N/A: Hola a todo el mundo! He tardado mucho tiempo en actualizar porque soy chilena y la situación política y social que se vive actualmente en mi país me ha mantenido bastante ocupada, sobre todo con la violación a los derechos humanos por parte del Estado hacia la población. Para que quede claro, Chile está viviendo la trama de Harry Potter y la Orden del Fénix y yo soy algo así como parte de la Orden, entonces no tenía cabeza para sentarme a escribir. Desde ahora, sin embargo, actualizaré mucho más seguido. Espero que les guste el capítulo!
CAPÍTULO 10:
Estrella solitaria
But oh dear, we've got to stay
And finish all that we needed to say.
Now, darling, if you fall
I'll be there to hold you
'Cause I gave you my soul
Long time ago, long time ago.
'Cause you, you are my lonely star
And I'm, I'm your wishing girl.
(Wishing girl – Lola Marsh)
Había despertado porque su reloj biológico ya estaba programado para ir a trabajar. Mientras tomaba consciencia lentamente de haber salido de su sueño, sintió que era abrazada por un cuerpo tibio que la protegía del frío del invierno. Sin abrir los ojos, se permitió a sí misma sonreír sutilmente y se acurrucó un poco más en el pecho de Sirius.
Hermione sentía que su vida poco a poco volvía a la normalidad. Atrás habían quedado la incomodidad y la tensión que la habían acompañado durante las últimas semanas. Se alegraba de haber aclarado las cosas con Sirius y, además, de haberle confiado las consecuencias de los hechos ocurridos en la Mansión Malfoy. Había temido que Sirius se asustara por el descuido que ambos habían tenido o sintiera lástima por ella, pero no había sido así.
-¿Ya es de día?- escuchó la voz áspera de Black aún adormilada sobre su cabeza.
-Sí…
-Debes irte al ministerio, ¿verdad?- dijo él abrazándola aún más.
Hermione asintió, respiró profundamente y suspiró. Sirius olía tan bien siempre, incluso al despertar. Ese olor a perfume masculino mezclado con el olor a cuero. No sabía si estaba bien sentir la tranquilidad que tenía en ese momento. Deseaba que fuera fin de semana en vez de miércoles y no tener que levantarse. Pero luego los habitantes de la casa se preguntarían dónde estaba si no había ido a trabajar y nadie la había visto salir de su habitación, en la cual la encontrarían con el padrino de Harry Potter durmiendo y no tenía ganas de dar explicaciones.
-Debo decirte otra cosa que no dije anoche- dijo Sirius.
-¿Qué?
-¿Qué es eso de irte por la mañana sin decir nada después de haber tenido sexo conmigo?- soltó.
Hermione abrió los ojos de golpe y se acomodó hasta quedar a su altura para poder mirarlo.
-¿Estás hablando en serio?- preguntó la castaña, escudriñándolo con la mirada.
-Sí, claro. Quiero decir, no soy cualquier hombre que conociste en un bar, tú no eres cualquier mujer que conocí en un bar- explicó él sin soltarla y mirándola calmadamente.-¡Nosotros nos conocemos por años! ¿Qué esperabas? ¿No volver a verme?
-No, claro que sabía que volvería a verte, pero no lo sé...No pensé que le darías mayor importancia- respondió Hermione, encogiéndose de hombros.
-Confieso que me sentí un poco usado por ti cuando desperté y no te vi durmiendo al otro lado de la cama- sonrió, pero ella pudo ver que la sonrisa no alcanzó del todo a reflejarse en sus ojos grises.- ¡Por un momento he pensado que lo había soñado todo y me he sentido muy mal por fantasear contigo!
Hermione mordió su labio inferior un poco avergonzada. Sirius parecía molesto de verdad. Ella había asumido que tal vez él estaba acostumbrado a esa forma de hacer las cosas y prefirió no tener que enfrentarse a él y tener la conversación obvia de "todo está bien entre nosotros" o "pretendamos que esto nunca pasó y sigamos con nuestras vidas". Quizás debió dejar alguna nota rápida diciendo que se iba a trabajar o que hablarían luego. Tal vez había sido un error que podría haber ocasionado una catástrofe mucho mayor que la tensión que había existido.
-Sí, es cierto, perdona, tienes razón.
-¿Estás admitiendo que tengo razón?- quiso asegurarse él.
-Sí…
-Eso es nuevo, jamás pensé que viviría para ver este momento. ¡Quiero decir, ya he muerto una vez y nunca lo viví!- bromeó Sirius soltándola un poco.
-¡Sirius! ¡No bromees con eso!- le recriminó Hermione, pero riéndose al mismo tiempo que él.- Vale, está bien, prometo no volver a escapar de tu cama como una fugitiva al amanecer.
Sirius se rió otra vez un momento, pero se apagó su risa cuando procesó las palabras de Hermione. Seguro que lo había hecho de forma inconsciente, pero a una parte de él le había gustado oírla decirlo. Sabía que tal vez no debía hacerlo, pero decidió empujar un poco más su suerte.
-¿Prometes no volver a escabullirte?- cuestionó arqueando una ceja, divertido.
-Sí, lo prometo- respondió ella rodando los ojos.- ¿Qué pasa?
-¿Quieres decir... en el futuro?
Hermione lo observó con el ceño fruncido antes que la realización inundara su mente y abriera los ojos, sorprendida de lo que había dicho.
-¡No lo dije de esa manera!- se justificó Granger, nerviosa e incorporándose rápidamente sobre el colchón.- Hablaba figuradamente, ya sabes, es una forma de decir, como cuando dices...
