N/A: Hola otra vez por fin! Siento mucho haber tardado tanto en actualizar, pero me está costando encontrar tiempo libre para escribir. No voy a dejar la historia inconclusa, de todos modos. Pienso y trabajo en ella todo lo que puedo. Ojalá les guste este capítulo! Gracias por todos los kudos y reviews! Y gracias por continuar leyéndome :)
CAPÍTULO 11:
Catalizador
When the tears come streaming down your face
'Cause you lose something you can't replace (…).
But high above or down below
When you're too in love to let it go.
Oh but if you never try, you'll never know
Just what you're worth.
Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you.
(Fix you – Coldplay)
-¿Por qué crees que no funcionaría?- preguntó Hermione, exasperada.
-Porque jamás van a aceptarlo.
Sirius y Hermione estaban sentados en el sofá del salón de Grimmauld Place después de cenar. La chimenea albergaba las llamas del fuego que calentaba parte de la casa y algunas de las lámparas estaban encendidas. Llovía estruendosamente afuera, pero el ruido del agua cayendo con fuerza a veces era aplacado por sus voces.
-¡Pero los centauros se merecen recuperar el control sobre sus tierras!- dijo Granger poniéndose de pie y caminando sobre la alfombra, inquieta.- ¡De hecho, gran parte del Bosque Prohibido les pertenece!
-Hermione, tú misma te enfrentaste a ellos en quinto año…
-¡Lo hice porque teníamos que deshacernos de Umbridge para ir a rescatarte a ti!
-No están dispuestos a negociar con el ministerio algo que ellos consideran que ya les pertenece- explicó Sirius, ignorándola y bebiendo de su vaso de whiskey de fuego a la vez que reunía toda la paciencia que podía.
-¡No estoy hablando de negociar, estoy hablando de restituir lo que injustamente les han robado porque la comunidad mágica siempre ha sido racista!
-En ese último punto no puedo estar más de acuerdo contigo, Hermione, y comprendo que con tus intenciones no tengas más interés que ser justa, pero no lo van a aceptar- la castaña iba a hablar, pero el animago levantó la mano para que no lo interrumpiera.- Si Kingsley Shacklebolt decide apoyarte en esta cruzada y el Wizengamot por algún milagro la aprueba, serán los mismos centauros quienes no aceptarán las condiciones en que se presente esa recuperación.
-¿Por qué no?
-Porque seguramente se haría de forma paulatina y entonces desconfiarán de cualquier pergamino firmado por quien sea- explicó mirándola fijamente. Hermione no pudo evitar bufar.- Los centauros no confían en nosotros y nunca lo harán, quién puede culparlos. Jamás aceptarán una regulación hecha por el ministerio, aunque vaya en su beneficio.
-¡Pero yo quiero garantizarles que será un proceso transparente!- afirmó con ímpetu.
-¡Hermione, los centauros no son elfos domésticos! ¡No puedes tratarlos de forma paternalista!- gritó Sirius, ya impaciente.
-¡Ya sé que no son elfos domésticos!- gritó ella sin siquiera reaccionar a la manera en que Sirius le había hablado- ¡Y esa es otra causa que quiero retomar apenas pueda!
-¡Los elfos domésticos de Hogwarts no quieren ser libres!- respondió Sirius levantando la voz aún más y remarcando las últimas cuatro palabras.
-¡Dobby sí quería ser libre y terminó siendo feliz con su libertad!
-¡Porque servía a los Malfoy!
-¡Los otros elfos domésticos también podrían apreciar su libertad cuando la tengan!
-¡Hermione, trabajas en el Departamento de Seguridad Mágica, ya has dejado el Departamento de las Criaturas Mágicas o como se llame esa mierda!
-¡No me digas cosas que ya sé!
Ambos se quedaron en silencio. Hermione se acercó a la chimenea y contempló el fuego crepitando mientras le daba la espalda a Sirius, cruzada de brazos. No le molestaba que le hablara así, pero se sentía completamente cuestionada y honestamente no sabía lidiar con las emociones que eso le causaba. Sirius Black podía entenderla como ninguna otra persona había logrado hacerlo y eso le había otorgado una confianza genuina que ella sabía que era mutua, pero luego también podía irritarla de un segundo a otro.
De pronto, Sirius se rió y ella se giró para enfrentarlo, intrigada.
-¿Por qué te estás riendo?- dijo poniendo sus manos sobre su cadera.
-No estás acostumbrada a esto, ¿verdad?- dijo Sirius con la voz calmada.
-¿A qué?- preguntó ella frunciendo el ceño y cambiando el peso de una pierna a la otra.
-A que rebatan tus argumentos.
-¿Por qué dices eso?
-Porque recuerdo cuando eras una niña y ni Harry ni Ron se atrevían a contradecirte.
Hermione se quedó en silencio pensando sobre esto. Era cierto. Siempre se había sentido con total libertad para criticar o corregir a sus amigos desde el primer día que los había conocido y eso no había cambiado con el tiempo, pero la verdad es que ninguno de los dos la contradecía. Ella sabía que muchas veces eso era porque no conocían información que les sirviera para cuestionarla, pero también debía admitir que en muchas ocasiones ella podía ser lo suficientemente terca como para que eligieran dejarla ganar cualquier discusión. Se preguntó por qué Sirius estaba analizándola y la idea de Black desentrañando su forma de ser o de actuar la hizo sentir demasiado vulnerable.
-Estoy seguro que con Remus puedes debatir- volvió a hablar Sirius. Ella sentía que la observaba atentamente.
-Claro que con Remus puedo debatir- afirmó cruzándose de brazos.
Algo en la mirada del animago la inquietaba. ¿Así se sienten los animales cuando están a punto de ser cazados?, pensó. Sus nervios no la dejaron reírse de lo precisa de su analogía considerando la forma animal en la que Sirius podía transformarse.
-Lo respetas- continuó él.
-Es una gran persona, somos amigos, ha sido el mejor profesor de Defensa contra las Artes Oscuras que hemos tenido en Hogwarts y he aprendido mucho de él desde que lo conozco- se justificó ella.
-Pero conmigo no te pasa lo mismo- sentenció, apuntándola con un dedo de la mano que sostenía su vaso ya casi vacío.
-¿Qué quieres decir?
Sirius la observó unos segundos en silencio y, antes de hablar, bebió un sorbo de su whiskey de fuego.
-Te frustras porque una parte de ti aún me ve como el merodeador que no respeta las normas y, por lo tanto, crees que estás debatiendo con alguien como Harry o Ron, pero con la diferencia de que yo sí te respondo.
Hermione se quedó observando a Sirius después de la última sílaba. Sonreía satisfactoriamente y eso la irritaba. Estaba molesta. Era tan arrogante cuando quería serlo. Eran esas cosas las que no habían cambiado en él. Formaban parte de su personalidad más pura y la desesperaban. Quería responderle, quería replicarle y que se callara, que no tuviera opción de contradecirla o de opinar, pero nada venía a su mente. No sabía qué decir porque era cierto. Pero no quería darle la razón. Separó los labios para negar todo, pero nada salía de su boca. Tomó aire y volvió a intentarlo, pero nada dijo otra vez. Seguía mirando seriamente al animago sentado frente a ella, pero cerró su boca sin saber siquiera por dónde comenzar.
-Eso es nuevo- dijo de pronto Sirius, enarcando una ceja.
-¿Qué es nuevo?
-Que te quedes callada.
Hermione lo fulminó con la mirada. Sirius bufó al ver su reacción, se bebió lo que quedaba de su vaso y se puso de pie mientras la bruja lo seguía con la mirada, aún de pie junto a la chimenea. Black se acercó a uno de los muebles y abrió la botella de whiskey de fuego que descansaba encima.
-¿Podrías dejar de beber tanto?- le espetó ella al ver lo que estaba haciendo.
-¿Perdona?- preguntó él, pero Hermione pudo notar que su tono de voz era duro.- ¿Estás controlándome?
-No, sólo te estoy diciendo que no es necesario que rellenes tu vaso- respondió y dio un paso hacia adelante, aunque inmediatamente se arrepintió.
