Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 31
Me giré y caminé hacia la parte trasera del autobús, viendo un par de asientos vacíos. Emily se había sentado junto a una señora mayor y me dedicó una sonrisa apenada cuando pasé a su lado.
—Me encargaré de ti más tarde —siseé y se rio entre dientes.
Tomé asiento y me acerqué más a la ventana, dejándole espacio a Edward, pero de todas formas vaciló.
—¿Te importa? —preguntó temeroso.
Le sonreí y se sentó con su mochila en el regazo. Cuando el autobús se movió hice todo lo posible por concentrarme en el paisaje afuera de la ventana, pero en el reflejo podía ver a Edward jugueteando nerviosamente con la correa de su mochila. Lo miré durante unos minutos hasta que ya no pude soportar el silencio y luego me giré hacia él.
—Bella —comenzó a decir.
—Mira, Edward —comencé y ambos nos reímos.
—Adelante —dijo.
—Sólo quería decir que… el vídeo y el que estés aquí es… bueno, es difícil actuar racional después de algo así. Pero…
—Ah, el infame pero —dijo con tristeza.
—Tiene que haber un pero, Edward —le dije.
—Supongo que temo la seriedad de este pero en particular —dijo y no pude evitar sonreír—. Pero cambié de opinión y tienes que irte. Pero no hace diferencia alguna porque sigues siendo un cabrón y merezco algo mejor. Pero…
Puse una mano sobre su boca.
—Pero todavía necesito un poco de tiempo antes de poder pensar en nosotros.
—¿Tiempo? Puedo darte tiempo. —Asintió para sí, tomó mi mano y la apretó con gentileza—. ¿Una hora?
—Edward —gemí y sonrió.
—Tómate todo el tiempo que necesites, Bella. No iré a ninguna parte.
xxx
El primer vuelo que salía del aeropuerto nos llevó a Taormina en la isla de Sicilia. Era un resort costero muy popular y teníamos la esperanza, ya que seguía siendo temporada alta de turistas, de que hubiera trabajos disponibles para los tres.
Caminamos por ahí intentando encontrar un lugar donde quedarnos, pero encontrar uno que encajara con nuestro presupuesto no era el reto más fácil del mundo. Edward intentó persistentemente ofrecer el uso de su tarjeta de crédito para asegurarnos un hospedaje cómodo, pero nos negamos persistentemente.
—No entiendo por qué no puedo ayudar —gruñó cuando salimos de otro hostal completamente lleno—. Puedo pagarlo y se nos están acabando rápidamente las opciones.
—No —dije desafiante—. Si hablas en serio sobre viajar con nosotras, entonces tienes que apegarte a nuestro plan. Juntamos nuestro dinero y después de comprar comida y pagar la renta, guardamos el resto hasta tener el suficiente para pasear por aquí y después seguimos.
—Entonces, ¿no podremos quedarnos en una cama cómoda para variar? —preguntó Emily, un poco desanimada—. ¿De verdad sería tan malo, Bella?
—Creo que tengo a Emily de mi lado —Edward me guiñó—. Vamos, Bella, sólo hasta que podamos encontrar algún otro lugar.
La verdad era que la idea de una habitación con una cama cómoda y aire acondicionado sonaba perfecta, pero no quería que Edward ejerciera esa clase de superioridad. Sea terquedad o simplemente estupidez; quería que fuéramos iguales y el que él pagara por hospedaje de lujo lo ponía de nuevo en ese pedestal.
—Ustedes dos pueden hacerlo, pero yo seguiré buscando. Nos las hemos arreglado bien hasta ahora, Emily, sólo necesitamos ser pacientes.
—Oye —dijo Edward y tiró de mi brazo—. Espera.
—Es una oferta muy amable, Edward, pero no es así como quiero empezar las cosas. —Lo miré brevemente antes de añadir—. No intento ser una malcriada ni hacer berrinche. Sólo esperaba que pudiéramos olvidar quiénes éramos en Seattle. Sin dinero, trabajo ni mierdas familiares entremetiéndose… sólo dos personas normales disfrutando el viaje de toda una vida.
