CAPÍTULO 2:

La vida de Hermione Granger

When you get older, plainer, saner,

Will you remember all the danger we came from?

Burning like embers, falling, tender

Longing for the days of no surrender years ago

And will you know.

(Lost on you – LP)


Los días en Grimmauld Place parecían transcurrir con normalidad. Hermione había estado visitando a Molly y Arthur en La Madriguera un par de días, comiendo a destajo porque la señora Weasley le había dicho que estaba muy delgada y que debía alimentarse más ahora que se venía el invierno. También había pasado unos días visitando a sus padres, quienes estaban muy felices de tenerla de regreso.

Casi un año después de la batalla de Hogwarts, Hermione había logrado revertir el hechizo desmemorizante con el que había querido proteger a sus padres durante la guerra. Tonks la había acompañado todo el viaje hacia Australia hasta que lograron ubicar al señor y la señora Granger. Al comienzo no entendieron qué hacían viviendo en Australia y Hermione les explicó sus motivos para haber hecho lo que hizo, lo que derivó en que sus padres no quisieran hablarle por algunas semanas, hasta que comprendieron el gesto de amor de su hija.

De todos modos, a pesar de estar muy entusiasmada con volver a ver a todo el mundo, quería volver a Grimmauld Place para compartir con el hombre del momento: Sirius Black.

Dos días antes de volver a trabajar al ministerio, Hermione regresó al que fuera su hogar desde el final de la guerra. Había querido finalizar sus estudios y terminar su último año en Hogwarts, pero estando un mes en el castillo, se dio cuenta que el peso emocional de ese lugar era insostenible para ella y decidió hablar con McGonagall para que la dejara tomar exámenes libres al final del curso, a lo que ella accedió. Minerva le había dicho que jamás había esperado que ella regresase después de haber pasado un año completo huyendo de las manos de Lord Voldemort y que valoraba mucho su esfuerzo, por lo que si de ella dependía, no había problemas con que sólo rindiera los exámenes.

Cuando llegó a casa no había nadie. Pensó que era un poco extraño, pero no le dio mayor importancia, así que subió a su habitación. Estando con Ronald, ellos habían compartido la habitación que él usaba en la segunda planta, pero ella siempre había mantenido este otro dormitorio que utilizaba como despacho. Allí solía encerrarse horas a escribir en el diario que su terapeuta le había aconsejado que llevara. La doctora Meyer era muggle y tenía conocimiento sobre el mundo mágico porque tenía un sobrino mago que iba en segundo año en Hogwarts, así que conocía a grandes rasgos los hechos de la Segunda Guerra Mágica. Hermione había estado asistiendo a sesiones con ella desde la primera vez que tuvo las pesadillas fuera del colegio. Había pensado que se debían a estar en el castillo porque allí se había librado la batalla final, pero cuando comenzó a tenerlas en Grimmauld Place se dio cuenta que si quería llevar una vida normal, debía hacer algo por ella misma.

Su habitación quedaba en la tercera planta porque era una de las más alejadas de la casa y, en ese entonces, era la única planta desocupada. La había elegido para dormir porque creía que así no perturbaría a los demás si de pronto despertaba en medio de la madrugada gritando. Pero ahora que Sirius había vuelto, ya no era la única habitante del corredor. La habitación de Sirius quedaba dos puertas antes de la suya, separadas por el que fuera el cuarto de Regulus, aunque como no había pasado muchas noches en casa, no sabía cómo sería la experiencia de ser la chica de la puerta de al lado. Lo bueno de las habitaciones de esa planta es que cada una tenía su propio baño, así que la verdad no veía que fuera a ser tarea difícil convivir por las noches con el ex prisionero de Azkaban.

Desde que había vuelto de Estados Unidos no había tenido tiempo de ordenar su ropa en el armario ni de desempacar todo, así que aprovechando que estaba sola y sin nada más que hacer, abrió la maleta que aún seguía cerrada junto a la ventana luego de dejarla sobre la cama. Como había aplicado un encantamiento de extensión indetectable, tenía demasiadas cosas que guardar y no fue hasta que llevaba media maleta desempacada que vio los paquetes perfectamente apilados. Había dado sus regalos a Arthur y Molly y a sus padres, pero había olvidado completamente la existencia de éstos. Sabía que esa noche cenarían todos juntos, así que sería el momento perfecto para entregarlos.

-¿Hay alguien en casa?- escuchó llamando desde la planta baja la voz de Harry.

-¡Estoy arriba!- gritó Hermione, esperando ser oída.

Al parecer lo había logrado porque pronto escuchó los escalones crujiendo bajo los rápidos pasos de Harry que subían hasta donde se encontraba ella.

-Hola, Hermione- la saludó el aguaverde entrando por la puerta y sonriéndole.- Qué bueno que has regresado.

-Sí, ya estaba un poco cansada de estar donde mis padres, me consienten mucho- bromeó ella.- ¿Cómo estás?

-Bien, ya sabes, el entrenamiento para ser auror es agotador, pero me gusta mucho- respondió sentándose en la cama.

-Nos veremos otra vez por el ministerio entonces- dijo ella imitándolo y sentándose a su lado.

