Aviones de papel
Capítulo XX:
"Aviones de papel"

Ranma debía reconocer que el último mes había sido muy bueno y feliz. Su relación con Akane estaba mejor que nunca, el equipo de fútbol de Furinkan no dejaba de ganar, sus calificaciones estaban siendo buenas, y además relación con su padre era menos tensa desde que éste se enteró del noviazgo de su vástago con Akane Tendo. Sin embargo, y a pesar de que las cosas entre ellos se habían calmado un poco para dar paso a una leve mejoría, su padre seguía siendo el mismo hombre exigente y egoísta, y se lo demostraba cada tanto.

Aquel sábado en la mañana había sido así. Su padre había insistido en entrenar con Ranma, como en los viejos tiempos; y, aunque en principio lo había propuesto como una actividad de relacionamiento padre-hijo, no tardó en cambiar el tono cuando Ranma le indicó que no tenía demasiadas ganas. El chico de la trenza no asociaba los entrenamientos con su padre como algo positivo, sino todo lo contrario, así que prefería evitarlos a toda costa, pues usualmente no terminaban bien.

El conflicto, en esta ocasión, no llegó a raíz del entrenamiento mismo, sino que fue producto de la negativa de Ranma de participar con su padre en cualquier actividad física. A priori, Genma se tomó la actitud de Ranma como la típica de un jovenzuelo flojo que prefiere holgazanear que trabajar duro, pero pronto comprendió que no iba a convencer a su hijo.

—Ya te dije que no, papá —dijo firme—, no insistas. No necesito entrenar más.

—No te lo digo porque lo necesitas, sino porque hace tiempo que no practicas conmigo. ¿Acaso no echas de menos que sea tu maestro, tu sensei?

Ranma hizo uso de su brutal honestidad.

—Para nada.

Genma alzó las cejas y abrió los ojos de forma exagerada ante la sorpresa de aquella respuesta. Él sabía que era duro con Ranma, pero por algo el chico era el atleta excepcional que era, ¿no tendría que saberlo él también?

—Eso es porque te has acostumbrado a que tus entrenadores de la Academia sean blanditos contigo. —Dijo frunciendo el ceño—. Claro, claro. Es eso. Como perteneces a una generación de blanditos, quieres un trato así…

Ranma apretó la mandíbula para no contestarle una barbaridad a su padre. Sin embargo, que no quisiera faltarle el respeto no significaba que fuera a permanecer callado ante sus provocaciones. Ya había permitido que su padre lo pisoteara durante muchos años, sufriendo el dolor de no tener su aprobación y de no ser suficiente para él en ningún momento. Bien, tal vez nunca llegara a ser suficiente, pero al menos le dejaría muy claro que no permitiría ni insulto más… y si eso le costaba la relación que tenían, pues que así fuera.

—Lo único que eso significa es que eres un déspota, papá, y por eso no quiero entrenar contigo. —Lo miró fijamente, decidido a decirle todo lo que tenía en mente—. Me explotas, me insultas, me criticas, me haces de menos… ¿cómo pretendes que tengas ganas de practicar conmigo? ¿Y para qué? ¿Para que me humilles como haces siempre? Gracias, pero prefiero pasar.

Sabiendo que era posible que la discusión escalara, Ranma se puso de pie y caminó hacia su habitación. Allí cogió una mochila y comenzó a guardar algunas prendas de ropa, pues no tenía ganas de verle la cara a su padre en lo que quedaba de fin de semana. Luego se dirigió al baño para guardar sus enseres de higiene.

Al verlo aparecer con una mochila colgada al hombro, Genma miró a su hijo con indignación. El chico se dirigió a la puerta y se calzó.

—¿Es eso lo que piensas de tu padre? —Le preguntó en un tono molesto—. ¿Y ahora vas a marcharte?

—Sí, porque es la realidad —contestó Ranma poniéndose su abrigo—. Y sí, me marcho, dile a mamá que no vendré a cenar. —Cogió sus llaves y abrió la puerta—. No, no le digas nada. Ya hablaré yo con ella. Adiós.

Sin decir nada más, salió del apartamento cerrando la puerta tras de sí. Mientras bajaba en el ascensor, intentó no pensar demasiado en su padre. Si bien no habían peleado como otras veces, Ranma no pudo evitar sentirse triste ante el pensamiento de que tal vez nunca podría tener una relación sana con su progenitor. Él había decidido no aguantar más sus humillaciones, incluso aceptando la posibilidad de terminar enemistándose con su padre, pero… ¿y si la solución no era esa?

Vagabundeo por las calles para serenarse y distraerse, tratando de encontrar una posible solución a su problema. ¿Y si hablaba con su padre y le decía cómo se sentía? No, imposible, ya lo había intentado en el pasado y siempre con los mismos resultados nefastos: su padre acusándolo de ser demasiado sensible, demasiado blandengue, comparándolo con sus propios alumnos, que eran chicos duros, fuertes, que lo darían todo por tener las oportunidades que Ranma tenía. ¿Y si le decía que no quería hablar con él sobre nada que tuviera que ver con deportes o entrenamientos? Eso tal vez podría servir para evitar las peleas y discusiones, pero definitivamente no resolvería el problema de raíz. No curaba la herida, sino que le ponía una bandita encima.

En algún punto de su caminata, sacó su móvil para escribirle a Daisuke y preguntarle qué estaba haciendo, con la intención de juntarse con él para jugar al Call of Duty o Fortnite, o cualquier otra cosa. Su amigo le respondió diciéndole que estaba saliendo de su casa para buscar a Yuka, pues tenía planes con ella. Hablamos luego, le dijo y Ranma suspiró. Sabía que Hiroshi estaba en un evento familiar, así que su amigo quedó descartado por el momento.

Como si el universo hubiera escuchado sus súplicas, su móvil comenzó a sonar. Llamada entrante de Akane Tendo.

—¡Hola, guapo! ¿Qué haces? —La voz de su novia sonaba alegre y animada—. ¿Te molesto?

Él esbozó una pequeña sonrisa. Era increíble lo rápido que Akane le subía el ánimo.

—Tú nunca me molestas, preciosa. —Le dijo sincero—. No estoy haciendo nada. Salí a caminar un poco para despejarme, ¿por qué? ¿Me vas a invitar a algo?

—Síp, ¿quieres venir a mi casa a ver una peli? Pensaba hacer galletas y comerlas mientras vemos la película.

Ranma asintió con la cabeza, como si Akane pudiera verlo, y le dijo que en diez minutos estaba en su casa. Le preguntó si tenía todos los ingredientes para las galletas o si necesitaba algo de la calle, para pasar a comprarlo antes de ir a su casa. Akane le indicó que tenía todo y le pidió que se apresurara, pues quería que él la ayudara en la cocina.

Tal como se lo prometió a su novia, Ranma llegó al hogar de los Tendo en diez minutos. Akane lo recibió con brazos abiertos y un apasionado beso francés que los encendió a los dos. Sin embargo, Ranma pronto fue consciente de que no estaban solos en la casa. La voz de Kasumi, que parecía estar en la cocina, los sacó a los dos de su apasionado momento.

—Akane, ¿has sacado la mantequilla…? ¡Ya la vi!

—Mi hermana me está ayudando —le dijo a Ranma y lo tomó de la mano para llevarlo a la cocina—, es que… no tengo mucha práctica cocinando, ¡pero quiero aprender!

Ranma pensó que su novia se veía realmente adorable. Al entrar en la cocina, Kasumi lo saludó con una sonrisa y le preguntó cómo estaba.

—¿No quieres dejar esa mochila en la sala?

Solo entonces Akane se dio cuenta de que su novio llevaba una mochila colgada en la espalda. El chico asintió con la cabeza y se dirigió a la sala de la casa para dejar allí su mochila.

—¿Estabas entrenando? —Akane lo había seguido hasta la sala.

—No —contestó él mientras dejaba la mochila sobre el sofá y evitaba mirarla—, solo… pensaba quedarme a dormir donde Daisuke.

Akane lo observó detenidamente, intentando descifrar lo que pasaba por la mente de Ranma. Lo conocía tanto, que su cerebro no tardó en sacar algunas conclusiones.

—¿Te peleaste con tu papá?

Ranma la miró sorprendido. ¿Tan evidente era, o es que acaso Akane lo conocía demasiado?

—No exactamente —dijo volviendo a apartar sus ojos de los de su novia.

—Mírame, mi amor. —Akane posó sus suaves manos en las mejillas de Ranma, obligándolo a mirarla—. ¿Estás bien?

Era difícil mentir y fingir que todo estaba bien cuando los ojos de Akane, del color de las avellanas, lo miraban con tanto amor y preocupación. Tras un largo suspiro, negó con la cabeza y se acercó más a ella para abrazarla y enterrar su rostro en el espacio entre su cuello y su hombro. Le contó lo ocurrido con su padre y le explicó todas las inquietudes que pasaban por su mente. Una parte de él estaba dispuesta a rendirse y a aceptar que lo mejor era resignarse a no tener una relación con su padre, pero la otra todavía guardaba las esperanzas de arreglar las cosas con él, el problema es que no sabía cómo.

Akane lo escuchó atentamente y acarició su espalda mientras su novio se desahogaba, entendiendo que el chico no esperaba un consejo ni una palabra de aliento, sino un hombro en el cual apoyarse y un oído atento que escuchara sus inquietudes.