-Eso me parece control- dijo riéndose, pero no era una risa de diversión. Hermione sabía que era una risa amarga, esa que él hacía cuando intentaba no perder el control de las situaciones.
-Pues no lo es.
Sirius rellenó un poco el vaso y se bebió todo el contenido de un único sorbo. Cuando apoyó el vaso sobre la superficie del mueble, lo hizo con más fuerza de la necesaria. Hermione sentía que la tensión era más de la que había pretendido generar. No sabía bien por qué le importaba que Sirius bebiera más. Sabía que no iba a emborracharse como solía hacer hacía seis años.
-Mira, Hermione- comenzó él mirándola seriamente. La castaña tragó un poco de saliva ante la intensidad de su mirada.- Si no eres capaz de gestionar que alguien, en este caso yo, te diga las cosas como son, no intentes criticarme por mis acciones que no tienen ninguna relación contigo únicamente para desviar el tema porque tú no sabes qué responder.
-No estoy desviando el tema- contestó ella, aunque no estaba segura de que fuera cierto.
Granger vio que Sirius suspiraba, regresaba hasta el sillón donde estaba su chaqueta encima del respaldo y buscaba en los bolsillos hasta encontrar su paquete de cigarrillos muggles. Hermione dio otro paso hacia él sin saber muy bien lo que quería hacer. De pronto, Sirius se giró hacia ella y pudo ver que sus plateados ojos grises estaban completamente oscurecidos.
-Voy a salir a fumar, ¿te parece bien o también tienes algo que decir al respecto?- la increpó sin subir el volumen de su voz, pero no fue necesario para que le doliera.
-Está lloviendo- fue todo lo que dijo.
-La lluvia no me importa- dijo él en un tono de voz suave mientras caminaba hacia la salida del salón. En la puerta se detuvo y la miró antes de agregar: - Tú sí.
Hermione se quedó boquiabierta en el lugar en el que estaba de pie mientras Sirius desaparecía de su vista. No pasó mucho tiempo hasta que escuchó que la puerta de calle se abría y se cerraba inmediatamente después.
A ella también le importaba Sirius, nadie podía contradecir eso. Pero discutir con él era algo que la enloquecía. Aún así, sabía que tenía razón, aunque no quisiera admitirlo en voz alta. Tenía razón, quizás, sobre los centauros. Respecto a los elfos domésticos, no. Ella jamás aprobaría el trato que los magos les daban, siendo amables o no. Eso era esclavitud. En relación a la manera en que ella lo percibía a él, estaba un poco confundida. Sirius Black no era Remus Lupin. Remus para ella era un amigo y un mentor, alguien en cuyo criterio confiaba ciegamente. En Harry y Ron también confiaba con su vida, pero sabía que a ellos no recurriría para pedir consejos sobre su trabajo porque -tal como había dejado en claro Sirius- muchas veces preferían darle la razón con tal de no entrar en un largo debate. En cambio, Sirius sí. Él siempre había dado su opinión en todo. Sirius amaba debatir, se alimentaba tanto del fuego que las discusiones causaban como de las acciones que requerían coraje. A veces se dejaba llevar por la emoción más que por la razón, a diferencia de ella, pero en el fondo los movía el mismo principio.
Mientras pensaba en eso, una repentina idea cruzó su mente de forma fugaz. Se imaginó discutiendo con Sirius acaloradamente y, de pronto, él la atraía rápidamente hacía sí y la besaba con la misma pasión con la que podría haberle rebatido cualquier cosa. Hermione sacudió su mente mientras un sentimiento de culpa la inundaba. No podía pensar en esas cosas. Sólo una única vez había besado ella a Sirius Black y habían terminado haciendo el amor desesperadamente al amanecer. Y aquella ocasión también había sido la última. No volvería a suceder. A ella le importaba mucho Sirius, así como él había dejado en claro que también ella le importaba, como para caer en un affaire. Le gustaba lo que tenía con él y no lo quería arruinar. ¿Quería ella un affaire con Sirius Black? Pensó inmediatamente que no, pero no se sintió del todo segura, así que decidió que dejaría de pensar en aquellas ideas. La mente muchas veces podía ser muy peligrosa.
El Caldero Chorreante estaba lleno de magos y brujas esa noche de viernes que comenzaban el fin de semana luego de haber estado trabajando o haber visitado Diagon Alley. Harry, Ron y Sirius estaban sentados en una mesa bebiendo cervezas de mantequilla mientras reían y conversaban. Las chicas se habían reunido todas en casa de Luna y habían invitado a Clare para conocerla más y porque, al parecer, no iba a desaparecer de la vida de Ron prontamente, así que decidieron unirla a su grupo.
-¿Por qué Remus no ha venido?- preguntó Ron mientras bebía, sentado frente a Sirius.
-No lo sé- dijo Harry, bebiendo de su cerveza y frunciendo levemente el ceño.- No ha ido tampoco a Grimmauld Place. ¿Tú sabes algo más, Sirius?
-No- suspiró.- La verdad es que no había pensado en eso…¿ha ocurrido antes que desaparezca por tanto tiempo?
-No, nunca…- explicó Potter mirándolo.- Es decir, desde el final de la guerra siempre ha estado visitándonos. No es normal que desaparezca así.
Sirius se sorprendió al darse cuenta que no había reparado en el detalle de que llevaba aproximadamente dos semanas sin ver a Remus. La primera de esas semanas había coincidido con la luna llena y lo entendía, pero ahora le parecía demasiado tiempo sin verlo. También se sintió un poco culpable al haber pasado por alto la ausencia de su mejor amigo, pero su mente había estado ocupada los últimos días en otro asunto que tenía mucha importancia para él: Hermione Granger.
Desde la discusión que habían mantenido hacía un poco menos de una semana, ambos estaban bien, pero era extraño. Seguían hablando como siempre, seguían pasando tiempo juntos, pero podía notar que algo era diferente ahora. Le parecía que Hermione estaba un poco más distante, pero eran pequeños detalles sutiles que hacían la diferencia. Se iba a dormir más temprano en vez de pasar más tiempo con él conversando en el salón después de cenar cuando los demás se marchaban o se iban a dormir. O lo tocaba menos. Si antes sus abrazos eran una constante en su relación, ahora los extrañaba más. Y él no era de los que abrazaba y no quería presionarla o parecer idiota buscando su afecto. En realidad, ya se sentía como un idiota por extrañar semejantes acciones de la castaña, pero no podía evitarlo.
-¡Sirius!- dijo Ron haciendo chasquear los dedos frente a su cara. Black salió de su ensimismamiento y sacudió su cabeza para volver a la realidad.
-Perdón, estaba pensando en… no importa, ¿qué decías?- comentó concentrándose otra vez en las personas con las que estaba.
-Te preguntaba si has pensado hacer algo con tu vida- repitió Ronald mirándolo con atención.- Quiero decir, faltan unos meses para que se cumpla un año de tu regreso y tu ansiada libertad, ¿has pensado en algo que quieras hacer?
-Algo que no sea salir con chicas- rió Harry y al ver la mirada de su padrino, cambió su tono de voz.- Ya sé que no haces más eso, sólo bromeaba- agregó chocando su vaso con el de su padrino sobre la mesa.
-¿Por qué ya no sales con chicas?- preguntó el pelirrojo mirándolo con los ojos abiertos.- ¡Por Merlín, Sirius! ¡Después de todas las cosas que nos ha contado Remus sobre tus líos con brujas, pensé que sería una de las primeras cosas que retomarías!
-Realmente Remus no sabe guardarse nada, ¿eh?- masculló, aunque los otros magos lo oyeron con claridad.
-No puedes culparlo, técnicamente estabas muerto- dijo Potter riéndose y dándole una palmada en el hombro a Sirius, sentado a su lado.
-Y nos hemos reído mucho recordándote- añadió Weasley, sonriendo mientras se encogía de hombros.
-¿Por qué estamos hablando de mí?- preguntó él suspirando mientras movía la cabeza negativamente.
-Porque yo estoy con Ginny y Ron está con Clare y tú, Sirius, pareces un poco solitario- comentó su ahijado y no pudo evitar el peso que se alojó en su estómago.
