CAPÍTULO 8:

Semejanzas

Oh simple thing, where have you gone?

I'm getting old and I need something to rely on.

So tell me when you're gonna let me in,

I'm getting tired and I need somewhere to begin.

And if you have a minute why don't we go

Talk about it somewhere only we know?

This could be the end of everything

So why don't we go?

(Somewhere only we know – Keane)


Hermione despertó mucho más temprano que de costumbre, sobre todo porque era domingo. No descubrió lo que había interrumpido su sueño hasta que conscientemente escuchó un llanto descontrolado que provenía de la planta baja. Se levantó rápidamente y se abrigó en su bata. Una rápida mirada a su reloj despertador le había dicho que eran las siete de la mañana. Con un poco de suerte, podía bajar y comer algo antes de volver a su habitación y dormir...si es que el llanto se detenía, sabiendo perfectamente a quién pertenecía.

Bajó las escaleras con velocidad y se dirigió a la cocina mientras el llanto se acercaba cada vez más. Cuando abrió la puerta, encontró a Ginny paseando por todo el lugar con Teddy en brazos, quien lloraba con todo el aire que sus pulmones le permitían, mientras Sirius preparaba un biberón con leche tibia para él. La luz estaba encendida, pero baja, iluminando tenuemente el lugar. Observó que sobre la mesa había una taza de té sin tocar y una taza de café a medio terminar, además de unas tostadas a medio morder.

-Ay, no sabía si ir a despertarte- le comentó la pelirroja con cara de angustia y desesperación.

-¿Qué ha pasado?- inquirió Granger acercándose a ella y pidiéndole con los brazos que le pasara a Teddy.

-Ha venido Tonks un poco agobiada porque la han solicitado de urgencia del Departamento de Aurores para una redada y nos ha pedido que nos quedemos con Teddy hoy- explicó Sirius, con el ceño fruncido mientras batía el biberón en su mano.

-Hola, Teddy- habló tranquilamente Hermione mientras lo acomodaba en su regazo y se sentaba en una silla. Teddy inmediatamente rodeó su cuello con sus brazos y apoyó su cabeza en su hombro, sin dejar de llorar. Ella no pudo dejar de notar que el cabello del niño era de un color rojo oscuro, el color que ponía cuando necesitaba que alguien lo calmara porque él sólo no podía hacerlo.

-No he podido calmarlo, lo que siempre hago no está funcionando- explicó Ginny aún agobiada por la situación mientras se sentaba a su lado.

-Quizás sólo está asustado- comentó ella cruzando sus brazos sobre la espalda del pequeño de cuatro años.

Hermione empezó a cantar con un volumen bajo y casi susurrando. Sirius la miró mientras ella comenzaba lo que para él parecía prácticamente un ritual para calmar al hijo de Remus y Tonks.

A medida que Hermione avanzaba en la letra de la canción y acariciaba suavemente la espalda de Teddy, Sirius podía escuchar cómo los lamentos del pequeño iban poco a poco apagándose hasta convertirse en leves gimoteos. Ginny, sin quitar sus ojos del ahijado de Harry, volvió a su café y sus tostadas. El hombre se quedó mirándola en todo su esplendor como madrina. Definitivamente sabía cómo manejar la situación y estaba claro que Teddy se sentía realmente cómodo en sus brazos, la reconocía porque seguramente no era primera vez que esto ocurría y eso lo estaba calmando.

Mientras miraba la escena enternecedora, no pudo evitar pensar que ella tenía cierto talento para entregar comodidad y alivio a las demás personas. Era una especie de sanadora, un don que la vida le había dado para ofrecer a quien lo necesitara. Teddy estaba comenzando a encontrar paz en sus brazos mientras le cantaba, del mismo modo que él mismo había encontrado la suya en los brazos de la castaña hacía unas semanas. Sirius pensó que quizás ella tenía algún tipo de poder mágico especial y diferente que le permitía inducir tranquilidad en otros y, de pronto, sólo pudo sentir un deseo incontrolable por acercarse a ella, abrazarla y besarla con ternura. Por un momento pensó en hacerlo, pero a los segundos se arrepintió porque recordó que Ginny seguía allí y que Teddy era lo suficientemente grande para reconocer un beso y luego preguntar el porqué del acto mismo entre su madrina y el mejor amigo de su padre. Los vínculos estaban volviéndolo loco. Todo parecía demasiado fácil de estropear con un sólo paso equivocado.

