CAPÍTULO 7:

Perro intrépido

'Cause I don't want to lose you now.

I'm looking right at the other half of me.

The vacancy that sat in my heart

Is a space that now you hold.

Show me how to fight for now

And I tell you, baby,

It was easy coming back here to you

Once I figured it out

You were right here all along.

(Mirrors – Justin Timberlake)


El bar de Las Tres Escobas estaba relativamente vacío esa tarde. Sirius estaba sentado en una de las mesas junto a las ventanas bebiendo su tercer vaso de whiskey de fuego mientras miraba caer los copos de nieve y acumularse en el alféizar de la ventana. Era la quinta vez que iba a ese lugar durante las últimas dos semanas. Y es que el recuerdo de Hermione Granger en su cama no lo dejaba en paz. Lo perseguía en sus sueños durante las noches cuando no tenía pesadillas y a veces se encontraba inconscientemente pensando en ella durante cualquier momento del día.

La noche en que despertó sobresaltado por la voz de la castaña en su habitación se había quedado grabada en su memoria. El contraste de la tierna caricia de su mano sobre su cabello mientras en su mente aún habitaba Azkaban y los dementores fue lo que lo sacó de su infierno. No fue capaz de comprender lo que estaba ocurriendo hasta bastantes segundos después, cuando la reconoció y supo que ella era quien había intentado calmarlo. Su abrazo volvió a cerrar todas las heridas que se habían abierto mientras dormía y luego comprendió que ese abrazo había logrado tranquilizarla también después de su propia pesadilla. Le llamó la atención que ella fuera a despertarlo olvidándose que ella también necesitaba cuidados en ese momento. Sirius se había dado cuenta entonces que ambos estaban dañados y que se reconocieron en la necesidad del otro.

Cuando Hermione anunció que se iría a dormir, no sabía explicar por qué tuvo el impulso de pedirle que se quedara y le sorprendió que ella aceptara. No era la primera vez que tenía las pesadillas que lo atormentaban, pero eso era algo que no había ocurrido durante el último tiempo. La última vez antes de Azkaban, cuando quien lo atormentaba era Walburga, había sido Lily quien lo despertó una vez que se quedó a dormir en la casa donde vivía con James en Godric's Hollow y había olvidado completamente lo que se sentía que alguien te abrazara después de un episodio así. Por primera vez en mucho tiempo el miedo abandonó su cuerpo.

Bebió un nuevo sorbo de su vaso mientras miraba a las pocas personas que caminaban por la calle afuera del bar. Sirius no sabía qué era lo que le asustaba más: si haberse acostado con la mejor amiga de su ahijado y lo que él podía decir de lo que había hecho; si que Hermione hubiera sido la cuarta mujer con la que se había acostado después de todos estos años; si era su boca que lo hizo sentirse como si tuviera veinte años otra vez, como si su boca fuese familiar; si dormir con ella le había proporcionado el sueño más reparador que había tenido desde que había sido encerrado en Azkaban; si la intensa emoción junto con el temor que lo embargó estando dentro de ella, sintiendo sus piernas que lo rodeaban por la cintura, sus manos fuertemente apoyadas en sus brazos, sus senos rozando su pecho, sus gemidos cada vez que entraba en su cuerpo; o el desolador vacío que se alojó entre su pecho y estómago cuando despertó esa mañana solo, sintiendo su cama más enorme que nunca.

Cuando Hermione le agradeció por haberla dejado quedarse con él, la entendió. No había sido extraño dormir con ella. Nunca había conocido a nadie que lo entendiera sobre las pesadillas. Al menos no luego de James y Lily. Y Remus sí estaba al tanto de que las tenía, después de todo habían compartido una habitación por siete años en Hogwarts. Las noches que él se había quedado a dormir en Grimmauld Place cuando Harry estaba en quinto año, Remus lo había escuchado gritar cuando las pesadillas lo invadían, al menos las noches en que no caía inconsciente de borracho en su habitación. Era la primera vez después de más de dos décadas que alguien estaba ahí para calmarlo. Remus iba a despertarlo y lo calmaba, y a la mañana siguiente ambos hacían como si no hubiera ocurrido. Sirius se lo agradecía porque no quería hablar de sus pesadillas con él ni con nadie. Pero esa noche Hermione había ido a despertarlo y pudo ver en sus ojos lo atormentada que ella también estaba, pero tenía la fuerza para estar ahí y decirle a él que sólo estaba soñando.

