N/A: Hola a todo el mundo! Lamento haber tardado un mes en actualizar. Ha sido un mes caótico, pero ya estoy de regreso. Estos próximos días volveré a subir un nuevo capítulo y así continuaré hasta terminarlo. No más hiatus de un mes. A lo más, tardaré una semana entre cada actualización. Gracias por leerme y espero sus reviews!
¡Quiero agradecer específicamente a Sakura Haruhi Otonashi y a Elvis Cochito por su entusiasmo con esta historia!
CAPÍTULO 5:
Leyendo entre líneas
Vamos despacio para encontrarnos,
El tiempo es arena en mis manos.
Sé por tus marcas cuánto has dejado
Para olvidar lo que hiciste.
Sentir algo que nunca sentiste.
Sos el paisaje más soñado
Y sacudiste las más sólidas tristezas
Y respondiste cada vez que te he llamado.
(Lago en el cielo – Gustavo Cerati)
-Pero vas a invitarla a la cena de navidad en La Madriguera, ¿no?- preguntó Harry.
Diciembre había llegado y la lluvia y la nieve se habían convertido en acompañantes prácticamente diarios de los habitantes del Reino Unido. Las chimeneas de Grimmauld Place pasaban todo el día encendidas, calentando las habitaciones de toda la casa.
Sirius estaba un poco frustrado por no poder utilizar tanto su motocicleta. Aún no había trabajado en ella para que pudiera volar como aquella que había tenido antes, así que con las calles mojadas o congeladas era peligroso sacarla a pasear. A su yo más joven no le habría importado arriesgarse, pero ahora no quería causarle una preocupación más a Harry. Remus le había contado que Harry lo había pasado muy mal al perderlo hacía seis años, así que estaba intentando comportarse de una manera más sensata por él.
Esa mañana de sábado, Ron había pasado temprano a desayunar a Grimmauld Place para poder visitarlos también. Iba a ir el fin de semana a Dublín para ver a Clare, la bruja que había conocido allí mientras se perfeccionaba como auror, así que ahora se encontraba sentado en la mesa con los demás mientras comían el desayuno preparado por Harry, como de costumbre. Al ser fin de semana, era el único que estaba completamente vestido y todos los otros vestían sus pijamas.
-¿Debería invitarla? Quiero decir, he salido con ella por casi tres meses…
-Claro, invítala- dijo Hermione, untando con mermelada una tostada.
-Además, yo he ido a tu casa desde que tenía doce años, Ron, nada es más pronto que eso- comentó Potter riéndose mientras el pelirrojo lo miraba claramente fastidiado por la insinuación respecto a Ginny.
-Es verdad, Ron- dijo Sirius, riéndose.- Además, si realmente te gusta, ¿por qué esperar? De cualquier manera, seguirás siendo más digno que James intentando salir con Lily.
Harry se rió mientras que Hermione rodó los ojos, divertida.
De repente, Sirius sintió que la vibración energética de la casa cambiaba levemente. Se enderezó tensamente sobre su silla y vio que los otros tres hacían lo mismo. Todos lo habían notado: alguien había atravesado las barreras de protección del que fuera el Cuartel General de la Orden.
Pero no esperaban a nadie y todas las personas que conocían que formaban parte de su círculo familiar, utilizaban la Red Flu para trasladarse de un lugar a otro. Además, las barreras no podían ser traspasadas fácilmente.
Sus cuerpos se pusieron en alerta. Black sabía perfectamente que hacía unas décadas se habría levantado rápidamente de la silla, pero ahora no lograba encontrar esa respuesta en su cuerpo. Al contrario, vio que en unos segundos Harry, Ron y Hermione se habían puesto rápidamente de pie, varitas en mano y se miraron con complicidad. Sirius comprendió que aquellas miradas escondían palabras, un entendimiento más allá de verbalizar ideas que situaciones como una guerra podían darte, y entonces, como si fuera un ejercicio ensayado, Ron y Hermione se acercaron veloz y silenciosamente a cada lado de la puerta mientras que Harry permanecía al frente de la misma, al otro lado de la mesa para usarla como trinchera. Sirius se sintió estúpido, sentado aún en la silla, así que se puso de pie sigilosamente con la varita preparada para atacar. Hermione lo miró y vio que ella se acercaba un dedo a la boca para indicarle que permaneciera en silencio. Él asintió.
