N/A: He vuelto momentáneamente. Lamento mucho la tardanza. Reitero mi promesa de no abandonar la historia porque la terminaré. Espero que estén bien con todo lo que ocurre en el mundo actualmente. Si están en cuarentena, espero que este capítulo ayude a pasar el tiempo. Me ha gustado mucho cómo ha quedado. A ver si puedo actualizar mucho antes que con éste. Gracias por leerme :)
CAPÍTULO 12:
Diez elfos domésticos
Time only heals if we work through it now
And I promise we'll figure this out.
I will take your pain
And put it on my heart.
I won't hesitate,
Just tell me where to start.
I thank the oceans for giving me you,
You saved me once and now I'll save you too.
I won't hesitate for you.
(Hesitate – Jonas Brothers)
Los siguientes días que tuvo que hacer reposo, Hermione creía que en cualquier momento iba a enloquecer. En San Mungo le habían dicho que al volver a casa debía estar al menos una semana en cama para evitar cualquier recaída porque no debía someter a su cuerpo a mucho esfuerzo físico. Para cualquier otra persona eso hubiera sido recibido como una buena noticia. No ir a trabajar, dormir hasta más tarde, descansar más. Pero para ella era una tortura. Aunque Kingsley le había asegurado que no había problema alguno y que su salud siempre estaba primero, ella sentía que todos sus proyectos se estaban retrasando producto de su ausencia, así que después de discutir con todas las personas en Grimmauld Place, y sobre todo con Sirius, había logrado que al menos la dejaran trabajar en sus informes desde la cama con la condición de no sobreexigirse.
Sirius había estado notablemente más presente durante esa semana de comienzos de febrero. Si bien Harry era quien todas las mañanas subía hasta su habitación con una bandeja del desayuno que había preparado como era su costumbre, el resto de las comidas del día estaban a cargo de Sirius.
Hermione no sabía que él pudiera cocinar tan bien hasta que se vio comiendo platos elaborados, diferentes y nutritivos tanto en el almuerzo como la cena que él le preparaba y subía hasta su cuarto. El primer y segundo día que eso ocurrió, ella le rodó los ojos y enarcó una ceja mientras el animago entraba a su habitación con una bandeja con suficiente comida para ambos levitando delante de él.
-Necesitas cuidarte- había dicho él mientras se sentaba en la cama para comer y, evidentemente, para vigilar que ella también se alimentara.
-Sirius, no tengo tanta hambre- dijo ella mirando la cantidad de comida del plato que Sirius puso frente a ella.
-Apenas has desayunado y a ese ritmo no vas a volver jamás al ministerio.
-Pero Sirius…
-Hermione, necesitas comer- la interrumpió cuando la vio removiendo los vegetales del plato con el tenedor sin mucho ánimo.- Si no comes, yo tampoco lo haré- continuó con un tono de voz completamente resuelto.- En Azkaban he aprendido a lidiar con el hambre, así que no será problema para mí.
Después de eso y aún sabiendo que era una estrategia de manipulación tan básica, Hermione había decidido comer. De todos modos, la comida estaba tan buena que luego se encontró a sí misma comiendo más de lo que pensaba.
Y no era sólo la comida, si no que Sirius estaba pendiente de todo lo que ella pudiera necesitar. Hermione podía caminar sola por la casa si quería, aunque no durante mucho rato para no arriesgarse, pero de todas maneras era él quien entraba a su baño y le preparaba la bañera porque decía que si utilizaba la ducha mucho tiempo de pie, podía comenzar a sangrar otra vez, perder el equilibrio en un mareo y caerse, entre otras cosas. Ella se había negado en un principio a sus atenciones porque creía que la trataba prácticamente como a una niña pequeña, pero Ginny le había dicho cuando se lo comentó que debía dejar de ser tan obstinada y aceptar su ayuda porque Sirius no pensaba menos de ella, pero estaba convaleciente y había una gran diferencia entre ser paternalista porque no la consideraba capaz de vivir por sí misma y cuidar de alguien. Resignada como tantas otras veces en su vida al hablar con la pelirroja, Hermione se había limitado a suspirar y a rodarle los ojos a su amiga.
De todas maneras, en el fondo de su ser debía aceptar que secretamente se sentía completamente agradecida de Sirius. Ella utilizaba su varita para invocar libros y pergaminos que estaban fuera de su alcance, pero Sirius entraba a su habitación varias veces en el día a preguntarle si necesitaba algo. Al comienzo le pareció un gesto muy natural de su parte, pero después de un par de días se dio cuenta que la verdad era que al parecer sólo era una excusa para pasar tiempo con ella y eso le causó una ternura inmensa. Supuso que para Sirius era muy frustrante no poder hacer nada para ayudarla a recuperarse, tal como sabía que lo era haberse perdido la guerra y no haber hecho algo útil (en sus palabras) por los demás, así que comenzó a llamarlo en algunos momentos para pedirle cualquier tipo de ayuda o consejos sobre temas de su trabajo. Cada vez que él ingresaba a su habitación después de abrir la puerta casi siempre entreabierta, ella no podía evitar sonreírle y pronto comenzó a encontrarse a sí misma pensando en razones innecesarias para llamarlo durante el día. Eso la avergonzaba completamente y no sabía si Sirius se daba cuenta de lo que estaba haciendo, pero si es que lo hacía, él nunca decía nada.
-¿Hermione?- dijeron mientras llamaban a su puerta.
-Pasa, Remus.
El licántropo abrió la puerta y vio a Hermione sentada sobre su cama, haciéndose una coleta en el cabello. Remus no pudo evitar sonreírle porque se veía mucho mejor que hace unos días.
-Molly está terminando de preparar la cena- comentó apoyándose en la mesa del escritorio mientras la miraba.- Incluso Sirius ha querido ayudarla, pero Molly prácticamente se lo ha prohibido.
-¿En serio? Pero si Sirius cocina bastante bien.
-Lo sé, ¿quién crees que cocinaba en nuestro piso cuando vivíamos juntos?- dijo Remus riéndose.
-¿Vivías con Sirius antes de que ocurriera todo?- preguntó Hermione, sorprendida.
-Sí, compartíamos un piso en el centro de Londres, pero yo no pasaba mucho tiempo por allí- explicó él y Hermione notó que su mirada se había vuelto melancólica.- Ya sabes, yo estaba tratando de infiltrarme con los hombres lobo.
-Remus, no sé si puedo enfrentarme a todos abajo- dijo cambiando radicalmente de tema, pero evidenciando más que nunca el miedo que tenía.
Remus la observó un segundo en silencio antes de acercarse y ponerse en cuclillas frente a ella. Hermione lo miró con los ojos anegados en lágrimas. No entendía por qué todo era tan difícil.
-Hermione, sé que no ha sido fácil todo este tiempo, pero la cocina está llena de personas que
te quieren- comenzó tomando su mano.- Seguro que debes tener muchas cosas en tu cabeza ahora, pero abajo nadie te va a juzgar, nadie te hará preguntas que no quieras responder- hizo una pausa y él le acomodó un mechón de pelo suelto detrás de la oreja.- Lo único que quieren es ver a la Hermione Granger que conocen porque están preocupados por ti y quieren saber que estás bien, Sirius sobre todo.
Hermione sintió que su corazón se aceleraba. No era primera vez que Remus mencionaba a Sirius con una intención muy diferente de la que tendría con cualquier otra persona y, según la mirada que él le estaba dirigiendo, era evidente que intentaba decirle algo.
