N/A: Me siento muy feliz de poder actualizar esta historia. Reitero mi promesa de no abandonarla. Este es el capítulo más largo que he escrito hasta ahora y me gusta mucho todo lo que ocurre en él. Muchas gracias a todas las personas que me leen y gracias por su paciencia :)

CAPÍTULO 13:

Dragones y frío

Oh, the reason I hold on

Oh, 'cause I need this hole gone.

Funny you're the broken one

But I'm the only one who needed saving.

'Cause when you never see the light

It's hard to know which one of us is caving.

Not really sure how to feel about it.

Something in the way you move

Makes me feel like I can't live without you,

It takes me all the way.

I want you to stay.

(Stay – Rihanna ft. Mikky Eko)


-¿Durmiendo juntos?- repitió Ginny, un poco sorprendida.- ¿Pero dormían solamente? Quiero decir, ¿no parecían haber…?

-¡Claro que no, Ginny! ¡Por favor! ¿Realmente crees que Sirius podría acostarse con Hermione? ¡Tiene casi quince años más que ella!

-Igual que Remus y Tonks- comentó la pelirroja fingiendo desinterés y encogiéndose de hombros.

-Esto no es lo mismo.

Ginny Weasley casi se había atorado con su café cuando Harry, apenas entrar de regreso a la cocina, le había descrito la escena con la que se había encontrado en la habitación de Sirius. Ella, claramente, no había dicho nada. Sus conversaciones con Hermione y Tonks eran sagradamente privadas. Aún así, le preocupaba la reacción que estaba teniendo Harry solamente al enterarse de que dormían juntos. No quería imaginar lo que pasaría si él se enteraba de que, tal vez, había un interés romántico por parte de Sirius hacia su mejor amiga o que el sexo era ya algo que había ocurrido entre ellos.

-No lo sé, Harry. Yo no le pregunto a Hermione por su vida sexual -dijo ella mientras comía. Harry enarcó una ceja dejándole saber que no le creía ni una sola palabra.- Vale, está bien, sí le pregunto por su vida sexual, pero de esta situación con Sirius…- se interrumpió. No quería mentirle a Harry, nunca lo había hecho, pero no podía hablar por su amiga.- Quizás deberías preguntarle directamente a ella.

-¿Eso crees?- preguntó el pelinegro, quien por la cara que tenía no estaba muy convencido.

-Sí, claro- afirmó la bruja, intentando parecer casual, pero sin parecer ajena a la problemática.- Si quieres saber qué es lo que ocurre entre ellos, mejor que lo hables con Hermione- hizo una pausa antes de agregar:- Mejor con Hermione que con Sirius.

-¿Y qué le pregunto? ¿Por qué duerme con Sirius?- sugirió Harry, confundido. Ginny sentía que estaba siendo muy difícil mantener su secreto.

-Tal cual, ¿pero estás dispuesto a escuchar cualquier respuesta que pueda darte?

-¿Por qué no lo estaría? No es como si fueran una pareja, ¿verdad?- comentó Potter encogiéndose de hombros mientras se llevaba un trozo de su tostada francesa a la boca.

-Verdad…- masculló bebiendo un sorbo de café y evitando la mirada del ojiverde.

Ginny no vio nada de malo en confirmar que Sirius y Hermione no eran una pareja porque esa era la realidad. Pero ella también sabía que no era necesario estar en pareja para acostarse con las personas, como sucedía en este caso, pero no iba a ser ella quien ampliara los cuestionamientos de su novio.

-¡Buenos días!- saludó Hermione animadamente entrando a la cocina, envuelta en su bata.

-¡Buenos días!- dijo Ginny sonriendo a su amiga. Harry estaba dándole la espalda, así que no vio su cara de sorpresa creyendo que Hermione lo había escuchado.

-¿Qué tal? ¿Cómo están?- preguntó la castaña sentándose a la mesa, justo en frente de la otra bruja.

-Muy bien, ¿y tú?- respondió Harry sin querer mirarla.

-Estupendo- dijo Hermione tranquilamente y cogió la edición matutina de El Profeta que estaba en una esquina de la mesa.

Ginny sólo buscó la mirada de su amiga y cuando ella la miró, la cazadora de las Arpías le guiñó un ojo y le sonrió como solía hacer Sirius, lo que provocó que Hermione se pusiera rápidamente seria y frunciera el ceño. Ella sacudió su cabeza divertida, sabiendo que Granger había comprendido que ella sabía en qué habitación había dormido anoche, mientras Harry permanecía completamente inadvertido de lo que ocurría. En algún momento, sabía que la situación se haría insostenible para Sirius y Hermione.


Era San Valentín y Sirius había entrado en pánico.

Cuando estaba en Hogwarts, cada catorce de febrero él solía elegir a una de las brujas del castillo que le pareciera guapa para salir juntos en la tradicional excursión a Hogsmeade que el profesorado del castillo calendarizaba cada año. Las elegía asumiendo siempre que le dirían que sí porque, debido a su reputación con las mujeres, la gran mayoría de las brujas quería salir con él y luego contárselo a sus amigas. No les importaba que se hubiera acostado con decenas de ellas, pero Sirius Black tenía un estatus dentro de la masculinidad del colegio y él estaba empecinado en arruinar la imagen perfecta que su madre había querido construir para él como heredero de la familia Black. Por lo tanto, al igual que muchas otras noches, sus citas de San Valentín terminaban en algún rincón del castillo -desde algún armario de escobas o un aula vacía hasta la Sala de Requerimientos- encerradas con él liándose o follando. Sólo algunas veces algunas brujas terminaban repitiendo las salidas nocturnas a escondidas con él. ¿Era consciente de lo bastardo que había sido durante su juventud desarrollando un talento particular para conquistar brujas y una que otra mujer muggle? Sí, completamente, pero no se arrepentía. Su situación actual, en cambio, era radicalmente diferente.

Sirius había elegido ese día para visitar Hogwarts y quedar con Remus Lupin. Había sido una estrategia inteligente porque necesitaba hablar con él y sonsacarle la verdad sobre sus desapariciones y ese día el castillo estaría casi vacío. Pero, además, debía reconocer que había elegido San Valentín para visitar a Remus porque así tenía la excusa perfecta para alejarse de Hermione y no pasar con ella un día como éste. ¿Inmaduro? Por supuesto. Pero le aterraba la idea de que la Gryffindor tomara conciencia de lo que él sentía por ella ayudada por la temática del día y no se sentía preparado para comunicar sus emociones ni hablar sobre eso en una confesión apresurada y torpe.

Caminaban juntos por los terrenos del colegio, recordando viejos tiempos en que no eran ellos dos, si no que eran cuatro los merodeadores que salían y recorrían cada rincón de noche, e incluso habían hecho excursiones por el Bosque Prohibido.

-¿Qué es eso de lo que quieres hablar y que no puede esperar hasta mañana domingo cuando nos veamos todos en La Madriguera?- inquirió Lupin sonriendo divertido, acostumbrado ya desde su adolescencia a la impaciencia característica del merodeador.

Sirius detuvo su andar y lo enfrentó con seguridad.

-Quiero hablar sobre la razón que te tiene enclaustrado en Hogwarts y hace que no te veamos la cara- dijo Sirius mirándolo fijamente. A Remus se le derrumbó el semblante relajado y miró seriamente al otro. Sirius pudo ver en sus ojos la culpa.

-No me pasa nada, es sólo que…- el ojimiel hizo una pausa antes de agregar: -Dora quiere ser madre otra vez.

Sirius pestañeó unos segundos mirando el rostro de Remus, el cual estaba completamente abatido y reflejaba claramente señales de vergüenza y culpa. Definitivamente, esa no era la respuesta que esperaba. Había tenido ideas extrañas, complicadas y oscuras. Llegó incluso a pensar que Remus engañaba a Tonks con otra bruja, pero le parecía una idea tan ridícula que la desechó de inmediato. Aún así, su mente había divagado por tantas cosas que cuando el licántropo habló, le pareció un sinsentido.

Black comenzó a reír, primero de forma sutil y luego estalló en risas.

-¿Es broma?- preguntó sin dejar de reír.

-No, pero es absurdo- suspiró el otro.

-¡¿Eres un idiota?!- espetó Sirius, elevando el volumen de su voz, empujándolo y dejando de reír repentinamente.- ¡¿La luna llena por fin te quitó la cordura?!

-Padfoot…

-No, Lupin- lo cortó realmente enojado. Sentía su respiración agitada y le estaba costando no darle con el puño en la cara.- ¡¿Por qué estás haciendo esto?!

-Porque ella no quiere entender que yo no quiera tener más hijos- explicó Remus suspirando y evitando mirar al pelinegro.- Con Teddy hemos tenido suerte, pero no sabemos si esta vez la licantropía podría heredarla…

-Bill y Fleur han tenido a Victoire y no le ha pasado nada- se apresuró en añadir Black con decisión.

-Bill no es un hombre lobo completo como yo.

-¡Eres un completo imbécil!- gritó Sirius, volviendo a empujarlo.- ¡¿Qué vas a hacer ahora, eh?! ¡¿Dejar a mi prima como lo hiciste cuando estaba embarazada de Teddy?!

-¿Cómo sabes eso tú?- quiso saber el licántropo.

-Harry y Ron me han puesto al día lo más que han podido de los años de vida que me he perdido.

-No voy a dejarla.

-Moony…- comenzó el ojigris suspirando y pasándose las manos por la cara en un claro signo de exasperación.- Ya es suficiente de toda esta mierda. Eres un hombre lobo, sí. ¡Pero ya sabemos que la licantropía no se puede traspasar genéticamente!- Sirius esperó a que Remus hablara, pero no lo hizo.- Cobarde.