-La vida no ha sido muy buena conmigo- dijo para luego beber un gran sorbo de cerveza de mantequilla deseando que fuera algo más fuerte. Realmente no quería tener esta conversación con ellos y menos en ese momento.- Suele quitarme a personas importantes.
-No eres el único, Sirius- dijo Harry y no fue necesario que lo repitiera para que supiera que era cierto.
-Lo sé- suspiró.
-Sirius, lamento si no pasamos mucho tiempo juntos…- comenzó el ojiverde, pero el otro lo interrumpió.
-Harry, no- lo paró en seco mientras ponía su mano sobre el hombro del muchacho y sacudiéndolo levemente.- Nosotros sí pasamos tiempo juntos, esto no tiene que ver contigo.
-¿Tiene que ver con alguien más?- inquirió Ron y Sirius pudo ver en sus ojos azules y la sutil sonrisa que curvaba sus labios que su pregunta tenía una intención oculta. Tragó un poco de saliva dudando de la información que el pelirrojo manejaba.
-No- negó con toda la seguridad que pudo.- Tiene que ver sólo conmigo.
-Está bien- dijo Harry sonriendo reaseguradoramente.- Creo que deberíamos irnos, voy a pagar la cuenta, ¡yo invito!
Sirius suspiró mientras Harry se ponía de pie y se acercaba a la barra para pagar. Ron se paró también para ponerse el abrigo y él lo imitó.
-Te vas a tu apartamento en Notting Hill, ¿no?- preguntó a Weasley.
-Sí- dijo Ron sonriendo cálidamente y sintió que lo miraba unos segundos más de lo que debería.- ¿Puedo decirte algo, Sirius, aunque tal vez me equivoque?
Sirius miró hacia la barra, pero Harry seguía allí charlando animadamente con alguien que al parecer se había encontrado. Sospechaba dolorosamente lo que podía decirle el mejor amigo de su ahijado y la ansiedad comenzó a bullir en su interior.
-¿Qué sucede?- tragó saliva otra vez.
-No sé si es mi lugar decírtelo, pero conozco a Hermione, cómo no hacerlo- comenzó él riendo levemente-, y cada vez que la veo contigo, Sirius, la veo bien. No sé si hay algo entre ustedes y tal vez ninguno de los dos es consciente, pero si quieres quedarte allí y ella así lo quiere, quédate.
Ron lo miraba con una sonrisa de comprensión que afirmaba que tal vez Hermione le había comentado algo o que definitivamente era mucho más intuitivo y observador de lo que había sido en sus años de adolescencia cuando lo había conocido, y por ese motivo no supo qué hacer más que asentir.
-¡Hey!- dijo la voz de Harry detrás de él y no pudo evitar sobresaltarse.- ¿Todo bien?
-Sí, todo bien- dijo Ron abrazando a su mejor amigo.- Nos vemos mañana en casa de mis padres, ¿no?
-Sí, nos vemos allí- afirmó el otro, rompiendo el abrazo.- ¡Por cierto! ¡Me he encontrado con Hannah Abbot en la barra y me ha comentado que va a comprar este lugar!
Sirius desconectó automáticamente de la conversación mientras Harry y Ron terminaban de despedirse discutiendo de ese asunto. Las palabras de Ron lo habían descolocado y no sabía muy bien si su gesto al asentir había confirmado algo. ¿Había asentido a que quería quedarse al lado de Hermione? Pues sí. Él mismo en el arranque de frustración que había tenido en su discusión con ella le había dicho, no comprendía a raíz de qué razón, que a él le importaba ella. Su estómago se encogió dolorosamente cuando su mente le hizo la pregunta al revés: ¿querría Hermione quedarse a su lado?
Había pocas cosas que motivaban tanto a Hermione como ir al trabajo teniendo un propósito importante para el día. Llevaba semanas trabajando en el proyecto que anulaba todas las leyes discriminatorias contra los hombres lobo y hoy iba a ingresarlo al Wizengamot. Había convencido a Kingsley personalmente para que lo calificara con suma urgencia y fuera debatido dentro de esa misma semana, antes que terminara enero. Quería darle una sorpresa a Remus antes de que él le dijera que no era responsabilidad de ella terminar con los prejuicios contra la licantropía.
Se levantó de la cama suspirando. Remus estaba naturalmente condicionado a proteger a las personas que quería, pero cuando era momento de hacerse cargo de sí mismo, siempre se ponía en último lugar. Era uno de sus principales defectos, uno que sólo le afectaba únicamente a él.
Después de la guerra y debido a la brillante participación de Lupin en ella, el Ministerio le había concedido la Orden de Merlín, primera clase, y gracias a ello, los prejuicios contra la comunidad licántropa habían disminuido un poco. No obstante, aún se mantenían en pie leyes que los dejaban vulnerables frente a los demás magos y brujas y Hermione no estaba dispuesta a dejar de luchar por una causa que consideraba justa y que afectaba directamente a un miembro de su familia.
Al salir de la ducha, envolvió su cuerpo con la toalla y caminó hasta el lavabo para lavarse los dientes. Mientras los cepillaba, miró su rostro en el espejo. Tenía unas leves ojeras que enmarcaban sus ojos como consecuencia de las últimas noches que había pasado terminando su proyecto. Iba a tener que aplicarse un poco de maquillaje si quería parecer lo suficientemente cuerda y ser tomada en serio por los patriarcales miembros del tribunal.
Pensaba en la paciencia que tendría que reunir frente a todas las miradas cuestionadoras que recibiría cuando explicara en qué consistía el proyecto que presentaba cuando sintió algo líquido correr por sus piernas. Miró hacia el suelo y vio unas pequeñas gotas de sangre sobre la cerámica. Rodó sus ojos antes de escupir y enjuagarse la boca. Genial, pensó, me baja la regla en el día que más necesito estar tranquila. Había dejado su varita en la habitación, así que caminó con cuidado mientras suspiraba y cortó un poco de papel higiénico para limpiarse, antes de ir hasta el cajón bajo el lavabo y revisar si aún le quedaban algunos tampones.
Una punzada la obligó a doblarse, provocando que jadeara y llevara una mano sobre su útero mientras que con la otra se sujetaba al mueble. Frunció el entrecejo. Nunca había sufrido de dolores menstruales tan fuertes. Entonces un pensamiento la hizo palidecer. Aún faltaban más de diez días para su próximo ciclo. Técnicamente, estaba en sus días fértiles, no debería estar sangrando así. Otra punzada, más fuerte que la anterior, la hizo gemir y apretar más fuerte el borde del mueble del lavabo y llenó sus ojos de lágrimas. Sintió que más sangre recorría el interior de uno de sus muslos. Esto no podía estar bien.
-¡GINNY!- gritó lo más fuerte que pudo. Si tenía suerte, su amiga debería seguir en la casa, en la cocina o en su habitación.- ¡GINNY, POR FAVOR!
-Hermione, ¿qué sucede?- dijo la voz preocupada de la pelirroja desde el exterior. Podía escuchar sus pasos rápidos cruzar su habitación hasta que la vio asomarse por su cuarto de baño.- ¡Por Merlín, Hermione!- exclamó al verla y luego notar el suelo cubierto de suficiente sangre como para no parecer una menstruación normal- ¡¿Qué ocurre?!
-No lo sé- dijo entre jadeos, las punzadas eran cada vez más seguidas.- Llévame a San Mungo, no creo que pueda aparecerme sola.
-Está bien, vamos.
Ginny se acercó a su amiga y la ayudó a enderezarse levemente para poder caminar. Con cuidado la arrastró hasta el interior de la habitación y la hizo sujetarse contra una de las paredes.
-Dame esa toalla- dijo Ginny mientras desnudaba momentáneamente a su amiga y la cubría con su bata de levantar. - No hay tiempo para vestirte, ¿está bien? Iremos así por la Red Flu de la biblioteca. ¿Crees que puedes bajar unos cuantos peldaños de la escalera?
Ginny la sujetaba con fuerza por la cintura mientras caminaban juntas por el corredor hasta bajar el primer segmento de escalera que llevaba al corredor donde se encontraba la biblioteca. Hermione reunía toda la fuerza que podía para dar los pasos que necesitaba para llegar al hospital mágico. Sabía que no estaba embarazada. Esto no podía ser un aborto espontáneo y no tener alguna sospecha la ponía mucho más nerviosa. Detestaba no saber cosas.