-De alguna manera, Sirius está mejor contigo cerca y tú también- comenzó el licántropo y Hermione pensó que estaba eligiendo sus palabras muy bien para no presionarla, pero inspirándole confianza.- No lo pongas a un lado ahora que tú lo necesitas y él quiere estar ahí para ti.
-Está bien- dijo la castaña susurrando.
-¿Vienes con nosotros a la cocina entonces? Teddy está muy emocionado por verte- preguntó él sonriendo y, poniéndose de pie, la invitó a hacer lo mismo extendiendo su mano abierta a su amiga.
Cuando Hermione entró a la cocina con Lupin, Sirius estaba hablando con Arthur y Bill animadamente y él no pudo evitar que su mirada se desviara hacia ella. Teddy corrió inmediatamente a abrazar a su madrina al mismo tiempo que todos la saludaban alegremente y se acercaban. Tonks se acercó a su marido y pasó un brazo por su espalda para abrazarlo mientras ambos contemplaban la escena. Tanto Arthur como su hijo mayor se acercaron a la bruja como los demás, pero Sirius se quedó atrás.
Él la había visto todos los días, pero en todas esas ocasiones, Hermione estaba usando pijamas, su rostro estaba cansado y podía darse cuenta que su ánimo no era el mejor. En cambio, ahora que estaba levantada, que llevaba una coleta y que vestía unos jeans y un sweater, podía ver que se encontraba mejor. No pudo reprimir la sonrisa que se formó en su boca al verla por fin así y sintió que un peso sobre sus hombros del que no era consciente se esfumaba.
-Se ve bien, ¿no lo crees?- dijo la voz de Harry a su costado. Sirius tuvo apenas un segundo para salir de su ensimismamiento y comprender lo que su ahijado le decía.
-¿Qué quieres decir con que se ve bien?- preguntó un poco nervioso por no saber cuál era la respuesta que esperaba Potter, pero la parte cuerda de su cerebro le decía que no se refería a lo guapa que estaba.
-Que Hermione se ve bastante recuperada- explicó el ojiverde enarcando una ceja a su padrino, pero sacudiendo inmediatamente la cabeza.
-Oh, sí, ha valido la pena obligarla a quedarse acostada- respondió riéndose un poco por aliviar la tensión que él se había causado a sí mismo.
-Oye, Sirius- comenzó Harry dando un paso y parándose frente a su padrino, bloqueando la vista que tenía de la castaña.- Quería agradecerte por todo el tiempo que le has dedicado a Hermione durante estos días. Me habría encantado estar más tiempo aquí, pero la oficina de Aurores…
-Harry, no te preocupes- lo interrumpió Black, poniendo una mano sobre un hombro del muchacho y mirándolo.- No ha supuesto ningún esfuerzo extra.
-Es que Hermione es como una hermana para mí y…
-Lo sé, Harry, lo sé- volvió a interrumpirlo él y le sonrió.- Hermione también es mi familia. Todos ustedes son mi familia. Me ha gustado cuidar de ella y volvería a hacerlo de ser necesario.
-Gracias, Sirius- dijo Harry abrazando a su padrino y suspirando.
-No hay de qué, Harry.
-¿Nos sentamos a cenar?- dijo Molly haciendo gestos con las manos para dirigirlos a todos.
Como siempre, Sirius se sentó de cabecera de mesa. Le habría gustado sentarse junto a Hermione, pero consideró que era inoportuno y un poco evidente sabiendo que había pasado prácticamente todos los días con ella en casa, aún cuando estuviera acostada todo el tiempo. Los demás supondrían que le gustaría poder conversar con otras personas ahora que Hermione era el centro de atención, pero no. Y aunque le encantaba ver a todas las personas que quería, en especial a Remus que no había aparecido en toda la semana -algo que le seguía pareciendo muy extraño-, increíblemente quería seguir compartiendo tiempo con la bruja.
-Te ves bien, Hermione- dijo Fleur sonriendo amablemente.- Sirius ha hecho un buen trabajo.
-Bueno, no ha sido nada fácil, con lo testaruda que es- bromeó Sirius mientras mordía un trozo de pan y le guiñaba un ojo a Hermione, quien le dirigía una mirada asesina.
-Hermione, querida, necesitas dejar que te cuidemos- comenzó Molly mientras continuaba sirviendo los platos de comida.
-Molly, deja que te ayude- dijo Remus haciendo el ademán de ponerse de pie.
-No es necesario, querido…
-Sí, claro que sí- dijo Tonks poniéndose de pie y acercándose a la matriarca Weasley.
Molly miró a la metamorfomaga un poco preocupada porque conocida era su torpeza con algunas cosas, pero todos los demás estaban acostumbrados a que siempre en sus reuniones Tonks tropezara y accidentalmente rompiera algo o diera vuelta una copa sobre la mesa, nada que la magia no pudiera resolver. Por eso cuando casi derrama la comida de uno de los platos mientras los pasaba para que los repartieran, nadie se sorprendió mucho. La oportuna acción de Fred con su varita estabilizó el plato en el aire y nada ocurrió.
-Por eso es Remus quien generalmente está sacando o guardando los platos en su casa- comentó Ginny, riéndose mientras Harry le servía un poco de vino.
-¡Hey! ¡Yo soy quien hace eso!- replicó la pelirrosada, habiendo terminado de repartir la comida.
-Todo el mundo piensa muchas cosas de Remus- comenzó Sirius tomando su copa de vino mientras sonreía satisfactoriamente.- Que es adicto al chocolate, lo que es verdad; que es quien cocina en su casa, también es verdad; que es un mago responsable… pero eso yo lo pondría en duda.
-¿Por qué lo pondrías en duda? Remus es responsable- dijo Hermione poniendo énfasis en el verbo "es".
-Hermione, Remus es un merodeador por sí mismo, no porque fuera amigo mío y de James- respondió Black riendo y Lupin suspiro y rodó sus ojos.
-¡Sirius, está Teddy aquí!- le llamó la atención Molly a la vez que Arthur tomaba su mano para calmarla.
-Tranquila, mamá, está jugando con Victoire- dijo Bill, quien tenía a ambos niños a su lado riéndose.
-A ver, ¿quién acuesta a Teddy más seguido?- preguntó Angelina.
-Papá- dijo el pequeño.
-¿Ves que está escuchando lo que hablamos?- dijo Molly en un susurro perfectamente audible mientras lanzaba una mirada recriminadora a Sirius. Él sólo se encogió de hombros.
-¿Y por qué, Teddy?- inquirió Fred.
-¡Papá cuenta las mejores historias para dormir!- dijo y Remus le sonrió y le guiñó un ojo a su hijo.- Mamá también cuenta buenas historias, pero mamá se distrae mucho y se olvida de lo que sigue…- todos rieron ante eso mientras Tonks se reía y sacudía la cabeza en reconocimiento a la verdad de su hijo.
Mientras reía, Sirius bajó la mirada a su plato distraídamente un segundo, pero al momento de levantarla nuevamente y mirar hacia la mesa, se tropezó con la mirada de Hermione que lo estaba observando. Pensó que ella le iba a hablar, pero no lo hizo, así que su reacción natural fue sonreír y guiñarle un ojo. No obstante, la castaña se sorprendió y se enderezó en su silla para luego sonreír forzosamente antes de volver a comer.
Extrañado, Sirius frunció levemente el ceño mientras la conversación retornaba a la mesa. No entendía la reacción de la bruja. No era nada especial lo que él había hecho al sonreírle, era lo que siempre hacía, no podía evitarlo. Pero el estómago se le cerró al pensar que tal vez Hermione no era consciente de haberlo estaba mirando y al verse expuesta para sí misma como para él, se había puesto muy nerviosa.
