CAPÍTULO 6:

Morfina

Tell me what you need

Oh, you look so free.

The way you use your body, baby,

Come on and work it for me.

Don't let them get you down,

You're the best thing I've seen.

We never found the answer,

But we knew one thing:

We all have a hunger (…).

Oh you and all your vibrant youth!

How could anything bad ever happen to you?

You make a fool of death with your beauty

And for a moment I forget to worry.

(Hunger – Florence + the Machine)


Desde el fin de la guerra, la navidad se había convertido en una de las fechas favoritas de los Weasley, los Lupin, Andrómeda, Harry y Hermione. Nunca nadie faltaba para su celebración y Molly adoraba poder cocinar para todas las personas de su familia que se había extendido tanto. Ese año también era especial porque Charlie había podido venir, Sirius era un nuevo integrante y Ron llevaba a Clare.

Hermione estaba muy contenta. Había llegado un poco más tarde porque se había demorado en el ministerio, así que prefirió pasar a casa a darse una ducha y cambiarse de ropa antes de llegar a La Madriguera. Se apareció en los terrenos alrededor de la casa y apenas había cruzado la puerta de entrada, fue abordada por Fleur. Ellas se habían hecho muy cercanas después del tiempo que la francesa había pasado cuidándola en Shell Cottage luego del episodio en la Mansión Malfoy. La rubia la había arrastrado hasta el salón donde se encontraban sentados Tonks, Ginny, Angelina, George, Fred y Charlie. Bill estaba en el patio jugando con Victoire, que ya tenía tres años, y Teddy, porque había comenzado a nevar y tanto la una como el otro disfrutaban intentando atrapar copos de nieve.

Desde donde estaba sentada, pudo ver que Harry, Remus y Sirius bebían whiskey de fuego junto a la chimenea, al otro extremo de la casa, aprovechando el calor de las llamas.

-¿Dónde están Ron y Clare? Quiero conocerla- dijo Hermione, sentándose entre Fleur y Angelina y buscándolos con la mirada.

-Están en la cocina con mamá y Andrómeda- respondió George, riendo.- Seguro que ellas quieren hacerle muchas preguntas.

-¿Y qué tal es?

-Es simpática- dijo Ginny, bebiendo vino de su copa.- Ya me cae bien. No puedo aprobar cualquier mujer para mis hermanos- agregó, recelosa.

-¡Oye!- dijeron al unísono Fleur y Angelina.

-Ustedes me caen bien también y las quiero- aclaró la pelirroja apuntándolas con su dedo índice, riendo.

-El punto es que Clare parece ser una buena candidata para pertenecer a esta familia- dijo Charlie, sonriendo.- A papá le ha agradado bastante porque al parecer su madre es muggle y se ha puesto a hacerle muchas preguntas que Clare ha respondido de buena gana.

-Creo que todo va a depender del veredicto de mamá- comentó Fred.

-Pero Molly no puede decidir sobre sus parejas- opinó Tonks, bebiendo también.

-No sé hasta qué punto eso es cierto- dijo Angelina, riéndose.- La primera vez que George me trajo aquí, he sentido que Molly analizaba cada una de mis acciones y palabras.

-Pero has pasado la prueba con honores- dijo George besándola rápidamente en la mejilla.

-Yo creo que mamá aún espera que Ron y Hermione vuelvan a estar juntos- dijo Ginny, encogiéndose de hombros.

-Eso no va a ocurrir- dijo inmediatamente Hermione, suspirando.- Ron y yo estamos mucho mejor siendo amigos.

-Y los apoyamos en su decisión- dijo Fleur tomándole la mano confortadoramente y sonriendo.

-¡Ah, Hermione!

Arthur salía de la cocina y sonrió al verla. Se acercó al grupo y le alcanzó a la castaña un vaso del delicioso ponche que Molly solía hacer cada año.

-¿Cómo estás?

-Bien, señor Weasley- dijo ella sonriendo mientras tomba el vaso con su mano.

-Querida, llámame Arthur, por favor- le dijo él cariñosamente. - ¿Has conocido ya a la adorable Clare?

Justo en ese momento, Ron y Clare salieron de la cocina riéndose. Hermione pudo ver que era muy guapa. Tenía el cabello rubio oscuro, cortado recto y le llegaba hasta los hombros. Su rostro era delgado y podía ver que más o menos la irlandesa y ella medían lo mismo. No era extremadamente delgada y se movía con gracia. Algunos de sus movimientos le recordaban a Fleur. Su sonrisa era radiante y cuando cruzaron miradas, pudo ver sus ojos verdes y su expresión, dulce. Clare tenía todo para ser una chica arrogante y altanera, pero ahí estaba de pie con toda su sencillez. Hermione le sonrió de vuelta cuando Ron y ella se acercaron y se puso de pie mientras él las presentaba.

-Hola, Hermione- dijo con su acento irlandés, extendiendo una mano hacia ella.