Pasos avanzaron por el largo corredor. Sirius frunció el ceño. Eran pasos muy seguros, como de alguien que pensara que la casa estaba deshabitada o como de alguien que no le importaba hacer saber que se encontraba allí. Los pasos se acercaron cada vez más hacia la cocina y Hermione y Ron intercambiaron una mirada certera unos segundos antes que la puerta se abriera.
Todo ocurrió muy rápido. Ron y Hermione apuntaron con la punta de sus varitas directo al cuello de la persona que acababa de poner un pie en la cocina, a la vez que Harry la desarmaba y su mano cogía la varita de quien fuera estuviera en la entrada. Sirius no lograba ver de quién se trataba porque la puerta, que se abría hacia adentro, tapaba su visual. Resopló, frustrado. Pero todo cambió en unos segundos. Escuchó que Ron reía y que Harry entonces se le unía, soltando un suspiro aliviado.
-¡Por Merlín! ¿Pero qué demonios les pasa?!- dijo la voz, claramente masculina.- ¡¿Pensaban matarme?!
Sirius vio entrar a un hombre joven y alto a la cocina mientras Ron lo abrazaba. Era pelirrojo y tenía los brazos musculosos. Supuso que era un Weasley y se relajó un poco. Al separarse de Ronald y acercarse a Harry para abrazarlo también, pudo ver que la piel de su rostro estaba curtida y tenía muchas pecas.
-Tú debes ser Sirius, ¿no?- dijo de pronto, fijándose en él y acercándose.
-Sí, soy yo.
-Perdona, no nos hemos conocido antes- dijo el hombre extendiendo su mano y sonriendo.- Soy Charlie Weasley.
-¡Oh, claro! ¡Charlie!- dijo Sirius, relajándose al mismo tiempo que todo cobraba sentido para él y estrechaba su mano con seguridad.- ¡El entrenador de dragones!
-Sí, nunca tuve el placer de conocerte- agregó Charlie sonriendo.- Me alegra saber que estás de vuelta. He escuchado grandiosas cosas sobre ti, ¿sabes? ¡Eres toda una leyenda!
-¿Ah, sí?
-¡Por supuesto, Fred y George te admiran bastante! ¡Merodeador y toda esa historia!
Sirius se rió. Nunca había tenido la oportunidad de conocer al segundo hijo de Arthur y Molly. Sabía que él se había quedado trabajando en Rumania reclutando a magos y brujas extranjeras para la Orden del Fénix y que nunca había alcanzado a conocerlo antes de morir. Y ahora que estaba de regreso y se había reencontrado con toda la familia Weasley, había olvidado la existencia de Charlie.
Entonces, vio que Hermione se acercaba molesta a ellos y por un segundo, pensó si había hecho algo mal durante la mañana para que ella quisiera regañarlo o gritarle. Pero no fue así porque, de pronto, la castaña golpeó a Charlie en el brazo fuertemente.
-¡¿Por qué no me has dicho que vendrías a Inglaterra?!- gritó Hermione, mirando a Charlie molesta.
-¡Porque era una sorpresa! ¡No pensé que tu bienvenida sería que me apuntaras con tu varita en el cuello!- respondió el otro, más divertido que molesto.
-¡Has cruzado las barreras de protección de esta casa sin decirnos nada antes! ¡¿Qué esperabas?! ¡¿Que nos quedáramos tranquilamente bebiendo té mientras algún ex mortífago avanzaba por el pasillo?! ¡Tienes suerte de que Ginny no estuviera aquí porque ella te habría atacado sin dudarlo!
