Prompt de este capítulo: Allyria Dayne.

Palabras: 424.


V

El Señor del Relámpago

Vorian decidió que Beric Dondarrion le gustaba, pero no lo suficiente como para irse con él. Tendría que acompañar al Señor del Relámpago a Tierras de Tormentas, ser primero su paje y después, si Dondarrion lo consideraba, su escudero.

No iba exactamente a vivir aventuras.

Todos decían que su tía Allyria podría casarse con casi cualquier hombre, incluso con el príncipe Viserys. Si bien Dondarrion era un joven señor en buena consideración, no parecía suficiente para alguien como Allyria Dayne. Pero su tía no tenía ojos para nadie más. Y él tampoco. Su madre le había dicho que habían estado aguardando al momento oportuno: la paz había llegado tras la batalla en el Tridente, pero nadie había olvidado para qué bando habían luchado los Dondarrion.

―Tu maestro de armas dice que eres bueno con la espada y la lanza ―le interpeló lord Beric, sacándolo de su ensimismamiento―. También dice que eres un poco terco. Bueno, un poco de carácter no viene mal, los chicos de ahora son demasiado blandos.

―¿En Refugio Negro se siguen celebrando torneos?

―¡Los mejores torneos del sur de Poniente, muchacho! ―replicó, ufano―. ¿Dónde crees sino que se ganó su apodo Barristan el Bravo?

―Conozco esa historia ―Vorian estaba maravillado―. Me la contó el propio ser Barristan.

―Pues ya lo ves. Ni siquiera la Mano del Rey celebra mejores torneos.

―¡Ah! ―Vorian se había olvidado de ese detalle: los Dondarrion eran vasallos de los Connington―. Una vez tumbé a Joffrey Connington de un espadazo.

―¿Solo uno? Impresionante ―lord Beric silbó―. Yo desmonté a su padre en una justa en Desembarco del Rey, y desde entonces no puede pasar mucho tiempo sentado.

Vorian se rio con ganas, ante la mirada de desaprobación del resto de la mesa.

―Creo que vas a tener muchas oportunidades de darle espadazos a ese chico ―continuó―. Pero antes seguirás entrenándote con mi maestro de armas. Si te vas a enfrentar al pequeño grifo, no quiero que pierdas ni a las cartas.

Vorian ya veía al Señor del Relámpago con otros ojos. Quizá, al fin y al cabo, si viviese alguna aventura. Parecía un hombre sin miedo, capaz de pedir la mano de su tía y de reírse de la Mano del Rey cinco minutos después.

―No te metas en líos ―le pidió su tía Allyria tras la cena―. Y no dejes que Beric lo haga tampoco. Quiero casarme el año que viene, Vo.

―Haré todo lo que pueda ―le dijo, sonriendo―. Aunque creo que será él quien me pida que busque el lío para meterme de lleno.