Harry la miró y tomó su mano entre las suyas. Hermione siempre se había sentido bastante cómoda con las muestras de cariño de Harry, era como el hermano que nunca tuvo y las cosas que habían vivido durante tantos años solo habían reforzado ese vínculo.

-¿Cómo estás tú?- preguntó él un poco más serio.

-Creo que mejor, ¿sabes? Vivir en Nueva York fue muy diferente a todo por aquí y he aprendido muchas cosas- dijo Hermione dejando que Harry jugara con sus dedos mientras ella miraba.- Las personas en el mundo mágico allá no saben mucho de la guerra, pero sí te conocen a ti.

-No me sorprende.

-Fue más fácil andar por la vida sin que me preguntaran cosas sobre eso o sin que me miraran como a veces suelen mirarme aquí: como la heroína- continuó con una sonrisa débil la castaña.

-Bueno, no te vendría mal hacer uso de eso para solucionar el tema de Sirius- comentó Harry chocando cariñosamente su hombro con el de ella y sonriendo.

-Por cierto, ¿cómo está él?

-Creo que bien, aún se está adaptando por lo que sabemos- explicó él soltando la mano de su amiga.- Remus dice que ya no está bebiendo todo el tiempo whiskey de fuego como cuando estábamos en quinto, así que lo vemos como un gran avance.

-¿Quieres que le hable para saber qué pasa por su cabeza?- se ofreció honestamente.

-Vale, sí, pero no lo interrogues, sólo conversa con él.

Escucharon el inconfundible sonido de las llamas de la Red Flu en el salón y decidieron dar por terminada su conversación. La hora de la cena se acercaba y seguro que ya todos comenzaban a llegar. Cuando bajaron, Ginny y Tonks estaban sacando la comida que habían comprado de las bolsas mientras Remus dirigía los platos y las copas sobre la mesa con su varita.

-¿Dónde está Sirius?- preguntó Harry, uniéndose para ayudar.

-Ha bajado hace un momento a buscar unas botellas de vino-explicó Tonks, sonriendo mientras terminaba de servir la comida.

-¡Mione!

Hermione se dio vuelta justo en el momento en que Teddy corría hacia ella y le abrazaba las piernas. Aún no podía creer lo grande que estaba. Sólo había estado fuera un año, pero a esa edad los niños crecían como si compitieran consigo mismos. Granger se agachó lo suficiente para poder levantarlo del suelo y acomodarlo en su cadera.

-Teddy, recuerda que debes llamarla "tía Mione"- le recordó Remus, sonriendo a ambos.

-No, por favor, me haces sentir mucho mayor- se quejó la bruja, mirando a quien fuera su profesor y regresando su vista sobre el pequeño.

-¿Mione, sabes qué he aprendido hoy?- dijo el pequeño mirándola con sus ojos grandes y sonriendo.

-¿Qué has aprendido hoy? Cuéntame.

-¡He aprendido a cambiar mi cabello y mis ojos de color al mismo tiempo!

Hermione miró fascinada cómo su ahijado ponía cara de concentración intentando no pestañear mientras sus ojos dejaban el café miel idéntico a su padre y pasaban a ser azules como los de Ginny, adoptando también su forma, mientras su cabello pasaba a ser castaño y ondulado como el de Hermione. Además, habían aparecido un par de pecas como las que ella tenía alrededor de su nariz. Teddy vio a Hermione perpleja y sonrió satisfecho, sabiendo por su expresión que había logrado lo que quería.

-¡Teddy, eso es increíble! ¡Estás teniendo mucho más control sobre tu metamorfomagia! - dijo Hermione besándolo otra vez en la mejilla con mucha intensidad.

-¿Verdad que sí?- dijo Tonks, mirándolo orgullosa.- ¡Es muy avanzado para su edad!

-Mamá, yo ya soy grande- replicó el niño seriamente.

-¡Y lo serás aún más!- comentó Harry riendo y revolviéndole el cabello, mientras se acercaba a Ginny para ayudar.

-¿Es idea mía o esto de comprar comida un día a la semana es tradición?- preguntó Hermione curiosa, sentándose en una silla y sentando a Teddy sobre su regazo, cuyos ojos y cabello volvían a su color miel y azul respectivamente.

-Lo es desde que estoy aquí otra vez, pero al parecer ha empezado antes, cuando tú ya estabas al otro lado del mundo- dijo la voz alegre de Sirius entrando otra vez a la cocina con dos botellas de vino.

-Hola, Sirius- lo saludó la castaña, sonriendo abiertamente.

-Pensé que no te vería más por esta casa- comentó él sentándose también mientras apuntaba las botellas con su varita para quitarles el corcho.

-No exageres, debía hacer las visitas necesarias- dijo ella riendo mientras acercaba un plato de comida para ella.

-Por favor, rápido, no queremos que la comida se enfríe- dijo Tonks haciendo un ademán con la mano para que los demás se sentaran.

-¿Papá, puedo sentarme junto a Mione?- habló Teddy mirando a Remus, quien lo miró sonriendo y asintió guiñándole un ojo. Teddy bajó de las piernas de Hermione y se sentó junto a ella.