No supo por qué lo había besado. No había estado así de cerca con ninguna persona jamás. Sí, con James, Lily y Remus. Pero eso había sido antes de Azkaban. Y después de escapar, Azkaban lo había cambiado todo. Ya no se sentía capaz de entregar nada a nadie. Salvo a Harry porque lo quería como a un hijo y estaba decidido a cumplir por toda la eternidad la promesa que le había hecho a sus mejores amigos. Pero luego él había muerto también y había regresado seis años después, cuando Harry ya era un adulto, joven claramente, pero adulto y podía seguir ahí para él, aunque no como cuando tenía quince años. Y estar cerca de Hermione, sentirla cerca de él, había despertado esa necesidad que había quedado al fondo de su pecho acumulando polvo.

Si le hicieran jurar que él sólo había querido dormir con ella, lo haría por Merlín, por los Merodeadores incluso. Cuando besó su frente, lo había hecho para transmitirle calma. No lo había hecho como un avance sexual ni mucho menos. Esta era Hermione Granger después de todo. Y cuando lo besó con toda esa intensidad, con toda esa necesidad, queriendo tomar tanto de él, se dejó llevar. Azkaban, de pronto, parecía demasiado lejos. Pero todos los hechos que le siguieron a ese intenso beso era algo que aún no se sentía capaz de comprender.

-Sabía que te encontraría aquí.

Sirius levantó la vista de la ventana para encontrarse con el rostro de su amigo, que lo miraba seriamente de pie junto a la mesa en la que estaba sentado. Quiso decir algo inteligente y divertido, pero lo había descubierto ensimismado y vulnerable y nadie podía engañar a Remus Lupin.

-¿Qué pasa?- preguntó sin poder evitar un gruñido al mismo tiempo que se sentaba frente a él. Al parecer, había pedido una botella de whiskey de fuego y un vaso extra en la barra porque comenzó a llenar el propio y luego rellenó el suyo con el líquido ámbar.

-Es lo mismo que quería preguntarte a ti- respondió mirándolo por sobre el vaso mientras bebía.

-No pasa nada, Remus.

-¿No pasa nada con quién? ¿Contigo…- hizo una pausa antes de agregar: - o con Hermione?

Black, que iba a beber de su bebida, se detuvo a medio camino y lo miró detenidamente. Maldita sea, pensó antes de responder. Decidió que intentaría ganar tiempo mientras pensaba en su respuesta final.

-No entiendo por qué me preguntas por Hermione.

-No juegues con mi paciencia, Sirius- advirtió el otro inclinándose sobre la mesa y entrelazando sus propias manos frente a él. -Tengo lo mismo de viejo lobo que tú de viejo perro.

Sirius rodó sus ojos mientras suspiraba. Iba a responder, pero Lupin no lo dejó.

-Tiene veinte años menos que tú, Padfoot.

-Técnicamente, ahora tengo catorce años más que ella- lo corrigió el animago apuntándolo con el índice de su mano libre.- Y te recuerdo que entre tú y Nymphadora hay trece. Y no, no pasa nada con Hermione.

-No intentes negarlo, ya lo sé todo- sentenció el otro, escudriñándolo con la mirada.- Quiero saber el porqué.

-¿Hermione te lo ha dicho?- preguntó Sirius, incrédulo.

-No, pero tengo otros métodos para descifrarte.

Lupin no iba a delatar a Hermione. Era su amiga también y la había escuchado abrumada cuando hablaba con Ginny y Tonks. Y él conocía a Sirius y sabía de cada una de sus aventuras cuando aún estaban en Hogwarts y también de las de los pocos años antes de la muerte de James. Cuántas veces se había liado con alguna chica nueva que entraba en la Orden, con aquellas que conocía en los bares cuando no estaban batallando o en alguna misión pequeña. Sí, estaba molesto. Hermione se merecía mucho más que eso y él no tenía ningún derecho a dañarla. Pero no le iba a contar al merodeador sobre lo que había oído del impacto de sus acciones.

-Padfoot, yo entiendo que esto de volver a la vida te haga sentir inmortal y aún más intrépido que antes- comenzó Remus-, pero no puedes seguir actuando sin considerar las responsabilidades que tienes.