-¡¿Crees que esto es fácil para mí?!- gritó Lupin, enérgicamente.

-¡Yo sé que soy un desastre! ¡¿Pero qué pensaría James de ti, eh?!- respondió con fuerza.- ¡¿Y Hermione?! ¡Sabes que ella no sabe si podrá tener hijos cuando quiera!

-Ese ha sido un golpe bajo- dijo Remus de forma seca.

-Lo sé y espero que funcione- replicó arrogantemente.

-Ahora que has hablado de Hermione, quiero preguntarte algo.

Sirius lo miró unos segundos antes de respirar profundamente. Nunca podía mantener una conversación con Remus sin que terminara girando de pronto hacia él mismo como un boomerang. Toda la vida había sucedido exactamente lo mismo.

-¿Qué sucede?- preguntó un poco dubitativo.

-¿Es cierto que has dormido con ella?

Sirius guardó silencio unos segundos antes de contestar. Siempre Remus se enteraba de las cosas. Debería estar acostumbrado a estas alturas de su amistad, pero siempre terminaba por sorprenderlo.

-Sí, he dormido con ella- confesó sabiendo que no tenía sentido ocultarle más cosas a Remus.- Un par de veces.

-¿Y qué? ¿Sólo duermen juntos?- inquirió enarcando una ceja, evidentemente incrédulo.

-Sí, solo dormimos- dijo Black encogiéndose de hombros.- Nos hacemos bien, tú mismo lo has dicho.

-Lo sé, pero no pensé que…

-¿Por qué siento que estás tratándome como si fuera un adolescente?- lo interrumpió Sirius, fastidiado.

-Padfoot- dijo Remus intentando apaciguar a su amigo-, cuando te he dicho que se hacían bien, no me refería a que la metieras en tu cama.

-¡¿De qué mierda estás hablando?!- espetó el animago, bufando antes de hablar.- ¡Yo no he metido a Hermione en mi cama!

-Vale, duermen juntos, pero recuerdas cómo ha empezado todo esto, ¿no?- comentó Lupin también un poco exasperado.- ¿O necesitas que te recuerde lo que pasó entre tú y ella en…?

-No, Remus, no necesito que me lo recuerdes- lo interrumpió sacando del bolsillo de su chaqueta su paquete de cigarrillos muggle y encendiendo uno con magia. Le dio una calada antes de hablar.- Tengo demasiado claro cómo hemos llegado a este punto.

-¿Qué pasará si todo esto se complica?- cuestionó mirándolo inquisidoramente.

-Ya es complicado, Moony- suspiró Sirius, pensando en lo que quería decir.- Hermione es mi amiga, pero al mismo tiempo es más que eso. ¡Dormimos juntos! ¡¿Qué clase de amigos se despiertan en medio de la madrugada para dormir abrazados porque no pueden lidiar con sus pesadillas solos?!- preguntó retóricamente y sintiéndose molesto consigo mismo. Suspiró.- Tampoco es físico, al menos no en su significado típico.

-¿Qué pasa si ella se enamora de ti?- lo atajó el profesor antes de que continuara.- ¿No te acuerdas de todos los problemas que tuviste cuando estudiábamos?

-Estás subestimándola- lo interrumpió Sirius y sintió que su pecho se apretaba ante la realización que lo había golpeado.- Ella nunca se enamoraría de mí.

Lupin lo observó unos segundos y Black podía sentir la desconfianza analítica que depositaba su amigo en cada uno de sus movimientos. Siguió fumando para tener algo que hacer.

-Moony, es Hermione- comenzó reuniendo todo el coraje que pudo para pronunciar cada sílaba a la vez que intentaba asimilarlas él mismo. No sabía cómo no se había dado cuenta antes.- Ella tiene otros intereses, yo no soy el tipo de hombre del que ella se enamoraría. Es una bruja muy inteligente y…no lo sé, es una buena persona, tiene demasiadas buenas cosas que entregarle al mundo- terminó con un sentimiento de derrota enorme albergado en su pecho, pero que disimuló con todas sus fuerzas.

-Padfoot, tú también eres todas esas cosas- replicó Remus, rodando los ojos.

-¡Esto no se trata de mí, Remus!- dijo fuertemente el pelinegro cansado del debate y suspiró un poco antes de agregar:- No hay nada de lo que debas preocuparte respecto a ella y yo, ¿ya ves? Nunca se fijaría en mí- terminó con la voz un poco más suave y bajó la mirada a sus pies un segundo.

-Oh, Merlín…- susurró Remus, obligando a Sirius a levantar la mirada.- Padfoot, estás enamorado de Hermione- decretó con absoluta certeza y con un tono de voz que reflejaba tanto incredulidad como realización.

-¿Qué?- respondió Sirius mecánicamente a la vez que el pánico inundaba su cuerpo.- ¡No!

Remus se rió en su cara.

-¡Cómo me gustaría que James estuviera aquí para ver esto!- exclamó riéndose inconteniblemente.

-Remus…

-¿Crees que le haría gracia?- prosiguió divertido, ignorándolo deliberadamente- ¡Merlín, por supuesto que sí! – hizo un gesto con la mano como si evocara el titular de un periódico y añadió:- "Sirius Black: enamorado de la mejor amiga de su ahijado". ¡Estás enamorado de la mejor amiga del hijo de James!- estalló nuevamente en risas.

-¡Remus, detente!- dijo enojado y pasándose la mano libre por la cara en clara señal de frustración.

-Está bien…- cedió Lupin recuperando su respiración e intentando volver a su semblante serio.- ¿Ella lo sabe?

-¿Por qué se lo diría?- cuestionó y la mirada divertida que tenía el licántropo le revelaba que había captado su confesión camuflada al hacer esa pregunta.

-El Sirius Black que yo conozco no se quedaría esperando a saber una respuesta, si no que iría a buscarla por sí mismo.

Un grupo grande de adolescentes salió del castillo riendo y Sirius supo que los estudiantes estaban regresando de su excursión a Hogsmeade y que, por lo tanto, ya se acercaba la hora de marcharse.

-¿Ahora apruebas esto?- preguntó Sirius con cierto reproche.- Hace nada me estabas acusando de meterla en mi cama.

-Padfoot, estás enamorado de Hermione- estableció con calma y como una verdad absoluta e irrefutable, lo que hizo que Sirius pensara que cuando lo decía Remus, no parecía tan absurdo después de todo.- ¿Por qué no se lo dices?

-Porque me da miedo perder esto- confesó en voz alta y un poco abatido lo que venía pensando desde hace algún tiempo.- Y, te lo juro, Moony, si lo que tenemos, sea lo que sea, se queda solamente en esto, creo que sería suficiente para mí.

Y era verdad. El vínculo que había construido con Hermione desde que ella había regresado de Nueva York se había forjado de forma natural. Ninguno de los dos había forzado nada e incluso después de aquella noche en que habían terminado follando, había bastado una conversación sincera para retomar su amistad. Pero Sirius no era idiota y se daba cuenta que su amistad no era como cualquier otra. Hermione tenía vínculos especiales con Remus y con Harry, incluso con Charlie, pero podía afirmar que ninguno era como el que tenía con él. Y era consciente de lo bien que se sentía sabiendo que la tenía a ella, que tenía su comprensión y su confianza, que podía despertarla en la mitad de la noche y que le haría un espacio en su colchón. Y Hermione sabía que funcionaba de la misma manera al revés. Jamás había tenido ese tipo de relación con ninguna bruja y quería que siguiera existiendo.

-Supongo que tarde o temprano tendrás que enfrentarte a ese problema.

-No sé cómo hacerlo- confesó bastante abrumado. Lanzó la colilla acabada al suelo y la pisó antes de agacharse a recogerla.- Sabes que nunca me había pasado esto.

-Creo que lo estás haciendo bien, Padfoot- dijo Remus.- Sólo no la trates como hacías con las otras brujas cuando te comportabas como el arrogante adolescente que eras aquí- Sirius asintió, comprendiendo de inmediato.- Ven, volvamos- agregó, dándole la espalda a Black y comenzando a caminar hacia el castillo.

-Espera un momento.

Remus se giró parar mirar a Sirius y no alcanzó a hacer nada cuando éste lo golpeó en todo su pómulo izquierdo con el puño firmemente. El primero se llevó la mano a la cara y cubrió la zona del golpe mientras el otro resoplaba y miraba su propia mano, abriéndola y cerrándola repetidamente.

-¡¿Por qué has hecho eso?!- exigió saber Lupin y Sirius podía ver que sus claros ojos miel se oscurecían como el ámbar como cuando era luna llena y el hombre lobo tomaba control de su cuerpo.

-Por la vez que abandonaste a Tonks embarazada- replicó el animago, mirándolo desafiantemente mientras el animal retrocedía en el cuerpo de Remus.- Recuerda que es mi prima y, como el único heredero de la noble casa de los Black, defiendo su honor.

-No te crees esa mierda, Sirius.

-Pero en este momento es muy útil- respondió jactándose con una media sonrisa de forma arrogante.- No creas que eres el único que puede venir a regañarme porque tú también te comportas como un imbécil cuando quieres, Moony- explicó retomando el paseo de regreso al castillo y sonriendo para sí mismo.- Menos veces, pero lo haces.


