CAPÍTULO 3:

Sirius Black

Woke up feeling like a new James Dean.

I comb my hair like an old school scene.

I'm feeling high like a late-night summer of last year.

Standing there with the red dress on you,

A killer queen like a young Jane Fonda.

Is it me or am I just having a good year?

(Cool – Jonas Brothers)


El 3 de noviembre era viernes y esa noche celebrarían el cumpleaños de Sirius Black en La Madriguera. Hermione estaba trabajando en su habitación en un informe que debía entregar el lunes por la mañana. No le quedaba mucho por escribir, pero quería quitárselo de encima lo antes posible. Eran casi las tres de la tarde y Hermione había comido algo rápido en la cocina para no perder mucho tiempo.

-¿Se puede?

Hermione levantó la vista de su pergamino para ver a Sirius parado en su puerta. Ella la había dejado abierta porque pensaba que no había nadie en casa, pero al parecer se había equivocado. Observó a Sirius rápidamente. Llevaba puesto unos vaqueros muggles azules, unos botines de piel de dragón, una camiseta blanca y la chaqueta de cuero negra que ella le había regalado.

-Pensé que no había nadie en casa.

-Creo que no hay nadie- dijo Sirius acercándose a su escritorio.- He llegado hace unos minutos. He ido a Hogwarts a visitar a Minnie.

-¿Minnie?- inquirió Hermione levantando su vista para observarlo, frunciendo el ceño.

-Minerva, McGonagall, no sé cómo la llamas tú- respondió él, fijando la vista en el pergamino sobre la mesa.- James y yo solíamos llamarla así.

-No puedo creerlo- comentó Hermione riendo incrédula mientras sacudía la cabeza.

-¿Qué estás haciendo?- dijo Sirius. La castaña pudo ver que él estaba leyendo realmente interesado lo que había escrito.

-Termino un informe.

-¿Sobre qué?

-No puedo decirte, es confidencial.

-Qué aburrido.

-¿Perdona?

-¿Qué haces trabajando un viernes por la tarde?

Hermione lo miró un poco desconcertada. No tenía idea de dónde venía el interrogatorio que Sirius estaba desplegando sobre ella. De hecho, no tenía muy claro qué había pasado hasta ese momento. ¿Sirius había entrado a su habitación y había comenzado a hacerle preguntas para qué?

-Trabajo un viernes por la tarde porque este informe es para el lunes y esta noche vamos a celebrar tu cumpleaños en La Madriguera, ¿recuerdas?- explicó ella, girando su cuerpo hacia él en la silla y cruzándose de brazos.

-Exacto, es mi cumpleaños- respondió él, poniendo énfasis en las dos últimas palabras.- Así que vas a acompañarme al Londres muggle porque quiero comprarme una camiseta nueva para esta noche.

-¿Cómo?- Hermione estaba perpleja.

-Vas a ir conmigo y, además, te vas a distraer un poco, te hará bien- aclaró el ojigris mirándola sonriente, como si su propuesta fuera absolutamente maravillosa.

-Sirius, no puedo, tengo que terminar este informe y…

-Qué adorable que pienses que estaba preguntando tu opinión- dijo él riéndose. Entonces tomó su mano derecha y la puso rápidamente de pie. Hermione sintió su mirada práctica de arriba abajo.- Me alegro que estés vestida para salir, así no perdemos más tiempo.

Hermione estaba anonadada. Boquiabierta, observó que Sirius tomaba el abrigo que ella había dejado sobre su cama cuando había llegado del ministerio y lo abría delante de ella para ayudarla a ponérselo. Granger hizo caso a su gesto en silencio, no sabiendo muy bien qué decirle aún, pero estaba un poco molesta, aunque no tanto como sabía que podría estarlo. Suspiró. Igual hoy es el primer cumpleaños que realmente puede disfrutar después de Azkaban, pensó mientras se dejaba arrastrar por él hasta la primera planta y salían a los escalones fuera de la casa que conducían a la calle.