-Hermione.
-¿Qué?- dijo ella bajando la mirada hasta él.
-Estoy bromeando- soltó riendo y Hermione lanzó un bufido de frustración.- Perdona, no quise incomodarte, pero te has puesto tan nerviosa, no pude evitarlo- agregó a la vez que ella lo golpeaba en el brazo.
-La próxima vez que hagas algo así no necesitarás una maldita cortina para morir.
-Hermione Granger, ese ha sido un golpe bajo- replicó levantando ambas cejas y sin evitar reírse a pesar de estar impactado por su repentina e inesperada réplica.
-He aprendido del mejor- rió ella.
-Ya, vete, tienes que ir a trabajar- dijo él acomodándose otra vez para seguir durmiendo.
-Esta es mi habitación- replicó cruzándose de brazos y Sirius observó rápidamente a su alrededor.
-Tienes razón- afirmó riéndose y levantándose de la cama con agilidad.
-Vete, tengo mucho que hacer aún antes de marcharme al ministerio.
-Está bien, está bien, yo iré a seguir durmiendo- se rió él y le guiñó un ojo.
Hermione rodó los ojos y le lanzó un cojín justo cuando él cerraba la puerta.
Suspiró. Se sentía contenta después de días de incertidumbre. Le gustaba saber que ahora podría volver a hablar con Sirius y pasar tiempo con él como habían estado haciendo. No quería pensar en lo que significaba despertar abrazada a él. Sólo hemos dormido, pensó. Sólo hemos dormido como amigos.
Pero nunca has dormido abrazada a Harry o a Remus, otra voz en su cabeza añadió. Eso era cierto, pero no tenía por qué significar algo. El punto era que se había sentido tan cobijada que, ahora que se vestía luego de ducharse, sentía que le faltaba algo. Había dormido tan bien. Sirius tenía un efecto sedante en ella. Apagaba sus neurotransmisores del dolor, del trauma, del recuerdo.
Se miró al espejo luego de aplicarse maquillaje suave. Aún tenía leves ojeras heredadas de noches anteriores, pero esperaba que fueran desapareciendo. Usó su varita para ordenar las ondas de su largo cabello antes de bajar a desayunar a la cocina. Pero cuando bajaba las escaleras de la siguiente planta, Ginny apareció por la habitación de su cuarto y corrió hasta ella.
-¿Ginny?
-Ven conmigo- dijo tomando su mano y obligándola a entrar en su habitación.- Harry está en la cocina preparando el desayuno.
-¿Ginny, qué sucede?
La pelirroja se sentó sobre el colchón al final de su cama, obligándola a imitarla.
-No me mientas- comenzó la Weasley, mirándola divertida y seriamente.- Harry podrá ser despistado para algunas cosas, pero yo no. Así que quiero que me digas por qué acabo de escuchar a Sirius saliendo de tu habitación y entrando a la suya.
El primer instinto de Hermione fue mentirle y negar lo que su amiga estaba diciendo, pero luego se dio cuenta que sería absurdo e inútil. Nada se le escapaba jamás a Ginny Weasley.
-Hemos dormido juntos…¡sólo dormido!- agregó rápidamente al ver los azules ojos de su amiga brillar con entusiasmo.- Anoche Sirius ha venido a despertarme por una pesadilla y me ha pedido quedarse- hizo una pausa en la que Ginny la observó atentamente.- Y hemos hablado de lo que pasó entre nosotros y ya está todo bien.
-¿Qué quiere decir que todo está bien?
-Que hemos hablado de lo que significó para cada uno y ahora hemos vuelto a llevarnos bien, sin tensiones y con transparencia.
Ginny la escudriñó con la mirada unos segundos en los que Hermione no pudo evitar sentirse expuesta, aunque no supiera el motivo por el que se sentía tan vulnerable bajo la mirada de su amiga. No había nada más que entender y le irritaba un poco que ella cuestionara sus palabras.
-Mira, Hermione, voy a ser honesta- explicó la bruja menor acercándose más a la otra.- Sirius y tú tienen una amistad particular desde que has vuelto a Londres. Me gusta la manera que tiene de preocuparse por ti, de eso no tengo dudas, pero tú me preocupas a mí de una manera distinta y no quiero verte sufrir… ¿sabes si sale con otras brujas?
-No…- hizo una pausa breve antes de volver a hablar: -Quiero decir, él me ha dicho que hace meses estuvo saliendo con algunas brujas, pero que se dio cuenta que ya no funcionaba eso para él y que desde entonces que no estaba con nadie antes de acostarse conmigo.
-Sí, lo suponía de alguna manera- dijo Ginny resueltamente.- Yo le creo, pero quizás deberías salir con otros chicos, ¿no crees? Para protegerte. Así, si él un día aparece con alguien más, no habrás pecado de ingenua.
-Sólo somos amigos, Ginny- replicó Granger, exasperada y bufando.
-Sí, amigos que tuvieron sexo- la atajó la jugadora de quidditch mientras asentía con su cabeza.- Eso es siempre delicado y me alegro que lo hayan resuelto, ¿sabes? Porque por uno o por otro lado podría explotar.
-De eso hemos hablado anoche, del cómo y por qué- explicó la castaña. No podía evitar sentirse un poco a la defensiva mientras respondía.- Y honestamente creo que no hay nada por lo que debas preocuparte.