-Hola, Clare, encantada de conocerte- dijo Hermione con una sonrisa, obviando la mano y acercándose a ella para darle un abrazo corto.- ¡Qué bien conocerte por fin! ¡Ron sólo habla de ti últimamente!- agregó, haciendo que el pelirrojo se sonrojara.

-Y lo mejor de todo- dijo Harry llegando y uniéndose a la conversación, riendo- es que cuando me ha visto la primera vez me ha preguntado cómo me llamaba.

-Realmente no te he reconocido, lo siento- dijo Clare sonriendo un poco avergonzada.

-No te preocupes, Harry adora el anonimato, lo has hecho muy feliz- respondió Ginny riéndose.

Sirius y Remus se habían quedado cerca de la chimenea. El primero observaba la escena que tenía a unos metros con bastante atención. De hecho, se sentía sorprendido por la naturalidad con que Hermione y Clare estaban hablando. En su plena juventud, cuando él había salido con alguna bruja y luego aparecía con otra, siempre recibían miradas de odio y resentimiento, aún cuando él les había dejado siempre en claro a todas que no le interesaba involucrarse seriamente.

-Es raro ver a Hermione hablando tan resuelta con Clare, ¿no te parece?- dijo Sirius bebiendo de su vaso de whiskey de fuego.

-Hermione ya no siente nada romántico por Ron, Padfoot- respondió Remus mirando en la dirección que lo hacía su amigo.

-Sí, lo sé, pero de todos modos…es poco común- terminó encogiéndose de hombros.

-Bueno, Hermione es una bruja poco común, si lo miras así.

-¿Así lo crees?

-¿Me tomas el pelo?- replicó Remus mirándolo con las cejas levantadas.- Estamos hablando de la bruja que a los catorce años te salvó de los dementores sin conocerte de nada.

-Sí, lo sé- concedió Sirius desviando su vista y fijándola en las llamas del fuego de la chimenea junto a él.

-¿Y de todos modos, desde cuándo te importa una nimiedad como que Hermione y Clare se lleven bien?- inquirió Lupin observando a su amigo con el ceño fruncido.

-¿Por qué no debería importarme?

-Porque nunca en la vida te han importado esas cosas.

-Vale, Moony, la vida me ha hecho cambiar mi visión de las cosas bastantes veces, muchas gracias- replicó con amargura y vaciando de un trago lo que le quedaba de whiskey en el vaso.

-Últimamente estás muy raro, Padfoot.

-Estoy igual que siempre, Remus.

-¡La cena ya está lista!- dijo Molly saliendo de la cocina mientras levitaba unas fuentes rebosantes de comida, ayudada por Andrómeda.

Lo cierto es que Remus tenía razón. Sirius no quería reconocer en voz alta que a una parte muy profunda en él le interesaba la reacción que tendría Hermione al conocer a Clare. Por las cosas que ella misma le había contado y por la manera en que ella, Harry y Ron hablaban del tema, podía entender que Hermione ya no tenía los sentimientos que alguna vez tuvo por el menor de los hombres Weasley. Sin embargo, había pensado que, al encontrarse de frente con la nueva novia de Ron, quizás Hermione sentiría un poco de celos y se mostraría levemente a la defensiva con la rubia. Finalmente había sido todo lo contrario y ahora no sabía si sentirse estúpido, si sentirse satisfecho, si sentirse aliviado, si sentirse indiferente. No entendía nada de lo que le estaba pasando en ese momento.

Hermione lo había estado evitando durante los últimos días. Se habían visto en la casa, habían conversado e interactuado normalmente en las mañanas cuando desayunaban o cuando ella regresaba del trabajo, pero en esas ocasiones siempre había más gente presente. No obstante, cuando él subía a acostarse, ella ya estaba en su habitación o estaba en la biblioteca leyendo. Pero ya no se encontraban en el pasillo de la tercera planta que compartían como solía ocurrir algunas veces. Sirius era consciente de la razón que hacía que Hermione no quisiera quedarse a solas con él. Sabía que ella no quería tener la conversación que tal vez deberían tener. Pero él no quería perder la cercanía que habían alcanzado desde que ella había regresado de Estados Unidos y si en algún momento pensó que era mejor obviarlo todo por la mínima probabilidad de que eso ocurriera, ahora sentía que estaban dentro de una olla que estaba a punto de ebullir.

Se sentaron todos en la mesa para comer. Hermione se había sentado entre Charlie y Fred rápidamente. Frente a ella, estaban Harry y Ginny. Junto a la pelirroja se había sentado Tonks, luego Teddy, seguido por Remus y Sirius. Vio que en un extremo de la mesa, el más cercano a Black, estaba Arthur y en el otro extremo se había sentado Molly. Todo el mundo conversaba alegremente. Hermione rió al ver que Teddy jugaba con su comida mientras Victoire, que estaba sentada frente a él entre sus padres imitaba lo que él hacía. Sin embargo, sintió que Sirius la miraba desde su puesto, así que volvió a concentrarse en su comida.

-Debo decir que la adorable Clare se ha ganado el corazón de mi madre- le comentó Charlie acercándose un poco a ella para que los demás no los oyeran.

