CAPÍTULO 4:

Diferentes caminos

We've taken different paths

And traveled different roads.

I know we'll always end up

On the same one when we're old.

And when you're in the trenches,

And you're under fire,

I will cover you.

(Brother – Kodaline)


Sirius despertó porque escuchaba el sonido de los platos y las tazas en la cocina con mayor brusquedad de lo normal. Por este tipo de cosas él odiaba su refinada audición de animago. Se giró sobre sí mismo, gruñendo y arrastrando el edredón consigo para refugiarse del frío de esa mañana. Era mediados de noviembre. El invierno estaba cada vez más cerca de comenzar y se sentía cada vez más en las plantas superiores de Grimmauld Place. El fuego de la chimenea en su habitación se había apagado durante la noche, por lo que la temperatura no era la más agradable para comenzar el día.

-¡No, entiende que no voy a aceptarlo!

La alterada voz de Harry se había escuchado claramente en su habitación y Sirius se incorporó leve y bruscamente sobre el colchón, enarcando una ceja y mirando hacia la puerta cerrada. Suspiró. Definitivamente no iba a poder dormir esa mañana. Si había algo que detestaba, era despertar contra su voluntad y por algún conflicto que ni siquiera era suyo. Se destapó a regañadientes y se propuso salir de su cuarto a averiguar qué era lo que estaba ocurriendo en la cocina.

Mientras bajaba las escaleras, descalza y aún en el pantalón de franela y camiseta que usaba de pijama, podía oír cada vez con mayor claridad la conversación que se desarrollaba acaloradamente.

-¿Cuántas veces tengo que repetirlo, Hermione? ¡No!

-¡Pero, Harry, ese fue el acuerdo original!- estableció Hermione levantando la voz con determinación.

-¡Bueno, ahora he cambiado de opinión! ¡Y además, a ti no te afecta en absolutamente nada!

-¡Harry James Potter!

-¡No!

-¿Qué sucede?

Sirius había llegado a la puerta de la cocina y la había abierto para encontrarse a Harry de pie cocinando en una sartén algo que parecían panqueques con frutos rojos y a Hermione sentada frente a él, separados por la mesa, con un plato de aquello que Harry cocinaba a medio terminar y una taza de té. Hermione, al escuchar a Sirius, se había girado sobre sí misma para observarlo. Su cabello ondulado generalmente con mucho cuidado -no como lo llevaba en Hogwarts-, ahora estaba desordenado producto de la discusión y se notaba alterada, con el entrecejo fruncido. Sirius la miró inquisitivamente un momento antes de dirigir su mirada hacia Harry, quien también lo observaba con una espátula en la mano.

-Nada, Sirius- dijo su ahijado suspirando mientras regresaba a trabajar en la sartén.

-Lo que pasa, Sirius- comenzó Hermione con un tono de voz que reflejaba irritación-, es que cuando me he ido a Nueva York, Harry me ha prestado dinero para vivir allí los primeros meses antes que MACUSA comenzara a pagarme por la pasantía…

-Pensé que habías ido a estudiar a Nueva York- la interrumpió Black entrando a la cocina y dirigiéndose a la tetera sobre la mesa para servirse una taza de té.

-¿Qué? Ah, sí, he ido a estudiar, pero también a trabajar, dos procesos en uno solo- explicó la castaña rápidamente y con impaciencia. -El punto es que le dije a Harry en ese momento que iba a devolverle el dinero apenas pudiera y ahora él no quiere aceptarlo- terminó golpeando su puño sobre la mesa, haciendo vibrar su taza de té sobre el plato.

-Y no voy a aceptarlo, Hermione- reiteró el aludido volteando con un plato repleto de panqueques para desayunar y depositándolo sobre la mesa. - Somos familia, no necesito que me lo devuelvas.

-Pero, Harry, es mucho dinero, debo devolvértelo.

-Me doy por pagado con todas las veces que me salvaste la vida durante la guerra- declaró Potter y Sirius, que se llevaba la taza a la boca para beber, la dejó a medio camino.