Mediodía. Desde que se habían ido de viaje con Harry y Ron en búsqueda de los horrocruxes hacía ya un poco más de cuatro años, Hermione había perfeccionado su técnica de aprender a leer la hora del día mediante la luz solar. Era la única manera de poder mantener una rutina cuando habían pasado a la clandestinidad y no perder la cordura entre las noticias de la radio de Ron, custodiar el relicario, los cambios de humor que eso les generaba y pensar en los próximos pasos a dar.

Por eso Hermione estaba aprovechando que el sol había salido ese fin de semana y, a pesar del frío, bebía un té en las escalinatas que llevaban a la puerta en el jardín y miraba los ángulos de las sombras en las plantas y las cosas. Respiraba tranquilamente y pensaba en los cambios que había tenido su vida últimamente. Cuando hacía lo mismo sentada afuera de la tienda en la que vivían en todos los lugares en los que se escondieron, abrigada con una manta y una taza grande de té, había días en que no sabía si creer que iban a tener un futuro. Y ahora estaba allí, en un mediodía apacible, disfrutando del aire fresco del invierno por voluntad propia.

-¿Qué haces aquí fuera con el frío que hace?

-Hola, Harry- saludó ella sonriendo. El mago había salido de la casa.- Nada, estoy tranquila aquí tomando té mientras pensaba en nuestras vacaciones clandestinas.

-Parece increíble que hayamos sobrevivido a eso, ¿no crees?- comentó él, sentándose a su lado en la misma escalinata.

-Y sin embargo estamos aquí- dijo ella apoyándose en el cuerpo de su amigo mientras bebía un sorbo de té.- Y tú estás en paz al fin en tu vida, viviendo con Ginny.

-Ella tiene una manera de hacer que la vida se sienta bien- explicó Harry, sonriéndole.- ¡Y Sirius ha vuelto!

-Eso parece más increíble, diría yo.

-Creo que nos hemos acostumbrado a su presencia ahora que está aquí, ¿sabes?- explicó el ojiverde con la mirada perdida en algún punto del jardín.- Pero es que su lugar nunca estuvo ocupado por nadie más.

-Por eso ha sido natural aceptar su regreso…

-Hermione, no quiero que me malinterpretes, pero hace un tiempo he querido hacerte una pregunta- introdujo Harry cambiando el curso de la conversación, lo que descolocó un poco a la castaña.

-¿Qué quieres saber?- preguntó ella, intuyendo el tema. Un poco nerviosa, cubrió los costados de su taza con ambas palmas de sus manos para sujetarla.

-¿Qué sucede entre Sirius y tú?

Por un momento le pareció oír mal la pregunta, pero su rápido cerebro le hizo comprender el significado oculto detrás de esas palabras. Se quedó en silencio unos segundos a propósito para intentar apaciguar la ansiedad que estaba sintiendo antes de responder.

-¿Por qué me preguntas eso?- preguntó sabiendo que Harry jamás haría una pregunta así si no tuviera antecedentes de algo. Sintió miedo al pensar que él sabía que se había acostado con Sirius y no estaba preparada para que se lo recriminara.

-Hace unos días, he entrado a la habitación de Sirius temprano por la mañana y…- Hermione cerró los ojos, anticipando lo que diría.-…te he visto durmiendo con él.

-Es verdad- dijo ella, intentando sonar tranquila y mirando en diagonal hacia el suelo en el último escalón.- Puedo explicártelo.

-Estaría bien que lo hicieras- dijo el ojiverde, removiéndose en su lugar.

-Harry, tú mejor que nadie comprende lo que significó atravesar la guerra y que fue muy difícil sobrellevar mi vida después de ella…

-Lo sé.

-…y yo sé que siempre voy a contar con ustedes, y contigo especialmente, para todo, pero Sirius me entiende a un nivel distinto- explicó tratando de elegir las palabras de la mejor manera posible. Respiró antes de continuar y entonces miró a su amigo.- Han regresado mis pesadillas- Harry se enderezó y la miró preocupado.

-¿Desde cuándo?

-Desde que estoy aquí otra vez- respondió.- En Nueva York las tuve también, pero fueron disminuyendo con el paso del tiempo. Aquí han regresado, no con la frecuencia que tenían justo después de la guerra, pero las he tenido ya bastantes veces. Y Sirius…- hizo una pausa.- Sirius ha logrado contenerme como lo hacías tú algunas veces.

-Hermione, yo…

-¡No estoy recriminándote nada!- se apresuró en agregar y cogió las manos de Potter, dejando su taza en el escalón.- Yo comprendo que tengas a Ginny y me parece maravilloso. Me atrevo a decir que ella es la persona más importante en tu vida ahora y no puedes ni debes hacerte cargo de mí ahora. Te agradezco mucho todo el tiempo que estuviste cuidándome, pero no puedo ser tu prioridad y es lo correcto.

-¿Qué pasa entonces con Sirius?

Hermione sabía que no podía contarle a Harry sobre las pesadillas de Sirius porque era consciente de que las únicas personas que tenían conocimiento sobre eso eran ella misma y Remus y no podía traicionar su confianza, pero necesitaba explicar. ¿Cómo podía explicar lo que pasaba entre Sirius y ella si ni ella misma lo entendía?

-Sirius me ha escuchado algunas veces…hablar o gritar dormida en mis pesadillas y ha entrado a mi habitación a contenerme- dijo soltando las manos de él y entrelazando las propias en su regazo.- Algunas de esas veces se ha quedado a dormir conmigo porque cuando lo hace, las pesadillas no regresan.

-¿Entonces esa noche… habías tenido una pesadilla?

-No, esa noche simplemente me quedé dormida en su cama- respondió sintiéndose un poco culpable al decirlo. Pensó bien lo que quería decir antes de hablar otra vez.- De alguna forma, esto nos ha acercado mucho… y lo ha ayudado a él también a adaptarse a volver estar vivo aquí después de todos estos años y a mí a volver a Londres.

Harry asintió y sus ojos verdes sólo transmitían comprensión. Hermione se sintió más aliviada, aunque seguía sintiendo culpa.

-¿No piensas que estoy, de algún modo, quitándote a tu padrino?

-¿Por qué pensaría eso?- preguntó el otro, un tanto alarmado. La castaña se encogió de hombros.- Hermione, me alegra saber que tú y Sirius se hayan acercado mucho. Recuerdo todo lo que lo criticabas cuando pasamos ese verano aquí- Hermione no pudo evitar reírse- y comprendo que él te entienda de una manera distinta, ¿sabes? Supongo que tú también puedes comprenderlo a él también ahora.

-Sí, en ese sentido creo que me he dejado descansar en él y…- se detuvo un momento para elegir sus palabras-…creo que él también en mí.

-Y te veo bien- corroboró Potter chocando su hombro cariñosamente con el de su amiga.- Lo mismo veo en Sirius, supongo que es reflejo de esta amistad y eso me hace feliz.

Hermione sonrió ante sus palabras, pero no respondió nada y se limitó a beber lo que quedaba de su té. La palabra amistad resonaba en su cabeza como un eco con la voz de Harry y hacía que su estómago se apretara. El auror se puso de pie, le dio un beso en la cabeza y murmuró algo sobre entrar a la casa porque tenía frío, a lo que ella asintió distraídamente.

A pesar de haber hablado con Harry, la culpa no la dejaba tranquila y se sentía cobarde. Ella sabía que una amistad no resumía ni clarificaba su vínculo con Sirius, aunque se lo negara a Tonks y a Ginny todo el tiempo, pero no había nada que pudiera decirle a su amigo por el momento. No podía contarle que había hecho el amor con él. ¿Pero qué le iba a contar? ¿Que cuando duerme con él, la abraza como si temiera despertar y descubrir que ella no existe? ¿Que cuando despierta, lo busca para enredar sus piernas con las suyas mientras se acurruca en su pecho tibio? ¿Que Sirius tiene la costumbre de enterrar su rostro en el hueco de su cuello durante la noche de forma inconsciente cuando está dormido y que ella adora esos instantes? No, no había nada que pudiera decirle a Harry que no la delatara.

Además, era un tema que no le concernía solamente a ella. Sirius también tenía que decidir si quería que Harry supiera y la verdad es que dudaba que quisiera contarle que se había acostado con su mejor amiga, siendo su padrino. Sirius no podía perder a Harry y ella estaba en mejor posición para enfrentar consecuencias de ese nivel. O eso creía, pero la verdad es que sentía miedo de perder a su mejor amigo también.

Por otro lado, Harry los había visto dormir juntos y aunque sabía que él podía ser bastante ajeno a lo que sucedía a su alrededor, creía que una escena así podía dejar en evidencia algunas cosas bastante claras, las preguntara o no en voz alta. De todos modos, ella no iba a arriesgarse poniendo sus cartas sobre la mesa.

Había una lista de razones guardada en la profundidad de su mente sobre por qué haberse acostado con Sirius Black había estado mal. También le servían para responder a la interrogante de por qué su particular relación con él debía permanecer tal como era. Unas tenían más peso que las otras, pero sin duda la primera de todas ellas era que Sirius era el padrino y figura paterna de su mejor amigo, Harry Potter.

¿Había escuchado alguna vez estas razones? Lo intentaba. Se las repetía constantemente, sobre todo cuando yacía sola en su cama durante la noche y distraídamente tocaba sus pechos con los ojos cerrados mientras pensaba en el recuerdo que tenía del ex prisionero de Azkaban de aquella noche de diciembre, imaginando que eran las manos ásperas del pelinegro las que la acariciaban. Evidentemente, su intento por contenerse era siempre un fracaso.

Aún así, ella sabía que eso no era todo. La verdadera pregunta era mucho más trascendental: ¿Había escuchado estas razones para evitar enamorarse de Sirius Black? La respuesta era una sola.

