CAPÍTULO 9:
Magia oscura
I took the stars from my eyes and then I made a map
And knew that somehow, I could find my way back.
Then I heard your heart beating,
You were in the darkness too,
So I stayed in the darkness with you.
(Cosmic love – Florence + the Machine)
Shell Cottage crujía debido al viento que azotaba la costa esa tarde. No había llovido en toda la tarde, pero al parecer durante la noche caería la tormenta. Desde las ventanas podía verse a las grandes olas romper fuertemente y el bravo sonido que dejaban a su paso. El fuego crepitaba en la chimenea del salón calentando toda la casa. Hermione tenía una taza de té caliente envuelta con sus manos mientras miraba la playa desde uno de los sillones junto a una ventana. Fleur, Ginny, Tonks y Luna estaban en la cocina preparando la cena para ellas esa noche. Podía escucharlas reír y conversar relajadamente mientras en el salón, cerca de ella, Teddy y Victoire jugaban juntos sobre la alfombra.
Después de la guerra, siempre pensó que Shell Cottage sería uno de los últimos lugares a los que querría regresar, pero no fue así. Descubrió que la hacía sentirse a salvo. En ese lugar ella había podido recuperarse físicamente de las torturas de Bellatrix. En ese lugar pudo dormir por primera vez después de meses en el calor de un hogar, en una cama cómoda. En ese lugar pudo dejarse cuidar en vez de estar siempre cuidando a sus amigos. En ese lugar Remus les había anunciado el nacimiento de Teddy y les había preguntado a ella y a Harry si lo aceptaban como su ahijado. El aire marítimo refrescaba su vida y la alejaba de los malos recuerdos de la guerra.
-Te gusta, ¿no es verdad?
Hermione despegó la vista de la ventana y miró hacia la puerta del salón. Tonks estaba allí con dos copas de vino y se acercó a ella, sentándose en el sillón del frente.
-¿Quién?
-Sirius Black, mi primo- dijo en un tono de obviedad evidente y mirándola bien mientras le alcanzaba una de las copas.- Desde que nos contaste lo que pasó entre ustedes, estás distinta.
-Tonks, no me gusta Sirius- dijo la castaña suspirando, un poco irritada.
-Está bien, está bien- la atajó la metamorfomaga recostando su espalda en el respaldo del sillón.- Pero no puedes negarme que lo echas de menos.
Hermione miró a su amiga que le devolvía la mirada, sonriendo divertida. Suspiró y bebió un poco de vino de su copa. Teddy y Victoire se reían y no les ponían atención. Quizás no perdía nada tratando de explicar lo que le pasaba.
-Sí, extraño poder hablar con él sin pensar en esto- respondió un poco entristecida.- Hay algo en Sirius que me agrada bastante, no sé. Siento una conexión extraña y diferente con él.
Tonks se rió al escucharla. Hermione la miró inquisitiva, no comprendiendo el motivo de la risa de su amiga. La pelirrosada la miró antes de beber un poco de su vino y volver a hablar.
-Estás perdida- declaró con seguridad, pero divertida.- Una vez que caes bajo el hechizo merodeador, no hay nada que puedas hacer. Si no, mírame a mí, loca y perdidamente enamorada de un sexy hombre lobo.
Hermione rió.
-Sirius me entiende.
-Lo admites entonces.
-No.
Ambas se miraron mutuamente. Hermione no iba a admitir algo de lo que no se encontraba segura. Definitivamente le agradaba, se sentía segura con Sirius, un sentimiento que hacía bastante no tenía en su estado completo. El animago la comprendía. La irritaba bastante, desde luego, como siempre había sido, pero ella sabía que él no era el mismo que había sido antes de caer a través del velo en aquella fatídica batalla cuando ella aún era una adolescente. Algo en él había cambiado, lo había hecho crecer interiormente y, de algún modo, ella encontraba en esta nueva versión de Black un lugar en el que descansar. Era cierto que habían pasado bastante tiempo juntos antes de la noche en que habían dormido juntos y luego habían tenido sexo y ella quería recuperar ese vínculo con él, pero no estaba segura de si algo había cambiado profundamente entre ellos a partir de ese hecho. Le inquietaba que el sexo lo hubiera arruinado y lo lamentaría profundamente si era así, porque esa noche se había sentido cómodamente vulnerable y colmada de emociones con el peso de su cuerpo sobre el suyo y el abrazo que la había cobijado durante las horas siguientes.
-Creo que ya es un poco absurdo que sigan evitándose- opinó Tonks mientras Hermione bebía vino.