-Sirius, ¿estás bien?- escuchó de pronto la voz de Ginny hablándole. Dejó de mirar a Hermione, sacudiendo su cabeza para salir de su ensimismamiento y así reconocer la pregunta.

-Sí, estoy bien- respondió él dejando el biberón sobre la mesa y sintiendo la mirada curiosa y extrañada de la novia de su ahijado.- Es sólo que mirar a Hermione fue como ver otra vez a Lily con Harry cuando era un bebé- improvisó, aunque no era del todo mentira.

-Oh- dijo la pelirroja, reconociendo la intimidad de su comentario y sintiéndose un poco mal por haber invadido ese recuerdo.

-¿Quién es Lily?- preguntó Teddy, que había dejado de llorar y miraba a Sirius y a Ginny lleno de curiosidad.

-Es la madre de Harry- respondió Black, suspirando. Le parecía muy extraño hablar con el hijo de Remus de esto.

-¿Y por qué no la conozco?

-¿Recuerdas cuando hablamos sobre la guerra que había cuando tú recién habías nacido?- preguntó Hermione mientras el pequeño volvía a mirarla y asentía.- Bueno, cuando Harry era un bebé aún, también había una guerra y Lily murió para protegerlo.

Sirius sintió que su corazón se apretaba enormemente. El tiempo había pasado, una nueva generación de brujas y magos iba a comenzar y Teddy y Victoire eran esa generación en esta familia. Le resultaba extraño y doloroso escuchar a Teddy preguntar por su mejor amiga porque, si la vida hubiera sido justa, Lily sería como una abuela para él.

-¿Murió? ¿Así como mi abuelo Ted?

-Así mismo- susurró Hermione, besando su cabeza.

-Y era maravillosa, ¿verdad, Sirius?- dijo Ginny sonriendo y mirando al animago.

-Sí, lo era- suspiró él, sentándose también.

-Si quieres, le pedimos mañana a Harry que te muestre fotos de sus padres, ¿te parece?- propuso Ginny.

-Yo también tengo algunas que podrían gustarte- agregó el ojigris, intentando sonreír, mientras el niño asentía enérgicamente.

Teddy parecía haber olvidado que había estado llorando. Ahora los miraba a todos con mucho interés. Hermione miró a Sirius, pero él estaba concentrado mirando su taza de té. No pudo evitar pensar que Teddy tampoco lo habría conocido a él si es que no hubiera cruzado otra vez el velo del Departamento de Misterios. ¿Cómo sería la vida sin Sirius? Habían vivido seis años sin él. Dos de los cuales habían estado en guerra, por lo que no habían tenido el tiempo para pensarlo. Luego habían sido cuatro años más viviendo en la casa que solía ser de su familia, recordando y añorando su presencia. Y ahora estaba aquí otra vez. Y ella estaba evitándolo. Evitándolo después de haber pensado tanto en él, en los "qué hubiera pasado si", en la melancolía de mirar fotografías. Debía hacer algo al respecto pronto.

-Un día de estos te voy a llevar conmigo a un entrenamiento, ¿te gustaría eso?- preguntó la Weasley mientras desordenaba con su mano el cabello de Lupin.

-¡Sí, Ginny, por favor, llévame!- sonrió alegremente él.- Pero vas a tener que hablar con mamá y papá para que me dejen ir.

-Claro, yo les pregunto- le dijo ella.- Bueno, familia, me marcho- agregó mientras se ponía de pie.- Tengo entrenamiento con las Arpías, así que no vuelvo en todo el día, ¿vale?

-Que te vaya bien, Ginny- dijo Hermione sonriéndole.

-Cuídense, que tengan un buen día- dijo poniéndose su chaqueta que descansaba en el respaldo de su silla.- Cuida a nuestra Hermione, Sirius, ¿está bien?

Sirius levantó la mirada hasta encontrarse con los divertidos ojos azules de la pelirroja, quien le hizo un guiño mientras sonreía. Él desvió la mirada a Hermione un momento, pero al parecer no la había escuchado.

-A la orden, futura capitana del equipo- respondió guiñándole el ojo de vuelta y sonriendo, aunque algo le decía que ella no se refería a velar por su seguridad ese día sábado.