Mientras Sirius servía el vino en las copas y comenzaban a comer (Teddy bebía zumo de calabaza), Hermione miró a las personas que estaban reunidas esa noche. De cabecera de mesa estaba Sirius, ocupando el mismo lugar que había ocupado en los tiempos de la Orden del Fénix. A su derecha, estaba sentado Remus, justo frente a su hijo, a la izquierda de Sirius. A la derecha del licántropo y frente a Hermione, estaba Tonks, que se estaba riendo de la historia que le estaba contando Ginny, sentada justo a la izquierda de la castaña, y frente a la pelirroja, estaba sentado Harry, sonriendo. Le agradaba volver a ser parte de estos momentos cotidianos en que conversaban sobre el día a día y con mayor razón teniendo a Sirius de regreso. Una parte de ella aún no soltaba un poco el miedo de volver a perderlo en sus vidas, pero sabía que eso no era posible. La guerra había terminado y a no ser que Sirius hiciera algo que lo arrastrara a una muerte realmente estúpida, no había razones para temer.

-¡Hey!- dijo Hermione llamando la atención de todos.- Lamento no haberlo dicho cuando llegué, pero les he traído regalos.

-¡Regalos!- chilló Ginny juntando sus manos con emoción y sonriendo abiertamente, reflejando la sorpresa agradable en la cara de los demás.

-¡¿Para mí también?!- dijo Teddy mirándola con el tenedor a medio camino de su boca. Su cabello azul eléctrico tiñéndose en algunos mechones de un amarillo brillante por la expectación.

-Claro, para ti también, Teddy.

Hermione agitó su varita y realizó un encantamiento convocador. En unos segundos, un montón de paquetes envueltos en papel de regalo llegaron junto a ella y se posaron sobre la mesa, uno encima del otro hasta formar una pequeña torre. Ella tomó el primer paquete que estaba en la cima de aquella pila de regalos, envuelto en una caja blanda de papel azul.

-Este es para ti, Ginny- dijo ella mientras se lo alcanzaba.

-¿Puedo abrirlo ahora?- preguntó sin siquiera esperar la respuesta de su amiga porque ya estaba abriéndolo.

Cuando terminó de abrirlo y sacó la tela negra que había dentro cuidadosamente doblada, su amiga la miró con la boca abierta. Era un vestido negro, largo y liso, con un escote alto de cuello redondo que cubría sus hombros con dos gruesos tirantes, evidentemente creado para ceñirse al cuerpo y que atrás se abría completamente en un triángulo que terminaba en la parte más baja de la espalda. Pero el detalle estaba en que todo el borde de la apertura de atrás estaba decorado con pequeñas perlas blancas que trazaban todo el triángulo desde los hombros hasta reunirse ambas hileras en la punta inferior.

-He pensado que si las Arpías ganan el próximo Campeonato de la Liga Europea de Quidditch, vas a necesitar un vestido que usar en la ceremonia de celebración- se explicó Granger, sonriendo a su amiga y encogiéndose casualmente de hombros.

-¡Es maravilloso!- dijo Ginny abrazándola fuertemente.- ¿Cómo supiste qué número de talla usaba?

-Lo sé todo, ya deberías saber eso- rió Hermione mientras tomaba otro paquete, esta vez un poco más grande y envuelto en un suave color púrpura.- Este es para ti, Remus.

-Hermione…- comenzó él mientras estiraba su brazo a través de la mesa y hablaba en un claro tono que indicaba que no debía haberse molestado.

-No, Remus, no tienes derecho a decir nada, sólo acéptalo- lo cortó en seco ella mientras lo veía abrir la cinta de tela que cerraba el paquete rectangular.

En unos segundos, Remus había sacado del interior un abrigo gris y grueso, de una tela relativamente áspera y largo que seguramente le llegaría hasta medio muslo. Tenía dos bolsillos cuadrados a ambos costados, el cuello alto y recto y todo el abrigo se cerraba al frente con botones negros de tamaño mediano.

-¡Ay, es hermoso!- dijo Tonks mientras lo estiraba con sus manos para mirarlo mejor mientras Remus lo sujetaba de la parte superior.

-Hermione, esto es bastante caro, no puedo aceptarlo- dijo él mientras negaba con la cabeza. Remus no era experto en el mundo muggle, pero sabía reconocer el valor de las cosas porque Lily se lo había enseñado en aquellos años.

-Remus, no puedes devolvérmelo- respondió Hermione sonriendo con suficiencia.- Si lo haces, juro que lo voy a quemar- advirtió, a lo que Remus y Sirius rieron.

-Está bien, muchas gracias- se rindió Lupin, mirándola con cariño.

-No es nada- aclaró la otra mientras tomaba otro regalo, esta vez de color verde oscuro.- Sigamos con los Lupin- rió Hermione.- Este es para Tonks.

Tonks dio un chillido mientras lo abría rápidamente, rompiendo el papel y extrayendo del paquete dos cosas. Siguiendo fiel a su estilo, un mal movimiento con la mano la hizo derramar su copa de vino sobre la mesa y sólo el ágil actuar de Harry para desvanecer el líquido previno un desastre mayor. El primero de sus regalos era un vestido de color negro, angosto hasta la cintura y que luego caía hasta el nivel de las rodillas. Tenía un escote en forma de corazón, con la espalda semicerrada y tirantes gruesos. Y la segunda prenda era una chaqueta de cuero corta hasta la cintura, de un morado oscuro, que tenía dos bolsillos a los costados, triangulares y bordeados con remaches plateados. Remus rió al ver ese último detalle y se inclinó para besar la cabeza de su esposa.