-Sabes que no puedes obligarme a hacer lo que se te dé la gana, ¿no?- preguntó ella, enarcando una ceja.

-Oh, lo sé, sólo quería fastidiarte un rato- respondió el animago divertido.- Me la debías desde que estabas en quinto- agregó y se aparecieron conjuntamente.

En unos segundos, estaban en un callejón un tanto oculto y Hermione miró a su alrededor para tratar de adivinar en qué lugar de Londres se encontraban, pero fue Sirius quien le dio la respuesta.

-Espero que Camdem Town siga siendo el barrio que era hace unas décadas.

-¿Estamos en Camdem Town? -preguntó Hermione mientras seguía al mago hasta la calle principal.

-Ajá- pronunció caminando por la acera y mirando los escaparates de las tiendas.

-Hace mucho tiempo que no venía aquí- comentó la castaña imitándolo.

-No más que yo- rió él y le dirigió la mirada un momento, antes de continuar con su inspección.- Solíamos venir mucho con James, Remus y Lily antes de… bueno, antes de que la guerra realmente se pusiera oscura.

-¿Y Peter?- dijo la bruja, arrepintiéndose inmediatamente de hacer esa pregunta. Se maldijo a sí misma en silencio.

-No salía tanto con nosotros ya por ese entonces- comentó Black, con un leve tono de resentimiento en la voz, casi imperceptible para alguien que no conociera la historia detrás.- Pero en fin, ya sabemos la razón de eso, ¿no?

-Sí- susurró ella. Peter ya debía ser un mortífago en ese momento. Decidió cambiar el tema.- ¿Ya sabes dónde quieres comprar tu camiseta?- notó que el ánimo de Sirius mejoraba otra vez ante su pregunta.

-No lo sé, entremos aquí.

Black la tomó de la muñeca con suavidad y la hizo entrar en una de las tiendas. El interior no era muy grande, pero tenía demasiadas prendas de ropa colgadas. Muchos tipos de camisas, camisetas, vestidos, faldas, pantalones. Al comienzo siguió a Sirius entre los colgadores mientras él buscaba lo que necesitaba, pero luego decidió mirar ropa para sí misma y no pasó mucho tiempo hasta que un colgador con vestidos idénticos de color bergoña llamó su atención. Eran de algodón, de tirantes gruesos y lo suficientemente cortos para ser casuales; tenían cintura alta y luego caían sueltos, ideales para usarlos tanto en días fríos como en días veraniegos. Le gustaba, pero cuando vio la etiqueta para saber su precio, descartó la idea. Nunca le había interesado la ropa como a las demás mujeres que conocía, pero cada vez que le gustaba realmente algo, la mayoría de las veces era muy caro para ella en el momento o en cualquier circunstancia.

Vio que Sirius se acercaba al mostrador y, luego de saludar, le pasaba su camiseta nueva a la cajera, quien le sonreía encantadoramente. Él le devolvió la sonrisa y luego se giró hacia Hermione, quien lo había seguido. Ella vio que Sirius le miraba las manos como buscando algo y frunció el ceño para mirarla a la cara.

-¿No llevas el vestido?

-No.

-Pero te gusta- no era una pregunta, era una afirmación.

-Sí, pero…

-¿Pero qué?- preguntó él con impaciencia.

-Es caro, Sirius, no puedo pagarlo- explicó ella un poco avergonzada. Bajó la mirada un poco hacia sus propias manos antes de volver a posarla sobre él. No sabía por qué se sentía así. Después de todo, no era un pecado no ser millonaria como Black.

Sirius rodó los ojos y bufó, dejándola sola frente a la mujer de la caja. Hermione lo siguió con la mirada mientras él regresaba en unos segundos con el vestido que ella había visto en la mano y lo dejaba sobre el mostrador.

-Lo llevamos- sentenció mientras la otra mujer escaneaba el código de barra y lo envolvía en la misma bolsa de papel en que había colocado la camiseta.