Ginny salió de la cocina y no pasó mucho tiempo hasta que se escuchó la Red Flu del salón activarse. Hermione miró a Sirius y le sonrió levemente. Vio cómo él dudaba una milésima de segundo en devolverle la sonrisa, pero finalmente lo hizo. Sirius se acercó con el biberón para Teddy en la mano y ella lo tomó, sin poder evitar rozar accidentalmente sus dedos. Hizo todo lo posible por no reaccionar ante el tacto de su mano en su piel.

-Voy a subir a dormir con Teddy, ¿vale?- dijo Granger poniéndose de pie.

-¿Segura no quieres ayuda con él?- preguntó Black intentando retenerla un poco más. -Si quieres puedo quedarme con Teddy mientras duermes...

-Mione, quiero que Sirius también venga a dormir- habló de pronto el pequeño Lupin enderezándose en los brazos de su madrina. Sirius suprimió todo lo que pudo una sonrisa triunfante.

Hermione miró boquiabierta a su ahijado y luego volvió a mirar al pelinegro. No podía negar que la idea de compartir la cama otra vez con Sirius le parecía atractiva, aunque sólo fuera para cuidar al pequeño hijo de sus amigos, pero también le parecía una situación mucho más íntima. Quizás era una buena idea para acercarse otra vez a él. Era consciente de que Sirius sabía que ella lo evitaba. Todo esto pasó por su cabeza en unos segundos, antes que pudiera responder.

-¿Quieres subir con nosotros, Sirius?- formuló con la mayor calma que pudo reunir.

-Claro, si quieres, yo le doy la leche a Teddy- se apresuró en responder él.

Mientras subían por la escalera y Teddy iba hablándole a Hermione sobre lo que había hecho ayer en casa de su abuela Andrómeda, Sirius no pudo evitar recordar las veces que había subido junto con Lily a recostar a Harry en su cuna cuando iba a visitarlos a Godric's Hollow.

Por ese entonces, él tenía veinte años y estaba eufórico con la idea de tener un ahijado. Quería enseñarle tantas cosas, ser aquel adulto que cuidaría de él y al mismo tiempo le enseñaría a divertirse. Sabía que Lily jamás iba a permitirle que lo condujera por el camino de ser un merodeador, pero estaba seguro que James se encargaría de eso. Amaba tanto a Harry que lamentaba cuando llegaba la hora de dormir y Lily lo mecía en sus brazos después de darle pecho, dando por terminados los juegos. James siempre se reía cuando lo veía poner cara de real decepción y le daba unas palmaditas en la espalda diciéndole "mañana puedes venir a jugar con Harry otra vez, Padfoot", al mismo tiempo que le pasaba una botella de cerveza idéntica a la que él tenía en la mano.

Y cuando Lily subía, Sirius iba detrás de ella y miraba cómo lo recostaba en su cuna y lo cubría con su manta favorita. Se quedaban un momento mirándolo dormir y entonces el miedo invadía a Sirius pensando que jamás podría ser un buen padrino para Harry sabiendo que él nunca tuvo una familia que lo amara, salvo en los pocos años que vivió con los padres de James. Lily percibía inmediatamente sus pensamientos y entrelazaba su brazo con el suyo, sin dejar de mirar a su hijo mientras apoyaba su cabeza en su hombro. "No puedo imaginar a un mejor padrino que tú, Sirius", le decía con tal seguridad que espantaba todos sus temores. Pero cuando en la Orden se supo el asunto de la profecía y Dumbledore obligó a los Potter a esconderse, sus miedos florecieron como la lava de un volcán en plena erupción.

Notó que James estaba cada vez más preocupado por la seguridad de su nueva familia. Siempre intentaba mostrarse fuerte frente a Lily, pero con él se desahogaba. Sirius lo abrazaba mientras le decía que todo iba a pasar pronto, que harían el cambio de guardián y Peter jamás los traicionaría, que iban a ser los merodeadores por siempre y que iban a enseñarle a Harry todas las cosas que habían aprendido para que su estadía en Hogwarts fuera tan buena como la de ellos. Entonces James se reía mientras soltaba a su amigo y volvía a su ánimo de siempre. Sirius intentaba no pensar mucho en todo el asunto de que sus amigos y su ahijado estaban viviendo bajo el encantamiento Fidelio en constante amenaza, hasta que una tarde no pudo evitar más pensar en las posibilidades.

-¿Sirius, podemos hablar?- dijo Lily entrando a la habitación donde él estaba buscando ropa para vestir a Harry, quien estaba en la planta baja con James.