Sirius estaba de pie anonadado ante la visión de Hermione gritándole a Charlie Weasley. No la había visto así de molesta jamás, ni siquiera cuando había discutido con Harry por todo ese asunto del dinero. Y sorprendentemente, le agradaba la imagen de ella gritando. Sospechaba que también tenía que ver con que él no era el receptor directo de su enfado, pero ahora que la veía con toda esa fuerza, podía imaginarla peleando valientemente durante la guerra. Y podía entender, además, que Harry había estado bien protegido por ella.
Harry y Ron miraban a Hermione claramente confundidos y entonces Sirius se preguntó si la escena que tenía enfrente era poco común.
-Mira…miren- se corrigió Charlie mirando a los demás-, lamento no haber avisado que venía. Olvidé completamente lo de las barreras de protección- agregó suspirando.- Yo sólo venía a verte de sorpresa porque Fred y George me comentaron que estabas de vuelta y como no te veía desde Nueva York…
-¿Por qué desde Nueva York?- interrumpió Ron, intrigado y cambiando el peso de su cuerpo de un pie a otro.
-Porque Charlie y yo compartimos piso durante dos semanas estando allá- dijo Hermione, suspirando y mirándolos a todos.
-¿Cómo? ¿Por qué no nos habías dicho?- inquirió Harry, mirando primero a Sirius, luego a Charlie y finalmente a su amiga. Granger lo miró y se encogió de hombros casualmente.
-Vale, no entiendo algo- comenzó Sirius, volviendo a sentarse en su silla, intentando que la escena comenzara a ser menos dramática. Estaba sintiendo un poco de ansiedad que no sabía exactamente de dónde venía.- ¿Entonces no es común que vengas por aquí, Charlie?
-¡Oh, no, para nada! No he venido en más de un año a Londres, la verdad- explicó él sentándose también, mientras todos los demás lo imitaban. Hermione se sentó frente al mayor de los pelirrojos, en perpendicular a Sirius.- Y he ido a Nueva York para establecer unos acuerdos con MACUSA para la crianza y cuidado de dragones en Estados Unidos y me he quedado dos semanas en el piso de Hermione porque se alargó bastante la negociación.
-Lo que es bastante tiempo como para que no me dijeras que venías hoy- interrumpió la castaña, arqueando una ceja sin mirar a nadie y sirviéndose una taza de té.
-Lo que es bastante tiempo como para que no me avisaras que volvías a Londres- contrargumentó Charlie, puntualizando el final de la oración con su voz.
-No entiendo por qué están discutiendo- dijo Harry, cruzándose de brazos con expresión confundida.
-Por nada- dijo Charlie, cruzándose de brazos también y mirando a Hermione con reproche, pero Sirius podía ver que fingía estar molesto.- Nos hemos hecho muy amigos y supongo que no puedo venir a visitar a una amiga de sorpresa.
-Pero yo soy tu hermano, ¿no podías venir a visitarme a mí?- cuestionó Ron girando la cabeza para mirarlo.
-Iba a venir de todos modos, aunque Hermione no estuviera aquí- rió el entrenador de dragones.
-Da igual- suspiró Hermione, sonriendo al fin.- ¿Qué tal va todo en Rumania?- agregó ella, evidentemente más relajada.
-Pues bien, hemos encontrado unas crías de Longhorn Rumano que al parecer han quedado huérfanas, así que estamos cuidándolas hasta que crezcan más fuertes y llevarlas a la reserva natural, así que no puedo quedarme aquí más que hoy.
-¿Sólo estás trabajando en Rumania?- inquirió Sirius, interesado. Le estaba cayendo bien Charlie, como todos los Weasley, a excepción de Percy.
-Por ahora sí, aunque estoy pensando en hacer unos acuerdos aquí en el ministerio, pero nada firme aún.
-¿Nada firme en absoluto?- dijo Hermione en un susurro perfectamente audible, pero sonriendo divertida.