—Entonces lo haremos a tu manera. Lo que tú quieras —dijo suavemente—. Dije que haría cualquier cosa para arreglar esto, Bella, y lo decía de verdad.
—¿Incluso si eso significa rebajarte a quedarte en un hotel desagradable con colchones llenos de bultos? —sonreí y él asintió, aunque con un poco de reticencia—. Gracias, Edward.
Dos horas y nada de hospedaje después, me encontraba perdiendo rápidamente la determinación y estaba a punto de aceptar la oferta de Edward de pagar por una noche en un hotel. Bajamos por una calle lateral y nos encontramos con una pensión pequeña y destartalada. La luz en la ventana decía que había espacios y nos miramos con esperanza.
—Este se ve prometedor —dijo Emily cansada—. Finalmente podríamos tener suerte.
—Sí, así parece. —Asentí—. Ustedes esperen aquí y yo entraré a preguntar.
Edward y Emily se sentaron con un gemido junto a la pared y yo crucé cansada la puerta. Antes de acercarme al escritorio, puse mi sonrisa más amigable y saludé a la señora que estaba tras el mostrador de la forma más amable posible.
—Buonasera…
—Meh —respondió sin apartar la mirada de la revista que estaba leyendo.
Miré toda la recepción, los muebles viejos y cansados, las paredes sucias.
—Mis amigos y yo estamos buscando un lugar donde quedarnos y este es un edificio tan hermoso e histórico. Esperábamos poder rentar una habitación para las siguientes semanas.
—No habitación —musitó y fruncí el ceño.
—Pero el letrero en la puerta dice que hay espacios —dije, intentando no sonar enojada.
—No americanos. —Seguía sin verme—. Problemas. Americanos problemas.
—¿Podría reconsiderarlo, por favor? De verdad necesitamos un lugar donde quedarnos y prometo que no le causaremos ningún problema. Estamos aquí para pasear, no para tener fiestas salvajes ni nada así. —Intenté captar su mirada, pero no me estaba escuchando.
—¡No americano! —gritó—. Vete.
Esta vez sí alzó la vista e inclinó la cabeza hacia la puerta.
—Bien —musité y salí otra vez—. Vieja bruja.
—¿Otro no? —Emily casi lloraba y asentí—. Dice que hay espacios, ¿por qué no ponen el letrero correcto en la ventana?
—No acepta a los americanos —repetí y Edward se rio con reticencia—. No es broma, eso es lo único que me decía. Al parecer, somos problemáticos.
—Entonces, ella te conoce muy bien, ¿eh? —bromeó y Emily se rio—. Eres muy problemática.
—La próxima vez alguno de ustedes puede entrar y yo esperaré afuera —bufé—. No es tan fácil como piensan.
—¿Te importa si lo intento yo? —preguntó Edward y lo miré incrédula.
—¿Por qué?
—Porque necesitamos un lugar donde quedarnos, ¿y en que nos puede afectar intentarlo otra vez?
—Adelante, Míster Seductor, pero ella es tan acogedora como Norman Bates. —Me senté junto a Emily—. Te veremos en treinta segundos.
—Podría sorprenderte. —Sonrió y bufé cuando entró.
Cuando seguía sin salir cinco minutos después, Emily y yo cruzamos la puerta tentativamente para entrar. Miré asombrada a Edward recargado en el mostrador con la vieja gruñona sonriendo y riéndose mientras platicaban en italiano.
—¿Habla italiano? —susurró Emily y me encogí de hombros—. Eso es jodidamente sexy.
Asentí tontamente, y aunque era gracioso verlo encantar en serio a la señora, escucharlo hablar tan fluidamente en un lenguaje que nosotras todavía batallábamos para entender, bueno… como Emily lo dijo, era jodidamente sexy.
Cuando nos vio ahí paradas, cambió al inglés y nos hizo una seña para acercarnos.
—Ellas son Isabella y Emily, Sra. Castelletti.
