CAPÍTULO 1:

Regresos y reencuentros

Let's go back

Back to the beggining,

Back to when the Earth, the sun,

The stars were all aligned.

'Cause perfect,

Didn't feel so perfect

Trying to fit a square into a circle

Was no life.

(Come clean – Hilary Duff)


Una semana completa en San Mungo. Ese era el tiempo que había pasado en el hospital contra su voluntad. Estaba agotado de todos los exámenes que le estaban haciendo y de las miradas de los sanadores y sanadoras que iban a chequear su estado de salud cada dos o tres horas. Hacía un par de décadas, él habría disfrutado toda esa atención: ahora sólo quería salir del hospital y que lo dejaran en paz. No obstante, sabía que estaba pidiendo mucho y que eso no iba a ocurrir. Siempre le había pedido mucho a la vida, mucho más de lo que la vida quiso darle.

Pero, al parecer, esa mañana iba a tener suerte. Harry había llegado temprano con una orden ministerial firmada por el mismo Kingsley Shacklebolt, actual ministro de Magia, para que le dieran el alta y pudiera llevarlo con él a casa. Al comienzo, escuchó que Harry hablaba educadamente con el director del equipo de sanadores que llevaba su caso, pero su voz comenzó a parecer cada vez más frustrada hasta que comenzó a hablar duramente y en un tono muy alto sobre que no quería usar su carta personal de ser quien era, pero que no le estaban dejando otra alternativa. Que Sirius Black se iba con él hoy mismo a casa porque no quería verse obligado a dar una declaración a El Profeta sobre los abusos que estaban cometiendo en nombre de la ciencia médica mágica. Y según creía, había dado resultado. Un minuto más tarde, Harry entró a la habitación donde él, sin saber qué esperar, se encontraba sentado sobre la cama.

-Sirius, nos vamos cuando estés listo, ¿te parece?- dijo Harry al abrir la puerta y sonriéndole.- ¿Estás bien?

-Creo que sí- respondió mirándolo sin saber muy bien cómo dirigirse a su ahijado, a pesar de haberlo visto durante cada día desde que había regresado. -No tenías por qué haber hecho todo lo que acabas de hacer por mí.

-Tonterías, Sirius- dijo el ojiverde sin dejar de sonreír mientras entraba a la habitación y cerraba la puerta.- El mundo mágico me debe demasiados favores desde que nací y, aunque no me interesa cobrarlos, esta vez era necesario.

Hacía cuatros años que la guerra había terminado, le había contado Harry una vez que ambos habían sobrellevado el shock de verse nuevamente. Harry de volver a ver a su padrino, a quien creía muerto. Sirius de descubrir que había estado seis años atrapado (por no tener una mejor palabra) detrás del velo del Departamento de Misterios y ver a su ahijado de veintiún años.

Sirius se vio obligado a tratar de absorber la mayor información posible. Harry Potter, héroe de guerra y condecorado por ello junto a sus amigos Ronald Weasley y Hermione Granger. Que se estaba formando como auror, la misma carrera que había elegido Ron, y a ambos les quedaba un año para completar sus estudios. Sin embargo, Hermione había seguido la carrera de derecho mágico para poder generar cambios legislativos que ella consideraba de importancia vital para las personas y todas las criaturas mágicas cuya vida regía el Ministerio de Magia, pasión que había descubierto en su cuarto año por su dedicación al activismo por los derechos obreros de los elfos domésticos.

Nadie se podía explicar el mecanismo ni la razón del regreso de Sirius Black, ya que él mismo no era consciente de su experiencia en dondequiera que hubiese estado. Harry había caído en un estado de conmoción absoluto cuando Kingsley se lo había comunicado y desde un comienzo le había dicho que lo sacaría apenas pudiera de San Mungo para llevárselo a casa. Una casa que él mismo no consideraba un hogar: el número 12 de Grimmauld Place, lugar que ahora pertenecía a Potter, debido a la activación de su testamento una vez que fue declarado muerto. Él no esperaba recuperarlo, además porque estaba pensando que tal vez no debía quedarse viviendo allí por mucho tiempo más, pero todo aún parecía muy prematuro para marcharse, sobre todo porque buscaba entender y hacer calzar toda la información que se había perdido durante casi seis años de su ausencia.

