juntos el Satisfyer. ¿Creen que sea buena idea?
Las dos amigas parecieron pensarlo. Akane fue la primera en responder.
—Yo creo que sí, no veo por qué no. Puedes decirle que lo compraste porque querías experimentar un poco estando sola, pero ahora quieres usarlo con él.
Asami asintió con la cabeza.
—Sí, creo que es buena idea. No creo que vaya a ofenderse, ¡no tendría por qué! Aunque ya sabemos cómo son los chicos con estas cosas… pero tú nos vas contando.
Continuaron charlando sobre el tema, hasta que Yuka esbozó una sonrisa picaresca y miró a Akane.
—Por cierto… me dijo un pajarito que Ranma y tú se quedaron solos el fin de semana…
Akane miró al pajarito que tenía al lado y Asami solo batió sus pestañas y sonrió con inocencia.
—Pues, ese pajarito —comentó Akane mientras le sacaba la lengua a Asami—, te informó bien.
—¿Y qué tal? —Yuka apoyó su rostro de sus manos y miró a Akane con los ojos muy abiertos—. ¿Cómo les fue?
—Bien —contestó Akane recordando la maravillosa sensación de despertarse junto a Ranma—, muy bien.
—Ay, Akane, ¿cómo que bien? —Yuka bufó y rodó los ojos—. ¡Queremos detalles!
—Y luego la cotilla soy yo… —dijo Asami y dio un sorbo a su jugo.
Tanto Yuka como Akane se rieron. La menor de las Tendo pensó en la mejor forma de decirle a sus amigas que ella y Ranma habían perdido su virginidad juntos el fin de semana.
—Bueno, nos fue muy bien porque el viernes nos quedamos solos en casa, lo cual fue casi un milagro. —Sus amigas estuvieron de acuerdo, pues en la casa de los Tendo siempre había gente y algo ocurriendo—. Y… aprovechamos eso para… hacerlo.
Yuka esbozó una sonrisa que surcó todo su rostro, haciendo que se le formaran arrugas en las comisuras de los ojos.
—¿Ya?
—Espera, espera, espera. —Asami frunció el ceño—. ¿Esto cuándo pasó? ¿El viernes? —Akane asintió con la cabeza—. ¿Después de que salimos? —Akane negó con la cabeza, haciendo que los ojos de Asami y su boca se abrieran de forma exagerada—. ¿O sea que cuando fuimos a la discoteca ya no eras virgen y no me dijiste nada? —Se llevó una mano a la frente y levantó la cabeza en un gesto teatral—. Pensé que éramos amigas...
Akane se rio ante la ocurrencia de Asami y luego procedió a responder todas las preguntas que sus amigas le hicieron sobre su primera vez. Siempre le había gustado charlar y tener experiencias compartidas con sus amigas, y ahora que ella también había perdido su virginidad, se alegraba de tenerlas y poder hablarlo con ellas.
Tras terminar de ayudar con los kits de arte, las tres chicas salieron del salón de clases. Todavía faltaba para que sonara el timbre que daba fin al receso. Yuka fue a la cafetería y tanto Asami como Akane se dirigieron al baño.
—¿Y tú qué? —Akane ladeó la cabeza y miró con complicidad a su amiga, que se lavaba las manos junto a ella.
—¿Yo? —Asami pareció no entender la pregunta—. ¿Yo qué?
—Pues eso quisiera saber… el sábado me enviaste un mensaje diciéndome que dijera que te habías quedado en mi casa —la menor de las Tendo sonrió con picardía—, eso significa que estabas en un lugar donde no debías estar o donde no querías que tus padres supieran que estabas.
Ah, eso. Los recuerdos de su noche con Hiroshi invadieron su mente. ¿Debería contárselo a Akane?
—Ajá —fue todo lo que dijo Asami y miró a Akane a través del espejo.
—¿Te fuiste con Ryu?
Akane sabía que su amiga estaba enamorada del portero del equipo de fútbol, y aunque la chica hubiera decido dejarlo atrás y seguir su vida sin él, ella era consciente de que uno no olvidaba a alguien de la noche a la mañana. Así que tal vez Asami hubiera recaído.
—No, no me fui con Ryu. —Cerró el grifo del lavamanos y caminó hasta el dispensador de papel para coger uno y secarse las manos.
