N/A: He regresado! Me ha encantado escribir este capítulo, así que espero que puedan disfrutarlo tanto como yo. Lamento tardar tanto en actualizar. Hago todo lo que puedo. Reitero mi promesa de no dejar esta historia sin su final. Gracias por seguir leyéndome y espero que estén bien viviendo esta pandemia. Espero sus reviews :)

CAPÍTULO 14:

Amiga mía

Si lo único cierto y lo único claro

Es tu firme, salvaje y bendito amor.

Al olor de tu sangre, al sabor de tu cuello,

Al dolor de tu llanto, al color de tu voz.

Moriría mañana, moriría en éxtasis,

Moriría en el fondo del éxtasis.

Amiga mía,

Yo sé que nunca vamos a dejar

que este amor se nos vaya.

(Amiga mía – Los Prisioneros)


Primero de marzo. El invierno estaba quedando atrás y poco a poco la luz solar alargaba las horas del día. Ron cumplía veintitrés años y La Madriguera reunía una vez a toda la familia para celebrar al menor de los hombres Weasley. Clare había decidido mudarse a Londres después de todo el tiempo que llevaban saliendo a distancia y el apartamento en Notting Hill era lo suficientemente grande y amplio para ambos. Estaba esperando que le habilitaran el traslado de su trabajo desde Dublín a Londres a través del Ministerio de Magia y entonces dejaría definitivamente su piso en la capital irlandesa, así que ese sábado estaban celebrando ambas cosas que alegraban mucho a Ron, pero no era lo único.

Durante la tarde, cuando habían llegado los Lupin, Tonks había anunciado con mucha efusividad que estaba embarazada. Molly había sido la primera en reaccionar y apresurarse en abrazarla y llenar el rostro de la bruja de besos, para luego abrazar fuertemente a Remus, quien correspondió un poco avergonzado. Todo el mundo se acercó a la pareja para felicitarla ante esa nueva noticia tan alegre, incluyendo a Teddy que estiró los brazos hacia Hermione para que lo cargara en sus brazos.

Sirius fue el último que se acercó a ellos y bromeó con Tonks sobre su extraña tendencia a querer alargar la línea sanguínea de la familia Black cuando él solo quería que desapareciera. Ella se rió y le respondió que la mezcla entre los Black y los Lupin le parecía tan buen legado para el mundo mágico que no le molestaría tener unos cuantos bebés más, lo que hizo que Remus la mirara estupefacto y entonces Sirius aprovechó que Ginny y Fleur llegaron donde ellos para hablar con la metamorfomaga y alejó a su amigo de allí.

Ambos se acercaron a una de las ventanas en el salón que tenía un amplio alféizar para sentarse y Sirius le preparó a Remus un vaso de whiskey de fuego como el que él mismo estaba bebiendo.

-Eso fue rápido- comentó pasándole el vaso.

-Dora tiene un mes de embarazo- contestó el hombre lobo dando un largo sorbo.

-¿Entonces cuando me has contado hace dos semanas que ella quería…?

-Sí, ya estaba embarazada, pero no lo sabíamos- lo interrumpió, suspirando. Sirius observó unos segundos a su amigo antes de hablar otra vez.

-¿Pero ya habías cambiado de opinión sobre una nueva paternidad antes de saberlo?

-Sabes que mi problema no estaba relacionado directamente con el querer o no querer más niños- aclaró Remus rascándose un poco la nuca, incómodo.

-Y tú sabes cuál es mi opinión sobre tu problema.

-Si quieres que te lo diga, Padfoot, lo haré- dijo rodando los ojos, dándose por vencido: -Estoy feliz de ser papá de nuevo.

-Me alegro- dijo Sirius sonriendo y haciendo chocar su vaso con el de su amigo para remarcar su punto.- James también se hubiera alegrado por ti.

-Lo sé- suspiró un poco melancólico.

-Lily te hubiera golpeado por haberlo dudado y luego también se habría puesto contenta- bromeó Sirius causando que el otro se riera.- Y como James y Lily han tenido a Harry, tú necesitas tener los hijos que yo no voy a tener.

-Si yo fuera tú, no estaría tan seguro de afirmar algo así- dijo apuntándolo con su dedo.

-¿Por qué lo dices?- inquirió Black y Remus bebió un sorbo de su vaso tranquilamente antes de responder.

-No lo sé, quizás Hermione es esa oportunidad que nunca pensaste que tendrías- sugirió mirándolo tentativamente.

-Eso no va a ocurrir- declaró tajantemente y se bebió lo poco que quedaba en su vaso de un solo trago.

-Claro que sí, su útero se curará y dentro de unos años enton…

-No me refiero a eso, Moony- lo interrumpió haciendo un ademán con la mano.- Quiero decir que ella y yo nunca tendremos una relación como ésa- Remus no pudo evitar bufar.

-Jamás creí que diría esto en mi vida, pero a veces extraño al bastardo engreído que eras de adolescente- afirmó moviendo su vaso en pequeños círculos y causando que sonaran los hielos al chocar.

-Pero me has dicho hace un tiempo que no fuera así.

-Me refiero a tu ego, idiota, no a la manera en que tratabas a las chicas con las que estudiábamos- aclaró Remus, exasperado.- Estás enamorado de ella y…- Sirius abrió los ojos, molesto al ver que no había bajado la voz.

-Si quieres, puedes gritarlo en medio del salón, no hay problema- comentó sarcásticamente el animago.

-Estás enamorado de ella- repitió susurrando- y eres consciente del potencial que hay en lo que tienen. Quizás las cosas podrían salir bien.

-O absolutamente mal.

-¿En qué momento se han invertido los papeles entre tú y yo?- preguntó Lupin, enarcando una ceja.- Te has pasado toda nuestra adolescencia convenciéndome de que me enrolle con brujas en Hogwarts porque debía dejar de autocastigarme por mi "pequeño problema peludo" y ahora soy yo el que intenta convencerte a ti.

-Sabes que las cosas han cambiado bastante desde que éramos adolescentes- suspiró antes alcanzar la botella más cercana y rellenar su vaso.

-¿Crees que Hermione sienta lo mismo por ti?

-¿Lupin, por qué estás interrogándome?- protestó. Odiaba que su amigo lo expusiera abiertamente y no dejara el tema ya.

-Porque soy el único idiota con el que puedes hablar de esto- respondió con calma mientras Sirius subía las piernas al alféizar y apoyaba su espalda en la pared detrás.- ¿Crees que ella sienta lo mismo?

Sirius dirigió su mirada hacia el otro extremo del salón donde estaba la mayoría de personas en ese momento y la vio conversando animadamente con Fleur y Angelina. Teddy seguía en sus brazos y a veces enredaba sus manos pequeñas en su cabello, desordenándolo un poco.

Habían llegado juntos a La Madriguera junto con Harry y Ginny y se había sentido un poco nervioso cuando Molly los había visto cruzar la puerta. A veces estaba seguro que esa bruja tenía un talento especial para ver todo lo que las personas ocultaban y no le hacía ninguna gracia que la matriarca de los Weasley de pronto se enterara de sus intenciones con Hermione. ¡Ah, Molly!, pensó con sarcasmo, ¡Me he acostado con Hermione! ¿Si me arrepiento? Para nada. No, no te preocupes, no es necesario que me mates. Yo voy y regreso al Departamento de Misterios voluntariamente. Pero claramente Molly no sospechaba nada y los había abrazado cariñosamente a todos. Sin embargo, Sirius no podía dejar de percibir que algo había cambiado entre Hermione y él en aquel momento en el sofá de la biblioteca justo antes de que Charlie los interrumpiera. Seguían haciendo las mismas cosas que antes, seguían compartiendo tiempo juntos en casa, seguían debatiendo de los temas que les interesaban, seguían saliendo a dar paseos por Diagon Alley o por el Londres muggle, pero la energía que había entre ellos ya no podía disfrazarse solamente como amistad, aunque lo más probable era que nadie más que ellos mismos lo notara. Pero, así como lo había planteado Remus, Sirius no sabía con exactitud si ella también se había dado cuenta.

-A veces creo que sí, pero otras creo que no- explicó apartando por fin la mirada de la castaña.- No sé si siente lo que yo siento por ella…- hizo una pausa repitiendo en su mente lo que acababa de decir y sacudió la cabeza.- Remus, no me hagas hablar, me doy asco a mí mismo escuchándome decir todas estas cosas.

-Es la edad, querido Padfoot- bromeó riéndose.- A todos nos llega.


Estaba en la cocina terminando de ordenar con su varita los platos que salían limpios del fregadero porque necesitaba un momento a solas y escapar de todo el mundo. Por eso había convencido a Molly de que podía hacerlo sin problemas. Era la excusa perfecta para aislarse con sus pensamientos, aunque no pudiera hacerlo por mucho tiempo.

Había sentido la mirada de Sirius sobre ella en varias oportunidades, pero no se había atrevido a mirar. Hermione se sentía un poco extraña y no quería que Black se preocupara, menos hoy que era un día de celebración. Realmente estaba feliz por Remus y Tonks. Ella sabía que probablemente para su antiguo profesor no era fácil enfrentar este proceso otra vez. Había sido testigo de la fuerte discusión que habían tenido Remus y Harry durante el último año de la Segunda Guerra Mágica y no sabía si ahora había existido un poco de tensión en su matrimonio ante este nuevo bebé. No obstante, ella no podía evitar sentirse un poco herida. ¿Sería su cuerpo alguna vez capaz de albergar una nueva vida? ¿Estaría ella alguna vez en la posición de Tonks y comunicar a toda a su familia que sería madre? Tenía ganas de llorar y sentía un poco de envidia, aunque no tuviera sentido porque no quería estar embarazada ahora. Mas, era imposible no sentirse así cuando sabía con certeza que no podía.