-Lo sé- suspiró la otra.- ¿No es raro para ti? ¿Haberme acostado con tu primo? Quiero decir, tú me has conocido a los quince años y ahora…
-Hermione, Remus y yo tenemos trece años de diferencia, no es como si él o yo tuviéramos alguna moral para decirte algo- explicó sonriendo mientras se encogía de hombros.- Pero no, no me parece extraño. Inesperado, sí, pero no tiene por qué ser algo malo.
-¿Qué crees que podría decir Remus de enterarse?- inquirió. Ella sospechaba a partir de la nota que él mismo les había dejado hacía unos días, pero no iba a preguntárselo directamente.
-Yo creo que Remus lo sabe- declaró la bruja mayor suspirando y trazando con su dedo índice el borde circular de la copa, distraída. Hermione se puso un poco más nerviosa de lo que ya estaba.- Lo conozco como la palma de mi mano y podría decirte que estoy segura que él ya ha hablado de esto con Sirius, aunque no creo que haya sido una conversación muy amena, ¿sabes?
-¿Crees que Remus esté enfadado?- preguntó la castaña, un poco insegura de la reacción del licántropo.
-Ellos tienen sus códigos, ya sabes, merodeadores y todo eso- señaló la madre de Teddy rodando los ojos, divertida.- No sé qué tanto Remus apruebe lo que ha ocurrido, pero estoy segura que si está tan tranquilo, es porque debe saber que tú no eres cualquier bruja para Sirius.
-¿Cómo estás tan segura?
-Porque si él pensara que tú eres una más de las aventuras de mi primo, lo hubiera castrado- dijo sonriendo satisfecha Tonks.- Remus siempre ha sido sobreprotector contigo después de la guerra, lo sabes.
Hermione asintió levemente mientras se llevaba la copa a los labios. En eso último, ella sabía que Nymphadora Tonks tenía la razón.
Gritos. Dolor en su cuerpo. Busca a su hermano con la mirada y lo ve escondido detrás de una de las paredes que separan el salón de otra sala de estar. Lamenta que tenga que ver eso. Su madre vuelve a gritarle. Le dice que lo hace por su bien, para que aprenda el lugar que le corresponde. Debe aceptar que él es más importante que los sangre mestiza o los sangre sucia y no puede mezclarse con esa gente. Menos con híbridos. Walburga acaba de descubrir que uno de los mejores amigos de su hijo es un hombre lobo y está furiosa porque si alguien perteneciente a alguna respetable familia de sangre pura se enterase, la reputación de la familia Black se derrumbaría y ella no puede permitir eso. Hay mucho en juego en los tiempos que corren. ¡Crucio!, vuelve a gritar. El adolescente heredero de la noble y ancestral casa de los Black se retuerce en el suelo, el sudor brotando de su piel en su ejercicio de resistencia. La odia, ojalá se muriera y lo dejara en paz. Pero sabe que no es real, que no está sucediendo en este momento. Pero sí sabe que sucedió y el recuerdo duele igual. No entiende por qué su memoria le trae ese recuerdo. Quiere despertar y no puede. Se mueve sobre el colchón, pero sus ojos no responden. Intenta despejar su mente de esas imágenes, pero su cuerpo está cansado. Su corazón late a mil por hora. Es un adulto y han pasado más de dos décadas de ese momento, no debería seguir atormentándolo. Gruñe.
Sirius abrió los ojos de golpe cuando su mente y su cuerpo lograron coordinarse. Agitado, su mirada recorrió lentamente la habitación. Era continuar con la tortura despertar en la misma casa en la que su pesadilla transcurría. Se incorporó sobre el colchón y se pasó las manos por la cara para despejar las últimas imágenes que aún lo agobiaban. Un escalofrío recorrió su espalda y entonces notó que su camiseta estaba completamente mojada por el sudor que el estrés le había provocado. Se levantó de la cama y se quitó la ropa en una rápida maniobra antes de entrar al baño. Se acercó al lavabo y bebió agua directamente de la llave. Eran las cuatro de la mañana según el reloj que descansaba en su mesa de noche, pero no importaba, necesitaba una ducha tibia para reconfortarse. Dejó correr el agua unos segundos para que tomara la temperatura que le gustaba antes de pararse bajo el chorro. Apoyó sus manos en la pared de cerámica frente a él y agachó la cabeza entre sus hombros mientras sentía los ríos de agua que caían desde su cabello y bajaban por su espalda. Respiró profundamente para calmarse, pero no lo consiguió. Con un gruñido de frustración, cerró la llave del paso de agua y tomó la toalla que había dejado colgando en la puerta de cristal de su baño reformado. Suspiró agotado luego de secar la piel de su cuerpo, mientras quitaba el exceso de humedad de su cabello con la gruesa tela, y volvió a su habitación a vestirse. No quería volver a acostarse, estaba seguro que el sueño no lo invadiría tan pronto. Nunca sucedía. Dudó unos segundos hasta que decidió que bajaría a la cocina por un vaso de whiskey de fuego.