Era una de esas extrañas veces en que alguien hablaba de la guerra de manera casual. Un peso cayó sobre su estómago nuevamente. No le gustaba nada no saber a ciencia cierta lo que había ocurrido y las personas, a su alrededor, parecían olvidar siempre que él no había estado ahí. Decidió sacudir ese sentimiento para unirse a la conversación.

-¿Cuántas veces le salvaste la vida a Harry en la guerra?- preguntó a Hermione, la chica prestándole atención mientras por fin bebía de su té. No suficiente azúcar, pensó.

-Un par de veces- dijo ella rodando sus ojos.- Pero no las suficientes como para que me diga esto. De hecho, él salvó la mía de un peligro mucho más serio en la Mansión Malfoy, así que su argumento no aplica.

-Hermione, espero que no consideres que me debes algo por eso- dijo el ojiverde mirándola elocuentemente.

-No, pero…

-Pero nada.

-Hermione, creo que Harry no va a cambiar de opinión ahora- mencionó Sirius, sentándose en la cabecera de la mesa, en el lugar de siempre.- Es exactamente igual a James y no conseguirás nada.

Harry miró de repente a Sirius, sonrió ante la repentina mención de su padre y luego volvió a mirar a su amiga, satisfecho consigo mismo. Hermione, sin decir una sola palabra, se puso de pie, terminó de un solo trago su té y se marchó de la cocina. Unos minutos después, escucharon las llamas de la Red Flu en el salón. Sirius se rió para sí mismo. La terquedad de Hermione era una de las cosas que no habían cambiado con los años.

-Va a lamentar no haber terminado esos panqueques durante la mañana- dijo Harry sentándose a la mesa a desayunar y señalando el plato a medio terminar de su amiga.

-Harry, siempre estás preparando desayunos para todos- observó él mientras se servía comida en un plato.- ¿Por qué lo haces?

Harry se encogió de hombros.

-Cuando vivía con los Dursley tenía que hacerlo todas las mañanas por obligación- explicó casualmente mientras cortaba con el mismo tenedor un trozo de panqueque.- Y ahora lo hago más porque me gusta cocinar para ustedes.

Sirius lo miró unos momentos. Fue imposible no sentir un poco de culpa por no haber podido criar a Harry después de la muerte de James y Lily. Él sabía que Dumbledore probablemente habría terminado enviando a Harry a vivir con los Dursley de cualquier manera por motivo del vínculo sanguíneo entre Lily y Petunia que lo mantendría a salvo, pero al menos fuera de Azkaban, podría haberlo visitado constantemente, mantener un ojo sobre él, haber construido un vínculo desde pequeño. Podrían haberlo ido a visitar con Remus varias veces al mes y así los Dursley habrían tratado mucho mejor a su ahijado. Pero él lo había arruinado todo al ir detrás de Pettigrew y haberse dejado embaucar por ese traidor.

-¿Sirius, qué haces hoy a mediodía?- Harry lo sacó de su ensimismamiento.

-No lo sé, ¿por qué?

-¿Quedamos para comer en el Caldero Chorreante?- propuso.- Hermione hoy no regresa hasta tarde y Ginny está entrenando.

-Me parece una buena idea.

Sirius sonrió ante la expectativa de compartir momentos a solas con su ahijado fuera de Grimmauld Place. De todos modos, le intrigaba la conversación que había escuchado previamente entre él y Hermione.

-¿Por qué no quieres aceptar el dinero de Hermione?- inquirió.

Harry suspiró mientras se servía un poco de té.

-Cuando Hermione recuperó a sus padres en Australia después de un año finalizada la guerra, ella sentía que era muy descarado de su parte comenzar a pedirles dinero para vivir después de lo que había hecho, así que comenzó a trabajar simultáneamente mientras tomaba exámenes libres en Hogwarts- explicó el ojiverde mientras Sirius lo miraba con atención a la vez que comía.- Como era heroína de guerra y sus calificaciones en Hogwarts durante toda su vida como estudiante eran impecables, fue fácil que entrara en el ministerio en puestos menores hasta que terminó su carrera y se dedicó de lleno a trabajar en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. Allí tenía un buen sueldo, pero luego de un año cuando le ofrecieron irse a estudiar y trabajar al mismo tiempo a Nueva York, se dio cuenta que con lo que había ahorrado, aún cuando le pagaran, no podría vivir tranquilamente en Estados Unidos, así que le ofrecí prestarle ese dinero.