—¿Vamos a hacer galletas? —Le preguntó Ranma separando su rostro ligeramente de ella—. Prefiero eso a seguir hablando de esto. —Añadió con una sonrisa triste.

Su novia asintió con la cabeza, sabiendo que lo mejor sería darle a Ranma su espacio. La joven pareja se dirigió a la cocina, donde Kasumi les había dejado todo listo, desde los ingredientes hasta la receta paso a paso.

A Ranma le sorprendió los pocos conocimientos y el pobre manejo que tenía su novia sobre la cocina, en especial porque Akane parecía no entender que los pasos de una receta tenían un orden lógico y una razón de ser. Le pareció adorable que se molestara como una niña cuando él se burlara de sus técnicas y de sus argumentos para no seguir el orden de la receta, justificando que el orden de los factores no alteraría el producto y que sus galletas quedarían buenas aún si no seguía la receta al pie de la letra. Ranma le propuso hacer dos lotes: uno preparado por él y uno preparado por ella, de forma que pudieran comprobar quién tenía la razón. Si no había diferencia en el sabor ni en la textura de las galletas, eso significaría que Akane había tenido la razón.

Mientras esperaban que las galletas estuvieran listas, Akane le propuso mostrarle a Ranma fotos suyas de infancia, tal y como él lo había hecho la primera vez que ella fue a su casa.

—¿Qué hiciste con la foto que te regalé? —Le preguntó Ranma mientras ella se sentaba junto a él en el sofá, con la MacBook en el regazo.

—La tengo en mi habitación —comentó con una sonrisa y luego frunció el ceño—, ¿no lo notaste los días que dormiste conmigo?

—Akane, los días que dormí contigo no le presté atención a nada que no fueras tú —dijo en tono coqueto y acercó sus labios al cuello de Akane—, verte desnuda es mucho mejor que cualquier otra cosa.

Ella se rio y le permitió besarle el cuello con una mezcla de ternura y pasión, pero pronto lo detuvo. No estaban solos y lo mejor sería no emocionarse demasiado.

—Bueno, como tú me mostraste fotos tuyas, yo… quería hacer lo mismo. Aunque, te las voy a mostrar en digital porque mi papá tiene miedo de que perdamos las fotos en un incendio, así que ya están todas en la computadora.

Ranma se rio ante el comentario de su novia. Su suegro era un hombre muy emotivo y sensible, así que no le costaba imaginárselo preocupado por un posible siniestro.

Akane abrió la MacBook y comenzó a mostrarle a Ranma fotos de su infancia. A Ranma le encantaron sus fotos de bebé, siendo cargada por Kasumi y recibiendo besos de Nabiki, pero también le gustaron las fotos de las vacaciones familiares, en las que Soun cargaba a sus tres hijas sin ningún tipo de dificultad. Había otras en donde Akane estaba en la cocina haciendo galletas con una mujer muy hermosa, con la que tenía un gran parecido. La misma mujer aparecía en muchas otras fotos, por lo que Ranma se dio cuenta de que era su madre.

—Mamá era una gran cocinera —comentó mientras miraba las fotos con ternura y nostalgia—, los platillos occidentales le quedaban particularmente bien.

Continuó mostrándole fotos y narrándole los hechos que las imágenes retrataban. Ranma sintió una punzada de curiosidad al ver las fotos de la difunta madre de su novia, pues solo habían hablado de ella una sola vez, durante el Baile de Invierno. En todos los meses que llevaban juntos, habían charlado sobre numerosos temas e inquietudes, pero la madre de Akane no era uno de ellos.

—Akane —la llamó con voz temblorosa—, ¿puedo… preguntarte por tu madre? —Pareció un poco avergonzado por atreverse a tocar un tema que podía ser sensible para su novia—. Quiero decir… si tú quieres hablar de ella...

Ella miró a su novio con amor. Comprendía perfectamente que sintiera curiosidad con respecto a un tema tan importante en su vida, y a la vez le causaba mucha ternura que se mostrara tan cauto al tocar el tema. Eso le decía que el chico respetaba su espacio y sus sentimientos, y que de ninguna manera quería incomodarla.

Asintió con la cabeza, dejándole saber que estaba preparada para hablar del tema. Su madre falleció cuando ella acababa de cumplir trece, y por un par de ellos le fue imposible siquiera mencionarla sin quebrarse. Pero el tiempo y la terapia la ayudaron a superar aquel duelo tan terrible. Poco a poco, a la menor de las Tendo le fue más fácil recordar a su madre sin hundirse en un profundo sufrimiento, y cada vez era menos doloroso escuchar que alguien la mencionara, o incluso hablar sobre ella. Hoy día podía hacerlo sin problema, aunque debía admitir que todavía le era un poco difícil hablar sobre su partida.

Akane le contó a Ranma que, casi cinco años atrás, su madre tuvo un accidente en el que sufrió una lesión en la cabeza al caerse durante una lección de esquí para principiantes en Hakuba. Al principio, se negó a recibir ayuda médica, pero un par de horas después del accidente se quejó de un fuerte dolor de cabeza, alegando que además se sentía mareada. La llevaron en helicóptero al hospital más cercano, donde dos días después murió de un hematoma epidural.

Al tratarse de una muerte inesperada, la tragedia azotó a la familia Tendo y a la alta sociedad tokiota como un vendaval. Saya Tendo era una mujer respetada, admirada y muy querida en todos los círculos sociales japoneses, pues además de ser la esposa de un gran empresario como Soun Tendo, era la directora de la Fundación Tendo, encargada de dar becas académicas, artísticas y deportivas a estudiantes de escasos recursos.

Ranma escuchó atentamente la forma amorosa en la que Akane hablaba de su madre, explicando que era una mujer abnegada que encontraba gran satisfacción en ayudar a otras personas, pero que también tenía un carácter firme y decidido. Él sonrió al pensar que su hija menor había heredado tanto su temple como su dulzura.

—La extraño mucho. —Confesó Akane—. El dolor… el dolor ha ido yéndose con el tiempo, pero el echarla de menos no. Hasta hace un tiempo hay cosas que no podía hacer porque me recordaban a ella, pero poco a poco he podido superarlas. —Explicó—. Excepto por una.

Ranma no tuvo que preguntarlo, sabía que Akane se refería a esquiar, y podía entender por qué su novia no había querido volver a practicar la actividad que resultó en que su madre perdiera la vida. De todas formas, quería hacerle saber que, si ella deseaba, él la acompañaría y motivaría a hacerlo.

—Mi amor —cogió su mano entre las suyas y la acarició con amor—, si algún día quieres… intentarlo, yo puedo acompañarte. Nunca he esquiado, pero no importa, quiero estar a tu lado.

Akane sintió que su corazón se expandía y que una sensación cálida y agradable se apoderaba de su cuerpo. Ranma era un novio tan entregado, que algunas veces se preguntaba si estaría soñando.

—¿De verdad? —Le preguntó con ilusión.

—Claro —contestó él y se llevó el dorso de su mano a los labios para besarla—, es algo que tú harías por mí, me ayudarías también.

Aquella era una verdad sobre la cual Akane había estado reflexionando con frecuencia en los últimos días. Había estado pensando de qué forma podía ayudar a su novio a lidiar o incluso a mejorar la tensa relación que tenía con su padre, sin realmente llegar a ninguna conclusión. Pero, tras volver a verlo preocupado y alterado por la misma situación, Akane pensó que ya era hora de hacer algo.

El sonido del temporizador anunció que las galletas estaban listas. La joven pareja se miró con una mezcla de emoción e intriga antes de ponerse de pie. Ya en la cocina, sacaron las dos bandejas de galletas del horno, solo para comprobar que la bandeja que tenía el lote hecho por Ranma tenía muchísimo mejor pinta que la de Akane.

—Creo que…

—Hay que dejarlas reposar —dijo Akane interrumpiéndole—, debe… debe ser eso.

En realidad, nada más ver las galletas Akane supo que su novio había tenido razón al insistirle en seguir el orden de la receta. No es que sus galletas tuvieran una pinta repugnante, pero en definitiva las de Ranma se veían mucho más apetitosas.

—¿Qué película quieres ver? —Preguntó Ranma intentando disimular la gracia que le hacía la situación.

—No lo sé, no lo había pensado, ¿tienes algo en mente?

—No, pero podemos ver lo que tú quieras.

—¿Qué te parece la de los tres adolescentes que se meten a robar a casa de un viejo ciego? —Consultó con emoción—. Y resulta que el tipo no es el viejo desvalido que ellos pensaban…

Ranma sabía de qué película hablaba Akane.

—Pero, ésa es de suspenso, ¿no?

—¡Sí!

Ranma ya sabía que a su novia le gustaban las películas de miedo y suspenso, pero no dejaba de sorprenderlo lo emocionada que se mostraba siempre ante la idea de verlas. Hubiera creído que aquella tarde Akane prefería ver una película romántica de esas que le gustan a las chicas, pero una vez más, su novia lo había sorprendido.

—Vale, está bien.

Tras dirigirse al salón familiar y preparar todo para ver la película, Akane y Ranma volvieron a la cocina para probar las galletas y llevar algunas al salón. Ranma cogió dos, una de su lote y una del de Akane, y mordió primero la suya. La galleta tenía la combinación perfecta entre suave y crujiente, el chocolate derritiéndose despacio en su paladar. Veredicto: 10/10.