Para Sirius, quien había sido devuelto por el arco del velo con exactamente la misma edad con la que había caído a través de él, el shock más grande fue darse cuenta que todas las personas que conocía habían crecido, envejecido levemente o incluso muerto. Durante una semana completa, todo el mundo lo puso al tanto de todos los acontecimientos que se había perdido durante todos esos años, aunque fue imposible detener la nostalgia y la culpa por nuevamente no estar ahí en un momento importante de la vida de sus amigos. A nadie le importaba eso último claramente, porque estaban demasiados sorprendidos y felices por contar con su presencia otra vez, por muy imposible e inverosímil que pareciera, pero él simplemente no podía evitarlo.

Sin embargo, se sentía extraño sin la experiencia de haber batallado durante la guerra. Era evidente que a todos les había afectado de una manera u otra y no podía evitar sentirse ajeno a todo el mundo por no saber de primera mano lo que eso conllevaba. No es que las personas que conocía hablaran del conflicto bélico, era sólo que sentía en el aire que todos estaban completamente agradecidos de haber sobrevivido y ser capaces de construir sus vidas en paz. Él parecía no tener motivo alguno por el cual haber regresado de la muerte y, honestamente, sentía que no pertenecía a ningún sitio. La única persona que lo conectaba con los únicos años de su vida en los que había sido feliz era Remus, pero él tenía su propia familia ahora. Y las demás personas, incluyendo al hijo de su amigo James, estaban construyendo su propio camino. Él ya no podía ejercer de padrino como pudo hacerlo cuando Harry tenía quince años, por lo que se sentía completamente inútil.


Habían transcurrido cinco meses desde el regreso de Sirius Black al mundo de los vivos. Ese día era bastante especial para todos en casa. Harry había pedido el día libre en el ministerio y Ginny había pedido permiso para ausentarse al entrenamiento de las Arpías de Holyhead, mientras que Tonks había tomado uno de sus días de asuntos propios como aurora y McGonagall había autorizado a Remus a cancelar todo ese día de clases en Hogwarts para poder estar en Grimmauld Place junto a sus amigos.

Hermione Granger regresaba a Londres después de haber pasado todo un año viviendo en Nueva York completando su formación en MACUSA, el Ministerio de Magia de Estados Unidos. Sirius no la había visto desde su regreso del velo, aunque ella estaba completamente informada de eso gracias a la llamada telefónica que había mantenido con Ginny durante una hora (le causaba gracia que la pelirroja tuviera el mismo interés por los artefactos muggles que su padre). Harry y Ron le habían contado sobre lo dura que había sido la guerra para la castaña y no dudaron en contarle sobre lo vivido en la Mansión Malfoy, aunque no quisieron entrar en demasiados detalles porque aún les costaba poner todo eso en voz alta. Eso dejó a Sirius impactado y frustrado. Por mucho que Hermione lo hubiera irritado en el verano y la navidad que pasaron en Grimmauld Place durante su quinto año cuando él estaba completamente encerrado -y el último año en que él había estado con vida-, le tenía bastante aprecio porque había sido ella junto con su ahijado quienes lo rescataron del despacho de Flitwitck cuando estuvo a punto de ser entregado a los dementores. Le molestaba que ella hubiese tenido que pasar por toda esa experiencia porque, como él bien sabía, era muy difícil recuperarse de situaciones tan profundamente violentas. Y suponía que, si ella había decidido alejarse de todo lo que conocía durante tanto tiempo, aún cuando escribiera a sus amigos constantemente, era porque la situación la había sobrepasado en algún punto. Y él sabía muy bien lo que significaba sentirse así.

Todo el mundo esa mañana estaba ansioso por volver a verla después de tantos meses, pero a Sirius lo ponía nervioso tener que enfrentarse una vez más a un reencuentro atemporal donde él recordaba a una persona que de seguro era completamente diferente a quien sería ahora mientras que él seguía siendo el mismo de hace seis años. Ginny le había mostrado algunas fotos de sus vidas luego de la guerra y si bien Hermione ahora tenía veintitrés años, él sabía que si la veía por la calle no sería capaz de reconocerla. Le había costado acostumbrarse a la imagen de Harry y todos los hermanos Weasley siendo mayores y sabía que con Hermione sería igual.

