Disclaimer: todo pertenece al señor que no ha publicado Vientos de Invierno.

Advertencias: este conjunto de drabbles participa en el reto 109 del foro Alas Negras, Palabras Negras.

Cada drabble cumple una condición. Yo jugué con la casa Dayne. El personaje principal es un OC (original) y en conjunto, todo es un inmenso AU. Las cosas que aquí suceden no son canónicas. La verdad es que hace tiempo que quería escribir sobre este AU y, bueno, a ver si al menos os parece un poco interesante. Partimos de dos what if: Robert no venció en el Tridente y Ashara Dayne y Brandon Stark han tenido un hijo.


Prompt de este capítulo: OC.

Palabras: 474.


I

El séptimo lobo de la manada

El sol se deslizaba bajo el horizonte cuando Ned Stark llegó a Campoestrella. Ashara lo esperaba, aunque no le hubiese dicho que iría. Sabía qué era lo que Ned Stark buscaba en su casa, así que no se hizo de rogar.

Cada uno sostenía a un bebé: él, a su sobrino, el niño de la discordia que debía haber sido una niña; ella, a su hijo, igual de bastardo, el otro sobrino. Los hijos de Lyanna y Brandon.

―Supongo que no es lo que esperaba ―dijo ella, observando al niño dormido en los brazos de Stark.

―Supongo que no. ―Él sonaba triste, distante. Los rumores corrían veloces sobre las arenas y habían llegado a sus oídos: su hermana había muerto en un lecho de sangre, con una docena de espectadores incapaces de aferrarla a la vida―. Su último deseo fue que yo lo criase.

―¿Lo sabe el rey?

―Estaba presente ―replicó, molesto.

―Tengo curiosidad por lo que ha pasado en esa torre ―aceptó Ashara―, pero creo que no me lo diréis. Creo que ni siquiera Arthur me lo desvelará. Ahora ya está debajo de la alfombra, y no miramos debajo por miedo a lo que habrá, ¿verdad?

Ashara suspiró.

―Si habéis venido a llevaros a mi hijo, ya podéis dar media vuelta. Vorian se queda conmigo.

Ned asintió.

―Nunca os quitaría a vuestro hijo, mi señora. Solo quería conocerle, también es de mi sangre. Es lo único que queda de mi hermano.

«Y lo único bueno que hizo, tal vez.» Cuando Brandon la rechazó a ella y al hijo de ambos, excusándose en su compromiso con Catelyn Tully, Ashara se había preguntado si no habría sido mejor para ella haberse enamorado del hermano menor. Pero cuando Vorian nació, se deshizo de las preguntas y la pena. ¿Por qué había pensado que necesitaba a Brandon Stark?

―Acercaos.

Lo destapó un poco para que lo viera. Tenía la tez bronceada, como ella, y los ojos violetas de los Dayne. Una fina melena castaña y enmarañada sobre su cabecita recordaba a la de su padre, nada más. Vorian era tan dorniense como ella.

Stark rebuscó entre su ropa y le tendió un broche de plata. Ashara lo reconoció: aquella cabeza de lobo prendió un día la capa de Brandon.

―¿Sabéis? Vuestro hermano no lo quiso ―siseó, conteniéndose.

―Ya lo sé. Si alguna vez…

―No necesito nada de los Stark.

En su mirada nadaba la tristeza infinita, teñida de gris.

―Es de mi sangre ―le repitió―. En Invernalia siempre habrá un lugar para él. Tanto si os complace como si no, y aunque no queráis nada de mi familia, no retiraré el ofrecimiento. He perdido a mi padre y dos hermanos en esta guerra, lady Dayne, más que suficiente. Vorian puede buscarme si me necesita, decídselo cuando sea mayor.

El broche quedó sobre la mesa. Ashara lo guardó.