-Está bien, confío en ti- le dijo Ginny tomando su mano reaseguradoramente.- Ahora pueden seguir siendo amigos…- añadió riéndose maliciosamente.
-¿Por qué te estás riendo?- inquirió Hermione enarcando una ceja.
-Porque si hubiera sabido el verano que pasamos aquí cuando aún estábamos en Hogwarts que la nueva prefecta de Gryffindor se iba a acostar con el solitario padrino de mi actual novio, te hubiera alentado para que lo hubieras hecho antes- respondió riéndose mucho más fuerte mientras una sonrojada Hermione Granger la empujaba hacia la cama.
El viernes de esa semana todos habían salido temprano del trabajo. Remus, Tonks y Teddy irían a cenar a casa y los esperaban. Harry estaba revolviendo una olla de carne de cerdo con vino y ciruelas que se cocía lentamente mientras Hermione estaba a su lado indicándole lo que debía hacer.
Sirius estaba sentado en la mesa mientras cortaba zanahorias. Ginny estaba a su lado cortando cebollas. Hermione había insistido en que debían preparar esa receta como muggles porque el sabor quedaba distinto. Estaban en silencio salvo por el sonido a volumen bajo de la radio muggle que Granger había encendido para hacer ambiente.
Ahora que estaban todos reunidos, Sirius recordó la conversación que había tenido con Remus y se dedicó a observar disimuladamente a Hermione y a Harry mientras seguía cortando las verduras. Era cierto. A simple vista parecían dos amigos que se conocían durante más de una década, pero había detalles que sólo un buen observador podría notar: la manera en que Hermione lo abrazaba cuando le quitaba la cuchara de madera para corregir algo, la manera en que Harry besaba su cabeza cuando ella apoyaba la suya en su hombro. La manera en que se hacían reír mutuamente. Y cuando comenzó a sonar una canción menos lenta, Harry dejó la cuchara a un costado, atrapó la mano de su amiga y la hizo girar sobre sí misma para ponerse a bailar con ella de forma graciosa mientras se reían fuertemente. Un sentimiento para nada agradable afloró en el pecho de Sirius y respiró profundamente. Odiaba sentir celos de Harry, pero él quería estar en su lugar en ese momento. Cómo voy a estar celoso de mi ahijado, pensó molesto consigo mismo, es más, ¡cómo es que siquiera estoy celoso!
-Sé lo que estás pensando- la voz de Ginny lo sacó de sus pensamientos.
-¿Eso crees?
-He visto durante minutos cómo los estás mirando- siguió ella con toda naturalidad sin interrumpir su labor.- Pero no te preocupes, nadie más se ha dado cuenta. Es sólo que yo siempre veo todo.
-¿Y qué es lo que estoy pensando según tú?
-No hemos hablado en profundidad desde que llegaste a esta casa, Sirius, pero entiendo tu posición- comenzó ella cogiendo otra cebolla, cortándola por la mitad y empezando a picarla.- Has regresado y has visto que ha terminado la guerra, has retomado una vida sin que para ti haya transcurrido ni un solo día y para nosotros seis años completos, todos tenemos vínculos formados y fuertes, todos tenemos a alguien y tal vez te sientes solo, y por mucho que nosotros hagamos todo para que no sea así, comprendo que hay cosas que no podamos llenar.
Sirius dejó de cortar las zanahorias para mirar a la novia de Harry. Podía recordarla perfectamente con catorce años en esa casa mientras Molly la mandaba a hacer muchas tareas y excluyéndola de las conversaciones de los adultos. Recordaba sus gritos cuando su madre la había llevado a dormir porque consideraba que no tenía edad para escuchar la verdad sobre los planes de Lord Voldemort mientras que sus hermanos, Harry y Hermione se habían quedado en la cocina para oírlo todo. En ese momento, nunca pensó que Harry terminaría saliendo con ella, pero ahora que la veía y escuchaba, en realidad parecía algo bastante obvio incluso entonces. Ginny también podía ver cosas donde los demás no notaban nada y sólo las hablaba cuando consideraba que era necesario. Un talento que otra pelirroja en su vida había tenido y que le había hecho merecedora de su amistad.
-Al parecer, Hermione ha logrado llegar a ti- siguió con naturalidad aprovechando que él no había replicado nada.- Y tú a ella, desde luego. Yo conozco a mi amiga. Lo ha pasado mal, Sirius. La guerra fue dura con ella y ahora la veo bien. Y me atrevería a decir que tú tienes mucho que ver con eso.
Soltó el aire que tenía retenido lentamente. Si lo que Ginny le estaba diciendo era cierto, entonces era algo mutuo. Merlín sabía lo destruido que había estado justo antes de morir. Había pasado de ser un ex prisionero a estar fugado, para luego estar enclaustrado en la casa de la familia que odiaba y convertirse en un hombre melancólico, amargado y alcohólico con la única compañía de un hipogrifo y las casuales visitas de su amigo Remus. Y volver a esta vida había sido difícil, aún lo era, pero la forma en que Hermione y él se habían acercado desde que ella había llegado de Nueva York había acelerado ese proceso de adaptación. ¿Significaba eso algo más? ¿Estaba haciendo bien? Quizás dormir con ella esta semana había sido ir muy lejos. Pero él sabía que ella estaba bien con eso. Confiaban plenamente el uno en la otra.
Sirius volvió a mirar a Harry y Hermione, quienes habían vuelto a poner atención a la olla.