Sirius se llevó el tenedor a la boca intentando no sonreír. Quizás no estaba solo en estos sentimientos que Granger le provocaba.
La vida en el ministerio no había reducido su actividad durante su ausencia, así que Hermione había tenido que esforzarse un poco más que de costumbre para poder lograr estar completamente actualizada de todo lo que había ocurrido. Ninguno de sus superiores le recriminaba nada, todo el mundo estaba contento con tenerla de regreso, pero ella era consciente de que el trabajo desde casa no era lo mismo que participar de los procesos de forma presencial.
Llevaba una semana y media completa de trabajo y esa tarde, aún cuando era apenas martes, estaba realmente cansada y sólo quería llegar a casa con la esperanza de que el viernes no tardara en aparecer en su vida. Había terminado de conseguir la firma de algunos pergaminos que al día siguiente debían estar a primera hora en el Wizengamot y ya era libre.
Después de recoger sus cosas en su despacho en el Departamento de Seguridad Mágica en la segunda planta, había subido sola al elevador para llegar al Atrio y tarareaba una canción distraídamente mientras esperaba. Cuando el elevador se detuvo y se abrieron las puertas, Hermione miró hacia el frente para salir y sonreír amablemente a las personas que estarían esperando para bajar, pero nada la podría haber preparado para ese momento.
Ni a él.
Ambos se miraron incómodos unos segundos sin hablar y, sólo cuando la voz de la mujer operadora del elevador anunció que iba a cerrar las puertas, Hermione salió y comenzó a caminar rápidamente. Sentía su corazón latir muy fuerte contra su pecho y sólo quería llegar a cualquiera de las chimeneas para irse a casa.
-¡Hermione!- dijo la voz del hombre que, aparentemente, la había seguido.- ¿Podemos hablar?
Ella se detuvo en seco. Su terapeuta le había advertido de este momento en una de sus sesiones y sabía que ocurriría alguna vez, pero definitivamente no se lo esperaba así. Tomó aire profundamente antes de voltear y mirar a la cara al mago frente a ella.
-Draco- dijo con toda la firmeza en la voz que podía poner.
-Hermione, yo…- Draco Malfoy se acercó un poco más a ella, dejando medio metro de distancia entre ambos. Hermione pudo ver los grises ojos de Sirius en otra persona. No exactamente los mismos, tenían otro brillo y algo más de lo que Draco carecía.- Hace mucho tiempo quería hablar contigo y no sabía si escribirte o…
-¿Has venido al ministerio por eso?- lo interrumpió la chica, intentando controlarse.
-No, la verdad es que he venido a hablar con el Ministro de Magia, pero creo que vendré otro día…
-Kingsley no está hoy- replicó ella inmediatamente. Draco asintió. Hermione no sabía cuáles eran las intenciones del mago, así que decidió apurar la causa.- Draco, si no hay nada que tengas que decirme, creo que voy a marcharme…
-¡No!- los ojos del muchacho eran suplicantes y Hermione decidió quedarse.- Hermione, te debo una disculpa. No sé qué más hacer al respecto. Ya sé que han pasado bastantes años, pero cuando estalló la guerra, yo era una persona diferente…- hizo una pausa y la bruja no quiso interrumpirlo. No sabía si quería escucharlo o no, pero tampoco podía decidirse.- El día en que Potter, Weasley y tú terminaron en la mansión… Yo ya no quería estar ahí, no quería permanecer en ese bando de la guerra, y luego ver lo que mi tía Bellatrix hizo contigo…- Hermione respiró profundamente cuando el ojigris pronunció esas palabras e intentó serenarse, pero estaba siendo complicado.
-Me imagino lo difícil que tiene que haber sido para ti haber visto eso- espetó ella sarcásticamente.- No puedo imaginar lo que debe haber sido para la bruja a merced de Bellatrix Lestrange.
Draco suspiró.
- No quiero pedirte que me perdones, no sería capaz de siquiera esperar eso de ti, pero quería decirte que lamento mucho todo lo ocurrido.
Conversando con la doctora Meyer en sus sesiones de terapia, habían concluido que Draco no era culpable de lo que le había sucedido en la Mansión Malfoy. Sin duda, era responsable por haber perpetuado las ideas puristas de la sangre en las que creía su familia, pero él había crecido en ese entorno; mas, cuando había estallado la guerra, Draco parecía haber comprendido lo que significaba defender esas ideas a cualquier precio. Incluso Harry había afirmado que no había sido capaz de asesinar a Dumbledore y había comenzado a bajar la varita y aceptar su ayuda cuando los demás mortífagos invadieron la torre de Astronomía a finales de su sexto año. Y cuando Bellatrix lo había interrogado en la mansión sobre si podía reconocer el rostro de Harry Potter deformado, no lo había delatado.
-Puedo entender la situación en la que estabas durante la guerra, Draco- comenzó Hermione, suspirando y mirándolo a los ojos.- No te culpo por lo que me ha hecho Bellatrix.
Hubo un silencio incómodo en el que al parecer ni ella ni Draco sabían qué más decir, pero Hermione no pudo dejar de notar el anillo que Draco llevaba en su mano izquierda. Recordaba haber leído un poco de la vida de los Malfoy en El Profeta. Lucius había terminado en Azkaban y Narcisa había conseguido librarse por el mismo testimonio de Harry Potter -el cual había terminado en secreto absoluto para resguardar la seguridad de la mujer en cuanto a represalias de mortífagos o simpatizantes de Lord Voldemort-, quien había declarado que había sido ella quien lo había protegido contra él en el Bosque Prohibido. Y también había leído sobre la vida de Draco Malfoy.
-¿Entonces ya te has casado?- quiso saber Hermione apuntando hacia el anillo con un sutil movimiento de cabeza.
-Ah, sí…- dijo el rubio sonriendo débilmente y bajando la mirada hasta su mano izquierda mientras se tocaba el anillo con la otra.- Astoria Greengrass, iba dos años por debajo de nosotros en Hogwarts.
-¿Y todo bien?
-Sí, aunque al comienzo ha sido difícil porque a mi madre no le agradaba del todo- comentó él soltando un bufido.
-Pero Astoria es una bruja de sangre pura, ¿no?- cuestionó la castaña, extrañada.
-¿Por qué te importa eso?- inquirió Draco, frunciendo el ceño.
-No, a mí no me importa, pero seguro que a tu madre sí.
-Las cosas ya no son como solían ser, Hermione- respondió él suspirando y cambiando el peso de su cuerpo de una pierna a la otra.- Es verdad que a mi madre le importaba eso en un comienzo, pero finalmente ha aceptado a Astoria. Con mi padre en Azkaban, no creo que le agradara la idea de perderme sólo por no aceptar a la bruja con la que me quería casar.
-Draco, debo irme- dijo ella repentinamente.- Necesito llegar a casa…
-Sí, claro- agregó el ojigris dando un paso hacia atrás.- ¿Puedo hacerte una última pregunta?- ella asintió.- ¿Cómo está Sirius Black?
Hermione se sorprendió bastante ante aquella interrogante, pero toda la situación era surrealista para ella, así que decidió responder.
-Está bien- respondió y se aclaró la garganta.- Vive conmigo, Harry y Ginny.
-Me ha sorprendido mucho saber que había regresado de donde sea que haya estado todos estos años- explicó Draco y ella pudo ver que intentaba elegir muy bien sus palabras.