Akane parpadeó un par de veces y luego frunció el ceño. Asami, adelantándose a la pregunta de su amiga, le dijo lo que quería saber.
—Pasé la noche con Hiroshi.
—¿Con Hiro? Pero ¿no le dijiste a tu mamá? —Frunció el ceño—. ¿Qué…?
A Akane solo le bastó mirar a Asami a los ojos para entender que, cuando su amiga dijo que pasó la noche con Hiroshi, no se refería a que había dormido con él y ya.
—¿Tú y…? —Sus ojos castaños se abrieron de forma exagerada—. ¿Lo hicieron?
Asami asintió con la cabeza y estuvo a punto de apartar la mirada, pues tenía miedo de que su amiga la juzgara por haberse acostado con Hiroshi; sin embargo, como siempre que le contaba algo a Akane, ella simplemente la miró esperando conocer más detalles, sin nada que delatara que la estaba juzgando en silencio o criticando su actuar.
—Todo empezó hace como un mes…
La animadora le contó a su amiga el timeline de los hechos que cambiaron el rumbo de su relación con Hiroshi, empezando por el beso que se dieron en su casa, cuando el chico le manifestó sus dudas e inseguridades sobre por qué ninguna chica quería salir con él. Le contó con detalles todo lo siguiente, los flirteos, los piropos, el cambio de actitud que había tenido cada uno con el otro, hasta que finalmente terminaron acostándose el viernes pasado después de la discoteca.
Akane se obligó a procesar toda la información a medida que su amiga se la contaba, pues sabía que era probable que Asami le pidiera su opinión al finalizar. No fue nada fácil asimilarlo, tomando en cuenta que ella no tenía idea de que a Hiroshi le gustara Asami, ¡mucho menos que su amiga pensara en corresponderle!
—¿Y… qué tal? —Le preguntó curiosa—. ¿Cómo te sentiste?
—Me gustó. —Admitió Asami—. Sé que puede parecer raro, pero… todo ha sido muy natural, ¿sabes? No ha sido incómodo en ningún momento. Puede que raro algunas veces, por todos los años que tenemos de ser solo amigos, pero en general… todo se ha dado con mucha naturalidad y los dos lo hemos disfrutado.
—Pero ¿y Ryu? —Akane sabía que el portero de los Furinkan Sharks seguía siendo una pieza importante en el puzle del corazón de Asami—. ¿Todavía lo quieres?
Asami asintió con la cabeza, sin intención alguna de ocultarle la realidad a su mejor amiga.
—Me dijo que quería que fuéramos novios.
Esta vez le contó a Akane cómo Ryu la había abordado después de clases para entregarle un ramo de girasoles y confesarle que la quería, que estaba arrepentido de dejarla ir, y que quería tener una relación con ella.
—¿Y qué quieres hacer? —Si Akane se sentía abrumada ante todo lo que su amiga acababa de contarle, no podía ni imaginar cómo se estaría sintiendo ella.
Ante aquella pregunta, Asami no fue capaz de contenerse. Se llevó las manos al rostro e intentó respirar profundo para aclarar sus pensamientos, pero no pudo. Se sentía muy confundida y a la vez sentía muchísima presión por tener que darles una respuesta a dos chicos, cuando ni siquiera sabía qué era lo que realmente quería.
Hiroshi era muy importante para ella, lo adoraba y valoraba su amistad como pocas otras cosas en la vida, y no quería perderlo en ninguna circunstancia. También había descubierto que le gustaba y podía verlo como algo más que solo un amigo, pero tenía mucho miedo de que las cosas entre ellos no funcionaran y terminaran odiándose o creando una situación tan incómoda que ya no pudieran estar juntos ni siquiera como amigos. Sabía que Hiroshi la quería de verdad, y no quería lastimarlo.
El caso de Ryu era otro. Ella estaba enamorada del chico, pero no sabía si podía volver a confiar en él. También tenía miedo de que volviera a lastimarla, de entregarle su corazón y que él se arrepintiera y quisiera dejarla para volver a la soltería. Si el chico le hubiera confesado sus sentimientos meses atrás, ella no hubiera dudado en arrojarse a sus brazos, pero las cosas habían cambiado. Sabía que Ryu estaba esperando una respuesta de su parte.