-¿De qué estás hablando ahora?- bufó Sirius, irritado.

-¡De Hermione! ¡De ella se trata todo esto!- espetó.- Puedes acostarte con cualquier otra mujer, pero a ella la dejas fuera de tus jugarretas.

Sirius le sostuvo la mirada, enojado y al mismo tiempo confundido. Era consciente de su historial con las mujeres y Remus podría escribir todos los rollos de pergamino que quisiera con argumentos para decir todo lo que estaba diciendo ahora, pero definitivamente no sabía nada de la situación de la que estaba hablando.

-Hermione es mi ex estudiante, es mi amiga, es la madrina de Teddy, es la mejor amiga de tu ahijado- dijo Remus poniendo énfasis en cada categoría que describía a la mujer golpeando suavemente la mesa con los dedos de su mano.- ¿Entiendes por qué ella está totalmente fuera de tu campo de juego?-

-Moony… entiendo completamente que estés preocupado por Hermione, pero estás hablando como si la hubiera seducido en un bar y luego la hubiera desechado.

-Viven en la misma casa, no es necesario el bar- dijo irónicamente el ojimiel. Sirius rodó los ojos nuevamente en clara señal de frustración.

-Remus, nada fue como lo estás pensando. Si me hubieras preguntado desde que llegaste sin necesidad de atacarme, ya sabrías que fue Hermione quien entró a mi habitación porque me escuchó gritar por una de mis pesadillas.

Sirius le contó todo lo sucedido esa noche. Le contó sobre cómo había despertado para encontrarse con la mirada tranquilizadora, pero también perturbada de Hermione. Habló sobre el abrazo que lo tranquilizó, sobre la paz que sintió durmiendo con ella y el beso que ella le había dado.

-Nunca había sentido esa cercanía con ninguna mujer, Remus- explicó Black jugando con su vaso entre las manos y mirando por la ventana, evitando la mirada de su amigo. -No sé por qué me besó, pero mi cuerpo actuó solo, no estaba pensando bien...Pero cuando respondí y ella me siguió casi de inmediato, sentí que toda mi cabeza olvidaba el estrés... No quería soltarla, creía que si lo hacía, Azkaban iba a aparecer otra vez en mi mente, pero su cuerpo...

-No sigas por ahí, Black- interrumpió el otro aclarando su garganta, evidentemente incómodo.

-¡No iba a describirte el cuerpo de Hermione, Lupin!- exclamó Sirius molesto. -A lo que iba es que ella me salvó esa noche, Moony, y sé que yo también la salvé a ella. ¿Sabías que ella tiene pesadillas con lo que Bellatrix le hizo cuando estuvo en la Mansión Malfoy?- Remus pensó unos segundos antes de responder, decidiendo por dónde comenzar.

-Sí, pero desde unos meses antes de viajar a Nueva York había dejado de tenerlas- explicó el hombre lobo suspirando con el ceño fruncido y bebiendo el último trago de su segundo vaso.- No sabía que las había vuelto a tener- miró a Sirius un momento, quien parecía confundido, antes de continuar. -Hubo una noche, unos pocos meses después de la batalla en Hogwarts, en que Hermione despertó en medio de la noche gritando. Lo recuerdo muy bien porque yo no podía dormir, faltaba un día para la luna llena y Tonks estaba con Teddy en casa de Andrómeda. Teddy tenía un poco más de seis meses en ese momento y con ella habíamos acordado que los días de luna llena yo no iba a estar cerca de él -Remus fijó su vista en la ventana en un punto indeterminado y siguió hablando, perdido en su recuerdo.- Estaba en la cocina cuando escuché los terribles gritos de Hermione y subí a su cuarto con la varita en la mano. Ya sabes, la guerra aún era muy reciente y todos seguíamos viviendo en alerta constante. Me encontré con Harry y Ginny en el corredor, que también se habían despertado. En ese entonces, Hermione estaba con Ron y él la tenía abrazada contra su pecho y sentado en el colchón, intentando protegerla de lo que fuera que la asustaba.

-¿Qué pasó?- inquirió Sirius, con la voz atrapada en la garganta seca al pensar en la imagen de ella sufriendo.