La saludamos y la Sra. Castelletti nos sonrió cálidamente sin trazos de su anterior personalidad.
—Buonasera.
—La Sra. Castelletti tiene una habitación que nos puede rentar por tanto tiempo como la necesitemos. Tiene una cocina funcional, baño, dos camas individuales y un sofá que funciona como cama para mí. También tiene otro hotel justo frente a la playa y podemos ir a ver a su hijo mañana temprano, tendrá trabajo para los tres. —Edward sonrió engreído.
—Vaya, gracias —dijo Emily y asentí.
—Gracias otra vez, Sra. Castelletti —dijo Edward super dulcemente y la anciana le palmeó la mejilla.
Cuando regresó su atención a la revista, él caminó hacia donde estábamos Emily y yo agitando la llave frente a nosotros.
—Cabrón —murmuré y se soltó riendo.
—Ella no parece pensar eso. —Me codeó juguetonamente—. De hecho, incluso me preguntó si existía una Sra. Cullen.
—Sólo te lo preguntaba porque está interesada en llenar la posición —me reí e hizo una mueca.
—Oh sí, Edward se consiguió una sugar mommy —bromeó Emily y lo molestamos hasta que encontramos nuestra habitación.
Resultó ser mucho más lindo que algunos de los otros lugares en donde nos habíamos quedado desde que llegamos a Italia; pequeño, pero limpio y tenía todo lo que necesitábamos. Emily y yo encontramos la habitación, separada del resto del apartamento por una cortina. Miré a Edward extender la cama donde él dormiría y al instante me sentí mal porque era unos veinte centímetros demasiado corta para él.
—No puedes dormir ahí —le dije, pero sólo se encogió de hombros.
—Estaré bien —me aseguró—. He dormido en lugares peores.
—Bueno, si quieres intercambiar… aunque sea sólo por una noche, te cambiaré de lugar.
—No te ofendas, pero probablemente yo no me ofreceré —dijo Emily y me reí—. Le dejaré a Bella esa actitud de buena samaritana.
—Esto está bien —dijo, palmeando el sofá—. Dormiría feliz en el piso; me siento agradecido de poder estar aquí.
—Oh, es bueno. —Emily le alzó los pulgares y luego me susurró—: Te doy una semana, máximo.
¿Una semana? Si seguía así, no tenía mucha esperanza de poder aguantar una hora.
xxx
El segundo hotel de la Sra. Castelletti estaba justo junto a la playa y era un hotel orientado específicamente a familias de vacaciones. Los trabajos que su hijo nos ofreció eran parte del personal de entretenimiento. Emily y yo trabajábamos con el club de niños cada tarde de seis a once. Teníamos que enseñarles rutinas de baile, pintarles las caras y jugar una gran variedad de juegos mientras sus padres se la pasaban bien en el bar del hotel. Una de las mejores partes para los niños eran las mascotas del hotel que salían a jugar todas las noches. Estaba la Elefante Eleanor, el Tigre Tyrone, el León Liam y la Mona Myra, y cada tarde se unían a nosotros durante las rutinas de baile y juegos. En nuestro primer día, Edward había sido enviado a los bastidores y no supimos para qué. Después de muchas palabras especificas y muchos golpes, Edward renació como Eleanor.
—Ni una palabra —siseó cuando volvió con nosotras llevando un bolso al hombro y un lindo moño rosa cocido a la cabeza del disfraz—. Esto es humillante y ridículamente caluroso.
—Dios mío —gritó Emily y me tapé la boca, intentando desesperadamente no reírme en su cara.
Luego, el jefe de entretenimiento del hotel le mostró a Edward una versión más simple de la rutina de baile que tendría que hacer y cuando le pidió que lo intentara, no pude seguir conteniendo la risa. Resultó que bailar era algo en lo que el Sr. Cullen no era muy bueno.