Nuevamente vestido con su pantalón de pijama y con una camiseta limpia, metió su varita en el bolsillo del costado y abrió la puerta de su habitación, cerrándola detrás de sí antes de caminar por el pasillo hacia las escaleras. Había bajado dos escalones cuando se detuvo. Levantó la cabeza y dirigió su mirada a la puerta que daba a la habitación subsiguiente a la suya. Quizás podía ir y tocar. Pero a los dos segundos suspiró en negación y comenzó a bajar otra vez. Sin embargo, antes de llegar al descanso volvió a detenerse. Tal vez no era tan mala idea. No perdía nada con intentarlo. El whiskey de fuego podía esperar para otra ocasión.
Retrocedió y volvió a subir de dos en dos los peldaños que había descendido y se paró frente a la puerta que había llamado su atención. No se escuchaba nada desde el interior. Tomó una gran bocanada de aire antes de levantar su puño y golpear tres veces sobre la madera de la puerta lo suficientemente fuerte para ser escuchado, pero sin despertar a nadie más en la casa. Nada ocurrió. Pensó en llamar otra vez, pero no creía tener mayor suerte, así que, con mucho cuidado y lentitud, apoyó su mano en el picaporte y abrió la puerta. Dirigió su vista hacia la cama en la mitad del lugar y vio a Hermione durmiendo plácidamente con un libro abierto entre su mano y el edredón. Era evidente que se había quedado dormida leyendo porque la luz de su lámpara en la mesita junto a su cama estaba encendida. No sabía si lo que hacía estaba bien, pero los sentimientos que había evocado su pesadilla eran similares a aquellos que tuvo cuando ella lo había despertado hacía varias semanas. Decidió caminar sigilosamente hasta ella y se sentó en el borde de la cama, lo suficientemente cerca de ella. Cogió el libro y, cerrándolo, lo dejó sobre la mesita de noche junto con su varita, antes de tocar su hombro y moverlo levemente.
-Hermione- susurró mientras la movía. La castaña sólo se removió en su propio sueño.- ¡Hermione!- esta vez habló un poco más fuerte y presionó más su brazo con un nuevo movimiento.
-¿Sirius?- respondió ella abriendo lentamente sus ojos para verlo sentado a su costado.- ¿Qué sucede?
-¿Puedo quedarme contigo esta noche?- preguntó él un poco inseguro y aprovechando la oscuridad que los rodeaba para mirarla directamente a los ojos.- Por favor- agregó.
-Eeh..sí, supongo... sí- dijo la chica.
Hermione se movió hacia el lado opuesto de la cama y levantó el edredón junto con las sábanas para que él se recostara bajo las mantas junto a ella. Sirius no dudó ni un segundo en entrar al evidente cálido espacio que ella le ofrecía, recostándose sobre su espalda y fijando la mirada en el techo. Sintió que Hermione se acercaba un poco a él. Podía sentir el calor de su cuerpo sobre su costado, pero sin rozarla.
-¿Estás bien?- susurró la castaña. Sirius podía sentir que ella estaba mirándolo.
-No.
-¿Has vuelto a tener pesadillas?
-Sí- su voz sonó áspera porque su garganta estaba seca. Tragó un poco de saliva y volvió a hablar. -He tomado una ducha, pero no he podido volver a dormir.
-¿Quieres contarme de qué iba?
Sirius reflexionó un momento antes de hablar. No estaba seguro de si quería hablar sobre lo que había soñado. Eso implicaba abrir su pasado y eso era algo que se esforzaba siempre por dejar atrás, además, no quería parecer vulnerable. Pero por otro lado, había venido a buscar el apoyo de Hermione por una razón, y es que sabía que su mera presencia lo calmaría. Y no era la primera vez que compartían una cama, de hecho, era la tercera vez. Y una de esas veces, habían follado, aunque no en la cama de ella, donde él estaba ahora. En la cama de ella habían dormido junto a Teddy. No tenía excusa alguna para ocultarle su pesadilla a Hermione y ella, entre todas las personas, podría entenderlo. Suspiró profundamente antes de hablar.
-Estaba soñando con la vez que mi encantadora madre descubrió que Remus era un hombre lobo y comenzó a usar contra mí la maldición Cruciatus para que entendiera que no podía arruinar el apellido Black con mis indeseables relaciones sociales.
-¡Sirius!- susurró Hermione. Por el tono de voz en que había hablado, él sabía que de haber sido de día o no hubiera habido nadie más en casa, hubiera gritado. - ¿Tu madre te torturaba? - el pánico era evidente en su voz.
-Cuando les dije que mi madre estaba loca, no me refería a que me borrara del árbol genealógico y me desheredara- respondió luego de gruñir levemente.