-A todos- hubo otro silencio más y Hermione se sentía cada vez más nerviosa.- Me voy, Draco.
-Sí, espero que estés bien, Hermione- dijo el mago asintiendo.
Ella esbozó una rápida y tímida sonrisa antes de voltear y dirigirse rápidamente a las chimeneas. Su respiración estaba muy agitada y su pulso sanguíneo palpitaba en sus oídos. No era a Draco a quien temía, claramente. Pero hablar de la guerra con Draco Malfoy, testigo directo de lo que ella había padecido a manos de Bellatrix Lestrange, había sido una de las experiencias más fuertes que había vivido en años. Sentía una mezcla de miedo y humillación que reavivaba todos sus recuerdos.
Sabía que estaba cansada y que quería marcharse a casa, pero no podía llegar así ahora.
-¡El Caldero Chorreante!- fue lo último que dijo antes de que las llamas verdes de la chimenea la hicieran desaparecer.
Desde los pocos días que Hermione había regresado a trabajar, para Sirius había sido muy extraño no tenerla en casa y pronto tuvo que buscar actividades que hacer para no perder la cabeza. No es que quisiera tenerla con él todo el tiempo, pero se había acostumbrado a poder entrar en su habitación y siempre encontrarla allí. Así que había retomado sus paseos en la motocicleta por las mañanas, había hecho una que otra excursión a Diagon Alley, había ido de paseo a Hogsmeade y a beber un vaso de whiskey de fuego con Rosmerta en Las Tres Escobas.
El invierno aún era fuerte y Sirius se encontraba en el salón, de pie junto a la chimenea. Había comenzado a pensar en hacer algún proyecto. La verdad es que nunca se había planteado lo que quería hacer con su vida. Cuando terminó su último año en Hogwarts, se había comprometido de inmediato con La Orden del Fénix para pelear contra Voldemort en la Primera Guerra Mágica y luego había terminado en Azkaban por más de una década. No había tardado en morir luego de haber escapado. Fue inevitable reírse en voz alta ante ese pensamiento, pero así de ridícula y catastrófica había sido su vida. Es más, podía afirmar que esta era la época en que más tranquilo se había sentido en toda su vida. Mas, no esa noche.
No tenía sueño. Ginny había enviado un Patronus diciendo que no llegaba a cenar porque iría a visitar a sus padres a La Madriguera y que, probablemente, terminara durmiendo allí. Ya sabía que Harry no llegaría porque estaría toda la noche cumpliendo sus funciones en la Oficina de Aurores, pero Hermione no había dicho nada y aún no llegaba a casa. Por esa razón, Sirius estaba muy preocupado y se debatía entre si quedarse allí esperando a que llegara o salir a buscarla. Pero si apostaba por salir, ¿adónde iría? El reloj de pared ya marcaba casi las once de la noche. Hermione salía del ministerio alrededor de las seis todas las tardes. Cinco horas eran suficientes para considerarla extraviada, pero no quería parecer el psicópata por el que lo habían encerrado en prisión. Tal vez enviar un patronus para saber que está bien no es muy exagerado, pensó. Hermione no necesitaba volver a casa inmediatamente después del trabajo. Era una mujer joven, podía hacer lo que quisiera con su tiempo. ¿Y si sólo quería estar sola?, la pregunta cruzó su cabeza, pero todo su cuerpo le advertía que había algo más.
En ese momento escuchó la puerta de la calle abrirse y él esperó a que ella apareciera por el corredor y verla desde la entrada del salón. Mas, no vio nada, lo único que escuchó fue un golpe seco sobre el suelo.
Sirius, acongojado, caminó rápidamente hacia la fuente de sonido y descubrió a Hermione recostada de costado en el vestíbulo.
-¡Merlín, Hermione!- susurró.
Se acercó velozmente a ella, arrodillándose, y la sostuvo entre sus brazos, acercándola a su pecho. Estaba despierta, pero el olor a alcohol que emanaba era muy fuerte. Seguro que llevaba bebiendo desde casi inmediatamente después de salir del ministerio, pero no en bares mágicos porque esto era alcohol muggle. Él conocía muy bien la diferencia. Estaba aliviado por tenerla en casa ahora, pero no esperaba este escenario.
-Sirius, llévame a mi cuarto, por favor- masculló ella sujetándose de su camiseta.
-¿Cómo has llegado hasta aquí?- dijo usando su varita para colgar el abrigo y el bolso de Hermione en el colgador del vestíbulo.
-En un taxi muggle, no quise aparecerme, estoy demasiado ebria…
-Hermione, podrías haberme pedido que fuera a buscarte- dijo mientras la tomaba en brazos y se ponía de pie ágilmente, aunque no sin cierta dificultad.- Sujétate bien.
-No quise molestarte…- susurró ella rodeando su cuello con sus brazos y acomodándose.
Sirius eligió aparecerse directamente en la habitación de Hermione, lo que claramente fue un error porque la castaña comenzó a tener arcadas a consecuencia del movimiento. El animago la bajó rápidamente y la ayudó a llegar al baño, donde la bruja inmediatamente se aferró al inodoro y comenzó a vomitar mientras él se arrodillaba a su lado y le sostenía el pelo con cuidado.
El ojigris había vivido esta situación muchas veces en la vida. Varias veces había ayudado a Peter a vomitar después de alguna noche bebiendo en su habitación de la sala común de Gryffindor. También había ayudado un par de veces a James, incluso una vez estuvo cuidando a Lily la primera vez que ella se había emborrachado en su último año en Hogwarts. Por alguna razón, Remus solía tolerar bien el alcohol. En cambio, Sirius había desarrollado resistencia etílica desde muy temprano en su adolescencia a partir de su tendencia a ahogar en alcohol sus problemas familiares, por lo tanto, había sido él quien había introducido a sus amigos en el arte de beber.
Mas, ahora que veía a Hermione tan mal, no creía que era una solución aconsejable de dar.
-¿Estás mejor?- preguntó cuando Hermione pudo respirar bien.
-Por favor, no quiero que nadie más que tú me vea así- dijo ella mientras se ponía de pie con ayuda de Sirius y se acercaba al lavamanos para enjuagarse la boca.
-Tranquila, no hay nadie más en casa esta noche- dijo él mientras la sostenía en su lugar para que no se cayera si perdía de pronto el equilibrio.
Hermione entonces comenzó a llorar y Sirius la giró en sus brazos y la abrazó con fuerza.
-¿Quieres una poción que te deje sobria al instante?
-No- respondió sollozando sobre su hombro.- No puedo enfrentarme a ti en plena conciencia estando así.
-No voy a juzgarte- dijo inmediatamente él acariciando su pelo.
-No es primera vez que hago esto- explicó ella alejándose y caminando con dificultad para volver a su habitación. Sirius la siguió de cerca.- Una vez cuando estaba en Nueva York bebí demasiado en una cena de trabajo y llegué sola muy ebria a mi apartamento- hizo una pausa y él decidió esperar antes de hablar.- Desperté a la mañana siguiente en el suelo de mi habitación.
-No parece ser algo que suelas hacer- comentó Black sentándose sobre el colchón mientras ella se recostaba torpemente.
-Nunca antes de ese día- dijo la castaña quitándose los zapatos con dificultad, pero Sirius sacó rápidamente su varita y se los desabrochó con magia y ella movió sus pies para que cayeran estruendosamente sobre el suelo.- Antes sólo bebía cuando comía…- hizo una pausa nuevamente antes de volver a hablar.- Ya no puedo más, Sirius.