-Naturalmente- dijo Sirius y Harry asintió como si fuera obvio.

Sirius sabía que Harry se parecía mucho a James en ese aspecto. El dinero para Harry no era un problema y si podía ayudar a todas las personas que quería que lo necesitasen, entonces lo haría sin dudar, tal como haría él mismo.

-Tuve que convencer a Hermione de que aceptara mi ayuda, ya has notado lo terca que es, pero finalmente aceptó diciéndome que apenas pudiera me lo devolvería y yo acepté porque si le decía que se lo regalaba, me mataba- comentó Potter, riéndose.- Pero de todos modos, yo no esperaba que lo hiciera, es Hermione, es como mi hermana.

-Pero Hermione no iba a descansar hasta devolverte hasta el último knut- dijo Sirius riéndose también. Harry asintió a la vez que ponía los ojos en blanco.- Sabes que Hermione va a hacer hasta lo imposible porque aceptes su dinero, ¿no?

-Lo sé- confirmó suspirando el aspirante a auror.

-Déjame hablar con ella- dijo Sirius, guiñándole un ojo.- Voy a convencerla de tu punto de vista.

-No sé cómo vas a lograr eso.

-Déjamelo a mí- zanjó Black llevándose la taza de té a la boca, sonriendo.


-Me gusta ésta. Si pago en efectivo, ¿puedo llevármela ahora?

-¿En efectivo?- repitió la mujer que lo había atendido, sorprendida.

-Sí, en efectivo, estoy completamente decidido.

Habiéndolo pensado desde el momento en que Hermione le había regalado la chaqueta de cuero como la que solía usar en su adolescencia, Sirius no estaba dispuesto a esperar más para comenzar a vivir la vida que hacía más de veinte años le habían arrebatado. Sabiendo que quedaba con Harry para comer en unas horas, decidió aprovechar la mañana para ir a una concesionaria automotriz muggle a comprar su anhelada motocicleta. Y la había encontrado: una Kawasaki Z900 RS de color negro.

Hizo el trámite lo más rápido que pudo. Firmó los papeles, pagó el total del valor en dinero muggle ante la anonada mirada de la vendedora, a quien le sonrió encantadoramente como lo había hecho toda su vida con todas las mujeres que se le cruzaban -al parecer no es común que los muggles compren motocicletas pagando en efectivo, pensó- y se dirigió a la moto que esperaba por él. Había preguntado si tenía gasolina suficiente como para sacarla de allí montado en ella y le habían dicho que sí, que por pagar en efectivo, la gasolina se la regalaban. Se subió en ella y puso las manos sobre el manillar. Suspiró mientras un escalofrío recorría su espalda. Nada en su vida actual podría haberlo preparado para volver a sentir la vibración bajo su cuerpo cuando encendió el motor. Se rió. Sentía que una parte de él que había estado dormida volvía a despertar y la adrenalina comenzaba a bullir en su interior. Subió bien la cremallera de su chaqueta de cuero y aceleró.

Era como si las calles de Londres se abrieran para él. Aceleraba entre los coches mientras el viento frío golpeaba su cara. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan vivo. No reprimió la risa que afloró en su garganta mientras conducía. Recordaba claramente la primera vez que montó su moto cuando tenía diecisiete años. Esto se sentía casi exactamente igual. Decidió seguir hasta Grimmauld Place y dejar la moto allí, estacionada en el jardín que habían creado en la reforma de la casa, y se iría al Caldero Chorreante a través de la Red Flu.


-Aunque creo que jamás me acostumbraré del todo, las personas me miran por ser el Elegido y el Salvador-del-mundo-mágico, pero a ti te miran demasiado sólo para ser el ex prisionero de Azkaban- bromeó.