No.

Ni una sola de ellas.


El ático de Grimmauld Place había sido el lugar donde Buckbeack había vivido el tiempo en el que había estado encerrado junto con Sirius aquel fatídico año de su muerte. Harry le había dicho que lo habían restaurado y ordenado cuando comenzaban a vivir allí finalizada la guerra, pero que nunca habían podido abrir el armario que estaba en una de las esquinas de la habitación y, por lo tanto, era el único mueble de la familia Black -además de aquellos en la habitación de Regulus y la suya- que continuaba en casa.

Sirius llevaba todo el tiempo que estaba nuevamente vivo evitando subir a ese lugar porque le recordaba a esa época en que había estado más ebrio que sobrio, esa época en que debió ser más paternal con Harry debido a lo que el muchacho estaba viviendo por toda la desacreditación que ejerció Fudge y el Ministerio de Magia sobre él, esa época en que su soledad era tanta que no se alegró cuando Harry fue absuelto de los cargos por usar magia contra los dementores en Little Whinging y no fue expulsado de Hogwarts para quedarse con él en Grimmauld Place.

Sacudió su cabeza para quitarse los recuerdos de su vida en ese lugar y abrió la puerta cerrada con un simple Alohomora. La habitación estaba un poco oscura por la poca luz que ingresaba por las ventanas, así que agitó su varita para encender las luces de la lámpara que colgaba desde el techo. En ese momento, se dio cuenta de que Harry estaba allí.

-Pensé que irías a recoger a Ginny a su entrenamiento- comentó sonriendo casualmente.- No creí que quisieras ver qué ocurría con el arm…

-Tú tienes la culpa de que mis padres murieran- espetó de pronto el ojiverde, observándolo duramente. Una mirada que él sólo había visto una vez: la noche en la Casa de los Gritos hacía bastantes años en que Harry le había dicho exactamente lo mismo.

-¿Harry, qué…?- comenzó, completamente confundido.

Sentía el peso de la culpa caer sobre sus hombros otra vez. La confusión inundaba su mente y sus peores miedos comenzaron a salir a flote.

-Pettigrew los habrá entregado a Voldemort, pero tú eres tan culpable como él de su muerte- siguió con un tono de voz cada vez más duro.- Tú, por arrogante y creerte mejor que las demás personas, menospreciaste a Pettigrew; tú, que negabas de toda la altanería de tu familia y mírate: en el fondo, eres igual que ellos.

Sirius sabía que algo andaba mal, aunque eso no impedía que se sintiera despreciable. Por mucho que una parte de él sí se sintiera responsable de la muerte de Lily y James Potter, creía que Harry nunca pensaría eso de él. Y si es que alguna vez en su vida lo pensaba, jamás se lo diría porque su ahijado en ese sentido era mucho más parecido a Lily que a su mejor amigo. No obstante, estaba a punto de responderle cuando ya no era Harry quien estaba frente a él, si no que Remus Lupin.

-¡Me dejaste solo cuando nuestros amigos murieron!- gritó Remus y la rabia dolida de su voz le recordó a sus años de adolescente cuando le había jugado la broma a Snape para que viera lo que había en el Sauce Boxeador y que pudo terminar con Remus, transformado en hombre lobo, asesinando al Slytherin.- ¡Tu impulsividad te llevó a querer atrapar a Peter en vez de pensar en el bienestar de Harry!- agregó con los ojos fijos en él y todo su cuerpo erguido le mostraba que el licántropo que habitaba en su interior estaba enfurecido.- ¡Y pensaste que yo era el espía! ¡Siempre me has causado únicamente problemas!

Comprendió entonces lo que ocurría, pero no era capaz de actuar. Conocía el encantamiento, era bastante simple. Tan simple que se los enseñaban en Hogwarts a las brujas y magos durante su tercer año, pero estaba en shock. No había usado magia defensiva hacía demasiado tiempo, desde la batalla en el Departamento de Misterios para ser más precisos, y no era capaz de pensar en nada. Y su corazón se apretó aún más cuando en el lugar de Remus apareció Hermione, mirándolo con odio y con desprecio. Nunca antes ninguna mirada lo había atravesado como una daga helada en el pecho, cortándole la respiración.

-¡Nadie te necesita aquí!- gritó ella, observándolo de arriba abajo.- ¡No eres más que un estorbo en nuestras vidas! ¡Siempre lo has sido! ¡El último año que estuviste aquí sólo eras un borracho incapaz de cumplir su papel de padrino y no nos servías de nada! ¡Y ahora vuelves cuando ya nadie te necesita! ¡Yo no te necesito! ¡Mejor te hubieras quedado muerto!

Las palabras de Hermione lo golpearon y calaron profundamente en su alma mientras el eco de su voz inundaba sus oídos, y aunque la verdadera Hermione apareció de repente atravesando la habitación y poniéndose de pie entre él y el Boggart, la sensación apesadumbrada de su pecho no desapareció. Fue vagamente consciente de que ya no era la figura enfadada de Hermione quien estaba allí, si no su prima Bellatrix Lestrange mirando a la castaña como si pudiera entretenerse con ella por toda la eternidad.

-¡Riddikulus!- escuchó que Hermione gritaba antes de que la otra bruja abriera la boca para hablar.

Donde había estado Bellatrix, ahora había una peluca y una túnica negra sobre el suelo. La castaña agitó nuevamente su varita y el Boggart desapareció de su vista.

Granger giró sobre sus talones y Sirius vio que lo observaba preocupada. Eso era lo que menos necesitaba en este momento. No quería que se compadecieran de él.

-Lo siento- comenzó ella casi en un susurro perfectamente audible.- He llegado mucho antes del trabajo y he escuchado voces aquí y he subido y he visto a Remus gritarte, pero luego me he visto a mí misma y me di cuenta que…

Hermione continuó hablando nerviosamente. Sirius no sabía si era por ansiedad al ver a Bellatrix o por verse a ella misma como uno de los miedos más profundos que él tenía, pero ya no la escuchaba. Estaba cansado de ser atormentado por sus fantasmas de toda la vida. Estaba furioso consigo mismo y odiaba que ella hubiera presenciado esta ventana de su alma. Ella seguía intentando explicarse, pero no podía quedarse ahí, necesitaba moverse.

Caminó velozmente hacia la puerta y salió del ático, bajando ágilmente las escaleras. Sentía los rápidos pasos de Hermione siguiéndolo, pero ya no importaba nada. Sentía frío. Sirius odiaba el frío. Se metía bajo su piel y envolvía sus huesos, haciendo que todo su cuerpo doliera. Entonces la rabia lo embargaba al recordar los doce años que estuvo injustamente encerrado en Azkaban y allí era su sensación diaria: el frío, la humedad.

Entró rápidamente a la biblioteca y se dirigió al pequeño mueble donde descansaba una botella de whiskey de fuego a medio terminar. La cogió con manos temblorosas, ya no por el frío, si no por los recuerdos, y sirvió un poco en un vaso antes de beberse el líquido de golpe, cerrando los ojos al calor que bajaba por su esófago y se expandía por su cuerpo, abrigándolo.

-¿Sirius?- dijo Hermione con voz suave, de pie en la puerta sin atreverse a entrar.

-¡Estoy jodidamente roto!- gritó con toda la voz desgarrando su garganta y lanzando el vaso con fuerza contra la pared del frente, que se hizo añicos. El estruendo llenó el espacio y él suspiró fuertemente, dejando escapar el aire que retenía.

-También yo, Sirius- respondió la bruja entrando a la biblioteca con lentitud y manteniendo un poco la distancia para darle espacio.- No es fácil.

-Lo sé, pero era sólo un Boggart- replicó él, sintiéndose completamente inútil.

-Eso no importa- dijo la castaña mirándolo con comprensión.- Tu vida ha sido sumamente dura y respeto que sean tus miedos, pero nadie piensa que sobres en esta familia- explicó eligiendo bien sus palabras.- Significas mucho para todos.

-¿Y para ti?

-¿Qué quieres decir?

-¿Significo mucho para ti?

No pudo evitar que las palabras salieran de su boca. Se sentía tan estúpido intentando reafirmar cosas que en el fondo sabía, pero que en situaciones así las ponía en duda. Pero era verdad que su vida había sido dura y eso no había ayudado a despejar los miedos alimentados por el desprecio de su familia, la Primera Guerra Mágica, la pérdida de sus mejores amigos. No quería tener esta conversación, pero él ya había abierto el tema.

-Significas el mundo para mí, Sirius- dijo Hermione después de hacer una pausa.

Sirius pudo ver que ella dudaba en un comienzo, pero luego avanzó con decisión hacia él, cerró la distancia que los separaba con un par de pasos y lo abrazó rodeándolo con sus brazos fuertemente. Él no dudó en responder a ese abrazo y fue inevitable soltar el aire que había estado reteniendo. Por un momento, pensó que su reacción había sido tan violenta que la había alejado, pero no. Hermione estaba allí, abrazándolo y él sentía que su calor volvía a cerrar ese hueco que se había abierto en el ático.

Le hubiera gustado reunir toda su valentía de Gryffindor y besarla, pero no sabía exactamente dónde estaba escondida. Si aparecieran mortífagos otra vez y atacaran la casa, él no dudaría en contraatacar sin miedo a perder la vida en el intento de proteger a las personas que quería. Jamás le había tenido miedo a Voldemort ni a su séquito en la guerra ni en la que no alcanzó a terminar de luchar, pero esta situación requería otro tipo de valor y con todo lo que había sucedido hacía unos momentos, le parecía demasiado. Así que siguió abrazándola mientras escondía su rostro en el espacio entre su cuello y su hombro, inhalando su olor a lavanda.