-Encantado de verte trabajar con tanto entusiasmo.

Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no había escuchado la puerta de la cocina abrirse y se sobresaltó al escuchar la voz de Sirius justo detrás de ella. La sorpresa le había hecho perder la concentración y si no hubiera sido por la rápida intervención del animago, la pila de platos que en ese momento levitaba hacia un mueble superior habría terminado en el suelo.

-Perdona, no quise asustarte- dijo él asegurándose que los platos estaban a buen resguardo y guardando su varita.

-No pasa nada.

-¿Cómo estás?

-Bien- respondió automáticamente, esbozando una leve sonrisa.

Vio en los ojos grises escrutadores de Black que la pregunta abarcaba más que el reciente incidente con la vajilla de Molly Weasley. Aún así, no quería entrar en ese terreno aún y mucho menos con él. Creía que si comenzaba a hablar no iba a poder detener las lágrimas y no quería preocupar a todas las demás personas que estaban allí. Dar explicaciones le parecía absolutamente imposible.

-¿Pretendes salir en algún momento de la cocina y volver con nosotros adentro?- la molestó sonriendo.

-Sí, estoy terminando de ordenar aquí…

-Con todas tus habilidades adquiridas durante la guerra, cualquiera diría que estás tardándote a propósito- comentó. Hermione no pudo evitar bufar.

Sirius se rió suavemente y se acercó al rincón de la cocina donde estaba el hielo que no se derretía por efecto de un encantamiento, cogió una botella de cerveza de mantequilla de las que estaban allí y la descorchó con los dientes. Hermione enarcó una ceja ante eso. Él le hizo un gesto para saber si también quería una y ella asintió, suspirando.

-¿Entonces cuánto tiempo más nos vas a privar de tu presencia en el salón?- preguntó mientras le alcanzaba la botella abierta.

-Sirius, sólo quiero estar sola un momento.

-¿Por qué?

-Porque lo necesito.

-¿Qué ha pasado?

Se miraron unos segundos y Hermione se sintió analizada como por una máquina de rayos X, aunque intuía que él sospechaba lo que le sucedía. Bebió un sorbo de cerveza para tener algo que hacer mientras él daba unos pasos hacia ella.

-Si quieres marcharte de aquí, sólo tienes que pedirlo- dijo él después de muchos segundos de silencio.

-No puedo hacerle eso a Ron.

-Esto no se trata de Ron- afirmó con tranquilidad.- Así que si quieres irte en cualquier minuto del día, dímelo.

La castaña lo observó con detenimiento. La idea de volver a casa sabiendo cómo se sentía era muy tentadora, pero también era el cumpleaños de Ron y ella no había estado en el anterior porque estaba en Estados Unidos. Ron también era su ex pareja y uno de sus dos mejores amigos y seguro que lo entendería, pero también creía que debía aprender a lidiar con la situación. Tonks estaba embarazada y lo seguiría estando los próximos meses. Quién sabía si alguna otra bruja de la familia se embarazaba dentro de poco y ella no podría arrancar siempre.

Entonces la puerta de la cocina se abrió por segunda vez y Teddy y su flamante cabello azul aparecieron frente a ellos.

-¡Hola, Teddy!- lo saludó con efusividad Sirius y lo cogió rápidamente en brazos.- ¿Salimos a jugar quidditch? ¡Harry estaba entusiasmado con la idea de jugar todos juntos!

-Sirius, no te ofendas, pero necesito hablar con Mione- dijo calmadamente el pequeño. Hermione se rió ante la cara de fingida ofensa que puso el pelinegro.

-Lo siento, Sirius, soy la favorita- comentó ella poniendo una sonrisa de suficiencia mientras estiraba los brazos para que le pasara a su ahijado.

-¿Mione, de dónde vienen los bebés?

Hermione no se esperaba una pregunta de ese tipo y atinó inmediatamente a mirar a Sirius por ayuda, pero sólo consiguió que él se riera a carcajadas.

-Creo que esa es una pregunta que Sirius podría responderte mejor, Teddy.

-¡Ah, no, Hermione! Teddy te ha preguntado a ti- la atajó él, alejándose poco a poco mientras la miraba divertidamente.- Después de todo, como acabas de decir, eres la favorita, ¿no?

-¡Black, no! ¡Vuelve aquí!- gritó Hermione, pero el animago ya estaba en la puerta y salió de la cocina sin dejar de reírse.

Mierda, pensó mientras intentaba mentalizarse para esta conversación sin que la idea de matar a Sirius cruzara su mente a cada segundo.


Tenía catorce años cuando se hizo consciente del efecto que causaba en las chicas que estudiaban con él en el castillo. Toda la vida había escuchado a su familia hablar sobre la importancia de elegir a una bruja de sangre pura con la cual comprometerse, casarse y engendrar a la nueva generación de la familia. Siendo el primogénito, todas las esperanzas estaban puestas en él porque sus primas al ser mujeres, heredarían el apellido de sus maridos, así que él aprendió desde pequeño su propia importancia: él no era sólo Sirius, siempre sería Sirius Black.

Y aunque desde muy temprana edad se había sentido distanciado de los ideales, principios y valores de la familia Black y la idea del matrimonio le parecía simplemente un deber que cumplir, todo cambió cuando se dio cuenta de las miradas que recibía de distintas y muchas brujas de todas las casas de Hogwarts. Entonces supo que no quería y definitivamente no iba a cumplir jamás con lo que sus padres esperaban de él. Ya era muy atacado por haber sido seleccionado en Gryffindor en vez de Slytherin y por relacionarse con James Potter (a quien toleraban sólo por ser un mago sangre pura descendiente de los Sagrados Veintiocho, pero de una familia que no respetaba los códigos relacionales ni de conducta social de la comunidad mágica por ser amables con squibs, muggles y mestizos). Mucho más cuando supieron de su amistad con Remus Lupin, un hombre lobo. Pero cuando la reputación que poco a poco fue creciendo sobre él y su vida sexual alcanzó los oídos de su familia, todo se terminó de quebrar.

La primera bruja con la que se había acostado en la vida había sido una estudiante de Ravenclaw de sexto año que iba un curso por delante de él. Había estado nervioso, pero ella en ningún minuto le hizo sentir que debía cumplir expectativas. Repitieron la experiencia un par de veces más durante ese mismo año y juntos aprendieron bastantes cosas que, al menos para él, habían sido clave para que en su propio sexto año en Hogwarts las brujas hablaran sobre las aclamadas habilidades sexuales de Sirius Black.

James siempre había bromeado con él sobre sus talentos. Él tenía las victorias en el quidditch y Sirius sumaba victorias con las brujas con las que se liaba. Y cuando había comprado ese apartamento con el dinero que le había dejado su tío Alphard luego de ser desterrado de su familia y desheredado, comenzó a salir también con chicas muggle. Lily muchas veces no solía aprobar su conducta, pero cuando comenzó a salir con Potter y tuvo la oportunidad de conocerlo más a fondo, cambió poco a poco su opinión de él.

-Algún día vas a conocer a alguien que te altere toda la vida, Padfoot- solía decirle la pelirroja.

-No estoy interesado en ese tipo de relaciones, Evans- solía responder él después de reírse y suspirar por milésima vez.

-Eso es lo que dices ahora- terminaba diciendo y sonriendo para sí misma.- Verás cómo el tiempo me da la razón.

No pudo evitar reírse sutilmente y mover la cabeza de lado a lado al recordar las palabras de su amiga. Estaba sentado en una de las sillas afuera tomando el fresco de la noche mientras fumaba un cigarrillo. Las luces de la casa de los Weasley iluminaban tenuemente el lugar en el que él estaba y el viento era frío, pero no gélido como solía ser un par de semanas atrás. Nada que su chaqueta de cuero favorita no pudiera solucionar.

Habían jugado quidditch durante la tarde y le habían pedido a Ginny que intentara controlar su profesionalismo porque si no, nadie podría jugar de verdad. Al comienzo había sido muy simple seguir esa norma, pero finalmente la pelirroja terminó robándose las ovaciones de toda la familia.

En tierra se habían quedado Molly y Arthur, Fleur, Victoire, Teddy, Tonks y Hermione. Mientras estaba en el aire, Sirius no había podido evitar mirar hacia el grupo de personas que se había quedado en suelo firme para ver si la castaña estaba mirándolo, pero cada vez que lo hacía, ella estaba sumida en una conversación con la pelirrosada. Se había sentido un imbécil intentando llamar su atención como si fuera un adolescente buscando la aprobación de la chica que le gustaba. Y de pronto se sintió mal por todas las veces que se había burlado de James por hacer exactamente lo mismo, observando hacia las graderías en el campo de quidditch de Hogwarts mientras buscaba la mirada de Lily Evans porque realmente no podía controlarlo.

Y ahora que Hermione estaba a bastantes metros de él con Harry y Ron sentados sobre el tronco caído de un árbol, él no podía evitar observarla desde su silla mientras fumaba. Ella se notaba feliz y relajada y eso lo hacía feliz a él. Suspiró. Estaba completamente perdido.

-¿Te importaría darme un cigarrillo?

Sirius se giró y vio a Clare de pie, detrás suyo.

-¿Tú fumas?- preguntó con cierta incredulidad en la voz.