Sirius y Harry caminaban por Diagon Alley. Habían decidido dar un paseo después de comer. Sirius pensaba en lo maravilloso que era caminar como un hombre libre otra vez. Hermione había acelerado, no sin un poco de presión, su proceso legal en el ministerio y había reestablecido su legalidad como mago con vida y había sido declarado inocente. Antes de eso, durante los meses que llevaba allí, también había caminado por el mundo mágico con total confianza, ahora sólo los papeles respaldaban lo que todas las brujas y todos los magos sabían. Además, Hermione había conseguido una indemnización económica por cada año que había pasado en Azkaban y luego prófugo de la justicia y, aunque ella se había jactado frente al Wizengamot de que era lo mínimo que podían hacer por él después de todo, Sirius rechazó el dinero porque no lo necesitaba y no quería recibir nada que viniera del Ministerio de Magia.

Mientras caminaban, la mayoría de las mujeres miraban a Sirius. Él se daba cuenta perfectamente, después de todo, no eran miradas sutiles, pero pasaba completamente de ellas sin parecer arrogante, sólo no hacía contacto visual con ninguna. Sin embargo, no pudo evitar reírse ante el comentario del hijo de su mejor amigo.

-Me miran porque solía ser un peligroso asesino, pero no puedo evitar verme así, Harry- le dijo guiñando un ojo.

Harry rió.

-¿Crees que las chicas que fueron a Hogwarts contigo miraban los carteles de tu búsqueda y pensaban que debían entregarte si te veían, pero al mismo tiempo querían acostarse contigo?- inquirió Harry a la vez que Sirius se ría fuertemente. El menor se unió a su risa y se encogió de hombros.- ¿No te interesa ninguna de las que te mira?- agregó genuinamente.

-No, hijo- respondió Black regresando levemente a la seriedad.- Créeme, lo intenté hace unos meses, pero ya no es lo que solía ser. Quiero decir, ya no encuentro nada divertido en lo que hacía.

-¿En acostarte con la mitad del mundo mágico?

Sirius lo miró sorprendido. ¿De dónde había sacado Harry esa idea de él? La respuesta no tardó en llegar.

-Palabras de Remus- respondió Harry a la pregunta que el animago no había hecho, divertido mientras Sirius rodaba los ojos.- Y además, dijo que si no hubieses estado doce años encerrado en Azkaban, hubieses destruido la sociedad mágica con tus aventuras con mujeres casadas y solteras- terminó riendo.

-Remus exagera- dijo Sirius, bufando.- Nunca me acosté con ninguna mujer casada y no me acostaba con la mitad del mundo mágico- hizo una pausa: -…un tercio tal vez- agregó sonriendo, a lo que Harry rió.- Además, nos miran a ambos, ¿sabes? Tú eres tan famoso como yo y eres más joven.

-No estoy interesado- comentó él sacudiendo la cabeza.

-Lo sé- dijo Sirius riéndose.- ¿Cómo están las cosas con Ginny?

-Genial- Sirius vio la manera en que a Harry se le iluminaba el rostro.- La amo, ¿sabes?

-¡Ja! Puedo verlo- Harry lo miró ceñudo y Sirius rió.- Te pareces más a James de lo crees y eso es decir bastante.

Harry se ruborizó levemente y se rascó la parte de atrás del cuello, un poco incómodo, pero sonriendo. Sirius no pudo evitar pensar que Harry tenía la edad con la que James había muerto y se parecían más que nunca. No obstante, sabía que cada día que pasara, Harry se alejaría de su imagen y crecería para ser el adulto que James no tuvo la oportunidad de ser. Eso le causó un extraño sentimiento egoísta. Sabía que Harry no era James, pero algo en él le decía que sería similar a perderlo otra vez.

-Me gusta Ginny para ti- dijo suspirando y saliendo del camino que habían tomado sus pensamientos. Harry lo miró sonriendo.- ¿Cómo se llamaba la chica que te gustaba cuando estabas en quinto?