-Lo siento, Sirius- susurró ella acercándose un poco más.
Hermione entrelazó su brazo con el de él y se acurrucó a su costado, apoyando su cabeza sobre su hombro en un claro gesto de querer reconfortarlo y lo apretó un poco. No lo pensó antes de hacerlo. Hacía semanas que no tenían este nivel de cercanía física, pero le pareció lo correcto. Más que correcto, había sido lo que quiso hacer. Ella no podía entender que una madre fuera capaz de torturar a sus hijos y mucho menos por algo tan absurdo como el linaje familiar. Además, ella misma había vivido en carne propia lo que significaba ser torturada durante mucho tiempo, pero había sido dentro del contexto de una guerra. No podía imaginar lo que significaba que lo hiciera alguien que se suponía debía amarte.
Sirius se sintió descolocado unos segundos cuando la sintió apoyándose en él, pero se relajó ante el contacto. Cuando ella presionó levemente su mano, él respondió de vuelta. Fue un pequeño gesto, pero significó mucho para él. Había esperado que Hermione se lamentara de su fortuna y de lo cruel que lo había tratado la vida y no estaba dispuesto a lidiar con la lástima. Sin embargo, ella sólo se había limitado a decir que lo sentía y a reconfortarlo con su agarre en el brazo y su cabeza en su hombro. Y quedarse, sobre todo quedarse. De pronto, recordó la conversación que había tenido hace tres semanas con Remus. Quizás este era el momento para hablar con ella. Respiró profundamente antes de girar sobre sí mismo y quedar sobre su costado izquierdo, frente a ella. Su rostro siendo iluminado por la tenue luz anaranjada de la lámpara.
-Hermione, sé que han pasado bastantes semanas, pero creo que debemos hablar sobre lo que pasó- dijo simplemente sabiendo que ella entendería a qué se refería.
-Está bien- respondió ella entre un suspiro.- Yo también he pensado que deberíamos hablarlo.
-Claro que lo has pensado- dijo él, sonriendo levemente recordando que Hermione Granger ha pensado y repensado todo desde siempre.- ¿Quieres empezar tú?
-De hecho, sí- dijo asintiendo con su cabeza y tomando aire, comenzó: -Si quieres saber si me arrepiento, no lo hago. Para nada. No me importa que seas el padrino de Harry ni la diferencia de edad entre tú y yo. He hecho lo que sentía en ese momento, aunque creo que no era lo que tú pretendías- dijo ella buscando la respuesta reflejada en su rostro.
-La verdad es que no y no me esperaba ni buscaba nada de lo que pasó después- le aseguró poniendo énfasis en sus palabras.- Pero luego también lo quise y por eso te seguí. Tampoco me arrepiento, aunque confieso que he pensado que debería estarlo, pero no lo estoy ¿queda claro?
-Sí, queda claro- coincidió Hermione, asintiendo con su cabeza.
-Me alivia que no estés arrepentida- confesó él, suspirando.
Sirius vio que ella hacía una pausa, dudando si continuar con lo que quería decir.
-Sirius, he peleado una guerra y la he ganado, pero a un alto costo- comenzó Hermione, mirándolo a la cara.- Sé que me entiendes. Yo aún no estoy completamente bien y sigo trabajando en ello. Por eso me fui a Estados Unidos, aunque era una oportunidad que aprovecharía sí o sí, también me sirvió para alejarme de todo y tratar de comenzar mi vida de una forma diferente, sin el fantasma de todo lo que pasó.
-Lo sé, lo pensé cuando Harry y Ron me contaron sobre todo lo que había pasado cuando no estuve- la interrumpió Black tomando su mano y apretándola suavemente-, y lo entiendo. Creo que hice lo mismo cuando compartimos esta casa cuando ustedes estaban en quinto, arranqué de todos...
-Honestamente, creo que es mucho mejor que no hayas estado aquí durante estos años- lo interrumpió ella esta vez, mirando los tatuajes de sus brazos que sobresalían por su camiseta para luego volver a mirarlo a los ojos.
Sirius tragó un poco de saliva para disolver el nudo que se había formado repentinamente en su garganta ante sus palabras. Seguro que ella tenía una buena razón para decir eso, una razón que explicara que ella prefiriera que los hubiera abandonado cuando la guerra aún no comenzaba.
-Me alegra saber que uno de nosotros no tuvo que vivir todo lo que pasó durante esos años- explicó Hermione, con la voz apretada.- Tú ya habías tenido tu cuota de malas experiencias en esta vida como para sumar dos años más de toda esa mierda.
Sirius enarcó una ceja. Le sorprendió escucharla hablar así porque Hermione no solía usar insultos. Así que concluyó que ella realmente estaba hablando lo más transparente que podía.