La sintió relajarse en su amarre, quedándose un momento así, pero no pudo evitar rozar con su nariz la piel del cuello de Hermione, provocando que ella se estremeciera.

-¿Quieres ir conmigo a Diagon Alley?- preguntó de pronto ella rompiendo lentamente el abrazo.- Debo ir a comprar unas cosas, pero luego podemos ir a alguna cafetería y comer algo, ¿te parece?


Diagon Alley estaba lleno de brujas y magos, pero Hermione había insistido en ir a Flourish and Blotts a comprar un par de libros recién publicados que necesitaba leer con desesperación. Sirius no iba a entender jamás la obsesión de Hermione por siempre estar leyendo. No es que él no leyera, a él también le gustaba, pero lo de la bruja era un nivel superior. Aún así, sabía que no tenía nada que entender. Y si cada vez que fueran a una librería iba a poder ver su sonrisa de entusiasmo y la manera en que sus ojos brillaban mientras recorría estanterías, él mismo la acompañaría cada vez que pudiera.

Después de comprar, Sirius se encontraba mucho más animado. Eran raras las ocasiones en que ambos coincidían fuera de casa. Entre el trabajo de Hermione, los panoramas familiares en Grimmauld Place y las visitas a La Madriguera, les quedaba poco tiempo libre. Además, el invierno solía mantenerlos encerrados en casa, pero ahora que se acercaba poco a poco la primavera tal vez podían salir más.

-Creo que nunca te he visto beber algo que no sea alcohol cuando salimos- comentó Hermione, entretenida, cuando habían parado en un café que ella no conocía porque había inaugurado durante su estadía en Estados Unidos.

-¿Realmente crees que sólo puedo beber alcohol en un lugar público?- replicó él enarcando una ceja, pero con la mirada divertida mientras le daba un sorbo a su taza de café.

-No es eso, es sólo que me parece curioso.

-Tampoco es que hayamos salido mucho juntos- comentó sin poder contenerse, pero intentando parecer casual. Hermione se rió y no supo cómo interpretar eso.

De pronto, su atención captó unas palabras que alguien decía. Era la voz de una mujer y, aunque estuviera sentada a varios metros de distancia, la escuchaba bastante cerca por su audición refinada como animago. Estaban hablando de ellos y no era nada agradable. Intentó silenciar a la bruja en su mente, pero no alcanzó a hacerlo a tiempo para que no se reflejara en su rostro porque la expresión de Hermione se puso repentinamente seria al mirarlo.

-¿Qué pasa?

-Nada- dijo suspirando y revolviendo su café con la pequeña cuchara para desviar el tema.

-Dime- exigió ella sacando lo mejor de su tan conocida personalidad. Sirius le sostuvo unos segundos la mirada antes de hablar.

-Están hablando sobre nosotros- explicó él, eligiendo bien sus palabras.- Esa bruja que está en aquella mesa a tu derecha, un poco más allá…

-¿Cómo lo sabes?

-Animago- respondió apuntándose una oreja con el dedo.

-Quiero saber que está diciendo- dijo ella con resolución y sacando su varita.

-Hermione, no vale la pena…

Pero sabía que nada iba a detenerla, así que sólo se limitó a observar cómo Hermione invocaba un encantamiento que le permitiera ampliar la voz de la mujer. Supo el momento exacto en que ella había comenzado a escuchar el discurso de la bruja por su cara de concentración.

-… incomprensible. Yo entiendo que Tú-Sabes-Quién haya llegado a un extremo y finalmente se desatara esta guerra, ¿no?- hablaba la bruja desde la mesa, con desprecio y sin preocuparse de ser oída.- Pero es que ahora que eso ha terminado, hace unos cuantos años ya, la comunidad mágica ha olvidado las buenas costumbres y, déjame que te diga, hay que cuidar las buenas relaciones y ellos son amigos de gente peligrosa, como ese híbrido de Lupin, ¿sabes? ¡Y, además, ha tenido un hijo con la hija de Andrómeda Black!

Pero ni Sirius ni Hermione escucharon lo que seguía porque la Gryffindor se puso de pie de un salto y se dirigió a la mesa donde estaban las brujas conversando. Sirius no tardó en seguirla. Era una mujer mayor, probablemente incluso mayor que Molly. Si él aún fuera el intrépido hombre que era antes de morir, se habría dirigido a ellas desde las primeras palabras que le oyó decir, pero estaba aprendiendo a elegir sus batallas. Por eso le sorprendió que Hermione, con toda su sensatez, actuara antes que él se planteara la idea.

-¡Es una mujer cruel y miserable!- gritó ella, sorprendiéndolas.- ¡Puede hablar de mí todo lo que quiera, pero va a dejar al resto de mi familia en paz!

-¿Tu familia?- repitió la bruja con desdén después de pestañear rápidamente y reaccionar a lo que le decían.

-¡Sí, mi familia! ¡Sirius Black y Remus Lupin son mi familia! ¡Y ese híbrido del que usted habla estaba dispuesto a sacrificar su vida para que usted esté aquí en esta cafetería conversando tranquilamente con su amiga en un mundo sin Lord Voldemort! ¡Así que antes de hablar, sepa que nadie se entromete con ellos! ¡¿He sido lo bastante clara?!

-No entiendo por qué te empeñas tanto en defend…

-¡¿HE SIDO LO BASTANTE CLARA?!

Todas las personas en la cafetería miraban a Hermione. Sirius, que había querido intervenir antes para sacarla de allí, se había dado cuenta que era mejor dejarla hablar. No recordaba algún momento en que Hermione hubiera desplegado toda su avasalladora argumentación sobre alguna persona desconocida con justa razón, salvo el incidente con Malfoy en su tercer año del que Harry le había contado con tanto orgullo. Sin embargo, sabía que el lugar no había sido el apropiado y que, probablemente, si no fuera la heroína de guerra que todos conocían, el giro de los acontecimientos podría terminar mal, pero estaba seguro que los dueños del lugar no llamarían a los aurores por algo así. De todos modos, decidió sacarla de allí.

-Hermione, cariño, ven, vamos- dijo él hablando en un tono suave y cogiéndola con cuidado de la cintura para atraerla hacia sí.

-Sangre sucia- dijo la misma bruja mirando hacia otro lado, pero claramente esperando ser oída.

Hermione ya había avanzado un par de pasos entre las mesas delante de Sirius, por lo que fue él quien escuchó su último comentario. No lo pensó. Fue un acto reflejo y su previa postura tranquila y conciliadora lo abandonó cuando se giró y se acercó otra vez a la mesa.

-¡¿VIENE A HABLARME DE SANGRE A MÍ?!- gritó enardecido.- ¡¿LA INSULTA A ELLA CON ALGO TAN ABSURDO DELANTE DE MÍ SABIENDO CUÁL ES MI APELLIDO?!

Sintió la mano de Hermione que apretaba el músculo superior de su brazo derecho, intentando apartarlo de la discusión. Sólo por eso no se dedicó a defenderla más. Se acordó de James defendiendo a Lily de las personas que la trataban de sangre sucia aún cuando no estaban juntos y se relajó. Le lanzó una última mirada de rabia y desaprobación a la otra bruja que continuaba sentada y se giró. Hermione lo miraba aún molesta, pero evidentemente quería marcharse.

Decidió obviar las miradas de las demás brujas y magos alrededor y, caminando hacia la mesa en la que habían estado sentados ellos, sacó unos galeones de su bolsillo que dejó junto a su taza de café. Esperaba que el dinero extra compensara a los dueños por el escándalo que habían hecho, pero no le importaba en absoluto.

Hermione seguía enojada y, antes de que se arrepintiera de salir del café y dejar de gritarle a la señora, la tomó de la mano y salió rápidamente con ella. Avanzaron rápido por la calle principal mientras Sirius iba por delante y llevaba a la castaña de la mano para que lo siguiera. No podía sentirse más orgulloso y satisfecho. No podía dejar de sonreír. Su pecho estaba inflado y su corazón latía a mil por hora.

-¡No tienen idea sobre él y sobre su vida y van diciendo cosas! ¡¿Qué se creen?!- decía ella dejándose arrastrar de la mano por el animago en la calle, sin poner mucha atención al camino.- ¡Peleamos en la guerra para que Remus tuviera el derecho de vivir en paz como cualquier otro mago! ¡Por Teddy, por todo el mundo!

Él se giró repentinamente para abrazarla. El movimiento inesperado la hizo chocar con él, pero la sostuvo firmemente contra su cuerpo. Algunas brujas y magos tuvieron que esquivarlos y otros pasaron a su costado y los observaron brevemente. Hermione le devolvió el abrazo y la escuchó suspirar en su hombro. Quería calmarla, pero en realidad lo hizo porque tenía muchas ganas de besarla en la mitad de la calle, mandar todo a la mierda, aparecerse en su habitación y hacer el amor con ella hasta que se durmieran de cansancio, pero no. Ése era su problema. Y aunque la parte de su ser que toda la vida lo había guiado, jurando que sus intenciones no eran buenas, estaba tentada de salir, prefirió respirar. La lavanda inundó su olfato en un instante. Necesitaba controlarse él también. Definitivamente ya no sabía vivir sin esta bruja.

-¿Ya estás más tranquila?

-¡Sirius, por qué me has dejado hacer eso!- exclamó Hermione, soltándose de él.

-Porque se lo merecía.