Akane hizo lo propio y mordió una de sus galletas primero. La textura era… rara. Una parte estaba dura, mientras que otra arenosa, con el azúcar granulado todavía sin disolver. El sabor también variaba dependiendo de cuál parte de la galleta estuvieras comiendo. Bebió un poco de agua y luego probó la galleta de Ranma. Una mezcla de frustración y decepción se apoderó de ella al comprobar que la galleta de su novio era muy superior a la suya.

—Tenías razón —comentó con voz de derrota—, el orden de la receta sí importa.

Ranma la miró con ternura y la estrechó en sus brazos, dándole besos en la frente y en las mejillas.

—Quisiera decir te lo dije, pero creo que ya lo sabes, ¿no? —Ella asintió con la cabeza—. Lo bueno es que, ahora que lo sabes, la próxima vez que hagas galletas te quedarán deliciosas. Mientras tanto, puedes deleitarte con las que hizo tu novio.

Akane se rio y volvió a asentir con la cabeza. Los dos adolescentes tomaron unas cuantas galletas, algo de beber para cada uno y se dirigieron al salón familiar para ver la película.

Como siempre que pasaba tiempo con Akane, tanto el humor como el día de Ranma mejoraron de forma considerable. El problema fue cuando se fue acercando la noche, y con ella, la hora de volver a su casa. No le apetecía regresar, pues no quería ver a su padre para continuar con la discusión de la tarde.

Con cada hora que pasaba se sentía más ansioso, aunque hacía un gran esfuerzo por disimularlo. Como no podía cambiar el hecho de que su padre estuviera en casa, tal vez podría cambiar el lugar en el cual pasar la noche. Le escribió a Daisuke para preguntarle si podía quedarse a dormir, pero al no obtener una respuesta de su amigo en los siguientes diez minutos, decidió llamarlo. Nada. Volvió a llamarlo y el resultado fue el mismo. Suspiró.

Akane, viendo que su novio parecía ponerse cada vez más nervioso, decidió tomar cartas en el asunto. Se puso de pie y le acarició el hombro antes de abandonar la sala para dirigirse a la habitación de su padre. Lo encontró sentado en su cama haciendo un sudoku y mirando uno de sus programas favoritos: The Golden Girls. Se acercó a él y le habló de forma cariñosa, intentando sonar convincente y segura, dejando claras algunas cosas para que su padre no pensara mal. Como era usual, no fue difícil convencerlo. Soun era un hombre que solía ceder con facilidad ante las peticiones de sus hijas, en parte porque le costaba decirles que no, y en parte porque sus niñas no solían pedirle cosas descabelladas. Bien, tal vez Nabiki un poco… pero lo bueno es que la mediana de los Tendo también solía conseguir las cosas por sus propios medios.

Una vez tuvo el beneplácito de su padre, Akane volvió a la sala. Encontró a Ranma ansioso, aunque el chico estaba haciendo todo lo posible por disimularlo.

—Ranma —Akane lo miró con atención mientras se sentaba junto a él en el sofá—, ¿te gustaría quedarte a dormir aquí?

El chico de la trenza miró a su novia sorprendido ante la pregunta. ¿Era aquella una posibilidad?

—¿Puedo?

Ella asintió con la cabeza.

—Solo que esta vez no podremos dormir juntos… —dijo con una leve sonrisa—. Pero puedes dormir en la habitación de invitados, papá me ha dado permiso.

Ranma sonrió y le dio un beso.

—Gracias, mi amor.

—¿Por qué?

—Por todo. Por hacerme galletas, por animarme y compartir conmigo, por mostrarme tus fotos, hablarme de tu madre, dejarme dormir aquí… eres la mejor novia del mundo.

—Lo sé.

Ranma pensó en que tenía que preparar una sorpresa especial para agradecerle a Akane por todo lo que hacía por él. Le escribiría a Daisuke para que le diera ideas; después de todo, su amigo era experto en temas románticos.


Antes de apagar la lámpara de su mesita de noche y acostarse a dormir, Akane se aseguró de enviar el mensaje que había tenido rondando en su cabeza en las últimas horas. Abrió la aplicación de WhatsApp e inició un chat con Ukyo Kuonji. Escribió el mensaje y lo envió, esperando que Ukyo pudiera darle respuesta al día siguiente.

No estaba segura de si el plan que había comenzado a urdir sería buena idea o tendría los resultados que ella esperaba, pero valía la pena intentarlo si con ello existía la posibilidad de que su novio fuera más feliz. Porque por Ranma, Akane haría lo que fuera. Incluso mover una montaña.


La razón por la que Daisuke no escuchó la llamada de Ranma cuando éste lo llamó, era porque tenía el teléfono en silencio. Y el motivo por el cual su móvil estaba en silencio, era porque estaba con su novia en una tarde romántica.

Su familia había ido a Kioto por el fin de semana, y él había insistido en quedarse solo en casa, alegando que tenía mucho que estudiar. Sus padres, que también habían sido jóvenes, no se opusieron, incluso aunque sabían que lo más probable fuera que su hijo no abriera un libro en todo el fin de semana.

Por supuesto, el chico invitó a Yuka a su casa, pero esta vez no solo con la intención de tener un momento apasionado con ella.

Tras la charla que mantuvo con Ryu y Ranma sobre los orgasmos fingidos, Daisuke invirtió muchas horas para ver, leer, absorber y procesar todo el contenido del Instagram de la sexóloga megami_d, para intentar aprender y comprender más sobre la sexualidad femenina, y sobre el cuerpo y la mente de las mujeres. La conclusión a la que llegó luego de ver y leer todas y cada una de las publicaciones (posts, stories, reels, etc.) fue la siguiente: no tenía idea de nada y había estado haciendo todo mal.

Se sintió miserable al darse cuenta de que todo ese tiempo había estado viviendo una mentira, porque para él ya era más que evidente que Yuka había estado fingiendo su placer y sus orgasmos para complacerlo. Quería recompensarla por lo mal que lo había pasado todo ese tiempo, y no solo de forma física; también quería hablar con ella y hacerle saber que él era consciente de todo, y que no pensaba cometer los mismos errores de antes.

Daisuke no lo sabía, pero Yuka también había estado planeando una conversación para aquella tarde. Además de las mismas cosas que llevaba siempre a esas escapadas románticas con Daisuke, esta vez había traído su Satisfyer, con la intención de usarlo con su novio. Estaba dispuesta a dejar de fingir sus orgasmos y a implementar aquel maravilloso juguete que potenciaría su vida sexual de pareja. Todavía no estaba segura de cómo abordaría la conversación, pero creía que Daisuke estaría interesado en probarlo; después de todo, su novio era bastante pervertido, así que ella no creía que fuera a escandalizarse u ofenderse ante aquello.

—Yuka, hay algo de lo que quiero hablarte. —Le dijo con seriedad, haciendo que su novia se pusiera nerviosa—. He pensado mucho cómo abordar el tema, pero creo que lo mejor es ir al grano. Quiero disculparme contigo porque ya sé que… cuando estamos juntos, tú nunca... sé que nunca has tenido un orgasmo conmigo.

Yuka permaneció inmóvil, sintiendo sobre sus hombros el peso de que su mayor secreto hubiera quedado al descubierto. Miró a Daisuke mientras intentaba comprender cómo lo había adivinado. ¿Se lo habrían dicho Asami o Akane? Lo dudaba, sus amigas jamás traicionarían su confianza de esa forma, pues ella les había pedido que no dijeran nada. ¿Y entonces?

—Lo siento mucho, princesa.

—¿Lo sientes? —Preguntó Yuka. ¿No se suponía que quien debía disculparse por fingir era ella?

—Claro… por no prestarte atención, por no tomar en cuenta tu placer, por no tomarme el tiempo de conocer mejor tu cuerpo, de preguntarte cómo te gusta que te toque… simplemente asumí que, si a mí me gustaba algo, a ti también.

Yuka debía reconocer que ella también había pensado eso. Si a Daisuke le gustaba tanto, ¿por qué a ella no? ¿Había algo malo con su cuerpo? No fue sino hasta que habló con sus amigas que se dio cuenta de que no había nada malo con ella.

—Si te sirve de consuelo, yo tampoco sabía qué era lo que me gustaba hasta hace poco —comentó con vergüenza.

—¿Cómo?

Tras un largo suspiro, Yuka decidió explicarle a su novio que, hasta hacía poco tiempo, ella nunca se había masturbado. Le contó que no lo había hecho por una mezcla de vergüenza e inexperiencia, pues lo había considerado un tema tabú, hasta que habló con sus amigas al respecto. Luego le dijo que había empezado a autoexplorarse y conocer mejor su cuerpo, y que eso la había ayudado a disfrutar más del sexo con él.

—Bueno, eso, y también las cosas que hemos hablado y cambiado. —Le acarició el rostro a su novio—. Significa mucho para mí que me hayas escuchado, Daisu. Y no quiero que pienses que no he disfrutado nunca del sexo contigo, ¡para nada! Claro que me gusta y que lo disfruto, es solo que antes había cosas que no me gustaban y no te lo había dicho.

—¿Dirías que ha mejorado? —Preguntó esperanzado—. ¿Aunque sea un poco?

Ella sonrió con ternura.

—Ha mejorado mucho. Solo el hecho de que te comuniques conmigo y me preguntes si algo me gusta o me molesta, hace que lo disfrute mucho más.