-¡Me encantan, Hermione!- dijo Tonks estirando su brazo para coger la mano de su amiga y apretarla con la suya.- ¡Muchas gracias!

-Me alegra que te gusten porque no sabía cuál de las dos traerte, así que me decidí por las dos- le sonrió la castaña.

-¡Mione, yo también quiero mi regalo!- exclamó Teddy tirando de la ropa de Hermione con impaciencia, pero riéndose.

-¡Está bien, está bien!

-Teddy, en realidad mi regalo va primero que el tuyo- dijo Harry burlándose y guiñándole un ojo al pequeño peliazul mientras él lo miraba con el ceño fruncido.

-Aquí tienes, Teddy.

-Deberían dejar de consentirlo tanto- se rió Nymphadora.

-Eso en realidad es culpa de mi madre- dijo Ginny sonriendo.- Los únicos niños de la familia son Teddy y Victoire, así que hasta que no haya más…

Hermione le alcanzó a su ahijado un paquete naranja un poco más pequeño que los demás que también abrió rápidamente como su madre.

-¿Qué es est…? ¡Oh, papá, mira! ¡Es igual al tuyo!- exclamó con los ojos muy abiertos, al ver que tenía un abrigo exactamente igual al de Remus, pero apropiado para su tamaño.

-Moony, parece que tienes a alguien muy entusiasmado en ser tu clon- bromeó Sirius, riéndose mientras bebía un sorbo de su copa de vino.- Pero recuerda, Teddy, ¿quién es tu ejemplo a seguir?

-Tú, Sirius- dijo el niño suspirando divertido a la vez que el animago le guiñaba un ojo.

-Padfoot, te prometo que, si mi hijo termina siendo, aunque sea un diez por ciento, como tú…-empezó Remus, más serio que entretenido por la situación.

-Será el mejor mago de su generación, Lupin- rió Sirius mientras su amigo negaba con la cabeza.

-Vale, está bien, después podemos negociar sobre tus influencias en Teddy, primo- interrumpió Tonks riéndose.- Y no te atrevas a actuar como si fueras el serio y maduro, Remus, porque sé perfectamente bien que me he casado con un merodeador- agregó ella besándolo en la mejilla.

-Quiero saber qué tienen los otros regalos, Mione- dijo Teddy totalmente despreocupado de la conversación de los adultos a su alrededor.

Hermione tomó los dos últimos paquetes, ambos envueltos en rojo escarlata Gryffindor, y se los alcanzó a Harry y Sirius respectivamente. Cuando ambos comenzaron a abrirlos, los nervios se alojaron en su estómago. No había tenido más que buenas intenciones cuando los había comprado, creyendo que sería un gesto amable de su parte, pero ahora temía que fuera algo demasiado personal y que no fueran objetos del todo bienvenidos. Se mordió el labio inferior sabiendo que ya era muy tarde porque tanto Harry como Sirius estaban terminando de quitar el papel.

Hubo un silencio en toda la cocina. Ginny y Tonks miraban a Harry boquiabiertas y luego desviaron su atención a Sirius. Remus, no obstante, observaba sólo a Sirius. Su mirada sorprendida fluctuaba entre el rostro de su amigo y lo que tenía en sus manos, analizando su reacción. Hermione miró a Harry y, de algún modo, supo que con él no se había equivocado. Aún así, no se atrevía a mirar al padrino de su amigo.

-Hermione, esto es…- comenzó Harry con la voz seca, por lo que se aclaró la garganta para continuar.- ¿Esta es la chaqueta que estaba usando en la batalla de Hogwarts?

-Sí, lo es- afirmó ella mirando el rostro de su amigo y sus ojos verdes cada vez más brillantes por lágrimas que amenazaban con salir. Lo miró cuidadosamente y se aclaró la garganta antes de seguir: -Sé que considerabas esa chaqueta casi un escudo que te protegía y también sé que tuviste que quemarla después de la batalla y quise regalarte una igual- hizo una pausa por si Harry quería decir algo, pero eso no ocurrió.- No he encontrado exactamente la misma, así que he tenido que hacerle algunos cambios para que quedara…

Harry se puso de pie de golpe y saltó sobre la mesa, sobresaltando a todas las demás personas, y cruzó hacia el otro lado, hacia el espacio vacío junto a Ginny, antes de bajar al suelo, acercarse a Hermione y envolverla en un abrazo. Hermione no tardó un segundo en ponerse de pie para abrazar mejor a quien ella consideraba su hermano. Ella había sabido de algún modo que era un regalo inusual que sólo alguien como Harry podría apreciar.

-¿Qué es eso?- escuchó que la voz de Harry, llena de curiosidad, hablaba sobre su hombro y Hermione tuvo que voltearse para darse cuenta que él observaba a Sirius, como todos los demás.

-Es el regalo de Hermione- respondió Sirius en voz baja, sin dejar de mirar lo que tenía en las manos.