-¡¿Cómo sabes eso?!

-Harry, tengo demasiada experiencia en esto como para no haberme dado cuenta.

-Cho Chang- dijo el ojiverde suspirando, rendido frente a la aguda mente de Sirius.

-¿Qué ha sido de ella?

-Sé que trabaja en el ministerio- explicó su ahijado.- Me la he cruzado un par de veces, sé que va a casarse pronto.

-Potter, no entiendo cómo puedes pasearte libremente con un asesino por la calle- escucharon de pronto.

Tanto Harry como Sirius se giraron rápidamente en dirección a la voz femenina que acababa de hablar. Era una señora que debía tener más o menos la edad de Molly, calculó Sirius, delgada y con un porte altanero que no tenía nada que envidiarle a Walburga Black. Los miraba con recelo y Sirius enarcó una ceja, mirándola extrañado. Nunca se había enfrentado a nadie fuera del ministerio que lo acusara libre y directamente de haber cometido el crimen por el que lo habían erróneamente encarcelado.

-Señora, perdone, pero no la conozco y Sirius Black es inocente, el Wizengamot lo ha exculpado de todos los cargos que pesaban en su contra- explicó Harry calmadamente, pero Sirius podía ver en su rostro que estaba, por lo menos, bastante molesto.

La bruja lo miró sorprendida, pero se repuso inmediatamente y negó con la cabeza.

-Potter, una cosa es que tú hayas derrotado al Que-no-debe-ser-nombrado y otra cosa muy diferente es confiar en un Black.

La bruja giró sobre sí misma y se alejó caminando. Algunos magos y brujas que pasaban a su lado, miraban a Harry y Sirius que estaban de pie en el medio del callejón, claramente descolocados.

-Sirius, no sé qué decirte…-comenzó el futuro auror y Sirius suspiró.

-Harry, no te preocupes, tranquilo- dijo él poniendo una mano sobre el hombro de su ahijado.- No es para tanto y no todo el mundo piensa como ella. En realidad, me da un poco lo mismo.

-Pero, Sirius…

-Mira, Harry, las únicas opiniones que me importan sobre mi vida son la tuya y la de Remus, los demás me tienen sin cuidado.

Y la de Hermione, se sorprendió a sí mismo pensando. Frunció el ceño, pero no dijo nada. No iba a decirle a Harry eso si ni siquiera él mismo lo entendía. Hermione se había pasado las últimas semanas que la había visto en el año de su muerte mirándolo reprobatoriamente y, aunque él pensaba en ese entonces que no era más que una niña que se metía en donde no la llamaban, quizás sí parte de lo que ella pensaba de él había calado en su mente profundamente. Era verdad que ahora ya no era la misma y que podía conversar con ella sin que fuera una adolescente a la cual debía mantener al margen de las cosas que la Orden planificaba y él se sentía bastante bien a su alrededor. Decidió guardar eso en el rincón de los pendientes de su mente para darle unas vueltas luego.

-Oye, Sirius- comenzó Harry reanudando el paso. Iban hacia la tienda de Artículos de Calidad para el Quidditch porque quería comprar unas cosas para Ginny.- Ahora que todos tus papeles legales están en orden, ¿quieres que te devuelva Grimmauld Place?

-¿Por qué te pediría eso?

-Bueno, porque está a mi nombre sólo porque tú habías muerto, pero ya no es así- explicó el ojiverde.- Y, además, está la bóveda…

-De la bóveda no te preocupes, porque en Gringotts los duendes me han dicho que desde que estoy vivo otra vez, la han cambiado automáticamente de nuevo a mi nombre.

-Ah, genial- dijo Harry sonriendo levemente.- De todos modos, nunca saqué ni un solo galeón de allí.

-No pasa nada- le dijo Sirius, desestimando todo con un gesto de su mano.- Pero Grimmauld Place es tuyo, Harry, no me interesa recuperarlo. Además, has invertido muchos galeones en remodelarla, ese lugar te pertenece.