Y luego estaba ella misma. A inicios del año, había tomado la decisión de no involucrarse con chicos por un tiempo, pues deseaba enfocarse más en ella misma, en sus amigos, en sus hobbies, en las cosas que le gustaba hacer. Luego de lo ocurrido con Ryu, había decidido poner algunas cosas en perspectiva antes de volver a salir o a tener algo con alguien. Todavía quería eso, y a veces pensaba que era la mejor opción tomando en cuenta lo confundida que estaba en cuanto a sus sentimientos.
—No lo sé, Akane, ¡no tengo idea!
La menor de las Tendo pronto se dio cuenta de que su amiga se había puesto a llorar, así que se acercó a ella y la estrechó entre sus brazos para darle algo de consuelo. Entendía que estuviera tan abrumada, tomando en cuenta que se encontraba entre dos chicos por quienes tenía fuertes sentimientos, y que además eran diametralmente opuestos. Akane sabía que con los dos había riesgos, pero también la posibilidad de tener algo bonito y especial.
La pregunta era, ¿qué era lo mejor para ella?
A mitad de semana, Ranma, Daisuke y Ryu entrenaban en el gimnasio después de las clases de aquel día. Había días en los que, además de los ejercicios con balón, les gustaba usar las máquinas.
—¿Qué harán el fin de semana? —Preguntó Daisuke.
Ranma todavía estaba pensando qué contestar, cuando Ryu soltó una bomba que los dejó patidifusos.
—Voy a pedirle a 'Sami que sea mi novia. —Comentó como quien dice que va a ver una película al cine.
Daisuke y Ranma se miraron y luego miraron a Ryu. El primero no tenía idea de que Ryu todavía estuviera detrás de Asami; mientras que el segundo no pareció tan sorprendido. Ranma había notado que a Ryu le gustaba Asami de verdad, por lo que jamás había comprendido por qué no la invitaba a salir formalmente. Pero otro pensamiento también invadió su mente: Hiroshi. El pelinegro sabía que su amigo estaba enamorado de la animadora, y todo apuntaba que a ella también le gustaba él. ¿Asami estaría enamorada de Ryu? ¿De los dos?
—¿No van a decir nada? —Preguntó Ryu dejando en su sitio la pesa que había estado usando hasta ese momento.
—No sabía que Asami te gustaba todavía —dijo Daisuke—, pensé que ya habías pasado la página.
—Fue ella quien pasó la página conmigo. —Ryu recordó el Baile de Invierno y luego la noche tras uno de los partidos, cuando la chica le dijo que le había roto el corazón—. Yo nunca quise terminar con ella…
—Pero tampoco quisiste ser su novio. —Acotó Ranma—. ¿Por qué ahora sí?
El portero del equipo de fútbol les explicó que tenía miedo del compromiso y siempre había pensado que era una tontería atarse a una relación siendo tan joven, tomando en cuenta que había muchas chicas guapas con quienes podía congeniar. Sin embargo, el tiempo que estuvo separado de Asami le sirvió para reflexionar y darse cuenta de que cuando estaba con ella, no necesitaba a nadie más. Era una chica maravillosa, interesante, divertida, cariñosa, apasionada, especial...
—¿Y aún no hablas con ella? —Inquirió Ranma.
—Ya le dije que la quiero y que quiero estar con ella, pero… quisiera repetírselo y esta vez pedirle formalmente que lo sea. —Explicó—. A las chicas les gusta eso y creo que Asami se lo merece, tomando en cuenta cómo la he tratado...
—¿Y crees que vaya a decir que sí? —Esta vez fue Daisuke quien habló. Conocía a su amiga y sabía que cuando se involucraba con algo, daba todo de ella, pero también sabía que no le temblaba el pulso para tomar decisiones drásticas.
—Eso espero. —Respondió Ryu—. Sé que todavía le gusto y también sé que me quiere, pero… las mujeres a veces dicen una cosa y luego hacen otra. Y a veces dicen algo, pero están pensando en otra cosa.
Daisuke no necesitaba que nadie se lo dijera, él mismo lo había vivido con Yuka en el ámbito sexual.
—Lo sé, y no entiendo por qué. —Bufó, con una mezcla de frustración y confusión—. ¿Por qué no pueden simplemente decir cómo se sienten y ya?
Ryu frunció el ceño.
—¿Por qué lo dices?
Tras pensarlo, Daisuke procedió a explicar a sus amigos que Yuka le había confesado que no le gustaban muchas de las cosas que él hacía en la cama, incluso a pesar de que durante meses había actuado como si no hubiera nada de malo, ¡al contrario! ¡Cómo si le gustara tanto como a él!