-¿Qué?- dijo Granger sorprendida, a la vez que Sirius pagaba con dinero muggle y seguía sonriéndole a la cajera.

Aún cuando la sorpresa no la abandonaba, Hermione rodó los ojos al ver que el animago le guiñaba un ojo a la otra y le daba las gracias. En unos minutos, ya estaban caminando por la calle otra vez. Sirius iba feliz con la bolsa de sus compras en la mano.

-Siempre el galán, ¿no?

-¿Qué?- preguntó él, distraído.

-La cajera, Sirius- aclaró con un poco de irritación.

-Ah, no lo sé, no soy consciente de que lo hago- respondió sonriendo. Hermione volvió a rodar los ojos y él se rió en su cara.

-Sirius, gracias por el vestido- dijo ella de pronto. -De verdad, no tenías por qué hacerlo.

-Hermione, tú me has regalado esta fabulosa chaqueta de cuero, sólo estoy retribuyendo el gesto- explicó él, usando un tono de voz como si fuera obvio.- Y recuerda que estuve preso doce años y muerto por seis años más, así que casi ni he usado ese dinero y soy el único dueño- agregó.- Y aunque decidiera darme una vida extremadamente lujosa y saliera a cenar todos los días a restaurantes elegantes o viajara todas las semanas de mi vida, ni así podría gastar la mitad de todo el oro de mi bóveda.

-No puedo dimensionar toda esa cantidad de dinero.

-Mejor, así no te calentarás la cabeza por haberte pagado ese vestido- dijo él un poco exasperado. -Y, en cualquier caso, imagina la cara de mi madre si se enterara que he usado el oro de la familia Black para comprarle un vestido a una bruja de origen muggle.

Hermione no pudo evitar reírse y él se le unió.

Siguieron caminando por el barrio, deteniéndose a mirar escaparates, entrando a una que otra tienda. Entonces Hermione recordó algo.

-Así que 37 años, ¿eh?

-Lo sé- se dio por aludido, suspirando.

-Creo que en realidad son 43- bromeó ella, riéndose por lo bajo.

-No, estuve muerto durante seis años sin envejecer y, por lo tanto, cumplo 37- explicó Sirius levemente ofendido.

-¿Sirius, qué hubiera sido de ti si no hubieras terminado en Azkaban? ¿Qué hacías por ese entonces?- se aventuró la castaña. Su curiosidad siempre ganaba cuando no sabía si preguntar algo.

-Con James estudiábamos para ser aurores- empezó a explicar con naturalidad mientras seguían caminando. -Mi mente estaba enfocada en terminar con la guerra y luego quién sabe- hizo una pausa.- Quizás hubiera viajado un poco. Luego, llegó Harry también. En ese tiempo salía con chicas, pero no me interesaba realmente nadie, ¿sabes?- la miró, encogiéndose de hombros.- Todas eran algo muy temporal, la sola idea de casarme me parecía ridícula. Además, tenía un ejemplo muy alto para saber qué necesitaba si se me ocurría comprometerme con alguna bruja.

-¿Sí?- inquirió Hermione, curiosa.

-James y Lily- aclaró. -Ellos dejaron la vara demasiado alta. No cualquier mujer podría equipararse a eso.

Hermione sonrió para sí misma con ternura. Le sorprendió descubrir que le gustaba escuchar a Sirius hablar así. Y esa noche en La Madriguera lo miró de una manera distinta.