Weasley tomó un puñado de polvos flu antes de entrar juntas a la chimenea y decir el lugar al que se dirigían. Sólo bastaron unos segundos para aterrizar en unas de las chimeneas de emergencia del Hospital San Mungo. Acostumbrados a su funcionamiento, apenas las llamas verdes se encendieron, al otro lado había un par de sanadores esperando por ellas.
-¿Qué ha pasado?- preguntó el hombre joven que cogió a Hermione con cuidado con un brazo y la recostó en una camilla flotante.
-No lo sé, comencé a sangrar en el baño- dijo Hermione con la voz débil, apenas pudiendo abrir los ojos anegados en lágrimas.
-¿Había sucedido antes?- inquirió la otra, una mujer joven mientras agitaba su varita sobre el cuerpo de la bruja.
-No, nunca.
-¿Quién es usted?- preguntó el sanador dirigiéndose a la otra mientras la sanadora dirigía la camilla rápidamente por un pasillo.
-Soy su mejor amiga, vivimos juntas- dijo Ginny, su voz angustiada y al borde de las lágrimas.- ¿Estará bien? ¿Puedo ir con ella?
-Sí, la evaluaremos rápidamente y la destinaremos al área apropiada del hospital- informó él, mirándola con seriedad.- Pregunte en recepción por su nombre dentro de unos minutos y le indicarán adónde debe dirigirse. ¿Cuál es el nombre de la paciente?
-Hermione Granger.
-¿Granger? ¿La heroína de guerra?- cuestionó el otro, frunciendo el ceño, mientras Ginny asentía efusivamente.- Está bien, avise a algún familiar mientras nos encargamos de ella.
Harry y Sirius habían decidido ir a Hogwarts esa misma mañana. Harry no quería pasearse por los corredores del castillo porque no quería que los estudiantes lo vieran y comenzaran a cuchichear entre ellos sobre él. Sirius podía entender su angustia, así que se dirigieron directamente al despacho de Remus y lo esperaron allí. No era la primera vez que Sirius iba a ese lado del castillo, así que había entrado y había preparado té para esperar a su amigo.
Remus, quien tenía cursos durante todo ese día, había llegado hacía unos minutos para aprovechar el espacio libre de casi tres horas en su recámara, ahora separada de su salón de clases.
-Hemos venido a visitarte- explicó Sirius cuando Lupin les preguntó qué hacían allí, sorprendido.- Como no has ido a casa en tantos días, pensamos que te ocurría algo.
Remus suspiró mientras dejaba sobre su escritorio los pergaminos de los trabajos y ensayos que sus estudiantes habían escrito para él como deberes. Mientras bebía de su taza de té sentado junto a la chimenea, Sirius notó que tardaba más tiempo de lo necesario en soltar los pergaminos, entreteniéndose moviendo otros objetos innecesariamente y le pareció extraño.
-No me ocurre nada, es sólo que he tenido muchas cosas que hacer aquí- dijo él, pasándose una mano por el cabello.- No crean que Dora no me ha dicho lo mismo que ustedes.
-Pobre Moony, completamente absorbido por su vida laboral- comentó Black enarcando una ceja, claramente en signo de incredulidad ante sus palabras. Su instinto le avisaba que algo más le ocurría a Lupin.
-¿Remus, estás seguro que no pasa nada? Nunca antes habías desaparecido así- cuestionó Harry dando unos pasos hacia él, evidentemente preocupado.
-Ya, lo sé- masculló él componiendo una débil sonrisa y paseando su mirada entre Harry y Sirius.- Mañana iré a cenar con ustedes a Grimmauld Place, lo prometo.
De pronto, una luz brillante y blanquecina cruzó la ventana y quedó suspendida en el medio del despacho. En un segundo, el patronus había adoptado la forma de un caballo y la voz angustiada de Ginny salió de allí.
-Harry, he traído a Hermione a San Mungo. No está nada de bien. Avisa a Remus y Sirius, por favor.
Sirius sintió que su corazón dejaba de latir y un frío temible llenó sus pulmones. La guerra había terminado, esto no debería estar pasando. Hermione debía estar bien y a salvo, atrás habían quedado los días de intranquilidad por el miedo de perder a alguna de las personas que quería, ¿no? Pero al parecer la vida no se cansaba de jugarle malos y angustiosos momentos.
Los tres hombres de la habitación se miraron, boquiabiertos, y sin mediar palabra alguna, salieron del despacho para dirigirse al hospital mágico.
-Están tardando demasiado. Algo no está bien.
-Sirius, cálmate.
-¡No me digas que me calme, Lupin!
Estaban esperando que alguien les informara sobre el estado de Hermione. Harry y Ginny estaban sentados uno al lado de la otra en los asientos frente a la puerta de la habitación donde Hermione se encontraba con el personal de medimagos hacía ya casi una hora de su llegada a San Mungo. La pelirroja tenía su cabeza apoyada en el hombro del ojiverde mientras él la abrazaba y acariciaba su brazo de arriba hacia abajo en un intento por calmarla. O calmarse él mismo. Remus estaba con la espalda apoyada contra la pared junto a la puerta, las manos en los bolsillos de su abrigo y permanecía con los ojos cerrados. No estaba durmiendo, Sirius sabía que esa era su postura para el autocontrol.
Por su parte, Sirius no paraba de caminar con los brazos cruzados sobre su pecho por el pasillo. Intentaba controlarlo, pero el pánico sólo aumentaba con cada minuto que pasaba. Él había vuelto a vivir y todo estaba bien esta vez. Todos estaban bien. Nadie iba a morir en la guerra porque ya no existía. Su cabeza no dejaba de pensar y sobreanalizar todo. Llevaban demasiado tiempo esperando que alguien les dijera algo sobre su estado de salud. Cuando Ginny les explicó, asustada y sin poder contener más el llanto, lo que había ocurrido con Hermione, Sirius no supo qué pensar. Nada de eso tenía sentido. ¿Hermione se estaba desangrando? ¿Hermione estaba embarazada y había tenido una pérdida? Y si estaba embarazada, pero le había confirmado que de él no, ¿entonces de quién? No. No estaba embarazada. Lo sabría. Remus lo sabría porque su olfato le habría advertido el cambio en su olor. ¿Pero entonces qué le pasaba? ¿Se iba a morir? Una milésima de segundo después de esa interrogante sintió náuseas e hizo todo lo posible para controlarlas. No, no se podía morir. Ya había perdido a James y a Lily. Si perdía a Hermione, él mismo iría al Departamento de Misterios y se lanzaría voluntariamente por el velo otra vez.
De pronto, Sirius escuchó que alguien corría y se dio vuelta para ver a Tonks acercarse rápidamente a ellos. Sintió un arranque descontrolado de celos por el fuerte abrazo que Remus le dio a su esposa, sosteniéndola así durante un momento mientras respiraba en su cabello rosado. Él también quería abrazar a Hermione. Ahora más que nunca.
-¡He venido apenas he recibido tu patronus! ¡¿Cómo está Hermione?! ¡¿Qué ha pasado?!- preguntó mirando al licántropo primero y luego a los demás.
En ese mismo momento, la puerta de Hermione se abrió y una mujer salió de ella. Harry y Ginny se pusieron de pie y todos se acercaron a la medimaga. Era rubia y su cabello era medio ondulado. Sirius calculó que debía tener aproximadamente su misma edad. Pudo ver su apellido bordado en el bolsillo que llevaba en el lado izquierdo de su pecho. Holland. Si no recordaba mal, Hermione le había hablado de ella antes. Era la sanadora que llevaba su caso, la misma que le había hecho el examen de embarazo hacía algunas semanas.
-¿Remus Lupin?- dijo la sanadora, mirándolos a todos intercaladamente.
-Soy yo- dijo él dando un paso dubitativo hacia adelante, con el ceño fruncido.
-Señor Lupin, usted puede ingresar para hablar con la señorita Hermione Granger.
-¿Qué? ¿Qué hay de nosotros?- preguntó Sirius, impaciente.