Harry se atoró con su café y Ron miró a Hermione boquiabierto. Sirius pestañeó un par de veces sin poder decidir si el comentario de la bruja había sido en un doble sentido o sólo era casual y su propia mente estaba distorsionando todo. Sólo cuando vio que Charlie se reía, se dio cuenta que realmente la respuesta era lo primero que había pensado, aunque le costara creerlo.
-Eso es lo que pasa cuando alguien como Hermione Granger vive un año en Nueva York- comentó Charlie, negando divertido con la cabeza.- He sido una pésima influencia para ti, Granger.
-Estoy segura de ello.
-¿En sólo dos semanas?- preguntó Harry, sonriendo también.
-Digamos que nos hemos hecho amigos- aclaró ella.
-Pero nosotros también somos tus amigos y no hemos sido una mala influencia para ti- comentó Ron, recibiendo una mirada cuestionadora por parte de su ex novia- Bueno, no tan mala.
-Hermione ha conocido lo peor de mí mientras convivíamos- rió el otro pelirrojo mientras se pasaba una mano por el cabello.
-¿Y eso es…?- quiso saber Sirius.
-Olvidar ponerme ropa por las mañanas al levantarme e ir a la cocina.
-Cuando yo estoy desayunando.
-El peor recuerdo.
-Totalmente.
Sirius no sabía qué decir. Le alegraba saber que alguien como Hermione hubiera tenido la compañía de Charlie durante un tiempo en Nueva York. Se sentía un poco extraño por ser partícipe de este tipo de conversación con ella y los demás. Para él hacía menos de un año que Harry, Ron y Hermione tenían quince y dieciséis años, respectivamente. Y ahora estaban aquí, conversando como adultos y bromeando con temas sexuales. No sabía cuándo se acostumbraría del todo a ese cambio.
No obstante, y sin poder dejar del todo la culpa por no haber podido haber estado y hecho más durante la guerra -como matar a Bellatrix, un pensamiento que lo invadía recurrentemente desde que Hermione le había enseñado su cicatriz-, disfrutaba de la vida tranquila que el mundo mágico tenía. Y ya que no podía hacer nada con aquellos años en los que no había estado y sin saber bien aún cuál era su rol ahora, al menos podía intentar hacer que la vida de las personas que él quería fuera mucho mejor, más fácil y más justa.
-Me alegra verte de nuevo, Charlie Weasley- dijo Hermione, sacudiendo la cabeza y suspirando. Todo rastro de la molestia inicial esfumado.
-A mí también, a todos. ¡Y a ti, Sirius! ¿Cómo va la vida nueva?
-¿Qué haces aquí?
-Me han dicho que tenías una reunión personalmente con Kingsley y he decidido esperarte.
Hermione acababa de entrar a su despacho en el ministerio, cargada de pergaminos y plumas rotas. Sirius llevaba media hora esperándola. Estaba sentado porque ya había paseado por toda la oficina durante ese tiempo. Vio que la castaña suspiraba mientras se sentaba en su silla, dejando frente a ella todo lo que traía. Observándola, contuvo una risa porque, aunque el despacho era de ella, por la actitud corporal de cada uno pareciera que quien estuviera sentada en la silla del visitante era Hermione y no él.
-Bueno, te escucho.
-¿Hermione, confías en mí?
Pudo ver la manera en que la frente de Hermione se arrugaba levemente ante su curiosidad.
-¿Esta es una de tus preguntas que esconden algo?- preguntó al cabo de unos segundos de estudiado silencio.
-No, es sólo una pregunta- dijo él mientras se acomodaba mejor en el asiento y subía su pierna para apoyar su tobillo derecho sobre su rodilla izquierda.
-Sí, confío en ti- suspiró ella aunque sin dejar de escudriñarlo con la mirada.
-Genial- dijo Black poniéndose de pie de un salto y dejando sobre el escritorio, justo frente a ella, un pergamino con párrafos escritos en letra muy pequeña.- ¿Entonces podrías firmar el final de este pergamino, justo sobre la línea en blanco?