-No te equivoques, no estoy presionando nada- habló la pelirroja nuevamente como si adivinara lo que estaba cruzando por su mente.- Sólo digo que le haces bien a ella. Creo también que Hermione tiene el mismo efecto en ti, así que no lo arruinen.
Él no pudo más que asentir a las palabras de la Weasley y ella le guiñó un ojo de regreso. Iba a tener que pensar en todo esto cuando estuviera solo, pero algo le decía que no era tan difícil para él continuar. No sabía qué podría ocurrir que arruinara el especial vínculo que compartía con la castaña, pero creía que hasta el momento todo estaba bien. Debía seguir trabajando en ello.
-¿A qué hora esperamos a los Lupin?- preguntó Harry acercándose la cuchara a la boca para probar la comida.
-Deberían llegar en una media hora- respondió Sirius, pasándole a Hermione el plato con las zanahorias cortadas.
-¿Por qué no bebemos un poco de vino mientras tanto?- sugirió Granger mientras vaciaba el plato en la olla al mismo tiempo que Potter revolvía.
-Hay una botella justo arriba en ese mueble- le señaló Sirius a la chica, sonriendo. Hermione devolvió esa sonrisa con naturalidad y él sintió que su pecho se inflaba. Sí, pensó, todo va a estar bien.
-¿Cómo va tu proyecto sobre la calidad de vida de los hombres lobo?- inquirió Ginny mirando a su amiga mientras servía copas de vino para todos.
-¿Hombres lobo?- repitió Sirius, completamente interesado en la conversación.- No sabía que estabas haciendo eso.
-Es que no quería contarlo hasta que estuviera listo, pero ya que Ginny no es capaz de guardarlo más en silencio, lo explicaré- dijo mientras rodaba los ojos a su amiga, quien se rió.
Sirius la escuchó atentamente hablar sobre su proyecto para erradicar las leyes que limitaban en derechos a la población licántropa del mundo mágico, a partir de la idea de considerar la cantidad de licántropos que se habían infectado durante la guerra que no podían ser discriminados por el bando ganador de la misma. Hermione explicó que ya era hora de que la sociedad mágica dejara atrás los prejuicios y habló sobre su idea de entregarles atención de salud gratuita, asegurarles acceso al trabajo remunerado sin que pudieran ser discriminados por su ausencia obligatoria cada mes y acceso libre a la poción matalobos, además de crear un espacio seguro para la transformación en cada luna llena que dependiera del Ministerio de Magia. Le encantaba escucharla hablar completamente emocionada sobre su proyecto, aún cuando tanto él como ella sabían que iba a ser una lucha difícil y dura que dar para que el Wizengamot lo aprobara. Pero si había alguien que podía lograrlo en el mundo, ésa era Hermione y no podía sentirse más orgulloso de ella.
Por fin un poco de sol después de días y días de lluvia sin parar. Seguro que seguía haciendo frío en las calles, pero eso no importaba. Sirius se levantó animado ese domingo, sonriendo para sí mismo. Su motocicleta llevaba muchos días aparcada sin salir de Grimmauld Place. La rutina era simple: ducha, vestirse con una camiseta, vaqueros, botas de piel de dragón y su chaqueta de cuero negro y coger las llaves.
Cuando estuvo encerrado en Azkaban y pensaba que moriría allí con el recuerdo de su corta vida en libertad, jamás pensó volver a sentir la energía viva que era montar una motocicleta. Sonrió mientras se subía a ella. Recordaba también las veces que había salido con James por las noches, algunas veces mintiéndole a Lily para que no se enfadara.
James, que nunca en su vida había tenido contacto con el mundo muggle, alucinaba con todas las cosas que existían en él que no conocía. Y cuando Lily le había enseñado a Sirius una revista muggle cuando estaban en quinto año y vio que Black había comenzado a interrogarla inmediatamente sobre ellas, James se vio interesado también en las motocicletas. Interrogó a Lily por días sobre ellas, a pesar de que la pelirroja lo ignoraba deliberadamente. Entonces, luego de recibir la herencia de su tío Alphard, Sirius se compró la motocicleta que usó por años. Incluso la usó durante las misiones que había tenido que hacer para la Orden del Fénix en su primera versión. Pero la última vez que la había usado había sido para ir a Godric's Hollow el día de Halloween de 1981, noche en que terminó perdiendo mucho más.
Estaba a punto de subir a su motocicleta cuando una idea lo asaltó. Seguro que Harry y Ginny aún dormían, pero creía que su compañera de planta no. Retrocedió lo andado y entró otra vez en la casa, caminando rápido y subiendo de dos en dos los peldaños de la escalera.
-¡Hermione!- gritó.
-¡Aquí, en la biblioteca!- respondió la voz de la bruja.
Sirius sonrió y caminó por el pasillo hasta entrar en la biblioteca. Se quedó de pie en la puerta. La vio sentada en una de las cómodas butacas leyendo aún vestida con su pijama. El aire olía a lavanda como siempre, pero ahora era más intenso porque ella estaba allí. Suspiró. Iba a tener que convencerla.
-¿Dónde están Harry y Ginny?
-En La Madriguera- respondió Hermione.
Sirius asintió.
-¿Me acompañas a dar un paseo?
Hermione sonrió ante su propuesta, pero su sonrisa cayó tan rápido como apareció. Sirius Black estaba loco de remate si creía que ella iba a montarse en ese monstruo que él solía llamar motocicleta. Él no tenía que decírselo, la ropa que llevaba le revelaba completamente el tipo de paseo que le estaba ofreciendo.