Lo miró de vez en cuando mientras él conversaba animadamente con Harry, Fred y George en el salón mientras ella se reía con Bill, Fleur y Ginny cerca de la cocina. Lo miró cuando Molly los llamó a sentarse a la mesa y Sirius entabló una conversación con Arthur y Remus, mientras ella -Hermione- estaba al otro extremo hablando con Harry, Tonks y George. Lo miró rodar los ojos cuando Molly lo regañó por comer con los codos sobre la mesa. Lo miró cuando hicieron los brindis en honor a su cumpleaños. Lo miró observar con orgullo a Harry cuando éste dio un corto discurso sobre lo extraordinario que era tenerlo de regreso, y reírse alegremente cuando Luna dijo que, aunque no había tenido la oportunidad de conocerlo personalmente antes, creía que su regreso era un buen augurio como regalo de unas criaturas que Hermione no conocía. También lo vio feliz cuando Teddy le entregó un dibujo de él como Padfoot que había dibujado esa mañana como regalo de cumpleaños, al cual Tonks había encantado para que el perro negro corriera en la hoja detrás de unas rayas que, según Teddy, eran palomas.

Hermione se sentía contenta de poder compartir esos momentos con él. Le gustaba conocer al verdadero Sirius Black después de todo lo que él mismo había vivido. No al prisionero de Azkaban, no al hombre encerrado en su casa de infancia cuando ella aún iba a Hogwarts, no al huraño ni malhumorado, no al padrino de su mejor amigo: simplemente a Sirius Black.


Llevaba prácticamente casi un mes trabajando nuevamente en el Ministerio de Magia del Reino Unido y ya se estaba acostumbrando a su funcionamiento. A veces, como esa mañana, le parecía que MACUSA funcionaba de manera más expedita y que su equivalente británico era más burocrático. Había pasado casi tres horas intentando que le aceptaran un informe para el Departamento de Cooperación Mágica Internacional sobre sus propuestas para mejorar la seguridad del mundo mágico que había desarrollado estando en Estados Unidos, pero siempre se lo devolvían diciendo que faltaba un sello, una firma o un mínimo detalle.

Había recién apoyado su cabeza sobre la superficie de su escritorio, frustrada, cuando llamaron a su despacho.

-Adelante.

-Me dijeron que podía encontrarte aquí- la saludaron sonriendo, al abrir la puerta.

Allí, usando un abrigo abierto, impermeable, largo y color beige, y una bufanda azul marino alrededor del cuello, estaba Ronald Weasley.

Todo el cansancio de su mañana pareció esfumarse al verlo y saltó de su silla para correr a abrazarlo. Él era el último miembro de su familia al que le quedaba por ver desde su regreso de Nueva York y no se había dado cuenta de todo lo que lo había echado de menos hasta ese momento.

-¡¿Por qué no me dijiste que vendrías?!- preguntó ella aún abrazándolo, entusiasmada.

-No le dije a nadie- se rió el pelirrojo.- He llegado de sorpresa esta mañana al Cuartel General y he visto a Harry. Acabo de dejarlo y él me dijo que este era tu despacho ahora- explicó mientras la soltaba.- ¿Tienes tiempo para un café?

Ron había pasado los últimos dos meses viviendo en Dublín, Irlanda. Durante la guerra se había dado cuenta que había cosas que Hermione manejaba muy bien sobre la magia, encantamientos, antídotos y contrahechizos que significaron muchas veces la diferencia entre sobrevivir o morir y él, como futuro auror, no podía permitirse seguir así de desarmado. Por esa razón, decidió pedir a sus superiores en el Cuartel General de Aurores pasar dos meses de entrenamiento en Irlanda para perfeccionarse. La carrera de auror era algo que le gustaba mucho y, por primera vez, disfrutaba aprender y estudiar para algo que realmente apreciaba.

-¿Cómo estuvo Nueva York?- preguntó Ron dando un sorbo a su café.

Habían ido a una de las cafeterías que estaban a un par de calles del ministerio, sentados uno al lado del otro en la mesa rectangular junto a la gran ventana que mostraba a decenas de personas caminar por la acera.

-¡Genial!- dijo ella con alegría.- ¡He aprendido mucho y la ciudad es increíble! Fue la mejor decisión que pude haber tomado.- Ron sonrío, mirándola.

-¿Qué tal tus pesadillas? ¿Sigues teniéndolas?