-Pero…
-Sin preguntas. Has dicho que confiabas en mí- dijo él sonriendo.- Si es así, entonces firma sin pensarlo. Ahora mismo.
La bruja lo miraba inquisidoramente sentada en su silla mientras él seguía de pie, frente a ella, sonriendo impaciente. Sabía exactamente que no sería la única persona con la que tendría que lidiar ese día, pero Hermione sería la más terca. No le importaba. Sabía que era lo que tenía que hacer. Es decir, lo que quería hacer. Y le causaba un placer enorme poder concretarlo.
Hermione dirigió hacia él una última mirada antes de coger su pluma y, luego de alisar el pergamino con la otra mano, dibujó su firma rápida y prolijamente. Sintió la sensación de triunfo inundar su cuerpo y alojarse en su pecho orgullosamente.
-Muchas gracias, me acabas de hacer muy feliz- dijo Sirius tomando el pergamino que la castaña le devolvía.
-¿Puedes decirme ahora de qué se trata todo esto?
Sirius no pudo evitar sonreír con toda la arrogancia que tenía antes de responder a esa pregunta sabiendo la tormenta que desencadenaría.
-Acabas de aceptar un quinto de la fortuna de los Black que está en mi bóveda de Gringotts.
-Qué.
No fue un grito como él había esperado que sucedería. Fue un susurro despacio. La vio parpadear un par de veces mientras ella se ponía de pie y él, inconscientemente, retrocedió unos pasos para poner un poco de distancia entre los dos. Como ella no decía nada, se apresuró en hablar para explicarle la situación.
-Mira, he estado pensando bastante y creo que estoy condenado de por vida a no gastar ese dinero- comenzó, suspirando.- Primero, me desheredan. Luego, termino en Azkaban durante doce años. El único gasto que hice fue al escapar y comprar la Saeta de Fuego para Harry. Luego, gasté lo mínimo mientras estaba encerrado en Grimmauld Place y finalmente, he muerto. No he usado casi nada de ese oro- hizo una pausa para darle la oportunidad a Hermione de hablar, pero ella sólo lo miraba boquiabierta.- En fin…No creas que esto lo he hecho sólo por ti, ¿eh? Le he dejado a Harry un cuarto de la fortuna, al igual que a Remus y Tonks. Ella es una Black, así que técnicamente es su herencia. Y a ti te he dejado un quinto porque sabía que no aceptarías más, pero un quinto es más que suficiente para toda tu vida.
Hermione seguía sin hablar y él no sabía qué hacer. Estaba preparado para una discusión, a él le agradaba discutir, pero no sabía cómo actuar frente a su silencio. La mejor amiga de su ahijado siempre había dado su opinión sobre cualquier mínima cosa que tuviera que decir, sin temor, por eso ahora estaba un poco confundido. Decidió dar unos pasos hacia ella y al parecer, eso la sacó de su letargo.
-¿Los demás ya lo saben?- su voz sonó clara, pero suave.
-Eh…- titubeó un poco antes de responder.- Sí, de hecho, vengo de decirle a Harry. Estuvo un rato con la boca abierta, pero después sacudió la cabeza y me lo agradeció. Tonks también lo sabe ya. Enloqueció un poco de alegría porque, al parecer, quería tomarse unas vacaciones hace bastante para pasar más tiempo con Teddy y necesitaba el dinero para eso. Pero Remus no sabe aún y estoy esperando su discurso de moralidad y sus razones sobre por qué no se merece ni un solo galeón.
-¿Cuánto dinero es un quinto de esa fortuna?
-No lo sé, pero ahora esa fracción es tuya. Ah, y he tenido la decencia de dejar fuera de tu parte todas las joyas y objetos que pudieran estar malditos contra personas no sangre pura…ya sabes, mi familia estaba loca.
-No puedo aceptarlo, Sirius.
Y ahí estaba la negativa que él estaba esperando desde el comienzo. Respiró profundamente y suspiró, acercándose a ella mientras rodeaba el escritorio. Hermione lo miró con el entrecejo fruncido. Sirius estaba comenzando a exasperarse.