Hermione siguió la vista de su amigo hacia Molly, quien hablaba animadamente con la irlandesa en perpendicular a la matriarca. Ron, sentado al lado de su novia en el lado opuesto de la mesa en el que se encontraba Granger, sonreía satisfecho y aliviado porque su madre aprobara a la chica que había llevado a casa. Se sentía feliz por su amigo. No le había conocido a ninguna novia desde que ellos habían terminado y Hermione, en algún minuto, había temido que lo hubiera dañado mucho su fallida relación.

-Me alegro mucho por Clare- respondió ella llevándose el tenedor a la boca.- Ron se merece que le sucedan cosas buenas en la vida.

-Lo sé- concordó el entrenador de dragones, bebiendo de su copa de vino.- Aún así, estoy seguro que tú siempre serás la favorita de mamá para casarse con Ron…

-Charlie, no digas eso- lo interrumpió Hermione rodando los ojos.

-No me interrumpas- le dijo él.- Decía que siempre serás la favorita de mamá para casarse con Ron, pero que ahora que Clare ha aparecido, tal vez mamá intente emparejarte con alguien más de esta familia, como conmigo o con Fred- terminó Charlie riendo libremente, causando que la bruja le golpeara el brazo con su mano.

-Cállate- masculló mirándolo con reproche, pero divertida.

-Vamos, Granger, ¿no te apetece vivir entre dragones en Rumania?- bromeó causando que Hermione se riera y casi se atorara con su vino mientras bebía.

Hermione entonces escuchó a Andrómeda, quien estaba sentada perpendicularmente a Arthur, y a Fleur hablando de ella y puso más atención a la conversación que ocurría unos puestos más hacia su lado derecho.

-Yo no sé cómo lo logra- decía Andrómeda mientras comía-, pero cada vez que he ido al ministerio, Hermione sabe exactamente cómo ayudarme.

-Es genial, siempre que le he llevado documentos de Gringotts, los revisa y soluciona cualquier problema que tenga- agregó Fleur.

-Hermione tiene todas las cualidades para tener una gran carrera en el ministerio de magia- comentó Arthur asintiendo con su cabeza.

-Y para qué mencionar que Victoire la adora, ¿verdad, cariño?- dijo Bill mirando a su hija.

-¡Sí!- respondió ella sonriendo abiertamente a su papá.

-Y sé que esto no tiene nada que ver, pero desde que regresó de Nueva York, las ondas de su cabello están siempre perfectas y me encanta cómo realzan las facciones de su rostro- comentó Fleur moviendo las manos para dar énfasis a sus palabras.

-Estoy seguro que será la próxima ministra de magia- dijo Sirius justo cuando el volumen de las conversaciones en la mesa disminuía, logrando que todos lo escucharan.

-¿Quién será la próxima ministra de magia?- inquirió Molly, mirándolo con curiosidad desde el otro extremo de la mesa.

-Hermione- respondió él con obviedad. La aludida sintió que su estómago se apretaba.

-¿Pero por su inteligencia o por su cabello?- bromeó Fred, retomando la conversación previa.

-Claramente por su inteligencia- aclaró Sirius rodando los ojos con impaciencia.- Hermione es la bruja más brillante que he conocido, sin ofender a las demás- agregó rápidamente mirando alrededor de la mesa-, pero también es guapísima y no voy a ser yo quien deje de mencionarlo- terminó, dando un sorbo a su copa de vino.

Hermione sintió que se sonrojaba levemente y miró alrededor de la mesa para estudiar el impacto que habían tenido las palabras de Sirius Black, pero al parecer nadie encontraba extraño que el animago le hiciera un cumplido tan potente como aquel. Todo el mundo asentía como si lo que él acababa de decir fuera evidente. No obstante, vio que aunque tanto Ginny como Tonks asentían, la miraban con expresiones curiosas y que Remus tenía arqueada una ceja mientras miraba a Sirius, quien se encogió de hombros ante la cuestionadora mirada del licántropo. Genial, pensó ella irónicamente, toda la atención que siempre he querido tener.

-¡Completamente de acuerdo!- dijo de pronto Charlie levantando su copa y Hermione comprendió que intentaba apaciguar el ambiente.- ¡Salud por la futura ministra de magia!

-¡Salud!- corearon todos chocando sus copas.

-¿Qué ha sido eso?- le susurró el mismo mientras hacía chocar su copa con la suya.

-Nada- replicó rápidamente Granger.

-Vale, claro. Me lo cuentas la próxima vez que te vea- dijo Charlie mientras Hermione le daba un codazo en el costado disimuladamente.


Enero había golpeado el sur del Reino Unido con interminables días de nieve y mucho frío. Hermione, Tonks y Ginny habían decidido retomar su tradición de ver películas un sábado por la tarde al mes en el salón de Grimmauld Place. Había sido constantemente interrumpida entre la maternidad de Tonks, la ausencia y el trabajo de Hermione y los entrenamientos y campeonatos de quidditch de Ginny, así que como primera resolución del nuevo año que empezaba, decidieron tacharla de la lista.