-Sí, claro- dijo él antes que la viera sacar su varita y conjurar un encantamiento silenciador- ¿Qué sucede, Lily?

La pelirroja se acercó y acarició los brazos de él hacia arriba y abajo como si intentara calentarlo, a pesar de ser junio y que el clima estaba lo suficientemente cálido como para usar una camiseta, tal como vestía él en ese momento.

-Creo que no podemos seguir evitando esta conversación, Padfoot, y es necesario que la tengamos- comenzó ella mirando primero el suelo y luego levantando la vista para encontrarse con la mirada de él. - He estado pensando y creo que es importante que consideremos la posibilidad de que Harry termine creciendo contigo y no conmigo y James.

Sirius sintió su estómago cerrarse y un escalofrío recorrió su columna vertebral. Lily siempre había sido la más seria de todos ellos, pero también era muy divertida. Aún así, la seriedad en su rostro en ese momento lo asustó.

-Vamos, Lily, no va a pasar nada- comentó él sonriéndole para bajarle el perfil a la conversación.

-Padfoot, hablo en serio- lo interrumpió ella pasándose las manos por su rostro.- Necesito que me escuches muy bien, ¿sí?- él asintió en silencio. -Quiero que sepas que James y yo confiamos plenamente en tu capacidad para ser padrino de Harry, Sirius, aunque dudes absolutamente de eso. Sé que por ahora es divertido para ti jugar con él, pero estoy segura que si tuvieras que hacerte responsable de él y criarlo, no habría nadie mejor que tú- Sirius quiso interrumpirla, pero ella lo detuvo con la mano sin tocarlo. - Sé que lo vas a amar y cuidar como si fueras James mismo y no sabes la paz que me da ese pensamiento. James no sabe que estoy hablando contigo ahora porque él quiere evitar a toda costa considerar la posibilidad de no sobrevivir a la guerra, pero yo no puedo vivir así.

-Lo sé- dijo casi en un susurro Black, mirándola atentamente.

-Quiero que olvides la idea de que jamás podrás ser un buen referente paterno para Harry porque tuviste una infancia terrible. Eres maravilloso, Sirius. Y las cosas que nos suceden en la vida no marcan irremediablemente nuestro camino.

-Lily...

-Prométeme que Harry será un niño feliz, Sirius- pidió ella con la voz un poco quebrada, pero firme y resuelta.

-Te lo prometo. Remus y yo daremos lo mejor de nosotros por él si llega a ser necesario- afirmó agregando la condicionante al final de la oración. En su mente era imposible perder a sus amigos.

Lily lo abrazó y él no pudo más que corresponder a ese abrazo. Ella ocultó su rostro en el hombro de Sirius, suspirando aliviada. Admiraba mucho a Lily. Probablemente era la mujer a la que más admiraba en el mundo. Siempre tan comprensiva y viendo lo mejor en cada persona. No dudó ni un segundo en proteger a Remus cuando supo de su licantropía y lo primero que hizo fue invitarlo a Hogsmeade con ella para demostrarle que no le importaba ni en lo más mínimo lo que él fuera (esto claramente provocó los celos de James, quien aún no conseguía una cita con ella). Luego cuando la guerra estalló, no dudó en alistarse en la Orden del Fénix a pesar del riesgo que corría siendo hija de muggles, y cuando supo que estaba embarazada, a pesar de ser tan joven, no dudó en abrazar esta nueva aventura que iniciaba con James. Lily sabía cuidar naturalmente de todas las personas que ella amaba y en algún momento se sorprendió pensando que, a pesar de su edad, ella sabía más de lo que significaba ser una madre que la misma Walburga Black. Deseaba haber tenido una madre como Lily, pero no podía decirle eso a ella. No sin terminar llorando y no quería convertir este asunto en algo sobre él.

-Siempre serás mi sangre sucia favorita- le dijo en cambio, usando el insulto que entre ellos dos se había convertido en una broma recurrente. Lily se rió mientras soltaba su amarre y James abría la puerta con Harry en brazos, a la vez que se rompía el encantamiento muffliato.

-¡Hey! ¿De qué estaban hablando?- se quejó él sintiéndose excluido.

-De ti, Prongs, ¿de qué más?- rió Sirius a su amigo.

-¿Sirius, estás bien?