Agarramos el ritmo relativamente rápido y pronto encontramos que el trabajo era muy divertido. Tal vez era porque podíamos reírnos de Edward todas las noches. No era mucho dinero, pero recibíamos una comida gratis con los niños y podíamos pasar el tiempo como quisiéramos durante el día. Edward estaba menos impresionado con su posición, pero él nos consiguió los trabajos así que sólo mantenía la boca cerrada y hacía su mejor esfuerzo en intentar ignorar la constante tirada de bromas que Emily y yo le lanzábamos.
Dentro de todo, nuestro tiempo en Taormina fue muy bueno. Pasábamos los días bronceándonos en la playa o explorando el resort. Edward era un hombre completamente diferente y verlo así hacía que fuera cada vez más y más difícil mantenerme alejada de él. Él no me presionaba, nunca me pedía nada, y al principio lo apreciaba. Sin embargo, ahora deseaba que mostrara al menos un poco de interés en ser más que sólo mi amigo.
—Por favor, Bella —gimió Edward y le dio un largo trago a su agua—. Me siento como un cerdo en asador.
—Ese es el punto, Edward —murmuré, absorbiendo los rayos de sol.
—Es importante tomar un descanso —dijo.
—Descansaremos cuando el sol tome un descanso —dijo Emily—. Nos estamos bronceando.
—Ustedes se están bronceando —dijo y se paró—. Yo sólo me horneó hasta morir. Ven diez minutos conmigo al océano, ¿sí?
—Oye, ya basta. Estás bloqueando mi sol —me quejé e intenté apartarlo de un empujón—. No quiero ir a nadar, muchas gracias.
Plantó sus pies firmemente a cada lado de mi toalla y cruzó los brazos sobre su pecho desnudo.
—No me moveré hasta que te muevas.
Estaba a punto de decirle algo sarcástico cuando se echó el resto del agua en la cabeza en un intento por enfriarse. Miré una gota caer en su pecho y bajar rodando por su firme y ahora bien bronceado estómago, antes de chocar con la cintura de sus shorts. Seguí mirándolo durante un minuto más y luego subí la vista para encontrar su sonrisita.
—Puedo ver que me estás comiendo con la mirada detrás de tus gafas de sol, Bella —me dijo.
—¿A dónde más se supone que debo ver? Estás parado frente a mí, idiota. —Miré a propósito a mi izquierda, pero pronto su cara llenó mi visión—. No quiero ir a nadar, Edward. Eres un chico grande, estoy segura que puedes chapotear a salvo sin supervisión de un adulto.
—Creo que podría tener insolación —dijo y luego se sentó junto a mí en la arena, acercándose—. ¿Y si voy a nadar solo y pierdo la consciencia?
—No seas dramático. —Puse los ojos en blanco, aunque él no podía ver a través de mis lentes—. Puedo comprarte un salvavidas si crees que te será de ayuda.
—Estaré perfectamente bien contigo —dijo de forma muy dulce y bajó su cabeza a la mía.
Contuve el aliento y un millón de cosas pasaron por mi mente. ¿De verdad me iba a besar? ¿Estaba lista para que me besara? ¿Le había dado la señal de que quería besarlo? ¿Era ahora o nunca? Si lo rechazaba ahora, ¿tendría otra oportunidad? ¿Quería besarlo?
Incapaz de responder todas las preguntas, me concentré únicamente en la última y la respuesta era: sí. Simple y sencillo. De verdad quería besarlo. Alcé el mentón un poco, haciéndole saber que estaba bien con esto, y mis parpados se cerraron detrás de mis lentes. Mientras esperaba sentir sus suaves y sedosos labios en los míos, sentí algo más. En lugar de unos labios suaves y sedosos, la nariz de Edward se frotó gentilmente con la punta de la mía.
—¿Qué estás haciendo? —abrí los ojos.
En lugar de responderme, Edward se apartó y volvió a sonreír. Lo siguiente que supe fue que estaba sobre su hombro mientras él corría hacia el mar y Emily se carcajeaba.
—¡Edward, detente! —grité—. No quiero mojarme.
—Que pena —se rio y cuando el agua del mar le llegaba a la cintura, nos arrojó a ambos bajo el agua, manteniendo un agarre firme en mi cintura al hacerlo.
