UNA SEMANA
Se despierta en su habitación un día más. Otra vez. Se queda tumbado, mirando el techo. No quiere levantarse. No puede. Cierra los ojos y escucha el silencio. Oye el sonido de llaves y se abre la puerta de su apartamento.
—¿George? —le llama Charlie desde la sala.
Hoy le ha tocado a Charlie. Ayer fue Percy, antes de ayer Bill y el otro Ron. Todos vienen con la misma intención, distraerlo. Pero algunos días termina mal. Ayer le gritó a Ron, que le dijo que todos habían perdido a un hermano. Le vociferó con que él había perdido mucho más que un hermano, había perdido su gemelo. Su gemelo. La persona que lo había acompañado en todo, que tenían una conexión mucho más especial y profunda. Con Percy se mantuvo en silencio y con Bill se dedicó a sollozar.
—Estoy aquí.
El hermano mayor entra al dormitorio y se cruza de brazos ante el umbral.
—Deberías levantarte.
—¿Para qué?
—Afrontar la vida. Intentar recoger tus pedazos y seguir adelante.
—No puedo.
—¿Lo has intentado?
—No lo entiendes. Él… —se le quiebra la voz.
—¿Piensas que yo no he perdido nada? —empieza a levantar la voz.
—No tengo fuerzas…
—Bueno pues aquí estamos para empujarte.
—Charlie…
—Charlie nada —contesta mientras le arranca las sábanas y corre las cortinas —. Ahora levántate he traído pasteles de casa de Bill, los ha horneado Fleur y aún están calientes.
Resopla.
Se reúne con su hermano en la cocina, que está hecha un desastre. Se sirve un poco de té que ha preparado el mayor y empieza a comer uno de los pasteles.
—Deberías ir a la tienda —le dice rompiendo el silencio —. Empezar a hacer inventario, volver a abrir.
—No puedo ir allí, era nuestra tienda. De los dos. No sé cómo voy a continuar yo solo. Todo me recuerda a él.
—Puedo acompañarte, ayudarte durante un tiempo.
—¿Y la reserva?
—Me he tomado una excedencia, necesito estar aquí con vosotros.
—Charlie —empieza a decir mientras las lágrimas acuden a sus ojos —. No crea que pueda volver a ser el mismo.
—Nadie espera que seas el mismo, ninguno de nosotros lo será. Solo queremos que intentes seguir hacia delante.
oOo
Dos horas más tarde se paran ambos delate de la puerta de Sortilegios Weasley. Charlie le pone la mano encima del hombro, dándole fuerza para que se decida a entrar. Se toma su tiempo pero después de unos minutos empuja la puerta.
Da unos pasos hacia delante y sin darse cuenta se pone a llorar silenciosamente. La presencia de su hermano es reconfortante pero el silencio, roto solo por sus sollozos, es sofocante.
Pierde la noción del tiempo.
De golpe la puerta de la tienda se abre.
—No estamos abiertos —dice de forma automática Charlie —¡Oh!
Ante la sorpresa George se gira para ver el recién llegado.
—Verity —susurra con un hilo de voz.
—Audrey me dijo que te podía encontrar aquí.
Charlie se retira silenciosamente a la trastienda para dejarlos espacio para hablar.
—Vengo a traer mi dimisión —murmura tendiéndole una carta.
—Tú también te marchas…
—No puedo seguir aquí, no cuando… —hace una pausa buscando las palabras —Cuando él ya no está aquí.
Sabe que tiene razón. Verity y Fred tenían algo que iba más allá de algo profesional. La joven se desmoronó junto a toda la familia frente la tumba de su pareja. Pero ella puede alejarse para curar las heridas y él no se lo va impedir.
—Espero que seas feliz Verity —dice a modo de despedida.
—Y tu George, en un futuro —responde la rubia antes de salir por la puerta.
oOo
Se aparece en el cementerio. Recorre el lugar hasta alcanzar la tumba.
—Siento no haber venido antes.
Se sienta su lado.
—¿Sabes hoy he visto a Verity?