Escuchó una voz que le hablaba y de pronto, sintió una mano subir y bajar por su brazo izquierdo. Sacudió su cabeza para salir de su ensimismamiento y levantó la vista para mirar a Hermione. Estaba de pie mirándolo desde dentro de su habitación, a la que habían llegado de alguna manera, mientras él estaba parado en la puerta sin entrar. Al parecer ella había regresado sobre sus pasos para acercarse a él porque Teddy estaba encima de la cama sentado sobre sus piernas mirándolos con atención mientras sujetaba el biberón con ambas manos para que no saliera de su boca.

-Sí, sí, perdona- dijo él sonriéndole melancólicamente- Es que veo a Teddy y a veces es imposible que no piense en Harry cuando era un bebé y vivía con James y Lily.

-Has pensado mucho en ellos esta mañana- comentó ella recordando lo que le había dicho a Ginny mientras aún estaban en la cocina.

-Eso parece...

-¿Podemos acostarnos a dormir ya?- preguntó Teddy impaciente desde la cama con el biberón vacío en la mano. Su cabello volvía a ser azul.

Hermione se rió y se acercó a su cama mientras el pequeño se metía debajo de las sábanas esperando a su madrina y al mejor amigo de su padre. Sirius titubeó unos segundos en la puerta antes de decidir actuar con total naturalidad y seguir a la castaña, rodeando la cama y acostándose encima del edredón mientras la otra se acostaba al otro extremo del colchón, imitando al pequeño metamorfomago y cubriéndose bien.

-Sirius, te va a dar a frío si no entras aquí- le dijo Teddy con la misma cara que Remus afirmaba verdades absolutas.

-Es verdad- se sumó ella, dejando el biberón en su mesita de noche.- Además, podrías resfriarte y Remus va a matarte si contagias a Teddy.

-Y no quiero morir a manos de un hombre lobo- concluyó Black riendo y metiéndose dentro de la cama junto con los otros dos, luego de quitarse los zapatos. Apoyó su cabeza en una de las almohadas, quedando a la misma altura que Hermione -¿Y ahora qué?- inquirió.

-Ahora dormimos- dijo el pequeño mirándolo desde un poco más abajo.- ¿Me abrazas, Sirius?

-Claro- dijo él sonriéndole mientras Teddy le daba la espalda y se acurrucaba contra su pecho. Sirius le pasó un brazo por encima, acomodando las mantas para arrullarlo.

-Buenas noches, Mione- dijo el pequeño tomando la mano de la castaña de tal forma que la obligó a recostarse sobre su lado izquierdo, quedando frente a Sirius.

Sirius miró a la mujer que estaba frente a él al mismo tiempo que le devolvía la mirada. Le sorprendió la ausencia de incomodidad en su cuerpo ante la situación, ya que en un momento había pensado que podía ser un error. Hacías unos cuantos días había estado conversando con Remus sobre ella en Hogsmeade y hoy estaba en su cama mientras el hijo de su amigo dormía entre ambos.

-¿Vas a dormir?- susurró mirándola.

-Sí, estoy cansada y es muy temprano aún.

-¿De verdad estás bien conmigo aquí? - preguntó sin saber si quería escuchar una respuesta negativa por su parte. Hermione lo miró unos segundos antes de hablar.

-Sí.

-Está bien.

Hermione cerró los ojos y suspiró sabiendo que Sirius estaba mirándola con atención. Él nunca había entrado con tal confianza en su cuarto, pero después de todo lo que había pasado entre ellos eso no tenía mayor relevancia. Esperaba que el ojigris dijera algo más, pero poco a poco el sueño comenzó a consumirla y se alejó de todo estado de conciencia.

Sirius no sabía si debía hablar o permanecer callado. La miró dormir tranquila al otro lado del colchón y fue imposible no pensar en la noche que había compartido con ella. Evaluó la escena completa que tenía frente a él y se permitió fantasear unos segundos con la idea de Hermione siendo la madre de su hijo. Era una idea extraña, pero no incómoda. Miró a Teddy quien dormía con la boca entreabierta y sonrió. Sabía que él era una nueva oportunidad que tenía para cuidar del hijo de uno de sus amigos y no pensaba defraudar a Remus por nada del mundo. Bostezó. Quizás debía aprovechar de descansar también. Se acomodó una última vez antes de cerrar sus ojos mientras que el último pensamiento consciente que tuvo antes de caer rendido frente a Morfeo fue que quizás Lily ya no era su única sangre sucia favorita.