-Estaba despierta, pero era como si no pudiera conectar con la realidad -respondió Lupin mirándolo, sus ojos repletos de preocupación aún consternado por ese recuerdo. - No dejaba de gritar que por favor se detuviera y lloraba. Ginny intentó abrazarla también, pero Hermione la empujó. Yo no quise acercarme por miedo a perturbarla más. Finalmente, la única persona que pudo tranquilizarla fue Harry.

-¿Harry?- repitió Sirius, confundido.- ¿Ni siquiera Ron?

-Ni siquiera Ron. Verás, sé que Hermione lleva sólo un par de meses aquí y aún no has podido verlo, pero Harry y ella comparten un lazo excepcional.

-Lo sé, me di cuenta desde que estaban en tercero la noche que les contamos la verdad sobre Pettigrew...

-No, no me refiero a ese vínculo- dijo Remus negando con la cabeza y rellenando su vaso con whiskey de fuego. Sirius lo miró con el ceño fruncido sin comprender.- Cuando Ron los abandonó durante unas semanas en su viaje buscando los horrocruxes, Harry y Hermione tuvieron que enfrentarse al mundo solos. Fueron a Godric's Hollow, se enfrentaron a Nagini y por poco también a Voldemort, estuvieron viajando solos. Sólo se tenían el uno al otro. Si uno de los dos se quebraba, el otro estaba ahí para reconfortarlo, para decir que todo iba a estar bien o simplemente estar. Harry me contó que Hermione lloraba todas las noches, estuviera dentro de la tienda o haciendo guardia. Y me confesó que en una ocasión todo parecía tan imposible de lograr que se imaginó escondido con Hermione el resto de su vida, sin poder volver a ver a nadie, ni siquiera a Ginny. Es su mejor amiga, la adora, pero una noche mientras él hacía guardia, pensó qué pasaba si tal vez era Hermione y no Ginny la mujer con la que iba a compartir toda su vida.

Remus dejó que sus últimas palabras calaran profundamente en su amigo y bebió un poco más. Sirius miró al merodeador y luego a su vaso vaciado por la mitad. Recordaba perfectamente cuando conoció a Hermione aquella noche en la Casa de los Gritos hacía casi diez años y, luego de haber pasado tiempo con ella durante el verano de la reorganización de la Orden del Fénix en Grimmauld Place, recordaba haber pensado que Harry y Hermione parecían estar hechos el uno para el otro. Claramente había sido sólo un pensamiento, nunca pensó que Harry en algún momento lo consideraría. Pero él finalmente había comenzado a salir con Ginny y se querían, eran felices juntos.

-Sólo quedó en una idea, Sirius- comentó Lupin adivinando los pensamientos de su amigo.- Pero eso no quita que el lazo que comparten sea tan fuerte como el de una pareja de amantes y compañeros. Como te digo, esa noche de su pesadilla, sólo bastó que Harry se acercara un poco más y ella se soltó de Ron y no se despegó más de él. Era algo tan íntimo ver cómo Harry susurraba cosas en su oído mientras le acariciaba el pelo, que nos fuimos de la habitación y los dejamos allí.

-¿Qué pensaron Ron y Ginny? ¿Cómo se lo tomaron?- Sirius comenzaba otra vez a sentir el vacío familiar de sentirse totalmente fuera de lugar por no haber estado vivo en esos momentos en que las cosas se tornaron difíciles y que todos los demás compartían.

-Ginny es más madura, lo sabes- comenzó el profesor de Hogwarts evaluando la expresión de Sirius con su mirada.- Ella entendió que Hermione no estaba bien, que ella también era su amiga y que había cosas en las que ella no podía interferir. Confía en Harry con su vida y no es estúpida, sabe lo que la guerra les hace a las personas. - Remus hizo una pausa nuevamente antes de continuar.- Sin embargo, Ron no se lo tomó muy bien.

-¿Qué dijo? ¿Pensó que Harry y Hermione eran amantes?- bufó el animago bastante frustrado.

-No exactamente, pero no pudo controlar sentir celos de la complicidad de su entonces novia y su mejor amigo y al día siguiente, en el desayuno, mientras Hermione aún dormía... digamos que tuvieron una discusión bastante tensa en la que Harry tuvo que aclararle que él estaba completamente enamorado de Ginny y que Hermione era como su hermana- terminó el peliclaro.