Sirius no entendía por qué de pronto Remus era el responsable de toda la situación. Él necesitaba verla y hablar con Hermione más que cualquiera de ellos.
-Sirius, tranquilo, deja que Remus entre primero, ¿está bien?- dijo Harry poniendo una mano sobre su hombro y sacudiéndolo levemente para reconfortarlo.- Todos estamos preocupados por ella.
-El señor Lupin es quien aparece en la ficha personal de Hermione Granger en caso de tener que entregar información confidencial a algún familiar no muggle- aclaró la sanadora mirando a Sirius y luego a Remus.
-¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!- Sirius se sentía exasperado.
Remus miró por última vez a su mejor amigo con la intención de callarlo y a los demás antes de entrar a la habitación seguido de la sanadora. La habitación de Hermione estaba separada por un vidrio que llegaba hasta el suelo y que daba lugar a un pequeño vestíbulo antes de llegar hasta donde estaba ella. Se quedó de pie delante del vidrio mirándola. Tenía los ojos cerrados, pero era evidente que respiraba.
-¿Cómo está?- preguntó él dándole la espalda al vidrio y mirando a la sanadora, quien era un poco más baja que él.
-Hemos logrado detener la hemorragia- comenzó Holland mirándolo a la cara seriamente.- Tengo entendido que usted, señor Lupin, está al tanto de la situación de Hermione.
-Sí, de hecho soy la única persona que está al tanto- confirmó él cambiando el peso de su cuerpo de una pierna a otra mientras se cruzaba de brazos y acariciaba su mentón con su mano izquierda.
-Lo sé, Hermione me lo ha dicho hace unos años- dijo ella esbozando una leve sonrisa y removiendo unos pergaminos que sujetaba con sus manos frente a su pecho.- A raíz de eso, debo informarle que Hermione ha sufrido una hemorragia uterina.
-¿Ha sido grave?- preguntó Lupin.
-No, pero porque ha logrado recibir atención prácticamente de inmediato- explicó Holland acercándose al vidrio y observando a la bruja recostada en la cama.- Su útero se encuentra en mejores condiciones desde la primera vez que la atendí, ha ido mejorando poco a poco y he logrado llevar un atento seguimiento gracias a las revisiones anuales que le he realizado desde el final de la guerra.
-¿Pero entonces a qué se debe lo que le ha ocurrido hoy?- inquirió Remus, quien también se había acercado al vidrio imitando a la sanadora.
-El útero es un órgano delicado y no siempre se puede saber con certeza sobre su evolución cuando ha sido sometido a magia oscura- suspiró.- ¿Tiene conocimientos de alquimia, señor Lupin?
-No exactamente, pero conozco un poco, sí.
-El útero funciona como un atanor- comenzó Holland, girándose para mirarlo de frente.- Es el órgano donde cada bruja al embarazarse almacena y protege la magia de su futura hija o hijo, por lo que al tener rastros de magia oscura es imposible que sostenga un embarazo. Existe en él un equilibrio que en este caso ha sido alterado, pero se está recuperando. El útero de Hermione ha sangrado como mecanismo de defensa para eliminar aquello que su organismo reconoce como elementos de magia oscura y rechaza- Holland hizo una pausa y Remus asintió, comprendiendo.- Sólo necesita seguir en constante control para que estemos seguros que sigue evolucionando bien. Su vida sexual no tiene nada que ver con lo que le ha sucedido hoy y no tendría por qué influir en esto. Honestamente, me sorprendía que en todos estos años Hermione no experimentara sintomatología física después de lo vivido por ella en la guerra.
-¿Qué queda por hacer ahora?- Remus se sentía un poco más aliviado sabiendo todo esto.
-Debe guardar reposo un par de días para que recupere fuerzas- dijo la rubia poniendo mucho énfasis en sus palabras.- Debe descansar y ojalá no estar sola por si algo así vuelve a ocurrir. Le hemos inducido el sueño, pero debe estar por despertar, así que pueden llevársela a casa apenas eso suceda y si se siente en condiciones para hacerlo, ¿está bien?
La sanadora Holland sacó su varita y apoyó la punta contra el vidrio frente a ellos, el cual desapareció en unos segundos, para luego indicarle al licántropo que entrara mientras ella se retiraba.
Hermione estaba aún dormida sobre la cama, pero Remus pudo ver que sus mejillas tenían surcos de agua seca por haber estado llorando. Se quedó de pie en el final de la cama y suspiró mientras se pasaba las manos por la cara. La imagen le era muy familiar, pero de hacía unos cuantos años. Seis para ser exactos, pero no en San Mungo, si no que en Grimmauld Place. Y por unos segundos, pudo ver a Hermione en ese momento como la misma joven de dieciocho años que había contribuido enormemente en la derrota de Lord Voldemort, la misma que había luchado en la Batalla de Hogwarts luego de que no pasara demasiado tiempo de haber sido torturada por Lestrange.
Mientras se sentaba junto a ella sobre la cama, Remus pensaba que debía ser muy cuidadoso con la información que iba a entregarle a los demás cuando preguntaran por ella porque Hermione no quería que nadie se enterara de lo que llevaba guardando todos estos años. Ella había confiado en él -un poco a la fuerza- y no iba a traicionar su confianza.
De pronto, Hermione comenzó a moverse y él acarició su mano para hacerle saber que no estaba sola. Abrió los ojos parpadeando lentamente un par de veces hasta que se encontró con su mirada y sonrió con debilidad. Él no pudo más que corresponder a esa sonrisa y acomodar su almohada mientras ella intentaba sentarse.
-¿Cómo estás?
-Cansada…- dijo suspirando. Remus no quiso responder a eso. Sabía que Hermione podía estar refiriéndose a estar agotada físicamente o a un nivel de cansancio que él conocía muy bien.
-¿Cómo te sientes?- preguntó esta vez con un tono de voz más bajo, como queriendo pedir disculpas por la intromisión.
-Triste- respondió sin más, evitando mirarlo a la cara.- Me siento triste, Remus. Quiero dejar la guerra atrás y no puedo. ¡No puedo!
Hermione sollozó y Remus volvió a acariciar su mano. Le dolía verla así. La bruja más lista de su generación. Había estado tan orgulloso de ella cuando había sido su profesor, pero sabiendo que era amiga de Harry, supo que en algún momento ella debía tomar decisiones difíciles y complejas. No pensó nunca que ambos sobrevivirían a la guerra. La primera guerra, aquella en que había terminado perdiendo a todos sus amigos, le había enseñado a no esperar nada porque luego los golpes dolían más, pero ahí estaban ambos ahora.
-Hermione, yo…- comenzó él sin saber muy bien de qué manera decir lo que quería, pero se arriesgó de todos modos. La castaña lo miró atentamente.- En fin. Yo sé algunas cosas que te involucran con Sirius directamente y ...
-Oh, lo sé- lo interrumpió Granger y, por la forma en que lo miraba, supo que ella sabía exactamente a qué se estaba refiriendo.
-Está bien- suspiró e hizo una pausa, sin soltar su mano.- Quería saber si le vas a contar a Sirius todo lo que me ha dicho a mí la sanadora Holland.
-¿Por qué me preguntas eso?- cuestionó ella frunciendo el ceño.
-Porque Sirius está afuera de esta habitación esperando para verte y seguro te preguntará sobre todo lo que ha ocurrido.
Remus vio que Hermione dudaba un segundo antes de hablar.
-Sirius sabe que mi útero está dañado por artes oscuras- explicó con voz suave y suspirando.- Se lo he contado yo, pero no sé si quiero hablar más de esto por ahora con nadie.
-Está bien, yo puedo contarle lo que ha ocurrido.
-Pero no quiero que nadie más sepa, Remus, por favor- dijo ella con un rastro de angustia en su voz y en sus ojos.
-Tranquila, no le diré a nadie más.
Remus se inclinó para besarla en la frente antes de dejarla acostada allí para que siguiera descansando. Al salir de la habitación, todos lo miraron expectantes de respuestas a preguntas que no era necesario hacer, así que contó que Hermione estaba bien, pero que necesitaba unos días de reposo. Explicó también que Hermione había sufrido una hemorragia interna por consecuencia tardía de las torturas que vivió a manos de Bellatrix, pero que la sanadora Holland y su equipo creían que era algo normal a partir de lo ocurrido. Vio que todos se miraban inquietos, así que les aseguró que Hermione se recuperaría y que se iría ahora mismo con ellos a casa.