Daisuke le dio un beso y luego unió su frente a la de ella.

—No sé qué hice en mis vidas pasadas para que en esta me tocara conocerte y ser tu novio, pero creo que no te merezco.

Yuka se rio y lo abrazó.

—Claro que me mereces —dijo coqueta—, de hecho, eres el único chico que me merece. Los demás no están a mi altura.

Daisuke se rio y sonrió orgulloso.

—Te prometo que nuestra vida sexual seguirá mejorando, princesa. Me he propuesto memorizarme cada uno de los rincones de tu cuerpo, cada uno de los movimientos y caricias que te gusten. Pero… puede que tome algo de tiempo.

—No tengo prisa —le dijo y acarició su suave pelo oscuro—, pero, mientras aprendemos juntos, siempre podemos usar alguna ayuda externa…

Daisuke frunció el ceño.

—¿Una ayuda externa?

Yuka asintió con la cabeza. Se puso de pie y caminó hasta el escritorio de su novio, sobre el cual había dejado su tote bag Marc Jacobs. Lo abrió y sacó un estuche de color rosa, que a Daisuke le pareció que era para guardar maquillaje o artículos de cuidado personal. Volvió a la cama y se sentó junto a él mientras abría el cierre del estuche, sacando un aparato con un diseño moderno y un color rosa metálico. Los ojos de Daisuke se abrieron de forma casi exagerada al identificar el objeto que su novia estaba mostrándole.

—¿Sabes qué es esto?

—Un… ¿Satisfyer?

Ella asintió con la cabeza y se sentó sobre el regazo de su novio. Luego comenzó a acariciar su cuello, sus labios y sus mejillas de forma seductora, como sabía que a él le gustaba.

—Sí… y… lo he estado usando yo sola —comentó coqueta—, ha sido divertido, pero… creo que si lo usamos juntos lo será todavía más.

Daisuke sintió que iba a empezar a babear en cualquier momento.

—Definitivamente, no te merezco —dijo mirándola embobado, excitado y enamorado.

Yuka comenzó a reírse y rodeó el cuello de su novio con sus brazos, para atraerlo a ella y besarlo con amor.


Aprovechando que Ranma tenía entrenamiento los lunes en la tarde, Akane y Ukyo se encontraron después de clases y se dirigieron a la residencia de los Saotome.

Se habían reunido el día anterior, el domingo por la tarde, para hablar sobre un tema que era relevante para las dos: la salud mental de Ranma y su relación con su padre.

—Ukyo, yo no pretendo que me cuentes lo que Ranma ha hablado contigo sobre su padre, pero estoy segura de que la situación es peor de lo que él me ha dejado entrever y de lo que me ha contado.

La joven Kuonji, que era una persona prudente, escuchó a Akane de forma atenta sin decir nada que pudiera comprometer la confianza y confidencia que existía entre ella y Ranma. Cuando la novia de su amigo terminó de hablar, Ukyo le dio la razón mentalmente: Ranma no le había contado todo a Akane; de hecho, no le había contado lo peor. Y si bien ella no entraría en detalles, sí pensaba decirle a la pelinegra que no estaba equivocada.

—Tienes razón. La relación entre Ranma y su padre es un desastre y ese señor debería ir a terapia o ir a la iglesia a ver si deja de ser como es…

Akane intentó reprimir una sonrisa, pero, al ver que Ukyo también estaba haciéndolo, no pudo evitar reírse. La prima de Ryoga hizo lo mismo

—Bueno, precisamente de eso quería hablarte. Creo que alguien tiene que decírselo.

—¿Que vaya a terapia? —Bromeó Ukyo.

Akane se rio.

—No, no. Bueno, sí, pero no me refería a eso, sino a que alguien tiene que decirle que está dañando a su hijo y que Ranma se esfuerza demasiado para que él lo acepte.

Ukyo asintió con la cabeza.

—No creo que debamos decirle qué hacer —continuó Akane—, pero al menos creo que debería saber lo mal que lo pasa su hijo por su culpa.

Ukyo la observó con interés.

—Sabes, Akane, en otras circunstancias te diría que no, que no deberíamos meternos y que de hecho no sé si sea una buena idea, pero… creo que estoy de acuerdo contigo. —Asintió con la cabeza—. Esta será una conversación muy incómoda, y ese es otro motivo por el que te diría que no si las circunstancias fueran distintas, pero el papá de Ranma me cae mal, así que creo que se merece un momento muy incómodo.

Akane esbozó una sonrisa.

—Es lo menos que se merece.

Cuando estuvieron frente a la puerta del apartamento de los Saotome, Akane miró a Ukyo antes de tocar el timbre.

—¿Quién habla primero?

Ukyo la miró confundida y frunció el ceño.

—¿Qué?

—¿Tú o yo? ¿Y qué decimos primero? —Pareció nerviosa—. Creo… creo que debimos haberlo pensado mejor antes.

Probablemente. Pero ya estaban ahí y no era momento de echarse para atrás, así que Ukyo tocó el timbre.

—Improvisaremos —dijo con resolución—, que cada una complemente a la otra. Si quieres empiezo yo.

Akane asintió con la cabeza y respiró profundo. La puerta no tardó en abrirse y, para suerte de las dos jovencitas, fue Genma Saotome quien las recibió. El padre de Ranma pareció sorprendido de ver a la novia de su hijo acompañada de una chica de su edad a quien no había visto jamás.

—¡Akane! ¿Qué tal estás? No te esperaba por aquí.

—Hola, señor Saotome, disculpe que hayamos venido sin avisar.

—Oh, no te preocupes —esbozó una sonrisa cordial—, es solo que Ranma no está en casa.

Ellas lo sabían, por eso habían ido.

—Sí… es que… en realidad, venimos a hablar con usted.

—Qué tal, señor Saotome —comentó Ukyo haciendo una reverencia—, Ukyo Kuonji, soy amiga de Ranma.

Ante la mención de aquel ilustre apellido, la mandíbula de Genma casi toca el suelo. Los Kuonji eran una de las familias más ricas de Japón, y además eran los propietarios de sus restaurantes favoritos.

—Mucho gusto, Ukyo. —Genma la miró con amabilidad y luego miró a Akane algo confundido—. Dijiste que han venido a hablar conmigo…

—Así es, es sobre Ranma.

Genma pareció sorprendido de que las dos jovencitas quisieran hablar con él sobre su hijo, pero le pareció descortés tenerlas esperando en la puerta. Las hizo pasar y les indicó que tomaran asiento en el sofá, mientras él se dirigía a preparar algo de té. Su mujer se encontraba haciendo algunos recados, así que no había nadie más en casa. De pronto, una alarma se encendió en su interior. ¿Ranma les habría hecho algo?

Salió de la cocina con tres tazas de té y le entregó una a cada una de las chicas.

—¿Pasó algo con mi hijo? —Preguntó mientras tomaba asiento en el sillón—. ¿Les hizo algo?

—No, señor Saotome. —Contestó Ukyo—. Ranma no nos ha hecho nada, no es por eso que estamos aquí. La razón por la que hemos venido es porque… su hijo no está bien. —Bien, no era exactamente eso lo que quería decir, pero por algún lugar había que comenzar.

—Y el motivo por el que no se encuentra bien —continuó Akane—, es por la presión que usted le impone.

Genma estaba tan confundido como sorprendido. Le tomó varios segundos procesar lo que aquellas dos jovencitas acababan de decirle.

—¿Presión? ¿A qué… a qué se refieren?

—Ranma… está constantemente intentando ser el mejor para obtener su aprobación. —Dijo Ukyo—. Se esfuerza demasiado en los partidos y entrenamientos, con la esperanza de que usted le diga alguna palabra de orgullo o aliento…

—O en el peor de los casos, que al menos no lo critique.

—¿Sabía que sus constantes críticas hacia su hijo le han causado tal estrés que estuvo a punto de lesionarse para no volver a jugar? —Espetó Ukyo.

Akane la miró sorprendida. No se suponía que le dijeran eso.

Genma palideció.

—¿C-cómo?

—Así es, como lo oye. Akane, cuéntale.

La menor de las Tendo parpadeó un par de veces y titubeó otras dos antes de explicarle a Genma lo sucedido en uno de los partidos. Intuyendo que el hombre podía tomarse aquello de forma negativa, explicó que al final Ranma se había dado cuenta de que aquella actitud autodestructiva no era buena, y que había prometido no volver a intentarlo jamás.

—Pero… lo importante es que ya lo pensó una vez, señor Saotome —añadió Akane—, su hijo está tan estresado y agobiado por sus exigencias que fue capaz de buscar una lesión y poner en riesgo su salud y su beca con tal de no tener que demostrarle nada a usted.

—Siempre está nervioso y alterado cuando hay partido —continuó Ukyo—, pocas veces disfruta de jugar al fútbol como el resto de los chicos de su edad. Tiene miedo de cometer errores, de no hacer las cosas bien, de no tener un partido destacado, de que usted lo vea y decida humillarlo.

—Ranma no es ningún blandito, señor Saotome, pero tampoco es de piedra. Tiene sentimientos y un corazón de oro, no sabe todo lo que hace por mí, por sus amigos, por las personas que quiere.

Akane estaba muy orgullosa del chico que era Ranma, y esperaba que su padre algún día fuera capaz de verlo con los mismos ojos con los que ella lo veía.