La noche en que Ginny le había contado a Hermione que Sirius había regresado del velo había sido bastante improvisada. Un mes después de la resurrección del mago, Hermione había llamado a su amiga esa noche durante la cena, teniendo en consideración la diferencia horaria. En ese momento estaban en casa Remus, Sirius, Harry y la pelirroja. Tonks no había llegado con Teddy aún, quien estaba visitando a su abuela Andrómeda. Cuando sonó el móvil de Ginny, todos acordaron que no le dirían nada porque Harry había afirmado que ella se alteraría de sobremanera y quizás abandonara a medio terminar su estadía estudiando en Nueva York, pero eso no funcionó del todo.

-Ginny, algún día deberías venir conmigo a Estados Unidos- decía Hermione sonando muy alegre en altavoz.- ¡Podríamos recorrer toda la costa oeste en coche!

-¡Suena maravilloso, Mione!

-Creo que es algo que Sirius hubiera querido hacer en su motocicleta, Remus- habló de repente dirigiéndose al hombre lobo con claro pesar en su voz. Él inmediatamente miró a Sirius, quien estaba sentado al otro lado de la mesa, a unos pocos lugares de Ginny, intercambiando una mirada de sorpresa e incomodidad con Black antes de mirar a la Weasley.

-Sí, seguro que le hubiera gustado mucho- comentó Lupin con un poco de culpa y pasándose una mano por el cabello.

Se formó un breve e incómodo silencio. Sirius miró a Harry, quien luego miró a Remus y a Ginny. Ginny miró a Remus y después al animago. Hermione suspiró profundamente antes de hablar.

-Lo siento, no quise que se desanimaran con...- comenzó la castaña disculpándose.

-Está bien, Hermione, no te preocupes- dijo Harry intentando sonar lo más despreocupado que pudo, adivinando que su amiga debía sentirse mal por hablarle de su (ya no) difunto padrino.

-Es sólo que... -hizo una pausa. - No, olvídenlo.

-¿Qué pasa, Mione?- inquirió Ginny frunciendo el ceño.

-He estado pensando bastante en Sirius durante las últimas semanas- explicó con un tono nostálgico. - Sé que es junio y que es el mes en que fue la batalla en el Departamento de Misterios, ya lo he pensado, pero es diferente. De verdad, no entiendo por qué de repente me pasa que...

-Suficiente, tenemos que contarle- interrumpió Remus, dirigiéndose a los demás. Harry y Ginny lo miraron con los ojos muy abiertos. Sirius permaneció en silencio, sin saber qué hacer más que callar y controlar la ansiedad que comenzó a sentir.

-¿Contarme qué?- preguntó Hermione después de unos segundos de silencio.

-Yo lo haré- dijo Ginny luego de un momento y tomando una gran bocanada de aire, habló otra vez: - Hermione, hay algo que necesitas saber. No sabíamos cómo hacerlo. Harry sugirió que te contáramos cuando regresaras a Londres, pero creo que esto se nos está escapando de las manos ahora.

-¿Qué pasa?- preguntó casi en un susurro lleno de preocupación la bruja desde Nueva York.- ¿Remus, pasa algo con Teddy?- la angustia latente en su voz.

-No, Teddy está perfectamente, Hermione, pero no es de él de quien queremos hablarte- respondió el licántropo con voz tranquila, pero ansiosa.

-Es sobre Sirius- comenzó la Weasley. Esperó unos segundos por si su amiga quería preguntar algo, pero al no ocurrir, prosiguió: -No preguntes cómo porque no lo sabemos y no queríamos contarte porque no queríamos que esto afectara tu estadía en Nueva York.

-Y antes que te digamos algo, por favor, prométeme que terminarás tus estudios en Estados Unidos y no regresarás hasta que eso suceda- demandó Potter pasándose ambas manos por la cara con los codos apoyados en la mesa.

-Qué está pasando- dijo la chica desde el otro lado del móvil muy seriamente.