Ya eran casi las once de la mañana cuando Remus llegó a Grimmauld Place. Utilizó la Red Flu desde Hogwarts, a través del despacho de Minerva para llegar directamente a la cocina. Al no ver a nadie allí, se dirigió hacia el salón, pero tampoco vio a nadie. No pudo evitar extrañarse. Era realmente inusual que no hubiera nadie en casa, sobre todo sabiendo que Tonks le había dicho que dejaría a Teddy allí. Asumió que Ginny estaba entrenando con las Arpías y que Harry estaba en el ministerio, sabiendo que su esposa metamorfomaga estaba en plena redada. Pensó que tal vez Hermione había salido con Teddy a dar un paseo, pero eso no explicaba la ausencia de Sirius.

Con el entrecejo fruncido, se dirigió a las escaleras. A medida que subía, pudo sentir el aroma de su hijo a través de su agudo olfato y supo que se encontraba en la habitación de su madrina. No habían salido de casa después de todo. Se acercó a la puerta entreabierta y tocó suavemente con los nudillos, pero nadie respondió. Extrañado, cogió en su mano el picaporte para empujarla un poco y así tener una mejor vista del interior del cuarto. Sin embargo, la imagen que vio era algo que definitivamente no se esperaba: allí, dentro de la cama de Hermione, estaban durmiendo ella dándole la espalda, Teddy a su lado con las piernas enredadas en las sábanas y, al otro extremo, Sirius, recostado sobre su espalda, boquiabierto.

Su primera reacción fue molestarse porque le había dado todas las explicaciones necesarias en la conversación que había mantenido con su mejor amigo sobre la castaña y se le escapó un leve bufido. Pensó en despertarlos, pero la verdad es que no estaba preparado para enfrentar una situación incómoda como esa cuando ambos despertaran y se vieran descubiertos por él, así que se acercó con cuidado a la cama y se inclinó lo suficiente sobre Hermione para coger en brazos al peliazul sin despertarlo. Se giró rápidamente para salir, pero entonces vio un trozo de pergamino sobre el escritorio de la chica junto a una pluma.

Pensó que dejar una nota sería completamente inofensivo y una manera de alertar a Sirius para que recordara su conversación. Acomodó a Teddy en un lado de su cuerpo y con una mano tomó la pluma, escribiendo rápidamente un par de palabras en el pergamino que seguro alguno de los dos leería al despertar. Luego de dejar la nota sobre la mesa, dirigió una última mirada hacia la cama y esta vez esbozó una media sonrisa mientras sacudía la cabeza un poco divertido. Se dio cuenta que en realidad no había nada que él pudiera hacer. Las palabras ya estaban dichas, Sirius ya estaba al tanto de todo cuanto podía decirle y, después de todo, tanto él como Hermione eran personas adultas y debían hacerse responsables de sus decisiones. Con ese último pensamiento, salió de la habitación, dejando la puerta nuevamente entreabierta y se dirigió rumbo al salón para viajar a su casa, en el que esperaría que llegara Tonks para pasar el sábado con su familia.


Hermione despertó un poco desorientada media hora después que Remus se hubiera ido. Lo primero que vio fue a Sirius durmiendo frente a ella y se le encogió el estómago. Estaba tan cerca de ella. Podía simplemente estirar el brazo y tocar su rostro, pero no iba a hacerlo. Entonces se dio cuenta que Teddy no estaba en la cama con ellos. Se incorporó de golpe en el colchón y revisó con la mirada la habitación. No había ninguna señal del pequeño. Entonces, sobre la mesa captó su atención un trozo de pergamino doblado que resaltaba sobre la superficie. Se levantó rápidamente y se acercó al escritorio. Cuando lo cogió, reconoció la caligrafía de Remus.

Hermione y Sirius:

Gracias por cuidar esta mañana de Teddy. Vine a recogerlo y me lo llevaré a casa.

Espero que no les haya causado muchos problemas. ¿Almorzamos mañana?

Remus.

Pd: Espero que hayan dormido bien. Dormir con alguien siempre calma a cualquiera.

Lo sabe, fue lo primero que pensó Hermione mientras su corazón latía a mil por hora por saberse descubierta. Remus Lupin sabía que se había acostado con Sirius Black y no precisamente a dormir. Seguro que él le había contado todo, así como ella se lo había contado a Tonks y Ginny. Miró hacia la cama donde el padrino de su mejor amigo aún dormía, sintiéndose más avergonzada que en toda su vida.