—Si usted pudiera ver más allá de los defectos de Ranma, se daría cuenta del increíble hijo que tiene. —Esta vez fue Ukyo quien manifestó lo que sentía por el chico de la trenza—. No solo es un buen estudiante que no se mete en líos, y un atleta privilegiado y talentoso, sino que además es un gran amigo. No juzga a los demás y siempre está dispuesto a salirse de su camino con tal de ayudar a quien lo necesite.

Los ojos de Genma iban de una chica a la otra, sin dar crédito a lo que le decían. Estas dos jovencitas habían ido hasta su casa a decirle cosas de su hijo que él no había siquiera pensado.

—Ranma se encuentra en un severo estado de estrés emocional, señor Saotome, y esas cosas nunca terminan bien. —Alegó Ukyo—. Sé que tal vez para usted sea difícil comprender lo que le decimos, pero por favor haga un esfuerzo. Ranma no necesita más presión, necesita que lo motiven.

—Y la motivación no son insultos, ni menosprecios, ni tampoco golpes. —Akane tampoco había pensado dejarle saber a su suegro que ella estaba al tanto de su actitud violenta, pero la frase se había escapado de su boca antes de que pudiera detenerla—. Tan solo demuéstrele que está orgulloso de él, que valora todo su esfuerzo, que admira su talento, que quiere lo mejor para él.

—Y si no puede hacer eso —intervino Ukyo—, entonces al menos no le corte las alas. El silencio es mejor que las palabras hirientes.

Y tan rápido como habían empezado, se quedaron calladas.


Tras salir de la casa de Ranma un rato después, Akane y Ukyo reflexionaron sobre su charla con el padre de Ranma.

Ninguna de las dos supo si aquello serviría de algo, si Genma reflexionaría y decidiría hacer un ejercicio de consciencia para cambiar su actitud hacia su hijo, o si por el contrario haría oídos sordos. Pero lo cierto es que ambas sentían que habían hecho lo correcto. Solo el tiempo diría si aquella conversación había funcionado.

Mientras caminaban y Akane le hablaba sobre la posibilidad de que Ranma se enterara de que ellas habían ido a hablar con su padre, Ukyo recibió un mensaje de WhatsApp. Una sonrisa se dibujó en su rostro tras leer lo que su primo le había escrito. Una sensación cálida y agradable se apoderó de ella.

—¿Ukyo?

La joven Kuonji alzó el rostro y se encontró con la mirada dubitativa de Akane.

—Eh, sí, sí, me parece bien. —Comentó sin siquiera saber qué era lo que Akane acababa de decirle—. ¿Qué harán tú y Ranma mañana a eso de las cuatro?

Akane frunció el ceño ante la extraña pregunta, pero pareció pensarlo. Que ella recordara, ninguno de los dos tenía planes, pero debía consultar con su novio si tal vez él sí tuviera alguno.

—Creo que nada, ¿por?

—Ryoga nos está invitando a su casa a… una tarde de… ¡comida! Sí, sí, una tarde de comida y juegos de mesa. Okonomiyakis y eso. —Esbozó una flamante sonrisa—. ¿Qué dices?

Algunas veces, a Akane le costaba un poco articular palabras y elaborar oraciones coherentes cuando Ukyo sonreía de aquella manera tan carismática y encantadora. La chica perfectamente podría salir en anuncios televisivos vendiendo pasta dental o maquillaje, con esos pómulos perfectos que tenía. O cualquier otra cosa, realmente.

—Sí, por mí está bien —contestó—, y supongo que Ranma también estará de acuerdo.

Ukyo sonrió y le escribió un escueto mensaje a su primo, animándolo y felicitándolo por la decisión que acababa de tomar. De todas las personas que ella conocía, Ryoga era una de las que más merecían ser feliz. Y este era un gran paso para serlo.


El jueves por la tarde, mientras esperaba que el resto de sus amigos llegara a su casa, Ryoga se refugió en el apoyo que Ukyo, Hiroko y Sayuri le brindaban.

Había decidido finalmente salir del armario con sus amigos cercanos, pensando que seguro eso haría que su vida fuera más fácil. Todavía no estaba listo para gritarle al mundo que era gay, pero al menos quería que su círculo cero en su totalidad lo supiera. Y debía admitir que había decidido dar aquel paso en gran parte gracias a Mikado.

El joven Hibiki y el amigo de Akane habían empezado una bonita relación en la que no había secretos ni prejuicios de ningún tipo entre ellos. Mikado respetaba y entendía la decisión de Ryoga de permanecer en el armario, y en ninguna circunstancia lo presionó para salir; Ryoga admiraba que Mikado no sintiera miedo ni vergüenza por ser quien era de forma tan abierta. El chico, aunque no tenía una vida perfecta, al menos era feliz porque no se ocultaba por miedo al qué dirán. Y Ryoga deseó hacer lo mismo, sobre todo porque quería que sus amigos supieran que estaba saliendo con alguien.

Ryoga dedicó varias horas a leer artículos y ver vídeos sobre cómo han cambiado los tiempos y cuán socialmente aceptable era ser gay ahora, solo para descubrir que seguía teniendo los mismos miedos que el primer día. Esos miedos fueron fortaleciéndose con el pasar de los años luego de varias vivencias que terminaron por convencer a Ryoga de que no podía ser abierto con el mundo en lo que a su sexualidad respectaba.

Las raíces de sus miedos habían empezado a crecer en su infancia. Ryoga recordaba con mucha claridad una noche en la que el gremio empresarial al que su madre pertenecía realizó un evento social en su casa; uno de los invitados, un hombre gay, había llevado a su pareja. La mayoría de las personas actuó con naturalidad ante el hecho; hubo un hombre, sin embargo, que fracasó al intentar disimular la incomodidad que le causaba tener una pareja gay en su casa: el propio padre de Ryoga. El semblante de su padre lo conmovió hasta la médula. Ryoga tendría unos trece años y pensó que de alguna manera lo que estaba sintiendo nunca podría ser aceptable para su padre. Con el tiempo, esa y otras experiencias con amigos hicieron que fuera cada vez más importante el hecho de jamás revelar su secreto.

Aunque siempre supo que era diferente, logró desarrollar una fachada para que no se notara. Al ser un chico fuerte, atlético y con una gran habilidad y afinidad para los deportes, cualquiera que lo conocía daba por hecho que era heterosexual. Sin embargo, cada vez era más difícil no poder hablar con alguien acerca de sus sentimientos y de su verdadera orientación sexual. Fue entonces cuando decidió confesarle su secreto a Hiroko, su amiga más cercana.

El apoyo que recibió por parte de ella fue un bálsamo para su corazón. Hiroko no solo no lo juzgó, sino que le ofreció su amistad incondicional y le prometió que guardaría su secreto. También le dijo que, el día que decidiera salir del armario con el resto de sus amigos, con su familia, o con el mundo, ella estaría junto a él para apoyarlo.

Lo de Sayuri fue una casualidad... una mala casualidad, de hecho. No, no fue malo contárselo, lo malo fue la razón por la que se lo tuvo que decir. Fue luego de la fiesta de Ukyo, tras lo sucedido con Tatewaki Kuno. Sayuri, al igual que Hiroko, se mostró abierta y amorosa, aunque al principio admitió estar muy sorprendida.

Lo de Ranma también fue por casualidad, ¡y vaya casualidad más incómoda! Ryoga jamás olvidaría la expresión en el rostro de su amigo cuando éste abrió la puerta y lo encontró besándose con un chico. El joven Kuonji creyó que Ranma iba a desmayarse de la impresión, pero el chico se apresuró a disculparse por la interrupción y salió de allí como alma que lleva el diablo. Después, cuando Ryoga finalmente abordó la conversación con él, comprobó que Ranma también era comprensivo y no lo juzgaba. Hubiera pensado que un chico con su personalidad y su origen familiar sería homofóbico, pero el joven Saotome no lo era en lo absoluto.

Con el pasar del tiempo, reflexionó sobre su negativa de aceptar su sexualidad de forma pública. ¿Qué era lo que verdaderamente lo detenía, además del miedo a perder el amor de sus amigos y su familia?

Al final, la orientación sexual es solo un aspecto de la vida de alguien, y no es lo que la define como persona. Por eso, para él la urgencia en eliminar la negatividad alrededor del hecho de ser gay surgía de esa etiqueta injusta que se le otorga a cada persona que decide salir del armario, como si una vez fuera, la persona no tuviera la capacidad de ser nada más que solo su orientación sexual.

Y ahora se encontraba en su casa esperando por sus amigos. Bueno, por algunos de sus amigos, pues Hiroko y Sayuri ya estaban allí. También Mikado y Ukyo.

Cuando el timbre sonó, Ryoga sintió una mezcla de nerviosismo y tensión. Ukyo, que sabía leer a su primo como un libro abierto, se puso de pie.

—¿Quieres que vaya por ellos?

El joven Hibiki asintió con la cabeza y le agradeció a su prima.

En la entrada de la casa, Daisuke parecía preocupado y a la vez, desconfiado de lo que estaba por ocurrir. Estaba acompañado de Yuka, Akane, Ranma, Asami y Hiroshi.

—Aquí hay algo raro. —Comentó con el ceño fruncido tras tocar el timbre.

—¿A qué te refieres? —Preguntó Yuka sin entender.