-¿No crees que pude estar allí para ayudarlos a buscar los horrocruxes?- inquirió hablando en voz baja porque sintió, de pronto, que debía usar ese tono.
-Sí, pudiste habernos ayudado con todo tu conocimiento familiar sobre las artes oscuras- respondió la castaña acercando su mano hacia la cabeza de Sirius y moviendo unos mechones ondulados de su cabello para despejar su rostro. La sensación le causó un poco de cosquillas. -Pero no sé si hubieras podido resistir estar en la Mansión Malfoy escuchando cómo…-hizo una pausa que Sirius no pudo dejar de notar-… o quizás cómo hubieran usado a Harry para dañarte a ti, o cómo hubieras resistido ver el supuesto cadáver de Harry cuando Voldemort dijo que estaba muerto en la Batalla de Hogwarts...- hizo una pausa y volvió a hablar: -Creo que haber visto a James y Lily muertos en Godric's Hollow aquella noche fue suficiente para ti como para también ser testigo de la muerte de su hijo.
-Lo fue- susurró él, sin poder decir nada más porque ella tenía razón.
-Que hayas vuelto ahora es mejor porque a pesar de que han pasado más de cuatro años de la guerra, aún nos dolían muchas cosas y tú fuiste alguien a quien todos extrañábamos. Y cuando supe que estabas vivo, no lo sé... Habíamos perdido tanto que me dio miedo creer que era verdad.
-Aún me agobio por estar de vuelta, ¿sabes?- confesó él, mirando el techo de pronto.
-¿No...no quieres estar aquí?- preguntó tímidamente Granger.
-No es eso. Pero a veces no puedo evitar sentirme fuera de lugar- explicó, rascándose un poco la cabeza.- No es fácil volver creyendo que no ha pasado ni un solo día desde que te has ido y encontrar que todas las personas que conocías han crecido y han armado sus vidas en las que tú no tienes cabida- suspiró.
-¡Pero perteneces a nuestras vidas!- afirmó ella, con seguridad, y poniendo su mano sobre su hombro para sacudirlo.- Sirius, al volver sólo viniste a llenar el espacio que habías dejado. Ese lugar nunca estuvo ocupado por nadie y en las fechas importantes, como en los cumpleaños de Harry, tu ausencia era mucho más evidente.
-Lo dices sólo para hacerme sentir bien, Hermione- dijo él rodando sus ojos.
-No me ruedes los ojos, yo soy la que hace eso- Sirius no pudo evitar reírse.- No sabes lo que era junio para nosotros, Sirius. Después del aniversario de la Batalla de Hogwarts en mayo, el aniversario de tu muerte era la fecha más difícil que teníamos que vivir. No solíamos mencionarlo mucho en voz alta, pero sé que el 18 de junio era un día en que nadie hablaba mucho. Ni Remus, ni Tonks, ni Harry, ni Ron, ni Ginny, ni yo, pero todos sabíamos quién ocupaba nuestras mentes ese día.
El animago se quedó en silencio, mirándola. Nunca había pensado en las vidas de esas personas extrañándolo a él. Siempre había pensado en cómo ellos habían seguido con sus vidas cuando él había muerto, pero nunca había pensado en el espacio vacío que había dejado y la manera en que cada uno había lidiado con ese hueco repentino. Pero la verdad es que lo que Hermione le estaba diciendo tenía todo el sentido del mundo y se sintió un poco estúpido por haber sido tan autocompasivo.
-Sirius, hay algo que necesito decirte- dijo ella de repente, cortando sus pensamientos. Él la miró atento, esperando que hablara. -No usamos ningún tipo de protección esa noche, lo sabes, ¿verdad?
Sus ojos se abrieron de par en par. En todo este tiempo nunca había pensado en ese pequeño gran detalle. La miró, analizó sus facciones buscando alguna respuesta, pero no la encontró.
-Hermione, lo siento, no lo pensé.- Su voz sonó ronca, así que carraspeó levemente para aclararla. -Generalmente no soy así de descuidado.- Pudo ver un rayo de decepción cruzando rápidamente sus ojos marrones cuando ella comprendió el trasfondo de lo que había dicho. -No, quiero decir...Hermione, la otra noche fue la primera vez que tenía sexo con alguien en meses. Supongo que quise retomar mi vida donde la había dejado cuando tenía veintiún años, pero no fue como esperaba. Contigo, en cambio... ¿estás embarazada?- espetó.
La castaña sólo negó con la cabeza, pero sus ojos se llenaron de lágrimas. Sirius, aturdido aunque aliviado por las repentinas ideas que cruzaron su mente sobre qué hubiera ocurrido ante un posible embarazo de Hermione, acercó sus manos a sus mejillas y despejó las lágrimas que habían comenzado a caer.