Decidió dejar la nota sobre su almohada y salir de casa, así que silenciosamente abrió su armario y tomó unas prendas de ropa y su toalla. Se ducharía en la habitación de Harry y Ginny, se vestiría e iría a desayunar a Diagon Alley.

En la ducha pensó que no estaba segura de si debía sentir la vergüenza que tenía y tampoco sabía si Remus en algún momento le preguntaría a ella por la noche en cuestión. Había intentado con todas sus fuerzas dejarla atrás en un rincón muy profundo de su mente, pero al parecer el universo estaba confabulando contra ella. En algún momento pensó en sacar el recuerdo con su varita y almacenarlo en un pequeño frasco, como cuando las personas hacen para ver sus recuerdos en un pensadero, pero desechó inmediatamente la idea por si el frasco caía en las manos equivocadas. Además, eso no iba a borrar el recuerdo de su mente y sospechaba que mirarlo como espectadora no iba a ayudarla en nada. Suspiró pensando que en algún momento Sirius y ella debían hablar de lo que habían hecho, al menos para dejar de darle tantas vueltas en su cabeza. Había lidiado con la situación completamente sola hasta hace unos días cuando habló con Ginny y Tonks y sabía que había algo particular que debía contarle a él. Todo en su vida parecía un desastre, pero ya no existían barreras para su confianza y honestamente, creía que esa noche se había desnudado frente a Sirius más allá de la piel.


Lo primero que vio Sirius al despertar fue el trozo de pergamino sobre la almohada a su derecha. Se dio cuenta que estaba solo y pensó que Hermione le había dejado una nota. Sonrió inevitablemente mientras se desperezaba y la alcanzaba, pero rápidamente su sonrisa desapareció al reconocer la caligrafía de Remus.

Frunció el ceño mientras leía la nota y, al llegar al final, comprendió la razón por la que Hermione se había ido de la habitación. Estaba seguro que también se había ido de la casa para no tener que enfrentarlo porque era bastante obvio que se había dado cuenta que Remus sabía lo que había ocurrido entre ambos.

-Mierda, Moony- dijo en voz baja, aún mirando la nota.

Se levantó de la cama, dobló el pergamino y lo guardó en el bolsillo de su pantalón. Si la situación con Hermione ya estaba bastante tensa y era cada vez más evidente que la noche de hacía unas semanas se interponía cada vez más entre ellos, esta nota sólo agravaba más todo. Tal vez Hermione pensaba que él se había jactado de lo que había hecho y se lo había contado a Remus como una más de las conquistas del famoso Sirius Black. Pero él jamás haría eso. No ahora. No podía evitar que su fama lo precediera, pero no le haría eso a Hermione, mucho menos hablando con Lupin.

Suspiró. Sirius no lograba sentirse culpable por algo que creía le había hecho bien y sólo quería que todo volviera a ser como antes, pero le causaba una curiosidad tremenda saber lo que pensaba la Gryffindor de lo que había ocurrido. No sabía por qué le costaba tanto abordar el tema con ella, nunca antes había significado un problema para él. Suponía que compartir una casa y una familia, como Remus le había recordado, lo hacía más difícil. Sin embargo, debía reconocer que había otro elemento que se lo impedía: no sabía cómo se sentiría si Hermione le decía que se arrepentía de follar con él.

Follar. Le dio unas vueltas a la palabra en su cabeza mientras encendía un cigarrillo sentado en los escalones fuera de la puerta de entrada en el jardín, sin importarle el frío que hacía. Era consciente de su historial con las mujeres cuando aún iba a Hogwarts y los pocos años antes de la muerte de James. Experiencia seguro tenía, pero esta vez algo había cambiado y se sentía bastante idiota. ¿Así se habían sentido todas las mujeres que había decepcionado durante sus años de gloria? No era una sensación agradable. Hermione no parecía el tipo de chica que se acostaba con hombres por la vida, pero luego, él tampoco podía estar seguro de eso. Después de todo, él no había estado allí para verlo. Se sentía inseguro y eso no le gustaba nada. Pero, además, si ella no se arrepentía, si existía en realidad esa posibilidad, tampoco sabía lo que significaría para él. ¿Quería que significara algo para él?