-¿Es extraño que lo haga?- preguntó sentándose a su lado. Sirius se encogió de hombros.

-Nadie en esta familia lo hace.

-¿Y tú no eres de la familia entonces?- respondió Clare riéndose. Sirius se rió también y le alcanzó la cajetilla para que ella misma cogiera uno.- Sólo fumo a veces.

-¿Por qué no estás con Ron allá?- quiso saber con profunda curiosidad mientras ella encendía el cigarrillo con un hechizo simple. Ahora fue su turno de encogerse de hombros.

-Me parece bien que comparta a solas con sus amigos también.

-Claro que sí.

-¿Qué haces aquí solo?

-Necesitaba espacio.

-¿Te molesto yo aquí?- dijo la irlandesa, haciendo el ademán de ponerse de pie.

-No, es sólo que a veces me agobia estar con todos- hizo una pausa que pretendía ser el fin de la oración, pero Clare estaba escuchándolo y visiblemente esperaba una respuesta.- Por muchos años no estaba en el cuadro y ahora he tenido que entrar en él como si no hubiera pasado seis años… no sé exactamente dónde… y es… extraño, quiero decir, cuesta acostumbrarse a esta vida así.

-Entonces estás en una posición un poco parecida a la mía- declaró fumando.

-¿Cómo es eso?- se giró hacia ella enarcando una ceja.

-Yo no conocía a ninguno de ustedes hasta hace unos meses y me han hecho sentir muy bienvenida a esta especie de clan, pero no soy parte de él desde el comienzo y hay muchas cosas que no sé y a veces, es imposible que no me sienta un poco fuera de lugar, así que busco espacios como éste para estar sola un rato.

A Sirius le gustó la naturalidad con la que habló y sintió una renovada simpatía hacia la rubia. Lo que ella había dicho era cierto. Ambos se encontraban en situaciones similares y aún así él tenía mucha ventaja porque los conocía a todos desde antes de morir.

-Bienvenida al club- dijo él sonriéndole con complicidad. Ella se lo agradeció entre risas.

-La verdad es que nunca había hablado contigo antes, pero me alegra verte vivo.

-Pero no me conocías de antes.

-No, claro que no.

-Y era un imbécil muchas veces.

-Sólo sabía de ti lo que se dijo muchos años sobre que eras un asesino- lo ignoró- y el riesgo que suponías para la comunidad mágica y muggle habiéndote fugado de Azkaban, pero Ron me ha contado bastante de ti como para poder afirmar que es bueno que estés por aquí otra vez.

-Me imagino qué cosas te habrá contado Ron- comentó pensando en todo lo que Remus les había dicho creyendo que estaba muerto para siempre. Su parte más inmadura e infantil aún sentía rencor porque su amigo hubiera roto el pacto de merodeadores que tenían.

-Nada malo, tu nombre sigue siendo intachable si eso te preocupaba- bromeó. Sirius se rió y la miró.

-Creo que eres una buena bruja para Ron.

-¿Lo crees de verdad?- preguntó y fue imposible notar cierta inseguridad en su voz.

-¿Tú lo dudas?- preguntó acomodándose en la silla para poder observarla con atención.

-No lo sé- Clare suspiró profundamente.- A veces pienso que todo el mundo quería que Hermione y Ron estuvieran juntos para siempre.

-Bueno, al parecer eso era lo normal hace unos años…

-Quiero decir, ya sé que ellos no están juntos y que realmente son amigos, pero algunas veces Molly…

-¿Molly te hace sentir como que Hermione será su favorita por siempre?- completó Sirius y la irlandesa lo miró sin negarlo.- Clare, creo que estás entendiéndolo mal.

-¿Por qué dices eso?

-Porque Molly quiere a Hermione como a una hija y en eso que tú percibes, Ron no tiene nada que ver- le aseguró él.

-¿Estás seguro?

-Completamente- afirmó y volvió a dirigir su mirada hacia el grupo de amigos que continuaba en el mismo lugar.- Hermione es una bruja que no conocía el mundo mágico hasta que recibió su carta de Hogwarts, como Harry, y Molly los adoptó a los dos.

-Tiene sentido si lo planteas así…

-Nadie piensa que tú no seas suficientemente buena para Ron, incluyendo a Molly.

-Gracias, Sirius- dijo ella mientras se agachaba y apagaba lo que quedaba de su cigarrillo en el pasto.- Ha sido muy fácil para mí asumir que…

-No te preocupes, es algo completamente entendible si lo miras desde fuera- la interrumpió Sirius intentando ser empático, aunque no le costaba mucho. ¿Cuántas veces no se había preguntado él mismo si era suficiente para Hermione?- Esta familia es muy especial, como te habrás dado cuenta.

-¡Por supuesto! El Elegido, héroes de guerra, un hombre lobo, un ex convicto, una bruja con el veinticinco por ciento de sangre de Veela…- se rió y Black se unió a ella.- ¿Puedo hacerte una pregunta?

-Sí, ¿alguna otra?- bromeó. Clare se rió levemente.

-¿Eres un padrino muy preocupado por su ahijado y por eso es que no dejas de mirar hacia el lugar donde están Harry, Ron y Hermione o es que hay alguien más de ese grupo por quien tienes particular interés?

El animago giró su cabeza inmediatamente para mirar a Clare. Supo que ella estaba hablando en serio y gruñó pasándose una mano por el cabello un poco descolocado. Lo último que necesitaba es que la gente comenzara a darse cuenta de lo que él sentía y entonces Hermione se enterara. Y, por si fuera poco, estaba harto de tener conversaciones difíciles con las personas en los momentos en que no tenía alcohol a mano. Era casi un complot en su contra.

-¿De verdad se me nota tanto?- inquirió quejándose. Encendió otro cigarrillo, lo único que podía hacer en ese momento.

-No, pero Ron ha hecho algunos comentarios en casa y creo que lo intuye.

Sirius decidió guardar silencio. No quería decir nada sobre el tema. La única persona con la que hablaba de esto era con Remus y no tenía intención de ampliar su departamento de comunicación.

-Deberías decírselo- continuó ella.

-¿Por qué?

-Quizás ella también te quiera a ti.

-Eso es muy optimista de tu parte.

Ambos vieron que Ron, Hermione y Harry se acercaban a ellos, así que se callaron abruptamente unos segundos antes que los alcanzaran. Sirius intentó controlar un poco la ansiedad que le causaba hablar de estas cosas cuando Hermione estaba cerca. Necesitaba volver a mostrarse casual y divertido para ocultar sus emociones de la conversación anterior.

-Supongo que no estarás intentando ligar con Clare- bromeó Ron al llegar a ellos.

-No estoy interesado- respondió Sirius, riendo. Miró a la rubia y agregó guiñándole un ojo:- Nada personal.

-Ni siquiera lo he pensado- dijo rápidamente ella, sonriendo.

-Nosotros vamos a entrar a la casa otra vez- comentó Harry con las manos en los bolsillos de su chaqueta, esa que Hermione le había regalado por ser igual a la que él había usado en la Batalla de Hogwarts. Sirius se odiaba por no poder obviar esos detalles. ¿Es que acaso todo le iba a recordar a ella ahora?- Ya hace bastante frío otra vez.

-Voy con ustedes- dijo Clare poniéndose de pie y tomando la mano que Ron le ofrecía.

-Vamos todos- dijo Black imitando a la otra.

Al parecer, Harry tenía mucha prisa por entrar a la casa porque se adelantó rápidamente, al igual que Ron y Clare que iban tonteando entre ellos. Hermione, sin embargo, comenzó a caminar junto a Sirius y copiando su ritmo. Fue inevitable que una sensación agradable en el estómago del pelinegro se asentara al asumir que ella quería compartir ese corto paseo con él. Se sentía feliz, pero idiota al mismo tiempo. Mas, la conversación con Clare le había otorgado un leve impulso para probar algunas cosas.

-Realmente hace frío- comentó Sirius mientras caminaban y pasó un brazo por la mitad de la espalda de Hermione para acercarla a él y ella se dejó abrazar, apretándose contra su cuerpo. Llevaba el abrigo gris con el que la había visto por primera vez en el aeropuerto de Heathrow y, por alguna razón, recordaba muy bien ese día.

-¿Qué tal con Clare?- preguntó ella.

-Muy bien, hemos hablado un poco de cómo se siente ella empezando a ser parte de la familia.

-Oh, ¿y está bien con eso?

-Dentro de todo sí, lo demás ya se le irá pasando con el tiempo.

-¿He hecho algo yo para que ella se sienta incómoda?- inquirió Hermione girando la cabeza para mirar a Sirius. Él no pudo evitar reírse por su cara de evidente preocupación.

-¿Qué podrías hacer tú para hacer sentir incómodo a alguien?- preguntó con incredulidad.

-No lo sé…

-Tranquila, no has hecho nada- la reaseguró apretando también su agarre en ella. De pronto, tuvo una idea cuando estaban ya afuera de la puerta.- Nunca te he preguntado, ¿qué es tu olor a lavanda?

-¿A lavanda?- repitió la castaña deteniéndose y alejándose un paso hacia atrás para poder mirarlo bien.- ¿Te refieres a mi shampoo?

-Conque entonces es tu shampoo- dijo él sonriendo genuinamente.

-Sí, ¿por qué importa tanto?- preguntó Granger riéndose.

-Me gusta mucho- Hermione se quedó mirándolo y su sonrisa no flaqueó en ningún segundo, así que Sirius decidió presionar.- Tu olor a lavanda es una de las cosas por las que siempre paso tiempo en la biblioteca de casa.