-¿Qué pasa?- susurró él.
-Yo tampoco me acordé, Sirius, no es tu culpa- comenzó ella, tomando sus manos para quitarlas de sus mejillas, pero no las soltó una vez que las bajó. - Pero al cabo de unos días, me di cuenta de lo que habíamos hecho y fui a San Mungo a hacerme una prueba rutinaria de embarazo para salir de dudas.
San Mungo estaba tranquilo esa mañana. Cuando llegó a la planta de Ginecología, Obstetricia y Maternidad, su estómago se apretó en un nudo. Había venido con la idea de salir de dudas y estar tranquila, pero no sabía que iba a hacer si el examen daba positivo. ¿Qué pasaba si realmente estaba embarazada de Sirius Black? Pero no podía ser. La sanadora le había dicho hace años la verdad.
Llamó a la puerta de la sanadora Holland, una mujer rubia con el cabello ondulado de unos cuarenta años con quien personalmente se llevaba atendiendo desde la primera vez que había venido, y su voz le dijo que entrara. Había escrito una lechuza hacía dos días para preguntarle si podía atenderla algún día de esa semana porque necesitaba saber si estaba embarazada o no. Había preguntado directamente lo que necesitaba porque no quería explicarle a Holland las circunstancias de ese posible embarazo.
-Hermione, ¿estás buscando embarazarte?- preguntó la sanadora después de haberse saludado y pedirle que se recostara sobre la camilla.
-No, esto fue...accidental- decidió explicar de esa manera su situación.- Y ya sé que hablamos hace años de esto, pero nunca había estado ante la posibilidad real de embarazarme. Siempre había guardado todas las precauciones y esta vez...lo olvidé.
-¿Y tu compañero también lo ha olvidado?- inquirió la otra, levantando una ceja. Hermione comprendió que estaba criticando la conducta irresponsable del hombre, quien fuera que fuese, con el que había mantenido relaciones sexuales.
-Es complicado- se limitó a decir, ahora más nerviosa que cuando había llegado.
-Está bien- terminó ella esa parte de la conversación. - ¿Sabes en qué día de tu ciclo menstrual estabas cuando ocurrió este "accidente", como tú lo has llamado?
-Sí, estaba en mis días fértiles.
La sanadora la miró un momento y tomó su mano antes de continuar hablando.
-Hermione, eres muy joven, estás en tus años más fértiles. Ya hemos tenido esta conversación antes, pero quiero que estés preparada para cualquier resultado que arroje el examen, ¿sí?- comenzó a hablar Holland con la voz llena de empatía. -Cualquier otra mujer de tu edad habiendo mantenido relaciones sexuales durante sus días fértiles, tendría altas posibilidades de estar embarazada en este momento. Si el examen señala que es positivo y estás realmente embarazada, sería un milagro. Si sale negativo...
-Lo sé- la interrumpió Granger, siendo consciente plenamente de lo que significaría. - Sólo quiero tener certezas.
-De acuerdo, bébete esto- dijo la sanadora pasándole un frasco pequeño relleno con un líquido azul. Hermione se lo tragó de un sorbo. Era bastante agradable al gusto. -Cuando presione con mi varita sobre tu útero, esa poción revelará si estás embarazada. Si la punta de mi varita se ilumina en color azul, estás embarazada. Si lo hace de color rojo, no lo estás, ¿entendido?
Hermione asintió. Era ahora o nunca. La sanadora Holland subió el sweater verde que ella llevaba ese día y le pidió que se desabrochara el botón de los vaqueros que usaba. Obedeció en silencio y entonces sintió la punta helada de la varita de la otra mujer sobre su piel de su bajo abdomen. Ambas miraron hacia el punto en que la madera y su piel se unían y entonces, la punta se iluminó con un fuerte tono de rojo brillante.
-Lo siento mucho, Hermione- dijo en voz baja, pero clara Holland.
-No, está bien- respondió la otra incorporándose sobre la camilla mientras se secaba con la manga las lágrimas que habían caído por su rostro.- En realidad, si hubiera sido azul, hubiera entrado en pánico porque hubiera sido muy complicado contarle a los demás quién era el padre. - Respiró un momento para calmarse antes de seguir y mirar a la sanadora.- Es sólo que esto confirma que Bellatrix Lestrange me quitó mucho más de lo que creí en su momento.
-Hermione, cuando te examiné hace varios años atrás, te dije que la magia oscura permanece en el cuerpo por mucho tiempo, pero no es para siempre- aclaró la rubia sentándose con ella en la camilla. - Tú aún tienes veintitrés años y es probable que, dentro de unos cinco años, ya no quede rastro de ella en tu útero y podrás intentar embarazarte, si así lo deseas.