Harry y Ginny decidieron preparar la habitación de Hermione para que estuviera tranquila y cómoda y cuando ella se acostó en su cama, le preguntaron si quería dormir o comer algo primero. Hermione dijo que tenía hambre porque no había alcanzado a desayunar esa mañana y que prefería beber un té de jazmín y unas tostadas con mermelada antes de dormir. Fue Harry quien bajó a la cocina rápidamente, dejando a Ginny y Tonks con ella. Remus la observaba desde la puerta y Sirius se paseaba afuera en el pasillo sin querer entrar al cuarto. Necesitaba hablar con su amigo antes de verla y su paciencia estaba alcanzando el límite. Remus debió sentir su desesperación porque de repente se giró hacia él y lo miró seriamente antes de hablar.
-Ven, Padfoot, vamos a la biblioteca.
Sirius lo siguió en silencio mientras intentaba que su mente dejara de crear ideas que sólo daban vueltas en un remolino que lo estaba volviendo loco. Viejos miedos habían regresado a él durante las últimas horas, miedos relacionados al abandono y la soledad. Miedos que habían crecido en él cuando su propia familia lo había rechazado y que la muerte de James y Lily y su estadía en Azkaban sólo habían terminado por profundizar. Hermione podría haber muerto ese día y el pensamiento quemaba en su pecho como el hielo fino de una estalactita atravesando su corazón.
Remus se sentó en una de las butacas, pero Sirius se quedó de pie. No podía quedarse quieto y él necesitaba respuestas, necesitaba saber y la ansiedad lo estaba matando, así que decidió no esperar a que su amigo comenzara a hablar para hacerlo él.
-¿Qué le ha pasado, Remus?- hizo una pausa para que el otro respondiera, pero Remus sólo le sostuvo la mirada.- ¿Tiene que ver con su útero?- aventuró, temiendo la respuesta.
-¿Qué sabes tú de eso?- preguntó él cambiando ligeramente de posición en el asiento.
-Hermione me ha contado que su útero no puede albergar un embarazo por lo que Bellatrix…- se interrumpió. Sentía la rabia comenzar a ebullir en su estómago.- Por lo que pasó en la Mansión Malfoy.
-Es verdad…- dijo Lupin, suspirando.- Lo de hoy pudo salir realmente mal…
-¿Muy mal?- preguntó Black en un susurro apenas audible para ambos. Remus sólo se limitó a asentir mientras lo miraba.
-¿Por qué Hermione ha querido contarte esto?- inquirió el licántropo escudriñando con la mirada a Sirius.- ¿Ha pasado algo?
Y este era el momento que había temido. Era consciente de todas las veces que Remus le había advertido sobre Hermione y los límites que cruzaba. Sabía que no podía mentirle a Remus y, por lo tanto, sabía que apenas respondiera a esa pregunta, él lo regañaría. No había nada que hacer. Respiró profundamente y carraspeó antes de hablar.
-Hermione ha ido a San Mungo a hacerse un examen para saber si estaba embarazada… de mí- terminó dubitativo mientras veía en los ojos de Lupin que aparecía la realización.
Aquí viene, pensó Sirius conteniendo un poco el aliento.
-Y no lo estaba- dijo Remus con voz calma, poniéndose de pie y caminando hacia el escritorio.
-No…
-Y si lo hubiera estado, después de lo de hoy…
-Lo sé- lo interrumpió el pelinegro sin querer que terminara esa oración.
-Estoy preocupado por ella- musitó Lupin débilmente, pero Sirius pudo oírlo.
Hubo un silencio, pero Sirius cada vez se sentía peor. No ayudaba que Remus no le recriminara su irresponsabilidad. Él sabía lidiar con eso, con las personas gritándole o haciéndolo sentir mal por cosas que sabía que había hecho mal. Ojalá alguien alguna vez le hubiera gritado en la cara que había sido su culpa que James y Lily fueran asesinados, pero eso no había ocurrido ni en Azkaban. Y ahora se sentía culpable. Culpable de haber muerto, culpable de haber estado ausente, culpable de no haber batallado una segunda guerra para proteger a las personas que quería, para proteger a Hermione.
-Es mi culpa- dijo de pronto, desviando la mirada hacia una de las paredes.
-¿Qué es tu culpa?
-Todo esto- continuó sentándose en uno de los sillones y pasándose las manos por la cara.- Es mi culpa porque yo debí estar ahí con ellos, buscando los horrocruxes, yo debí evitar que Bellatrix le hiciera esto… ¡Yo debí matar a Bellatrix en el Departamento de Misterios, Remus!
-No es tu culpa, Sirius- dijo Remus mirándolo de pie junto al escritorio. Sirius no quería mirarlo y encontrarse con su mirada, pero podía sentir sus ojos fijos en él.- No puedes culparte por haber muerto.
-Dejé que Bellatrix me matara en vez de yo acabar con ella, Remus, y mira lo que ha pasado- explicó el ojigris. Su voz sonaba rasposa, quería controlarla, pero no podía.- ¡Otra vez las acciones de mi maldita imprudencia tienen consecuencias nefastas!
-¿Recuerdas aquella vez en que Harry enfermó cuando tenía meses y Lily estaba tan nerviosa que no era capaz de hacer bien la poción que podría bajarle la fiebre?
El cambio repentino de temática en la conversación le obligó a mirar al hombre lobo. Su semblante era serio, pero podía ver en el brillo de sus ojos una mezcla de nostalgia y diversión. No entendía por qué Remus estaba hablando de esto.
-Sí, lo recuerdo, ¿qué pasa con eso?- preguntó con el ceño fruncido.
-Recuerdo lo estresado que estabas- contestó el castaño con una suave sonrisa en los labios.- Sabes que yo nunca fui muy bueno en Pociones, pero Lily era la mejor de nuestro año, a excepción de Snape.
-Snape- dijo Sirius con resentimiento en la voz.
-Y tú estabas desesperado porque querías que Harry se sintiera mejor.
-Y Lily tardaba mucho en terminar la poción, aunque era sencilla- agregó el animago, suspirando.
-Nunca te había visto así por nadie más, ¿sabes?
-Por ti sí, en algunas lunas llenas.
-Vale, pero en esos casos nunca te vi yo.
-¿A qué viene todo esto?- preguntó el animago, impaciente, removiéndose en el sillón.
-Hoy es la segunda vez que te veo de esa manera.
Sirius comprendió que Remus entendía de algún modo que su preocupación por Hermione era genuina, que no estaba jugando, que le importaba demasiado. Que toda la cercanía que tenía con la bruja era real e importante para él y que no iba a criticar más sus acciones respecto a ella. Él sabía que Remus también se preocupaba por Hermione y después de haber pasado casi todo el día en San Mungo, Sirius también entendió que Remus había estado allí para cuidar de esta manada como un lobo alfa durante todos estos años y que sólo estaba haciendo su trabajo.
-Padfoot, ahora que sabes todo esto, necesitas apoyarla- dijo después de unos segundos en que se miraron en comprensión.- Yo estoy todo el tiempo yendo y viniendo entre Hogwarts y casa con Dora y Teddy, no puedo pasar más tiempo con Hermione, aunque quisiera.
-Eso considerando que llevas bastante tiempo desaparecido, Moony- bromeó Sirius, recordándole que había un tema pendiente entre ellos.
-Hermione y tú se hacen bien- continuó Lupin ignorándolo deliberadamente.
-Vaya a saber Merlín por qué- bufó el otro.
-Padfoot, eso no importa ahora- lo atajó Remus.- Ya sabes todo y creo que no hay otra persona que pueda darle el apoyo que necesita más que tú.
-Tiene una cicatriz que cruza su cuerpo, ¿sabes?- comentó Black, sintiendo otra vez el peso de la culpa por no haber estado.- La tiene desde el día en que he muerto, se la hizo Dolohov…
-Lo sé, la he visto- respondió Remus, suspirando.
-¿Por qué la has visto?- preguntó rápidamente Sirius, interesado de pronto en ese aspecto.