-¿La biblioteca huele…a mí?

-Lo suficiente.

-¿Y eso te gusta?

-Sí.

Hermione le sostuvo la mirada y Sirius se dio cuenta que, aunque quisiera, no iba a apartar sus ojos de los de ella. El silencio se alargaba segundo tras segundo como una delicada y sutil tortura y él no sabía si decir algo o moverse. La castaña se mordió un poco el labio y eso disparó todo el deseo que sentía por ella. La quería posesivamente. En cuerpo y alma. De repente, Hermione hizo el ademán de moverse hacia la puerta y entrar a la casa, pero algo hizo que se arrepintiera en el último momento.

-A mí también me gusta cómo hueles tú- declaró volteándose para quedar frente a él, quien no podía hacer más que escuchar cada sonido de su voz.- Una mezcla de cuero, tabaco y ligeramente whiskey de fuego.

-Eso suena como a un borracho crónico- dijo sonriendo sutilmente. Hermione se rió con suavidad.

-Todo lo contrario- negó con firmeza.- Es… adictivo.

Nunca pensó que Hermione Granger utilizaría un adjetivo como ése para describir algo relacionado con él y no pudo evitarlo, pero su ego se sintió completamente reconfortado ante su curiosa palabra. Mucho más porque, como si no fuera poco, no se le escapó que ella no dejaba de bajar su mirada hacia su boca bastante seguido. El perro que habitaba en su interior ahora estaba actuando por cuenta propia y todo en su ser le gritaba que se moviera y la besara como si Hermione fuera esa presa en el bosque que se siente observada entre los arbustos, pero que secretamente espera ser cazada.

-Estás sonrojada- dijo dando un paso hacia adelante para acortar la distancia entre ellos. Ella no retrocedió.- ¿Es por culpa del alcohol o es que estás nerviosa?

-No juegues conmigo- dijo rápidamente y él pudo notar la vulnerabilidad en la manera que tembló levemente su voz.

-No estoy jugando.

-No soy una de las brujas con las que solías liarte, Sirius- espetó ella, un tanto en broma y un tanto en serio y él quiso decirle que era completamente lo opuesto a lo que había pensado de esas brujas, pero no lo podía decir sin dejarse en total evidencia.

-Estoy al tanto de eso- respondió con seguridad.

-Y no lo voy a ser.

-Lo tengo claro.

-¿Sabes? Siempre pensé que eras un mago del tipo "todo me importa una mierda".

-Es que todo me importa una mierda- la interrumpió riéndose, pero sin dejar de mirarla.

-No, eso no es verdad- lo contradijo un poco más seria. Esta vez fue Granger la que dio un paso al frente.- Todo te importa y demasiado- hizo una pausa en la que se dio cuenta que lo miraba fijamente a los ojos.

Sirius comenzó a sentirse como un pergamino abierto ante ella. Escaneado, pensó. Así decían los muggles.

-Me has dicho que yo te importaba.

-¿Cuándo?

-Aquella vez que discutimos y te has ido a fumar afuera mientras llovía.

A estas alturas, Sirius ya debería estar acostumbrado a la manera en que funcionaba la mente de Hermione. Por supuesto que era cierto lo que acababa de decir, las imágenes de ese recuerdo cruzaron sus pensamientos apenas ella lo evocó. Y ella jamás olvidaría una sola palabra de lo que él dijera si eso tenía un significado importante. Ese mismo tipo de razonamiento le había servido a ella y sus amigos para derrotar a Lord Voldemort. Y ahora estaba a punto de derrotarlo a él. El tono de voz con el cual Hermione había hablado removió a Sirius del lugar de seguridad que había intentado mostrar hasta hacía unos instantes. Fácilmente y casi sin darse cuenta, había pasado de ser cazador a ser cazado.

-Es verdad- hizo una pausa mientras la miraba, tragando saliva.- Me importas mucho.

No era capaz de comprender cómo habían logrado mantener esta conversación. Todo siempre había estado ahí, latentemente visible entre ellos, al menos para él, pero ninguno de los dos se había atrevido a decir nada. Y definitivamente no estaba preparado para que, de pronto, Hermione controlara lo que se iba a decir en ella. Necesitaba escapar de la respuesta que sabía que ella quería porque él no se la iba a dar. No cuando él mismo no estaba listo para admitirle la verdad.

-¿Por qué?- preguntó la bruja, demandante.

-Porque eres tú- dio otro paso hacia ella.

-Sabes que no es eso lo que estoy preguntando- habló con la voz segura y él podía imaginársela perfectamente cruzada de brazos mientras le hablaba.

-Y tú deberías usar tu capacidad analítica para leer entre líneas- avanzó un paso más. Veía definidamente todas sus pestañas. Estaba tan cerca.

-No quiero pensar- declaró Hermione.

-Y yo tampoco- resolvió rápidamente y atrapó su boca con la suya.

Si tuviera que ser sincero, todos los escenarios en que se había imaginado ese beso transcurrían en su cama o en la de ella porque con la cantidad de veces que dormían juntos, creyó que era lo más factible. En algunas fantasías era Hermione quien lo besaba a él, siempre impulsiva; en otras, era él quien la besaba después de descolocarla con algún comentario sobre la placentera tortura que significaba para él sentir su cuerpo tibio junto al suyo y los casuales roces de su piel contra la suya. En absolutamente todas terminaban follando. Daba igual cómo. Nunca quedaba muy claro en su mente el camino que conducía del beso a follar, pero sí estaban muy nítidas las imágenes de ella aplastada levemente bajo su cuerpo o ella sentada a horcajadas sobre él o ella arrodillada sobre el colchón… Jamás había pensado que eso ocurriría en La Madriguera.

Pero en ese momento, Sirius no pensaba en nada más que en la humedad cálida que le transmitía su boca, la carnosidad de sus labios rozando los suyos jugando con la presión que ejercían, los roces delicados de su lengua. Era un beso que había comenzado tan intenso, pero que poco a poco había ido apaciguándose, como si hubieran encontrado una velocidad que a ambos les acomodara. Estaba tan inmerso en ella que no recordaba el momento en que había rodeado su cintura con sus manos y subía por su espalda. No era la primera vez que la besaba, estaba claro, pero era la primera vez que la besaba por decisión, consciente de lo que quería. No como aquella vez en su cama hacía un par de meses donde todo había sido impulsivo, no anhelado. Las manos de Hermione estaban firmes rodeando su nuca y se enredaban en su pelo, causándole escalofríos por la espalda que al mismo tiempo se sentían como fuegos artificiales. Fuegos artificiales de los que podría volverse adicto fácilmente, pero que al mismo tiempo asustaban al perro que habitaba en su alma. Sin embargo, el miedo retrocedió. Hermione se sentía como algo correcto. Como volver a casa.


Ginny adoraba las instancias familiares donde podía ver a todos sus hermanos. De alguna manera que no comprendía bien, había logrado equilibrar sus entrenamientos con su relación con Harry y seguir viendo a sus amigos. Tenían las cenas en Grimmauld Place con los cuatro habitantes de casa. Siempre intentaba quedar con Luna y sus cuñadas. Con Hermione solían conversar horas en casa bebiendo vino y aún seguían quedando con Tonks un sábado al mes a ver películas entre las tres.

Le agradaba estar en casa con su familia y ver a todo el mundo y saber que no era como sucedía con otras personas que solían reunirse después de mucho tiempo, sin conocer mucho de sus vidas. En La Madriguera las reuniones no eran para actualizarse de las noticias, si no que su fin estaba en reencontrarse todos juntos, comer y beber a destajo, divertirse, jugar, bailar algunas veces y jugarles bromas a sus hermanos.

Por eso se extrañó cuando observó el salón mientras conversaba y reía con Angelina, Fleur, los gemelos y Bill y no divisó a Hermione. Su entrecejo se frunció levemente y se puso de pie con la excusa de ir a buscar más cerveza de mantequilla. Un poco más allá se encontró con su padre, su madre y Tonks conversando. Recorrió todo buscando a su amiga hasta que tropezó con Harry de frente saliendo de la cocina, quien le sonrió y la atrapó con un beso.

-¿Dónde vas?- preguntó él riendo y sujetándola por la cintura. Ginny amaba la versión ebria de Harry.

-¿Dónde vas tú?- respondió sonriendo.

-A la habitación de Ron- explicó alegremente.- Estamos allí con Clare, ¿quieres venir?

-Ahora subo, estoy buscando a Hermione.

-¡Oh, sí! Está afuera hablando con Sirius- dijo con naturalidad. Ginny sintió su alarma interior despertar.

-Vale, voy a ir a por ella y nos vemos arriba.

-Está bien, voy a buscar más cervezas entonces- anunció el ojiverde besándola rápidamente y regresando a la cocina.

La pelirroja esperó que Harry desapareciera de su vista para ir a la puerta de entrada. Esperaba simplemente no interrumpir una conversación importante. Le daba un poco lo mismo porque ella estaba segura que entre ellos había demasiados sentimientos como para verse sorprendida, pero nada la habría preparado para la imagen que se encontró al abrir la puerta: Sirius tenía a Hermione pegada a su cuerpo, sosteniéndola con sus manos por su espalda, y ella inclinada completamente hacia él, sujetando su cabeza por la nuca, con sus dedos enredados en el ondulado y largo cabello negro, mientras se besaban intensamente. Pensó en cerrar la puerta e irse, pero eso sinceramente no sería propio de ella.