—Pero, no entiendo… —Ryu mantuvo el ceño fruncido y miró a Daisuke como si fuera un completo extraterrestre—. ¿No te dabas cuenta o qué?
—Exacto —Ranma tampoco lo entendía—, me doy cuenta de que a Akane no le gusta nada el segundo que ocurre, es demasiado expresiva.
—¡Es que Yuka nunca me lo dijo! —Exclamó un frustrado Daisuke—. ¡Siempre parecía estar disfrutándolo!
Ryu se rio y se llevó una mano al rostro, sin poder creer la ingenuidad de Daisuke. Lo hubiera esperado de un chico como Ranma, que no tenía demasiada experiencia con las mujeres, pero le sorprendía que un tipo avispado como Daisuke hubiera sido víctima de algo como eso.
—No puedo creer que no te hayas dado cuenta antes —volvió a reírse—, aunque supongo que no te culpo, las mujeres son buenas fingiendo.
—¿Qué?
—Ya sabes, que algo les gusta. Es lo que Yuka hizo, ¿no? Nunca te dijo que no le gustaba que le dieras caña, ni tampoco manifestó físicamente que estaba incómoda, solo fingió disfrutar para complacerte.
—¿Para complacerme?
Ranma intervino.
—El otro día estaba viendo una película con mis papás y hablaban de eso, que muchas mujeres fingen que algo les gusta solo porque a su pareja le gusta… me pareció raro —frunció el ceño—, pero pensé que solo pasaba con los mayores, la gente casada y eso.
Al escuchar eso, Daisuke se hundió todavía más en la culpabilidad.
—Bueno, por lo que nos cuentas entiendo que están mejor porque dejaste de maltratarla —dijo Ryu picaresco.
—Yo no la maltrataba —Daisuke se cruzó de brazos y frunció el ceño—, puede que… fuera un poco brusco, pero… no para lastimarla.
La conversación tomó otro rumbo, y los chicos charlaron sobre la delgada línea entre ser un tío apasionado que follaba con intensidad y un hombre exageradamente dominante que sometía a su pareja sin dar pie a réplica.
—¿Y lo otro cómo lo solucionaste? —Preguntó Ryu.
—¿Lo otro? —Daisuke pareció confundido.
—Sí, el placer. Los orgasmos. Ya me dijiste que, al hablarlo con ella, dejaste de hacer esas cosas y todo mejoró, pero...
—Bueno —el castaño lo interrumpió—, con eso no hemos tenido problema. Ella siempre termina.
Ryu lo miró durante varios segundos sin decir nada, intentando encontrar la mejor forma de decirle a su amigo que no había manera de que Yuka terminara cuando estaba demasiado concentrada en fingir que no le importaba que Daisuke se la follara como si fuera una muñeca inflable. Ranma, por su parte, pensó lo mismo. Él sabía que no era nada fácil satisfacer a las chicas, y que la clave estaba en la comunicación, algo que claramente no había entre Daisuke y Yuka.
—Permíteme dudar. —Fue lo primero que dijo Ryu—. A ver, a las mujeres les encanta hablar sobre la comunicación y todo eso, se llenan la boca diciendo que los hombres tenemos que expresarnos, pero al final ellas tampoco dicen nada y se guardan las cosas y esperan que uno sea adivino. —Se encogió de hombros—. Así que, como no te dijo que no le gustara que le dieras caña, es probable que lo otro no te lo esté diciendo tampoco.
Por primera vez, Daisuke se planteó una posibilidad que nunca había creído posible: ¿sería posible que todo el tiempo su novia hubiera estado fingiendo sus orgasmos y pretendiendo que disfrutaba del sexo con él cuando no era así? Eso podía significar dos cosas: (1) Yuka no estaba satisfecha con su vida sexual, (2) él no era tan bueno —o no era bueno del todo— como había creído.
—Pero ¿por qué? —Preguntó frunciendo el ceño—. ¿Por qué no me lo diría y ya?
Ryu se encogió de hombros.
—No lo sé… puede ser porque le da vergüenza decírtelo o no sabe cómo.