La única manera de ver esa cicatriz era viendo a Hermione desnuda y Sirius no podía imaginar muchos escenarios en que eso fuera posible. Hermione no podría haberse acostado con Remus… no podría, ¿verdad? No. Remus estaba con Tonks desde antes de finalizada la guerra. Habían tenido un hijo antes de que terminara la guerra, ¡por Merlín! Debía haber otra razón.
Remus no respondió a su pregunta y negó con su cabeza.
-Hay cosas que no puedo contarte, Padfoot- dijo con determinación.
-Moony…- empezó Sirius poniéndose de pie, advirtiéndole que era mejor que continuara.
-Cuídala, ¿está bien?
-¿Te vas?- inquirió cuando Lupin se dirigía a la puerta.
-Sí, voy a buscar a Dora que de seguro sigue en la habitación de Hermione y luego iremos a por Teddy.
Sirius asintió y Remus estiró un brazo hacia atrás mientras caminaba para hacerle un gesto de despedida con la mano. Ya en el corredor, dejó que los recuerdos que había retenido en su mente durante la conversación sobre la cicatriz de Hermione fluyeran. Hacía muchos años que no pensaba en ellos, pero las circunstancias del día los habían traído a flote nuevamente.
Era media tarde y Remus Lupin había llegado hasta Grimmauld Place para buscar a Hermione. Era el cumpleaños de Teddy. Cumplía un año y estaban celebrándolo en La Madriguera. Ella había dicho que tenía algunos asuntos que solucionar antes de ir hasta la casa de los Weasley, pero que contaran con ella después del almuerzo. Sin embargo, Hermione no había llegado, así que después de pensarlo durante un rato, Remus dijo que iría por ella.
Las primeras plantas de la antigua casa de los Black estaban vacías, así que supuso que estaría en su habitación y la de Ron en la segunda planta. No obstante, su instinto lo alertó de que algo no iba bien.
-¿Hermione?- preguntó al golpear la puerta entreabierta de su habitación.
Escuchaba el agua de la ducha correr y por unos segundos pensó en esperar afuera del cuarto a que Hermione saliera del baño y se vistiera, pero entonces escuchó los gimoteos. Caminó lentamente, abrió la puerta que se encontraba entreabierta y su corazón se detuvo unos segundos al verla: Hermione estaba desnuda y sentada en el suelo de la ducha, arrinconada en una esquina, con la espalda apoyada contra la pared y las rodillas contra su pecho, abrazando sus piernas mientras lloraba desconsoladamente.
La puerta de vidrio de la ducha estaba abierta y el agua mojaba un poco la alfombra absorbente que estaba justo fuera. Ella aún no notaba que él estaba allí y podría haberse marchado, pero no podía dejarla así. Se acercó sutilmente para no asustarla y se agachó frente a la puerta, arrodillándose. Hermione levantó la vista, pero no se inmutó por su presencia al verlo. Remus vio sus ojos rojos mientras hipaba y en un segundo se metió dentro de la ducha con ella y la atrajo hacia sí en un abrazo. No le importó que el agua lo mojara a él también, pero cerró la llave con un movimiento rápido de su varita para que se detuviera. Hermione se hundió en su pecho sin dejar de llorar. Temblaba, a pesar de no estar fría porque el agua seguía caliente, así que invocó Accio toalla para cubrirla.
Remus sabía que Hermione estaba desnuda y no la miraría jamás con ojos lascivos en una situación como ésa o en cualquier otra. Pero necesitaba mirarla para saber si estaba bien, si no estaba herida. No sabía qué era lo que estaba ocurriendo con ella y eso lo tenía angustiado. Se arrodilló con cuidado intentando ponerla de pie y Hermione lo siguió débilmente. Remus pasó la toalla por detrás de su espalda y cubrió sus hombros. A propósito, evitó mirar su pelvis y sus pechos mientras se levantaba también, pero sus ojos se detuvieron inevitablemente en una línea gruesa e irregular que atravesaba un lado de sus costillas y parecía continuar hacia atrás. Era una cicatriz. Él sabía reconocerlas bien, después de todo, su propio cuerpo estaba repleto de ellas. La cicatriz de Hermione era blanca y en algunas partes se volvía de un rosa suave. No era sutil, era imposible no verla, pero no le pareció fea. Curioso, porque él había odiado cada una de sus cicatrices durante toda su vida por el significado que tenían, hasta que Dora le había hecho cambiar la percepción que tenía de ellas.
Carraspeó al darse cuenta que su vista se había quedado fija sobre sus costillas más segundos de lo esperado y envolvió a Hermione aún más en la amplia toalla antes de cargarla en sus brazos, acunándola.
La llevó de regreso a su habitación y la sentó sobre la cama. Hermione se quedó sentada quietamente mientras lloraba, ya no desconsoladamente, si no que en silencio. Agitando su varita, Remus secó el cabello mojado y la piel húmeda de la bruja y, luego, se acercó a su armario y sacó de allí un pijama limpio de pantalón y camiseta y se los pasó. Le dijo que se vistiera para que su cuerpo no se enfriara y él le dio la espalda para darle un poco de intimidad después de haberla visto desnuda en la ducha. No sabía qué era lo que estaba pasando, sólo sabía que su lugar estaba ahí con Hermione y esperaba poder averiguarlo y ayudarla.
-Remus, lo siento- comenzó Hermione con la voz débil.- Me estaba preparando para ir a La Madriguera, pero…
-Tranquila, eso no importa ahora- la interrumpió sentándose junto a ella y cogiendo su mano con suavidad.- ¿Qué sucede, Hermione?- hizo una pausa mientras la miraba.- ¿Quieres hablar de eso?
Las lágrimas continuaban cayendo por sus mejillas, pero comenzó a hablarle y contarle poco a poco toda su verdad. Su terapia con la doctora Meyer desde que había dejado de vivir en Hogwarts, que había ido a San Mungo a que la examinaran varias veces después de la guerra durante los últimos meses y que le habían dicho hace unos días las consecuencias que el Cruciatus había tenido en su cuerpo. Lupin acomodó su mano en la de ella y la apretó mientras ella explicaba lo que la sanadora a cargo de su caso, Holland, le había dicho y luego comenzó a hablar sobre todo lo que había sacrificado durante la guerra, lo que había tenido que hacer a sus papás para que los mortífagos no los buscaran para dar con el paradero de ella y que no sabía si podría volver a modificar su memoria y recuperarlos. Habló de todas las cosas que había hecho para ayudar a Harry desde niños, luego luchando en la guerra, que jamás se lo recriminaría porque nadie la había obligado, pero que a veces no podía evitar hacerse preguntas. Finalmente, habló sobre lo que más le dolía, consecuencia directa de lo que Bellatrix Lestrange le había quitado como una de las pocas cosas que le daba esperanzas para seguir: construir un mundo mejor donde sus hijos vivieran bien y seguros y ahora quizás esa posibilidad jamás la tendría.
Remus no tenía conocimiento sobre lo ocurrido con la familia de Hermione y se sintió bastante mal por nunca preguntar por sus padres. Había pensado que tal vez se habían distanciado por alguna rencilla familiar y que ella no quería hablar de eso, pero jamás se le cruzó por la mente que ella hubiera borrado sus memorias y los hubiera enviado a vivir a Australia. Suponía que Harry y Ron estaban al tanto, pero esta bruja que apenas tenía diecinueve años, que había luchado en la guerra buscando horrocruxes en vez de cursar su último año en Hogwarts, había hecho uno de los sacrificios más grandes en silencio. Siempre había admirado a Hermione, pero esto le recordaba otra vez que era muy joven, así como cuando él mismo había luchado en la Primera Guerra Mágica, así como Lily había dado su vida por Harry con apenas veintiún años.
-Intento no culpar a nadie, lo juro, Remus- habló otra vez desesperada.
-No tienes que probarme nada, Hermione- la abrazó él para calmarla.- Y si culparas a alguno de nosotros, incluso a Harry, no pensaría menos de ti.
-Harry no es culpable de nada…
-¿Piensas contarle a Ron lo que te han dicho en San Mungo?