-Arriba hay un par de habitaciones libres por si necesitan una- dijo casualmente.

Fue Hermione la que soltó a Sirius como si, de pronto, le hubieran lanzado un balde de agua fría y se volteó a mirarla con los ojos muy abiertos. Ginny sólo sonrió levantando las cejas y no dijo nada. Sirius suspiró y la miró riéndose un poco mientras se pasaba una mano por el pelo, sintiéndose evidentemente descubierto, pero mucho más relajado que Hermione. Decidió hablar.

-Está bien, lo siento, yo no he visto nada, pueden seguir- dijo suspirando y haciendo el ademán de cerrar la puerta, pero entonces Harry apareció detrás de ella.

-¡Hermione!- saludó alegremente, pero su semblante cambió drásticamente al ver a su amiga prácticamente en shock.- ¿Oye, estás bien?

-Sí, no pasa nada- dijo Hermione rápidamente mientras Ginny intentaba buscar una salida para todos.

-No lo parece- respondió Potter, preocupado.- ¿Sirius?

-Tranquilo, le he hecho unas preguntas a Hermione…sobre la guerra- improvisó mirándola mientras la castaña asentía tranquilamente- y se ha quedado un poco sorprendida por algunas cosas que yo no sabía- terminó recuperando una conversación real que hace un tiempo había mantenido con la bruja.

-¡Y yo le he dicho que esta noche no era para que hablemos de la guerra, si no para divertirnos!- agregó quizás demasiado entusiasta la jugadora de quidditch.- Hermione, ven con nosotros a la habitación con Ron.

-Sí, vayan- interrumpió Sirius, riendo y guiñándole un ojo a Ginny. Ella no pudo descifrar si ese gesto era actuado o real, pero aún así le sonrió.- Yo debo buscar a Remus, de todos modos.

Sirius entró por la puerta y Harry y Ginny se hicieron a un costado para dejarlo pasar. El animago le dio unas palmaditas en el hombro a su ahijado y se alejó. La Weasley podía notar a su amiga aún nerviosa, así que le quitó una de las botellas de cerveza a su novio, la abrió y se la acercó. Hermione inmediatamente le dio un largo sorbo.

-Bueno, ¿subimos?- propuso él sonriendo y levantó sus manos con una caja de botellines en cada una.- Ron y Clare llevan bastante tiempo esperándonos.

-Harry, seguro que están follando, no nos echan de menos- propuso la pelirroja.

-¡Ginny!- la reprochó Hermione.

-No te preocupes, hablaba exactamente así de ti cuando estabas con Ron- rió Harry mientras se dirigía a las escaleras.

Las chicas decidieron dejarlo ir solo primero mientras Hermione entraba a la casa y cerraba la puerta detrás de sí. Ginny necesitaba hablar.

-¡¿Cuándo ibas a decirme?!- la increpó fingiendo enfado, pero su sonrisa era completamente maliciosa.

-Esto acaba de pasar.

-¿Qué quieres decir con…?- comenzó a preguntar hasta que la realización la golpeó.- ¡Merlín! ¡Hermione, lo siento por interrumpir!

-Ya está hecho- respondió ella suspirando.

-Siempre supe que él te gustaba.

-Ginny- advirtió.

-¿Estás bien?

-Sí, es sólo que… no sé, no entiendo nada- dijo un poco agobiada.

-A Sirius le gustas, lo sabes, ¿no?- intentó reasegurarla, buscando su mirada al hablar.

-Creo.

-Tonterías, Hermione, si hubieras visto lo que yo vi, estarías convencida- dijo quitándole la botella y dándole un sorbo.

-¿Qué quieres decir?

-Ese mago está anhelando que le des una respuesta.

-¡Él no ha querido dármela a mí!- exclamó irritada.- ¡Se lo he preguntado y me ha dicho que debería usar mi capacidad analítica para leer entre líneas!- terminó ofuscada y bufando.

-Y tiene razón.

-¡Ginny!

-¿Sabes? Para ser la bruja que todo resuelve con libros y analizando información, a veces se te escapan grandes señales- sugirió la ojiazul, riéndose descaradamente.

-No me estás ayudando.

-Como quieras- dijo mirándola con diversión y ordenándole algunos mechones de pelo a su amiga.- Ahora ya no te ves como si hubieras estado besándote con el padrino de mi novio- la molestó mientras la cogía de la mano y Hermione la miraba boquiabierta, sonrojada.- Vamos con los chicos.


Había subido directamente a la primera planta cuando Tonks le había dicho que Remus estaba allí. Necesitaba hablar con su amigo de lo que acababa de pasar con Hermione y esperaba que nadie más le hablara hasta ese momento porque su cerebro estaba bloqueado. Ni siquiera sabía cómo había logrado actuar completamente desenvuelto frente a Harry. Sacudió su cabeza. No iba a lidiar con esa parte del problema ahora.

Abrió la primera puerta que encontró en el corredor y encontró a Remus dentro.

-¿Sabes? En algunos países se considera educación tocar antes de entrar a una habitación- comentó Remus sin levantar la vista.

-Esto es una emergencia- dijo Sirius sacando su varita y realizando un encantamiento silenciador para mantener la privacidad. Remus suspiró, abatido.

-¿Qué te pasa?

-¿Qué estás haciendo?- preguntó el pelinegro al ver a su amigo usando su varita para que prendas de ropa se doblaran y entraran en una caja sobre la cama.

-Molly nos ha dado algunas cosas que tiene de Victoire cuando era una bebé- respondió sin mirar al animago aún.

-Creo que Hermione y yo vamos a terminar follando esta noche- declaró abruptamente.

-¡Merlín, Black! ¡No me interesa saber tanto!- gritó el otro mirándolo por primera vez.

-Lo siento, pero…

-No lo sientes.

-Es verdad, no lo siento.

Ambos se miraron y Sirius se empezó a reír mientras Remus intentaba disimular una sonrisa. Ahora que lo había dicho en voz alta, la realidad lo había golpeado con toda su verdad. Había besado a Hermione y ella le había correspondido y, probablemente, si todo salía bien, esta noche terminarían en su habitación de Grimmauld Place porque en La Madriguera no ocurriría jamás. Su territorio, sus reglas.

-¿Qué te lleva a afirmar eso tan fácilmente?

-Nos hemos besado afuera de la casa- explicó y comenzó a pasearse por la habitación.- Le he dicho que me gustaba su olor a lavanda y ella me ha dicho que le gustaba mi olor a cuero, tabaco y whiskey de fuego, ¿sabías tú que huelo a eso?- inquirió enarcando una ceja.

-Sí, llevas oliendo así desde que salimos de Hogwarts- le contó Lupin y se sentó en la cama para mirarlo mejor.- Claramente cuando te he visto hace unos años al salir de Azkaban no olías a nada de eso, pero créeme que lo has recuperado.

-Me ha dicho que era adictivo- agregó Black sonriendo abiertamente. No iba a simular que se sentía culpable porque estaba eufórico.

-Si llegas a acostarte con ella, por favor, no me lo digas.

-Está bien.

Se miraron unos segundos y entonces Remus suspiró, derrotado.

-Igual lo voy a saber- dijo gruñendo casi como si le doliera.- Tu sonrisa de perro engreído no te la quitará nadie.

-Ya me conoces- respondió el ojigris encogiéndose de hombros y sonriendo arrogantemente.

-Lamento haberle contado a los chicos sobre tu pasado en el castillo.

-¿Por qué dices eso?- preguntó Sirius, enarcando una ceja.

-Porque Hermione sabe de tus líos de faldas cuando eras adolescente.

-¿Debería sentirme ofendido u orgulloso de que lo sepa?

-Honestamente, no creo que sea un problema para ella.

-Orgulloso- declaró, fingiendo que se lo tomaba muy en serio.

-Han pasado veinte años, Padfoot, da exactamente lo mismo.

-He decidido que me seguiré sintiendo orgulloso- reafirmó con liviandad.- Además, Moony, ella se habrá acostado con Ron Weasley…

-No sabemos si se habrá acostado con más hombres- lo interrumpió.

-…pero nunca se ha acostado con Sirius Black- terminó levantando las cejas. Remus bufó y enarcó una ceja.

-Técnicamente, ella ya se ha acostado contigo, ¿recuerdas?

-No de la manera en que quiero que suceda.

-Bueno, si al menos eso te va a sacar de este estado tan lamentable en el que llevas semanas…

-¡¿Qué estado?!- replicó frunciendo el ceño.

-No sé lidiar con el Sirius Black que duda de sí mismo- continuó presionando Remus, burlándose.

-¡Oh, pues perdóname, Lupin!- lo cortó y comenzó a fingir máxima desolación con el dorso de su mano sobre su frente.- "¡Oh, qué será de mi vida como hombre lobo! ¡No merezco vivir! ¡Nunca tendré una vida normal!"

Remus se rió mientras rodaba los ojos a la vez que Sirius, apoyado contra la pared, no podía dejar de reírse sin saber si era por la situación o por lo feliz que lo hacía una Gryffindor particular que estaba en ese momento en alguna otra parte de la casa.


Era pasada la medianoche, pero nadie tenía intenciones de marcharse. Teddy y Victoire dormían en una de las habitaciones de las plantas superiores. Estaban todos reunidos en el salón aprovechando el calor de la chimenea, bebiendo un poco más de vino. Sirius había decidido beber un último de vaso de whiskey de fuego sentado cerca de una ventana mientras Harry caminaba por el centro imitando a un hipogrifo con Ginny montada en su espalda, dándole indicaciones de hacia dónde ir. Le hubiera gustado que James y Lily vivieran este tipo de momentos, pero al menos Remus y él estaban para contemplarlos.