-Hermione, somos familia- dijo encogiéndose de hombros.
-Vale, ¿y qué pasará cuando realmente tengas una familia por ti mismo? ¿Qué pasará cuando quieras tener hijos?
No pudo evitar bufar y reírse incrédulo.
-Como si eso fuera a pasar- soltó y, antes de que ella pudiera replicar, agregó: -Vamos, Hermione, al menos dame un escenario factible. Aún así, hay demasiados galeones en esa bóveda como para mantener a tres generaciones de magos y brujas.
-Pero, Sirius…
-Además- siguió él levantando un poco la voz para callarla-, no me gusta que hayas tenido que pedirle dinero a Harry para seguir estudiando. El dinero no debería imponerse en los sueños de nadie. Yo mismo he sido testigo de cómo Remus pasó todos sus años en Hogwarts sin aceptar mi ayuda y la de James. Al final nos inventamos muchas técnicas para que no protestara, incluso fingíamos que nos hacíamos regalos que luego no nos gustaban y se los dábamos a él. Lamentaría mucho tener que engañarte, Hermione, porque créeme que lo voy a hacer si es necesario- terminó Sirius con la voz más resolutiva que pudo poner y abandonando todo rastro de diversión en su mirada.
-Pero ya me has engañado para firmar ese pergamino- replicó ella cruzándose de brazos y arqueando una ceja. Sirius no pudo evitar rodarle los ojos, impaciente.
-Hermione, por favor, sólo quiero cuidar de quienes son mi familia. De la que existe ahora y de la que vendrá cuando todos comiencen a tener hijos. Por favor, déjame hacerlo.
La Gryffindor lo miró unos segundos antes de sonreír débilmente mientras asentía con la cabeza.
-Muchas gracias, Sirius.
Hermione, entonces, se acercó y lo abrazó, apoyando su mentón sobre su hombro. Sirius pensaba que nunca se acostumbraría a las abiertas muestras de cariño de la bruja. No sabía cuál era esta especie de obsesión que tenía Hermione con abrazarlo, pero no se iba a quejar. No sabía si lograría acostumbrarse, pero no quería que dejara de hacerlo. Cerró los ojos y respiró en su cabello mientras la envolvía también con sus brazos.
-No porque me estés regalando todo este oro significa que voy a dejar de llamarte la atención cuando hagas algo estúpido o que no me parece bien, ¿entendido?- dijo ella sin soltarlo y él no pudo evitar reírse.
-No podría ser de otra manera- respondió mientras la sentía reír.
Faltaba un poco más de una semana para navidad y Sirius se movía inquieto en la cama. Era una madrugada fría y las sábanas se enredaban en su cuerpo, atrapándolo. Sentía que se ahogaba. Movía las piernas para intentar correr, pero las sábanas se enredaban más. Apretaba los párpados, lloriqueaba un poco. En algún momento, dentro de su pesadilla apareció una imagen en blanco que lo hizo conectar con la realidad, que lo hizo comprender que estaba en su cama, que nada era real. Se aferró a ese pensamiento y de pronto, abrió los ojos.
La oscuridad de su habitación le dio la bienvenida. Comenzó a respirar a consciencia para calmarse. Se incorporó sobre el colchón y se pasó las manos por la cara. Era la cuarta noche de la semana que no podía dormir bien. Hacía frío. Odiaba el frío. Suspiró y desenredó sus piernas de las sábanas para comenzar a estirarlas y ordenarlas. Terminó de acomodar el edredón y volvió a recostarse sobre su espalda, luego de coger su varita de la mesita de noche y hacer un encantamiento sobre el colchón para que tuviera una temperatura agradable.