-Pero, Sirius…

-Oye, ya está hecho- dijo girándose para enfrentarla y poniendo sus manos sobre los hombros de la castaña, mirándola a los ojos.- No fue la mejor manera quizás, pero seguro que muchas personas allí pensaban como tú, incluyendo a los dueños del café.

-Mañana voy a escribirles una nota disculpándome o vendré personalmente a hablar o…- empezó a decir sin parar, preocupada y mirando a su alrededor.

-Oye, oye, oye…- la atajó y puso sus manos a ambos lados de su rostro para captar su mirada.- No pasa nada. Además, creo que cualquiera de nosotros hubiera hecho lo mismo. Tonks le hubiera lanzado alguna maldición como mínimo- agregó riendo, lo que relajó a Hermione.- ¿Vamos a casa?


Hermione se giró porque escuchó una botella descorchándose. Estaba sentada en el sofá de la biblioteca dejándose abrazar por el calor que emanaba el fuego de la chimenea y, alumbrada por la lámpara de la mesita de luz junto al sillón, hojeaba distraída un libro sin poner mucha atención. Al levantar su mirada, vio a Sirius entrar por la puerta con dos copas de vino y una botella levitando detrás de él, siguiéndolo.

-Ya sé que te has agobiado un poco- comenzó diciendo él mientras la botella iba a posarse sobre la mesita de luz, le alcanzaba una copa y se sentaba a su lado-, pero me ha gustado verte hoy defendiendo todo en lo que crees.

-No podía quedarme callada- respondió ella suspirando y haciendo girar en círculos el líquido con movimientos de su mano un poco distraída.- Ni siquiera lo hice por mí, lo hice por Remus, ¿sabes?

-Lo sé.

-Me ha sorprendido que no intervinieras antes- dijo Hermione mirándolo con curiosidad.- No es muy de tu estilo mantenerte al margen de ese tipo de situaciones.

-Supongo que calculé que tú lo harías de maravilla y no me equivoqué- bromeó para aligerar el ambiente.

-No he estado tan mal después de todo, ¿no?- preguntó en el mismo tono, pero no pudo evitar mirarlo y flexionar su cara un tanto arrepentida aún del incidente.

-Has actuado bien- respondió con sinceridad.- Y ha sido agradable ver que no era yo el receptor de tus gritos por una vez en la vida- agregó riendo.

Hermione se rió con ganas de su comentario y él le guiñó un ojo mientras seguía riéndose. Ambos bebieron un sorbo de vino luego, creando un momentáneo silencio.

-Gracias por defenderme al final- soltó ella intentando sonreír, pero fallando en el último segundo.- Sé que es una estupidez, pero hace tanto tiempo que no escuchaba a alguien decírmelo.

-Sabes lo que pienso al respecto.

-Aún así, gracias- repitió sonriendo y por la honestidad de su voz sabía que para ella había sido importante.

-El estatus de tu sangre jamás podría definirte, Hermione- dijo él y se acomodó para estar sentado con su torso frente a ella, dejó su copa en la mesita de luz para coger el brazo izquierdo de la castaña y arremangó su blusa.- Sé que lo sabes, pero no quiero que lo dudes nunca.

No pensó en lo que estaba haciendo hasta que sintió la piel de Hermione en sus labios. Había acercado el antebrazo de Hermione hasta su boca y había besado la cicatriz que Bellatrix había dejado allí. Sólo cuando tocó la tibia piel de la chica tomó conciencia de lo que había hecho y la miró sin alejar sus labios de la cicatriz, listo para pedir disculpas. Pero la bruja miraba su antebrazo con la boca entreabierta y, cuando él buscó sus ojos, ella lo miró. Sirius vio que estaba levemente sonrojada, pero no sabía si era por efecto del vino o por lo que acababa de hacer. Despegó sus labios de la piel de su brazo sin dejar de mirarla.

-¿Puedes hacer eso otra vez?- preguntó ella en un susurro que escuchó con claridad.

Sin saber el curso que los hechos podrían tomar, obedeció a su petición y sin despegar sus ojos grises de los de la castaña, rozó con lentitud y suavidad su piel, ejerciendo la presión precisa con sus labios para que ese beso durara varios segundos.

Hermione se mordió el labio inferior. Sirius sabía que algo en el aire había cambiado radicalmente y no se atrevía a hablar por miedo a arruinarlo todo. Quería besarla. Estaba lo suficientemente cerca de ella como para hacerlo en dos movimientos. Y, de forma inconsciente, ella se había inclinado levemente hacia él. Quizás debía forzar su suerte.

-¡Granger!

La bruja quitó su brazo de las manos de Sirius rápidamente ante el grito que se escuchó desde la planta baja.

-¡En la biblioteca!- gritó ella.

Sirius tomó su copa de vino otra vez y se bebió el contenido que quedaba de un único trago. No era lo suficientemente fuerte como para calmar la tensión que sentía, pero no podía hacer más. Vio que Hermione estaba nerviosa y se acomodaba un poco el pelo mientras se escuchaban los rápidos pasos de quien fuera que había llegado a interrumpir. Merlín sabía que había elegido el peor momento del día, la semana e incluso el mes tal vez para llegar a esa casa.

-¡Hola!- saludó Charlie Weasley, entrando al lugar y sonriendo, pero rápidamente su semblante se ensombreció.- ¿Interrumpo algo?

-No, nada- se apresuró a responder Sirius tratando de que su voz sonara normal.

-¿Cómo estás, Charlie?- inquirió Hermione, sonriendo. Se notaba nerviosa, pero creyó que Charlie no se daría cuenta del todo.

-Bien, muy bien- dijo sentándose en una de las butacas frente a ellos.- Pero podría estar mejor si tú me haces un tremendo favor, Hermione.

-¿Qué necesitas?

-Dentro de una hora hay una serie de conferencias en el Ministerio en el que estarán las autoridades del mundo mágico europeo relacionadas a las criaturas mágicas- comenzó a explicar el pelirrojo con mucho entusiasmo.- Te pido que, por favor, vengas conmigo.

-¿Ir… ir contigo?- repitió ella.

Sirius comprendió que cualquier cosa que pudo haber pasado antes de la llegada del segundo hijo de los Weasley se había perdido irremediablemente por esa noche. Y quizás por mucho más tiempo.

-Necesito conseguir un acuerdo sobre dragones y su regulación. Asistirán diferentes autoridades del mundo mágico europeo relacionadas al cuidado de criaturas mágicas y he pensado que, como tú solías trabajar en ese departamento antes, podrías ayudarme- explicó Weasley ansioso, pero perfectamente bien con una mirada suplicante.- Por favor.

Black vio que Hermione no sabía qué responder. Era evidente que ella se debatía entre si ir con Charlie al ministerio o quedarse y resolver lo que fuera que haya ocurrido antes de la llegada del pelirrojo.

-Obvio que va a ir contigo, ¿verdad, Hermione?- se apresuró en contestar, sonriendo.- ¡No hay nadie mejor que tú para ayudar a Charlie!

-Vale, iré - dijo ella suspirando y sonriendo a su amigo.- Pero debo subir y cambiarme de ropa primero.

-¿Tardarás mucho?

-Cinco minutos.

-Vale, te espero- dijo Charlie mirándola con entusiasmo.

Cuando Hermione y Charlie se fueron hacia el ministerio, Sirius suspiró profundamente y se dejó caer sobre el sofá. Se había puesto de pie para despedirse de ambos cuando habían utilizado la Red Flu de la chimenea de la biblioteca. Hermione se había marchado primero, pero antes de lanzar los polvos flu y pronunciar su destino, lo había buscado con la mirada como si con ese gesto quisiera decirle algo. Que lamentaba la interrupción, que lamentaba marcharse, que quería saber si estaba bien con ella dejándolo ahí, que si él se lo pedía, ella se quedaba. En realidad, todas posibles interpretaciones que no eran ninguna certeza porque él no era un experto en Legeremancia, así que puso su mejor sonrisa para reafirmarle que estaba bien que fuera con Charlie al ministerio.

Cerró los ojos apoyando la cabeza en la parte más alta del almohadón. No se sentía triste, todo lo contrario. Sabía que si no hubiera sido por ese momento previo, Hermione habría aceptado entusiasmadamente porque Charlie era un gran amigo para ella. Simplemente lamentaba la mala suerte.

De pronto, escuchó ruido en la cocina y risas y supuso que Harry y Ginny habían regresado a casa, por lo que decidió bajar y compartir con ellos. Así dejaría de pensar en lo que -casi- había sucedido con Hermione.

-¡Sirius!- dijo Ginny sonriendo cuando lo vio entrar.- ¿Cómo estás?

-Muy bien, ¿cómo estuvo ese entrenamiento?

-Nada fuera de lo común- comentó encogiéndose de hombros.- He tenido peores.

-¿Cenamos todos?- preguntó Harry, que se disponía a cocinar.

-Nosotros, sin Hermione.

-¿Dónde está?- inquirió la pelirroja mientras sacaba unas botellas de cerveza de mantequilla del refrigerador y se las acercaba a los otros.

-Ha ido con Charlie al ministerio para que ella lo ayude con un tema sobre dragones- explicó intentando parecer casual, de pie junto a la mesa. Lanzó la tapa de la botella hacia el basurero y la vio caer dentro. Un pequeño y ridículo triunfo para calmar a su alma.

-¿Creen que sea posible que Charlie y Hermione terminen saliendo?

-¿Mi hermano y Hermione?- repitió Ginny mirando incrédula a su novio.- No, eso no va a ocurrir.