Hermione estaba sentada en una butaca sola junto a la chimenea con una copa de vino en la mano. Él había considerado acercarse a ella, pero prefirió darle su espacio porque seguro que necesitaba pensar en lo que había pasado. La euforia seguía en su cuerpo y no quería presionarla.

-Mamá, si no hubieras tenido a Ginny, esta noche sería de lo más normal- señaló Fred fingiendo desaprobación.- Pero en cambio tenemos que lidiar con la humillación pública de Harry Potter por culpa de ella.

-¿Cuándo me van a dar nietos?- pregunta Molly mirando a su hija y a Harry intercaladamente.

-Pues no pronto, mamá- respondió Ginny tranquilamente, sentándose en el suelo cerca de Bill y Fleur.- Tendría que estar loca para embarazarme en pleno auge de mi carrera, dame algunos años.

-¿Ah sí?- preguntó Harry imitándola, divertido.

-Sí, Potter, no sucederá pronto- declaró riéndose, pero muy en serio. Luego agregó mirando a los demás:- Y no esperen que tenga muchos hijos como mamá, con dos es suficiente.

-¿Por qué no tres?- tanteó su novio y ella lo miró descolocada. Hizo una pausa antes de rectificarse.

-Con tres estará bien.

-Tienes que estar segura de eso, Ginny, porque serían nietos de James- le advirtió Remus, riéndose.

-No es cualquier cosa descender de un merodeador- añadió Sirius sonriendo con suficiencia.

-¡Pero yo soy hijo de un merodeador y no soy exactamente como ustedes!- reclamó Harry.

-Eso es porque desde primer año en Hogwarts intentaban matarte, así que no has tenido el tiempo- explicó Ron, riéndose.

-Adorable comentario, Ronald- respondió Ginny, sarcásticamente.

-Con Bill hemos pensado que queremos tener más niños- habló Fleur después que todos dejaran de reírse de lo anterior.

-Sí, queremos tener dos más- confirmó Bill entrelazando su mano con la de su esposa. Molly casi explotó en llanto de la emoción.

-Eso nos haría muy felices a todos- comentó Arthur sonriendo a su hijo mayor.

-George y yo aún no hemos pensado en eso, Molly- declaró Angelina, encogiéndose de hombros.

-Imagina, mamá, tener niños como yo- explicó George, bromeando.- ¡Tendría que estar loco!

-¡Pero George!– exclamó Molly, incrédula.

-Mamá, Charlie está criando a tus nietos en Rumania- dijo Fred, riéndose.- Tienen escamas y lanzan fuego, pero son dignos de la familia, más que los hijos de George, al menos.

Todos rieron, pero Molly no tenía intenciones de desechar el tema.

-No voy a preguntarles a ti y Clare, Ronald, porque no quiero presionar a mi nueva nuera, pero ¿y tú, Hermione?

Al parecer Hermione no había estado escuchando la conversación porque los miró a todos intentando comprender por qué todo el mundo la miraba a ella. Sirius se puso en alerta inmediatamente y su instinto animal le comunicó que Remus, al otro extremo del salón, también se había enderezado en su asiento.

-¿Qué pasa conmigo?- inquirió ella, claramente perdida en la conversación.

-¿Quieres tener hijos algún día, cariño?- preguntó la matriarca de los Weasley.

Sirius percibió el cambio en su respiración, aún a pesar de la distancia que había entre ellos. Se dedicó a observarla, analizando su lenguaje corporal, preparado para rescatarla.

-Sí quiero, Molly- reveló Hermione sentada en la butaca con la espalda mucho más derecha de lo habitual.- Pero creo que aún soy muy joven y aún estoy muy enfocada en mi trabajo, sin mencionar que tengo que encontrar al hombre ideal para eso.

-¡Por supuesto!- saltó Tonks sonriendo. Sirius sintió una leve mirada de su parte hacia él.

-¿Y cuántos niños te gustaría tener?- interrogó Molly nuevamente, a lo que Hermione se rió incómodamente y supo que debía intervenir.

-¡Por Merlín, Molly! ¡¿No te basta con los nietos que te darán tus propios hijos?!- preguntó Black, exasperado.

-¡Sirius, sólo estoy preguntando!- replicó ella y el animago bufó.

-Me parece muy aburrido preguntar cuántos hijos tendrán todos- comentó riéndose.- A mí solían decirme que algún día en mis veinte me casaría y ¡mírenme! ¡Terminé en Azkaban por doce años! ¡Ja!

-Mamá, yo también pretendo terminar en Azkaban, así que no esperes hijos por mi parte- declaró Fred levantando la mano.

-¡Fred, no digas eso!- lo regañó Molly, pero todos los demás estaban riendo y haciendo bromas sobre el tema.

Mientras Arthur, entre risas, abrazaba a su esposa para tranquilizarla, Sirius vio que Hermione aprovechaba que los demás estaban distraídos para abandonar el salón y dirigirse a las escaleras. Se bebió lo que poco que quedaba del whiskey en su vaso de un único sorbo y, antes de ponerse de pie, cruzó su mirada con Remus para comunicarle que, desde ahora, él se encargaba.

Caminó rápidamente para salir del salón y subió las escaleras dejándose guiar por el rastro del olor a lavanda que le decía que Hermione estaba en la habitación de Ginny. La puerta estaba entre abierta, la luz del interior se filtraba por la estrecha apertura hacia el corredor y él interpretó eso como una señal de que ella sabía que subiría a buscarla.

-Hermione- dijo al entrar al cuarto y verla sentada a los pies de la cama. Ella sólo se limitó a mirarlo. Se notaba nerviosa.- Vuelvo a repetirlo: dime que te quieres ir y nos vamos- Granger lo miró unos segundos.

-Vamos.

Salieron de la habitación y bajaron en silencio. Hermione cogió su abrigo del colgador y, aprovechando que todo el mundo continuaba en el salón, abrieron la puerta y salieron. Le parecía lejano el momento de euforia que había sentido al besar a Hermione en ese mismo lugar por el que acababan de pasar mientras se alejaban un poco de la casa para aparecerse. Ahora ella estaba distante y callada y él sólo quería reconfortarla y que se sintiera mejor.

Se aparecieron en el último escalón de la entrada y la bruja abrió la puerta, entrando rápidamente y subiendo la escalera. Sirius se apresuró a seguirla hasta que entró a la biblioteca. La castaña estaba con la botella de whiskey de fuego en la mano sirviendo un poco en uno de los vasos. La dejó torpemente sobre el mueble y se llevó el vaso a la boca. Sirius no pudo evitar pensar en sí mismo cuando él se bebía un vaso en un solo sorbo como lo acababa de hacer ella.

-Hermione, no creo que ésa sea una buena idea.

-Sirius, déjame tranquila- dijo con un tono bastante duro y alejándose de él. Se sorprendió de escucharla, pero no iba a hacerlo.

-No te hará bien ahogar lo que sientes ahora mismo en alcohol- insistió.

-¡Este no es tu maldito problema, Black!- gritó y Sirius reaccionó.

-Oh, sí que lo es- dijo duramente, acercándose a ella con decisión.- Y me importa una puta mierda lo que pienses de eso.

-Lo dice el hombre que pasó su último año de vida más tiempo borracho que consciente lamentándose de sí mismo- espetó.

Apenas pronunció la última palabra, Hermione supo que había traspasado el límite. Los ojos grises de Sirius se oscurecieron y ella pudo ver la mezcla de ira y dolor combinadas en su mirada.

-Lo siento- dijo ella, bajando su vista un momento.

-Es exactamente por eso que sé que lo que estás haciendo está mal- terminó y salió sin más, dejando tras de sí un portazo y a ella sola.

No supo cuánto tiempo se quedó de pie en el mismo lugar mientras observaba la puerta. Estaba perpleja, pero caminó rápidamente y salió al corredor. Sabía que Sirius había subido a su habitación, así que corrió a las escaleras. Su corazón latía deprisa mientras subía los peldaños y luego abría de golpe la puerta del cuarto del animago. Sirius estaba de pie junto a la ventana, observando hacia el exterior.

-Sirius, no he querido decirte eso…- comenzó ella, pero fue interrumpida.

-¡Sí, eso es exactamente lo que has querido hacer!- gritó Sirius, alejándose de la ventana y caminando hacia ella, sólo dejando unos cuantos pasos de distancia entre ellos.- ¡¿Y sabes por qué?! ¡Porque sabes que soy la única persona que te responde cada maldita cosa que dices! ¡Porque no te trato como si estuvieras hecha de vidrio! ¡A mí no puedes herirme de esa forma, Hermione, porque he nacido en la familia Black y créeme, cariño, que lo que tú haces es ternura frente a lo que hacía la loca de mi puta madre!

La castaña vio a Sirius pasar por su costado sin mirarla y salir de la habitación. La puerta se cerró detrás de él con fuerza por inercia. Se sentía fatal. No sabía el motivo por el que lo había atacado cuando era evidente que él estaba preocupado por ella. Era normal que Sirius hubiera reaccionado así porque tenía razón. No era algo que solía hacer. De hecho, nunca lo había hecho antes. Estaba estresada, nerviosa. La situación en La Madriguera con las preguntas de Molly, las miradas atentas de los demás, ella intentando fingir que todo estaba bien, que las preguntas le parecían casuales y no tocaban su miedo más importante, todo la había alterado lo suficiente como para querer salir corriendo. Sirius había actuado rápido, la había salvado y la había sacado de allí a este lugar seguro y ella en agradecimiento había sido desagradable, grosera, dura.