Salí siendo todo un desastre mojado que escupía.
—Eres un jodido imbécil —tosí.
Se río muy divertido, todavía me estaba agarrando.
—Se supone que debemos estarnos divirtiendo y ya llevas mucho tiempo ahí. Necesitabas tomar un descanso.
—¿Qué eres, la policía del sol? —gruñí—. No puedo creer que hicieras esto.
—¿Me perdonas? —preguntó, apoyando su frente en la mía.
Solté una exhalación temblorosa mientras su cabello mojado me hacía cosquillas en la cara y sus ojos miraban intensamente los míos.
—Tal vez —susurré y sonrió torcidamente.
—Me gusta el tal vez. Tal vez significa que hay posibilidad. —Frotó pequeños círculos en mis caderas con sus pulgares y la tensión entre nosotros se llenó de electricidad.
—¿Como que tal vez podría vengarme por esto? —bromeé y se rio entre dientes—. ¿O que tal vez podría reemplazar toda tu ropa mientras duermes y así obligarte a salir usando un vestido?
—¿O tal vez pueda llevarte a una cita antes de irnos de aquí? ¿O tal vez pueda besarte de nuevo pronto? —movió una de sus manos y con la más suave de las caricias, trazó mis labios con la punta de sus dedos.
—Tal vez —dije de nuevo y me paré de puntillas. La mirada de Edward se movió entre mis ojos y mis labios, y cerró rápidamente la distancia entre nuestros rostros. Justo cuando estaba a punto de besarme, subí las manos y agarré su cara, moviendo gentilmente la punta de mi nariz sobre la suya de la misma forma juguetona en que él lo había hecho hace unos minutos—. O tal vez no. Supongo que tendrás que esperar para descubrir de cuál se trata.
Me apresuré a correr de regreso a nuestras toallas y reasumí mi posición, sacándole el mayor provecho al tiempo que nos quedaba antes de tener que alistarme para el trabajo. Edward me miró y cuando se dio cuenta que no iba a regresar con él, sonrió y se metió al agua, alejándose al nadar.
Besarlo justo ahí habría sido el momento perfecto, pero eso habría sido demasiado fácil. No había prisa, y ciertamente no había nada de malo en hacerlo esforzarse un poco más por esto.
—Te doy tres días antes de que necesitemos otra habitación —dijo Emily, levantándose los lentes—. Te has aguantado más de lo que pensé, pero no creo que puedas seguir así.
—No necesitaremos otra habitación —argumenté y me miró con disgusto—. No me refería a que lo haríamos en la cama de al lado, por Dios, me refiero a que no vamos a hacerlo y punto. —No sonaba para nada convincente.
—Mira, sé que como tu amiga debería advertirte sobre él. Debería decirte que te mantengas lejos y recordarte constantemente lo que pasó, pero puedo ver la diferencia que ha hecho él en ti con tan sólo estar aquí. —Volvió a bajarse los lentes y luego añadió—: Además, si tenemos dos habitaciones, puedo invitar a italianos sexys a mi habitación.
—¿Italianos? —bufé—. ¿O sea más de uno?
—Eso espero, tengo que compensar por mucho tiempo. Tú no estabas lista para acostarte con nadie y nunca te habría dejado de lado. Ahora tienes a Edward, así que puedo actuar un poco zorra sin sentirme culpable.
—No tenías que alejarte de los hombres sólo porque yo tenía problemas, Emily —le dije—. Ahora me siento mal.
—Pues no lo hagas. Eres mi amiga y me necesitabas más de lo que yo necesitaba sexo con hombres europeos. —Se rio—. Dile a Edward que coquetee un poco más con la Sra. Castelletti y le dará una suite de lujo con tragos gratis.
—No se lo pedirá de nuevo —gruñí y se rio—. Oye, has visto las miradas coquetas y esas mierdas que ella le lanza. Si él aumentara un poco más su actitud, ella probablemente lo acosaría en el elevador o algo así.