—A que no creo que Ryoga nos esté invitando a su casa solo para pasar el rato y ya. ¿Y si nos va a dar una mala noticia? —El rostro de Daisuke se desfiguró en una mueca de horror—. ¿Y si tiene una enfermedad?

—Pero, ¿qué dices? —Asami lo miró con horror—. ¡Claro que no! ¡Deja la paranoia!

—Estoy seguro de que no es nada malo —comentó Ranma con tranquilidad—, no piensen mal.

El pelinegro estaba al tanto de que Ryoga los había citado para contarles que era gay, pero no podía decir nada. Akane, a pesar de que ya sabía el secreto de Ryoga, no sospechaba nada.

No tuvieron tiempo de seguir discutiendo, pues Ukyo pronto abrió la puerta de la casa, dándoles la bienvenida. Los hizo pasar y les comentó que eran los últimos en llegar. Mientras se adentraban en la casa, Ukyo les explicó que Kyo's, la franquicia familiar, estaba por sacar nuevos sabores de okonomiyakis y otros platillos —Ranma no pudo evitar reírse al recordar que esa había sido la excusa de Ryoga cuando lo citó para contarle lo ocurrido en la fiesta de Ukyo—, por lo que tanto Ryoga como Ukyo deseaban que sus amigos tuvieran la primicia gastronómica.

Todos los invitados disfrutaron de una deliciosa comida y una amena conversación, igual que lo hubieran hecho en cualquier tarde de amigos. La diferencia era que esta vez, uno de ellos tenía una importante noticia para darles.

—Oye, Ryoga —comentó Hiroshi acariciando su abdomen—, por favor dime que ya no hay más platillos, ¡estoy lleno!

—A mí todavía me queda algo de espacio —comentó Ranma, ganándose las miradas de horror de varias de las chicas.

—En realidad, hay algo que quiero decirles. —Comentó Ryoga un poco más serio—. Es la razón por la que los invité.

Daisuke sintió que se tensaba ante la posibilidad de que Ryoga les diera una mala noticia. Se acercó a Asami y le susurró con disimulo:

—Te lo dije.

Asami también se tensó al escuchar a Daisuke. ¿Podría ser que de verdad Ryoga tuviera alguna enfermedad terminal? ¿O que fuera a decirles que se iba del país o algo así?

—Ustedes… son las personas más importantes en mi vida, además de mi familia. —Comentó sincero—. Por eso quiero que sepan esto que voy a decirles, porque es algo muy importante para mí.

Sus amigos lo miraron expectantes.

—No quiero vivir ocultando quien soy, al menos no a la gente cercana para mí. Durante muchos años he fingido ser otra persona para encajar y tener la aprobación de todos, pero estoy cansado. Por eso… quiero que sepan que yo…

Ryoga buscó en los ojos de Mikado el ánimo y el coraje que comenzaban a flaquear dentro de él. Su chico asintió con la cabeza y esbozó una sonrisa casi imperceptible, que Ryoga interpretó como la luz verde para continuar.

—Soy gay.

Hiroko, Sayuri, Ukyo, Ranma y Akane —que ya sabía la verdad, pero se suponía que no debía decirlo— no reaccionaron con sorpresa. En cambio, miraron a Ryoga con empatía y cariño, transmitiéndole mucha confianza y apoyo. Hiroshi, Asami, Yuka y Daisuke, en cambio, sí parecieron sorprenderse ante la confesión. Pronto, a la mente de cada uno llegaron los pocos rumores que habían escuchado por ahí sobre la posibilidad de que su amigo fuera gay, que ellos mismos habían desestimado al pensar que era ridículo, pues Ryoga jamás había dado indicios de serlo. Y con indicios se referían a que el chico era muy masculino y no tenía movimientos o gustos que pudieran considerarse atípicamente masculinos.

—Espero… espero que esto no cambie nuestra amistad. —Comentó con timidez—. Yo… sigo siendo yo, siempre he sido yo, solo que ahora saben este detalle de mí. Es algo que siempre he sido, pero… no lo había querido decir hasta ahora.

Akane, al ver que había un silencio generalizado, decidió romper el hielo y acercarse a su amigo para fundirse con él en un abrazo cariñoso.

—¡Por supuesto que no cambia nada! —Le dijo y le dio un beso en la mejilla—. ¡Sigues siendo el mejor y el más caballeroso y atento de mis amigos!

—¡Ey! —Exclamó Daisuke, en un intento por disimular su sorpresa y demostrarle a Ryoga que las cosas seguían estando igual que antes, porque él no dejaría de querer a su amigo—. Voy a ofenderme, ¿eh? —Se puso de pie y también se acercó a Ryoga para abrazarlo—. ¿Seguirás defendiendo la portería de Furinkan igual que antes?

Ryoga sonrió y asintió con la cabeza.

—Entonces nada cambiará entre nosotros.

El joven Hibiki afianzó el abrazo, complacido de que sus dos amigos se mostraran tan abiertos y solidarios ante su confesión.

Poco a poco, todos se fueron acercando a él para abrazarlo y darle palabras de apoyo y cariño, dejándole saber que lo querían y que su orientación sexual jamás sería un problema para ninguno de ellos.

—Creo que esto explica un poco por qué te gusta tanto Dua Lipa, ¿no crees? —Bromeó Asami mientras le guiñó un ojo.

—¡Ay, te amo! —Exclamó Mikado al escucharla—. ¡Eres mi spirit animal!

Asami se rio y se acercó a Mikado para chocarle los cinco.

—Y tú el mío.

Aprovechando que todos los amigos de Ryoga se hubieran tomado bien la noticia, Mikado decidió hacer un brindis.

—Propongo un brindis —cogió su lata de aranciata y la levantó—, para celebrar la amistad y el amor y que Ryoga es una persona maravillosa y que todos lo adoramos y estamos muy orgullosos de él ¡y que tiene unos ojos hermosos!

Sin poder resistirse a la tentación de manifestar de forma pública sus sentimientos hacia Ryry —era el apodo cariñoso que le había puesto— Mikado dejó la lata de aranciata sobre la mesa, cogió el rostro de Ryoga con sus dos manos y le plantó un romántico y sonoro beso en los labios.

—What! —Exclamó Asami—. ¡Super plot-twist!

Hiroko, Ukyo y Ranma soltaron una carcajada.

Cuando Mikado se separó sus labios de los de Ryoga, el rostro del primo de Ukyo adquirió una coloración rojiza que fue imposible de pasar por alto para sus amigos.

—Mika… —dijo con voz temblorosa y muerto de vergüenza, intentando apartar la mirada del resto de los presentes.

—¿Qué? ¿Qué? ¡Son tus amigos! ¡Y quería besarte porque estoy orgulloso de ti! —Acercó su rostro al de Ryoga—. Deberías agradecer que no te metí la lengua…

El joven Hibiki se sonrojó todavía más ante aquel comentario. Mikado estalló en carcajadas y lo abrazó.

—¡Eres tan adorable cuando te sonrojas!


Asami tomó la salida de Ryoga como una señal para dar el paso ella misma.

No, no pensaba salir del armario, pero sí necesitaba tener una conversación que resultaba difícil para ella con una persona a quien quería mucho: Hiroshi.

Desde su noche juntos, no había vuelto a ocurrir algo así entre ellos, pero era más que evidente que había una conversación pendiente entre los dos. Las cosas no se habían tornado incómodas y Asami no quería esperar a que lo fueran, el problema es que al principio no había estado del todo segura acerca de lo que quería. Y no era porque Hiroshi no le gustara o porque no quisiera repetir; de hecho, le había encantado acostarse con él, pero también era consciente de las implicaciones que eso podía traer.

Aprovechando que el grupo estaba disperso en distintas conversaciones, Asami se acercó a Hiroshi. Quería hablar con él a solas y sin riesgo de que alguien los interrumpiera.

—¿Podemos hablar?

Hiroshi sabía que, en la mayoría de los casos, cuando una persona decía la frase «tenemos que hablar» o la pregunta «¿podemos hablar?», es porque algo malo estaba por ocurrir. Tal vez no algo malo, pero en definitiva algo contundente.

—Claro —contestó él—, sabes que siempre podemos hablar, de lo que sea.

Caminaron juntos por el jardín de Ryoga hasta que se sentaron en una banca de cemento que estaba ubicada frente a una pequeña fuente de estilo victoriano. Asami fue al grano.

—Hiro, no quería dejar pasar más tiempo sin hablarte sobre lo que ha ocurrido entre nosotros. —Esbozó una sonrisa que a Hiroshi le pareció tímida y encantadora a partes iguales—. Me encantó... en serio, me gustó demasiado y tengo que admitir que… pienso mucho en eso. —Se mordió el labio inferior y esta vez su sonrisa fue picaresca. Hiroshi también sonrió—. Y… precisamente porque he estado pensando mucho en eso, quería hablar contigo porque sé que quieres tener claro dónde estamos,

Él asintió con la cabeza. No es que esperara que Asami y él le pusieran un título a lo que tenían o tuvieron, pero sí deseaba tener claridad sobre qué era lo que ella sentía y quería.

—Yo… no estoy lista para tener una relación. —Comentó—. Y cuando digo una relación, no me refiero solo a un noviazgo, sino a cualquier cosa que implique algo más que una amistad, porque por experiencia sé que muchas veces lo que empieza como algo casual, puede evolucionar a algo más…

—Y tú no quieres algo más en este momento —dijo él adelantándose a lo que ella pensaba, comenzando a aceptar su destino.