Entraron a la tienda y Harry inmediatamente se dirigió a mirar las escobas nuevas que estaban a la venta. Sirius sonrió al ver su emoción. Esta era una de las cosas que le hubiera gustado hacer con él cuando era un niño. Sacarlo de paseo por Diagon Alley, llevarlo a tomar helados a Florean Fortescue y luego entrar a la tienda de Quidditch. Recordaba que cuando él mismo era un niño y salía con su madre, él mismo corría a mirar las escobas. Ese pensamiento le hizo recordar algo que sorpresivamente había pasado por alto.

-¿Harry, qué ha pasado con Kreacher?- inquirió acercándose a Potter. No podía creer que en tantos meses no se hubiera acordado de él.

-Ah, Kreacher- dijo él, suspirando mientras tomaba algunos artículos de mantención de escobas que le llevaría a Ginny.- Kreacher falleció hace dos años, yo mismo lo encontré en la cocina.

-¿Qué hicieron con él?

-Lo enterramos en Shell Cottage, la casa de Bill y Fleur- explicó Harry.- Allí también es donde está enterrado Dobby, sabes quién es ¿no?

-¿El elfo de los Malfoy que liberaste y que los ayudó a escapar de la Mansión Malfoy?

-Sí, él mismo- confirmó.- Habíamos prometido a Kreacher que pondríamos su cabeza junto a los demás elfos que habían servido a la familia Black, pero cuando llegó el momento, ninguno de nosotros consideró que era correcto, así que no lo hicimos.

-Me parece genial que no hayan continuado con esa estupidez.

-Ya sé que lo odias- dijo el otro-, pero si no fuera por él, nunca habríamos dado con el relicario de Regulus.

Sintiendo que un ataque de ansiedad podría invadirlo en cualquier momento, Sirius decidió cambiar el tema. No obstante, no sería una cuestión que podría evadir durante muchos días más.


La casa estaba silenciosa. La noche había caído y Sirius había pasado las últimas dos horas en la biblioteca leyendo con un vaso de whiskey de fuego. La biblioteca era un lugar completamente acogedor para pasar días fríos de finales de noviembre como aquel. Tal vez debería preguntarlo, pero estaba seguro que Hermione se había encargado de remodelar esa parte de la casa. Incluso olía un poco a ella, después de todo, Hermione pasaba gran parte de su tiempo libre allí leyendo.

Decidió que subiría a su habitación a dormir. Salió de la biblioteca y subió rápidamente hasta la tercera planta, haciendo el menor ruido posible. Supuso que Hermione ya estaría dormida, cuando vio a través de la puerta ligeramente entreabierta la luz encendida del cuarto que solía ser de su hermano Regulus.

Sirius no había querido entrar en esa habitación desde que llegó. Es más, no había entrado allí desde que puso otra vez un pie dentro de la casa de sus padres cuando la ofreció como Cuartel General para la Orden. Sintió su corazón palpitar fuerte contra sus costillas mientras se acercaba lentamente a la puerta, alejándose de la entrada a su propio cuarto. No tenía miedo por no saber a quién encontraría porque era evidente que sería a alguno de los habitantes de Grimmauld Place, pero le causaba ansiedad el enfrentarse al pasado. Harry le había explicado la verdad sobre Regulus y aún no se reconciliaba con la idea de haberlo perdido sin saber quién era realmente.

Abrió la puerta y vio a Hermione urgando con cuidado dentro del armario. Entró mirando todo a su alrededor. No había estado en la habitación de Regulus desde sus dieciséis años. Hermione miró hacia la puerta y sonrió levemente al verlo.

-Hola- dijo ella en voz baja, cerrando la puerta del armario con lentitud.

-Hola… ¿qué haces aquí?- preguntó Black con el mismo tono de voz y lleno de curiosidad.

-Estaba buscando algo que quería darte y me entretuve- comenzó ella mirándose las manos mientras Sirius se acercaba y se detenía a unos metros de ella.