Se quitó el abrigo y lo colgó en el respaldo de la silla del escritorio de Sirius. Sacó su varita y, luego de meter un poco de leña dentro, encendió el fuego de la chimenea con Incendio. Se quedó allí en el suelo, sentada y se quitó los botines, lanzándolos con desinterés hacia un rincón. Suspiró tristemente. No estaba bien, pero eso no la excusaba para tratar así a una de las pocas personas que estaba siempre para ella. No sabía si él iba a volver pronto, pero quería quedarse allí y esperarlo.


Sirius bajó las escaleras a toda velocidad. Estaba molesto. Realmente molesto. Necesitaba respirar. Llegó al vestíbulo y salió de la casa. El frío aire de la noche le golpeó la cara de forma repentina. Cerró los ojos y respiró profundamente. En el fondo sabía que Hermione no había querido decir aquello, sabía que era producto del estrés emocional de lo que había ocurrido en La Madriguera y si él fuera un poco menos impulsivo, quizás habría hecho caso omiso a sus palabras y la hubiera abrazado. O cualquier otra cosa. Ahora estaba ahí afuera y ella estaba arriba.

Había pensado en salir a dar un paseo en la motocicleta, pero sabía que ella estaba mal. Su impulsividad le dictaba que se fuera de allí y mandar todo a la mierda, pero no había cumplido años en la vida porque sí, por lo que decidió sentarse en los peldaños de la escalinata del jardín unos minutos y calmarse. Apoyó sus codos sobre sus rodillas y se cubrió la cara con las manos, respirando. Se sentía mal por haberle gritado. Quería subir pronto y ver si ella estaba bien.

Se puso de pie y respiró a consciencia antes de subir los peldaños y entrar otra vez a la casa. Pensó todo el camino por las escaleras en lo que iba a decir, pero cuando abrió la puerta de su habitación y vio a Hermione sentada en el suelo con la espalda apoyada en el respaldo a los pies de la cama, desechó cualquier idea que se le hubiera cruzado por la mente. Hermione se puso de pie lentamente.

-Sirius, lo siento, de verdad.

-Lo sé- dijo él quitándose la chaqueta de cuero y dejándola en el respaldo de su silla con el abrigo de Hermione. Después caminó hacia ella y la obligó a sentarse en el suelo junto a él, quedando a su derecha.- Y para ser justos, yo también me he comportado como un imbécil y no solamente esta vez.

-Pero aún así, no he sido justa contigo- agregó mirándolo.- Sólo estabas preocupado por mí y yo…

-Ven aquí.

Sirius la atrajo hacia sí mismo con su mano apoyada en el costado de su rostro y la besó. Sintió que Hermione se relajaba en su tacto y atrapaba su mano para tomarla entre la suya. Fue extraño y al mismo tiempo intrigante sentir el sabor del whiskey de fuego en su boca. Se separaron unos segundos y vio que las llamas de la chimenea se reflejaban de cierta manera en el marrón de sus ojos.

-Lamento todas las preguntas que te ha hecho Molly- dijo él llevando la palma de su mano a sus labios y la besó.

-No es tu culpa.

-Aún así, te ha hecho mal y…

-Sirius.

-¿Qué?

-No quiero pensar- dijo repitiendo lo que le había dicho hacía unas horas esa noche.- No quiero pensar en mañana ni en nada.

Sirius estaba intentando dejarse llevar por todo esa noche, pero aún así le costaba seguir el hilo de los acontecimientos. Decidió que al día siguiente pensaría en todo lo que estaba pasando. Ahora sólo podía concentrarse en Hermione, quien había comenzado a besarlo otra vez y en unos segundos estaba sentada a horcajadas sobre él. Le respondió enredando una de sus manos en su cabello ondulado para sujetar su cabeza y con la otra acarició uno de sus muslos por sobre el pantalón hasta envolver uno de sus glúteos. Ella meneó su cadera contra él y no pudo evitar casi morder su boca ante ese inesperado movimiento. De repente, sintió que Hermione bajaba sus manos y desabrochaba su cinturón junto con el botón y el cierre del pantalón. Gimió y su cuerpo reaccionó de inmediato ante el inevitable roce. Cómo su polla no iba a reaccionar si llevaba semanas pensando en este momento. Rodeó sus glúteos con sus manos y la atrajo más hacia él. Se moría por estar dentro de ella, pero entonces un pensamiento cruzó su mente.

-¿Hermione, estás bien?- preguntó jadeando en su boca.- ¿Estás segura que quieres seguir?

-¿Por qué no lo estaría?- replicó ella, alejándose un poco para mirarlo.

Black la observó unos segundos. Las llamas del fuego en la chimenea crepitaban en el silencio y su luz rodeaba el cuerpo de la bruja como si de pronto estuviese envuelta en un aura naranja incandescente. Hermione era el fuego y el aire que no sabía que alguna vez iba a necesitar en su vida.

-¿Recuerdas la última vez que pasó esto?- ella asintió con el ceño fruncido.- Bueno, aquella vez ambos olvidamos realizar el encantamiento anticonceptivo y…

-¿Quieres realizarlo ahora y así no se nos vuelve a olvidar?

Una parte de él no pudo evitar aliviarse ante la respuesta de ella. Por un momento había pensado que quizás Hermione no quería conjurar el encantamiento a consciencia. Con todo lo que había pasado ese día, pensó que ella quería poner su útero a prueba y que entonces la posición en la que se encontraban en ese momento estaba motivada por esa búsqueda más que por el deseo que sentía por él. Y aunque habían pasado casi tres meses de la primera vez que habían follado y no creía que hubiera algún cambio significativo en su cuerpo, una parte de la mente de Sirius se preguntó si quizás valía la pena dejar que la suerte determinara el resultado. Asustado por ese repentino pensamiento, decidió cambiar de tema.

-Tengo muchas ganas de hacer el amor contigo, Hermione, pero si…

-No quiero que vayamos lento, Sirius- lo interrumpió con un tono de voz que parecía más una orden que una declaración de intenciones.

Un poco impactado, la besó mientras sacaba su varita, la movía cerca del cuerpo de la castaña y conjuraba el encantamiento de forma no verbal. Luego se movió para ponerse de pie y Hermione lo siguió. Ella se quitó el sweater que estaba usando, dejándolo en el suelo, y Sirius se sentó en el colchón detrás de él, atrayéndola hacia sí mismo con una mano. Ella lo miraba con la boca entreabierta usando un sujetador celeste y simple mientras enredaba sus manos en su cabello oscuro, masajeándolo. Él comenzó a besar sus costillas y su abdomen, escuchándola jadear. Desabrochó el botón de su pantalón y bajó el cierre lentamente, ayudándose con la otra mano para bajar la tela por sus piernas. Hermione las movió para deshacerse rápido de los vaqueros y las levantó para caminar fuera de ellos. Sirius no perdió el tiempo y subió con sus manos por sus muslos, besando sus caderas. Sus bragas, una mezcla de algodón y encaje gris, no tenían nada que ver con el sujetador que llevaba puesto y eso le encantó. No pudo evitar morder su ingle y arrodillarse en el suelo para poder pasar la punta de su nariz sobre la tela entre sus piernas. Podía oler perfectamente su excitación y se aventuró a saborear con su lengua. Ella gimió y apoyó sus manos sobre sus hombros.

-¿Me dejas?- preguntó mirándola hacia arriba y Hermione asintió.

Sintió sus manos deslizando la tela de sus bragas rápidamente hacia abajo y acercó su cara a su vulva. Se preparó para sentir su boca pero, al contrario, sintió la punta de su nariz rozándola y se mordió el labio fuertemente. Su lengua no tardó en comenzar a jugar con su clítoris y no pudo reprimir el gemido que estaba atorado en su garganta.

Se sentía eufórica. Al mismo tiempo histérica y nerviosa, pero también valiente y decidida. Desde el momento en que Sirius la había besado en La Madriguera, ella supo lo que quería esa noche. No obstante, cuando Molly le había realizado esas preguntas sobre una futura maternidad, casi se había quebrado. Había tenido que recolectar toda su entereza para no ponerse a llorar en frente de toda su familia. Ese día, sin poder evitarlo, ya se había sentido un poco triste ante la noticia del embarazo de Tonks, así que el interés de la mujer a quien consideraba una segunda madre sobre sus ganas de convertirse ella misma en una sólo había desestabilizado más sus emociones.

Volver a Grimmauld Place la había ayudado a centrarse en lo importante y necesitaba ese vaso de whiskey de fuego para recomponerse y, al mismo tiempo, para tener las agallas de acercarse a Sirius ella misma e insinuarle o proponerle directamente que quería hacer el amor con él. Creyó firmemente que todo había salido mal irremediablemente después del altercado que habían mantenido, pero los sucesos tal como estaban ocurriendo ahora iban mucho mejor de lo que había esperado.

Hermione no podía retener más los gemidos en su garganta. Sentía que sus piernas temblaban y supuso que el animago lo había notado porque de pronto la había sujetado con fuerza de sus caderas para estabilizarla. Su respiración estaba agitada, se sentía mareada y le dijo que parara.

Sirius se limpió la boca con el dorso de su mano mientras se ponía de pie, mirándola con los ojos oscuros, casi ni rastro del gris mercurio que solían tener sus ojos.