Asami ahogó un suspiro en su garganta y asintió con la cabeza.

—No creo poder ofrecértelo en este momento.

Se miraron durante varios segundos sin decir nada, en los que Asami se preguntaba qué estaría pasando por la mente de su amigo, mientras que él comenzaba a asimilar y aceptar el hecho de que lo suyo con ella había sido algo pasajero. Una bonita y ardiente noche juntos, una anécdota para recordar, pero nada más. Mentiría si dijera que no se había hecho ilusiones en cuanto a repetir, e incluso en cuanto a proponerle a Asami tener algo más serio, pero también había contemplado la posibilidad de que ella no quisiera nada con él, por el motivo que fuera.

Hiroshi la observó antes de contestar. La conocía demasiado bien como para saber que, en ese momento, su interior era un torbellino de pensamientos y sentimientos, y que debía estar muy preocupada por su reacción y por no herir sus sentimientos. Una sonrisa triste se dibujó en su rostro al confirmar su teoría viendo la mirada de su amiga. Asami era una chica tan increíble y él la quería tanto, que incluso ahora que estaba dándole calabazas, le era imposible no adorarla.

—Solo para estar claro y poner todas mis opciones sobre la mesa, no hay manera de convencerte de cambiar de opinión, ¿verdad?

Asami no pudo evitar reír ante aquello. Al igual que la sonrisa de Hiroshi, su risa también era algo triste. Negó con la cabeza e hizo un puchero que a Hiroshi le pareció gracioso y adorable.

—No la hay, lo siento. ¡Pero! —Cogió las manos de Hiroshi entre las suyas y lo miró fijamente—. Esto no cambia en nada nuestra amistad, ¿okay? Yo te sigo queriendo igual que antes y quiero que sigamos siendo amigos. Sé que… es más fácil decirlo que hacerlo, pero… no tiene por qué ser incómodo si los dos queremos que las cosas se mantengan como antes. ¿Tú quieres…?

Hiroshi alzó las manos de Asami, que estaban entrelazadas con las suyas, y las besó en el dorso, en un gesto caballeroso.

—Por supuesto que quiero seguir siendo tu amigo, 'Sami, eso no es negociable. Tu amistad vale mucho más para mí que cualquier otra cosa, y no estoy dispuesto a perderte por nada del mundo.

Hiroshi no tuvo tiempo de ver la sonrisa que comenzaba a surcar el rostro de su amiga, pues ella se abalanzó sobre él para estrecharlo en un fuerte y cariñoso abrazo.

—¡Eres el mejor, por eso te adoro!

El chico le correspondió al abrazo y también sonrió, aliviado y agradecido de que Asami quisiera mantener su amistad.

—Lo sé.

Mientras abrazaba a Hiroshi, Asami sintió que su corazón y su mente finalmente estaban en paz con el universo, por primera vez en mucho tiempo.

Se había pasado los últimos días reflexionando sobre qué decisión debía tomar, preguntándose cuál sería la correcta y cuál sería el yunque atado al pie. Recordaba perfectamente haber estado pensando en eso aquella misma mañana mientras tomaba una ducha. Podía elegir a Ryu, con sus chistes y bromas interminables, sus pecas, sus grandes y habilidosas manos, su masculino perfume, su sonrisa picaresca y seductora; o podía escoger a Hiroshi y a su pelo revuelto y precioso, con su paciencia interminable y su mirada dulce, sus flirteos inesperados y sus caricias sugerentes. Y luego quedaba la última opción: que era no escoger a ninguno.

Tan absorta había estado en sus cavilaciones, que una mezcla de agua y espuma se deslizó por su rostro y fue a parar a su boca entreabierta. Fue en ese momento, mientras sus papilas gustativas absorbían el sabor de aquel champú con olor a coco, que Asami tuvo una epifanía, una verdad irrefutable la atravesó como un rayo.

Al decantarse por la tercera opción, Asami no estaba «escogiendo a ninguno», sino que se estaba escogiendo a ella.

Así de rápido como el olor a coco había inundado sus fosas nasales y el sabor del champú se había manifestado en su boca, la realización de aquel hecho la llenó de paz. La ansiedad y la incertidumbre que había sentido durante tantas semanas, de pronto se convirtió en algo del pasado.

Y tras hablar con Hiroshi y sacarse del pecho todo lo que quería decirle, finalmente tenía la certeza de que no se estaba equivocando. Porque al elegirse a sí misma, siempre estaría tomando la decisión correcta.


Tal y como lo había planeado, el sábado en la tarde Ranma preparó una sorpresa romántica para su novia.

Ese mismo día en la mañana, el chico de la trenza le dijo a su novia que tenía planes para los dos. No le dio demasiados detalles, pues no quería arruinar la sorpresa, pero le dijo que pidiera permiso en casa para pasar la noche fuera y quedarse a dormir en casa de Yuka —quien ya estaba al tanto de la situación, según Akane pudo averiguar— y también le indicó que llevara una mochila con una muda de ropa y todo lo necesario para dormir fuera de casa. Citó a Akane en una dirección desconocida para ella y le dijo que llegara puntual.

Y así lo hizo. A las cuatro y media de la tarde, Akane estaba frente a un edificio residencial que nunca había visto antes, y que estaba ubicado en la zona estudiantil que rodeaba a la Universidad de Tokio. Frunció el ceño. ¿Qué tramaba Ranma?

Tal y como su novio le había indicado, tocó el intercomunicador y la voz de su novio pronto le preguntó si era ella.

—No deberías preguntarme eso, ¿qué pasa si es una desconocida que está intentando entrar a robar al edificio? —Bromeó Akane—. Dirá que sí, que es Akane.

—Calla y sube, tontuela —contestó Ranma.

Akane se rio y abrió la puerta del edificio para entrar. Ranma la esperaba en el quinto piso. El elevador se abrió y Akane caminó hacia la puerta del apartamento 5-B. No hizo falta que tocara la puerta, pues Ranma pronto la abrió y la recibió con una amplia sonrisa en el rostro.

—Pase adelante, madmoiselle —dijo en un terrible acento francés.

Merci, mon amour —contestó ella con una pronunciación casi impecable.

Ranma la miró atónito.

—¿Hablas francés? —Inquirió boquiabierto.

—¿Tú no? —Su tono era despreocupado, como si hablar francés fuera lo más normal del mundo. Le guiñó un ojo—. Un poco, sí. Pero no he venido aquí a impresionarme con mis habilidades políglotas, ¿oh sí?

—No, no. Hemos venido aquí porque… te tengo una sorpresa… verás —cogió la mano de Akane y la llevó hasta el centro de la moderna sala—, este lugar que ves aquí —paseó sus ojos por toda la estancia—, será nuestro nidito de amor hasta mañana.

Akane parpadeó un par de veces y también miró a su alrededor, sonriendo ante la expresión «nidito de amor». El apartamento era moderno y todos los muebles se veían nuevos. No había nada en la decoración que indicara quién podría vivir ahí. Sin dejar de sonreír, se cruzó de brazos y frunció el ceño al mirar a Ranma.

—¿Quién vive aquí?

—Nadie —contestó Ranma divertido.

—Déjame corregirme, ¿de quién es este apartamento?

Ranma se encogió de hombros.

—No tengo idea, es un Airbnb. —Dio un paso adelante y descruzó los brazos de Akane—. Daisuke y yo lo alquilamos por el fin de semana.

Akane abrió los ojos y la boca ante la sorpresa.

—¿Daisuke y tú?

—Ajá —se inclinó hacia abajo y comenzó a repartir besos en el cuello de Akane—, para ti y para Yuka. Ellos vendrán más tarde. Digamos... que es una cita doble, pero cada uno tendrá su propia habitación...

Viendo el rumbo calenturiento que estaba tomando la conversación, Akane decidió bromear con su novio.

—¿Cada uno? ¿Eso significa que incluso tú y yo tendremos una habitación separada? ¡Qué romántico!

Ranma se separó de ella y la miró con los labios apretados por haber arruinado el momento.

—Veo que además de un curso de francés, también hiciste uno de comediante. ¡Qué graciosa!

Akane se rio y luego se colgó del cuello de Ranma para darle un beso.

—Muchas gracias por la sorpresa, mi amor, me encanta.

Él sonrió.

—Bueno, la sorpresa no es esta. O sea, una parte sí, pero… mejor te muestro. Ven.

Cogió la mano de su novia y la guio por el apartamento hasta que llegaron a la puerta de una de las habitaciones, la cual tenía un avión de papel pegado con cinta adhesiva. Akane miró a Ranma con interés y cogió el avión.

—¿Y esto?

—Con esto empezó todo —comentó él—, con un avión de papel.

Ella esbozó una amplia sonrisa.

—La verdad, no recordaba que la lista había sido un avión. El único avión que recuerdo entre tú y yo fue el del post-it de Gosunkugi.

Ranma se rio al recordar lo mucho que había disfrutado burlarse de ella y engañarla para que tuviera que hacer la tarea de Biología otra vez.

—Ábrelo.

Akane desdobló el avión y vio que había una frase escrita en el papel.

Nuestra historia —leyó y luego miró a Ranma.