Daisuke pensó que debía hablar con su novia sobre el tema. Ya de por sí se sentía bastante mal por haber asumido que a ella le gustaba todo lo que él hacía sin siquiera preguntárselo, sin interesarse por si había algo que ella quería probar o intentar, pero ahora esto lo hacía sentir mucho peor, como un novio terrible.
—¿Cómo sabes todas estas cosas? —La pregunta de Ranma hizo que tanto Ryu como Daisuke lo miraran—. Sobre el sexo, sobre las chicas…
Ryu pareció pensar su respuesta.
—Una parte es porque les pregunto y las escucho, pero también es porque desde hace varios años sigo en Instagram la cuenta de una sexóloga que siempre publica información relevante e interesante sobre sexo. —Explicó—. También consejos, recomendaciones, mitos…
Sacó su móvil y abrió la aplicación de Instagram para buscar la cuenta de la doctora y mostrarles a sus amigos el feed.
—Es una cuenta informativa y educativa —les dijo—, muchas de las cosas que he aprendido en la teoría, que también funcionan en la práctica, ha sido por ella.
Tanto Ranma como Daisuke se miraron sorprendidos, mostrándose interesados en el contenido que megami_d, el usuario de la sexóloga, publicaba sobre sexualidad.
Aquella noche, Daisuke vio y leyó las setecientas publicaciones que había en la cuenta, incluyendo las historias destacadas, con el objetivo de ilustrarse para entender mejor la sexualidad femenina, y poder así comprender y satisfacer a su novia de la forma en la que ella lo hacía con él.
El sábado en la tarde, Asami se alistó para visitar la exhibición de Van Gogh con Ryu.
Mientras elegía la ropa, se dio cuenta de que estaba nerviosa. Una parte de ella estaba emocionada de poder disfrutar de su pintor favorito junto a Ryu, pero otra sentía un nudo en el estómago ante el posible desenlace de aquella tarde. La conversación con Akane la ayudó a poner algunas cosas en perspectiva y a entender qué decisión debía tomar, pero no por ello era menos difícil.
Tras vestirse con un outfit en distintos tonos de gris, eligió sus zapatillas Golden Goose doradas hasta el tobillo y salió de la casa tras calzarse.
Durante el trayecto hasta el Museo Nacional de Arte Occidental, le escribió a Ryu para decirle que ya estaba de camino. Él le respondió que también estaba yendo y le envió emojis de beso. Al llegar, Asami le indicó al chófer que no la esperara, pues no sabía cuánto tiempo se iba a tardar.
Ryu la esperaba junto a la taquilla del museo. Llevaba puesta una chaqueta Canada Goose de color verde militar y un gorro de lana a juego, con el flequillo completamente peinado hacia atrás. También tenía jeans grises y unas zapatillas Prada altas con estampado militar y detalles en cuero negro. Asami pensó que se veía verdaderamente guapo. Al verla, el chico le sonrió y Asami reconoció en su sonrisa y en su mirada toda la complicidad, la química, la picardía y los sentimientos que los unían. No pudo evitar corresponderle de la misma forma, lo que hizo que Ryu la estrechara entre sus fuertes brazos.
—Hola —le dijo aspirando el olor de su pelo.
—Hola —contestó ella, permitiéndose disfrutar de volver a estar entre los brazos de Ryu.
—¿Cómo estás? —El chico le dio un beso en la mejilla y le acomodó un mechón de pelo tras la oreja.
—Bien, ¿y tú?
—Bien —sonrió—, con muchas ganas de que me hagas un tour por la exhibición y me expliques los detalles y las historias detrás de cada pintura.
Ryu sabía lo mucho que Asami adoraba el impresionismo y el postimpresionismo, en especial al pintor holandés, y sabía que lo adoraba particularmente por todos los girasoles que había pintado. Inicialmente, Asami le había gustado por su físico y después por su ímpetu sexual, pero a medida que fue relacionándose con ella, se dio cuenta de que era alguien verdaderamente interesante.
—Espero que sea verdad —le dijo ella en tono bromista—, ya sabes lo intensa que soy con estas cosas.
Ryu se rio y le guiñó un ojo. Ambos entraron al museo y se aventuraron al interior de la mente de Vincent Van Gogh.
Las horas pasaron y los dos adolescentes se dedicaron a recorrer toda la exhibición, admirando cuadro por cuadro, disfrutando de una tarde de arte, bromas y coqueteos. Ryu observaba a Asami fascinado ante la pasión que la chica mostraba al contemplar cada pintura y al contarle las historias que ella conocía. Desde por qué pintaba girasoles, hasta las historias del asilo en el que estuvo internado y desde el que pintó La noche estrellada.