-¿Cómo estás tan segura de eso?- quiso saber Sirius, de repente interesado en la conversación.

-Porque Hermione no está interesada en él- afirmó rotundamente después de dar un sorbo a su botella.- Y conozco a Charlie, dudo que lo esté en ella.

Sirius miró a la pelirroja pensando un poco en esa idea que no se le había cruzado por la mente. Inevitable fue sentir un poco de celos. Después de todo, Charlie era atractivo, inteligente, divertido y mucho más joven que él. No parecía un panorama tan descabellado.

-Oye, Sirius, quiero hablar contigo de algo- dijo Harry revolviendo la olla con una cuchara de madera mientras a su lado un cuchillo cortaba berenjenas en trocitos.

-Voy a subir a cambiarme de ropa y bajo a cenar con ustedes- anunció Ginny tranquilamente y los dejó solos.

Harry carraspeó.

-Dime…

-No sé cómo decirte esto porque no sé si me he pasado al hacerlo- Black enarcó una ceja-, pero el otro día he ido a buscarte temprano a tu habitación y, como no respondías, he abierto la puerta y, sin querer, te he visto a ti y a Hermione durmiendo juntos.

Sirius, que se disponía a beber un sorbo, detuvo su botella a unos centímetros de su boca. Padrino y ahijado se miraron unos segundos. La incomodidad y ansiedad se apoderaron del mayor porque no sabía el rumbo que tomaría esa conversación. Por primera vez entre ellos no se sentía el adulto de la situación, si no como un adolescente que había sido descubierto in fraganti follando en la cama de sus padres (no es que alguna vez no hubiera pensado en eso sólo para arruinarles -más- la vida). Estaba asustado de la reacción que tendría Harry y si había algo que él no podría tolerar en la vida, sería perderlo a él. No obstante, lo que encontró en la mirada del ojiverde fue culpa, mas no reproche, y no entendía por qué Harry sentía culpa cuando era él quien dormía con su mejor amiga de infancia.

-Es cierto, he dormido con Hermione…- comenzó e hizo una pausa donde carraspeó levemente porque se le había secado la garganta- …un par de veces, pero Harry, Hermione y yo no somos… quiero decir…

-Sirius, no te preocupes- lo interrumpió Potter, dejando de cocinar y girando su cuerpo completamente para hablarle de frente.- Hermione y yo ya hemos hablado sobre esto y me ha explicado la relación que han construido desde que ella regresó de Estados Unidos.

-¿Y qué te ha dicho ella?- inquirió intentando no sonar alarmado.

-Me ha contado que ha vuelto a tener las pesadillas sobre la Mansión Malfoy y que tú has logrado contenerla durante las noches que la atormentan.

Hizo una pausa antes de responder.

-No he podido hacer otra cosa que acompañarla…

-Lo sé, me ha dicho que has sido un gran apoyo para ella- lo interrumpió con el semblante serio.- No sé si sabes que Hermione y yo nos hicimos muy cercanos después de la guerra, Sirius…muy, pero muy cercanos, sobre todo a raíz de sus pesadillas… Fue un período muy difícil para ella…

-No pretendo reemplazarte, Harry- dijo rápidamente Black, sintiéndose tenso de pronto.

-¡No pienso que me estés reemplazando! ¡Todo lo contrario!- dijo suspirando y casi riéndose.- Estoy muy contento porque haya encontrado eso en ti, ¿sabes? Me alegra que ella cuente con alguien como tú cuando antes sólo se desahogaba conmigo. De alguna forma, cuando Hermione se fue a Estados Unidos, nos alejamos un poco y ahora que ha vuelto, ha sido difícil retomar nuestra amistad tal y como estaba.

-¿No te molesta entonces?

-¿El qué?

-¿Que Hermione y yo durmamos juntos?

-No- respondió luego de pensarlo un segundo.- Es un poco extraño, no te lo voy a negar, pero le haces bien.

-Lo comprendo y me tranquiliza saber que estés reaccionando así a esto- mencionó intentando tantear terreno y soltando el aire que había contenido al preguntar.

Harry le sonrió amable y genuinamente y él sintió que no estaba del todo bien ocultarle la verdad, pero no podía hacer ni decirle nada. ¿Qué mierda podría contarle? ¿Que la verdad era que la primera vez que se habían enfrentado a sus pesadillas juntos habían terminado haciendo el amor en su cama? ¿Que a partir de entonces todo había cambiado para él y ahora estaba enamorado de ella? No. Harry estaba hablando de otro tipo de vínculo.

-Ella también te ha hecho bien a ti.

Definitivamente no sabe nada, pensó. Sirius sabía que si su ahijado se parecía realmente a James, pero Lily predominaba en su personalidad como estaba seguro que era, Harry estaría gritándole si supiera toda la verdad sobre su no-sabía-qué con Hermione. Y como seguía sintiéndose un poco culpable, sólo asintió.

-Me alegra que sean tan cercanos y tengan tanta confianza, Sirius- dijo antes de agregar, bromeando: -De todas maneras, que duerman juntos no implica nada, si es lo que te preocupaba que yo iba a pensar, no es como si te fueras a casar con ella.

El animago se rió forzadamente. No, no sabía nada. Que los hubiera visto dormir juntos no había despertado sospecha alguna sobre el dinamismo del estrecho y ambiguo vínculo que compartían. Aún así, él sabía que en algún momento sería inevitable abordar el tema con Harry y no estaba tan seguro de que esta vez obtendría su aprobación.

-¿Y bien?- preguntó Ginny entrando a la cocina en unas mallas y una sudadera.- ¿Ya ha terminado el par de hablar para que podamos cenar?

Sirius hubiera podido jurar que la pelirroja lo había mirado con complicidad absoluta cuando había cruzado la puerta de la cocina.


-Comprendo su punto, pero la verdad es que el Reino Unido es el país con la mejor evaluación en cuanto al cuidado de los dragones, señor Weasley.

-Le recuerdo, señor Brown- lo interrumpió Hermione velozmente-, que yo he tenido la oportunidad de visitar las bóvedas de Gringotts resguardadas por dragones durante la Segunda Guerra Mágica y sabe que las condiciones de vida de esas criaturas estaban lejos de ser aceptables.

-Gringotts ha mejorado mucho en esa materia, señorita Granger, y los duendes tienen muchas más instrucciones específicas para su cuidado.

-¿Y qué pasa con su posesión?- inquirió Charlie, un poco molesto. Hermione lo cogió del brazo para apaciguar su ánimo.

-Tengo entendido que se han…relajado… las restricciones en la tenencia de animales mágicos en el Reino Unido, señor Brown, y la firma de este acuerdo incluyendo la opinión experta de entrenadores de dragones que trabajen en diferentes partes del continente europeo beneficiaría mucho, al menos, a este tipo de criaturas.

-Finalmente, si el Reino Unido decidiera firmar el acuerdo, sería un gran ejemplo para el resto de Europa y podríamos avanzar mucho más de lo que se ha hecho en los últimos cuatro años- terminó Charlie siendo enfático.

Hubo un silencio entre los tres en el que Stephen Brown, coordinador representante de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte de la Comisión Europea de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas, le sostuvo la mirada a Hermione, reflexionando.

-No puedo prometerles nada, pero plantearé su punto de vista ante la Comisión- dijo Brown luego de suspirar.- De todas maneras, creo que sería importante si logra conseguir el apoyo del Primer Ministro, señor Weasley.

-Creo que podemos conseguir eso- respondió Charlie, sonriendo.

-Muchas gracias, señor Brown- dijo la castaña mirándolo con seguridad.

-Señorita Granger- se despidió el hombre con una inclinación de cabeza antes de alejarse de ellos.

-Muchas gracias por venir, Hermione- dijo el pelirrojo, abrazándola honestamente.- ¡Has estado magnífica!

-Está bien, Charlie. Sabes que es un tema que me importa mucho- dijo ella soltándolo y cogiendo una nueva copa de champagne de una bandeja flotante.- Toda la jerarquización entre magos y brujas y las criaturas mágicas me resulta patética y mal gestionada.

-Eso me recuerda: ¿Cómo ha ido tu idea de hacer reparaciones y devoluciones de tierras a los centauros?

Hermione rodó los ojos y suspiró.

-No he logrado que avance en el Wizengamot porque, tal y como me lo ha dicho Sirius en una calmada y tranquila conversación- Charlie se rió al escuchar su tono sarcástico-, hay personas que creen que no les debemos nada y otras que afirman que los centauros no confiarán jamás en un acuerdo con el ministerio.

-Ahora que has mencionado a Sirius, creo que he interrumpido algo cuando he llegado a Grimmauld Place, pero no estoy seguro del todo- Hermione cerró los ojos y suspiró profundamente.- Lo siento.

-No es necesario que te disculpes, ¿sabes? Ha sido… nada.

-¿Cómo nada?

-Sirius y yo…- hizo una pausa para ordenar sus ideas. Charlie enarcó una ceja mientras la miraba.- No sé qué hay ahí… Existe algo entre nosotros de lo que no hemos hablado y dudo que alguna vez vayamos a hacerlo, pero me gusta, sea lo que sea.

-Lo quieres, ¿no?- indagó sonriendo, molestándola. Hermione bebió un gran sorbo de su copa.

-Me he acostado con él.

-¡Merlín, Granger! ¡Nueva York sí que te ha transformado!

-Cállate.

-Sirius me gusta más que ese mago con el que salías en Nueva York- comentó encogiéndose de hombros después de considerar la idea un segundo.

-¿Ethan?