-Sí puedes, eres fuerte, eres una Gryffindor- se apresuró a añadir él, acercándose a ella y quitándole el pelo de la cara como una clara excusa para poder tocarla. Ella se río amargamente.
-A veces quisiera no ser una bruja y jamás haber vivido…todo- manifestó con pesar.
-No podemos cambiar la realidad que nos ha tocado- explicó suspirando mientras la miraba cerrar los ojos.- Y yo he aceptado eso con el tiempo.
Hermione respiraba tranquilamente y Sirius procuró cubrirla bien con una manta gruesa porque la noche era fría. Quería quedarse con ella para saber que estaría bien o que no despertaría en la noche y vomitaría. Bien él sabía que eso podía ocurrir. Se acercó a ella y depositó un beso en su mejilla mientras ella se removía dormida al sentirlo. Enseguida, se transformó en el enorme perro negro que era su forma animaga, se subió a la cama de un solo salto y se acomodó en el colchón como una gran bola de pelos, apoyando su cabeza en los pies de la castaña.
Jamás pensó que el día terminaría así cuando vio a Hermione irse al ministerio esa mañana temprano. Es probable que mañana no fuera a trabajar y quizás así debía ser. Quedarse durmiendo hasta tarde y en algún momento del día le preguntaría si había pasado algo más. Si confiaba en su palabra, esto no ocurría frecuentemente en su vida y el incidente en Nueva York había sido el único.
Repentinamente, su hilo de pensamientos le hizo recordar una de las primeras conversaciones que había tenido con ella. Había sido después de la cena en que ella le había regalado la chaqueta de cuero que había comprado en Estados Unidos. Ginny se había extrañado de que ella quisiera seguir bebiendo vino después de haber finalizado la cena y cuando ya estaban todos de pie. Recordó haberle preguntado por la reacción de Ginny y Hermione le había dicho que seguramente era extraño para ella porque nunca antes la había visto beber luego de comer. Luego, al preguntarle por qué ahora sí lo hacía, ella se había limitado a decir "Nueva York". Era evidente que ahora esa enigmática respuesta tenía sentido.
El olor a alcohol que Hermione tenía ya no era tan fuerte y su olfato canino le permitía identificar con mayor precisión e intensidad el aroma a lavanda que siempre emanaba. Se movió un poco sobre su lugar, se rascó una oreja con una de sus patas delanteras y soltó el aire por sus fosas nasales. Ya estaba bajando su estado de alerta y se permitió relajarse. Después de mirar la silueta de Hermione que destacaba en la oscuridad, cerró los ojos y se juró a sí mismo que iba a hacer todo lo posible por ayudarla, aunque se le fuera la vida en ello, porque Hermione lo hacía sentirse el bastardo más afortunado de todo el universo.
La luz del sol entraba por la ventana y estaba comenzando a molestarle. Hermione tomó conciencia sobre sí misma e intentó abrir los ojos, pero le estaba costando demasiado. Sentía que la cabeza le dolía demasiado y entonces recordó lo que había sucedido la noche anterior. Un sentimiento absoluto de vergüenza la embargó y deseó con todas sus fuerzas volver a dormirse, pero ya era demasiado consciente y la resaca terminó por invadir el resto de su cuerpo. Ya nada podría hacerla olvidar que Sirius la había visto en un estado deplorable, la había ayudado a vomitar, la había consolado mientras lloraba borracha y la había ayudado a acostarse. Máximo horror.
Cuando terminó de abrir los ojos, se dio cuenta que, aún con las cortinas medianamente cerradas, la luz de la habitación era mucha y, por lo tanto, se había quedado dormida, lo que significaba que no había ido a trabajar. Su preocupación y sentido de la responsabilidad aumentaron rápidamente e intentó sentarse sobre la cama, pero no pudo. Realmente la resaca la tenía incapacitada para comportarse como una persona normal. Decidió girar sobre sí misma para ver si podía levantarse con lentitud, pero al hacerlo se encontró con una pequeña botella sobre su mesita de noche con un pequeño pergamino pegado sobre ella que rezaba "Bébeme. Sin preguntas".
Ella sabía que su yo racional jamás haría eso sin cuestionar nada en circunstancias normales, pero ya que ésta no era su yo normal, decidió hacer exactamente lo que decía el pergamino. Estiró el brazo, quitó el corcho de la botella y se tragó en sorbos rápidos la extremadamente amarga poción en su interior. No pudo evitar estremecerse ante el mal sabor que tenía el líquido, pero rápidamente eso quedó olvidado cuando notó que su dolor de cabeza retrocedía y comenzaba a sentirse fresca otra vez. Seguro que Sirius le había dejado eso allí para que se sintiera bien. Sonrió al pensar en eso y cuando se sentó sobre el colchón, lo hizo aún más al notar que al costado de la cama había una bandeja de desayuno flotando que tenía una tetera pequeña con té caliente -seguro que tenía un encantamiento para mantener la temperatura-, una taza vacía, un pequeño recipiente con yoghurt, avena, arándanos y plátano picado, un vaso grande de zumo de calabaza y un plato con dos tostadas con mantequilla y mermelada.
Sabiendo exactamente quién había preparado esto para ella, cogió la bandeja con ambas manos y se acomodó en la cama para apoyar sus patas de madera a ambos lados de sus piernas. Sólo entonces vio el pergamino doblado con su nombre escrito en la parte delantera que descansaba apoyado junto a la tetera. Suspiró, cogió su varita de la mesita de noche y la agitó para abrir las cortinas completamente y así usar la luz natural para leer la nota.
Si estás leyendo esto, espero que hayas bebido la poción para la resaca que te he dejado en tu mesita de noche.
Si aún no lo has hecho, HAZLO AHORA. He escrito al ministerio avisando que no podrías asistir hoy.
Confieso que he mentido y he dicho que no te sentías bien, así que pensarán que es por lo que te ha sucedido recientemente.
No te preocupes, necesitas descansar de todos modos.
Disfruta este desayuno que he preparado esclavizando a diez elfos domésticos.
Te prometo que ninguno ha sido dañado en el proceso.
S.
Hermione se rió apenas terminó de leer, reconociendo la broma sobre los elfos domésticos que Sirius había hecho. Ella sabía que Sirius cocinaba muy bien y que no necesitaba la ayuda ni de uno ni menos de diez elfos para preparar este desayuno. Además, él sabía que ella jamás aprobaría que usara elfos domésticos para nada. Tenía demasiada hambre ahora que la resaca había desaparecido y, antes de morder una de las tostadas que había cogido con su mano, pensó que tal vez no era necesario dar explicaciones por lo sucedido anoche. Aquella nota que transmitía un aire tranquilo, aunque con preocupación, era prueba de ello.
-¿Te duele si hago esto?
-No.
-¿Y esto?
-Tampoco.
-¿Y ahora?
-¡Auch! ¡Sí, eso sí!
Teddy había aprendido de Hermione a jugar al médico muggle y ella le había regalado un set de juguetes como un estetoscopio, un pequeño martillo para examinar los reflejos, una jeringa, unas tijeras y un bisturí de plástico, unas botellas de medicina de mentira, entre varios otros objetos. Muchas veces Teddy había utilizado a su madrina como su paciente, pero en este momento ella se encontraba trabajando, así que aprovechando que se encontraba en Grimmauld Place porque su madre tenía que preparar el evento de aurores al que asistirían todos más tarde, el pequeño metamorfomago estaba jugando con Sirius Black en el salón y lo tenía recostado sobre el sillón durante ya casi media hora.