Miró todo a su alrededor. Era extraño visitar la habitación de su hermano después de tantos años. Se acercó hasta la chimenea y miró las decoraciones de Slytherin que había sobre la pared. Bufó recordando la reacción de su familia al saber que el heredero de la casa de los Black había sido sorteado en Gryffindor.

-El primer año después de la guerra solía venir algunas veces aquí- comenzó Hermione siguiendo sus pasos y observando lo que él hacía. -Cuando descubrimos que Regulus había robado el horrocrux de la cueva, no tuve tiempo de pensar mucho en él, ¿sabes? Pero una vez que todo pasó, no pude evitar pensar en lo solo que debió sentirse- hizo una pausa y Sirius la miró. -No sé si al final Regulus creía en el estatus de la sangre como tus padres…

-Lo hacía.

-…pero creo que se hizo mortífago sólo porque no vio otro camino y finalmente, asimiló que lo que Lord Voldemort quería hacer estaba mal.

-A veces…- comenzó Sirius, desviando la mirada hacia la pared a un costado de la bruja y aclarándose la garganta que de pronto se le había secado. -A veces me gustaría saber si realmente me odiaba como yo creía.

No entendía por qué de repente estaba diciendo estas cosas en voz alta. Ni Remus sabía de sus inquietudes respecto a Regulus. Alguna vez, borracho, se las confesó a James, pero lo hacía sabiendo que su hermano de todo menos sangre nunca se las preguntaría estando sobrio. Y ahí estaba ahora en la habitación de Regulus Black con Hermione Granger diciendo todo esto, aún cuando hacía dos meses desde que la había vuelto a ver.

-No te odiaba, Sirius- la voz de Hermione lo sacó de su ensimismamiento, con un tono que le hacía parecer muy convencida.

-¿Por qué lo dices?

Granger caminó hasta la mesita de noche junto a la cama y abrió el cajón para sacar un libro de allí. Se sentó sobre el edredón y él la siguió, mientras ella sacaba lo que parecía ser una fotografía de entre las páginas. Miró a Sirius para analizar su reacción mientras se la pasaba: era una imagen de Regulus y él cuando eran niños, sonriendo sentados uno al lado del otro, probablemente el verano antes de que Sirius fuera por primera vez a Hogwarts y todo cambiara. Él la volteó y atrás rezaba la clara y elegante letra de Regulus "Mi hermano y yo, julio 1971".

-La he encontrado un día mientras organizábamos la casa para vivir aquí. Estaba dentro de este libro justo en este mismo cajón- explicó la castaña mirando también la imagen.- Si te das cuenta, tiene el año escrito en la primera página. Dice "1978", eso quiere decir que él guardó la fotografía allí dentro cuando ustedes ya no se hablaban.

Hermione le mostró lo que le estaba diciendo en el libro y era cierto. Un grueso nudo se alojó en su garganta al darse cuenta que el libro tenía claras señales de haber sido usado muchas veces, por lo que, además, Regulus debió haber mirado con frecuencia la fotografía.

-Deberías quedártela- dijo Hermione.- Tal vez podrías comenzar a reconciliarte con el recuerdo de tu hermano.

Sirius no dijo nada. Hermione suspiró y entonces le alcanzó un trozo de pergamino doblado en varias partes. Él, intrigado, lo tomó y lo desplegó y se encontró con la inconfundible caligrafía de Regulus.

Para el Señor Tenebroso.

Ya sé que moriré mucho antes de que lea esto,

pero quiero que sepa que fui yo quien descubrió su secreto.

He robado el Horrocrux auténtico y lo destruiré en cuanto pueda.

Afrontaré la muerte con la esperanza de que, cuando encuentre la horma de su zapato,

volverá a ser mortal.

R.A.B.

-Probablemente, si no hubiéramos regresado a Grimmauld Place cuando escapamos de La Madriguera, nunca habríamos averiguado que "R.A.B." era tu hermano- explicó Hermione, mirando del revés el pergamino que Sirius aún observaba.- Quizás estando tú aquí lo habrías descubierto de inmediato, no lo sé.