De todas las pinturas, Ryu sintió especial fascinación y atracción por los autorretratos de Van Gogh. Le gustaban los detalles de su barba y su pelo, y Asami le explicó que ese tipo de trazos eran muy característicos de Van Gogh, pero podía apreciarse en otros artistas del impresionismo y el postimpresionismo, como Monet.
Pero, a pesar del éxito póstumo, la vida de aquel ilustre pintor estuvo marcada por trastornos y enfermedades mentales que nunca le permitieron ser verdaderamente feliz. Asami le contó a Ryu que, cuando Van Gogh tenía treinta y siete años, se disparó en el pecho con un revólver, pero lo curioso es que no murió de inmediato, e incluso le dio tiempo de volver a la pensión donde vivía. Su muerte llegó dos días después, en los brazos de su hermano. Ryu pensó que aquel trágico final era digno de un artista tan trascendental como aquel peculiar holandés.
Tras salir de la exhibición, se dirigieron a la tienda de souvenirs y Ryu le compró a Asami una taza con el rostro de Van Gogh y cuya asa emulaba una oreja. Los dos se rieron ante aquel creativo objeto. Sin embargo, el sentimiento de ansiedad que había conseguido aplacar y olvidar durante toda la exhibición, volvió a hacerse presente con el final de ésta. Asami había aceptado la invitación de Ryu porque sí tenía muchísimas ganas de compartir esa experiencia con él, pero también porque había tomado una decisión con respecto a él. Y, aunque al principio se había dicho a sí misma que la decisión estaba tomada y que era lo correcto, ahora se sentía nerviosa, ansiosa, perdida e incluso triste. Porque, ¿cómo podía decirle adiós al chico del que estaba enamorada? No era fácil.
Bebieron café y comieron pastel en el café del museo, charlando sobre otras cosas que no tenían nada que ver con arte, hasta que Asami se armó de valor para decirle lo que había estado posponiendo hasta ese momento.
—Ryu, quería darte las gracias por invitarme, la pasé increíble. —Esbozó una pequeña sonrisa, intentando que su lenguaje corporal reflejara lo que estaba diciendo—. Me encantó ver la exhibición contigo, en serio. No hay ninguna persona con quien hubiera preferido venir.
Él sonrió y acercó sus labios a los de ella para besarla dulcemente, pero Asami apartó la cabeza en un gesto que, aunque suave, seguía siendo un rechazo. Ryu buscó sus ojos para intentar comprender qué había sido eso, pero Asami seguía mirando hacia otro lado.
—¿'Sami?
Cuando la chica finalmente lo miró, él entendió por qué lo había rechazado… y también entendió que aquella cita era la última. Al igual que segundos antes, una sonrisa se dibujó en el rostro del portero, pero esta vez era triste.
—¿Por qué siento que estás a punto de sacarme del estadio de una patada?
Asami quiso sonreírle también, pero no fue capaz de hacerlo. No cuando estaba a punto de romperle —y de romperse— el corazón.
—Ryu, lo siento mucho, pero… no puedo ser tu novia.
Él, siendo el chico avispado que era, no pasó por alto la elección de palabras de su sirena. No puedo no significa no quiero. A pesar de sentir que estaba por perder a la persona que más le importaba, de alguna manera comprendió porque Asami estaba diciéndole que no podía ser su novia. Sin embargo, quería escucharlo.
—¿Ya no sientes nada por mí? —Le preguntó sintiendo que el corazón estaba por salírsele del pecho, al tiempo que un nudo comenzaba a formarse en su garganta.
Asami lo miró e hizo su mayor esfuerzo para retener las lágrimas que amenazaban con escaparse de sus ojos. ¿Qué podía contestar a eso? Al contrario, siento todo por ti y por eso no puedo decirte que sí y ser tu novia. No, no tenía sentido, y él no iba a entenderlo; además, si le decía eso, probablemente tendría que explicarle que una de las razones por las que no podía decirle que sí era porque, aunque lo quería, también estaba confundida por lo que sentía por Hiroshi, y eso era algo que no estaba dispuesta a hacer.
—No se trata de eso, es solo que… no sé qué es lo que quiero.
