Prompt de este capítulo: Gerold Dayne.

Palabras: 489.

Aclaraciones: según la wiki y según fuentes semi-canónicas, el Gerold de los libros está cerca de los treinta; así que Vorian y él se llevan unos diez años.


III

Atacar y retroceder

Ser Mandon no le daba tregua. Tan pronto como conseguía sacárselo de encima, volvía a acosarle. Vorian alzaba el escudo una y otra vez, retrocedía y trataba de alcanzarlo con su espada. La secuencia se repetía, sin fin. Avanzaba un poco, lo engañaba, se herían falsamente y retomaban el ejercicio.

―¡Peleando así podrías matarlo de aburrimiento! ―Gritó una voz conocida.

Vorian se distrajo un segundo, lo suficiente para que el maestro de armas le asestase un ficticio golpe mortal.

―Vas a tener que concentrarte un poco más ―le reprendió.

Vorian apretó los dientes y asintió. El que les había interrumpido, un joven con un mechón oscuro en el cabello, se les acercó. Era de Ermita Alta, un primo lejano no demasiado querido.

Vorian se liberó de las protecciones que le cubrían el cuerpo. Estaba extenuado y empapado en sudor, y la túnica se le pegaba al torso como una segunda piel.

―¿Todavía entrenando con espadas de madera? A estas alturas deberías saber lo que es el acero ―opinó Gerold Dayne.

―Tiene once años ―ser Mandon frunció el ceño―. Tampoco vos empuñabais acero a los once.

―De todas formas, debería aplicarse, ¿no creéis? No sabe cubrirse bien.

―Se estaba cubriendo perfectamente hasta que llegasteis, ser Gerold.

El joven rio entre dientes.

―Disculpadme, ser, ignoraba que os habían nombrado su protector.

El maestro de armas carecía de paciencia para esos juegos. Se marchó con paso firme a supervisar el entrenamiento de la guarnición, dejándolos solos.

―¿No sabes dar la bienvenida a tus invitados? ¿Es que a los bastardos no os enseñan modales?

Estrellaoscura era la persona que peor le caía del mundo. Y eso era mucho decir, puesto que había conocido el año anterior a Joffrey Connington en Desembarco del Rey. Los visitaba al menos un par de veces al año, ya que su casa era vasalla de los Dayne de Campoestrella, y no solía perder la ocasión de incordiarle.

―Más que a ti, al parecer ―replicó.

―Oh, perdona, ¿te has ofendido? ¿Se lo vas a contar a mamá?

―Ya lo sabe.

Sonrió al ver que Gerold escudriñaba el patio en busca de su madre. No era tan valiente como para enfrentarse a Ashara Dayne.

Gerold se inclinó para quedar a su altura.

―Deberías tener más cuidado ―susurró―. Aunque tú no lo necesitas, ¿no? Naciste en la rama adecuada de la familia, aun siendo un bastardo de lobo no te faltan privilegios.

―¿Qué privilegios? ―Si acaso Vorian tenía algo que Gerold deseara, no sabía qué podía ser.

―Será mejor que te esfuerces más si algún día quieres ganar el acero.

Sus ojos, de un violeta oscuro, se clavaron en los suyos. Gerold le puso una mano en el hombro, pero Vorian se zafó de su agarre. Su mortífera espada de madera golpeó con fuerza las pantorrillas de Estrellaoscura, a quien el ataque había tomado por sorpresa. Vorian se separó de él y echó a correr.

―¡Tenías razón! ¡Ataco mejor que defiendo!