-¿Hermione, cómo has sabido de esto?- inquirió Remus, en una mezcla de sorpresa y desconcierto, por fin dejando de mirar a Sirius y mirándola a ella. Comenzó a sentir la ansiedad otra vez.

-Tú nos enseñaste unas fotografías que habías encontrado en la habitación de Sirius cuando remodelamos la casa- dijo la castaña, con la voz dubitativa.- Y en ellas, tú siempre la estabas usando- agregó dirigiéndose a Black mientras encogía los hombros.

-Es la misma- le dijo Sirius mirándola por primera vez.

Le había regalado a Sirius una chaqueta de cuero negra que había visto en el escaparate de una tienda en Nueva York. Cuando la vio expuesta en el maniquí, se detuvo pensando que le resultaba extrañamente familiar. En realidad, ella no conocía a nadie que usara chaquetas de cuero negras, por lo que no sabía qué era lo que le hacía estar allí de pie frente al vidrio y mirarla. Entonces recordó las fotos que Remus Lupin les había enseñado un día por la tarde cuando descansaban de la remodelación de la casa. Él había sido el encargado de limpiar y ordenar en profundidad la habitación de Sirius, a la cual habían hecho algunos cambios, pero esencialmente seguía siendo la misma. Y en las fotos que había encontrado de aquellos años en que los Merodeadores terminaban su vida escolar en Hogwarts, Sirius llevaba una chaqueta negra igual a la del maniquí.

Hermione no iba a contarle jamás a Sirius que la verdad era que ella había comprado la chaqueta sin saber que él estaba vivo. Entró a la tienda decidida, preguntó por ella y su precio y calculó el tamaño que Sirius usaría pensando en el último año que lo había visto con vida para elegir la talla. No dudó en comprarla. No supo explicar por qué tuvo la necesidad de adquirirla. Pensó que tal vez, como nunca le habían hecho un funeral apropiado al no tener un cuerpo al que llorar, tener una réplica de la chaqueta de la época en que él había sido más feliz sería una manera para ella de cerrar el duelo. Aunque pensaba guardarla por siempre al fondo de su armario porque no sabía qué diría si alguien la descubría con ella. Pero Sirius había regresado del velo y supo cuál sería el regalo que le haría a él: esa chaqueta de cuero negro con cuello tipo sastre que tenía un pequeño círculo metálico en cada hombro y en cada solapa, con la cremallera por delante y con dos bolsillos bajos, uno a cada lado, que también llevaban cremallera. Además, tenía una especie de cinturón que nacía a cada costado de la chaqueta que se cruzaba por delante con una hebilla que podía cerrar o dejar ambas cintas de cuero colgando. Y como Sirius había dicho, era exactamente igual a la que había tenido antes de terminar en Azkaban.

-No sabía que usabas ese tipo de chaquetas, primo- comentó Tonks poniéndose de pie y acercándose a él mientras se la quitaba de las manos para estirarla frente a ella en el aire.- A ver, póntela.

-¡Sí, Sirius, póntela! - dijo Teddy aplaudiendo.

Sirius, aclarándose la garganta, se puso de pie mientras su prima abría la chaqueta para ayudar a colocársela. El animago estiró los brazos hacia atrás para meter cada uno dentro de las mangas mientras el cuero se amoldaba a su figura. Finalmente, tiró del cuello con sus manos para levantarlo y miró a los demás buscando su aprobación. Hermione tuvo que contenerse para no mirarlo boquiabierta porque le quedaba perfecta a su tamaño y los tatuajes de sus manos y aquellos que se dejaban entrever por el cuello de su camiseta, sumado a su cabello negro y largo hasta un poco más abajo de los hombros, ondeado hacia las puntas, le otorgaban un aire preciso a motociclista de carretera. Tragó saliva para recuperar la compostura. Y entonces, como si Sirius hubiera podido leerle la mente, dijo:

-¡Ahora sólo me falta la motocicleta!- se rió Sirius mirando a los demás. Hermione podía ver que los ojos le brillaban del entusiasmo y ella también se rió.

-Eso quiere decir "gracias, Hermione"- aclaró Lupin, enarcando una ceja en reprobación a la falta de educación de su amigo.

-¡Gracias, Hermione, es perfecta!- le dijo Black sonriendo.

-Realmente te queda muy bien- comentó Harry asintiendo.

-¡Seguro que todas las chicas caían locas por ti usándola!- dijo Ginny riéndose y Hermione la miró rodando los ojos porque la pelirroja alguna vez le había comentado cuando aún estaban en Hogwarts que, a pesar de Azkaban, Sirius era muy guapo.

-¡Ja! No te imaginas cuánto- comentó Remus rodando los ojos, causando que Sirius se riera y le guiñara un ojo a Harry.

-Por favor, no expongas a mi hijo a ese tipo de comportamientos- replicó Tonks medio en broma y medio en serio, acercándose a Teddy y cogiéndolo en brazos.- Creo que nosotros nos vamos a casa.

-Sí, Dora, de hecho, deberíamos porque mañana tengo clases en Hogwarts a primera hora- acordó el hombre lobo también parándose.