Aquella era una verdad como una catedral. Una parte de Asami deseaba ser novia de Ryu, pues aunque inicialmente su relación hubiera sido puramente física, en algún punto del camino habían conocido otros aspectos el uno del otro, y eso solo había servido para unirlos más; ella había terminado enamorándose de él, y él también de ella, aunque tal vez demasiado tarde. Luego estaba la parte de Asami que no quería volver a salir lastimada, a la que le costaba confiar en Ryu, y que había decidido que lo mejor sería pasar un tiempo sola sin involucrarse con chicos, pues necesitaba y quería conocerse y entenderse mejor antes de volver a estar con alguien.
—Estoy intentando pensar y decidir qué es lo mejor para mí, pero todavía no lo sé. —Soltó un largo suspiro y cerró los ojos, haciendo que las lágrimas que había acumulado en sus ojos se deslizaran por sus mejillas—. Estoy muy confundida y no estoy segura de qué es lo que quiero, o tal vez sí, pero es probable que lo que quiero y lo que necesito no sean lo mismo. Y sintiéndome así, no puedo elegir. —Se mordió el labio inferior—. No puedo decirte que sí porque... no estoy segura de mi respuesta.
Fue en ese momento en el que Ryu se dio cuenta de que el nudo que sentía en la garganta era debido a que estaba reprimiendo sus propias ganas de llorar. Al escuchar lo que Asami acababa de decirle, sintió una mezcla de impotencia, desilusión y dolor. Impotencia, por saber que ya no había nada que pudiera hacer o decir para retenerla a su lado; desilusión, porque de verdad había pensado que después de esa tarde, Asami y él saldrían del museo siendo novios; dolor, porque él era el único responsable de que ella se sintiera así.
—Hay tantas cosas que quiero decirte, que ni siquiera sé por cuál empezar. —Dejó salir una risa triste e irónica y se pasó una mano por los ojos para limpiarse las lágrimas—. Yo… te quiero, 'Sami. Y sé que es muy injusto que haya esperado tanto tiempo para decírtelo, pero quiero que sepas que te quiero demasiado. —Cogió su rostro entre sus grandes manos y pegó su frente a la de ella—. Y lamento muchísimo haberte lastimado. —Suspiró—. Lamento haber arruinado lo que teníamos.
—Yo también te quiero, Ryu, tú lo sabes. Pero...
—Pero llegué demasiado tarde, ¿no?
—Es posible —dijo ella con una triste sonrisa.
Ryu asintió con la cabeza y separó su frente de la de ella, pero mantuvo el contacto físico. Secó las lágrimas de Asami con sus pulgares y ella pudo ver que los ojos marrones de él, que hasta ese momento se veían acuosos, no pudieron contener las lágrimas por más tiempo. Sintió un fuerte nudo en el estómago y un dolor en el pecho al verlo llorar por primera vez.
—¿Te vas con tu chófer?
Ella asintió con la cabeza y buscó su móvil.
—Sí, me dijo que ya llegó.
Ryu la tomó de la mano y caminaron juntos hasta la salida del museo. El chico se permitió acariciar la mano de Asami mientras caminaban, y ella recostó su cabeza de él y se pegó a su brazo, como si estuvieran disfrutando del contacto físico con el otro por última vez.
Cuando ya estaban a pocos metros del Mercedes-Benz negro, Ryu se detuvo. Cogió el rostro de Asami entre sus manos y la besó. Ella correspondió al beso de inmediato, dejándose llevar por sus deseos y emociones y demostrándole a Ryu que sentía lo mismo que él. El chico la abrazó y se propuso memorizar la forma de su cuerpo entre sus brazos, la sensación de sus labios contra los suyos y los movimientos de su lengua mientras lo besaba. Mientras se besaban, notó que sus lágrimas se mezclaban con las de ella.
Asami siempre le había gustado porque era una sirena que no le tenía miedo a los tiburones, que se sumergía en lo profundo sin pensarlo dos veces. Lo que no había tenido en cuenta, pensó Ryu en aquel momento, era que quien sí les temía a las profundidades era él mismo… y ahora estaba ahogándose en el fondo del mar mientras su sirena se separaba de él para emerger a la superficie.
Se separaron poco después y Ryu le dio un beso en la frente y le limpió las lágrimas antes de sonreírle con tristeza. Volvió a coger su mano y la acompañó hasta el coche. Al llegar, le abrió la puerta.