-De ninguna manera- dijo regresando a las páginas de su libro, aunque no leía nada. Sólo necesitaba mostrar total desinterés para que él desistiera.
-Parecías convencida hasta hace un momento- respondió Sirius apoyando un brazo en el marco de la puerta y arqueando una ceja.
-Eso hasta que he adivinado que pretendes que me suba a tu motocicleta.
-Claro que sí, ¿cuál es el problema?
-No pienso subirme a esa cosa para que nos mates a ambos, gracias- replicó mirándolo breve y seriamente.
-Vamos, Hermione, será divertido- comentó Black guiñándole un ojo mientras sonreía.
-Sirius Black, tus movidas no funcionan conmigo y mi respuesta es no, ya te lo he dicho.
-¡Hermione, ha salido el sol después de casi dos semanas!
-Vale, podríamos caminar por el Támesis…
-Vamos a pasear en mi motocicleta- la interrumpió él decididamente.- Te espero abajo en la puerta en diez minutos.
Hermione vio que Sirius giraba y la dejaba sola en la biblioteca, y se quedó escuchando sus pasos bajando los peldaños de la escalera. Permaneció allí sentada mirando la puerta, boquiabierta. Se sentía completamente molesta. Quién se creía que era Sirius Black para venir a interrumpir su tranquila mañana de domingo y con una oferta tan ridícula.
Ese fue el último pensamiento que cruzó su mente antes de ponerse de pie y subir a su habitación. No sabía si lo hacía por complacerlo a él o por probarse un punto a sí misma. Hermione, es sólo una motocicleta después de todo, ¿no?, pensó mientras se vestía con unos vaqueros, un sweater y su abrigo gris. No podía ser tan terrible. Se puso unos botines negros, se miró en el espejo y suspiró. Iba a ser una mañana muy diferente a las que estaba acostumbrada. Entonces una idea surgió en su mente.
Bajó corriendo las escaleras hasta encontrarse de frente con Sirius cuando llegaba a los últimos peldaños y lo escudriñó con la mirada. Sirius la miraba sonriendo desde el vestíbulo, pero arrugó el entrecejo ante su mirada inquisidora.
-¿Qué sucede?- preguntó.
-Tengo una sola condición- dijo la castaña mientras bajaba los dos últimos peldaños de la escalera y se paraba frente al animago, quien jugaba con las llaves de la motocicleta en una mano.
-Dispara.
-Voy a salir contigo en la motocicleta siempre y cuando me prometas que siempre estaremos en tierra firme- señaló seriamente.- Nada de volar.
Hermione vio que Sirius abría la boca para replicar, pero la cerró inmediatamente. La miró durante unos segundos, quizás pensando en su propuesta, antes de hablar otra vez.
-Está bien, nada de volar- respondió suspirando.
-Hablo en serio- dijo Granger cruzándose de brazos. Sirius no era de los que cedían tan rápido.
-Y yo también- acordó dándole la espalda y abriendo la puerta hacia la calle.
-¿Lo prometes?
-Lo prometo.
Sirius bajó rápidamente los escalones hasta el jardín mientras Hermione lo seguía, aún recelosa. El sol se elevaba poco a poco con algunas nubes cruzando el cielo azul, pero la mañana estaba fría. Aún faltaba un poco más de una hora para el mediodía. El pelinegro sacó su varita del bolsillo interior de su chaqueta y dio unos golpecitos con ella sobre la motocicleta antes de pasar una pierna sobre el asiento y montarse. La Gryffindor se quedó mirándolo dubitativa.
-¿Qué pasa ahora?- inquirió Black volviendo a guardar su varita y observándola.
-Nunca me he subido a una antes- dijo sintiéndose inquieta.
-Ya lo suponía- sonrió él, aunque esta vez no era su sonrisa de siempre. Era reaseguradora.- Les tienes mucho miedo y eso sólo puede significar dos cosas: que alguna vez tuviste un accidente montando una motocicleta o que en realidad nunca te has subido a una, pero conociéndote, me inclinaba más por la segunda opción.
-Sí, es la segunda- confirmó ella mirándolo con atención, a unos pasos de Sirius.
Aún así, Hermione no se movió. La verdad es que quería subirse con él y recorrer, pero algo la detenía. Se sentía estúpida por pensarlo, pero no podía evitar recordar las escenas de las comedias románticas que había visto toda su vida en el mundo muggle, incluyendo aquellas que había visto con Tonks y Ginny en sus tardes de cine un sábado al mes. Pero este era Sirius Black, después de todo. No era una película de Hollywood. Este paseo en motocicleta no significaba nada más que un paseo de una bonita mañana de domingo en invierno. Sacudió su cabeza para quitarse esos extraños pensamientos.
-¿Oye, estás bien?- dijo Sirius estirando su brazo hasta ella y sacudiéndole levemente el hombro.- Si realmente no quieres salir…
-No, sí quiero- lo interrumpió Hermione, acercándose decidida y subiéndose detrás de él usando sus hombros como soporte.
-¿Estás segura?- preguntó el ojigris mirándola hacia atrás por encima de su hombro izquierdo.
-Completamente.
-Vale, entonces sujétate bien.
-¿Así está bien?- preguntó ella aún con sus manos sobre los hombros de Sirius. El animago se rió.
-No, así te caerás hacia atrás- respondió riéndose antes de tomar las manos de Hermione y bajarlas, haciendo que rodearan su cintura.- Si entrelazas tus manos aquí al frente, será más seguro para ti.