Al tener una familia, Minerva McGonagall había accedido a que Remus pasara algunas tardes después de clases y noches, además de los fines de semana, en su casa con su esposa e hijo, así que dividía su tiempo entre el castillo en Escocia y en Londres sin mayor problema. Esto era realmente una ventaja porque así Remus disfrutaba su matrimonio, conciliaba los cuidados de Teddy y podía estar presente en la vida de su familia en Grimmauld Place.

-¿Cómo van esas clases de Defensa contra las Artes Oscuras?- preguntó Hermione mientras ayudaba a recoger los regalos de los Lupin.

-Bien, bastante bien a decir verdad- respondió el mayor de los merodeadores. - Pero me gustaría quedar contigo uno de estos días para discutir algunas cosas, si te viene bien.

-Claro, Remus, lo coordinamos- dijo Hermione besando su mejilla para despedirse y luego abrazó a Tonks y besó la frente de Teddy.

-Adiós y buenas noches- se despidió Tonks mientras abrazaba a Harry, quien a su vez revolvió el cabello de Teddy y besó su cabeza, y a Ginny.- Primo, que duermas bien.

-Buenas noches, Sirius- dijo Teddy bostezando y el animago estiró la mano para que el niño le chocara los cinco.

-Buenas noches a los tres- dijo Sirius sonriendo tranquilamente a los Lupin mientras salían de la cocina para usar la Red Flu del salón.

-Yo también me iré a dormir, mañana tengo entrenamiento en el ministerio- dijo Harry tomando su chaqueta nueva de la mesa y abrazando otra vez a su amiga.- Muchas gracias, Hermione, de verdad.

Ginny, después de doblar y colgar sobre su antebrazo su vestido nuevo, movió su varita para que los platos levitaran hasta el fregadero y pronunció un encantamiento para que se lavaran solos.

-¿Le importaría a alguno de los dos guardarlos luego en el mueble?- pidió ella, dirigiéndose hacia la puerta con Harry.

-No, yo me encargo- dijo Hermione acercándose a la mesa y rellenando su copa con vino.

-Vale- dijo Ginny enarcando una ceja hacia su amiga y Hermione sintió su mirada.

-¿Qué pasa?

-¿Vas a seguir bebiendo vino?- cuestionó la Weasley, mirándola curiosamente.

-Sí, yo no trabajo mañana- respondió la castaña, encogiéndose de hombros y sin entender.

-Ginny, deja que beba lo que quiera- dijo Harry riéndose y sacudiendo su cabeza. Luego tomó la mano de su novia para llevarla con él. - Buenas noches, Sirius, Hermione.

Cuando ambos salieron de la cocina y comenzaron a subir la escalera, Hermione agitó su varita para que los platos que estaban listos fueran a apilarse al mueble. Luego hizo que las copas, excepto la de Sirius, fueran también el fregadero. Hermione miró a Sirius y tomó la botella de vino, haciéndole una seña para rellenar su copa de vino y él asintió.

-¿Puedo preguntar por qué Ginny estaba tan extrañada porque bebieras más vino?- inquirió el pelinegro con evidente curiosidad en su voz. Hermione suspiró.

-Creo que es porque antes no solía beber fuera de las comidas y supongo que debe ser raro para ella- respondió mientras el líquido caía serenamente en la copa.

-¿Y por qué ahora sí?

-Nueva York- dijo Granger por toda respuesta. No quiso darle más tiempo para que él quisiera saber el significado de eso, así que agregó: -Sirius, ahora que estoy aquí otra vez, quería pedirte los papeles de tu caso para empezar a trabajar en él- dijo Hermione bebiendo un sorbo de su copa.

-Ah, sí, claro.

Mientras Sirius realizaba un encantamiento convocador, Hermione pensaba que aún se sentía extraña por la recepción de la chaqueta de cuero por parte del merodeador. Halagada, claramente, pero no pensó que causaría tanto alboroto. En unos segundos, varios pergaminos y apilados unos encima de otros se depositaron entre él y ella sobre la mesa. Ella los tomó y comenzó a pasarlos rápidamente, estudiándolos por encima.

-Yo creo que está todo en orden- dijo mirándolo mientras le sonreía.- Seguro esta semana puedo tenerte alguna respuesta- Sirius le devolvió la sonrisa mientras asentía.- ¿Me acompañas al salón a beber esto?

Hermione salió de la cocina y se dirigió al salón con los pergaminos en una mano y en la otra sujetando su copa. Sirius la siguió portando su propia copa y la botella de vino, a la que no le quedaba mucho. Al pasar por el vestíbulo, Hermione notó que él se detenía unos pasos detrás de ella. Al girar para ver que era lo que había llamado la atención del padrino de su mejor amigo, vio a Sirius mirando el espacio vacío donde antes solía estar el retrato de su madre.

-Hermione, por lo que me han contado, debo agradecerte a ti por haber destruido el retrato de mi encantadora madre.

-No fue nada, Sirius- dijo ella desestimando su logro con una mano y entrando por la puerta del salón.

-¡Claro que fue algo! Nadie de la Orden pudo removerlo jamás hasta que lo intentaste tú, así que...gracias, sinceramente- dijo él sonriendo y entrando también al salón. - Su existencia fue suficiente en mi vida como para volver del velo y seguir soportándola- agregó mientras la castaña dejaba los papeles en la mesa de centro y se sentaba en el sofá.