—Estás muy mal si te pones celosa de una mujer de sesenta años, Bella. —Emily se sentó y le dio un trago a su agua—. Voy a regresar y tomar una siesta antes del trabajo. Ve a divertirte con él.
Reunió sus cosas y se fue, dejándome sentada en mi toalla mirando hacia el mar, intentando localizar a Edward. No podía verlo por ninguna parte y comenzaba a sentir pánico cuando él se dejó caer en la toalla a mi lado.
—¿Dónde está Emily? —preguntó sin aliento.
—Fue a tomar una siesta —dije, sintiéndome nerviosa—. ¿Te la pasaste bien nadando?
—Me sentí solo. —Se rio entre dientes—. Igual que mi nariz; le gustó mucho besarse con tu nariz.
—Eso suena raro —le dije y asintió—. Pero, para que conste, a mi nariz también le gustó. Sólo que hay un problema.
—¿Qué?
—Mis labios se pusieron celosos. —Guiñé y me paré—. Voy a volver adentro, ¿quieres venir?
Retrocedí lentamente y lo miré quedarse ahí sentado por treinta segundos más o menos, antes de reírse para sí y pararse de un salto.
—Definitivamente.
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—Te digo que ese niño algo trama contra mí —Edward se quitó la trompa de la boca y me susurró—. Se la pasa intentando empujarme. Si me caigo con en esta cosa, no podré levantarme nunca.
Me reí y tomé su brazo.
—Te protegeré.
—Más te vale —murmuró—. ¿Cuánto nos falta para tener el dinero suficiente para renunciar?
—Sólo unos cuantos días más.
—Gracias a Dios —exhaló.
—Vamos, Eleanor, hay niños allá afuera que te aman. —Lo jalé hacia enfrente y salimos juntos para reunirnos con los niños—. Y algunos adultos también —añadí por lo bajo.
Para darle a Edward el crédito que se merecía, no exageraba cuando decía que un niño en particular andaba tras él. Un niño británico de unos ocho años parecía haber hecho su misión atormentar a Edward toda la tarde. Intenté mantenerlo alejado, pero en cada oportunidad que tenía intentaba tirarlo, le jalaba la trompa, o le aventaba cosas. Después de dos horas de verlo atacar a la pobre Eleanor, aparté al niño.
—Hola, Sam ¿cierto? —pregunté y asintió—. No seas malo con Eleanor. A ella le agradas mucho y le molesta que no seas su amigo.
Él me miró como si fuera idiota.
—Sé que Eleanor es un hombre disfrazado. No estoy siendo malo con Eleanor, es el hombre el que no me agrada.
—Oh, um… ya veo. ¿Por qué no te agrada? —pregunté—. Te prometo que es un chico muy agradable y muy divertido.
—Es estúpido. —Cruzó los brazos sobre su pecho—. Huele a popo —añadió petulante.
—Sé que eso no es cierto, Sam. Él huele muy bien —le aseguré—. No hay aroma de popo en ninguna parte. Te diré algo, después de que terminé de trabajar como Eleanor esta noche, ¿por qué no me dejas presentártelo?
—De ninguna forma —bufó.
—Te daré una paleta extra si lo haces —lo soborné y asintió—. ¡Genial! Entonces, recuerda portarte bien o no te daré la paleta extra, ¿sí? —Asintió una vez y se unió de nuevo al grupo.
Fiel a mi palabra, después de que terminó la disco y las mascotas del hotel regresaron a bastidores para cambiarse, le di una paleta extra a Sam y lo llevé a conocer a Edward.
—Sam, este es mi amigo, Edward. —Lo llevé hasta Edward, que sonrió y extendió su mano—. Edward, este es Sam.
—Gusto en conocerte, Sam —dijo Edward con dulzura, pero Sam no se veía impresionado—. Entonces, ¿estás aquí de vacaciones?
—No, estoy aquí por días festivos —espetó—. ¿Puedo irme?
Edward se agachó junto a él.
—Sólo quiero ser tu amigo, Sam.
—Mi mamá dice que no debería ser amigo de gente mala —dijo y fruncí el ceño.