-¿Acaso ahora soy una de esas brujas con las que salías después de Hogwarts?- bromeó ella, pero no pudo evitar sentir que su estómago se encogiera levemente ante el movimiento de Sirius.
-¿Lista?- preguntó, ignorándola.
-Lista.
Mientras se alejaban de Islington -el municipio donde se encontraba Grimmauld Place- hacia el noroeste, más se acostumbraba a la emoción que sentía. De alguna u otra forma, sabía que podía confiar en la capacidad de Sirius de conducir la motocicleta. Además, estaba segura que con toda la magia que había utilizado para intervenirla, las posibilidades de accidentarse no debían ser muy altas. Se sorprendió cuando el animago tomó una curva y sus cuerpos se inclinaron junto con la máquina, lo que la hizo apretar su agarre al abdomen de Black.
-No me sueltes- dijo él en voz alta por sobre su hombro.
Hermione sólo asintió, aún cuando él no podía verla. El sol calentaba su espalda, pero el aire frío que causaba la velocidad a la que se movían congelaba su rostro y sacudía su cabello ondulado detrás de ella. Llevaban bastante tiempo sobre la motocicleta cuando la bruja se dio cuenta que Sirius había llegado a una zona que le era familiar. Tal vez había visitado ese lugar con sus padres cuando era una niña. Cada vez aparecía más y más verde en el paisaje, aunque aún se encontraban dentro de la urbanización.
De pronto y repentinamente, Sirius se acercó a un costado del camino, frenó y apagó el motor.
-¿Dónde estamos?
-En Hampstead Heath- respondió el pelinegro bajándose y ayudándola a bajar sin que perdiera el equilibrio.
-¿El parque?
-El parque- confirmó él.- Ven, vamos a caminar un poco.
Luego de poner un encantamiento desilusionador sobre la motocicleta para que los muggles no pudieran verla y robar un vehículo mágico, comenzaron a avanzar camino abajo. El viento movía las ramas de los árboles y las pocas hojas que quedaban en algunos de ellos. Hermione guardó sus manos en los bolsillos de su abrigo mientras observaba el paisaje. Era un domingo soleado y, por lo tanto, había algunas familias repartidas por la explanada de césped y niños jugando, cuyas voces y gritos llegaban hasta el camino.
-Recuerdo haber venido aquí de niña con mis padres- comentó Hermione observando a la familia más cercana que tenían, quienes estaban preparando un almuerzo bajo un árbol.
-¿Sí?
-Sí, antes de que me llegara la carta de Hogwarts y descubrir que era una bruja- dijo ella, mirándolo un segundo.
-¡Es cierto! ¡Tú no lo sabías!- dijo Sirius riéndose mientras caminaba a su lado e imitaba a la chica poniendo sus manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero.- ¿Cómo ha sido esa experiencia?
-Mis padres estaban un poco incrédulos, ya sabes- explicó la castaña mientras sonreía.- Pero a mí me hizo mucho sentido. Siempre estaban ocurriéndome cosas extrañas. Algunas cosas se movían antes de que yo las tocara o cuando me estaba duchando, el agua a veces escurría hacia arriba en vez de hacia abajo…- se encogió de hombros y miró a Black.- Ese tipo de cosas.
-¿Y quién ha ido a tu casa a explicarte que eras una bruja?
-La profesora McGonagall.
-¡Ah, Minnie!- rió el mago mientras doblaban en una curva.
-¡No la llames así!- lo regañó Hermione, acercándose a él y golpeándolo con el codo levemente en el costado.
-Hermione, siempre será Minnie para mí, no hay nada que puedas hacer- le dijo sonriendo y guiñándole un ojo.
Una de las lagunas del parque había aparecido frente a ellos y decidieron que sus piernas los llevaran sobre la explanada de césped que llegaba hasta su orilla.
-Yo tampoco venía hace mucho tiempo- dijo Sirius en un tono de voz apenas audible mientras daba unos pasos hacia adelante, dejando a la bruja justo detrás de él.
-¿Eso es antes o después de Azkaban?
-Antes- aclaró él mirando hacia el frente. Algunos patos estaban nadando cerca de la orilla porque unas chicas adolescentes los alimentaban.- Lily nos trajo aquí una vez a merendar.
-Cuando dices "nos trajo"…
-Me refiero a James, Peter, Remus, Marlene y yo.
-¿Marlene?
-Marlene McKinnon, una chica que iba con nosotros en Gryffindor y era muy amiga de Lily- hizo una pausa y miró a Hermione, haciéndole una seña con la cabeza para que se acercara.
-¿Qué ha sido de ella?- inquirió la castaña, parándose junto a él y escudriñando su rostro.
-Voldemort la mató a ella y a toda su familia- respondió él suspirando y volviendo su mirada concentrada hacia el agua.- Habíamos tenido pérdidas importantes en la Orden, pero los McKinnon y Marlene fueron un golpe muy duro, sobre todo para Lily.
-McKinnon…- repitió ella en un susurro para sí misma. Acababa de recordar algo que parecía muy lejano.- ¡Es cierto! ¡Lily hablaba de ellos en una carta que te escribió para el primer cumpleaños de Harry!
-¿Cómo sabes tú de esa carta?- preguntó Sirius mirándola con el entrecejo fruncido.
-Cuando buscábamos los horrocruxes y nos quedamos en Grimmauld Place durante un tiempo, Harry encontró en tu habitación esa carta y había una foto de él cuando era un bebé volando en una escoba pequeña.
Sirius se rió, pero su mirada permanecía melancólica.