Realmente le hace muy feliz no tener a esa vieja arpía por aquí, pensó Hermione observándolo, satisfecha consigo misma. Sirius la imitó y se sentó junto a ella, dejando un espacio entre ellos lo suficientemente familiar para que no fuera invasivo. Al parecer, él recién había notado que aún usaba la chaqueta y se la quitó, dejándola detrás de él, sobre el borde del sofá.

-Sí, nadie en esta casa quería seguir escuchándola y Remus especialmente no quería que Teddy creciera lo suficiente para verla- explicó Hermione, bebiendo.

-Walburga atormentó a suficientes generaciones- comentó él antes de beber también, adoptando un semblante un poco más serio.

Hermione se acomodó un poco en su lugar y subió sus piernas, encogiéndolas debajo de ella y apoyó su espalda en el respaldo del sillón. Sirius estaba sentado, pudo notar, como si aún no se sintiera del todo cómodo utilizando los muebles de la que fuera la casa de la que fuera su familia. Se formó un breve silencio y decidió que era un buen momento para tener la conversación que le había prometido a Harry que tendría con Sirius Black.

-¿Cómo llevas lo de estar a este lado del velo otra vez?- preguntó suavemente, sin saber el tono que debía usar porque no quería que sonara insensible de su parte. Sirius la miró de repente.

-¿Cómo llevo lo de estar vivo de nuevo?- reformuló el ojigris y ella asintió.- Creo que todo lo bien que puede alguien hacerlo, acostumbrándome- se encogió de hombros.

-¿Pero te has sentido bien? Quiero decir, han pasado una buena cantidad de años, ¿no? Te fuiste cuando la guerra aún no empezaba del todo y vuelves cuando ya no existe…

-Ya… es extraño- comenzó a explicar él. Hermione podía notar que no era fácil para él abrirse con ella, lo que tenía sentido porque apenas se habían visto y ella ya no era una adolescente.- Esta casa ya no es lo que era, pero sigue siendo la misma; hay personas que han muerto, situaciones de las que sólo sé porque me las han contado... supongo que es cosa de tiempo.

-Entiendo un poco a lo que te refieres- dijo ella mientras paseaba su dedo índice por sobre el borde de su copa en círculos. -Lo que vino después de la guerra no fue fácil para nadie y, además, he estado un año completo fuera de aquí y también me he perdido cosas. No al mismo nivel que tú, claro está, pero supongo que es algo mínimamente similar.

-¿Por qué te fuiste?- preguntó él volviendo a beber.

Hermione sintió que su estómago se apretaba levemente. No estaba esperando que Sirius le hiciera esa pregunta ahora. Sabía que en algún momento la haría, pero otro día, no hoy. Se movió un poco incómoda en su posición y pudo ver en la expresión de Sirius que él se había dado cuenta que su pregunta había tocado una fibra delicada.

-No es necesario que me respon…

-Porque era una gran oportunidad profesionalmente para mí que llegó en un momento en el que no estaba del todo bien, así que decidí que tal vez lo mejor sería alejarme por un tiempo- explicó lo más honesta que pudo sin tener que entrar en muchos detalles. Al parecer, a Sirius le bastó como respuesta.

-¿Y ahora cómo estás?

-Bien, mucho mejor- respondió y se rascó inconscientemente el antebrazo donde estaba la cicatriz que le había dejado la daga de Bellatrix Lestrange.

Sintió que los ojos de Sirius seguían su movimiento y vio que fruncía el entrecejo levemente. No sabía si Harry y Ron le habían contado los detalles de su excursión accidental a la Mansión Malfoy durante la guerra, pero creía que lo más probable es que no lo hubieran hecho. Suspiró. Quizás era mejor empezar a contarle algunas cosas a Sirius que lo hicieran partícipe de todo, lo suficiente como había hecho con Tonks y Ginny. Con Remus la situación era diferente, pero no quería pensar en eso ahora. Así que, incorporándose en el sofá, se estiró para dejar su copa sobre la mesa y se arremangó la blusa de su brazo derecho.

-¿Qué sabes de lo que me ocurrió en la Mansión Malfoy?

Pudo ver que la pregunta descolocó un poco a Sirius, probablemente porque no esperaba que ella abordara ese momento de la guerra de forma tan directa. El animago se aclaró la garganta antes de hablar.

-Harry y Ron me contaron que Bellatrix te había torturado, nada más- respondió con la voz queda y mirándola. A Hermione le pareció que estudiaba su rostro en búsqueda de alguna reacción más dramática.

-Bellatrix me torturó al comienzo utilizando la maldición Cruciatus- explicó ella y le mostró el antebrazo.- Y luego me interrogó y cortó mi piel con una daga maldita, literalmente maldita.