-Creo que ya estás curado- seguía diciendo él mientras intentaba oír su corazón con el extremo del estetoscopio.
-¿Ah, sí?- respondió Sirius mirando el techo mientras sonreía.- ¿Qué tenía?
-No sé, pero parecía una enfermedad muy grave, así que debes beberte esto- explicó el pequeño cogiendo una botella pequeña de plástico que tenía una pegatina blanca con una cruz roja encima y alcanzándosela al mago.
-¿Qué es esto?- preguntó Black sentándose en el suelo y fingiendo que se bebía su contenido.
-La medicina.
-¿Es como una poción?
-Sí, supongo- declaró Lupin, encogiéndose de hombros.- Mione dice que los muggles beben medicinas cuando se sienten mal, como nosotros con las pociones.
Teddy comenzó a ordenar sus juguetes y a guardarlos dentro de la caja, a la que Hermione le había realizado un encantamiento de extensión, bajo la atenta mirada de Sirius. El animago llevaba un tiempo preguntándose algunas cosas y, de repente, le pareció importante conocer la opinión del hijo de su mejor amigo.
-¿Teddy?
-¿Qué?- dijo el niño distraídamente mientras continuaba ordenando.
-¿Cómo le dices a una persona que la quieres?- preguntó lo más relajado que pudo para que el pequeño no sospechara nada.
-Le digo que la quiero- respondió sin mirarlo y cerrando los ojos fuertemente mientras cambiaba su cabello azul por el negro, igual al de Sirius, pero sin modificar el largo. Sirius se rió.
-Vale, Teddy, lo sé, pero ¿cómo lo haces?
-No sé qué quieres saber, Sirius, pero papá y mamá siempre me dicen que me quieren y no parece complicado.
-¿Y a ti no te complica decir que los quieres?- inquirió observándolo con atención.
-No- respondió con el ceño fruncido y mirando al amigo de su padre.- Yo les digo que los quiero y les doy un abrazo- hizo una pausa mientras se quedaba pensando un momento.- Creo que el abrazo es muy importante.
-¿Por qué crees eso?
-Porque así sienten que es verdad- respondió como si fuera obvio.
Sirius solo asintió. Es que todo tenía demasiado sentido cuando Teddy hablaba con esa simplicidad que transmitía, pero para él decir "te quiero" implicaba mostrarse completamente vulnerable y no recordaba haberlo dicho mucho en su vida. Sabía que se lo había dicho a James y Remus alguna vez borracho. Recordaba habérselo dicho a Lily completamente sobrio y a Harry cuando era un bebé. Pero de eso ya habían pasado más de veinte años y decírselo a Hermione parecía demasiado difícil, sobre todo porque él no quería a Hermione de la manera en que había querido -y aún quería- a Lily. Era más. Mucho más.
-Te queda poco para cumplir cinco años, ¿no?- dijo el ojigris revolviendo con una mano el cabello negro de Teddy mientras ambos reían.
-Los cumplo en abril- aclaró el pequeño sonriendo, emocionado.
-¡Te queda un poco menos de dos meses!
-No sé, ¿eso es poco?- cuestionó inclinando su cabeza hacia un costado. Su cabello regresaba a ser azul.
-Sí, lo es.
-¡Hey, Sirius!- dijo la voz de Harry entrando al salón. Llevaba una túnica negra con el interior dorado, como las de los aurores cuando había ceremonias oficiales.- Con Ron nos vamos al ministerio en veinte minutos.
-Vale, yo iré a dejar a Teddy a casa de Andrómeda y luego voy al ministerio.
Esa noche, el Ministerio de Magia había organizado una ceremonia oficial en el Atrio para dar la bienvenida a las nuevas auroras y nuevos aurores que cursaban actualmente su último año de entrenamiento, ya que se incorporarían al equipo principal de la Oficina de Aurores a partir de julio. Estaban todos los familiares de aquellas brujas y aquellos magos invitados y, por supuesto, Sirius iba en calidad de padrino de Harry Potter. Hermione, quien no era familiar directo de Harry, estaba invitada por trabajar en el Departamento de Seguridad Mágica, departamento al que pertenecía la Oficina de Aurores.
-¿Entonces no ha pasado nada más entre ustedes?- preguntó Tonks mirando a Hermione como si estuviera loca.
-No, no ha pasado nada y dudo que pase algo- respondió Granger, cogiendo una copa de vino de las bandejas que flotaban entre la multitud de personas.
-¿Pero tú quieres que pase?- inquirió Ginny, imitándola.
-No- dijo la aludida bebiendo de su copa.
-Está bien, te creeré- dijo Nymphadora alisando su túnica, igual a la que todas las personas del equipo de aurores llevaba.- Yo no creo que él opine lo mismo, pero allá tú.
-¿Por qué? ¿Qué sabes tú?- preguntó la pelirroja con evidente curiosidad.
-No sé nada, pero por la manera en que te mira, Hermione, y se preocupa por ti…- Tonks suspiró.- En fin, si tú estás tranquila con este formato de "amistad" que tienen, me parece bien- agregó ella haciendo las comillas con los dedos de sus manos.
-¡Es que es una amistad lo que tenemos!
-¿Con quién tienes una amistad, Hermione?- preguntó Harry riéndose, quien se había acercado con Ron a ellas.
-No nos hagas caso- se apresuró a añadir Ginny, dándole un beso rápido a Harry.
-¿Han probado la comida de las bandejas?- preguntó Ronald con un plato en la mano lleno de bocadillos.- ¡Está deliciosa! ¿Siempre vamos a tener eventos así cuando trabajemos aquí?
-No siempre, Ron- dijo Hermione, rodando los ojos.- Pero a veces sí, al menos todos los años que existan nuevas promociones de aurores.
-Por mí, genial, me la estoy pasando muy bien- dijo el pelirrojo mientras seguía comiendo.- Pero no tan bien como Sirius- añadió, haciendo un gesto con la cabeza indicando hacia atrás mientras reía.
-¿Dónde está Sirius?- inquirió la Weasley.
Todos miraron en la dirección que Ron había señalado y vieron a Sirius rodeado de algunos magos y brujas jóvenes que hablaban animadamente con él. La primera reacción de Hermione fue sentirse ignorada por primera vez en mucho tiempo por parte de Sirius. Después de todo, él se reía con ganas y se mostraba bastante cómodo con la situación. La segunda reacción fue cuestionarse si en realidad se sentía ignorada o tal vez era la poca costumbre de verlo socializar con personas que ella no conocía, en un círculo completamente diferente. Y la tercera fue sentirse contenta porque ella sabía que a Sirius le había costado mucho adaptarse a esta nueva vida -y sabía que aún no era un trabajo finalizado- donde todo lo que él había conocido previamente había cambiado profundamente.
Hermione había pasado mucho tiempo observando a Sirius mientras las personas a su alrededor seguían conversando. Le había llamado la atención lo elegante que estaba. Ella sabía que Sirius siempre vestía bien cuando había que asistir a alguna cena, pero no recordaba la última vez que lo había visto usar una camisa tan elegante y sencilla al mismo tiempo. Era de color negro, llevaba los primeros botones abiertos y se podía ver el inicio de los tatuajes que tenía en el pecho. Lo que más le llamaba la atención a la Gryffindor era que llevaba una chaqueta gris tipo blazer, abierta y que entallaba perfectamente su cuerpo, porque era completamente muggle. De hecho, ni ella que sí se había criado en el mundo no mágico llevaba en ese momento alguna prenda muggle, si no que las típicas túnicas elegantes que le correspondían de acuerdo a su cargo en el ministerio. En cambio, y probablemente ese era el trasfondo también, Sirius no tenía que probar su estatus sanguíneo a nadie. Podía usar toda la ropa muggle que quisiera y no ocurriría nada porque su apellido lo explicaba todo. No es que el estatuto de sangre actualmente significara mucho porque la guerra había tenido un enorme impacto sobre ese aspecto de la comunidad mágica, pero no dejaba de ser cierto. Sumado a su fama por haber sido el primer prisionero en escapar de Azkaban y el primer ser humano que cruzaba el velo de la Cámara de la Muerte con vida, Sirius Black podía ser el centro de atención en cualquier reunión pública.