Black escuchó atentamente a Hermione. Así que esa era una de las cosas que Remus le había dicho que no podía decirle a no ser que la misma Hermione se lo dijera. Su desquiciada prima Bellatrix había usado sobre Hermione la maldición Cruciatus el suficiente tiempo como para dañar su útero, impidiendo que pudiera albergar un embarazo, al menos hasta que su cuerpo terminara de expulsar la magia oscura de sí mismo.
-Según los exámenes que me hicieron la primera vez que fui a San Mungo, todo estaba bien, a pesar de faltarme vitaminas y que debía subir un par de kilos por haber estado viajando en la clandestinidad con Harry y Ron y comiendo lo que podíamos- explicó Granger, mirando un punto por encima del hombro de Sirius. -Pero la sanadora decidió hacer exámenes a todos mis órganos cuando respondí a su pregunta sobre si habían usado el Cruciatus conmigo- pestañeó y posó sus ojos sobre él.
-Entonces supiste que tu útero estaba dañado- terminó Sirius por ella, susurrando porque así sintió que sonaría mejor, aunque no. Hermione asintió, sus ojos nuevamente llenándose de lágrimas.
-No creas que no estoy agradecida porque las consecuencias hayan sido sólo éstas. Quiero decir, es sólo pensar en los padres de Neville, ¿no? Eso es mucho peor que lo que yo estoy enfrentando ahora- se justificó, aunque con cierto pesar en su voz. -Es sólo que... me asusta no saber si voy a poder ser madre en el futuro.
-¿Y quieres ser madre en el futuro?- inquirió Sirius, aún susurrando. Hermione asintió en silencio, con los ojos cerrados.
Sirius quería preguntar algo, pero no sabía si era correcto que lo hiciera. Decidió que, ya que estaban hablando con la mayor honestidad, lo haría de todos modos.
-Hermione, ¿en algún momento, antes de saber que la prueba de embarazo daría negativo, se te cruzó por la cabeza querer estar embarazada...de mí?
La castaña lo miró unos segundos. Sirius podía ver en su mirada que su pregunta la había descolocado. No sabía por qué había preguntado eso. Pensó que nunca había estado tan cerca de la idea de ser padre (si es que Hermione lo hubiera permitido, claro), así que de repente no supo cómo sentirse con lo que ella le estaba contando de su última visita a San Mungo. La chica lo miró con el ceño fruncido, pero respondió igualmente.
-Sí, en algún minuto deseé que el examen arrojara que estaba embarazada. Pero no pensé específicamente en que tú serías el padre. Sólo estaba obsesionada con la idea de probarme a mí misma que Bellatrix no me había dañado tanto. Pero claro, si hubiera dado positivo... tampoco es el momento para mí...no lo sé, ¿te imaginas siendo padre conmigo, Sirius?
-Honestamente, no imagino a nadie mejor en este momento- respondió y luego, para bajarle el perfil a lo que había dicho, agregó riéndose: -Pero no quiero pensar en lo que implicaría decirle a Molly Weasley que su casi segunda hija se ha acostado con un hombre como yo.
Hermione no pudo evitar reírse ante su comentario y Sirius se alegró de haberla hecho reír. Agradeció a Merlín haber podido hablar con Hermione sin arruinar el lazo que sabía habían forjado aquella noche hace unas semanas. Suspiró y se acercó a ella, apoyando su frente con la suya y la miró. Ella no dio señales de sentirse incómoda con ese gesto, al contrario, le sostuvo la mirada.
-¿Quién más sabe esto?- quiso saber Sirius.
-Sólo Remus y ahora tú.
Sirius sintió una ola de calor reconfortante al saber eso. Era estúpido quizás, pero le gustaba que Hermione confiara lo suficiente en él como para contarle esto y ser la segunda persona a la que ella se la contaba.
-¿Tiene esto algo que ver con que te fueras a Nueva York?- susurró. Hermione suspiró.
-Sí, en parte. Me sentía sobrepasada por todo y creí que alejándome de aquí me sentiría mejor- se encogió de hombros.
-¿Ha funcionado?
-Creo que sí.
-¿Puedo preguntar de qué es la cicatriz que cruza desde tus costillas y sigue hacia atrás en tu espalda?- dijo acercando su mano un poco hacia su cintura, rozándola con cuidado. Sintió que Hermione se estremecía levemente.
-Dolohov- dijo suspirando.- La batalla del Departamento de Misterios.
-Se ve grave.
-Pudo serlo más- suspiró ella.- Ya sabes que Remus casi muere a manos de Dolohov en la Batalla de Hogwarts.
-Qué.
Sirius vio que Hermione se alejaba de él para escudriñar su rostro. Él sentía que el corazón le latía a mil por hora por la sorpresa y el temor que lo embargó de un momento a otro.