-Le regalé la primera escoba de su vida- comentó mientras miraba las ramas de los árboles detrás de la bruja.
-Estarían orgullosos de ti, ¿sabes?- dijo Hermione tomando su mano con seguridad y mirándolo.- James y Lily.
-Tus manos están heladas.
La Gryffindor sabía que lo había dicho para evadir el tema. Sirius no siempre quería hablar de sus mejores amigos y lo comprendía. Era una herida que quizás nunca se cerraría por completo. Pero aún cuando quisiera evadir la conversación, no explicaba que tomara sus manos entre las suyas y comenzara a acariciarlas rápidamente para calentarlas un poco. Mientras continuaba su tarea, él sólo miraba sus manos. Hermione lo miraba a él. Su cabello un poco desordenado por el viento, las facciones aristócratas que su paso por Azkaban no había logrado arrebatarle. Sirius, de pronto, levantó la mirada y se encontró con la suya. Dos piscinas de mercurio gris la observaban intensamente y ella no era capaz de pestañar.
Pero Sirius rompió el contacto visual cuando una pelota lo golpeó fuertemente en la pierna. Una niña y un niño de alrededor de ocho o nueve años los miraban un poco asustados un poco más allá.
-Lo siento, señor- dijo él acercándose tímidamente.
-No pasa nada- dijo Black sonriendo y guiñándole un ojo mientras soltaba las manos de Granger y luego pateaba la pelota hacia él.
-¡Gracias!- gritó mientras se alejaba corriendo.
Hermione se rió.
-¿Por qué te ríes?- preguntó el animago volviendo a mirarla, extrañado.
-"Señor"- fue todo lo ella dijo, aguantando la risa. Sirius suspiró, frustrado.
-Vale, es mejor que regresemos.
Sirius intentó sonreír para ella antes de comenzar a caminar de regreso hacia donde habían aparcado la motocicleta, pero una sensación en su pecho lo tenía incómodo. Creía que no debía darle importancia, pero la verdad es que el simple apelativo que el niño había usado para dirigirse a él lo había removido. Era evidente que jamás iba a poder recuperar los doce años que había pasado encerrado en Azkaban, pero le dolía mucho haber perdido la década de sus veinte años, la década que Hermione estaba viviendo. Y en cambio, él había pasado todos esos años en soledad sabiendo que toda la comunidad mágica lo despreciaba, sabiendo que incluso el único amigo que le quedaba lo detestaba. Y ahora que tenía la posibilidad de vivir todas las experiencias que la prisión le había arrebatado, que Peter Pettigrew le había robado, debía aceptar que ya no era el joven Sirius Black y que sus treinta y siete años eran una realidad que no podía alterar. Y por alguna razón, estar paseando con Hermione por el parque en ese momento lo hizo sentirse más viejo de lo que se había sentido nunca.
Llegaron a la motocicleta y Hermione deshizo el encantamiento desilusionador que habían puesto en un comienzo. Sirius iba a subirse primero, pero se le ocurrió una extraña idea que podía estar bien.
-¿Quieres conducirla tú?- preguntó él, mirándola con entusiasmo.
-¿Conducir la motocicleta? ¿Yo? No, ni muerta- respondió rápidamente ella y dando un paso hacia atrás.
-Sí, sí, sí, vamos.
-No, Sirius- negó con su cabeza.
-Ven, siéntate aquí delante- reiteró Sirius estirando una mano hacia la bruja.
Hermione dudó un segundo antes de coger su mano y dar los pasos que la separaban de la motocicleta. Sentía los ojos de Sirius seguir cada uno de sus movimientos cuando por fin se sentó sobre el asiento que él solía ocupar siempre. Por alguna razón, acomodar sus piernas y sus manos como suponía debía hacerlo le causó una curiosa sensación de poder.
-Quédate así como estás- le dijo el ojigris mientras se sentaba detrás de ella.
La castaña tenía las manos sobre el manillar y Sirius no tardó en cubrirlas con las propias para comenzar a darle las indicaciones. No pensó que hubiera algo malo en eso, pero la cálida sensación en su estómago le dijo que tal vez no era un movimiento tan inocente.
-Pon el embrague, en la izquierda- dijo con su mentón apoyado sobre el hombro de la bruja.
-¿Aquí?
-Sí- confirmó, moviendo sus manos sobre las de ella a medida que hablaba.- Frenos a la derecha, marchas a la izquierda y luego, aquí abajo.
-Vale.
-Ahora le das un poco al embrague y sueltas un poco aquí…le das y lo sueltas, ¿vale?
-¿Así?
-Sí, ¿lo has pillado?
-Doy aquí y suelto allá.
-A ver, hazlo.
Hermione hizo exactamente lo que él le había dicho, pero al parecer lo hizo todo demasiado rápido y con mucha fuerza porque la motocicleta salió disparada hacia adelante, casi botándolos en el intento. Sirius tuvo que actuar rápidamente para que la motocicleta no terminara subiéndose sobre la acera y atropellando a algún transeúnte que decidiera aparecer caminando por allí.
-Vamos, inténtalo de nuevo- dijo una vez hubo estabilizado la motocicleta.
Esta vez Sirius pudo ver que Hermione actuaba con cautela y fue menos impulsiva al seguir sus indicaciones. No había estado nada mal en su primer intento, salvo que había puesto mucho entusiasmo. Mientras vigilaba que lo hiciera bien, pensó que había aprendido rápido y que tal vez debió haberla sacado a pasear antes en ella. Al menos en tierra se le estaba dando bien, pero estaba seguro que si le sugería volar, la respuesta seguiría siendo negativa.