Miró el techo unos segundos antes de volver a cerrar los ojos. Las primeras dos noches de esa semana había lidiado bien con sus pesadillas, pero habían sido menos agresivas. La tercera, en cambio…en fin. Ahora, la cama le parecía demasiado grande esa noche. Agarró una de las almohadas y se cubrió con ella la cara, presionándola hacia sí mismo con ambas manos mientras ahogaba un grito de frustración hundido en la tela.
Soltó la almohada, derrotado, y se acomodó en la cama tratando de ocupar el mayor espacio posible. Ojalá supiera si alguna vez irían a parar sus pesadillas. Ahora debía agregar la extraña sensación de soledad que lo embargaba.
Hermione estaba inquieta. No tenía nada que ver con que Teddy hubiera derramado su taza de leche sobre la mesa y hubiera mojado uno de los pergaminos que ella había traído del ministerio para leerlo antes de dormir. Remus se había disculpado más veces de las que podía contar y Teddy le había pedido perdón con los ojos llenos de lágrimas. Ella había dicho que no se preocupara, que había sido un accidente, que no le importaba y era cierto. Con un encantamiento sencillo podía al menos hacer del documento algo legible, después de todo, ella necesitaba estar al tanto del contenido y el pergamino podía desecharlo.
Cogió a Teddy y lo sentó en su regazo, mientras ella y Remus bebían una cerveza de mantequilla poniéndose al día. Ella adoraba sus momentos a solas con Remus. Había encontrado en él un amigo tan leal como Harry y Ron, pero con todos los años de experiencia que ellos carecían. Algunas veces se avergonzaba de haber pensado que de no ser por la existencia de Tonks, tal vez podrían haber terminado juntos después de la guerra, o después de haber estado con Ron. Nadie podía negar todas las cosas que tenían en común, además del leve enamoramiento que el profesor Lupin había generado en ella cuando estaba en su tercer año en Hogwarts. Bien sabía que un hombre inteligente era su punto débil si de seducción se trataba. Pero Tonks era una de sus mejores amigas y lo que ella sentía por Remus era total y completamente platónico. Hermione era feliz siendo su amiga y poder ser la madrina de su hijo la llenaba de orgullo.
Estaba escuchando a Remus hablar mientras estos pensamientos cruzaban por su mente cuando escucharon el inconfundible sonido de las llamas de la Red Flu seguido por el sordo sonido de algo cayendo en el suelo del salón.
Se miraron unos segundos y se dirigieron al salón rápidamente. Remus le dijo a su hijo que se quedara en la cocina por cualquier cosa, pero Teddy lo ignoró completamente y corrió detrás de ellos. Hermione entró al salón y su preocupación se evaporó al ver a Ginny en el suelo, vestida con el uniforme de entrenamiento de las Arpías. Sin embargo, frunció el ceño al ver que estaba prácticamente desparramada, recostada boca abajo con una mejilla sobre la alfombra mientras los miraba hacia la puerta, pero no se movía.
-¿Ginny?- la llamó Remus, extrañado.
-Ah, hola- dijo ella débilmente, pero intentando sonreír.
-¿Amiga, estás bien?- inquirió la castaña, acercándose a ella velozmente y arrodillándose a su lado.
-Sí…o sea, no, pero no me toques- dijo la pelirroja con voz de súplica- He tenido el entrenamiento más duro de toda mi vida y no puedo mover ni un solo músculo. ¡Me duelen músculos que no sabía que tenía!
-Como un hombre lobo que se transforma cada mes, creo que puedo empatizar contigo- dijo Remus apoyándose en el marco de la puerta, divertido.
-Te admiro, Remus, pero si no me levitan a mi habitación, planeo dormir aquí mismo sobre la alfombra- dijo ella cerrando los ojos evidentemente cansada.
Teddy se rió y corrió hasta ella, recostándose a su lado.
-Si quieres, yo puedo dormir aquí contigo y te hago compañía- dijo el peliazul acariciando la larga melena pelirroja de la chica con su pequeña mano. Ginny rió sin fuerzas.
-Gracias, pequeño Lupin.