—Siempre te voy a querer.
Y yo a ti, pensó ella mientras se subía al coche.
Tras un último beso en la frente, Ryu cerró la puerta del coche. Mientras el automóvil comenzaba a moverse, Asami vio cómo Ryu se metía las manos en los bolsillos y le daba la espalda para empezar a caminar, alejándose de ella y de todo lo que alguna vez fueron.
¡Feliz año nuevo!
Quiero iniciar dando las gracias a todos los que leyeron el one-shot que escribí por Navidad. Me alegra que lo hayan disfrutado.
Ahora sí, vamos con el capítulo: la protagonista indiscutible de esta entrega es Asami. Sé que había muchísima gente con ganas de leer lo que pasó entre ella y Hiroshi la noche de la discoteca, y creo que no pueden quejarse, pues detalles no faltaron. Parece ser que ya el destino de su relación con Ryu está definido, o al menos lo está para un futuro próximo. Pero todavía queda por ver qué pasará con Hiroshi, porque si bien su noche de pasión fue espléndida y ella lo quiere mucho, parece tener dudas con respecto al futuro. Any thoughts?
Y todo apunta a que Daisuke finalmente se está dando cuenta de muchas cosas referentes a su vida sexual con Yuka. ¡Ya era hora! No solo en la parte física, sino en la emocional, que también es muy importante y muchas veces es la que hace que las parejas fracasen.
Como ya saben, el siguiente es el último capítulo de la historia. En él tendremos más de nuestra pareja favorita. Espero poder publicarlo antes del 31 de enero; por el momento todo apunta a que así será. Muchas gracias nuevamente por leer y comentar. ¡Feliz año!
Respuesta a reviews de usuarios no registrados:
Grace: jajajaja sentí mucha ternura al escribir esa escena de celos de Akane, porque creo que fue muy apropiada para su edad, el arrebato de celos y rabia y terminar el plan de discoteca antes de tiempo simplemente porque quería irse. Me hace gracia que te haya gustado ver a Soun jajaja, ¡me encanta hacerlos reír! Así que qué bueno que lo hayas disfrutado. Me halaga mucho que digas que tendrás depresión post fic, ¡no porque quiera que lo tengas! Sino porque sé lo que se siente, y eso solo ocurre cuando la historia es muy buena, ¡gracias!
Jessie: ¡gracias! Creo que ha quedado bonita porque es natural y además realista, ¡concuerdo contigo! No todas las primeras veces son ardientes y súper eróticas (de hecho, diría que casi ninguna es así). Has dado en el clavo, siempre resuelven sus diferencias. Oh, yo te entiendo. Si me preguntas si soy Ryusami o Hirosami... no sé qué decir, creo que me quedo con los dos jajaja. En cualquier caso, ya sabrás que al menos una de las decisiones está tomada.
Hikari: lo sé, a mí también me da mucha nostalgia pensar en el final de ADP, porque he disfrutado mucho de escribir la historia y de compartirla con ustedes. Jajaja me alegra que hayas investigado sobre eso ;-). ¡Claro! Lo bueno de Ranma y Akane en esta historia es que siempre salen más fuertes de sus conflictos. Bueno, para cuando leas esto, ya sabrás que tus deseos de ver a Ryu sufrir se hicieron realidad jajaja.
Guest: I agree with you; just because someone is your senior, your parent, or your family member, doesn't mean you have to put up with their BS. However, it is easier said than done, especially at such a young age. I think he has shown he can stand up for himself, even though he hasn't done it every time he's had the opportunity. I like the fact that you are bringing this up, because we still haven't seen the last of this yet.
Javi: ¡qué guay! No conozco Argentina, pero tengo muy buenos amigos argentinos y hasta un vínculo familiar con ese país tan lindo. Me encantaría conocer sobre todo esa zona que menciones. Tu primera vez y la mía son parecidas jajaja. Me alegra que te haya gustado tanto el capítulo, pues al principio me costó un poco decidirme cómo sería ese momento, pero creo que la escena es bien lograda porque es algo auténtico. Sí, ya queda poco, ¡muy poco! Pero todavía queda más de mí, aunque de eso hablaremos en el último capítulo de ADP. ¡Muchas gracias por tus deseos! Yo tampoco soy creyente en lo más mínimo, pero celebro por tradición familiar (que no religiosa).