Estaban las tres sentadas sobre el sofá más grande, cada una con una tarrina de helado mirando el televisor que Hermione había logrado instalar hacía años con la ayuda de magia. A veces hablaban sobre otras cosas cuando la película tenía escenas que no eran significativas para la trama y luego se quedaban en silencio. Fue cuando comenzaron los créditos de la segunda película que terminaban cuando Ginny decidió poner sobre la mesa lo que llevaba pensando desde la navidad, cuando habían ido a cenar a La Madriguera.

-¿Sabes, Hermione? A veces pienso que Sirius te mira diferente.

Hermione giró su cabeza para mirarla. Ginny no estaba bromeando. Tenía esa cara de resolución cuando algo se le ha metido en la cabeza y nadie puede hacerla cambiar de opinión, pero Hermione no tenía ganas de discutir lo que sabía que iba a decir su amiga.

-Por supuesto que me mira diferente, ya no soy la adolescente de dieciséis años que conocía y podemos tener conversaciones como adultos- dijo la castaña rodando sus ojos y llevándose la cuchara llena de helado a la boca.

-No, me refiero a que no te mira como me mira a mí, o a Tonks, o a Angelina, o a Luna, o a Fleur- explicó la pelirroja, dejando su helado sobre la mesa frente a ella.- A nosotras nos mira como su familia, porque lo somos, pero contigo...- dejó la oración sin terminar y se encogió de hombros.

-Es verdad- dijo Tonks incorporándose de repente sobre el sillón mientras se llevaba los dedos a la boca para quitarse los restos de helado.- Yo también me he dado cuenta, Hermione. Sirius te mira como si de pronto esperara algo más de ti.

-¿Cierto que sí?- dijo Ginny sonriendo, feliz de que su amiga la apoyara y no fueran sólo alucinaciones suyas.- Es como si él conociera algo de ti que nosotras no, en un sentido diferente. De hecho, confieso que para Noche Buena pensé que él estaba esperando que, de pronto, lo miraras, cruzaras la habitación y lo abrazaras.

-Incluso Remus me ha comentado que cree que últimamente está actuando raro- agregó la metamorfomaga frunciendo el ceño y buscando alguna respuesta en la cara de Hermione, como si estuviera escrita en su piel.- Pero simplemente no tiene idea de qué es lo que lo tiene así.

-Es como si le gustaras un poco- dijo Ginny abriendo los ojos y riéndose pícaramente.

-Están totalmente locas- dijo Hermione bufando, harta de escuchar todas esas conjeturas. Sentía que su estómago se retorcía y estrujaba.

-No, Mione, debes reconocer que tenemos un poco de razón- dijo Tonks, volviendo a retomar su helado.

-¡Por supuesto que no! - chilló la castaña, sentándose para mirar a sus amigas, la desesperación fluyendo por ella.- ¡Cómo pueden decirme eso sobre Sirius! ¡Es absolutamente caótico! ¡Estuvo muerto por seis años y de repente regresa a la vida sin que sepamos cómo lo hizo! ¡Es el padrino de mi mejor amigo! ¡Siempre fue un mujeriego! ¡Quizás sigue siéndolo! ¡¿Cómo quieren que les crea que, de repente, siente algo por mí?!- espetó mientras dejaba también su helado sobre la mesa, imitando a la Weasley. Su corazón latía rápidamente.

-Hermione, todos escuchamos lo que te dijo esa noche en La Madriguera- dijo Ginny mirándola con la cabeza ladeada y tomando su mano entre las suyas.

-¡¿Y qué tiene de importante lo que me dijo?!- inquirió la otra, soltándose de su amiga- ¡Todo el mundo sabe que Sirius Black era el hombre más codiciado en su paso por Hogwarts y que él disfrutaba eso! ¡Y ahora yo...!- pero se cortó en seco. Ginny y Tonks se miraron y luego volvieron a mirar a Granger.

-Ahora tú qué- preguntó la metamorfomaga con el entrecejo fruncido.

La castaña la miró con culpabilidad, reflejando algo en sus ojos que su boca no era capaz de articular. Suspiró y luego gruñó, tapándose la cara con ambas manos. Ginny fue la primera en comprender lo que ocurría.

-¡Hermione Granger, te has acostado con Sirius Black!- chilló Ginny boquiabierta mientras la aludida se cubría la cara con un cojín.

-¡¿Qué?!- Tonks abrió sus ojos como platos y casi volteando su helado sobre el sillón -¡¿Es verdad?!- Hermione asintió aún con el rostro oculto.- ¡¿Por qué no nos habías contado?!

-Porque no ha sido una buena idea- respondió ella suspirando, lanzando el cojín al suelo. - Quiero decir, no es algo que yo haya planeado hacer.

Hermione despertó asustada. Otra vez las pesadillas se colaban en sus sueños. Gruñó en frustración, conteniendo las lágrimas que amenazaban con escapar. Bellatrix volvía a atormentarla. Pero no había despertado por sí misma, algo más había aparecido en su sueño, una voz ajena. Le tomó un tiempo darse cuenta que la voz venía de la habitación de Sirius.