-Ése mismo- confirmó él, dejando su copa vacía en una bandeja y cambiándola por una llena.- Ethan era muy… estirado. Sirius, en cambio, es mayor que Ethan, pero tiene un espíritu aventurero que podría venirle bien a esa seria cabeza tuya.

-Quiero matarlo muchas veces, pero eso también me agrada- dijo ella riéndose, dándose por perdida.

Charlie la miró unos segundos riéndose, pero luego se detuvo y la observó con detención. Hermione levantó la vista hasta encontrarse con su mirada inquisidora.

-¿Qué?

-¿Cuándo te has acostado con él? ¿Antes o después de navidad?

-Antes, ¿por qué?- Charlie chasqueó los dedos en señal de haber descubierto algo.

-¡Por eso entonces ha hecho ese comentario en la cena de navidad que te ha incomodado tanto! ¡Ja!- exclamó triunfante. Hermione volvió a rodar los ojos.

-Fue arriesgado, ¿no crees?

-Un poco- admitió el entrenador de dragones, inclinando la cabeza mientras consideraba la idea.- Pero bueno, es Sirius Black. No sería él si no hubiera riesgos en las cosas que hace.

-¿Crees que está bien?

-¿Qué cosa?

-¿Tener este tipo de… relación …con …el padrino de Harry?- preguntó con un deje de inseguridad que le fue imposible ocultar.

-¿Le preguntas esto a un mago que arriesga su vida diariamente entrenando dragones?- replicó enarcando una ceja, incrédulo.

-¡Charlie, pregunto en serio!- dijo la bruja exasperada.- ¿Lo crees?

-Hermione, lo que está bien o mal es completamente subjetivo siempre- respondió con sinceridad y mirándola seria, pero empáticamente.- Sólo haz lo que te haga bien. Nada más.

Hermione asintió con la cabeza.

-Creo que me iré a casa, estoy cansada- sentenció y depositó su copa vacía en la bandeja que pasaba levitando delante de ellos en ese momento.

-Sí, claro, ve- dijo él riéndose descaradamente.- ¿En qué habitación vas a dormir esta noche?

Hermione lo golpeó en el brazo y luego se inclinó un poco de puntillas para besar su mejilla y despedirse.

-¡Gracias por todo hoy! ¡De verdad, te lo agradezco mucho!- le dijo mientras ella se alejaba camino a las chimeneas de la Red Flu en el mismo Atrio.- ¡Te debo un favor!

-¡Te lo cobraré!- gritó girándose momentáneamente mientras sonreía antes de retomar su camino.

Al cruzar la chimenea de la cocina en Grimmauld Place, notó que las luces de la casa estaban apagadas, así que supuso que lo más probable era que todo el mundo estaría durmiendo. Era de esperarse cuando era casi medianoche.

Se quitó los tacones que había usado esa noche para no despertar a nadie con sus pasos y subió las escaleras hasta la planta en la que se encontraba su habitación. Pensaba en acostarse y leer un poco antes de dormir, pero al pasar frente a la habitación de Sirius y ver la puerta abierta de par en par, se detuvo unos segundos. Él nunca dejaba la puerta abierta al dormirse y no pudo evitar preguntarse si era una invitación silenciosa para que ella fuera a dormir con él.

Sabía que existía la confianza, pero hoy había sido un día peculiar y sentía que algo había cambiado en el vínculo que tenían. Aún así, caminó rápidamente a su habitación, dejó los zapatos junto a la cama y se quitó la ropa, depositándola encima de su silla. Se puso de pijama su camiseta de tirantes y sus pantalones cortos y salió al corredor con paso firme para entrar en la habitación de Sirius. A pesar de su decisión, cuando cruzó delante de la puerta del que solía ser el cuarto de Regulus, aceleró el paso para no arrepentirse.

Al entrar, se detuvo para observarlo dormir. El animago respiraba tranquilamente dándole la espalda. La noche estaba fría y podía ver desde donde estaba parada las pequeñas llamas que quedaban en la chimenea frente a la cama. Suspiró. No sabía por qué le costaba tanto acercarse y acostarse junto a él cuando lo había hecho muchas otras noches. Cerró silenciosamente la puerta y caminó sobre sus puntillas hasta el colchón para meterse debajo de las sábanas lo más suave que pudo para no despertarlo. Era muy agradable sentir la calidez del colchón después de haber estado de pie en su habitación y en ésta. El aire estaba tibio por el calor del fuego, pero la cama estaba mejor.

Se acercó a Sirius y apoyó su frente en su espalda. Soltó el aire que estaba conteniendo en un largo suspiro y acercó su mano a la cintura del pelinegro. Lentamente subió con la punta de los dedos por su costado, acariciando sus costillas por sobre la tela de la camiseta que usaba de pijama. Sirius se removió en su lugar como si su gesto le hiciera cosquillas y ella quitó la mano sonriendo divertida ante ese nuevo descubrimiento.

-¿Hermione?- dijo él somnoliento y girando para estar frente a ella.

-Sí, soy yo- habló en voz baja y alejándose un poco para mirarlo.

Black se acercó a ella y la abrazó por la cintura mientras acomodaba su rostro en el espacio entre su cuello y la almohada, ocultándolo. Ella sintió que su cuerpo se relajaba en los brazos de él.

-¿Puedo dormir aquí?

-Siempre- respondió el ojigris con los ojos cerrados y besando el punto en el que se unían su cuello y su clavícula, lo que hizo que la castaña se estremeciera.- ¿Tienes frío?

-Un poco- se apresuró en decir para que su estremecimiento se viera disfrazado por la temperatura de su cuerpo y no por las sensaciones que había despertado ese beso.

-Necesitas cubrirte mejor.

Hermione se acomodó en el colchón mientras él levantaba las sábanas y el edredón para cubrirlos bien, y entonces enredó las piernas entre las de Sirius para calentar sus pies. Siempre lo hacía durmiendo y muchas veces despertaban así, además. Él solía dormir con pantalones de franela, como esta noche, y eso hacía que fuera más fácil para ella notar la dureza de su erección contra su muslo. No sabía si era por ella o por los ciclos propios de oxigenación en su cuerpo y creía que no era un buen momento para preguntarse precisamente eso. Otras veces la había sentido, pero había sido más fácil ignorarla que esta noche. Aún tenía fresco en su mente el recuerdo de sentir sus labios húmedos y cálidos sobre su antebrazo.

-¿Qué tal todo en el ministerio?- preguntó Sirius susurrando.

-Bien, ha sido mejor de lo que esperaba- respondió ella acariciando su pelo oscuro y ondulado.- Creo que Charlie ha conseguido lo que quería.

-¿Salir con la bruja más guapa del Departamento de Seguridad Mágica?- la molestó él riendo contra la piel de su cuello y con un tono de voz que dejaba claro que aún estaba en el limbo del sueño y la consciencia.

-No sé si yo diría eso- mencionó ella bajando su voz, sintiéndose de pronto un poco insegura por el tono de broma que el animago usó, y moviéndose un poco hacia atrás para observar su rostro. Él seguía con los ojos cerrados y con el semblante serio.

-Realmente eres la bruja más guapa del Departamento de Seguridad Mágica- aclaró Sirius cambiando radicalmente su tono de voz, aunque aún adormilado.

-Está bien, Black, vamos a dormir.

-Eso intento.

Hermione se acomodó nuevamente mientras Sirius abandonaba la posición que tenía para apoyar bien su cabeza en la almohada. La bruja se quedó mirándolo unos segundos y él abrió un poco los ojos.

-¿Qué? ¿Por qué me miras?- preguntó divertido.

-Por nada- aclaró rápidamente la castaña.- Hemos tenido un día intenso, ¿no crees?

Sirius se rió.

-Bastante.

-Me agrada haberlo pasado contigo.

Ella simplemente se acercó y depositó un beso en su mejilla, despegando lentamente los labios de su piel. En el fondo, sólo quería besarlo en la boca y hacer el amor con él, pero no se atrevió a hacer un movimiento más arriesgado. Su corazón latía con fuerza y sabía que Sirius lo escuchaba porque su instinto perruno no dejaría que ignorara un detalle como ése. También, secretamente, esperaba que él moviera su cabeza para que accidentalmente rozara sus labios, pero no lo hizo. Simplemente se quedó ahí, quieto, mientras la seguía con la mirada a la vez que ella se alejaba.

El animago carraspeó. Ya no parecía tan dormido como hasta hacía unos segundos.

-Ven aquí- indicó abrazándola a la vez que cogía su mano para pasarla por sobre su costado y que ella hiciera lo mismo. Hermione se acomodó contra su pecho y suspiró, aún un poco nerviosa.- ¿Hermione?

-¿Sí?- susurró, un poco sorprendida de que hablara otra vez.

-Quiero más de esos.

La Gryffindor no se atrevió a decir nada y sólo apretó sus labios mientras sentía que se sonrojaba. Sintió que Sirius se relajaba a su lado, pero ella no podía hacer lo mismo. Pensaba en lo que había ocurrido antes de la llegada de Charlie. Estaba segura que Sirius iba a besarla antes de que los interrumpieran. Ella misma había sentido el cambio en el ambiente cuando él había besado su cicatriz en el brazo. Podía recordar perfectamente la sensación de sus labios en su piel y el estremecimiento cálido que se había alojado en su vientre. Su cicatriz sólo era una dosis de malos recuerdos en su vida, pero ahora… Ahora Sirius la había hecho protagonista de uno de los momentos más eróticos que había vivido. Nadie nunca jamás había besado su cicatriz y ella estaba deseando que lo hiciera de nuevo.