UN MES


Angie sale del apartamento cargando una caja.

Le dedica una sonrisa triste, agradeciendo que esté echándole una mano.

Todos están aquí para ayudarle.

Solo iban a sacar las cosas de Fred de su habitación. Era lo más sano. Lo recomiendan muchos terapeutas muggles o eso dicen Audrey y Hermieno. Es una fase más del duelo. Pero la verdad es que tendría que echar el apartamento al suelo, porque cada milímetro de él tiene impregnada su esencia. Así que en vez de derrumbar una propiedad privada, que está encima de su preciada tienda, va a mudarse.

No muy lejos, quiere estar cerca del trabajo. Sobre todo por qué últimamente se ha volcado en cuerpo y alma a ella. Las primeras semanas casi no pudo pisarla, pero era su sueño. El de ambos. Y estaba determinado a convertirlo en el negocio más rentable de todo el mundo mágico.

Todos le estaban ayudando en eso también. Charlie se pasaba los días en la tienda con él, al menos hasta que volviese a Rumania. Ron ayudaba cuando podía, había prometido pasarse por las tardes cuando estuviese en la academia de Aurores. Percy le ayudaba con las cuentas, y que falta le hacía. Bill aparecía algunos días para sacarlo a comer y otros días le llevaba comida casera de Fleur. Incluso Hermione le estaba ayudando con algunas dudas que tenía para algún articulo nuevo, ya que Fred solía encargarse de la parte de Pociones de los artilugios.

Con diferencia la persona que se había vuelto en su pilar fue Angelina. No se había separado prácticamente de su lado desde el funeral. No estaba siendo agobiante, al contrario su presencia le hacía los días más livianos. Para que engañarse no sabe que haría sin ella.

No estaba preparada para establecer una relación sentimental con nadie, aunque en el pasado ya hubiese estado con Angie, pero esperaba que un día, cuando estuviese mejor, pudiese establecer una vida a su lado.