-Prométemelo.

-¡Está bien, lo prometo! ¡¿Pero qué sucede?!

-Sirius está vivo- dijo Ginny haciendo una pausa para darle tiempo a Hermione de sopesar la información nueva. - Hace un mes cruzó nuevamente el velo del arco del Departamento de Misterios y ahora está viviendo con nosotros en Grimmauld Place.

Hubo un silencio que pareció demasiado extenso. Hermione permaneció callada mientras los demás al otro lado de la llamada se miraban expectantes. Sirius no sabía si hablar para confirmar lo que la pelirroja había contado o callarse y esperar.

-Si esto es una broma...

-No es broma, es todo verdad- la interrumpió Harry con la mayor seriedad que podía poner en su voz. - Sirius ha vuelto y es como si no hubiera pasado ni un solo día desde la batalla en el ministerio.

-¿Cómo...? Espera, necesito respirar – hizo una pausa y agregó: - ¿Cómo es que ha regresado? Se supone que nadie sabe cómo funciona el velo.

-De hecho, ninguna persona, ni él mismo, sabe cómo cayó hacia el otro lado esta vez- respondió Remus.

-¡No puedo creer que no me lo hayan contado antes!- exclamó claramente molesta.

Entonces Ginny tomó el móvil y quitó el altavoz, susurrándole a los demás que ella se iba a encargar del asunto con Hermione. Ella salió de la cocina y subió las escaleras, dejando a Harry y a Remus mirándose con culpabilidad, mientras que Sirius no sabía bien si debía sentir culpa también o mantenerse al margen de la situación.

Fueron al aeropuerto Heathrow esa mañana porque la bruja arribaba a Londres a las doce del día. Cuando preguntó por qué la castaña no se aparecía directamente en Inglaterra con un traslador, Harry y Ron le dijeron al unísono que a Hermione le encantaba volar en aviones, aún estuviera diez o más horas arriba de uno. Harry consideraba que eso era absurdo porque su amiga odiaba volar en escobas o hipogrifos, pero no iba a cuestionar su lógica. Así que, luego de aparecerse en un punto cercano al aeropuerto, estaban ahora en la sala de llegadas de una de las terminales, mirando una de las pantallas que mostraba en una de sus franjas rectangulares "Vuelo RYBG52 12:00 Nueva York - Aterrizado - Puerta 10" y esperando frente a la salida de dicho pasillo junto con decenas de otras personas que esperaban al igual que ellos.

Ginny y Tonks fueron las primeras en avistarla y, sin poder contener más su ansiedad, cada una soltó respectivamente la mano de Harry y de Lupin y corrieron hasta su amiga, prácticamente lanzándose sobre ella y obligándola a soltar su maleta para no perder el equilibrio en el abrazo. "¡Hey! ¡Van a dejarme sin aire!", la escucharon bromear mientras Tonks besaba fuertemente su mejilla y Ginny la seguía abrazando con anhelo. Finalmente, las brujas la soltaron sonriendo abiertamente.

Sirius pudo visualizarla mientras caminaba hacia ellos entre las dos mujeres. Su cabello castaño tenía unas ondas mucho más ordenadas y definidas que como lo recordaba, y estaba mucho más largo, lo que le daba un aire mucho más estilizado a su rostro. Vestía unos jeans azules y una blusa blanca, llevando encima un abrigo gris claro con un corte recto sobre el cuello que le llegaba hasta la mitad de los muslos, junto con unos botines café con caña mediana. Vio que Harry se acercaba a ella y la atraía hacia sí en un abrazo que se prolongó por varios segundos. Siempre le había parecido entrañable la amistad de su ahijado con la chica, recordándole el vínculo que él y James habían construido durante su vida en Hogwarts, divirtiéndose y apoyándose en todo, aunque cuidándose mutuamente, siempre estando cuando era necesario, en las buenas y en las malas.