-Tal vez te parezca raro lo que voy a decirte dado quién he sido yo en tu vida- susurró detrás de ella y cerca de su oreja derecha la voz de Ron-, pero creo que tú y Sirius deberían estar juntos.
Hermione parpadeó rápidamente y volteó a mirar a quien fuera en algún momento su novio. De pronto fue consciente de que estaba sola con él. Ron pareció comprender su desconcierto y le explicó que Harry se había llevado a Ginny para presentarla a sus superiores, no sólo porque fuera su novia, si no que porque muchas brujas y magos que trabajaban con él eran fanáticos de las Arpías de Holyhead y les hacia mucha ilusión conocer a una de las cazadoras del equipo. Y Tonks, por su parte, hablaba animadamente con otras personas en un grupo un poco más allá.
-¿Por qué has dicho eso?- preguntó un poco asustada, pero extrañada de su comentario.
-Porque a veces hay cosas que simplemente son- respondió él, encogiéndose de hombros.- Y creo que él te hace bien.
-¿Por qué no ha venido Clare hoy?- inquirió ella para cambiar radicalmente de tema. No le interesaba discutir sobre su vida amorosa con el menor de los hombres Weasley. Ron se rió antes de responder.
-No podía, le tocaba trabajar hoy, pero de seguro que viene el fin de semana.
-¡Genial, podríamos organizar algo para verla!
-Vale, sí, lo hablamos pronto, pero ahora me iré porque Sirius viene para acá- dijo el pelirrojo mirando por encima del hombro de la castaña y sonriendo conscientemente de lo que estaba haciendo.
Hermione no tuvo tiempo ni de protestar porque Ron se alejó a paso rápido en dirección a sus padres y al mismo tiempo, Sirius le habló, por lo que tuvo que girar sobre sus talones para enfrentarlo.
-Creí que irías a hablarme- dijo él, sonriendo.
-No, eh… no, te he visto conversar con toda esa gente y he preferido dejarte el protagonismo- explicó ella mirándolo mientras sonreía burlonamente.- Ya sabes, una heroína de guerra no puede ir a opacar al mago del año.
-¿Mago del año?- repitió Sirius, frunciendo el ceño curioso y entretenido mientras ladeaba la cabeza.
-Por tu resurrección.
Sirius se rió y Hermione lo imitó.
-Siempre luces impecable- dijo Granger, de repente.- El hombre de las camisas hermosas y frescas.
-Hermione, ya estás ebria- replicó él enarcando una ceja, pero divertido.
-¡No, para nada!- lo corrigió con despreocupación.- Sólo he bebido dos copas de vino, pero estoy bien- el animago fingió estar aliviado al escuchar eso.- Aunque la verdad es que estoy cansada, así que pensaba marcharme a casa ahora.
-Sí, me parece bien, vamos, me voy contigo- declaró él con total seguridad, cogiendo la copa que ella tenía a medio terminar en la mano y depositando la propia en una de las bandejas flotantes cercanas que tenían y guió a Hermione a una de las chimeneas de la Red Flu.
Al salir de la chimenea de la cocina en Grimmauld Place y tropezar un poco, Sirius encendió las luces con su varita y se acercó al mueble donde tenía guardada una de las botellas de whiskey de fuego y un vaso. Hermione lo miró desde la puerta con curiosidad.
-¿Vas a seguir bebiendo?- no pudo evitar usar un tono de voz recriminatorio cuando habló.
-Pues sí, quiero beberme el último vaso antes de dormir- respondió Sirius de pie junto a la mesa mientras pelaba una naranja y machaba la cáscara dentro del vaso, añadía un poco de azúcar, vertía otro licor en él y finalmente añadía el whiskey de fuego.
-¿Qué es eso?- inquirió Hermione. La curiosidad sacando lo mejor de ella.
-Un cóctel que inventamos con James una noche de aburridos- explicó el animago casualmente mientras probaba lo que había preparado.
-¿Me haces uno a mí?
Sirius la miró y pudo ver que la cara de Hermione era realmente honesta. Él sabía que ella no estaba ebria y la verdad es que ese cóctel no emborracharía a nadie. O al menos no a nadie que hubiera bebido alguna vez como Hermione había hecho hace no muchos días atrás.
-Vale, quédate con éste- dijo Sirius alcanzándoselo.- Yo me prepararé otro. De todos modos, creo que deberíamos subir- añadió mirando hacia la chimenea.- Harry y Ginny no van a tardar en volver y no quiero que Harry me acuse de alcoholizarte.
Por alguna razón inexplicable, ambos habían terminado en la habitación de Sirius. Ella había subido primero y cuando él llegó a la tercera planta, la luz de la lámpara de su mesita de noche estaba encendida y Hermione estaba sentada cómodamente sobre el colchón, con la espalda apoyada en varios cojines en el respaldo cabecero de la cama. Así que, percibiendo que ella no iba a irse pronto, se le unió a su lado.
-Esto sabe muy bien- dijo la castaña dando un nuevo sorbo a su vaso.
-La naranja ha sido idea de James- respondió Sirius riéndose.
-Me gusta verte reír todo el tiempo- empezó ella poniéndose seria repentinamente y observándolo.- Imagino que así era tu vida cuando pasabas el tiempo con James.
-Sí- dijo él suspirando y poniéndose serio también, mirando el contenido de su vaso.- Eran buenísimos tiempos.
-Aún puedes tenerlos.
Hermione acercó su propio vaso hacia él, obligándolo a mirarla.
-Por tus futuros buenos tiempos.
-Por mis futuros buenos tiempos- acordó Black, sonriendo y chocando su vaso con el de ella.
Ambos se bebieron lo que les quedaba en el vaso al seco y comenzaron a reír justo cuando comenzaban a escuchar ruido en la planta baja de la casa, lo que significaba que Harry y Ginny habían regresado del ministerio y eso les obligó a contener sus risas mientras Hermione invocaba muffliato con su varita para aislar el sonido y Sirius hacía levitar ambos vasos para dejarlos reposar en la encimera de la chimenea frente a su cama.
-Otro día deberíamos beber más de esta mierda- soltó la bruja de pronto. Sirius tardó unos segundos en darse cuenta que no se había imaginado lo que ella había dicho.
-¡Estás hablando como un vulgar marinero!
-Paso demasiado tiempo contigo- se excusó ella un poco avergonzada, pero intentando restarle importancia a lo que había sucedido.- Por cierto, ¿cómo conoces ese dicho muggle?
-Lily solía decírmelo a mí siempre- dijo riendo nostálgicamente.
Sirius se recostó sobre el colchón y Hermione lo imitó, naturalmente.
-Deberíamos ir a vivir a una isla al sur- propuso Sirius de repente.- Al Caribe.
-Pensé que no querías vivir de tu dinero.