Por toda respuesta, el chico giró la perilla de la puerta y la abrió, dejando ver una habitación decorada con decenas de aviones de papel de distintos colores que colgaban del techo. Las paredes tenían foquitos colgantes, parecidos a las luces de navidad, que le daban a la habitación una sensación acogedora y romántica.

Sorprendida ante la hermosa vista que tenía frente a ella, Akane se adentró en el cuarto y pronto comprobó que todos los aviones de papel tenían cosas escritas en las alas.

—Este es el primero —dijo Ranma señalando uno de color verde.

Akane se acercó a él y leyó lo que ponía.

—La lista.

—Y este es el segundo —esta vez señaló uno de color rosa.

Ella no tardó en leerlo.

—Pictionary.

Akane no tardó en comprender que cada uno de los aviones de papel que decoraba la habitación representaba un momento importante en su relación con Ranma. Darwinismo, condones y castigo, viaje submarino, beso en el dojo, beso en el estacionamiento, cine con Mikado, casa de huéspedes de Asami, pijamada, baile de invierno… su novio se había tomado el tiempo de armar decenas de aviones de papel y de escribir un momento especial en cada uno de ellos. Akane lo miró impresionada y completamente enamorada, como si no pudiera creer aquel gesto tan romántico y hermoso.

—Eres la mejor novia que un hombre puede tener, Akane, y quería que supieras que te amo y que recuerdo cada uno de los momentos que he vivido junto a ti. —Le dijo un poco serio—. Sé que algunos no son necesariamente felices o positivos, pero creo que… todos esos momentos nos fueron trayendo hasta aquí.

—¿Como darwinismo, por ejemplo? —Dijo de forma burlona.

Él asintió con la cabeza y se rio.

—Ahora que lo pienso —Akane adquirió una fingida expresión indignada—, todavía no te he perdonado por haberte robado mi sujetador. —Se cruzó de brazos.

—¿Cuál sujetador?

—El que me sacaste de la bolsa de deporte, ¿te suena? El mismo que luego me lanzaste frente a todo el mundo… —Lo miró con los ojos entrecerrados—. No puedo creer que nunca hemos hablado de esto.

Ranma la miró con cara de pillo.

—Creo… creo que te estás confundiendo de novio. —Comentó haciéndose el desentendido—. Sí, sí, debe ser eso…

Akane se rio y aprovechó que el chico estuviera dándole la espalda a la cama para empujarlo sobre ella. Luego se sentó a horcajadas sobre él y acercó su rostro al suyo.

—Es imposible que esté confundida de novio, ¿sabes por qué?

Él, que todavía no se reponía de la sorpresa de que la chica lo hubiera empujado sobre la cama, la miró interesado y negó con la cabeza.

—Porque no existe otro chico tan dulce —le dio un beso—, bueno —otro—, cariñoso, romántico —más besos—, apasionado, pervertido —esta vez le lamió la mejilla y Ranma se rio—, y amoroso como tú.

Ranma la miró enamorado y rodeó su cintura con sus brazos para apretarla contra él.

—¿En serio piensas todo eso de mí?

—Sí. Y me encanta la sorpresa, mi amor. Yo también recuerdo y atesoro cada momento vivido contigo, incluso cuando Miyakoji nos castigó por pelearnos en la piscina. —Ambos se rieron ante aquel recuerdo—. ¿Sabes por qué? Porque gracias a ese castigo, dejamos de pelearnos. —Le dio un beso en la punta de la nariz—. Te amo, gracias por esta sorpresa tan bonita.

—¿Eso… eso significa que me perdonas por lo del sujetador? —Ranma hizo ojitos y batió sus pestañas en un intento de verse adorable e irresistible, consiguiendo que Akane soltara una carcajada.

—Mmm lo voy a pensar.

Le dio un beso y Ranma le correspondió.

—Te amo, Akane.

—Y yo a ti, mi querido ladrón de sujetadores. —Le mordió el labio inferior—. ¿Cuánto tiempo tenemos hasta que lleguen Yuka y Daisuke? —Preguntó mientras comenzaba a mordisquearle el cuello.

Ranma pareció pensarlo.

—Una hora y media, más o menos.

—Perfecto, con eso me alcanza.

El chico se rio y buscó su boca para besarla. Subió sus manos y las posó en sus mejillas.

—¿Vas a hacerme cosas sucias?

—Eso depende de si después tendrás energías para repetir en la noche.

Motivado por las palabras de su novia, Ranma la tomó de la cintura y giró sobre la cama hasta que ella quedó acostada debajo de él.

—Siempre y cuando sea contigo —le dijo mientras acariciaba su rostro otra vez—, tendré energías en la noche —comenzó a repartir besos en su rostro—. y durante el resto de mi vida.


¡Hola! Siempre me ha resultado raro escribir la última nota de autor de una historia, principalmente porque nunca sé qué decir.

De los hechos del capítulo, prefiero que sean ustedes quienes hagan comentarios, pero sí me gustaría hablar sobre la trama y el desarrollo de los personajes. Voy a empezar con los secundarios: no sé cuánta gente esperaba lo de Asami, pero lo cierto es que el plan siempre fue que se eligiera a sí misma; era parte del arco de su personaje ya que, a mi parecer, era la única (o la mejor) forma de completarlo exitosamente. Daisuke y Yuka también han crecido mucho, sobre todo como pareja, pero creo que hubiera sido un poco irreal mostrarlos como dos expertos en comunicación y sexo, cuando apenas son un par de adolescentes que está descubriendo que la sexualidad es mucho más compleja de lo que creen. En cuanto a Hiroshi, creo que es uno de los personajes que se ha vuelto más querido, y estoy segura de que este final hará que quienes lo adoran, lo hagan todavía más. Hay más, como Ryoga, Mikado, Ukyo… pero creo que me tomaría mucho tiempo hablar de todos. De cualquier forma, espero que hayan disfrutado del arco de cada uno de ellos.

Y sobre nuestra pareja favorita: estos dos han crecido mucho, y creo que una de las cosas que más me gustó de escribir esta historia es que en gran medida pudieron hacerlo de la mano, siempre impulsando al otro a ser mejor y a aprender de sus errores. ¿Recuerdan al Ranma odioso e inmaduro de los primeros capítulos? ¡En el tercero todo el mundo lo odiaba! ¿Y qué me dicen de la Akane a la que le costaba verbalizar sus sentimientos e inquietudes? Ha sido una maravilla poder escribirlos así, tan jóvenes y vulnerables, porque creo que han sido un buen reflejo de las inquietudes y anhelos de esos años tan bonitos.

Por supuesto, escribir la historia no hubiera sido ni la mitad de divertido que lo fue teniéndolos a ustedes como lectores. ¡Gracias por leer! Pero también gracias por tomarse el tiempo de comentar, de agregar la historia a alertas y favoritos, y de agregarme a mí a alertas y favoritos. Espero que hayan disfrutado este coming-of-age tanto como yo.

Antes de despedirme, quiero decirles que ya me encuentro desarrollando una historia que planeo subir en los próximos meses (siendo ambiciosa, me gustaría que fuera en marzo, pero we'll see). Es también un UA de Ranma 1/2 y estoy muy emocionada, pues llevo varios meses estructurándola para crear una historia robusta y bien contextualizada. A todos los que tengan las alertas activadas les llegará un correo cuando la publique. Confieso que gran parte de mi motivación a seguir escribiendo y publicando se debe a toda la retroalimentación y a los comentarios que he recibido de cada uno de ustedes; es muy gratificante saber que a tanta gente le gusta leer lo que escribo.

Muchas gracias nuevamente por acompañarme en esta aventura tan bonita y divertida. ¡Nos leemos muy pronto!

Miss SF, enero 2021.


Respuesta a reviews de usuarios no registrados:

Javi: la escena de Asami y Ryu no fue nada fácil de escribir, fue súper emocional y casi no la incluyo, pero creo que era el destino de esa pareja. La verdad, me encantan y creo que es una de esas parejas que en el futuro podría reencontrarse y tener una verdadera historia de amor. Fuiste una de las pocas personas que acertó el destino de Hiroshi con respecto a 'Sami jajaja.

Jessie: jajaja eres la tercera persona que dijo que lloró con este capítulo. Y, aunque no lo parezca, yo también soy team Ryusami. Pero como le he comentado a varias personas ya, creo que la relación entre Asami y Ryu es una que podría funcionar de mil maravillas años después, cuando ambos estén en la misma página a nivel emocional. Hiroshi es un bombón en todos los aspectos jajaja, es un chico muy apasionado.

Grace: ¡has acertado tu teoría sobre Asami! Este final para ella estaba planeado desde el inicio, pues creo que el arco de su personaje ameritaba que se eligiera a sí misma. ¡Me alegra mucho que la historia te haya hecho sentir tantas cosas! Lo del epílogo no creo que ocurra, pero estuve pensando en tal vez, más adelante, hacer una "continuación" d capítulos para que sepamos cómo está cada uno muchos años después.

Hikari: ¿sabes qué creo? Que a Ryu le dolió mucho más que Asami fuera con él y luego lo rechazara, porque al verla llegar y al pasar una tarde tan especial con ella, Ryu reforzó todo lo que sentía por Asami... y entonces ella le dijo que ya no podía estar con él. Fue un baldazo de agua fría. No soy partidaria de los embarazos en las historias, así que no te preocupes por eso jajaja. Espero que te haya gustado el final.