-No sabía que aún tenías las pesadillas- comentó Tonks, interrumpiéndola.

-Sí, las tengo, pero hace demasiado tiempo que no- mintió.

Ella sabía que sus amigas tenían conocimientos de sus pesadillas, al menos a nivel general, y no quería profundizar en eso. Nunca le había contado a nadie al detalle de qué se trataban porque odiaba tener que recordarlas y porque no quería por nada del mundo que lo supieran. Su entorno cercano sabía lo más simple, que Bellatrix y la escena de la Mansión Malfoy aparecían en sus sueños. Pero ella estaba contándoles ahora otra situación complicada.

Con cuidado, se levantó curiosa cogiendo su varita de su mesita de noche y se aventuró en el corredor para ver qué ocurría. Cuando abrió la puerta, vio a Sirius moviéndose intranquilo en su cama, balbuceando alterado. Su silueta resaltaba en la oscuridad de la habitación. Parecía asustado. Insegura sobre qué hacer, encendió la punta de su varita, decidió acercarse lentamente y sentarse sobre el colchón. De alguna forma, concentrarse en él le hacía olvidar lo que había soñado hasta hace pocos instantes. Con cuidado acarició su cabeza, algunos mechones de su ondulado cabello estaban mojados por el sudor de su frente, y le susurró que estuviera tranquilo, que estaba soñando. No sabía qué más hacer porque despertarlo podría confundirlo y no quería que la atacara sin querer. Estaba ya desesperándose porque Sirius no dejaba de moverse y gimotear a pesar de sus intentos por serenarlo, cuando despertó.

Sirius se sentó bruscamente sobre la cama y la miró angustiado, los ojos abiertos en alerta, su pecho subiendo y bajando mientras respiraba con dificultad. Hermione sólo lo miró, sintiendo tanta empatía hacia él porque sabía exactamente cómo se sentía, ella se sentía exactamente igual. Vio que él la reconocía cuando su mirada se suavizó y entonces, la abrazó.

-¿Qué haces aquí?- preguntó él con la garganta seca, luego de soltarla. Hermione tomó el vaso vacío que había en la mesita de noche y conjuró Aguamenti antes de pasárselo y dejar su varita donde había estado el vaso.

-Te he escuchado desde mi habitación- respondió ella mientras él bebía todo el contenido del vaso, sediento.- Yo tampoco estaba soñando cosas muy agradables.

Sirius la miró con el ceño fruncido mientras ella bajaba la vista y suspiraba. Evidentemente ella seguía muy afectada por lo que fuera que se había cruzado en su sueño y sintió un arranque de agradecimiento hacia Hermione por estar ahí, a pesar de no encontrarse bien del todo.

-¿De qué iba tu pesadilla?-inquirió él, dejando el vaso otra vez sobre la mesa.

-Bellatrix- fue todo lo que dijo, mirándolo brevemente a los ojos antes de desviar su mirada hacia la ventana.

-¿Cómo estás?

-No lo sé.

Él volvió a abrazarla y ella se dejó envolver por sus brazos. Su camiseta estaba aún húmeda por el sudor, pero a ella no le importó. Hacía mucho tiempo que nadie cuidaba de ella después de sus pesadillas, las que lamentablemente se estaban repitiendo varias veces en las últimas semanas.

-¿Qué estabas soñando tú?- preguntó Hermione sin soltarlo.

-Azkaban- ella asintió en silencio sobre su hombro, en señal de comprensión.

El silencio se prolongó en ese abrazo durante bastantes minutos, pero ni a él ni a ella les importó. Sus respiraciones comenzaron a calmarse hasta retornar a su ritmo natural.

-Me iré a mi habitación, ¿vale?- dijo la castaña, sintiéndose cansada de pronto. Sirius rompió el abrazo y buscó nuevamente su mirada.

-¿Estás mejor?- preguntó el ojigris, pero ella no dijo nada. Hermione aún sentía el recuerdo invasor del peso del cuerpo de Bellatrix sobre el suyo, exigiéndole respuestas.- Si quieres, puedes quedarte a dormir aquí- agregó él, hablando casi en un susurro.

Ella levantó la vista hasta tropezar con sus ojos grises. En otra persona ella habría encontrado calma y paz, pero en él encontró tormento y angustia. Comprendió entonces que Sirius aún seguía afectado por la pesadilla que él había tenido y que, de alguna forma, ansiaba que se quedara. Se comunicaron sin palabras y Sirius pareció entender que aceptaba su propuesta porque se movió para hacerle un espacio junto a él y abrió sus brazos para que se acurrucara, en silencio. Apagó su varita, la dejó sobre la mesa y una vez encontró una posición cómoda, ella suspiró y se relajó. Sintió que Sirius hundía su rostro en su cabello y respiraba profundamente. No pasó mucho tiempo hasta que cayó profundamente dormida.