-No… Las cosas con Ron no están funcionando tan bien como antes- dijo ella soltando el abrazo.
-¿Estás pensando en terminar la relación?- inquirió Lupin. Hermione sólo asintió.
-No puedes contárselo a nadie, por favor, Remus- suplicó ella y sus ojos volvieron a anegarse en lágrimas.- No quiero que nadie más lo sepa. Nadie.
-Te lo prometo, Hermione. No le diré nada a nadie, ni siquiera a Dora- le aseguró el licántropo sonriendo amablemente. Ella intentó devolver esa sonrisa, pero no funcionó del todo.- Todo va a salir bien, ya verás.
Ese día Hermione no fue finalmente a La Madriguera y Remus no regresó más durante la tarde. Era el cumpleaños de su hijo, pero Teddy estaba rodeado de todas las personas que lo amaban mientras que Hermione estaba sola y lo necesitaba. Envió su Patronus para decir que ambos estaban bien, pero que debían resolver un asunto pendiente. Hermione se recostó sobre el edredón de su cama para descansar y Remus se tendió junto a ella mientras acercaba con magia una manta para cubrirlos. La castaña pronto se quedó dormida, cansada de tanto llorar. Él, que había acomodado los almohadones para poder apoyar su espalda más arriba y poder observarla, entendió que la guerra no había terminado para todas las personas que quería. Y entendió más que nunca que necesitaba cuidarlas a todas. Tenía a Dora y a Teddy, que apenas era un bebé. Molly y Arthur seguro siempre estarían. Pero los habitantes de Grimmauld Place, Harry, Ginny, Ron y Hermione estaban bajo su cuidado. No quedaba nadie más y él sabía que eso era precisamente lo que hubieran hecho James, Lily y Sirius de estar vivos. Pero ahora sólo quedaba él. El hombre lobo que debía proteger a su manada.
Eran ya casi las cuatro de la mañana y Sirius no podía conciliar el sueño. Había dormido tres horas, pero había despertado asustado porque de repente fue consciente del espacio que había en su cama y la angustia había invadido su cuerpo y su mente. Aún no sabía la razón de su inquietud por encontrar el lado vacío de su cama, pero si la razón no estaba en Azkaban, entonces la respuesta yacía durmiendo dos puertas más allá de la suya en el corredor.
Se estaba acomodando nuevamente para intentar volver a dormirse cuando la escuchó a lo lejos.
-¡No! ¡Por favor! ¡No lo hicimos! ¡La encontramos! ¡NO, POR FAVOR!
Sirius se sentó instantáneamente sobre el colchón al reconocer la voz de Hermione y se levantó para caminar rápidamente hasta su habitación. Cuando iba a acostarse a dormir, se le había cruzado por la mente que esto podría pasar esa noche después de todo lo que había ocurrido ese día en San Mungo, pero eso no hizo que fuera menos preocupante para él. Hermione no dejaba de gritar que ella no había hecho tal cosa y de repetirle a alguien que parara. Para él era evidente lo que ocurría, pero que su pesadilla fuera más un recuerdo que una invención de su mente sólo aumentaba la presión en su pecho. Bellatrix debía dejarla vivir en paz.
Se acercó a la cama y se sentó con cuidado sobre el edredón, inclinándose para encender la lámpara de su mesita de noche. Ella no dejaba de moverse y retorcerse como si estuviera siendo torturada en ese mismo minuto. Fue inevitable pensar si así se veía él también cuando estaba teniendo una pesadilla. Sin poder resistirlo más, Sirius la tomó rápidamente por debajo de las axilas y la sentó, apretujándola contra su pecho.
-Hermione, estás soñando, no es real, estás conmigo- dijo él con la voz más tranquilizadora que pudo poner, pero llena de firmeza.- Despierta, cariño, despierta.
Hermione abrió los ojos de golpe mientras respiraba entrecortadamente. Sus ojos recorrieron la habitación asustados antes de levantar la mirada y encontrarse con el rostro de Sirius que le sonreía tranquilizadoramente.
-Sirius…- intentó decir mientras se acomodaba un poco.
-Tranquila, tenías una pesadilla- explicó él en voz baja mientras acariciaba su cabeza aplastando su cabello.- Todo va bien, no ha pasado nada.
-¿Estaba gritando?- preguntó tímidamente.
-Estabas hablando en voz alta y fuerte- respondió él sonriendo levemente y encogiéndose de hombros. Hermione sólo asintió y hundió su rostro en el pecho de Sirius, sujetándose con fuerza con ambas manos de la camiseta oscura del animago.- ¿Estás bien?
-Creo que sí.
-No hablo de tu pesadilla.
-Lo sé.
Sirius buscó su mirada antes de continuar hablando porque necesitaba analizar sus respuestas para saber si había más cosas que estaban ocultas para él.
-Remus me ha dicho lo que ha pasado.
-Yo le he dicho que yo te había contado la verdad- dijo ella suspirando.- Me ha dicho que estabas afuera de mi habitación en San Mungo.
-¿Por qué Remus sabe de todo esto?- inquirió.
-Porque he tenido que contárselo- dijo despacio, como si decir las palabras le doliera.- Hace algunos años, un día me ha visto…- hizo una pausa y suspiró. Sirius no quiso interrumpirla y esperó a que siguiera con atención.- Un día me vio muy mal y no pude hacer más que decirle todo lo que me estaba pasando. Luego, yendo a San Mungo, la sanadora Holland me ha dicho que necesitaba un contacto mío de la comunidad mágica en caso de cualquier urgencia y bueno, le he dado el nombre de Remus porque no podía darle el de nadie más- terminó y Sirius asintió.
Hermione suspiró mientras se incorporaba y lo abrazó, hundiendo su rostro en el cuello de él. Sirius suspiró también, soltando el aire que no sabía que estaba reteniendo y cerrando los ojos al apoyar su mentón sobre el hombro de ella. Había ido hasta la habitación de la castaña para tranquilizarla y ahora él era quien recibía paz. Llevaba muchos días lejos de ella y la situación vivida hoy había despertado miedos muy profundos que él creía que ya no podían resurgir.
-Gracias, Sirius- dijo ella alejándose un poco para mirarlo de frente.- Me he comportado como una idiota en el último tiempo. No sé por qué me he alejado un poco de ti, pero no has hecho nada para merecer eso.
-Tranquila, no es como si no pudiera vivir sin ti- dijo él sonriendo y guiñándole un ojo, causando que Hermione se riera.
El sonido de su risa fresca lo hizo reír también, pero su pecho se apretó en aprensión. No sabía por qué se reía realmente. El recuerdo estaba aún muy fresco en su mente. No sabía tampoco por qué había bromeado con eso. Podría haber perdido a Hermione ese mismo día y ahí estaba él diciéndole que podía vivir sin ella. No recordaba haber dicho una mentira tan evidente como esa. Entonces, interrumpiendo sus pensamientos, Granger bostezó.
-Vale, será mejor que duermas otra vez- dijo él mientras ella se recostaba sobre el colchón y se acomodaba mientras Sirius la cubría bien para protegerla del frío.
-Buenas noches, Sirius- susurró ella antes de quedarse en silencio.
Black se inclinó un poco para depositar un beso en su frente, apagó la luz y luego se puso de pie. Sin embargo, no fue capaz de moverse. Ella dormía tranquila y pacíficamente después del duro día que había vivido. Temía que, de repente, él se girara y ella se esfumara repentinamente del colchón. En el fondo, no quería irse de allí.
-¿Quieres que me quede a dormir contigo?- preguntó en un susurro perfectamente audible, pero Hermione ya estaba sumida nuevamente en el más profundo sueño.
Estaba seguro, y así lo recordaría en el futuro, que ese día había marcado un antes y un después en su nueva oportunidad en la vida. El día en que sintió verdadero miedo de perderla, no por un error suyo, no porque ella se alejara de él para siempre, si no porque pudo no volver a verla viva nunca más. No tenía más alternativa y fue tan claro para él mientras cerraba detrás de sí la puerta del cuarto de la bruja para volver a dormir al suyo. Debía aceptar la verdad que había golpeado su rostro con la fuerza de un huracán:
Sirius Orion Black se había enamorado completamente de Hermione Jean Granger.