-¡Esto se siente realmente bien!- gritó ella mientras dirigía la motocicleta hacia una gran avenida.
-¿Te gusta?- preguntó Sirius sin esperar realmente una respuesta, abrazándola por la cintura para sujetarse y nuevamente apoyando su mentón sobre su hombro derecho para supervisar lo que hacía con sus manos en el manillar.
Sólo recibió como respuesta las risas de Hermione y todas las ideas sobre lo viejo que se sentía hasta hacía media hora se esfumaron. Su risa podía aliviar sus pensamientos oscuros de manera muy sencilla.
Dejó que ella condujera todo el camino hasta Grimmauld Place y, aunque ella ya había controlado la motocicleta y parecía estar segura de lo que hacía, en ningún momento Black dejó de abrazarla fuertemente por la cintura ni quitó su mentón del hombro de la castaña. Estaba realmente cómodo y se sentía bien ser quien iba sentado detrás si era bajo estas condiciones. Lo cierto era que nunca en su vida le había dejado hacer eso a nadie. Ni siquiera a James le había cedido el asiento de adelante. Le agradaba habérselo propuesto a ella. Pero si lo pensaba bien, Hermione era la causa de otras primeras veces en su vida y eso lo asustaba, pero no tanto como para detenerla porque ahora no quería que el viaje terminara.
Cuando giraron en la esquina para entrar en la calle de Grimmauld Place y se acercaron al número 12, vieron que en las escalinatas del jardín estaban sentados Harry y Remus. Mientras Hermione disminuía la velocidad y estacionaba frente a la casa, a Sirius no se le escapó la mirada de gran curiosidad que su mejor amigo envió en su dirección. Curiosidad y reproche, se atrevería a decir. En cambio, la mirada de Harry era de diversión y sorpresa.
-¿Ahora quién es la profesional?- comentó Sirius riéndose mientras Hermione bajaba de la motocicleta.
-No exageres, Sirius, aún no lo hago del todo bien- pudo ver que estaba un poco avergonzada y atribuyó eso a que Remus estaba mirándolos inquisidoramente.
-Ha sido un buen comienzo- dijo con un tono suave por si eso podía tranquilizarla.
-¿Qué tal el paseo?- preguntó Harry sonriendo abiertamente mientras ellos cruzaban la verja y entraban al jardín.
-Pues, me ha gustado mucho- dijo Granger, alegremente.
Sirius pudo ver que ella evitaba mirar a Lupin. Suspiró y buscó la mirada de su mejor amigo para que disimulara su evidente interés en hacer demasiadas preguntas. Rodó los ojos cuando por fin éste lo miró.
-¿Dónde está Ginny?- preguntó Hermione.
-Pensábamos que estabas con ella, de hecho- dijo Remus, suavizando su voz y su mirada.- Está con Luna y Fleur en La Madriguera.
-¿Dónde está Tonks?- quiso saber esta vez Sirius.
-En casa con Andrómeda y Teddy- respondió el ojimiel mientras se ponía de pie y se estiraba levemente.- De hecho, debo irme ya. Hemos quedado para comer a esta hora.
-Oh, puede que me una a Ginny más tarde tal vez- dijo la bruja mirando a Sirius y luego a Harry.- Además, hace bastante que no veo a Arthur y Molly.
-¿Tú no estabas allá?- preguntó Sirius a su ahijado.
-Sí, pero Ginny quería tener una tarde de chicas, así que he regresado- respondió Potter encogiéndose casualmente de hombros.
-Has hecho bien- comentó su padrino riendo.
-Bueno ¿y qué? ¿Cocinamos?- propuso la Gryffindor mirándolos a todos.
-Sí, vamos, cocinemos- dijo Harry poniéndose de pie y comenzando a subir hacia la puerta.- ¿Algo que sólo lleve vegetales?
-Por mí está bien- comentó Black.
Harry y Hermione subieron los escalones para entrar a la casa mientras conversaban. Sirius iba a seguirlos, pero Remus lo sujetó repentinamente del brazo y lo detuvo.
-¿Has enseñado a Hermione a conducir tu motocicleta?- preguntó Lupin, sorprendido, una vez que los otros dos habían entrado a la casa y cerrado la puerta.
-Sí, ¿qué pasa con eso?- replicó claramente exasperado. Había temido que su mejor amigo lo abordara.
-¿Y ella ha accedido de buena gana?
-Más o menos, sí- respondió a la vez que encogía los hombros.- ¿Por qué?
-Padfoot…- dijo el hombre lobo, enarcando una ceja.- Estás jugando con los límites de nuevo.
-No empieces otra vez, Moony- gruñó.
-Pensé que tú eras la única persona que podía conducir tu motocicleta- replicó el otro y Sirius podía sentir que su mirada lo perforaba buscando respuestas. Carraspeó antes de hablar.
-Bueno, hoy he querido hacer una excepción- dijo empezando a subir los escalones también.
-Ten cuidado, Sirius.
-Créeme, lo estoy teniendo- dijo antes de abrir la puerta mientras Remus le sostenía la mirada por última vez antes de aparecerse.
O eso intento, fue lo último que pensó al cerrar la puerta detrás de sí y caminar hacia la cocina, donde ya escuchaba los sonidos típicos de la preparación de la comida que Harry y su mejor amiga, catorce años menor que él, cocinaban.