-Idiota...- dijo Sirius bebiendo un poco más de whiskey.

-No seas hipócrita, Padfoot. Cuando James comenzó a salir con Lily también tuviste un ataque de celos porque sentiste que tu mejor amigo te reemplazaba- bromeó Remus, riendo detrás de su vaso antes de beber un sorbo.

-Vale, fui un idiota esa vez, pero eso era diferente. Ahora hablamos de las consecuencias de la guerra en las personas, Moony.

-En fin. Con el tiempo, Hermione y yo nos hicimos más cercanos, aún cuando ya era la madrina de Teddy. Ella también entendía que no podía y no quería acaparar toda la atención de Harry, así que me contó lo de sus pesadillas y algunas otras cosas que le preocupaban.

-¿Qué cosas?- quiso saber Black.

-No puedo contarte, lo siento. Eso tendrás que preguntárselo a ella en algún momento- se disculpó. Sirius rodó los ojos y Lupin movió la cabeza en desaprobación ante el repetitivo gesto de su amigo.- Ahora, volviendo al inicio de esta conversación, creo que deberías hablar con Hermione y aclarar lo que sea que haya que aclarar.

-Remus, no sé qué debo aclarar...

-Mira, Padfoot- comenzó él-, ella se siente en confianza contigo, convengamos en eso. Y por alguna razón, hay algo de ti que la hizo sentirse tranquila después de sus pesadillas. No es necesario que entremos en los detalles de esa noche –agregó rápidamente cuando vio que Sirius iba a hablar-, pero es claro que compartieron algo que significó bastante para ti como para ella. ¿Fue sólo sexo? ¿Fue sólo una búsqueda de contención? ¿Buscaban sólo escapar cada uno de sus pesadillas y pudo ser cualquier otra persona quien les proporcionara lo mismo? ¿O hubo algo más?

Sirius no dijo nada. Necesitaba ordenar sus ideas antes de poder responder a esas preguntas y para eso necesitaba tiempo, estar solo, beber whiskey de fuego sin emborracharse. No iba a profundizar más en las emociones que el encuentro compartido con Hermione había desatado. Remus era su mejor amigo, pero prefería morir otra vez antes de contarle que había terminado llorando sobre el hombro desnudo de Hermione. Una situación que aún lo incomodaba y no comprendía el motivo de semejante desborde.

-Debes resolver todo eso, Sirius- le dijo Remus, mirándolo un poco más comprensivo.- Me alegra saber al menos que todo este asunto con Hermione no es una de tus aventuras de antaño.

-No puedes pretender que todo lo que me ha pasado en la vida, incluso después de volver de la muerte, no tenga consecuencias en mí, Moony.

-Contigo nunca se sabe- rió Lupin, recibiendo una mirada asesina de su amigo.- En fin, soluciónalo pronto, ¿está bien? La guerra nos heredó esta gran familia, Padfoot, y debes saber que tú estás incluido en ella. Debemos cuidarnos entre todos.

Un par de horas más tarde, al llegar a Grimmauld Place, Sirius subió a su habitación, conjuró un hechizo no verbal para cerrar la puerta con llave y se lanzó sobre la cama, hundiendo su cara en una de las almohadas. Tenía demasiada información nueva sobre la vida de Hermione durante el tiempo en que él había estado muerto detrás del velo y nuevamente no se sentía cómodo con la sensación de haberse perdido la vida de las demás personas que hoy formaban parte de la suya. Y por alguna razón, se sentía celoso de las diferentes facetas del profundo vínculo entre Granger y su amigo Remus. La ex alumna, la gran amiga, la madrina de su hijo. ¿Quería él también tener tantos lazos con la castaña? No estaba tan seguro de que su respuesta fuese negativa. Por otra parte, era él quien se había acostado con ella, con él ella había compartido su cuerpo, no con Harry o con Remus. Y aunque sabía por experiencia propia que el sexo muchas veces no significaba más que el placer sexual y sólo eso, sí creía que con la Gryffindor habían compartido algo más, aunque ninguno de los dos lo hubiera planeado así. Lo que sí tenía claro es que desde aquella noche en que Hermione lo había despertado, dormir solo en su cama se había convertido en algo bastante intolerable, tanto como la idea de volver a Azkaban.