Ginny intercambió una mirada con Tonks. Ambas sabían que tenían muchas preguntas, pero no querían interrumpir su relato porque todo esto era importante para ella. Hermione nunca había sido el tipo de chica que se había acostado con hombres libremente por la vida, siempre había sido muy ordenada para todo, pero estaba claro que Nueva York había hecho cambios en ella como habían visto en las últimas semanas. Aún así, toda esta situación era ajena a ellas porque Sirius era total y completamente opuesto a Hermione y, por tanto, algo imprevisible e inesperado. Si Hermione hubiera empezado a salir con hombres cada fin de semana, hubieran esperado que fueran otros, pero no Sirius Black.

Hermione sintió que su sueño se aligeraba y pestañeó un par de veces antes de abrir los ojos. La habitación estaba ligeramente iluminada por el comienzo del amanecer. Giró sobre su cuerpo y vio cómo Sirius giraba su cabeza hacia ella después de estar mirando el techo.

-¿Sirius, no has dormido?- preguntó ella en un susurro al darse cuenta que él parecía bastante despierto.

-Sí lo he hecho, sólo he despertado unos minutos antes que tú- susurró él, recostándose también sobre su costado para poder mirarla.- ¿Has dormido bien?

-Sí- respondió ella suspirando, aún sintiéndose un poco inquieta por la pesadilla de esa noche.- ¿Y tú?

-Sorprendentemente sí, no pensé que iba a poder conciliar el sueño después de todo, ya sabes.

Aún la oscuridad en la habitación era mucha, pero Hermione podía ver su rostro lo suficiente para saber que él estaba mirándola y atento a lo que dijera. No se había dado cuenta de lo que cerca que estaban hasta ese minuto. No sabía si Sirius era consciente de eso también. Todavía así, decidió que aprovecharía la oscuridad para hablar honestamente.

-Gracias por dejar que me quedara a dormir contigo- comenzó ella, un poco tímida, pero segura de querer decir todo lo que quería.- Estas pesadillas no me dejan bien por horas y realmente me ha hecho bien estar aquí.

-Tranquila, entiendo perfectamente lo que dices- dijo Sirius, tomando en serio cada una de sus palabras.- Creo que hoy nos hemos acompañado mutuamente, ¿no crees?

-Sí, es cierto- respondió Granger, acomodándose un poco.- Es sólo que eran mucho más frecuentes los meses que siguieron a la guerra y si hubieras estado aquí como esta noche, tal vez hubiera sido más fácil.

Era cierto. Nunca antes, ni siquiera durmiendo con Ron, había podido conciliar el sueño después de una pesadilla. No sabía por qué con Sirius había sido diferente. Tal vez era porque él entendía exactamente lo que estaba viviendo. Sin embargo, sintió que Sirius se tensaba ante sus palabras. Entonces, nerviosa, comprendió lo que había dicho y sintió la urgencia de explicarse.

-No quise culparte por no haber estado durante todo este tiempo, Sirius, no quise decir eso, me refería a que realmente nos hiciste mucha falta y jamás pensamos que volveríamos a verte, y de repente, apareces y...

-Hermione, he entendido bien lo que quisiste decir- la interrumpió Black acercándose a ella y depositando un beso en su frente.

Hermione cerró los ojos ante esa inesperada muestra de afecto y cuando los volvió a abrir al segundo de haberlos cerrado, él estaba mirándola. No supo explicar qué se apoderó de ella, pero tardó un momento en darse cuenta que se había inclinado hacia él y había atrapado su boca con sus labios. Al principio Sirius no respondió. Pudo sentir cómo él dejaba de respirar por unos segundos antes de corresponderle. Y aunque no sabía por qué estaba haciendo esto si ella no era así, algo le dijo que todo estaba bien, que podía confiar en Sirius, que se sentía acogida, abrigada y que el miedo que había sentido con su pesadilla estaba desapareciendo. Acercó su cuerpo y dejó que él la abrazara por la cintura para acercarla aún más al suyo. Aprende a escuchar a tu cuerpo, le había dicho su terapeuta en una de sus primeras sesiones y eso decidió hacer.

Hermione no quería pensar en lo que estaba pasando, sólo quería sentir. Sentir los labios de Sirius sobre su boca, sentir los rastros del olor masculino de su perfume, la manera en que acariciaba su piel. Sentir una de sus manos subiendo por su costado, sobre sus costillas y envolver uno de sus pechos con sus dedos. No pudo evitar gemir dentro del beso. Sirius tampoco.

El animago aumentó la intensidad del beso y le quitó la camiseta de tirantes que usaba de pijama antes de recostarla sobre su espalda para posicionarse encima de ella, entre sus piernas, mientras Hermione le arrancaba la camiseta antes de que él comenzara a besar su cuello y bajara por su esternón hasta besar sus pechos. Se dejó absorber por los escalofríos que su boca le causaba y dejó que sus propias manos acariciaran su espalda tonificada, sus brazos, su cabello.