-¿No sabías eso sobre Remus?- preguntó Hermione, enarcando una ceja. Sirius sólo negó con la cabeza, desconcertado. Hermione tragó saliva antes de hablar. -La Batalla de Hogwarts fue difícil y eterna, como te podrás imaginar, y Remus casi muere en ella. Al parecer fue Bill quien logró quitar a Dolohov de en medio, yo no estaba allí- hizo una pausa y Sirius esperó a que continuara. -Luego, Bellatrix casi mata a Tonks…
-¿A Tonks?- repitió, preocupado.
-Fue horrible, por un momento pensé que le había acertado por la cara de asombro de ella, pero entonces Ginny se dio cuenta que Tonks había alcanzado a moverse muy poco y corrió a interceptar a Bellatrix, y Luna y yo, que justo nos habíamos deshecho de dos mortífagos, nos unimos a ellas: Tonks fue atacada por otro mortífago y nos dejó peleando a las tres contra Bellatrix. Y ahí fue cuando un Avada casi alcanza a Ginny y Molly nos apartó para batirse a duelo con ella personalmente.
-Y así fue cómo Molly mató a mi prima- terminó Sirius, después de tragar saliva. Hermione asintió.
-Pensé que te habían contado todo esto.
Sirius suspiró y fijó la mirada en un punto detrás de Hermione. Entendía que las personas que formaban su familia ahora no le hubieran contado detalle por detalle las batallas que habían peleado durante la guerra, pero no esperaba que Remus o Tonks le hubieran ocultado que ambos habían estado a punto de morir. Pensó por un momento haber regresado a la vida para no encontrarse con su mejor amigo y sintió que su corazón se apretaba dolorosamente. Sacudió su cabeza para eliminar esas ideas mientras Hermione lo volvía a mirar, intrigada.
-Siempre podrás contar conmigo, ¿entendido? Para lo que necesites, Hermione. Siempre.
-Y tú conmigo, Sirius, gracias- contestó ella sonriendo ligeramente.
-Por cierto- empezó él, atrayéndola en un abrazo, mientras Hermione se acurrucaba en su pecho-, Remus lo sabe todo.
-Lo sospechaba, pero ahora que lo sé a ciencia cierta, no sé cómo voy a mirarlo a la cara- dijo con cierto pánico en su voz.
-¿Por qué te preocupa tanto?- quiso saber Sirius riéndose mientras acariciaba su brazo con la mano que la tenía abrazada.
-¡Porque soy la madrina de su hijo!- exclamó como si fuera evidente para que él estuviera preguntándoselo.
-Ah, no te preocupes, Remus podrá ser un hombre lobo, pero realmente no muerde.
-¿Pero cómo lo supo? ¿Se lo has dicho tú?- inquirió ella con cierto tono acusatorio.
-La verdad es que no lo sé- confesó Sirius, de pronto interesado en ese aspecto no descubierto.- Pero estaba realmente molesto, ¿sabes? Me acusó de haberte seducido como a esas chicas en los bares cuando acabábamos de salir de Hogwarts.
-¿En serio?
-Sí y tuve que explicarle que no había sido así- aclaró él, con su mirada sobre el techo. Podía sentir la mirada de Hermione mirándolo con su cabeza inclinada ligeramente hacia atrás para poder verlo.- Hubieras visto su cara cuando le dije que tú habías comenzado todo- terminó él riéndose y recibiendo un golpe en el brazo como castigo, mientras ella también se reía.
Un breve silencio llenó el espacio que segundos antes habían ocupado sus risas.
-¿Sirius, por qué viniste esta noche?
-No lo sé- dijo suspirando.
-Sirius- dijo ella con un tono de ultimátum.
-Algo en ti me calma, Hermione- suspiró el ojigris, mirando el techo mientras dibujaba patrones en el brazo de Granger- No sé qué es, sinceramente. ¿Te molesta?
La castaña hizo una pausa de un par de segundos antes de responder.
-No, de hecho, creo que me pasa lo mismo contigo.
Hubo otro momento de silencio y Sirius sintió que el sueño volvía a invadirlo. Seguro que habían estado conversando por más de una hora y su mente ya le estaba pidiendo parar. Sintió que la respiración de Hermione comenzaba a ser más pausada y supo que ella también estaba a punto de quedarse dormida.
-¿Sirius?- habló con un tono muy bajo. Sintió su voz vibrar contra su pecho.
-¿Mm?
-Lo que pasó la otra noche entre nosotros fue importante para mí.
Sirius la apretó contra su cuerpo y no pudo evitar que, aún estando con los ojos cerrados, una sutil sonrisa se formara en sus labios.
-Para mí también- respondió en un susurro lo suficientemente audible para que ella lo escuchara, antes de caer profundamente dormido.