—¿Por qué Edward es malo, Sam? —pregunté.
—Él te aventó al agua —me dijo—. Lo vi aventarte al océano en la playa hoy. Te enojaste con él.
—Sólo estaba jugando —dijo Edward rápidamente y asentí mostrándome de acuerdo—. Somos amigos y nos estábamos divirtiendo.
—A Bella no le gustó —protestó—. Así que no me agradas.
Edward se paró e iba a decir algo más, pero Sam tenía otro plan. Corrió hacia Edward y lo empujó con fuerza en el estómago, haciéndolo tropezar hacia atrás. Hice una mueca cuando se le atoró el pie en una pata de la mesa y se cayó, golpeándose un costado de la cabeza en la mesa al intentar detenerse.
—Ops —Sam se rio y lo fulminé con la mirada.
—Eso fue malo, Sam. —Corrí hacia Edward—. Ve a sentarte con los demás, por favor.
—Ow, Dios. —Edward se frotó la cabeza—. Ese mierdecilla.
—Estás sangrando. —Puse la mano sobre la pequeña cortada y busqué un kit de primeros auxilios por ahí—. ¿Estás bien?
—No creo que el nombre de ese niño sea Sam, creo que es Chucky —gruñó—. ¿Puedo demandarlo?
—Necesito limpiar la herida, pon tu mano aquí mientras voy a buscar el kit de primeros auxilios —le dije, pero sacudió la cabeza.
—Quédate aquí —susurró y me jaló a su regazo—. No es nada serio. Preferiría que esperaras aquí hasta que se detenga.
—¿Y si te desangras hasta morir? —pregunté y sonrió.
—Sería una gran forma de irme.
Así que me quede donde estaba, sentada en su regazo con una mano en su frente y la otra en su hombro. Edward me miraba intensamente, con sus brazos envueltos fuertemente en mi cintura. Podía escuchar a los niños deseándole buenas noches a Emily conforme regresaban a sus padres y debí estar ahí ayudándola, pero no tenía intención de moverme.
—¿Estás seguro que estás bien? —pregunté de nuevo y asintió—. ¿Puedo revisarte?
Moví mi mano y había un poco más de sangre que antes, pero parecía que ya se había detenido. Tenía un chichón muy grande formándose sobre su ojo y me incliné para besarlo con ternura. Lo sentí hacer una mueca, así que retrocedí.
—Lo siento —me disculpé—. Estaba intentando curarlo con un beso.
—Aprecio el gesto —dijo y sonrió—. Fui derrotado por un niño de ocho años… no fue mi mejor momento.
—No estoy de acuerdo —le dije—. Ha sido tu mejor momento desde que llegaste a Italia.
—Me alegra que pienses eso. —Sonrió su sexy sonrisa torcida y luego hizo otra mueca—. Tal vez sonreír no sea tan buena idea.
—Se ve muy inflamado, tal vez deberíamos ir al hospital.
—No es necesario. Puede que sólo necesite una buena enfermera que me cuide esta noche. —Me guiñó.
—Tienes que evitar sonreír y no te pueden curar el área herida con besos. Es una pena. —Asintió y luego se me ocurrió una idea—. ¿Tal vez esto pueda ayudar?
Me incliné y presioné mis labios gentilmente con los suyos, y se sintió mejor que nunca antes. Todos esos días y noches que pasamos juntos, por muy maravillosas que fueron en su momento… nunca se sintió igual a esto.
—¿Qué estás haciendo? —murmuró y se apartó—. No espero… no quiero que pienses…
—Shh —me reí—. Sólo lo estoy curando con un beso.
—¿Curando qué con un beso? —preguntó con seriedad.
—Todo.
Edward…
Ya todo está curado.
Awww, estos dos me derriten con su amor. Bella está lista para perdonarlo y seguir adelante. Recuerden que sólo nos quedan 3 capítulos más de esta historia que intentaré subir esta misma semana. Mil gracias por sus comentarios, alertas y favoritos, no olviden decirme qué les pareció ;)