Luego, Hermione se dirigió a Remus, a quien abrazó fuertemente y sonriendo, mientras él le correspondía. Sabía que el hombre lobo y ella se habían hecho muy cercanos después de la guerra a raíz de la amistad de ella con Tonks y su constante apoyo en la maternidad y paternidad de ambos. Teddy había nacido unas semanas antes de la Batalla de Hogwarts y había logrado afiatar los lazos entre todas las personas que conocía, como un rayo de luz que les recordaba que el mundo era un lugar mejor ahora. Además, Remus apreciaba tanto la lectura como ella y, si no estaba tan equivocado, seguro que eso en ella no había cambiado a pesar de los años.

Cuando Hermione se soltó de Remus, él sintió como su propio cuerpo se tensaba ante la expectación de su inminente reencuentro con ella. Hermione lo miró unos segundos, sus ojos brillantes por las lágrimas y antes de que él pudiera hablar, lo rodeó con sus brazos y enterró su cabeza en su hombro. Sirius, poco acostumbrado aún al contacto físico con las personas, tardó un momento en responder a su agarre. Sentirla fue como otro lazo que ataba a la nueva oportunidad que tenía en la vida, otro cabo atado de todo lo que se había perdido al cruzar el velo.

-¡No puedo creer que estés aquí!- dijo ella aún sin soltarlo.

-Juro solemnemente que soy real- comentó riendo levemente mientras ella lo soltaba para mirarlo a la cara.

-Es bueno verte otra vez- comentó sonriendo. Sirius no pudo evitar devolverle esa genuina sonrisa mientras ella continuaba mirándolo como si nunca lo hubiera visto en su vida.

-Supongo que vienes cansada, Mione- dijo Tonks enganchando su brazo con el de ella-, así que iremos a Grimmauld Place a comer y mañana podrás ver a todos los demás, ¿de acuerdo?

-¿Hermione, no podías poner un hechizo a tu maleta para aliviar el peso?- preguntó Harry arrastrando el equipaje de su amiga con dificultad, a pesar de las ruedas que tenía.

-Lo hice, pero no podía quitar todo el peso porque iba parecer sospechoso en control policial- comentó ella sonriendo abierta y genuinamente mirando hacia atrás a su amigo y encogiéndose de hombros.

Ginny había cocinado ese día para el almuerzo. La cocina estaba particularmente cálida esa tarde. Octubre parecía negarse a dejar los últimos aires del verano para dar paso al otoño, pero era algo más que eso. Sirius podía ver lo que aportaba Hermione a la que fuera la noble y ancestral casa de los Black. No es que hasta entonces el lugar pareciera sombrío y frívolo ni mucho menos. Harry le había explicado cómo entre todos habían logrado convertir la enorme casa en un hogar acogedor y familiar prácticamente irreconocible a como era antes, aunque él no podía olvidar su aspecto previo y los recuerdos asociados a esa construcción. Pero Hermione le añadía una vibra diferente. Quizás era únicamente porque para él era nueva en la fotografía de los habitantes de la casa y eso le otorgaba un aire fresco o es que simplemente ella tenía ese efecto en cada lugar al que entraba. Sirius podía recordar perfectamente su versión de dieciséis años cuando se reorganizó la Orden del Fénix, pero en ese momento él no proyectaba la mejor versión de sí mismo y había tenido varios desencuentros con la castaña, al punto de considerarla un verdadero dolor de cabeza. Ahora él se sentía un poco culpable por pensar así de ella porque, después de todo, había arriesgado mucho al salvarlo de los dementores aquella noche de junio hacía bastantes años. Y, además, el aura de Hermione parecía haber cambiado bastante. Ya no parecía una niña, era una joven adulta propiamente tal, aunque siguiera siendo bastante testaruda como le habían comentado sus amigos, pero mucho más relajada que antes. Sirius no pudo evitar asociar este cambio a la guerra. Nadie salía exactamente igual de una.

Durante la comida se dedicó a mirarla mientras ella contaba sus anécdotas de su estadía en Estados Unidos y se unía alegremente a los brindis celebrados en honor a su regreso a Londres. En algunos momentos, sentada perpendicularmente en el asiento junto a él, Hermione lo miraba alegremente como si quisiera comprobar que seguía sentado en ese extremo de la mesa temiendo que estuviera soñando, y él sólo podía sonreírle de regreso.