Bajo sus manos, la piel de Sirius ardía. Él volvió a su boca y deslizó sus manos lentamente hasta acariciar sus muslos. Instintivamente, Hermione movió su cadera para acoplarla a la de Sirius y se regocijó en sus gemidos cuando rozó su erección a través de la tela y los propios cuando él copió el movimiento que ella había hecho. Acarició su pecho tatuado y poco a poco Bellatrix, el dolor punzante en su brazo izquierdo donde la mortífaga había cortado su piel para escribir Sangre Sucia, la maldición Cruciatus atravesando cada uno de sus nervios, comenzaron a desvanecerse bajo las caricias y los besos de Sirius Black.

Él era como una droga. Como morfina, la que se usa en el mundo muggle para aplacar el dolor y que también puede llegar a ser muy adictiva. Y no quería esperar más. Desesperada, usó sus manos para bajar el pantalón de Sirius y él, después de romper el beso y jadear un poco por la sorpresa, la imitó con la misma urgencia. Cuando ambas prendas quedaron olvidadas al fondo bajo el edredón, sintió las manos de Sirius que subían por sus muslos y quiso acariciarla entre las piernas mientras besaba su cuello con ímpetu, comprobar quizás si estaba lista para él o sólo jugar un poco más, pero Hermione quitó su mano y rodeó inmediatamente su cadera con sus piernas, instándolo a entrar en ella. Sirius levantó la cabeza para mirarla, un poco sorprendido, pero con los ojos llenos de deseo. Hermione le sostuvo la mirada y presionó su cadera contra él.

Sirius tomó con fuerza sus caderas y ella cerró los ojos al sentirlo mientras su espalda se arqueaba y se dejaba embriagar por la sensación de tener a Sirius dentro, disfrutando el gruñido que soltó él cuando entró profundamente. No fue difícil concentrarse en sentir otra vez. Los sucesos ocurridos en la Mansión Malfoy ya no estaban atormentándola, estaban muy lejos en su cerebro, sólo existían ella y Sirius... Sirius... Las embestidas profundas y constantes... Sirius... Sus gruñidos... Sirius... Sus propios gemidos, su lengua y sus besos hambrientos sobre su boca, bajando por su mandíbula, deslizándose a su cuello, su clavícula... Sirius... La mano del animago levantando uno de sus glúteos para mejorar el ángulo que le daba acceso a ella y su otro antebrazo apoyado en el colchón para no aplastarla... Sirius... Sólo existían sus piernas rodeando su cuerpo, presionando su espalda, las maravillosas sensaciones que el roce de su pelvis causaba sobre su clítoris con cada embestida... Sirius... Su piel ardiendo... Sus pechos al balancearse por sus movimientos, sus brazos rodeando su espalda, sus dedos enredándose en su cabello oscuro, los gemidos que salían de su propia boca…Más rápido, más fuerte… jadeaba.

Justo cuando comenzaba a sentir la ebullición irrefrenable en su bajo vientre, Sirius buscó su mirada. La habitación estaba más iluminada ahora que el sol estaba a punto de salir y Hermione se vio hipnotizada por la energía del gris de sus ojos. No pudo evitar sentir, además de lujuria, una mezcla de ansiedad, vulnerabilidad y temor ante la intensidad de los ojos que la miraban. Apretó su agarre con sus tobillos en su espalda. Sirius gimió incontrolablemente ante la agregada presión. Entonces, comenzó a sentir las contracciones de su orgasmo y cerró los ojos para dejarse consumir por él, aferrándose fuertemente a los tonificados músculos de Black. Olas de placer inundaron su cuerpo, una tras otra. Sintió que Sirius la besaba profundamente para camuflar sus intensos gemidos porque, como ella ya se había dado cuenta, no habían usado un encantamiento silenciador, y la sensación de sus labios cálidos sobre los suyos sólo aumentó la emoción que la abrumaba. Las embestidas de Sirius se volvían erráticas y más fuertes, sintiendo cómo el orgasmo lo atrapaba también a él al mismo tiempo que hundía su cabeza en el hueco entre su hombro y su cuello, gimiendo.

Por alguna razón que no pudo encontrar, mientras sus cuerpos se calmaban y su respiración volvía a un ritmo normal, tanto él como ella se aferraron mutuamente en un abrazo desesperado. Como no queriendo dejar ir la emoción que los embargaba, como si la vida se les fuera entre los brazos. Y en ese momento, mientras Hermione luchaba contra el nudo en su garganta que amenazaba con hacerla explotar en llanto, Sirius salió de ella, se recostó a su lado y enredó sus dedos en su cabellera, la sujetó por la nuca y atrajo su boca hacia él. Hermione cerró los ojos de inmediato, arrastrada por la emoción que seguía embargándola. Sus labios ya no desbordaban la pasión de hace unos minutos, aunque aún eran demandantes, pero estaban llenos de ternura. Ella acunó su rostro entre sus manos y no pudo evitar notar que las mejillas de Sirius estaban mojadas. Sirius estaba llorando y entonces ella no pudo reprimir más las lágrimas que estaba controlando. No sabía por qué. No sabía cómo había ocurrido todo esto. ¿Acababa de tener sexo con Sirius Black y ahora ambos lloraban? ¿Eso era una buena o una mala señal?