-No pensé que un entrenamiento de quidditch sería tan duro- comentó Hermione, curiosa.- Después de todo, los jugadores siempre están montados en las escobas, ¿no? No es que deban usar mucho el cuerpo como en otros deportes.
-Hermione, eres demasiado lista para tu propia seguridad, pero nunca vas a comprender el quidditch porque no te gusta volar- comentó Remus, suspirando y riendo al mismo tiempo.
Granger iba a replicar a su amigo, pero entonces escucharon que se abría y cerraba la puerta de calle y Hermione no pudo evitar que su cuerpo se pusiera en alerta. Sabía perfectamente de quién se trataba. Los pasos se acercaron rápidamente y entonces Sirius Black apareció en la entrada del salón. Sonrió al verlos, pero luego arqueó una ceja ante la escena.
-¿Me he perdido de algo?
Llevaba su chaqueta de cuero encima de una camiseta gris con pantalones muggles. Era evidente que había salido a pasear en la motocicleta. Hermione vio que miraba a Ginny y a Teddy, luego a ella, a Remus y finalmente regresaba su vista hacia ella. Sus miradas se cruzaron un par de segundos hasta que Lupin habló.
-Ginny está resentida por su entrenamiento.
-¿La han explotado mucho?- preguntó Sirius, riéndose mientras caminaba hacia el interior del salón.
-Así parece.
-Oigan, me parece fantástica esta reunión familiar, pero de verdad agradecería que me levitaran a mi cama- interrumpió Ginny, gruñendo.
-SI yo pudiera hacer magia, Ginny, lo haría- dijo Teddy poniéndose de pie y acercándose a su madrina, quien lo abrazó.
-Está bien, yo te llevo- dijo Remus, acercándose a la Weasley y tomándola en brazos.- Antes de que aparezca Harry y le dé un ataque de pánico creyendo que te ha pasado algo.
Hermione se rió y sintió la mirada de Sirius sobre ella. Inevitablemente, lo miró de vuelta y él le sonrió. No era una sonrisa seductora, era una sonrisa honesta. Ella sabía que él quería hablar con ella, podía intuirlo, pero no quería irse con él a otra habitación de la casa para conversar. No tenía ganas de entrar a ciertos terrenos de conversación, así que sólo le devolvió la sonrisa, un tanto débil y un tanto incómoda al mismo tiempo. Además, podía sentir que Remus los estaba mirando y no quería tener que dar explicaciones.
-Remus, no soy una chica que cree en príncipes y esas cosas de los cuentos muggles- comenzó Ginny, acurrucada en el pecho de su ex profesor-, pero en este momento te pareces mucho a uno, salvándome de mi desgracia.
-Vale, Ginny, creo que el entrenamiento también ha cansado tu cerebro- dijo el licántropo riendo y saliendo del salón, rumbo a las escaleras.
Sólo quedaban Hermione, Sirius y Teddy. Mientras ella se ponía de pie, podía sentir que él la observaba atentamente, estudiando sus movimientos. Decidió tomar medidas más drásticas.
-Teddy y yo vamos a ir a jugar a mi habitación, ¿verdad?- dijo mirando a su ahijado sonriendo.
-¡Sí! Oh, Mione, ¿y puedes hacer ese encantamiento con tu varita para hacer levitar las almohadas y hacer un fuerte flotante?- preguntó con emoción mientras Hermione lo cargaba entre sus brazos y lo acomodaba en su cintura.
-Claro.
Hermione se maldijo mentalmente mientras subía la escalera. Había dejado a Sirius en el salón y él había anunciado que iba a prepararse un bocadillo en la cocina. Ella sabía que él había comprendido que lo estaba evitando. Subiendo, se repitió una y otra vez que debía dejar de darle más importancia a las cosas de la que tenían. Pero también llevarse a Teddy con ella era un movimiento cobarde. Sabía que Sirius no le diría nada con él presente.
-Vale, Teddy, ¿cuántas almohadas usaremos para construir el fuerte?- preguntó, sabiendo que en ese momento su habitación era un refugio seguro.