-No, me aburriría, necesito hacer cosas- dijo el pelinegro, mirando al techo.- Pero en una isla, en cambio, siempre habrá cosas que hacer.
-¿Como qué?- preguntó ella, riéndose.
-Cosechar los cocos, plantar verduras- comenzó él a enumerar.- Pescar, dar paseos en el mar al atardecer, al amanecer o al mediodía…
-Al parecer has pensado mucho en este plan, ¿eh?
Sirius se encogió de hombros y la miró. Hermione devolvió su mirada. Era una idea a la que le había dado algunas vueltas un par de veces, pero ahora sólo le importaba otra cosa. Él era consciente de lo cerca que estaban. Habían estado así de cerca decenas de veces, pero no así. No riéndose, un poco borrachos, relajados y sin hablar sobre alguno de los temas que a ella o a él les agobiaban.
Y le gustaba.
-Sabes que entonces no tendrá sentido usar una chaqueta de cuero en una isla, ¿no?- dijo Hermione, causando que Sirius se riera.
-Voy a imponer una nueva moda en la playa- comentó, divertido.
-¿Y dónde vamos a vivir?
-Vamos a construir una casa- añadió rápidamente.
-¿Y cómo haremos eso?
-Con la madera de los árboles de la isla y usando magia, Hermione- respondió Sirius en un tono de obviedad y riéndose- Merlín, creí que eras una bruja más lista.
Hermione rodó los ojos y lo golpeó suavemente con el puño en el brazo.
-Está bien- aceptó ella, bostezando.- Construir una casa con madera de la isla que tenga una terraza para desayunar en la planta baja y espacio para poner una silla mecedora en la cual leer al atardecer.
-Eres rápida para poner tus condiciones, ¿no crees?- bromeó él. Le gustaba que participara activamente de su idea, aún cuando no fuera en serio. O sí era en serio. Ya no sabía nada.
-Y podemos adoptar uno de esos pajarracos con plumas de colores en vez de usar lechuzas- susurró la castaña, acomodándose y bostezando al mismo tiempo.
-Hecho.
-Perfecto.
En unos segundos, Hermione estaba dormida y Sirius se quedó mirándola durante un momento. No entendía lo que había ocurrido esa noche. Hacía nada habían estado en el Ministerio de Magia y no se habían hablado en toda la velada. Luego, volvieron juntos a casa y ella le había pedido que le preparara un cóctel que terminaron bebiéndose ambos en su cama. Y ahora ella estaba allí, durmiendo tranquilamente mientras él la observaba. Jamás imaginó que la noche terminaría así.
El bastardo más afortunado de todo el universo, pensó mientras levantaba su varita para atraer una manta del interior de su armario y los cubría a ambos con ella. Finalmente, luego de apagar la luz de la mesita de noche, terminó de acomodarse junto a Hermione, la atrajo hacia sí mismo con su brazo, besó su frente y se rindió a Morfeo.
A la mañana siguiente, Harry se había levantado un poco más temprano de lo habitual porque tenía muchas ganas de preparar un buen desayuno para todos en la casa. Esto no sin recibir críticas por parte de Ginny por abandonar la cama tan pronto.
-Ginny, estoy cocinando- decía Harry mientras la bruja besaba su cuello.
-Puedes cocinar después- respondió ella poniendo mucha energía en su labor.
-Tengo un cuchillo en la mano y puedo cortarte por accidente…- dijo él intentando alejarla.
-¿Entonces por qué no lo dejas y ya?- preguntó la otra, mordiendo su lóbulo de la oreja.
-Ginny, aquí en la cocina no- la interrumpió él mientras cerraba los ojos y se concentraba completamente en no responder a sus maniobras.- En cualquier momento baja Sirius o Hermione…
-Está bien- suspiró la pelirroja, besando su mejilla.- Como quieras, Potter.
-Gracias- dijo él sonriendo y guiñándole un ojo a su novia.
-Más vale que te quede bien esto que preparas- añadió Ginny sentándose en una de las sillas de la mesa. Harry se rió.
-¿Cuándo no te ha gustado algo que he cocinado yo?- cuestionó fingiendo aires de grandeza.- Recuerda que soy El Elegido.
Ginny se rió y rodó los ojos mientras mordía una tostada sin añadirle nada.
-Ya ha terminado tu misión en el mundo mágico, Potter- bromeó la pelirroja mientras lo miraba divertida.- Ya no eres la novedad.
-No, eso es cierto- respondió riéndose el ojiverde.- La novedad ahora es Sirius Black.
Harry terminó de servir en los platos sobre la mesa las tostadas francesas que había hecho y añadió fresas a unos pequeños recipientes.
-Creo que voy a ir a despertar a Sirius y Hermione- comentó Harry cuando terminó de servir el zumo de calabaza.
-Si quieres, puedo ir yo- sugirió Ginny haciendo el ademán de ponerse de pie.
-No te preocupes, voy yo.
Harry salió de la cocina y subió rápidamente los escalones hasta la tercera planta. La verdad es que no quería que Ginny fuera porque anoche al regresar del ministerio, había escuchado que Sirius se reía con una mujer y creía que tal vez había llegado a casa con alguna bruja que había conocido en el acto oficial de la Oficina de Aurores. Si ese era el caso, quizás era mejor que él fuera a ver si estaba disponible para bajar o si era necesario poner un plato más en la mesa para desayunar.
Nunca había invadido la privacidad de su padrino de esta forma. Sirius era lo más cercano a un padre que tenía y no sabía si esto era pasarse un poco de la raya o no, así que respiró profundamente antes de golpear sutilmente la puerta. Esperó unos segundos, pero no recibió respuesta alguna. Volvió a llamar, pero dentro no se escuchaba sonido alguno que delatara que había alguien en su interior. Harry pensó que tal vez Sirius no estaba en la casa, así que decidió abrir la puerta levemente para saber si su teoría era cierta o si simplemente estaba profundamente dormido.
De cualquier modo, ninguna de sus suposiciones estaba cerca de la realidad cuando abrió sutilmente la puerta y la clara luz que entraba por las cortinas entreabiertas le permitió ver a Hermione durmiendo sobre el edredón, recostada sobre su lado derecho a la orilla de la cama, con Sirius durmiendo detrás de ella y abrazándola, cubiertos hasta la cintura por una manta.
Harry se quedó unos segundos observando la escena, boquiabierto. Sentía que había visto algo que probablemente no debía haber visto jamás, aunque no comprendía el porqué. Decidió no despertarlos y cerró la puerta con mucho cuidado.
Mientras bajaba de regreso a la cocina, aún con la imagen pegada en la retina, dudó sobre el significado que podría tener aquello. ¿Era algo que sólo había ocurrido aquella noche? Aún así, no estaba seguro de querer saber más al respecto. Pero también le causaba mucha curiosidad. No sabía si preguntarle a Sirius o a Hermione sobre lo que acababa de ver, pero no sabía además si estaba dispuesto a aceptar cualquier respuesta. Por eso, si necesitaba información, tal vez debía comentárselo a Ginny. Con esa intención entró de regreso a la cocina, sabiendo que esa mañana desayunarían sólo ella y él. No sabía cómo sentirse con esto. Eran apenas las ocho de la mañana y ya estaba demasiado confundido. Quizás su novia tenía algunas respuestas a sus preguntas y ya luego vería la manera de lidiar con todo. Sirius Black era su padrino, al fin y al cabo, y Hermione Granger era su hermana y su mejor amiga. ¿Qué tan extraño podía ser que estuvieran durmiendo juntos? Sólo estaban durmiendo, ¿no?