Hermione dejó de hablar, perdida completamente en el recuerdo. Tonks se acurrucó junto a ella y Ginny la imitó.

-Hermione...- dijo Tonks sin mirarla a la cara. Las tres miraban diferentes puntos en la pared del frente del sillón donde se encontraban sentadas. - No entiendo cómo tú y él interactúan después de algo así como si no hubiese ocurrido.

-¿Qué pasó luego de...? No sé si decir follar- dijo Ginny un poco aturdida- Suena demasiado emocional como para usar ese verbo.

-Nos quedamos ahí, abrazados- explicó Granger, suspirando.- Yo intentaba pensar en algo, pero no podía. Sirius tenía su cabeza enterrada en mi cuello y un rato después me preguntó si estaba bien y le dije que sí. Entonces debo haberme quedado dormida un momento y cuando desperté, ya había amanecido. Sirius dormía a mi lado, así que me levanté, me puse el pijama y me fui a duchar porque ese día tenía que estar temprano en el ministerio.

-¿Y ya está?- inquirió la pelirrosada y Hermione asintió con un movimiento de cabeza que ella sintió.- ¿Qué pasó esa mañana?

-Cuando entré a la cocina a desayunar vestida y lista para irme, creí que lo vería, pero él no estaba- comentó recostando su cabeza en el respaldo del sillón- y tú me dijiste que estaba con Remus en el salón.

-¡Recuerdo haberte dicho eso!- dijo Ginny sorprendida incorporándose rápidamente para mirarla.- ¡Hermione, eso fue unos días antes de que llegara muerta de mi entrenamiento!

-Sí, lo sé. Fue justo tres noches antes- la castaña suspiró, otra vez. Estaba suspirando mucho últimamente. - Y entonces asimilé que me había acostado con Sirius Black, el mayor playboy del mundo mágico y que, por lo tanto, probablemente todo lo que pasó esa madrugada no significó nada para él.

-¡¿Te has vuelto loca?!- gritó Ginny.

-Vale, fue todo un mujeriego antes de ir a Azkaban, no lo voy a negar- dijo la prima del involucrado-, pero evidentemente él sintió algo también.

-Pero yo no sé…no tengo claro por qué ocurrió- confesó Hermione, estirándose un poco para tomar el pote otra vez y jugando con la cuchara dentro de su helado cada vez más derretido.- A veces pienso que mi cuerpo reaccionó a su cercanía porque yo estaba mal y que a él le pasó lo mismo que a mí y nada más.

-¿Y eso es algo malo?- inquirió Tonks.

-Hermione, yo creo que Sirius debe estar muy confundido- aseguró Ginny.

Remus caminaba por el corredor de la primera planta buscando a su esposa. Había llegado a través de la Red Flu a la chimenea de la cocina. Entonces sus oídos licántropos escucharon su voz y la de alguien más en el salón del fondo con la puerta cerrada. Se acercó sigilosamente para escuchar. Eran Hermione, Tonks y Ginny.

-No creo- negó la castaña con un gran suspiro. Se escuchaba abatida. - Es mejor que yo lo acepte rápido y siga con mi vida. Ambos estábamos vulnerables esa noche y pasó. Fin. No hay nada más que pensar.

-Vale, Hermione, sí, ambos estaban vulnerables y quizás eso dio pie para lo que pasó. Quizás ambos lo necesitaban, pero es obvio que significó mucho para él como para ti- explicó Tonks.

-Sí, nadie folla de esa manera y luego sigue con su vida inalterada- reafirmó Ginny, con seguridad.

Remus se sintió un poco incómodo por la temática de la conversación cuando se dio cuenta que concernía a Hermione y sabía que no debía estar escuchando, pero no pudo retirarse. Cambió el peso de su cuerpo de una pierna a otra, inseguro.

-Recuerda cómo comenzaron Tonks y Remus- siguió la pelirroja, con un tono que intentaba claramente convencer. -Todo cambió cuando ella nos contó que ella se había quedado a dormir con él la primera vez, a pesar de todas las excusas que él le había dado antes.

Tonks se rió y Lupin no pudo evitar sonreír levemente al saber que su esposa les había compartido esa información a sus amigas. Y entonces la voz cansada de Hermione habló:

-Sí, pero Remus no es Sirius.

El hombre lobo dejó de respirar por un momento. Su boca cayó entreabierta y sus ojos se abrieron enormemente en sorpresa. ¡¿Hermione Granger y Sirius Black?! Y entonces entendió el extraño comportamiento de su amigo durante las últimas semanas, aunque no podía comprender más allá. Necesitaba hablar con él. Con cuidado, se alejó de la puerta y se dirigió a la puerta de calle donde podría aparecerse sin ser oído por las tres mujeres. Sabía exactamente dónde podría encontrar a Black.