Hermione vio que Sirius abría los ojos y la boca levemente, sorprendido por ver que su piel tenía grabada en forma de cicatriz perfectamente legible con relieves blancos, una de las palabras que él consideraba más ofensivas en el mundo mágico: Sangre sucia. Granger sabía que Sirius no creía en la importancia de la pureza de la sangre, pero sí detestaba a quienes hacían uso de esa creencia para despreciar a otras personas por una nimiedad como aquella. Y Hermione sabía que Lily Potter, amiga personal del ojigris, había sido una bruja nacida de ambos padres muggles, y, por lo tanto, no era un tema lejano para él. Se sintió extraña al compararse con Lily en ese aspecto. Ella consideraba a la madre de su mejor amigo una mujer extraordinaria y ella no tenía tanta estima de sí misma como para equiparársele.

-Debí haberla matado antes- susurró Sirius cerrando los ojos y negando lentamente con la cabeza.

-No, Sirius, esto no es culpa tuya- dijo inmediatamente Hermione, apoyando su mano en su hombro y moviéndolo levemente para que el pelinegro saliera de ese lugar de responsabilidad en el que había caído. - Eso ya da igual. Lo importante es que está muerta y que no volverá a molestarnos jamás.

-Lamento que alguien de mi familia te haya causado esto- dijo él, mirando por última vez su antebrazo y luego, la miró a los ojos.

-Ella no es tu familia, Sirius- lo contradijo intentando sonreír débilmente y tomó su mano para sacudirla sutilmente, no sabiendo si quería entregar reconforte o buscándolo para ella misma.- Me iré a dormir ahora, ¿vale?

Sirius asintió. Hermione no quería ver la expresión de su rostro. No sería lástima, lo sabía, pero sería culpa, arrepentimiento. Se puso de pie mientras cogía los pergaminos de la mesa.

-Buenas noches, Sirius- dijo ella mirándolo hacia abajo amablemente y pasando por su lado de camino hacia la salida.

-Hermione- la llamó Black antes de que ella saliera de la habitación mientras él se ponía súbitamente de pie.

-¿Sí?- respondió volteando.

-Gracias por la chaqueta. Significa mucho para mí- dijo con solemnidad.

Hermione sólo sonrió, regresó los pasos que había dado y envolvió a Sirius con el brazo que tenía libre, abrazándolo con fuerza. Otra vez, no sabía si era para calmarlo a él o a ella misma. Sintió que él correspondía a su gesto, pero no permitió que durara mucho. Al separarse, se miraron un segundo y, después de reiterar sus buenas noches, dejó a Sirius solo en el salón.

Mientras subía a su habitación, intentaba respirar tranquilamente. Prueba superada, pensó mientras cerraba la puerta detrás de sí. Dejó los pergaminos sobre el escritorio, encendió la luz de la lámpara de su mesita de noche y se dejó caer de espaldas sobre su cama. Cerró los ojos un momento y los volvió a abrir. Cuatro años del final de la guerra habían transcurrido. Levantó su antebrazo aún descubierto y trazó con su otra mano letra por letra mientras pronunciaba la palabra mudamente. Era una estupidez. No tenía ningún sentido, eso ella lo tenía completamente claro. Sabía que la cicatriz era lo que menos le importaba. A Sirius pareció importarle más. Pero también él no había estado aquí. ¿Qué habría hecho Sirius de haber estado vivo, de haberlos acompañado en la búsqueda de los horrocruxes y haber terminado con ellos en la Mansión Malfoy? La habría matado con sus propias manos como un muggle, sin magia, pensó Hermione mientras imaginaba una escena en que Sirius aparecía detrás de Bellatrix mientras hundía la daga sobre su piel. Sirius tenía la misma expresión de cólera que en la Casa de los Gritos cuando quiso matar a Peter Pettigrew y con una fuerza descomunal, torcía el cuello de la mortífaga hasta dejarla inerte. Se permitió deleitarse en el sonido ficticio de su columna al quebrarse. Suspiró. No debía dejarse arrastrar por esas ideas, le había dicho su terapeuta. Suéltalo, Hermione, Bellatrix Lestrange ya está muerta. Molly Weasley acabó con su vida. La guerra ya se acabó. Deja que termine también para ti, le había dicho muchas veces la doctora Meyer y, con el tiempo, había funcionado. Pero Sirius no había tenido el mismo tiempo que ella. Bellatrix había sido la responsable de su muerte. Bellatrix había destruido sus vidas y no había pagado lo suficiente.

-Suficiente, Hermione- se dijo a sí misma con dureza, la voz firme y resuelta.


Despertó con miedo. Había tenido una pesadilla. Suspirando, se incorporó lentamente en el colchón y bebió un gran sorbo de agua del vaso de su mesita de noche antes de volver a dejarlo allí. El reloj pequeño marcaba las cuatro de la madrugada. Se giró levemente y dio vuelta la almohada. Se volvió a recostar y apoyó su mejilla en la reconfortante tela fría. Suspiró nuevamente y parpadeó un par de veces antes de cerrar sus ojos. Seguramente remover todos esos recuerdos con Sirius la habían dejado vulnerable. Cuando le había afirmado que Bellatrix estaba muerta y que no volvería a molestar a nadie jamás, había dicho la verdad parcialmente. En gran parte, era cierto. Pero que estuviera muerta no aliviaba la carga emocional. Hacía meses que no le ocurría. Mañana al levantarse, marcaría en su agenda otra noche más interrumpida por el recuerdo de Bellatrix Lestrange.