Hermione no dejó de sonreír, pero su efusividad disminuyó. Había dormido un año completo de su vida con Ronald cuando habían sido pareja y él estaba al tanto de sus pesadillas, claramente. Aunque muchas veces logró tranquilizarla cuando despertaba de golpe en la mitad de la noche, en otras ocasiones Hermione se levantaba, con él detrás siguiéndola, y terminaba en la cocina bebiendo un té de manzanilla en silencio. Ron nunca se acercaba más allá de observarla desde la puerta porque Hermione nunca lo dejaba. También había habido un episodio más fuerte en el cual prefería no pensar.

-Sí, aún las tengo, pero son mucho menos frecuentes.

-Sé que no estamos juntos hace bastante, pero somos amigos, sabes que puedes contar conmigo ¿no?

-Lo sé, Ron- dijo ella cogiendo su mano y apretándola un momento.- ¿Estás con alguien?

-No- dijo él con simpleza. Se llevó la taza a la boca.- Pero he conocido a una chica en Irlanda y quedamos de vernos pronto.

-¡Bien por ti!- respondió emocionada.

-¿Tú?

-No, con nadie.

-¿No estuviste con nadie en Nueva York?- preguntó Ron un poco incrédulo. Hermione enarcó una ceja en clara señal de pregunta.- ¡Vamos, Hermione! No te creo- ella suspiró, derrotada.

-No exactamente- dijo.- Salí un par de veces con alguien, pero nada que fuera serio- terminó encogiéndose de hombros. Ron se rió.

-Nueva York te ha hecho realmente bien, ¿eh? Estás más… relajada.

-Lo estoy- dijo Hermione sonriendo antes de beber de su café.- ¿Vas a volver a vivir en Grimmauld Place?

-No, voy a alquilar otra vez el piso en Notting Hill en el que vivía antes de irme a Dublín.

-¿Cuál? ¿El que está encima del restaurante?- Ron asintió con entusiasmo.- Porque prefieres bajar a comer en vez de cocinar, ¿verdad?- agregó ella divertida.

-Ahora cocino, Hermione, y me gusta vivir solo- dijo él con liviandad y sonriendo, pero hablando en serio. Ella se rió.

-Te veo bien, Ron.

-También yo a ti. ¿Qué tal las cosas con Sirius en casa?- preguntó el pelirrojo.

-¿No le has preguntado eso a Harry?- inquirió la castaña con extrañeza.

-Sí, pero tú no estabas aquí cuando yo me he ido y me interesa saber tu punto de vista- dijo él encogiéndose de hombros.

-Pues bastante bien- dijo ella, poniéndose un poco más seria.- Me gusta relacionarme con él siendo una adulta y, claramente, es mucho mejor ahora que ya no está la mayor parte del tiempo de malhumor o ebrio- agregó rodando los ojos. Su amigo suspiró.

-Hermione, siempre te dije que debías perdonar su conducta en ese entonces y darle un respiro.

-Lo sé, lo sé, pero ya está, ahora es distinto.

-Ahora te cae bien- probó él.

-Estoy conociéndolo. Es…agradable.

-¿Te gusta Sirius?- inquirió el mago mirándola incrédulo.

-¿De qué estás hablando?- espetó Granger, sintiéndose incómoda.

-Estoy bromeando- dijo él riéndose mientras Hermione suspiraba y negaba con la cabeza.

-Idiota.

-Me había desacostumbrado a tus insultos gratuitos- bromeó Ron y ella se rió con él.

-¿Vienes a comer esta noche a casa?- propuso la bruja.

-¡Claro! ¿Quién cocina? ¡Por favor, dime que no es Tonks!

Hermione sonrió. Se sentía feliz. Le gustaba tener a su familia completa reunida otra vez, pero prefirió guardar en el lugar más recóndito de su cerebro la última pregunta que Ron le había hecho porque no le había gustado la sensación que dejó en su estómago.