Comenzó a besarlo bajando por su mandíbula y su cuello mientras él se quitaba los zapatos rápidamente, lanzándolos a cualquier lugar. La tomó de la mano mientras retrocedía sobre la cama para que ella lo siguiera sobre su cuerpo, pero la castaña se detuvo y comenzó a bajar sus pantalones sin dejar de mirarlo. Agradeció a Merlín en su mente por haber elegido un buen par de boxes esa mañana cuando ella rozó con su palma pacientemente su erección. En unos segundos, ella la había liberado, tenía su mano envolviendo su polla y la acarició con la lengua. Cerró los ojos deleitándose en la deliciosa sensación de la tibia humedad. En ese preciso momento, supo que no iba a poder seguir.

-Hermione- la interrumpió muy a su pesar. La bruja lo miró atentamente.- Aunque estoy seguro que me encantará estar dentro de tu boca y puede que me arrepienta de esto, prefiero que no lo hagas.

Alargó un brazo para atraerla hacia sí mismo mientras se sentaba y apoyaba la espalda en las almohadas y Hermione se sentaba a horcajadas sobre él. De un solo movimiento, se quitó la camiseta que aún llevaba encima. Embelesado por sentir su piel desnuda sobre sus piernas, besó sus hombros mientras intentaba desabrochar su sujetador, pero no se abría. Abrió sus ojos con el entrecejo fruncido para volver a intentarlo. Antes de entrar en pánico mientras pensaba que era imposible que sucediera esto cuando se consideraba a sí mismo un experto abriendo sujetadores, Hermione se rió alejándose un poco de él.

-Sirius, se abre por el frente- aclaró sonriendo y quitándoselo ella misma. Él se encogió de hombros sonriendo descaradamente.

-Todos los días se aprende algo nuevo- le comentó.

Se preguntó a sí mismo cómo había logrado sobrevivir sin poder mirar, tocar o besar los pechos de Hermione después de aquella noche de diciembre. Eran perfectos. Cabían de forma precisa en sus manos, eran suaves, sus pezones eran de un rosado oscuro, dulces en su boca. Si tuviera que definirlos, usaría una de esas palabras extremadamente cultas que aparecían en las novelas que Lily solía leer y que sonaban tan presuntuosas, pero que por algún motivo había aparecido en su mente ahora: epicúreos. Cada sonido que salía de su boca era un incentivo para él, una autorización firmada para continuar besándolos parsimoniosamente.

Hermione sentía que en algún momento iba a morir. Su piel ardía bajo las manos de Sirius, deslizándolas por su espalda hasta sus glúteos, levantándola un poco y ella aprovechó ese movimiento para deslizarse por él con lentitud. El pelinegro liberó su pezón derecho gimiendo con los ojos cerrados. Se mordió el labio inferior mientras se acostumbrada a sentirla para mantener el control: húmeda, cálida, apretada.

Granger comenzó a balancear sus caderas una vez se acostumbró a la abrumadora sensación de tenerlo dentro y vio que Black se perdía en el placer que reflejaba su rostro. Se apoyó en sus hombros para darse equilibrio cada vez que se movía. No sabía si él sentía lo mismo que estaba sintiendo ella, pero en esa posición se sentía en perfecto control, aunque creía que él no se lo iba a entregar tan fácil. Y tenía razón porque de repente Sirius se recostó un poco más sobre su espalda, obligándola a soltar sus hombros, y flexionó las piernas a la vez que la sujetaba firmemente por las caderas y comenzaba a embestirla. Gimió al sentirlo moverse con firmeza y constancia. Supo que él sabía exactamente lo que estaba haciendo cuando lo vio observarla con atención, como si estuviera analizando sus reacciones. Lo vio mover una de sus manos y no pudo controlar la electricidad que la invadió cuando comenzó a acariciar su clítoris mientras aumentaba la intensidad de los movimientos de su cadera.

-Te gusta así, ¿no?

La verdad es que no era una pregunta si la veía con los ojos cerrados, sujetándose con fuerza sobre sus antebrazos. No pudo evitar gruñir cuando lo arañó tal vez con más fuerza de la necesaria.

-Sirius, no pares- dijo conteniendo sus suspiros mientras tomaba bocanadas de aire.

-Confía en mí.

Sirius pensaba que Hermione se sentía realmente increíble y supo que la estaba llevando al límite cuando sus gemidos fueron aumentando en volumen y comenzó a sentir poco a poco sus contracciones. La última vez todo había sucedido tan rápido que no había tenido el tiempo de adorar su cuerpo de la manera que lo estaba haciendo esa noche. No podía dejar de mirarla porque quería inmortalizar en su memoria cada detalle de su cuerpo, cada sonido de su boca. Si alguna vez lo había pensado, entonces era verdad: Hermione Granger iba a volverlo loco.

-Más fuerte.

-¿Más?- repitió aumentando la fuerza que estaba ejerciendo.

-Sí, más.

Hermione sentía profundamente que el fuego acumulado dentro de ella estaba concentrándose cada vez más y le rogaba a su cuerpo que la dejara ir porque las exquisitas sensaciones que Sirius le causaba cada vez que golpeaba ese preciso lugar en su interior eran tan buenas que estaban comenzando a doler. Se inclinó un poco hacia delante, tomó las manos de Sirius entre las suyas y las aplastó a cada lado de la cabeza del mago con fuerza sobre el colchón mientras recuperaba el control y movía rápido y fuerte sus caderas. Le encantaba ver su pecho tatuado subiendo y bajando con su agitada respiración y la excitaba de sobremanera. Gimiendo, observó a Sirius que la miraba con la boca entreabierta y la mandíbula apretada, y dejándose cabalgar por ella. Acercó su boca a la suya y lo besó. Él respondió como si estuviera famélico y le ofreciera comida después de mucho tiempo.

-Vas a matarme- dijo él mordiéndole el labio mientras gemía debajo de Hermione, arqueando un poco su espalda.

-Eso es muy seis años atrás- se las arregló para hablar camuflando su risa, obteniendo un gruñido por parte de él.

Lo sabía, lo sentía venir, necesitaba moverse sólo unos segundos más cuando Black se soltó y comenzó a mover sus manos sobre sus glúteos, ayudándola con la constancia de sus movimientos. Su cuerpo se contraía más y más. Sólo necesitaba un poco más.

-Vamos, Hermione, suéltalo- le habló Sirius entre jadeos con la voz suplicante.- Llevo toda la noche soñando despierto con que te corras conmigo dentro.

Ese fue el último impulso que necesitaba para que las convulsiones se apoderarán completamente de ella y perdiera la noción de todo. Sintió que Sirius la alcanzaba rápidamente al perder el control de sus embestidas, volviéndose errantes como su voz gimiendo y maldiciendo a un montón de dioses que ella nunca había escuchado.

Hermione cayó desplomada sobre su cuerpo aún con él dentro de ella. Sus senos aplastados contra su pecho y su cabeza escondida en el hueco entre su cuello y su hombro, intentando regular su respiración. Sabía que estaba completamente sudada y se sentía agotada, pero totalmente campante, satisfecha, dichosa. Fue inevitable que comenzara a reírse. Sirius se le unió en esa risa mientras acariciaba su espalda y suspiraba.

-¿Estás bien?- inquirió. Hermione se incorporó lo suficiente para poder mirarlo y asentir, sonriendo.

-¿Tú lo estás?

-No recuerdo haber estado mejor- dijo con esa sonrisa de perro engreído que era tan característica suya. Sus labios se veían hinchados y su cabello oscuro completamente revuelto. Pensó si ella misma se veía exactamente igual y tenía en sus ojos también ese brillo peculiar como él.- ¿Te quedas a dormir aquí?- preguntó acariciando lentamente su espalda y repartiendo besos a lo largo de su cuello.

-¿Dónde más me iría?

Sirius se encogió de hombros y ella se bajó de su cuerpo. Sin hablar, él decidió moverse y abrir las sábanas y el edredón para que ambos se metieran dentro, refugiándose de la noche. Las llamas de la chimenea seguían encendidas, pero más pequeñas al verse consumida la leña, dibujando en las paredes con extrañas sombras.

-¿Recuerdas la promesa que me has hecho?- preguntó Sirius mirándola de frente.

-¿Cuál promesa?

-¿No escabullirte como una fugitiva por la mañana?- repitió enarcando ambas cejas casi en un reproche por no recordarlo.

-Esa promesa- recapituló con una media sonrisa y cerrando los ojos durante un momento, sintiéndose un poco avergonzada.- Estaré aquí cuando despiertes.

-¿Qué pasa si yo despierto primero?- quiso saber y Hermione pensó unos segundos antes de responder.

-Con no levitarme a mi habitación estaría bien- Sirius se rió, atrayéndola con un brazo y besándola tranquilamente. Ella suspiró en su boca, relajándose.

Acurrucada contra su cuerpo y sostenida por el animago, Hermione decidió dormirse e ignorar los pensamientos que poco a poco comenzaron a aparecer en su mente. Las cosas podrían cambiar a partir de ahora entre ellos y no sabía cuánto. Sólo sabía que, al menos por esta noche, iba a olvidarse de todo, así que giró sobre sí misma y cerró sus párpados, dejándose cobijar por el calor que irradiaba la piel de Black que la abrazaba desde atrás.

Hermione se sentía en el lugar correcto, como no lo había sentido en mucho tiempo. Lo único cierto y lo único claro era que todo lo que había pasado entre ellos hasta esa misma noche era real. Nada más ni nada menos. Y el mundo en algún momento tendría que lidiar con eso también.