-¿Cuándo veré a Teddy?- preguntó a Remus y Tonks ansiosa.

-Pues mañana por la mañana- dijo Remus sonriéndole mientras rellenaba la copa de vino de su esposa y la de Harry, que se habían terminado.

-Sí, hoy está con mamá y esta noche iré a recogerlo, así que si quieres, puedo pasar a dejarlo mañana temprano y te quedas con él hasta que yo salga del ministerio, ¿qué te parece?

-¡Me encantaría, Tonks!- dijo ella entusiasmada bebiendo de su copa.

-¿Cuándo vuelves al ministerio?- preguntó Harry con la felicidad innegable en su rostro de volver a tener cerca a su mejor amiga.

-Me tomaré dos semanas antes de volver- anunció ella mientras pinchaba con su tenedor unos trozos de comida de su plato. - Además, es probable que comience a trabajar ya en el Departamento de Seguridad Mágica porque el año que estuve en MACUSA lo ocupé en el equivalente al Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, así que...

-¡Eso es genial, Mione!- exclamó Ginny, mirando de pronto a Harry. - ¿Qué se siente que tu mejor amiga se convierta en tu jefa tan pronto?- preguntó presionando un poco con una mirada muy similar a las que ponían Fred y George cuando querían molestar.

-Bueno, no es como si durante los años que pasamos en Hogwarts no se comportara ya como si lo fuera- bromeó el ojiverde, causando que su amiga le lanzara la servilleta reprochándolo entre risas.

-Admite que me echabas de menos- comentó ella mirándolo sobre su copa de vino con una mirada desafiante, pero divertida.

-Completamente- respondió sonriendo sincero él para luego seguir comiendo.

-Hermione, si estarás trabajando en el Departamento de Seguridad Mágica, quizás puedas intervenir en el caso de Sirius- dijo Ginny de pronto, captando la atención de su amiga.

-¿Qué pasa con tu caso?- preguntó Granger mirando al animago.

-Nada muy grave- comenzó Sirius mirándola luego de beber un poco de vino-, pero ya sabes, estuve literal y legalmente muerto por varios años, entonces está siendo bastante complicado restaurar mi situación para volver a existir en el mundo de los vivos- terminó con una pequeña risa sarcástica para resaltar lo peculiar del hecho.

-Si quieres, puedo intentar hacerme cargo de todo- sugirió ella mirándolo y luego dirigiendo su mirada a los demás en la mesa, buscando su aprobación. -Y puedo mantenerte informado de cómo avanza.

-Eso ayudaría bastante, la verdad- dijo Tonks asintiendo con la cabeza.

-Creo que te vendría bien, Padfoot- agregó Remus encogiéndose casualmente de hombros, mirándolo.

-Además, Hermione discutiría con todo el mundo con tal de tener tu documentación lista- comentó Harry conociendo bastante bien a su amiga.

-Y siempre puede manipular la culpa restante del ministerio sobre Azkaban- añadió la pelirroja.

-La verdad es que no es un caso muy difícil de ganar, pero requiere un poco de tiempo- dijo Hermione mirándolo nuevamente. - Pero mucho menos tiempo del que se están tardando si es que llevas meses lidiando con eso.

-Bueno, si así lo crees, ¡por favor, hazlo! - respondió Black recibiendo una gran sonrisa como respuesta de parte de la castaña.

La comida transcurrió en la misma tonalidad relajada y alegre durante una hora más y Sirius no pudo evitar pensar que el reencuentro con Hermione había sido mucho más fácil de lo que esperaba. Se sentía realmente cómodo con ella y claramente la chica se alegraba mucho de verlo. Había estado nervioso porque no sabía si su llegada iba a cambiar el grato ambiente familiar al que se estaba acostumbrando aún en esa casa, pero ahora había quedado claro que ella no podía agregar si no más que más estabilidad y regocijo a este clan tan particular. Parecía que la Hermione que él había conocido aún existía en ella, pero sabía que no era la misma. Llevaría un tiempo descubrir quién era ahora, y eso estaba bien. Después de todo, este día era sólo el comienzo. Lo que sí tenía claro es que por alguna razón, Hermione no lo hacía sentirse completamente fuera de lugar.