Sirius asintió. No sabía qué decir, pero Hermione tenía razón. De haber estado vivo, le habría bastado leer una vez ese mensaje y habría sabido la identidad de su autor. No sólo por la caligrafía ni las siglas de aquella firma, si no porque a él lo habían educado también en artes oscuras. Esa era una de las cosas que siempre odió de la familia Black. Su obsesión con las artes oscuras y los objetos ilegales en el mundo mágico. Nunca pensó que ese conocimiento que les habían enseñado a él y a su hermano desde niños, en algún momento iba a terminar siendo útil para derrotar a Lord Voldemort.

El nudo en su garganta no había desaparecido y luchaba con todas sus fuerzas para no quebrarse delante de Hermione.

-¿Me hablarías sobre Regulus?- susurró ella, mirándolo.

-Quizás en otro momento- dijo él intentando sonreír a modo de disculpa, pero las emociones lo traicionaban en ese mismo momento y no fue capaz.

Sirius vio que Hermione se movía dubitativa y de pronto, la vio acercarse rápidamente a él y abrazarlo. No era la primera vez que ella lo abrazaba, pero en esta oportunidad sintió que era mejor que cualquier palabra que pudo haberle dicho de consuelo. La envolvió con sus brazos y cerró los ojos, aclarándose la garganta sobre su hombro y respirando profundamente. Lavanda, como en la biblioteca, pensó cuando el olor del cabello de Hermione invadió su olfato.

-Gracias- susurró él sin soltarla.

La sintió sonreír con el mentón apoyado sobre su hombro y ella rompió el abrazo. Fue extraño sentirla alejarse, pero al mismo tiempo había durado lo suficiente para hacerlo sentirse mejor.

-Me iré a mi habitación ¿está bien? Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras- dijo ella mientras ambos se ponían de pie, pero por su expresión, parecía estar pensando en algo.- En realidad, es la habitación de tu hermano, así que no necesitas mi permiso, ¿verdad?

-No, no lo necesito- rió Sirius. Ella no pudo evitar reírse también. Él aprovechó que el ambiente se había aligerado para hablar de algo. -Ah, Hermione, sobre el dinero que le debes a Harry – comenzó y pudo ver cómo el cuerpo de Hermione se ponía a la defensiva-, ¿puedes decirme cuál es la cifra total? Yo se lo transferiré desde mi bóveda y así das por saldada tu deuda.

-¡Sirius! ¡No, de ninguna manera!- protestó ella, molesta.- ¡Es mi deuda y sólo yo voy a pagarla!

-Hermione- dijo con voz tranquila y poniendo sus manos frente a él, con las palmas mirando hacia ella en un intento por apaciguarla, volvió a hablar: -Harry jamás va a aceptar tu dinero, lo conoces bien. Y yo, como ya sabes, tengo demasiado dinero sin ningún fin más que estar acumulando polvo en Gringotts.

Hermione lo miró. Él podía escuchar su mente funcionando rápidamente, intentando encontrar algo que rebatir o buscando una idea que le sirviera para contradecir lo que le había dicho. Le sostuvo la mirada. Si ella quería discutir, entonces iban a discutir y él estaba preparado para no dar su brazo a torcer, aunque estuvieran allí toda la noche dándole vueltas a lo mismo. Y al parecer, Hermione, mientras lo miraba pareció entender que esta era una guerra perdida y que no podía hacer nada al respecto.

-Está bien- dijo ella suspirando, claramente sabiéndose derrotada. Sirius inmediatamente sonrió.- Mañana te pasaré una nota con la cifra exacta de lo que le debo a Harry.

-Perfecto.

Sirius, sabiendo que había ganado una posible y factible discusión con Hermione Granger, sonrió satisfecho de sí mismo y le guiñó un ojo, causando que la castaña se ruborizara levemente y, luego de un segundo de desconcierto, bufara notoriamente y saliera de la habitación. Cuando la bruja cerró la puerta, Sirius suspiró mientras pensaba que, sin importar cuántas veces muriera, había cosas de él que jamás iban a cambiar.